88 – ¿Por qué sufre un niño? No lo sé: es un misterio para mí – ¿Por qué sufren los niños? Recién cuando el corazón alcanza a hacerse la pregunta y a llorar, podemos entender algo. Y no hay explicaciones. No tengáis miedo de desafiar al Señor: ¿Por qué?

En el año 1930 nació en Roma Antonietta Meo, cuarta hija de padres honrados y creyentes. En su hogar aprendió las primeras verdades de la fe, aunque la atmósfera de catolicidad que en aquel entonces caracterizaba en la Ciudad Eterna también colaboró favorablemente para su formación religiosa.

A los cuatro años, a causa de una inflamación en la rodilla de apariencia poco preocupante, los médicos descubrieron en la niña un mal terrible: osteosarcoma. Los padecimientos que desde entonces afectaron Antonieta seguramente harían estremecer los varones adultos más valientes: tratamientos dolorosos y prácticamente inútiles hasta la amputación de la pierna izquierda, al que se siguió el avance del mal, que llegó incluso a comprometer los pulmones. Los médicos se sorprendían al comprobar como un cuerpo tan pequeño podía padecer males tan grandes.

Pero lo más impresionante del caso es sin duda la reacción de Antonieta ante estos infortunios, pues a medida que aprendía los pasajes de la vida de Jesús identificaba su estado con el de Cristo Padeciente y descubría en la Pasión el verdadero motivo por el que sufría: “Querido Jesús crucificado, te quiero mucho y te amo mucho, quiero estar en el Calvario contigo y sufro con alegría porque sé que estoy en el Calvario. Querido Jesús, te agradezco que me hayas mandado esta enfermedad, que es un medio para que llegue al Paraíso. Querido Jesús, dile a Dios Padre que le amo mucho también a Él. Querido Jesús, dame fuerzas para soportar los dolores que te ofrezco por los pecadores…”

Esta niña murió a los seis años y su cuerpo hoy se encuentra en su parroquia, la Basílica de San Juan de Letrán. Muchos aguardan con esperanza el reconocimiento de la heroicidad de sus virtudes y elevación al honor los altares.

En la misma ciudad de los Papas una escena transcurrida el pasado mes de mayo nos hace recordar el ejemplo de “Nennolina”: el Papa recibe niños afectados por enfermedades graves acompañados por sus padres. Estos infelices en el cuerpo pero bautizados y con sus almas amparadas por las bendiciones de la Iglesia esperaban de Francisco una palabra de aliento, que el Pontífice les indicara un sentido en medio al infortunio atroz, como padre que es de la Iglesia especialmente atento a todo lo que concierne los necesitados.

Sin embargo, manifestando una vez más su extraña concepción de esta problemática ya tratada en el viaje apostólico a Filipinas, Francisco vuelve a decir que es una situación para la que no hay explicaciones, que el único remedio para los niños y sus padres es llorar.

Para colmo de perplejidades, Francisco proyecta esta reacción de sentido enteramente naturalista en la Santísima Virgen María y su Divino Hijo. Según él, Nuestra Señora tampoco comprendió lo que pasaba en el Calvario, y su Hijo tampoco tenía claro el alcance de nuestros dramas hasta el momento en que lloró.

Sobran más palabras… pues si la enseñanza de la Iglesia explica esta cuestión, ¿no se esperaría otra respuesta del Vicario de Cristo?

En definitiva, nadie como Francisco para hacernos pensar en el Evangelio. Sus geniales interpretaciones nos dejan admirados, sin palabras. Hasta Judas acaba de recibir un nuevo papel, dejando su puesto de traidor para ser el incomprendido de las élites dominadoras. Tal vez por falta de experiencia, el “pobre Judas” no salió bien parado en su innovador papel, y fueron necesarias unas buenas acrobacias interpretativas para modificar otros pormenores del Evangelio en función del sorprendente arrepentimiento. El resultado ha sido lamentable. Es normal –seamos comprensivos–, pues Francisco tiene la costumbre de leer el Evangelio a la sombra del mundo… y no enseñar al mundo la luz del Evangelio. Y, claro, nadie que lea a oscuras podrá entender lo que dice un texto…

Ahora, como nadie puede ser excluido, creemos que a Francisco también le agradaría tener algún papel en esas nuevas interpretaciones del Evangelio. Por eso, le buscamos uno muy sencillo, a su gusto.

