97 – No he dicho nada más de lo que está en la Doctrina Social de la Iglesia

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Se cuenta que, en épocas pasadas, la frecuente mala calidad de las comidas que se ofrecían en posadas y mesones llegó a un tal colmo que los comensales antes de sentarse a la mesa decían: “Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta del plato”. Este gracioso “conjuro”, claro está, nunca surtió efecto, sin embargo con el correr del tiempo originó el popular dicho: “dar gato por liebre”, usado desde entonces por el pueblo para expresar el artificio malévolo de aquellos comerciantes que ofrecían productos y servicios de dudosa calidad, no obstante con el aura de lo verdadero y bajo la apariencia de la más estricta legalidad.

Esta situación que se constata en el ámbito económico ¿tiene su aplicación en el campo de las ideas y las doctrinas? Es un interrogante que nos asalta con fuerza –y que cada vez causa más perplejidad– cuando se analiza con atención el conjunto de enseñanzas de Francisco con respecto a la Propiedad Privada y el Libre Mercado, los pobres y la Doctrina Social de la Iglesia.

Juzgue cada cual si las inquietudes que nos han acometido tienen fundamento; pues lejos de nuestra intención está el querer ofrecer a los lectores que nos acompañan, un… “gato por liebre…”


—“Millones mueren de hambre”—
La solución: ¿una reforma agraria socialista?


Francisco durante su intervención en el I Encuentro Mundial de Movimientos Populares, 28 de octubre de 2014, dio un inusitado apoyo a los promotores de la Reforma Agraria socialista que asistían a su discurso:

10_37807“La otra dimensión del proceso ya global es el hambre. Cuando la especulación financiera condiciona el precio de los alimentos tratándolos como a cualquier mercancía, millones de personas sufren y mueren de hambre. Por otra parte se desechan toneladas de alimentos. Esto constituye un verdadero escándalo. El hambre es criminal, la alimentación es un derecho inalienable. Sé que algunos de ustedes reclaman una reforma agraria para solucionar alguno de estos problemas, y déjenme decirles que en ciertos países, y acá cito el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, ‘la reforma agraria es además de una necesidad política, una obligación moral’ (CDSI, 300). No lo digo solo yo, está en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Por favor, sigan con la lucha por la dignidad de la familia rural, por el agua, por la vida y para que todos puedan beneficiarse de los frutos de la tierra”. (I EMMP, 28 de octubre de 2014)

Dos importantes puntualizaciones a ser destacadas

Sobre estas relevantes palabras, hay que hacer algunas puntualizaciones.


I – “El hambre es criminal”, “la alimentación es un derecho inalienable”


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Tarjeta de racionamiento venezolana

En primer lugar, Francisco no especifica cuáles son los países donde son millones los que sufren y mueren de hambre. ¿Se refiere a los 30 millones de venezolanos que son víctimas de la dictadura Chávez-Maduro, sumidos actualmente en la peor crisis de desabastecimiento de su historia, y ya notificados por Maduro que deberán cambiar sus tarjetas de racionamiento por un nuevo sistema digitalizado para la compra de alimentos? (Infobae, 8 de mayo de 2015). Sin duda esta digitalización es un gran progreso… progreso en el férreo control y fiscalización de los organismos de seguridad del régimen socialista bolivariano.

(Fuente: Univisión, 21 de agosto de 2014)

¿Francisco se estará refiriendo a los desdichados 10 millones de cubanos que realmente sufren hambre y extrema pobreza como declaró Mons. Bruno Musaró cuando fue Nuncio Apostólico en la Habana hasta los primeros meses del año 2015?

(Fuente: martinoticias.com, 26 de agosto de 2014)

Confirmando las declaraciones de Mons. Bruno Musaró, la ONU a través del Programa Mundial de Alimentos ha presentado para Cuba un plan de lucha contra el hambre –eufemísticamente llamado “apoyo a la seguridad alimentaria” (sic)– del que se beneficiarán siete provincias de la Isla: Pinar del Río, Matanzas, Las Tunas, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo. Se trata del llamado “Programa de País”, que se aplicará en el periodo 2015-2018. (Diario de Cuba, 25 de agosto de 2015)

Si el hambre, en palabras de Francisco, es “criminal” y “la alimentación un derecho inalienable”, ¿por qué motivo durante su viaje a Cuba (19-22 de septiembre de 2015) no hizo ninguna alusión a este “crimen” al que diariamente y por cincuenta años han sido sometidos los cubanos?


Datos más precisos sobre el hambre en el mundo


Volviendo al discurso que Francisco dirigió a los miembros de los Movimientos Populares, creemos que nadie consideraría superfluo que el obispo de Roma, hablando de un problema que envuelve cuestiones técnicas, presentase al menos un informe o un estudio especializado sobre los problemas alimentarios que afectan al mundo. En efecto, su categórica afirmación: “millones de personas sufren y mueren de hambre”, proferida en una intervención pública que debería pretender aportar algo al magisterio, merecería una demostración apropiada. ¿Existen países con déficit alimentario? ¿Cuáles son esos países? ¿Qué motivos generan ese déficit? ¿Cuántos millones son estos seres humanos que padecen hambre? ¿Cuántos son los que mueren por falta de alimento? ¿Estos millones de muertos fueron calculados con base en estadísticas diarias, mensuales o anuales? Como se puede observar pocas cuestiones, una vez formuladas, suscitan tanto interés exigiendo respuestas cabales y satisfactorias. Pese a que Francisco no aportó ningún estudio o trabajo especializado sobre la materia que abordó, no deja de ser significativo que a este propósito, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en su último informe publicado precisamente en Roma, 2015, responde en parte a estas interrogantes.

