León XIII…

INICIO DEL PONTIFICADO 20.II, 3.III.1878 – FIN DEL PONTIFICADO 20.VII.1903

… juzga la idea de Francisco de que se puede interpretar la verdad en contra del Magisterio infalible

  • Cristo constituyó el Magisterio de la Iglesia para conservar a los hombres en la verdad

El Hijo Unigénito del Eterno Padre, que apareció sobre la tierra para traer al humano linaje la salvación y la luz de la divina sabiduría hizo ciertamente un grande y admirable beneficio al mundo cuando, habiendo de subir nuevamente a los cielos, mandó a los apóstoles que “fuesen a enseñar a todas las gentes” (Mt 28, 19), y dejó a la Iglesia por él fundada por común y suprema maestra de los pueblos. Pues los hombres, a quien la verdad había libertado debían ser conservados por la verdad; ni hubieran durado por largo tiempo los frutos de las celestiales doctrinas, por los que adquirió el hombre la salud, si Cristo Nuestro Señor no hubiese constituido un Magisterio perenne para instruir los entendimientos en la fe. Pero la Iglesia, ora animada con las promesas de su divino autor, ora imitando su caridad, de tal suerte cumplió sus preceptos, que tuvo siempre por mira y fue su principal deseo enseñar la religión y luchar perpetuamente con los errores. (León XIII. Encíclica Aeterni Patris, 4 de agosto de 1879)

  • La doctrina de la Iglesia no necesita adecuarse al espíritu de la época

El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas ideas es que, con el fin de atraer más fácilmente a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe adecuar sus enseñanzas mas conforme con el espíritu de la época, aflojar algo de su antigua severidad y hacer algunas concesiones a opiniones nuevas. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no solo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas pertenecientes al “depósito de la fe”. Ellos sostienen que sería oportuno, para ganar a aquellos que disienten de nosotros, omitir ciertos puntos del Magisterio de la Iglesia que son de menor importancia, y de esta manera moderarlos para que no porten el mismo sentido que la Iglesia constantemente les ha dado. […] Tal política tendería a separar a los católicos de la Iglesia en vez de atraer a los que disienten. No hay nada más cercano a nuestro corazón que tener de vuelta en el rebaño de Cristo a los que se han separado de Él, pero no por un camino distinto al señalado por Cristo. […]  La historia prueba claramente que la Sede Apostólica, a la cual ha sido confiada la misión no solo de enseñar, sino también de gobernar toda la Iglesia, se ha mantenido “en una misma doctrina, en un mismo sentido y en una misma sentencia” (Constitutio de Fide Catholica, cap. IV). […] En este asunto la Iglesia debe ser el juez, y no los individuos particulares, que a menudo se engañan con la apariencia de bien. (León XIII. Carta Testem Benevolentiae al Card. James Gibbons, 22 de enero1899)

  • La Iglesia difundiendo el Evangelio, ha formado con esmero para un género de vida conforme a la dignidad y a los destinos de su naturaleza

¿Quién es empero, el que se atreve ya a negar que es la Iglesia la que habiendo difundido el Evangelio entre las naciones, ha hecho brillar la luz de la verdad en medio de los pueblos salvajes, imbuidos de supersticiones vergonzosas, y la que les ha conducido al conocimiento del Divino Autor de todas las cosas y a reflexionar sobre sí mismos; la que habiendo hecho desaparecer la calamidad de la esclavitud, ha vuelto a los hombres a la originaria dignidad de su nobilísima naturaleza; la que, habiendo desplegado en todas partes el estandarte de la Redención, después de haber introducido y protegido las ciencias y las artes, y fundado, poniéndolos bajo su amparo, institutos de caridad destinados al alivio de todas las miserias, se ha cuidado de la cultura del género humano en la sociedad y en la familia, las ha sacado de su miseria, y las ha formado con esmero para un género de vida conforme a la dignidad y a los destinos de su naturaleza? Y si alguno de recta intención, compara esta misma época en que vivimos, tan hostil a la Religión y a la Iglesia de Jesucristo, con aquellos afortunadísimos tiempos en los que la Iglesia era respetada como madre, se quedará convencido de que esta época, llena de perturbación y ruinas, corre en derechura al precipicio; y que al contrario, los tiempos en que más han florecido las mejores instituciones, la tranquilidad y la riqueza y prosperidad públicas, han sido aquellos más sumisos al gobierno de la Iglesia, y en el que mejor se han observado sus leyes. (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 3, 21 de abril de 1878)

… juzga la idea de Francisco de que el adulterio realiza en parte el ideal familiar

  • Los amores disolutos y libres siempre fueron condenados por la Iglesia

Cristo, por consiguiente, habiendo renovado el matrimonio con tal y tan grande excelencia, confió y encomendó toda la disciplina del mismo a la Iglesia. La cual ejerció en todo tiempo y lugar su potestad sobre los matrimonios de los cristianos, y la ejerció de tal manera que dicha potestad apareciera como propia suya, y no obtenida por concesión de los hombres, sino recibida de Dios por voluntad de su fundador. Es de sobra conocido por todos, para que se haga necesario demostrarlo, cuántos y qué vigilantes cuidados haya puesto para conservar la santidad del matrimonio a fin de que éste se mantuviera incólume. Sabemos, en efecto, con toda certeza, que los amores disolutos y libres fueron condenados por sentencia del Concilio de Jerusalén. (León XIII. Encíclica Arcanum divinae sapientiae, n. 9, 10 de febrero de 1880)

  • Cualquier unión fuera del sacramento carece de toda fuerza y razón de legítimo matrimonio

Tomaos el mayor cuidado de que los pueblos abunden en los preceptos de la sabiduría cristiana y no olviden jamás que el matrimonio no fue instituido por voluntad de los hombres, sino en el principio por autoridad y disposición de Dios, y precisamente bajo esta ley, de que sea de uno con una; y que Cristo, autor de la Nueva Alianza, lo elevó de menester de naturaleza a sacramento y que, por lo que atañe al vínculo, atribuyó la potestad legislativa y judicial a su Iglesia. Acerca de esto habrá que tener mucho cuidado de que las mentes no se vean arrastradas por las falaces conclusiones de los adversarios, según los cuales esta potestad le ha sido quitada a la Iglesia. Todos deben igualmente saber que, si se llevara a cabo entre fieles una unión de hombre con mujer fuera del sacramento, tal unión carece de toda fuerza y razón de legítimo matrimonio. (León XIII. Encíclica Arcanum divinae sapientiae, n. 24-25, 10 de febrero de 1880).

  • Los de costumbres corrompidas se empeñan en desnudar el matrimonio de toda santidad

Y la causa de esto es, que imbuidos en las opiniones de la falsa filosofía y en las costumbres corrompidas de algunos, nada llevan tan a mal como sujetarse y obedecer; y trabajan con todas sus fuerzas para que no solamente los individuos, sino también las familias y la sociedad entera, desprecien soberbiamente el imperio de Dios. Conocen perfectamente que la fuente y origen de la familia y de la sociedad, es el matrimonio, y por esto mismo no pueden sufrir que esté sujeto a la jurisdicción de la Iglesia; por el contrario, se empeñan en desnudarlo de toda santidad y colocarlo en el número de aquellas cosas que fueron instituidas por los hombres y son administradas y regidas por el derecho civil de los pueblos. (León XIII. Encíclica Arcanum divinae sapientiae, n. 10, 10 de febrero de 1880).

  • De nuestro silencio se aprovechan los enemigos de la Iglesia

Porque en tan grande y universal extravío de opiniones, es deber de la Iglesia tomar el patrocinio de la verdad y extirpar de los ánimos el error; deber que está obligada a cumplir siempre e inviolablemente, porque a su tutela ha sido confiado el honor de Dios y la salvación de las almas. Pero cuando la necesidad apremia no sólo deben guardar incólume la fe los que mandan, sino que cada uno esté obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles. Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Tanto uno y otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. (León XIII. Encíclica Sapientiae christianae, n. 14, 10 de enero de 1890)

… juzga la idea humanística que Francisco tiene de la familia

  • La perfección brilló en la Sagrada Familia, que había de constituir el modelo de todas las demás

Tal fue la familia de Nazaret, en la que se ocultaba ―antes de resplandecer ante las naciones con su plena luz― el sol de justicia, Cristo Dios Salvador Nuestro, con la Santísima Virgen y San José, su santísimo esposo, el cual hacía con Jesús el oficio de padre. No podríamos dudar de que la perfección que, para la sociedad y vida doméstica, nacía de la fidelidad recíproca a los deberes de caridad, de la santidad de costumbres y de la práctica de las virtudes, brilló con el más vivo resplandor en esta Sagrada Familia que había de constituir el modelo de todas las demás. Igualmente, por una benigna disposición de la Providencia, esta Familia se instituyó de suerte que todos los cristianos, de cualquier condición y país que sean, puedan encontrar en ella fácilmente –con un poco de atención– un motivo o invitación a practicar todas las virtudes. En efecto; los padres de familia tienen en San José, un modelo consumado de vigilancia y previsión paternal. La Santísima Virgen, Madre de Dios, es para todas las madres un modelo admirable de amor, modestia, espíritu de sumisión y fe perfecta. En la persona de Jesús, que “vivía sumiso a ellos” (Lc 2, 51), los hijos pueden admirar, venerar e imitar un modelo divino de obediencia. (León XIII. Breve Neminem fugit, 14 de junio de 1892)

  • La familia tiene que estar constituida santamente y regida por leyes santas

Nadie ignora que la prosperidad privada y pública depende principalmente de la constitución de la familia. En efecto, cuanto más profundamente arraigada se halla la virtud en el seno de la familia, cuanto más grande sea la solicitud de los padres por inculcar a sus hijos ―por medio de la doctrina y del ejemplo― los preceptos de la religión, tanto mayores frutos nacerán de ahí para el bien común. Por este motivo, es de soberana importancia que la sociedad doméstica no sólo esté constituida santamente, sino que además se halle regida por leyes santas; y que el espíritu de la religión y los principios de la vida cristiana se desarrollen en ella con esmero y constancia. Evidentemente, con este fin, el Dios misericordioso, cuando quiso realizar la obra de la reparación humana, esperada desde hacía siglos, dispuso de tal suerte sus elementos y su orden, que ―desde el principio― esta obra presentó al mundo la forma augusta de una familia divinamente constituida, en la cual los hombres todos pudieran contemplar un perfectísimo ejemplo de sociedad doméstica y un modelo de toda virtud y santidad. (León XIII. Breve Neminem fugit, 14 de junio de 1892)

… juzga la idea de Judas que tiene Francisco

  • Querer tirar Judas de la infamia es el culmen de las afrontas

En estos últimos meses no se ha perdonado siquiera a la augustísima Persona de Jesucristo, Salvador Nuestro. […] No se han avergonzado de intentar arrancar de su eterna infamia a aquel hombre que es reo del crimen y de la perfidia muy aborrecible por su suprema monstruosidad, la mayor de que haya memoria entre los hombres, al traidor de Cristo. (León XIII. Encíclica Iucunda sempre expectatione, n. 16, 8 de septiembre de 1894)

… juzga la idea que tiene Francisco de que los ortodoxos tienen la misión de predicar el Evangelio de Cristo

  • Nada es más grave que el sacrilegio del cisma

Por aquí se puede comprender que los hombres no se separan menos de la unidad de la Iglesia por el cisma que por la herejía. “Se señala como diferencia entre la herejía y el cisma que la herejía profesa un dogma corrompido, y el cisma, consecuencia de una disensión entre el episcopado, se separa de la Iglesia (San Jerónimo, Commentar. in epist. ad Titum, c.3 v.10-11)”.

Estas palabras concuerdan con las de San Juan Crisóstomo sobre el mismo asunto: “Digo y protesto que dividir a la Iglesia no es menor mal que caer en la herejía (San Juan Crisóstomo, Hom. XXI in Epist. ad Ephes., n. 5)”. Por esto, si ninguna herejía puede ser legítima, tampoco hay cisma que pueda mirarse como promovido por un buen derecho. “Nada es más grave que el sacrilegio del cisma: no hay necesidad legítima de romper la unidad (San Agustín, Contra Epist. Parmeniani II, c. l l, n. 25)”. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 24, 29 de junio de 1896)

  • No pueden contarse entre los hijos de Dios los que no reconocen por madre a la Iglesia

Nuestro corazón se dirige también con sin igual ardor tras aquellos a quienes el soplo contagioso de la impiedad no ha envenenado del todo, y que, a lo menos, experimentan el deseo de tener por padre al Dios verdadero, creador de la tierra y del cielo. Que reflexionen y comprendan bien que no pueden en manera alguna contarse en el número de los hijos de Dios si no vienen a reconocer por hermano a Jesucristo y por madre a la Iglesia. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 45, 29 de junio de 1896)


… juzga la idea de Francisco de mundanidad dentro de la Iglesia

  • Cuando la Iglesia no tiene su debido prestigio el mundo es afligido por males

Desde los primeros días de nuestro Pontificado se Nos presenta a la vista el triste espectáculo de los males que por todas partes afligen al género humano […] Nos, empero, estamos persuadidos de que estos males tienen su causa principal en el desprecio y olvido de aquélla santa y augustísima autoridad de la Iglesia, que preside al género humano en nombre de Dios, y que es la garantía y apoyo de toda autoridad legítima. (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 1-2, 21 de abril de 1878)

  • La sociedad humana se beneficia de la misión de la Iglesia

Y para que unos tan singulares beneficios [los de la Redención] permanecieran sobre la tierra mientras hubiera hombres, [Cristo] constituyó a la Iglesia en vicaria de su misión y le mandó, mirando al futuro, que, si algo padeciera perturbación en la sociedad humana, lo ordenara; que, si algo estuviere caído, que lo levantara. Mas, aunque esta divina restauración de que hemos hablado toca de una manera principal y directa a los hombres constituidos en el orden sobrenatural de la gracia, sus preciosos y saludables frutos han trascendido, de todos modos, al orden natural ampliamente. (León XIII. Encíclica Arcanum divinae sapientiae, n. 1-2, 10 de febrero de 1880)

  • Cuando las leyes de la Iglesia son observadas hay prosperidad y armonía

¿Quién es empero, el que se atreve ya a negar que es la Iglesia la que habiendo difundido el Evangelio entre las naciones, ha hecho brillar la luz de la verdad en medio de los pueblos salvajes, imbuidos de supersticiones vergonzosas, y la que les ha conducido al conocimiento del Divino Autor de todas las cosas y a reflexionar sobre sí mismos; la que habiendo hecho desaparecer la calamidad de la esclavitud, ha vuelto a los hombres a la originaria dignidad de su nobilísima naturaleza; la que, habiendo desplegado en todas partes el estandarte de la Redención, después de haber introducido y protegido las ciencias y las artes, y fundado, poniéndolos bajo su amparo, institutos de caridad destinados al alivio de todas las miserias, se ha cuidado de la cultura del género humano en la sociedad y en la familia, las ha sacado de su miseria, y las ha formado con esmero para un género de vida conforme a las dignidad y a los destinos de su naturaleza? Y si alguno de recta intención, compara esta misma época en que vivimos, tan hostil a la Religión y a la Iglesia de Jesucristo, con aquellos afortunadísimos tiempos en los que la Iglesia era respetada como madre, se quedara convencido de que esta época, llena de perturbación y ruinas, corre en derechura al precipicio; y que al contrario, los tiempos en que más han florecido las mejores instituciones, la tranquilidad y la riqueza y prosperidad públicas, han sido aquellos más sumisos al gobierno de la Iglesia, y en el que mejor se han observado sus leyes. (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 3, 21 de abril de 1878)

