¿Por qué “Denzinger-Bergoglio”?

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Edición de 1854

Cualquier estudioso de Teología conoce el famoso “Compendio de símbolos, definiciones y declaraciones de fe y moral”, normalmente denominado “Denzinger”, en memoria del que fuera iniciador de esta obra insigne, Heinrich Denzinger, cuya primera edición data del año de 1854.

Fue este sacerdote alemán, profesor de Teología Dogmática, quien se propuso hacer una síntesis del Magisterio de la Iglesia para poner al alcance de los estudiosos las más importantes declaraciones y definiciones conciliares, proposiciones condenadas y formas de símbolos de la fe católica genuina.

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Denzinger-Hünermann

Considerablemente ampliada ya en vida de su autor —que partió a la casa del Padre en 1883—, la obra fue enriquecida en sucesivas ediciones, con la adición tanto de importantes documentos antiguos como de las principales enseñanzas de los nuevos Pontífices, así como de aquellas declaraciones de dicasterios romanos que interesaban para su finalidad. Para identificar estas nuevas ediciones en el ámbito académico, se añadió al tradicional nombre “Denzinger” el apellido del coordinador de la continuación de esta empresa. De ahí, principalmente, el “Denzinger-Schönmetzer”, en recuerdo del sacerdote jesuita Adolf Schönmetzer, y más recientemente “Denzinger-Hünnermann”, por Peter Hünnermann, a quien cupo la inestimable labor de incluir en el famoso compendio el magisterio del Concilio Vaticano II y de los Papas más recientes.

Por todo esto, el Denzinger, en cualquiera de sus versiones, siempre ha sido considerado como una autoridad en cuanto síntesis de la enseñanza infalible de la Santa Madre Iglesia en materia de fe y moral. En lenguaje más castizo, como una fuente segura de lo que se debe creer y practicar para ser un católico como Dios manda.

No olvidemos, sin embargo, que el Magisterio es como el tesoro de aquel padre de familia, del cual se sacaban “cosas nuevas y viejas” (Mt 13, 52). El Santo Padre, Sumo Pontífice y Pastor Supremo de la Iglesia Universal, tiene ex officio el deber de custodiar el depósito de la Fe y, a su vez, ofrecer las enseñanzas inmortales de la Buena Nueva del modo más adecuado para los fieles de cada época y lugar. Pero como bien dice San Juan Pablo II, el Romano Pontífice tiene la “potestad sagrada” de enseñar la verdad del Evangelio, administrar los sacramentos y gobernar pastoralmente la Iglesia en nombre y con la autoridad de Cristo, pero esa potestad no incluye en sí misma ningún poder sobre la ley divina, natural o positiva (San Juan Pablo II, discurso a los Prelados auditores de la Rota Romana, 21 de enero de 2000).

En ese sentido, la elección de Cardenal Jorge Mario Bergoglio como Obispo de Roma el día 13 de marzo de 2013 supuso una verdadera sacudida en el mundo católico. Es lo que se ha llamado “el huracán Bergoglio” o “el efecto Francisco”. El nuevo Papa, con tan peculiar modo de ofrecer sus enseñanzas, no deja a nadie indiferente.

Por tanto, en memoria a la inmortal obra del Denzinger y con el objetivo de formar criterios de análisis, hemos querido contrastar el Magisterio de la Iglesia con las innovaciones que Francisco realiza casi a diario. Así nació el site “Denzinger-Bergoglio”.

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El nuevo “Denzinger-Bergoglio”