44 – Educar cristianamente no es solamente hacer una catequesis, esto es una parte. No es solamente hacer proselitismo; ¡nunca hagan proselitismo en las escuelas!” “Lo que interesa es quitar el hambre y dar educación, sin importar la religión

San Juan Crisóstomo compara la educación de un niño con la elaboración de una maravillosa estatua para Dios. Según el Doctor de la Iglesia la misión confiada a los padres de manera inmediata y privilegiada es llevarlo a la práctica de la virtud, enseñándole a amar el verdadero Dios y “a marcar todo lo que diga y haga con el signo de la cruz”.

La omisión en este campo, sin duda una de las más importantes, deja los tristes resultados que la sociedad de nuestros días nos permite comprobar y, por eso, los Papas no dudaron en calificarla peligrosa, perjudicial, injusta e incluso gravemente culposa.

Por tanto, aunque se escuche que lo importante es no dejarlos pasar hambre y darles escuela ¿es verdad que podemos ser indiferentes en relación a la educación religiosa de los niños? ¿Basta darles el alimento corporal para cumplir la misión confiada por el Señor a los padres? ¿Si ellos reciben la educación de cualquier confesión religiosa, llegarán a ser buenos cristianos?

Todas estas preguntas ya fueron respondidas por el sabio Magisterio de la Iglesia y aunque se hagan afirmaciones para agradar a propios y extraños, tenemos elementos para elegir lo correcto.

No hay duda que la experiencia educativa de una persona se inicia desde la cuna, cuando empieza a oír la amorosa palabra de sus padres, que será recordada por siempre y pasará a las generaciones sucesivas, haciendo parte de la historia de las familias, como lo comprueba el Antiguo Testamento: “Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron, no lo ocultaremos a sus hijos, lo contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor, su poder, las maravillas que realizó” (Sal 78, 3-4).

Desde las más antiguas generaciones la religión está relacionada con la educación y la Iglesia no se ha sustraído a esa misión, incentivando hombres y mujeres a dedicarse a tan importante vocación: fundar instituciones de enseñanza que sean punto de referencia de la comunidad católica. Afirma el Concilio Vaticano II que “la presencia de la Iglesia en la tarea de la enseñanza se manifiesta, sobre todo, por la escuela católica.” (Declaración Gravissimum educationis, n. 8, sobre la Educación Cristiana, del Concilio Vaticano II, 28 de octubre de 1965)

Dice Santo Tomás de Aquino que “la ciencia y el entendimiento se consiguen a través de la doctrina y la disciplina, y las dos cosas están prescritas en la ley. Así se dice: ‘Las palabras que yo te mando estarán en tu corazón’ (Dt 6, 6), y esto corresponde a la disciplina, ya que el discípulo debe aplicar el corazón a lo que se le enseña. A la doctrina pertenece lo que se añade a continuación: ‘Y las comentarás a tus hijos’ (v. 7)” (Suma Teológica. II-II, q. 16, a. 2). Doctrina y disciplina, éstas son características fundamentales de la educación católica que procura contribuir con la evangelización. Ya Juan Pablo II exhortaba a los docentes comprometidos con la comunidad cristiana a “mantener y reforzar el carácter católico de la institución” a que pertenecen, sin perder su horizonte de calidad, identidad y misión. (Juan Pablo II. Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae, n. 21, 15 de agosto de 1990)

Esta perspectiva fue la que animó a los 7 mil participantes del Congreso Mundial de Educación Católica promovido el pasado mes de noviembre y cuyo documento de síntesis conclusiva de los trabajos declara: “hoy como en el pasado, la misión educativa católica brota de la identidad misma de la Iglesia y de las instituciones educativas cristianas (escuelas y universidades) que se alimentan del mandato de la evangelización: ‘id por el mundo y predicad el evangelio a toda criatura’ (Mc 16,15ss)”. (Congreso Internacional de Educación Católica)

Sin embargo, estos profesores recibieron como consejo del Papa Francisco, en la Audiencia que les concedió como clausura del evento, las siguientes palabras: “¡nunca hagan proselitismo en las escuelas!”… ¿Estaría renunciando él a la misión de evangelizar? ¿Qué enseña la Iglesia sobre la importancia de la educación católica?

Francisco

FranciscoNinos

Cita ACita B

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

 I- Estudiar la doctrina católica: un deber y un derecho de todos
II- La educación es un deber de la Iglesia Católica
III- Importancia de la educación católica
IV- Los beneficios de la educación católica para la juventud

I- Estudiar la doctrina católica: un deber y un derecho de todos

Catecismo Mayor de San Pío X

Los padres que no enseñan a sus hijos la doctrina católica pecan gravemente

¿Es necesario aprender la doctrina enseñada por Jesucristo?
Es necesario aprender la doctrina enseñada por Jesucristo, y faltan gravemente los que descuidan aprenderla.
¿Tienen los padres y los amos obligación de mandar a sus hijos y dependientes al Catecismo?
Los padres y los amos tienen obligación de procurar que sus hijos y dependientes aprendan la doctrina cristiana, e incurren en culpa delante de Dios si descuidan esta obligación. (Catecismo Mayor de San Pío X, n. 5-6)

Benedicto XVI

La educación integral no puede prescindir de la enseñanza religiosa católica

El mencionado indiferentismo religioso y la tentación de un fácil permisivismo moral, así como la ignorancia de la tradición cristiana con su rico patrimonio espiritual, influyen en gran manera sobre las nuevas generaciones. La juventud tiene derecho, desde el inicio de su proceso formativo, a ser educada en la fe y en las sanas costumbres. Por eso la educación integral de los más jóvenes no puede prescindir de la enseñanza religiosa también en la escuela. Una sólida formación religiosa será, pues, una protección eficaz ante el avance de las sectas o de otros grupos religiosos de amplia difusión actual. (Benedicto XVI. Discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico en visita ad limina, n. 6, 30 de junio de 2007)

