115 – Los Padres reunidos en el Concilio habían percibido la exigencia de hablar de Dios a los hombres de su tiempo en un modo más comprensible. Había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo

“Voluble como una veleta”, o directamente “es un veleta”, es lo que solemos decir de una persona que cambia constantemente de opinión o actitud al sabor del momento, tal como la veleta al capricho de los vientos.

En el extremo opuesto está la brújula. Fiel a sí misma, señala siempre el norte, indicando el rumbo con la firmeza propia de las cosas que se rigen por leyes perennes e inmutables. Por eso, puede guiar al navegante en mar tranquilo o tempestuoso, en borrasca o bonanza.

Si tuviéramos que comparar la Iglesia con uno de esos instrumentos, ¿cuál de los dos elegiríamos? La respuesta no es tan simple cuanto parecería a primera vista. Ya el Papa Benedicto XVI alertaba contra una “hermenéutica de la discontinuidad”, que no quedaría mal llamar “hermenéutica de la veleta”…

Así, a las puertas del Jubileo de la Misericordia no parece muy exagerado preguntar: ¿Qué es la misericordia para la Iglesia de siempre? ¿Es la misma que propaga Francisco? Más aun: qué es la Iglesia para Francisco, ¿brújula o veleta?

Francisco

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Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I – Cuidado con una hermenéutica de la discontinuidad; no toda innovación es soplo del Espíritu Santo
II – El Evangelio no es un producto del cual se disponga al gusto del momento; la Iglesia tiene la misión de transmitirlo en su integridad y pureza
III – Las santas murallas de la Iglesia: ¿privilegio a ser derrumbado o protección a ser amada?
IV – Por la promesa de Jesucristo y la asistencia del Espíritu Santo, la Iglesia es santa. Siempre fue ciudadela de misericordia para los pecadores arrepentidos, pero también fortaleza inexpugnable a cualquier pacto con el pecado

I – Cuidado con una hermenéutica de la discontinuidad; no toda innovación es soplo del Espíritu Santo

Benedicto XVI

La hermenéutica de la discontinuidad puede acabar en ruptura entre Iglesia preconciliar y posconciliar

¿Cuál ha sido el resultado del Concilio? ¿Ha sido recibido de modo correcto? En la recepción del Concilio, ¿qué se ha hecho bien?, ¿qué ha sido insuficiente o equivocado?, ¿qué queda aún por hacer? […] Surge la pregunta: ¿Por qué la recepción del Concilio, en grandes zonas de la Iglesia, se ha realizado hasta ahora de un modo tan difícil? Pues bien, todo depende de la correcta interpretación del Concilio o, como diríamos hoy, de su correcta hermenéutica, de la correcta clave de lectura y aplicación. Los problemas de la recepción han surgido del hecho de que se han confrontado dos hermenéuticas contrarias y se ha entablado una lucha entre ellas. Una ha causado confusión; la otra, de forma silenciosa pero cada vez más visible, ha dado y da frutos. Por una parte existe una interpretación que podría llamar “hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura”; a menudo ha contado con la simpatía de los medios de comunicación y también de una parte de la teología moderna. Por otra parte, está la “hermenéutica de la reforma”, de la renovación dentro de la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor nos ha dado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre el mismo, único sujeto del pueblo de Dios en camino. La hermenéutica de la discontinuidad corre el riesgo de acabar en una ruptura entre Iglesia preconciliar e Iglesia posconciliar. […] Pero así se tergiversa en su raíz la naturaleza de un Concilio como tal. De esta manera, se lo considera como una especie de Asamblea Constituyente, que elimina una Constitución antigua y crea una nueva. (Benedicto XVI. Discurso a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados superiores de la curia romana, 22 de diciembre de 2005)

Hay que ver el Concilio desde la perspectiva de la continuidad

Este punto es importante también con respecto al Concilio. Como dije antes de Navidad a la Curia romana, no hay que vivir la hermenéutica de la discontinuidad; hay que vivir la hermenéutica de la renovación, que es espiritualidad de la continuidad, de caminar hacia adelante con continuidad. […] Debemos aceptar las novedades, pero también amar la continuidad y ver el Concilio desde esta perspectiva de la continuidad. (Benedicto XVI. Encuentro con los sacerdotes y diáconos de la diócesis de Roma, n. 14, 2 de marzo de 2006)

