146 – Que todos los cristianos ortodoxos de Ucrania vivan en paz y armonía, y que las comunidades católicas del país contribuyan a ello, con el fin de mostrar cada vez más nuestra fraternidad cristiana

Bergoglio no ahorra esfuerzos para el ecumenismo… alguien podría pensar que sus gestos derriten los corazones más duros. Pero…

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Recientemente fue firmado en Cuba, delante del tirano Raúl Castro, una declaración conjunta de Bergoglio y Kirill, Patriarca de la Iglesia cismática rusa, ex agente del KGB. Los motivos de la declaración…para que católicos y cismáticos trabajasen juntos… ¿Debajo de qué Pastor?… No nos quedó claro, si era bajo las órdenes de Cristo o de otros lobos disfrazados de pastor… En el primer caso, para ser realmente con Cristo debería haber una mención a la necesidad de que los cismáticos se reconcilien con Roma, pero ya sabemos que eso a Francisco no le importa demasiado.

Una buena parte de los ucranianos hace siglos comprendieron lo que Francisco parece haber olvidado. Y por ello, lucharon y sufrieron para mantenerse unidos al único Pastor, y quedar en el redil de la Santa Iglesia a pesar de todas las persecuciones. Ucrania es un pueblo que ha derramado sangre por la fe verdadera, que ha sido torturado por su fidelidad, que ha sido perseguido por seguir a Cristo. Merece, por lo tanto, la admiración del mundo católico y sobre todo necesita el apoyo del representante de aquel por el cual dan sus vidas…

Hace 400 años los ucranianos que habían sido forzados a entrar en cisma, se reconciliaron con Roma a través de la famosa “Unión de Brest”. Los obispos ucranianos veían la unión como un primer paso para la unión de toda la Iglesia cismática que acabaría con la separación de 1054. Pero hubo quienes rechazaron siquiera esta hipótesis violentamente… protestantes, musulmanes, rusos… Los Patriarcas de Moscú y después los comunistas con el apoyo y complicidad total de la Iglesia mal auto-denominada “ortodoxa” querían hacer desaparecer la Iglesia Católica de sus territorios.

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El Denzinger-Bergoglio quiere presentar los datos históricos de esta persecución tanto en su pasado remoto y como reciente, deseando que nuestros hermanos ucranianos sepan que todo su sangre no pasa desapercibida para nosotros y nuestros seguidores. Su fidelidad es modelo y estímulo para todos los católicos del mundo.

Falta apenas una pregunta. ¿Por qué Bergoglio es amigo de Kirill? ¿Qué tipo de ecumenismo quiere hacer con él? ¿En beneficio de quién?

Francisco

2016-02-12-Elia

Cita A

Enseñanzas del Magisterio

Entra en las diversas partes de nuestro estudio

ContenidoI – Separación originada por una grave cuestión doctrinal y por la insubordinación a RomaII – Hechos históricos de intentos de uniónIII – El caso histórico de la Iglesia en UcraniaIV – El ecumenismo no puede ser excusa para entregar a los católicos en manos de cismáticos
 

I – Separación originada por una grave cuestión doctrinal y por la insubordinación a Roma
II – Hechos históricos de intentos de unión
III – El caso histórico de la Iglesia en Ucrania
1 ‒ El corazón de los ucranianos siempre latía por Roma
2 ‒ Posición de los Obispos de Kiev en los Concilios de Lyon y Florencia, y la persecución padecida a causa de ello
3 – Un hecho notable: la Unión de Brest
4 – ¿Quiénes se opusieron a la Unión de Brest?
5 – Moscú entra en escena para frustrar el acuerdo
6 – El odio de la URSS a la Iglesia Católica ucraniana
IV – El ecumenismo no puede ser excusa para entregar a los católicos en manos de cismáticos

I – Separación originada por una grave cuestión doctrinal y por la insubordinación a Roma

Juan Pablo II

El gran cisma de Oriente empezó con la negación de la procedencia del Espíritu Santo del Padre y del Hijo…

En verdad, la cuestión del “origen” del Espíritu Santo, en la vida trinitaria del Dios único, ha sido objeto de una larga y múltiple reflexión teológica, basada en la Sagrada Escritura. En Occidente, San Ambrosio en su De Spiritu Sancto y San Agustín en la obra De Trinitate dieron una gran aportación al esclarecimiento de este problema. […] Con todo, los hermanos orientales se atenían a la fórmula pura y simple del Concilio de Constantinopla (381), tanto más que el Concilio de Calcedonia (451) había confirmado su carácter “ecuménico” (aunque de hecho habían tomado parte en él casi sólo obispos de Oriente). Así, el Filioque occidental y latino se convirtió, los siglos siguientes, en una ocasión del cisma, ya llevado a cabo por Focio (882), pero consumado y extendido a casi todo el Oriente cristiano el año 1054. Las Iglesias orientales separadas de Roma aún hoy profesan en el símbolo de la fe “en el Espíritu Santo que procede del Padre” sin hacer mención del Filioque, mientras en Occidente decimos expresamente que el Espíritu Santo “procede del Padre y del Hijo”. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 5, 7 de noviembre de 1990)

María Ximena Rondón/Andrea Gagliarducci

…y se consumó con la desobediencia de la Iglesia de Constantinopla al Papa

El cisma que causó la separación de la Iglesia Católica y los ortodoxos se remonta al siglo IX cuando el emperador Miguel III depuso y exilió a Ignacio, el entonces Patriarca de Constantinopla, y lo reemplazó por un hombre llamado Focio. Su nombramiento fue considerado como una falta grave porque fue ordenado por un patriarca excomulgado y ocupó una sede que había sido usurpada. El reconocimiento de la legitimidad de Focio como patriarca generó una tensión entre el Papa Nicolás I y el clero de Constantinopla. Cuando el Pontífice pidió reponer a Ignacio y amenazar a Focio con la excomunión si no dejaba el puesto. Este último [Focio] llegó a negar la autoridad del Papa y así se inició el proceso de lo que sería luego el cisma de Oriente que ocurrió en el año 1054. (María Ximena Rondón; Andrea Gagliarducci. Diez claves para entender el encuentro del Papa Francisco y el Patriarca de Moscú)