León XIII

La educación de la juventud debe empezar desde los más tiernos años

La buena educación de la juventud, para que sirva de amparo a la fe, a la Religión, y a la integridad de las costumbres, debe empezar desde los más tiernos años en el seno de la familia. (León XIII. Inescrutabili Dei consilio, n. 10, 21 de abril de 1878)

Pío XII

Es injusta la educación que se despreocupa de orientar la juventud a la patria sobrenatural

Una educación de la juventud que se despreocupe, con olvido voluntario, de orientar la mirada de la juventud también a la patria sobrenatural, será totalmente injusta tanto contra la propia juventud como contra los deberes y los derechos totalmente inalienables de la familia cristiana. (Pío XII. Summi pontificatus, n. 52, 20 de octubre de 2010)

Juan Pablo II

No es exacto decir que la fe es una opción para la edad madura

Que no suceda, amadísimos padres que me escucháis, que vuestros hijos lleguen a la madurez humana, civil y profesional, quedando niños en asuntos de religión. No es exacto decir que la fe es una opción para realizar en la edad madura. La verdadera opción supone el conocimiento; y nunca podrá haber elección entre cosas que no fueron propuestas sabia y adecuadamente. Padres catequistas, la Iglesia tiene confianza en vosotros, espera mucho de vosotros. (Juan Pablo II. Homilía en la Santa Misa para los Catequistas, n. 4, 5 de julio de 1980)

La educación de la conciencia religiosa es un derecho de la persona

En la escuela, el ciudadano se forma a través de la cultura y la formación profesional. La educación de la conciencia religiosa es un derecho de la persona humana. El joven exige ser encaminado hacia todas las dimensiones de la cultura y quiere también encontrar en la escuela la posibilidad de entablar conocimiento con los problemas fundamentales de la existencia. Entre estos, ocupa el primer lugar el problema de la respuesta que él tiene que dar a Dios. Es imposible llegar a auténticas opciones de vida, cuando se pretende ignorar la religión, que tiene tanto que decir, o incluso cuando se quiere restringirla a una enseñanza vaga y neutra […]. La Iglesia, al defender esta incumbencia de la escuela, no ha pensado ni piensa en privilegios: ella propugna una educación integral amplia y los derechos la familia y la persona. (Juan Pablo II. Homilía en la Santa Misa para los Catequistas, n. 4, 5 de julio de 1980)

Todo bautizado tiene el derecho de recibir una formación verdaderamente católica

Todo bautizado por el hecho mismo de su bautismo, tiene el derecho de recibir de la Iglesia una enseñanza y una formación que le permitan iniciar una vida verdaderamente cristiana; en la perspectiva de los derechos del hombre, toda persona humana tiene derecho a buscar la verdad religiosa y de adherirse plenamente a ella. (Juan Pablo II. Catechesi tradendæ, n. 14, 16 de octubre de 1979)

Todo discípulo de Cristo tiene el derecho a recibir la palabra de la fe no mutilada

Los alumnos de las escuelas católicas tienen el derecho a recibir en ellas catequesis permanente, profunda, sistemática, cualificada y adaptada a las exigencias de su edad y preparación cultural. Y esta enseñanza religiosa debe ser íntegra en cuanto al contenido, pues todo discípulo de Cristo tiene el derecho a recibir la palabra de la fe no mutilada, falsificada o disminuida, sino completa e integral, en todo su rigor y su vigor. (Juan Pablo II. Discurso a los profesores, alumnos y exalumnos de los colegios Massimo y Santa María de Roma, n. 3, 9 de febrero de 1980)

Congregación para el Clero

La enseñanza religiosa debe ser dirigida a todas las categorías de fieles

Maestro y educador en la fe, el sacerdote procurará que la catequesis, especialmente la de los sacramentos, sea una parte privilegiada en la educación cristiana de la familia, en la enseñanza religiosa, en la formación de movimientos apostólicos, etc.; y que se dirija a todas las categorías de fieles: niños, jóvenes, adolescentes, adultos y ancianos. Sabrá transmitir la enseñanza catequética haciendo uso de todas las ayudas, medios didácticos e instrumentos de comunicación, que puedan ser eficaces a fin de que los fieles —de un modo adecuado a su carácter, capacidad, edad y condición de vida— estén en condiciones de aprender más plenamente la doctrina cristiana y de ponerla en práctica de la manera más conveniente. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 65, 11 de febrero de 2013)

Concilio Vaticano II

Los jóvenes deben ser estimulados a conocer y amar a Dios

Declara igualmente el Sagrado Concilio que los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a aceptarlos con adhesión personal y también a que se les estimule a conocer y amar más a Dios. Ruega, pues, encarecidamente a todos los que gobiernan los pueblos o están al frente de la educación, que procuren que la juventud nunca se vea privada de este sagrado derecho. (Concilio Vaticano II. Gravissimum educationis, n. 1, 28 de octubre de 1965)