Decimos “responde en parte” pues el informe de la FAO: “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2015”, al analizar los países y las zonas afectadas por las crisis prolongadas de alimentación, no presenta datos, ni tampoco estadísticas a propósito de los “millones” de seres humanos que “mueren de hambre”. (FAO)


Algunos hambrientos olvidados…


Ahora bien, frente a este informe técnico y especializado, ¿qué debemos pensar a propósito del juicio emitido por Francisco sobre el hambre? Con respecto a su primera aserción: “millones de personas sufren hambre”, ella no admite dudas. Siendo la población de Cuba y Venezuela de 11,2 y 30,4 millones respectivamente, descontando a todos los funcionarios confiables de los aparatos gubernamentales que sustentan estos regímenes dictatoriales, ya tenemos 40 millones de hermanos que padecen hambre.

Pero con respecto a la segunda afirmación, grave por causa de las repercusiones morales que acarrea: “Millones mueren de hambre” ¿Qué pensar del informe de la FAO que no alude a tal número de víctimas?

¿Será que les faltó rigor científico y académico a los estadísticos sociales y a los economistas que elaboraron este informe de la FAO? ¿Quién se atrevería a emitir un juicio tan crítico y categórico, sin pruebas que lo avalen? Por lo tanto, la pregunta clave que se debe formular es: ¿existen o no estudios demográficos analizando el fenómeno del hambre como causante de “millones de muertos”? Si estos estudios existen ¿qué organismo o centro de estudios los realizó? ¿Estos estudios son confiables desde el punto de vista técnico y científico? ¿Cuáles son los datos que han recolectado para determinar las causas que provocan ese mal de la humanidad? Mientras estos estudios no sean presentados, desgraciadamente sobre la tajante afirmación de Francisco, siempre penderán las incógnitas. ¿Dónde mueren esos millones? ¿Cuántos millones son? ¿Cuándo murieron? ¿Cuál es la causa del hambre que les provoca la muerte?


La triste realidad del hambre: sus verdaderas causas


Ahora bien, no obstante, los especialistas de la FAO, en su referido informe, no hablen de “millones de muertos por causa del hambre”, sí mencionan un acontecimiento triste y objetivo: la muerte de 250.000 personas por una grave hambruna sufrida en Somalia entre el 2010 y 2012. ¿Su causa? Los conflictos armados y las sequías (pág. 41). Sobre este particular es importante tener presente que los especialistas de la FAO indican como las causas principales de esta inseguridad alimentaria que afecta a determinados países, dos importantes factores. De un lado, los conflictos violentos, los desórdenes sociales y la inestabilidad política (Págs. 41-42). De otro, las catástrofes climáticas (Págs. 43-44).

Entre los países identificados en el 2012 con crisis prolongadas de alimentación figuran: Afganistán, Burundi, el Chad, el Congo, Costa de Marfil, Eritrea, Etiopía, Guinea, Haití, Iraq, Kenya, Liberia, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, la República Popular Democrática de Corea, Sierra Leona, Somalia, el Sudan, Uganda y Zimbabwe (nota 58).

Por consiguiente, estos dos factores indicados por el informe de la FAO, causantes de la inseguridad alimentaria, cuyos efectos nocivos sobre la población ocasiona que ella se torne “vulnerable a la muerte, la enfermedad y la perturbación de los medios de vida durante un período de tiempo prolongado” (Pág 40); no coinciden con el único factor de muerte apuntado por Francisco en su discurso a los Movimientos Populares. ¿Cuál? Recordemos que en su opinión, es simplemente el “mercado financiero”: “Cuando la especulación financiera condiciona el precio de los alimentos tratándolos como a cualquier mercancía, millones de personas sufren y mueren de hambre.”

Considerando que Francisco, por un lado, guardó silencio a propósito de las penurias que sufren los cubanos por más de cinco décadas, fruto del socialismo ¿el hambre es o no es un “crimen” y “la alimentación es o no es un derecho inalienable”? Y que por otro lado, una vez que no demostró de modo indiscutible su dictamen sobre la causa que origina “millones de muertos de hambre”, juzgue cada cual. ¿Es válido preguntarse por el célebre refrán que titula este estudio?


II – La reforma agraria que exige Francisco versus la reforma agraria que propicia el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI)


Un segundo punto a ser destacado dice respecto a los personajes “conocidos” de Francisco. Recordemos que en este discurso que estamos analizando, Francisco declaró:

10_37807“Sé que algunos de ustedes reclaman una reforma agraria para solucionar alguno de estos problemas”, [es decir, los] “millones de personas que sufren y mueren de hambre”.


Nota: ¿Quiénes son estos personajes cercanos a Francisco? Considerando el conjunto de 86 organizaciones que participaron en el I Encuentro de Movimientos Populares, sin duda, el grupo presente con más “garra, entrega y sed de justicia” era el “Movimiento de los sin Tierra” del Brasil. Sus conquistas revolucionarias que constan en su “curriculum vitae” así lo atestiguan: 2.500 ocupaciones de tierras; 7,5 millones de hectáreas de tierra ocupadas y 900 campamentos. (Fuente: movimientospopulares.org). Son éxitos que enorgullecerían tanto a Marx, Lenin, Stalin Mao, como al Ché Guevara, Chávez, los hermanos Castro, Maduro, Evo, etc.

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Francisco saluda a Stedile durante el I Encuentro de Movimientos Populares. Roma, octubre de 2014

El líder de este movimiento, Joao Pedro Stedile, miembro del comité de organización del II Encuentro Mundial de Movimientos Populares, podía estar satisfecho por esa mención pontificia que apoyaba tan claramente a su facción, aquella que mueve a las masas en diversas áreas rurales de Brasil. La ideología marxista que inspira Stédile y su lucha por la realización de una reforma agraria socialista fue demostrada ampliamente en un anterior estudio que presentamos (ver aquí). A modo de actualización, veamos este otro documento del año 2012:

(Fuente: Youtube, marzo de 2015)


A continuación, Francisco agregó:

10_37807“y déjenme decirles que en ciertos países, y acá cito el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, ‘la reforma agraria es además de una necesidad política, una obligación moral’ (CDSI, 300)”.