Jacques Forget

Camino preparado por un espíritu de desafío hacia Roma

El siglo IX trajo el cisma de Focio, el cual, aunque transitorio, preparó el camino nutriendo un espíritu de desafío hacia Roma hasta la defección final de Constantinopla. El gran cisma de Oriente o cisma griego tuvo lugar menos de dos siglos después bajo Miguel Cerulario quien de un golpe (1053) cerró todas las iglesias de los latinos en Constantinopla y confiscó sus conventos. El deplorable cisma griego, que aún subsiste y que a su vez se dividió en varias comuniones, quedó consumado. Los dos acuerdos de reunificación concluidos en el II Concilio de Lyon en 1274 y el de Florencia en 1439, desafortunadamente no tuvieron resultados duraderos. (Jacques Forget. ¿Qué es un cisma? Mediante inicuas disensiones los cismáticos se apartan de la caridad fraterna, aunque creen lo que nosotros creemos)

II – Hechos históricos de intentos de unión

Juan Pablo II

Frecuentes e intensos esfuerzos de Roma para restablecer la comunión

Desde el tiempo de la división que rompió la unidad entre el Occidente y el Oriente bizantino, fueron frecuentes e intensos los esfuerzos realizados por restablecer la comunión plena. Quiero recordar dos acontecimientos especialmente significativos: el Concilio de Lyon, en 1274, y sobre todo el Concilio de Florencia, en 1439, cuando se firmaron protocolos de unión con las iglesias orientales. Por desgracia, varias causas impidieron que las potencialidades contenidas en esos acuerdos dieran el fruto esperado. (Juan Pablo II. Carta apostólica con ocasión del cuarto centenario de la Unión de Brest, n. 2, 12 de noviembre de 1995)

Nota del Denzinger-Bergoglio: 

El Concilio de Lyon (1274) tuvo como principal objetivo la unión con los griegos. En la IV Sesión se leyó en presencia del Papa la confesión de fe de Miguel Paleólogo, emperador griego, donde era pronunciada de una forma clara lo contrario de los errores de los cismáticos. La conciliación de los griegos con Roma duró sólo hasta la muerte de Miguel Paleólogo, en 1282.

II Concilio de Lyon (XIV Ecuménico)

El emperador ortodoxo abroga sus errores profesando lo contrario

[Añadido especial contra los errores de los orientales] Esta es la verdadera fe católica y esta mantiene y predica en los antedichos artículos la sacrosanta Iglesia Romana. Más, por causa de los diversos errores que unos por ignorancia y otros por malicia han introducido, dice y predica:
Que aquellos que después del bautismo caen en pecado, no han de ser rebautizados, sino que obtienen por la verdadera penitencia el perdón de los pecados.

[La suerte de los difuntos] Y si verdaderamente arrepentidos murieren en caridad antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por sus comisiones y omisiones, sus almas son purificadas después de la muerte con penas que lavan y purifican, como nos lo ha explicado Fray Juan [Parastron, OFM] y para alivio de esas penas les aprovechan los sufragios de los fieles vivos, a saber, los sacrificios de las misas, las oraciones y limosnas, y otros oficios de piedad, que, según las instituciones de la Iglesia, unos fieles acostumbran hacer en favor de otros.
Mas aquellas almas que, después de recibido el sacro bautismo, no incurrieron en mancha alguna de pecado, y también aquellas que después de contraída, se han purgado, o mientras permanecían en sus cuerpos o después de desnudarse de ellos, como arriba se ha dicho, son recibidas inmediatamente en el cielo. (Denzinger-Hünermann 855-857. II Concilio de Lyon, IV Sesión, Carta del emperador Miguel al Papa Gregorio, 6 de julio de 1274)

El Concilio de Lyon concedió privilegios a las iglesias patriarcales unidas a Roma

La misma Iglesia Romana tiene el sumo y pleno primado y principado sobre toda la Iglesia Católica que verdadera y humildemente reconoce haber recibido con la plenitud de potestad, de manos del mismo Señor en la persona del bienaventurado Pedro, príncipe o cabeza de los Apóstoles, cuyo sucesor es el Romano Pontífice. Y como está obligada más que las demás a defender la verdad de la fe, así también, por su juicio deben ser definidas las cuestiones que acerca de la fe surgieren. A ella puede apelar cualquiera que hubiere sido agraviado en asuntos que pertenecen al foro eclesiástico y en todas las causas que tocan al examen eclesiástico, puede recurrirse a su juicio. Y a ella están sujetas todas las Iglesias, y los prelados de ellas le rinden obediencia y reverencia. Pero de tal modo está en ella la plenitud de la potestad, que también admite a las otras Iglesias a una parte de la solicitud y, a muchas de ellas, principalmente a las patriarcales, la misma Iglesia romana las honró con diversos privilegios, si bien quedando siempre a salvo en su prerrogativa, tanto en los Concilios generales como en todo lo demás. (Denzinger-Hünermann 861. II Concilio de Lyon, IV Sesión, Carta del emperador Miguel al Papa Gregorio, 6 de julio de 1274)

Antonio Touron, OP

El Papa y Santo Tomás trabajaron intensamente para vencer el cisma

Uno de los deseos más ardientes de Urbano IV era extinguir el cisma de Oriente, y reunir la Iglesia griega y latina, para poder después trabajar con éxito más feliz en recobrar la Tierra Santa. Con estas miras, obligó el Papa a Tomás de Aquino a que trabajase una obra, que pudiese preparar a los orientales a unirse a la Santa Sede, convenciéndolos del cisma y error, por los mismos principios de los que miraban como sus padres, y cuya autoridad respetaban. Esta ocasión hizo que emprendiese el célebre tratado contra los errores de los griegos. (Antonio Touron, OP. Vida Histórica de Santo Tomás de Aquino. Imprenta Real, Madrid, 1792, p. 225)

Nota del Denzinger-Bergoglio: 

Eugenio IV, a través del Concilio de Florencia, deseaba acabar con el cisma allanando las diferencias entre griegos y latinos.

