99 – Los que son cristianos, con la Biblia, y los que son musulmanes con el Corán, con la fe que recibieron de sus padres. Dios es un solo: el mismo

Algunas de las páginas más hermosas de la Historia de la Iglesia son, sin duda, las que fueron escritas con la sangre de los mártires que, despreciando su propia vida por amor a Jesucristo, encontraron en las manos de los verdugos a la vez la muerte corporal y la gloria incorruptible de inmolarse por Aquel que les había rescatado en lo alto de la Cruz. Niños indefensos, heroicas vírgenes, varones robustos, venerables ancianos, en todas las épocas y en los más variados lugares, acudieron a su cita para dar este testimonio arrebatador y majestoso de la fuerza del Evangelio.

Una de estas páginas memorables fue escrita en tierras andaluzas, cerca del año 850, cuando la península Ibérica sufría bajo el jugo del Creciente. Nacido en Córdoba de padres cristianos, el presbítero Perfecto fue interrogado por dos musulmanes sobre su opinión acerca de Mahoma y de Cristo. El valiente sacerdote proclamó con claridad su fe en Jesús, Hijo de Dios, pero prefirió callarse acerca de Mahoma. Frente a la insistencia de sus interlocutores y bajo promesa de impunidad, dijo por fin lo que pensaba acerca del profeta de Alá… pero que ellos habrían preferido no escuchar… Bastó poco tiempo para que Perfecto fuera denunciado, arrestado y, después de dos meses de torturas, condenado a ser decapitado.

La fecha elegida para la ejecución fue la solemne fiesta musulmana que seguía al Ramadán. Perfecto llegó a las márgenes del Guadalquivir escoltado por sus verdugos y se sirvió del tablado del suplicio como púlpito para una última predicación sobre Jesucristo y la verdad acerca de Mahoma y del Corán. La historia siguió su curso y San Perfecto alcanzó la palma del martirio. Pero imaginemos que en el momento en que el verdugo fuera a descargar el golpe criminal, un grito en la multitud detuviera por instantes la cimitarra asesina, y alguien se acercara y le dijera: “Perfecto, piensa bien. ¿Por qué vas a morir? Di que adoras a Alá y aceptas a su profeta, y todo está resuelto. ¿Católicos y musulmanes no adoran a un Dios único, creador de todas las cosas y remunerador? ¿No es el mismo?”.

¿Qué pensaría nuestro mártir al oír estas palabras? ¿El Dios santo, justo y misericordioso que sus padres le habían enseñado a amar y cuyos hechos maravillosos conociera en la Historia sagrada era el mismo en nombre de quien era ahora asesinado? ¿Habrían sido en balde todos los padecimientos sufridos por su fidelidad al Dios verdadero? ¿Estaría muriendo por una cuestión de nombres? ¿Es verdad que los católicos y los musulmanes adoran al mismo Dios?

La respuesta a estas inquietudes no se harían esperar para San Perfecto: cerrando sus ojos para este valle de lágrimas y abriéndolos para la eternidad, todo quedaría claro al mirar a su glorioso Redentor que le esperaba con una recompensa eterna por su intrépido testimonio. A nosotros, será el mismo Jesús quien nos responderá por la voz del Magisterio, los Padres y Doctores de su Iglesia.

Francisco

29111461c976d8amed

Cita ACita B

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I – Negar que Dios es Trinidad es negar al verdadero Dios
II – Negar a Jesús es negar al Padre
III – Hay diferencias abismales entre el Dios verdadero y Alá: Dios no es irracional ni inmoral
IV – Anexo doctrinal sintético sobre el problema del mal y Dios/Alá
V – Algunos trechos del Corán, que muestran con evidencia todo lo expuesto


I – Negar que Dios es Trinidad es negar al verdadero Dios


 a) En su infinita bondad el único Dios verdadero se reveló a los hombres como tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo


Pablo VI
-Dios se revela Padre, Hijo y Espíritu Santo

IV Concilio de Letrán (XII Ecuménico)
-Revelación iniciada en el Antiguo Testamento y que alcanzó su cumbre en Jesucristo

Catecismo Romano
-La Trinidad nos fue revelada con toda claridad por Jesucristo

Santo Tomás de Aquino
-Dios es tres personas

Catecismo de la Iglesia Católica
-La Santísima Trinidad es el misterio de Dios en sí mismo

Sínodo de Roma
-Creer en la Trinidad es la salvación de los cristianos


b) Después de esta revelación negar la Trinidad es una afronta a la sabiduría y bondad divina, es llamar a Dios de mentiroso


Catecismo de la Iglesia Católica
-Dios no puede mentir…

Pío IX
-… tampoco puede engañarse ni engañarnos

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)
-La respuesta a Dios que se revela sólo puede ser la fe

Catecismo Romano
-Es necedad no asentir a las palabras de Dios

II Concilio de Constantinopla (V Ecuménico)
-Condena a los que no confiesan al Dios Uno y Trino


c) Hablar de monoteísmo sin la Trinidad es crear un otro “dios”


Catecismo de la Iglesia Católica
-No hay otro Dios que no sea Padre, Hijo y Espíritu Santo

San Agustín de Hipona
-El único Dios verdadero es Trinidad

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)
-Hay un sólo Dios verdadero: el Dios Uno y Trino

I Sínodo de Toledo
-No hay Dios fuera de la Trinidad


d) Del hecho que “Alá” se traduzca como “el Dios” no significa que se trate del Dios verdadero. Sería como afirmar que “Baal” es el “Adonai”, pues ambos se traducen por “Señor”


Pío XI
-Cuidad de no emplear el nombre de Dios como una etiqueta vacía de sentido: Dios es Uno y Trino

San Juan Damasceno
-Mahoma no admite la Trinidad
-Él [Mahoma] sostiene que hay un solo Dios, creador de todas las cosas, que no había sido ni engendrado ni engendrador

Santo Tomás de Aquino
-Los musulmanes escarnecen la Trinidad y juzgan insensatez confesar que hay tres personas en Dios

San Juan Damasceno
-La superstición de los ismaelitas es una herejía precursora del Anticristo

Pío XI
-Adulteran la verdadera fe los que afirman que todas las religiones nos llevan a Dios

Pío X
-Juzgar que todas las experiencias religiosas son verdaderas es tener por verdaderas todas las religiones

Santo Tomás de Aquino
-La verdadera adoración requiere la verdad de la fe
-No se puede tener un conocimiento falso de Dios; quien niega que Dios es Uno y Trino no conoce a Dios ni le adora

Congregación para la Doctrina de la Fe
-La fe en Dios Uno y Trino no se identifica con la creencia en Alá


II – Negar a Jesús es negar al Padre


a) Negar que Jesucristo es el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, es negar al Padre


Sagradas Escrituras
-Sólo se va al Padre por el Hijo
-Quien niega al Hijo no posee al Padre
-No honra al Padre el que no honra al Hijo
-Quien odia al Hijo odia al Padre
-Nadie conoce al Padre si el Hijo no se lo revela

Catecismo de la Iglesia Católica
-El Hijo es la plenitud de la revelación del Padre

San Juan de la Cruz
-Buscar otras revelaciones es un agravio a Dios

San Cirilo de Jerusalén
-El Padre no admite el culto de quien no adora al Hijo y se indigna cuando es privado de su honor


b) Es, por tanto, negar el Dios de Abraham, Isaac y Jacob


Santo Tomás de Aquino
-No basta creer que hay un sólo Dios; es necesario creer que Dios es Padre y que Jesucristo es Hijo de Dios

Sagradas Escrituras
-Está en el Dios verdadero quien está en su Hijo Jesucristo

Benedicto XVI
-Creer en Dios y en Jesucristo es un único acto de fe
-Creer en Dios significa acoger a Jesucristo

Catecismo de la Iglesia Católica
-Quien cree en Dios debe creer en su Hijo

Juan Pablo II
-Los hombres no pueden entrar en comunión con Dios sino por medio de Cristo

San Agustín de Hipona
-La fe de los santos patriarcas es la que predica al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

Sagradas Escrituras
-Sólo los que creen en Cristo son descendencia de Abrahán y sus herederos

San Juan Damasceno
-Mahoma niega que Jesucristo sea el Hijo de Dios
-Para Mahoma la divinidad de Cristo es una mentira de hombres pecadores

Santo Tomás de Aquino
-Los musulmanes no comprenden la filiación divina porque son hombres carnales

San Juan Damasceno
-Los musulmanes son “mutiladores” de Dios


III – Hay diferencias abismales entre el Dios verdadero y Alá: Dios no es irracional ni inmoral


a) Dios no puede actuar en contra de su naturaleza sumamente buena; no puede, por tanto, querer el mal ni hacer lo que contraría la razón


Santo Tomás de Aquino
-Dios es el sumo bien…
-…y actúa en conformidad con su naturaleza
-Dios no es voluntarista. La bondad divina es la causa de su querer
-Por lo tanto, Dios no puede querer el mal
-Ni lo que contraría la razón

Benedicto XVI
-Actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios

San Agustín de Hipona
-La omnipotencia de Dios no significa que pueda hacer falso lo verdadero ni verdadero lo falso