Congregación para la Doctrina de la Fe

El Concilio Vaticano II debe ser recibido y aplicado en continuidad con la Tradición de la Iglesia

Después del Concilio, la Iglesia ha trabajado para que sus ricas enseñanzas sean recibidas y aplicadas en continuidad con toda la Tradición y bajo la guía segura del Magisterio. […] Desde el comienzo de su pontificado, el Papa Benedicto XVI se ha comprometido firmemente en procurar una correcta comprensión del Concilio, rechazando como errónea la llamada “hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura”, y promoviendo la que él mismo ha llamado “‘hermenéutica de la reforma’, de la renovación dentro de la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor nos ha dado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre el mismo, único sujeto del pueblo de Dios en camino”. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Nota con indicaciones pastorales para el Año de la Fe, Introducción, 6 de enero de 2012)

El Concilio Vaticano II no ha pretendido cambiar en nada la doctrina sobre la Iglesia

La primera cuestión es si el Concilio Vaticano II ha cambiado la doctrina sobre la Iglesia.
La pregunta se refiere al sentido de aquel “nuevo rostro” de la Iglesia
que, según las citadas palabras de Pablo VI, ha querido ofrecer el Vaticano II.
La respuesta, basada en la enseñanza de Juan XXIII y Pablo VI, es muy explícita: el Vaticano II no tuvo la intención de cambiar, y de hecho no cambió la doctrina anterior sobre la Iglesia, sino que más bien la profundizó y expuso de manera más orgánica. En este sentido se retoman las palabras de Pablo VI en su discurso de promulgación de la Constitución dogmática conciliar Lumen gentium, con las cuales afirma que la doctrina tradicional no ha sido en absoluto cambiada, sino que, “ahora se ha expresado lo que simplemente se vivía; se ha esclarecido lo que estaba incierto; ahora consigue una serena formulación lo que se meditaba, discutía y en parte era controvertido”. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Artículo de comentario a las respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspecto de la doctrina sobre la Iglesia, 29 de junio de 2007)

Benedicto XVI

La Iglesia antes y después del Concilio debe ser la misma

La Iglesia, tanto antes como después del Concilio, es la misma Iglesia una, santa, católica y apostólica en camino a través de los tiempos; prosigue “su peregrinación entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”, anunciando la muerte del Señor hasta que vuelva (cf. Lumen gentium, n. 8). (Benedicto XVI. Discurso a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados superiores de la curia romana, 22 de diciembre de 2005)

II – El Evangelio no es un producto del cual se disponga al gusto del momento; la Iglesia tiene la misión de transmitirlo en su integridad y pureza

Sagradas Escrituras

Sólo hay una manera de predicar el Evangelio de Jesucristo

Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno. (Mt 5, 37)

Pablo VI

El Evangelio es palabra de verdad, que no puede ser alterada para agradar a los hombres

El Evangelio que nos ha sido encomendado es también palabra de verdad. Una verdad que hace libres y que es la única que procura la paz del corazón; esto es lo que la gente va buscando cuando le anunciamos la Buena Nueva. La verdad acerca de Dios, la verdad acerca del hombre y de su misterioso destino, la verdad acerca del mundo. Verdad difícil que buscamos en la Palabra de Dios y de la cual nosotros no somos, lo repetimos una vez más, ni los dueños, ni los árbitros, sino los depositarios, los herederos, los servidores. De todo evangelizador se espera que posea el culto a la verdad, puesto que la verdad que él profundiza y comunica no es otra que la verdad revelada y, por tanto, más que ninguna otra, forma parte de la verdad primera que es el mismo Dios. El predicador del Evangelio será aquel que, aun a costa de renuncias y sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás. No vende ni disimula jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar. No rechaza nunca la verdad. No obscurece la verdad revelada por pereza de buscarla, por comodidad, por miedo. No deja de estudiarla. La sirve generosamente sin avasallarla. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 78, 8 de diciembre de 1975)

Santo Tomás de Aquino

La verdad del intelecto divino —criterio de que todo lo demás sea verdadero— es inmutable