Bernardino Llorca/Ricardo García Villoslada

Roma pagó todos los gastos de los griegos durante el Concilio de Florencia

El basileus Juan VIII Paleólogo (1425-1448) llegó con su hermano el príncipe Demetrio de 4 de marzo [de 1438], y poco después el patriarca constantinopolitano José II, anciano venerable y muy adicto a Roma, pero que, sin embargo, no quiso rebajarse a besar el pie del Sumo Pontífice […]. Dos grandes figuras sobresalían entre los griegos: Marcos Eugénicos, Metropolita de Éfeso, ardiente controversista antilatino, el mayor enemigo de la unión, y el sapientísimo Bessarión, arzobispo de Nicea, fervoroso unionista, amigo del basileus […] Al lado de estas figuras brilló Isidoro de Kief, Metropolita de Rusia, gran promotor de la unión; […] Los gastos que hizo Eugenio IV por razón de los bizantinos, que eran cerca de 700, fueron muy grandes, pues a cuenta del Papa corría el sustento y alojamiento de todos, a los cuales también a veces se les distribuía dinero contante. ¡Y todavía se queja Silvestre Siropulos, allí presente, de que tal distribución no se hacía a tiempo! (Bernardino Llorca; Ricardo García Villoslada. Historia de la Iglesia Católica, vol. III, BAC, Madrid, p. 331-332)

Nota del Denzinger-Bergoglio: 

“El 6 de julio de 1439 se proclamó en Florencia de decreto de unión con los griegos, que tiene el valor de una definición ex cathedra. El decreto promulgado mediante la Bula Laetenter coeli, trata de la procedencia de Espíritu Santo, de la Eucaristía, del Purgatorio y del Primado Romano”. (José Antonio Sayés. La Iglesia de Cristo: Curso de Eclesiología, Palabra, Madrid, 2003) La reconciliación de los griegos significaba una adhesión completa a la doctrina de la Iglesia Católica. En nada permitió la Iglesia que la unión se diese sin que los griegos revocasen sus doctrinas erróneas sobre la procedencia del Espíritu Santo, el Purgatorio y el Papado. Estos puntos pueden ser vistos en el Denzinger-Hünermann, n. 1300-1307. 

Del 1300 al 1303 trata de la procesión del Espíritu Santo; el 1304-1306, de la suerte de los difuntos; el 1307 del primado romano.

Bernardino Llorca/Ricardo García Villoslada

El Concilio de Florencia unió las dos Iglesias

Por fin el 4 de julio se aprobó en la iglesia de San Francisco el decreto de unión. El domingo 5 de julio fue firmado: por los griegos (excepto Marcos Eugénicos y el obispo de Stauropolis). […] Desde aquel momento, el concilio general de la Iglesia Latina, legítimamente congregado en Ferrara-Florencia, podía decirse concilio ecuménico de las dos iglesias unidas. (Bernardino Llorca; Ricardo García Villoslada. Historia de la Iglesia Católica, vol. III, BAC, Madrid, p. 336-337)

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)

Manifestación de alegría del Sumo Pontífice por la unión establecida

Eugenio obispo, siervo de los siervos de Dios, para perpetua memoria, con consentimiento de nuestro querido hijo en Jesucristo Juan Paleólogo, ilustre emperador de los romanos… Laetentur caeli et exulter terra! ¡Alégrense los cielos y salte de júbilo la tierra! Cayó el muro que dividía a la iglesia oriental de la occidental y volvió la paz y la concordia, siendo piedra angular Cristo, que hizo de las dos una por el vínculo fortísimo de la caridad y de la paz… Alégrese la madre Iglesia, que ve a sus hijos, antes disidentes, vueltos ya a la paz y unidad… Congratúlense sus fieles de todo el orbe… ¿Quién podrá dar a Dios omnipotente dignas gracias por tales beneficios…? A ti la alabanza, a ti la gloria, a ti el agradecimiento, ¡oh Cristo!, fuente de misericordia. En nombre, pues de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, con la aprobación de este sacro concilio universal florentino, definimos… (Concilio de Florencia. Bula Laetentur caeli, VI Sesión, 6 de julio de 1439)

III – El caso histórico de la Iglesia en Ucrania

1 ‒ El corazón de los ucranianos siempre latía por Roma

Pío XII

Los ucranianos miraban la Iglesia de Roma como a la única madre, y a ella prestaban obediencia y veneración

Creemos, pues, Venerables Hermanos, que no carecerá de utilidad recordar sucintamente tales sucesos en esta Encíclica, según los testimonios de la Historia. Y hace falta comenzar poniendo de relieve cómo aun antes de que con felices auspicios se firmara en Roma la unión de los rutenos con la Sede Apostólica en los años 1595 y 1596, y fuese ratificada en la ciudad de Brest, muchas veces miraron estos pueblos a la Iglesia romana como a la única madre de toda la sociedad cristiana, prestándole la debida obediencia y veneración conforme a la conciencia del propio deber. […] No pocos de sus nobles descendientes [de San Vladimiro], aun después que la Iglesia de Constantinopla se había funestamente separado, recibieron con los debidos honores a los legados de los Romanos Pontífices, permaneciendo unidos con vínculos de fraterno amor con las otras comunidades católicas. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 5, 23 de diciembre de 1945)

Nota del Denzinger-Bergoglio: 

El Padre Athanasius Peckar, OSBM (de la Orden de San Basilio) escribió una obra muy bien documentada sobre dicha Orden y dedicó gran parte de la misma a la Iglesia en Ucrania. Para este fin tuvo acceso a los archivos vaticanos en lengua original, donde está registrada en documentos toda la historia de la fidelidad de los católicos de este país y las persecuciones sufridas durante siglos por su obediencia a Roma.

