67 – Los comunistas nos han robado la bandera. La bandera de los pobres es cristiana. Así que cuando hablan, se les podría decir: vosotros sois cristianos

Hace un siglo el mundo se vio sumergido en el más terrible caos. Todas las batallas vividas hasta entonces por la humanidad parecían de juguete en comparación con la dinámica bélica del siglo XX. Y no apenas por el aparato militar, sino también por la saña doctrinal utilizada para oprimir la humanidad.

Cuantas veces encontramos en la raíz de estos desmanes las ideas que Karl Marx había lanzado en el siglo XIX, difundidas por toda la tierra bajo los más falaces disfraces. Muchos de los que vivían entonces no supieron tener la vigilancia que nos ordenó el Divino Maestro (cf. Mt 26, 41) y, olvidándose de que a los hijos de la luz es necesaria la astucia de la serpiente (cf. Mt 10, 16), vieron como, según había previsto la Virgen en Fátima, Rusia esparció sus errores por el mundo.

Cien millones de muertos, la mayor parte de ellos pobres, fue el siniestro impuesto pagado por la falta de previsión ante el mal que avanzaba… Entre ellos, se destaca la interminable lista de sacerdotes, religiosos, religiosas, hombres del pueblo, madres de familia, niños, ancianos, etc., que, de forma anónima o iluminando con su ejemplo las generaciones venideras, sufrieron atroces persecuciones sobre todo y especialmente por profesar la Religión Católica.

Ahora, ¿acaso un cristiano puede encontrar algo bueno en una doctrina comunista “intrínsecamente perversa” que además de ir directamente contra las enseñanzas de Jesús, persigue acabar con el derecho natural, cosa que ni las más decadentes de las civilizaciones antiguas intentó? ¿Es comparable esta funesta doctrina con las obras de misericordia que la Iglesia realiza hace siglos? ¿Qué “beneficios” trajo el comunismo al mundo, aparte de los dudosos de ateísmo y pobreza generalizada? ¿La supuesta bandera de los pobres enarbolada por los comunistas (¡¡sic!!) significa lanzar en la pobreza a todos aquellos que gimen bajo el yugo marxista? Debe ser que para ayudar a los pobres, el comunismo se preocupa de que estén más acompañados…

Hace un siglo, decíamos arriba, empezaron las persecuciones, pero no nos olvidemos que la teoría surgió muchas décadas antes… Una lección que no se puede olvidar para el futuro de una humanidad en cuyo centro, desgraciadamente, no está Dios todopoderoso.

Francisco

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Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I – La funesta doctrina comunista versus la divina doctrina cristiana
II – Sistema intrínsecamente perverso condenado por la Iglesia
III – Los sofismas del comunismo tienen por finalidad engañar a los católicos
IV – La “apertura” comunista a los cristianos es persecución inhumana
V – Socorrer a los pobres no es una bandera ideológica, sino una característica normal de la caridad de la Iglesia

I – La funesta doctrina comunista versus la divina doctrina cristiana

León XIII

Comunismo: mortal pestilencia que quiere derrumbar las leyes humanas y divinas

Nuestro apostólico cargo ya desde el principio de Nuestro pontificado Nos movió, Venerables Hermanos, a no dejar de indicaros, en las Cartas Encíclicas a vosotros dirigidas, la mortal pestilencia que serpentea por las más íntimas entrañas de la sociedad humana y la conduce al peligro extremo de ruina. […] Es fácil comprender, Venerables Hermanos, que Nos hablamos de aquella secta de hombres que, bajo diversos y casi bárbaros nombres de socialistas, comunistas o nihilistas, esparcidos por todo el orbe, y estrechamente coligados entre sí por inicua federación, ya no buscan su defensa en las tinieblas de sus ocultas reuniones, sino que, saliendo a pública luz, confiados y a cara descubierta, se empeñan en llevar a cabo el plan, que hace tiempo concibieron, de trastornar los fundamentos de toda sociedad civil. […] Nada dejan intacto e integro de lo que por las leyes humanas y divinas está sabiamente determinado para la seguridad y decoro de la vida. […] Deshonran la unión natural del hombre y de la mujer, que aún las naciones bárbaras respetan; y debilitan y hasta entregan a la liviandad este vínculo, con el cual se mantiene principalmente la sociedad doméstica. […] Atraídos, finalmente, por la codicia de los bienes terrenales, que es la raíz de todos los males, y que, apeteciéndola, muchos erraron en la fe (1 Tm 6, 10), impugnan el derecho de propiedad sancionado por la ley natural, y por un enorme atentado, dándose aire de atender a las necesidades y proveer a los deseos de todos los hombres, trabajan por arrebatar y hacer común cuanto se ha adquirido a título de legítima herencia, o con el trabajo del ingenio y de las manos, o con la sobriedad de la vida. (León XIII. Encíclica Quod apostolici muneris, 28 de diciembre de 1878)

Pío IX

Doctrina funesta contraria al derecho natural

Aquella doctrina funesta y más que nunca contraria al derecho natural, que llamamos comunismo, una vez admitida la cual, se derrumbarían completamente los derechos, los patrimonios, las propiedades e incluso la sociedad humana. (Denzinger-Hünermann 2786. Pío IX, Encíclica Qui pluribus, 9 de noviembre de 1846)

