19 – La Iglesia defendía la fe con muros, pero ahora hay que construir puentes. Pasó el tiempo de excluir los ateos, juntados, socialistas…

Ante el mandato divino de evangelizar todas las naciones y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, la Santa Iglesia siempre traspasó fronteras para llevar a todos, sin excluir a nadie, el anuncio de la buena noticia. Sin embargo, ya desde los tiempos apostólicos, todo evangelizador se vio obligado a aliar la audacia con la prudencia, para no dejarse contaminar, en su debilidad, por aquellos que rechazan la universal invitación a la conversión realizada por el Redentor.

En nuestros días, frente a la creciente pérdida de identidad de los católicos, muchos entienden que este anuncio debe hacerse reconociendo los diferentes credos, entre los cuales el nuestro es considerado uno más, y sin ningún tipo de cuidado por la preservación de la propia fe y de las buenas costumbres.

Los sucesores de San Pedro dejaron a lo largo de los siglos orientaciones muy precisas que indican como conciliar la intrepidez apostólica con la vigilancia. Es oportuno recordarlos para aclarar conceptos y valorar debidamente la fe que profesamos, la única que puede llevar los hombres a la eterna bienaventuranza.

Francisco

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Enseñanzas del Magisterio

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Autores

Sagradas Escrituras

Jesucristo ordena observar a sus mandamientos
Expeled al malvado de entre vosotros
Todo el que no se mantiene en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios

Cardenal Joseph Ratzinger

La dictadura del relativismo

Pablo VI

Acercarse a los hermanos no significa atenuar la verdad
La verdadera religión es única, y esa es la religión cristiana
La teoría que se funda en la negación de Dios es equivocada
Es engaño decir que el protestantismo es lo mismo que la Iglesia Católica
Transformar los criterios con la fuerza del Evangelio

León XIII

Rechazar la autoridad de Dios es la perversión de la libertad

Gregorio XVI

La salvación no puede conseguirse con cualquier profesión de fe

Pío IX

Sepamos preservarnos de la atmósfera corrompida en que vivimos

Juan Pablo II

La misión ad gentes es un compromiso para todo creyente

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¿Hay que silenciar las enseñanzas sobre la moral?

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