8 – No existe un Dios católico

“Dios es el mismo”, se suele escuchar con desenfadada imprecisión teológica cuando dos personas de diferentes religiones charlan en indolente afán ecuménico. Pero, siendo un poco más riguroso ¿cómo el Dios Uno y Trino católico puede ser el mismo dios enseñado, por ejemplo, por el Islam? Si no existe un Dios católico, ¿a quién adoramos los católicos?

Francisco

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Cita ACita BCita C
Yo creo en Dios. No en un Dios católico, no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su encarnación. Jesús es mi maestro y mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser. ¿Le parece que estamos muy distantes?” (Entrevista con Scalfari 1 de octubre de 2013)

Nota 1: Los autores de este estudio son conscientes que la sala de prensa del Vaticano desmintió la interpretación que algunos medios habían dado a ciertas afirmaciones contenidas en las entrevistas del Papa Francisco con Eugenio Scalfari. Por otro lado, no deja de llamar la atención de las mismas todavía estén publicadas en la página del Vaticano (basta pinchar en el enlace de la cita) y publicada en el L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, n. 40, pág. 11, viernes 4 de octubre de 2013, oficializando así su contenido, al parecer con el aval del propio Papa Francisco. El P. Lombardi explicó se había decidido borrar la entrevista con Scalfari de la página del Vaticano: “la entrevista es confiable, en sentido general, pero no en las valoraciones individuales; por esto se consideró no hacer de él un texto consultable en el sitio de la Santa Sede. En sustancia, al quitarla se sopesa la naturaleza del texto. Había algunos equívocos y también un debate sobre su valor. Lo decidió la Secretaría de Estado” (VaticanInsider, 15 de noviembre de 2013). Sin embargo, El Denzinger-Bergoglio confirma que la misma continúa en la página del Vaticano…

Print screen de la entrevista en la página del Vaticano, 21 de junio de 2017

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I – El único Dios verdadero es el Dios Uno y Trino profesado por la Iglesia Católica
II – La Iglesia Católica es el camino elegido por Dios para llegar hasta Él

I – El único Dios verdadero es el Dios Uno y Trino profesado por la Iglesia Católica

Benedicto XVI

Creer en Dios implica obediencia a su revelación

El Credo comienza así: “Creo en Dios”. Es una afirmación fundamental, aparentemente sencilla en su esencialidad, pero que abre al mundo infinito de la relación con el Señor y con su misterio. Creer en Dios implica adhesión a Él, acogida de su Palabra y obediencia gozosa a su revelación. (Benedicto XVI. Audiencia general, 23 de enero de 2013)

Pablo VI

Dios se reveló Padre, Hijo y Espíritu Santo

Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de sí mismo, revelándose a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar, aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y después de la muerte, en la luz sempiterna. (Pablo VI. Credo del pueblo de Dios, n. 9, 30 de junio de 1968)

San Agustín de Hipona

El Dios verdadero es Trinidad

Porque en aquel único Dios verdadero, que es Trinidad, es naturalmente verdadero no solamente que es un solo Dios, sino también que es Trinidad; por eso el mismo Dios verdadero es Trinidad en personas, y es único en una sola naturaleza. (San Agustín de Hipona. La fe, dedicado a Pedro, 1, 4)

I Sínodo de Toledo

No hay Dios fuera de la Trinidad

Esta Trinidad, distinta por las personas, es una sustancia única [unida] indivisible, sin distinciones, [por] fuerza, potestad, majestad; fuera de esa [creemos] que no hay naturaleza divina o de ángel o de espíritu o de alguna fuerza, de la cual se crea que sea Dios. (Denzinger-Hünermann 188. I Sínodo de Toledo, Symbolum Toletanum I y su forma más extensa como Libellus in modum symboli, septiembre de 400)

Catecismo de la Iglesia Católica

No creer en ningún otro que no sea el Dios Uno y Trino

No debemos creer en ningún otro que no sea Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 178)

Pío XI

Cuidad de no emplear el nombre de Dios como una etiqueta vacía de sentido: Dios es Uno y Trino

Vigilad, venerables hermanos, con cuidado contra el abuso creciente, que se manifiesta en palabras y por escrito, de emplear el nombre tres veces santo de Dios como una etiqueta vacía de sentido para un producto más o menos arbitrario de una especulación o aspiración humana; y procurad que tal aberración halle entre vuestros fieles la vigilante repulsa que merece. Nuestro Dios es el Dios personal, trascendente, omnipotente, infinitamente perfecto, único en la trinidad de las personas y trino en la unidad de la esencia divina, creador del universo, señor, rey y último fin de la historia del mundo, el cual no admite, ni puede admitir, otras divinidades junto a sí. (Pío XI. Encíclica Mit brennender sorge, n. 13, 14 de marzo de 1937)

El culto verdadero se encuentra únicamente en la Iglesia Católica

Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto verdadero. Ella es la fuente de la verdad, la morada de la Fe, el templo de Dios, quienquiera que en él no entre o de él salga perdido ha la esperanza de vida y de salvación. Menester es que nadie se engañe a si mismo con pertinaces discusiones, lo que aquí se ventila es la vida y la salvación, a la cual si no se atiende con diligente cautela, se perderá y se extinguirá. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 17, 6 de enero de 1928)