La educación cristiana promueve la madurez de la persona humana

Todos los cristianos, en cuanto han sido regenerados por el agua y el Espíritu Santo han sido constituidos nuevas criaturas, y se llaman y son hijos de Dios, tienen derecho a la educación cristiana. La cual no persigue solamente la madurez de la persona humana arriba descrita, sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don de la fe, mientras son iniciados gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación; aprendan a adorar a Dios Padre en el espíritu y en verdad, ante todo en la acción litúrgica, adaptándose a vivir según el hombre nuevo en justicia y en santidad de verdad, y así lleguen al hombre perfecto, en la edad de la plenitud de Cristo y contribuyan al crecimiento del Cuerpo Místico. (Concilio Vaticano II. Gravissimum educationis, n. 2, 28 de octubre de 1965)

Es necesario que los niños sean educados en la fe católica desde sus primeros años

En la familia cristiana, enriquecida con la gracia del sacramento y los deberes del matrimonio, es necesario que los hijos aprendan desde sus primeros años a conocer la fe recibida en el bautismo. (Concilio Vaticano II. Gravissimum educationis, n. 3, 28 de octubre de 1965)

II- La educación es un deber de la Iglesia Católica

Pío XI

Es derecho y deber de la Iglesia vigilar la educación de sus hijos

Es derecho inalienable de la Iglesia, y al mismo tiempo deber suyo inexcusable, vigilar la educación completa de sus hijos, los fieles, en cualquier institución, pública o privada, no solamente en lo referente a la enseñanza religiosa allí dada, sino también en lo relativo a cualquier otra disciplina y plan de estudio, por la conexión que éstos pueden tener con la religión y la moral. (Pío XI. Divini illius magistri, n. 18, 31 de diciembre de 1929)

Vigilancia para alejar a los hijos de la Iglesia de los peligros del mundo

El ejercicio de este derecho no puede ser calificado como injerencia indebida, sino como valiosa providencia materna de la Iglesia, que inmuniza a sus hijos frente a los graves peligros de todo contagio que pueda dañar a la santidad e integridad de la doctrina y de la moral. Esta vigilancia de la Iglesia, lejos de crear inconveniente alguno, supone la prestación de un eficaz auxilio al orden y al bienestar de las familias y del Estado, manteniendo alejado de la juventud aquel veneno que en esta edad inexperta y tornadiza suele tener más fácil acceso y más rápido arraigo en la vida moral. (Pío XI. Divini illius magistri, n. 19, 31 de diciembre de 1929)

León XIII

Es un error excluir la Iglesia de la educación de la juventud

Error grande y de muy graves consecuencias es excluir a la Iglesia, obra del mismo Dios, de la vida social, de la legislación, de la educación de la juventud y de la familia. Sin religión es imposible un Estado bien ordenado. (León XIII. Immortale Dei, n. 15, 1 de noviembre de 1885)

La religión debe dar forma y dirección a todas las ramas del saber

Es necesario no sólo que durante ciertas horas se enseñe a los jóvenes la religión, sino que es indispensable, además, que toda la formación restante exhale la fragancia de la piedad cristiana. Si esto falta, si este aliento sagrado no penetra y enfervoriza las almas de los maestros y de los discípulos, resultarán bien escasos los frutos de esta enseñanza, y frecuentemente se seguirán no leves daños. […] El conocimiento de muchos temas siempre debe ir de la mano con el cuidado del espíritu. La religión debe dar forma y dirección a todas las ramas del saber. (León XIII. Militantis Ecclesiae, n. 18, 1 de agosto de 1897)

Pío XI

La Iglesia pudo salvar tesoros de la cultura, de la civilización y de la literatura gracias a su misión educativa

Si causa admiración el hecho de que la Iglesia en todos los tiempos haya sabido reunir alrededor de sí centenares y millares y millones de alumnos de su misión educadora, no es menor asombro el que debe sobrecogernos cuando se reflexiona sobre lo que ha llegado a hacer no sólo en el campo de la educación de la juventud, sino también en el terreno de la formación doctrinal, entendida en su sentido propio. Porque, si se han podido salvar tantos tesoros de cultura, civilización y de literatura, esto se debe a la labor de la Iglesia, que aun en los tiempos más remotos y bárbaros supo hacer brillar una luz tan esplendorosa en el campo de la literatura, de la filosofía, del arte y particularmente de la arquitectura. La Iglesia ha podido hacer y ha sabido hacer todas estas cosas, porque su misión educativa se extiende también a los infieles, ya que todos hombres están llamados a entrar en el reino de Dios y conseguir la salvación eterna. (Pío XI. Divini illius magistri, n. 20-21, 31 de diciembre de 1929)

Juan Pablo II

La catequesis: una de las tareas primordiales de la Iglesia

La catequesis ha sido siempre considerada por la Iglesia como una de sus tareas primordiales, ya que Cristo resucitado, antes de volver al Padre, dio a los Apóstoles esta última consigna: hacer discípulos a todas las gentes, enseñándoles a observar todo lo que Él había mandado. Él les confiaba de este modo la misión y el poder de anunciar a los hombres lo que ellos mismos habían oído, visto con sus ojos, contemplado y palpado con sus manos, acerca del Verbo de vida. Al mismo tiempo les confiaba la misión y el poder de explicar con autoridad lo que Él les había enseñado, sus palabras y sus actos, sus signos y sus mandamientos. Y les daba el Espíritu para cumplir esta misión. Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo. La Iglesia no ha dejado de dedicar sus energías a esa tarea. (Juan Pablo II. Catechesi tradendae, n. 1, 16 de octubre de 1979)

Concilio Vaticano II

La Iglesia tiene el deber de anunciar a todos los hombres el camino de la salvación

