70 – “Nuestra fe es revolucionaria. – Un cristiano, si no es revolucionario, ¡no es cristiano! – Ayúdenme para que siga haciendo lío”

En todos los tiempos, las historias -reales o idealizadas- de héroes nacionales han hecho vibrar los corazones de los jóvenes. En la adolescencia se sueña con grandes realizaciones fruto de aquel brío desinteresado y del amor al ideal que esta edad suscita. A tales corazones, ardientes e deseosos de épico, la Iglesia siempre presentó modelos que estimulasen la verdadera valentía, el heroísmo por antonomasia, el desinterés más genuino, en una palabra, la santidad. ¿Quién no se emociona con la vida arrojada de jóvenes como Santa Inés, San Luis Gonzaga o Santa María Goretti? ¿O con los propósitos juveniles, llevados con determinación hasta años más maduros, de un San Ignacio o de un San Francisco? ¿Cuál de ellos no enfrentó riesgos con una valentía heroica? Estos santos son ejemplo para los jóvenes y adultos de todos los tiempos. Lucharon y conquistaran la mayor de las batallas, la lucha contra sí mismo, contra sus pasiones y debilidades con las armas de la oración, del sacrificio y de la virtud.

En cierto momento de la historia apareció súbitamente otro tipo de “heroísmo” caracterizado por una dudosa abnegación en función de peligrosas utopías para cuya difícil consecución, si inciertos eran los medios que se usarían, mucho más lo eran los frutos que arrojarían. El historiador suele revelar que, muchas veces, por detrás de ese supuesto desinterés se movían espurios intereses personales o el deseo de saciar las más bajas pasiones. Es que, en el fondo, en esos “héroes” de marioneta no había verdadera entrega por un ideal, sino el egoísmo manipulado por manos ocultas con intereses ideológicos muy concretos. El grito de “revolución”, sea bajo los estruendos de la pica y la guillotina, bajo la hoz y el martillo, o bajo las mil y una facetas que adquirió sobretodo en los últimos siglos, fue la excusa perfecta para manejar los más bajos instintos, cuántas y cuántas veces con la finalidad de destruir la Iglesia Católica, las sanas costumbres o instituciones venerables y milenarias. Por todo eso, la palabra “revolución” viene acompañada de unas connotaciones que ningún católico puede aceptar… y cabe preguntarse, ¿alguien puede imaginar a los jóvenes que mencionamos al inicio enarbolando la bandera de alguna revolución? ¿puede ser ese el grito de guerra de la santidad?

Últimamente vemos otra derivación de la palabra “revolución”. Ahora se dice “hacer lío”. Dentro de la Iglesia se incentiva el “lío” a todo vapor. Lío en las calles, en las diócesis, en las familias, en la sociedad. Lío, lío, lío. ¿Ese fue el designio de Jesucristo para su Iglesia? ¿Qué pensar de todo esto? Y lo más sorprendente, es cuando hace dos días, como término de su viaje al Continente de la Esperanza, se oye al mismo que debería ser el Dulce Cristo en la Tierra: “Ayúdenme para que siga haciendo lío” (Paraguay, 11 de julio de 2015).

Francisco

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Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I – Las características del verdadero cristiano
II – Virtudes que deben distinguir la juventud de la Iglesia
III – La obediencia es una de las más importantes características de los católicos

I – Las características del verdadero cristiano

Juan Pablo II

La concepción de Cristo como revolucionario es incompatible con la Iglesia

Benedicto XVI

Los cristianos deben profundizar su fe y vivir en coherencia con ella

Juan Pablo II

Necesitamos una fe orante y adorante que se manifiesta en la moral de vida
La adhesión a Cristo debe ser robustecida por la coherencia de vida y la fidelidad al Evangelio
La Iglesia necesita almas que no dejen de cantar alabanzas a la Trinidad
¡Sed cristianos convencidos!

Concilio Vaticano II

“Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”

Pío XI

El verdadero cristiano vive según los principios eternos de la justicia

León XIII

La fe debe sostener la norma y la disciplina de las costumbres

II – Virtudes que deben distinguir la juventud de la Iglesia

Sagradas Escrituras

Que los padres no permitan insolencia en sus hijos

Juan Pablo II

La obediencia sin reservas es la marca de los santos
Los jóvenes deben estar dispuestos a vivir y morir por Cristo
La fe de un joven debe ser fuerte, gozosa y operosa

Juan XXIII

La formación de los jóvenes requiere piedad para combatir la indisciplina

Pío XII

La formación de las jóvenes exige oración, sacrificio y el cumplimiento de los deberes
Los jóvenes deben prepararse para la vía estrecha

Pío XI

El campo de batalla de un joven es su propio interior

San Agustín

Jóvenes, sed humildes

III – La obediencia es una de las más importantes características de los católicos

Sagradas Escrituras

Los que resisten a la autoridad legítima atraen su propia condenación

Pablo VI

Los católicos deben leal obediencia a la autoridad constituida

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

Obedecer a la autoridad es obedecer a Dios, su fuente última

Congregación para la Doctrina de la Fe

Desde hace siglos los cristianos se distinguen por el cumplimiento de sus deberes

Pío XII

Es necesario disipar la atmósfera de independencia y de excesiva libertad

Pío X

Los enemigos de la fe rechazan la obediencia a cualquier autoridad

Pío IX

Desobedecer al poder constituido es resistir a la ordenación de Dios
Práctica esencial a la naturaleza de toda sociedad humana

Gregorio XVI

Se han divulgado doctrinas que encienden la antorcha de la rebelión

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