Hombres falaces que quieren eliminar la doctrina e influencia de la Iglesia

Y no contentos con eliminar la religión de la sociedad pública, quieren también alejarla de las familias privadas. Porque es así que enseñando y profesando el funestísimo error del comunismo y del socialismo, afirman que “la sociedad domestica o familia toma toda su razón de existir únicamente del derecho civil y que, por ende, de la ley civil solamente dimanan y dependen todos los derechos de los padres sobre los hijos, y ante todo el derecho de procurar su instrucción y educación.” Con estas impías opiniones y maquinaciones lo que principalmente pretenden estos hombres falacísimos es eliminar totalmente la saludable doctrina e influencia de la Iglesia católica en la instrucción y educación de la juventud. (Denzinger-Hünermann, 2891-2892. Pío IX, Encíclica Quanta cura, 8 de diciembre de 1864)

Pío XI

Comunismo, ruina de la sociedad

Por ello, aun cuando estimamos superfluo prevenir a los hijos buenos y fieles de la Iglesia acerca del carácter impío e inicuo del comunismo, no podemos menos de ver, sin embargo, con profundo dolor la incuria de aquellos que parecen despreciar estos inminentes peligros y con cierta pasiva desidia permiten que se propaguen por todas partes unos principios que acabarán destrozando por la violencia y la muerte a la sociedad entera; ya tanto más condenable es todavía la negligencia de aquellos que se ocupan de eliminar o modificar esas condiciones de cosas, con que se lleva a los pueblos a la exasperación y se prepara el camino a la revolución y ruina de la sociedad. (Pío XI. Encíclica Quadragesimo anno, n. 112, 15 de mayo de 1931)

El socialismo es incompatible con los dogmas y la verdad cristiana

Para satisfacer con nuestra paternal solicitud a estos deseos, declaramos lo siguiente: considérese como doctrina, como hecho histórico o como “acción” social, el socialismo, si sigue siendo verdadero socialismo, aun después de haber cedido a la verdad y a la justicia en los puntos indicados, es incompatible con los dogmas de la Iglesia Católica, puesto que concibe la sociedad de una manera sumamente opuesta a la verdad cristiana. […] El socialismo, en cambio, ignorante y despreocupado en absoluto de este sublime fin tanto del hombre como de la sociedad, pretende que la sociedad humana ha sido instituida exclusivamente para el bien terreno. (Pío XI. Encíclica Quadragesimo anno, n. 117-118, 15 de mayo de 1931)

Pestífero mal que promueve satánica guerra contra Dios

Valiéndose de tantas dificultades económicas y desordenes morales, los enemigos del orden social, se denominen “comunistas” o con cualquier otro nombre —y este es el más pestífero mal de nuestro tiempo— audazmente se empeñan en romper todos los lazos de la ley divina o de la humana, en combatir abiertamente o en secreto luchando ferozmente contra la religión, contra Dios mismo, desarrollando el diabólico programa de extirpar del corazón de todos, hasta de los niños, todo sentimiento religioso, porque saben muy bien que sacando del corazón de la humanidad la fe en Dios, ellos pueden hacer todo lo que desean. Así vemos hoy lo que nunca ha sido visto por la Historia: la satánica bandera de la guerra contra Dios y a la religión desplegada en medio de todos los pueblos y por toda la tierra. (Pío XI. Enciclica Caritate Christi compulsi, 3 mayo de 1932)

Rechazo de la sabiduría del Evangelio y resucitador del paganismo

En algunas regiones, como todos saben, el mal ha llegado a tal punto que, incluso, destruye el propio derecho de la propiedad privada, colocando en común todas las cosas. […] despreciando la luz de la sabiduría evangélica, se esfuerzan por resucitar los errores paganos y sus maneras de vivir. […] Y mientras lanzan al desprecio la esperanza de los bienes celestiales, incitan los hombres a conseguir, incluso usando medios ilícitos, una felicitad terrena totalmente falsa, empujándolos a la disolución del orden social, suscitando desórdenes, rebeliones cruentas e incluso la conflagración del la guerra civil. (Pío XI. Enciclica Ingravescentibus malis, 29 de septiembre de 1937)

Peligro amenazador que pretende derrumbar el orden social cristiano

Este peligro tan amenazador, como habréis comprendido, venerables hermanos, es el comunismo bolchevique y ateo, que pretende derrumbar radicalmente el orden social y socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 3, 19 de marzo de 1937)

El comunismo despoja al hombre de su libertad, dignidad y moralidad

El comunismo, además, despoja al hombre de su libertad, principio normativo de su conducta moral, y suprime en la persona humana toda dignidad y todo freno moral eficaz contra el asalto de los estímulos ciegos. Al ser la persona humana, en el comunismo, una simple ruedecilla del engranaje total, niegan al individuo, para atribuirlos a la colectividad, todos los derechos naturales propios de la personalidad humana. En las relaciones sociales de los hombres afirman el principio de la absoluta igualdad, rechazando toda autoridad jerárquica establecida por Dios, incluso la de los padres; porque, según ellos, todo lo que los hombres llaman autoridad y subordinación deriva exclusivamente de la colectividad como de su primera y única fuente. Los individuos no tienen derecho alguno de propiedad sobre los bienes naturales y sobre los medios de producción, porque, siendo éstos fuente de otros bienes, su posesión conduciría al predominio de un hombre sobre otro. Por esto precisamente, por ser la fuente principal de toda esclavitud económica, debe ser destruida radicalmente, según los comunistas, toda especie de propiedad privada. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 10, 19 de marzo de 1937)