¿Habrá leído Francisco todo el CDSI?


compendio-doctrina-social-de-la-iglesia-1-728No deja de ser sugerente constatar que una vez más estamos ante una afirmación que exige algunas precisiones. Más aún, como podremos comprobar, la propia referencia que ha citado Francisco, se vuelve contra su propio discurso. El n. 300 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, citado por Francisco, efectivamente se refiere a la Reforma Agraria. No obstante, la lectura del documento que es citado por el Compendio, y que probablemente Francisco no leyó o no quiso leer en su integridad, apunta hacia dos importantes tópicos. Estos dos tópicos, se apartan y contradicen los principios ideológicos que fundamentan la clásica Reforma Agraria socialista defendida por los movimientos populares y de modo específico por los miembros de MST-Brasil que asistían muy contentos al discurso de Francisco y que ahora deben de sentirse especialmente estimulados para proseguir sus actividades delictivas… ¡con apoyo del Papa!


1) El CDSI promueve la propiedad privada


El n.300 del CDSI cita el documento “Para una mejor distribución de la tierra. El reto de la reforma agraria”, n.13, de 23 de noviembre de 1997, del Pontificio Consejo «Justicia y Paz». En este numeral se indica que en los países en desarrollo, la concentración de la tierra hace frente a algunos nudos estructurales que es necesario resolver.

  • Carencia y retraso a nivel legislativo para el reconocimiento del título de propiedad de la tierra y sobre el mercado de crédito.
  • Falta de interés por la investigación y la capacitación agrícola
  • Negligencia por los servicios sociales y por la creación de infraestructuras en las áreas rurales.

2) El CDSI promueve la abertura hacia el mercado y las ventajas que ofrece la globalización


El mismo n.300 del CSDI citando esta vez el n.35 del documento arriba referido, concluye que “la Reforma Agraria constituye –como citó Francisco– “una necesidad política y una obligación moral” sin embargo el documento concluye: “ya que el no llevarla a cabo constituye, en estos países, un obstáculo para los efectos benéficos que derivan de la apertura de los mercados y, en general, de las ventajosas ocasiones de crecimiento que la globalización actual puede ofrecer”.

Por consiguiente, el CDSI en los nn. 13 y 35 promueve así, la propiedad privada y al mismo tiempo una reforma agraria que tiene por objetivo aprovechar los beneficios que derivan de “la apertura de los mercados”, es decir, de las transacciones comerciales de bienes o servicios, como además las favorables oportunidades de crecimiento que el proceso de la globalización puede ofrecer. ¿Será posible? El mercado… la bestia negra de Francisco.

¿En qué quedamos? ¿No era según las enseñanzas de Francisco, la “especulación financiera”, es decir, la compra y venta de productos (en este caso alimentos) con el objetivo de revenderlos para obtener beneficios económicos conforme a la fluctuación de los precios, la causa de “millones de hambrientos que sufren y mueren de hambre?


El CDSI: No es un manual de guerra ideológica, sino que defiende el libre mercado…


En otras palabras, el n. 300 del CDSI leído en su integridad, promueve una reforma agraria con fundamento en la iniciativa privada, instando para que se favorezca al propietario rural desde el punto vista jurídico y económico. Al mismo tiempo desea que este propietario obtenga ganancias y crezca económicamente… (¡tragedia para los movimientos populares!) ¡Y lo peor! Conforme a las “demoniacas” estructuras del capitalismo privado, o sea, el libre mercado y la globalización.

En efecto, la Reforma Agraria socialista promovida por los movimientos populares, de modo específico por MST-Brasil, siendo éste último un grupo de ideología marxista, promueve el comunitarismo, que niega cualquier enriquecimiento privado. Siguiendo el modelo cubano, el Estado socialista es el único latifundista y el único propietario de los bienes de producción, o sea, el manido Capitalismo de Estado. ¿Es esto lo que enseñó León XIII en su Encíclica “Rerum novarum” cuando dio origen a la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Es esta economía socialista la que postularon todos los Papas posteriores? ¿Es el comunismo lo que enseña el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia?

Frente a esta diferencia de “reformas agrarias” qué pensamientos nos vienen a la mente cuando leemos que Francisco agregó:

10_37807No lo digo solo yo, está en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Por favor, sigan con la lucha por la dignidad de la familia rural, por el agua, por la vida y para que todos puedan beneficiarse de los frutos de la tierra.

Con todo respeto y sin ánimo de ofender, pedimos que Francisco lea el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia porque lo que allí está escrito no coincide con sus enseñanzas, por más que insista, como en la reciente entrevista en el avión, rumbo a Estados Unidos. ¿O nos están dando gato por liebre?…


Francisco

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Cita ACita BCita C

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I- La Doctrina Social de la Iglesia nace de su doctrina inalterada e inalterable
II- La Doctrina Social de la Iglesia no depende de las ideologías, se opone a la lucha de clases y las doctrinas comunistas

I- La Doctrina Social de la Iglesia nace de su doctrina inalterada e inalterable

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

En la Doctrina social de la Iglesia se pone en acto el Magisterio en todos sus componentes y expresiones, exigiendo la aceptación y adhesión de los fieles

