Pío XII…

INICIO DEL PONTIFICADO 2,12.III.1939 – FIN DEL PONTIFICADO 9.X.1958

… juzga la idea de la Iglesia como una ONG que tiene Francisco

  • Empeñémonos con todo esfuerzo para hacer que vuelvan a Cristo los hermanos desviados del recto camino

Al considerar atentamente las gravísimas necesidades de nuestra época, hemos de empeñarnos con todo esfuerzo para hacer que vuelvan a Cristo los hermanos desviados del recto camino, o los cegados por las pasiones; para iluminar a los pueblos con la luz de la doctrina cristiana, formándoles en una más perfecta conciencia de sus deberes de cristianos según las rectas normas de nuestra religión y, finalmente, para excitar a todos a que se entreguen con valentía a las batallas por la verdad y por la justicia. (Pío XII. Exhortación apostólica Menti nostrae, 23 de septiembre de 1950)


… juzga la idea del uso de la internet para la educación católica que tiene Francisco

  • Quien obra por un sistema de educación que esté alejado de Cristo recibirá la sentencia de condenación

Una educación de la juventud que se despreocupe, con olvido voluntario, de orientar la mirada de la juventud también a la patria sobrenatural, será totalmente injusta tanto contra la propia juventud como contra los deberes y los derechos totalmente inalienables de la familia cristiana. […] El crimen de lesa majestad contra el Rey de los reyes y Señor de los que dominan (1Tim 6,15; Ap 19,16) cometido con una educación de los niños indiferente y contraria al espíritu y a sentimiento cristianos, al estorbar e impedir el precepto de Jesucristo: Dejad que los niños vengan a mí (Mc 10,14), producirá, sin duda alguna, frutos amarguísimos. […] Las almas de los hijos que Dios entregó a los padres, purificadas con el bautismo y señaladas con el sello real de Jesucristo, son como un tesoro sagrado, sobre el que vigila con amor solícito el mismo Dios. El Divino Redentor, que dijo a los Apóstoles: Dejad que los niños vengan a mí, no obstante su misericordiosa bondad, ha amenazado con terribles castigos a los que escandalizan a los niños, objeto predilecto de su corazón. Y ¿qué escándalo puede haber más dañoso, qué escándalo puede haber más criminal y duradero que una educación moral de la juventud dirigida equivocadamente hacia una meta que, totalmente alejada de Cristo, camino, verdad y vida, conduce a una apostasía oculta o manifiesta del Divino Redentor? […] De todo cuanto existe en la tierra, sólo el alma es inmortal. Por eso, un sistema educativo que no respete el recinto sagrado de la familia cristiana, protegido por la ley de Dios; que tire por tierra sus bases y cierre a la juventud el camino hacia Cristo, para impedirle beber el agua en las fuentes del Salvador (cf Is 12,3), y que, finalmente, proclame la apostasía de Cristo y de la Iglesia como señal de fidelidad a la nación o a una clase determinada, este sistema, sin duda alguna al obrar así, pronunciará contra sí mismo la sentencia de condenación y experimentará a su tiempo la ineluctable verdad del aviso del profeta: Los que se apartan de ti serán escritos en la tierra (Jer 17,13) . (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 52, 20 de octubre de 2010)

  • Los niños tienen que recibir una instrucción religiosa cada vez más fundamentada

Oponed, pues, a los perniciosos esfuerzos, que querrían apartar completamente la religión de la educación y de la escuela o por lo menos fundar la escuela y la educación sobre una base puramente naturalista, el ideal de una labor docente enriquecida con el tesoro inestimable de una fe sentida y vivificada, por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo. Procurad que vuestros niños y vuestros jóvenes, a medida que van progresando en el camino de los años, reciban también una instrucción religiosa cada vez más amplia y más fundamentada; sin dejar de tener en cuenta que tanto la conciencia plena y profunda de las verdades religiosas cuanto las dudas y las dificultades suelen de ordinario presentarse en los últimos años de los estudios superiores, especialmente si el educando ha de hallarse en contacto, cosa hoy difícilmente evitable, con personas o con doctrinas adversas al Cristianismo; y que por eso la instrucción religiosa exige con todo derecho un puesto de honor en los programas de las universidades y de los centros de estudios superiores. Haced de manera que con esta instrucción vayan estrechamente unidos el santo temor de Dios, la costumbre de recogerse en la oración, y la participación plena y consciente en el espíritu del Año litúrgico de la Santa Madre Iglesia, fuente de incontables gracias; pero en esta labor actuad con cautela y con prudencia, a fin de que sea el mismo joven quien siempre busque algo más y poco a poco, obrando por sí mismo, vaya aprendiendo a vivir y a actuar su vida de fe. (Pío XII. Radiomensaje al Congreso interamericano de Educación Católica, 6 de octubre de 1948)

  • El principal deber del Vicario de Cristo es dar testimonio de la verdad

El principal deber que nos impone nuestro oficio y nuestro tiempo es “dar testimonio de la verdad”. Este deber, que debemos cumplir con firmeza apostólica, exige necesariamente la exposición y la refutación de los errores y de los pecados de los hombres. (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 14, 20 de octubre de 1939)

… juzga la idea de Francisco de que se puede interpretar la verdad en contra del Magisterio infalible

  • Hay que excitar una defensa más enérgica contra los que quieren una doctrina engañosa

No hay necesidad más urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo (Ef 3, 8) a los hombres de nuestra época. No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces. […] Todo el que pertenece a la milicia de Cristo, sea clérigo o seglar, ¿por qué no ha de sentirse excitado a una mayor vigilancia, a una defensa más enérgica de nuestra causa viendo cómo ve crecer temerosamente sin cesar la turba de los enemigos de Cristo y viendo a los pregoneros de una doctrina engañosa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la fe cristiana o impiden que ésta se lleve a la práctica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que están desterrados los principios morales de la revelación del Sinaí y el divino espíritu que ha brotado del sermón de la montaña y de la cruz de Cristo? (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 5, 20 de octubre de 1939)

  • La Iglesia no puede abstenerse de amonestar para el cumplimiento de concretas obligaciones morales

Contra esta doctrina, nunca impugnada en largos siglos, surgen ahora dificultades y objeciones que es preciso aclarar. […] El primer paso o, por mejor decir, el primer golpe contra el edificio de las normas morales cristianas debería ser el separarlas —como se pretende— de la vigilancia angosta y opresora de la autoridad de la Iglesia. […] La nueva moral afirma que la Iglesia, en vez de fomentar la ley de la libertad humana y del amor, y de insistir en ella como digna actuación de la vida moral, se apoya, al contrario, casi exclusivamente y con excesiva rigidez, en la firmeza y en la intransigencia de las leyes morales cristianas, recurriendo con frecuencia a aquellos “estáis obligados”, “no es lícito”, que saben demasiado a una pedantería envilecedora. Ahora bien: la Iglesia quiere, en cambio —y lo pone bien de manifiesto cuando se trata de formar las conciencias—, que el cristiano sea introducido a las infinitas riquezas de la fe y de la gracia en forma persuasiva, de suerte que se sienta inclinado a penetrar en ellas profundamente. Pero la Iglesia no puede abstenerse de amonestar a los fieles que estas riquezas no se pueden adquirir ni conservar sino a costa de concretas obligaciones morales. (Pío XII. La familia, radiomensaje sobre la consciencia y la moral, n. 7.10-11, 23 de marzo de 1952)

  • La misión de la Iglesia es proclamar ante el mundo las normas inquebrantables

La Iglesia, columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15) y guardiana, por voluntad de Dios y por misión de Cristo, del orden natural y sobrenatural, no puede renunciar a proclamar ante sus hijos y ante el mundo entero las normas fundamentales e inquebrantables, salvándolas de toda tergiversación, oscuridad, impureza, falsa interpretación y error; tanto más cuanto que de su observancia, y no simplemente del esfuerzo de una voluntad noble e intrépida, depende la estabilidad definitiva de todo orden nuevo, nacional e internacional, invocado con tan ardiente anhelo por todos los pueblos. (Pío XII. Radiomensaje de Navidad, n. 3, 24 de diciembre de 1942)

  • Los amigos de novedades presentan el Magisterio como un impedimento al progreso

Por desgracia, estos amigos de novedades […] presentan este Magisterio como un impedimento del progreso y como un obstáculo de la ciencia; y hasta hay católicos que lo consideran como un freno injusto, que impide que algunos teólogos más cultos renueven la teología. (Pío XII. Encíclica Humani generis, n. 12, 12 de agosto de 1950)

  • La novedad sólo es laudable cuando confirma la verdad

Entre los sacerdotes, singularmente entre los menos dotados de doctrina y de una vida severa, cada día se va difundiendo, más grave y más extenso, cierto afán de novedades. Novedad, por sí misma, nunca es un criterio cierto de verdad, y tampoco puede ser laudable, sino cuando, al mismo tiempo que confirma la verdad, conduce a la rectitud y a la probidad. (Pío XII. Exhortación apostólica Menti nostrae, 23 de septiembre de 1950)

… juzga la idea de Francisco de que el adulterio realiza en parte el ideal familiar

  • Nunca es permitido ceder al apetito carnal fuera del matrimonio

En efecto, la unión conyugal, por su naturaleza misma, contiene el destino, aptitud y suficiencia para el mencionado fin, porque los que contraen matrimonio o viven en matrimonio se hallan ligados y vinculados entre sí por un derecho mutuo, exclusivo y perpetuo, a realizar actos que sean aptos —de por sí— para la generación del hijo. Supuesto este derecho, y dado también que —por una parte— el apetito sexual se siente impulsado ardientemente a ejercer la potencia generadora, y que —por otra parte— no está permitido a los hombres ceder a este apetito fuera del matrimonio, es evidente que en el matrimonio se ha provisto de manera suficiente y eficaz a la obtención del fin de la procreación y educación del hijo. (Pío XII. Instrucción a la Rota Romana, 22 de enero de 1944)

  • Imprudencia de los que usan terminología vaga y abandonan la terminología teológica tradicional

Por todas estas razones, pues, es de suma imprudencia el abandonar o rechazar o privar de su valor tantas y tan importantes nociones y expresiones que hombres de ingenio y santidad no comunes, bajo la vigilancia del sagrado Magisterio y con la luz y guía del Espíritu Santo, han concebido, expresado y perfeccionado —con un trabajo de siglos— para expresar las verdades de la fe, cada vez con mayor exactitud, y (suma imprudencia es) sustituirlas con nociones hipotéticas o expresiones fluctuantes y vagas de la nueva filosofía, que, como las hierbas del campo, hoy existen, y mañana caerían secas; aún más: ello convertiría el mismo dogma en una caña agitada por el viento. (Pío XII. Encíclica Humani generis, n. 11, 12 de agosto de 1950)

… juzga la idea humanística que Francisco tiene de la familia

  • María, modelo de las virtudes del hogar

La Madre de Jesús es, en efecto, un perfectísimo modelo de las virtudes domésticas, de aquellas virtudes que deben embellecer el estado de los cónyuges cristianos. En María encontramos el afecto más puro, santo y fiel, hecho de sacrificio y de atenciones delicadas, a su santísimo esposo: en Ella la entrega completa y continua a los cuidados de la familia y de la casa: en Ella la perfecta fe y el amor hacia su Hijo Divino: en Ella la humildad que se manifestaba en la sumisión a José, en la inalterable paciencia y serenidad frente a las incomodidades de la pobreza y del trabajo, en la plena conformidad a las disposiciones, con frecuencia arduas y penosas, de la Divina Providencia, en la dulzura del trato y en la caridad hacia todos aquellos que vivían junto a los santos muros de la casita de Nazaret. (Pío XII. Discurso a unos recién casados, 31 de mayo de 1939)

  • Las contrariedades de la vida familiar no humillan, sino exaltan y valen por una felicidad

Ante vosotros, recién casados, que sucedéis a otros grupos semejantes que os han precedido delante de Nos y han sido por Nos bendecidos, nuestro pensamiento nos trae a la mente el gran dicho del Eclesiastés: “Pasa una generación y sucede otra; pero queda siempre la tierra” (Eclo 1, 4). Así corren nuevos siglos, pero Dios no cambia; no cambia el Evangelio ni el destino del hombre para la eternidad; no cambia la ley de la familia; no cambia el inefable ejemplo de la familia de Nazaret, gran sol de tres soles, el uno de fulgores más divinos y más ardientes que los otros dos que le rodean. Mirad a aquella modesta y humilde mansión, oh padres y madres; contemplad a Aquél que se creía “hijo del carpintero” (Mt 13, 55), nacido del Espíritu Santo y de la Virgen esclava del Señor; y confortaos en los sacrificios y en los trabajos de la vida. Arrodillaos ante ellos como niños; invocadlos, suplicadles; y aprended de ellos cómo las contrariedades de la vida familiar no humillan, sino exaltan; cómo no hacen al hombre ni a la mujer menos grandes o queridos para el cielo, sino que valen una felicidad, que en vano se busca entre las comodidades de este mundo donde todo es efímero y fugaz. (Pío XII. Alocución a recién casados, 11 de marzo de 1942)

… juzga la idea herética de Joviniano que defiende Francisco

  • Algunos exaltan el matrimonio para despreciar la virginidad y el celibato

No faltan hoy quienes alejándose en esta materia del recto camino, exaltan de tal manera el matrimonio que lo anteponen a la virginidad. Ellos desprecian la castidad consagrada a Dios y el celibato eclesiástico. Por esto la conciencia de nuestro oficio apostólico nos mueve en el presente a proclamar y sostener, de un modo especial, la excelencia del don de la virginidad, para defender esta verdad católica de tales errores”. (Pío XII. Encíclica Sacra virginitas, n. 8, 25 de marzo de 1954)

  • La santa virginidad es más excelente que el matrimonio

Es sobretodo por este motivo, según la enseñanza de la Iglesia que la santa virginidad es más excelente que el matrimonio. Ya el Divino Redentor la había hecho un consejo de vida más perfecto para sus discípulos (cf. Mt 19, 10-11); y el Apóstol San Pablo, al hablar del padre que da en matrimonio a su hija, dice: Hace bien; pero en seguida añade: Mas el que no la da en matrimonio obra mejor (1 Cor 7,38). (Pío XII. Encíclica Sacra virginitas, n. 23, 25 de marzo de 1954)

  • Declaramos abiertamente que la virginidad es más perfecta que el matrimonio

Ante todo, se debe declarar abiertamente que, de que la virginidad sea más perfecta que el matrimonio, no se sigue que sea más perfecta para alcanzar la perfección cristiana. Puede haber ciertamente santidad de vida sin consagrar su castidad a Dios, como lo atestiguan los numerosos santos y santas que la Iglesia honra con culto público y que fueron fieles esposos y brillaron ejemplarmente como excelentes padres o madres de familia; más aun, no es raro hallar personas casadas que buscan ardientemente la perfección cristiana. (Pío XII. Encíclica Sacra virginitas, n. 43, 25 de marzo de 1954)

  • Algunos sostienen la doctrina falsa y dañosa de que el matrimonio es más eficaz para unir las almas con Dios que la virginidad

Recientemente condenamos con tristeza la opinión de los que llegan a aseverar que solo el matrimonio es capaz de dar a la personalidad humana su natural desarrollo y su debida perfección (Cf. Allocutio ad Moderatrices supremas Ordinum et Institutorum Religiosarum, de 15 de setembro de 1952; AAS 44(1952), p. 824). Afirman algunos que la divina gracia dada ex opere operato, en el sacramento, de tal manera santifica el uso del matrimonio que lo convierte en un instrumento para unir a las almas con Dios más eficazmente que la misma virginidad, ya que el matrimonio cristiano es un sacramento y la virginidad no lo es. Esta doctrina la denunciamos como falsa y dañosa. Sí, el sacramento del matrimonio da a los esposos gracia divina para cumplir santamente sus deberes conyugales, y estrecha los lazos del amor mutuo con que ambos están unidos, pero no ha sido establecido para convertir el uso matrimonial en el medio de suyo más apto para unir las almas de los esposos con el mismo Dios mediante, el vínculo de la caridad (Cf. Decretum S. Officii, De matrimonii finibus, de 1° de abril de 1944; AAS 36(1944), p.103): ¿No reconoce más bien el Apóstol San Pablo a los esposos el derecho de abstenerse temporalmente del uso del matrimonio para darse a la oración (Cfr. I Cor. VII, 5), precisamente porque esta abstención hace que el alma se sienta más libre para entregarse a las cosas celestiales y para orar?

Posible es llegar a la santidad, aun sin consagrar a Dios la propia castidad; bien lo prueba el ejemplo de tantos santos y santas, honrados por la Iglesia con culto público, que fueron fieles esposos, ejemplares padres y madres de familia; ni es raro tampoco hoy encontrar personas casadas que con todo empeño tienden a la cristiana perfección. (Pío XII. Encíclica Sacra virginitas, n. 36, 25 de marzo de 1954)

  • Las vírgenes cristianas entregaron para siempre su vida al servicio de Jesucristo y de su Iglesia

No es esto de maravillar, toda vez que las Vírgenes cristianas, «la porción más gloriosa del rebaño de Cristo», a impulsos del amor, menospreciando todas las solicitudes del mundo, como ajenas a él, y superando la división del corazón, tan cómoda como llena de peligros, no solamente se consagraron del todo a Cristo como a verdadero Esposo de las almas, sino que entregaron para siempre su vida, adornada con las joyas de todas las virtudes cristianas, al servicio de Jesucristo y de su Iglesia. (Pío XII. Constitución Apóstolica Sponsa Christi. n.2, 21 de noviemvre de 1950)

  • La virginidad consagrada a Dios uno de los tesoros más preciosos dejados como en herencia a la Iglesia por su Fundador

La santa virginidad y la castidad perfecta, consagrada al servicio divino, se cuentan sin duda entre los tesoros más preciosos dejados como en herencia a la Iglesia por su Fundador. Por eso los Santos Padres afirmaron que la virginidad perpetua es un bien excelso nacido de la religión cristiana. Y con razón notan que los paganos de la antigüedad no exigieron de las vestales tal género de vida sino por un tiempo limitado (Cf. S. Ambrósio., De virginibus, lib. I, c. 4, n.15; De virginitate, c. 3, n.13; PL 16, 269), y si en el Antiguo Testamento se mandaba guardar y practicar la virginidad, era solo como condición preliminar para el matrimonio (Cfr. Ex. XXII, 16-17; Deut. XXII, 23-29; Eccli. XLII, 9). Añade San Ambrosio (S. Ambrósio., De virginibus, lib. I, e. 3, n. 12; P. L. XVI, 192.) : Leemos, sí, que también, en el templo de Jerusalén hubo vírgenes. Pero, ¿qué dice el Apóstol? Todo esto les acontecía en figura (I Cor. X, 11) para que fuesen imágenes de las realizaciones futuras. (Pío XII. Encíclica Sacra virginitas, n. 1, 25 de marzo de 1954)

  • Los Santos Padres y muchos otros dedicaron las mayores alabanzas a la virginidad

También los Santos Padres como San Cipriano, San Atanasio, San Ambrosio, San Juan Crisóstomo, San Jerónimo, San Agustín y otros muchos, escribiendo sobre, la virginidad, le dedicaron las mayores alabanzas. Está doctrina de los Santos Padres, desarrollada al correr de los siglos, por los Doctores de la Iglesia y por los maestros de la ascética cristiana, contribuye mucho para suscitar en los cristianos de ambos sexos el propósito, de consagrarse a Dios en castidad perfecta y para confirmarlos en él hasta la muerte. (Pío XII. Encíclica Sacra virginitas, n. 4, 25 de marzo de 1954)

  • Las enseñanzas de los Santos Padres sobre la excelencia y el mérito de la virginidad son un estímulo para perseverar en la práctica de la continencia

No se puede contar la multitud de almas que desde los comienzos de la, Iglesia hasta, nuestros días han ofrecido a Dios su castidad, unos conservando intacta su virginidad, otros consagrándole para siempre su viudez, después de la muerte del esposo; otros, en fin, eligiendo una vida totalmente casta después de haber llorado sus pecados; mas todos conviniendo en el mismo propósito de abstenerse para siempre, por amor de Dios, de los deleites de la carne. Sirvan a todos estos las enseñanzas de los Santos Padres sobre la excelencia y, él mérito de la virginidad, de estímulo, de sostén y de aliento para perseverar inconmovibles en el sacrificio ofrecido y para no volver a tomar ni la más pequeña parte del holocausto ofrendado ante el altar de Dios. (Pío XII. Encíclica Sacra virginitas, n. 5, 25 de marzo de 1954)

  • La Iglesia instituyó la ley del celibato para poner de relieve, ante todos, que el sacerdote es ministro de Dios y padre de las almas

La actividad del sacerdote se ejercita en todo cuanto al orden de la vida sobrenatural se refiere, pues le corresponde fomentar el crecimiento de la misma y comunicarla al Cuerpo Místico de Cristo. Por ello ha de renunciar a todas las ocupaciones «que son del mundo», cuidarse tan sólo de «las que son de Dios» (1Co 7, 32, 33). Y porque ha de estar libre de las solicitudes del mundo y consagrado por completo al divino servicio, la Iglesia instituyó la ley del celibato, para que cada vez se pusiera más de relieve, ante todos, que el sacerdote es ministro de Dios y padre de las almas. Y gracias a esa ley de celibato, el sacerdote, lejos de perder por completo el deber de la verdadera paternidad, lo realza hasta lo infinito, puesto que engendra hijos no para esta vida terrenal y perecedera, sino para la celestial y eterna. Cuanto más refulge la castidad sacerdotal, tanto más viene a ser el sacerdote, junto con Cristo, «hostia pura, hostia santa, hostia inmaculada” Missale Rom., Canon]. (Pío XII. Exhortación Apostólica Menti nostrae, 23 de septiembre de 1950)

… juzga la actitud de Francisco sobre Ucrania

  • Los ucranianos miraban la Iglesia de Roma como a la única madre, y a ella prestaban obediencia y veneración

Creemos, pues, Venerables Hermanos, que no carecerá de utilidad recordar sucintamente tales sucesos en esta Encíclica, según los testimonios de la Historia. Y hace falta comenzar poniendo de relieve cómo aun antes de que con felices auspicios se firmara en Roma la unión de los rutenos con la Sede Apostólica en los años 1595 y 1596, y fuese ratificada en la ciudad de Brest, muchas veces miraron estos pueblos a la Iglesia romana como a la única madre de toda la sociedad cristiana, prestándole la debida obediencia y veneración conforme a la conciencia del propio deber. […] No pocos de sus nobles descendientes [de San Vladimiro], aun después que la Iglesia de Constantinopla se había funestamente separado, recibieron con los debidos honores a los legados de los Romanos Pontífices, permaneciendo unidos con vínculos de fraterno amor con las otras comunidades católicas. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 5, 23 de diciembre de 1945)

  • El Metropolita y los Obispos reconocen al Obispo de Roma como Sumo Pastor

El 2 de diciembre de 1594 el Metropolita y seis Obispos, después de deliberar, hicieron una declaración pública, en la que se decían prontos a promover la deseada concordia y unidad, y escribían: “Venimos a esta decisión considerando con nuestro inmenso dolor cuántos obstáculos tienen los hombres para la salvación sin esta unión de las Iglesias de Dios, en la que nuestros predecesores, comenzando por Cristo Nuestro Salvador y por sus santos Apóstoles, perseveraron profesando ser uno sólo el Sumo Pastor y primer Obispo en la Iglesia de Dios en la tierra ―como abiertamente testifican los concilios y los cánones―, y que este Pastor no era otro que el santísimo Papa romano, y que le obedecían en todo, y que mientras esto duró unánimemente en vigor hubo siempre en la Iglesia de Dios orden e incremento del culto divino”. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 9, 23 de diciembre de 1945)

  • Éxito real en las negociaciones

Las negociaciones, inmediatamente iniciadas, tuvieron finalmente el éxito feliz y deseado, porque el 23 de diciembre de 1595 los mismos legados admitidos a la presencia del Sumo Pontífice, después de haberle presentado en solemne audiencia la declaración de todos los obispos, hicieron en su nombre y en el nombre propio una solemne profesión de la fe católica, prometiendo la debida obediencia y el debido honor. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 10, 23 de diciembre de 1945)

  • La Iglesia aceptó con gran gozo el retorno de los rutenos 

El mismo día Nuestro predecesor Clemente VIII, con la Constitución Apostólica Magnus Dominus et laudabilis nimis, comunicó —congratulándose de ello— a todo el mundo la noticia de este alegre acontecimiento. Con cuánto gozo y con cuánta benevolencia abrazó además la Iglesia romana a los rutenos vueltos a la unidad del redil aparece en la Carta Apostólica Benedictus sit Pater, del 7 de febrero de 1596, con la cual el Sumo Pontífice informa al Metropolita y demás obispos rutenos de la unión felizmente llevada a cabo de toda su Iglesia con la Sede Apostólica. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 11, 23 de diciembre de 1945)

  • Así murió San Josafat a manos de sus “hermanos” ortodoxos

Josafat Kuntzevitch, arzobispo de Polotsk y Vitebsk, fue famoso por su santidad de vida y celo apostólico y fue un intrépido campeón de la unidad católica. Él fue perseguido por el odio amargo y la intención homicida de los cismáticos y el 12 de noviembre de 1623 fue herido y muerto inhumanamente con una alabarda. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 15, 23 de diciembre de 1945)

  • La autoridad civil rusa emprendió el proyecto de destruir la unidad de los rutenos con la Iglesia Romana

Sin embargo, por los inescrutables designios de Dios, ocurrió que hacia fines del siglo XVIII esta misma comunidad, en aquellas regiones que después de la desmembración de Polonia habían sido unidas al imperio ruso, fue afligida por no pocas persecuciones y vejaciones, a veces muy graves y acerbas. Cuando murió el emperador Alejandro I, se emprendió con temeraria diligencia el proyecto de destruir totalmente la unidad de los rutenos con la Iglesia Romana. Ya antes las eparquías de esta nación habían sido privadas casi totalmente de comunicación con la Sede Apostólica. Pero ahora fueron elegidos obispos que, embebidos e impulsados por la voluntad del cisma, pudiesen apoyar el designio de la autoridad civil; en el Seminario de Vilna, erigido por el emperador Alejandro I, se enseñaron a los clérigos de ambos ritos doctrinas adversas a los Romanos Pontífices; la Orden Basiliana, cuyos miembros habían sido siempre la mayor ayuda de la Iglesia Católica de Rito Oriental, fue privada del propio gobierno y administración y sus monjes fueron completamente sometidos a los consistorios eparquiales; finalmente, los sacerdotes de rito latino tuvieron la prohibición, bajo graves penas, de administrar los sacramentos y demás auxilios religiosos a los rutenos. Después de todo esto, el año 1839 fue declarada solemnemente la unión de la Iglesia rutena con la Iglesia rusa disidente. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 19, 23 de diciembre de 1945)

  • Horrores, privaciones y daños padecidos por los rutenos en consecuencia de la falsa unión con Moscú

El año 1839 fue declarada solemnemente la unión de la Iglesia rutena con la Iglesia rusa disidente. ¿Quién podrá narrar, Venerables Hermanos, los horrores, los daños, las privaciones que entonces debió sufrir la nobilísima gente rutena, acusada del único delito y culpa de haber protestado contra la injuria fatal de hacerla pasar a la fuerza al cisma y de haber buscado cuanto podía conservar su fe? (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 19-20, 23 de diciembre de 1945)

  • Ejemplos del “amor fraterno” de los ortodoxos hacía los católicos ucranianos

Todavía pocos años antes de que Polonia fuese dividida hubo una nueva y no menos acerba persecución contra los católicos. […] muchas iglesias de rito ruteno [Iglesia greco-católica ucraniana] fueron tomadas por la fuerza de las armas a los católicos, y los sacerdotes que rehusaban renegar la fe fueron puestos en prisión, conculcados, heridos y atormentados atrozmente con hambre, sed y frío. No fueron inferiores a estos en la constancia y fortaleza aquellos sacerdotes que hacia el año 1839 sufrieron la pérdida de los propios bienes y de la misma libertad antes que faltar a sus deberes religiosos. Del número de éstos es aquel José Ancevskyj, a quien Nos place recordar de modo especial, el cual, tenido por treinta y dos años bajo dura prisión en el monasterio de Suzdal, obtuvo el premio de su eximia virtud el año 1878 con una piadosísima muerte. Como él, los 160 sacerdotes que, profesando claramente la fe católica, fueron arrancados a sus familias, que quedaban en la miseria y encerrados en los cenobios; pero no cambiaron su santo propósito ni por el hambre ni por las otras vejaciones. Con no menos fortaleza se distinguieron no pocos de la eparquía de Cholm, tanto entre el clero como entre el laicado, que con invicta virtud resistieron a los perseguidores de la fe. Así, por ejemplo, los habitantes de la aldea de Pratulin, cuando los soldados vinieron a ocupar la iglesia y entregarla a los cismáticos, no rechazaron la fuerza con la fuerza, pero, unidos entre sí con sus cuerpos inermes, opusieron a los asaltantes como un muro vivo. Por eso muchos de ellos fueron heridos, muchos padecieron horrendas crueldades, otros fueron retenidos en la prisión por largos años o deportados a la Siberia y otros, finalmente, pasados al filo de la espada, derramaron la sangre por Cristo. (Pío XII. Encíclica Orientales omnes Ecclesias, n. 49-51, 23 de diciembre de 1945)