El deber de la educación corresponde a la Iglesia no sólo porque debe ser reconocida como sociedad humana capaz de educar, sino, sobre todo, porque tiene el deber de anunciar a todos los hombres el camino de la salvación, de comunicar a los creyentes la vida de Cristo y de ayudarles con atención constante para que puedan lograr la plenitud de esta vida. (Concilio Vaticano II. Gravissimum educationis, n. 3, 28 de octubre de 1965)

La Iglesia está obligada a dar a sus hijos una educación que llene su vida del espíritu de Cristo

La Iglesia, como Madre, está obligada a dar a sus hijos una educación que llene su vida del espíritu de Cristo y, al mismo tiempo, ayuda a todos los pueblos a promover la perfección cabal de la persona humana, incluso para el bien de la sociedad terrestre y para configurar más humanamente la edificación del mundo. (Concilio Vaticano II. Gravissimum educationis, n. 3, 28 de octubre de 1965)

Gravísimo deber eclesial de cuidar de la educación moral y religiosa de sus hijos

Consciente, además, la Iglesia del gravísimo deber de procurar cuidadosamente la educación moral y religiosa de todos sus hijos, es necesario que atienda con afecto particular y con su ayuda a los muchísimos que se educan en escuelas no católicas, ya por medio del testimonio de la vida de los maestros y formadores, ya por la acción apostólica de los condiscípulos, ya, sobre todo, por el ministerio de los sacerdotes y de los seglares, que les enseñan la doctrina de la salvación, de una forma acomodada a la edad y a las circunstancias y les prestan ayuda espiritual con medios oportunos y según la condición de las cosas y de los tiempos. (Concilio Vaticano II. Gravissimum educationis, n. 7, 28 de octubre de 1965)

Tarea de iluminar con la luz de la fe el conocimiento de los alumnos

La presencia de la Iglesia en la tarea de la enseñanza se manifiesta, sobre todo, por la escuela católica. Ella busca, no es menor grado que las demás escuelas, los fines culturales y la formación humana de la juventud. Su nota distintiva es […] ordenar últimamente toda la cultura humana según el mensaje de salvación, de suerte que quede iluminado por la fe el conocimiento que los alumnos van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre. (Concilio Vaticano II. Gravissimum educationis, n. 8, 28 de octubre de 1965)

Congregación para la Educación Católica

La libertad religiosa no impide el derecho-deber de la Iglesia de enseñar la fe

También en las escuelas católicas, debe ser respetada, como en cualquier otro lugar, la libertad religiosa de los alumnos no católicos y de sus padres. Esto no impide, como es claro, el derecho-deber de la Iglesia de enseñar y testimoniar públicamente la propia fe, de palabra y por escrito. (Congregación para la Educación Católica. Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, n. 16, 5 de mayo de 2009)

III- Importancia de la educación católica

San Juan Crisóstomo

No hay arte superior al de la buena educación de los hijos

Nada hay más precioso que el alma. Pues ¿qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? Pero todo lo pervierte y destruye el amor de los dineros y acaba con el temor de Dios: captura al alma como un tirano una ciudadela. Por él descuidamos la salvación propia y la de los hijos; y cuidamos únicamente de cómo, alcanzada una mayor opulencia. […] Las bestias están más apreciadas que los hijos, y más cuidamos de nuestros asnos y caballo que de nuestros hijos. […] Cuando se trata de poner un maestro para el alma del niño, echamos mano, sin ton ni son. Y sin embargo no hay arte superior a ésta. Porque ¿qué hay comparable a formar un alma y a plasmar la inteligencia y el espíritu de un joven? (San Juan Crisóstomo. Homilía LIX sobre el Evangelio de San Mateo)

Emplead todo vuestro tiempo fabricando maravillosas estatuas para Dios

Ya os he dicho que de ahí viene que el vicio sea difícil de extirpar, que nadie se preocupa por sus hijos, que nadie les habla de la virginidad, nadie de la templanza, nadie del desprecio a las riquezas y a la gloria, nadie de los preceptos que vienen en las Escrituras.
Ciertamente, cuando desde la primera infancia los niños carecen de maestros, ¿qué será de ellos? Pues si algunos, educados e instruidos desde el seno materno y hasta la vejez, aún se tuercen, quienes desde los comienzos de su vida se han acostumbrado a oír este tipo de cosas, ¿qué malas acciones no llegarán a cometer?
Ahora bien, para enseñar las artes, las letras y la elocuencia a sus hijos, cada uno se toma todo tipo de molestias, pero lo de ejercitar su alma, esto ya nadie lo tiene en la menor cuenta.
No ceso de exhortaros y rogaros y suplicaros para que, antes de cualquier otra cosa, eduquéis constantemente a vuestros hijos. Si, efectivamente, te importa el niño, demuéstralo de esta forma. […] No digo esto: apártalo del matrimonio; envíalo al desierto; prepáralo para que escoja la vida de los monjes. No digo esto. Lo quiero y desearía que todos lo abrazasen, pero, como parece ser una carga, no obligo. Cría un atleta para Cristo y, permaneciendo en el mundo, enséñale a ser piadoso desde la primera infancia.
Por tanto, cada uno de vosotros, padres y madres, […] como unos fabricantes de estatuas, emplead en esto todo vuestro tiempo fabricando maravillosas estatuas para Dios. Suprimid lo que sobre, añadid lo que falte y examinadlas cada día, qué cualidades naturales tienen, para hacerlas crecer, qué defectos naturales, para suprimirlos. Y con gran meticulosidad desterrad de ellos, en primer lugar, lo que esté relacionado con la intemperancia, pues esta pasión perturba especialmente las almas de los jóvenes. O mejor, antes de que la haya experimentado, enséñale a ser sobrio, a estar despierto, a velar en oración, a marcar todo lo que diga y haga con el signo de la cruz. (San Juan Crisóstomo. Sobre la vanagloria, la educación de los hijos y el matrimonio, n. 17-19;22)