En la doctrina social de la Iglesia se pone en acto el Magisterio en todos sus componentes y expresiones. Se encuentra, en primer lugar, el Magisterio universal del Papa y del Concilio: es este Magisterio el que determina la dirección y señala el desarrollo de la doctrina social. Éste, a su vez, está integrado por el Magisterio episcopal, que específica, traduce y actualiza la enseñanza en los aspectos concretos y peculiares de las múltiples y diversas situaciones locales (Cf. Pablo VI, Carta ap. Octogesima adveniens, 3-5: AAS 63 (1971) 402-405). La enseñanza social de los Obispos ofrece contribuciones válidas y estímulos al magisterio del Romano Pontífice. De este modo se actúa una circularidad, que expresa de hecho la colegialidad de los Pastores unidos al Papa en la enseñanza social de la Iglesia. El conjunto doctrinal resultante abarca e integra la enseñanza universal de los Papas y la particular de los Obispos.
En cuanto parte de la enseñanza moral de la Iglesia, la doctrina social reviste la misma dignidad y tiene la misma autoridad de tal enseñanza. Es Magisterio auténtico, que exige la aceptación y adhesión de los fieles (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2037). El peso doctrinal de las diversas enseñanzas y el asenso que requieren depende de su naturaleza, de su grado de independencia respecto a elementos contingentes y variables, y de la frecuencia con la cual son invocados (Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum veritatis, 16-17. 23: AAS 82 (1990) 1557-1558. 1559-1560). (Pontificio Consejo “Justicia y Paz”. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia n. 80)

Pío XI

La Doctrina Social de la Iglesia nace del anhelo de que la doctrina inalterada y absolutamente inalterable de a Iglesia salga al paso de las nuevas necesidades sociales

Nada de extraño, por consiguiente, que, bajo la dirección y el magisterio de la Iglesia, muchos doctos varones, así eclesiásticos como seglares, se hayan consagrado con todo empeño al estudio de la ciencia social y económica, conforme a las exigencias de nuestro tiempo, impulsados sobre todo por el anhelo de que la doctrina inalterada y absolutamente inalterable de la Iglesia saliera eficazmente al paso a las nuevas necesidades. De este modo, mostrando el camino y llevando la luz que trajo la encíclica de León XIII, surgió una verdadera doctrina social de la Iglesia, que esos eruditos varones, a los cuales hemos dado el nombre de cooperadores de la Iglesia, fomentan y enriquecen de día en día con inagotable esfuerzo, y no la ocultan ciertamente en las reuniones cultas, sino que la sacan a la luz del sol y a la calle, como claramente lo demuestran las tan provechosas y celebradas escuelas instituidas en universidades católicas, en academias y seminarios, las reuniones o “semanas sociales”, tan numerosas y colmadas de los mejores frutos; los círculos de estudios y, por último, tantos oportunos y sanos escritos divulgados por doquiera y por todos los medios. (Pío XI. Encíclica Quadragesimo anno, nn. 19-20, 15 de mayo de 1931)

Pío XII

La Doctrina Social de la Iglesia se fundamenta en el Derecho Natural y en la Ley de Cristo. Por lo tanto, no tiene necesidad de ser retocada

Se pedirá hoy a una Iglesia que afirma ser el estandarte elevado sobre las naciones, cuál es su contribución para la construcción del orden social. La Iglesia Católica puede, sin presunción, afirmar que en el curso de su historia ha dado una enorme contribución para el perfeccionamiento de la vida social; y la investigación histórica da testimonio de ello desde hace tiempo. De hecho, la Iglesia no cierra los ojos ante los abismales desórdenes sociales que la era de la técnica y del capitalismo ha aportado. Ella no ha pensado que podría por sí sola resolver la cuestión social. Puede, sin embargo, mostrar, con la frente muy alta, los valores que preparó y que tiene prontos para resolverla. Uno de esos valores es, precisamente, su doctrina social que se basa, aún en sus mínimos detalles, en el derecho natural y en la ley de Cristo. La doctrina social de la Iglesia ha dado prueba de ello, manifestándose grandemente fecunda, y ello ocurre particularmente entre vosotros en Alemania. No tiene pues, necesidad de retocar, en sus puntos esenciales, su doctrina social. Esta permanece así como es, en pleno vigor. La Iglesia ha puesto siempre de relieve que para formar un orden social sólido no basta ver las condiciones materiales, sino que es necesario, además, cultivar la mentalidad: es decir, enderezar la conciencia hacia una visión del orden y de las fuerzas morales absolutamente válida, a fin de obrar siempre en conformidad con la conciencia. (Pío XII. Mensaje al Katholikentag alemán, 2 de spetiembre de 1956, Acta Apostolicae Sedis 48, 1956, pp. 624-625)

Los principios de la Doctrina Social Católica son los más conformes con la vida natural y sobrenatural del ser humano

El número de los que forman parte de vuestra Confederación bastaría por sí sólo para probar la importancia que tiene y para calificarla como la organización profesional más poderosa en este campo. Puesto que aporta más del 60% de la producción agrícola nacional, ¿cómo podría dejar de influir ampliamente en la vida económica del país? Por esta razón. Nos place congratularnos con vosotros; tanto más, cuanto que realizáis vuestra labor con el propósito de poner en práctica los principios de la doctrina social católica, que son los más conformes a las exigencias de la vida humana natural y sobrenatural, y conducen a buscar una solución a los problemas que incesantemente plantea la rápida evolución de la economía y de las condiciones generales de la sociedad humana. De esa manera, respetando el orden y las instituciones, contribuís con el esfuerzo paciente de cada día, a la construcción de un mundo menos duro, menos impregnado de materialismo y menos esclavizado por el ansia persistente de buscar un interés puramente egoísta. (Pío XII. Discurso a los Cultivadores Directos, 19 de abril de 1955. Acta Apostolicae Sedis, 47 (1955) p. 497)

La doctrina social católica guía segura para lograr el orden, la paz y la tranquilidad en el relacionamiento de las diversas categorías sociales

Pero la dificultad de esta misión en el caso vuestro encuentra un apoyo incomparable y un sostén inquebrantable en la madurez, en la amplitud, en la solidez de la doctrina social católica que, arrancando de los principios evangélicos y teniendo siempre en cuenta los postulados fundamentales de la moral, no menos que los inalienables derechos de la persona humana, os podrá servir siempre de guía segura en vuestro difícil camino. ¡Y cuánta confianza debe inspiraros una doctrina cuya excelencia vemos cada día en la práctica, a lo menos por las tremendas consecuencias que trae consigo el olvidarla o el querer prescindir deliberadamente de ella! Y bien inútil será buscar tranquilidad, paz y orden entre los hombres, mientras este orden, esta paz y esta tranquilidad no comiencen en el interior mismo de las naciones y especialmente en las relaciones entre las diversas categorías sociales. (Pío XII. Discurso a los técnicos industriales de Barcelona, 6 de septiembre de 1956)

