126 – “¡Nuestra división es un escándalo!”

Catalina de Aragón, princesa española desposada con el rey inglés Enrique VIII, después de ser repudiada por este monarca bien podría exclamar: “¡Nuestra división es un escándalo!” Y el mundo católico, al enterarse del concubinato del rey con Ana Bolena podría también afirmar: “¡Vuestra unión es un escándalo!” La historia de la “Iglesia Anglicana” es una mezcla de uniones y divisiones escandalosas. En el momento actual sigue habiendo escándalo… Escándalo de división, pues muchos de ellos no quieren reconocer sus errores y volver a la plena comunión con la Iglesia, retorno que tanto propiciaron por todos los medios los pontífices romanos a lo largo de una Historia de casi cinco siglos.

Existe también el escándalo de la unión, por parte de aquellos que quieren trabajar con los anglicanos y recibirlos como si nunca hubieran roto con la verdadera Iglesia de Cristo. ¿Qué nos dicen los hechos históricos y el Magisterio de la Iglesia sobre esta delicada materia? ¿De quién parte y dónde reside el escándalo?

Francisco

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Cita A

También a nosotros el Señor parece preguntarnos: “¿De qué discutíais por el camino?” (Mc 9, 33). Cuando Jesús hizo esta pregunta a sus discípulos, ellos permanecieron en silencio porque sentían vergüenza, habiendo discutido entre sí quién era el mayor. También nosotros nos sentimos confundidos por la distancia que existe entre la llamada del Señor y nuestra pobre respuesta. Ante su mirada misericordiosa no podemos fingir que nuestra división no es un escándalo, un obstáculo para el anuncio del Evangelio de la salvación al mundo. Nuestra vista está ofuscada a menudo por el peso causado por la historia de nuestras divisiones, y nuestra voluntad no siempre está libre de la ambición humana que a veces acompaña incluso a nuestro deseo de anunciar el Evangelio según el mandamiento del Señor (cf. Mt 28, 19). (Discurso a Justin Welby, Arzobispo anglicano de Canterbury, 16 de junio de 2014)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I – El escándalo de la división con los anglicanos. ¿De dónde viene la división? ¿Qué nos cuentan los hechos?
II – ¿Qué hizo la Iglesia para curar las llagas de la división y promover la unión con los anglicanos?
III – Mientras los anglicanos continúan obstinados en el error, la separación entre la Iglesia Católica y la “anglicana” es necesaria para mantener firme y clara la verdadera doctrina


I – El escándalo de la división con los anglicanos. ¿De dónde viene la división? ¿Qué nos cuentan los hechos?

A – Nociones históricas

Bernardino Llorca
-Enrique VIII lleva toda la nación a un cisma con tal de poder divorciarse

San Alfonso María de Ligorio
-Hipótesis de que Ana Bolena fuera hija de Enrique VIII

Reginald Pole, futuro Arzobispo de Canterbury
-¿Es ignorante de la ley?

Bernardino Llorca
-El rey asume sobre sí mismo los derechos pertinentes al Papa…

San Alfonso María de Ligorio
-…y rechaza el Vicario de Cristo
-Isabel I prohibió a cualquier súbdito suyo obedecer al Papa y los obispos no tenían cualquier poder que no recibiesen de ella misma…

Pío V
-…destruyó el culto de la verdadera religión e implantó la herejía

B – ¿La “Iglesia Anglicana” fue abrazada entre aclamaciones o bajo una obligación tiránica?

Pío V
-En la “Iglesia” de Isabel, cualquiera que sigue fiel a Roma es severamente castigado

Decreto de 1585
-Pena de muerte para clérigos y seglares que no aceptasen la nueva religión

Malcolm Brennan
-Los torturadores no tenían compasión
-Aplastada hasta la muerte

C – ¿La división de los anglicanos es apenas una “cuestión histórica” y de “ambición humana”? La herejía anglicana expuesta

Comisión Teológica Internacional
-Las comunidades nacidas de la Reforma del siglo XVI han negado el lazo entre la Escritura y la Tradición de la Iglesia. La proclamación de la “sola Escritura” arrastró el oscurecimiento de la antigua noción de la Iglesia y su sacerdocio

Thomas McGovern
Alimenta una profunda antipatía hacia la Iglesia Católica y sus sacramentos, especialmente hacia el sacrificio de la misa

Philip Hughes
-Es contraria al celibato sacerdotal

León XIII
-Rompe con la sucesión apostólica

Algunos articulos de la doctrina oficial de la Iglesia Anglicana
-De la Iglesia
-De la Autoridad de la Iglesia
-Del Purgatorio
-De los Sacramentos
-De la Cena del Señor
-De la única oblación de Cristo consumada en la Cruz

II – ¿Qué hizo la Iglesia para curar las llagas de la división y promover la unión con los anglicanos?

A – Luego que Inglaterra se separó de la Iglesia Católica, los pontífices se pusieron a trabajar para que retornase a la comunión con Roma

Bernardino Llorca
Enrique VIII y Eduardo VI habían confiscado propiedades eclesiásticas. Julio III, para facilitar su regreso al catolicismo, renunciaba a estos bienes…

León XIII
-Julio III y Pablo IV dedicaron especial cuidado a los intentos de reconciliación con la “Iglesia de Inglaterra”

Bernardino Llorca
-Fueron formados seminarios con el único objetivo de ordenar sacerdotes dispuestos acudir al pueblo inglés y defender la fe en Inglaterra

Charles O’Neill SJ – Joaquín María Domínguez SJ
-A pesar del odio de los protestantes, en 1574 llegaron los primeros misioneros dispuestos a entregar sus vidas por edificar sus hermanos en la fe

B – En la actualidad la Iglesia sigue trabajando y facilitando el retorno de los anglicanos a la plena comunión con Roma

Benedicto XVI
-La Sede apostólica ha acogido benévolamente y predispuesto los medios necesarios para recibir a algunos grupos de anglicanos en la plena comunión católica
-Creación de los Ordinariatos Personales para los fieles anglicanos
-Los ministros anglicanos que desean entrar corporativamente en la comunión plena con la Iglesia Católica pueden ser aceptados por el Ordinario del Ordinariato como candidatos a las sagradas órdenes

Congregación de la Doctrina de la Fe
-Benedicto XVI ha demostrado cuidados paternales en las negociaciones con los anglicanos
-Juan Pablo II era favorable a encontrar una forma que permitiese a los anglicanos entrar en plena comunión con la Iglesia y conservar algunos elementos de su patrimonio

C – Son los mismos anglicanos que ponen obstáculos a una reconciliación con la Santa Sede

Congregación para la Doctrina de la Fe
-Con los planes de ordenar mujeres al episcopado, los anglicanos interrumpen los pasos hacía la plena comunión con la Iglesia

Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
-Porque quieren celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo, los propios anglicanos piden para interrumpir las reuniones que buscaban su unión plena con la Iglesia Católica

III – Mientras los anglicanos continúan obstinados en el error, la separación entre la Iglesia Católica y la “anglicana” es necesaria para mantener firme y clara la verdadera doctrina

Catecismo Mayor de San Pío X
-El católico ni siquiera debe quedarse con una biblia protestante

Pío IX
-Alegar que los anglicanos forman parte de la Iglesia Católica trastorna de arriba a abajo la constitución divina de la Iglesia
-No se puede tolerar que los eclesiásticos oren por la unidad guiados por los herejes, según una intención infectada de herejía

Pío XI
-Los efectos desastrosos de la reforma son deplorados por todo hombre honesto

León XIII
-Las sectas protestantes se han introducido con el objetivo de levantar el nivel de discordia y rebelión religiosa

Pío XI
-Prohibición de todo trato con los que no profesan la verdadera doctrina

Pío IX
-Necesidad de anatematizar a los que se apartan de la fe de Cristo, traicionando al depósito de la fe