La verdad hay que analizarla con respecto al entendimiento, cuya verdad consiste en que tenga conformidad con las cosas conocidas. Y dicha conformidad puede cambiar de dos maneras, lo mismo que cualquier otra semejanza, según el cambio de uno de los términos de la comparación. Una manera, por parte del entendimiento, que se tenga una u otra opinión de una misma cosa. La otra manera, si, manteniendo la misma opinión de una cosa, esa cosa no cambia. Por lo tanto, si hay algún entendimiento en el que no pueda darse un cambio de opinión, o al que no se le escape nada, en él la verdad es inmutable. Como se demostró (q.14, a.15), un entendimiento así lo es el divino. Por eso, la verdad del entendimiento divino es inmutable. […] La verdad del entendimiento divino, criterio de que todo lo demás sea o no sea verdadero, es completamente inmutable. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I, q. 16, a. 7)

Juan Pablo II

Para hacer frente a los desafíos del presente la Iglesia necesita anunciar la Verdad Absoluta que es Dios en toda su integridad y pureza

Para poder hacer frente a los desafíos del presente, es necesario que la Iglesia aparezca, a todo nivel, como “columna y fundamento de la verdad” (1 Tim 3, 15).

El servicio de la Verdad, que es Cristo, es nuestra tarea prioritaria. Esta Verdad es revelada. No nace de la simple experiencia humana. Es Dios mismo, que en Jesucristo, por medio del Espíritu Santo, se da a conocer al hombre. […] Nuestra firmeza vendrá de ese sólido fundamento, ya que la Iglesia hoy, a pesar de todas las dificultades del ambiente, no puede hablar de manera diversa a como Cristo habló. Por ello la Iglesia, y ante todo sus Pastores, habrán de encontrarse unidos en torno a la Verdad Absoluta que es Dios, y anunciarla en toda su integridad y pureza. (Juan Pablo II. Discurso al segundo grupo de obispos de Chile en visita ad limina apostolorum, n. 2, 8 de noviembre de 1984)

Sínodo de los Obispos

El anuncio del Evangelio debe estar anclado en la tradición de la Iglesia

El Concilio Vaticano II y la nueva evangelización son también temas frecuentes en el magisterio de Benedicto XVI. En su discurso de augurios navideños a la Curia Romana en el 2005 ―en coincidencia con el cuadragésimo de la clausura del Concilio― él ha subrayado, frente a una “hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura”, la importancia de la “‘hermenéutica de la reforma’, de la renovación dentro de la continuidad del único sujeto-Iglesia […]”. Las mencionadas orientaciones de Benedicto XVI, en sintonía con sus predecesores, son una guía segura para afrontar el tema de la transmisión de la fe en la nueva evangelización, en una Iglesia atenta a los desafíos del mundo actual, pero firmemente anclada en su viva tradición, de la cual forma parte el Concilio Vaticano II. (Sínodo de los Obispos. XIII Asamblea general ordinaria, La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, Instrumentum laboris, n. 14, 19 de junio de 2012)

San Ireneo de Lyon

Los Apóstoles no predicaban según la opinión del momento, sino manifestando la verdad

Los Apóstoles, enviados a buscar a los errantes, a devolver la vista a los ciegos y a llevar la salud a los enfermos, ciertamente no les hablaban según la opinión del momento, sino manifestando la verdad. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, III, 5, 2)

Benedicto XVI

Anunciar el Evangelio sin ceder a los condicionamientos del mundo

La verdad del amor evangélico atañe a todo hombre y a todo el hombre, y compromete al pastor a proclamarla sin temores ni reticencias, sin ceder jamás a los condicionamientos del mundo: opportune, importune (cf. 2 Tm 4, 2). Queridos hermanos en el episcopado, en un tiempo como el nuestro, marcado por el creciente fenómeno de la globalización, es cada vez más necesario anunciar con vigor y claridad a todos la verdad de Cristo y su Evangelio de salvación. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la III Reunión del XI Consejo ordinario del Sínodo de los Obispos, 1 de junio de 2006)

León XIII

Es falsa la idea de adecuar las enseñanzas de la Iglesia al espíritu de la época

El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas ideas es que, con el fin de atraer más fácilmente a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe adecuar sus enseñanzas mas conforme con el espíritu de la época, aflojar algo de su antigua severidad y hacer algunas concesiones a opiniones nuevas. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no sólo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas pertenecientes al “deposito de la fe”. […] No se necesitan muchas palabras, querido hijo, para probar la falsedad de estas ideas si se trae a la mente la naturaleza y el origen de la doctrina que la Iglesia propone. (León XIII. Carta Testem benevolentiae, 22 de enero de 1899)