Materialismo evolucionista de Marx y aniquilamiento de todo lo que le es contrario

La doctrina que el comunismo oculta bajo apariencias a veces tan seductoras se funda hoy sustancialmente sobre los principios, ya proclamados anteriormente por Marx, del materialismo dialéctico y del materialismo histórico, cuya única genuina interpretación pretenden poseer los teóricos del bolchevismo. […] En esta doctrina, como es evidente, no queda lugar ninguno para la idea de Dios, no existe diferencia entre el espíritu y la materia ni entre el cuerpo y el alma: no existe una vida del alma posterior a la muerte, ni hay, por consiguiente, esperanza alguna en una vida futura. Insistiendo en el aspecto dialéctico de su materialismo, los comunistas afirman que el conflicto que impulsa al mundo hacia su síntesis final puede ser acelerado por el hombre. Por esto procuran exacerbar las diferencias existentes entre las diversas clases sociales y se esfuerzan para que la lucha de clases, con sus odios y destrucciones, adquiera el aspecto de una cruzada para el progreso de la humanidad. Por consiguiente, todas las fuerzas que resistan a esas conscientes violencias sistemáticas deben ser, sin distinción alguna, aniquiladas como enemigas del género humano. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 9, 19 de marzo de 1937)

Lucha fría e cuidadosamente preparada contra todo lo que es divino

Y esto es lo que con sumo dolor estamos presenciando: por primera vez en la historia asistimos a una lucha fríamente calculada y cuidadosamente preparada contra todo lo que es divino (cf. 2 Tes 2, 4). Porque el comunismo es por su misma naturaleza totalmente antirreligioso y considera la religión como el “opio del pueblo”, ya que los principios religiosos, que hablan de la vida ultraterrena, desvían al proletariado del esfuerzo por realizar aquel paraíso comunista que debe alcanzarse en la tierra. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 22, 19 de marzo de 1937)

El terrorismo comunista pretende destruir el sentimiento moral

Hay que repetirlo: también en el campo económico es necesaria una moral, un sentimiento moral de la responsabilidad, los cuales, ciertamente, no tienen cabida en un sistema cerradamente materialista como el comunismo.
Para sustituir este sentimiento moral no queda otro sustitutivo que el terrorismo que presenciamos en Rusia, donde los antiguos camaradas de conjuración y de lucha se eliminan mutuamente; terrorismo que, por otra parte, no consigue contener, no ya la corrupción de la moral, pero ni siquiera la disolución del organismo social. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 23, 19 de marzo de 1937)

Pío XII

Arrancar de las almas la noción de Dios, objetivo del comunismo

Hay, efectivamente, quienes, admitido sin prudencia y discreción el sistema que llaman de la evolución… y audazmente sostienen la opinión monástica y panteística de un universo sujeto a continua evolución; opinión que los fautores del comunismo aceptan con fruición, para defender y propagar más eficazmente su “materialismo dialéctico”, arrancando de las almas toda noción teística. (Denzinger-Hünermann 3877. Encíclica Humani generis, 12 de agosto de 1950)

León XIII

Suprime el temor de Dios y el respeto por las leyes divinas provocando trastornos universales

Los perturbadores errores que hemos enumerado bastan por sí solos para provocar en los Estados temores muy serios. Porque, suprimido el temor de Dios y el respeto a las leyes divinas, despreciada la autoridad de los gobernantes, permitida y legitimada la fiebre de las revoluciones, desatadas hasta la licencia las pasiones populares, sin otro freno que la pena, forzosamente han de seguirse cambio y trastornos universales. Estos cambios y estos trastornos son los que buscan de propósito, sin recato alguno, muchas asociaciones comunistas y socialistas. (León XIII. Encíclica Humanum Genus, 20 de abril de 1884)

II – Sistema intrínsecamente perverso condenado por la Iglesia

Pío XI

El sistema comunista, sus autores y defensores están condenados

Nos condenamos el sistema, a sus autores y defensores, quienes han considerado a Rusia como el terreno más apto para realizar un sistema elaborado hace mucho tiempo y desde Rusia extenderlo por todo el mundo. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 24, 19 de marzo de 1937)

El comunismo es intrínsecamente perverso y no se puede colaborar con él en ningún terreno

Procurad, venerables hermanos, con sumo cuidado que los fieles no se dejen engañar. El comunismo es intrínsecamente perverso, y no se puede admitir que colaboren con el comunismo, en terreno alguno, los que quieren salvar de la ruina la civilización cristiana. Y si algunos, inducidos al error, cooperasen al establecimiento del comunismo en sus propios países, serán los primeros en pagar el castigo de su error; y cuanto más antigua y luminosa es la civilización creada por el cristianismo en las naciones en que el comunismo logre penetrar, tanto mayor será la devastación que en ellas ejercerá el odio del ateísmo comunista. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 60, 19 de marzo de 1937)

Congregación para la Doctrina de la Fe

Prohibición formal de cooperar con partidos comunistas. Excomunión latae sententiaea

Preguntas: 1. Si es lícito inscribirse en el partido comunista o prestarle apoyo.

Si es licito publicar, difundir o leer libros, revistas, periódicos u hojas que defienden la doctrina y la acción de los comunistas, o escribir en ellos.

Si pueden ser admitidos a los sacramentos aquellos fieles que han cumplido consciente y libremente los actos mencionados en los números 1 y 2.