…juzga la idea del papel de la mujer en la Iglesia que tiene Francisco

  • La Iglesia es un cuerpo vivo, lleno de savia, sostenido por Jesucristo

La Iglesia es con frecuencia llamada en las sagradas letras un cuerpo, y también el cuerpo de Cristo. “Sois el cuerpo de Cristo” (1 Cor 12, 27). Porque la Iglesia es un cuerpo visible a los ojos; porque es el cuerpo de Cristo, es un cuerpo vivo, activo, lleno de savia, sostenido y animado como está por Jesucristo, que lo penetra con su virtud, como, aproximadamente, el tronco de la viña alimenta y hace fértiles a las ramas que le están unidas. En los seres animados, el principio vital es invisible y oculto en lo más profundo del ser, pero se denuncia y manifiesta por el movimiento y la acción de los miembros; así, el principio de vida sobrenatural que anima a la Iglesia se manifiesta a todos los ojos por los actos que produce. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 4, 29 de junio de 1896)

… juzga la idea de “conversión del papado” que tiene Francisco

  • Poder establecido hasta el fin de los siglos

¿Y cuál es el poder soberano a que todos los cristianos deben obedecer y cuál es su naturaleza? Sólo puede determinarse comprobando y conociendo bien la voluntad de Cristo acerca de este punto. Seguramente Cristo es el Rey eterno, y eternamente, desde lo alto del cielo, continua dirigiendo y protegiendo invisiblemente su reino; pero como ha querido que este reino fuera visible, ha debido designar a alguien que ocupe su lugar en la tierra después que él mismo subió a los cielos. […] Jesucristo, pues, dio Pedro a la Iglesia por jefe soberano, y estableció que este poder, instituido hasta el fin de los siglos para la salvación de todos, pasase por herencia a los sucesores de Pedro, en los que el mismo Pedro se sobreviviría perpetuamente por su autoridad. Seguramente al bienaventurado Pedro, y fuera de él a ningún otro, se hizo esta insigne promesa: “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 13). (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 24-25, 29 de septiembre de 1896)

  • Nadie debería apartarse de la autoridad magisterial infalible

Si hemos de llegar a alguna conclusión acerca de la autoridad magisterial infalible de la Iglesia, esta sería más bien la de que nadie debería desear apartarse de esta autoridad, y más aún, que llevadas y dirigidas de tal modo las mentes de todos, gozarían todos de una mayor seguridad de no caer en error privado. Y además, aquellos que se permiten tal modo de razonar, parecen alejarse seriamente de la providente sabiduría del Altísimo, que se digno dar a conocer por solemnísima decisión la autoridad y derecho supremo de enseñar de su Sede Apostólica, y entregó tal decisión precisamente para salvaguardar las mentes de los hijos de la Iglesia de los peligros de los tiempos presentes. (León XIII. Carta Testem benevolentiae al Cardenal James Gibbons, 22 de enero de 1899)

  • …y unidad de gobierno

Y pues es imposible imaginar una sociedad humana verdadera y perfecta que no esté gobernada por un poder soberano cualquiera, Jesucristo debe haber puesto a la cabeza de la Iglesia un jefe supremo, a quien toda la multitud de los cristianos fuese sometida y obediente. Por esto también, del mismo modo que la Iglesia, para ser una en su calidad de reunión de los fieles, requiere necesariamente la unidad de la fe, también para ser una en cuanto a su condición de sociedad divinamente constituida ha de tener de derecho divino la unidad de gobierno, que produce y comprende la unidad de comunión. “La unidad de la Iglesia debe ser considerada bajo dos aspectos: primero, el de la conexión mutua de los miembros de la Iglesia o la comunicación que entre ellos existe, y en segundo lugar, el del orden, que liga a todos los miembros de la Iglesia a un solo jefe” (Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, II-II, q. 39, a. 1). (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 24, 29 de septiembre de 1896)

  • La autoridad de los obispos no es plena, ni universal, ni soberana

De que el poder de Pedro y de sus sucesores es pleno y soberano no se ha de deducir, sin embargo, que no existen otros en la Iglesia. Quien ha establecido a Pedro como fundamento de la Iglesia, también “ha escogido doce de sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles” (Lc 6,13). Así, del mismo modo que la autoridad de Pedro es necesariamente permanente y perpetua en el Pontificado romano, también los obispos, en su calidad de sucesores de los apóstoles, son los herederos del poder ordinario de los apóstoles, de tal suerte que el orden episcopal forma necesariamente parte de la constitución intima de la Iglesia. Y aunque la autoridad de los obispos no sea ni plena, ni universal, ni soberana, no debe mirárselos como a simples Vicarios de los Pontífices romanos, pues poseen una autoridad que les es propia, y llevan en toda verdad el nombre de Prelados ordinarios de los pueblos que gobiernan. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 36, 29 de septiembre de 1896)

  • Si el vínculo de los obispos con el sucesor de Pedro se desata, el pueblo cristiano se disgrega

Como el sucesor de Pedro es único, mientras que los de los apóstoles son muy numerosos, conviene estudiar qué vínculos, según la constitución divina, unen a estos últimos al Pontífice Romano. Y desde luego la unión de los obispos con el sucesor de Pedro es de una necesidad evidente y que no puede ofrecer la menor duda; pues si este vinculo se desata, el pueblo cristiano mismo no es más que una multitud que se disuelve y se disgrega, y no puede ya en modo alguno formar un solo cuerpo y un solo rebano. “La salud de la Iglesia depende de la dignidad del soberano sacerdote: si no se atribuye a éste un poder aparte y sobre todos los demás poderes, habrá en la Iglesia tantos cismas como sacerdotes” (San Jerónimo, Dialogo Contra luciferianos n. 9). (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 37, 29 de septiembre de 1896)

  • Los que se separan de Pedro pierden sus derechos

Nada ha sido conferido a los apóstoles independientemente de Pedro; muchas cosas han sido conferidas a Pedro aislada e independientemente de los apóstoles. San Juan Crisóstomo, explicando las palabras de Jesucristo (Jn 21,15), se pregunta: “¿Por qué dejando a un lado a los otros se dirige Cristo a Pedro?”, y responde formalmente: “Porque era el principal entre los apóstoles, como la boca de los demás discípulos y el jefe del cuerpo apostólico” (San Juan Crisóstomo, Hom. 88 in Ioann. n. 1). Solo él, en efecto, fue designado por Cristo para fundamento de la Iglesia. A él le fue dado todo el poder de atar y de desatar; a él solo confió el poder de apacentar el rebaño. Al contrario, todo lo que los apóstoles han recibido en lo que se refiere al ejercicio de funciones y autoridad lo han recibido conjuntamente con Pedro. “Si la divina Bondad ha querido que los otros príncipes de la Iglesia tengan alguna cosa en común con Pedro, lo que no ha rehusado a los demás no se les ha dado jamás sino con él”. “El solo ha recibido muchas cosas, pero nada se ha concedido a ninguno sin su participación” (San León Magno, Serm. 4, c. 2). Por donde se ve claramente que los obispos perderían el derecho y el poder de gobernar si se separasen de Pedro o de sus sucesores. Por esta separación se arrancan ellos mismos del fundamento sobre que debe sustentarse todo el edificio y se colocan fuera del mismo edificio; por la misma razón quedan excluidos del rebaño que gobierna el Pastor supremo y desterrados del reino cuyas llaves ha dado Dios a Pedro solamente. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 37, 29 de septiembre de 1896)

  • Sin la obediencia al Papa reina confusión y desorden

El orden de los obispos no puede ser mirado como verdaderamente unido a Pedro, de la manera que Cristo lo ha querido, sino en cuanto está sometido y obedece a Pedro; sin esto, se dispersa necesariamente en una multitud en la que reinan la confusión y el desorden. Para conservar la unidad de fe y comunión, no bastan ni una primacía de honor ni un poder de dirección; es necesaria una autoridad verdadera y al mismo tiempo soberana, a la que obedezca toda la comunidad. ¿Qué ha querido, en efecto, el Hijo de Dios cuando ha prometido las llaves del reino de los cielos sólo a Pedro? Que las llaves signifiquen aquí el poder supremo; el uso bíblico y el consentimiento unánime de los Padres no permiten dudarlo. Y no se pueden interpretar de otro modo los poderes que han sido conferidos, sea a Pedro separadamente, o ya a los demás apóstoles conjuntamente con Pedro. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 39, 29 de junio de 1896)

  • La autoridad es elemento principal de la constitución de la Iglesia

Y pues esta autoridad, al formar parte de la constitución y de la organización de la Iglesia como su elemento principal, es el principio de la unidad, el fundamento de la seguridad y de la duración perpetua, se sigue que de ninguna manera puede desaparecer con el bienaventurado Pedro, sino que debía necesariamente pasar a sus sucesores y ser transmitida de uno a otro. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 33, 29 de septiembre de 1896)

… juzga la idea que tiene Francisco sobre la culpa de la Iglesia del cisma anglicano

  • Rompe con la sucesión apostólica

En el rito de realizar y administrar cualquier sacramento, con razón se distingue entre la parte ceremonial y la parte esencial, que suele llamarse materia y forma. […]Ahora bien, las palabras que hasta época reciente han sido corrientemente tenidas por los anglicanos como forma propia de la ordenación presbiteral, a saber: Recibe el espíritu Santo, en manera alguna significan definidamente el orden del sacerdocio o su gracia o potestad, que principalmente es la potestad de consagrar y ofrecer el verdadero cuerpo y sangre del Señor en aquel sacrificio, que no es mera conmemoración del sacrificio cumplido en la cruz (v. 950). Semejante forma se aumentó después con las palabras: para el oficio y obra del presbítero; pero esto más bien convence que los anglicanos mismos vieron que aquella primera forma era defectuosa e impropia. Mas esa misma añadidura, si acaso hubiera podido dar a la forma su legitima significación, fue introducida demasiado tarde, pasado ya un siglo después de aceptarse el Ordinal Eduardiano, cuando, consiguientemente, extinguida la jerarquía, no había ya potestad alguna de ordenar. (Denzinger-Hünermann 3315-3316. León XIII, Carta Apostolicae curae, 13 de septiembre de 1896)

  • Julio III y Pablo IV dedicaron especial cuidado a los intentos de reconciliación con la “Iglesia de Inglaterra”

Por esta razón, en primer lugar, fueron considerados los principales documentos en los cuales nuestros predecesores, al requerimiento de la reina María, ejercieron su especial cuidado para la reconciliación de la Iglesia de Inglaterra. Así Julio III envió al Cardenal Reginald Pole, inglés, ilustre en muchos aspectos, para ser su legado a latere para el propósito, “como su ángel de paz y amor”, y le dio extraordinarios e inusuales mandatos, así como facultades y direcciones para su guía. Esto fue confirmado y explicado por Pablo IV. (León XIII. Carta Apostolicae curae, n. 7, 18 de septiembre de 1896)

  • Las sectas protestantes se han introducido con el objetivo de levantar el nivel de discordia y rebelión religiosa

Es ahora bien conocido a todos, por la evidencia de los hechos, que el plan concebido por las sectas heréticas (emanaciones multiformes del Protestantismo) es levantar el nivel de discordia y de rebelión religiosa en la península [de Italia], pero más que todo en esta noble ciudad [de Roma] que Dios mismo (admirable en el modo de ordenar los hechos) estableció como el centro de esta unidad fecunda y sublime. Esta unidad fue el objeto de la oración dirigida por Nuestro Divino Salvador a Su Padre Celestial (Jn 17, 11, 21) y fue guardada celosamente por los Papas, incluso al punto de entregar sus vidas por ella, a pesar de las oposiciones humanas y las vicisitudes de los tiempos. Luego de haber destruido en sus respectivos países las creencias venerables y antiguas que eran parte del sagrado depósito de la revelación por medio de sistemas opuestos y discordantes; luego de haber desparramado el aliento helado de la duda, de la división y de la incredulidad en las almas de sus espectadores […], esas sectas se han introducido de este modo en el viñedo elegido del Señor, con el objetivo de proseguir con su obra desastrosa. […] Habiendo sido informados de este hecho, ante todo Nosotros tenemos la necesidad de confesar, como lo hemos hecho en muchas ocasiones, cuán exasperante es esta condición impuesta sobre la cabeza de la Iglesia Católica, la cual se ve forzada a observar el desarrollo libre y progresivo de la herejía en ésta ciudad santa en la que debe reflejarse la luz de la verdad y del buen ejemplo sobre el mundo y la cual debería ser la respetada Sede del Vicario de Jesucristo. Como si no fuera suficiente el torrente de doctrinas enfermas y depravaciones que nacen con impunidad todos los días desde las sillas de profesores, desde los teatros o diarios [periódicos] para corromper las mentes y los corazones de las gentes, hay que agregar a todas esas causas de perversión la labor insidiosa de hombres herejes, que luchan entre ellos, pero que están de acuerdo en vituperar al Supremo Magisterio Pontificio, al clero católico y a los dogmas de nuestra santa religión, de los cuales no conocen el significado y mucho menos aprecian su augusta belleza. (León XIII. Carta apostólica sobre el proselitismo protestante en Roma, 19 de agosto de 1900)

  • Evitar trato con los que se esconden bajo la máscara de la tolerancia religiosa

Todos deben evitar la familiaridad o amistad con cualquiera que sea sospechoso de pertenecer a la masonería o a grupos afiliados. Conocedlos por sus frutos y evitadlos. Debe evitarse toda familiaridad, no sólo con aquellos impíos libertinos que promueven abiertamente el carácter de la secta, sino también con aquellos que se esconden bajo la máscara de la tolerancia universal, el respeto a todas las religiones, y el deseo de conciliar las máximas del evangelio con las de la revolución. Estos hombres buscan la reconciliación de Cristo y Belial, la Iglesia de Dios y el estado sin Dios. (León XIII. Encíclica Custodi di quella fede, n. 15, 8 de diciembre de 1892)

  • El Dios verdadero no aprueba las sectas que profesan enseñanzas falsas

Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros […] porque por la fe divina confesamos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. […] Por eso confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia. (León XIII. Encíclica Ubi primum, n. 14, 5 de mayo de 1824)

  • La principal preocupación sea fortalecer el carácter del pueblo católico y que todos los fieles estén completamente imbuidos de la verdad

Que para todos la principal preocupación sea fortalecer el carácter del pueblo Católico, inspirando nobles y santas intenciones, al mismo tiempo previniendo descuidos en los que bajo apariencia de inocentes reuniones para jóvenes, conferencias para mujeres jóvenes, clases de idiomas, crecimiento cultural y subsidios para familias pobres, se ocultan propósitos criminales de insinuar en las mentes y corazones las máximas réprobas de la herejía. Que todos los fieles estén completamente imbuidos con la verdad de que nada debe ser más precioso para ellos que el tesoro de su Fe, por la cual sus antepasados confrontaron sin miedo no sólo las miserias de privaciones sino también persecuciones violentas y hasta la muerte. (León XIII. Carta Apostólica sobre el proselitismo protestante en Roma, 19 de agosto de 1900)

  • La unión sólo es posible en la unidad de fe…

Unión, que la entendemos perfecta y total, pues no sería tal toda otra que consigo trajera tan sólo una cierta comunidad de dogmas y una correspondencia en el amor fraternal. La verdadera unión entre los cristianos es la que quiso e instituyó Jesucristo mismo, fundador de su Iglesia; esto es, la constituida por la unidad de la fe y la unidad del régimen. (León XIII. Encíclica Praeclara gratulationis, n. 8, 20 de junio de 1894)