Santo Tomás de Aquino
-Dios no puede mandar el pecado
-Es propio de la Providencia respetar el orden natural

Juan Pablo II
-Es la Trinidad quien garantiza el orden inteligible y racional de todas las cosas


b) Alá, al contrario, es considerado tan “trascendente” que su voluntad no está vinculada a nada, incluso la razonabilidad. Así, puede mandar hacer el mal, actuar contra la razón y hasta contradecirse, pues no está obligado a su propia palabra. De esta forma, el Islam admite el voluntarismo extremo, lo que incluye también el fatalismo


Benedicto XVI
La voluntad de Alá no está vinculada a la racionabilidad
-Este voluntarismo extremo lleva a un Dios-Arbitrio, desvinculado del bien y la verdad
-Alá puede contradecirse, como lo hace acerca de la yihad
-Alá no está obligado a decir la verdad y puede mandar el pecado, incluso la idolatría…

San Juan Damasceno
…o mandar cometer adulterio

Santo Tomás de Aquino
-Frente a la voluntad incontenible de Alá, ¿qué le resta al hombre? El fatalismo

Benedicto XVI
A la vista de las múltiples deformaciones de la imagen de Dios, es importante decir con claridad en qué Dios creemos


c) El Dios verdadero “no puede negarse a sí mismo”, pues es fiel; su voluntad es inmutable


Benedicto XVI
-El Dios verdadero es el que actúa en armonía con la razón

Santo Tomás de Aquino
-Dios no es caprichoso; su voluntad es inmutable

Sagradas Escrituras
-Dios no puede negarse a sí mismo
-Dios es fiel


d) Otra diferencia que emana de la anterior: el concepto del Dios verdadero sobre la moral. El matrimonio musulmán y el cielo que Alá promete son contrarios a las enseñanzas de la Iglesia


San Juan Damasceno
-Mahoma prescribe la poligamia y el divorcio

Sagradas Escrituras
-El Dios verdadero estableció el matrimonio monogámico y indisoluble

Santo Tomás de Aquino
-La felicidad humana no está en los deleites carnales que los seguidores de Mahoma buscan como recompensa eterna

Sagradas Escrituras
-En el cielo, hombres y mujeres serán como ángeles
-Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino santa
-Los impuros no entrarán en el Reino de Dios


IV – Para ayudar a entender el tema:

Anexo doctrinal sintético sobre el problema del mal y Dios/Alá


a) Si la voluntad de Alá no está vinculada a nada, ni a la verdad o el bien, puede querer el mal per se, pues el criterio de bien o mal es su voluntad suprema. El Dios verdadero, en cambio, permite el mal, pero no lo desea. Por lo tanto, per accidens puede permitir algo malo para per se sacar algo de mejor


Catecismo de la Iglesia Católica
Dios nunca es causa del mal moral, pero lo permite

San Agustín de Hipona
Dios sólo permite el mal para de él sacar un bien mayor

Santo Tomás de Aquino
El bien que Dios saca del mal siempre es mayor que el bien privado por el mal

Catecismo de la Iglesia Católica
Del mayor mal jamás cometido, Dios sacó el mayor de los bienes


b) Sobre una posible objeción: el uso de la violencia en la Antiguo Testamento


Santo Tomás de Aquino
-Para salvar al cuerpo es preciso amputar el miembro gangrenado
-Dios odia los malos y los castiga por amor al bien y la justicia

San Agustín de Hipona
-El castigo de los malos es una obra buena de Dios

Sagradas Escrituras
-Pueblos exterminados por empedernirse en el mal. Aun con ellos Dios usó misericordia

Benedicto XVI
-Sodoma y Gomorra fueron destruidas porque en ellas ya no había la posibilidad de trasformar el mal en bien


V – Algunos trechos del Corán, que muestran con evidencia todo lo expuesto


a) Sobre la Trinidad y la filiación divina de Jesucristo

b) Otros trechos del Corán. Según lo expuesto, cada frase manifiesta la voluntad imperiosa de Alá


I – Negar que Dios es Trinidad es negar al verdadero Dios


a) En su infinita bondad el único Dios verdadero se reveló a los hombres como tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo


Pablo VI

  • Dios se revela Padre, Hijo y Espíritu Santo

Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de sí mismo, revelándose a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar, aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y después de la muerte, en la luz sempiterna. (Pablo VI. Credo del pueblo de Dios, n. 9, 30 de junio de 1968)

IV Concilio de Letrán (XII Ecuménico)

  • Revelación iniciada en el Antiguo Testamento y que alcanzó su cumbre en Jesucristo

Esta santa Trinidad, que según la común esencia es indivisa y, según las propiedades personales, diferente, dio al género humano la doctrina saludable, primero por Moisés y los santos profetas y por otros siervos suyos, según la ordenadísima disposición de los tiempos. Y, finalmente, Jesucristo, unigénito Hijo de Dios, encarnado por obra común de toda la Trinidad, concebido de María siempre Virgen, por cooperación del Espíritu Santo, hecho verdadero hombre, compuesto de alma racional y carne humana, una sola persona en dos naturalezas, mostró más claramente el camino de la vida. (Denzinger-Hünermann 800-801. IV Concilio de Letrán, La fe católica, 11-30 de noviembre de 1215)

Catecismo Romano

  • La Trinidad nos fue revelada con toda claridad por Jesucristo

El mismo Jesucristo se dignó revelarnos con toda claridad el misterio: Enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mt 28, 19). Porque tres son los que dan testimonio en el cielo —añade San Juan—: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y los tres son uno (1 Jn 5, 7). (Catecismo Romano, II, I, IV, D)

Santo Tomás de Aquino

  • Dios es tres personas

La esencia divina no sólo es realmente idéntica a una persona, sino a las tres. Por eso, una persona, dos, tres, puede ser dicho de la esencia. Ejemplo: La esencia es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y porque la palabra Dios, en cuanto tal, puede sustituir a la esencia, como dijimos (a. 4 ad 3), del mismo modo, así como la expresión: La esencia es tres personas, es verdadera, así también lo es la expresión: Dios es tres personas. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I, q. 39, a. 6)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • La Santísima Trinidad es el misterio de Dios en sí mismo

El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la “jerarquía de las verdades de fe”. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 234)

Sínodo de Roma

  • Creer en la Trinidad es la salvación de los cristianos

Ésta es, pues, la salvación de los cristianos: que creyendo en la Trinidad, es decir, en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, y bautizados en ella, creamos sin duda alguna que la misma posee una sola verdadera divinidad y potencia, majestad y sustancia. (Denzinger-Hünermann 177. Sínodo de Roma, Confesión de fe enviada al obispo Paulino de Antioquía, año 382)


b) Después de esta revelación negar la Trinidad es una afronta a la sabiduría y bondad divina, es llamar a Dios de mentiroso


Catecismo de la Iglesia Católica

  • Dios no puede mentir…

La fe es cierta, más cierta que todo conocimiento humano, porque se funda en la Palabra misma de Dios, que no puede mentir. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 157)

Pío IX

  • … tampoco puede engañarse ni engañarnos

¿Quién ignora o puede ignorar que debe darse toda fe a Dios que habla y que nada es más conveniente a la razón que asentir y firmemente adherirse a aquellas cosas que le consta han sido reveladas por Dios, el cual no puede engañarse ni engañarnos? (Denzinger-Hünermann 2778. Pío IX, Encíclica Qui pluribus, 9 de noviembre de 1846)

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)

  • La respuesta a Dios que se revela sólo puede ser la fe

Cuando Dios revela, estamos obligados a prestarle por la fe plena obediencia de entendimiento y de voluntad. Ahora bien, esta fe que es el principio de la humana salvación, la Iglesia católica profesa que es una virtud sobrenatural por la que, con inspiración y ayuda de la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por Él ha sido revelado, no por la intrínseca verdad de las cosas, percibida por la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, el cual no puede ni engañarse ni engañarnos. (Denzinger-Hünermann 3008. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Dei Filius, cap. 3, 24 de abril de 1870)

Catecismo Romano

  • Es necedad no asentir a las palabras de Dios

Démonos por satisfechos con saber que todo cuanto por la fe tenemos como cierto y seguro, lo aprendimos del mismo Dios. ¡Sería incalificable necedad no prestar asentimiento a las palabras de un Dios! (Catecismo Romano, II, I, IV, D)

II Concilio de Constantinopla (V Ecuménico)

  • Condena a los que no confiesan al Dios Uno y Trino

Si alguno no confiesa una sola naturaleza o sustancia del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y una sola virtud y potestad, Trinidad consustancial, una sola divinidad, adorada en tres hipóstasis o personas; ese tal sea anatema. (Denzinger-Hünermann 421. II Concilio de Constantinopla, Sesión VIII, Cánones, n. 1, 2 de junio de 553)


c) Hablar de monoteísmo sin la Trinidad es crear un otro “dios”


Catecismo de la Iglesia Católica

  • No hay otro Dios que no sea Padre, Hijo y Espíritu Santo

No debemos creer en ningún otro que no sea Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 178)