Juan XXIII

El testimonio más insigne de la Doctrina Social de la Iglesia que se fundamenta en la caridad es la Encíclica Rerum Novarum de León XIII

Nada, pues, tiene de extraño que la Iglesia católica, siguiendo el ejemplo y cumpliendo el mandato de Cristo, haya mantenido constantemente en alto la antorcha de la caridad durante dos milenios, es decir, desde la institución del antiguo diaconado hasta nuestros días, así con la enseñanza de sus preceptos como con sus ejemplos innumerables; caridad que, uniendo armoniosamente las enseñanzas y la práctica del mutuo amor, realiza de modo admirable el mandato de ese doble dar que compendia por entero la doctrina y la acción social de la Iglesia.
Ahora bien, el testimonio más insigne de esta doctrina y acción social, desarrolladas por la Iglesia a lo largo de los siglos, ha sido y es, sin duda, la luminosa encíclica Rerum novarum, promulgada hace setenta años por nuestro predecesor de inmortal memoria León XIII para definir los principios que habían de resolver el problema de la situación de los trabajadores en armonía con las normas de la doctrina cristiana (Acta Leonis XIII, XI, 1891, pp. 97-144). (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, nn.6-7, 15 de mayo de 1961)

Pablo VI

La Iglesia fundada en el amor de Cristo posee una doctrina social llamada a difundir la verdad evangélica para iluminar todos los sectores de la vida humana

¿La política de la Iglesia? Hela aquí, según las palabras del Vaticano II: «La Iglesia, fundada en el amor del Redentor, contribuye a difundir, cada vez más, el radio de acción de la justicia y de la caridad en el seno de cada pueblo y entre todas las naciones. Predicando la verdad evangélica e iluminando todos los sectores de la actividad humana con su doctrina y con el testimonio de los cristianos, respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad política del ciudadano… Es justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias de orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas» (Gaudium et spes76). (Pablo VI. Discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, 10 de enero de 1972)

La Iglesia profesa y enseña una doctrina estable y segura que dimana del propio Dios

El hombre moderno ha aumentado mucho sus conocimientos, pero no siempre la solidez del pensamiento, ni tampoco siempre la certeza de poseer la verdad. En cambio aquí está precisamente el rasgo singular de la enseñanza de la Iglesia. La Iglesia profesa y enseña una doctrina estable y segura. Y a la vez todos debemos recordar que la Iglesia es discípula antes de ser maestra. Enseña una doctrina segura, pero que ella misma ha tenido que aprender antes. La autoridad de la enseñanza de la Iglesia no dimana de su sabiduría propia, ni del control científico y racional de lo que predica a sus fieles; sino del hecho de estar anunciando una palabra que dimana del pensamiento trascendente de Dios. Esta es su fuerza y su luz. ¿Cómo se llama esta transmisión incomparable del pensamiento, de la palabra de Dios? Se llama fe. (Pablo VI. Audiência General, 2 de agosto de 1978)

Juan Pablo II

La Doctrina Social de la Iglesia posee dos cualidades: ella es constante pues se mantiene idéntica en su inspiración principios y directrices. También es nueva pues se adapta a las variaciones históricas del momento

Con esto me propongo alcanzar principalmente dos objetivos de no poca importancia: por un lado, rendir homenaje a este histórico documento de Pablo VI [la encíclica Populorum Progressio] y a la importancia de su enseñanza; por el otro, manteniéndome en la línea trazada por mis venerados Predecesores en la Cátedra de Pedro, afirmar una vez más la continuidad de la doctrina social junto con su constante renovación. En efecto, continuidad y renovación son una prueba de la perenne validez de la enseñanza de la Iglesia.
Esta doble connotación es característica de su enseñanza en el ámbito social. Por un lado, es constante porque se mantiene idéntica en su inspiración de fondo, en sus « principios de reflexión », en sus fundamentales « directrices de acción » (Cf. Congr. para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre la libertad cristiana y liberación Libertatis Conscientia (22 de marzo de 1986), 72: AAS 79 (1987), p. 586; Pablo VI, Carta Apost. Octogesima Adveniens (14 de mayo de 1971), 4: AAS 63 (1971), pp. 403 s.) y, sobre todo, en su unión vital con el Evangelio del Señor. Por el otro, es a la vez siempre nueva, dado que está sometida a las necesarias y oportunas adaptaciones sugeridas por la variación de las condiciones históricas así como por el constante flujo de los acontecimientos en que se mueve la vida de los hombres y de las sociedades. (Juan Pablo II. Carta Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, n.3, 30 de diciembre de 1987)

Benedicto XVI

La caridad, síntesis de toda ley, es la vía maestra de la Doctrina Social de la Iglesia

La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia. Todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad que, según la enseñanza de Jesús, es la síntesis de toda la Ley (cf. Mt 22,36-40). Ella da verdadera sustancia a la relación personal con Dios y con el prójimo; no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas. (Benedicto XVI, Caritas in Veritate, n. 2, 29 de junio de 2009)

La doctrina social de la iglesia anuncia el amor de Cristo en la sociedad

La doctrina social de la Iglesia responde a esta dinámica de caridad recibida y ofrecida. Es «caritas in veritate in re sociali», anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad. Dicha doctrina es servicio de la caridad, pero en la verdad. La verdad preserva y expresa la fuerza liberadora de la caridad en los acontecimientos siempre nuevos de la historia. Es al mismo tiempo verdad de la fe y de la razón, en la distinción y la sinergia a la vez de los dos ámbitos cognitivos. El desarrollo, el bienestar social, una solución adecuada de los graves problemas socioeconómicos que afligen a la humanidad, necesitan esta verdad. Y necesitan aún más que se estime y dé testimonio de esta verdad. Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto más en una sociedad en vías de globalización, en momentos difíciles como los actuales. (Benedicto XVI, Caritas in Veritate, n. 5b, 29 de junio de 2009)