León XIII
-Evitar trato con los que se esconden bajo la máscara de la tolerancia religiosa
-El Dios verdadero no aprueba las sectas que profesan enseñanzas falsas

San Cipriano de Cartago
-Quien recoge en otra parte disipa la Iglesia de Cristo – Él que se separa de la Iglesia se une a una adúltera y no logrará las recompensas de Cristo

León XIII
-La principal preocupación sea fortalecer el carácter del pueblo católico y que todos los fieles estén completamente imbuidos de la verdad
-La unión sólo es posible en la unidad de fe…

Pío X
-…y en la unión de los espíritus en la verdad

Pío XI
-Los herejes no poseen la verdadera Iglesia ni la fe

Santo Tomás de Aquino
-El hereje que rechaza un solo artículo de fe no tiene el hábito de la fe
-Dos maneras de se desviar de la rectitud de la fe cristiana
-La infidelidad es el mayor pecado
-Los herejes cometen un pecado más grave que los infieles que no conocen la fe


I – El escándalo de la división con los anglicanos. ¿De dónde viene la división? ¿Qué nos cuentan los hechos?


A – Nociones históricas

Enrique VIII (siglo XVI), rey de Inglaterra, llevaba ya dieciocho años casado con Catalina de Aragón cuando decidió deshacerse de su esposa legítima para unirse a Ana Bolena, dama de la corte. La historia es conocida. Sin poner frenos a sus pasiones, él repite la actitud varias veces, llegando al punto de casarse con seis mujeres e incluso librarse de algunas decretándoles sentencia de muerte. Es a este hombre impuro y sangriento se debe la “fundación” de la “Iglesia Anglicana”. Recordemos algunos hechos históricos. 

Bernardino Llorca

  • Enrique VIII lleva toda la nación a un cisma con tal de poder divorciarse

Enrique VIII y Catalina de Aragón durante estos dieciocho años [de casados] se habían deslizado con relativa tranquilidad; pero de los tres hijos y dos hijas que les habían nacido, sólo había sobrevivido una niña […], María Tudor. […] surgió en él la idea de obtener el divorcio de Catalina de Aragón. La ocasión de este nuevo plan de Enrique VIII fue el haberse ciegamente enamorado de Ana Bolena, dama de corte de la reina. La nueva amante del rey exigía como condición para entregarse al rey el ser verdadera esposa suya y reina de Inglaterra. […] El único medio de condescender con la exigencia de Ana Bolena era obtener el divorcio con la reina Catalina de Aragón. […] El rey “nada ve, nada piensa sino en su Ana…, y es una compasión de qué manera la vida de un rey y el estado y ruina de un país están pendientes de esta sola cuestión”. Sin embargo, persuadido el Papa de que el matrimonio de Enrique con Catalina era válido, y, por consiguiente, indisoluble, se veía forzado a mantenerse en la negativa [de anular el matrimonio] no obstante el peligro del cisma de toda la nación. (Llorca, B.; García-Villoslada, R. Historia de la Iglesia Católica, Edad Nueva, La Iglesia en la época del renacimiento y de la Reforma Católica. Biblioteca de Autores Cristianos, 1999, v. III, p. 720-722)

San Alfonso María de Ligorio

  • Hipótesis de que Ana Bolena fuera hija de Enrique VIII

Se ha dicho que esta señora [Ana Bolena] era incluso la propia hija de Enrique, y se dice que su padre, que era embajador en Francia en aquel tiempo, llegó después a Inglaterra cuando se enteró del asunto, y le dijo a Enrique que su mujer le confesó que Ana era la hija de Enrique, pero Enrique le dio, se dice, una respuesta grosera, le dijo que fuera a su casa, y que callara su lengua, pues él había decidido casarse con ella. (San Alfonso María de Ligorio. The history of heresies and their refutations)

Es digno de nota que Enrique VIII quiso declarar nulo su matrimonio con Catalina, alegando su horror por estar casado con la mujer de su hermano. Para denunciar la falsedad de sus sentimientos, Reginald Pole, futuro Arzobispo de Canterbury, le envió una carta de la cual reproducimos el siguiente fragmento. 

Reginald Pole

Ahora, ¿qué tipo de persona es la que usted ha puesto en el lugar de su esposa divorciada? ¿No es ella la hermana de aquella a quien primero usted violó y durante mucho tiempo mantuvo como su concubina? Ella seguramente lo es. ¿Cómo es, entonces, que ahora nos proclama el horror que tiene de su matrimonio ilícito? ¿Es ignorante de la ley que no menos prohíbe el matrimonio de la hermana de aquella con quien te has convertido en una sola carne, que con la que su hermano era una sola carne? Si este tipo de matrimonio es detestable, el otro también lo es. ¿Es ignorante de esta ley? No, usted lo sabía mejor que los otros. ¿Cómo puedo probar eso? Porque, en el mismo momento que usted rechazaba la viuda de su hermano, estaba haciendo todo lo posible para conseguir del Papa permiso para casarse con la hermana de su exconcubina. (Reginald Pole, futuro Arzobispo de Canterbury, citado por Philip Hughes, The Reformation in England, I.159; cf. Pole, Pro Ecclesiasticae Unitatis Defensione, III.LXXVI.LXXVII)

No recibiendo del Papa el pronunciamiento de la invalidez de su matrimonio con Catalina de Aragón, Enrique rompe con Roma

Bernardino Llorca

  • El rey asume sobre sí mismo los derechos pertinentes al Papa…

A principios de 1534, hizo votar al Parlamento, enteramente sumiso a su voluntad, estas tres leyes: en la elección de los obispos, el rey debía proponer el candidato, que luego será aprobado por el capítulo, sin intervención ninguna de Roma; todas las tasas para el “obispo de Roma”, como debía ser designado el papa desde entonces, quedaban abolidas; se prohibía a los obispos publicar ninguna ley sin aprobación del rey. Todos estos actos se realizaron antes de llegar a Inglaterra la noticia de la sentencia final del romano pontífice. Por esto, como observa Constant, el cisma era ya definitivo por parte de Enrique VIII. […] Ante todos estos hechos consumados, viendo Clemente VII que ya no existía ninguna esperanza de arrepentimiento de parte del rey de Inglaterra, en el consistorio de marzo de 1534 pronunció la sentencia definitiva en el proceso comenzado, proclamando la validez del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón, ya que la dispensa de Julio había sido válida. (Llorca, B.; García-Villoslada, R. Historia de la Iglesia Católica, Edad Nueva, La Iglesia en la época del renacimiento y de la Reforma Católica. Biblioteca de Autores Cristianos, 1999, v. III, p. 726)

San Alfonso María de Ligorio

  • …y rechaza el Vicario de Cristo

El nombre del Papa fue borrado de la Liturgia, y entre las peticiones de las letanías se insertó sacrílegamente la siguiente: “De la tiranía y enormidades detestables del Obispo de Roma líbranos, Señor”. [Nat. Alex, t. 19, c. 13, n. 3, n. 5; Gotti, c. 113, sec. 2, n. 21] (San Alfonso María de Ligorio. The history of heresies and their refutations)

Isabel I, la hija de Enrique VIII, rompió definitivamente con Roma oficializando así la llamada “Iglesia de Inglaterra”

San Alfonso María de Ligorio

  • Isabel I prohibió a cualquier súbdito suyo obedecer al Papa y los obispos no tenían cualquier poder que no recibiesen de ella misma…