… juzga la idea de Judas que tiene Francisco

  • Judas con ánimo impío, infiel y obstinado entregó a Jesús

Pero particularmente se conmovió de amor y de temor su Corazón, cuando ante la hora ya tan inminente de los crudelísimos padecimientos y ante la natural repugnancia a los dolores y a la muerte, […] vibró luego con invicto amor y con amargura suma, cuando, aceptando el beso del traidor, le dirigió aquellas palabras que suenan a última invitación de su Corazón misericordiosísimo al amigo que, con ánimo impío, infiel y obstinado, se disponía a entregarlo en manos de sus verdugos: “Amigo, ¿a qué has venido aquí? ¿Con un beso entregas al Hijo del hombre? (Lc 22, 48). (Pío XII. Encíclica Haurietis aquas, n. 19, 15 de mayo de 1956)

… juzga el papel del sincretismo religioso en la misericordia que tiene Francisco

  • Cuando Dios castiga, un activo amor es siempre su guía e impulso

En un momento dado Dios deja caer sobre los individuos y sobre los pueblos pruebas cuyo instrumento es la malicia de los hombres, por un designio de su justicia enderezado a castigar los pecados, a purificar las personas y los pueblos con las expiaciones de la vida presente, para hacerlos volver a sí por tal camino; […] al mismo tiempo que esta justicia continúa siempre, aun en la tierra, siendo una justicia de Padre, inspirada y dominada por el amor. Por áspera que pueda parecer la mano del divino Cirujano, cuando con el hierro penetra en las carnes vivas, un activo amor es siempre su guía e impulso, y sólo el verdadero bien de los individuos y de los pueblos le hace intervenir tan dolorosamente. (Pío XII. Radiomensaje para la festividad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, 29 de junio de 1941)

  • Con la muerte de Jesús quedó abolida la Antigua Alianza

Y, en primer lugar, con la muerte del Redentor, a la Ley Antigua abolida sucedió el Nuevo Testamento; entonces en la sangre de Jesucristo, y para todo el mundo, fue sancionada la Ley de Cristo con sus misterios, leyes, instituciones y ritos sagrados. Porque, mientras nuestro Divino Salvador predicaba en un reducido territorio —pues no había sido enviado sino a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel (Mt 15, 24)— tenían valor, contemporáneamente, la Ley y el Evangelio; pero en el patíbulo de su muerte Jesús abolió la Ley con sus decretos (cf. Ef 2, 15), clavó en la Cruz la escritura del Antiguo Testamento (cf. Col 2, 14), y constituyó el Nuevo en su sangre, derramada por todo el género humano (cf. Mt 26, 28; 1 Cor 11, 25). Pues, como dice San León Magno, hablando de la Cruz del Señor: “De tal manera en aquel momento se realizó un paso tan evidente de la Ley al Evangelio, de la Sinagoga a la Iglesia, de los muchos sacrificios a una sola hostia, que, al exhalar su espíritu el Señor, se rasgó inmediatamente de arriba abajo aquel velo místico que cubría a las miradas el secreto sagrado del templo” (León Magno, Sermón 68, 3 – PL 54, 374). En la Cruz, pues, murió la Ley Vieja, que en breve había de ser enterrada y resultaría mortífera, para dar paso al Nuevo Testamento, del cual Cristo había elegido como idóneos ministros a los Apóstoles (2 Cor 3, 6). (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 12, 29 de junio de 1943)

… juzga la idea de Francisco de mundanidad dentro de la Iglesia

  • Nada es más glorioso y noble que formar parte de la Iglesia

Puesto que nada más glorioso, nada más noble, nada, a la verdad, más honroso se puede pensar que formar parte de la Iglesia Santa, Católica, Apostólica y Romana, por medio de la cual somos hechos miembros de un solo y tan venerado Cuerpo, somos dirigidos por una sola y excelsa Cabeza, somos penetrados de un solo y divino Espíritu; somos, por último, alimentados en este terrenal destierro con una misma doctrina y un mismo angélico Pan, hasta que, por fin, gocemos en los cielos de una misma felicidad eterna. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 41, 29 de junio de 1943)

  • Por desgracia, hay quienes presentan el Magisterio como un freno injusto

Por desgracia, estos amigos de novedades fácilmente pasan del desprecio de la teología escolástica a tener en menos y aun a despreciar también el mismo Magisterio de la Iglesia, que con su autoridad tanto peso ha dado a aquella teología. Presentan este Magisterio como un impedimiento del progreso y como un obstáculo de la ciencia; y hasta hay católicos que lo consideran como un freno injusto, que impide que algunos teólogos más cultos renueven la teología. (Pío XII. Encíclica Humani generis, n. 12, 12 de agosto de 1950)

  • Hospitales, hospicios, escuelas para los enfermos y los pobres tuvieron origen en la actividad de pías asociaciones

Queremos también hacer mención, aunque solo sea brevemente, de la asidua actividad realizada […] por las piadosas asociaciones erigidas para atender a los peregrinos. De estas asociaciones tuvieron origen innumerables hospitales, hospicios, iglesias y hermandades nacionales, de las cuales aún quedan no pocos vestigios. De ellas son dignos de especial mención las Escuelas de Peregrinos sajones, longobardos, francos y frisones, las cuales fueron erigidas ya en el siglo 8 en el Vaticano junto al sepulcro de San Pedro, príncipe de los apóstoles, para atender a los forasteros que peregrinaban a Roma de las regiones trasalpinas para venerar la memoria de los apóstoles. Estas escuelas estaban dotadas de iglesia y cementerio propio y allí se sostenían sacerdotes y clérigos de sus respectivas naciones para que cuidasen material y espiritualmente de sus connacionales, principalmente de los enfermos y pobres. En siglos sucesivos se les añadieron monasterios con un asilo anejo para los peregrinos; esto es, para los etíopes y abisinios, para los húngaros y armenios. Todo lo cual es un bello eco de las palabras del apóstol Pablo exclamando: “…aliviando las necesidades de los santos y ejercitando la hospitalidad.” (Pío XII. Constitución apostólica Exul familia Nazarethana, n. 9, 1 de agosto de 1952)

  • La actividad de la Iglesia es atacada satánicamente por los adversarios que desprecian sus obras

Todas estas oportunas providencias de la Sede Apostólica y de los pastores realizadas con la entusiasta cooperación de los sacerdotes, religiosos y fieles —cuyos nombres, si bien es verdad que, por lo general, no figuran en las páginas de la Historia, están, sin embargo, escritos en el cielo— eran muy dignas de que se recordasen aquí y se narrasen, aunque nada más que brevemente, para que aparezca con toda claridad la universal y benéfica obra de la Iglesia realizada con los emigrantes y exilados de todo género, a los cuales la Iglesia, sin ahorrar ningún trabajo, ha atendido siempre con su asistencia religiosa, moral y social. Todo lo cual era necesario recordar particularmente en estos tiempos en que la próvida actividad de la Madre Iglesia es atacada tan satánicamente por los adversarios, olvidando y despreciando sus obras aun en la misma región de la caridad en la cual ella fue la primera en desbrozar el terreno y se la dejo después frecuentemente sola en el trabajo. (Pío XII. Constitución apostólica Exul familia Nazarethana, n. 77, 1 de agosto de 1952)

… juzga la idea de Francisco de que la Iglesia tiene defectos

  • La Iglesia es enriquecida con abundantísima comunicación del Espíritu

Y con su muerte nuestro Salvador fue hecho, en el pleno e íntegro sentido de la palabra, Cabeza de la Iglesia, de la misma manera, por su sangre la Iglesia ha sido enriquecida con aquella abundantísima comunicación del Espíritu, por la cual, desde que el Hijo del Hombre fue elevado y glorificado en su patíbulo de dolor, es divinamente ilustrada. […] Así en la hora de su preciosa muerte quiso enriquecer a su Iglesia con los abundantes dones del Paráclito, para que fuese un medio apto e indefectible del Verbo Encarnado en la distribución de los frutos de la Redención. Puesto que la llamada misión jurídica de la Iglesia y la potestad de enseñar, gobernar y administrar los sacramentos deben el vigor y fuerza sobrenatural, que para la edificación del Cuerpo de Cristo poseen, al hecho de que Jesucristo pendiente de la cruz abrió a la Iglesia la fuente de sus dones divinos, con los cuales pudiera enseñar a los hombres una doctrina infalible y los pudiese gobernar por medio de pastores ilustrados por virtud divina y rociarlos con la lluvia de las gracias celestiales. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 13, 29 de junio de 1943)

  • La Iglesia no tiene mancha alguna, sin embargo, posee hijos enfermos

Y, ciertamente, esta piadosa Madre brilla sin mancha alguna en los sacramentos, con los que engendra y alimenta a sus hijos; en la fe, que en todo tiempo conserva incontaminada; en las santísimas leyes, con que a todos manda y en los consejos evangélicos, con que amonesta; y, finalmente, en los celestiales dones y carismas con los que, inagotable en su fecundidad, da a luz incontables ejércitos de mártires, vírgenes y confesores. Y no se le puede imputar a ella si algunos de sus miembros yacen postrados, enfermos o heridos, en cuyo nombre pide ella a Dios todos los días: Perdónanos nuestras deudas, y a cuyo cuidado espiritual se aplica sin descanso con ánimo maternal y esforzado. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 30, 29 de junio de 1942)

… juzga la idea de Francisco de que el anuncio del Evangelio se hace sin acentos doctrinales ni morales

  • Es doctrina engañosa romper los mandamientos para sustituirlos con otras normas

Y viendo a los pregoneros de una doctrina engañosa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la fe cristiana o impiden que ésta se lleve a la práctica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que están desterrados los principios morales de la revelación del Sinaí y el divino espíritu que ha brotado del sermón de la montaña y de la cruz de Cristo. (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 5, 20 de octubre de 1939)juzga la idea del papel de la mujer en la Iglesia que tiene Francisco

  • Nada más noble para definir la Iglesia que llamarla de Cuerpo Místico de Cristo

Para definir y describir esta verdadera Iglesia de Cristo —que es la Iglesia santa, católica, apostólica, romana— nada hay mas noble, nada mas excelente, nada mas divino que aquella frase con que se la llama el Cuerpo Místico de Cristo; expresión que brota y aún germina de todo lo que en las Sagradas Escrituras y en los escritos de los Santos Padres frecuentemente se enseña. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 6, 29 de junio de 1943)

  • Los Obispos tienen un vínculo especialísimo con la Cabeza divina de todo el Cuerpo

Los Obispos no solamente han de ser considerados como los principales miembros de la Iglesia universal, como quienes están ligados por un vínculo especialísimo con la Cabeza divina de todo el Cuerpo —y por ello con razón son llamados partes principales de los miembros del Señor (S. Greg. Magno, Moralia, XIV, 35, 43) —, sino que, por lo que a su propia diócesis se refiere, apacientan y rigen como verdaderos Pastores, en nombre de Cristo, la grey que a cada uno ha sido confiada (Cf. Conc. Vat. I, Const. Pastor aeternus de Eccl., cap. 3); pero, haciendo esto, no son completamente independientes, sino que están puestos bajo la autoridad del Romano Pontífice. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 42, 29 de junio de 1943)

  • Conociendo bien la importancia del sacerdocio, los enemigos de la Iglesia asestan sus golpes contra el clero

Aun los enemigos de la Iglesia conocen bien la importancia vital del sacerdocio; y por esto, contra él precisamente […] asestan ante todo sus golpes para quitarle de en medio y llegar así, desembarazado el camino, a la destrucción siempre anhelada y nunca conseguida de la Iglesia misma. (Pío XII. Encíclica Ad catholici sacerdotii, n. 7, 20 de diciembre de 1935)

… juzga la idea de “conversión del papado” que tiene Francisco

  • Cristo y su vicario constituyen una sola cabeza

Hállense, pues, en un peligroso error quienes piensan que pueden abrazar a Cristo, Cabeza de la Iglesia, sin adherirse fielmente a su vicario en la tierra. Porque, al quitar esta cabeza visible, y romper los vínculos sensibles de la unidad, oscurecen y deforman el Cuerpo Místico del Redentor, de tal manera, que los que andan en busca del puerto de salvación no pueden verlo ni encontrarlo. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 40, 29 de junio de 1943)

  • Palpable demostración de la indivisible unidad de la Iglesia

Y si ya entonces experimentábamos la extraordinaria gravedad de la carga recibida que nos había impuesto la suma potestad que nos confería la Providencia Divina, sin embargo, sentíamos el gran consuelo de ver aquella grandiosa y palpable demostración de la indivisible unidad de la Iglesia Católica, que, levantada como muralla y baluarte, con tanta mayor firmeza y energía se une a la roca invicta de Pedro cuanto mayor aparece la jactancia de los enemigos de Cristo. (Pío XII. Encíclica Summi Pontificatus, n. 9, 20 de octubre de 1939)

… juzga la idea de Francisco de que en el confesionario el sacerdote actúa en nombre del Padre

  • El sacerdote presta a Cristo su lengua y le alarga la mano

En virtud de la consagración sacerdotal que ha recibido, se asemeja al Sumo Sacerdote y tiene el poder de obrar en virtud y en persona del mismo Cristo; por eso, con su acción sacerdotal, en cierto modo, “presta a Cristo su lengua y le alarga su mano”. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 57, 20 de noviembre de 1947)

… juzga el modo de reformar la Iglesia que defiende Francisco

  • Mediante la sagrada liturgia, la Iglesia continúa el oficio sacerdotal de Jesucristo

Quiso, pues, el Divino Redentor que la vida sacerdotal por Él iniciada en su cuerpo mortal con sus oraciones y su sacrificio, en el transcurso de los siglos, no cesase en su Cuerpo místico, que es la Iglesia; y por esto instituyó un sacerdocio visible, para ofrecer en todas partes la oblación pura, a fin de que todos los hombres, del Oriente al Occidente, liberados del pecado, sirviesen espontáneamente y de buen grado a Dios por deber de conciencia. La Iglesia, pues, fiel al mandato recibido de su Fundador, continúa el oficio sacerdotal de Jesucristo, sobre todo mediante la sagrada liturgia. Esto lo hace, en primer lugar, en el altar, donde se representa perpetuamente el sacrificio de la cruz y se renueva, con la sola diferencia del modo de ser ofrecido; en segundo lugar, mediante los sacramentos, que son instrumentos peculiares, por medio de los cuales los hombres participan de la vida sobrenatural; y por último, con el cotidiano tributo de alabanzas ofrecido a Dios Optimo Máximo. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 5, 20 de enero de 1947)

  • Los ritos litúrgicos han surgido bajo el influjo del Espíritu Santo

Los ritos litúrgicos […] han surgido bajo el influjo del Espíritu Santo, que está con la Iglesia siempre, hasta la consumación de los siglos, y son medios de los que la ínclita Esposa de Jesucristo se sirve para estimular y procurar la santidad de los hombres. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 78, 20 de enero de 1947)

  • La sagrada disciplina debe conformarse con las santísimas enseñanzas de la Iglesia

Por una parte, vemos con dolor que en algunas regiones el sentido, el conocimiento y el estudio de la liturgia son a veces escasos o casi nulos, por otra observamos con gran preocupación que en otras hay algunos, demasiado ávidos de novedades, que se alejan del camino de la sana doctrina y de la prudencia; pues con la intención y el deseo de una renovación litúrgica mezclan frecuentemente principios que en la teoría o en la práctica comprometen esta causa santísima y la contaminan también muchas veces con errores que afectan a la fe católica y a la doctrina ascética. La pureza de la fe y de la moral debe ser la norma característica de esta sagrada disciplina, que tiene que conformarse absolutamente con las sapientísimas enseñanzas de la Iglesia. Es, por tanto, deber nuestro alabar y aprobar todo lo que está bien hecho, y reprimir o reprobar todo lo que se desvía del verdadero y justo camino. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 11-12, 20 de enero de 1947)

… juzga la idea de moral que tiene Francisco

  • Las bases del orden social deben estar de acuerdo con el orden inmutable de la ley de Dios

Es, en cambio, a no dudarlo, competencia de la Iglesia, allí donde el orden social se aproxima y llega a tocar el campo moral, juzgar si las bases de un orden social existente están de acuerdo con el orden inmutable que Dios Creador y Redentor ha promulgado por medio del derecho natural y de la Revelación; doble manifestación a que se refiere León XIII en su encíclica. […] Porque la Iglesia, guardiana del orden sobrenatural cristiano, a que convergen naturaleza y gracia, tiene que formar las conciencias, aun las de aquellos que están llamados a buscar soluciones para los problemas y deberes impuestos por la vida social. De la forma dada a la sociedad, conforme o no a las leyes divinas, depende y se insinúa también el bien o el mal en las almas, es decir, el que los hombres, llamados todos a ser vivificados por la gracia de Jesucristo, en los trances del curso de la vida terrena respiren el sano y vital aliento de la verdad y de la virtud moral o el bacilo morboso y muchas veces mortal del error y de la depravación. (Pío XII. Radiomensaje en el 50º aniversario de la “Rerum novarum”, n. 5, 1 de junio de 1941)

  • La Iglesia se preocupa con circunstancias económicas y sociales aplicándoles la perenne moral cristiana

El divino Redentor ha entregado su Revelación —de la cual forman parte esencial las obligaciones morales— no ya a cada uno de los hombres, sino a su Iglesia, a la que ha dado la misión de conducirlos a que abracen con fidelidad aquel sacro depósito. E, igualmente, a la Iglesia misma y no a cada uno de los individuos, fue prometida la asistencia ordenada a preservar la Revelación de errores y deformaciones. Sabia providencia también ésta, porque la Iglesia, organismo viviente, puede así, segura y fácilmente, tanto iluminar y profundizar aun las verdades morales como aplicarlas, manteniendo intacta su sustancia, a las variables condiciones de lugares y de tiempos. Basta pensar, por ejemplo, en la doctrina social de la Iglesia, que, nacida para responder a nuevas necesidades, en el fondo no es sino la aplicación de la perenne moral cristiana a las presentes circunstancias económicas y sociales. (Pío XII. Radiomensaje La Familia, sobre la conciencia y la moral, n. 9, 23 de marzo de 1952)

  • La moral de situación no se basa en las leyes morales universales de los diez mandamientos, sino sobre las condiciones o circunstancias concretas en las que ha de obrar, según las cuales la conciencia individual tiene que juzgar y elegir

Nos hemos hablado ya de la nueva moral en nuestro radiomensaje del 23 de marzo último a los educadores cristianos. Y lo que hoy vamos a tratar no es sólo una continuación de lo que entonces dijimos: Nos queremos descubrir los profundos orígenes de esta concepción. Se la podría calificar de existencialismo ético, de actualismo ético, de individualismo ético, entendidos en el sentido restrictivo que vamos a explicar y tal como se les encuentra en lo que con otro nombre se ha llamado Situationsethik (moral de situación).
El signo distintivo de esta moral es que no se basa en manera alguna sobre las leyes morales universales, como —por ejemplo— los diez mandamientos, sino sobre las condiciones o circunstancias reales y concretas en las que ha de obrar y según las cuales la conciencia individual tiene que juzgar y elegir. Tal estado de cosas es único y vale una vez para cada acción humana. Luego la decisión de la conciencia —afirman los defensores de esta ética— no puede ser imperada por las ideas, principios y leyes universales. (Pío XII. Discurso sobre los errores de la moral de situación, n. 3-4, 18 de abril de 1952)

  • La moral de situación desplaza a Dios como fin último de los actos humanos

La fe cristiana basa sus exigencias morales en el conocimiento de las verdades esenciales y de sus relaciones; así lo hace San Pablo en la carta a los Romanos (Rom 1, 19-21) para la religión en cuanto tal, ya sea ésta la cristiana, ya la anterior al cristianismo: a partir de la creación, dice el Apóstol, el hombre entrevé y palpa de algún modo al Creador, su poder eterno y su divinidad, y esto con una evidencia tal que él se sabe y se siente obligado a reconocer a Dios y a darle algún culto, de manera que desdeñar este cultivo o pervertirlo en la idolatría es gravemente culpable, para todos y en todos los tiempos.
Esto no es, de ningún modo, lo que afirma la ética de que Nos hablamos. Ella no niega, sin más, los conceptos y los principios morales generales (aunque a veces se acerque mucho a semejante negación), sino que los desplaza del centro al último confín. (Pío XII. Discurso sobre los errores de la moral de situación, n. 5-6, 18 de abril de 1952)

  • Las obligaciones fundamentales de la ley moral están basadas en la esencia, en la naturaleza del hombre y en sus relaciones esenciales, y valen en todos los lugares donde se encuentre el hombre

Se preguntará de qué modo puede la ley moral, que es universal, bastar e incluso ser obligatoria en un caso particular, el cual, en su situación concreta, es siempre único y de una vez. Ella lo puede y ella lo hace, porque, precisamente a causa de su universalidad, la ley moral comprende necesaria e intencionalmente todos los casos particulares, en los que se verifican sus conceptos. Y en estos casos, muy numerosos, ella lo hace con una lógica tan concluyente, que aun la conciencia del simple fiel percibe inmediatamente y con plena certeza la decisión que se debe tornar.
Esto vale especialmente para las obligaciones negativas de la ley moral, para las que exigen un no hacer un dejar de lado. Pero no para éstas solas. Las obligaciones fundamentales de la ley moral están basadas en la esencia, en la naturaleza del hombre y en sus relaciones esenciales, y valen, por consiguiente, en todas partes donde se encuentre el hombre; las obligaciones fundamentales de la ley cristiana, por lo mismo que sobrepasan a las de la ley natural, están basadas sobre la esencia del orden sobrenatural constituido por el divino Redentor. De las relaciones esenciales entre el hombre y Dios, entre hombre y hombre, entre los cónyuges, entre padres e hijos; de las relaciones esenciales en la comunidad, en la familia, en la Iglesia, en el Estado, resulta, entre otras cosas, que el odio a Dios, la blasfemia, la idolatría, la defección de la verdadera fe, la negación de la fe, el perjurio, el homicidio, el falso testimonio, la calumnia, el adulterio y la fornicación, el abuso del matrimonio, el pecado solitario, el robo y la rapiña, la sustracción de lo que es necesario a la vida, la defraudación del salario justo (cf. Sant 5,4), el acaparamiento de los víveres de primera necesidad y el aumento injustificado de los precios, la bancarrota fraudulenta, las injustas maniobras de especulación, todo ello está gravemente prohibido por el Legislador divino. No hay motivo para dudar. Cualquiera que sea la situación del individuo, no hay más remedio que obedecer. (Pío XII. Discurso sobre los errores de la moral de situación, n. 9-10, 18 de abril de 1952)

  • El cristiano debe asumir el grave y grande cometido de hacer valer en todos los campos de su vida personal ―profesional, social y pública― la verdad, el espíritu y la ley de Cristo

Donde no hay normas absolutamente obligatorias, independientes de toda circunstancia o eventualidad, la situación de una vez en su unicidad requiere, es verdad, un atento examen para decidir cuáles son las normas que se han de aplicar y en qué manera. La moral católica ha tratado siempre y ampliamente este problema de la formación de la propia conciencia con el examen previo de las circunstancias del caso que se ha de resolver. Todo lo que ella enseña ofrece una ayuda preciosa para las determinaciones de la conciencia tanto teóricas como prácticas. Baste citar la exposición, no superada, de Santo Tomás sobre la virtud cardinal de la prudencia y las virtudes con ella relacionadas (Sum. Theol. II-II q. 47-57). Su tratado revela un sentido en la actividad personal y de la realización, que contiene todo cuanto hay de justo y de positivo en la ética según la situación, pero evitando todas sus confusiones y desviaciones. Bastará, por lo tanto, al moralista moderno continuar en la misma, línea si quiere profundizar nuevos problemas. […] El cristiano, por su parte, debe asumir el grave y grande cometido de hacer valer en su vida personal, en su vida profesional y en la vida social y pública, en cuanto de él dependa, la verdad, el espíritu y la ley de Cristo. Esto es la moral católica; y ella deja un vasto campo libre a la iniciativa y a la responsabilidad personal del cristiano. (Pío XII. Discurso sobre los errores de la moral de situación, n. 12, 18 de abril de 1952)

  • Sería erróneo fijar para la vida real normas que se apartaran de la moral natural y cristiana y a las que se llamara de buen grado con la palabra “ética personalista”

Por consiguiente, sería erróneo fijar para la vida real normas que se apartaran de la moral natural y cristiana y a las que se llamara de buen grado con la palabra “ética personalista”; ésta, sin duda, recibiría de aquélla una cierta orientación, pero no supondría en igual medida una estricta obligación. La ley de estructura del hombre concreto no está por inventar, sino por aplicar. (Pío XII. Discurso a los participantes en el V Congreso Internacional de Psicoterapia y de Psicología Clínica, n. 7, 13 de abril de 1953)

  • El uso de bienes materiales en la sociedad debe basarse en el cumplimento de los deberes morales

El derecho originario sobre el uso de los bienes materiales, por estar en íntima unión con la dignidad y con los demás derechos de la persona humana, ofrece a ésta, con las formas indicadas anteriormente, base material segura y de suma importancia para elevarse al cumplimiento de sus deberes morales. La tutela de este derecho asegurará la dignidad personal del hombre y le aliviará el atender y satisfacer con justa libertad a aquel conjunto de obligaciones y decisiones estables de que directamente es responsable para con el Criador. Ciertamente es deber absolutamente personal del hombre conservar y enderezar a la perfección su vida material y espiritual, para conseguir el fin religioso y moral que Dios ha señalado a todos los hombres y dándoles como norma suprema, siempre y en todo caso obligatoria, con preferencia a todo otro deber. (Pío XII. Radiomensaje en el 50 Aniversario de la “Rerum Novarum”, n. 14, 1 de junio de 1941)

… juzga la idea de Francisco de renunciar a la propia cultura en beneficio de los refugiados

  • No se puede olvidar el importante papel de los sacerdotes católicos que se unieron a los descubridores: llevaron la luz del Evangelio a los indígenas y a los negros

Cuando después se descubrieron y explotaron nuevas tierras en la otra parte del globo, no faltaron sacerdotes de Cristo que se unieron celosamente a los colonizadores de aquellas regiones para ayudarles a mantenerse en la práctica de la moral cristiana e impedirles que con las riquezas de las nuevas tierras se llenasen de orgullo y también para transformarse en seguida en misioneros de los indígenas, carentes hasta entonces completamente de la luz de la fe, e instruirles en el Evangelio, haciéndoles vivir en la fraternidad cristiana. Ni podemos dejar en el silencio a los heraldos de la Iglesia que se consagraron a asistir y ganar para Cristo a los esclavos negros arrancados cruelmente de sus tierras y sometidos a un vil mercado en los puertos de América y Europa. (Pío XII, Constitución apostólica Exsul familia, n. 8, 1 de agosto de 1952)

  • Los misioneros llevaron hasta muy lejos los beneficios de la fe; y también los barbaros que invadieron Europa en los primeros siglos fueron pacificados y civilizados por el cristianismo

Brilla igualmente el celo de los pastores y el entusiasmo de los sacerdotes que llevaron con su esfuerzo a los habitantes de lejanas regiones el beneficio de la verdadera fe juntamente con la convivencia civil y las relaciones sociales, mientras que a los pueblos bárbaros invasores se esforzaren en hacerlos asimilar a un mismo tiempo la Religión cristiana y la pacífica convivencia con las poblaciones civilizadas. (Pío XII. Constitución apostólica Exsul familia, n. 6)

  • Instituciones que hasta hoy son el orgullo de toda civilización son fruto de la caridad cristiana: hospitales, orfanatos, leproserías, etc.