San Agustín de Hipona

  • El único Dios verdadero es Trinidad

Porque en aquel único Dios verdadero, que es Trinidad, es naturalmente verdadero no solamente que es un solo Dios, sino también que es Trinidad; por eso el mismo Dios verdadero es Trinidad en personas, y es único en una sola naturaleza. (San Agustín de Hipona. La fe, dedicado a Pedro, cap. 1, n. 4)

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)

  • Hay un sólo Dios verdadero: el Dios Uno y Trino

La sacrosanta Iglesia romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y predica a un solo y verdadero Dios omnipotente, inmutable y eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, uno en esencia y trino en personas: el Padre ingénito, el Hijo engendrado del Padre, el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo. (Denzinger-Hünermann 1330. Concilio de Florencia, Bula sobre la unión con los coptos y etíopes, 4 de febrero de 1442)

I Sínodo de Toledo

  • No hay Dios fuera de la Trinidad

Esta Trinidad, distinta por las personas, es una sustancia única [unida] indivisible, sin distinciones, [por] fuerza, potestad, majestad; fuera de esa [creemos] que no hay naturaleza divina o de ángel o de espíritu o de alguna fuerza, de la cual se crea que sea Dios. (Denzinger-Hünermann 188. I Sínodo de Toledo, Symbolum Toletanum I y su forma más extensa como Libellus in modum symboli, septiembre de 400)


d) Del hecho que “Alá” se traduzca como “el Dios” no significa que se trate del Dios verdadero. Sería como afirmar que “Baal” es el “Adonai”, pues ambos se traducen por “Señor”


Pío XI

  • Cuidad de no emplear el nombre de Dios como una etiqueta vacía de sentido: Dios es Uno y Trino

Vigilad, venerables hermanos, con cuidado contra el abuso creciente, que se manifiesta en palabras y por escrito, de emplear el nombre tres veces santo de Dios como una etiqueta vacía de sentido para un producto más o menos arbitrario de una especulación o aspiración humana; y procurad que tal aberración halle entre vuestros fieles la vigilante repulsa que merece. Nuestro Dios es el Dios personal, trascendente, omnipotente, infinitamente perfecto, único en la trinidad de las personas y trino en la unidad de la esencia divina, creador del universo, señor, rey y último fin de la historia del mundo, el cual no admite, ni puede admitir, otras divinidades junto a sí. (Pío XI. Encíclica Mit brennender sorge, n. 13, 14 de marzo de 1937)

San Juan Damasceno

  • Mahoma no admite la Trinidad

Él [Mahoma] sostiene que hay un solo Dios, creador de todas las cosas, que no había sido ni engendrado ni engendrador. (San Juan Damasceno. Sobre las herejías, n. 101: PG 94, 766)

Santo Tomás de Aquino

  • Los musulmanes escarnecen la Trinidad y juzgan insensatez confesar que hay tres personas en Dios

La fe cristiana consiste principalmente en la confesión de la Santísima Trinidad, y en gloriarse de la cruz de Nuestro Señor Jesucristo. […] Éstas son por tanto las cosas que, como afirmas, son impugnadas y escarnecidas por los infieles. Se burlan pues los sarracenos de que, como dices, afirmamos que Cristo es Hijo de Dios, una vez que Dios no tiene esposa; y nos juzgan insensatos porque confesamos que hay tres personas en Dios, estimando por eso que profesamos tres dioses. (Santo Tomás de Aquino. Tratado sobre las razones de la fe, cap. 1)

San Juan Damasceno

  • La superstición de los ismaelitas es una herejía precursora del Anticristo

Existe también la superstición de los ismaelitas que permanece hasta nuestros días y encierra a la gente en el error, y que es precursora del Anticristo. Descienden de Ismael, nacido de Abraham y de Agar, y por esta razón son llamados agarenos e ismaelitas. […] Hasta los tiempos de Heraclio fueron grandes idólatras. Pero desde ese tiempo y hasta el presente, un falso profeta llamado Mahoma apareció entre ellos. Este hombre, tras tropezarse con el Antiguo Testamento y con el Nuevo y otros, según parece, después de haber conversado con un monje arriano, creó su propia herejía. (San Juan Damasceno. Sobre las herejías, n. 101: PG 94, 765-766)

Pío XI

  • Adulteran la verdadera fe los que afirman que todas las religiones nos llevan a Dios

Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso numero de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión.
Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio.
Cuantos sustentan esta opinión, no solo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial
, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 2-3, 6 de enero de 1928)

Pío X

  • Juzgar que todas las experiencias religiosas son verdaderas es tener por verdaderas todas las religiones

Para el modernista creyente, por lo contrario, es firme y cierto que la realidad de lo divino existe en sí misma con entera independencia del creyente. Y si se pregunta en qué se apoya, finalmente, esta certeza del creyente, responden los modernistas: en la experiencia singular de cada hombre. […] Desde luego, es bueno advertir que de esta doctrina de la experiencia, unida a la otra del simbolismo, se infiere la verdad de toda religión, sin exceptuar el paganismo. Pues qué, ¿no se encuentran en todas las religiones experiencias de este género? Muchos lo afirman. Luego ¿con qué derecho los modernistas negarán la verdad de la experiencia que afirma el turco, y atribuirán sólo a los católicos las experiencias verdaderas? Aunque, cierto, no las niegan; más aún, los unos veladamente y los otros sin rebozo, tienen por verdaderas todas las religiones. Y es manifiesto que no pueden opinar de otra suerte, pues establecidos sus principios, ¿por qué causa argüirían de falsedad a una religión cualquiera? (Pío X. Encíclica Pascendi Dominici gregis, n. 12-13, 8 de septiembre de 1907)

Santo Tomás de Aquino

  • La verdadera adoración requiere la verdad de la fe

De esto que dice “en espíritu y en verdad” [“Se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad” (Jn 4, 23)], se muestra la condición de la verdadera adoración. En efecto, para que la adoración sea verdadera, se requieren dos cosas. Una, que sea espiritual […]. Otra, que sea en verdad, primero la de la fe, porque ningún fervor de deseo espiritual es idóneo para merecer si no está presente la verdad de la fe […]. Así, entonces, para esa oración se requiere el fervor de la caridad en cuanto a lo primero y la verdad de la fe en cuanto a lo segundo. (Santo Tomás de Aquino. Comentario al Evangelio de San Juan, cap. 4, lect. 2)

  • No se puede tener un conocimiento falso de Dios; quien niega que Dios es Uno y Trino no conoce a Dios ni le adora

En cuanto a aquello que dice “vosotros adoráis [lo que desconocéis” (Jo 4, 22)], hay que saber que el Filósofo dice que uno es el conocimiento en las cosas compuestas y otro en las simples. Pues las compuestas ciertamente pueden ser conocidas en cuanto a algo, de modo que permanezcan desconocidas en ellas en cuanto a algo: por ende, se puede tener de las un conocimiento falso. Como si alguien que tiene verdadero conocimiento de un animal en cuanto a su sustancia, sin embargo puede equivocarse acerca del conocimiento de un accidente —a saber, si es blanco o negro—, o de una diferencia —a saber, si es alado o cuadrúpedo. En las simples, en cambio, de ningún modo puede ser falso el conocimiento, porque o son conocidas perfectamente, en cuanto se sabe la quidditas de ellas, o no son conocidas de ningún modo, si no se puede llegar a ella. Entonces, como Dios es totalmente simple, no se puede tener de Él un falso conocimiento porque se sepa algo de Él y algo se desconozca, sino por el hecho de que no se llega. Por ende, cualquiera que cree que Dios es algo que no es, por ejemplo cuerpo o algo de ese tipo, no adora a Dios porque no lo conoce a Él sino otra cosa. (Santo Tomás de Aquino. Comentario al Evangelio de San Juan, cap. 4, lect. 2, n. 603)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • La fe en Dios Uno y Trino no se identifica con la creencia en Alá

Debe ser, por lo tanto, firmemente retenida la distinción entre la fe teologal y la creencia en las otras religiones. […] No siempre tal distinción es tenida en consideración en la reflexión actual, por lo cual a menudo se identifica la fe teologal, que es la acogida de la verdad revelada por Dios Uno y Trino, y la creencia en las otras religiones, que es una experiencia religiosa todavía en búsqueda de la verdad absoluta y carente todavía del asentimiento a Dios que se revela. Este es uno de los motivos por los cuales se tiende a reducir, y a veces incluso a anular, las diferencias entre el cristianismo y las otras religiones. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Dominus Iesus, n. 7, 6 de agosto de 2000)


II – Negar a Jesús es negar al Padre


a) Negar que Jesucristo es el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, es negar al Padre


Sagradas Escrituras

  • Sólo se va al Padre por el Hijo

Jesús le responde: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya los conocéis y lo habéis visto. […] Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”. (Jo 14, 6.8)

  • Quien niega al Hijo no posee al Padre

¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre. (1 Jn 2, 22-23)

  • No honra al Padre el que no honra al Hijo

[El Padre] ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. (Jn 5, 22-23)

  • Quien odia al Hijo odia al Padre

El que me odia a mí, odia también a mi Padre. (Jn 15, 23)