La Doctrina Social de la Iglesia argumenta desde la razón y el derecho natural: Ella desea contribuir para purificar la razón y aquello que es justo

La fe permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver más claramente lo que le es propio. En este punto se sitúa la doctrina social católica: no pretende otorgar a la Iglesia un poder sobre el Estado. Tampoco quiere imponer a los que no comparten la fe sus propias perspectivas y modos de comportamiento. Desea simplemente contribuir a la purificación de la razón y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido y después puesto también en práctica.
La doctrina social de la Iglesia argumenta desde la razón y el derecho natural, es decir, a partir de lo que es conforme a la naturaleza de todo ser humano. Y sabe que no es tarea de la Iglesia el que ella misma haga valer políticamente esta doctrina: quiere servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella, aun cuando esto estuviera en contraste con situaciones de intereses personales. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n.28, 25 de diciembre de 2005)

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia ayuda a entrever la riqueza de la sabiduría que viene de la experiencia con Dios, Cristo y de la acogida sincera del Evangelio

El compromiso de construcción de la ciudad se apoya en conciencias guiadas por el amor a Dios y, por esto, naturalmente orientadas hacia el objetivo de una vida buena, estructurada sobre el primado de la trascendencia. «Caritas in veritate in re sociali»: así me pareció oportuno describir la doctrina social de la Iglesia (cf. ib., n. 5), según su enraizamiento más auténtico —Jesucristo, la vida trinitaria que él nos da— y según toda su fuerza capaz de transfigurar la realidad. Tenemos necesidad de esta enseñanza social para ayudar a nuestras civilizaciones y a nuestra propia razón humana a captar toda la complejidad de la realidad y la grandeza de la dignidad de toda persona. El Compendio de la doctrina social de la Iglesia ayuda, precisamente en este sentido, a entrever la riqueza de la sabiduría que viene de la experiencia de comunión con el Espíritu de Dios y de Cristo y de la acogida sincera del Evangelio. (Benedicto XVI. Mensaje a la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio Justicia y Paz, 3 de noviembre de 2010)

II- La Doctrina Social de la Iglesia no depende de las ideologías, se opone a la lucha de clases y las doctrinas comunistas

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia no depende de las diversas culturas ni de las ideologías: ella no sufre condicionamientos ni corre el riesgo de disolución

Esta doctrina manifiesta ante todo la continuidad de una enseñanza que se fundamenta en los valores universales que derivan de la Revelación y de la naturaleza humana. Por tal motivo, la doctrina social no depende de las diversas culturas, de las diferentes ideologías, de las distintas opiniones: es una enseñanza constante, que « se mantiene idéntica en su inspiración de fondo, en sus “principios de reflexión”, en sus fundamentales “directrices de acción”, sobre todo, en su unión vital con el Evangelio del Señor ».134 En este núcleo portante y permanente, la doctrina social de la Iglesia recorre la historia sin sufrir sus condicionamientos, ni correr el riesgo de la disolución. (Pontificio Consejo “Justicia y Paz”. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia n. 85)

Pío XI

Si algunos católicos no proceden correctamente en el campo económico-social, muchas veces se debe a que no conocen las enseñanzas de los Papas en esta materia

Para dar a esta acción social mayor eficacia es absolutamente necesario promover todo lo posible el estudio de los problemas sociales a la luz de la doctrina de la Iglesia y difundir por todas partes las enseñanzas de esa doctrina bajo la égida de la autoridad constituida por Dios en la misma Iglesia. Porque, si el modo de proceder de algunos católicos ha dejado que desear en el campo económico y social, la causa de este defecto ha sido con frecuencia la insuficiente consideración de las enseñanzas dadas por los Sumos Pontífices en esta materia. Por esto es sumamente necesario que en todas las clases sociales se promueva una más intensa formación en las ciencias sociales, adaptada en su medida personal al diverso grado de cultura intelectual; y es sumamente necesario también que se procure con toda solicitud e industria la difusión más amplia posible de las enseñanzas de la Iglesia aun entre a clase obrera. Que las enseñanzas sociales de la Iglesia católica iluminen con la plenitud de su luz a todos los espíritus y muevan las voluntades de todos a seguirlas y aplicarlas como norma segura de vida que impulse al cumplimiento concienzudo de los múltiples deberes sociales. Así se evitará esa inconsecuencia y esa inconstancia en la vida cristiana que Nos hemos lamentado más de una vez. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n.56, 19 de marzo de 1937)

La prensa católica debe promover la doctrina social de la Iglesia, denunciar a los enemigos y poner en guardia contra los astutos engaños de los comunistas

La prensa católica debe, en primar lugar, fomentar el conocimiento más amplio cada día de la doctrina socia de la Iglesia de un modo variado y atrayente; debe, en segundo lugar, denunciar con exactitud, pero también con la debida extensión, la actividad de los enemigos y señalar los medios de lucha que han demostrado ser más eficaces por la experiencia repetida en muchas naciones; debe, por último, proponer útiles sugerencias para poner en guardia a los lectores contra los astutos engaños con que los comunistas han intentado y sabido atraerse incluso a hombres de buena fe. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n.57, 19 de marzo de 1937)

La doctrina de la Iglesia en materia social promueve el equilibrio entre la verdad y la justicia, alejada de los errores comunistas y de los partidos políticos que los siguen