… juzga la idea que tiene Francisco de dialogar con el mundo

  • La Iglesia no debe adecuar sus enseñanzas conforme al espíritu de la época

El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas ideas es que, con el fin de atraer más fácilmente a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe adecuar sus enseñanzas mas conforme con el espíritu de la época, aflojar algo de su antigua severidad y hacer algunas concesiones a opiniones nuevas. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no solo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas pertenecientes al “depósito de la fe”. Ellos sostienen que sería oportuno, para ganar a aquellos que disienten de nosotros, omitir ciertos puntos del Magisterio de la Iglesia que son de menor importancia, y de esta manera moderarlos para que no porten el mismo sentido que la Iglesia constantemente les ha dado. […] Tal política tendería a separar a los católicos de la Iglesia en vez de atraer a los que disienten. No hay nada más cercano a nuestro corazón que tener de vuelta en el rebaño de Cristo a los que se han separado de Él, pero no por un camino distinto al señalado por Cristo. […] La historia prueba claramente que la Sede Apostólica, a la cual ha sido confiada la misión no solo de enseñar, sino también de gobernar toda la Iglesia, se ha mantenido “en una misma doctrina, en un mismo sentido y en una misma sentencia” (Constitutio de Fide Catholica, cap. IV). […] En este asunto la Iglesia debe ser el juez, y no los individuos particulares, que a menudo se engañan con la apariencia de bien. (León XIII. Carta Testem Benevolentiae al Card. James Gibbons, 22 de enero de 1899)

  • La ciencia y la sabiduría humana no tienen calor ni fuerza para mover las almas en lo tocante a la religión

Obran, pues, con torpeza e imprevisión los que hablan de la religión y anuncian los preceptos divinos sin invocar apenas otra autoridad que las de la ciencia y de la sabiduría humana, apoyándose más en sus propios argumentos que en los argumentos divinos. Su discurso, aunque brillante, será necesariamente lánguido y frío, como privado que está del fuego de la palabra de Dios (cf. Jer 23, 29), y está muy lejos de la virtud que posee el lenguaje divino: “Pues la palabra de Dios es viva y eficaz y más penetrante que una espada de dos filos y llega hasta la división del alma y del espíritu” (Heb 4, 12). (León XIII. Encíclica Providentissimus Deus, n. 7, 18 de noviembre de 1893)

  • Cristo constituyó el Magisterio de la Iglesia para conservar a los hombres en la verdad

El Hijo Unigénito del Eterno Padre, que apareció sobre la tierra para traer al humano linaje la salvación y la luz de la divina sabiduría hizo ciertamente un grande y admirable beneficio al mundo cuando, habiendo de subir nuevamente a los cielos, mandó a los apóstoles que “fuesen a enseñar a todas las gentes” (Mt 28, 19), y dejó a la Iglesia por él fundada por común y suprema maestra de los pueblos. Pues los hombres, a quien la verdad había libertado debían ser conservados por la verdad; ni hubieran durado por largo tiempo los frutos de las celestiales doctrinas, por los que adquirió el hombre la salud, si Cristo Nuestro Señor no hubiese constituido un Magisterio perenne para instruir los entendimientos en la fe. Pero la Iglesia, ora animada con las promesas de su divino autor, ora imitando su caridad, de tal suerte cumplió sus preceptos, que tuvo siempre por mira y fue su principal deseo enseñar la religión y luchar perpetuamente con los errores. (León XIII. Encíclica Aeterni Patris, 4 de agosto de 1879)

… juzga la idea de Francisco de que dentro de otros cultos se obtienen beneficios espirituales y se da gloria a Dios

  • Quien no reconoce a Jesucristo no tiene a Dios por padre

Nuestro corazón se dirige también con sin igual ardor tras aquellos a quienes el soplo contagioso de la impiedad no ha envenenado del todo, y que, a lo menos, experimentan el deseo de tener por padre al Dios verdadero, creador de la tierra y del cielo. Que reflexionen y comprendan bien que no pueden en manera alguna contarse en el número de los hijos de Dios si no vienen a reconocer por hermano a Jesucristo y por madre a la Iglesia. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 45, 29 de junio de 1896)

  • Formas de culto distintas no son igualmente aceptables a Dios

En materia religiosa, pensar que las formas de culto, distintas y aun contrarias, son todas iguales, equivale a confesar que no se quiere aprobar ni practicar ninguna de ellas. Esta actitud, si nominalmente difiere del ateísmo, en realidad se identifica con él. Los que creen en la existencia de Dios, si quieren ser consecuentes consigo mismos y no caer en un absurdo, han de comprender necesariamente que las formas usuales de culto divino, cuya diferencia, disparidad y contradicción aun en cosas de suma importancia son tan grandes, no pueden ser todas igualmente aceptables ni igualmente buenas o agradables a Dios. (León XIII. Encíclica Immortale Dei, n. 14, 1 de noviembre de 1885)

… juzga la idea de diálogo ecuménico que tiene Francisco

  • Abrazar a cualquiera de cualquier religión es arruinar a la católica

Abriendo los brazos a cualesquiera y de cualquier religión, consiguen persuadir de hecho el grande error de estos tiempos, a saber, el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos; conducta muy a propósito para arruinar toda religión, singularmente la católica, a la que, por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás. (León XIII. Encíclica Humanum genus, n. 6, 20 de abril de 1884)

… juzga la idea de Francisco de que las diferencias entre católicos y protestantes son meramente de interpretación

  • Las sectas protestantes se han introducido con el objetivo de levantar el nivel de discordia y rebelión religiosa

Es ahora bien conocido a todos, por la evidencia de los hechos, que el plan concebido por las sectas heréticas (emanaciones multiformes del Protestantismo) es levantar el nivel de discordia y de rebelión religiosa en la península [de Italia], pero más que todo en esta noble ciudad [de Roma] que Dios mismo (admirable en el modo de ordenar los hechos) estableció como el centro de esta unidad fecunda y sublime. Esta unidad fue el objeto de la oración dirigida por Nuestro Divino Salvador a Su Padre Celestial (Jn 17, 11, 21) y fue guardada celosamente por los Papas, incluso al punto de entregar sus vidas por ella, a pesar de las oposiciones humanas y las vicisitudes de los tiempos.
Luego de haber destruido en sus respectivos países las creencias venerables y antiguas que eran parte del sagrado depósito de la revelación por medio de sistemas opuestos y discordantes; luego de haber desparramado el aliento helado de la duda, de la división y de la incredulidad en las almas de sus espectadores […], esas sectas se han introducido de este modo en el viñedo elegido del Señor, con el objetivo de proseguir con su obra desastrosa. […] Habiendo sido informados de este hecho, ante todo Nosotros tenemos la necesidad de confesar, como lo hemos hecho en muchas ocasiones, cuán exasperante es esta condición impuesta sobre la cabeza de la Iglesia Católica, la cual se ve forzada a observar el desarrollo libre y progresivo de la herejía en ésta ciudad santa en la que debe reflejarse la luz de la verdad y del buen ejemplo sobre el mundo y la cual debería ser la respetada Sede del Vicario de Jesucristo. Como si no fuera suficiente el torrente de doctrinas enfermas y depravaciones que nacen con impunidad todos los días desde las sillas de profesores, desde los teatros o diarios [periódicos] para corromper las mentes y los corazones de las gentes, hay que agregar a todas esas causas de perversión la labor insidiosa de hombres herejes, que luchan entre ellos, pero que están de acuerdo en vituperar al Supremo Magisterio Pontificio, al clero católico y a los dogmas de nuestra santa religión, de los cuales no conocen el significado y mucho menos aprecian su augusta belleza. (León XIII. Carta Apostólica sobre el proselitismo protestante en Roma, 19 de agosto de 1900)

  • La Iglesia siempre ha mirado como excluido de la comunión católica a los que se separan de la doctrina verdadera ― El único Señor exige una sola fe

Cuidadosa de su deber, la Iglesia nada ha deseado con tanto ardor ni procurado con tanto esfuerzo cómo conservar del modo más perfecto la integridad de la fe. Por esto ha mirado como a rebeldes declarados y ha lanzado de su seno a todos los que no piensan como ella sobre cualquier punto de su doctrina. Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica y fuera de la Iglesia a cualquiera que se separe en lo más mínimo de la doctrina enseñada por el magisterio auténtico. […] Este medio, instituido por Dios para conservar la unidad de la fe, de que Nos hablamos, está expuesto con insistencia por San Pablo en su epístola a los de Éfeso, al exhortarles, en primer término, a conservar la armonía de los corazones. “Aplicaos a conservar la unidad del espíritu por el vínculo de la paz”; y como los corazones no pueden estar plenamente unidos por la caridad si los espíritus no están conformes en la fe, quiere que no haya entre todos ellos más que una misma fe.Un solo Señor y una sola fe”. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 17-18, 26 de junio de 1896)

  • Evitar trato con los que se esconden bajo la máscara de la tolerancia religiosa

Todos deben evitar la familiaridad o amistad con cualquiera que sea sospechoso de pertenecer a la masonería o a grupos afiliados. Conocedlos por sus frutos y evitadlos. Debe evitarse toda familiaridad, no sólo con aquellos impíos libertinos que promueven abiertamente el carácter de la secta, sino también con aquellos que se esconden bajo la máscara de la tolerancia universal, el respeto a todas las religiones, y el deseo de conciliar las máximas del evangelio con las de la revolución. Estos hombres buscan la reconciliación de Cristo y Belial, la Iglesia de Dios y el estado sin Dios. (León XIII. Encíclica Custodi di quella fede, n. 15, 8 de diciembre de 1892)

  • La principal preocupación sea fortalecer el carácter del pueblo católico y que todos los fieles estén completamente imbuidos de la verdad

Que para todos la principal preocupación sea fortalecer el carácter del pueblo Católico, inspirando nobles y santas intenciones, al mismo tiempo previniendo descuidos en los que bajo apariencia de inocentes reuniones para jóvenes, conferencias para mujeres jóvenes, clases de idiomas, crecimiento cultural y subsidios para familias pobres, se ocultan propósitos criminales de insinuar en las mentes y corazones las máximas réprobas de la herejía. Que todos los fieles estén completamente imbuidos con la verdad de que nada debe ser más precioso para ellos que el tesoro de su Fe, por la cual sus antepasados confrontaron sin miedo no sólo las miserias de privaciones sino también persecuciones violentas y hasta la muerte. (León XIII. Carta Apostólica sobre el proselitismo protestante en Roma, 19 de agosto de 1900)

  • La unión sólo es posible en la unidad de fe…

Unión, que la entendemos perfecta y total, pues no sería tal toda otra que consigo trajera tan sólo una cierta comunidad de dogmas y una correspondencia en el amor fraternal. La verdadera unión entre los cristianos es la que quiso e instituyó Jesucristo mismo, fundador de su Iglesia; esto es, la constituida por la unidad de la fe y la unidad del régimen. (León XIII. Encíclica Praeclara gratulationis, n. 8, 20 de junio de 1894)

… juzga la idea de Francisco de que solamente se puede evangelizar con dulzura

  • El que calla ante los que oprimen a la verdad injuria a Dios y favorece a los malos

Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre sin carácter o de quien duda sea verdadero aquello que profesa. En ambos los casos ese modo de comportarse es vil e injurioso a Dios; uno y otro son igualmente incompatibles con a la salvación del género humano. Ese tipo de conducta aprovecha únicamente a los enemigos de la fe, porque nada encoraja tanto los malos cuanto la cobardía de los buenos. (León XIII. Encíclica Sapientiae christianae, n. 14, 10 de enero de 1890)

  • Cristo constituyó el Magisterio de la Iglesia para conservar a los hombres en la verdad

El Hijo Unigénito del Eterno Padre, que apareció sobre la tierra para traer al humano linaje la salvación y la luz de la divina sabiduría hizo ciertamente un grande y admirable beneficio al mundo cuando, habiendo de subir nuevamente a los cielos, mandó a los apóstoles que “fuesen a enseñar a todas las gentes” (Mt 28, 19), y dejó a la Iglesia por él fundada por común y suprema maestra de los pueblos. Pues los hombres, a quien la verdad había libertado debían ser conservados por la verdad; ni hubieran durado por largo tiempo los frutos de las celestiales doctrinas, por los que adquirió el hombre la salud, si Cristo Nuestro Señor no hubiese constituido un Magisterio perenne para instruir los entendimientos en la fe. Pero la Iglesia, ora animada con las promesas de su divino autor, ora imitando su caridad, de tal suerte cumplió sus preceptos, que tuvo siempre por mira y fue su principal deseo enseñar la religión y luchar perpetuamente con los errores. (León XIII. Encíclica Aeterni Patris, 4 de agosto de 1879)

… juzga la idea de anunciar el Evangelio que tiene Francisco

  • Es falsa la idea de adecuar las enseñanzas de la Iglesia al espíritu de la época

El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas ideas es que, con el fin de atraer más fácilmente a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe adecuar sus enseñanzas mas conforme con el espíritu de la época, aflojar algo de su antigua severidad y hacer algunas concesiones a opiniones nuevas. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no sólo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas pertenecientes al “deposito de la fe”. […] No se necesitan muchas palabras, querido hijo, para probar la falsedad de estas ideas si se trae a la mente la naturaleza y el origen de la doctrina que la Iglesia propone. (León XIII. Carta Testem benevolentiae, 22 de enero de 1899)

… juzga la idea de marginados que tiene Francisco

  • La Iglesia siempre proveyó de socorro a los indigentes

De aquí fue poco a poco formándose aquel patrimonio que la Iglesia guardó con religioso cuidado, como herencia de los pobres. Más aún, proveyó de socorros a una muchedumbre de indigentes, librándolos de la vergüenza de pedir limosna. Pues como madre común de ricos y pobres, excitada la caridad por todas partes hasta un grado sumo, fundó congregaciones religiosas y otras muchas instituciones benéficas, con cuyas atenciones apenas hubo género de miseria que careciera de consuelo. […] No se encontrarán recursos humanos capaces de suplir la caridad cristiana, que se entrega toda entera a sí misma para utilidad de los demás. Tal virtud es exclusiva de la Iglesia, porque, si no brotara del Sacratísimo Corazón de Jesucristo, jamás hubiera existido, pues anda errante lejos de Cristo el que se separa de la Iglesia. (León XIII. Encíclica Rerum novarum, n. 22, 15 de mayo de 1891)

  • La Iglesia dignifica los pobres

¿Quién es empero, el que se atreve ya a negar que es la Iglesia la que habiendo difundido el Evangelio entre las naciones, ha hecho brillar la luz de la verdad en medio de los pueblos salvajes, imbuidos de supersticiones vergonzosas, y la que les ha conducido al conocimiento del Divino Autor de todas las cosas y a reflexionar sobre sí mismos; la que habiendo hecho desaparecer la calamidad de la esclavitud, ha vuelto a los hombres a la originaria dignidad de su nobilísima naturaleza; la que, habiendo desplegado en todas partes el estandarte de la Redención, después de haber introducido y protegido las ciencias y las artes, y fundado, poniéndolos bajo su amparo, institutos de caridad destinados al alivio de todas las miserias, se ha cuidado de la cultura del género humano en la sociedad y en la familia, las ha sacado de su miseria, y las ha formado con esmero para un género de vida conforme a las dignidad y a los destinos de su naturaleza? (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 3, 21 de abril de 1878)

… juzga la idea de “Pan de Vida” que tiene Francisco

  • No se deben omitir ciertos puntos del Magisterio para ganar a aquellos que disienten