Isabel, ahora fortalecida con la autoridad parlamentaria, prohibió rigurosamente a cualquiera de sus súbditos obedecer al Papa, y mandó a todos reconocerla como cabeza de la “Iglesia”, tanto espiritual como temporalmente. También ordenó que el nombramiento de los obispos, la convocatoria de los sínodos, el poder de tomar conocimiento de la herejía y los abusos, y el castigo de la morosidad espiritual, perteneciera sólo a la corona. También se estableció un sistema de gobierno y disciplina de la Iglesia, y aunque la doctrina de la Iglesia anglicana es la calvinista, que rechaza los obispos, junto con todas las ceremonias sagradas de la Iglesia Romana, así como altares e imágenes, todavía deseaba ella que hubiera obispos, pero sin ningún otro poder que lo que recibían de ella misma. (San Alfonso María de Ligorio. The history of heresies and their refutations)

Pío V

  • …destruyó el culto de la verdadera religión e implantó la herejía

Isabel ha destruido el culto de la verdadera religión, que fue anulada por Enrique VIII, y que la legítima reina María, con encomiable respeto de la posteridad, había logrado en el establecimiento por los esfuerzos de su poderosa mano propia, y con la asistencia de la Santa Sede. Isabel, abrazando después los errores de los herejes, no ha considerado el Consejo Real de Inglaterra, integrado por la nobleza inglesa y los ha reemplazado con los herejes oscuros. Ella ha oprimido a los que cultivan la fe católica, y los ha sustituido por los oradores del mal y los ministros de la impiedad. Se ha abolido el sacrificio de la Misa, la oración, el ayuno, las distinciones de la carne, el celibato y los ritos católicos. Se ha ordenado a la circulación de libros que contienen un sistema de herejía manifiesta, y de los misterios impíos. Se ha ordenado a sus súbditos a recibir, observar y preservar preceptos que se ha adoptado de Calvino. Ella se ha atrevido a decretar que los obispos, rectores de iglesias, y los sacerdotes católicos y otros, a ser expulsados de sus iglesias y privados de sus beneficios. Se ha dispuesto de ellos y de otras cosas eclesiásticas a favor de los herejes, y ella también ha decidido tomar decisiones que justamente le pertenece sólo a la Iglesia. (Pío V. Bula Regnans in exelsis, 28 de febrero de 1576)

B – ¿La “Iglesia Anglicana” fue abrazada entre aclamaciones o bajo una obligación tiránica?

Pío V

  • En la “Iglesia” de Isabel, cualquiera que sigue fiel a Roma es severamente castigado

Se ha prohibido a los prelados, el clero y las personas a reconocer la Iglesia Romana, y obedecer sus leyes y sus sanciones canónicas. Se ha limitado la mayor parte de sus súbditos a reconocer sus leyes culpables, y abjurar de la obediencia debida al soberano pontífice. Se ha señalado que, con juramento, se reconocen como su único amante, tanto en las cosas espirituales y temporales. Hay sanciones y castigos infligidos a los que no pudo persuadir, y los que perseveraron en la unidad de la fe y en obediencia. También ha echado en la cárcel a los obispos y los rectores de iglesias, y muchos de ellos han perecido allí en la miseria. (Pío V. Bula Regnans in exelsis, 25 de febrero de 1570)

Decreto de 1585

  • Pena de muerte para clérigos y seglares que no aceptasen la nueva religión

En Inglaterra se emanó un Decreto (1585) por el que se prohibía la misa y se expulsaba a los sacerdotes. Dispusieron de cuarenta días los sacerdotes para salir del reino. La culpa por ser sacerdote era traición y la pena capital. En esos años, quienes dieran o cobijo, o comida, o dinero, o cualquier clase de ayuda a sacerdotes ingleses rebeldes escondidos por fidelidad y preocupación por mantener la fe de los fieles o a los sacerdotes que llegaran desde fuera por mar camuflados como comerciantes, obreros o intelectuales eran tratados como traidores y se les juzgaba para llevarlos a la horca. Bastaba con sorprender una reunión clandestina para decir misa, unas ropas para los oficios sagrados descubiertas en cualquier escondite, libros litúrgicos para los oficios, un hábito religioso o la denuncia de los espías y de malintencionados aprovechados de haber dado hospedaje en su casa a un misionero para acabar en la cuerda o con la cabeza separada del cuerpo por traición. No se relatan aquí las hagiografías de Juan Fisher, obispo de Rochester y gran defensor de la reina Catalina de Aragón, o del Sir Tomás Moro, Canciller del Reino e íntimo amigo y colaborador de Enrique VIII, ―por mencionar un ejemplo de eclesiástico y otro de seglar― que tienen su día y lugar propio en nuestro santoral. Sí quiero hacer mención bajo un título general de todos aquellos que ―hombres o mujeres, eclesiásticos tanto religiosos como sacerdotes seculares― dieron su vida con total generosidad por su fidelidad a la fe católica, resistiéndose hasta la muerte a doblegarse a la arbitraria y despótica imposición que suponía claudicar a lo más profundo de su conciencia. Ana Line fue condenada por albergar sacerdotes en su casa; antes de ser ahorcada pudo dirigirse a la muchedumbre reunida para la ejecución diciendo: “Me han condenado por recibir en mi casa a sacerdotes. Ojalá donde recibí uno hubiera podido recibir a miles, y no me arrepiento por lo que he hecho”. Las palabras que pronunció en el cadalso Margarita Clitheroe fueron: “Este camino al cielo es tan corto como cualquier otro”. Margarita Ward entregó también la vida por haber llevado en una cesta la cuerda con la que pudo escapar de la cárcel el padre Watson. Y así, tantos y tantas… murieron mártires de la misa y del sacerdocio. (Fuente: Archidiócesis de Madrid)

San Nicolás Owen, ayudante fiel de varios jesuitas, fue torturado y muerto. Sigue el relato se su ejecución:

Malcolm Brennan

  • Los torturadores no tenían compasión

Los torturadores de Nicolás no tuvieron compasión. No se sabe cuántas veces lo ataron en el potro, pero reconocieron el peligro de que el tratamiento lo despedazaría y así, no deseando que muriera sin antes contar sus secretos, idearon una especie de placa de hierro, dispositivo que aumentaría el dolor, pero disminuiría el peligro de muerte. Pero aún así San Nicolás no contó nada, porque “el Señor había puesto un guardián delante de su boca y una puerta alrededor de sus labios”. El estado al que sus torturadores lo redujeron, bajo la dirección de Cecil, lo puso de manifiesto un carcelero que fue instado por un católico a permitir que Nicolás escribiese una lista de las cosas que necesitaba. El carcelero respondió malhumorado: “Qué quieres que le escriba? Él no es capaz de ponerse su sombrero, ni de alimentarse a sí mismo, soy yo que debe alimentarlo.” Y aún así, al igual que el Salvador, permaneció en silencio. Luego, el 2 de marzo de 1606, la placa no pudo hacer su trabajo y, en las palabras del Padre Gerard, “se derramaron sus entrañas junto con su vida”. (Malcolm Brennan. Martyrs of English Reformation)

Margaret Clitherow, esposa y madre de tres hijos, fue denunciada por tener escondidos sacerdotes en su casa. Habían encontrado entre sus pertenencias misales y ornamentos sacerdotales. Sigue la sentencia que recibió a causa de su “crimen de traición”. 
  • Aplastada hasta la muerte

…volverás al lugar de donde viniste [la prisión], y en la parte inferior de la prisión te desnudarán. Serás acostada en la espalda y pondrán tanto peso sobre ti como eres capaz de soportar, y así habrás de quedarse durante tres días. Al tercer día tendrás una piedra afilada colocada debajo de tu espalda, y tus manos y pies deberán estar atados a postes para que se pueda poner más peso sobre ti, que te aplastará hasta la muerte. (Malcolm Brennan. Martyrs of English Reformation)

Y de hecho fue así que murió Santa Margaret Clithero. 