Athanasius Peckar, OSBM

La Iglesia de Kiev nunca rompió formalmente con Roma

Desde que abrazaron el cristianismo como su religión oficial hace mil años, los ucranianos fueran llamados por la Divina Providencia a testimoniar esta verdad. Sobre todo después del Cisma de Oriente en 1054, el pueblo ucraniano, profesando su fe en la “Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica” continuaba a inclinarse hacia la Sede Apostólica de Roma donde el Sucesor de San Pedro residía. Hay que notar que la Iglesia de Kiev nunca rompió formalmente con Roma. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

Cuando el Patriarca prohibió cualquier contacto con Roma, el Príncipe de Kiev colocó las tierras ucranianas bajo la protección de la Santa Sede

En la época que el Patriarca bizantino anatematizó al Papa como hereje, prohibiendo cualquier contacto con la Sede Romana, el Príncipe de Kiev, Izjaslav, colocó todas las tierras ucranianas bajo la protección de la Sede Apostólica y recibió una corona real del Papa Gregorio VII en el año 1075. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

Después del cisma, Kiev celebra fiesta litúrgica latina en señal de comunión con la Santa Sede

En 1087, cuando las santas reliquias de San Nicolás fueran trasladadas de Mira en Licia, a la ciudad italiana de Bari, cierto monje llamado Teodoro, legado del Metropolita Juan II de Kiev (1080-1089) al Papa Clemente III, estaba presente y al retornar describió espléndidamente este acontecimiento histórico, que fue preservado por nosotros como la Leyenda de Kiev. En el año 1089, el Papa Urbano II instituyó la Fiesta de la Trasladación de las reliquias de San Nicolás a Bari, a ser celebrada el día 9 de mayo. Poco después la fiesta fue introducida en Kiev, aunque el Patriarca de Constantinopla nunca aprobó esta celebración. Esto corrobra el hecho de que la Iglesia de Kiev continuaba en relaciones de amistad con Roma, incluso después del cisma de 1054. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

En 1147, el Metropolita de Kiev veneró públicamente las reliquias de Papa San Clemente como “señal de sumisión y obediencia a Roma”

Esta continua inclinación de la Iglesia de Kiev hacia Roma continuó en el siglo XII, como se puede notar por el Sínodo de Kiev, celebrado en 1147, y presidido por el obispo Onuphrius de Chernyhiv. En el Sínodo, Clemente Smoliatych, un monje del monasterio de Zarub, fue electo Metropolita de Kiev. En su consagración las reliquias del Papa San Clemente, veneradas en la Iglesia de Tithes (Desiatynna Cerkva) de Kiev, fueran colocados sobre su cabeza, como “señal de sumisión y obediencia de la Iglesia de Kiev a la Sede Apostólica de Roma”. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

2 ‒ Posición de los Obispos de Kiev en los Concilios de Lyon y Florencia, y la persecución padecida a causa de ello

Athanasius Peckar, OSBM

El Metropolita y el Príncipe de Kiev querían la unión con Roma

En el siglo XIII el Metropolita Pedro Akerovych de Kiev (1241-1245) participó en el Concilio Ecuménico de Lyon (1245), durante el cual profesó solemnemente la fe católica y concelebró la santa liturgia junto con el Papa Inocencio IV. Aquí también hay que mencionar los esfuerzos del Príncipe Danylo de Halych e Volhynia (1228-1264) en unir la Iglesia ucraniana con la Sede Romana. En esta ocasión el Papa una vez más colocó las tierras ucranianas “bajo la protección de San Pedro y la Sede Apostólica”, y el legado papal, el Abade Opizone de mazzano, coronó Danylo como Rey de Rus’Ucrania en Drochochyn en 1253. Lastimosamente los invasores tártaros frustraron los esfuerzos de Danylo y éste fue obligado a retractar su coalición y unión con Roma. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

Juan Pablo II

La fidelidad de la Iglesia en Ucrania fue testimoniada durante los Concilios de Lyon y Florencia

La fidelidad de vuestra Iglesia a esta Santa Sede fue testimoniada en un tiempo por vuestros antepasados, así durante el Concilio de Lyon, como después en Florencia, por boca de vuestro metropolita, el futuro Cardenal Isidoro. Esta fidelidad fue prometida, en nombre de toda vuestra jerarquía de ese tiempo, por los obispos Ipacio Pozio y Cirilo Terleckyj, al Papa Clemente VIII, y lo que cuenta más, por esta fidelidad no pocos de vuestros hermanos y hermanas han dado su vida. (Juan Pablo II. Discurso a los obispos del sínodo ucraniano, 1 de diciembre de 1980)

Isidoro de Kiev: fiel intérprete y defensor de las decisiones conciliares

Los obispos de la Metropolía de Kiev, al restablecer la comunión con Roma, se refirieron explícitamente a las decisiones del Concilio de Florencia, es decir, a un concilio que contó con la participación directa, entre otros, de los representantes del Patriarcado de Constantinopla. En este marco, resplandece la figura del metropolita Isidoro de Kiev que, fiel intérprete y defensor de las decisiones de ese concilio, tuvo que soportar el destierro por sus convicciones. (Juan Pablo II. Carta apostólica con ocasión del cuarto centenario de la Unión de Brest, n. 2, 12 de noviembre de 1995)

Athanasius Peckar, OSBM

Los rusos no aceptaron la implantación del decreto del Concilio de Florencia y encarcelaron a Isidoro de Kiev

La unión deseada fue obtenida en el Concilio de Florencia en 1439, en el cual el Metropolita Isidoro de Kiev (1436-1458) ejerció un papel importante. La Unión de Florencia fue recibida favorablemente en las tierras de Ucrania que estaban bajo el gobierno de Lituania, pero la unión fue rechazada por Moscú, donde el Príncipe Basilio II encarceló el Metropolita Isidoro inmediatamente después de su llegada. Afortunadamente, Isidoro consiguió escapar a Lituania. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

Juan Pablo II

El deseo de volver a la comunión con la Sede Apostólica nunca desapareció entre los obispos rutenos

Sin embargo, terminado el Concilio, consta que el mismo Isidoro Metropolita, a quien el Sumo Pontífice, mientras tanto, había designado su Legado a latere en Lituania, Livonia, Rusia y había elevado a la dignidad de padre cardenal y a quien su pueblo había alabado grandemente por la conseguida unión de las Iglesias, tuvo que padecer mucho por su diligente actividad ecuménica, incluso fue llevado a la cárcel en Moscú; huyendo de allí finalmente regresó a Roma, donde dirigiría toda la causa de la unidad. Pero las difíciles condiciones que prevalecían en su patria hicieron que se anulasen por fin las mejores esperanzas de unión propuestas en el Concilio de Florencia. Sin embargo, el deseo de volver a la comunión con la Sede Apostólica nunca desapareció entre los obispos rutenos, que en el mes de diciembre de 1594 y en julio de 1595 manifestaron que estaban dispuestos a emprender el camino de la unión con Roma. (Juan Pablo II. Carta al Cardenal Josyf Slipyj en el primer milenio del bautismo de la región de Rus, n. 4, 16 de junio de 1979)

Histórica conclusión de los ucranianos: era su propia responsabilidad retornar a la unidad de la Iglesia bajo la autoridad de Roma