Esta doctrina está igualmente alejada de los pésimos efectos de los errores comunistas y de todas las exageraciones y pretensiones de los partidos o sistemas políticos que aceptan esos errores, porque respeta siempre el debido equilibrio entre la verdad y la justicia, lo defiende en la teoría y lo aplica y promueve en la práctica. Cosa que consigue la Iglesia conciliando armónicamente los derechos y los deberes de unos y otros, como, por ejemplo, la autoridad con la libertad, la dignidad del individuo con la dignidad del Estado, la personalidad humana en el súbdito, y, por consiguiente, la obediencia debida al gobernante con la dignidad de quienes son representantes de la autoridad divina; igualmente, el amor ordenado de sí mismo, de la familia y de la patria con el amor de las demás familias y de los demás pueblos, fundado en el amor de Dios, Padre de todos, primer principio y último fin de todas las cosas. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 33, 19 de marzo de 1937)

Pío XII

El programa social de la Iglesia lucha lealmente por los trabajadores no para excitar en ellos el odio de clases

Si hay que gloriarse, diremos con San Pablo (2Cor, 11,30), ¿quién puede mostrar un programa social tan sólidamente fundado, tan rico de contenido, tan vasto y al mismo tiempo tan proporcionado y justo, como el de la Iglesia Católica? ¿Quién, desde que existe el proletariado de la industria, ha combatido como la Iglesia Católica en lucha leal por la defensa de los derechos humanos de los trabajadores? En lucha leal: porque es acción a la cual la Iglesia se siente obligada delante de Dios por la ley de Cristo; en lucha leal, no para excitar el odio de clases, sino para garantizar al grupo de los obreros una condición segura y estable, que otras clases del pueblo ya gozaban, y a fin de que la clase de los trabajadores entrase a formar parle de la comunidad social con iguales derechos a semejanza de los otros miembros. (Pío XII. Alocución Assai numerose, 15 de agosto de 1945. Acta Apostolicae Sedis 37, 1945, p.215)

Cuando el estadista cristiano abandona la experiencia objetiva y los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, se transforma como que en un “heraldo carismático” de una tierra nueva

En tiempos como los nuestros, en que los errores se convierten fácilmente en catástrofes, un político cristiano no puede —hoy menos que nunca— intensificar la tensión social interna, dramatizándola, olvidando los puntos positivos y dejando que se pierda la visión recta de lo que se presenta como razonablemente posible. Se le exige tenacidad en la aplicación de la doctrina social cristiana, tenacidad y confianza mayores que las que los enemigos demuestran tener en sus errores. Si la doctrina social cristiana, de más de cien años acá, se ha desarrollado y se ha hecho fecunda en la práctica política de muchos pueblos —desgraciadamente no de todos—, los que llegan demasiado tarde, no tienen hoy derecho a lamentarse de que el Cristianismo deja en el campo social una laguna, que, según ellos dicen, deberá llenarse mediante una revolución de la conciencia cristiana, como la llaman. La laguna no está en el Cristianismo, sino en la mente de sus acusadores. Siendo esto así, el político cristiano no sirve a la paz interna ni consiguientemente a la externa, cuando abandona la base sólida de la experiencia objetiva y de los claros principios, y se transforma en un como «heraldo carismático» de una nueva tierra social, contribuyendo a aumentar la desorientación de las inteligencias, ya turbadas. (Pío XII. Radiomensaje de Navidad, n.17, 24 de diciembre de 1953)

Los explotadores de la lucha de clases pintan a la Iglesia católica como adversaria de los desheredados de este mundo. En respuesta el verdadero cristiano no puede desviarse un solo paso de la Doctrina Social de la Iglesia

A vosotros principalmente se dirige la invitación para colaborar sin reservas en el advenimiento de una ordenación de la sociedad que realice lo más pronto posible una sana economía y una justicia social, de tal manera que a los explotadores de la lucha de clases se les quite la posibilidad de embaucar a los desengañados y a los desheredados de este mundo, pintándoles le fe cristiana y la Iglesia católica no como una aliada, sino como una enemiga.
Por disposición de la divina Providencia, la Iglesia católica ha elaborado y promulgado su doctrina social. Ella nos indica el camino que hemos de seguir. Que ningún temor de perder los bienes o provechos temporales, de parecer menos amantes de la civilización moderna, o menos patriotas, o menos sociales, podría autorizar a los verdaderos cristianos para desviarse de este camino ni un sólo paso. (Pío XII. Discurso al Sacro Colegio de Cardenales, 2 de junio de 1947)

La doctrina social de la Iglesia es la piedra de parangón para substraerse de las insidias de aquellos que confunden a los trabajadores

A los cultivadores, como a todos los trabajadores, siguen llegando de diferentes partes sugerencias y programas de todas clases, y son tales que confunden sus ideas, de tal modo que a menudo no saben distinguir lo justo de lo injusto, el derecho de la avidez, la libertad de la esclavitud, en una palabra, su verdadero bien de la ruina común.
¿De qué manera podréis vosotros substraeros a semejantes insidias, y distinguir lo verdadero de lo falso? No hay más que un medio: comprobar si esos programas están de acuerdo, o por el contrario, en contraste, con los principios de la doctrina social cristiana. Esta es, en efecto, la auténtica piedra de parangón, que merece la plena confianza del trabajador honesto, pues es el resultado de la más amplia visión de la realidad; se basa en el orden establecido por Dios, manifestado por la naturaleza; sirve para salvaguardar la dignidad de la persona, como principio y fin de las relaciones entre los hombres; no se doblega ante intereses unilaterales de clase; respeta la justa jerarquía de los valores; no sacrifica un bien por otro, sino que tiende a armonizar los todos en la justicia y en el amor.
Al afirmar, pues, los derechos, al exponer las necesidades, y al perfeccionar los programas de vuestra categoría, procurad no alejaros del espíritu de esa doctrina de la que podéis aprender cuales son los deberes, pero también los derechos en una sociedad bien ordenada. (Pío XII. Discurso a los participantes del X Congreso de la Confederación Italiana de Cultivadores Directos, 11 de abril de 1956)

Pablo VI

La Iglesia depositaria de un mensaje divino indica la vía segura para alejarse de doctrinas falsas y destructoras del recto vivir