C – ¿La división de los anglicanos es apenas una “cuestión histórica” y de “ambición humana”? La herejía anglicana expuesta

Comisión Teológica Internacional

  • Las comunidades nacidas de la Reforma del siglo XVI han negado el lazo entre la Escritura y la Tradición de la Iglesia. La proclamación de la “sola Escritura” arrastró el oscurecimiento de la antigua noción de la Iglesia y su sacerdocio

Las comunidades nacidas de la Reforma del siglo XVI se diferencian ente ellas a tal punto que la descripción de sus relaciones con la Iglesia Católica debe ser matizada según cada caso particular. Sin embargo, se delinean algunas líneas generales comunes. El movimiento general de la Reforma ha negado el lazo entre la Escritura y la Tradición de la Iglesia en favor de la normatividad de la sola Escritura. Aun si más tarde hay diversos modos de referencia a la Tradición, no se le reconoce, sin embargo, la misma dignidad que le reconoció la Iglesia antigua. Siendo el sacramento del orden la expresión sacramental indispensable de la comunión en la Tradición, la proclamación de la “sola Escritura” arrastró el oscurecimiento de la antigua noción de la Iglesia y su sacerdocio.(Comisión Teológica Internacional. La Apostolicidad de la Iglesia y a sucesión Apostólica, Documento del grupo de trabajo sobre los ministerios aprobado in forma generica por la Comisión teológica internacional, 1973)

Características de la doctrina anglicana:

Thomas McGovern

  • Alimenta una profunda antipatía hacia la Iglesia Católica y sus sacramentos, especialmente hacia el sacrificio de la misa

Crammer fue el hombre más sumiso a Enrique VIII de todos los que formaron parte de la reforma en Inglaterra. Aunque Thomas Cromwell fue su principal arquitecto político, fueron las ideas religiosas de Crammer las que constituyeron el germen de la Ecclesia Anglicana. Crammer alimentó una profunda antipatía hacia la Iglesia y sus sacramentos, especialmente el sacrificio de la misa. Fue él quien preparó los argumentos a favor del divorcio en el llamamiento de Enrique a las universidades de Europa. (Thomas McGovern, El celibato sacerdotal: una perspectiva actual)

Philip Hughes

  • Es contraria al celibato sacerdotal

En 1553, el nuevo Código de Derecho Canónico para la iglesia de Inglaterra condenaba como herejía la creencia de que las sagradas órdenes eran un impedimento invalidante para el matrimonio. (Philip Hughes. The Reformation in England, citado por Thomas McGovern, El celibato sacerdotal: una perspectiva actual)

León XIII

  • Rompe con la sucesión apostólica

En el rito de realizar y administrar cualquier sacramento, con razón se distingue entre la parte ceremonial y la parte esencial, que suele llamarse materia y forma. […]Ahora bien, las palabras que hasta época reciente han sido corrientemente tenidas por los anglicanos como forma propia de la ordenación presbiteral, a saber: Recibe el espíritu Santo, en manera alguna significan definidamente el orden del sacerdocio o su gracia o potestad, que principalmente es la potestad de consagrar y ofrecer el verdadero cuerpo y sangre del Señor en aquel sacrificio, que no es mera conmemoración del sacrificio cumplido en la cruz (v. 950). Semejante forma se aumentó después con las palabras: para el oficio y obra del presbítero; pero esto más bien convence que los anglicanos mismos vieron que aquella primera forma era defectuosa e impropia. Mas esa misma añadidura, si acaso hubiera podido dar a la forma su legitima significación, fue introducida demasiado tarde, pasado ya un siglo después de aceptarse el Ordinal Eduardiano, cuando, consiguientemente, extinguida la jerarquía, no había ya potestad alguna de ordenar. (Denzinger-Hünermann 3315-3316. León XIII, Carta Apostolicae curae, 13 de septiembre de 1896)

Algunos articulos de la doctrina oficial de la Iglesia Anglicana

Los Treinta y Nueve Artículos de Religión que expresan la doctrina oficial de la “Iglesia Anglicana”, fueron preparados en su forma actual en el año 1571, como resultado de un movimiento teológico que abandonó dogmas romanos y abrazó las doctrinas bíblicas de la Reforma. Destacamos algunos de ellos:

La Iglesia visible de Cristo es una Congregación de hombres fieles, en la cual se predica la pura Palabra de Dios, y se administran debidamente los Sacramentos conforme a la institución de Cristo, en todas las cosas que por necesidad se requieren para los mismos. Como la Iglesia de Jerusalén de Alejandría y de Antioquía erraron, así también ha errado la Iglesia de Roma, no solo en cuanto a la vida y las Ceremonias, sino también en materias de Fe.

La Iglesia tiene poder para decretar Ritos o Ceremonias y autoridad en las controversias de Fe; Sin embargo, no es lícito a la Iglesia ordenar cosa alguna contraria a la Palabra Divina escrita, ni puede exponer un lugar de la Escritura de modo que contradiga a otro. Por lo cual, aunque la Iglesia sea Testigo y Custodio de los Libros Santos, sin embargo, así como no es lícito decretar nada contra ellos, igualmente no debe presentar cosa alguna que no se halle en ellos, para que sea creída como de necesidad para la salvación.

La doctrina Romana concerniente al Purgatorio, Indulgencias, Veneración y Adoración, así de Imágenes como de Reliquias, y la Invocación de los Santos, es una cosa tan fútil como vanamente inventada, que no se funda sobre ningún testimonio de las Escrituras, antes bien repugna a la Palabra de Dios.

Los Sacramentos instituidos por Cristo, no solamente son señales de la Profesión de los Cristianos, sino más bien unos testimonios ciertos, y signos eficaces de la gracia y buena voluntad de Dios hacia nosotros por los cuales obra Él invisiblemente en nosotros y no solo aviva, mas también fortalece y confirma nuestra fe en Él. Dos son los Sacramentos ordenados por nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio, a saber, el Bautismo y la Cena del Señor. Los otros cinco que comúnmente se llaman Sacramentos; la Confirmación, la Penitencia, las Órdenes, el Matrimonio, y la Extremaunción, no deben reputarse como Sacramentos del Evangelio, habiendo emanado, en parte, de una imitación pervertida de los Apóstoles, y en parte son estados de la vida aprobados en las Escrituras; pero que no tienen la esencia de Sacramentos, semejante al Bautismo y a la Cena del Señor, porque carecen de signo alguno visible, o ceremonia ordenada de Dios.

La Cena del Señor no es solamente signo del amor mutuo de los Cristianos entre sí; sino más bien un Sacramento de nuestra Redención por la muerte de Cristo; de modo que para los que recta, dignamente y con Fe la reciben, el Pan que partimos es participación del Cuerpo de Cristo; y del mismo modo la Copa de Bendición es participación de la Sangre de Cristo. La Transubstanciación (o el cambio de la substancia del Pan y del Vino), en la Cena del Señor, no puede probarse por las Santas Escrituras; antes bien repugna a las palabras terminantes de los Libros Sagrados, trastorna la naturaleza del Sacramento, y ha dado ocasión a muchas supersticiones. El Cuerpo de Cristo se da, se toma, y se come en la Cena de un modo celestial y espiritual únicamente; y el medio por el cual el Cuerpo de Cristo se recibe y se come en la Cena, es la Fe. El Sacramento de la Cena del Señor ni se reservaba, ni se llevaba en procesión, ni se elevaba, ni se adoraba, en virtud de mandamiento de Cristo.

La Oblación de Cristo una vez hecha, es la perfecta Redención, Propiciación y Satisfacción por todos los pecados de todo el mundo, así originales como actuales; y ninguna otra Satisfacción hay por los pecados, sino ésta únicamente. Y así los Sacrificios de las misas, en los que se dice comúnmente que el Presbítero ofrece a Cristo en remisión de la pena o culpa por los vivos y por los muertos, son fábulas blasfemas, y engaños peligrosos.