Si los fieles que profesan la doctrina materialista y anticristiana de los comunistas, y sobre todo los que la defienden y la propagan, por el hecho mismo, como apóstatas de la fe católica, incurren en la excomunión reservada de un modo especial a la Sede Apostólica.

Respuesta (confirmada por el Sumo Pontífice [Pío XII] el 30 de junio):

A la 1. No: el comunismo, en efecto, es materialista y anticristiano; y los jefes comunistas, incluso si a veces de palabra profesan no combatirla religión, en realidad sin embargo, tanto en la doctrina como en la acción, se muestran hostiles a Dios, a la verdadera religión y a la Iglesia de Cristo.
A la 2. No: están prohibidos, en efecto, por el derecho mismo (cf. CIC, can. 1399).
A la 3. No, según los principios de carácter general referentes al rechazo de los sacramentos a los que no tienen la disposición requerida.
A la 4: Sí.

(Denzinger-Hünermann 3865. Decreto del Santo Oficio, 28 de junio (1 de julio) de 1949)

Juan XXIII

La oposición entre comunismo y cristianismo es radical. Los católicos no pueden de forma alguna aprobar el socialismo moderado

El Sumo Pontífice [Pío XI] manifiesta además que la oposición entre el comunismo y el cristianismo es radical. Y añade qué los católicos no pueden aprobar en modo alguno la doctrina del socialismo moderado. En primer lugar, porque la concepción socialista del mundo limita la vida social del hombre dentro del marco temporal, y considera, por tanto, como supremo objetivo de la sociedad civil el bienestar puramente material; y en segundo término, porque, al proponer como meta exclusiva de la organización social de la convivencia humana la producción de bienes materiales, limita extraordinariamente la libertad, olvidando la genuina noción de autoridad social. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 34, 15 de mayo de 1961)

III – Los sofismas del comunismo tienen por finalidad engañar a los católicos

Sagradas Escrituras

El lobo con piel de oveja

Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. (Mt 7, 15-16)

Los falsos profetas

Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio Hijo. Yo sé que cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí. Por eso, estad alerta. (Hch 20, 28-31)

Pío XI

La Religión Católica es el único y verdadero obstáculo del comunismo

Parece que una satánica preparación ha reavivado con más fuerza en la vecina España aquella llama de odio y de feroz persecución explícitamente reservada a la Iglesia y a la Religión Católica, como siendo el único y verdadero obstáculo a la irrupción de estas fuerzas, de que ya han dado pruebas y empeño para subvertir todo orden, desde Rusia hasta China, de México hasta América del Sur, pruebas de preparación, precedidas y acompañadas en todo momento de una universal, asidua, habilísima propaganda para la conquista del mundo entero para esa absurda e desastrosa ideología […] No es superfluo, sino más bien oportuno, desgraciadamente necesario y un deber para Nos, poner en guardia a todos contra la insidia con la cual los emisarios de las fuerzas subversivas aprovechan cualquier posibilidad de acercamiento y colaboración con los católicos, distinguiendo entre la ideología y la práctica, entre las ideas y la acción, entre el orden económico y el orden moral: insidia extremamente peligrosa, ingeniosa, destinada únicamente a engañar y a desarmar Europa y el mundo. (Pío XI. Discurso a los españoles prófugos con motivo de la Guerra Civil, 14 de septiembre de 1936, AAS 28 [1936], p. 375-377)

Un sistema subversivo del orden social, lleno de errores y sofismas, contrario a la razón y a la revelación divina

¡He aquí, venerables hermanos, el pretendido evangelio nuevo que el comunismo bolchevique y ateo anuncia a la humanidad como mensaje de salud y redención! Un sistema lleno de errores y sofismas, contrario a la razón y a la revelación divina; un sistema subversivo del orden social, porque destruye las bases fundamentales de éste; un sistema desconocedor del verdadera origen, de la verdadera naturaleza y del verdadero fin del Estado; un sistema, finalmente, que niega los derechos, la dignidad y la libertad de la persona humana. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 14, 19 de marzo de 1937)

Partes de la verdad expuestas arteramente para disimular errores intrínsecos

Con el pretexto de querer solamente mejorar la situación de las clases trabajadoras, suprimir los abusos reales producidos por la economía liberal y obtener una más justa distribución de los bienes terrenos (fines, sin duda, totalmente legítimos), y aprovechando principalmente la actual crisis económica mundial, se consigue atraer a la zona de influencia del comunismo aun a aquellos grupos sociales que por principio rechazan todo materialismo y todo terrorismo. Y como todo error contiene siempre una parte de verdad, esta parte de verdad que hemos indicado, expuesta arteramente en condiciones de tiempo y lugar, aptas para disimular, cuando conviene la crudeza repugnante e inhumana de los principios y métodos del comunismo bolchevique, seduce incluso a espíritus no vulgares, que llegan a convertirse en apóstoles de jóvenes inteligentes poco preparados todavía para advertir los errores intrínsecos del comunismo. Los pregoneros del comunismo saben aprovecharse también de los antagonismos de raza, de las divisiones y oposiciones de los diversos sistemas políticos y hasta de la desorientación en el campo de la ciencia sin Dios para infiltrarse en las universidades y corroborar con argumentos seudocientíficos los principios de su doctrina. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 15, 19 de marzo de 1937)