El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas ideas es que, con el fin de atraer más fácilmente a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe adecuar sus enseñanzas mas conforme con el espíritu de la época, aflojar algo de su antigua severidad y hacer algunas concesiones a opiniones nuevas. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no solo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas pertenecientes al “depósito de la fe”. Ellos sostienen que sería oportuno, para ganar a aquellos que disienten de nosotros, omitir ciertos puntos del Magisterio de la Iglesia que son de menor importancia, y de esta manera moderarlos para que no porten el mismo sentido que la Iglesia constantemente les ha dado.
Tal política tendería a separar a los católicos de la Iglesia en vez de atraer a los que disienten. No hay nada más cercano a nuestro corazón que tener de vuelta en el rebaño de Cristo a los que se han separado de Él, pero no por un camino distinto al señalado por Cristo. (León XIII. Carta Testem benevolentiae al Cardenal James Gibbons, 22 de enero 1899)

  • Es ilícito interpretar las Escrituras contra el sentido que les ha dado la Iglesia

El Concilio Vaticano abrazó la doctrina de los Padres, cuando renovando el decreto del Concilio Tridentino acerca de la interpretación de la palabra de Dios escrita, declaró que la mente de aquél es que en las materias de fe y costumbres que atañen a la edificación de la doctrina cristiana, ha de tenerse por verdadero sentido de la Sagrada Escritura aquel que mantuvo y sigue manteniendo la Santa Madre Iglesia, a quien toca juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras Santas; y que por tanto, a nadie es lícito interpretar la misma Sagrada Escritura contra este sentido ni tampoco contra el unánime consentimiento de los Padres. (Denzinger-Hünermann 3281. León XIII. Encíclica Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893)

  • Ambiguas y peligrosas son las interpretaciones que ponen de lado la doctrina de los Padres y de los Concilios

La Biblia es, pues, la principal y más asequible fuente de elocuencia sagrada. Pero quienes se constituyen en pregoneros de novedades, no alimentan el acervo de sus discursos de la fuente de agua viva, sino que insensatamente y equivocados se arriman a las cisternas agrietadas de la sabiduría humana; así, dando de lado a la doctrina inspirada por Dios, o a la de los Padres de la Iglesia y a la de los Concilios, todo se les vuelve airear los nombres y las ideas de escritores profanos y recientes, que todavía viven: estas ideas dan lugar con frecuencia a interpretaciones ambiguas o muy peligrosas. (León XIII citado por Pío X. Motu proprio Sacrorum antistitum, 1 de diciembre de 1910)

… juzga la idea de Francisco de que Jesús es solamente misericordia

  • Ningún afecto perverso vence la justicia de Dios

Dios sobresale singularmente por la reunión de todas las perfecciones, primero por la infinita sabiduría, a la cual jamás puede ocultarse cosa alguna, y por la suma justicia a la cual nunca puede vencer afecto alguno perverso; por lo mismo que Dios no sólo es veraz, sino también la misma verdad, incapaz de engañar y de engañarse. (León XIII. Aeterni Patris, n. 3, 4 de agosto de 1879)

… juzga la idea de propiedad privada que tiene Francisco

  • La Iglesia manda que el derecho de propiedad se mantenga intacto e inviolado

Porque mientras los socialistas acusan al derecho de propiedad como invención que repugna a la igualdad natural de los hombres y, procurando la comunidad de bienes, piensan que no debe sufrirse con paciencia la pobreza y que pueden impunemente violarse las posesiones y derechos de los ricos; la Iglesia, con más acierto y utilidad, reconoce la desigualdad entre los hombres — naturalmente desemejantes en fuerzas de cuerpo y de espíritu — aun en la posesión de los bienes, y manda que cada uno tenga, intacto e inviolado, el derecho de propiedad y dominio, que viene de la misma naturaleza. Porque sabe la Iglesia que el hurto y la rapiña de tal modo están prohibidos por Dios, autor y vengador de todo derecho, que no es lícito ni aun desear lo ajeno, y que los ladrones rapaces, no menos que los adúlteros e idólatras, están excluidos del reino de los cielos (1Co 6,9 s). (Denzinger-Hünermann 3133. León XIII. Encíclica Quod Apostolici muneris, 28 de diciembre de 1878)

  • La Propiedad Privada es de derecho natural y usar de este derecho no sólo es lícito sino que necesario

Sobre el uso de las riquezas hay una doctrina excelente y de gran importancia, que, si bien fue iniciada por la filosofía, la Iglesia la ha enseñado también perfeccionada por completo y ha hecho que no se quede en puro conocimiento, sino que informe de hecho las costumbres. El fundamento de dicha doctrina consiste en distinguir entre la recta posesión del dinero y el recto uso del mismo. Poseer bienes en privado, según hemos dicho poco antes, es derecho natural del hombre, y usar de este derecho, sobre todo en la sociedad de la vida, no sólo es lícito, sino incluso necesario en absoluto. “Es lícito que el hombre posea cosas propias. Y es necesario también para la vida humana”(Santo Tomás de Aquino, II-II q.66 a.2.9). Y si se pregunta cuál es necesario que sea el uso de los bienes, la Iglesia responderá sin vacilación alguna: “En cuanto a esto, el hombre no debe considerar las cosas externas como propias, sino como comunes; es decir, de modo que las comparta fácilmente con otros en sus necesidades. De donde el Apóstol dice: “Manda a los ricos de este siglo… que den, que compartan con facilidad”“( Santo Tomás de Aquino, II-II q.65 a.2.). A nadie se manda socorrer a los demás con lo necesario para sus usos personales o de los suyos; ni siquiera a dar a otro lo que él mismo necesita para conservar lo que convenga a la persona, a su decoro: “Nadie debe vivir de una manera inconveniente”( Santo Tomás de Aquino, II-II q.32 a.6.). Pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y al decoro, es un deber socorrer a los indigentes con lo que sobra. “Lo que sobra, dadlo de limosna”( Lc 11,41). (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n.17, 15 de mayo de 1891)

  • El derecho de propiedad debe ser considerado como inviolable y las leyes deben favorecer que este derecho lo obtengan los obreros como fruto de su trabajo

Si el obrero percibe un salario lo suficientemente amplio para sustentarse a sí mismo, a su mujer y a sus hijos, dado que sea prudente, se inclinará fácilmente al ahorro y hará lo que parece aconsejar la misma naturaleza: reducir gastos, al objeto de que quede algo con que ir constituyendo un pequeño patrimonio. Pues ya vimos que la cuestión que tratamos no puede tener una solución eficaz si no es dando por sentado y aceptado que el derecho de propiedad debe considerarse inviolable. Por ello, las leyes deben favorecer este derecho y proveer, en la medida de lo posible, a que la mayor parte de la masa obrera tenga algo en propiedad. Con ello se obtendrían notables ventajas, y en primer lugar, sin duda alguna, una más equitativa distribución de las riquezas. (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n.33, 15 de mayo de 1891)

  • La Propiedad Privada no es otra cosa sino que el salario revestido de otra apariencia

Sin duda alguna, como es fácil de ver, la razón misma del trabajo que aportan los que se ocupan en algún oficio lucrativo y el fin primordial que busca el obrero es procurarse algo para sí y poseer con propio derecho una cosa como suya. Si, por consiguiente, presta sus fuerzas o su habilidad a otro, lo hará por esta razón: para conseguir lo necesario para la comida y el vestido; y por ello, merced al trabajo aportado, adquiere un verdadero y perfecto derecho no sólo a exigir el salario, sino también para emplearlo a su gusto. Luego si, reduciendo sus gastos, ahorra algo e invierte el fruto de sus ahorros en una finca, con lo que puede asegurarse más su manutención, esta finca realmente no es otra cosa que el mismo salario revestido de otra apariencia, y de ahí que la finca adquirida por el obrero de esta forma debe ser tan de su dominio como el salario ganado con su trabajo. Ahora bien: es en esto precisamente en lo que consiste, como fácilmente se colige, la propiedad de las cosas, tanto muebles como inmuebles. (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n.3, 15 de mayo de 1891)

  • El hombre siendo dueño de sus actos y bajo el poder de Dios puede legítimamente ejercer su dominio tanto de la tierra como de sus frutos

Pues el hombre, abarcando con su razón cosas innumerables, enlazando y relacionando las cosas futuras con las presentes y siendo dueño de sus actos, se gobierna a sí mismo con la previsión de su inteligencia, sometido además a la ley eterna y bajo el poder de Dios; por lo cual tiene en su mano elegir las cosas que estime más convenientes para su bienestar, no sólo en cuanto al presente, sino también para el futuro. De donde se sigue la necesidad de que se halle en el hombre el dominio no sólo de los frutos terrenales, sino también el de la tierra misma, pues ve que de la fecundidad de la tierra le son proporcionadas las cosas necesarias para el futuro. Las necesidades de cada hombre se repiten de una manera constante; de modo que, satisfechas hoy, exigen nuevas cosas para mañana. Por tanto, la naturaleza tiene que haber dotado al hombre de algo estable y perpetuamente duradero, de que pueda esperar la continuidad del socorro. Ahora bien: esta continuidad no puede garantizarla más que la tierra con su fertilidad. (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n.5, 15 de mayo de 1891)

  • El hecho que Dios haya dado la tierra en común para todos los seres humanos no puede oponerse de modo alguno a la propiedad privada

El que Dios haya dado la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del género humano no puede oponerse en modo alguno a la propiedad privada. Pues se dice que Dios dio la tierra en común al género humano no porque quisiera que su posesión fuera indivisa para todos, sino porque no asignó a nadie la parte que habría de poseer, dejando la delimitación de las posesiones privadas a la industria de los individuos y a las instituciones de los pueblos. Por lo demás, a pesar de que se halle repartida entre los particulares, no deja por ello de servir a la común utilidad de todos, ya que no hay mortal alguno que no se alimente con lo que los campos producen. Los que carecen de propiedad, lo suplen con el trabajo; de modo que cabe afirmar con verdad que el medio universal de procurarse la comida y el vestido está en el trabajo, el cual, rendido en el fundo propio o en un oficio mecánico, recibe, finalmente, como merced no otra cosa que los múltiples frutos de la tierra o algo que se cambia por ellos. (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n.6, 15 de mayo de 1891)

  • La propiedad privada es la institución más conforme con la naturaleza del hombre

En efecto, el campo cultivado por la mano e industria del agricultor cambia por completo su fisonomía: de silvestre, se hace fructífero; de infecundo, feraz. Ahora bien: todas esas obras de mejora se adhieren de tal manera y se funden con el suelo, que, por lo general, no hay modo de separarlas del mismo. ¿Y va a admitir la justicia que venga nadie a apropiarse de lo que otro regó con sus sudores? Igual que los efectos siguen a la causa que los produce, es justo que el fruto del trabajo sea de aquellos que pusieron el trabajo. Con razón, por consiguiente, la totalidad del género humano, sin preocuparse en absoluto de las opiniones de unos pocos en desacuerdo, con la mirada firme en la naturaleza, encontró en la ley de la misma naturaleza el fundamento de la división de los bienes y consagró, con la práctica de los siglos, la propiedad privada como la más conforme con la naturaleza del hombre y con la pacífica y tranquila convivencia. Y las leyes civiles, que, cuando son justas, deducen su vigor de esa misma ley natural, confirman y amparan incluso con la fuerza este derecho de que hablamos. Y lo mismo sancionó la autoridad de las leyes divinas, que prohíben gravísimamente hasta el deseo de lo ajeno: “No desearás la mujer de tu prójimo; ni la casa, ni el campo, ni la esclava, ni el buey, ni el asno, ni nada de lo que es suyo”. (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n.8, 15 de mayo de 1891)

  • La propiedad privada debe conservarse inviolable si se quiere mejorar las condiciones sociales

Por lo tanto, cuando se plantea el problema de mejorar la condición de las clases inferiores, se ha de tener como fundamental el principio de que la propiedad privada ha de conservarse inviolable. (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n.11 del 15 de mayo de 1891)

  • El derecho a la propiedad privada nace de la propia naturaleza humana

Sin embargo, estas ventajas no podrán obtenerse sino con la condición de que la propiedad privada no se vea absorbida por la dureza de los tributos e impuestos. El derecho de poseer bienes en privado no ha sido dado por la ley, sino por la naturaleza, y, por tanto, la autoridad pública no puede abolirlo, sino solamente moderar su uso y compaginarlo con el bien común. Procedería, por consiguiente, de una manera injusta e inhumana si exigiera de los bienes privados más de lo que es justo bajo razón de tributos. (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n. 33, 15 de mayo de 1891)

  • La abolición de la propiedad privada para favorecer el colectivismo meta del socialismo

Es por esto que ellos quieren que, en el Estado, el poder pertenezca al pueblo. De este modo, las clases sociales desaparecerán y los ciudadanos serán todos reducidos al mismo nivel de igualdad, este sería el camino hacia la igualdad de bienes: el derecho de propiedad sería abolido, y todas las fortunas que pertenecen a los particulares, mismo los medios de producción, serían considerados bienes en común. (León XIII, Encíclica Graves de Communi, del 18 de enero de 1901)

  • Los socialistas al trasferir la propiedad privada a la comunidad, empeoran la condición social del obrero privándolo de su derecho de obtener ganancias

Luego los socialistas empeoran la situación de los obreros todos, en cuanto tratan de transferir los bienes de los particulares a la comunidad, puesto que, privándolos de la libertad de colocar sus beneficios, con ello mismo los despojan de la esperanza y de la facultad de aumentar los bienes familiares y de procurarse utilidades. (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n.3, 15 de mayo de 1891)

  • Los socialistas atizan el odio para abolir la propiedad privada

Para solucionar este mal, los socialistas, atizando el odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes y administrados por las personas que rigen el municipio o gobiernan la nación. Creen que con este traslado de los bienes de los particulares a la comunidad, distribuyendo por igual las riquezas y el bienestar entre todos los ciudadanos, se podría curar el mal presente. Pero esta medida es tan inadecuada para resolver la contienda, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es, además, sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión de la república y agita fundamentalmente a las naciones. (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n.2 del 15 de mayo de 1891)

  • El derecho de propiedad privada debe conservarse inviolable contra la fantasía del socialismo de reducirla al uso común: fuente de miseria y opresión

Pero, además de la injusticia, se deja ver con demasiada claridad cuál sería la perturbación y el trastorno de todos los órdenes, cuán dura y odiosa la opresión de los ciudadanos que habría de seguirse. Se abriría de par en par la puerta a las mutuas envidias, a la maledicencia y a las discordias; quitado el estímulo al ingenio y a la habilidad de los individuos, necesariamente vendrían a secarse las mismas fuentes de las riquezas, y esa igualdad con que sueñan no sería ciertamente otra cosa que una general situación, por igual miserable y abyecta, de todos los hombres sin excepción alguna. De todo lo cual se sigue claramente que debe rechazarse de plano esa fantasía del socialismo de reducir a común la propiedad privada, pues que daña a esos mismos a quienes se pretende socorrer, repugna a los derechos naturales de los individuos y perturba las funciones del Estado y la tranquilidad común. Por lo tanto, cuando se plantea el problema de mejorar la condición de las clases inferiores, se ha de tener como fundamental el principio de que la propiedad privada ha de conservarse inviolable. Sentado lo cual, explicaremos dónde debe buscarse el remedio que conviene. (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n.11 del 15 de mayo de 1891)

  • La propia razón del bien común no autoriza a despojar al propietario de sus bienes, ni bajo el pretexto de la igualdad, confiscar su fortuna

Pero quedan por tratar todavía detalladamente algunos puntos de mayor importancia. El principal es que debe asegurar las posesiones privadas con el imperio y fuerza de las leyes. Y principalísimamente deberá mantenerse a la plebe dentro de los límites del deber, en medio de un ya tal desenfreno de ambiciones; porque, si bien se concede la aspiración a mejorar, sin que oponga reparos la justicia, sí veda ésta, y tampoco autoriza la propia razón del bien común, quitar a otro lo que es suyo o, bajo capa de una pretendida igualdad, caer sobre las fortunas ajenas. (León XIII, Encíclica Rerum Novarum, n.28,15 de mayo de 1891)