II – ¿Qué hizo la Iglesia para curar las llagas de la división y promover la unión con los anglicanos?


A – Luego que Inglaterra se separó de la Iglesia Católica, los pontífices se pusieron a trabajar para que retornase a la comunión con Roma

Bernardino Llorca

  • Enrique VIII y Eduardo VI habían confiscado propiedades eclesiásticas. Julio III, para facilitar su regreso al catolicismo, renunciaba a estos bienes…

Con el deseo de facilitar a los grandes su vuelta al catolicismo, se obtuvo de Julio III una Bula por la que la Iglesia renunciaba a los bienes eclesiásticos confiscados durante los dos reinados anteriores [de Enrique VIII y Eduardo VI]. (Llorca, B.; García-Villoslada, R. Historia de la Iglesia Católica, Edad Nueva, La Iglesia en la época del renacimiento y de la Reforma Católica. Biblioteca de Autores Cristianos, 1999, v. III, p. 917)

León XIII

  • Julio III y Pablo IV dedicaron especial cuidado a los intentos de reconciliación con la “Iglesia de Inglaterra”

Por esta razón, en primer lugar, fueron considerados los principales documentos en los cuales nuestros predecesores, al requerimiento de la reina María, ejercieron su especial cuidado para la reconciliación de la Iglesia de Inglaterra. Así Julio III envió al Cardenal Reginald Pole, inglés, ilustre en muchos aspectos, para ser su legado a latere para el propósito, “como su ángel de paz y amor”, y le dio extraordinarios e inusuales mandatos, así como facultades y direcciones para su guía. Esto fue confirmado y explicado por Pablo IV. (León XIII. Carta Apostolicae curae, n. 7, 18 de septiembre de 1896)

Bernardino Llorca

  • Fueron formados seminarios con el único objetivo de ordenar sacerdotes dispuestos acudir al pueblo inglés y defender la fe en Inglaterra

El célebre Guillermo Allen, más tarde cardenal de Inglaterra, organizó un seminario inglés en Douai y otro en Valladolid. A su vez, Gregorio XIII estableció otro en Roma en 1579, cuyos alumnos llegaron a un heroísmo extraordinario, símbolo de la renovación católica del tiempo. Los alumnos de estos colegios salvaron el estado eclesiástico del catolicismo inglés; formánbanse con el objeto de acudir a defender la fe en Inglaterra aun con el peligro inminente de su vida. Hasta 1610 fueron 110 los discípulos de Douai se sufrieron el martirio. (Llorca, B.; García-Villoslada, R. Historia de la Iglesia Católica, Edad Nueva, La Iglesia en la época del renacimiento y de la Reforma Católica. Biblioteca de Autores Cristianos, 1999, v. III, p. 920-921)

Ver también: Catholic News Agency

Charles O’Neill SJ – Joaquín María Domínguez SJ

  • A pesar del odio de los protestantes, en 1574 llegaron los primeros misioneros dispuestos a entregar sus vidas por edificar sus hermanos en la fe

En 1574 desembarcaron en Inglaterra los primeros sacerdotes misioneros procedentes del Colegio Inglés en Douai, […] El éxito de esta nueva generación de sacerdotes alarmó al gobierno, que en un estatuto de 1585 “contra los jesuitas, sacerdotes de los seminarios y otras tales personas desobedientes”, por el que convertía en traición para cualquier inglés ordenado sacerdote en el extranjero su vuelta o estancia en Inglaterra, y delito grave por parte de cualquiera que en Inglaterra lo recibiese o prestase ayuda. Ambos delitos eran castigados con la muerte, el primero con la horca, arrastre y descuartizamiento, y el segundo sólo con la horca. (Charles O’Neill SJ – Joaquín María Domínguez SJ – Diccionario histórico de la Compañía de Jesús)

B – En la actualidad la Iglesia sigue trabajando y facilitando el retorno de los anglicanos a la plena comunión con Roma

Benedicto XVI

  • La Sede apostólica ha acogido benévolamente y predispuesto los medios necesarios para recibir a algunos grupos de anglicanos en la plena comunión católica

En estos últimos tiempos el Espíritu Santo ha impulsado a grupos de anglicanos a pedir en varias ocasiones e insistentemente ser recibidos, también corporativamente, en la plena comunión católica y esta Sede apostólica ha acogido benévolamente su solicitud. El Sucesor de Pedro, que tiene el mandato del Señor Jesús de garantizar la unidad del episcopado y de presidir y tutelar la comunión universal de todas las Iglesias, no puede dejar de predisponer los medios para que este santo deseo pueda realizarse. (Benedicto XVI. Constitución apostólica Anglicanorum coetibus, 4 de noviembre de 2009)

  • Creación de los Ordinariatos Personales para los fieles anglicanos

A la luz de esos principios eclesiológicos, con esta constitución apostólica se ofrece una normativa general que regule la institución y la vida de los Ordinariatos Personales para aquellos fieles anglicanos que desean entrar corporativamente en la comunión plena con la Iglesia Católica. Esta normativa se integra con Normas complementarias emanadas por la Sede apostólica.

  1. § 1. Los Ordinariatos Personales para los anglicanos que entran en la plena comunión con la Iglesia Católica son erigidos por la Congregación para la Doctrina de la Fe dentro de los confines territoriales de una Conferencia episcopal determinada, después de haber consultado a dicha Conferencia.(Benedicto XVI. Constitución apostólica Anglicanorum coetibus, 4 de noviembre de 2009)
  • Los ministros anglicanos que desean entrar corporativamente en la comunión plena con la Iglesia Católica pueden ser aceptados por el Ordinario del Ordinariato como candidatos a las sagradas órdenes

  1. § 1. Aquellos que han ejercido el ministerio de diáconos, presbíteros u obispos anglicanos, que responden a los requisitos establecidos por el derecho canónico[c.1026-1032] y no están impedidos por irregularidades u otros impedimentos [c. 1040-1049], pueden ser aceptados por el Ordinario como candidatos a las sagradas órdenes en la Iglesia Católica. Para los ministros casados se han de observar las normas de la encíclica de Pablo VI Sacerdotalis coelibatus, n. 42, y de la declaración In June. Los ministros no casados deben atenerse a la norma del celibato clerical según el canon 277, 1.(Benedicto XVI. Constitución apostólica Anglicanorum coetibus, 4 de noviembre de 2009)

Congregación de la Doctrina de la Fe

  • Benedicto XVI ha demostrado cuidados paternales en las negociaciones con los anglicanos

La Constitución apostólica Anglicanorum Coetibus, del 4 de noviembre de 2009, establece las normas esenciales que regirán la erección y la vida de los Ordinariatos Personales para los fieles anglicanos que desean entrar, ya sea de forma individual o corporativamente, en plena comunión con la Iglesia Católica. De esta manera, como se dice en la introducción, el Santo Padre Benedicto XVI ―Pastor Supremo de la Iglesia y, por mandato de Cristo, garante de la unidad del episcopado y de la comunión universal de todas las Iglesias― ha mostrado su paternal cuidado por aquellos fieles anglicanos (laicos, clérigos y miembros de Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica) que han solicitado en repetidas ocasiones a la Santa Sede ser recibidos en la plena comunión católica. (Congregación de la Doctrina de la Fe. El significado de la Constitución apostólica Anglicanorum coetibus, por el P. Gianfranco Ghirlanda, SJ, a la época Rector de la Universidad Pontificia Gregoriana)

  • Juan Pablo II era favorable a encontrar una forma que permitiese a los anglicanos entrar en plena comunión con la Iglesia y conservar algunos elementos de su patrimonio