Tomemos del Evangelio de San Lucas el discurso de Jesús, cuando se llenó de alegría en el Espíritu Santo: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños” (10, 21).

Pongamos en el papel de pequeños a los niños, como es natural, pero agreguémosles una cualidad más: si el Padre les reveló algo especial, como dice Jesús, son niños agradables a Dios, que mejor llamaríamos santos. Pensemos en los Beatos Francisco y Jacinta Marto, videntes de Fátima, en las Venerables Antonietta Meo y Mari-Carmen González Valerio, en el francesito Guido de Fontgalland. A todos estos Dios les reveló su más augusto misterio: el de la cruz. Todos ellos encontraran en el sufrimiento su camino rápido para el cielo y la oportunidad de consolar Jesús por los pecados del mundo. Hoy el mundo no los admira porque fueron niños, ni porque sufrieron, sino porque entendieron el valor del sufrimiento ante Dios y supieron sufrir por amor a Él.

Resta ahora el papel de los sabios y entendidos, a quienes Dios ha escondido “estas cosas”. Pues bien, al hablar del sufrimiento de los niños, Francisco suele decir que no lo entiende. Que no tiene palabras para explicarlo. Que es un misterio para él. ¿Alguna duda de cual será el papel que le cabe en escena descrita por San Lucas? Si le mandásemos memorizar su guión para una obra de teatro, no lo habría hecho mejor…

Francisco

stamarta

Cita ACita BCita C

Enseñanzas del Magisterio

Entra en las diversas partes de nuestro estudio

ContenidoAutores

I – Inocentes y pecadores están sujetos al sufrimiento. ¿Por qué?
II –
El papel del sufrimiento en la santificación del hombre
III –
La Virgen María ofreció su Hijo cómo víctima de expiación por los pecados de la humanidad
IV –
Verdadero Dios y verdadero Hombre, Jesús tenía pleno conocimiento de toda su misión redentora

I – Inocentes y pecadores están sujetos al sufrimiento. ¿Por qué?

Benedicto XVI

Dios nos ama a punto de cargar con todo dolor inocente - Sólo un Dios que nos ama hasta cargar nuestros pecados es digno de fe

Juan Pablo II

Los inocentes encuentran consuelo en la cruz de Cristo
El sufrimiento del inocente es especialmente valioso a los ojos del Señor
Ante la perplejidad el inocente debe decir: “Sé que eres Todopoderoso”

Benedicto XVI

Padecimientos que preparan un bien mayor
Las llagas de Cristo nos hacen ver los males con esperanza

Sagradas Escrituras

¿No es lógico aceptar los sufrimientos?
Tomar la cruz es obligación de quien quiere seguir a Jesús
Los sufrimientos de Cristo son fuente de alegría
La gloria futura compensará todo dolor

Santo Tomás de Aquino

Los males corporales son castigo del pecado

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

El pecado original sometió el hombre al sufrimiento
Medio de colaboración con la Providencia Divina
Medio de purificación y salvación
Del mayor mal del mundo Dios sacó el mayor de los bienes

Catecismo de la Iglesia Católica

Nuevo sentido al sufrimiento
Factor para discernir lo que no es esencial

San Juan Crisóstomo

Remedio contra el orgullo, fuerza de Dios en hombres débiles

Santo Tomás de Aquino

La tristeza o el dolor no pueden ser el sumo mal del hombre

Juan Pablo II

La herida puede convertirse en fuente de vida
El dolor esconde una fuerza que acerca a Cristo
Camino para la transformación de las almas

Benedicto XVI

Podemos limitar el sufrimiento, pero no suprimirlo
Lo que cura al hombre es la capacidad de aceptar la tribulación

Sagradas Escrituras

Completar en nuestra carne lo que falta a las tribulaciones de Jesús

Juan Pablo II

La cruz de Cristo da sentido a nuestros padecimientos
Respuesta personal del hombre a Dios
La redención permanece abierta al amor que se expresa en el sufrimiento humano

II – El papel del sufrimiento en la santificación del hombre

Catecismo de la Iglesia Católica

No hay santidad sin cruz

Santo Tomás de Aquino

En la Cruz está Cristo, modelo de todas las virtudes

San Agustín

El que no está dispuesto a sufrir no ha empezado a ser cristiano
Nuestra actitud ante el sufrimiento define si seremos grano del paraíso o paja para el infierno

San Bernardo de Claraval

La tribulación por amor a Cristo antecede la gloria junto con Él
El que quiere seguir un Jefe crucificado no puede huir de los sufrimientos

Santa Teresa de Jesús

Dios no santifica a nadie sin hacerlo sufrir

San Juan de la Cruz

¡Si pudiéramos conocer la gloria fruto del sufrimientos no desearíamos consuelos!