… juzga la idea de Francisco de que la dirección espiritual es un carisma de laicos

  • Es deber de los fieles seguir las enseñanzas de los Pastores

A los pastores se les dio todo el poder de enseñar, juzgar, dirigir; y a los fieles se les impuso el deber de seguir su enseñanza, de someterse con docilidad a su juicio, y dejarse gobernar, corregir y conducir a la salvación por ellos. Por lo tanto, es una necesidad absoluta para los simples fieles someterse con la mente y el corazón a sus propios pastores, y que éstos se sometan con ellos. (León XIII. Carta Epistola Tua al cardenal Guibert, 17 de junio 1885)

… juzga la idea de Francisco de que católicos y musulmanes comparten la misma fe

  • Por la razón y naturaleza se reconoce en la Iglesia Católica la única religión verdadera

En primer lugar examinemos, en relación con los particulares, esa libertad tan contraria a la virtud de la religión, la llamada libertad de cultos, libertad fundada en la tesis de que cada uno puede, a su arbitrio, profesar la religión que prefiera o no profesar ninguna. […] Y si se pregunta cuál es la religión que hay que seguir entre tantas religiones opuestas entre sí, la respuesta la dan al unísono la razón y naturaleza: la religión que Dios ha mandado, y que es fácilmente reconocible por medio de ciertas notas exteriores con las que la Divina Providencia ha querido distinguirla, para evitar un error, que, en asunto de tanta trascendencia, implicaría desastrosas consecuencias. Por esto, conceder al hombre esta libertad de cultos de que estamos hablando equivale a concederle el derecho de desnaturalizar impunemente una obligación santísima y de ser infiel a ella, abandonando el bien para entregarse al mal. Esto, lo hemos dicho ya, no es libertad, es una depravación de la libertad y una esclavitud del alma entregada al pecado. (León XIII. Encíclica Libertas praestantissimum, n. 15, 20 de junio de 1888)

  • Abrir los brazos a cualquier religión es arruinar a la Católica

Abriendo los brazos a cualesquiera y de cualquier religión, consiguen persuadir de hecho el grande error de estos tiempos, a saber, el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos; conducta muy a propósito para arruinar toda religión, singularmente la católica, a la que, por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás. (León XIII. Encíclica Humanum genus, n. 6, 20 de abril de 1884)

  • Formas de culto distintas no pueden ser igualmente aceptables para Dios

En materia religiosa, pensar que las formas de culto, distintas y aun contrarias, son todas iguales, equivale a confesar que no se quiere aprobar ni practicar ninguna de ellas. Esta actitud, si nominalmente difiere del ateísmo, en realidad se identifica con él. Los que creen en la existencia de Dios, si quieren ser consecuentes consigo mismos y no caer en un absurdo, han de comprender necesariamente que las formas usuales de culto divino, cuya diferencia, disparidad y contradicción aun en cosas de suma importancia son tan grandes, no pueden ser todas igualmente aceptables ni igualmente buenas o agradables a Dios. (León XIII. Encíclica Immortale Dei, n. 14, 1 de noviembre de 1885)

… juzga la idea de Francisco de que la buena voluntad suple la Teología

  • Hay hombres que son principales en la sociedad

Es necesario en absoluto que haya quienes se dediquen a las funciones de gobierno, quienes legislen, quienes juzguen y, finalmente, quienes con su dictamen y autoridad administren los asuntos civiles y militares. Aportaciones de tales hombres que nadie dejará de ver que son principales y que ellos deben ser considerados como superiores en toda sociedad por el hecho de que contribuyen al bien común más de cerca y con más altas razones. (León XIII. Encíclica Rerum novarum, n. 25, 15 de mayo de 1891)

… juzga la idea de familia que tiene Francisco

  • Cristo estrechó la sociedad del varón y de la mujer con la caridad

Como recibido del Magisterio de los Apóstoles hay que considerar cuanto nuestros Santos Padres, los Concilios y la tradición de la Iglesia universal enseñaron siempre, a saber, que Cristo Señor levantó el matrimonio a dignidad de sacramento, y que juntamente hizo que los cónyuges, protegidos y defendidos por la gracia celestial que los méritos de Él produjeron, alcanzaran la santidad en el mismo matrimonio; que en éste, maravillosamente conformado al ejemplar de su mística unión con la Iglesia, no sólo perfeccionó el amor que es conforme a la naturaleza, sino que estrechó más fuertemente la sociedad del varón y de la mujer, indivisible por su naturaleza, con el vínculo de su caridad divina. (Denzinger-Hünermann 3142. León XIII, Encíclica Arcanum divinae sapientiae, 10 de febrero de 1880)

  • Vínculo más firme y más sagrado por medio de Cristo

El matrimonio digno de ser por todo tan honroso (He 13, 4), y que en el principio mismo del mundo instituyo Dios mismo para propagar y conservar la especie humana, y decreto fuese inseparable, enseña la Iglesia que resulto más firme y más sagrado por medio de Cristo, que le confirió la dignidad de sacramento y quiso que representase la forma de su unión con la Iglesia. (León XIII. Encíclica Quod apostolici muneris, n. 7, 28 de diciembre de 1978)

… juzga la idea de Francisco de que las sectas hacen parte de la Iglesia

  • Jesucristo no concibió ni instituyó muchas comunidades

Si examinamos los hechos, comprobaremos que Jesucristo no concibió ni instituyó una Iglesia formada de muchas comunidades que se asemejan por ciertos caracteres generales, pero distintas unas de otras y no unidas entre sí por aquellos vínculos que únicamente pueden dar a la Iglesia la individualidad y la unidad de que hacemos profesión en el símbolo de la fe: “Creo en la Iglesia una…”.(León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 6, 29 de junio de 1896)

  • Ningún cristiano puede tener la osadía de contradecir la unicidad de la Iglesia

Sí, ciertamente, la verdadera Iglesia de Jesucristo es una; los testimonios evidentes y multiplicados de las Sagradas Letras han fijado tan bien este punto, que ningún cristiano puede llevar su osadía a contradecirlo. Pero cuando se trata de determinar y establecer la naturaleza de esta unidad, muchos se dejan extraviar por varios errores. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 6, 29 de junio de 1896)

  • Para cumplir su misión, es necesario que la Iglesia sea única en el mundo

Esto resulta más evidente aún si se considera el designio del Divino Autor de la Iglesia. ¿Qué ha buscado, qué ha querido Jesucristo nuestro Señor en el establecimiento y conservación de la Iglesia? Una sola cosa: transmitir a la Iglesia la continuación de la misma misión del mismo mandato que El recibió de su Padre. […] La misión, pues, de la Iglesia es repartir entre los hombres y extender a todas las edades la salvación operada por Jesucristo y todos los beneficios que de ella se siguen. Por esto, según la voluntad de su Fundador, es necesario que sea única en toda la extensión del mundo y en toda la duración de los tiempos. Para que pudiera existir una unidad más grande sería preciso salir de los límites de la tierra e imaginar un género humano nuevo y desconocido. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 7, 29 de junio de 1896)

  • Profecía de Isaías sobre la única Iglesia de Jesucristo

Esta Iglesia única, que debía abrazar a todos los hombres, en todos los tiempos y en todos los lugares, Isaías la vislumbró y señaló por anticipado cuando, penetrando con su mirada en lo porvenir, tuvo la visión de una montaña cuya cima, elevada sobre todas las demás, era visible a todos los ojos y que representaba la Casa de Dios, es decir, la Iglesia: “En los últimos tiempos, la montaña, que es la Casa del Señor, estará preparada en la cima de las montañas” (Is 2, 2).
Pero esta montaña colocada sobre la cima de las montañas es única; única es esta Casa del Señor, hacia la cual todas las naciones deben afluir un día en conjunto para hallar en ella la regla de su vida. “Y todas las naciones afluirán hacia ella y dirán: Venid, ascendamos a la montaña del Señor, vamos a la Casa del Dios de Jacob y nos enseñará sus caminos y marcharemos por sus senderos” (Is 2, 3). (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 8, 29 de junio de 1896)

  • Los miembros sólo tienen vida si están unidos a la única cabeza

Para mejor declarar la unidad de su Iglesia, Dios nos la presenta bajo la imagen de un cuerpo animado, cuyos miembros no pueden vivir sino a condición de estar unidos con la cabeza y de tomar sin cesar de ésta su fuerza vital; separados, han de morir necesariamente. “No puede [la Iglesia] ser dividida en pedazos por el desgarramiento de sus miembros y de sus entrañas. Todo lo que se separe del centro de la vida no podrá vivir por sí solo ni respirar”. Ahora bien: ¿en qué se parece un cadáver a un ser vivo? (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 9, 29 de junio de 1896)

  • Renunciar a la Iglesia es como unirse a una esposa adúltera

La Iglesia de Cristo es, pues, única y, además, perpetúa: quien se separa de ella se aparta de la voluntad y de la orden de Jesucristo nuestro Señor, deja el camino de salvación y corre a su pérdida. “Quien se separa de la Iglesia para unirse a una esposa adúltera, renuncia a las promesas hechas a la Iglesia. Quien abandona a la Iglesia de Cristo no logrará las recompensas de Cristo. Quien no guarda esta unidad, no guarda la ley de Dios, ni guarda la fe del Padre y del Hijo, ni guarda la vida ni la salud”. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 9, 29 de junio de 1896)

  • Contra las sectas políticas

Procurad y velad para que los preceptos establecidos por la Iglesia católica respecto del poder político del deber de obediencia sean comprendidos y cumplidos con diligencia por todos los hombres. Como censores y maestros que sois, amonestad sin descanso a los pueblos para que huyan de las sectas prohibidas, abominen las conjuraciones y que nada intenten por medio de la revolución.(León XIII. Encíclica Diuturnum illud, n. 20, 29 de junio de 1881)

… juzga la idea de que el hombre es el centro de la vida cristiana que tiene Francisco

  • Los enemigos de la Iglesia alegan constantemente su amor hacia los más humildes

Con estas mentidas apariencias y arte constante de fingimiento, procuran los masones con todo empeño, como en otro tiempo los maniqueos, ocultarse y no tener otros testigos que los suyos. Celebran reuniones muy ocultas, simulando sociedades eruditas de literatos y sabios, hablan continuamente de su entusiasmo por la civilización, y de su amor hacia los más humildes: dicen que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos y comunicar a cuantos más puedan las ventajas de la sociedad civil. (León XIII. Encíclica Humanum genus, n. 9, 20 de abril de1884)

… juzga las ideas pro-comunistas de Francisco pronunciadas con los Movimientos Populares

  • El socialismo y el comunismo incentivan la manía de revoluciones entre el pueblo

En efecto, suprimidos el temor de Dios y el respeto de la ley divina, dejando caer en el desprecio la autoridad de los gobernantes, dando libre curso e incentivando la manía de revoluciones; soltando la riendas a las pasiones populares, quebrando todo freno, a no ser el castigo, no puede no seguir una revolución y una subversión universal. Y esta ruina y trastorno es la intención deliberada que demandan con sus esfuerzos numerosas asociaciones comunistas y socialistas. (León XIII. Encíclica Humanum Genus, de 20 de abril de 1884)

  • La sociedad civil, los bienes, las costumbres y la religión corren peligro por causa de los profundos errores del socialismo

Desde el inicio de Nuestro pontificado, Nos advertimos para los peligros que por este concepto corría la sociedad civil y pensamos que era Nuestro deber de advertir públicamente a los católicos de los profundos errores que se encubren en las doctrinas del socialismo y de los peligros que de ellas se derivan, no sólo a los bienes externos, sino también a la probidad de las costumbres y la religión. Con este objeto dirigimos la Carta Encíclica Quod Apostolici muneris el 28 de diciembre de 1878. (León XIII, Encíclica Graves de Communi, de 18 de enero de 1901)

  • Las facciones socialistas hacen locas promesas al pueblo para lograr sus criminales propósitos

Esta lamentable turbación moral fue semilla de inquietud en las clases populares, de malestar, de rebelión en los espíritus; de aquí las agitaciones y los desórdenes frecuentes, que preludian tempestades más graves. Las miserables condiciones de una parte tan grande del pueblo menudo, dignísima ciertamente de redención y de remedio, sirven por esto admirablemente a los intentos de expertos agitadores, y señaladamente de las facciones socialistas, que por el camino de locas promesas a los pueblos avanzan hacia la realización de los más criminales propósitos. (León XIII. Carta Apostólica Annum ingressi, Acte Sancta Sedis, 34 (1901-1902) p.520)

  • Los socialistas creen inadecuadamente que distribuyendo por igual las riquezas de los particulares se resolverán los problemas sociales

Para solucionar este mal, (la opresión de los proletarios por un número sumamente reducido de ricos) los socialistas, atizando el odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes y administrados por las personas que rigen el municipio o gobiernan la nación. Creen que con este traslado de los bienes de los particulares a la comunidad, distribuyendo por igual las riquezas y el bienestar entre todos los ciudadanos, se podría curar el mal presente. Pero esta medida es tan inadecuada para resolver la contienda, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es, además, sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión de la república y agita fundamentalmente a las naciones. (León XIII, Carta Encíclica Rerum Novarum, n. 2, 15 de mayo de 1891)

  • Muchos se esfuerzan por extender las pestes vergonzosas del comunismo y del socialismo con el pretexto de favorecer al pueblo

De aquí se ha llegado a esos errores recientes que se llaman comunismo, socialismo y nihilismo, peste vergonzosa y amenaza de muerte para la sociedad civil. Y, sin embargo, son muchos los que se esfuerzan por extender el imperio de males tan grandes y, con el pretexto de favorecer al pueblo, han provocado no pequeños incendios y ruinas. Los sucesos que aquí recordamos ni son desconocidos ni están muy lejanos. (León XIII. Encíclica Diuturnum Illud, n.17, 29 de junio de 1881)

… juzga la idea de una Iglesia pobre para los pobres que tiene Francisco

  • Para alcanzar la felicidad eterna no importa ser rico o pobre

Dios no creó al hombre para estas cosas frágiles y perecederas, sino para las celestiales y eternas, dándonos la tierra como lugar de exilio y no de residencia permanente. Y, ya nades en la abundancia, ya carezcas de riquezas y de todo lo demás que llamamos bienes, nada importa eso para la felicidad eterna; lo verdaderamente importante es el modo como se usa de ellos. […] La verdadera dignidad y excelencia del hombre radica en lo moral, es decir, en la virtud; que la virtud es patrimonio común de todos los mortales, asequible por igual a altos y bajos, a ricos y pobres; y que el premio de la felicidad eterna no puede ser consecuencia de otra cosa que de las virtudes y de los méritos, sean éstos de quienes fueren. (León XIII. Encíclica Rerum novarum, n. 16.19, 15 de mayo de 1891)

  • Es celo por la salvación de los fieles realizar ceremonias con pompa y esplendor

Las Escrituras nos enseñan (Qo 17,4) que es deber de todos estar solícitos por la salvación de nuestro vecino según las posibilidades y posición de cada uno. […] Quienes pertenecen al clero deben realizar esto por el instruido cumplimiento de su ministerio de predicación, por la pompa y esplendor de las ceremonias. (León XIII. Carta Testem benevolentiae, 22 de enero de 1899)

