Pontificio Consejo para la Familia…

… juzga la idea de Francisco de que el adulterio realiza en parte el ideal familiar

  • En casos de una segunda unión se necesita verificar si el matrimonio religioso precedente puede haber sido nulo

Mientras permanezcan en una situación objetivamente en contraria con el Evangelio, no están en plena comunión con la Iglesia y por ello no pueden ser admitidos a recibir la Eucaristía, sacramento de la comunión no sólo espiritual, sino también visible. […] Para encaminar con ellos buenas relaciones puede ser oportuno algún encuentro específico. Se necesita también verificar si existen posibilidades eventuales para regularizar su convivencia, por ejemplo en el caso de que su matrimonio religioso precedente haya sido nulo. (Pontificio Consejo para la Familia. Conferencia Regina Apostolorum, El obispo y la pastoral familiar, 16 de septiembre de 2009)

  • Cuidado al predicar la libertad de la mujer que muchos entienden como liberación del matrimonio

Es justo promover igualdad de oportunidades para hombre y mujer, refutando roles y jerarquías sociales fijas. Pero está fuera de la realidad y del buen sentido pensar, como algunos ha llegado a hacerlo, que la liberación de la mujer implica la liberación del matrimonio (palabra que se buscaría fuera eliminada del código y civil) y de la maternidad (función que debería ser sustituida con una máquina para la gestación de los nuevos seres humanos). Los niños tienen necesidad del amor padre y madre para nacer y crecer en modo digno. (Pontificio Consejo para la Familia. Conferencia Regina Apostolorum, El obispo y la pastoral familiar, 16 de septiembre de 2009)

… juzga la idea humanística que Francisco tiene de la familia

  • Es indispensable formar los cónyuges para que puedan llevar una vida de perfección

Para ayudar a los cónyuges a conocer el camino de su santidad y a cumplir su misión, es fundamental la formación de sus conciencias y el cumplimiento de la voluntad de Dios en el ámbito específico de la vida matrimonial, o sea en su vida de comunión conyugal y de servicio a la vida. La luz del Evangelio y la gracia del sacramento representan el binomio indispensable para la elevación y la plenitud del amor conyugal que tiene su fuente en Dios Creador. En efecto, “el Señor se ha dignado sanar, perfeccionar y elevar este amor con un don especia de la gracia y de la caridad” (Gaudium et Spes, n. 49). (Pontificio Consejo para la Familia. Vademécum para los confesores sobre algunos temas de moral conyugal, 12 de febrero de 1997)

… juzga la idea de familia que tiene Francisco

  • Es contrario al sentido común igualar el matrimonio a una relación homosexual

La verdad sobre el amor conyugal permite comprender también las graves consecuencias sociales de la institucionalización de la relación homosexual: “se pone de manifiesto también qué incongruente es la pretensión de atribuir una realidad conyugal a la unión entre personas del mismo sexo. Se opone a esto, ante todo, la imposibilidad objetiva de hacer fructificar el matrimonio mediante la transmisión de la vida, según el proyecto inscrito por Dios en la misma estructura del ser humano. Asimismo, se opone a ello la ausencia de los presupuestos para la complementariedad interpersonal querida por el Creador, tanto en el plano físico-biológico como en el eminentemente psicológico, entre el varón y la mujer…(Familiaris consortio, n. 19). El matrimonio no puede ser reducido a una condición semejante a la de una relación homosexual; esto es contrario al sentido común. En el caso de las relaciones homosexuales que reivindican ser consideradas unión de hecho, las consecuencias morales y jurídicas alcanzan una especial relevancia. “Las uniones de hecho entre homosexuales, además, constituyen una deplorable distorsión de lo que debería ser la comunión de amor y vida entre un hombre y una mujer, en recíproca donación abierta a la vida.” (Juan Pablo II, Discurso a los participantes de la XIV Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia) Todavía es mucho más grave la pretensión de equiparar tales uniones a “matrimonio legal”, como algunas iniciativas recientes promueven. Por si fuera poco, los intentos de posibilitar legalmente la adopción de niños en el contexto de las relaciones homosexuales añade a todo lo anterior un elemento de gran peligrosidad. “No puede constituir una verdadera familia el vínculo de dos hombres o de dos mujeres, y mucho menos se puede a esa unión atribuir el derecho de adoptar niños privados de familia” (Juan Pablo II, palabras pronunciadas durante el Ángelus de 20-2-1994). Recordar la trascendencia social de la verdad sobre el amor conyugal y, en consecuencia, el grave error que supondría el reconocimiento o incluso equiparación del matrimonio a las relaciones homosexuales no supone discriminar, en ningún modo, a estas personas. (Pontificio Consejo para la Familia. Familia, matrimonio y uniones de hecho, n. 23, 26 de julio de 2000)

… juzga la visión de la Iglesia hacia los divorciados en segunda unión que tiene Francisco