Es para Nosotros motivo de grande alegría el saber que el Episcopado, el Clero, el Laicado perteneciente a la Acción Católica y a los Cursillos de Cristiandad, están estudiando la manera de contribuir a la solución de la presente crisis. Y tenemos conocimiento de que, en los últimos años, habéis dado vida a beneméritas actividades, sociales, inspiradas en la Doctrina Social de la Iglesia, proclamada por Nuestros Predecesores en el Pontificado Romano. Bendecimos, asimismo, de corazón, los estudios que con verdadero esfuerzo y probada seriedad se realizan, con idéntico fin, en la nueva Universidad Católica de Santiago de los Caballeros, de grandes esperanzas, y surgida, en prenda de feliz presagio, bajo el título mismo de la fundamental Encíclica «Mater et Magistra», del Sumo Pontífice Juan XXIII, de venerada memoria.
Tened la certeza – e infundidla a quienes lo duden – de que la Iglesia, depositaria de un mensaje divino de salvación para todos, el mensaje que le confió Cristo Señor, desea ofrecer sus servicios con viva comprensión de vuestras condiciones ambientales, de vuestros problemas, para indicaros la vía segura que ha de seguirse para encontrar la pacífica solución en Cristo: «Camino, Verdad y Vida» (Io 14, 6), apartándoos de engañosas ilusiones con las que doctrinas falsas y destructoras del recto vivir humano y social, podrían deslumbraros. (Pablo VI. Mensaje a la nación Dominicana, 17 de junio de 1965)

Juan Pablo II

La lucha de clases, las invasiones de tierra y edificios públicos o privados no están comprendidos en la Doctrina social de la Iglesia

A vosotros, venerados hermanos, como jerarquía del pueblo de Dios, os compete promover la búsqueda de soluciones nuevas y llenas de espíritu cristiano. Una visión de la economía y de los problemas sociales, desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, lleva a considerar las cosas siempre desde el punto de vista de la dignidad del hombre, lo cual trasciende el simple juego de los factores económicos. Por otro lado, ayuda a comprender que, para alcanzar la justicia social, se requiere mucho más que la mera aplicación de esquemas ideológicos originados por la lucha de clases como, por ejemplo, la invasión de tierras, ya condenada en mi viaje pastoral de 1991, y de edificios públicos o privados, o, por no citar otros, la adopción de medidas técnicas extremas, que pueden tener consecuencias mucho más graves que la injusticia que pretendían resolver, como en el caso de un incumplimiento unilateral de los compromisos internacionales. (Juan Pablo II. Discurso al noveno grupo de obispos de Brasil en visita “ad limina”, 26 de noviembre de 2002)

La Doctrina Social de la Iglesia es fuente de unidad y de paz frente a los conflictos socio-económicos

La actitud del Papa al publicar la “Rerum novarum” confiere a la Iglesia una especie de «carta de ciudadanía» respecto a las realidades cambiantes de la vida pública, y esto se corroboraría aún más posteriormente. En efecto, para la Iglesia enseñar y difundir la doctrina social pertenece a su misión evangelizadora y forma parte esencial del mensaje cristiano, ya que esta doctrina expone sus consecuencias directas en la vida de la sociedad y encuadra incluso el trabajo cotidiano y las luchas por la justicia en el testimonio a Cristo Salvador. Asimismo viene a ser una fuente de unidad y de paz frente a los conflictos que surgen inevitablemente en el sector socioeconómico. De esta manera se pueden vivir las nuevas situaciones, sin degradar la dignidad trascendente de la persona humana ni en sí mismos ni en los adversarios, y orientarlas hacia una recta solución. (Juan Pablo II. Encíclica Centesimus annus, n. 5, 1 de mayo de 1991)

La Doctrina social de la Iglesia al estar fundamentada en Jesucristo no puede proponerse como una “ideología” o como una “tercera vía” de tipo político y social

A partir de Jesucristo, única salvación del hombre, es posible poner de manifiesto el valor universal de la fe y de la antropología cristiana y su significado para cada ámbito de la existencia. En Cristo se ofrece al ser humano una específica interpretación personalista y solidaria de su realidad abierta a la trascendencia.
Precisamente a partir de esta antropología, la doctrina social de la Iglesia puede proponerse no como ideología, o «tercera vía», a semejanza de otras propuestas políticas y sociales, sino propiamente como un saber teológico-moral particular cuyo origen está en Dios, que se comunica al hombre (cf. Sollicitudo rei socialis, 41). En este misterio encuentra su fuente inagotable para interpretar y orientar la historia del hombre. Por tanto, la nueva evangelización, a la que está llamada toda la Iglesia, deberá integrar plenamente la doctrina social de la Iglesia (cf. ib.), para poder llegar mejor a los pueblos europeos e interpelarlos en sus problemas y situaciones concretas. (Juan Pablo II. Discurso a un grupo de profesores de Doctrina Social de la Iglesia, 20 de junio de 1997)

La Doctrina Social de la Iglesia excluye la “lucha de clases” por ser extraña al Evangelio

La doctrina social de la Iglesia inspira la praxis cristiana en su noble lucha por la justicia, pero excluye, porque es extraña al Evangelio, la lucha programada de clases que conduce a nuevas formas de servidumbre. Dicha doctrina social enseña que no deben darse odiosas discriminaciones en cuanto al trabajo que pueden realizar hombres y mujeres, y a su justa remuneración. Pero enseña igualmente que un justo salario familiar debe permitir a la mujer que es madre dedicarse a sus insustituibles tareas de cuidado y educación de los hijos, sin que se vea obligada a buscar fuera de su casa una remuneración complementaria con perjuicio de las funciones maternas, que deben ser socialmente revalorizadas en bien de la familia y de la misma sociedad. (Juan Pablo II. Encuentro con el mundo del trabajo, Parque El Tunal, Bogotá, 3 de julio de 1986)


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