Fue siempre motivo de asombro para el investigador de la historia de la Iglesia—y para el creyente confirmación de su origen divino—el hecho de la prontitud de la caridad cristiana […]. Tampoco hoy existe región donde no resplandezca un nombre que por sí solo entone una epopeya de cristiana caridad. […] Caridad siempre espontánea, como espontánea irrumpe la primavera al renovarse la tibieza del sol—Cristo es el sol de su Iglesia—, como espontáneo es lo que es connatural—¿y no es Cristo la linfa vital?—; siempre al lado, como si una especial moción del Espíritu Santo hiciera aguda la mirada del cristiano para descubrir toda miseria dondequiera que se esconda, e inquieto el corazón, a fin de que no haya desventura a que no responda una obra y un grupo de hermanos atentos a aliviarla. Así nació y se ha agigantado después la corriente benéfica de la caridad, dando vida a aquellas instituciones que son actualmente orgullo de toda civilización, cuyos nombres son, por ejemplo, hospitales, orfanatorios, Ordenes para la redención de los esclavos, defensa para los peregrinos, casas para mujeres en peligro, asociaciones para visitar y consolar a los prisioneros, y en tiempos más recientes, leproserías, instituciones para la asistencia a los ancianos pobres, a los ciegos, a los sordomudos, a los emigrantes, a los hijos de presos, a los mutilados, los cuales todos, juntamente con los nombres de sus fundadores y asociados, cuentan entre las preciosas perlas que adornan el Cuerpo místico de Cristo. (Pío XII. Alocución a los delegados del Congreso Nacional Italiano de las Sociedades de Caridad, 22 de abril de 1952: AAS 54, 1952, p.468-469)

  • Órdenes religiosas para redimir los cautivos

Debemos también recordar a las egregias órdenes religiosas fundadas para redimir a los cautivos, cuyos miembros, a fuer de hombres apostólicos, no duraron en tolerar graves tribulaciones por los hermanos prisioneros (Pío XII. Constitución apostólica Exsul familia, n. 7, 1 de agosto de 1952)

  • También los hospitales son un beneficio que recibimos de la civilización cristiana

Las asociaciones medievales de asistencia y caridad. Queremos también hacer mención, aunque sólo sea brevemente, de la asidua actividad realizada durante la Edad Media en todas las regiones cristianas, pero muy especialmente en esta santa ciudad por las piadosas asociaciones erigidas para atender a los peregrinos. De estas asociaciones tuvieron origen innumerables hospitales, hospicios, iglesias y hermandades nacionales, de las cuales aún quedan no pocos vestigios. (Pío XII. Constitución apostólica Exsul familia, n. 9, 1 de agosto de 1952)

  • Los verdaderos cristianos deben desear con ardor que la fe florezca en todos lugares

El espíritu misional y el espíritu católico, decíamos hace ya algún tiempo, son una misma cosa. La catolicidad es una nota esencial de la verdadera Iglesia: hasta tal punto que un cristiano no es verdaderamente afecto y devoto a la Iglesia si no se siente igualmente apegado y devoto de su universalidad, deseando que eche raíces y florezca en todos los lugares de la tierra. (Pío XII. Encíclica Fidei donum, n. 12, 21 de abril de 1957)

  • No es lícito disimular un dogma

Ni siquiera con el pretexto de hacer más fácil la concordia no es lícito, disimular siquiera un solo dogma; pues, como advierte el patriarca de Alejandría: “Desear la paz es ciertamente primero y mayor bien, pero no si debe por tal motivo permitir que venga a menos la virtud de la piedad en Cristo”. (Pío XII. Encíclica Orientalis Ecclesiae, 9 de abril de 1944)

  • Jesús, María y José son modelo para los emigrantes de todos los tiempos

La familia de Nazaret desterrada, Jesús, María y José, emigrantes a Egipto y refugiados allí para sustraerse a las iras de un rey impío, son el modelo, el ejemplo y el consuelo de los emigrantes y peregrinos de todos los tiempos y lugares y de todos los prófugos de cualquiera de las condiciones que, por miedo de las persecuciones o acuciados por la necesidad, se ven obligados a abandonar la patria, los padres queridos, los parientes y a los dulces amigos para dirigirse a tierras extrañas. (Pío XII. Constitución Apostólica Exsul familia, n. 1, 1 de agosto de 1952, 1 de agosto de 1952)

  • Los prófugos nunca fueron descuidados por la Iglesia

No hubo, pues, ninguna época en que la Iglesia descuidara a los emigrantes, desterrados y prófugos […]. Para comenzar conviene aquí recordar previamente los cincuenta volúmenes intitulados: “De la caridad de la Sede Apostólica para con los franceses”, conservados en el archivo Vaticano -testimonio realmente preclaro de la constante solicitud de los Romanos Pontífices hacia los pobres de las revoluciones públicas o los desplazados por la guerra- con que Nuestros Predecesores Pío VI y Pío VII ilustran su paternal solicitud por los franceses que expulsados de su Patria fueron recibidos con gran generosidad en los confines de los Estados Pontificios y especialmente en Roma o que se refugiaron en otras partes. (Pío XII. Constitución Apostólica Exsul familia, n.11-12, 1 de agosto de 1952, 1 de agosto de 1952)

… juzga la idea de ecumenismo que tiene Francisco

  • Evitad los vanos y nocivos cambios que infectan la sustancia de la verdad

Habéis de procurar también exponer la verdad en forma tal que sea rectamente entendida y asimilada, empleando siempre un lenguaje claro que nunca es ambiguo, evitando los vanos y nocivos cambios que tan fácilmente inficionan la sustancia de la verdad. Tal fue siempre la práctica, y tal la costumbre, de la Iglesia Católica. Cuadra también con esto aquella frase de San Pablo, de que Jesucristo… no fue “sí” y “no”, sino que todo en Él es un “sí” invariable. (Pío XII. Discurso a los Colegios Eclesiásticos de Roma, 24 de junio de 1939)

… juzga la idea que tiene Francisco de dialogar con el mundo

  • Cristo ha dejado las verdades de la revelación sobrenatural en manos de la Iglesia, para que las transmita sin contaminación ni error

El divino Salvador ha traído al hombre ignorante y débil su verdad y su gracia: la verdad, para indicarle el camino que conduce a su meta; la gracia, para conferirle la fuerza de poder alcanzarla. Recorrer este camino significa, en la práctica, aceptar la voluntad y los mandamientos de Cristo y conformar a ellos su vida. […] Todo esto —así la ley escrita en el corazón, o ley natural, como las verdades y los preceptos de la revelación sobrenatural— lo ha dejado Jesús Redentor, cual tesoro moral de la humanidad, en manos de su Iglesia, de suerte que ésta lo predique a todas las criaturas, lo explique y lo transmita, de generación en generación, intacto y libre de toda contaminación y error. (Pío XII. “La famiglia”, radiomensaje sobre la consciencia y la moral, n. 4; 6-7; 9; 10-11, 23 de marzo de 1952)

  • La Iglesia no puede renunciar a proclamar las normas fundamentales e inquebrantables

La Iglesia, columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15) y guardiana, por voluntad de Dios y por misión de Cristo, del orden natural y sobrenatural, no puede renunciar a proclamar ante sus hijos y ante el mundo entero las normas fundamentales e inquebrantables, salvándolas de toda tergiversación, oscuridad, impureza, falsa interpretación y error; tanto más cuanto que de su observancia, y no simplemente del esfuerzo de una voluntad noble e intrépida, depende la estabilidad definitiva de todo orden nuevo, nacional e internacional, invocado con tan ardiente anhelo por todos los pueblos. (Pío XII. Radiomensaje de Navidad, n. 3, 24 de diciembre de 1942)

… juzga la idea de diálogo ecuménico que tiene Francisco

  • No es lícito disimular un solo dogma de la Iglesia aunque sea por desear la paz

No es lícito, ni siquiera con el pretexto de hacer más fácil la concordia, disimular siquiera un solo dogma; pues, como advierte el patriarca de Alejandría: “Desear la paz es ciertamente primero y mayor bien, pero no si debe por tal motivo permitir que venga a menos la virtud de la piedad en Cristo”. (Epis. 61). (Pío XII. Encíclica Orientalis ecclesiae, 9 de abril de 1944)

  • El verdadero cristiano da ánimo y ejemplo a sus hermanos en peligro de desanimarse frente a la tenebrosa audacia del mal

Consciente de la tenebrosa audacia del mal desbordado en esta vida, el verdadero seguidor de Cristo experimenta en sí vivo estímulo para mayor vigilancia tanto sobre sí mismo como sobre sus hermanos en peligro. Seguro como está de la promesa de Dios y del triunfo final de Cristo sobre sus enemigos y los de su reino, se siente interiormente robustecido contra las desilusiones y fracasos, derrotas y humillaciones, y puede comunicar igual confianza a todos aquellos a quienes se acerca en su ministerio apostólico, convirtiéndose de esta manera en su baluarte espiritual, mientras da ánimo y ejemplo a cuantos se hallan tentados a ceder o a desanimarse frente al número y la potencia de los adversarios. (Pío XII. Discurso a los miembros del Sacro Colegio y de la Prelatura Romana con motivo de las felicitaciones de Navidad, n. 8, 24 de diciembre de 1940)

  • No hay empresa más noble que reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado

No hay necesidad más urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo (Ef 3, 8) a los hombres de nuestra época. No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado. ¿Quién, a la vista de una tan gran multitud de hermanos y hermanas que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la verdadera fe en Dios y del salvador mensaje de Jesucristo; quién, decimos, no arderá en caridad y dejará de prestar gustosamente su ayuda? Todo el que pertenece a la milicia de Cristo, sea clérigo o seglar, ¿por qué no ha de sentirse excitado a una mayor vigilancia, a una defensa más enérgica de nuestra causa viendo cómo ve crecer temerosamente sin cesar la turba de los enemigos de Cristo y viendo a los pregoneros de una doctrina engañosa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la fe cristiana o impiden que ésta se lleve a la práctica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que están desterrados los principios morales de la revelación del Sinaí y el divino espíritu que ha brotado del sermón de la montaña y de la cruz de Cristo? (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 5, 20 de octubre de 1939)

… juzga la idea de Francisco de que las diferencias entre católicos y protestantes son meramente de interpretación

  • No es lícito disimular la verdad con el pretexto de promover la concordia

Incluso con el pretexto de promover la concordia no es lícito disimular un solo dogma; porque, como el Patriarca de Alejandría nos advierte, “aunque el deseo de la paz es una cosa noble y excelente, sin embargo, no debemos ser negligentes, en aras de la lealtad a Cristo”. […] El único método exitoso será aquel que basa la armonía y el acuerdo entre los fieles de Cristo en todas las verdades que Dios ha revelado. (Pío XII. Encíclica Orientalis Ecclesiae, n. 1, 9 de abril de 1944)

… juzga la idea de Francisco de que Dios ama al pecador sin condiciones

  • El principal deber de los Pastores es refutar los errores y pecados de los hombres

El principal deber que nos impone nuestro oficio y nuestro tiempo es “dar testimonio de la verdad”. Este deber, que debemos cumplir con firmeza apostólica, exige necesariamente la exposición y la refutación de los errores y de los pecados de los hombres, para que, vistos y conocidos a fondo, sea posible el tratamiento médico y la cura: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32). (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 14, 20 de octubre de 1939)

… juzga la idea de Francisco de que solamente se puede evangelizar con dulzura

  • La Iglesia no puede abstenerse de amonestar para el cumplimiento de concretas obligaciones morales

Contra esta doctrina, nunca impugnada en largos siglos, surgen ahora dificultades y objeciones que es preciso aclarar. […] El primer paso o, por mejor decir, el primer golpe contra el edificio de las normas morales cristianas debería ser el separarlas —como se pretende— de la vigilancia angosta y opresora de la autoridad de la Iglesia. […] La nueva moral afirma que la Iglesia, en vez de fomentar la ley de la libertad humana y del amor, y de insistir en ella como digna actuación de la vida moral, se apoya, al contrario, casi exclusivamente y con excesiva rigidez, en la firmeza y en la intransigencia de las leyes morales cristianas, recurriendo con frecuencia a aquellos “estáis obligados”, “no es lícito”, que saben demasiado a una pedantería envilecedora. Ahora bien: la Iglesia quiere, en cambio —y lo pone bien de manifiesto cuando se trata de formar las conciencias—, que el cristiano sea introducido a las infinitas riquezas de la fe y de la gracia en forma persuasiva, de suerte que se sienta inclinado a penetrar en ellas profundamente. Pero la Iglesia no puede abstenerse de amonestar a los fieles que estas riquezas no se pueden adquirir ni conservar sino a costa de concretas obligaciones morales.(Pío XII. La famiglia, radiomensaje sobre la consciencia y la moral, n. 7.10-11, 23 de marzo de 1952)

  • De la observancia de la Iglesia depende la estabilidad de todo orden

[…] la Iglesia, columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15) y guardiana, por voluntad de Dios y por misión de Cristo, del orden natural y sobrenatural, no puede renunciar a proclamar ante sus hijos y ante el mundo entero las normas fundamentales e inquebrantables, salvándolas de toda tergiversación, oscuridad, impureza, falsa interpretación y error; tanto más cuanto que de su observancia, y no simplemente del esfuerzo de una voluntad noble e intrépida, depende la estabilidad definitiva de todo orden nuevo, nacional e internacional, invocado con tan ardiente anhelo por todos los pueblos. (Pío XII. Radiomensaje de Navidad, n. 3, 24 de diciembre de 1942)

  • El principal deber del Vicario de Cristo es dar testimonio de la verdad

[…] el principal deber que nos impone nuestro oficio y nuestro tiempo es “dar testimonio de la verdad”. Este deber, que debemos cumplir con firmeza apostólica, exige necesariamente la exposición y la refutación de los errores y de los pecados de los hombres. (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 14, 20 de octubre de 1939)

… juzga la idea de anunciar el Evangelio que tiene Francisco

  • La Iglesia es la ciudadela de la verdad: maternalmente condescendiente y firme en decir: Non licet!

Aleccionados por el doloroso fracaso de los esfuerzos humanos dirigidos a impedir y frenar las tempestades que amenazan destruir la civilización humana, muchos dirigen su mirada, con renovada esperanza, a la Iglesia, ciudadela de la verdad y del amor y a esta Cátedra de San Pedro, que saben puede restituir al género humano aquella unidad de doctrina religiosa y moral que en los siglos pasados dio consistente seguridad a una tranquila relación de convivencia entre los pueblos. […] Todos ellos reconocen la inconmovida firmeza dos veces milenaria de la Iglesia católica en la profesión de la fe y en la defensa de la moral cristiana, reconocen también la estrecha unidad de la jerarquía eclesiástica, que, ligada al sucesor del Príncipe de los Apóstoles, ilumina las mentes con la doctrina del Evangelio dirige a los hombres a la santidad y, mientras es maternalmente condescendiente con todos, se mantiene firme, soportando incluso los tormentos más duros y el mismo martirio, cuando hay que decidir un asunto con aquellas palabras: Non licet! (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 67-68, 20 de octubre de 1939)

… juzga la idea de pastor que tiene Francisco

  • El clérigo necesita tener una vida más santa que los seglares

Guiado por el esplendor de esta virtud, siempre tenga fija su mirada en Cristo; siga con toda diligencia sus mandatos, sus actos y sus ejemplos; y hállese plenamente convencido de que no le basta cumplir aquellos deberes a que vienen obligados los simples fieles, sino que ha de tender cada vez más y más hacia aquella santidad que la excelsa dignidad sacerdotal exige, según manda la Iglesia: “El clérigo debe llevar vida más santa que los seglares y servir a éstos de ejemplo en la virtud y en la rectitud de las obras” (CIS, can. 124). (Pío XII. Exhortación apostólica Menti nostrae, 3 de septiembre de 1950)

  • Evitar familiaridades y actuar como ministro sagrado

Y a este propósito juzgamos oportuno exhortaros de modo especial para que, en la dirección de asociaciones y cofradías femeninas, os mostréis tales como corresponde a los sacerdotes: evitad toda familiaridad; y, siempre que fuere necesaria vuestra actuación, sea ésta como de ministro sagrado. Y en la misma dirección de tales asociaciones encerrad vuestra actividad en aquellos límites que vuestro ministerio sacerdotal exige. (Pío XII. Exhortación apostólica Menti nostrae, 23 de septiembre de 1950)… juzga la idea de marginados que tiene Francisco

  • Nunca faltaron sacerdotes para evangelizar los indígenas y los esclavos

Cuando después se descubrieron y explotaron nuevas tierras en la otra parte del globo, no faltaron sacerdotes de Cristo que se unieron celosamente a los colonizadores de aquellas regiones para ayudarles a mantenerse en la práctica de la moral cristiana e impedirles que con las riquezas de las nuevas tierras se llenasen de orgullo y también para transformarse en seguida en misioneros de los indígenas, carentes hasta entonces completamente de la luz de la fe, e instruirles en el Evangelio, haciéndoles vivir en la fraternidad cristiana. Ni podemos dejar en el silencio a los heraldos de la Iglesia que se consagraron a asistir y ganar para Cristo a los esclavos negros arrancados cruelmente de sus tierras y sometidos a un vil mercado en los puertos de América y Europa. (Pío XII. Constitución apostólica Exul familia nazarethana, n. 8, 1 de agosto de 1952)

  • La Iglesia nunca ahorró esfuerzo al atender a los emigrantes y exiliados

Todas estas oportunas providencias de la Sede Apostólica y de los pastores realizadas con la entusiasta cooperación de los sacerdotes, religiosos y fieles —cuyos nombres, si bien es verdad que, por lo general, no figuran en las páginas de la Historia, están, sin embargo, escritos en el cielo— eran muy dignas de que se recordasen aquí y se narrasen, aunque nada más que brevemente, para que aparezca con toda claridad la universal y benéfica obra de la Iglesia realizada con los emigrantes y exilados de todo género, a los cuales la Iglesia, sin ahorrar ningún trabajo, ha atendido siempre con su asistencia religiosa, moral y social. Todo lo cual era necesario recordar particularmente en estos tiempos en que la próvida actividad de la Madre Iglesia es atacada tan satánicamente por los adversarios, olvidando y despreciando sus obras aun en la misma región de la caridad en la cual ella fue la primera en desbrozar el terreno y se la dejo después frecuentemente sola en el trabajo. (Pío XII. Constitución apostólica Exul familia nazarethana, n. 77, 1 de agosto de 1952)

  • En todo lo que sea para servicio del prójimo los nobles deben ser los primeros

Prontitud para la acción. Dentro de una gran solidaridad personal y social, cada uno debe estar dispuesto a trabajar, a inmolarse, a consagrarse al bien de todos. La diferencia está, no en el hecho de la obligación, sino en el modo de cumplirla. ¿Y no es acaso verdad que quienes disponen de más tiempo y de medios más abundantes deben ser más asiduos y solícitos en servir? Al hablar de medios, no tenemos Nos la intención de referirnos única o principalmente a la riqueza, sino a todas las dotes de inteligencia, cultura, educación, conocimientos, autoridad, las cuales no han sido concedidas a algunos privilegiados de la fortuna para su exclusivo provecho o para crear una irremediable desigualdad entre hermanos, sino para el bien de toda la comunidad social. En todo aquello que es para servicio del prójimo, de la sociedad, de la Iglesia de Dios, debéis ser siempre vosotros los primeros; en eso consiste vuestro verdadero puesto de honor; ahí está vuestra más noble precedencia. Generosa adhesión a los preceptos de la doctrina y de la vida cristiana. Son éstos los mismos para todos, porque no hay dos verdades ni dos leyes: ricos y pobres, grandes y pequeños, elevados y humildes, están igualmente obligados por la Fe a someter su entendimiento a un mismo dogma, por la Obediencia, su voluntad a una misma moral; pero el justo juicio de Dios será mucho más severo con aquellos que han recibido más, que están en mejores condiciones de conocer la única doctrina y ponerla en práctica en la vida cotidiana, con aquellos que mediante su ejemplo y autoridad pueden más fácilmente guiar a los demás por las vías de la justicia y de la salvación, o bien perderlos por los funestos senderos de la incredulidad y del pecado. (Pío XII. Discurso a los caballeros y damas del patriciado y de la nobleza, 15 de enero de 1949)

  • La Iglesia llama los pueblos a una condición más elevada

Queda un punto por tratar, el cual deseamos ardientemente que todos entiendan claramente. La Iglesia, desde sus orígenes hasta nuestros días, ha conseguido siempre la prudentísima norma que, al abrazar los pueblos el Evangelio, no se destruya ni extinga nada de lo bueno, honesto y hermoso que, según su propia índole y genio, cada uno de ellos posee. Pues cuando la Iglesia llama a los pueblos a una condición humana más elevada y a una vida más culta, bajo los auspicios de la religión cristiana, no sigue el ejemplo de los que sin norma ni método cortan la selva frondosa, abaten y destruyen, sino más bien imita a los que injertan en los arboles silvestres la buena rama, a fin de que algún día broten y maduren en ellos frutos más dulces y exquisitos. La naturaleza humana, aunque inficionada con el pecado original por la miserable caída de Adán, tiene con todo en si “algo naturalmente cristiano”; lo cual, si es iluminado con la luz divina y alimentado por la gracia de Dios, podrá algún día ser elevado a la verdadera virtud y a la vida sobrenatural. (Pío XII. Encíclica Evangelii praecones, n. 12, 2 de junio de 1951)

  • Celo del Sumo Pontífice en formar el Seminario para Negros

Es justo que se recomiende aquí a la debida atención el celo con que el mismo Sumo Pontífice se preocupó de los descendientes de los negros, dispersos sin orden en todo el mundo: fácilmente se deduce esto de la carta que dirigió al Superior General de la Congregación del Verbo Divino, con fecha de 5 de abril de 1923, en que auguro y deseo al Seminario para Negros un porvenir inmediato feliz, y afirmo que había sido una resolución utilísima recibir a negros que parecían llamados a entrar en la vida religiosa como miembros de la Congregación del Verbo Divino a fin de que, una vez iniciados en el sacerdocio, ejercieran entre ellos el sagrado ministerio con mayor eficacia. (Pío XII. Constitución apostólica Exul familia nazarethana, n. 47, 1 de agosto de 1952)

  • Atención pastoral para que los inmigrantes reciban válidamente los sacramentos

Pero no solo de esta manera se procuró con mucha solicitud el bien de los inmigrantes, pues, dado que se supo que algunos obreros, emigrados de Europa a lejanas tierras, contraían matrimonio sin atenerse en lo más mínimo a las solemnidades de derecho, a causa de las circunstancias más difíciles de lugar y de tiempo en que se hallaban, y aun osaban contraerlo afectados por impedimentos, a fin de que las leyes del sagrado matrimonio no sufrieran ningún daño, para prevenir los horribles males, el Sumo Pontífice mando a la Sagrada Congregación de Disciplina de los Sacramentos que publicaran una cuidadosa Instrucción sobre la comprobación del estado de soltería y las proclamas matrimoniales; instrucción que en el transcurso de los años fue nuevamente promulgada por la misma Congregación añadiéndose normas saludables también para comodidad de los emigrados que deseaban contraer matrimonio por procurador. (Pío XII. Constitución Apostólica Exul familia nazarethana, n. 25, 1 de agosto de 1952)

… juzga la idea de “Pan de Vida” que tiene Francisco

  • La Iglesia nos nutre en la Eucaristía con el “Pan de los ángeles”

Así, el alma se eleva más y mejor hacia Dios; así, el sacerdocio de Jesucristo se mantiene siempre activo en la sucesión de los tiempos, ya que la liturgia no es sino el ejercicio de este sacerdocio. Lo mismo que su Cabeza divina, también la Iglesia asiste continuamente a sus hijos, les ayuda y les exhorta a la santidad, para que, adornados con esta dignidad sobrenatural, puedan un día volver al Padre, que está en los cielos. Ella regenera dando vida celestial a los nacidos a la vida terrenal, los fortifica con el Espíritu Santo para la lucha contra el enemigo implacable; llama a los cristianos en torno a los altares, y con insistentes invitaciones les anima a celebrar y tomar parte en el sacrificio eucarístico, y los nutre con el pan de los ángeles, para que estén cada vez más fuertes; purifica y consuela a los que el pecado hirió y manchó. (Pío XII. Encíclica Mediador Dei, n. 32, 20 de noviembre de 1947)

… juzga la idea de propiedad privada que tiene Francisco

  • La Iglesia defiende el principio de la propiedad privada por un elevado fin ético-social

Defendiendo, por consiguiente el principio de la propiedad privada, la Iglesia persigue un alto fin ético-social. No pretende ya sostener pura y simplemente el actual estado de cosas como si en ello viera la expresión de la voluntad divina, ni proteger por principio al rico y al plutócrata contra el deber y el no-habiente. ¡Todo lo contrario! Desde los orígenes, ella ha sido la defensora del débil oprimido contra la tiranía del poderoso y ha patrocinado siempre las justas reivindicaciones de todos los grupos de los trabajadores contra toda iniquidad. Ahora que la Iglesia mira sobre todo a lograr que la institución de la propiedad privada sea efectivamente tal cual debe ser conforme a los designios de la sabiduría divina y a las disposiciones de la naturaleza: un elemento del orden social, un supuesto necesario de las iniciativas humanas, un estímulo al trabajo en beneficio de los fines temporales y trascendentes de la vida y, por tanto, de la libertad y de la dignidad del hombre, creado a imagen de Dios, que desde el principio le asignó para su utilidad un dominio sobre las cosas materiales. (Pío XII. Radiomensaje Oggi, n.28, 1 de septiembre de 1944)

  • La Propiedad Privada es el fruto natural del trabajador sea para beneficio propio como el de su familia

Si es verdad que la Iglesia ha reconocido siempre “el derecho natural de propiedad de transmisión hereditaria de los bienes propios” (Quadragesimo anno) no es, sin embargo, menos cierto que esta propiedad privada es de un modo particular el fruto natural del trabajo, el producto de una intensa actividad del hombre, que la adquiere merced a su enérgica voluntad de asegurar y desarrollar con sus fuerzas la existencia propia y la de su familia, de crear para sí y para los suyos un campo de justa libertad, no sólo económica, sino también política, cultural y religiosa. (Pío XII. Radiomensaje Oggi, n.21, 1 de septiembre de 1944)

  • No se puede admitir como justo un ordenamiento social que niega la propiedad privada

La conciencia cristiana no puede admitir como justo un ordenamiento social que o niega en absoluto o hace prácticamente imposible o vano el derecho natural de propiedad, tanto sobre los bienes de consumo como sobre los medios de producción. Ni puede aceptar tampoco esos sistemas que reconocen el derecho de propiedad privada conforme a un concepto totalmente falso, y se hallan, por consiguiente, en pugna con el verdadero y sano orden social. (Pío XII. Radiomensaje Oggi, n.22-23, 1 de septiembre de 1944)

  • El incentivo para el trabajo está en la adquisición de la propiedad privada

Quitad al trabajador la esperanza de adquirir cualquier bien en propiedad personal. ¿Qué otro estímulo natural podréis vosotros ofrecerle para incitarlo a un trabajo intenso, al ahorro, a la sobriedad, cuando hoy no pocos hombres y pueblos, habiéndolo perdido todo, nada más les queda que su capacidad de trabajo? ¿O se quiere perpetuar tal vez la economía de guerra, para la cual en algunos países el poder público tiene en su mano todos los medios de producción y provee por todos y a todos, pero con el látigo de una dura disciplina? ¿O se querrá vivir sometidos a la dictadura de un grupo político, que dispondrá, como clase dominadora, de los medios de producción, pero al mismo tiempo también del pan y, por consiguiente, de la voluntad de trabajo de los individuos? (Pío XII. Radiomensaje Oggi, n.29, 1 de septiembre de 1944)

  • El propietario de los medios de producción es señor de sus decisiones económicas

El propietario de los medios de producción, sea él quien sea – propietario particular, asociación de obreros o fundación – debe, siempre dentro de los límites del derecho público de la economía, quedar señor de sus decisiones económicas. Es evidente que su remuneración es más elevada que la de sus colaboradores. Pero resulta que la prosperidad material de todos los miembros del pueblo, que es el fin de la economía social, le impone, a él más que a los otros, la obligación de contribuir por el ahorro al incremento del capital nacional. Como es necesario, por otra parte, no perder de vista que es soberanamente ventajoso para una sana economía social que este aumento del capital provenga de fuentes tan numerosas cuanto sea posible, por consiguiente es altamente deseable que los obreros puedan, también, con el fruto de su ahorro, participar en la constitución del capital nacional (Pío XII. Discurso a la IX Conferencia de la Unión Internacional de Asociaciones Patronales Católicas, 7 de mayo de 1949)

  • Negando la propiedad privada se quita el estímulo para el trabajo

Quitad al trabajador la esperanza de adquirir cualquier bien en propiedad personal. ¿Qué otro estímulo natural podréis vosotros ofrecerle para incitarlo a un trabajo intenso, al ahorro, a la sobriedad, cuando hoy no pocos hombres y pueblos, habiéndolo perdido todo, nada más les queda que su capacidad de trabajo? ¿O se quiere perpetuar tal vez la economía de guerra, para la cual en algunos países el poder público tiene en su mano todos los medios de producción y provee por todos y a todos, pero con el látigo de una dura disciplina? ¿O se querrá vivir sometidos a la dictadura de un grupo político, que dispondrá, como clase dominadora, de los medios de producción, pero al mismo tiempo también del pan y, por consiguiente, de la voluntad de trabajo de los individuos? (Pío XII. Radiomensaje Oggi, n.29, 1 de septiembre de 1944)

  • La justicia distributiva no exige la co-participación de los trabajadores en la propiedad de la empresa, ni tampoco en las ganancias obtenidas

No se estaría más en la verdad queriendo afirmar que toda empresa particular es por naturaleza una sociedad, de manera tal que las relaciones entre los participantes sean determinadas por las reglas de la justicia distributiva, de suerte que todos indistintamente – propietarios o no de los medios de producción – tendrían derecho a su parte de la propiedad, toda o al menos sobre los beneficios de la empresa. Una tal concepción parte de la hipótesis que toda empresa entra por naturaleza en el ámbito del derecho público. Hipótesis inexacta: que la empresa sea constituida bajo la forma de fundación o de asociación de todos los trabajadores como copropietarios, o bien que ella sea propiedad privada de un individuo que firma con todos sus trabajadores un contrato de trabajo, en un caso como en el otro, ella depende del orden jurídico privado de la vida económica. (Pío XII. Discurso a la IX Conferencia de la Unión Internacional de Asociaciones Patronales Católicas, 7 de mayo de 1949)

  • La Doctrina Social Católica defiende conscientemente el derecho de propiedad individual y rechaza el derecho de co-propiedad del obrero en el capital de la empresa

La solución de la lucha de clases por una ordenación recíproca orgánica del patrono y el obrero, pues la lucha de clases no podría nunca ser una meta de la ética social católica. La Iglesia se sabe siempre responsable de todas las clases y capas del pueblo. Después, la protección del individuo contra la corriente que amenaza arrastrarlo a una socialización total, en cuyo extremo se haría pavorosa realidad la imagen terrorífica del Leviatán. La Iglesia llevará esta lucha hasta el extremo, pues se trata aquí de valores duraderos: la dignidad del hombre y la salvación del alma.
Por eso la doctrina social católica defiende, entre otros, tan conscientemente, el derecho de la propiedad individual. Aquí están también los motivos más profundos de por qué los Papas de las Encíclicas sociales, y Nos mismos, Nos negamos a deducir, sea directa o indirectamente de la naturaleza del contrato de trabajo el derecho de co-propiedad del obrero en el capital de la empresa, y, en consecuencia, su derecho de co-dirección. Había que negar tal derecho porque detrás de él se enuncia otro problema mayor. El derecho del individuo y de la familia a la propiedad es consecuencia directa de la esencia de la persona, un derecho de la dignidad personal, desde luego un derecho cargado de deberes sociales. Pero no es exclusivamente una función social. (Pío XII. Radiomensaje en el “Día de los Católicos Austríacos”, 14 de septiembre de 1952, AAS 44 (1952), 792)

  • La justicia no demanda que los trabajadores participen en la co-gestión de la empresa