El comunismo es aceptado sin examen a causa del abandono religioso y moral

Para explicar mejor cómo el comunismo ha conseguido de las masas obreras la aceptación, sin examen, de sus errores, conviene recordar que estas masas obreras estaban ya preparadas para ello por el miserable abandono religioso y moral a que las había reducirlo en la teoría y en la práctica la economía liberal. Con los turnos de trabajo, incluso dominicales, no se dejaba tiempo al obrero para cumplir sus más elementales deberes religiosos en los días festivos; no se tuvo preocupación alguna para construir iglesias junto a las fábricas ni para facilitar la misión del sacerdote; todo lo contrario, se continuaba promoviendo positivamente el laicismo. Se recogen, por tanto, ahora los frutos amargos de errores denunciados tantas veces por nuestros predecesores y por Nos mismo. Por esto, ¿puede resultar extraño que en un mundo tan hondamente descristianizado se desborde el oleaje del error comunista? (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 16, 19 de marzo de 1937)

Una doctrina adaptada hábilmente a las condiciones de cada pueblo

Una propaganda realmente diabólica, cual el mundo tal vez nunca ha conocido; propaganda dirigida desde un solo centro y adaptada hábilmente a las condiciones peculiares de cada pueblo; propaganda que dispone de grandes medios económicos, de numerosas organizaciones, de congresos internacionales, de innumerables fuerzas excelentemente preparadas; propaganda que se hace a través de la prensa, de hojas sueltas, en el cinematógrafo y en el teatro, por la radio, en las escuelas y hasta en las universidades, y que penetra poco a poco en todos los medios sociales, incluso en los más sanos, sin que éstos adviertan el veneno que está intoxicando a diario las mentes y los corazones. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 17, 19 de marzo de 1937)

La prensa no católica silencia los horrores del comunismo para lograr su rápida difusión

La tercera causa, causa poderosa, de esta rápida difusión del comunismo es, sin duda alguna, la conspiración del silencio que en esta materia está realizando una gran parte de la prensa mundial no católica. Decimos conspiración porque no se puede explicar de otra manera el hecho de que un periodismo tan ávido de publicar y subrayar aun los más menudos incidentes cotidianos haya podido pasar en silencio durante tanto tiempo los horrores que se cometen en Rusia, en México y también en gran parte de España, y, en cambio, hable relativamente tan poco de una organización mundial tan vasta como es el comunismo moscovita. Este silencio, como tos dos saben, se debe en parte a ciertas razones políticas, poco previsoras, que lo exigen —así se afirma—, y está mandado y apoyado por varias fuerzas ocultas que desde hace mucho tiempo tratan de destruir el orden social y político cristiano. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 17, 19 de marzo de 1937)

El comunismo cambia de táctica y atrae las muchedumbres ocultando sus verdaderas intenciones

Al principio, el comunismo se manifestó tal cual era en toda su criminal perversidad; pero pronto advirtió que de esta manera alejaba de sí a los pueblos, y por esto ha cambiado de táctica y procura ahora atraerse las muchedumbres con diversos engaños, ocultando sus verdaderos intentos bajo el rótulo de ideas que son en sí mismas buenas y atrayentes.
Por ejemplo, viendo el deseo de paz que tienen todos los hombres, los jefes del comunismo aparentan ser los más celosos defensores y propagandistas del movimiento por la paz mundial; pero, al mismo tiempo, por una parte, excitan a los pueblos a la lucha civil para suprimir las clases sociales, lucha que hace correr ríos de sangre, y, por otra parte, sintiendo que su paz interna carece de garantías sólidas, recurren a un acopio ilimitado de armamentos. De la misma manera, con diversos nombres que carecen de todo significado comunista, fundan asociaciones y publican periódicos cuya única finalidad es la de hacer posible la penetración de sus ideas en medios sociales que de otro modo no les serian fácilmente accesibles; más todavía, procuran infiltrarse insensiblemente hasta en las mismas asociaciones abiertamente católicas o religiosas. En otras partes, los comunistas, sin renunciar en nada a sus principios, invitan a los católicos a colaborar amistosamente con ellos en el campo del humanitarismo y de la caridad, proponiendo a veces, con estos fines, proyectos completamente conformes al espíritu cristiano y a la doctrina de la Iglesia. En otras partes acentúan su hipocresía hasta el punto de hacer creer que el comunismo, en los países de mayor civilización y de fe más profunda, adoptará una forma más mitigada, concediendo a todos los ciudadanos la libertad de cultos y la libertad de conciencia. Hay incluso quienes, apoyándose en algunas ligeras modificaciones introducidas recientemente en la legislación soviética, piensan que el comunismo está a punto de abandonar su programa de lucha abierta contra Dios. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 58-59, 19 de marzo de 1937)

El comunismo se infiltra entre los católicos a través del campo humanitario y de la caridad

De la misma manera, con diversos nombres que carecen de todo significado comunista, fundan asociaciones y publican periódicos cuya única finalidad es la de hacer posible la penetración de sus ideas en medios sociales que de otro modo no les serian fácilmente accesibles; más todavía, procuran infiltrarse insensiblemente hasta en las mismas asociaciones abiertamente católicas o religiosas. En otras partes, los comunistas, sin renunciar en nada a sus principios, invitan a los católicos a colaborar amistosamente con ellos en el campo del humanitarismo y de la caridad, proponiendo a veces, con estos fines, proyectos completamente conformes al espíritu cristiano y a la doctrina de la Iglesia. En otras partes acentúan su hipocresía hasta el punto de hacer creer que el comunismo, en los países de mayor civilización y de fe más profunda, adoptará una forma más mitigada, concediendo a todos los ciudadanos la libertad de cultos y la libertad de conciencia. Hay incluso quienes, apoyándose en algunas ligeras modificaciones introducidas recientemente en la legislación soviética, piensan que el comunismo está a punto de abandonar su programa de lucha abierta contra Dios. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 15, 19 de marzo de 1937)