Congregación para la Doctrina de la Fe

La Iglesia está vinculada a la fidelidad a la Palabra de Dios, no a los principios de cada momento histórico

No se debe perder nunca de vista que la Iglesia no encuentra la fuente de su fe y de su estructura constitutiva en los principios de la vida social de cada momento histórico. Reconociendo el mundo en el que vive y por cuya salvación obra, la Iglesia se sabe portadora de una fidelidad superior a la que se encuentra vinculada. Se trata de la fidelidad radical a la Palabra de Dios recibida por la misma Iglesia establecida por Cristo hasta el fin de los tiempos. (Congregación para la Doctrina de la Fe. En torno a la respuesta sobre la doctrina propuesta en la Carta apostólica Ordinatio sacerdotalis, 28 de octubre de 1995)

III – Las santas murallas de la Iglesia: ¿privilegio a ser derrumbado o protección a ser amada?

Sagradas Escrituras

La Jerusalén celeste, prototipo de la Iglesia, es cercada por una grande y elevada muralla; en ella sólo entran los inscritos en el libro de la vida

Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me habló diciendo: “Mira, te mostraré la novia, la esposa del Cordero”. Y me llevó en Espíritu a un monte grande y elevado, y me mostró la ciudad santa de Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, y tenía la gloria de Dios; su resplandor era semejante a una piedra muy preciosa, como piedra de jaspe cristalino. Tenía una muralla grande y elevada, tenía doce puertas y sobre las puertas doce ángeles y nombres grabados que son las doce tribus de Israel. Al oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, al poniente tres puertas, y la muralla de la ciudad tenía doce cimientos y sobre ellos los nombres de los doce apóstoles del Cordero. […] Y no entrará en ella nada profano, ni el que comete abominación y mentira, sino solo los inscritos en el libro de la vida del Cordero. (Ap 21, 9-14.27)

Fuera de la Ciudad santa todos los que practican la injusticia

Mira, yo vengo pronto y traeré mi recompensa conmigo para dar a cada uno según sus obras. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener acceso al árbol de la vida y entrar por las puertas en la ciudad. Fuera los perros, los hechiceros, los lujuriosos, los asesinos, los idólatras y todo el que ama y practica la injusticia. Yo, Jesús, he enviado a mi ángel para dar testimonio de esto a las iglesias. (Ap 22, 12-16)

San Agustín de Hipona

Dios mismo es la muralla de su casa; los que habitan en ella están seguros

Si tu casa es propia, eres pobre. Si es la de Dios eres rico. En tu casa tendrás miedo a los ladrones; en la casa de Dios él mismo es el muro. Dichosos, pues, los habitan en tu casa. (San Agustín de Hipona. Comentario a los salmos. Salmo 83, n. 8)

Sin muros el rebaño queda expuesto a todos los peligros

Sepárese, pues, del cuerpo sano el tumor maligno, y, disipando el contagio de la peste virulenta, manténganse con mayor cautela las partes sanas y purifíquese el rebaño de ese contagio de la mala oveja. […] De otro modo, vagando afuera, y privados de los muros y defensas de la fe, quedarían expuestos a todos los peligros, condenados a ser despedazados y devorados por los dientes de los lobos; no podrían resistirles con esa perversa doctrina con que los excitaron. (San Agustín de Hipona. Carta 181, n. 9)

Pío IX

Es misión del obispo defender con muros a su grey

No dudamos que vosotros, Amados Hijos y Venerables Hermanos, fortalecidos con la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, continuaréis en vuestro esclarecido celo episcopal, como hasta ahora con gran alabanza de vuestro nombre lo habéis practicado, oponiendo con constancia, espíritu unánime y redoblados esfuerzos un muro protector para la casa de Israel, combatiendo por la buena causa de la fe, defendiendo de las asechanzas de los adversarios a los fieles encomendados a vuestros cuidados, advirtiéndoles y exhortándolos continuamente a que conserven siempre la fe santísima, sin la cual es imposible agradar a Dios, la que la Iglesia ha recibido de Cristo por medio de los Apóstoles y que enseña, que permanezcamos firmes e inconmovibles en Nuestra santa Religión, la única verdadera, que prepara para la vida eterna, que conserva también en forma extraordinaria y hace feliz a la sociedad civil. (Pío IX. Encíclia Quanto conficiamur, n. 14, 10 de agosto de 1863)