Tal peligro también está presente cuando se exige que los empleados de una empresa, tengan derecho de co-gestión económica, especialmente cuando el ejercicio de este derecho depende, de hecho, directa o indirectamente, de organizaciones dirigidas desde fuera de la empresa. Ahora bien, ni la naturaleza del contrato de trabajo, ni la naturaleza de la empresa, comportan necesariamente, por ellas mismas, un derecho de esta suerte. Es indiscutible que el empleado y el empleador son igualmente sujetos, no objetos de la economía de un pueblo. (Pío XII. Discurso a los Participantes del Congreso Internacional de Estudios Sociales, 3 de junio de 1950)

… juzga la idea de Francisco de que el Corán es un libro de paz

  • La paz es la feliz herencia de aquellos que observan la ley de Dios

La paz, fuente de la verdadera felicidad, no puede venir más que de Dios, no puede encontrarse más que en Dios: “Ó Señor, tu nos ha hecho para ti y inquieto está nuestro corazón mientras en ti no reposar”. Por esto, la tranquilidad absoluta, la felicidad completa y perfecta no se encontrará más que en el cielo, en la visión de la esencia divina. Pero también durante la vida terrenal la condición fundamental de la verdadera paz y de la sana alegría es la dependencia amorosa y filial de la voluntad de Dios: todo lo que debilita, que rompe, que quiebra esta conformidad y unión de voluntad, está en oposición con la paz: primero de todo y sobre todo el pecado. El pecado es ruptura y desunión, desorden y perturbación, remordimiento y temor, y aquellos que resisten a la voluntad de Dios no tienen, no pueden tener la paz: “Quis restitit ei et pacem habuit?” (Job 9, 4), mientras la paz es la feliz herencia de aquellos que observan la ley de Dios: “Pax multa diligentibus legem tuam” (Sal 118, 165). (Pío XII. Audiencia general, 19 de julio de 1939)

  • Sólo se consigue la paz mediante los principios y las normas dictadas por Cristo, llevados a la práctica con sincera piedad

Conociendo que “todo don precioso y toda dádiva perfecta de arriba viene y procede del Padre de las luces” (cf. Sant 1, 17), juzgamos oportuno, venerables hermanos, prescribir nuevamente públicas oraciones y súplicas para implorar y obtener la concordia entre los pueblos. Será cuidado de vuestro celo pastoral no solamente exhortar a las almas a vosotros confiadas para que eleven a Deus sus fervorosas oraciones, sino también incitarlas a las obras piadosas de penitencia y expiación, para que puedan satisfacer y aplacar la majestad del Señor, ofendido por tan graves delitos públicos y privados.
Y mientras comunicareis esa nuestra invitación a los fieles, según vuestro oficio, les recordareis nuevamente de cuales principios brota una paz justa y duradera y por cuales métodos hay que conseguirla. Ella en verdad, como bien sabéis, se puede conseguir tan solo mediante los principios y las normas dictadas por Cristo, llevados a la práctica con sincera piedad. Tales principios y tales normas traen realmente a los hombres a la verdad, a la justicia y a la caridad; ponen un freno a sus codicias; obligan a los sentidos a que obedezcan a la razón; mueven a la razón a que obedezca a Dios; hacen que todos, aun los que gobiernan los pueblos, reconozcan la libertad debida a la Religión, la cual además de su función fundamental de conducir las almas a la eterna salvación, tiene también la de tutelar y proteger los fundamentos mismos del Estado. (Pío XII. Encíclica Summi maeroris, n. 4-5, 19 de julio de 1950)

  • Están lejos de buscar una paz segura quienes pisotean los sacrosantos derechos de la Iglesia católica

De todo lo que fue dicho es fácil deducir, venerables hermanos, qué lejos están de buscar una paz segura quienes pisotean los sacrosantos derechos de la Iglesia católica; prohíben a sus ministros de ejercer libremente su oficio, condenándolos a la cárcel o al destierro; dificultan y hasta proscriben las academia, las escuelas y los institutos de educación que se rigen por noemas cristianas; e, finalmente, achacan con errores, calumnias y todo género de torpezas a los pueblos, y los apartan, especialmente a la juventud, de la integridad de las costumbres, de la virtud y de la inocencia, hacia los atractivos de los vicios y de la corrupción.
[…] Es menester que enseñéis todo esto con franqueza, pues solamente entonces, es decir, cuando los mandamientos cristianos estuvieren a salvo y den forma a la vida pública y privada, será lícito esperar que, conciliados los odios de los hombres, vivan en fraterna concordia las diversas clases de la sociedad, los pueblos y las gentes. (Pío XII. Encíclica Summi maeroris, n. 6.8, 19 de julio de 1950)

  • En el campo de un nuevo orden fundado sobre los principios morales no hay lugar para la lesión de la libertad o persecución de la religión y de la Iglesia

Hacemos, por consiguiente, uso de un derecho nuestro, o mejor dicho, cumplimos un deber nuestro, cuando hoy, en la víspera de la Navidad, aurora divina de esperanza y de paz para el mundo, con la autoridad de nuestro ministerio apostólico y el ardiente estímulo de nuestro corazón, llamamos de nuevo la atención y la meditación del universo entero sobre los peligros que acechan y amenazan a una paz que sea la base de un verdadero orden y responda a la esperanza y a los deseos de los pueblos por un venir más tranquilo.
[…] En el campo de un nuevo orden fundado sobre los principios morales no hay lugar para la lesión de la libertad, de la integridad y de la seguridad de otras naciones, cualquiera que sea su extensión territorial o su capacidad defensiva. […] En el campo de un nuevo orden fundado sobre principios morales no hay lugar para la persecución de la religión y de la Iglesia. De una fe viva en un Dios personal y trascendente surge necesariamente una clara y resistente energía moral que informa todo el curso de la vida; porque la fe no es sólo una virtud, sino la puerta divina por la cual entran en el templo del alma todas las virtudes y se forma aquel carácter fuerte y tenaz que jamás vacila en los cimientos de la razón y de la justicia. (Pío XII. Radiomensaje de Navidad, n. 16.19.25, 24 de diciembre de 1941)

… juzga la idea de Francisco de que Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre

  • Vino al mundo para glorificar y entregarse como víctima

No tendremos otra cosa que recomendaros, porque vivir de amor reparador y glorificador es vivir de la vida de Aquel que vino al mundo para glorificar al Padre y entregarse a sí mismo como víctima por la salvación del género humano; es vivir la quintaesencia del espíritu cristiano; es vivir la más alta perfección. (Pío XII. Discurso a un Grupo de Peregrino de Bilbao, 15 de mayo de 1956)

… juzga la idea de Francisco de que la buena voluntad suple la Teología

  • Los teólogos y filósofos católicos tienen el grave cargo de defender la verdad

Ahora bien, a los teólogos y filósofos católicos, a quienes incumbe el grave cargo de defender la verdad divina y humana y sembrarla en las almas de los hombres, no les es lícito ni ignorar ni descuidar esas opiniones que se apartan más o menos del recto camino. Más aún, es menester que las conozcan a fondo, primero porque no se curan bien las enfermedades si no son de antemano debidamente conocidas; luego, porque alguna vez en esos mismo falsos sistemas se esconde algo de verdad, y, finalmente, porque estimulan la mente a investigar y ponderar con más diligencia algunas verdades filosóficas y teológicas. (Denzinger-Hünermann 3879. Pío XII, Encíclica Humani generis, n. 5, 2 de agosto de 1950)

  • El sagrado Magisterio es norma de verdad para cualquier teólogo

Este sagrado Magisterio ha de ser para cualquier teólogo en materias de fe y costumbres la norma próxima y universal de la verdad, como quiera que a él encomendó Cristo Señor el depósito entero de la fe, es decir, la Sagrada Escritura y la Tradición divina, para custodiarlo, defenderlo o interpretarlo. (Denzinger-Hünermann 3884. Pío XII, Encíclica Humani generis, n. 12, 12 de agosto de 1950)

  • La especulación que descuida la investigación del depósito sagrado se hace estéril

También es verdad que los teólogos han de volver constantemente a las fuentes de la divina revelación, pues a ellos toca indicar de qué modo se halle en las Sagradas Letras y en la “tradición”, explícita o implícitamente, lo que por el magisterio vivo es enseñado. Añádase a esto que ambas fuentes de la doctrina divinamente revelada contienen tantos y tan grandes tesoros de verdad, que realmente jamás se agotan. De ahí que, con el estudio de las sagradas fuentes, las ciencias sagradas se rejuvenecen constantemente; mientras por experiencia sabemos que la especulación que descuida la ulterior investigación del depósito sagrado se hace estéril. (Denzinger-Hünermann 3886. Pío XII. Encíclica Humani generis, n. 15, 12 de agosto de 1950)

… juzga la idea de familia que tiene Francisco

  • Familia numerosa es sinónimo de familia cristiana

Sólo la luz divina y eterna del cristianismo ilumina y vivifica la familia, de tal modo que, ya en el origen, ya en el desarrollo, la familia numerosa es a menudo tomada como sinónimo de familia cristiana. (Pío XII. Discurso a los dirigentes y representantes de la asociación de las familias numerosas, n. 2, 20 de enero de 1958)

  • Sodoma fue destruida a causa de sus delitos contra la familia

Cuando Sodoma fue destruida a causa de su iniquidad, y precisamente de sus delitos contra la familia, el fiel Lot, advertido por los ángeles, fue librado con sus hijas y con sus yernos. (Pío XII. Alocución Quarantun anno, 19 de junio de 1940)

… juzga la idea que tiene Francisco de que Jesucristo fingía sus enfados

  • Cristo además de la visión beatífica poseía toda la gracia y santidad, toda la potestad, los tesoros de la sabiduría y ciencia

A Él ha sido dada potestad sobre toda carne; en El están abundantísimamente todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. Y posee de tal modo la ciencia de la visión beatífica, que tanto en amplitud como en claridad supera a la que gozan todos los bienaventurados del Cielo. Y, finalmente, está tan lleno de gracia y santidad, que de su plenitud inexhausta todos participamos. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 21, 29 de junio de 1943)

… juzga la idea de Francisco de que el pecado hace parte de la vida religiosa

  • La historia de la santidad y del apostolado católico va unida a la historia de la vida religiosa

Todos saben cuán estrecha e íntimamente va unida la historia de la santidad de la Iglesia y del apostolado católico con la historia y fastos de la vida religiosa canónica, que por la gracia continuamente vivificante del Espíritu Santo creció de día en día con variedad admirable y se fortaleció más y más con nueva, más alta y más firme unidad. (Pío XII. Constitución apostólica Provida Mater Ecclesia, n. 4, 2 de febrero de 1974)

… juzga los métodos educativos de la juventud que tiene Francisco

  • Oponed resistencia a la educación concebida sobre bases naturalistas

Oponed, pues, a los perniciosos esfuerzos, que querrían apartar completamente la religión de la educación y de la escuela o por lo menos fundar la escuela y la educación sobre una base puramente naturalista, el ideal de una labor docente enriquecida con el tesoro inestimable de una fe sentida y vivificada, por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo. Procurad que vuestros niños y vuestros jóvenes, a medida que van progresando en el camino de los años, reciban también una instrucción religiosa cada vez más amplia y más fundamentada […]. Haced de manera que con esta instrucción vayan estrechamente unidos el santo temor de Dios, la costumbre de recogerse en la oración, y la participación plena y consciente en el espíritu del año litúrgico de la Santa Madre Iglesia. (Pío XII. Radiomensaje al Congreso Interamericano de Educación Católica, 6 de octubre de 1948)

  • A la escasez de principios contraponed una educación capaz de discernir la moral

Contraponed a la escasez de principios de este siglo, que todo lo mide por el criterio del éxito, una educación que haga al joven capaz de discernir entre la verdad y el error, el bien y el mal, el derecho y la injusticia, plantando firmemente en su alma los puros sentimientos del amor, de la fraternidad y de la fidelidad. Si las peligrosas películas de hoy día, hablando tan sólo a los sentidos y de una manera excesivamente unilateral, traen consigo el riesgo de producir en las almas un estado de superficialidad y de pasividad anímica, el libro bueno puede completar lo que aquí falta desempeñando en la labor educativa un papel de importancia cada vez mayor. (Pío XII. Radiomensaje al Congreso Interamericano de Educación Católica, 6 de octubre de 1948)

  • Desarrollar el espíritu jerárquico para disipar la atmósfera de excesiva libertad

Desarrollad, en las almas de los niños y de los jóvenes, el espíritu jerárquico, que no niega a cada edad su debido desenvolvimiento, para disipar, en lo posible, esa atmósfera de independencia y de excesiva libertad que en nuestros días respira la juventud y que la llevaría a rechazar toda autoridad y todo freno, procurando suscitar y formar el sentido de la responsabilidad y recordando que la libertad no es el único entre todos los valores humanos, aunque se cuente entre los primeros, sino que tiene sus límites intrínsecos en las normas ineludibles de la honestidad y extrínsecos en los derechos correlativos de los demás, tanto de cada uno en particular cuanto de la sociedad tomada en su conjunto. (Pío XII. Radiomensaje al Congreso Interamericano de Educación Católica, 6 de octubre de 1948)

  • La Iglesia aprueba la cultura física cuando no se encamina al culto del cuerpo

Responded a la exagerada importancia hoy concedida a cuanto es puramente técnico y material con una educación que reconozca siempre el primer lugar a los valores espirituales y morales, a los naturales y, sobre todo, a los sobrenaturales. La Iglesia, sin duda ninguna, aprueba la cultura física, si es ordenada; y será ordenada cuando no se encamine al culto del cuerpo, cuando sea útil para fortalecerlo y no para despilfarrar sus energías, cuando sirva también de recreo al espíritu y no sea causa de debilitación y de rudeza espiritual, cuando procure nuevos estímulos para el estudio y para el trabajo profesional y cuando no conduzca a su abandono, a su descuido o a la perturbación de la paz que debe presidir el santuario del hogar. Oponed a la busca inmoderada del placer y a la indisciplina moral, —que querrían igualmente invadir hasta las filas de los jóvenes católicos, haciéndoles olvidar que llevan consigo una naturaleza caída cargada con la triste herencia de una culpa original—, la educación del dominio de sí mismo, del sacrificio y de la renuncia, empezando con lo más pequeño para pasar luego a lo mayor; la educación de la fidelidad al cumplimiento de los propios deberes, de la sinceridad, serenidad y pureza, especialmente en los años en que el desarrollo va llegando a la madurez. Pero nunca se os olvide que a esta meta no se puede llegar sin la potente ayuda de los Sacramentos de la Confesión y de la Santísima Eucaristía, cuyo sobrenatural valor educativo jamás podrá ser apreciado debidamente. (Pío XII. Radiomensaje al Congreso interamericano de Educación Católica, 6 de octubre de 1948)

… juzga la idea de que el hombre es el centro de la vida cristiana que tiene Francisco

  • Quien no lucha, no es un cristiano de verdad

¿Por qué no ha de sentirse excitado a una mayor vigilancia, a una defensa más enérgica de nuestra causa viendo cómo ve crecer temerosamente sin cesar la turba de los enemigos de Cristo y viendo a los pregoneros de una doctrina engañosa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la fe cristiana o impiden que ésta se lleve a la práctica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que están desterrados los principios morales de la revelación del Sinaí y el divino espíritu que ha brotado del sermón de la montaña y de la cruz de Cristo? Todos, sin duda, saben muy bien, no sin hondo dolor, que los gérmenes de estos errores producen una trágica cosecha en aquellos que, si bien en los días de calma y seguridad se confesaban seguidores de Cristo, sin embargo, cuando es necesario resistir con energía, luchar, padecer y soportar persecuciones ocultas y abiertas, cristianos sólo de nombre, se muestran vacilantes, débiles, impotentes, y, rechazando los sacrificios que la profesión de su religión implica, no son capaces de seguir los pasos sangrientos del Divino Redentor. (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 5, 20 de octubre de 1939)

  • Debemos arder en caridad para con nuestros hermanos cegados por el error

No hay necesidad más urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo (Ef 3, 8) a los hombres de nuestra época. No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado. ¿Quién, a la vista de una tan gran multitud de hermanos y hermanas que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la verdadera fe en Dios y del salvador mensaje de Jesucristo; quién, decimos, no arderá en caridad y dejará de prestar gustosamente su ayuda? (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 5, 20 de octubre de 1939)

  • El Espíritu Santo inspira en la Iglesia varios caminos para el cielo

En cuanto a las diversas forma con que tales ejercicios piadosos suelen practicarse, tengan todos presente que en la Iglesia terrena, no de otra suerte que en la celestial, hay muchas moradas, y que la ascética no puede ser monopolio de nadie. Uno solo es el Espíritu, el cual, sin embargo, “sopla donde quiere”, y por varios dones y varios caminos dirige a la santidad a las almas por él iluminadas. Téngase por algo sagrado su libertad y la acción sobrenatural del Espíritu Santo, que a nadie es lícito, por ningún título, perturbar o conculcar. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 223, 20 de noviembre de 2011)

… juzga las ideas pro-comunistas de Francisco pronunciadas con los Movimientos Populares

  • Las desigualdades de cultura, de bienes y posición social no son un obstáculo para la existencia de la fraternidad

En un pueblo digno de tal nombre, todas las desigualdades que derivan, no del arbitrio, mas de la propia naturaleza de las cosas, desigualdades de cultura, de bienes, de posición social – sin perjuicio, bien se entiende, de la justicia y de la caridad mutua – no son absolutamente un obstáculo para la existencia y el predominio de un auténtico espíritu de comunidad y fraternidad. Por el contrario, lejos de perjudicar de cualquier modo la igualdad civil, le confieren su significado legítimo, es decir, cada uno, de frente al Estado, tiene el derecho de vivir honradamente la propia vida personal, en el lugar y en las condiciones en que los designios y disposiciones de la Providencia lo colocaron. (Pío XII. Benignitas et humanitas, n.3, Radiomensaje de Navidad de 1944)

  • Pretender la igualdad entre los hombres sería lo mismo que pretender dar idénticas funciones los diversos miembros del mismo organismo

En segundo lugar es necesario que vos sintáis verdaderamente hermanos. No se trata de una simple alegoría: sois verdaderamente hijos de Dios y por lo tanto sois realmente hermanos. Ahora bien, los hermanos no nacen ni permanecen todos iguales: algunos son fuertes, otros débiles; uno inteligentes, otros incapaces; talvez alguno sea anormal, y también puede suceder que se vuelva indigno. Es pues inevitable una cierta desigualdad material, intelectual, moral, en una misma familia. Pero, como nada – ni en las contingencias, ni en el uso del libre albedrío – podrá destruir la paternidad y la maternidad, así también debe mantenerse intangible y operante, en los límites del justo y del posible, la fraternidad entre los hijos de un mismo padre y de una misma madre. Aplicad esto a vuestra parroquia, que Nos desearíamos ver transformada en una verdadera gran familia. Pretender la igualdad absoluta de todos sería lo mismo que pretender dar idénticas funciones los diversos miembros del mismo organismo. Esto dicho, es necesario hacer operante vuestra fraternidad, porque solamente se vos os amáis unos a otros, los hombres reconocerán que sois una parroquia cristianamente renovada. (Pío XII. Discurso a un grupo de fieles de la parroquia de Marsciano, Perusa, 4 de junio de 1953)

  • Trabajar por romper los vínculos entre empresarios y obreros: pretensión despótica, ciega e irracional

Acabamos de referirnos a las preocupaciones de los participan de la producción industrial. Erróneo y funesto es sus consecuencias es el prejuicio, desgraciadamente demasiado extendido, que ven en ellas una oposición irreductible de intereses divergentes. La oposición es tan sólo aparente. En el dominio económico existe una comunidad de actividades y de intereses entre los empresarios y los obreros. Querer ignorar estos vínculos recíprocos, trabajar por romperlos, no puede ser sino el resultado de una pretensión de despotismo ciego e irracional. Los empresarios y los obreros no son enemigos irreconciliables. Son cooperadores en una obra común. Comen, por decir así, en la misma mesa, porque a fin de cuentas viven de las utilidades netas y globales de la economía nacional. Cada uno de ellos recibe su parte, y bajo este aspecto, las relaciones recíprocas no ponen de ninguna manera, los unos al servicio de otros. (Pío XII. Discurso a la Unión internacional de asociaciones patronales católicas, n 2, 7 de mayo de 1949)

  • El Capitalismo de Estado (comunismo) siempre termina por comprimir y someter a los trabajadores dentro de una gigantesca máquina de trabajo

La revolución social se jacta de elevar al poder a la clase obrera: ¡vana palabra y mera apariencia de imposible realidad! De hecho vosotros veis que el pueblo trabajador permanece atado, subyugado y cercado por la fuerza del capitalismo de Estado; el que comprime y somete todo, no menos la familia que la conciencia, y transforma a los trabajadores en una gigantesca máquina de trabajo. No diversamente de los otros sistemas y órdenes sociales que pretende combatir, por eso todo concentra, ordena y constriñe en un terrible instrumento de guerra, que exige no sólo la sangre y la salud, sino también los bienes y la prosperidad del pueblo. Y si los dirigentes van altaneros por este o de aquella ventaja o mejoría conseguidas en el ámbito del trabajo, lo agitan y lo difunden con ruidosa jactancia, tal provecho material nunca podrá ser una digna recompensa por la renuncia a cada uno impuesta, que lesionan los derechos de la persona, la libertad en la dirección de la familia, en el ejercicio de la profesión, en la condición de ciudadano, y especialmente en la práctica de la religión e incluso a la vida de la conciencia. No, no está en la revolución, amados hijos e hijas, vuestra salvación; y está contra la auténtica y sincera profesión cristiana el propender, – pensando sólo en su propio beneficio y ventaja material, que parece, no obstante, cada vez más incierto – a una revolución que proceda de la injusticia y de la insubordinación civil, y el hacerse tristemente culpables de la sangre de los conciudadanos y la destrucción de los bienes comunes. (Pío XII. Discurso a una representación de trabajadores de Italia, Cortile del Belvedere, 13 de junio de 1943)

  • El marxismo promete que los trabajadores tendrán las fábricas y los campesinos la tierra. Por el contrario, después de difundir el odio los empobrecen haciendo reinar el terror

Sea por la habilidad con la que enmascara su táctica y oculta su estrategia, sea por el miedo que ha sabido infundir, como por la esperanza que ha despertado. El marxismo ateo ha penetrado entre vosotros y es todavía bien firme en su posición. Nuestro corazón está inquieto y lágrimas vienen a Nuestros ojos cada vez que nos preguntamos cómo es posible que todavía exista tal beneplácito y tanta obstinación en una parte considerable de las mejores agrupaciones de trabajadores. ¿Es posible que en este punto nada valga para abrirle sus ojos, nada sirva para mover sus corazones? Quieren quedarse con los enemigos de Dios, quieren reforzar las filas, cooperando, así, a empeorar el caos del mundo moderno. ¿Por Qué? Individuos y pueblos se han dejado llevar por el mal camino, porque han prometido una mejor distribución de los bienes, proclamando al mismo tiempo de querer salvaguardar la libertad, proteger la familia, asegurando que el pueblo tendrá el poder, los trabajadores las fábricas, los campesinos la tierra. Por el contrario, después de haber sembrado el odio, provocado la subversión, fomentado la discordia, llegan al poder, empobrecen al pueblo y hacen reinar el terror. Es esto lo que está sucediendo en estos días en el agitado pueblo húngaro, lo documenta la evidencia de la sangre donde saben hacer llegar los enemigos de Dios. (Pío XII. Discurso a una peregrinación de trabajadores de Terni, n.2, 18 de noviembre de 1956)

  • La Iglesia rechaza el comunismo como sistema social en virtud del derecho natural y la doctrina cristiana

En el radiomensaje de Navidad del año pasado expusimos el pensamiento de la Iglesia sobre este tema y ahora intentamos confirmarlo todavía una vez más. Nosotros rechazamos el comunismo como sistema social en virtud de la doctrina cristiana, y debemos afirmar particularmente los fundamentos del derecho natural. Por la misma razón, rechazamos igualmente la opinión de que el cristiano deba hoy ver el comunismo como un fenómeno o una etapa en el curso de la historia, como necesario “momento” evolutivo de la misma y, por consiguiente, aceptarlo como decretado por la Providencia divina. (Pío XII. Radiomensaje de Navidad, Col cuore aperto, 24 de diciembre de 1955)

  • Los falsos profetas que se presumen amigos del pueblo, llaman al bien mal; y al mal bien

La Iglesia, custodia y maestra de la verdad, en el garantizar y propugnar valerosamente los derechos del pueblo trabajador, en varias ocasiones, combatiendo el error, ha debido advertir para no ser engañados por el espejismo de teorías fatuas e ilusorias de bienestar futuro y las solicitaciones engañosas y la incitación de los falsos maestros de la prosperidad social, que dicen bien al mal y mal al bien y, presumiéndose amigos del pueblo, no permiten entre capital y trabajo y entre los empleadores y los trabajadores los acuerdos mutuos, que mantienen y promueven la armonía social y el progreso para el bien común. Estos amigos del pueblo vos ya los oísteis en las plazas, en los reductos, en los congresos; conocisteis las promesas de sus panfletos; los escuchasteis en sus canciones y en sus himnos; pero a sus palabras, ¿cuándo han contestado los hechos o han sonreído las esperanzas con la realidad? Engaños y desilusiones probaron y prueban de ello tanto en los individuos y el pueblo, que prestaron su fe y los siguieron por caminos que, lejos de mejorar, empeoraron y agravaron las condiciones de vida y de adelanto material y moral. Estos falsos pastores dan a creer que la salvación debe partir de una revolución que cambie la consistencia social o se revista de carácter nacional. (Pío XII. Discurso a una representación de trabajadores de Italia, Cortile del Belvedere, 13 de junio de 1943)

  • El “Pueblo” vive con vida propia, la “Masa” es fácil juguete en manos de manipuladores que saben excitar sus instintos

El Estado no contiene en sí y no reúne mecánicamente en un determinado territorio una aglomeración amorfa de individuos. Él es, y en realidad debe ser, la unidad orgánica y organizadora de un verdadero pueblo.Pueblo y multitud amorfa o, como se suele decirse, masa, son dos conceptos diferentes. El pueblo vive y se mueve por su vida propia; la masa es de por sí inerte y no puede ser movida sino desde fuera. El pueblo vive de la plenitud de la vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuales —en su propio puesto y su propio modo— es una persona consciente de la propia responsabilidad y de las propias convicciones. La masa, por el contrario, espera el impulso desde fuera, fácil juguete en las manos de cualquiera que sepa sacar provecho de sus instintos o sus impresiones, pronta a seguir, una vez y otra, hoy esta, mañana aquella otra bandera. De la exuberancia de vida de un verdadero pueblo, la vida se difunde, abundante, rica, por el Estado y en todos sus órganos, infundiendo en ellos, con vigor incesantemente renovado, la conciencia de su propia responsabilidad, el verdadero sentido del bien común. De la fuerza elemental de la masa, hábilmente manejada y aprovechada, puede servirse también el Estado: en las manos ambiciosas de uno solo o de muchos, que las tendencias egoístas hayan artificialmente reagrupado, el propio Estado puede —con el apoyo de la masa, reducida a no ser más que una simple máquina— imponer su capricho a la parte mejor del verdadero pueblo; el interés común queda así golpeado gravemente durante largo tiempo, y la herida es con frecuencia muy difícil de curar.
De esto se desprende con claridad otra conclusión: la masa, como Nos la hemos ahora definido, es la enemiga capital de la verdadera democracia y de su ideal de libertad e igualdad. (Pío XII. Benignitas et humanitas, n.2, Radiomensaje de Navidad de 1944)

… juzga la idea de una Iglesia pobre para los pobres que tiene Francisco

  • Las redenciones materiales deben tener por base la elevación moral

La Iglesia se preocupa y se ha preocupado siempre de la cuestión obrera, de la cuestión social, ofreciendo sobre todo aquellos grandes principios, que han de ser la única base de toda verdadera solución, y descendiendo también, cuando le es posible, a aquellas iniciativas prácticas que están a su alcance. La Iglesia desea que quienes trabajan puedan vivir una vida realmente humana, para luego poder vivir una vida cristiana, sin que las excesivas preocupaciones terrenas les impidan mirar al cielo; la Iglesia propugna una más justa distribución de los bienes naturales, partiendo principalmente de la base de un justo salario, que garantice la vida presente vuestra y de vuestra familia, abriendo las puertas al ahorro como garantía del porvenir. Pero dejadnos añadir una vez más que la Iglesia desea que todas las redenciones materiales tengan por base una anterior elevación intelectual y moral, porque no de solo pan vive el hombre (Dt 8, 3) y está escrito: buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura (Mt 6, 33). (Pío XII. Discurso a una peregrinación de trabajadores de Barcelona, 25 de octubre de 1954)

… juzga la idea de Iglesia cerrada y enferma que tiene Francisco

  • No se puede aceptar lo inmoral y peligroso para la fe y las buenas costumbres

La Iglesia, depositaria de la doctrina de la salvación y de los medios de santificación, tiene por sí el inalienable derecho de comunicar las riquezas que se le han confiado por disposición divina. […] Asimismo no se puede aceptar la teoría de los que a pesar de los desastres morales y materiales causados en el pasado por semejante doctrina, sostienen la llamada “libertad de expresión”, no en el noble sentido indicado antes por Nos, sino como libertad para difundir sin ningún control todo lo que a uno se le antoje, aunque sea inmoral y peligroso para la fe y las buenas costumbres. La Iglesia, que protege y apoya la evolución de todos los verdaderos valores espirituales —así las ciencias como las artes la han tenido siempre como Patrona— no puede permitir que se atente contra los valores que ordenan al hombre respecto de Dios, su último fin. Por consiguiente, ninguno debe admirarse de que también en esta materia ella tome una actitud de vigilancia, conforme a la recomendación del Apóstol: “Examinadlo todo: lo que es bueno tenedlo, pero absteneos de toda especie de mal”. (Pío XII. Encíclica Miranda prorsus, n. 19, 8 de septiembre de 1957)