  • Más importante que el número son personas de auténtica vida cristiana

Los hombres no podrían creer en Cristo y no podrían tomar en serio su Evangelio si no encontrasen los signos de su presencia. Especialmente hoy tienen necesidad de encontrarlo y de cualquier forma verlo.  “Los hombres de nuestro tiempo —observa Juan Pablo II— quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no sólo hablar de Cristo, sino en cierto modo hacérselo ver” (NMI, 16).
Se puede ver a Cristo en los milagros; pero más aun se lo puede ver en los santos, no sólo en aquellos heroicos y extraordinarios, sino también en aquellos ordinarios que tiende a la santidad como “alto grado de la vida cristiana ordinaria” (NMI, 31) y no se contentan con “una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial” (ibid). Hoy más que nunca se precisan falta cristianos ejemplares, de familias cristianas unidas, de comunidades eclesiales fervorosas. Para solventar la crisis de la familia, que es una crisis del matrimonio, de la natalidad y de la educación, que se traduce en una disgregación y cansancio de la sociedad, la misión pastoral más importante es formar en cada parroquia núcleos de familias que sean evangelio vivido. Para evangelizar nuestro mundo secularizado y los pueblos que ignoran nuestra fe, es más necesaria la autenticidad de la vida cristiana que el número de los cristianos. Es a través de los pocos, que muchos vienen interpelados y pueden orientarse a la vida eterna, aunque si en esta tierra no alcanzan a inserirse plenamente en la Iglesia. Lo que cuenta más es que existan hogueras encendidas que iluminen y caliente la noche. (Consejo Pontificio para la Familia. Homilía del Cardenal Ennio Antonelli en la Solemne Eucaristía de Clausura del Congreso Ayudar la familia hoy, 12 de diciembre de 2010)

… juzga la idea de que el Papa no debe juzgar que tiene Francisco

  • Es necesario presentar el fenómeno de la homosexualidad a los jóvenes a la luz de los documentos de la Iglesia

Una problemática particular, posible en el proceso de maduración-identificación sexual, es la de la homosexualidad, que, por desgracia, tiende a difundirse en la moderna cultura urbana. Es necesario presentar este fenómeno con equilibrio, a la luz de los documentos de la Iglesia. Los jóvenes piden ayuda para distinguir los conceptos de normalidad y anomalía, de culpa subjetiva y de desorden objetivo, evitando juicio de hostilidad, y a la vez clarificando la orientación estructural y complementaria de la sexualidad al matrimonio, a la procreación y a la castidad cristiana. (Pontificio Consejo para la Familia. Sexualidad humana: verdad y significado. Orientaciones educativas en familia, n. 104, 8 de diciembre de 1995)

  • La unión entre personas del mismo sexo es una incongruencia

La verdad sobre el amor conyugal permite comprender también las graves consecuencias sociales de la institucionalización de la relación homosexual: “se pone de manifiesto también qué incongruente es la pretensión de atribuir una realidad conyugal a la unión entre personas del mismo sexo. Se opone a esto, ante todo, la imposibilidad objetiva de hacer fructificar el matrimonio mediante la transmisión de la vida, según el proyecto inscrito por Dios en la misma estructura del ser humano. Asimismo, se opone a ello la ausencia de los presupuestos para la complementariedad interpersonal querida por el Creador, tanto en el plano físico-biológico como en el eminentemente psicológico, entre el varón y la mujer…(Juan Pablo II, Ex. Ap. Familiaris consortio, n. 19). El matrimonio no puede ser reducido a una condición semejante a la de una relación homosexual; esto es contrario al sentido común. En el caso de las relaciones homosexuales que reivindican ser consideradas unión de hecho, las consecuencias morales y jurídicas alcanzan una especial relevancia. “Las ‘uniones de hecho’ entre homosexuales, además, constituyen una deplorable distorsión de lo que debería ser la comunión de amor y vida entre un hombre y una mujer, en recíproca donación abierta a la vida” (Juan Pablo II, Discurso a los participantes de la XIVª Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia. Cf. Juan Pablo II, palabras pronunciadas durante el Ángelus de 19/6/1994). Todavía es mucho más grave la pretensión de equiparar tales uniones a “matrimonio legal”, como algunas iniciativas recientes promueven. Por si fuera poco, los intentos de posibilitar legalmente la adopción de niños en el contexto de las relaciones homosexuales añade a todo lo anterior un elemento de gran peligrosidad. “No puede constituir una verdadera familia el vínculo de dos hombres o de dos mujeres, y mucho menos se puede a esa unión atribuir el derecho de adoptar niños privados de familia” (Juan Pablo II, palabras pronunciadas durante el Ángelus de 20-2-1994). Recordar la trascendencia social de la verdad sobre el amor conyugal y, en consecuencia, el grave error que supondría el reconocimiento o incluso equiparación del matrimonio a las relaciones homosexuales no supone discriminar, en ningún modo, a estas personas. (Pontificio Consejo para la Familia. Familia, matrimonio y “uniones de hecho”, n. 23, de 9 de noviembre de 2000)

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