Sepamos preservarnos de la atmósfera pestilencial de las falsas doctrinas

En estos tiempos de confusión y de desorden, no es raro ver cristianos, católicos —hasta los hay en el clero secular, en los claustros— que siempre tienen en los labios la palabra de término medio, de conciliación, de transacción. Pues bien, no vacilo en declararlo: esos hombres están en un error, y no los miro como los enemigos menos peligrosos de la Iglesia. Vivimos en una atmósfera corrompida, pestilencial; sepamos preservarnos de ella; no nos dejemos emponzoñar por las falsas doctrinas, que todo lo pierden, so pretexto de salvarlo todo. (Pío IX. Discurso en la iglesia de Aracoeli, 17 de septiembre de 1861)

Juan Pablo II

Por la acción profética del Espíritu Santo, la Iglesia debe proteger al pueblo de la influencia de los falsos profetas

Tarea del profeta, como hombre de la palabra de Dios, es combatir el “espíritu de mentira” que se encuentra en la boca de los falsos profetas (cf. 1 Re 22, 23), para proteger al pueblo de su influencia. Es una misión recibida de Dios […]. La acción profética del Espíritu Santo se ha manifestado continuamente en la Iglesia para darle luz y aliento. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 4.6, 14 de febrero de 1990)

San Juan Crisóstomo

Colaboran con el diablo los prelados que abren las puertas de la Iglesia al error

Un precipicio y peligro no pequeño se propone aquí a los prelados, a quienes especialmente se ha encomendado el cuidado del campo. […] Porque muchos prelados, habiendo dejado entrar en la Iglesia a malvados herejes, dieron amplio lugar a semejantes asechanzas. Porque ningún trabajo le queda al demonio, una vez que ha introducido a semejantes hombres. […] Una vez que creció la hierba y dio fruto, entonces apareció la cizaña: que es lo que hacen los herejes. Al principio se ocultan: pero una vez que adquieren mayor confianza y facilidad para hablar, entonces derraman su veneno. (San Juan Crisóstomo. Homilía XLVI sobre el Evangelio de San Mateo)

Orígenes

Los enemigos de la verdad quieren destruir las murallas del Evangelio

Cuando se edificaba el Santo de los santos, esto es, cuando se fundamentaba la fe de Cristo y los misterios de sus santos, los enemigos de la verdad y contrarios a la fe, que son los sabios de este mundo, al ver que las murallas del Evangelio se alzan sin artificio retórico y sin maestría filosófica, como por burla van diciendo que es facilísimo poder destruirlo con la astucia de la palabra por medio de hábiles falacias y argumentos dialécticos. (Orígenes. Comentario al Cantar de los Cantares, lib. 4)

San Agustín de Hipona

Cualquiera que lance su ariete contra el muro inexpugnable de la Iglesia se estrellará

Así lo afirma la autoridad de la madre Iglesia; así consta en el canon bien fundado de la verdad. Cualquiera que lance sus arietes contra esta robustez y contra este muro inexpugnable, él mismo se estrellará. (San Agustín de Hipona. Sermón 294, n. 17)

IV – Por la promesa de Jesucristo y la asistencia del Espíritu Santo, la Iglesia es santa. Siempre fue ciudadela de misericordia para los pecadores arrepentidos, pero también fortaleza inexpugnable a cualquier pacto con el pecado

Catecismo de la Iglesia Católica

La Iglesia es santa y santificadora

La Iglesia, unida a Cristo, está santificada por Él; por Él y en Él, ella también ha sido hecha santificadora. Todas las obras de la Iglesia se esfuerzan en conseguir “la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación de Dios” (SC 10). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 824)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

La Iglesia fue enriquecida por Cristo con el don del Espíritu Santo

La Iglesia, cuyo misterio está exponiendo el sagrado Concilio, creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espíritu Santo es proclamado “el único Santo”, amó a la Iglesia como a su esposa, entregándose a Sí mismo por ella para santificarla (cf. Ef 5, 25-26), la unió a Sí como su propio cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo para gloria de Dios. (Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Lumen gentium, n. 39, 21 de noviembre de 1964)