… juzga la oración hecha por Francisco en el encuentro ecuménico e interreligioso de Sarajevo

  • La oración del sacerdote es eficaz porque está hecha en nombre de Cristo

Y el sacerdote, al conformarse con tal deber, no hace sino continuar, a través de los siglos, aquello mismo que Cristo hizo, pues en los días de su carne, habiendo ofrecido plegarias y suplicas con grandes gritos…, fue oído por su reverencia. Esta oración tiene una eficacia, porque está hecha en nombre de Cristo, esto es, por medio de Nuestro Señor Jesucristo, el cual es nuestro mediador junto al Padre y presenta a él incesantemente su satisfacción, sus méritos y el precio sumo de su Sangre. Ella es la voz de Cristo, el cual ora por nosotros como nuestro sacerdote, ora en nosotros como nuestra Cabeza. (Pío XII. Exhortación apostólica Mentis nostrae, n. 40, 23 de septiembre de 1950)

… juzga la idea de anticlericalismo que tiene Francisco

  • Los fieles participan en el sacrificio eucarístico pero no gozan de la potestad sacerdotal

Conviene, pues, venerables hermanos, que todos los fieles se den cuenta de que su principal deber y su mayor dignidad consiste en la participación en el sacrificio eucarístico; y eso, no con un espíritu pasivo y negligente, discurriendo y divagando por otras cosas, sino de un modo tan intenso y tan activo, que estrechísimamente se unan con el Sumo Sacerdote. […] Empero, por el hecho de que los fieles cristianos participen en el sacrificio eucarístico, no por eso gozan también de la potestad sacerdotal. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 99.102)

  • Sólo ellos son los señalados con el carácter indeleble que los asemeja al sacerdocio de Cristo

El sacramento del orden distingue a los sacerdotes de todos los demás cristianos no dotados de este carisma, porque sólo ellos, por vocación sobrenatural, han sido introducidos en el augusto ministerio que los destina a los sagrados altares y los constituye en instrumentos divinos, por medio de los cuales se participa de la vida sobrenatural con el Cuerpo Místico de Jesucristo. Además, como ya hemos dicho, sólo ellos son los señalados con el carácter indeleble que los asemeja al sacerdocio de Cristo, y sólo sus manos son las consagradas “para que sea bendito todo lo que ellas bendigan, y todo lo que ellas consagren sea consagrado y santificado en nombre de nuestro Señor Jesucristo”. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 57)

  • El sacerdote presta a Cristo su lengua y le alarga la mano

En virtud de la consagración sacerdotal que ha recibido, se asemeja al Sumo Sacerdote y tiene el poder de obrar en virtud y en persona del mismo Cristo; por eso, con su acción sacerdotal, en cierto modo, “presta a Cristo su lengua y le alarga su mano”. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 57, 20 de noviembre de 1947)

  • Instrumento del Redentor Divino para continuar su obra

El sacerdote es ministro de Jesucristo; por lo tanto, instrumento en las manos del Redentor Divino para continuar su obra redentora en toda su universalidad mundial y eficacia divina para la construcción de esa obra admirable que transformó el mundo; más aún, el sacerdote, como suele decirse con mucha razón, es verdaderamente otro Cristo, porque continúa en cierto modo al mismo Jesucristo: “Así como el Padre me envió a Mí, así os envío Yo a vosotros”. (Pío XII. Encíclica Ad catholici sacerdotii, n. 12, 20 de diciembre de 1935)

  • El Redentor quiso que la vida sacerdotal por Él iniciada en su cuerpo mortal no cesase en su Cuerpo Místico

Quiso, pues, el Divino Redentor que la vida sacerdotal por El iniciada en su cuerpo mortal con sus oraciones y su sacrificio, en el transcurso de los siglos, no cesase en su Cuerpo Místico, que es la Iglesia; y por esto instituyó un sacerdocio visible, para ofrecer en todas partes la oblación pura, a fin de que todos los hombres, del Oriente al Occidente, liberados del pecado, sirviesen espontáneamente y de buen grado a Dios por deber de conciencia. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 4, 20 de noviembre de 1947)

  • Sellado con un carácter indeleble, el sacerdote es casi una imagen viva del Salvador

El sacerdocio es, ciertamente, el gran don del Divino Redentor: pues éste, a fin de perpetuar hasta el final de los siglos, la obra de la redención, por él consumada en su sacrificio de la Cruz, confió su potestad a la Iglesia, a la que quiso hacer partícipe de su único y eterno sacerdocio. El sacerdote es como otro Cristo, porque está sellado con un carácter indeleble, por el que se convierte casi en imagen viva de nuestro Salvador.  (Pío XII. Exhortación apostólica Menti nostrae, 23 de septiembre de 1950)

  • Desde la cuna hasta el sepulcro el sacerdote está al lado de los fieles

Además de este poder que ejerce sobre el cuerpo real de Cristo, el sacerdote ha recibido otros poderes sublimes y excelsos sobre su Cuerpo Místico. No tenemos necesidad, venerables hermanos, de extendernos en la exposición de esa hermosa doctrina del Cuerpo Místico de Jesucristo, tan predilecta de San Pablo. […] Desde la cuna hasta el sepulcro, más aún, hasta el cielo, el sacerdote está al lado de los fieles, como guía, aliento, ministro de salvación, distribuidor de gracias y bendiciones. (Pío XII. Encíclica Ad catholici sacerdotii, n. 15, 20 de diciembre de 1935)

  • Apóstoles de la paz, de la gracia y del perdón

Ellos son “dispensadores de los misterios de Dios” (1 Co 4, 1); deben, por ello, servir a Jesucristo con perfecta caridad y consagrar todas sus fuerzas a la salvación de los hermanos. Son los apóstoles de la paz; por eso deben iluminar al mundo con la doctrina del Evangelio y ser tan fuertes en la fe que puedan comunicarla a los demás y seguir los ejemplos y las enseñanzas del divino Maestro, para poder conducirlos a todos a Él. Son los apóstoles de la gracia y del perdón; deben por eso, consagrarse totalmente a la salvación de los hombres y atraerlos al altar de Dios para que se nutran del pan de la vida eterna. (Pío XII. Exhortación apostólica Menti nostrae, II)

  • Pregoneros infatigables de la buena nueva

Y si, puestos en la pendiente del error y del vicio, no hemos llegado todavía a más hondo abismo, se debe a los rayos de la verdad cristiana que, a pesar de todo, no dejan de seguir difundidos por el mundo. Ahora bien: la Iglesia ejercita su ministerio de la palabra por medio de los sacerdotes, distribuidos convenientemente por los diversos grados de la jerarquía sagrada, a quienes envía por todas partes como pregoneros infatigables de la buena nueva, única que puede conservar, o implantar, o hacer resurgir la verdadera civilización. (Pío XII. Encíclica Ad catholici sacerdotii, n. 19, 20 de diciembre de 1935)

  • Representantes de Jesucristo ante el pueblo y representantes del pueblo ante Dios

Sólo a los Apóstoles y a los que, después de ellos, han recibido de sus sucesores la imposición de las manos, se ha conferido la potestad sacerdotal, y en virtud de ella, así como representan ante el pueblo a ellos confiado la persona de Jesucristo, así también representan al pueblo ante Dios. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 54, 20 de noviembre de 1947)

  • Mediador oficial entre la humanidad y Dios

El sacerdote […] es el mediador público y oficial entre la humanidad y Dios, tiene el encargo y mandato de ofrecer a Él, en nombre de la Iglesia, no sólo el sacrificio propiamente dicho, sino también el sacrificio de alabanza por medio de la oración pública y oficial […] ¿Quién puede decir los castigos que la oración sacerdotal aparta de la humanidad prevaricadora y los grandes beneficios que le procura y obtiene? (Pío XII. Ad catholici sacerdotii, n. 23, 20 de diciembre de 1935)

  • Poderes estables y perpetuos

Tan excelsos poderes conferidos al sacerdote por un sacramento especialmente instituido para esto, no son en él transitorios y pasajeros, sino estables y perpetuos, unidos como están a un carácter indeleble, impreso en su alma, por el cual ha sido constituido sacerdote para siempre. […] Carácter que el sacerdote, aun en medio de los más deplorables desórdenes en que puede caer por la humana fragilidad, no podrá jamás borrar de su alma. (Pío XII. Encíclica Ad catholici sacerdotii, n. 17, 20 de diciembre de 1935)

  • Dignidad que ni siquiera las flaquezas pueden empañar

Altísima es, pues, venerables hermanos, la dignidad del sacerdote, sin que puedan empañar sus resplandores las flaquezas, aunque muy de sentir y llorar, de algunos indignos; como tales flaquezas no deben bastar para que se condenen al olvido los méritos de tantos otros sacerdotes, insignes por virtud y por saber, por celo y aun por el martirio. (Pío XII. Encíclica Ad catholici sacerdotii, n. 25, 20 de diciembre de 1935)

  • Poder admirable sobre el Cuerpo de Jesucristo

Donde se ve clarísimamente la inefable grandeza del sacerdote católico que tiene potestad sobre el cuerpo mismo de Jesucristo, poniéndolo presente en nuestros altares y ofreciéndolo por manos del mismo Jesucristo como víctima infinitamente agradable a la divina Majestad. Admirables cosas son éstas —exclama con razón San Juan Crisóstomo—, admirables y que nos llenan de estupor. (Pío XII. Encíclica Ad catholici sacerdotii, n. 14, 20 de diciembre de 1935)

  • Órganos del desarrollo del Cuerpo Místico

En efecto, ellos no sólo concilian y comunican la gracia de Cristo a los miembros de su Cuerpo Místico, sino que son también los órganos del desarrollo del mismo Cuerpo Místico, porque deben dar a la Iglesia continuamente nuevos hijos, formarlos, cultivarlos, guiarlos. (Pío XII. Exhortación apostólica Menti nostrae, II, 23 de septiembre de 1950)

  • Los enemigos de la Iglesia asestan sus golpes contra el clero

Aun los enemigos de la Iglesia conocen bien la importancia vital del sacerdocio; y por esto, contra él precisamente […] asestan ante todo sus golpes para quitarle de en medio y llegar así, desembarazado el camino, a la destrucción siempre anhelada y nunca conseguida de la Iglesia misma. (Pío XII. Encíclica Ad catholici sacerdotii, n. 7, 20 de diciembre de 1935)

… juzga la idea de divorciados para padrinos que tiene Francisco

  • Veneno que viene corrompiendo no pequeña parte de la familia humana

Quien hoy ahonda en las causas a las que se pueda imputar la descomposición moral, el veneno que viene corrompiendo a una no pequeña parte de la familia humana, no tardará en hallar una de las fuentes más malhadadas y culpables en la legislación y en la práctica del divorcio. Las creaciones y las leyes de Dios tienen siempre una acción benéfica y poderosa; pero cuando la inconsideración o la malicia humana se meten en medio y las perturban y desordenan, entonces al fruto benéfico, que desaparece, sucede y se hace incalculable el cúmulo de los daños, como si la misma naturaleza indignada se revolviese contra la obra de los hombres. Y, ¿quién podrá negar o dudar que sea creación y ley de Dios la indisolubilidad del matrimonio, firmísimo sostén para la familia, para la grandeza de la nación, para la defensa de la Patria, que en los pechos de sus gallardos jóvenes encontrará siempre el escudo y el brazo de su prosperidad? (Pío XII. Alocución Quando, dilleti, a unos recién casados, 29 de abril de 1942)

  • El pueblo siente necesidad de una idea más elevada de la vida doméstica

¡De gran colaboración podrían ser la prensa, la radio, el cine, pero también grande es su responsabilidad con referencia a la familia! El cine, en lugar de envilecerse con las intrigas del divorcio y de la separación, ¿no debería más bien ponerse al servicio de la unidad del matrimonio, de la fidelidad conyugal, de la salud de la familia y de la felicidad del hogar? El pueblo siente la necesidad de una idea mejor y más elevada de la vida doméstica. (Pío XII. Discurso a los delegados de la Unión Internacional de los Organismos Familiares, 20 de septiembre de 1948)

  • El matrimonio católico no se compagina con los “matrimonios de película”

El concepto íntegro del campo de la vida, que se encuentra en el sexto mandamiento, está infectado por lo que se podría llamar “el matrimonio de película”, que no es sino un irreverente y desvergonzado ejemplar de las contaminaciones del matrimonio y de las infidelidades conyugales, que inclinan a ver las nupcias desligadas de todo vínculo moral, tan sólo como escena y fuente del placer sensual, y no como obra de Dios, como santa institución, deber natural y felicidad pura, en la que siempre vence y domina el elemento espiritual, escuela y al mismo tiempo triunfo de un amor fiel hasta la tumba, hasta las puertas de la eternidad. (Pío XII. Discurso a los párrocos y predicadores cuaresmales de Roma sobre la observancia de los mandamientos de Dios, 23 de febrero de 1944)

… juzga las palabras de Francisco en su primera aparición pública

  • La armonía del Cuerpo Místico está en la jerarquía de sus miembros

Así como en la naturaleza no basta cualquier aglomeración de miembros para constituir el cuerpo, sino que necesariamente ha de estar dotado de los que llaman órganos, esto es, de miembros que no ejercen la misma función, pero están dispuestos en un orden conveniente; así la Iglesia ha de llamarse Cuerpo, principalmente por razón de estar formada por una recta y bien proporcionada armonía y trabazón de sus partes, y provista de diversos miembros que convenientemente se corresponden los unos a los otros. […] Se ha de tener, eso sí, por cosa absolutamente cierta, que los que en este Cuerpo poseen la sagrada potestad, son los miembros primarios y principales, puesto que por medio de ellos, según el mandato mismo del Divino Redentor, se perpetúan los oficios de Cristo, doctor, rey y sacerdote. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis, n. 8, 29 de junio de 1943)

  • En el Cuerpo Místico no todos los miembros están capacitados para realizar las mismas acciones

La Iglesia es una sociedad, y por eso exige autoridad y jerarquía propias. Si bien todos los miembros del Cuerpo Místico participan de los mismos bienes y tienden a los mismos fines, no todos gozan del mismo poder ni están capacitados para realizar las mismas acciones. De hecho, el Divino Redentor ha establecido su reino sobre los fundamentos del orden sagrado, que es un reflejo de la jerarquía celestial. Sólo a los Apóstoles y a los que, después de ellos, han recibido de sus sucesores la imposición de las manos, se ha conferido la potestad sacerdotal, y en virtud de ella, así como representan ante el pueblo a ellos confiado la persona de Jesucristo, así también representan al pueblo ante Dios. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 53-54, 20 de noviembre de 1947)

  • El sacramento del orden distingue al sacerdote de todos los demás cristianos…

Así como el bautismo distingue a los cristianos y los separa de los que no han sido purificados en las aguas regeneradoras ni son miembros de Jesucristo, así también el sacramento del orden distingue a los sacerdotes de todos los demás cristianos no dotados de este carisma, porque sólo ellos, por vocación sobrenatural, han sido introducidos en el augusto ministerio que los destina a los sagrados altares y los constituye en instrumentos divinos, por medio de los cuales se participa de la vida sobrenatural con el Cuerpo Místico de Jesucristo. Además, como ya hemos dicho, sólo ellos son los señalados con el carácter indeleble que los asemeja al sacerdocio de Cristo, y sólo sus manos son las consagradas “para que sea bendito todo lo que ellas bendigan, y todo lo que ellas consagren sea consagrado y santificado en nombre de nuestro Señor Jesucristo”. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 57, 20 de noviembre de 1947)

  • …y le torna apto a ejecutar los actos de religión con que santifica al hombre

El sacerdocio externo y visible de Jesucristo se transmite en la Iglesia, no de manera universal, genérica e indeterminada, sino que es conferido a los individuos elegidos, con la generación espiritual del orden, uno de los siete sacramentos, el cual confiere no sólo una gracia particular, propia de este estado y oficio, sino también un carácter indeleble que asemeja a los sagrados ministros a Jesucristo sacerdote, haciéndolos aptos para ejecutar aquellos legítimos actos de religión con que se santifican los hombres y Dios es glorificado, según las exigencias de la economía sobrenatural. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 56, 20 de noviembre de 1947)

  • El gobierno de la Iglesia fue confiado al Príncipe de los Apóstoles

De una manera patente y ordinaria gobierna el Divino Redentor, por su Vicario en la tierra, a su Cuerpo Místico. Porque ya sabéis, Venerables Hermanos, que Cristo Nuestro Señor, después de haber gobernado por sí mismo durante su mortal peregrinación a su pequeña grey, cuando estaba para dejar este mundo y volver a su Padre, encomendó el régimen visible de la sociedad por Él fundada al Príncipe de los Apóstoles. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 17, 29 de junio de 1943)

… juzga el hecho de Francisco no haberse ofendido con la Cruz en forma de símbolo comunista

  • El marxismo ateo enmascara su táctica y oculta su estrategia

Hemos observado a menudo que el enemigo de la raza humana es uno y múltiple. Hoy en día se presenta con un rostro bien definida y con un nombre bien conocido. Se despliega en un amplio frente, y combate sin exclusión de los medios y sin escatimar golpes; la zona de Terni se encuentra entre las que más sufrió el ataque. Sea por la habilidad con la que enmascara su táctica y oculta su estrategia, sea por el miedo que ha sabido infundir, como por la esperanza que ha despertado. El marxismo ateo ha penetrado entre vosotros y es todavía bien firme en su posición. Nuestro corazón está inquieto y lágrimas vienen a Nuestros ojos cada vez que nos preguntamos cómo es posible que todavía exista tal beneplácito y tanta obstinación en una parte considerable de las mejores agrupaciones de trabajadores. ¿Es posible que en este punto nada valga para abrirle sus ojos, nada sirva para mover sus corazones? Quieren quedarse con los enemigos de Dios, quieren reforzar las filas, cooperando, así, a empeorar el caos del mundo moderno. ¿Por Qué? Individuos y pueblos se han dejado llevar por el mal camino, porque han prometido una mejor distribución de los bienes, proclamando al mismo tiempo de querer salvaguardar la libertad, proteger la familia, asegurando que el pueblo tendrá el poder, los trabajadores las fábricas, los campesinos la tierra.
Por el contrario, después de haber sembrado el odio, provocado la subversión, fomentado la discordia, llegan al poder, empobrecen al pueblo y hacen reinar el terror. Es esto lo que está sucediendo en estos días en el agitado pueblo húngaro, lo documenta la evidencia de la sangre donde saben hacer llegar los enemigos de Dios
. (Pío XII. Discurso a una peregrinación de trabajadores de Terni, n.2, 18 de noviembre de 1956)

… juzga los criterios para ser obispo que tiene Francisco

  • En los obispos reside en su plenitud la dignidad del apostolado

No cabe duda alguna de que tan sólo al apóstol Pedro y a sus sucesores, los Romanos Pontífices, ha confiado Jesús la totalidad de su grey: “Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas” (Jn 21, 16-17); mas si todo obispo es propio solamente de la porción de grey confiada a sus cuidados, su caridad de legítimo sucesor de los apóstoles por institución divina y en virtud del oficio recibido, le hace solidariamente responsable de la misión apostólica de la Iglesia, conforme a la palabra de Cristo a sus apóstoles: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn 20, 21). Esta misión, que tiene que abarcar a todas las naciones y a todos los tiempos (Mt 28, 19-20), no cesó con la muerte de los apóstoles: continúa en la persona de todos los obispos en comunión con el Vicario de Jesucristo. En ellos, que son por excelencia los enviados, los misioneros del Señor, reside en su plenitud “la dignidad del apostolado, que es la principal en la Iglesia”, según afirma Santo Tomás de Aquino [Expos. in Ep. ad Rom., 1, 1]. (Pío XII. Encíclica Fidei donum, n. 11, 21 de abril de 1957)

… juzga la idea de que los cristianos deben abajarse siempre que tiene Francisco

  • El principal deber del Papa es dar testimonio de la verdad corrigendo a los que erran

Como Vicario de Aquel que, en una hora decisiva, delante del representante de la más alta autoridad de aquel tiempo, pronunció la augusta palabra: Yo para esto nací y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo aquel que pertenece a la verdad, oye mi voz (Jn 18, 37), declaramos que el principal deber que nos impone nuestro oficio y nuestro tiempo es “dar testimonio de la verdad”. Este deber, que debemos cumplir con firmeza apostólica, exige necesariamente la exposición y la refutación de los errores y de los pecados de los hombres, para que, vistos y conocidos a fondo, sea posible el tratamiento médico y la cura: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32). (Pío XII. Encíclica Summi Pontificatus, n. 14, 20 de octubre de 1939)

  • Nada hay más glorioso, noble y honroso que pertenecer a la Iglesia

Juzgamos, Venerables Hermanos, propio de Nuestro oficio pastoral estimular también los ánimos a amar íntimamente este místico Cuerpo con aquella encendida caridad que se manifiesta no solo en el pensamiento y en las palabras, sino también en las mismas obras. Porque si los que profesaban la Antigua Ley cantaron de su Ciudad terrenal: “Si me olvidare de ti, Jerusalén, sea entregada al olvido mi diestra: mi lengua péguese a mis fauces, si no me acordare de ti, si no me propusiere a Jerusalén como el principio de mi alegría” (Ps 136,5-6), con cuanta mayor gloria y mas efusivo gozo no nos hemos de regocijar nosotros porque habitamos una Ciudad construida en el monte santo con vivas y escogidas piedras, siendo Cristo Jesús la primera piedra angular (Ep 2, 20; 1 Pet 2, 4-5). Puesto que nada mas glorioso, nada mas noble, nada, a la verdad, mas honroso se puede pensar que formar parte de la Iglesia Santa, Católica, Apostólica y Romana, por medio de la cual somos hechos miembros de un sólo y tan venerado Cuerpo, somos dirigidos por una sola y excelsa Cabeza, somos penetrados de un solo y divino Espíritu; somos, por último, alimentados en este terrenal destierro con una misma doctrina y un mismo angélico Pan, hasta que, por fin, gocemos en los cielos de una misma felicidad eterna. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 41, 29 de junio de 1943)

… juzga la idea de hacer teología que tiene Francisco

  • Los teólogos deben volver siempre a la Tradición

También es verdad que los teólogos deben siempre volver a las fuentes de la Revelación divina, pues a ellos toca indicar de qué manera se encuentre explícita o implícitamente en la Sagrada Escritura y en la divina tradición lo que enseña el Magisterio vivo. (Denzinger-Hünermann 3886. Pío XII. Encíclica Humani Generis, n. 15, 12 de Agosto de 1950)

  • El abandono de la Tradición engendra la esterilidad de la Teología

[…] con el estudio de las fuentes sagradas se rejuvenecen continuamente las sagradas ciencias, mientras que, por lo contrario, una especulación que deje ya de investigar el depósito de la fe se hace estéril, como vemos por experiencia. (Denzinger-Hünermann 3886. Pío XII. Encíclica Humani Generis, n. 15, 12 de Agosto de 1950)

  • El peligro de la Teología al alejarse de la Tradición

[…] es de suma imprudencia el abandonar o rechazar o privar de su valor tantas y tan importantes nociones y expresiones que hombres de ingenio y santidad no comunes, bajo la vigilancia del sagrado Magisterio y con la luz y guía del Espíritu Santo, han concebido, expresado y perfeccionado —con un trabajo de siglos— para expresar las verdades de la fe, cada vez con mayor exactitud, y (suma imprudencia es) sustituirlas con nociones hipotéticas o expresiones fluctuantes y vagas de la nueva filosofía, que, como las hierbas del campo, hoy existen, y mañana caerían secas; aún más: ello convertiría el mismo dogma en una caña agitada por el viento. Además de que el desprecio de los términos y nociones que suelen emplear los teóricos escolásticos conducen forzosamente a debilitar la teología llamada especulativa, la cual, según ellos, carece de verdadera certeza, en cuanto que se funda en razones teológicas. (Pío XII. Encíclica Humani Generis, n. 11, 12 de Agosto de 1950)

… juzga las ideas presentes en la Laudato Sí´

  • La Iglesia debe formar las conciencias de los que están llamados a buscar las soluciones prácticas para los problemas sociales conforme a las leyes divinas

Movido por la convicción profunda de que la Iglesia tiene no sólo el derecho, sino el deber de pronunciar su autorizada palabra en las cuestiones sociales, dirigió León XIII al mundo su mensaje. No es que pretendiese él establecer normas de carácter puramente práctico, casi diríamos técnico, de la constitución social; porque sabía bien y era para él evidente […] que la Iglesia no se atribuye tal misión. […] Es, en cambio, a no dudarlo, competencia de la Iglesia, allí donde el orden social se aproxima y llega a tocar el campo moral, juzgar si las bases de un orden social existente están de acuerdo con el orden inmutable que Dios Creador y Redentor ha promulgado por medio del derecho natural y de la revelación; doble manifestación a que se refiere León XIII en su encíclica. […] Porque la Iglesia, guardiana del orden sobrenatural cristiano, a que convergen naturaleza y gracia, tiene que formar las conciencias, aun las de aquellos que están llamados a buscar soluciones para los problemas y deberes impuestos por la vida social. De la forma dada a la sociedad, conforme o no a las leyes divinas, depende y se insinúa también el bien o el mal en las almas, es decir, el que los hombres, llamados todos a ser vivificados por la gracia de Jesucristo, en los trances del curso de la vida terrena respiren el sano y vital aliento de la verdad y de la virtud moral o el bacilo morboso y muchas veces mortal del error y de la depravación. (Pío XII. Radiomensaje en el 50 aniversario de la “Rerum novarum”, n. 4-5, 1 de junio de 1941)

  • Es necesario tener cautela con las hipótesis de las ciencias humanas

Resta ahora decir algo sobre determinadas cuestiones que, aun perteneciendo a las ciencias llamadas positivas, se entrelazan, sin embargo, más o menos con las verdades de la fe cristiana. No pocos ruegan con insistencia que la fe católica tenga muy en cuenta tales ciencias; y ello ciertamente es digno de alabanza, siempre que se trate de hechos realmente demostrados; pero es necesario andar con mucha cautela cuando más bien se trate sólo de hipótesis, que, aun apoyadas en la ciencia humana, rozan con la doctrina contenida en la Sagrada Escritura o en la tradición. Si tales hipótesis se oponen directa o indirectamente a la doctrina revelada por Dios, entonces sus postulados no pueden admitirse en modo alguno. (Pío XII. Encíclica Humani generis, n. 28, 12 de agosto de 1950)

  • La harmonía de la relación entre el hombre y la creación viene de su común origen divino, sublimado por la Encarnación

La relación del hombre con el mundo goza de la clara luz del Espíritu eterno, comunicado por el Criador a la creación. De esta forma, la Encarnación conserva y aumenta la dignidad del hombre y la nobleza del mundo sobre el fundamento de su mismo origen en el Espíritu divino, fuente de unidad, orden y harmonía. Si, al contrario, se quita este fundamento del espíritu y, en consecuencia, la imagen (en el hombre) y el vestigio (en las criaturas irracionales) del eterno Ser divino en las cosas creadas, se pierde también la harmonía en la relación del hombre con el mundo. (Pío XII. Radiomensaje navideño a los fieles y a los pueblos del mundo entero, 22 de diciembre de 1957)

  • Jesucristo vence al pecado, raíz de la desarmonía entre el hombre y la naturaleza

La profunda oscuridad y desarmonía, raíces de todas las demás, que el Verbo encarnado ha venido iluminar y recomponer, consistía en la ruptura producida por el pecado original, que arrastró en sus amargas consecuencias todo el género humano y el mundo, su casa. […] Con todo, nunca se extinguió en el hombre y en el mundo la espera de un retorno a su primitiva condición, al orden divino, expresada, según la expresión del Apóstol, con los gemidos de todas las criaturas (cf. Rom 8, 22), pues a pesar de la esclavitud del pecado, el hombre permanece siempre imagen del Espíritu divino, y el mundo propiedad del Verbo. Cristo ha venido a reanimar lo que la culpa había mortificado, sanar lo que ella había herido, iluminar lo que había ofuscado, tanto en el hombre como en el mundo. (Pío XII. Radiomensaje navideño a los fieles y a los pueblos del mundo entero, 22 de diciembre de 1957)

  • Toda armonía del mundo viene de Cristo

En particular Cristo recién nacido se manifiesta y se ofrece al mundo actual: 1. como consuelo de los que deploran las desarmonías y desesperan de la armonía del mundo. 2. como garantía de la armonía del mundo. 3. como luz y camino de todo esfuerzo del género humano para establecer la armonía en el mundo. (Pío XII. Radiomensaje a los fieles e dos povos do mundo enterro para la navidad , 22 de dicembre de 1957)

  • Una sociedad que elimina la idea de un Criador y sus criaturas deshace la armonía de las relaciones reguladoras del hombre con el mundo y con sus semejantes según los principios religiosos cristianos

Si se retira este fundamento del espíritu, y como consecuencia la imagen (en el hombre) y el vestigio (en las criaturas carentes de razón) del Ser divino en las cosas creadas, se pierde también la armonía en las relaciones del hombre con el mundo. El hombre se reduciría a un simple punto de localización de una vitalidad anónima e irracional. Él ya no estaría en el mundo como en su propia casa. El mundo se volvería para él algo raro, obscuro, peligroso, siempre inclinado a perder el carácter de instrumento y a transformarse en su enemigo. ¿Y cuáles serían las relaciones reguladoras de la vida en sociedad sin la luz del Espíritu divino y sin llevar en cuenta la relación de Cristo con el mundo? A esta cuestión responde la amarga realidad de los que, prefiriendo la obscuridad del mundo, se declaran adoradores de las obras exteriores del hombre. Su sociedad, bajo la disciplina de hierro del colectivismo, no logra más que mantener la existencia anónima de unos al lado de la de los otros. Bien distinta es la vida social fundada en el ejemplo de las relaciones de Cristo con el mundo y con el hombre: vida de cooperación fraterna y de respeto mutuo del derecho de los otros, vida digna del primero principio y del fin último de toda criatura humana. (Pío XII. Mensaje de Navidad a los fieles y al pueblo del mundo entero, 22 de diciembre de 1957)