II – La Iglesia Católica es el camino elegido por Dios para llegar hasta Él

Benedicto XVI

En Jesucristo se encuentra la plenitud de la Revelación. No existe otra Palabra de Dios

De este modo, la Iglesia expresa su conciencia de que Jesucristo es la Palabra definitiva de Dios; él es “el primero y el último” (Ap 1, 17). Él ha dado su sentido definitivo a la creación y a la historia; por eso, estamos llamados a vivir el tiempo, a habitar la creación de Dios dentro de este ritmo escatológico de la Palabra; “la economía cristiana, por ser la alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra revelación pública antes de la gloriosa manifestación de Jesucristo nuestro Señor (cf. 1 Tim 6, 14; Tit 2, 13)” (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, n. 4). En efecto, como han recordado los Padres durante el Sínodo, la “especificidad del cristianismo se manifiesta en el acontecimiento Jesucristo, culmen de la Revelación, cumplimiento de las promesas de Dios y mediador del encuentro entre el hombre y Dios. Él, que nos ha revelado a Dios (cf. Jn 1, 18), es la Palabra única y definitiva entregada a la humanidad” (Propositio 4). San Juan de la Cruz ha expresado admirablemente esta verdad: “Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra […]. Porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado a Él todo, dándonos el todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra cosa o novedad” (Subida del Monte Carmelo, II, 22). (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Verbum Domini, n. 14, 30 de septiembre de 2010)

Gregorio XVI

Existe una sola fe por la cual podemos salvarnos

Otra causa que ha producido muchos de los males que afligen a la Iglesia es el indiferentismo, o sea, aquella perversa teoría extendida por doquier, merced a los engaños de los impíos, y que enseña que puede conseguirse la vida eterna en cualquier religión, con tal que haya rectitud y honradez en las costumbres. Fácilmente en materia tan clara como evidente, podéis extirpar de vuestra grey error tan execrable. Si dice el Apóstol que hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo (Ef 4, 5), entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación, que, según la sentencia del Salvador, están ellos contra Cristo, pues no están con Cristo (Lc 11, 23) y que los que no recolectan con Cristo, esparcen miserablemente, por lo cual es indudable que perecerán eternamente los que no tengan fe católica y no la guardan íntegra y sin mancha; oigan a San Jerónimo que nos cuenta cómo, estando la Iglesia dividida en tres partes por el cisma, cuando alguno intentaba atraerle a su causa, decía siempre con entereza: Si alguno está unido con la Cátedra de Pedro, yo estoy con él. No se hagan ilusiones porque están bautizados; a esto les responde San Agustín que no pierde su forma el sarmiento cuando está separado de la vid; pero, ¿de qué le sirve tal forma, si ya no vive de la raíz? (Gregorio XVI. Encíclica Mirari vos, n. 9, 15 de agosto de 1832)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

La Iglesia Católica es la única religión verdaderamente revelada por Dios

En primer lugar, profesa el sagrado Concilio que Dios manifestó al género humano el camino por el que, sirviéndole, pueden los hombres salvarse y ser felices en Cristo. Creemos que esta única y verdadera religión subsiste en la Iglesia Católica y Apostólica, a la cual el Señor Jesús confió la misión de difundirla a todos los hombres, diciendo a los Apóstoles: “Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado” (Mt 28, 19-20). Por su parte, todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla. (Concilio Vaticano II. Declaración Dignitatis humanae, n. 1, 7 de diciembre del 1965)

Congregación para la Doctrina de la Fe

Consecuencias de negar la plenitud de la Religión Católica

El perenne anuncio misionero de la Iglesia es puesto hoy en peligro por teorías de tipo relativista, que tratan de justificar el pluralismo religioso, no sólo de facto sino también de iure (o de principio). En consecuencia, se retienen superadas, por ejemplo, verdades tales como el carácter definitivo y completo de la revelación de Jesucristo, la naturaleza de la fe cristiana con respecto a la creencia en las otra religiones, el carácter inspirado de los libros de la Sagrada Escritura, la unidad personal entre el Verbo eterno y Jesús de Nazaret, la unidad entre la economía del Verbo encarnado y del Espíritu Santo, la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de Jesucristo, la mediación salvífica universal de la Iglesia, la inseparabilidad —aun en la distinción— entre el Reino de Dios, el Reino de Cristo y la Iglesia, la subsistencia en la Iglesia católica de la única Iglesia de Cristo. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Dominus Iesus, n. 4, 6 de agosto de 2000)

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

Quien conoce la Iglesia y la niega, no puede salvarse

¿Qué significa la afirmación “fuera de la Iglesia no hay salvación”?
La afirmación “fuera de la Iglesia no hay salvación” significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por medio de la Iglesia, que es su Cuerpo. Por lo tanto no pueden salvarse quienes, conociendo la Iglesia como fundada por Cristo y necesaria para la salvación, no entran y no perseveran en ella. Al mismo tiempo, gracias a Cristo y a su Iglesia, pueden alcanzar la salvación eterna todos aquellos que, sin culpa alguna, ignoran el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan sinceramente a Dios y, bajo el influjo de la gracia, se esfuerzan en cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 171)


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