Congregación para la Doctrina de la Fe

El comunismo: la vergüenza de nuestro tiempo. Pretendiendo aportar la libertad mantiene naciones enteras en la esclavitud

Millones de nuestros contemporáneos aspiran legítimamente a recuperar las libertades fundamentales de las que han sido privados por regímenes totalitarios y ateos que se han apoderado del poder por caminos revolucionarios y violentos, precisamente en nombre de la liberación del pueblo. No se puede ignorar esta vergüenza de nuestro tiempo: pretendiendo aportar la libertad se mantiene a naciones enteras en condiciones de esclavitud indignas del hombre. Quienes se vuelven cómplices de semejantes esclavitudes, tal vez inconscientemente, traicionan a los pobres que intentan servir. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación, cap. XI, n. 10, 6 de agosto de 1984)

IV – La “apertura” comunista a los cristianos es persecución inhumana

Pío XI

Para perseguir a Dios y a la Iglesia, los comunistas llegan hasta la monstruosidad atroz e inhumana

Uno de esos bloques del socialismo sufrió un cambio parecido al que antes hemos indicado respecto de la economía capitalista, y fue a dar en el “comunismo”, que enseña y persigue dos cosas, y no oculta y disimuladamente, sino clara y abiertamente, recurriendo a todos los medios, aun los más violentos: la encarnizada lucha de clases y la total abolición de la propiedad privada.
Para lograr estas dos cosas no hay nada que no intente, nada que lo detenga; y con el poder en sus manos, es increíble y hasta monstruoso lo atroz e inhumano que se muestra. Ahí están pregonándolo las horrendas matanzas y destrucciones con que han devastado inmensas regiones de la Europa oriental y de Asia; y cuán grande y declarado enemigo de la Santa Iglesia y de Dios sea, demasiado, ¡oh dolor!, demasiado lo aprueban los hechos y es de todos conocido. (Pío XI. Encíclica Quadragesimo Anno, n. 112, 15 de mayo de 1931)

La secta del comunismo sostienen por todo el orbe el odio contra Jesucristo

Por esto Nos ha causado profunda extrañeza y vivo pesar el saber que algunos, como para justificar los inicuos procedimientos contra la Iglesia, hayan aducido públicamente como razón la necesidad de defender la nueva República. Tan evidente aparece por lo dicho la inconsistencia del motivo aducido, que da derecho a atribuir la persecución movida contra la Iglesia en España, más que a incomprensión de la fe católica y de sus benéficas instituciones, al odio que “contra el Señor y contra su Cristo” fomentan sectas subversivas de todo orden religioso y social, como por desgracia vemos que sucede en Méjico y en Rusia. (Pío XI. Encíclica Dilectissima Nobis, 3 junio de 1933)

La persecución comunista, nuevo capítulo del martirologio

[…] la vastísima y tribuladísima Rusia, debido a una verdadera furia contra Dios, ha destruido y sigue destruyendo todo lo que pertenece a la religión, especialmente a la Católica: destruye todo, excepto la fidelidad inquebrantable y verdadera, el admirable heroísmo que da, se puede bien decir que todos los días, un nuevo y gloriosísimo capítulo al martirologio. (Pío XI. Discurso en la inauguración de la Exposición Mundial de la Prensa Católica, 12 de mayo de 1936)

Dentro de la Iglesia, asesinatos y persecuciones inhumanas

Mientras tanto, los dolorosos efectos de esta propaganda están a la vista de todos. En las regiones en que el comunismo ha podido consolidarse y dominar —Nos pensamos ahora con singular afecto paterno en los pueblos de Rusia y de México—, se ha esforzado con toda clase de medios por destruir (lo proclama abiertamente) desde sus cimientos la civilización y la religión cristiana y borrar totalmente su recuerdo en el corazón de los hombres, especialmente de la juventud. Obispos y sacerdotes han sido desterrados, condenados a trabajos forzados, fusilados y asesinados de modo inhumano; simples seglares, por haber defendido la religión, han sido considerados como sospechosos, han sido vejados, perseguidos, detenidos y llevados a los tribunales. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 19, 19 de marzo de 1937)

Destrucción, odio, barbarie y ferocidad jamás antes vista

También en las regiones en que, como en nuestra queridísima España, el azote comunista no ha tenido tiempo todavía para hacer sentir todos los efectos de sus teorías, se ha desencadenado, sin embargo, como para desquitarse, con una violencia más furibunda. No se ha limitado a derribar alguna que otra iglesia, algún que otro convento, sino que, cuando le ha sido posible, ha destruido todas las iglesias, todos los conventos e incluso todo vestigio de la religión cristiana, sin reparar en el valor artístico y científico de los monumentos religiosos. El furor comunista no se ha limitado a matar a obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, buscando de un modo particular a aquellos y a aquellas que precisamente trabajan con mayor celo con los pobres y los obreros, sino que, además, ha matado a un gran número de seglares de toda clase y condición, asesinados aún hoy día en masa, por el mero hecho de ser cristianos o al menos contrarios al ateísmo comunista. Y esta destrucción tan espantosa es realizada con un odio, una barbarie y una ferocidad que jamás se hubieran creído posibles en nuestro siglo. Ningún individuo que tenga buen juicio, ningún hombre de Estado consciente de su responsabilidad pública, puede dejar de temblar si piensa que lo que hoy sucede en España tal vez podrá repetirse mañana en otras naciones civilizadas. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 20. 19 de marzo de 1937)