… juzga la idea de Iglesia cerrada y enferma que tiene Francisco

  • La Iglesia no debe adecuar sus enseñanzas conforme al espíritu de la época

El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas ideas es que, con el fin de atraer más fácilmente a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe adecuar sus enseñanzas mas conforme con el espíritu de la época, aflojar algo de su antigua severidad y hacer algunas concesiones a opiniones nuevas. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no solo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas pertenecientes al “depósito de la fe”. Ellos sostienen que sería oportuno, para ganar a aquellos que disienten de nosotros, omitir ciertos puntos del Magisterio de la Iglesia que son de menor importancia, y de esta manera moderarlos para que no porten el mismo sentido que la Iglesia constantemente les ha dado. […] Tal política tendería a separar a los católicos de la Iglesia en vez de atraer a los que disienten. No hay nada más cercano a nuestro corazón que tener de vuelta en el rebaño de Cristo a los que se han separado de Él, pero no por un camino distinto al señalado por Cristo. […] La historia prueba claramente que la Sede Apostólica, a la cual ha sido confiada la misión no solo de enseñar, sino también de gobernar toda la Iglesia, se ha mantenido “en una misma doctrina, en un mismo sentido y en una misma sentencia” (Constitutio de Fide Catholica, cap. IV). […] En este asunto la Iglesia debe ser el juez, y no los individuos particulares, que a menudo se engañan con la apariencia de bien. (León XIII. Carta Testem Benevolentiae al Card. James Gibbons, 22 de enero1899)

… juzga la oración hecha por Francisco en el encuentro ecuménico e interreligioso de Sarajevo

  • No se encuentran en el número de los hijos de Dios los que no reconocen por hermano a Jesucristo

Nuestro corazón se dirige también con sin igual ardor tras aquellos a quienes el soplo contagioso de la impiedad no ha envenenado del todo, y que, a lo menos, experimentan el deseo de tener por padre al Dios verdadero, creador de la tierra y del cielo. Que reflexionen y comprendan bien que no pueden en manera alguna contarse en el número de los hijos de Dios si no vienen a reconocer por hermano a Jesucristo y por madre a la Iglesia. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 45, 29 de junio de 1896)

  • El Dios verdadero no aprueba las sectas que profesan enseñanzas falsas

Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros […] porque por la fe divina confesamos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo […] Por eso confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia. (León XIII. Encíclica Ubi primum, n. 14, 5 de mayo de 1824)

… juzga la idea de anticlericalismo que tiene Francisco

  • La auténtica declaración de los escritores masones es demoler el clericalismo

Demoler el clericalismo hasta sus fundamentos y en sus propias fuentes de vida, específicamente en la escuela y en la familia: esta es la auténtica declaración de los escritores masones. (León XIII. Carta Encíclica Dall’alto dell’apostolico seggio, n. 4, 15 de octubre de 1890)

… juzga la idea de equiparar la catequesis al yoga o zen que tiene Francisco

  • La Providencia quiere que seamos enseñados para que el Espíritu Santo derrame gracias más ricas y abundantes

Estos peligros, a saber, la confusión de licencia y libertad, la pasión por discutir y mostrar contumacia sobre cualquier asunto posible, el supuesto derecho a sostener cualquier opinión que a uno le plazca sobre cualquier asunto, y a darla a conocer al mundo por medio de publicaciones, tienen a las mentes tan envueltas en la oscuridad que hay ahora más que nunca una necesidad mayor del oficio magisterial de la Iglesia, no sea que las personas se olviden tanto de la conciencia como del deber. […] En primer lugar, se deja de lado toda guía externa por ser considerada superflua e incluso negativa para las almas que luchan por la perfección cristiana —siendo su argumento que el Espíritu Santo derrama gracias más ricas y abundantes que antes sobre las almas de los fieles, de manera que, sin intervención humana, Él les enseña y los guía por cierta inspiración oculta. Sin embargo, es signo de un no pequeño exceso de confianza el querer medir y determinar el modo de la comunicación divina a la humanidad, ya que ésta depende completamente de su propio bien parecer y Él es el más libre dispensador de sus propios dones. […] Más aun, como lo muestra la experiencia, estas mociones e impulsos del Espíritu Santo son las más de las veces experimentados a través de la mediación de la ayuda y luz de una autoridad magisterial externa. […] Ciertamente pertenece a la ley ordinaria de la providencia amorosa de Dios que, así como Él ha decretado que los hombres se salven en su mayoría por el ministerio de los hombres, ha querido también que aquellos a quienes Él llama a las alturas de la santidad sean guiados hacia allá por hombres; y por eso declara San Crisóstomo que “somos enseñados por Dios a través de la instrumentalidad de los hombres” (Homilia I, in Inscr. Altar).  (León XIII. Carta Testem Benevolentiae al Card. James Gibbons, 22 de enero1899)

  • Hay que inducir a las muchedumbres a que se instruyan en lo tocante a la religión

Conviene con frecuentes sermones y exhortaciones inducir a las muchedumbres a que se instruyan con todo esmero en lo tocante a la religión, y para esto recomendamos mucho que en escritos y sermones oportunos se explanen los principales y santísimos dogmas que encierran toda la filosofía cristiana, con lo cual se llega a sanar los entendimientos por medio de la instrucción y a fortalecerlos así contra las múltiples formas del error como contra los varios modos con que se presentan atractivos los vicios en esa tan grande libertad de publicaciones y curiosidad tan grande de saber. […] Aunadas las fuerzas de una y otra clase, trabajad, Venerables Hermanos, para que todos los hombres conozcan bien y amen a la Iglesia. (León XIII. Carta Encíclica Humanum Genus, 20 de abril de 1884)

… juzga la idea de divorciados para padrinos que tiene Francisco

  • La Iglesia católica siempre estuvo atenta a defender la santidad del matrimonio

Hay que reconocer, por consiguiente, que la Iglesia católica, atenta siempre a defender la santidad y la perpetuidad de los matrimonios, ha servido de la mejor manera al bien común de todos los pueblos, y que se le debe no pequeña gratitud por sus públicas protestas, en el curso de los últimos cien años, contra las leyes civiles que pecaban gravemente en esta materia; por su anatema dictado contra la detestable herejía de los protestantes acerca de los divorcios y repudios; por haber condenado de muchas maneras la separación conyugal en uso entre los griegos; por haber declarado nulos los matrimonios contraídos con la condición de disolverlos en un tiempo dado; finalmente, por haberse opuesto ya desde los primeros tiempos a las leyes imperiales que amparaban perniciosamente los divorcios y repudios. Además, cuantas veces los Sumos Pontífices resistieron a poderosos príncipes, los cuales pedían incluso con amenazas que la Iglesia ratificara los divorcios por ellos efectuados, otras tantas deben ser considerados como defensores no sólo de la integridad de la religión, sino también de la civilización de los pueblos. (León XIII. Encíclica Arcanum divinae sapientiae, n. 19, 10 de febrero de 1880)

  • El rompimiento del matrimonio llevará la sociedad a la ruina

Apenas es posible pensar una más radical ruina para la sociedad como querer que pueda ser roto un vínculo por ley divina perpetuo e indivisible. (León XIII. Encíclica Longinqua oceani, n. 14, 6 de enero de 1895)

  • El matrimonio resultó más estable y más sagrado por medio de Cristo

El matrimonio, “digno de ser por todo tan honroso” (Hb 13, 4), instituido por Dios en el principio del mundo para propagar y conservar la especie humana, y por Él decretado indisoluble, enseña la Iglesia que resultó más estable y más sagrado por medio de Cristo, que le confirió la dignidad de sacramento y quiso que representase la forma de su unión con la Iglesia. (León XIII. Encíclica Quod apostolici muneris, 28 de diciembre de 1878)

  • El divorcio lleva consigo un cúmulo de males…

Realmente, apenas cabe expresar el cúmulo de males que el divorcio lleva consigo. Debido a él, las alianzas conyugales pierden su estabilidad, se debilita la benevolencia mutua, se ofrecen peligrosos incentivos a la infidelidad, se malogra la asistencia y la educación de los hijos, se da pie a la disolución de la sociedad doméstica, se siembran las semillas de la discordia en las familias, se empequeñece y se deprime la dignidad de las mujeres, que corren el peligro de verse abandonadas así que hayan satisfecho la sensualidad de los maridos. (León XIII. Carta Encíclica Arcanum divinae sapientiae, n. 17, 10 de febrero de 1880)

  • …y abre las puertas a las más relajadas costumbres

Fácilmente se verá cuán enemigo es de la prosperidad de las familias y de las naciones el divorcio, que nace de la depravación moral de los pueblos, y, conforme atestigua la experiencia, abre las puertas y lleva a las más relajadas costumbres de la vida privada y pública. Y se advertirá que son mucho más graves estos males si se considera que, una vez concedida la facultad de divorciarse, no habrá freno suficientemente poderoso para contenerla dentro de unos límites fijos o previamente establecidos. Muy grande es la fuerza del ejemplo, pero es mayor la de las pasiones: con estos incentivos tiene que suceder que el prurito de los divorcios, cundiendo más de día en día, invada los ánimos de muchos como una contagiosa enfermedad o como un torrente que se desborda rotos los diques. (León XIII. Encíclica Arcanum divinae sapientiae, n. 17, 10 de febrero 1880)

  • Camino para el más extremo libertinaje

Es fácil comprender cuán nefastos son —tanto para el hogar como para la vida pública— esos divorcios que proceden de la degradación de las costumbres, y conducen a su vez al más extremo libertinaje. (León XIII. Alocución Afferre iucundiora, en el Consistorio secreto, 16 de diciembre de 1901)

  • La dignidad de la familia está en someterse a las leyes de la Iglesia

Pero para que la buena educación de la juventud sirva de amparo a la fe, a la religión y a la integridad de la moral, debe empezar desde los más tiernos años en el seno de la familia; ésta, sin embargo, perturbada como está hoy día por desgracia, no puede recuperar en modo alguno su dignidad perdida, si no se somete a las leyes con que fue instituida en la Iglesia por su divino Autor. Porque Jesucristo, después de elevar el matrimonio, símbolo de su unión con la Iglesia, a la dignidad de sacramento, no sólo santificó la unión matrimonial, sino que proporcionó también eficacísimos auxilios a los padres y a los hijos para conseguir fácilmente, con el cumplimiento de sus mutuos deberes, el bienestar temporal y la felicidad eterna. Pero desde que unas legislaciones impías, despreciando el carácter sagrado de este gran sacramento, han reducido el matrimonio a la condición de un contrato meramente civil, han sobrevenido varias lamentables consecuencias. Porque a la profanación de la dignidad del matrimonio cristiano se han seguido la consideración civil como matrimonio de lo que en realidad es un mero concubinato legal; el incumplimiento de las obligaciones de fidelidad, […]; el debilitamiento de los vínculos del amor doméstico; y el escándalo lamentable del divorcio, secuela frecuente de amores inconsiderados, con grave daño de la moral privada y pública. (León XIII. Inscrutabili Dei consilio, n. 15-16, 21 de abril de 1878)

… juzga el hecho de Francisco no haberse ofendido con la Cruz en forma de símbolo comunista

  • Peste vergonzosa y amenaza de muerte para la sociedad civil

De aquí se ha llegado a esos errores recientes que se llaman comunismo, socialismo y nihilismo, peste vergonzosa y amenaza de muerte para la sociedad civil. Y, sin embargo, son muchos los que se esfuerzan por extender el imperio de males tan grandes y, con el pretexto de favorecer al pueblo, han provocado no pequeños incendios y ruinas. Los sucesos que aquí recordamos ni son desconocidos ni están muy lejanos. (León XIII. Encíclica Diuturnum Illud, n.17, 29 de junio de 1881)

  • El socialismo y el comunismo: revolución y subversión universal

En efecto, suprimidos el temor de Dios y el respeto de la ley divina, dejando caer en el desprecio la autoridad de los gobernantes, dando libre curso e incentivando la manía de revoluciones; soltando la riendas a las pasiones populares, quebrando todo freno, a no ser el castigo, no puede no seguir una revolución y una subversión universal. Y esta ruina y trastorno es la intención deliberada que demandan con sus esfuerzos numerosas asociaciones comunistas y socialistas. (León XIII. Encíclica Humanum Genus, de 20 de abril de 1884)

  • El socialismo, una secta pestífera

En fin, todo el mundo sabe perfectamente, con que gravedad de palabras, con que firmeza y constancia nuestro glorioso predecesor Pío IX, de feliz memoria, sea en sus Alocuciones, sea en sus Encíclicas dirigidas a los Obispos de todo el mundo, combatió contra los inicuos esfuerzos de las sectas y específicamente contra la peste del socialismo, que ya irrumpía de sus antros. (León XIII. Encíclica Quod Apostolici Muneris, de 28 de diciembre de 1878)

  • Una teoría corruptora y destructora de la libertad humana

La negación del dominio de Dios sobre el hombre y sobre el Estado arrastra consigo como consecuencia inevitable la ausencia de toda religión en el Estado, y consiguientemente el abandono más absoluto en todo la referente a la vida religiosa. Armada la multitud con la idea de su propia soberanía, fácilmente degenera en la anarquía y en la revolución, y suprimidos los frenos del deber y de la conciencia, no queda más que la fuerza; la fuerza, que es radicalmente incapaz para dominar por sí solas las pasiones desatadas de las multitudes. Tenemos pruebas convincentes de todas estas consecuencias en la diaria lucha contra los socialistas y revolucionarios, que desde hace ya mucho tiempo se esfuerzan por sacudir los mismos cimientos del Estado. Analicen, pues, y determinen los rectos enjuiciadores de la realidad si esta doctrina es provechosa para la verdadera libertad digna del hombre o si es más bien una teoría corruptora y destructora de esta libertad. (León XIII. Encíclica Libertas Praestantissimum, n. 12, de 20 de junio de 1888)

  • El socialismo: secta detestable

Poned, además, sumo cuidado en que los hijos de la Iglesia católica no adhieran ni hagan algún favor a la detestable secta [socialista]; antes por el contrario, con acciones ilustres y con una actitud absolutamente digna y laudable demuestren cuán próspera y feliz sería la sociedad si todos sus miembros se distinguieran por la corrección de sus obras y virtudes. (León XIII. Encíclica Quod apostolici muneris, 28 de diciembre de 1878)

  • El socialismo encubre profundos errores

Desde el inicio de Nuestro pontificado, Nos advertimos para los peligros que por este concepto corría la sociedad civil y pensamos que era Nuestro deber de advertir públicamente a los católicos de los profundos errores que se encubren en las doctrinas del socialismo y de los peligros que de ellas se derivan, no sólo a los bienes externos, sino también a la probidad de las costumbres y la religión. Con este objeto dirigimos la Carta Encíclica Quod Apostolici muneris el 28 de diciembre de 1878.
Pero aumentando día a día la gravedad de estos peligros con detrimento de los intereses privados y públicos, Nos con solicitud acudimos a remediarlo, escribiendo al efecto la Encíclica Rerum Novarum el 15 de Mayo de 1891, en la que tratamos ampliamente de los derechos y deberes, con que las dos clases de ciudadanos, los que aportan el capital y los que aportan el trabajo, deben convenir entre sí. Nos indicamos al mismo tiempo; conforme los preceptos del Evangelio, los remedios que nos han parecido más oportunos, para defensa de la causa de la justicia y de la religión, y dirimir todo conflicto entre las clases de la sociedad. (León XIII, Encíclica Graves de Communi, de 18 de enero de 1901)