  • Nadie conoce al Padre si el Hijo no se lo revela

En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. (Mt 11, 25-27)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • El Hijo es la plenitud de la revelación del Padre

“Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo” (Heb 1, 1-2). Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. […] La fe cristiana no puede aceptar “revelaciones” que pretenden superar o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en semejantes “revelaciones”. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 65.67)

San Juan de la Cruz

  • Buscar otras revelaciones es un agravio a Dios

Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar. […] Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de muchos modos y de muchas maneras, ahora a la postre, en estos días nos lo ha hablado en el Hijo todo de una vez. En lo cual da a entender el Apóstol que Dios ha quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en el todo, dándonos al Todo, que es su Hijo.
Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad. (San Juan de la Cruz. Subida del Monte Carmelo, lib. 2, cap. 22, n. 3-5)

San Cirilo de Jerusalén

  • El Padre no admite el culto de quien no adora al Hijo y se indigna cuando es privado de su honor

El Padre se indigna cuando el Hijo unigénito es privado de su honor. Un rey considera grave que alguien insulte a un simple soldado. Por tanto, si se trata indecorosamente a alguien de las personas más honorables, compañeros o amigos, más se enciende la propia cólera. Y si alguien injuria al Hijo único del Rey, ¿quién aplacará y suavizará al Padre del Hijo unigénito de tal modo conmovido?
Si alguien
, por consiguiente, quiere ser piadoso para con Dios, adore al Hijo; de otro modo, el Padre no admitirá su culto. (San Cirilo de Jerusalén. Catequesis X, Un solo Señor, Jesucristo, n. 1-2)


b) Es, por tanto, negar el Dios de Abraham, Isaac y Jacob


Santo Tomás de Aquino

  • No basta creer que hay un sólo Dios; es necesario creer que Dios es Padre y que Jesucristo es Hijo de Dios

No sólo es necesario para los cristianos creer que hay un solo Dios, y que éste es el creador del cielo y de la tierra y de todas las cosas; sino que también es necesario creer que Dios es Padre y que Jesucristo es verdadero Hijo de Dios. Esto, como dice el bienaventurado Pedro en su segunda carta canónica, capítulo 1, no es una fábula, sino cosa cierta y probada por la palabra de Dios en el monte. Por donde dice 2 Pe 1, 16-18: Pues no es que, siguiendo doctas fábulas, os hayamos notificado el poder y la presencia de Nuestro Señor Jesucristo; sino que nos fue dado contemplar su grandeza. Pues, recibiendo de Dios Padre honor y gloria, bajó a él de la magnifica gloria una voz de este modo: Éste es mi Hijo, en el que me he complacido: escuchadle. Y nosotros oímos esta voz bajada del cielo, estando con él en el monte santo. (Santo Tomás de Aquino. Exposición del Símbolo de los Apóstoles, a. 2)

Sagradas Escrituras

  • Está en el Dios verdadero quien está en su Hijo Jesucristo

Sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna. (1 Jn 5, 20)

Benedicto XVI

  • Creer en Dios y en Jesucristo es un único acto de fe

Creer en Dios y creer en Jesús. En efecto, el Señor dice a sus discípulos: “Creed en Dios y creed también en mí” (Jn 14, 1). No son dos actos separados, sino un único acto de fe, la plena adhesión a la salvación llevada a cabo por Dios Padre mediante su Hijo unigénito. El Nuevo Testamento puso fin a la invisibilidad del Padre. Dios mostró su rostro, como confirma la respuesta de Jesús al apóstol Felipe: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14, 9). (Benedicto XVI. Ángelus, 22 de mayo de 2011)

  • Creer en Dios significa acoger a Jesucristo

Creer en Dios significa renunciar a los propios prejuicios y acoger el rostro concreto en quien Él se ha revelado: el hombre Jesús de Nazaret. Y este camino conduce también a reconocerle y a servirle en los demás. (Benedicto XVI. Ángelus, 3 de febrero de 2013)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • Quien cree en Dios debe creer en su Hijo

Para el cristiano, creer en Dios es inseparablemente creer en Aquel que él ha enviado, “su Hijo amado”, en quien ha puesto toda su complacencia (Mc 1, 11). Dios nos ha dicho que les escuchemos (cf. Mc 9, 7). El Señor mismo dice a sus discípulos: “Creed en Dios, creed también en mí” (Jn 14 ,1). Podemos creer en Jesucristo porque es Dios, el Verbo hecho carne: “A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (Jn 1, 18). Porque “ha visto al Padre” (Jn 6, 46), él es único en conocerlo y en poderlo revelar (cf. Mt 11, 27). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 151)

Juan Pablo II

  • Los hombres no pueden entrar en comunión con Dios sino por medio de Cristo

Cristo es el único Salvador de la humanidad, el único en condiciones de revelar a Dios y de guiar hacia Dios. […] Los hombres, pues, no pueden entrar en comunión con Dios, si no es por medio de Cristo y bajo la acción del Espíritu. Esta mediación suya única y universal, lejos de ser obstáculo en el camino hacia Dios, es la vía establecida por Dios mismo. (Juan Pablo II. Encíclica Redemptoris missio, n. 5, 7 de diciembre de 1990)

San Agustín de Hipona

  • La fe de los santos patriarcas es la que predica al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

En efecto, la fe, que los santos Patriarcas y Profetas recibieron por inspiración divina antes de la encarnación del Hijo de Dios, la fe, que los santos Apóstoles oyeron también del mismo Señor encarnado, e instruidos con el magisterio del Espíritu Santo predicaron no sólo de palabra, sino que también dejaron fija en sus escritos para instrucción salubérrima de los seguidores, fe que predica que la Trinidad es un solo Dios, es decir, el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. (San Agustín de Hipona. La fe, dedicado a Pedro, cap. 1, n. 4)

Sagradas Escrituras

  • Sólo los que creen en Cristo son descendencia de Abrahán y sus herederos

Pues bien, las promesas se le hicieron a Abrahán y a su descendencia (no dice “y a los descendientes”, como si fueran muchos, sino y a tu descendencia, que es Cristo). […] Y si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos según la promesa. (Gal 3, 16.29)

San Juan Damasceno

  • Mahoma niega que Jesucristo sea el Hijo de Dios

[Mahoma] sostiene que Cristo es la palabra de Dios y su espíritu, pero una criatura y un siervo, y que fue engendrado, sin semen, de María, la hermana de Moisés y Aarón. Pues, dice él, la palabra y Dios y el espíritu entraron en María y ella dio a luz a Jesús, que era profeta y siervo de Dios. (San Juan Damasceno. Sobre las herejías, n. 101: PG 94, 766)

  • Para Mahoma la divinidad de Cristo es una mentira de hombres pecadores

Y dice que cuando Cristo fue ascendido al cielo preguntó Dios: “O Jesús, ¿dijiste tú “Yo soy el Hijo de Dios y Dios?”. Y Jesús, dice él, respondió: “Ten piedad de mi, Señor. Tú sabes que yo no he dicho eso, y que yo no desprecio de ser tu siervo. Pero los hombres pecadores han escrito que yo hice esa afirmación, que han mentido sobre mí y que han caído en el error”. (San Juan Damasceno. Sobre las herejías, n. 101: PG 94, 766)

Santo Tomás de Aquino

  • Los musulmanes no comprenden la filiación divina porque son hombres carnales

En primer lugar, se debe considerar que el motivo por el que se burlan de nosotros, según el cual colocamos a Cristo como Hijo de Dios como si tuviera esposa, es irrisorio. Siendo carnales, son pueden pensar sino las cosas que son de la carne y de la sangre. Ahora bien, cualquier sabio puede considerar que no hay un solo y mismo modo de engendrar en todas las cosas, sino que en cada cosa se encuentra la generación según la propiedad de su naturaleza. […] Se debe, pues, entender la generación en Él, según lo que conviene a la naturaleza intelectual. (Santo Tomás de Aquino. Tratado sobre las razones de la fe, cap. 3)

San Juan Damasceno

  • Los musulmanes son “mutiladores” de Dios

Ellos nos llaman herejes y asociadores porque, dicen, introdujimos un asociado con Dios declarando a Cristo Hijo de Dios y Dios. Nosotros les decimos como contestación: […] “En tanto que vosotros afirméis que Cristo es la palabra de Dios y el espíritu, ¿por qué nos acusáis de ser herejes? Pues la palabra y el espíritu son inseparables de todo aquello que tiene existencia de un modo natural. Por lo tanto si la palabra de Dios está en Dios, entonces es obvio que Él es Dios. Si en cambio, Él está fuera de Dios, entonces según vosotros, Dios no tiene ni palabra ni espíritu. En consecuencia, para evitar un asociado a Dios, lo mutiláis. Sería mucho mejor para vosotros aceptar que tiene un asociado que mutilarlo, como si estuvierais tratando con una piedra o con un trozo de madera o cualquier objeto inanimado. Así que mientras torticeramente nos llamáis herejes, nosotros replicamos llamándoos mutiladores de Dios”. (San Juan Damasceno. Sobre las herejías, n. 101: PG 94, 767)