  • La vida moral no pertenece apenas a la esfera interior, sino que toca también, por sus efectos, a la armonía del mundo: cualquier acción o acontecimiento humano, aunque particularísimo, tiene repercusión en el mundo circunstante

La sinfonía del cosmos, particularmente en la tierra y entre los hombres, es confiada por su Autor supremo a la misma humanidad, para que ésta, como una inmensa orquesta, distribuida en el tiempo y multiforme en sus medios, pero unida bajo la dirección de Cristo, la ejecute fielmente, interpretando con la mejor perfección posible su tema único y genial. En efecto, Dios entregó sus designios a los hombres, para que los pongan en acto, personal y libremente, empeñando su plena responsabilidad moral y exigiendo, cuando es necesario, fatigas y sacrificios, a ejemplo de Cristo. Bajo este aspecto, el cristiano es, en primer lugar, un admirador del orden divino en el mundo, aquel que ama su presencia y hace de todo para verla reconocida y afirmada. Él será, pues, necesariamente, su ardoroso defensor contra las fuerzas y tendencias que le obstaculizan la realización, sean las que tiene escondidas en sí mismo ―las malas inclinaciones―, sean las venidas del exterior ―Satanás y sus supersticiones. Así es que San Pablo veía el cristiano en el mundo, cuando indicaba los adversarios de Dios y exhortaba a revestirse de su armadura, a fin de resistir a las asechanzas del demonio, ciñendo la cintura con la verdad y revistiéndose de la coraza de la justicia (cf. Ef 6, 11.14). La vocación al cristianismo no es, pues, una invitación de Dios tan sólo para el complacimiento estético en la contemplación de su orden admirable, sino el llamamiento obligatorio a una acción incesante, austera y dirigida para todos los sentidos y aspectos de la vida. Su acción se desarrolla, antes de todo, en la plena observancia de la ley moral, cualquier sea su objeto, pequeño o grande, secreto o público, de abstención o realización positiva. La vida moral no pertenece tan solamente a la esfera interior, que no toque también, por sus efectos, a la armonía del mundo. El hombre no es más solo, como individuo y segregado en sí mismo, en cualquier acontecimiento, aunque particularísimo, que sus determinaciones y actos no tengan repercusión en el mundo circunstante. Ejecutor de la divina sinfonía, ningún hombre puede presumir que su acción es un negocio exclusivamente suyo, que le diga respeto a sí mismo. La vida moral es, sin duda, en primer lugar, un hecho individual e interior, pero no en sentido de un cierto “interiorismo” y “historicismo”, por el cual algunos se esfuerzan en debilitar y rechazar el valor universal de las normas morales. (Pío XII. Mensaje de Navidad a los fieles y al pueblo del mundo entero, 22 de diciembre de 1957)

  • Renunciar al título y carácter de la acción cristiana bajo el pretexto de colaborar con una acción “humana” que signifique agnosticismo para con la religión y los verdaderos valores equivaldría a un pedido de abdicación, que el cristiano no puede consentir

La acción cristiana no puede, tanto hoy como otrora, renunciar a su título y carácter, únicamente porque algunos ven en el consorcio humano hodierno una sociedad dicha pluralista, dividida por la oposición de mentalidades inalterables en sus posiciones respectivas, e incapaces de admitir toda colaboración que no se establezca sobre el plan simplemente “humano”. Si este “humano” significa, como parece, agnosticismo para con la Religión y los verdaderos valores de la vida, toda invitación a la colaboración equivaldría a un pedido de abdicación, con el cual el cristiano no puede consentir. Por lo demás, ¿de dónde este “humano” quitaría la fuerza de obligar, de fundamentar la libertad de conciencia para todos, sino del vigor del orden y de la armonía divina? Este humano acabaría por criar un “ghetto” de nuevo género, pero privado de un carácter universal. (Pío XII. Mensaje de Navidad a los fieles y al pueblo del mundo entero, 22 de diciembre de 1957)

  • La perfección y el orden del universo no vienen de un proceso inmanente, que deifica la naturaleza, sino es un acontecimiento admirable y vital de la historia del Verbo Divino: la figura de este mundo pasa y su destino final es la gloria del Padre y el triunfo del Verbo

Por lo tanto, es vano esperar la perfección y el orden del mundo de un cierto proceso inmanente, en el cual el hombre sería apenas espectador ajeno, según afirman algunos. Este obscuro inmanentismo es la vuelta a la antigua superstición, que deificaba la naturaleza; y no se puede basar, como se pretende, en la historia, sino falsificando artificialmente la explicación de los hechos. La historia de la humanidad en el mundo es cosa muy distinta de un proceso de fuerzas ciegas; es un acontecimiento admirable y vital de la misma historia del Verbo divino, que tuvo su inicio en Él y se cumplirá por Él, en el día del retorno universal al primer principio, cuando el Verbo encarnado ofrecerá al Padre, como testimonio de su gloria, su propiedad rescatada e iluminada por el Espíritu de Dios. Entonces, muchos hechos, especialmente de la historia, que parecen ahora desarmonías, se revelarán como elemento de auténtica armonía: como, por ejemplo, el continuo sobrevenir de cosas nuevas, mientras que las antiguas desaparecen, porque unas y otras participaron o participan de algún modo de la verdad y bondad divinas. La naturaleza pasajera de una cosa o de un hecho no les quita, cuando lo tienen, la dignidad de expresar el Espíritu divino. El mundo entero, por lo demás, es así, como advierte el Apóstol: “En efecto, la figura de este mundo pasa” (1 Cor 7, 31), pero su destino final a la gloria del Padre y al triunfo del Verbo, que está en el fundamento de todo su proceso, le confiere y le conserva al mundo la dignidad de testimonio e instrumento de la verdad, bondad y armonía eternas. (Pío XII. Mensaje de Navidad a los fieles y al pueblo del mundo entero, 22 de diciembre de 1957)

… juzga la idea sobre la evangelización de América que tiene Francisco

  • De idolatras a devotos hijos de la Iglesia

El orgullo de esta fe exalta vuestro nombre y hace sagradas muchas páginas de vuestra historia; esta fe elevó sobre los vestigios de la civilización precolombina, y sobre las salvajes soledades, y hasta más allá de las vertiginosas cimas de vuestros montes el espíritu misionero que, regenerándolos romanamente, transformó aquellos pueblos idólatras en devotos hijos de la Esposa de Cristo. (Pío XII. Radiomensaje al II Congreso Eucarístico Nacional de Perú, 27 de enero de 1940)

  • En el siglo XVIII florecieron en América centros universitarios, inspirados y dirigidos por la Iglesia

Y eso en un mundo como el vuestro iberoamericano, en el que la Iglesia, plenamente consciente de la misión cultural que acompaña a su mensaje religioso, desplegó con Fray Juan de Zumárraga, Fray Alonso de la Vera Cruz y el gran obispo Vasco de Quiroga en México; con Fray Jerónimo de Loaísa, José de Acosta y el excelso metropolitano limeño Santo Toribio de Mogrovejo en el Perú; y con los jesuitas Torres Bollo, Manuel de Nóbrega y San Pedro Claver en el antiguo Paraguay, en el Brasil y en la Nueva Granada, un esfuerzo educativo y escolar que, dada la escasez de medios de aquella centuria y las dificultades que a él se oponían, Nos complacemos en llamar grandioso y profundamente duradero. Basta recordar el intento, en gran parte logrado, de aquellos grandes misioneros, secundados por el espíritu universal y católico de la legislación de sus monarcas, de fundir en un solo pueblo, mediante la catequesis, la escuela y los colegios de Letras Humanas, el elemento indígena con las clases cultas venidas de Europa o nacidas ya en tierra americana. Ni ese esfuerzo se limitó a la enseñanza elemental y humanística. Porque es gloria imperecedera de Hispanoamérica, que en el siglo XVIII florecieran en 19 de sus ciudades otros tantos o más centros universitarios, inspirados y dirigidos por la Iglesia. (Pío XII. Radiomensaje al V Congreso Interamericano de Educación Católica, 12 de enero de 1954)

  • Portugal, instrumento precioso en las manos de la Providencia

Aconteció, entonces —cuando una serie de hechos funestos arrancaba gran parte de Europa del seno de la Iglesia, que con sabiduría y amor materno la había plasmado— que Portugal, juntamente con España, su nación hermana, abrió a la Mística Esposa de Cristo inmensas regiones desconocidas llevándolas a su seno materno, compensando lo que había perdido con innumerables hijos de África, Asia y América. […] ¿Cómo ha sido posible que vosotros, siendo pocos, hicierais tanto en la santa cristiandad? ¿Donde encontró Portugal fuerzas para acoger bajo su dominio tantos territorios en África y en Asia y para expandirlo hasta las más distantes tierras americanas? ¿Dónde, sino en aquella fe del pueblo portugués, cantada por su mayor poeta, y en la sabiduría cristiana de sus gobernantes, que hicieron de Portugal un dócil y precioso instrumento en las manos de la Providencia, para la realización de obras tan grandiosas y benéficas? (Pío XII. Encíclica Saeculo exeunte octavo, n. 8-10, 13 de junho de 1940)

… juzga la idea de una “Iglesia horizontal” que tiene Francisco

  • La jerarquía eclesial es un reflejo de la celestial

La Iglesia es una sociedad, y por eso exige autoridad y jerarquía propias. Si bien todos los miembros del Cuerpo Místico participan de los mismos bienes y tienden a los mismos fines, no todos gozan del mismo poder ni están capacitados para realizar las mismas acciones. De hecho, el divino Redentor ha establecido su reino sobre los fundamentos del orden sagrado, que es un reflejo de la jerarquía celestial. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 53-54, 20 de noviembre de 1947)

  • Jesucristo gobierna visiblemente la Iglesia por aquel que representa su persona

Cristo Nuestro Señor, después de haber gobernado por sí mismo durante su mortal peregrinación a su pequeña grey, cuando estaba para dejar este mundo y volver a su Padre, encomendó el régimen visible de la sociedad por El fundada al Príncipe de los Apóstoles. Ya que, sapientísimo como era, de ninguna manera podía dejar sin una cabeza visible el cuerpo social de la Iglesia que había fundado. […] Porque Pedro, en fuerza del primado, no es sino el Vicario de Cristo, por cuanto no existe más que una Cabeza primaria de este Cuerpo, es decir, Cristo; el cual, sin dejar de regir secretamente por sí mismo a la Iglesia […], la gobierna, además, visiblemente por aquel que en la tierra representa su persona. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 17, 29 de junio de 1943)

  • La jurisdicción episcopal ordinaria es comunicada por el Sumo Pontífice

Los Obispos no solamente han de ser considerados como los principales miembros de la Iglesia universal, como quienes están ligados por un vínculo especialísimo con la Cabeza divina de todo el Cuerpo —y por ello con razón son llamados partes principales de los miembros del Señor—, sino que, por lo que a su propia diócesis se refiere, apacientan y rigen como verdaderos Pastores, en nombre de Cristo, la grey que a cada uno ha sido confiada; pero, haciendo esto, no son completamente independientes, sino que están puestos bajo la autoridad del Romano Pontífice, aunque gozan de jurisdicción ordinaria, que el mismo Sumo Pontífice directamente les ha comunicado. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 18, 29 de junio de 1943)

  • En la Iglesia no puede haber “autonomía de gobierno”

La Iglesia Católica en vuestra Nación, como en todas las demás, no podrá ser regida con autonomía de gobierno, como hoy usa decirse. En efecto, también entonces, como bien sabéis, será absolutamente necesario que vuestra comunidad cristiana, si quiere formar parte de la sociedad que ha sido divinamente fundada por nuestro Redentor, se someta totalmente al Sumo Pontífice, Vicario de Jesucristo en la tierra y con él estrechamente unida, por cuanto se refiere a la fe religiosa y a la moral. Con estas palabras —conviene observar— se abraza toda la vida y la obra de la Iglesia; y por lo tanto, también su constitución, su gobierno y su disciplina; las cuales cosas, todas dependen ciertamente de la voluntad de Jesucristo, fundador de la Iglesia. (Pío XII. Encíclica Ad sinarum gentes, n. 8, 7 de octubre de 1954)

… juzga la idea sobre ofrecer rosarios que tiene Francisco

  • La recitación de fórmulas idénticas infunde confianza en el que reza

La misma recitación de fórmulas idénticas, tantas veces repetidas, lejos de hacer la oración estéril y enojosa, posee una admirable virtud para infundir confianza en el que reza y hacer dulce violencia al corazón materno de María. (Pío XII. Encíclica Ingruentium malorum, 15 de septiembre de 1951)

… juzga la idea de la fe como revolución que tiene Francisco

  • La formación de las jóvenes exige oración, sacrificio y el cumplimiento de los deberes

¡Jovencitas de Acción Católica Española! […]Y todas — hijas amadísimas, mayores y menores; hijas que el Papa tanto ama —, sed en todos los momentos obedientes, fieles y generosas; haced de vuestra juventud, a imitación de María Santísima, una flor perfumada y pura; sed la alegría y el consuelo de todos; no os dejéis seducir por los cantos de sirena de un mundo corruptor, cayos primeros ecos puede que os empiecen a llegar ya; formaos sólidamente en la oración, en el sacrificio y en el cumplimiento de vuestros deberes cotidianos; y haced de modo que no seáis jamás indignas de las que, en horas mucho más difíciles, os han precedido. […] Pero España es mucho más hermosa en las virtudes cristianas que al distinguen, en la pureza de sus costumbres, en la integridad de su familia, en su fidelidad a la Iglesia, en su firme adhesión a una fe, por la que ha demostrado que sabe morir; España es mucho más hermosa en sus santos. Que nunca se apague esta llama en los pechos españoles, que viva y crezca este anhelo de santidad y para conseguirlo haceos santas hoy vosotras y santificad luego todo lo que os rodea. (Pío XII. Radiomensaje a las niñas, aspirantes y jovencitas de Acción Católica Española, 27 de noviembre de 1955)

  • Los jóvenes deben prepararse para la vía estrecha

Espíritu de fe y de sacrificio; vida de piedad y de continuo progreso en vanguardia; adhesión, respeto y amor a la Iglesia; corazón ancho como el mundo: eso sois en estos momentos, jóvenes católicos de todo el mundo; y si en otros tiempos al grito irresistible de “¡Santiago y cierra España!” se rompió con los enemigos de la fe, si ayer todavía el Apóstol no abandonó a quienes le invocaban, estad ciertos de que hoy y siempre su espíritu y su protección os conducirán de nuevo a la victoria en las espirituales batallas y os harán superar los lazos que por todas partes se os tienden, especialmente a vosotros, a la juventud, porque saben que sois una potencia poderosa y gallarda del presente y una promesa radiante y segura del porvenir.
“Igitur via peregrinalis est res optima sed augusta” “La vía peregrinalis es cosa óptima, pero estrecha” —dice el conocido sermón del Códice Calixtino (Codex Calistinus l. I c. XVII, Sermo beati Calixte Pape, fol. 80); mas sería la primera vez que la dificultad habría espantado, desarmado y hecho retroceder a la juventud, y más todavía a una juventud como la vuestra, nutrida en la fe sólida y crecida en el ardiente clima del sacrificio. (Pío XII. Radiomensaje a los jóvenes reunidos en Santiago de Compostela, 28 de agosto de 1948)

  • Es necesario disipar la atmósfera de independencia y de excesiva libertad

Desarrollad, en las almas de los niños y de los jóvenes, el espíritu jerárquico, que no niega a cada edad su debido desenvolvimiento, para disipar, en lo posible, ese atmósfera de independencia y de excesiva libertad que en nuestros días respira la juventud y que la llevaría a rechazar toda autoridad y todo freno, procurando suscitar y formar el sentido de la responsabilidad y recordando que la libertad no es el único entre todos los valores humanos, aunque se cuente entre los primeros, sino que tiene sus límites intrínsecos en las normas ineludibles de la honestidad y extrínsecos en los derechos correlativos de los demás, tanto de cada uno en particular cuanto de la sociedad tomada en su conjunto. (Pío XII. Radiomensaje al Congreso interamericano de Educación Católica, 6 de octubre de 1948)

… juga la idea de igualdad como fuente de justicia y felicidad que tiene Francisco

  • Las desigualdades no son obstáculo para un auténtico espíritu de fraternidad

En un pueblo digno de este nombre, el ciudadano siente en sí mismo la conciencia de su personalidad, de sus deberes y de sus derechos, de su propia libertad unida al respeto de la libertad y de la dignidad de los demás. En un pueblo digno de este nombre, todas las desigualdades, derivadas no del capricho, sino de la naturaleza misma de las cosas, desigualdades de cultura, de riquezas, de posición social —sin perjuicio, naturalmente, de la justicia y de la mutua caridad—, no son, en realidad, obstáculo alguno para que exista y predomine un auténtico espíritu de comunidad y de fraternidad. Más aun, esas desigualdades naturales, lejos de menoscabar en modo alguno la igualdad civil, confieren a ésta su legítimo significado, esto es, que, frente al Estado, cada ciudadano tiene el derecho de vivir honradamente su propia vida personal en el puesto y en las condiciones en que los designios y las disposiciones de la Providencia le han colocado. (Pío XII. Radiomensaje Benignitas et Humanitas, 24 de diciembre de 1944)

  • Las diferencias entre los hombres se ordenan cuando hay fidelidad a Dios

Si la vida social exige de por sí unidad interior, no excluye, sin embargo, las diferencias causadas por la realidad y la naturaleza. Pero, cuando se mantiene fiel a Dios, supremo regulador de todo cuanto al hombre se refiere, tanto las semejanzas como las diferencias de los hombres encuentran su lugar adecuado en el orden absoluto del ser, de los valores y, por consiguiente, también de la moralidad. Si, por el contrario, se sacude aquel fundamento, abrese entre los diversos campos de la cultura una peligrosa discontinuidad, aparece una incertidumbre y variabilidad en los contornos, límites y valores tan grande que sólo meros factores externos, y con frecuencia ciegos instintos, vienen a determinar más tarde, según la tendencia dominante del momento, a quién habrá de pertenecer el predominio de una de las dos orientaciones. (Pío XII. Radiomensaje de navidad, n. 11, 24 de diciembre de 1942)

… juzga la idea de Comunismo que tiene Francisco

  • Arrancar de las almas la noción de Dios, objetivo del comunismo

Hay, efectivamente, quienes, admitido sin prudencia y discreción el sistema que llaman de la evolución… y audazmente sostienen la opinión monástica y panteística de un universo sujeto a continua evolución; opinión que los fautores del comunismo aceptan con fruición, para defender y propagar más eficazmente su “materialismo dialéctico”, arrancando de las almas toda noción teística. (Denzinger-Hünermann 3877. Encíclica Humani generis, 12 de agosto de 1950)

… juzga la idea de normas de la Iglesia que tiene Francisco

  • Por el ayuno eucarístico reconocemos que este es el Primer y sumo alimento

En efecto, la abstinencia de comida y bebida es conforme a la suma reverencia que debemos tener a la suprema majestad de Jesucristo, cuando nos acercamos para recibirlo, oculto bajo los velos eucarísticos. Además, recibiendo su cuerpo y su sangre preciosísima antes de tomar cualquier alimento, demostramos claramente que ese es el Primer y sumo alimento, que sustenta nuestra alma e incrementa la santidad. […] Este ayuno, por lo tanto, no supone apenas un obligatorio tributo de honrar al Divino Redentor, sino que fomenta además la piedad, y puede, por eso, contribuir para aumentar en nosotros aquellos salubérrimos frutos de santidad que Jesucristo, fuente y Autor de todos los bienes, desea que produzcamos con la ayuda de la gracia. Además, todos saben por experiencia que, segundo la propia ley de la naturaleza humana, cuando el cuerpo no está pesado en consecuencia de la comida, la mente queda más ágil, y se aplica con más eficacia en meditar aquel inefable y sublime misterio que permanece en el espíritu como en un templo, aumentándole el amor divino. (Pío XII. Constitución Apostólica Christus Dominus, 6 de enero de 1953)

  • Exhortación a que guarden la antigua y venerable ley del ayuno eucarístico

Para que los fieles pudieran recibir con frecuencia la Sagrada Comunión y cumplieran con mayor facilidad el precepto de oír la Santa Misa los días festivos, a comienzo del año 1953 promulgamos la Constitución Apostólica Christus Dominus, en la que mitigamos la disciplina del ayuno eucarístico. […] Nos, atendiendo al notable cambio que se ha operado en el modo de ser del trabajo y de los oficios públicos y aun de toda la vida social, hemos determinado acceder a las instantes suplicas de los sagrados Pastores y, por ello, decretamos: […] El tiempo del ayuno eucarístico que han de guardar los sacerdotes antes de la celebración de la Misa, y los fieles antes de la sagrada Comunión, tanto en las horas que preceden como en las que siguen al mediodía, queda limitado a tres horas en cuanto a los alimentos sólidos y las bebidas alcohólicas, y a una hora en cuanto a bebidas no alcohólicas; el agua no rompe el ayuno. […] Exhortamos, sin embargo, vivamente a los sacerdotes y fieles, que pudieren hacerlo, a que guarden —antes de la Misa o de la sagrada Comunión— la antigua y venerable ley del ayuno eucarístico. Finalmente, todos los que gozaren de estas concesiones, procuren según su condición corresponder al beneficio recibido con un más brillante ejemplo de vida cristiana, principalmente con obras de penitencia y caridad. (Pío XII. Motu proprio Sacram Communionem, 19 de marzo de 1957)

  • La triple potestad establecida por Cristo a la Iglesia

Puesto que regir la sociedad humana no es otra cosa que conducirla al fin que le fue señalado con medios aptos y rectamente, es fácil ver cómo nuestro Salvador, imagen y modelo de buenos Pastores, ejercita todas estas cosas de manera admirable. Porque Él, mientras moraba en la tierra, nos instruyó, por medio de leyes, consejos y avisos, con palabras que jamás pasarán, y serán para los hombres de todos los tiempos espíritu y vida. Y, además, concedió a los Apóstoles y a sus sucesores la triple potestad de enseñar, regir y llevar a los hombres hacia la santidad; potestad que, determinada con especiales preceptos, derechos y deberes, fue establecida por El como ley fundamental de toda la Iglesia. (Pío XII. Carta Encíclica Mystici corporis Christi, I, 29 de junio de 1943)

  • Es un engaño separar la caridad de las normas jurídicas. No hay oposición entre las dos

Lamentamos y reprobamos asimismo el funesto error de los que sueñan con una Iglesia ideal, a manera de sociedad alimentada y formada por la caridad, a la que —no sin desdén— oponen otra que llaman jurídica. Pero se engañan al introducir semejante distinción; pues no entienden que el Divino Redentor por este mismo motivo quiso que la comunidad por Él fundada fuera una sociedad perfecta en su género y dotada de todos los elementos jurídicos y sociales: para perpetuar en este mundo la obra divina de la redención. Y para lograr este mismo fin, procuró que estuviera enriquecida con celestiales dones y gracias por el Espíritu Paráclito. El Eterno Padre la quiso, ciertamente, como reino del Hijo de su amor; pero un verdadero reino, en el que todos sus fieles le rindiesen pleno homenaje de su entendimiento y voluntad, y con ánimo humilde y obediente se asemejasen a Aquel que por nosotros se hizo obediente hasta la muerte. No puede haber, por consiguiente, ninguna verdadera oposición o pugna entre la misión invisible del Espíritu Santo y el oficio jurídico que los Pastores y Doctores han recibido de Cristo; pues estas dos realidades —como en nosotros el cuerpo y el alma— se completan y perfeccionan mutuamente […]. Y si en la Iglesia se descubre algo que arguye la debilidad de nuestra condición humana, ello no debe atribuirse a su constitución jurídica, sino más bien a la deplorable inclinación de los individuos al mal. Esta piadosa Madre brilla sin mancha alguna en los sacramentos, con los que engendra y alimenta a sus hijos; en la fe, que en todo tiempo conserva incontaminada; en las santísimas leyes, con que a todos manda y en los consejos evangélicos, con que amonesta; y, finalmente, en los celestiales dones y carismas con los que, inagotable en su fecundidad, da a luz incontables ejércitos de mártires, vírgenes y confesores. (Pío XII. Carta Encíclica Mystici corporis Christi, I, 29 junio 1943)

  • Las leyes son manifestación exterior de la unión de los miembros de Cristo

Nuestra trabazón en Cristo y con Cristo consiste, en primer lugar, en que, siendo la muchedumbre cristiana por voluntad de su Fundador un Cuerpo social y perfecto, ha de haber una unión de todos sus miembros por lo mismo que todos tienden a un mismo fin. Y cuanto más noble es el fin que persigue esta unión y más divina la fuente de que brota, tanto más excelente será sin duda su unidad. Ahora bien; el fin es altísimo: la continua santificación de los miembros del mismo Cuerpo para gloria de Dios y del Cordero que fue sacrificado. […] es menester que semejante unión de todos los miembros se manifieste también exteriormente, ya en la profesión de una misma fe, ya en la comunicación de unos mismos sacramentos, así en la participación de un mismo sacrificio como, finalmente, en la activa observancia de unas mismas leyes. (Pío XII. Carta Encíclica Mystici corporis Christi, I, 29 junio 1943)

… juzga la idea de que nuestros pecados nos aproximan de Jesucristo que tiene Francisco

  • El quietismo es un peligroso error

Ni menos alejado de la verdad está el peligroso error de los que pretenden deducir de nuestra unión mística con Cristo una especie de quietismo disparatado, que atribuye únicamente a la acción del Espíritu divino toda la vida espiritual del cristiano y su progreso en la virtud, excluyendo, por lo tanto, y despreciando la cooperación y ayuda que nosotros debemos prestarle. (Denzinger-Hünnerman 3817. Pío XII, Encíclica Mystici Corporis Christi, 29 de junio de 1943)

  • El Espíritu no quiere obrar sin que los hombres pongan su parte

Nadie, en verdad, podrá negar que el Santo Espíritu de Jesucristo es el único manantial del que proviene a la Iglesia y sus miembros toda virtud sobrenatural… Sin embargo, el que los hombres perseveren constantes en sus santas obras, el que aprovechen con fervor en gracia y en virtud, el que no sólo tiendan con esfuerzo a la cima de la perfección cristiana sino que estimulen también en lo posible a los otros a conseguirla, todo esto el Espíritu celestial no lo quiere obrar sin que los mismos hombres pongan su parte con diligencia activa y cotidiana. “Porque los beneficios divinos —dice Ambrosio— no se otorgan a los que duermen, sino a los que velan.” (Denzinger-Hünnerman 3817. Pío XII, Encíclica Mystici Corporis Christi, 29 de junio de 1943)

  • Es una ilusión creer que la eficacia de la Eucaristía dispensa la cooperación propia para la salvación

La Iglesia en los siglos posteriores ha seguido siempre el mismo camino, y aún hoy no proceder de otra manera. ¿Quién no sabe cómo nuestro predecesor Pío X del s. m. ampliamente abrió a los fieles, y especialmente a los niños, las puertas a las fuentes de la gracia eucarística? Pero sería una ilusión fatal creer que la eficacia de la Santa Cena —el opus operatum— dispensa el alma de la cooperación en la adquisición de su salvación. Uno de los efectos de la Sagrada Eucaristía, “tamquam antidotum, liberemur quo en culpis quotidianis, et in peccatis mortalibus praeservemur”, consiste en dar la fuerza para luchar contra el pecado. La vida de un cristiano, que sigue el ejemplo de Cristo es la vida de combate contra el demonio, el mundo y la carne. (Pío XII. Discurso a los párrocos y predicadores cuaresmales de Roma sobre la observancia de los mandamientos de Dios, 23 de febrero de 1944)

  • Para progresar en el camino de la virtud es necesario hacer uso de la confesión frecuente

Esto mismo sucede con las falsas opiniones de los que aseguran que no hay que hacer tanto caso de la confesión frecuente de los pecados veniales, cuando tenemos aquella más aventajada confesión general que la Esposa de Cristo hace cada día, con sus hijos unidos a ella en el Señor, por medio de los sacerdotes, cuando están para ascender al altar de Dios. Cierto que, como bien sabéis, Venerables Hermanos, estos pecados veniales se pueden expiar de muchas y muy loables maneras; mas para progresar cada día con mayor fervor en el camino de la virtud, queremos recomendar con mucho encarecimiento el piadoso uso de la confesión frecuente, introducido por la Iglesia no sin una inspiración del Espíritu Santo: con él se aumenta el justo conocimiento propio, crece la humildad cristiana, se hace frente a la tibieza e indolencia espiritual, se purifica la conciencia, se robustece la voluntad, se lleva a cabo la saludable dirección de las conciencias y aumenta la gracia en virtud del Sacramento mismo. (Denzinger-Hünermann 3818. Pío XII, Encíclica Mystici Corporis Christi, 29 de junio de 1943)

… juzga la idea de que la Virgen María sería capaz de rebelarse contra Dios que tiene Francisco

  • María ofreció el holocausto de sus derechos maternos por todos los hijos de Adán

Ella que dio su consentimiento en representación de toda la naturaleza humana a la realización de un matrimonio espiritual entre el Hijo de Dios y la naturaleza humana. Ella, la que, libre de toda mancha personal y original, unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su materno amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado. (Pío XII. Encílclica Mystici corporis Christi, n. 51, 29 de junio de 1943)