La idea de la unidad de la Iglesia fue sembrada en los corazones de los ucranianos junto con el cristianismo, así como nutrida e preservada en el seno de la Iglesia ucraniana por muchos siglos con la esperanza de que la Iglesia de Constantinopla sería la primera a dar los pasos necesarios hacía la unión. Después de la caída de Constantinopla, esta esperanza desapareció, ya que los patriarcas estaban oprimidos bajo el yugo turco e imposibilitados de tomar medidas para volver a la deseada unidad. Bajo estas condiciones los obispos ucranianos y bielorrusos llegaron a la conclusión que era su propia responsabilidad volver a la unidad de la Iglesia bajo la autoridad suprema del Obispo de Roma. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

Juan Pablo II

La Iglesia jamás quedó tranquila en el triste estado de su unidad rota

Todos estos hechos y acontecimientos dan testimonio de que la Iglesia jamás quedó tranquila en el triste estado de su unidad rota, y lo juzgó siempre contrario a la voluntad de Cristo Señor. (Juan Pablo II. Carta al Cardenal Josyf Slipyj en el primer milenio del bautismo de la región de Rus, n. 4, 16 de junio de 1979)

3 – Un hecho notable: la Unión de Brest

Juan Pablo II

La Unión de Brest alcanzó la filiación oficial de la Iglesia de Ucrania con Roma

Se acerca el día en que la Iglesia greco-católica de Ucrania celebrará el cuarto centenario de la unión entre los obispos de la Metropolía de la Rus’ de Kiev y la Sede Apostólica. La unión se concertó en el encuentro de los representantes de la Metropolía de Kiev con el Papa, que tuvo lugar el 23 de diciembre de 1595 y se proclamó solemnemente en Brest-Litovsk sobre el río Bug, el 16 de octubre de 1596. El Papa Clemente VIII, con la Constitución apostólica Magnus Dominus et laudabilis nimis, lo anunció a la Iglesia entera y con la Carta apostólica Benedictus sit pastor se dirigió a los obispos de la Metropolía, comunicándoles la unión alcanzada. (Juan Pablo II. Carta apostólica con ocasión del cuarto centenario de la Unión de Brest, n. 1, 12 de noviembre de 1995)

Athanasius Peckar, OSBM

Los Obispos ucranianos pronunciaron una declaración solemne de obediencia al Papa

El día 24 de junio de 1590, tras discutir este asunto en su reunión anual realizada en Brest, los obispos ucranianos pronunciaran por primera vez una declaración solemne en favor de la unión con Roma. Apenas exigían que sus ritos litúrgicos y ceremonias fueran mantenidos por la Sede Apostólica y que el rey de Polonia confirmase todos los privilegios concedidos a su Iglesia en vista de la unión florentina. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

Pío XII

El Metropolita y los Obispos reconocen al Obispo de Roma como Sumo Pastor

El 2 de diciembre de 1594 el Metropolita y seis Obispos, después de deliberar, hicieron una declaración pública, en la que se decían prontos a promover la deseada concordia y unidad, y escribían: “Venimos a esta decisión considerando con nuestro inmenso dolor cuántos obstáculos tienen los hombres para la salvación sin esta unión de las Iglesias de Dios, en la que nuestros predecesores, comenzando por Cristo Nuestro Salvador y por sus santos Apóstoles, perseveraron profesando ser uno sólo el Sumo Pastor y primer Obispo en la Iglesia de Dios en la tierra ―como abiertamente testifican los concilios y los cánones―, y que este Pastor no era otro que el santísimo Papa romano, y que le obedecían en todo, y que mientras esto duró unánimemente en vigor hubo siempre en la Iglesia de Dios orden e incremento del culto divino”. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 9, 23 de diciembre de 1945)

Éxito real en las negociaciones

Las negociaciones, inmediatamente iniciadas, tuvieron finalmente el éxito feliz y deseado, porque el 23 de diciembre de 1595 los mismos legados admitidos a la presencia del Sumo Pontífice, después de haberle presentado en solemne audiencia la declaración de todos los obispos, hicieron en su nombre y en el nombre propio una solemne profesión de la fe católica, prometiendo la debida obediencia y el debido honor. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 10, 23 de diciembre de 1945)

La Iglesia aceptó con gran gozo el retorno de los rutenos

El mismo día Nuestro predecesor Clemente VIII, con la Constitución Apostólica Magnus Dominus et laudabilis nimis, comunicó —congratulándose de ello— a todo el mundo la noticia de este alegre acontecimiento. Con cuánto gozo y con cuánta benevolencia abrazó además la Iglesia romana a los rutenos vueltos a la unidad del redil aparece en la Carta Apostólica Benedictus sit Pater, del 7 de febrero de 1596, con la cual el Sumo Pontífice informa al Metropolita y demás obispos rutenos de la unión felizmente llevada a cabo de toda su Iglesia con la Sede Apostólica. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 11, 23 de diciembre de 1945)

Athanasius Peckar, OSBM

La Unión de Brest reconoce que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo

Solamente dos de los artículos eran relacionados con el dogma. En el artículo 1 los obispos afirmaban su creencia en la procesión del Espírito Santo, que se basó en el acuerdo alcanzado entre latinos y griegos en Florencia: “El Espírito Santo procede no de dos principios ni en dos procesiones, sino de un principio como fuente: del Padre por el Hijo”. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

Los obispos ucranianos veían la Unión de Brest como un primer paso para la unión de toda la Iglesia griega, que acabaría con el cisma de 1054

[Artículo 31 de la Unión de Brest] Si, Dios mediante, llegar el tiempo en que nuestros hermanos de la Iglesia Oriental del rito griego entren en unión con la Iglesia Occidental, y entonces por una unión y consenso común de la Iglesia universal algunas mejorías sean añadidas a los ritos y a la disciplina de la iglesia griega, nosotros deberemos ser participantes, pues pertenecemos a la misma religión. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

La conquista de Brest no fue una solución teórica, sino una forma concreta de vivir la unión

La unión no sólo duró, sino que también fructificó. Una evaluación de las realizaciones de la jerarquía en Brest en 1595 e 1596 debe tener en cuenta no sólo el resultado de la división, sino su permanente testimonio de la unidad de la Iglesia. Lo que fue alcanzado en Brest no fue una solución teórica, sino una forma concreta de vivir la unión —o sea, como reconocer el primado del Papa en una iglesia particular, en sus circunstancias específicas tanto políticas como culturales. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

4 ¿Quiénes se opusieron a la Unión de Brest?