Congregación para la Educación Católica

Una enseñanza que olvide la dimensión religiosa sería incompleta

Una enseñanza que desconozca o que ponga al margen la dimensión moral y religiosa de la persona sería un obstáculo para una educación completa, porque “los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a aceptarlos con adhesión personal y también a que se les estimule a conocer y amar más a Dios”. (Congregación para la Educación Católica. Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, n. 1, 5 de mayo de 2009)

Benedicto XVI

La enseñanza religiosa no se puede reducir a una genérica sociología de las religiones

Y esa enseñanza no se puede reducir a una genérica sociología de las religiones, pues no existe una religión genérica, aconfesional. Así, la enseñanza religiosa confesional en las escuelas públicas, además de no herir la laicidad del Estado, garantiza el derecho de los padres a escoger la educación de sus hijos, contribuyendo de ese modo a la promoción del bien común. (Benedicto XVI. Discurso al embajador de Brasil ante la Santa Sede, 31 de octubre de 2011)

Juan Pablo II

En el ápice de todo interés debe estar la persona, la obra y el mensaje de Cristo

En el centro de la enseñanza escolar, en el ápice de todo el interés debe estar la persona, la obra y el mensaje de Cristo, es Él nuestro verdadero Maestro (cf. Mt 23, 8. 10), es Él nuestra vida, la verdad y la vida (cf. Jn 14, 6), es Él nuestro Redentor y Salvador (cf. Ef 1, 7; Col 1, 14). Tarea prioritaria e insustituible tanto de los profesores como de los alumnos, es la de conocer a Jesús estudiando, profundizando, meditando la Sagrada Escritura, no como mero libro de historia, sino como testimonio perenne de Alguien que está vivo, porque Jesús resucitó y “está a la diestra del Padre”. (Juan Pablo II. Discurso a los profesores, alumnos y exalumnos de los colegios Massimo y Santa María de Roma, n. 4, 9 de febrero de 1980)

Es muy importante la enseñanza católica en todos los niveles de educación

Este esbozo demasiado rápido será suficiente para subrayar la importancia que yo doy a toda la enseñanza católica en general, en sus diversos niveles, y en particular al pensamiento universitario católico de hoy. El ambiente católico que vosotros deseáis se sitúa mucho más allá de un simple clima exterior circundante. Implica la voluntad de una formación sobre el mundo desde una perspectiva cristiana; implica un modo particular de captar la realidad y de concebir todos vuestros estudios, tan dispares como ellos sean. Hablo aquí, lo entendéis perfectamente, de una perspectiva que traspasa los límites y los métodos de las ciencias particulares para llegar a la comprensión que debéis tener de vosotros mismos, de vuestro papel en la sociedad, del sentido de vuestra vida. (Juan Pablo II. Discurso a los profesores y alumnos del Instituto Católico de París, n. 4, 1 de junio de 1980)

Pablo VI

La enseñanza católica no debe detenerse en un plano meramente intelectual

A nadie se le ocurrirá poner en duda que esta enseñanza se ha de impartir con el objeto de educar las costumbres, no de estacionarse en un plano meramente intelectual. Con toda seguridad, el esfuerzo de evangelización será grandemente provechoso, a nivel de la enseñanza catequética dada en la Iglesia, en las escuelas donde sea posible o en todo caso en los hogares cristianos. (Pablo VI. Evangelii nuntiandi, n. 44, 8 de diciembre de 1975)

Pío XI

Los padres tienen el deber de buscar escuela que forme sus hijos en la verdadera doctrina católica

Los católicos de cualquier nación del mundo, al procurar una escuela católica para sus hijos, no realizan una obra católica de partido, sino que cumplen un deber religioso exigido necesariamente por su conciencia; y al obrar así no pretenden alejar a sus hijos de la disciplina y del espíritu nacional, sino que procuran, por el contrario, educarlos en este mismo espíritu del modo más perfecto y más conducente a la verdadera prosperidad de la nación, porque todo católico verdadero, formado en la doctrina católica, es por esto mismo un excelente ciudadano, amante de su patria, leal para la autoridad civil constituida, sea la que sea la forma legítima de gobierno establecida. (Pío XI. Divini illius magistri, n. 70, 31 de diciembre de 1929)

Congregación para la Educación Católica

Sin la enseñanza católica los alumnos estarían privados de un elemento esencial

La enseñanza de la religión en la escuela constituye una exigencia de la concepción antropológica abierta a la dimensión trascendente del ser humano: es un aspecto del derecho a la educación. Sin esta materia, los alumnos estarían privados de un elemento esencial para su formación y para su desarrollo personal, que les ayuda a alcanzar una armonía vital entre fe y cultura. (Congregación para la Educación Católica. Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, n. 10, 5 de mayo de 2009)

Pío XII

Una educación indiferente a las enseñanzas cristianas es un crimen de lesa majestad contra el Rey de los reyes

Una educación semejante podrá, tal vez, parecer a los gobernantes responsables de ella una fuente de aumento de fuerza y de vigor; pero las tristes consecuencias que de aquélla se deriven demostrarán su radical falacia. El crimen de lesa majestad contra el Rey de los reyes y Señor de los que dominan (1 Tim 6, 15; Ap 19, 16) cometido con una educación de los niños indiferente y contraria al espíritu y a sentimiento cristianos, al estorbar e impedir el precepto de Jesucristo: “Dejad que los niños vengan a mí” (Mc 10,14), producirá, sin duda alguna, frutos amarguísimos. (Pío XII. Summi pontificatus, n. 52, 20 de octubre de 1939)