  • Nuestra redención se cumplió según una cierta “recapitulación”: sometido a la muerte por causa de una virgen el género humano se salva también por medio de una virgen

Dadas estas premisas, puede argumentarse así: Si María, en la obra de la salvación espiritual, por voluntad de Dios fue asociada a Cristo Jesús, principio de la misma salvación, y ello en manera semejante a la en que Eva fue asociada a Adán, principio de la misma muerte, por lo cual puede afirmarse que nuestra redención se cumplió según una cierta “recapitulación”, por la que el género humano, sometido a la muerte por causa de una virgen, se salva también por medio de una virgen; si, además, puede decirse que esta gloriosísima Señora fue escogida para Madre de Cristo precisamente “para estar asociada a Él en la redención del género humano” (Pío XI, Epístola Auspicatus profecto) “y si realmente fue Ella, la que, libre de toda mancha personal y original, unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su maternal amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado(Encíclica Mystici corporis Christi) se podrá de todo ello legítimamente concluir que, así como Cristo, el nuevo Adán, es nuestro Rey no sólo por ser Hijo de Dios, sino también por ser nuestro Redentor, así, según una cierta analogía, puede igualmente afirmarse que la Beatísima Virgen es Reina, no sólo por ser Madre de Dios, sino también por haber sido asociada cual nueva Eva al nuevo Adán. (Pío XII. Encíclica Ad caeli reginam, n. 15, 11 de octubre de 1954)

… juzga la idea de que el clamor del pueblo expresa la voluntad de Dios que tiene Francisco

  • El verdadero discípulo de Cristo es baluarte espiritual de los que se hallan tentados a ceder frente al mal

Consciente de la tenebrosa audacia del mal desbordado en esta vida, el verdadero seguidor de Cristo experimenta en sí vivo estímulo para mayor vigilancia tanto sobre sí mismo como sobre sus hermanos en peligro. Seguro como está de la promesa de Dios y del triunfo final de Cristo sobre sus enemigos y los de su reino, se siente interiormente robustecido contra las desilusiones y fracasos, derrotas y humillaciones, y puede comunicar igual confianza a todos aquellos a quienes se acerca en su ministerio apostólico, convirtiéndose de esta manera en su baluarte espiritual, mientras da ánimo y ejemplo a cuantos se hallan tentados a ceder o a desanimarse frente al número y la potencia de los adversarios. (Pío XII. Discurso de Navidad, n. 8, 24 de diciembre de 1940)

  • Ninguna empresa es más noble y urgente que dar a conocer las riquezas de Cristo a los que están cegados por el error

No hay necesidad más urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo (Ef 3, 8) a los hombres de nuestra época. No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado. ¿Quién, a la vista de una tan gran multitud de hermanos y hermanas que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la verdadera fe en Dios y del salvador mensaje de Jesucristo; quién, decimos, no arderá en caridad y dejará de prestar gustosamente su ayuda? Todo el que pertenece a la milicia de Cristo, sea clérigo o seglar, ¿por qué no ha de sentirse excitado a una mayor vigilancia, a una defensa más enérgica de nuestra causa viendo cómo ve crecer temerosamente sin cesar la turba de los enemigos de Cristo y viendo a los pregoneros de una doctrina engañosa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la fe cristiana o impiden que ésta se lleve a la práctica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que están desterrados los principios morales de la revelación del Sinaí y el divino espíritu que ha brotado del sermón de la montaña y de la cruz de Cristo? (Pío XII. Encíclica Summi Pontificatus, n. 5, 20 de octubre de 1939)

  • Para conocer sin ningún error la verdad es necesaria la revelación divina

Porque, aun cuando la razón humana, hablando absolutamente, procede con sus fuerzas y su luz natural al conocimiento verdadero y cierto de un Dios único y personal, que con su providencia sostiene y gobierna el mundo y, asimismo, al conocimiento de la ley natural, impresa por el Creador en nuestras almas; sin embargo, no son pocos los obstáculos que impiden a nuestra razón cumplir eficaz y fructuosamente este su poder natural. Porque las verdades tocantes a Dios y a las relaciones entre los hombres y Dios se hallan por completo fuera del orden de los seres sensibles; y, cuando se introducen en la práctica de la vida y la determinan, exigen sacrificio y abnegación propia. Ahora bien: para adquirir tales verdades, el entendimiento humano encuentra dificultades, ya a causa de los sentidos o imaginación, ya por las malas concupiscencias derivadas del pecado original. Y así sucede que, en estas cosas, los hombres fácilmente se persuadan ser falso o dudoso lo que no quieren que sea verdadero. Por todo ello, ha de defenderse que la revelación divina es moralmente necesaria, para que, aun en el estado actual del género humano, con facilidad, con firme certeza y sin ningún error, todos puedan conocer las verdades religiosas y morales que de por sí no se hallan fuera del alcance de la razón. (Pío XII. Encíclica Humani Generi, n. 1-2, 12 de agosto de 1950)

… juzga la idea de origen de los Salmos que tiene Francisco

  • La Iglesia defiende los libros sagrados de toda falsa interpretación

Inspirados por el Divino Espíritu, escribieron los escritores sagrados los libros que Dios, en su amor paternal hacia el género humano, quiso dar a éste para enseñar, para argüir, para corregir, para instruir en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté pertrechado para toda obra buena. Nada, pues, de admirar si la Santa Iglesia ha guardado con suma solicitud un tal tesoro a ella venido del cielo y que ella tiene por fuente preciosísima y norma divina del dogma y de la moral; como lo recibió incontaminado de mano de los Apóstoles, así lo conservó con todo cuidado, lo defendió de toda falsa y perversa interpretación y con toda diligencia lo empleó en su ministerio de comunicar a las almas la vida sobrenatural. (Pío XII. Constitución Apostólica Divino Afflante Spiritus, n. 1, 30 de septiembre de 1943)

  • Es necesario orar con la misma intención del Redentor

Es necesario que el sacerdote ore [la Liturgia de las Horas] con la misma intención del Redentor. (Pío XII. Exhortación apostólica Menti Nostrae, n. 1, 23 de septiembre de 1950)

  • Canto que Cristo trajo al mundo

Al tomar el Verbo de Dios la naturaleza humana, trajo a este destierro terrenal el canto que se entona en los cielos por toda la eternidad. Él une a sí mismo toda la comunidad de los hombres, y la asocia consigo en el canto de este himno de alabanza. (Pío XII. Carta Encíclica Mediator Dei, n. 177-178, 20 de noviembre de 1947)


… juzga el hecho de pedir la bendición a herejes y cismáticos

  • Recibe su eficacia de la Iglesia en cuanto obra en unión con su Cabeza

La eficacia, cuando se trata del sacrificio eucarístico y de los sacramentos, proviene ante todo del valor de la acción sacramental en sí misma (ex opere operato); […] cuando se trata de los sacramentales y de otros ritos instituidos por la jerarquía eclesiástica, entonces la eficacia se deriva más bien de la acción de la Iglesia (ex opere operantis Ecclesiae), en cuanto es santa y obra siempre en íntima unión con su Cabeza. (Denzinger-Hünermann 3844. Pío XII, Encíclica Mediator Dei, n. 40, 20 de noviembre de 1947)

… juzga la idea de armonía entre bien y mal que tiene Francisco

  • Error de los que buscan la unidad a costa de la integridad de la Fe

Aún hoy no faltan quienes, como en los tiempos apostólicos, amando la novedad más de lo debido […] se hallan en peligro de apartarse poco a poco e insensiblemente de la verdad revelada y arrastrar también a los demás hacía el error. Señálese también otro peligro, tanto más grave cuanto más se oculta bajo la capa de virtud. Muchos deplorando la discordia del género humano y la confusión reinante en las inteligencias humanas, son movidos por un celo imprudente y llevados por un interno impulso y un ardiente deseo de romper las barreras que separan entre sí a las personas buenas y honradas; por ello, propugnan una especie tal de irenismo que, pasando por alto las cuestiones que dividen a los hombres, se proponen no sólo combatir en unión de fuerzas al arrollador ateísmo, sino también reconciliar las opiniones contrarias aun en el campo dogmático. […] Algunos de ellos, abrasados por un imprudente irenismo, parecen considerar como un óbice para restablecer la unidad fraterna todo cuanto se funda en las mismas leyes y principios dados por Cristo y en las instituciones por Él fundadas o cuanto constituye la defensa y el sostenimiento de la integridad de la fe, caído todo lo cual, seguramente la unificación sería universal, en la común ruina. (Pío XII. Carta encíclica Humani generis, n. 6-7, 12 de agosto de 1950)

  • No es lícito disimular la verdad con el pretexto de promover la concordia

Incluso con el pretexto de promover la concordia no es lícito disimular un solo dogma; porque, como el Patriarca de Alejandría nos advierte, “aunque el deseo de la paz es una cosa noble y excelente, sin embargo, no debemos ser negligentes, en aras de la lealtad a Cristo”. […] El único método exitoso será aquel que basa la armonía y el acuerdo entre los fieles de Cristo en todas las verdades que Dios ha revelado. (Pío XII. Carta encíclica Orientalis Ecclesiae, n. 1, 9 de abril de 1944)

  • La novedad sólo es laudable cuando confirma la verdad

Entre los sacerdotes, singularmente entre los menos dotados de doctrina y de una vida severa, cada día se va difundiendo, más grave y más extenso, cierto afán de novedades. Novedad, por sí misma, nunca es un criterio cierto de verdad, y tampoco puede ser laudable, sino cuando, al mismo tiempo que confirma la verdad, conduce a la rectitud y a la probidad. (Pío XII. Exhortación apostólica Menti Nostrae, 23 de septiembre de 1950)

  • Los principios de la ley natural y positiva no están sujetos a cambios

La verdad y sus expresiones filosóficas no pueden estar sujetas a cambios continuos, principalmente cuando se trate de los principios que la mente humana conoce por sí misma o de aquellos juicios que se apoyan tanto en la sabiduría de los siglos como en el consentimiento y fundamento aun de la misma revelación divina. […] Por ello, el cristiano, tanto filósofo como teólogo, no abraza apresurada y ligeramente las novedades que se ofrecen todos los días, sino que ha de examinarlas con la máxima diligencia y ha de someterlas a justo examen, no sea que pierda la verdad ya adquirida o la corrompa, ciertamente con grave peligro y daño aun para la fe misma. (Pío XII. Carta encíclica Humani generis, n. 24, 12 de agosto de 1950)

…juzga la idea de males de nuestro tiempo que tiene Francisco

  • El pecado más grande de nuestro tiempo

Quizá el pecado más grande en el mundo hoy es que el hombre ha perdido el sentido del pecado. (Pío XII. Radiomensaje a los Participantes del Congreso Catequético de Boston, 26 de octubre de 1946)

  • El mayor delito de los días actuales es el odio implacable y declarado contra Dios y contra la Iglesia

Porque si bien nos llena de amargo dolor el ver cómo languidece la fe en los buenos, y contemplar cómo, por el falaz atractivo de los bienes terrenales, decrece en sus almas y poco a poco se apaga el fuego de la caridad divina, mucho más nos atormentan las maquinaciones de los impíos que, ahora más que nunca, parecen incitados por el enemigo infernal en su odio implacable y declarado contra Dios, contra la Iglesia y, sobre todo, contra Aquel que en la tierra representa a la persona del Divino Redentor […]Ciertamente, el odio contra Dios y contra los que legítimamente hacen sus veces es el mayor delito que puede cometer el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios y destinado a gozar de su amistad perfecta y eterna en el cielo; puesto que por el odio a Dios el hombre se aleja lo más posible del Sumo Bien, y se siente impulsado a rechazar de sí y de sus prójimos cuanto viene de Dios, une con Dios y conduce a gozar de Dios, o sea, la verdad, la virtud, la paz y la justicia. (Pío XII. Encíclica Haurietis Aquas, n. 33-34, 15 de mayo de 1956)

  • Empeñémonos con todo esfuerzo para hacer que vuelvan a Cristo los hermanos desviados del recto camino

Al considerar atentamente las gravísimas necesidades de nuestra época, hemos deempeñarnos con todo esfuerzo para hacer que vuelvan a Cristo los hermanos desviados del recto camino, o los cegados por las pasiones; para iluminar a los pueblos con la luz de la doctrina cristiana, formándoles en una más perfecta conciencia de sus deberes de cristianos según las rectas normas de nuestra religión y, finalmente, para excitar a todos a que se entreguen con valentía a las batallas por la verdad y por la justicia. (Pío XII. Exhortación Apostólica Menti nostri, 23 de septiembre de 1950)

  • Los principios de la ley natural y positiva no están sujetos a cambios

La verdad y sus expresiones filosóficas no pueden estar sujetas a cambios continuos, principalmente cuando se trate de los principios que la mente humana conoce por sí misma o de aquellos juicios que se apoyan tanto en la sabiduría de los siglos como en el consentimiento y fundamento aun de la misma revelación divina. […] Por ello, el cristiano, tanto filósofo como teólogo, no abraza apresurada y ligeramente las novedades que se ofrecen todos los días, sino que ha de examinarlas con la máxima diligencia y ha de someterlas a justo examen, no sea que pierda la verdad ya adquirida o la corrompa, ciertamente con grave peligro y daño aun para la fe misma. (Pío XII. Carta encíclica Humani generis, n. 24, 12 de agosto de 1950)

… juzga la idea de Primera Comunión que tiene Francisco

  • Los herejes están fuera del Cuerpo Místico de Cristo

Porque la infinita misericordia de nuestro Redentor no niega ahora un lugar en su Cuerpo místico a quienes en otro tiempo no negó la participación en el convite. Puesto que no todos los pecados, aunque graves, separan por su misma naturaleza al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hacen el cisma, la herejía o la apostasía. (Denzinger-Hünermann 3803. Pío XII, Encíclica Mystici Corporis, n.46, de 29 de junio de 1943) 

… juzga la idea de claridad y seguridad doctrinal que tiene Francisco

  • Los teólogos deben siempre beber de la Tradición

También es verdad que los teólogos deben siempre volver a las fuentes de la Revelación divina, pues a ellos toca indicar de qué manera se encuentre explícita o implícitamente en la Sagrada Escritura y en la divina tradición lo que enseña el Magisterio vivo. Además, las dos fuentes de la doctrina revelada contienen tantos y tan sublimes tesoros de verdad, que nunca realmente se agotan. (Denzinger-Hünermann 3886. Pío XII, Encíclica Humani Generis, n. 15, 12 de Agosto de 1950)

  • Imprudencia de los que abandonan la terminología teológica tradicional

Por todas estas razones, pues, es de suma imprudencia el abandonar o rechazar o privar de su valor tantas y tan importantes nociones y expresiones que hombres de ingenio y santidad no comunes, bajo la vigilancia del sagrado Magisterio y con la luz y guía del Espíritu Santo, han concebido, expresado y perfeccionado —con un trabajo de siglos— para expresar las verdades de la fe, cada vez con mayor exactitud, y (suma imprudencia es) sustituirlas con nociones hipotéticas o expresiones fluctuantes y vagas de la nueva filosofía, que, como las hierbas del campo, hoy existen, y mañana caerían secas; aún más: ello convertiría el mismo dogma en una caña agitada por el viento. Además de que el desprecio de los términos y nociones que suelen emplear los teóricos escolásticos conducen forzosamente a debilitar la teología llamada especulativa, la cual, según ellos, carece de verdadera certeza, en cuanto que se funda en razones teológicas. (Denzinger-Hünermann 3883. Pío XII, Encíclica Humani Generis, n.11, 12 de Agosto de 1950)

  • Los amigos de novedades presentan el Magisterio como un entrabe al progreso

Por desgracia, estos amigos de novedades fácilmente pasan del desprecio de la teología escolástica a tener en menos y aun a despreciar también el mismo Magisterio de la Iglesia, que con su autoridad tanto peso ha dado a aquella teología. Presentan este Magisterio como un impedimento del progreso y como un obstáculo de la ciencia; y hasta hay católicos que lo consideran como un freno injusto, que impide que algunos teólogos más cultos renueven la teología. (Denzinger-Hünermann 3884. Pío XII, Encíclica Humani Generis, n. 12, 12 de Agosto de 1950)

… juzga la idea de paternidad responsable que tiene Francisco

  • Garantía de salud física y moral para la sociedad

Las familias numerosas, lejos de ser la “enfermedad social”, son la garantía de la salud física y moral de un pueblo. (Pío XII. Discurso a los dirigentes y representantes de la Asociación de Familias Numerosas en Roma e Italia, n. 1, en 20 de enero de 1958)

  • Planteles donde florecen las vocaciones religiosas y la santidad

Las familias numerosas son los planteles más espléndidos del jardín de la Iglesia, en los cuales, como en terreno favorable, florece la alegría y madura la santidad. […] Muchas veces, y con razón, se ha puesto en destaque como prerrogativa de las familias numerosas ser la cuna dos santos; podemos citar, entre tantos, la de San Luis, Rey de Francia, compuesta de diez hijos; la de Santa Catalina de Siena, de veinte cinco; la de San Roberto Bellarmino, de doce; la de San Pío X, de diez. Cada vocación es un secreto de la Providencia; pero, en lo que concierne a los genitores, de estos hechos podemos concluir que el número de hijos no impide su egregia y perfecta educación; que el número de hijos, en esta materia, no quita la cualidad, sea en relación a los valores físicos o espirituales. (Pío XII. Discurso a los dirigentes y representantes de la Asociación de Familias Numerosas en Roma e Italia, n. 3, en 20 de enero de 1958)

  • Substraerse al deber del matrimonio sin grave motivo es pecar contra el sentido de la vida conyugal

Abrazar el estado matrimonial, usar continuamente de la facultad que le es propia y sólo en él es lícita, y, por otra parte, substraerse siempre y deliberadamente sin un grave motivo a su deber primario, sería pecar contra el sentido mismo de la vida conyugal.[…] la voluntad de evitar habitualmente la fecundidad de la unión, aunque se continúe satisfaciendo plenamente la sensualidad, no puede menos de derivar de una falsa apreciación de la vida y de motivos extraños a las rectas normas éticas. (Pío XII. Discurso al congreso de la Unión Católica Italiana de Obstétricas, 29 de octubre de 1951)

  • El matrimonio: un instituto a servicio de la vida

Nos aprovechamos, en el decurso de los últimos años, todas las ocasiones para poner en manifiesto uno u otro punto esencial de la mencionada moral [familiar], y más recientemente para mostrarla en su conjunto, no sólo refutando los errores que la corrompen, sino también mostrando positivamente el sentido, el oficio, la importancia, el valor de la misma para la felicidad de los esposos, de los hijos y de toda la familia para la estabilidad y el mayor bien social del hogar doméstico, y hasta para el Estado y la misma Iglesia. En el centro de esta doctrina el matrimonio aparece como un instituto a servicio de la vida. (Pío XII. Discurso a los participantes del Congreso del Front de la Familia y de las Federaciones sobre la Familia, 27 de noviembre de 1951)

  • Aceptar con alegría y reconocimiento los hijos en el número que le plazca a Dios

Si falta [en el matrimonio] el propósito sincero de dejar que el Criador haga su obra libremente, el egoísmo humano sabrá encontrar siempre nuevos sofismas y ardides para, si es posible, hacer callarla conciencia y perpetuar los abusos. Ahora bien, el valor del testimonio de los progenitores de familias numerosas no consiste solamente en rechazar sin contemplaciones y con la fuerza de los hechos toda elección intencional entre la ley de Dios y el egoísmo del hombre, sino en la prontitud en aceptar con alegría y reconocimiento los inestimables dones de Dios, que son los hijos, y en el número que a Él le plazca. (Pío XII. Discurso a los dirigentes y representantes de la Asociación de Familias Numerosas en Roma e Italia, n.1, en 20 de enero de 1958)

… juzga la idea de Iglesia-minoría que tiene Francisco

  • La Iglesia posee una imperecedera energía, capaz de regenerar todos los pueblos

Mientras todas las obras e instituciones terrenas, por el hecho de apoyarse solamente en la fuerza y en el ingenio humano, al correr de los tiempos nacen las unas de las otras, llegan a su apogeo, y luego por su misma naturaleza pierden lastimosamente su vigor y se desploman desmoronadas; Nuestro divino Redentor ha concedido a la sociedad por Él fundada, que goce siempre de una vida divina, y que posea una imperecedera energía; con el cual sostén robustamente fortalecida, de tal manera sale siempre vencedora de las persecuciones, con que a través de los tiempos la combaten los hombres, que de las destrozadas ruinas de sus perseguidores puede sacar, a base de su doctrina y espíritu cristiano, una nueva y más dichosa generación, y constituir sabiamente una nueva sociedad de ciudadanos, pueblos y naciones. (Pío XII. Carta encíclica Fulgens radiatur, 21 de marzo de 1947)

  • El Papa tiene la misión de enseñar la verdad a las naciones

Predicar el Evangelio no es para mí un título de gloria —decía el Apóstol de las Gentes—, es una necesidad que me incumbe. ¡Ay de mí si no predicase el Evangelio!” (1Co 9, 16). Estas enérgicas palabras, ¿cómo Nos, Vicario de Jesucristo, no habremos de aplicarlas a Nos mismo, que, por nuestro oficio apostólico hemos sido establecido en “calidad de heraldo y de apóstol… con la misión de enseñar a las naciones paganas la fe y la verdad?” (1Tim 2, 7). (Pío XII. Encíclica Fidei donum, n. 19, 21 de abril de 1957)

  • No ama a la Iglesia quien no desea su expansión

El espíritu misional y el espíritu católico, decíamos hace ya algún tiempo, son una misma cosa. La catolicidad es una nota esencial de la verdadera Iglesia: hasta tal punto queun cristiano no es verdaderamente afecto y devoto a la Iglesia si no se sienteigualmente apegado y devoto de su universalidad, deseando que eche raíces y florezca en todos los lugares de la tierra. (Pío XII. Encíclica Fidei donum, n. 12, 21 de abril de 1957)

  • No hay necesidad más urgente que la de dar a conocer a Cristo

No hay necesidad más urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo (Ef 3, 8) a los hombres de nuestra época. No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado. ¿Quién, a la vista de una tan gran multitud de hermanos y hermanas que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la verdadera fe en Dios y del salvador mensaje de Jesucristo; quién, decimos, no arderá en caridad y dejará de prestar gustosamente su ayuda? (Pío XII. Carta encíclica Summi Pontificatus, n. 5, 20 de octubre de 1939)

  • Se ejercita en la caridad quien busca expandir el Reino de Cristo

Verdaderamente que vuestra caridad en ninguna otra obra puede ejercitarse más fructuosamente que en ésta [de las misiones], ya que se trata de extender más y más el Reino de Cristo y de procurar la salvación de tantos que carecen de la fe; toda vez que el mismo Señor “encargó a cada uno tener cuidado de su prójimo” (Eclo 17,12). (Pío XII. Encíclica Evangelii praecones, n. 69, 2 de junio de 1951)

… juzga la idea neo-quietista de Francisco

  • Un quietismo disparatado: dejar en manos de Dios toda iniciativa de nuestra vida espiritual

Ni menos alejado de la verdad esta el peligroso error de los que pretenden deducir de nuestra unión mística con Cristo una especie de quietismo disparatado, que atribuye únicamente a la acción del Espíritu divino toda la vida espiritual del cristiano y su progreso en la virtud, excluyendo -por lo tanto- y despreciando la cooperación y ayuda que nosotros debemos prestarle. Nadie, en verdad, podrá negar que el Santo Espíritu de Jesucristo es el único manantial del que proviene a la Iglesia y sus miembros toda virtud sobrenatural. Porque, como dice el Salmista, la gracia y la gloria la dará el Señor. Sin embargo, el que los hombres perseveren constantes en sus santas obras, el que aprovechen con fervor en gracia y en virtud, el que no solo tiendan con esfuerzo a la cima de la perfección cristiana sino que estimulen también en lo posible a los otros a conseguirla, todo esto el Espíritu celestial no lo quiere obrar sin que los mismos hombres pongan su parte con diligencia activa y cotidiana. Porque los beneficios divinos -dice San Ambrosio- no se otorgan a los que duermen, sino a los que velan. Que si en nuestro cuerpo mortal los miembros adquieren fuerza y vigor con el ejercicio constante, con mayor razón sucederá eso en el Cuerpo social de Jesucristo, en el que cada uno de los miembros goza de propia libertad, conciencia e iniciativa. Por eso quien dijo: Y yo vivo, o mas bien yo no soy el que vivo: sino que Cristo vive en mi, no dudó en afirmar: la gracia suya (es decir, de Dios) no estuvo baldía en mi, sino que trabajé más que todos aquellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. (Pío XII, Carta encíclica Mystici Corporis, n. 38, 29 de junio de 1943)

  • Dios fijó el tiempo y el lugar para encontrarnos con Él

[Dios] quiere que el culto instituido y tributado por El durante su vida terrena continúe sin interrupción ninguna. Porque no ha dejado huérfano al género humano,sino que, así como lo asiste siempre con su continuo y poderoso patrocinio, haciéndose en el cielo nuestro abogado ante el Padre [18], así también le ayuda mediante su Iglesia, en la cual está indefectiblemente presente en el transcurso de los siglos, Iglesia que El ha constituido columna de la verdad[19] y dispensadora de gracia, y que con el sacrificio de la cruz fundó, consagró y confirmó eternamente[20]. (Pío XII, Carta Encíclica Mediator Dei, n. 26, 20 de noviembre de 1947)

  • Encontrarse es bueno, pero vivir en Él todavía mejor y más necesario

Pero el elemento esencial del culto tiene que ser el interno; efectivamente, es necesario vivir en Cristo, consagrarse completamente a El, para que en El, con El y por El se dé gloria al Padre. (Pío XII, Carta Encíclica Mediator Dei, n. 34, 20 de noviembre de 1947)

  • Los sacramentos, traen a nuestras almas la propia vida de Dios

En las celebraciones litúrgicas, y particularmente en el augusto sacrificio del altar, se continúa sin duda la obra de nuestra redención y se aplican sus frutos. Cristo obra nuestra salvación cada día en los sacramentos y en su sacrificio, y, por su medio, continuamente purifica y consagra a Dios el género humano. Tienen éstos, por consiguiente, una virtud objetiva, con la cual, de hecho, hacen partícipes a nuestras almas de la vida divina de Jesucristo. Ellos tienen, pues, por divina virtud y no por la nuestra, la eficacia de unir la piedad de los miembros con la piedad de la Cabeza, y de hacerla, en cierto modo, una acción de toda la comunidad. (Pío XII, Carta Encíclica Mediator Dei, n. 42, 20 de noviembre de 1947)

  • En la Santa Misa, inequívocamente Dios se hará presente

Aquella inmolación incruenta con la cual, por medio de las palabras de la consagración, el mismo Cristo se hace presente en estado de víctima sobre el altar, la realiza sólo el sacerdote, en cuanto representa la persona de Cristo, no en cuanto tiene la representación de todos los fieles. (Pío XII, Carta Encíclica Mediator Dei, n. 112, 20 de noviembre de 1947)

  • Mediante la oración podemos encontrarnos con la misma Santísima Trinidad

A la excelsa dignidad de esa oración de la Iglesia [el Oficio Divino] ha de corresponder la intensa piedad de nuestra alma. Y pues la voz del que así ruega repite aquellos cantos que fueron escritos por inspiración del Espíritu Santo, que declaran y ensalzan la perfectísima grandeza de Dios, es menester que el interno sentimiento de nuestro espíritu acompañe esta voz, de tal manera que nos apropiemos aquellos mismos sentimientos, con los cuales nos elevamos hacia el cielo, adoremos la Santa Trinidad y le rindamos las debidas alabanzas y gracias. «Salmodiemos de forma que nuestra mente concuerde con nuestra voz». No se trata, pues, de un simple rezo, ni de un canto, que, aunque sea perfectísimo según las normas de la música y de los sagrados ritos, pueda sólo llegar a los oídos, sino sobre todo de la elevación de nuestra mente y de nuestro espíritu a Dios, para consagrarle absolutamente nuestras personas y todas nuestras acciones. (Pío XII, Carta Encíclica Mediator Dei, n. 180, 20 de noviembre de 1947)

… juzga la idea de educación de la juventud que tiene Francisco

  • Es injusta la educación que se despreocupa de orientar la juventud a la patria sobrenatural

Una educación de la juventud que se despreocupe, con olvido voluntario, de orientar la mirada de la juventud también a la patria sobrenatural, será totalmente injustatanto contra la propia juventud como contra los deberes y los derechos totalmente inalienables de la familia cristiana. (Pío XII. Summi pontificatus, n. 52, 20 de octubre de 2010)

  • Una educación indiferente a las enseñanzas cristianas es un crimen de lesa majestad contra el Rey de los reyes

Una educación semejante podrá, tal vez, parecer a los gobernantes responsables de ella una fuente de aumento de fuerza y de vigor; pero las tristes consecuencias que de aquélla se deriven demostrarán su radical falacia. El crimen de lesa majestad contra el Rey de los reyes y Señor de los que dominan (1 Tim 6, 15; Ap 19, 16) cometido con una educación de los niños indiferente y contraria al espíritu y a sentimiento cristianos, al estorbar e impedir el precepto de Jesucristo: “Dejad que los niños vengan a mí” (Mc 10,14), producirá, sin duda alguna, frutos amarguísimos. (Pío XII. Summi pontificatus, n. 52, 20 de octubre de 1939)

  • La educación de la juventud alejada de Cristo es un escándalo

El Divino Redentor, que dijo a los apóstoles: Dejad que los niños vengan a mí, no obstante su misericordiosa bondad, ha amenazado con terribles castigos a los que escandalizan a los niños, objeto predilecto de su corazón. Y ¿qué escándalo puede haber más dañoso, qué escándalo puede haber más criminal y duradero que una educación moral de la juventud dirigida equivocadamente hacia una meta que, totalmente alejada de Cristo, camino, verdad y vida, conduce a una apostasía oculta o manifiesta del Divino Redentor? (Pío XII. Summi pontificatus, n. 52, 20 de octubre de 1939)

