149 – Ninguna familia es una realidad celestial. Contemplar la plenitud que todavía no alcanzamos, nos permite relativizar el recorrido histórico que estamos haciendo como familias, para dejar de exigir a las relaciones interpersonales una perfección, una pureza de intenciones y una coherencia que sólo podremos encontrar en el Reino definitivo

Pensemos en la vida de un soldado que pasó por el desgaste de luchas difíciles e interminables. Cuántas veces vio caer a su alrrededor varios de sus compañeros, sin saber si él mismo sobreviviría, pero motivado por el deseo de contribuir a la victoria de la causa que le exigía su sacrificio. Esto le estimulaba a seguir adelante y luchar como un héroe, dispuesto, inclusive, a dar su vida si fuera necesario. Son muchas las patrias que tienen esa gloria de haber tenido entre sus hijos hombres de valor, más preocupados con vivir plenamente su deber, que con rendirse para vivir una vida cómoda manchada por la traición y el egoísmo.

Imaginemos ahora una situación hipotética. Un general que en medio de las peores batallas que su ejército tuviera que enfrentar, tuviera bajo sus órdenes un pelotón de reclutas hartos de luchar y que empezaran a disminuir el paso, a desobedecer las órdenes recibidas, a entregar informaciones al enemigo e incluso a perseguir a sus camaradas que aún se mantuvieran fieles. ¿Podría un ejército así derrotar al enemigo y alcanzar la paz para su patria? ¿Habría algo al alcance del general para rectificar semejante situación? Los buenos soldados así lo esperarían, seguros de que con unas buenas medidas, por sus esfuerzos y valentía delante del enemigo y a pesar de sus compañeros, ellos serán condecorados y los otros justamente castigados.

Pero supongamos que el general, en vista de lo trágico de la situación, reuniera a todos los soldados y arengara del siguiente modo:

“Ningún ejercito es perfecto… no podemos juzgar con dureza a quienes se han cansado de la lucha. Es hora de suavizar las exigencias de la disciplina y de la lealtad”. Imaginemos aún que, terminando el discurso, condecorase a varios de los reclutas traidores.

¿Necesitamos continuar la historia o ya está claro a donde llevará todo esto?

Dejar de estimular el buen comportamiento equivale a favorecer el vicio. El hombre, siempre tendiente a ceder delante de las peores inclinaciones por el pecado original, necesita incentivos y desafíos en cualquier campo. No hace falta dar ejemplos, pues este principio está presente en nuestro día a día, en las innumerables situaciones en que la expectativa de una recompensa o de un castigo nos fuerza a actuar con mayor perfección.

Pues bien, si esto es así en la vida natural, ¿cómo podrá ser diferente en lo espiritual?

Relativizar….una palabra que jamás desearíamos encontrar en un documento pontificio, y menos aún hablando del matrimonio, pues si hay un punto donde no cabe ninguna forma de relativismo es en todo lo relacionado con la institución fundamental de la sociedad. ¿Qué intención tiene aquel deja de exigir la coherencia cristiana en la vida familiar? ¿Estará clasificando como buenas la deshonestidad, la incoherencia y el relajamiento en los deberes matrimoniales? ¡Qué enseñanza desalentadora para los esposos que luchan por cumplir la moral católica en un mundo que la ha abandonado! ¡Y qué padres ejemplares saldrán para los pobres niños que nazcan en semejante atmósfera donde no se valoran la bendiciones celestiales!

¿Que dice la Iglesia sobre las virtudes esenciales de los esposos cristianos? ¿Las podemos relativizar?

 

Francisco

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 Enseñanzas del Magisterio

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I La Sagrada Familia sigue siendo modelo para las familias cristianas, ejemplo para la práctica de las altas virtudes que deben reinar en los hogares
II ‒ No se pueden relativizar las exigencias de una vida santa en la vocación matrimonial. La familia está llamada a la perfección
III Es posible experimentar realidades verdaderamente celestiales en la vida familiar llevada con santidad
IV – Las familias de hoy, como las de siempre, deben tener como objetivo una alta santidad
V – El ideal de la vida familiar no puede desarrollarse plenamente según medidas mediocres

I ‒ La Sagrada Familia sigue siendo modelo para las familias cristianas, ejemplo para la práctica de las altas virtudes que deben reinar en los hogares