  • El socialismo: germen funesto

Pero por desgracia, aquellos a quienes se ha confiado el cuidado de promover el bien común, rodeados de los artificios de hombres perversos y atemorizados por sus amenazas, siempre han mirado con sospecha a la Iglesia y aún de modo torcido, no comprendiendo que los esfuerzos de las sectas se harían infructuosos si la doctrina de la Iglesia Católica y la autoridad de los romanos Pontífices, hubiese permanecido en el debido honor, tanto entre los Príncipes, como entre los pueblos. Porque “la Iglesia del Dios vivo, que es la columna y fundamento de la verdad” (1 Tim 3,15), enseña las doctrinas y los preceptos que ampliamente proporcionan el bienestar y la vida tranquila de la sociedad, y para que el funesto germen del socialismo sea arrancado de raíz. (León XIII. Encíclica Quod Apostolici Muneris, de 28 de diciembre de 1878)

  • Los socialistas tergiversan el Evangelio para engañar

Aunque los socialistas, abusando del mismo Evangelio para engañar a los incautos, tengan la costumbre de torcerlo según sus intenciones, con todo, es tanta la diferencia entre sus perversas opiniones de la purísima doctrina de Cristo, que no se puede imaginar una mayor. “Porque ¿qué asociación puede haber entre la justicia y la iniquidad? ¿Y qué consorcio entre la luz con las tinieblas? (2 Cor 6,14). (León XIII. Encíclica Quod Apostolici Muneris, de 28 de diciembre de 1878)

… juzga la idea de pedir oraciones a no católicos y ateos que tiene Francisco

  • La comunión de los santos es una recíproca participación de beneficios entre los fieles

La comunión de los santos no es otra cosa que una reciproca participación de ayuda, de expiación, de oraciones, de beneficios entre los fieles o los que triunfan en la patria celeste, o expían en el fuego del purgatorio, o todavía pelegrinan en la tierra, de todos los cuales resulta una sola ciudad, que tiene a Cristo por cabeza y por forma la caridad. (Denzinger-Hünermann 3363. León XIII. Encíclica Mirae Caritatis, 28 de mayo de 1902)

… juzga la idea de que los cristianos deben abajarse siempre que tiene Francisco

  • La Iglesia es una sociedad perfecta

Dios ha hecho de la Iglesia la más excelente de todas las sociedades, pues el fin a que se dirige sobrepuja en nobleza al fin de las demás sociedades, tanto como la gracia divina sobrepuja a la naturaleza y los bienes inmortales son superiores a las cosas perecederas. Por su origen es, pues, la Iglesia una sociedad divina; por su fin y por los medios inmediatos que la conducen es sobrenatural; por los miembros de que se compone, y que son hombres, es una sociedad humana. Por esto la vemos designada en las Sagradas Escrituras con los nombres que convienen a una sociedad perfecta. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 24, 29 de junio de 1896)

  • El desprecio por la autoridad de la Iglesia es causa de los males de la sociedad

Desde los primero días de nuestro Pontificado se Nos presenta a la vista el triste espectáculo de los males que por todas partes afligen al género humano […]. Nos, empero, estamos persuadidos de que estos males tienen su causa principal en el desprecio y olvido de aquélla santa y augustísima autoridad de la Iglesia, que preside al género humano en nombre de Dios, y que es la garantía y apoyo de toda autoridad legítima. (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 1-2, 21 de abril de 1878)

… juzga las ideas presentes en la Laudato Sí´

  • El hombre no tiene residencia permanente en esta tierra. El cuidado por la “casa común” sólo es posible en función de la “Casa del Padre”

No podemos, indudablemente, comprender y estimar en su valor las cosas caducas si no es fijando el alma sus ojos en la vida inmortal de ultratumba, quitada la cual se vendría inmediatamente abajo toda especie y verdadera noción de lo honesto; más aún, todo este universo de cosas se convertiría en un misterio impenetrable a toda investigación humana. Pues lo que nos enseña de por sí la naturaleza, que sólo habremos de vivir la verdadera vida cuando hayamos salido de este mundo, eso mismo es dogma cristiano y fundamento de la razón y de todo el ser de la religión. Pues que Dios no creó al hombre para estas cosas frágiles y perecederas, sino para las celestiales y eternas, dándonos la tierra como lugar de exilio y no de residencia permanente. (León XIII. Encíclica Rerum novarum, n. 16, 15 de mayo de 1891)

  • La vida mortal es camino de perfeccionamiento del alma, la que lleva impresa la imagen y semejanza de Dios

La vida mortal, aunque buena y deseable, no es, con todo, el fin último para que hemos sido creados, sino tan sólo el camino y el instrumento para perfeccionar la vida del alma con el conocimiento de la verdad y el amor del bien. El alma es la que lleva impresa la imagen y semejanza de Dios, en la que reside aquel poder mediante el cual se mandó al hombre que dominara sobre las criaturas inferiores y sometiera a su beneficio a las tierras todas y los mares. “Llenad la tierra y sometedla, y dominad a los peces del mar y a las aves del cielo y a todos los animales que se mueven sobre la tierra”. (León XIII. Encíclica Rerum novarum, n. 30, 15 de mayo de 1891)

  • La única religión verdadera es reconocible con facilidad, singularmente en los pueblos católicos

La justicia y la razón prohíben, por tanto, el ateísmo del Estado, o, lo que equivaldría al ateísmo, el indiferentismo del Estado en materia religiosa, y la igualdad jurídica indiscriminada de todas las religiones. Siendo, pues, necesaria en el Estado la profesión pública de una religión, el Estado debe profesar la única religión verdadera, la cual es reconocible con facilidad, singularmente en los pueblos católicos, puesto que en ella aparecen como grabados los caracteres distintivos de la verdad. Esta es la religión que deben conservar y proteger los gobernantes, si quieren atender con prudente utilidad, como es su obligación, a la comunidad política. Porque el poder político ha sido constituido para utilidad de los gobernados. Y aunque el fin próximo de su actuación es proporcionar a los ciudadanos la prosperidad de esta vida terrena, sin embargo, no debe disminuir, sino aumentar, al ciudadano las facilidades para conseguir el sumo y último bien, en que está la sempiterna bienaventuranza del hombre, y al cual no puede éste llegar si se descuida la religión. (León XIII. Encíclica Libertas praestantissimum, n. 16, 20 de junio de 1888)

  • No pueden contarse entre los hijos de Dios los que no reconocen por hermano a Jesucristo y por madre a la Iglesia

Nuestro corazón se dirige también con sin igual ardor tras aquellos a quienes el soplo contagioso de la impiedad no ha envenenado del todo, y que, a lo menos, experimentan el deseo de tener por padre al Dios verdadero, creador de la tierra y del cielo. Que reflexionen y comprendan bien que no pueden en manera alguna contarse en el número de los hijos de Dios si no vienen a reconocer por hermano a Jesucristo y por madre a la Iglesia. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 45, 29 de junio de 1896)

  • Formas de culto distintas no son igualmente aceptables a Dios

En materia religiosa, pensar que las formas de culto, distintas y aun contrarias, son todas iguales, equivale a confesar que no se quiere aprobar ni practicar ninguna de ellas. Esta actitud, si nominalmente difiere del ateísmo, en realidad se identifica con él. Los que creen en la existencia de Dios, si quieren ser consecuentes consigo mismos y no caer en un absurdo, han de comprender necesariamente que las formas usuales de culto divino, cuya diferencia, disparidad y contradicción aun en cosas de suma importancia son tan grandes, no pueden ser todas igualmente aceptables ni igualmente buenas o agradables a Dios. (León XIII. Encíclica Immortale Dei, n. 14, 1 de noviembre de 1885)

  • Causa ejemplar por la que todas las cosas tienen forma y belleza, orden y armonía

El Hijo, Verbo e Imagen de Dios, es la causa ejemplar por la que todas las cosas tienen forma y belleza, orden y armonía, él, que es camino, verdad, vida, ha reconciliado al hombre con Dios; “por Dios”, por relación al Hijo. (León XIII. Encíclica Divinum illud munus, n. 5, 9 de mayo de 1897)

… juzga la idea sobre la evangelización de América que tiene Francisco

  • Millones de hombres han sido llamados de la muerte a la vida sempiterna

Del seno del inexplorado océano, gracias a él [Cristóbal Colón], surgió un nuevo mundo; millones de hombres, que se hallaban en el olvido y en las tinieblas, se han reintegrado a la sociedad, y han vuelto de la barbarie a la mansedumbre y la humanidad; y, lo que es más, han sido llamados de la muerte a la vida sempiterna por la comunicación de los bienes que Jesucristo engendró.
En efecto, es indiscutible que lo que primariamente le indujo a realizar esta gesta fue la propagación del Evangelio por nuevas tierras y nuevos mares. (León XIII. Encíclica Quarto Abeunte Saeculo, 16 de junio de 1892)

  • Colón transportó en sus carabelas las primicias de la religión cristiana

[Colón] Guiado constantemente por este propósito, lo primero que hacía al arribar a nuevas tierras, era plantar en las playas una imagen de la Cruz sacrosanta. Por lo cual, así como Noé, navegando sobre las olas desbordantes, transportaba con los restos del género humano la raza de Israel, así también las carabelas de Colón, lanzadas al océano, transportaban a las playas ultramarinas el principio de las grandes naciones y las primicias de la religión cristiana. (León XIII. Encíclica Longinqua Oceani. A los Obispos de los Estados Unidos de América. 6 de enero de 1895)

… juzga la idea de una “Iglesia horizontal” que tiene Francisco

  • Nada se concedió a los Apóstoles independiente de Pedro

Nada ha sido conferido a los apóstoles independientemente de Pedro; muchas cosas han sido conferidas a Pedro aislada e independientemente de los apóstoles. […] Sólo él, en efecto, fue designado por Cristo para fundamento de la Iglesia. A él le fue dado todo el poder de atar y de desatar; a él sólo confió el poder de apacentar el rebaño. Al contrario, todo lo que los apóstoles han recibido en lo que se refiere al ejercicio de funciones y autoridad lo han recibido conjuntamente con Pedro. “Si la divina Bondad ha querido que los otros príncipes de la Iglesia tengan alguna cosa en común con Pedro, lo que no ha rehusado a los demás no se les ha dado jamás sino con él”. “Él solo ha recibido muchas cosas, pero nada se ha concedido a ninguno sin su participación” (San León Magno, Serm. 4, c. 2). (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 37, 29 de junio de 1896)

  • Sin la obediencia a Pedro reina la confusión y el desorden

Pero el orden de los obispos no puede ser mirado como verdaderamente unido a Pedro, de la manera que Cristo lo ha querido, sino en cuanto está sometido y obedece a Pedro; sin esto, se dispersa necesariamente en una multitud en la que reinan la confusión y el desorden. Para conservar la unidad de fe y comunión, no bastan ni una primacía de honor ni un poder de dirección; es necesaria una autoridad verdadera y al mismo tiempo soberana, a la que obedezca toda la comunidad. ¿Qué ha querido, en efecto, el Hijo de Dios cuando ha prometido las llaves del reino de los cielos sólo a Pedro? Que las llaves signifiquen aquí el poder supremo; el uso bíblico y el consentimiento unánime de los Padres no permiten dudarlo. Y no se pueden interpretar de otro modo los poderes que han sido conferidos, sea a Pedro separadamente, o ya a los demás apóstoles conjuntamente con Pedro. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 39, 29 de junio de 1896)

  • A la unidad de fe corresponde la unidad de gobierno

Y pues es imposible imaginar una sociedad humana verdadera y perfecta que no esté gobernada por un poder soberano cualquiera, Jesucristo debe haber puesto a la cabeza de la Iglesia un jefe supremo, a quien toda la multitud de los cristianos fuese sometida y obediente. Por esto también, del mismo modo que la Iglesia, para ser una en su calidad de reunión de los fieles, requiere necesariamente la unidad de la fe, también para ser una en cuanto a su condición de sociedad divinamente constituida ha de tener de derecho divino la unidad de gobierno. […] Jesucristo, pues, dio a Pedro a la Iglesia por jefe soberano, y estableció que este poder, instituido hasta el fin de los siglos para la salvación de todos, pasase por herencia a los sucesores de Pedro, en los que el mismo Pedro se sobreviviría perpetuamente por su autoridad. Seguramente al bienaventurado Pedro, y fuera de él a ningún otro, se hizo esta insigne promesa: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. “Es a Pedro a quien el Señor habló; a uno solo, a fin de fundar la unidad por uno solo” (San Paciano, Epist. 3 ad Sempronium, n. 11). (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 24.26, 29 de junio de 1896)

  • Una primacía apenas de honor es incapaz de garantizar la unidad y solidez

El papel de Pedro es, pues, el de soportar a la Iglesia y mantener en ella la conexión y la solidez de una cohesión indisoluble. Pero ¿cómo podría desempeñar ese papel si no tuviera el poder de mandar, defender y juzgar; en una palabra: un poder de jurisdicción propio y verdadero? Es evidente que los Estados y las sociedades no pueden subsistir sin un poder de jurisdicción. Una primacía de honor, o el poder tan modesto de aconsejar y advertir que se llama poder de dirección, son incapaces de prestar a ninguna sociedad humana un elemento eficaz de unidad y de solidez. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 26, 29 de junio de 1896)

… juzga la idea sobre ofrecer rosarios que tiene Francisco

  • No desistáis por ningún motivo del celo de la oración

La mente humana se turba ante los altos designios de Dios providente, pero llegará algún día en que se verá claramente, cuando Dios por su benignidad quiera manifestar las causas y consecuencias de las cosas a Él conocidas, cuánta fuerza y utilidad tenía para conseguir este género de cosas la práctica de orar.
Se verá también que de allí procede el que tantos hombres, en medio de la corrupción de un mundo depravado, se hayan mostrado puros e intactos de todas las manchas de la carne y del espíritu trabajando por su santificación en el temor de Dios; que otros que estaban a punto de dejarse arrastrar por el mal, se han detenido inmediatamente y han recibido del peligro mismo y de la tentación un feliz aumento de virtud; que otros, en fin, que habían caído, han sentido en sí el impulso que los ha levantado y les ha echado en los brazos de la misericordia de Dios.
Habida cuenta de estas consideraciones, conjuramos, pues, solícitamente a los cristianos a que no se dejen sorprender por las astucias del antiguo enemigo y a que no desistan por ningún motivo del celo de la oración; antes bien que perseveren y persistan sin intermisión. (León XIII. Encíclica Octobri mense, n. 20-21, 22 de septiembre de 1891)

  • Los verdaderos cristianos toman frecuentemente el rosario en sus manos

De consiguiente, el rosario de María Virgen, en el que se unen también y fructuosamente una manera óptima de orar y un medio apto de conservar la fe y un insigne modelo de perfecta virtud, es dignísimo de que los verdaderos cristianos lo tomen frecuentemente en sus manos y lo usen rezándolo con piedad y meditándolo con atención. (León XIII. Encíclica Magnae Dei Matris, 8 de septiembre de 1892)

  • Hay que pedir machaconamente a la Virgen que se digne socorrer los pecadores

En él [el Rosario], para no alargarnos mucho, pedimos con insistencia, por medio de la repetición de las mismas oraciones, el reino de la gracia y de la gloria al Padre celestial; y machaconamente suplicamos a la Virgen Madre que se digne socorrer a los que estamos sujetos a la culpa, ya en toda la vida, ya en la hora suprema, que es el paso para la eternidad. La fórmula del mismo Rosario es también muy a propósito para orar en común; por donde, no sin razón, se le ha dado el nombre de Salterio mariano. Ahora bien; hay que guardar o restaurar religiosamente una costumbre que estuvo en su vigor entre nuestros antepasados, cuando en las familias cristianas, lo mismo que en las ciudades y en los campos, se tenía por inviolable, al caer el día, acudir de las fatigas del trabajo ante una imagen de la Virgen y pagarle alternativamente el tributo de la alabanza por medio del Rosario. (León XIII. Encíclica Fidentem piumque, 20 de septiembre de 1896)