Athanasius Peckar, OSBM

La influencia protestante puso al Príncipe Ostroz’kyj en contra la Unión

Es muy significativo notar que en su manifiesto [el Príncipe] Ostroz’kyj se asigna a sí mismo un llamado divino (“por la gracia de Dios”) a encabezar la Iglesia Ortodoxa Ucraniana. Lo hizo en conformidad con la enseñanza protestante de que no es el Obispo sino el príncipe seglar la cabeza de la Iglesia particular, según el famoso principio Cuius regio, eius et religio. Con el fin de obtener éxito en su campaña contra la Unión, el Príncipe Ostroz’kyj no dudó en formar una coalición anticatólica con los protestantes durante su congreso en Torun, del 21 al 26 de agosto de 1595. Incluso les invitó a participar en una rebelión armada contra el rey Sigismund III, el cual, según el príncipe Ostroz’kyj, violó su juramento que condecía la libertad de religión. Por lo tanto, estamos plenamente justificados para concluir que el Príncipe Ostroz’kyj, que primero se inclinaba hacia la Unión, bajo la influencia protestante desarrolló en su corazón un odio hacia Roma, y estaba preparado para utilizar cualquier medio para derrotar la jerarquía ucraniana que intentaba concluir la unión con la Sede de Roma. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

Pío XII

Así murió San Josafat a manos de sus “hermanos” ortodoxos

Josafat Kuntzevitch, arzobispo de Polotsk y Vitebsk, fue famoso por su santidad de vida y celo apostólico y fue un intrépido campeón de la unidad católica. Él fue perseguido por el odio amargo y la intención homicida de los cismáticos y el 12 de noviembre de 1623 fue herido y muerto inhumanamente con una alabarda. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 15, 23 de diciembre de 1945)

Athanasius Peckar, OSBM

Restauración de la jerarquía cismática por los cosacos

Después de la muerte del Príncipe C. Ostroz’kyj la campaña contra la Unión de Brest fue continuada por los cosacos. Fue bajo la protección de los cosacos que la jerarquía ortodoxa ucraniana fue restablecida por el patriarca Theophanes de Jerusalén en el año 1620. Al llegar a Kiev, Theophanes amenazó con imponer a los cosacos “todas las penalidades eclesiásticas”, si se atrevieran a luchar contra sus “hermanos” en la fe, los moscovitas, y los invitó a que luchasen con todas sus fuerzas contra la Unión. Esto marcó el inicio de una violenta campaña de los cosacos contra la Unión de Brest, bajo el comando de Hetman Peter Sahajdachnyj (1613-1622). (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

5 Moscú entra en escena para frustrar el acuerdo

Pío XII

La autoridad civil rusa emprendió el proyecto de destruir la unidad de los rutenos con la Iglesia Romana

Sin embargo, por los inescrutables designios de Dios, ocurrió que hacia fines del siglo XVIII esta misma comunidad, en aquellas regiones que después de la desmembración de Polonia habían sido unidas al imperio ruso, fue afligida por no pocas persecuciones y vejaciones, a veces muy graves y acerbas. Cuando murió el emperador Alejandro I, se emprendió con temeraria diligencia el proyecto de destruir totalmente la unidad de los rutenos con la Iglesia Romana. Ya antes las eparquías de esta nación habían sido privadas casi totalmente de comunicación con la Sede Apostólica. Pero ahora fueron elegidos obispos que, embebidos e impulsados por la voluntad del cisma, pudiesen apoyar el designio de la autoridad civil; en el Seminario de Vilna, erigido por el emperador Alejandro I, se enseñaron a los clérigos de ambos ritos doctrinas adversas a los Romanos Pontífices; la Orden Basiliana, cuyos miembros habían sido siempre la mayor ayuda de la Iglesia Católica de Rito Oriental, fue privada del propio gobierno y administración y sus monjes fueron completamente sometidos a los consistorios eparquiales; finalmente, los sacerdotes de rito latino tuvieron la prohibición, bajo graves penas, de administrar los sacramentos y demás auxilios religiosos a los rutenos. Después de todo esto, el año 1839 fue declarada solemnemente la unión de la Iglesia rutena con la Iglesia rusa disidente. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 19, 23 de diciembre de 1945)

Athanasius Peckar, OSBM

Violencia y terror por parte de Moscú contra los que adherían a la Unión de Brest

Siguiendo su política expansionista, los líderes de Moscú se consideraban “defensores de la ortodoxia” y emplearon todo su poder e influencia para destruir la Unión de Brest. Comenzaron a instigar a los cosacos ucranianos contra la unión y después invadieron las tierras ucranianas y bielorrusas desde el reino de Polonia, usando directamente violencia y terror contra los que osaban adherir a la Unión [de Brest]. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

El Zar Pedro I masacró personalmente varios monjes basilianos y torturó a un Obispo

Como ejemplo, recordemos la reacción violenta del Zar Pedro I cuando el Obispo Demetrio Zhabokrytskyj de Luck se aventuró a entrar en la Unión en 1702. En 1709, bajo el pretexto de ayudar al rey Augusto II, el Zar Pedro I invadió Polonia, aterrorizando a las poblaciones ucraniana y bielorrusa que formaban parte de la unión. Después de prender al obispo Zhabokrytskyj, Pedro personalmente lo torturó y abusó, y después lo deportó a Moscú, donde el Obispo murió en 1715, víctima del odio de Pedro a la Unión. El odio y hostilidad de Pedro hacia la Unión es generalmente considerado fruto de la llamada “tragedia de Polock” (1705), cuando el Zar personalmente, con sus manos, masacró varios monjes basilianos que estaban dentro de sus propias iglesias. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