III – Hay diferencias abismales entre el Dios verdadero y Alá: Dios no es irracional ni inmoral


a) Dios no puede actuar en contra de su naturaleza sumamente buena; no puede, por tanto, querer el mal ni hacer lo que contraría la razón


Santo Tomás de Aquino

  • Dios es el sumo bien…

El bien universal es superior a cualquier bien particular, como el bien del pueblo es superior al bien del individuo; porque la bondad y la perfección del todo es más excelente que la bondad y la perfección de la parte. Mas la bondad divina, comparada con las otras, es como el bien universal comparado con el particular; pues Dios es el bien de todo bien, como se demostró. Según esto, Dios es el sumo bien. (Santo Tomás de Aquino. Suma contra los gentiles, lib. I, cap. 41, n. 2)

  • …y actúa en conformidad con su naturaleza

Dios hace algo porque quiere; sin embargo, no puede porque quiera, sino porque así es su naturaleza. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I, q. 25, a. 5, ad 1)

  • Dios no es voluntarista. La bondad divina es la causa de su querer

El fin es causa de que la voluntad quiera. Y el fin de la voluntad divina es su bondad. Esta es, pues, la causa de querer Dios, que es también su mismo querer. […] Todo lo dicho descarta el error de quienes afirman que todo procede de Dios en virtud de su simple voluntad, de tal manera que no hay otra razón que el que Dios lo quiere.
Mas esta doctrina es también contraria a la divina Escritura, que nos enseña que Dios “creó todas las cosas según el orden de su sabiduría”; y en el Eclesiástico: “Dios derramó su sabiduría sobre todas sus obras”. (Santo Tomás de Aquino. Suma contra los gentiles, lib. I, cap. 87, n.2.5-6)

  • Por lo tanto, Dios no puede querer el mal

La virtud de un sujeto es principio de bien obrar. Pero todo obrar de Dios es un obrar virtuoso, al ser su virtud su esencia, como ya se probó. Luego no puede querer el mal.
La voluntad nunca tiende al mal sino cuando hay algún error en la razón
, al menos cuando se trata de una elección particular; pues como el objeto de la voluntad es el bien aprehendido, no puede inclinarse la voluntad al mal sino en cuanto se le propone de algún modo como bien, cosa que no puede ocurrir sin error. Pero en el conocimiento divino no es posible el error, según se ha probado ya. No puede, por tanto, su voluntad tender al mal.
Se ha demostrado que Dios es el sumo bien. Mas el sumo bien excluye todo consorcio con el mal, como el sumo calor la mezcla de frío. En consecuencia, la voluntad divina no puede inclinarse al mal.
Como el bien tiene razón de fin, el mal no puede caer bajo la voluntad sino por aversión del fin. Pero la voluntad divina no puede apartarse del fin, puesto que, como ya se probó, nada puede querer sino queriéndose a sí mismo. No puede, pues, querer el mal. (Santo Tomás de Aquino. Suma contra los gentiles, lib. I, cap. 95, n. 2-5)

  • Ni lo que contraría la razón

Dios, queriendo su propio ser, que es su bondad, quiere todos los otros seres, en cuanto tienen su semejanza. Pero en lo que una cosa repugna a la razón de ser en cuanto tal, no puede salvarse la semejanza del primer ser, es decir, del ser divino, fuente del ser. Dios, pues, no puede querer algo que repugna a la razón de ser en cuanto tal. Ahora bien, como a la razón de hombre en cuanto tal repugna el ser irracional, así a la razón de ser como ser repugna que una cosa sea ser y no ser a la vez. Dios no puede hacer, por lo tanto, que la afirmación y la negación sean verdaderas al mismo tiempo. Y esto incluye precisamente todo lo que de suyo es imposible, que repugna a sí mismo en cuanto implica contradicción. La voluntad de Dios, en consecuencia, no puede querer lo que de suyo es imposible. (Santo Tomás de Aquino. Suma contra los gentiles, lib. I, cap. 84, n. 3)

Benedicto XVI

  • Actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios

La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios, ¿es solamente un pensamiento griego o vale siempre y por sí mismo? Pienso que en este punto se manifiesta la profunda consonancia entre lo griego en su mejor sentido y lo que es fe en Dios según la Biblia. Modificando el primer versículo del libro del Génesis, el primer versículo de toda la Sagrada Escritura, San Juan comienza el prólogo de su Evangelio con las palabras: “En el principio ya existía el Logos”. Ésta es exactamente la palabra que usa el emperador: Dios actúa “συ νλόγω”, con logos. Logos significa tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero precisamente como razón. De este modo, san Juan nos ha brindado la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra con la que todos los caminos de la fe bíblica, a menudo arduos y tortuosos, alcanzan su meta, encuentran su síntesis. En el principio existía el logos, y el logos es Dios, nos dice el evangelista. El encuentro entre el mensaje bíblico y el pensamiento griego no era una simple casualidad. […] En el fondo, se trata del encuentro entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión. Partiendo verdaderamente de la íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, de la naturaleza del pensamiento griego ya fusionado con la fe, Manuel II podía decir: No actuar “con el logos” es contrario a la naturaleza de Dios. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

San Agustín de Hipona

  • La omnipotencia de Dios no significa que pueda hacer falso lo verdadero ni verdadero lo falso

Todo el que dice: “Si Dios es omnipotente, haga que las cosas que han sido hechas no lo hayan sido”, no ve que está diciendo esto: “Si Dios es omnipotente, haga que las cosas que son verdaderas, sean falsas en virtud de aquello por lo que son verdaderas”. […] A esta verdad no se puede oponer Dios, en quien existe la suprema e inmutable verdad por quien se ilumina para existir todo lo que es verdad en las almas y mentes de cualesquiera. (San Agustín de Hipona. Réplica a Fausto, el maniqueo, lib. 26, n. 5)

Santo Tomás de Aquino

  • Dios no puede mandar el pecado

Toda la sabiduría y bondad del hombre se derivan de la sabiduría y bondad divinas, como cierta semejanza de Él. Si repugna, pues, a la sabiduría y bondad humanas hacer pecar a uno, mucho más a la divina. […] De aquí que se diga en el Eclesiástico: “No digas que Él te empujó al pecado, pues no necesita de gente mala”. Y más abajo: “A ninguno manda obrar impíamente, a ninguno da permiso para pecar”. Y se dice: “Nadie diga en la tentación: ‘Soy tentado por Dios’. Porque Dios no puede tentar al pecador”. (Santo Tomás de Aquino. Suma contra los gentiles, lib. III, cap. 162, n. 4.6)

  • Es propio de la Providencia respetar el orden natural

Además, pertenece a la providencia no destruir sino respetar el orden de las cosas. En eso se manifiesta en el más alto grado la sabiduría de Dios, que conserva intacto el orden de la naturaleza y la justicia. (Santo Tomás de Aquino. Tratado sobre las razones de la fe, cap. 7)

Juan Pablo II

  • Es la Trinidad quien garantiza el orden inteligible y racional de todas las cosas

El mismo e idéntico Dios, que fundamenta y garantiza que sea inteligible y racional el orden natural de las cosas […], es el mismo que se revela como Padre de nuestro Señor Jesucristo. Esta unidad de la verdad, natural y revelada, tiene su identificación viva y personal en Cristo, como nos recuerda el Apóstol: “Habéis sido enseñados conforme a la verdad de Jesús” (Ef 4, 21; cf. Col 1, 15-20). Él es la Palabra eterna, en quien todo ha sido creado, y a la vez es la Palabra encarnada, que en toda su persona revela al Padre (cf. Jn 1, 14.18). (Juan Pablo II. Encíclica Fides et ratio, n. 34, 14 de septiembre de 1998)


b) Alá, al contrario, es considerado tan “trascendente” que su voluntad no está vinculada a nada, incluso la razonabilidad. Así, puede mandar hacer el mal, actuar contra la razón y hasta contradecirse, pues no está obligado a su propia palabra. De esta forma, el Islam admite el voluntarismo extremo, lo que incluye también el fatalismo


Benedicto XVI

  • La voluntad de Alá no está vinculada a la racionabilidad

Recordé todo esto recientemente cuando leí la parte, publicada por el profesor Theodore Khoury (Münster), del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez en los cuarteles de invierno del año 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y sobre la verdad de ambos. […] La afirmación decisiva es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. El editor, Theodore Khoury, comenta: para el emperador, como bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. En cambio, para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está vinculada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la racionabilidad. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

  • Este voluntarismo extremo lleva a un Dios-Arbitrio, desvinculado del bien y la verdad