Una moral feroz de una salvaje barbarie es el fruto natural del comunismo

No se puede afirmar que estas atrocidades sean un fenómeno transitorio que suele acompañar a todas las grandes revoluciones o excesos aislados de exasperación comunes a toda guerra; no, son los frutos naturales de un sistema cuya estructura carece de todo freno interno. El hombre, como individuo y como miembro de la sociedad, necesita un freno. Los mismos pueblos bárbaros tuvieron este freno en la ley natural, grabada por Dios en el alma de cada hombre. Y cuando esta ley natural fue observada por todos con un sagrado respeto, la historia presenció el engrandecimiento de antiguas naciones, engrandecimiento tan esplendoroso que deslumbraría más de lo conveniente a ciertos hombres de estudios que considerasen superficialmente la historia humana. Pero, cuando se arranca del corazón de los hombres la idea misma de Dios, los hombres se ven impulsados necesariamente a la moral feroz de una salvaje barbarie. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 20-21, 19 de marzo de 1937)

Todo el pueblo cristiano es puesto en el trance de apostatar de la fe o de padecer muerte crudelísima

De todas partes sube a Nos clamor de pueblos que gimen, cuyos príncipes o rectores se congregaron y confabularon a una contra el Señor y su Iglesia. Por esas regiones vemos atropellados todos los derechos divinos y humanos; derribados y destruidos los templos, los religiosos y religiosas expulsados de sus casas, afligidos con ultrajes, tormentos, cárceles y hambre; multitudes de niños y niñas arrancados del seno de la Madre Iglesia, e inducidos a renegar y blasfemar de Jesucristo y a los más horrendos crímenes de la lujuria; todo el pueblo cristiano duramente amenazado y oprimido, puesto en el trance de apostatar de la fe o de padecer muerte crudelísima. Todo lo cual es tan triste que por estos acontecimientos parecen manifestarse “los principios de aquellos dolores” que habían de preceder “al hombre de pecado que se levanta contra todo lo que se llama Dios o que se adora”. (Pío XI. Encíclica Miserentissimus Redemptor, n. 12. 8 de mayo de 1928)

Juan Pablo II

Fidelidad a Cristo del pueblo ucraniano frente al comunismo

Os saludo en primer lugar a vosotros, queridos hermanos unidos por la fe común en Cristo muerto y resucitado. La violenta persecución comunista no logró extirpar del alma del pueblo ucraniano el anhelo por Cristo y su Evangelio, porque esta fe formaba parte de su historia y de su misma vida. (Juan Pablo II. Encuentro con el Consejo Panucraniano de las Iglesias y organizaciones religiosas, 24 de junio de 2001)

Un valioso testimonio durante la persecución comunista

Con el paso de los años, señor cardenal, resalta cada vez más ante la Iglesia la elocuencia del testimonio que usted ha dado de Cristo. En efecto, su nombre ha cruzado los umbrales de su patria, conmoviendo y edificando a los fieles en Europa y en el mundo entero. A los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos que en diversos lugares siguen siendo puestos a prueba por regímenes opresores de la libertad religiosa y de conciencia, seguramente les sirve de consuelo y estímulo saber que personas como usted han perseverado en su intrépido testimonio durante la persecución comunista. (Juan Pablo II. Carta al Cardenal Alexandru Todea, 5 de mayo de 2002)

Benedicto XVI

Las heridas del comunismo aún no han cicatrizado

Venerados hermanos, el Señor os ha elegido para trabajar en su viña en una sociedad que salió hace pocos años del triste invierno de la persecución. Aún no han cicatrizado del todo las heridas que el comunismo produjo en vuestras poblaciones, y está creciendo la influencia de un secularismo que exalta los espejismos del consumismo y considera al hombre como la medida de sí mismo. (Benedicto XVI. Discurso a los Obispos de Letonia, Lituania y Estonia en visita “ad limina Apostolorum”, 23 de junio de 2006)

Un régimen cruel pero que no pudo doblegar a la Iglesia

El Beato Alojzije Stepinac ha respondido con su sacerdocio, con el episcopado, con el sacrificio de su vida: un único “sí” unido al de Cristo. Su martirio indica el culmen de las violencias cometidas contra la Iglesia durante el terrible período de la persecución comunista. Los católicos croatas, y el clero en particular, fueron objeto de vejaciones y abusos sistemáticos, que pretendían destruir la Iglesia católica, comenzando por su más alta Autoridad local. Aquel tiempo especialmente duro se caracterizó por una generación de obispos, sacerdotes y religiosos dispuestos a morir por no traicionar a Cristo, a la Iglesia y al Papa. La gente ha visto que los sacerdotes nunca han perdido la fe, la esperanza, la caridad, y así han permanecido siempre unidos. Esta unidad explica lo que humanamente es incomprensible: que un régimen tan duro no haya podido doblegar a la Iglesia. (Benedicto XVI. Celebración de las Vísperas con los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas, y oración ante la tumba del Beato Alojzije Viktor Stepinac, 5 de junio de 2011)