Juan Pablo II

La Sagrada Familia es modelo incomparable de toda familia cristiana
La familia fundada en la caridad tiene como modelo la Sagrada Familia

Juan XXIII

Todo hogar debe ser una escuela de virtudes a imitación del de Nazaret
La Sagrada Familia invita a considerar la altura de las tareas que la Iglesia espera de las familias

Pío XII

María, modelo de las virtudes del hogar

León XIII

La perfección brilló en la Sagrada Familia, que había de constituir el modelo de todas las demás

II ‒ No se pueden relativizar las exigencias de una vida santa en la vocación matrimonial. La familia está llamada a la perfección

Juan Pablo II

¿Qué diría Juan Pablo II de Amoris laetitia?
La familia debe desempeñar el papel de su altísima dignidad
Es deber fundamental reafirmar con fuerza la doctrina de la indisolubilidad matrimonial

Benedicto XVI

Hay que luchar contra los modelos contrarios al Evangelio difundidos por el mundo

Pío XI

No podemos ser como las bestias que se gobiernan únicamente por el instinto

León XIII

La familia tiene que estar constituida santamente y regida por leyes santas

Pío VIII

Que nadie haga jamás ninguna cosa que vaya contra la perpetuidad del vínculo conyugal

Pontificio Consejo para la Familia

Es indispensable formar los cónyuges para que puedan llevar una vida de perfección

Catecismo Romano

Tan santo es el matrimonio que los fieles no deben mancharlo con torpezas y liviandades

San Agustín de Hipona

Cuanto más castos son los esposos mejor es el matrimonio
Por ningún motivo es lícito abandonar a la consorte para unirse a otra

Sagradas Escrituras

El adulterio de las segundas uniones
Las leyes matrimoniales son de Dios

III – Es posible experimentar realidades verdaderamente celestiales en la vida familiar llevada con santidad

Santa Teresa del Niño Jesús

La Doctora de la Iglesia consideraba sus padres más dignos del cielo que de la tierra
Luis Martin parecía no pertenecer ya a esta tierra
“No tenía más que mirarlo para saber cómo rezan los santos”
Hogar impregnado de un perfume virginal

Congregación para la Causa de los Santos

Se santificaron a través, en y por el matrimonio

Pío VIII

La unión conyugal elevada a la dignidad de sacramento es enriquecida por dones celestiales

Pío XII

Las contrariedades de la vida familiar no humillan, sino exaltan y valen por una felicidad

San Agustín de Hipona

Felices son aquellos que andan en la ley del Señor
En medio de las tribulaciones Dios hace con que los padres santos sientan las alegrías celestes

IV – Las familias de hoy, como las de siempre, deben tener como objetivo una alta santidad

Benedicto XVI

Santa Brígida vivía lo que todos los esposos están llamados a vivir: la santidad conyugal
Numerosas son las familias santas, modelos para los esposos llamados a un particular compromiso en el camino de santidad
La Iglesia inscribió en el catálogo de los beatos esposos dignos y modelos matrimoniales

Juan Pablo II

El pueblo húngaro llamado a seguir el ejemplo de su historia y formar familias santas

Benedicto XVI

La vocación matrimonial es un camino de santidad específico

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

Los esposos por la gracia son capaces de llevar una vida santa

V – El ideal de la vida familiar no puede desarrollarse plenamente según medidas mediocres

Sagradas Escrituras

¿Nuestro Señor nos dio una meta demasiado exigente?

Alonso Rodríguez, SJ

Para alcanzar la medianía en la virtud hay que tener grandes deseos

Juan Pablo II

Es un contrasentido contentarse con una vida mediocre

Estudios relacionados

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  • 148 – La Iglesia no deja de valorar los elementos constructivos en aquellas situaciones que todavía no corresponden o ya no corresponden a su enseñanza sobre el matrimonio

  • 145 – Los divorciados en nueva unión pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento

    ,

  • 105 – No todos reconocen, en la soledad, una llamada que el Señor les dirige. A nuestro alrededor encontramos diversas familias en situaciones así llamadas irregulares —a mí no me gusta esta palabra

  • 102 – La familia es una realidad social, de cultura. No podemos calificarla con conceptos de naturaleza ideológica. No se puede hablar hoy de familia conservadora o familia progresista: la familia es familia

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