La educación de la juventud alejada de Cristo es un escándalo

El Divino Redentor, que dijo a los apóstoles: Dejad que los niños vengan a mí, no obstante su misericordiosa bondad, ha amenazado con terribles castigos a los que escandalizan a los niños, objeto predilecto de su corazón. Y ¿qué escándalo puede haber más dañoso, qué escándalo puede haber más criminal y duradero que una educación moral de la juventud dirigida equivocadamente hacia una meta que, totalmente alejada de Cristo, camino, verdad y vida, conduce a una apostasía oculta o manifiesta del Divino Redentor? (Pío XII. Summi pontificatus, n. 52, 20 de octubre de 1939)

Un sistema educativo que proclame la apostasía de Cristo pronuncia contra sí mismo la sentencia de condenación

Un sistema educativo que no respete el recinto sagrado de la familia cristiana, protegido por la ley de Dios; que tire por tierra sus bases y cierre a la juventud el camino hacia Cristo, para impedirle beber el agua en las fuentes del Salvador (cf Is 12, 3), y que, finalmente, proclame la apostasía de Cristo y de la Iglesia como señal de fidelidad a la nación o a una clase determinada, este sistema, sin duda alguna al obrar así, pronunciará contra sí mismo la sentencia de condenación y experimentará a su tiempo la ineluctable verdad del aviso del profeta: Los que se apartan de ti serán escritos en la tierra (Jer 17,13) . (Pío XII. Summi pontificatus, n. 52, 20 de octubre de 1939)

Pío XI

En la educación no se puede excluir la religión

Es contraria a los principios fundamentales de la educación la escuela neutra o laica, de la cual queda excluida la religión. Esta escuela, por otra parte, sólo puede ser neutra aparentemente, porque de hecho eso será contraria a la religión. (Pío XI. Divini illius magistri, n. 63, 31 de diciembre de 1929)

Congregación para el Clero

La enseñanza religiosa debe tomarse con la misma seriedad de las demás disciplinas

Es necesario que la enseñanza religiosa escolar aparezca como disciplina escolar, con la misma exigencia de sistematicidad y rigor que las demás materias. Ha de presentar el mensaje y acontecimiento cristiano con la misma seriedad y profundidad con que las demás disciplinas presentan sus saberes. No se sitúa, sin embargo, junto a ellas como algo accesorio, sino en un necesario diálogo interdisciplinar. Este diálogo ha de establecerse, ante todo, en aquel nivel en que cada disciplina configura la personalidad del alumno. […] La enseñanza religiosa escolar, mediante este diálogo interdisciplinar, funda, potencia, desarrolla y completa la acción educadora de la escuela. (Congregación para el Clero. Directorio general para la catequesis, n. 73, 17 de abril de 1998)

IV- Los beneficios de la educación católica para la juventud

Pío XI

No existe educación más perfecta que la cristiana

Como la educación consiste esencialmente en la formación del hombre tal cual debe ser y debe portarse en esta vida terrena para conseguir el fin sublime para el cual ha sido creado, es evidente que así como no puede existir educación verdadera que no esté totalmente ordenada hacia este fin último, así también en el orden presente de la Providencia, es decir, después que Dios se nos ha revelado en su unigénito Hijo, único que es camino, verdad y vida (Jn 14, 6), no puede existir otra completa y perfecta educación que la educación cristiana. (Pío XI. Divini illius magistri, n. 5, 31 de diciembre de 1929)

La educación cristiana es insuperable pues tiende a asegurar el Sumo Bien a las almas

Resulta clara y manifiesta la excelencia insuperable de la obra de la educación cristiana, pues ésta tiende, en último análisis, a asegurar el Sumo Bien, Dios, a las almas de los educandos, y el máximo bienestar posible en esta tierra a la sociedad humana. (Pío XI. Divini illius magistri, n. 5, 31 de diciembre de 1929)

Para que una escuela católica sea digna de ese título es necesario que toda su organización esté imbuida del espíritu de la Iglesia

No basta el mero hecho de que en la escuela se dé la instrucción religiosa (frecuentemente con excesiva parquedad) para que una escuela resulte conforme a los derechos de la Iglesia y da la familia cristiana y digna de ser frecuentada por los alumnos católicos. Ya que para este fin es necesario que toda la enseñanza, toda la organización de la escuela —profesorado, plan de estudios y libros— y todas las disciplinas estén imbuidas en un espíritu cristiano bajo la dirección y vigilancia materna de la Iglesia, de tal manera que la religión sea verdaderamente el fundamento y la corona de la enseñanza en todos sus grados, no sólo en el elemental, sino también en el medio y superior. (Pío XI. Divini illius magistri, n. 65, 31 de diciembre de 1929)

León XIII

Necesidad de formar en el temor de Dios

Si los jóvenes no son acostumbrados al temor de Dios, no soportarán norma alguna de vida virtuosa y, habituados a no negar nada a sus deseos, fácilmente se dejarán arrastrar por los movimientos perturbadores del Estado. (León XIII. Nobilissima Gallorum gens, 8 de febrero de 1884)