La Santa Sede, en junio de 1980, a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, expresó parecer favorable sobre la solicitud presentada por los obispos de los Estados Unidos de América referente a la admisión en la comunión plena con la Iglesia Católica de algunos miembros del clero y del laicado perteneciente a la Iglesia Episcopaliana (Anglicana). La respuesta de la Santa Sede a la proposición de estos episcopalianos incluye la posibilidad de una “disposición pastoral” por la que se permita a quienes lo deseen una identidad común conservando algunos elementos de su patrimonio. La entrada de estas personas en la Iglesia católica ha de ser considerada como “reconciliación de cada una de las personas que desean la comunión católica plena”, de acuerdo con lo previsto en el Decreto sobre Ecumenismo (núm. 4) del Concilio Vaticano II. (Congregación de la Doctrina de la Fe. Declaración, 31 de marzo de 1981)

C – Son los mismos anglicanos que ponen obstáculos a una reconciliación con la Santa Sede

Congregación de la Doctrina de la Fe

  • Con los planes de ordenar mujeres al episcopado, los anglicanos interrumpen los pasos hacía la plena comunión con la Iglesia

La decisión del reciente Sínodo de la Iglesia de Inglaterra es permitir la ordenación de mujeres obispos […]. En 1975 el Papa Pablo VI emitió una apelación formal al entonces arzobispo de Canterbury, Frederick Donald Coggan, para evitar un paso que tendría un impacto negativo en las relaciones ecuménicas. […] Para los católicos, el problema de la reserva de la ordenación sacerdotal a hombres no es sólo una cuestión de praxis o disciplina, pero es más bien de naturaleza doctrinal y toca el corazón de la doctrina de la propia Eucaristía y en la naturaleza sacramental o “constitución” del Iglesia. Por lo tanto, es una cuestión que no puede ser relegada a la periferia de las conversaciones ecuménicas, sino que tiene que ser tratada directamente con honestidad y caridad por los socios de diálogo que desean la unidad cristiana que, por su propia naturaleza, es la Eucaristía. El Cardenal Walter Kasper, presidente de turno del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, trató sobre este mismo punto en una intervención, en junio de 2006, a la Cámara de Obispos de la Iglesia de Inglaterra durante sus debates sobre la ordenación de mujeres al episcopado. En su intervención, afirmó: “Debido a que el oficio episcopal es un ministerio de unidad, la decisión que se enfrenta tendría un impacto inmediato sobre la cuestión de la unidad de la Iglesia y con ella en el objetivo del diálogo ecuménico. Sería una decisión en contra del objetivo común que hemos hasta ahora perseguido en nuestro diálogo: la plena comunión eclesial, que no puede existir sin la comunión plena del oficio episcopal”. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Discurso del Cardenal Joseph Levada intitulado: 500 años después de San Juan Fisher, Iniciativas del Papa Benedicto con respecto a la comunión eclesial con los anglicanos, 6 de marzo de 2010)

Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos

  • Porque quieren celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo, los propios anglicanos piden para interrumpir las reuniones que buscaban su unión plena con la Iglesia Católica

En 2003, la decisión de la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos de América de ordenar como obispo a un sacerdote que vivía en una relación homosexual activa, así como la introducción de un rito de bendición para parejas del mismo sexo en la Diócesis de New Westminster en la Iglesia Anglicana de Canadá, creó nuevos obstáculos para las relaciones entre la Iglesia Católica y la Comunión Anglicana. Como resultado de estas acciones y la incertidumbre que crearon, el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos está de acuerdo con los representantes de la Comunión Anglicana en interrumpir las sesiones plenarias de la International Anglican – Roman Catholic Commission for Unity and Mission (IARCCUM), manteniendo, entretanto, una estrecha comunicación con la Oficina de la Comunión Anglicana y con el Lambeth Palac. Fundada en 2001, el IARCCUM es un órgano conducido por el episcopado y destinado a fomentar las iniciativas prácticas que dan expresión al grado de fe compartido por anglicanos y católicos. (Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Actualizaciones en las relaciones con los anglicanos, 27 de abril de 2005)


III – Mientras los anglicanos continúan obstinados en el error, la separación entre la Iglesia Católica y la “anglicana” es necesaria para mantener firme y clara la verdadera doctrina


Catecismo Mayor de San Pío X

  • El católico ni siquiera debe quedarse con una biblia protestante

¿Qué debe hacer el cristiano a quien le ofrece una biblia algún protestante o emisario de los protestantes?
El cristiano a quien le ofrece una biblia algún protestante o emisario de los protestantes debe rechazarla con horror, como prohibida por la Iglesia, y si la hubiese recibido sin darse cuenta, debería inmediatamente arrojarla a las llamas o entregarla a su párroco.
¿Por qué la Iglesia prohíbe las Biblias protestantes?
La Iglesia prohíbe las Biblias protestantes porque, o están alteradas y contienen errores, o porque, faltándoles la aprobación y notas declarativas de los sentidos oscuros, pueden dañar a la fe. Por esto la Iglesia prohíbe hasta las traducciones de la Sagrada Escritura aprobadas antes por ella, pero reimpresas después sin las explicaciones aprobadas por la misma. (Catecismo Mayor de San Pío X, no. 888-889)

Pío IX

  • Alegar que los anglicanos forman parte de la Iglesia Católica trastorna de arriba a abajo la constitución divina de la Iglesia

Se ha comunicado a la Santa Sede que algunos católicos y hasta varones eclesiásticos han dado su nombre a la sociedad para procurar, como dicen, la unidad de la cristiandad […]. En efecto, formada y dirigida por protestantes, está animada por el espíritu que expresamente profesa, a saber, que las tres comuniones cristianas: la romano-católica, la greco-cismática y la anglicana, aunque separadas y divididas entre sí, con igual derecho reivindican para si el nombre católico. La entrada, pues, a ella está abierta para todos, en cualquier lugar que vivieren, ora católicos, ora grecocismáticos, ora anglicanos, pero con esta condición: que a nadie sea lícito promover cuestión alguna sobre los varios capítulos de doctrina en que difieren, y cada uno pueda seguir tranquilamente su propia confesión religiosa. Mas a los socios todos, ella misma manda recitar preces y a los sacerdotes celebrar sacrificios según su intención, a saber: que las tres mencionadas comuniones cristianas, puesto que, según se supone, todas juntas constituyen ya la Iglesia Católica, se reúnan por fin un día para formar un solo cuerpo… El fundamento en que la misma se apoya es tal que trastorna de arriba abajo la constitución divina de la Iglesia. (Pío IX. Carta del Santo Oficio a los obispos de Inglaterra, 16 de septiembre de 1864)

  • No se puede tolerar que los eclesiásticos oren por la unidad guiados por los herejes, según una intención infectada de herejía

Toda ella, en efecto, consiste en suponer que la verdadera Iglesia de Jesucristo consta parte de la Iglesia Romana difundida y propagada por todo el orbe, parte del cisma de Focio y de la herejía anglicana, para las que, al igual que para la Iglesia Romana, hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo (cf. Eph 4, 5)… Nada ciertamente puede ser de más precio para un católico que arrancar de raíz los cismas y disensiones entre los cristianos, y que los cristianos todos sean solícitos en guardar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz (Eph 4, 3)… Más que los fieles de Cristo y los varones eclesiásticos oren por la unidad cristiana, guiados por los herejes y, lo que es peor, según una intención en gran manera manchada e infecta de herejía, no puede de ningún modo tolerarse. (Pío IX. Carta del Santo Oficio a los obispos de Inglaterra, 16 de septiembre de 1864)