San Francisco de Sales

La mejor señal de que agradamos a Dios
Felices las almas que beben el cáliz del sufrimiento
Camino que nos conduce directo a Dios

Santa Teresa de Lisieux

Esencia de la santidad
El grado de perfección es proporcional al de sufrimiento

San Alfonso María de Ligorio

¿Qué pedir a Jesús después de verlo en la Cruz?
Es muy justo que padezcamos por amor a Jesucristo
Los santos han recibido las enfermedades a manera de tesoros

III – La Virgen María ofreció su Hijo cómo víctima de expiación por los pecados de la humanidad

Juan Pablo II

Aceptación plena a las palabras de Ángel Gabriel

Benedicto XVI

Al pie del Calvario María renueva el fiat de la Anunciación

Juan Pablo II

¡Feliz la que ha creído!
Ejemplo para todos los que se asocian al sufrimiento redentor

Concilio Vaticano II

Con fe y obediencia libres María cooperó a la salvación de los hombres
Asociada amorosamente a la inmolación de su Unigénito

Juan Pablo II

El consentimiento de María es auténtico acto de amor
Participación directa en la obra de la redención
Modelo de valentía para afrontar los padecimientos
La primera que supo y quiso tomar parte en el misterio salvífico
Junto a la Cruz, una presencia intrépida
A diferencia de los Apóstoles María era una antorcha de fe
La que estaba unida al Hijo por vínculos de amor materno, allí vivía la unión en el sufrimiento

Benedicto XVI

La discreción de María nos impide medir su dolor

San Beda

María tenía plena certeza de la resurrección

San Bernardo de Claraval

La Virgen Santísima es verdadera mártir

IV – Verdadero Dios y verdadero Hombre, Jesús tenía pleno conocimiento de toda su misión redentora

Gregorio Magno

Jesús, la Sabiduría de Dios, no ignoraba nada

Pío X

Condena papal a los erros del modernismo sobre la persona de Cristo
Los agnósticos pretenden hacer distinción entre el Cristo histórico y el Cristo de la fe

Congregación para la Doctrina de la Fe

Tentación de reducir el Hijo de Dios a un hombre a nuestra medida

Santo Tomás de Aquino

Plenitud de toda gracia y de toda ciencia

Catecismo de la Iglesia Católica

El Verbo encarnado gozaba la ciencia de los designios eternos
Inseparablemente verdadero Dios y verdadero Hombre

Fórmula llamada Fe de Dámaso

Cristo obró cómo Dios y murió cómo hombre

León Magno

El Hijo de Dios se hizo hombre sin apartase de la gloria del Padre

Congregación para la Doctrina de la Fe

Confesar la divinidad de Jesús es punto esencial de la fe

Catecismo de la Iglesia Católica

Cristo ha querido humanamente todo lo que ha decidido divinamente

Juan Pablo II

Aceptación amorosa de la cruz
Jesús fue al encuentro de la muerte
La muerte en la cruz, meta del camino de su existencia
Ofrecimiento continuo por la humanidad
Libre entrega en la Pasión

Sínodo de Letrán

El que no confiesa que el Verbo padeció espontáneamente está condenado

Comisión Teológica Internacional

La cruz es una liturgia de obediencia

San Francisco de Sales

La voluntad del Padre y la de Cristo fue redimirnos por la cruz

Congregación para la Doctrina de la Fe – Cardenal Joseph Ratzinger

¡Ojo con las interpretaciones burguesas, sin valor teológico y revolucionarias de Cristo!

Descubre otra innovación:  

¿El ecumenismo justifica omitir a Jesucristo para rezar junto con judíos y musulmanes?