Un planteamiento voluntarista […] llevó finalmente a afirmar que sólo conocemos de Dios la voluntas ordinata. Más allá de ésta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual habría podido crear y hacer incluso lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho. Aquí se perfilan posiciones que pueden acercarse a las de Ibn Hazm y podrían llevar incluso a una imagen de Dios-Arbitrio, que no está vinculado ni siquiera con la verdad y el bien. La trascendencia y la diversidad de Dios se acentúan de una manera tan exagerada, que incluso nuestra razón, nuestro sentido de la verdad y del bien, dejan de ser un auténtico espejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inaccesibles y escondidas tras sus decisiones efectivas. En contraste con esto, la fe de la Iglesia se ha atenido siempre a la convicción de que entre Dios y nosotros, entre su eterno Espíritu creador y nuestra razón creada, existe una verdadera analogía, en la que ciertamente —como dice el IV Concilio de Letrán en 1215— las diferencias son infinitamente más grandes que las semejanzas, pero sin llegar por ello a abolir la analogía y su lenguaje. Dios no se hace más divino por el hecho de que lo alejemos de nosotros con un voluntarismo puro e impenetrable. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

  • Alá puede contradecirse, como lo hace acerca de la yihad

En el séptimo coloquio (διάλεξις, controversia), editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la yihad, la guerra santa. Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: “Ninguna constricción en las cosas de fe”. Según dice una parte de los expertos, es probablemente una de las suras del período inicial, en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en detalles, como la diferencia de trato entre los que poseen el “Libro” y los “incrédulos”, con una brusquedad que nos sorprende, brusquedad que para nosotros resulta inaceptable, se dirige a su interlocutor llanamente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia en general, diciendo: “Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

  • Alá no está obligado a decir la verdad y puede mandar el pecado, incluso la idolatría…

En este contexto, Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien observa que Ibn Hazm llega a decir que Dios [Alá] no estaría vinculado ni siquiera por su propia palabra y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si él quisiera, el hombre debería practicar incluso la idolatría. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

San Juan Damasceno

  • …o mandar cometer adulterio

Mahoma tenía un amigo llamado Zeid. Este hombre tenía una hermosa esposa de la que Mahoma se enamoró. Una vez, cuando estaban sentados juntos, Mahoma dijo: “A propósito, Dios me ha ordenado tomar a tu esposa”. El otro contestó: “Tú eres un apóstol. Haz como Dios te ha dicho y toma a mi esposa”. Antes —para contar la historia desde el principio— le dijo: “Dios me ha dado la orden de que repudies a tu esposa”. Y él la repudió. Entonces, muchos días después: “Ahora”, dijo, “Dios me ha ordenado tomarla”. Entonces, después de haberla tomado y cometer adulterio con ella, hizo esta ley: “Déjalo que repudie a su esposa. Y, si después de haberla repudiado, él desea retornar con ella, deja que otro se case con ella. Pues no es lícito tomarla a menos haya sido casada con otro. Además, si un hermano repudia a su esposa, deja que su hermano se case con ella si así lo desea”. (San Juan Damasceno. Sobre las herejías, n. 101: PG 94, 770)

Santo Tomás de Aquino

  • Frente a la voluntad incontenible de Alá, ¿qué le resta al hombre? El fatalismo

Acerca del mérito que depende del libre albedrío, afirmas que los sarracenos y otros pueblos atribuyen necesidad a los actos humanos en virtud de la presciencia u ordenación divina, diciendo que el hombre no puede morir ni pecar a menos que Dios así lo haya ordenado de él, y que uno tiene su destino escrito en la frente. (Santo Tomás de Aquino. Tratado sobre las razones de la fe, cap. 1)

Benedicto XVI

  • A la vista de las múltiples deformaciones de la imagen de Dios, es importante decir con claridad en qué Dios creemos

La segunda parte del Credo nos dice algo más. Esta Razón creadora es Bondad. Es Amor. Tiene un rostro. Dios no nos deja andar a tientas en la oscuridad. Se ha manifestado como hombre. Es tan grande que se puede permitir hacerse muy pequeño. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”, dice Jesús (Jn 14, 9). Dios ha asumido un rostro humano. Nos ama hasta el punto de dejarse clavar por nosotros en la cruz, para llevar los sufrimientos de la humanidad hasta el corazón de Dios. Hoy, que conocemos las patologías y las enfermedades mortales de la religión y de la razón, las destrucciones de la imagen de Dios a causa del odio y del fanatismo, es importante decir con claridad en qué Dios creemos y profesar con convicción este rostro humano de Dios. (Benedicto XVI. Homilía en la explanada de Isling, 12 de septiembre de 2006)


c) El Dios verdadero “no puede negarse a sí mismo”, pues es fiel; su voluntad es inmutable


Benedicto XVI

  • El Dios verdadero es el que actúa en armonía con la razón

El Dios verdaderamente divino es el Dios que se ha manifestado como logos y ha actuado y actúa como logos lleno de amor por nosotros. Ciertamente el amor, como dice san Pablo, “rebasa” el conocimiento y por eso es capaz de percibir más que el simple pensamiento (cf. Ef 3, 19); sin embargo, sigue siendo el amor del Dios-Logos, por lo cual el culto cristiano, como dice también San Pablo, es “λογικη λατρεία”, un culto que concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón (cf. Rom 12, 1). (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

Santo Tomás de Aquino

  • Dios no es caprichoso; su voluntad es inmutable

La voluntad de Dios es completamente inmutable. […] La voluntad cambiaría si alguien comenzara a querer lo que antes no quiso, o deja de querer lo que quiso. Lo cual no puede suceder si no se presupone un cambio de conocimiento o de disposición sustancial por parte del que quiere. Como quiera que la voluntad mira el bien, alguien puede empezar a querer nuevamente de dos maneras. Una, que de nuevo aquello comience a ser para él un bien. Lo cual no se da sin un cambio. Ejemplo: Llegando el frío, empieza a ser bueno estar sentado junto al fuego, algo que antes no lo era.
Otra, que de nuevo empiece a conocer lo que es un bien para él, cosa que antes ignoraba. Y para eso nos aconsejamos: para saber qué es bueno para nosotros.
Ya quedó demostrado anteriormente (q. 9, a. l; q. 14, a. 15) que tanto la sustancia de Dios como su ciencia son completamente inmutables. Por lo tanto, también lo es su voluntad. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I, q. 19, a. 7)

Sagradas Escrituras

  • Dios no puede negarse a sí mismo

Es palabra digna de crédito: Pues si morimos con él, también viviremos con él; si perseveramos, también reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.  (2 Tim 2, 11-13)

  • Dios es fiel

No es Dios un hombre, para mentir, ni hijo de hombre, para volverse atrás. ¿Puede él decir y no hacer, hablar y no mantenerlo? (Num 23, 19)


d) Otra diferencia que emana de la anterior: el concepto del Dios verdadero sobre la moral. El matrimonio musulmán y el cielo que Alá promete son contrarios a las enseñanzas de la Iglesia


San Juan Damasceno

  • Mahoma prescribe la poligamia y el divorcio

Mahoma escribió muchos libros ridículos, a cada uno de los cuales les puso título. Por ejemplo, hay un libro “Sobre las mujeres” en el cual permite para tomar cuatro esposas y, si fuera posible, mil concubinas, tantas como uno pueda mantener además de las cuatro esposas. También hizo legal repudiar a cualquier esposa que a uno se le antoje, y de la misma manera, tomar otra. (San Juan Damasceno. Sobre las herejías, n. 101: PG 94, 770)

Sagradas Escrituras

  • El Dios verdadero estableció el matrimonio monogámico y indisoluble

Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?”. Él les replicó: “¿Qué os ha mandado Moisés?”. Contestaron: “Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla”. Jesús les dijo: “Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: “Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”. (Mc 10, 2-12)

Santo Tomás de Aquino

  • La felicidad humana no está en los deleites carnales que los seguidores de Mahoma buscan como recompensa eterna

La perfección suma del hombre no puede consistir en su unión con las cosas más bajas que él, sino en su unión con alguna más alta, porque el fin siempre es mejor que lo ordenado al fin. Como tales delectaciones consisten en que el hombre se une mediante el sentirlo con las cosas más bajas que él, es decir, con ciertos objetos sensibles, síguese que la felicidad no puede establecerse en ellas. […] El fin último de todas las cosas es Dios, según consta por lo dicho. Así, pues, el último fin del hombre deberá establecerse en lo que más le aproxime a Dios. Ahora bien, por estas delectaciones es impedido el hombre de la máxima aproximación a Dios, que se logra por la contemplación, que ellas estorban grandemente, puesto que principalmente arrastran al hombre hacia las cosas sensibles y, en consecuencia, le apartan de las inteligibles. Por lo tanto, la felicidad humana no puede establecerse en las delectaciones corporales. […] [Con eso] se rechazan también las fábulas de judíos y sarracenos, que ponen en dichos deleites la recompensa de los justos, puesto que la felicidad es el premio de la virtud. (Santo Tomás de Aquino. Suma contra los gentiles, lib. III, cap. 27, n. 6.10-11)

Sagradas Escrituras

  • En el cielo, hombres y mujeres serán como ángeles

Se le acercan unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntan: “Maestro, Moisés nos dejó escrito: ‘Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, que se case con la viuda y dé descendencia a su hermano’. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella”. Jesús les respondió: “¿No estáis equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo”. (Mc 12, 18-25)

  • Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino santa

Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación, que os apartéis de la impureza, que cada uno de vosotros trate su cuerpo con santidad y respeto, no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios. Y que en este asunto nadie pase por encima de su hermano ni se aproveche con engaño, porque el Señor venga todo esto, como ya os dijimos y os aseguramos: Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino santa. Por tanto, quien esto desprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os ha dado su Espíritu Santo. (1 Tes 4, 3-8)