  • Un sistema educativo que proclame la apostasía de Cristo pronuncia contra sí mismo la sentencia de condenación

Un sistema educativo que no respete el recinto sagrado de la familia cristiana, protegido por la ley de Dios; que tire por tierra sus bases y cierre a la juventud el camino hacia Cristo, para impedirle beber el agua en las fuentes del Salvador (cf Is 12, 3), y que, finalmente,proclame la apostasía de Cristo y de la Iglesia como señal de fidelidad a la nación o a una clase determinada, este sistema, sin duda alguna al obrar así, pronunciará contra sí mismo la sentencia de condenación y experimentará a su tiempo la ineluctable verdad del aviso del profeta: Los que se apartan de ti serán escritos en la tierra (Jer 17,13) . (Pío XII. Summi pontificatus, n. 52, 20 de octubre de 1939)

… juzga la idea de felicidad que tiene Francisco

  • La felicidad está en Dios y en la práctica de sus enseñanzas

Hoy el mundo navega a la deriva, acaso más que nunca, tras el norte engañoso de la felicidad. Y la felicidad está solamente en Dios y en la práctica de sus divinas enseñanzas. (Pío XII. Radiomensaje al clero y al pueblo argentino, 1 de febrero de 1948)

… juzga la idea de ascetismo, silencio y penitencia que tiene Francisco

  • La perseverancia del pueblo español durante la guerra se explica, en parte, con los Ejercicios

Porque, efectivamente, ¿qué sois vosotros en estos momentos sino la representación de un pueblo profundamente católico cuya perseverancia en la fe —ardiente y viva— acaso se explique también, entre otras razones, por el florecimiento que los Ejercicios de San Ignacio tienen en vuestro patrio solar? […] Bien alto fue su valor a la hora de la prueba, cuando, en medio de la persecución, vuestra fidelidad y vuestro espíritu de sacrificio quedaron escritos con la sangre de vuestros heroicos hermanos. ¡Buena práctica de los propósitos de los Ejercicios, demostrada no con la vida, sino con la muerte! (Pío XII. Discurso a una peregrinación organizada por la Obra de Ejercicios Parroquiales de España, 24 de octubre de 1948)

  • Los Ejercicios son eficaces cuando existe fidelidad al espíritu y al método ignaciano

Pero vuestro ejemplo Nos sirve también para encarecer la eficacia de los Ejercicios de San Ignacio, cuando se conserva la fidelidad al espíritu y al método, como gracias a Dios sucede entre vosotros. No es cierto que el método haya perdido eficacia o que no corresponda a las exigencias del hombre moderno. En cambio es una triste realidad que el licor pierde fuerza y la máquina potencia, cuando se diluye en las aguas incoloras de la superadaptación o cuando se desmontan algunas piezas fundamentales del engranaje ignaciano. Los Ejercicios de San Ignacio serán siempre uno de los medios más eficaces para la regeneración espiritual del mundo y para su recta ordenación, pero con la condición de que sigan siendo auténticamente ignacianos. (Pío XII. Discurso a una peregrinación organizada por la Obra de Ejercicios Parroquiales de España, 24 de octubre de 1948) 

  • El deseo de mayor mortificación es uno de los efectos de los Ejercicios

Pero lo que afirmamos sin vacilar es que siempre, en todos los casos y para todas las personas, habrá una participación de aquel fruto que consiste en “ordenar su vida” (Ejerc. Esp., 21) después de “vencer a sí mismo” (Ibíd.), quitando “de sí todas las afecciones desordenadas… para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición do su vida” (Ibíd. 1); siempre se saldrá de ellos con una práctica mayor de la oración y del examen de conciencia, con un mayor deseo de mortificación, con una formación moral más profunda; siempre se sentirá después el ejercitante más dispuesto a poder “en todo amar y servir a su divina majestad” (Ibíd., 233). (Pío XII. Discurso, 15 de junio de 1956)

… juzga la idea de laicidad del Estado que tiene Francisco

  • Es tradición en la Iglesia mantener la distinción y la unidad de los dos poderes

Vuestras ciudades son parte viva de la Iglesia. Hay, en Italia, quien se agite por temer que el cristianismo quita de César lo que es de César. Como si dar a César lo que le pertenece no fuera un mandato de Jesús; como si el laicismo del Estado, cuando sano y legítimo, no fuese uno de los principios de la doctrina católica; como si no fuera tradición en la Iglesia el continuo esfuerzo por mantener la distinción, pero también, siempre según los rectos principios, la unidad de los dos poderes; como si, en cambio, la mezcolanza de lo sacro y lo profano no hubiera sido verificada en la historia con mayor intensidad, que cuando una porción de fieles se separa de la Iglesia. (Pío XII. Discurso a losmarchigiani residentes en Roma, en 23 de marzo de 1958) 

  • El laicismo substrae al Estado el influjo benéfico de Dios y de la Iglesia

Narra el sagrado Evangelio que, cuando Jesús fue crucificado, “las tinieblas invadieron toda la superficie de la tierra” (Mt 27, 45); símbolo luctuoso de lo que ha sucedido, y sigue sucediendo, cuando la incredulidad religiosa, ciega y demasiado orgullosa de sí misma, excluye a Cristo de la vida moderna, y especialmente de la pública y, junto con la fe en Cristo, debilita también la fe en Dios. De aquí se sigue que todas las normas y principios morales según los cuales eran juzgadas en otros tiempos las acciones de la vida privada y de la vida pública, hayan caído en desuso, y se sigue también que donde el Estado se ajusta por completo a los prejuicios del llamado laicismo —fenómeno que cada día adquiere más rápidos progresos y obtiene mayores alabanzas— y donde el laicismo logra substraer al hombre, a la familia y al Estado del influjo benéfico y regenerador de Dios y de la Iglesia, aparezcan señales cada vez más evidentes y terribles de la corruptora falsedad del viejo paganismo. Cosa que sucede también en aquellas regiones en las que durante tantos siglos brillaron los fulgores de la civilización cristiana: “las tinieblas se extendieron mientras crucificaban a Jesús” (Brev. Rom., Viernes Santo, resp. 4). Pero muchos, tal vez, al separarse de la doctrina de Cristo, no advertían que eran engañados por el falso espejismo de unas frases brillantes, que presentaban esta separación del cristianismo como liberación de una servidumbre impuesta; ni preveían las amargas consecuencias que se seguirían del cambio que venía a sustituir la verdad, que libera, con el error, que esclaviza; ni pensaban, finalmente, que, renunciando a la ley de Dios, infinitamente sabia y paterna, y a la amorosa, unificante y ennoblecedora doctrina de amor de Cristo, se entregaban al arbitrio de una prudencia humana lábil y pobre. Alardeaban de un progreso en todos los campos, siendo así que retrocedían a cosas peores; pensaban elevarse a las más altas cimas, siendo así que se apartaban de su propia dignidad;afirmaban que este siglo nuestro había de traer una perfecta madurez, mientras estaban volviendo precisamente a la antigua esclavitud. No percibían que todo esfuerzo humano para sustituir la ley de Cristo por algo semejante está condenado al fracaso: “Se entontecieron en sus razonamientos” (Rom 1, 21). Así debilitada y perdida la fe en Dios y en el divino Redentor y apagada en las almas la luz que brota de los principios universales de moralidad, queda inmediatamente destruido el único e insustituible fundamento de estable tranquilidad en que se apoya el orden interno y externo de la vida privada y pública, que es el único que puede engendrar y salvaguardar la prosperidad de los Estados. (Pío XII, Carta Encíclica Summi pontificatus, n. 23-25, 20 de octubre de 1939)

… juzga la idea de Papa que tiene Francisco

  • Cristo encomendó el cuidado del Cuerpo Místico al Príncipe de los Apóstoles  

Ni se ha de creer que su gobierno se ejerce solamente de un modo invisible y extraordinario, siendo así que también de una manera patente y ordinaria gobierna el Divino Redentor, por su Vicario en la tierra, a su Cuerpo Místico. Porque ya sabéis, Venerables Hermanos, que Cristo Nuestro Señor, después de haber gobernado por sí mismo durante su mortal peregrinación a su pequeña grey, cuando estaba para dejar este mundo y volver a su Padre, encomendó el régimen visible de la sociedad por Él fundada al Príncipe de los Apóstoles. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 17, 29 de junio de 1943)

… juzgan la idea de vigencia de la Antigua Alianza que tiene Francisco

  • Con la muerte del Redentor, la Nueva sucedió a la Ley Antigua, que sería enterrada y resultaría mortífera

Y, en primer lugar, con la muerte del Redentor, a la Ley Antigua abolida sucedió el Nuevo Testamento; entonces en la sangre de Jesucristo, y para todo el mundo, fue sancionada la Ley de Cristo con sus misterios, leyes, instituciones y ritos sagrados. Porque, mientras nuestro Divino Salvador predicaba en un reducido territorio -pues no había sido enviado sino a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel (Mt 15, 24) – tenían valor, contemporáneamente, la Ley y el Evangelio (S.T. I-II, q.103, a.3, ad 2); pero en el patíbulo de su muerte Jesús abolió la Ley con sus decretos (cf. Ef 2,15), clavó en la Cruz la escritura del Antiguo Testamento (cf. Col 2,14), y constituyó el Nuevo en su sangre, derramada por todo el género humano (cf. Mt 26,28; 1Co 11, 25). Pues, como dice San León Magno, hablando de la Cruz del Señor: ‘De tal manera en aquel momento se realizó un paso tan evidente de la Ley al Evangelio, de la Sinagoga a la Iglesia, de lo muchos sacrificios a una sola hostia, que, al exhalar su espíritu el Señor, se rasgóinmediatamente de arriba abajo aquel velo místico que cubría a las miradas el secreto sagrado del templo’ (León Magno, Sermón 68, 3 – PL 54, 374). En la Cruz, pues, murió la Ley Vieja, que en breve había de ser enterrada y resultaría mortífera, para dar paso al Nuevo Testamento, del cual Cristo había elegido como idóneos ministros a los Apóstoles (2Co 3,6). (Encíclica Mystici Corporis Christi, 29 de junio de 1846)

… juzga la idea de omnipotencia de Dios que que tiene Francisco

  • Tengamos vigilancia ante las teorías evolucionistas

Asimismo no se puede aceptar la teoría de los que a pesar de los desastres morales y materiales causados en el pasado por semejante doctrina, sostienen la llamada “libertad de expresión” no en el noble sentido indicado antes por Nos, sino como libertad para difundir sin ningún control todo lo que a uno se le antoje, aunque sea inmoral y peligroso para la fe y las buenas costumbres.
La Iglesia, que protege y apoya la evolución de todos los verdaderos valores espirituales —así las ciencias como las artes la han tenido siempre como Patrona y Madre— no puede permitir que se atente contra los valores que ordenan al hombre respecto de Dios, su último fin. Por consiguiente, ninguno debe admirarse de que también en esta materia ella tome una actitud de vigilancia, conforme a la recomendación del Apóstol: “Omnia autem probate: quod bonum est tenete”. (Pío XII, Encíclica Miranda Prorsus, 9 de agosto de 1957) 

… juzga la idea de que la Iglesia no debe ser un punto de referencia que tiene Francisco

  • La Iglesia sólo tiene una luz: la de su divina Cabeza, Cristo

Así como los nervios se difunden desde la cabeza a todos nuestros miembros, dándoles la facultad de sentir y de moverse, así nuestro Salvador derrama en su Iglesia su poder y eficacia, para que con ella los fieles conozcan más claramente y más ávidamente deseen las cosas divinas. De Él se deriva al Cuerpo de la Iglesia toda la luz con que los creyentes son iluminados por Dios, y toda la gracia con que se hacen santos, como Él es santo.Cristo ilumina a toda su Iglesia […]. Él infunde en los fieles la luz de la fe: Él enriquece con los dones sobrenaturales de ciencia, inteligencia y sabiduría a los Pastores y a los Doctores, y principalmente a su Vicario en la tierra, para que conserven fielmente el tesoro de la fe, lo defiendan con valentía, lo expliquen y corroboren piadosa y diligentemente; Él, por fin, aunque invisible, preside e ilumina a los Concilios de la Iglesia. (Pío XII. Carta encíclica Mystici Corporis, 29 de junio de 1943)

  • La Iglesia es otro Cristo

Tal denominación Cuerpo de Cristo no solamente proviene de que Cristo debe ser considerado Cabeza de su Cuerpo místico, sino también de que de tal modo sustenta a su Iglesia, y en cierta manera vive en ella, que ésta subsiste casi como una segunda persona de Cristo. […] Sin embargo, tan excelso nombre no se ha de entender como si aquel vínculo inefable, por el que el Hijo de Dios asumió una concreta naturaleza humana, se hubiera de extender a la Iglesia universal, sino que significa cómo nuestro Salvador de tal manera comunica a su Iglesia los bienes que le son propios, que la Iglesia, en todos los órdenes de su vida, tanto visible como invisible, reproduce en sí lo más perfectamente posible la imagen de Cristo. (Pío XII. Carta encíclica Mystici Corporis, 29 de junio de 1943)

  • La Iglesia es indefectible en su misión de enseñar y gobernar

Y con su muerte nuestro Salvador fue hecho, en el pleno e íntegro sentido de la palabra, Cabeza de la Iglesia, de la misma manera, por su sangre la Iglesia ha sido enriquecida con aquella abundantísima comunicación del Espíritu, por la cual, desde que el Hijo del Hombre fue elevado y glorificado en su patíbulo de dolor, es divinamente ilustrada. […] Así en la hora de su preciosa muerte quiso enriquecer a su Iglesia con los abundantes dones del Paráclito, para que fuese un medio apto e indefectible del Verbo Encarnado en la distribución de los frutos de la Redención. Puesto que la llamada misión jurídica de la Iglesia y la potestad de ensenar, gobernar y administrar los sacramentos deben el vigor y fuerza sobrenatural, que para la edificación del Cuerpo de Cristo poseen, al hecho de queJesucristo pendiente de la Cruz abrió a la Iglesia la fuente de sus dones divinos, con los cuales pudiera ensenar a los hombres una doctrina infalible y los pudiese gobernar por medio de Pastores ilustrados por virtud divina y rociarlos con la lluvia de las gracias celestiales. (Pío XII. Carta encíclica Mystici Corporis, 29 de junio de 1943) 

… juzga la idea de formación de las conciencias que tiene Francisco

  • La Iglesia: inagotable en su fecundidad e incontaminada en sus leyes

Y, ciertamente, esta piadosa Madre brilla sin mancha alguna en los sacramentos, con los que engendra y alimenta a sus hijos; en la fe, que en todo tiempo conserva incontaminada; en las santísimas leyes, con que a todos manda y en los consejos evangélicos, con que amonesta; y, finalmente, en los celestiales dones y carismas con los que, inagotable en su fecundidad, da a luz incontables ejércitos de mártires, vírgenes y confesores. Y no se le puede imputar a ella si algunos de sus miembros yacen postrados, enfermos o heridos, en cuyo nombre pide ella a Dios todos los días: Perdónanos nuestras deudas, y a cuyo cuidado espiritual se aplica sin descanso con ánimo maternal y esforzado. (Pío XII, Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 30, 29 de junio de 1942)

  • La conciencia encuentra la certeza moral en la Iglesia, que, cuando es preciso, debe intervenir autoritariamente en cuestiones morales

Es menester partir de algunos conceptos fundamentales de la doctrina católica para comprender debidamente que la conciencia puede y debe ser educada.
El Salvador divino ha traído al hombre ignorante y débil su verdad y su gracia: la verdad, para indicarle el camino que lo conduce a su fin; la gracia, para darle la fuerza de poderlo alcanzar. […] Mas ¿dónde podrán encontrar el educador y el educando, concretamente y con facilidad y certeza, la ley moral cristiana? En la ley del Creador, impresa en el corazón de cada uno (cf. Rom 2, 14-16), y en la revelación; es decir, en el conjunto de verdades y de preceptos enseñados por el divino Maestro. Ambas, lo mismo la ley escrita en el corazón que es la ley natural, que las verdades y preceptos de la revelación sobrenatural, las ha dejado Jesús Redentor, como tesoro moral de la humanidad, en las manos de su Iglesia, para que ella las predique a todas las gentes, las explique y las transmita intactas y libres de toda contaminación y error de generación en generación. […] Conscientes, por lo tanto, del derecho y de la obligación de la Sede Apostólica de intervenir, cuando sea necesario, autoritativamente en las cuestiones morales, Nos en el discurso del 29 de octubre del pasado año Nos propusimos iluminar las conciencias en lo referente a los problemas de la vida conyugal. Con la misma autoridad declaramos hoy a los educadores y a la misma juventud: el mandamiento divino de la pureza del alma y del cuerpo vale también sin disminución para la juventud de hoy. Ella del mismo modo tiene la obligación moral, y con la ayuda de la gracia, la posibilidad de conservarse pura. (Pío XII, Radiomensaje sobre la conciencia y la moral, 23 de marzo de 1952)

 … juzga la idea de vida contemplativa que tiene Francisco

  • Las monjas participan en el apostolado a través del ejemplo

Es evidente que estas monjas exclusivamente contemplativas participan en el apostolado del amor del prójimo en sus tres formas, del ejemplo, de la oración, y de la penitencia. (Pío XII, Radiomensaje a las religiosas de clausura, 2 de agosto de 1958) 

  • Las monjas contemplativas poseen una vocación plena y enteramente apostólica

La Madre Iglesia exige que todas las monjas consagradas canónicamente a la contemplación, junten el perfecto amor de Dios con la caridad perfecta hacia el prójimo […] Por tanto, entiendan bien todas las monjas que su vocación es plena y enteramente apostólica, no circunscrita a límite alguno de tiempo, lugar o cosa, sino que se extiende, siempre y en todas partes […] se practica principalmente por […] el ejemplo de la perfección cristiana; porque su vida, aun sin uso de palabras, continua y altamente lleva los fieles a Cristo y a la perfección cristiana, y para los buenos soldados de Cristo es como estandarte o guión que los excita al legítimo combate y los estimula a la corona. (Pío XII, Sponsa Christi, n. 39, 21 de noviembre de 1950)

… juzga la idea de inmortalidad del alma que tiene Francisco

  • El alma humana es espiritual e inmortal

El Apóstol de las Gentes, como heraldo de esta verdad que hermana a los hombres en una gran familia, anuncia estas realidades al mundo griego: “Sacó [Dios] de un mismo tronco todo el linaje de los hombres, para que habitase la vasta extensión de la tierra, fijando el orden de los tiempos y los límites de la habitación de cada pueblo para que buscasen a Dios” (Hch 17, 26-27). Razón por la cual podemos contemplar con admiración del espíritu al género humano unificado por la unidad de su origen común en Dios, según aquel texto: “Uno el Dios y Padre de todos, el cual está sobre todos y habita en todos nosotros” (Ef 4,6); por la unidad de naturaleza, que consta de cuerpo material y de alma espiritual e inmortal; por la unidad del fin próximo de todos y por la misión común que todos tienen que realizar en esta vida presente; por la unidad de habitación, la tierra, de cuyos bienes todos los hombres pueden disfrutar por derecho natural, para sustentarse y adquirir la propia perfección; por la unidad del fin supremo, Dios mismo, al cual todos deben tender, y por la unidad de los medios para poder conseguir este supremo fin. (Pío XII. Carta EncíclicaSummi pontificatus, n. 30, 20 de octubre de 1939)

… juzga la idea de Caritas material que tiene Francisco

  • Quién desea animar a los demás debe dedicarse a los estudios de las sagradas ciencias

Si todos vosotros queréis ser luz de la verdad, que viene de Cristo, ante todo tenéis que ser ilustrados vosotros mismos por esa verdad. Por ello os dedicáis con ahínco a los estudios de las sagradas ciencias. Si ansiáis encender los ánimos de los hombres en la caridad de Cristo, vosotros mismos debéis arder antes en esa caridad. A ello responde vuestra educación religioso-ascética. (Pío XII. Discurso a los colegios eclesiásticos de Roma, 24 de junio de 1939)

… juzga la idea de que todos se salvan que tiene Francisco

  • Hay dones que sólo en la Iglesia se puede gozar

También aquellos que no pertenecen al organismo visible de la Iglesia Católica […] se esfuercen por salir de ese estado, en el que no pueden estar seguros de su propia salvación eterna; pues, aunque por cierto inconsciente deseo y aspiración están ordenados al Cuerpo místico del Redentor, carecen, sin embargo, de tantos y tan grandes dones y socorros celestiales, como sólo en la Iglesia Católica es posible gozar. (Pío XII. Carta EncíclicaMystici Corporis Christi, 29 de junio de 1943)

… juzga la idea de filiación divina que tiene Francisco

  • Una súplica a los que no pertenecen a la Iglesia Católica: se esfuercen por salir de ese estado

También a aquellos que no pertenecen al organismo visible de la Iglesia Católica, […] nada Nos preocupa más sino que tengan vida y la tengan con mayor abundancia. Esta Nuestra solemne afirmación deseamos repetirla por medio de esta Carta Encíclica, en la cual hemos cantado las alabanzas del grande y glorioso Cuerpo de Cristo, implorando oraciones de toda la Iglesia para invitar, de lo más íntimo del corazón, a todos y a cada uno de ellos a que, rindiéndose libre y espontáneamente a los internos impulsos de la gracia divina, se esfuercen por salir de ese estado, en el que no pueden estar seguros de su propia salvación eterna. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi sobre el Cuerpo Místico de Cristo, 29 junio 1943)

… juzga la idea de paz que tiene Francisco

  • La paz justa y duradera sólo se obtiene a partir de la Ley de Cristo, fuente de justicia

[A los obispos:] Será cuidado de vuestro celo pastoral […] recordarles [los fieles]nuevamente de cuales principios brota una paz justa y duradera y por cuales métodos hay que conseguirla. Ella en verdad, como bien sabéis, se puede conseguir tan solo mediante los principios y las normas dictadas por Cristo, llevados a la práctica con sincera piedad. Tales principios y tales normas traen realmente a los hombres a la verdad, a la justicia y a la caridad; ponen un freno a sus codicias; obligan a los sentidos a que obedezcan a la razón; mueven a la razón a que obedezca a Dios; hacen que todos, aun los que gobiernan los pueblos, reconozcan la libertad debida a la Religión, la cual además de su función fundamental de conducir las almas a la eterna salvación, tiene también la de tutelar y proteger los fundamentos mismos del Estado. (Pío XII. EncíclicaSummi Maeroris, sobre las oraciones por la paz y concordia entre los pueblos, 19 de julio de 1950)

  • No es lícito esconder la verdad so pretexto de facilitar la concordia

No es lícito, ni siquiera con el pretexto de hacer más fácil la concordia, disimular siquiera un solo dogma; pues, como advierte el patriarca de Alejandría: ‘Desear la paz es ciertamente primero y mayor bien, pero no si debe por tal motivo permitir que venga a menos la virtud de la piedad en Cristo (Epis. 61). (Pío XII, Encíclica Orientalis Ecclesiae, 9 de abril de 1944)

  • Se ha perdido el recto camino por haberse alejado de Jesucristo tanto en la vida privada como en la pública

Tengan todos presente que el acerbo de males que en los últimos años hemos tenido que soportar se ha descargado sobre la humanidad principalmente porque la Religión divina de Jesucristo, que promueve la mutua caridad entre los hombres, los pueblos y las naciones, no era, como habría debido serlo, la regla de la vida privada familiar y pública. Si, pues, se ha perdido el recto camino por haberse alejado de Jesucristo, es menester volver a Él tanto en la vida privada como en la pública. Si el error ha entenebrecido las inteligencias, hay que volver a aquélla verdad divinamente revelada que muestra la senda que lleva al Cielo. Si, por fin, el odio ha dado frutos amargos de muerte, habrá que encender de nuevo aquel amor cristiano, que es el único que puede curar tantas heridas mortales, superar tan tremendos peligros y endulzar tantas angustias y sufrimientos. (Pío XII, Encíclica Optatissima pax, n.6, 18 de diciembre de 1947)

… juzga la idea de carne de Cristo y la pobreza como categoría teológica que tiene Francisco:

  • El que no escucha a la Iglesia no vive en la unidad del Cuerpo de Cristo

En realidad, entre los miembros de la Iglesia es preciso considerar exclusivamente los que recibieron las aguas de la regeneración y profesan la Fe verdadera, y no se separaron por sí mismos, desgraciadamente, de la compañía de este Cuerpo, ni fueron separados de ella por la autoridad legítima, en razón de culpas gravísimas. […]. Así como en la verdadera clase de los fieles hay un solo Cuerpo, un solo Espíritu, un solo Señor y un solo Bautismo, así también no puede haber más que una sola Fe (cfr. Ef 4,5); entonces, el que se recusa oír a la Iglesia debe ser considerado como gentil y publicano, según orden de Dios (cfr. Mt 18,17). Por consiguiente, los que están divididos entre sí por razones de fe o de gobierno, no pueden vivir en la unidad de este Cuerpo y, en consecuencia, ni en su divino Espíritu. (Pío XII. Carta Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 21, 29 de junio de 1943)

… juzga la idea de condenación eterna que que tiene Francisco

  • La mayor desgracia para el cristiano es el pecado que le hace acreedor del castigo eterno

Una vez regenerada por las aguas del bautismo, [el alma] queda revestida de cándida blancura, pero con las malas acciones se separa del camino recto y se mancha de nuevo. Si la falta es grave, pierde la gracia de Dios y se hace acreedora del castigo eterno. ¿Y hay mayor desgracia que ésta? Lo capital para el cristiano es no ofender a Dios, no pecar, hacer que el alma viva siempre en gracia. (Pío XII. Carta a Monseñor José Clemente Maurer, 13 de agosto de 1954)

  • La Iglesia tiene el deber de enseñar la verdad sobre el infierno sin ninguna atenuación

La predicación de las primeras verdades de la fe y de los fines últimos no sólo no ha perdido su oportunidad en nuestros tiempos, sino que ha venido a ser más necesaria y urgente que nunca. Incluso la predicación sobre el infierno. Sin duda alguna hay que tratar ese asunto con dignidad y sabiduría. Pero, en cuanto a la sustancia misma de esa verdad, la Iglesia tiene ante Dios y ante los hombres el sagrado deber de anunciarla, de enseñarla sin ninguna atenuación, como Cristo la ha revelado, y no existe ninguna condición de tiempo que pueda hacer disminuir el rigor de esa obligación… Es verdad que el deseo del cielo es un motivo en sí mismo más perfecto que el temor de la pena eterna; pero de esto no se sigue que sea también para todos los hombres el motivo más eficaz para tenerlos lejos del pecado y convertirlos a Dios. (Pío XII, Discurso a los párrocos y predicadores cuaresmales, 23 de marzo de 1949)

… juzga la idea de condenación eterna que que tiene Francisco

  • La Iglesia tiene el deber de enseñar la verdad sobre el infierno sin ninguna atenuación

La predicación de las primeras verdades de la fe y de los fines últimos no sólo no ha perdido su oportunidad en nuestros tiempos, sino que ha venido a ser más necesaria y urgente que nunca. Incluso la predicación sobre el infierno. Sin duda alguna hay que tratar ese asunto con dignidad y sabiduría. Pero, en cuanto a la sustancia misma de esa verdad, la Iglesia tiene ante Dios y ante los hombres el sagrado deber de anunciarla, de enseñarla sin ninguna atenuación, como Cristo la ha revelado, y no existe ninguna condición de tiempo que pueda hacer disminuir el rigor de esa obligación… Es verdad que el deseo del cielo es un motivo en sí mismo más perfecto que el temor de la pena eterna; pero de esto no se sigue que sea también para todos los hombres el motivo más eficaz para tenerlos lejos del pecado y convertirlos a Dios. (Discurso a los párrocos y predicadores cuaresmales, 23 de marzo de 1949)

… juzga la idea de incapacidad ante la crisis de la familia que tiene Francisco

  • Más formulas: instruir bien a los fieles sobre el matrimonio

Debiéndose, pues, ajustar todas las cosas a la ley y a las ideas divinas, para que se obtenga la restauración universal y permanente del matrimonio, es de la mayor importancia que se instruya bien sobre el mismo a los fieles; y esto de palabra y por escrito, no rara vez y superficialmente, sino a menudo y con solidez, con razones profundas y claras, para conseguir de este modo que esta verdades rindan las inteligencias y penetren hasta lo íntimo de los corazones. Sepan y mediten con frecuencia cuán grande sabiduría, santidad y bondad mostró Dios hacia los hombres, tanto al instituir el matrimonio como al protegerlo con leyes sagradas; y mucho más al elevarlo a la admirable dignidad de sacramento, por la cual se abre a los esposos cristianos tan copiosa fuente de gracias, para que casta y fielmente realicen los elevados fines del matrimonio, en provecho propio y de sus hijos, de toda la sociedad civil y de la humanidad entera. (Pío XII. Encíclica Casti connubii, 31 de diciembre de 1930, n. 39)

… juzga la idea de pena de muerte que tiene Francisco:

  • El justamente condenado a la muerte se ha desposeído de su derecho a la vida por su crimen

Aun en el caso de que se trate de la ejecución de un condenado a muerte, el Estado no dispone del derecho del individuo a la vida. Entonces está reservado al poder público privar al condenado del «bien» de la vida, en expiación de su falta, después de que, por su crimen, él se ha desposeído de su «derecho» a la vida. (Discurso a los participantes en el I Congreso Internacional de Histopatología del Sistema Nervioso. Los límites morales de los métodos médicos, n. 28, en 13 de septiembre de 1952)

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