Gregorio XVI

Es injurioso pensar que la Iglesia esté sujeta a defecto o ignorancia

Constando, según el testimonio de los Padres de Trento, que la Iglesia recibió su doctrina de Cristo Jesús y de sus Apóstoles, que es enseñada por el Espíritu Santo, que sin cesar la sugiere toda verdad, es completamente absurdo e injurioso en alto grado el decir que sea necesaria cierta restauración y regeneración para volverla a su incolumidad primitiva, dándola nueva vigor, como si pudiera ni pensarse siquiera que la Iglesia está sujeta a defecto, a ignorancia o a cualesquier otras imperfecciones. Con cuyo intento pretenden los innovadores echar los fundamentos de una institución humana moderna, para así lograr aquello que tanto horrorizaba a San Cipriano, esto es, que la Iglesia, que es cosa divina, se haga cosa humana. (Gregorio XVI. Encíclica Mirari vos, n. 6, 15 de agosto de 1832)

Santo Tomás de Aquino

La Iglesia no puede incurrir en error para que necesite cambiar de actitud

La Iglesia universal no puede incurrir en error, ya que está gobernada por el Espíritu Santo, Espíritu de verdad. Así lo prometió el Señor a sus discípulos diciendo: “Cuando venga El, el Espíritu de verdad, os guiará hasta la verdad plena” (Jn 16, 13). (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 1, a. 9)

Benedicto XVI

La Iglesia del amor es también la Iglesia de la verdad y fidelidad

La Iglesia del amor es también la Iglesia de la verdad, entendida ante todo como fidelidad al Evangelio encomendado por el Señor Jesús a los suyos. La fraternidad cristiana nace del hecho de haber sido constituidos hijos del mismo Padre por el Espíritu de la verdad: “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rom 8, 14). Pero la familia de los hijos de Dios, para vivir en la unidad y en la paz, necesita alguien que la conserve en la verdad y la guíe con discernimiento sabio y autorizado: es lo que está llamado a hacer el ministerio de los Apóstoles. (Benedicto XVI. Audiencia general, 5 de abril de 2006)

Juan Pablo II

El Evangelio de la mansedumbre va al paso del Evangelio de las exigencias morales y severas amenazas

El Evangelio de la mansedumbre y de la humildad va al mismo paso que el Evangelio de las exigencias morales y hasta de las severas amenazas a quienes no quieren convertirse. No hay contradicción entre el uno y el otro. Jesús vive de la verdad que anuncia y del amor que revela y es éste un amor exigente como la verdad de la que deriva. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 8, 8 de junio de 1988)

La mansedumbre no significa debilidad frente al mal; Jesús vino traer la espada

“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mt 11, 29). […] Pero esta “mansedumbre y humildad de corazón” en modo alguno significa debilidad. Al contrario, Jesús es exigente. Su Evangelio es exigente. […] Es una especie de radicalismo no sólo en el lenguaje evangélico, sino en las exigencias reales del seguimiento de Cristo, de las que no duda en reafirmar con frecuencia toda su amplitud: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada” (Mt 10, 34). Es un modo fuerte de decir que el Evangelio es también una fuente de “inquietud” para el hombre. Jesús quiere hacernos comprender que el Evangelio es exigente y que exigir quiere decir también agitar las conciencias, no permitir que se recuesten en una falsa “paz”. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 8, 8 de junio de 1988)

San Ireneo de Lyon

Jesús vino llamar los pecadores para que se arrepientan

Pues si, cuando unos ciegos estuvieran a punto de caer en el precipicio, un hombre cualquiera los indujera a continuar por tan peligroso camino como si fuese el correcto y los llevara hasta su término, ciertamente no obraría con rectitud. ¿Qué médico, si quiere curar al enfermo, le da la medicina que a éste le gusta y no la adecuada para devolverle la salud? Y que el Señor vino como médico de los enfermos, él mismo lo dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se arrepientan” (Lc 5, 31-32; Mt 9, 12-13). ¿Cómo se aliviarán estos enfermos? ¿Y cómo se arrepentirán los pecadores? ¿Acaso manteniéndose en su estado? ¿No será más bien por un cambio a fondo y alejándose de su anterior modo de vivir en la transgresión, que provocó en ellos esa grave enfermedad y tantos pecados? (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, III, 5, 2)