Pío XI

  • Los efectos desastrosos de la reforma son deplorados por todo hombre honesto

Y ahora celebremos con gozo el tercer centenario del nacimiento para el cielo de otro grande santo que brilla no sólo por la excelencia de las virtudes que él mismo practicó, sino también por la habilidad de guiar a las almas en la escuela de la santidad. Hablamos de San Francisco de Sales, obispo de Ginebra y Doctor de la Iglesia, que al igual que los luceros de perfección y sabiduría cristiana recordados hace poco, dio muestras de ser un enviado de Dios para oponerse a la Reforma, origen de la apostasía de la sociedad de la Iglesia, cuyos dolorosos y funestos efectos todos los que tienen honestidad de conciencia deben deplorar. (Pío XI. Encíclica Rerum omnium pertubationem, 26 de enero de 1923)

León XIII

  • Las sectas protestantes se han introducido con el objetivo de levantar el nivel de discordia y rebelión religiosa

Es ahora bien conocido a todos, por la evidencia de los hechos, que el plan concebido por las sectas heréticas (emanaciones multiformes del Protestantismo) es levantar el nivel de discordia y de rebelión religiosa en la península [de Italia], pero más que todo en esta noble ciudad [de Roma] que Dios mismo (admirable en el modo de ordenar los hechos) estableció como el centro de esta unidad fecunda y sublime. Esta unidad fue el objeto de la oración dirigida por Nuestro Divino Salvador a Su Padre Celestial (Jn 17, 11, 21) y fue guardada celosamente por los Papas, incluso al punto de entregar sus vidas por ella, a pesar de las oposiciones humanas y las vicisitudes de los tiempos. Luego de haber destruido en sus respectivos países las creencias venerables y antiguas que eran parte del sagrado depósito de la revelación por medio de sistemas opuestos y discordantes; luego de haber desparramado el aliento helado de la duda, de la división y de la incredulidad en las almas de sus espectadores […], esas sectas se han introducido de este modo en el viñedo elegido del Señor, con el objetivo de proseguir con su obra desastrosa. […] Habiendo sido informados de este hecho, ante todo Nosotros tenemos la necesidad de confesar, como lo hemos hecho en muchas ocasiones, cuán exasperante es esta condición impuesta sobre la cabeza de la Iglesia Católica, la cual se ve forzada a observar el desarrollo libre y progresivo de la herejía en ésta ciudad santa en la que debe reflejarse la luz de la verdad y del buen ejemplo sobre el mundo y la cual debería ser la respetada Sede del Vicario de Jesucristo. Como si no fuera suficiente el torrente de doctrinas enfermas y depravaciones que nacen con impunidad todos los días desde las sillas de profesores, desde los teatros o diarios [periódicos] para corromper las mentes y los corazones de las gentes, hay que agregar a todas esas causas de perversión la labor insidiosa de hombres herejes, que luchan entre ellos, pero que están de acuerdo en vituperar al Supremo Magisterio Pontificio, al clero católico y a los dogmas de nuestra santa religión, de los cuales no conocen el significado y mucho menos aprecian su augusta belleza. (León XIII. Carta apostólica sobre el proselitismo protestante en Roma, 19 de agosto de 1900)

Pío XI

  • Prohibición de todo trato con los que no profesan la verdadera doctrina

Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto “Amaos unos a los otros”, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesaran, íntegra y pura, la doctrina de Jesucristo: “Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis’ (2 Jn 10)”. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 9, 6 de enero de 1928)

Pío IX

  • Necesidad de anatematizar a los que se apartan de la fe de Cristo, traicionando al depósito de la fe

Ya desde el origen de la Iglesia naciente, conviniendo que la fe de los elegidos fuera probada como el oro en el fuego, el Apóstol, vaso de elección, quiso advertir a los fieles, que si alguno se levantare de los que alteran y trastornan el Evangelio de Cristo, diseminando falsas doctrinas y haciendo traición al depósito de la fe, aunque fuera un ángel el que evangelizara otra cosa que lo evangelizado, era preciso anatematizarlo. (Pío IX. Carta apostólica Ad apostolicae sedis, 22 de agosto de 1851)

León XIII

  • Evitar trato con los que se esconden bajo la máscara de la tolerancia religiosa

Todos deben evitar la familiaridad o amistad con cualquiera que sea sospechoso de pertenecer a la masonería o a grupos afiliados. Conocedlos por sus frutos y evitadlos. Debe evitarse toda familiaridad, no sólo con aquellos impíos libertinos que promueven abiertamente el carácter de la secta, sino también con aquellos que se esconden bajo la máscara de la tolerancia universal, el respeto a todas las religiones, y el deseo de conciliar las máximas del evangelio con las de la revolución. Estos hombres buscan la reconciliación de Cristo y Belial, la Iglesia de Dios y el estado sin Dios. (León XIII. Encíclica Custodi di quella fede, n. 15, 8 de diciembre de 1892)

  • El Dios verdadero no aprueba las sectas que profesan enseñanzas falsas

Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros […] porque por la fe divina confesamos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. […] Por eso confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia. (León XIII. Encíclica Ubi primum, n. 14, 5 de mayo de 1824)

San Cipriano de Cartago

  • Quien recoge en otra parte disipa la Iglesia de Cristo – Él que se separa de la Iglesia se une a una adúltera y no logrará las recompensas de Cristo

La Iglesia de Cristo no puede ser adúltera, pues es incorruptible y pura. Solo una casa conoce, guarda la inviolabilidad de un solo tálamo con pudor casto. Ella nos conserva para Dios, ella destina para el Reino a los hijos que ha engendrado. Todo el que se separa de la Iglesia se une a una adúltera, se aleja de las promesas de la Iglesia, y no logrará las recompensas de Cristo quien abandona la Iglesia de Cristo; es un extraño, es un profano, es un enemigo. No puede tener a Dios por Padre quien no tiene la Iglesia por Madre. Si pudo salvarse alguno fuera del arca de Noé, entonces lo podrá también quien estuviese fuera de la Iglesia. Nos lo advierte el Señor cuando dice: “Quien no está conmigo, está contra Mí, y quien no recoge conmigo desparrama” (Mt 12, 30). Quien rompe la paz y concordia de Cristo, está contra Cristo. Quien recoge en otra parte, fuera de la Iglesia, disipa la Iglesia de Cristo. (San Cipriano de Cartago. De unitate Eclesiae, II, 6)

León XIII

  • La principal preocupación sea fortalecer el carácter del pueblo católico y que todos los fieles estén completamente imbuidos de la verdad

Que para todos la principal preocupación sea fortalecer el carácter del pueblo Católico, inspirando nobles y santas intenciones, al mismo tiempo previniendo descuidos en los que bajo apariencia de inocentes reuniones para jóvenes, conferencias para mujeres jóvenes, clases de idiomas, crecimiento cultural y subsidios para familias pobres, se ocultan propósitos criminales de insinuar en las mentes y corazones las máximas réprobas de la herejía. Que todos los fieles estén completamente imbuidos con la verdad de que nada debe ser más precioso para ellos que el tesoro de su Fe, por la cual sus antepasados confrontaron sin miedo no sólo las miserias de privaciones sino también persecuciones violentas y hasta la muerte. (León XIII. Carta Apostólica sobre el proselitismo protestante en Roma, 19 de agosto de 1900)

  • La unión sólo es posible en la unidad de fe…

Unión, que la entendemos perfecta y total, pues no sería tal toda otra que consigo trajera tan sólo una cierta comunidad de dogmas y una correspondencia en el amor fraternal. La verdadera unión entre los cristianos es la que quiso e instituyó Jesucristo mismo, fundador de su Iglesia; esto es, la constituida por la unidad de la fe y la unidad del régimen. (León XIII. Encíclica Praeclara gratulationis, n. 8, 20 de junio de 1894)