Pío XI

Cuando se excluye la religión de la educación se fomenta el materialismo

Cuando se excluye la religión de los centros de enseñanza, de la educación de la juventud, de la moral de la vida pública, y se permite el escarnio de los representantes del cristianismo y de los sagrados ritos de éste, ¿no se fomenta, acaso, el materialismo, del que nacen los principios y las instituciones propias del comunismo? Ni la fuerza humana mejor organizada ni los más altos y nobles ideales terrenos pueden dominar los movimientos desordenados de este carácter, que hunden sus raíces precisamente en la excesiva codicia de los bienes de esta vida. (Pío XI. Divinis Redemptoris, n. 83, 19 de marzo de 1937)

Juan Pablo II

Los padres católicos deben dar preferencia a las escuelas católicas

Al lado de la familia y en colaboración con ella, la escuela ofrece a la catequesis posibilidades no desdeñables. En los países, cada vez más escasos por desgracia, donde es posible dar dentro del marco escolar una educación en la fe, la Iglesia tiene el deber de hacerlo lo mejor posible. Esto se refiere, ante todo, a la escuela católica: ¿Seguiría mereciendo este nombre si, aun brillando por su alto nivel de enseñanza en las materias profanas, hubiera motivo justificado para reprocharle su negligencia o desviación en la educación propiamente religiosa? ¡Y no se diga que ésta se dará siempre implícitamente o de manera indirecta! El carácter propio y la razón profunda de la escuela católica, el motivo por el cual deberían preferirla los padres católicos, es precisamente la calidad de la enseñanza religiosa integrada en la educación de los alumnos. (Juan Pablo II. Catechesi tradendae, n. 69, 16 de octubre de 1979)

La enseñanza religiosa favorece el progreso espiritual de los alumnos

Expreso el deseo ardiente de que […] sea posible a todos los alumnos católicos el progresar en su formación espiritual con la ayuda de una enseñanza religiosa que dependa de la Iglesia, pero que, según los países, pueda ser ofrecida a la escuela o en el ámbito de la escuela, o más aún en el marco de un acuerdo con los poderes públicos sobre los programas escolares, si la catequesis tiene lugar solamente en la parroquia o en otro centro pastoral. (Juan Pablo II, Catechesi tradendae, n. 69, 16 de octubre de 1979)

La educación católica prepara para asumir responsabilidades futuras

Me alegra saber que su gobierno tiene la intención de ayudar a las familias […] y que también decidió mantener programas de educación religiosa en las escuelas. De hecho las generaciones jóvenes deben beneficiarse de una base sólida, lo que facilita su preparación para asumir las responsabilidades en la sociedad del mañana. (Juan Pablo II, Discurso al nuevo embajador del Gran Ducado de Luxemburgo ante la Santa Sede, n. 4, 16 de diciembre de 2004)

Las escuelas católicas forman ciudadanos ejemplares

A veces, por desgracia, cuando se habla de escuela “católica” se la considera sólo en rivalidad y hasta oposición con otras escuelas, en particular las escuelas del Estado. Pero no es así. La escuela católica se ha propuesto siempre y se propone hoy formar cristianos que sean a la vez ciudadanos ejemplares, capaces de prestar toda su inteligencia, seriedad y competencia a la edificación recta y ordenada de la comunidad civil. (Juan Pablo II. Discurso a los profesores, alumnos y exalumnos de los colegios Massimo y Santa María de Roma, n. 2, 9 de febrero de 1980)

La enseñanza católica ilumina las ciencias con la luz de la fe

La Iglesia alienta la responsabilidad de los laicos en la formación de los jóvenes a la luz de la fe. Y uno de los terrenos privilegiados de esa formación sigue siendo la escuela católica. […] Cada vez que la Iglesia pone de relieve el interés y la ventaja de la enseñanza católica, supone lógicamente que ello pueda hacerse de modo que se realicen sus objetivos: crear una atmósfera animada por un espíritu evangélico de libertad y caridad, así como permitir a los jóvenes que desarrollen su personalidad humana y su ser de bautizados, haciendo que el conocimiento, adquirido gradualmente, del mundo, de la vida y del hombre sea iluminado por la fe. (Juan Pablo II. Discurso a los representantes de la oficina central para la enseñanza católica en Holanda, 17 de octubre de 1980)

Una visión cristiana del hombre y del mundo

La escuela católica, al asegurar una enseñanza escolar de calidad, propone una visión cristiana del hombre y del mundo que ofrece a los jóvenes la posibilidad de un diálogo fecundo entre la fe y la razón. Del mismo modo, debe transmitir valores para asimilar y verdades para descubrir, “con la certeza de que todos los valores humanos encuentran su realización plena y, por consiguiente, su unidad en Cristo”. (Juan Pablo II. Discurso al Congreso Internacional organizado por el Comité Europeo para la Educación Católica, 28 de abril de 2001)

Las escuelas católicas cooperan para una transformación de toda la sociedad

Las transformaciones culturales, la globalización de los intercambios, la relativización de los valores morales y la preocupante desintegración del vínculo familiar crean en numerosos jóvenes gran inquietud, que influye inevitablemente en su estilo de vida y en su modo de entender y afrontar su futuro. Esta situación invita a las escuelas católicas europeas a proponer un auténtico proyecto educativo, que no sólo permita a los jóvenes adquirir una madurez humana, moral y espiritual, sino también comprometerse eficazmente en la transformación de la sociedad, dedicándose a trabajar por la venida del reino de Dios. (Juan Pablo II. Discurso al Congreso Internacional organizado por el Comité Europeo para la Educación Católica, 28 de abril de 2001)