Catalina II da inicio a una violenta liquidación de los católicos

La misma política de los zares moscovitas contra la unión continuó durante el reinado de Catalina II (1763-1796), quien manipuló con éxito el levantamiento de los “Haydamaks” ucranianos contra la población católica, caracterizada por la masacre de Uman del año 1768. Después de la triple división de Polonia (1772, 1793 y 1795), cuando la mayoría de las tierras ucranianas y bielorrusas fueron entregadas a los rusos, Catalina II comenzó una violenta liquidación de las parroquias católicas, obligando a los fieles a ingresar en la Iglesia Ortodoxa. Para hacerse una idea de la dimensión de esta violenta persecución de Catalina II, es suficiente mencionar que en aquella época 145 monasterios basilianos y 9.316 parroquias católicas fueron destruidos y más de 8 millones de fieles fueron forzados a entrar en la Iglesia Ortodoxa. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

Insolente proclamación del Sínodo de Moscú: “La Unión Católica en la tierras pertenecientes a Rusia ya no existe, y no podrá existir en la Rusia Ortodoxa”

El calvario de la Unión continuó bajo el Zar Nicolás I (1825-1855), quien terminó el trabajo violento de liquidación de la unión entre la populación ucraniana y bielorrusa que vivía bajo la ocupación rusa “en respuesta” por decir así, a la rebelión polaca de 1831. En 1840, el Sagrado Sínodo de Moscú informó orgullosamente al mundo que “la unión católica en las tierras pertenecientes a Rusia ya no existe, y no podría existir en la Rusia ortodoxa”. La eparquía Católica de Kholm, bajo poder ruso desde 1815, de alguna forma sobrevivió a la furia del Zar Nicolás I contra la Unión. Esta supervivencia temporal duró poco. Después de una sangrienta y violenta persecución, también fue liquidada por el Zar Alejandro II en 1875. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

Pío XII

Horrores, privaciones y daños padecidos por los rutenos en consecuencia de la falsa unión con Moscú

El año 1839 fue declarada solemnemente la unión de la Iglesia rutena con la Iglesia rusa disidente. ¿Quién podrá narrar, Venerables Hermanos, los horrores, los daños, las privaciones que entonces debió sufrir la nobilísima gente rutena, acusada del único delito y culpa de haber protestado contra la injuria fatal de hacerla pasar a la fuerza al cisma y de haber buscado cuanto podía conservar su fe? (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 19-20, 23 de diciembre de 1945)

Ejemplos del “amor fraterno” de los ortodoxos hacía los católicos ucranianos

Todavía pocos años antes de que Polonia fuese dividida hubo una nueva y no menos acerba persecución contra los católicos. […] muchas iglesias de rito ruteno [Iglesia greco-católica ucraniana] fueron tomadas por la fuerza de las armas a los católicos, y los sacerdotes que rehusaban renegar la fe fueron puestos en prisión, conculcados, heridos y atormentados atrozmente con hambre, sed y frío. No fueron inferiores a estos en la constancia y fortaleza aquellos sacerdotes que hacia el año 1839 sufrieron la pérdida de los propios bienes y de la misma libertad antes que faltar a sus deberes religiosos. Del número de éstos es aquel José Ancevskyj, a quien Nos place recordar de modo especial, el cual, tenido por treinta y dos años bajo dura prisión en el monasterio de Suzdal, obtuvo el premio de su eximia virtud el año 1878 con una piadosísima muerte. Como él, los 160 sacerdotes que, profesando claramente la fe católica, fueron arrancados a sus familias, que quedaban en la miseria y encerrados en los cenobios; pero no cambiaron su santo propósito ni por el hambre ni por las otras vejaciones. Con no menos fortaleza se distinguieron no pocos de la eparquía de Cholm, tanto entre el clero como entre el laicado, que con invicta virtud resistieron a los perseguidores de la fe. Así, por ejemplo, los habitantes de la aldea de Pratulin, cuando los soldados vinieron a ocupar la iglesia y entregarla a los cismáticos, no rechazaron la fuerza con la fuerza, pero, unidos entre sí con sus cuerpos inermes, opusieron a los asaltantes como un muro vivo. Por eso muchos de ellos fueron heridos, muchos padecieron horrendas crueldades, otros fueron retenidos en la prisión por largos años o deportados a la Siberia y otros, finalmente, pasados al filo de la espada, derramaron la sangre por Cristo. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 49-51, 23 de diciembre de 1945)

6 El odio de la URSS a la Iglesia Católica ucraniana

Natalia Shlikhta

El régimen comunista ateo colaboró con el Patriarca Ortodoxo

El régimen comunista ateo colaboró con el Patriarca Ortodoxo para obligar a la “reintegración” de la Iglesia Católica a la cismática. (Natalia Shlikhta PhD. Church within the Church as a mode of the survival of West Ukrainian religious community under Soviet rule)

Athanasius Peckar, OSBM

Las autoridades soviéticas oprimieron violentamente a la Iglesia Católica ucraniana

En 1944, la Ucrania Occidental fue ocupada por las fuerzas soviéticas. Las autoridades soviéticas continuaron la política contra la unión de los Zares rusos y oprimían violentamente a la Iglesia Católica Ucraniana en Ucrania Occidental después del Sínodo de Lviv en 1946. Hoy la jerarquía de la moderna Moscú, tal como sus predecesores en la Rusia Zarista, oficialmente proclaman que “¡En la Unión Soviética la Iglesia Uniata Ucraniana no existe y no pude existir!” El temor de la unión de la Iglesia en los círculos rusos es mayor aún hoy en día. Esto no hace más que demostrar que la unión con Roma debe ser, y de hecho es de grande importancia para la promoción de la causa ucraniana. (Athanasius Peckar, OSBM. The union of Brest and attempts to destroy it)

The Ukrainian Weekly

La Iglesia Ortodoxa fue el instrumento del Estado Soviético para diezmar a las poblaciones fieles a Roma