  • Los impuros no entrarán en el Reino de Dios

Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, discordia, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen estas cosas no heredarán el reino de Dios. (Gal 5, 19-21)


Para ayudar a entender el tema:

IV – Anexo doctrinal sintético sobre el problema del mal y Dios/Alá


a) Si la voluntad de Alá no está vinculada a nada, ni a la verdad o el bien, puede querer el mal per se, pues el criterio de bien o mal es su voluntad suprema. El Dios verdadero, en cambio, permite el mal, pero no lo desea. Por lo tanto, per accidens puede permitir algo malo para per se sacar algo de mejor


Catecismo de la Iglesia Católica

  • Dios nunca es causa del mal moral, pero lo permite

Dios no es de ninguna manera, ni directa ni indirectamente, la causa del mal moral (cf. San Agustín, De libero arbitrio, 1, 1, 1: PL 32, 1221-1223; Santo Tomás de Aquino, S. Th. I-II, q. 79, a. 1). Sin embargo, lo permite, respetando la libertad de su criatura, y, misteriosamente, sabe sacar de él el bien. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 311)

San Agustín de Hipona

  • Dios sólo permite el mal para de él sacar un bien mayor

Dios omnipotente, como confiesan los mismos infieles, “universal Señor de todas las cosas”, siendo sumamente bueno, no permitiría en modo alguno que existiese algún mal en sus criaturas si no fuera de tal modo bueno y poderoso que pudiese sacar bien del mismo mal. (San Agustín de Hipona. Manual de fe, esperanza y caridad, cap. 3, n. 11)

Santo Tomás de Aquino

  • El bien que Dios saca del mal siempre es mayor que el bien privado por el mal

Y es imposible que algún mal, en cuanto tal, sea apetecido ni por el apetito natural, ni por el animal, ni por el intelectual que es la voluntad. Pero algún mal es apetecido accidentalmente, en cuanto que reporta algún bien. […] El mal que va unido a un bien, conlleva privación de otro bien. Así pues, nunca será apetecido el mal, ni siquiera por accidente, a no ser que el bien que conlleva el mal sea más apetecido que el bien del que se ve privado por el mal.
Dios no quiere ningún bien más que su bondad; sin embargo, quiere algún bien más que algún otro bien. Por eso, Dios no quiere, de ninguna manera, el mal de culpa, que conlleva la privación de orden al bien divino. Pero quiere el mal como defecto natural, o el mal de pena, puesto que quiere algún bien que conlleva dicho mal. Ejemplo: Queriendo justicia, quiere el castigo; queriendo conservar el orden de la naturaleza, quiere la destrucción de algo de la naturaleza. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I, q. 19, a. 9)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • Del mayor mal jamás cometido, Dios sacó el mayor de los bienes

Con el tiempo, se puede descubrir que Dios, en su providencia todopoderosa, puede sacar un bien de las consecuencias de un mal, incluso moral, causado por sus criaturas: “No fuisteis vosotros, dice José a sus hermanos, los que me enviasteis acá, sino Dios […] aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir […] un pueblo numeroso” (Gen 45, 8; 50, 20; cf. Tob 2, 12-18 Vulg.). Del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, por la superabundancia de su gracia (cf. Rom 5, 20), sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención. Sin embargo, no por esto el mal se convierte en un bien. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 312)


b) Sobre una posible objeción: el uso de la violencia en la Antiguo Testamento


Por todo lo expuesto, resulta evidente que ciertos actos de Dios en el Antiguo Testamento, como la guerra de exterminio o el castigo de ciudades enteras, que en un primer momento pueden causar perplejidad, deben ser comprendidos con el propósito de un bien mayor. Por ejemplo, la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra tenía en vista preservar la humanidad de un mal que ya no tenía remedio: no había ni siquiera diez justos en la ciudad… Diferente fue la actitud del Señor con Nínive, que hizo penitencia después de la predicación del profeta Jonás. Dios siempre prefiere la misericordia a la justicia, y sólo se vale de ésta cuando aquella ya no resulta eficaz. En síntesis, Dios actúa como un cirujano que amputa el brazo gangrenado para salvar al cuerpo. O sea, en perfecta conformidad con lo que dice el dulce y misericordioso Jesús: “Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. […] Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala” (Mt 5, 29-30).

Y por eso se ve que no hay ninguna contradicción entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, pues Dios, autor de ambos, es razonable y no puede contradecirse. Y de ahí también la necesidad de una autoridad infalible, la Iglesia, que interprete la Escritura como un todo.

En el caso del Islam, con su dios tan “trascedente” que no se vincula ni al bien ni a la verdad o a la razonabilidad, y que no posee una autoridad interpretativa, no es necesario buscar la coherencia al interpretar el Corán. Y nunca han faltado en la Historia fanáticos que defienden los peores crímenes basados en una frase del Corán…


Santo Tomás de Aquino

  • Para salvar al cuerpo es preciso amputar el miembro gangrenado

Si fuera necesaria para la salud de todo el cuerpo humano la amputación de algún miembro, por ejemplo, si está podrido y puede inficionar a los demás, tal amputación sería laudable y saludable. Pues bien: cada persona singular se compara a toda la comunidad como la parte al todo; y, por tanto, si un hombre es peligroso a la sociedad y la corrompe por algún pecado, laudable y saludablemente se le quita la vida para la conservación del bien común; pues, como afirma 1 Cor 5, 6, un poco de levadura corrompe a toda la masa. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 64, a. 2)

  • Dios odia los malos y los castiga por amor al bien y la justicia

Se dice, sin embargo, que Dios odia algunas cosas en razón de la semejanza. Y esto de dos modos: Primero, en cuanto que Dios, al amar las cosas y querer que exista su bien, quiere que no exista el mal contrario. De donde se dice que tiene odio a los males (pues nosotros decimos que aquellas cosas que no queremos las odiamos); conforme a aquello de Zacarías: “No piense ninguno de vosotros mal de su amigo en vuestros corazones y no améis el juramento falso, porque todas éstas son cosas que aborrezco, dice el Señor”. Por más que estas cosas no son efectos realmente subsistentes, que son las que propiamente se odian o aman. El otro modo de decir que Dios odia, siendo así que más bien ama, se funda en la privación de un bien menor, que va implicada en el hecho de querer un bien mayor. Así, pues, en cuanto quiere el bien que es la justicia o el orden del universo, que no pueden darse sin el castigo o la corrupción de algunas cosas, se dice que odia aquellas cosas que quiere se castiguen o corrompan, según aquello de Malaquías: “Aborrecí a Esaú”; y lo del Salmo: “Aborreces a todos los que obran iniquidad, perderás a todos los que hablan mentira. Al varón sanguinario y fraudulento abominará el Señor”. (Santo Tomás de Aquino. Suma contra los gentiles, lib. I, cap. 96, n. 7)

San Agustín de Hipona

  • El castigo de los malos es una obra buena de Dios

El castigo de los malos, que viene de Dios, es ciertamente un mal para los malos, pero está entre las obras buenas de Dios, porque es justo que los malos sean castigados, y ciertamente es bueno todo lo que es justo. (San Agustín de Hipona. Las retracciones, lib. I, cap. 26)

Sagradas Escrituras

  • Pueblos exterminados por empedernirse en el mal. Aun con ellos Dios usó misericordia

A los antiguos habitantes de tu santa tierra, los aborreciste por sus prácticas abominables, actos de magia y ritos sacrílegos.
A esos crueles asesinos de niños, devoradores de entrañas en banquetes de carne y sangre humanas, a esos iniciados en bacanales, padres asesinos de seres indefensos, decidiste eliminarlos por medio de nuestros antepasados, para que la tierra que tú más apreciabas acogiera a la digna colonia de los hijos de Dios.
Pero también con estos
, como hombres que eran, fuiste indulgente y les enviaste avispas como avanzadilla de tu ejército, para exterminarlos poco a poco.
Aunque pudiste entregar a los impíos en manos de los justos en batalla campal, o aniquilarlos de una vez con bestias feroces o con una orden fulminante, los castigaste paulatinamente, dándoles ocasión de arrepentirse, aunque sabías que eran de mala cepa, de malicia innata, y que su modo de pensar no cambiaría nunca, pues era una raza maldita desde su origen; si les indultaste los pecados, no fue por miedo a nadie. (Sab 12, 3-11)

Benedicto XVI

  • Sodoma y Gomorra fueron destruidas porque en ellas ya no había la posibilidad de trasformar el mal en bien