La enseñanza de la doctrina de la Iglesia afirma la verdadera dignidad humana

Al asegurar la clara enseñanza de las verdades básicas presentadas por la doctrina moral de la Iglesia, estaremos promoviendo una nueva afirmación de la dignidad de la persona humana, una correcta comprensión de la conciencia, que es la única base sólida para el ejercicio de la libertad humana, así como una base para la vida en común, la solidaridad y la armonía cívica. Todo esto es un servicio esencial en favor del bien común. ¿Cómo puede la sociedad moderna para liberarse de la creciente decadencia de su comportamiento destructivo –incluyendo la violación de los derechos de la persona humana– sin recuperar el carácter inviolable de normas morales que siempre y en todas partes deben guiar la conducta humana? (Juan Pablo II. Discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal de Brasil, n. 3, 18 de octubre de 1995)

La escuela católica prepara los jóvenes para los más altos ideales

Una civilización que por veces conoce la tentación de nivelar el hombre y la sociedad y tiene los medios técnicos para ello, más que nunca es necesario proporcionar – especialmente a los jóvenes hambrientos de razones para vivir – espacios educativos […]. La escuela católica, no queriendo predominio mucho menos triunfalismo, tiene la ambición de proponer al mismo tiempo, la adquisición del conocimiento más vasto y profundo posible, la educación exigente y perseverante de la verdadera libertad humana y la preparación de los niños y adolescentes a los más altos ideales: Jesucristo y la mensaje del Evangelio. (Juan Pablo II. Discurso al Consejo de la Unión Mundial de los Profesores Católicos, 18 de abril de 1983)

Benedicto XVI

La enseñanza religiosa es un valor necesario para la formación integral

Entre estos campos de colaboración recíproca, me complace subrayar aquí, señor embajador, el de la educación, al que la Iglesia ha contribuido con innumerables instituciones educativas, cuyo prestigio es reconocido por toda la sociedad. De hecho, el papel de la educación no se puede reducir a una mera transmisión de conocimientos y habilidades que miran a la formación de un profesional, sino que debe abarcar todos los aspectos de la persona, desde su faceta social hasta su anhelo de trascendencia. Por este motivo, es conveniente reafirmar que la enseñanza religiosa confesional en las escuelas públicas, tal como quedó confirmada en el citado Acuerdo de 2008, lejos de significar que el Estado asume o impone un credo religioso determinado, indica el reconocimiento de la religión como un valor necesario para la formación integral de la persona. (Benedicto XVI. Discurso al embajador de Brasil ante la Santa Sede, 31 de octubre de 2011)

La dimensión religiosa permite transformar el conocimiento en sabiduría de vida

En efecto, la dimensión religiosa, es intrínseca al hecho cultural, contribuye a la formación global de la persona y permite transformar el conocimiento en sabiduría de vida. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de profesores de religión en escuelas italianas, 25 de abril de 2009)

La enseñanza de la religión católica capacita la persona para descubrir el bien

Gracias a la enseñanza de la religión católica, la escuela y la sociedad se enriquecen con verdaderos laboratorios de cultura y de humanidad, en los cuales, descifrando la aportación significativa del cristianismo, se capacita a la persona para descubrir el bien y para crecer en la responsabilidad; para buscar el intercambio, afinar el sentido crítico y aprovechar los dones del pasado a fin de comprender mejor el presente y proyectarse conscientemente hacia el futuro. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de profesores de religión en escuelas italianas, 25 de abril de 2009)

Congregación para la Educación Católica

Poner de lado la enseñanza religiosa perjudica a los alumnos

La marginalización de la enseñanza de la religión en la escuela equivale, al menos en práctica, a asumir una posición ideológica que puede inducir al error o producir un daño en los alumnos. Además, se podría crear también confusión o engendrar relativismo o indiferentismo religioso. (Congregación para la Educación Católica. Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, n. 12, 5 de mayo de 2009)

Estímulo para el desarrollo de la responsabilidad personal y social

La formación moral y la educación religiosa también favorecen el desarrollo de la responsabilidad personal y social, así como de las demás virtudes cívicas, y constituyen pues una relevante contribución al bien común de la sociedad. (Congregación para la Educación Católica. Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, n. 10, 5 de mayo de 2009)

Concilio Vaticano II

Educación para conseguir el bien en la ciudad terrestre y la difusión del Reino

Así, pues, la escuela católica, a la par que se abre como conviene a las condiciones del progreso actual, educa a sus alumnos para conseguir eficazmente el bien de la ciudad terrestre y los prepara para servir a la difusión del Reino de Dios, a fin de que con el ejercicio de una vida ejemplar y apostólica sean como el fermento salvador de la comunidad humana. (Concilio Vaticano II. Gravissimum educationis, n. 8, 28 de octubre de 1965)

Congregación para el Clero

La enseñanza de la religión da respuestas a los principales interrogantes

Los alumnos que se encuentran en una situación de búsqueda, o afectados por dudas religiosas, podrán descubrir gracias a la enseñanza religiosa escolar qué es exactamente la fe en Jesucristo, cuáles son las respuestas de la Iglesia a sus interrogantes, proporcionándoles así la oportunidad de reflexionar mejor sobre la decisión a tomar. (Congregación para el Clero. Directorio general para la catequesis, n. 75, 17 de abril de 1998)

La enseñanza religiosa tiene un papel misionero para los alumnos no creyentes

Cuando los alumnos no son creyentes, la enseñanza religiosa escolar asume las características de un anuncio misionero del Evangelio, en orden a una decisión de fe, que la catequesis, por su parte, en un contexto comunitario, ayudará después a crecer y a madurar. (Congregación para el Clero. Directorio general para la catequesis, n. 75, 17 de marzo de 1998)

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