Pío X

Misericordia no significa pactar con el pecado

Está de moda en algunos medios eliminar, primeramente la divinidad de Jesucristo y luego no hablar más que de su soberana mansedumbre, de su compasión por todas las miserias humanas, de sus apremiantes exhortaciones al amor del prójimo y a la fraternidad. Ciertamente, Jesús nos ha amado con un amor inmenso, infinito, y ha venido a la tierra a sufrir y morir para que, reunidos alrededor de El en la justicia y en el amor, animados de los mismos sentimientos de caridad mutua, todos los hombres vivan en la paz y en la felicidad. Pero a la realización de esta felicidad temporal y eterna ha puesto, con una autoridad soberana, la condición de que se forme parte de su rebaño, que se acepte su doctrina, que se practique su virtud y que se deje uno enseñar y guiar por Pedro y sus sucesores. Porque, si Jesús ha sido bueno para los extraviados y los pecadores, no ha respetado sus convicciones erróneas, por muy sinceras que pareciesen; los ha amado a todos para instruirlos, convertirlos y salvarlos. […] Si su corazón desbordaba mansedumbre para las almas de buena voluntad, ha sabido igualmente armarse de una santa indignación contra los profanadores de la casa de Dios (cf. Mt 21, 13; Lc 19, 46), contra los miserables que escandalizan a los pequeños (cf. Lc 17, 2), contra las autoridades que agobian al pueblo bajo el peso de onerosas cargas sin poner en ellas ni un dedo para aliviarlas (cf. Mt 23, 4). Ha sido tan enérgico como dulce; ha reprendido, amenazado, castigado, sabiendo y enseñándonos que con frecuencia el temor es el comienzo de la sabiduría (cf. Prov 1, 7; 9, 10) y que conviene a veces cortar un miembro para salvar al cuerpo (cf. Mt 18, 8-9). (Pío X. Encíclica Notre charge apostolique, n. 38, 23 de agosto de 1910)

San Agustín de Hipona

La caridad hacia al prójimo se muestra en el corregir y enmendar

Si, tal vez, queréis guardar en el corazón la caridad, hermanos, por encima de cualquier otra cosa, no penséis que es cosa lánguida e inactiva; no penséis que se la guarda con cierto tipo de mansedumbre que, más que mansedumbre, es dejadez y negligencia. No es así como se la guarda. No pienses que amas a tu siervo cuando no le pegas, o a tu hijo cuando no lo disciplinas, o que amas a tu vecino cuando no lo corriges: esto no es caridad, sino dejadez. Muéstrese ferviente la caridad en el corregir y en el enmendar. Las costumbres buenas han de producir satisfacción; si son malas hay que enmendarlas y corregirlas. No ames en el hombre el error, sino el hombre, pues al hombre lo hizo Dios y al error lo hizo el hombre mismo. Ama lo que hizo Dios, no ames lo que hizo el hombre mismo. Amar aquello implica destruir esto; amar aquello supone corregir esto. Y le amas incluso si alguna vez te muestras duro con él porque amas verle corregido. (San Agustín de Hipona. Homilías sobre la Primera Carta de San Juan a los Partos. Homilía séptima, n. 11)

Pío XII

La Iglesia es la ciudadela de la verdad: maternalmente condescendiente y firme en decir: Non licet!

Aleccionados por el doloroso fracaso de los esfuerzos humanos dirigidos a impedir y frenar las tempestades que amenazan destruir la civilización humana, muchos dirigen su mirada, con renovada esperanza, a la Iglesia, ciudadela de la verdad y del amor y a esta Cátedra de San Pedro, que saben puede restituir al género humano aquella unidad de doctrina religiosa y moral que en los siglos pasados dio consistente seguridad a una tranquila relación de convivencia entre los pueblos. […] Todos ellos reconocen la inconmovida firmeza dos veces milenaria de la Iglesia católica en la profesión de la fe y en la defensa de la moral cristiana, reconocen también la estrecha unidad de la jerarquía eclesiástica, que, ligada al sucesor del Príncipe de los Apóstoles, ilumina las mentes con la doctrina del Evangelio dirige a los hombres a la santidad y, mientras es maternalmente condescendiente con todos, se mantiene firme, soportando incluso los tormentos más duros y el mismo martirio, cuando hay que decidir un asunto con aquellas palabras: Non licet! (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 67-68, 20 de octubre de 1939)


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