En el capítulo 18 del libro del Génesis; se cuenta que la maldad de los habitantes de Sodoma y Gomorra estaba llegando a tal extremo que resultaba necesaria una intervención de Dios para realizar un acto de justicia y frenar el mal destruyendo aquellas ciudades. […] Abraham presenta a Dios la necesidad de evitar una justicia sumaria: si la ciudad es culpable, es justo condenar su delito e infligir el castigo, pero —afirma el gran patriarca— sería injusto castigar de modo indiscriminado a todos los habitantes. Si en la ciudad hay inocentes, estos no pueden ser tratados como los culpables. Dios, que es un juez justo, no puede actuar así, dice Abraham, con razón, a Dios. […] Abraham —como recordamos— hace disminuir progresivamente el número de los inocentes necesarios para la salvación: si no son cincuenta, podrían bastar cuarenta y cinco, y así va bajando hasta llegar a diez. […] Pero ni siquiera diez justos se encontraban en Sodoma y Gomorra, y las ciudades fueron destruidas. Una destrucción que paradójicamente la oración de intercesión de Abraham presenta como necesaria. Porque precisamente esa oración ha revelado la voluntad salvífica de Dios: el Señor estaba dispuesto a perdonar, deseaba hacerlo, pero las ciudades estaban encerradas en un mal total y paralizante, sin contar ni siquiera con unos pocos inocentes de los cuales partir para transformar el mal en bien. (Benedicto XVI. Audiencia general, 18 de mayo de 2011)


V – Algunos trechos del Corán, que muestran con evidencia todo lo expuesto


a) Sobre la Trinidad y la filiación divina de Jesucristo


  • Los que creen en la Trinidad son infieles

Son incrédulos quienes dicen: Alá es parte de una trinidad. No hay más que una sola divinidad. Si no desisten de lo que dicen, un castigo doloroso azotará a quienes [por decir eso] hayan caído en la incredulidad. (Corán, sura 5, 73)

  • No hay Trinidad y es inadmisible que Dios tenga un hijo

¡Oh, Gente del Libro! No os extralimitéis en vuestra religión. No digáis acerca de Allah sino la verdad: Ciertamente el Mesías Jesús hijo de María, es el Mensajero de Allah y su palabra [¡Sé!] que depositó en María, y un espíritu que proviene de Él. Creed pues, en Allah y en sus Mensajeros. No digáis que es una trinidad, desistid, pues es lo mejor para vosotros. Por cierto que Allah es la única divinidad. ¡Glorificado sea! Es inadmisible que tenga un hijo. A Él pertenece cuanto hay en los cielos y la Tierra. Es suficiente Allah como protector. (Corán, sura 4, 171)

  • Es blasfemo decir que Dios tiene un Hijo

Allah no ha tenido un hijo. ¡Glorificado sea! Cuando decide algo dice: ¡Sé!, y es. […] Dicen: El Clemente tuvo un hijo. Por cierto que han dicho algo terrible; estuvieron los cielos a punto de hendirse, la Tierra de abrirse, y las montañas de caer derrumbadas porque Le atribuyeron un hijo al Clemente. No es propio [de la grandiosidad] del Clemente tener un hijo. (Corán, sura 19, 35.88-92)

  • Son condenados al infierno los que profesan la divinidad de Jesús

Son incrédulos quienes dicen: Allah es el Mesías hijo de María. El mismo Mesías dijo: ¡Oh, Hijos de Israel! Adorad a Allah, pues Él es mi Señor y el vuestro. A quien atribuya copartícipes a Allah, Él le vedará el Paraíso y su morada será el Infierno. Los inicuos jamás tendrán auxiliadores. (Corán, sura 5, n. 72)

  • Jesucristo no predicó su propia divinidad sino la de Alá, su Señor

Y cuando dijo Allah: ¡Oh, Jesús hijo de María! ¿Eres tú quien ha dicho a los hombres: Tomadnos a mí y a mi madre como divinidades en vez de Allah? Dijo: ¡Glorificado seas! No me corresponde decir algo sobre lo que no tengo derecho. Si lo hubiera dicho tú lo sabrías. Tú conoces lo que encierra mi alma, mientras que yo ignoro lo que encierra la tuya. Tú eres quien conoce lo oculto. No les he dicho sino lo que tú me has ordenado: Adorad a Allah, mi Señor y el vuestro. Mientras permanecí con ellos velé por ellos, pero después de que me llevaste contigo fuiste tú quien les vigiló. Tú eres testigo de todas las cosas. (Corán, sura 5, 116-117)

  • Jesús es puro hombre como Adán…

Por cierto que el ejemplo de Jesús ante Allah es semejante al de Adán, a quien creó de barro y luego le dijo: ¡Sé!, y fue. [Ésta es] La verdad [sobre Jesús que] proviene de tu Señor. No seas, pues, de los que dudan. (Corán, sura 3, 59-60)

  • …un profeta como los demás…

Di: Creemos en Allah y en lo que se nos ha revelado, en lo que fue revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y a las doce Tribus, y en lo que Moisés, Jesús y los Profetas han recibido de su Señor. No hacemos distinción entre ninguno de ellos y nos sometemos a Él. (Corán, sura 3, 84)

  • …igual a otros que le precedieron

El Mesías hijo de María es sólo un Mensajero, igual que los otros Mensajeros que le precedieron. (Corán, sura 5, 75)


b) Otros trechos del Corán. Según lo expuesto, cada frase manifiesta la voluntad imperiosa de Alá


  • Alá no es interrogado por lo que hace

Si hubiese habido en los cielos y en la Tierra otras divinidades aparte de Allah, éstos se habrían destruido. ¡Glorificado sea Allah, Señor del Trono! Él está por encima de lo que Le atribuyen. Él no es interrogado por lo que hace, a diferencia de Sus siervos que sí serán interrogados [pues deberán responder por todas sus obras el Día del Juicio]. (Corán, sura 21, 22-23)

  • Tiene poder sobre todas las cosas

No abrogamos ninguna ley ni la hacemos olvidar sin traer otra mejor o similar. ¿Acaso no sabes que Allah tiene poder sobre todas las cosas? (Corán, sura 2, 106)

  • A quien Alá desvía, no encuentra salvación

¿Por qué os dividís en dos grupos respecto a los hipócritas [algunos no querían combatirles y otros sí]? Allah les ha desviado por su desobediencia. ¿Acaso intentáis guiar a quien Allah ha extraviado? A quien Allah desvía no le encontrarás salvación. (Corán, sura 4, 88)

  • Matad los incrédulos dondequiera que se encuentren

Y matadles [los incrédulos] dondequiera que los encontréis, y expulsadles de donde os hubieran expulsado. Y [sabed que] la sedición es más grave que el homicidio. (Corán, sura 2, 191)

  • Combatid hasta el triunfo de Alá

Combatidlos hasta que cese la sedición y triunfe la religión de Allah. (Corán, sura 2, 193)

  • Los que no crean en Alá serán arrojados al fuego

A quienes no crean en nuestros signos les arrojaremos al Fuego. Toda vez que se les queme la piel se la cambiaremos por una nueva, para que sigan sufriendo el castigo. Allah es Poderoso, Sabio.(Corán, sura 4, 56)

  • El castigo es la muerte, la crucifixión, la amputación de miembros y el destierro

El castigo de quienes hacen la guerra a Allah y a Su Mensajero y siembran en la Tierra la corrupción es que se les mate, o crucifique, o se les ampute una mano y el pie opuesto o se les destierre. Esto es para que sean denigrados en esta vida, y en la otra tendrán un terrible castigo. (Corán, sura 5, 33)

  • Golpead los cuellos y cortad los dedos a los incrédulos

Y cuando tu Señor le dijo a los Ángeles: Yo estoy con vosotros, inspiradle valor a los creyentes que ciertamente Yo infundiré terror en los corazones de los incrédulos. Golpeadles [con vuestras espadas] sus cuellos y cortadles los dedos. (Corán, sura 8, 12)

  • Los que lucharon por la causa de Alá les serán perdonados sus pecados

Los creyentes que emigraron y lucharon por la causa de Allah, y aquellos que les refugiaron y les socorrieron son los verdaderos creyentes; a éstos les serán perdonados sus pecados y recibirán una generosa recompensa. (Corán, sura 8, 74)

  • Matad. Alá es misericordioso…

Mas cuando hayan pasado los meses sagrados [Muharram, Rayab, Dhul Qa‘dah y Dhul Hiyyah en los cuales se os ha vedado el combate armado] matad a los idólatras dondequiera les halléis, capturadles, cercadles y tendedles emboscadas en todo lugar, pero si se arrepienten [y aceptan el Islam], cumplen con la oración prescrita y pagan el Zakât dejadles en paz. Ciertamente Allah es Absolvedor, Misericordioso. (Corán, sura 9, 5)

  • Combatid y sed severos con los incrédulos

¡Oh, creyentes! Combatid a aquellos incrédulos que habitan alrededor vuestro, y que comprueben vuestra severidad. Y sabed que Allah está con los piadosos. (Corán, sura 9, 123)

  • Alá introducirá en el Paraíso los que combatan a los incrédulos

Cuando os enfrentéis a los incrédulos, matadles hasta que les sometáis, y entonces apresadles. Luego, si queréis, liberadles o pedid su rescate. […] Allah guiará a quienes combatan [por Su causa] y hará que prosperen. Y les introducirá en el Paraíso que les ha descrito. (Corán, sura 47, 6)


Descubre otra innovación:  

00343¿Ya no existen sectas y todo es “Iglesia”?