V – Socorrer a los pobres no es una bandera ideológica, sino una característica normal de la caridad de la Iglesia

León XIII

Los socialistas manipulan el Evangelio para engañar a los incautos

Los socialistas, abusando del mismo Evangelio para engañar más fácilmente a incautos, acostumbran a forzarlo adaptándolo a sus intenciones, con todo hay tan grande diferencia entre sus perversos dogmas y la purísima doctrina de Cristo, que no puede ser mayor. (León XIII, Inscrutabili Dei Consilio, 21 de abril de 1878)

Pío XI

El comunismo no hubiera existido si los gobernantes fueran fieles a la Iglesia

Se puede afirmar, por tanto, con toda certeza, que la Iglesia, como Cristo, su fundador, pasa a través de los siglos haciendo el bien a todos. No habría ni socialismo ni comunismo si los gobernantes de los pueblos no hubieran despreciado las enseñanzas y las maternales advertencias de la Iglesia; pero los gobiernos prefirieron construir sobre las bases del liberalismo y del laicismo otras estructuras sociales, que, aunque a primera vista parecían presentar un aspecto firme y grandioso, han demostrado bien pronto, sin embargo, su carencia de sólidos fundamentos, por lo que una tras otra han ido derrumbándose miserablemente, como tiene que derrumbarse necesariamente todo lo que no se apoya sobre la única piedra angular, que es Jesucristo. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 38, 19 de marzo de 1937)

Caridad sin justicia no pasa de un mero simulacro de caridad

Pero la caridad no puede atribuirse este nombre si no respeta las exigencias de la justicia, porque, como enseña el Apóstol, quien ama al prójimo ha cumplido la ley. El mismo Apóstol explica a continuación la razón ele este hecho: pues “no adulterarás, no matarás, no robarás…”, y cualquier otro precepto en esta sentencia se resume: “Amarás al prójimo como a ti mismo” (Rom 13, 8-9). Si, pues, según el Apóstol, todos los deberes, incluso los más estrictamente obligatorios, como el no matar y el no robar, se reducen a este único precepto supremo de la verdadera caridad, una caridad que prive al obrero del salario al que tiene estricto derecho no es caridad, sino nombre vano y mero simulacro de caridad. No es justo tampoco que el obrero reciba como limosna lo que se le debe por estricta obligación de justicia; y es totalmente ilícita la pretensión de eludir con pequeñas dádivas de misericordia las grandes obligaciones impuestas por la justicia. La caridad y la justicia imponen sus deberes específicos, los cuales, si bien con frecuencia coinciden en la identidad del objeto, son, sin embargo, distintos por su esencia; y los obreros, por razón de su propia dignidad, exigen enérgicamente, con todo derecho y razón, el reconocimiento por todos de estos deberes a que están obligados con respecto a ellos los demás ciudadanos. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 50, 19 de marzo de 1937)

Juan Pablo II

Proclamar la misericordia forma parte de la vida de la Iglesia

La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia —el atributo más estupendo del Creador y del Redentor— y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora. (Juan Pablo II. Dives in misericordia, n. 13, 30 de noviembre de 1980)

Benedicto XV

La Iglesia cura las heridas de la humanidad porque es heredera del espíritu de Jesucristo

La Iglesia reivindica para sí, como misión propia, esta labor de curar las heridas de la humanidad, porque es la heredera del espíritu de Jesucristo; la Iglesia, decimos, cuya vida toda está entretejida con una admirable variedad de obras de beneficencia, porque “como verdadera madre de los cristianos, alberga una ternura tan amorosa por el prójimo, que para las más diversas enfermedades espirituales de las almas tiene presta en todo momento la eficaz medicina”; y así “educa y enseña a la infancia con dulzura, a la juventud con fortaleza, a la ancianidad con placentera calma, ajustando el remedio a las necesidades corporales y espirituales de cada uno” (San Agustín). Estas obras de la beneficencia cristiana suavizan los espíritus y poseen por esto mismo una extraordinaria eficacia para devolver a los pueblos la tranquilidad pública. (Benedicto XV. Encíclica Pacem Dei munus, n. 9, 23 de mayo de 1920)

Congregación para los Obispos

Los obispos deben promover cada vez más el crecimiento de las obras de caridad

Si en la diócesis ya existen obras de caridad y de asistencia, el obispo procure que crezcan y se perfeccionen cada vez más y, si es necesario, se creen otras, que respondan a las nuevas necesidades: sobre todo en el campo de la asistencia a la niñez, a la juventud, a los ancianos, a los enfermos e inválidos, a los inmigrantes y a los refugiados, para los cuales debe estar siempre abierta y disponible la diaconía de la caridad de la Iglesia. (Congregación para los Obispos. Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Apostolorum Successores, n. 38, 22 de febrero de 2004)

Sagradas Escrituras

Colecta para los pobres en la Iglesia primitiva

Pero ahora voy a Jerusalén, para el servicio de los santos, pues Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una colecta para los pobres que hay entre los santos de Jerusalén. Tuvieron el gusto y además estaban obligados a ello; pues si los gentiles han compartido los bienes espirituales de los santos, ellos por su parte deben prestarles ayuda en lo material. (Rm 15, 25-27)


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