Pío X

  • …y en la unión de los espíritus en la verdad

La doctrina católica nos enseña que el primer deber de la caridad no está en la tolerancia de las opiniones erróneas, por muy sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica o practica ante el error o el vicio en que vemos caídos a nuestros hermanos. […] Porque, si se quiere llegar, y Nos lo deseamos con toda nuestra alma, a la mayor suma de bienestar posible para la sociedad y para cada uno de sus miembros por medio de la fraternidad, o, como también se dice, por medio de la solidaridad universal, es necesaria la unión de los espíritus en la verdad, la unión de las voluntades en la moral, la unión de los corazones en el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo.(Pío X. Encíclica Notre charge apostolique, n. 22-23, 23 de agosto de 1910)

Pío XI

  • Los herejes no poseen la verdadera Iglesia ni la fe

En estas Controversias, [San Francisco de Sales] aunque se sirvió largamente de la literatura polémica de los siglos pasados, sin embargo demuestra un método propio en las disputas. Antes de nada, establece que en la Iglesia de Cristo no se puede siquiera pensar en una autoridad que no haya sido legítimamente concedida, de lo que carecen totalmente los ministros de los cultos heréticos. Por lo tanto, enseñad sus errores acerca de la naturaleza de la Iglesia, definid las notas propias de la verdadera Iglesia y haced ver que ésta se encuentra en la Iglesia Católica, pero no en la “reformada”. Después explica acuradamente las Reglas de la fe y demuestra que son violadas entre los herejes, mientras entre nosotros son rigurosamente observadas. (Pío XI. Encíclica Rerum omnium pertubationem, 26 de enero de 1923)

Quién niega sólo un punto de la fe, aceptando ciertas cosas y rechazando otras, no tiene la virtud de la fe pues rechaza la autoridad del propio Dios y acepta su propia razón 

Santo Tomás de Aquino

  • El hereje que rechaza un solo artículo de fe no tiene el hábito de la fe

El hereje que rechaza un solo artículo de fe no tiene el hábito ni de la fe formada ni de la fe informe. Y la razón de ello está en el hecho de que la especie de cualquier hábito depende de la razón formal del objeto, y si ésta desaparece, desaparece también la especie del hábito. Pues bien, el objeto formal de la fe es la Verdad primera revelada en la Sagrada Escritura y en la enseñanza de la Iglesia. Por eso, quien no se adhiere, como regla infalible y divina, a la enseñanza de la Iglesia, que procede de la Verdad primera revelada en la Sagrada Escritura, no posee el hábito de la fe, sino que retiene las cosas de la fe por otro medio distinto. Como el que tiene en su mente una conclusión sin conocer el medio de demostración, es evidente que no posee la ciencia de esa conclusión, sino tan sólo opinión.
Ahora bien, es evidente que quien se adhiere a la enseñanza de la Iglesia como regla infalible presta su asentimiento a todo cuanto enseña la Iglesia. De lo contrario, si de las cosas que enseña la Iglesia admite las que quiere y excluye las que no quiere, no asiente a la enseñanza de la Iglesia como regla infalible, sino a su propia voluntad. Así, es del todo evidente que el hereje que de manera pertinaz rechaza un solo artículo no está preparado para seguir en su totalidad la enseñanza de la Iglesia (estaría, en realidad, en error y no sería hereje si no lo rechaza con pertinacia). Es, pues, evidente que el hereje que niega un solo artículo no tiene fe respecto a los demás, sino solamente opinión, que depende de su propia voluntad.(Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 5, a. 3)

Por lo tanto, la negación pertinaz de un dogma la herejía es querer negar el asentimiento a Cristo
  • Dos maneras de desviar la rectitud de la fe cristiana

El que cree, asiente a las palabras de otro, parece que lo principal y como fin de cualquier acto de creer es aquel en cuya aserción se cree; son, en cambio, secundarias las verdades a las que se asiente creyendo en él. En consecuencia, quien profesa la fe cristiana tiene voluntad de asentir a Cristo en lo que realmente constituye su enseñanza. Pues bien, de la rectitud de la fe cristiana se puede uno desviar de dos maneras. La primera: porque no quiere prestar su asentimiento a Cristo, en cuyo caso tiene mala voluntad respecto del fin mismo. La segunda: porque tiene la intención de prestar su asentimiento a Cristo, pero falla en la elección de los medios para asentir, porque no elige lo que en realidad enseñó Cristo, sino lo que le sugiere su propio pensamiento. De este modo es la herejía una especie de infidelidad, propia de quienes profesan la fe de Cristo, pero corrompiendo sus dogmas.(Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q.11, a.1)

Por lo que la herejía es pecado gravísimo, mayor que los demás
  • La infidelidad es el mayor pecado

Todo pecado, como hemos expuesto (I-II, q.71, a.6; q.73, a.3, ad 3), consiste en la aversión a Dios. De ahí que tanto más grave es el pecado cuanto más aleja al hombre de Dios. Ahora bien, la infidelidad es la que más aleja a los hombres de Dios, ya que les priva hasta de su auténtico conocimiento, y ese conocimiento falso de Dios no le acerca a Él, sino que le aleja. Ni siquiera puede darse que conozca a Dios en cuanto a algún aspecto quien tiene de Él una opinión falsa, ya que lo que piensa no es Dios. Es, pues, evidente que la infidelidad es el mayor pecado de cuantos pervierten la vida normal, cosa distinta a lo que ocurre con los pecados que se oponen a las otras virtudes teologales, como se verá después. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 10, a. 3)

La herejía es además peor que el pecado de los judíos o de los paganos
  • Los herejes cometen un pecado más grave que los infieles que no conocen la fe

Está el testimonio de San Pedro: “Más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido, volverse atrás (2 Pe 2,21)”. Ahora bien, los gentiles no conocieron el camino de la justicia; los herejes, en cambio, y los judíos, que de alguna manera lo conocieron, lo abandonaron. Su pecado es, por lo mismo, más grave.
En la infidelidad se pueden considerar dos cosas. Una de ellas, su relación con la fe.
Bajo este aspecto, peca más gravemente contra la fe quien hace frente a la fe recibida que quien se opone a la fe aún no recibida; de la misma manera que quien no cumple lo que prometió peca más gravemente que si no cumple lo que nunca prometió. Según esto, en su infidelidad, los herejes, que profesan la fe del Evangelio y la rechazan corrompiéndola, pecan más gravemente que los judíos que nunca la recibieron. Mas porque éstos la recibieron en figura en la ley antigua, y la corrompieron interpretándola mal, su infidelidad es por eso pecado más grave que la de los gentiles que de ningún modo recibieron la ley del Evangelio. Otra de las cosas a considerar en la infidelidad es la corrupción de lo que concierne a la fe. En este sentido, dado que los gentiles yerran en más cosas que los judíos, y éstos, a su vez, yerran en más cosas que los herejes, es más grave la infidelidad de los gentiles que la de los judíos, y la de éstos mayor aún que la de los herejes; si bien, quizás, haya que exceptuar a algunos de éstos, por ejemplo, a los maniqueos, quienes, aun en las cosas de fe, yerran más que los gentiles. De estos modos de gravedad en cuanto a la culpa debe anteponerse la primera a la segunda, puesto que, como hemos expuesto [a.1], la infidelidad tiene razón de culpa más por su resistencia a la fe que por su carencia de ella; esto, como hemos dicho (a.1), parece que atañe más a la pena. Así, pues, hablando en términos absolutos, la infidelidad de los herejes es la peor. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 10, a. 6)

Por todo lo visto queda claro que la creencia anglicana no es fe, sino un rechazo contra Dios. Obviamente eso no quiere decir que no haya personas bien intencionadas que nacieron de padres herejes. Pero tratar la herejía oficial como formando parte de la túnica inconsútil de Cristo es una blasfemia, tal como decir que Cristo tiene un consorcio con Satanás.

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