La Iglesia [Ortodoxa] rusa fue francamente un instrumento para la realización de las políticas del Estado Soviético, incluyendo la desnacionalización de los pueblos no rusos de la Unión Soviética. En efecto, se está siguiendo la política de la Iglesia Rusa de la época zarista, que era controlada directamente por el zar a través de su representante, el Procurador, en el Sagrado Sínodo de la Iglesia. Después de haber dispuesto de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana Autocéfala, Moscú dirigió su atención a la Iglesia Católica Ucraniana de rito oriental. Mientras el venerable Metropolita Sheptitsky vivió, no se ejerció mucha presión en ese sentido; tal vez debido a la fama mundial de este gran prelado. Una vez que murió, sin embargo, comenzó una salvaje persecución de la Iglesia y sus seguidores. Es aquí donde el [periódico] América empieza a contar someramente algo de la historia. El primer golpe cayó sobre la jerarquía. Todos los obispos, entre ellos el sucesor de Sheptitsky, el Metropolita Slipiy, fueron encarcelados. Varios de ellos murieron en la cárcel, incluyendo el Metropolitana Slipiy y el antiguo arzobispo Khomyshyn. Decenas de sacerdotes fueron ejecutados, y cientos de otros detenidos. Proporcionalmente poco restó de sus rebaños, por la presión acompañada de persecución, restricciones y humillaciones que se aplicaron para hacerlos abandonar su Iglesia, unirse a la Iglesia ortodoxa rusa y reconocer la autoridad del Patriarca de Moscú. […] El éxito que esta propuesta modesta logró, escribe señor Keenan, puede verse en el discurso hecho por el Reverendísimo Ambrose Senyshyn, obispo auxiliar de los Católicos Ucranianos de los Estados Unidos, ante los representantes de la Jerarquía Americana en su reunión anual en noviembre del pasado año. El poder de los soviéticos en el oeste de Ucrania, dijo el obispo Senyshyn, “… ha sido ruinoso. Ejecuciones brutales, retención de los bienes culturales, confiscación de las instituciones religiosas católicas, fuerte presión destinada a hacer que los católicos se unan a la Iglesia ortodoxa, matando y encarcelando los clérigos y las personas importantes, da una breve pero clara imagen de la devastación y la esclavización forjada. (The Ukrainian Weekly. Red persecution of Ukrainian Catholics, having destroyed independent ukrainian orthodox church, soviets now try to do likewise to Catholic Church, January 19, 1946)

Clemente González

Josyf Slipyj: 18 años de tortura en manos de los rusos comunistas por el “crimen” de la fidelidad al Papa

En junio de 1944 las columnas soviéticas irrumpieron en Ucrania y acusaron de colaboracionismo a cuantas personas pudieran obstaculizar las maniobras comunistas. Los primeros en caer en las cárceles fueron los católicos por su vinculación a Roma. […] Josyf Slipyj, como jefe de la Iglesia Católica de Ucrania, fue el centro de los ataques de las autoridades soviéticas que, con el patriarcado ortodoxo de Moscú, habían decidido eliminar el catolicismo de todos los territorios de la URSS. Para preparar la ruptura con Roma y proclamar la “unificación” con la Iglesia ortodoxa rusa, se convocó el pseudo-sínodo de Leópolis. En seguida se procedió al arresto y deportación de los obispos, clero y religiosos que no aceptaron las conclusiones de la asamblea de Leópolis. Los templos, bibliotecas, escuelas y demás bienes católicos pasaron a manos de los ortodoxos. El metropolita Slipyj, a los 53 años de edad, fue detenido la noche del 11 de abril de 1945. El Via Crucis había iniciado: 18 años de torturas físicas y morales, de interrogatorios y deportaciones, de hambre, sed y humillaciones. 18 años meticulosamente documentados; el afán de probar la culpabilidad de Slipyj nos ha proporcionado un amplio dossier de su crimen: fidelidad inquebrantable al Papa. Sin salir del Archipiélago Gulag, Slipyj sufrió cuatro condenas. El íter de su “pasión y crucifixión” lo podemos recorrer en sus memorias y en la extensa correspondencia que sus compañeros de lager cruzaron con él después de su liberación en 1963. Existen testimonios escritos por ucraniaos, polacos, bielorrusos, alemanes, checos, austríacos, rumanos, húngaros, lituanos, italianos; unos hebreos, otros ortodoxos o católicos. Todos coinciden en haber visto derrotada la barbarie comunista ante la indomable integridad de Mons. Josyf Slipyj. (Clemente González. Cardenal Josyf Slipyj)

Juan Pablo II

Alabanza a la fidelidad del Cardenal Josyf Slipyj

También tú, venerable hermano nuestro, [Cardenal Slipyi] has participado en esta misma cruz y también muchos hermanos tuyos en el Episcopado que, sufriendo dolores e injurias por Cristo, guardaron fidelidad a la cruz hasta el último aliento de su vida. Lo mismo hay que decir de otros muchos sacerdotes y religiosos, varones y mujeres, y de fieles laicos de vuestra Iglesia. Así pues, la fidelidad a la cruz y a la Iglesia resulta un testimonio peculiar por el que los fieles cristianos de vuestra nación se disponen en este mismo tiempo a celebrar el primer milenio de la religión cristiana en Rus. (Juan Pablo II. Carta al Cardenal Josyf Slipyj en el primer milenio del bautismo de la región de Rus, n. 5, 16 de junio de 1979)

IV – El ecumenismo no puede ser excusa para entregar a los católicos en manos de cismáticos

Juan Pablo II

El auténtico espíritu ecuménico debe probarse por la especial consideración hacia la Iglesia Católica de rito ucraniano

La actividad ecuménica de nuestros días, esto es, la propensión al acercamiento mutuo y a la comunión —sobre todo entre las Iglesias de Occidente y Oriente— no puede ni abandonar ni disminuir la importancia y utilidad de cada uno de los esfuerzos para restaurar la unidad de la Iglesia, que se hicieron en los siglos anteriores y que tuvieron un resultado feliz, aunque sólo parcialmente. Como ejemplo de esta verdad, figura vuestra Iglesia entre las otras iglesias católicas orientales, que gozan de propio rito. Sin duda el auténtico espíritu ecuménico —de acuerdo con el significado más actual de la palabra— debe manifestarse y probarse por la especial consideración hacia vuestra Iglesia, así como hacia las demás Iglesias Católicas de Oriente, que tienen ritos diversos. […] En virtud de ese principio que la Sede Apostólica ha invocado y predicado muchas veces, le es lícito a cada uno de los hombres creyentes, confesar la propia fe y participar en la comunidad de la Iglesia a la que pertenece. Pero la observancia de este principio de la libertad religiosa pide que en la vida y en la práctica se reconozcan los derechos de la Iglesia, a la que pertenece cada uno de los habitantes del Estado. (Juan Pablo II. Carta al Cardenal Josyf Slipyj en el primer milenio del bautismo de la región de Rus, n. 6, 16 de junio de 1979)


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