… juzga la idea de la fe como revolución que tiene Francisco

  • La fe debe sostener la norma y la disciplina de las costumbres

Se puede muy propiamente decir que nada alimenta mejor el espíritu de la justicia que la fe cristiana, la más apta también para la salvación. El justo vive de la fe (Ga 3, 11). Sin la fe es imposible agradar a Dios (He 11,6). Así pues, el implantador y padre de la fe, y el que en nuestras almas la mantiene, no es otro que el mismo Jesucristo y Él es quien sustenta y conserva en nosotros la vida moral, y esto de un modo muy principal por medio del ministerio de la Iglesia. Y con benigno y providentísimo parecer entregó a ésta todos los medios aptos para engendrar esta vida de fe de que hablamos, y, una vez engendrada, la conservaran y defendieran, y la hiciesen renacer si por acaso se extinguía. Pero toda esta fuerza procreatiz y conservadora de las virtudes se estrella si la norma y disciplina de las costumbres se apartan de la fe divina, y es cosa manifiesta que pretenden despojar al hombre de su altísima dignidad, despojándole de la vida sobrenatural y haciéndole revolver en los horrores de naturalismo grosero, los que intentan o quieren enderezar las costumbres hacia la honestidad por medio del magisterio único de la razón. (León XIII, Encíclica Tamesti Futura, n. 24, 1 de noviembre de 1900)

… juga la idea de igualdad como fuente de justicia y felicidad que tiene Francisco

  • Dios es el autor de las igualdades y desigualdades entre los hombres

Según las enseñanzas del Evangelio, la igualdad de los hombres consiste en que, habiéndoles a todos cabido en suerte la misma naturaleza, todos son llamados a la dignidad altísima de hijos de Dios, y juntamente en que, habiéndose señalado a todos un sólo mismo fin, todos han de ser juzgados por la misma ley para conseguir, según sus merecimientos, el castigo o la recompensa.
Sin embargo, la desigualdad de derecho y poder dimana del autor mismo de la naturaleza, de quien toda paternidad recibe su nombre en el cielo y en la tierra (Ep 3, 15). Ahora bien, de tal manera se enlazan entre sí por mutuos deberes y derechos, según la doctrina y preceptos católicos, las mentes de los príncipes y de los súbditos que por una parte se templa la ambición de mando, y por otra se hace fácil, firme y nobilísima la razón de la obediencia. (Denzinger-Hünermann 3130-3131. León XIII, Encíclica Quod Apostolici muneris, 28 de diciembre de 1878)

  • Los socialistas proclaman la igualdad total de los hombres, la Iglesia reconoce las desigualdades naturales

Más la sabiduría católica, apoyada en los preceptos de la ley divina y natural, ha provisto también prudentísimamente a la tranquilidad pública y doméstica por su sentir y doctrina acerca del derecho de propiedad y la repartición de los bienes que han sido adquiridos para lo necesario o útil a la vida. Porque mientras los socialistas acusan al derecho de propiedad como invención que repugna a la igualdad natural de los hombres y, procurando la comunidad de bienes, piensan que no debe sufrirse con paciencia la pobreza y que pueden impunemente violarse las posesiones y derechos de los ricos; la Iglesia, con más acierto y utilidad, reconoce la desigualdad entre los hombres —naturalmente desemejantes en fuerzas de cuerpo y de espíritu— aun en la posesión de los bienes, y manda que cada uno tenga, intacto e inviolado, el derecho de propiedad y dominio, que viene de la misma naturaleza. Porque sabe la Iglesia que el hurto y la rapiña de tal modo están prohibidos por Dios, autor y vengador de todo derecho, que no es lícito ni aun desear lo ajeno, y que los ladrones rapaces, no menos que los adúlteros e idólatras, están excluidos del reino de los cielos (1 Co 6, 9s). (Denzinger-Hünermann 3133. León XIII, Encíclica Quod Apostolici muneris, 28 de diciembre de 1878)

  • Nada más repugnante a la razón que una vida civil de rigurosa igualdad

Todos los hombres son, ciertamente, iguales: nadie duda de ello, si se consideran bien la comunidad igual de origen y naturaleza, el fin último cuya consecuencia se ha señalado a cada uno, y finalmente los derechos y deberes que de ellos nacen necesariamente. Mas como no pueden ser iguales las capacidades de los hombres, y distan mucho uno de otro por razón de las fuerzas corporales o del espíritu, y son tantas las diferencias de costumbres, voluntades y temperamentos, nada más repugnante a la razón que el pretender abarcarlo y confundirlo todo y llevar a las leyes de la vida civil tan rigurosa igualdad. Así como la perfecta constitución del cuerpo humano resulta de la juntura y composición de miembros diversos, que, diferentes en forma y funciones, atados y puestos en sus propios lugares, constituyen un organismo hermoso a la vista, vigoroso y apto para bien funcionar, así en la humana sociedad son casi infinitas las diferencias de los individuos que la forman; y si todos fueran iguales y cada uno se rigiera a su arbitrio, nada habría más deforme que semejante sociedad; mientras que si todos, en distinto grado de dignidad, oficios y aptitudes, armoniosamente conspiran al bien común, retrataran la imagen de una ciudad bien constituida y según pide la naturaleza. (León XIII. Encíclica Humanum genus, n. 11, 29 de abril de 1884)

  • En toda sociedad siempre hay ciudadanos superiores a los otros

Aunque todos los ciudadanos, sin excepción alguna, deban contribuir necesariamente a la totalidad del bien común, del cual deriva una parte no pequeña a los individuos, no todos, sin embargo, pueden aportar lo mismo ni en igual cantidad. Cualesquiera que sean las vicisitudes en las distintas formas de gobierno, siempre existirá en el estado de los ciudadanos aquella diferencia sin la cual no puede existir ni concebirse sociedad alguna. Es necesario en absoluto que haya quienes se dediquen a las funciones de gobierno, quienes legislen, quienes juzguen y, finalmente, quienes con su dictamen y autoridad administren los asuntos civiles y militares. Aportaciones de tales hombres que nadie dejará de ver que son principales y que ellos deben ser considerados como superiores en toda sociedad por el hecho de que contribuyen al bien común más de cerca y con más altas razones. (León XIII, Encíclica Rerum novarum, n. 25, 15 de mayo de 1891)

… juzga la interpretación del milagro de la multiplicación de los panes y peces que tiene Francisco

  • Los milagros comprueban que Jesús es Dios y por eso mueven la razón a creer en sus palabras

Jesucristo prueba, por la virtud de sus milagros, su divinidad y su misión divina; habla al pueblo para instruirle en las cosas del cielo y exige absolutamente que se preste entera fe a sus enseñanzas; lo exige bajo la sanción de recompensas o de penas eternas. […] Todo lo que ordena, lo ordena con la misma autoridad; en el asentimiento de espíritu que exige, no exceptúa nada, nada distingue. Aquellos, pues, que escuchaban a Jesús, si querían salvarse, tenían el deber no sólo de aceptar en general toda su doctrina, sino de asentir plenamente a cada una de las cosas que enseñaba. Negarse a creer, aunque sólo fuera en un punto, a Dios cuando habla es contrario a la razón. (León XIII. Encíclica Satis Cognitum, n. 13, 29 de junio de 1896)

  • Ilicitud de interpretar las Escrituras contra el sentido que les ha dado la Iglesia

El Concilio Vaticano abrazó la doctrina de los Padres, cuando renovando el decreto del Concilio Tridentino acerca de la interpretación de la palabra de Dios escrita, declaró que la mente de aquél es que en las materias de fe y costumbres que atañen a la edificación de la doctrina cristiana, ha de tenerse por verdadero sentido de la Sagrada Escritura aquel que mantuvo y sigue manteniendo la Santa Madre Iglesia, a quien toca juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras Santas; y que por tanto, a nadie es lícito interpretar la misma Sagrada Escritura contra este sentido ni tampoco contra el unánime consentimiento de los Padres. (Denzinger-Hünermann 3281. León XIII, Encíclica Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893)

  • La interpretación de la Escritura que se opone a la doctrina de la Iglesia es falsa

De donde aparece que ha de rechazarse por inepta y falsa aquella interpretación que o hace que los autores inspirados se contradigan de algún modo entre sí, o se opone a la doctrina de la Iglesia… (Denzinger-Hünermann 3283. León XIII, Encíclica Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893)

  • Pregoneros de novedades se arriman a las cisternas agrietadas

La Biblia es, pues, la principal y más asequible fuente de elocuencia sagrada. Pero quienes se constituyen en pregoneros de novedades, no alimentan el acervo de sus discursos de la fuente de agua viva, sino que insensatamente y equivocados se arriman a las cisternas agrietadas de la sabiduría humana; así, dando de lado a la doctrina inspirada por Dios, o a la de los Padres de la Iglesia y a la de los Concilios, todo se les vuelve airear los nombres y las ideas de escritores profanos y recientes, que todavía viven: estas ideas dan lugar con frecuencia a interpretaciones ambiguas o muy peligrosas. (León XIII citado por Pío X. Motu Proprio Sacrorum Antistitum, 1 de diciembre de 1910)

  • Los que no creen en los milagros narrados en la Escritura son impíos e insolentes

A sus ojos no han existido profecías, sino predicciones forjadas después de haber ocurrido los hechos, o presentimientos explicables por causas naturales; para ellos no existen milagros verdaderamente dignos de este nombre, manifestaciones de la omnipotencia divina, sino hechos asombrosos, en ningún modo superiores a las fuerzas de la naturaleza, o bien ilusiones y mitos; los evangelios y los escritos de los apóstoles han de ser atribuidos a otros autores. Presentan este cúmulo de errores, con los que creen poder anonadar a la sacrosanta verdad de los libros divinos, como veredictos inapelables de una nueva ciencia libre; pero que tienen ellos mismos por tan inciertos, que con frecuencia varían y se contradicen en unas mismas cosas. Y mientras juzgan y hablan de una manera tan impía respecto de Dios, de Cristo, del Evangelio y del resto de las Escrituras, no faltan entre ellos quienes quisieran ser considerados como teólogos, como cristianos y como evangélicos, y que bajo un nombre honrosísimo ocultan la temeridad de un espíritu insolente. (León XIII. Encíclica Providentissimus Deus, n. 21-22, 18 de noviembre de 1893)

… juzga la idea de Comunismo que tiene Francisco

  • Comunismo: mortal pestilencia que quiere derrumbar las leyes humanas y divinas

Nuestro apostólico cargo ya desde el principio de Nuestro pontificado Nos movió, Venerables Hermanos, a no dejar de indicaros, en las Cartas Encíclicas a vosotros dirigidas, la mortal pestilencia que serpentea por las más íntimas entrañas de la sociedad humana y la conduce al peligro extremo de ruina. […] Es fácil comprender, Venerables Hermanos, que Nos hablamos de aquella secta de hombres que, bajo diversos y casi bárbaros nombres de socialistas, comunistas o nihilistas, esparcidos por todo el orbe, y estrechamente coligados entre sí por inicua federación, ya no buscan su defensa en las tinieblas de sus ocultas reuniones, sino que, saliendo a pública luz, confiados y a cara descubierta, se empeñan en llevar a cabo el plan, que hace tiempo concibieron, de trastornar los fundamentos de toda sociedad civil. […] Nada dejan intacto e integro de lo que por las leyes humanas y divinas está sabiamente determinado para la seguridad y decoro de la vida. […] Deshonran la unión natural del hombre y de la mujer, que aún las naciones bárbaras respetan; y debilitan y hasta entregan a la liviandad este vínculo, con el cual se mantiene principalmente la sociedad doméstica. […] Atraídos, finalmente, por la codicia de los bienes terrenales, que es la raíz de todos los males, y que, apeteciéndola, muchos erraron en la fe (1 Tm 6, 10), impugnan el derecho de propiedad sancionado por la ley natural, y por un enorme atentado, dándose aire de atender a las necesidades y proveer a los deseos de todos los hombres, trabajan por arrebatar y hacer común cuanto se ha adquirido a título de legítima herencia, o con el trabajo del ingenio y de las manos, o con la sobriedad de la vida. (León XIII. Encíclica Quod apostolici muneris, 28 de diciembre de 1878)

  • Suprime el temor de Dios y el respeto por las leyes divinas provocando trastornos universales

Los perturbadores errores que hemos enumerado bastan por sí solos para provocar en los Estados temores muy serios. Porque, suprimido el temor de Dios y el respeto a las leyes divinas, despreciada la autoridad de los gobernantes, permitida y legitimada la fiebre de las revoluciones, desatadas hasta la licencia las pasiones populares, sin otro freno que la pena, forzosamente han de seguirse cambio y trastornos universales. Estos cambios y estos trastornos son los que buscan de propósito, sin recato alguno, muchas asociaciones comunistas y socialistas. (León XIII. Encíclica Humanum Genus, 20 de abril de 1884)

  • Los socialistas manipulan el Evangelio para engañar a los incautos

Los socialistas, abusando del mismo Evangelio para engañar más fácilmente a incautos, acostumbran a forzarlo adaptándolo a sus intenciones, con todo hay tan grande diferencia entre sus perversos dogmas y la purísima doctrina de Cristo, que no puede ser mayor. (León XIII, Inscrutabili Dei Consilio, 21 de abril de 1878)

… juzga la idea de normas de la Iglesia que tiene Francisco

  • Al abrazar la fe cristiana el hombre se constituye en súbdito de la Iglesia

Cuando, redimido el linaje humano, Jesucristo mandó a los apóstoles predicar el Evangelio a toda criatura, impuso también a todos los hombres la obligación de aprender y creer lo que les enseñaren; y al cumplimiento de este deber va estrechamente unida la salvación eterna. El que creyere y fuere bautizado será salvo; pero el que no creyere se condenará (Mc 16, 16). Pero al abrazar el hombre, como es deber suyo, la fe cristiana, por el mismo acto se constituye en súbdito de la Iglesia, como engendrado por ella, y se hace miembro de aquélla amplísima y Santísima sociedad, cuyo régimen, bajo su cabeza visible, Jesucristo, pertenece, por deber de oficio y con potestad suprema, al Romano Pontífice. (León XIII. Carta Encíclica Sapientiae christianae, 10 de enero de 1890)

  • Desconocen la naturaleza y el alcance de las leyes los que reprueban su cumplimiento

Desconocen seguramente la naturaleza y alcance de las leyes los que reprueban semejante constancia en el cumplimiento del deber, tachándola de sediciosa. Hablamos de cosas sabidas y nos mismos las hemos explicado ya otras veces. La ley no es otra cosa que el dictamen de la recta razón promulgado por la potestad legitima para el bien común. Pero no hay autoridad alguna verdadera y legítima si no proviene de Dios, soberano y supremo Señor de todos, a quien únicamente pertenece el dar poder al hombre sobre el hombre; ni se ha de juzgar recta la razón cuando se aparta de la verdad y la razón divina, ni verdadero bien el que repugna al bien sumo e inconmutable, o tuerce las voluntades humanas y las separa del amor de Dios. (León XIII. Carta Encíclica Sapientiae christianae, 10 de enero de 1890)

  • Es falsa civilización la que se choca con las leyes de la Iglesia

Esa civilización que choca de frente con las santas doctrinas y las leyes de la Iglesia, no es sino una falsa civilización, y debe considerársela como un nombre vano y vacío. (León XIII. Carta Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 4, 21 de abril de 1878)

… juzga la idea de que nuestros pecados nos aproximan de Jesucristo que tiene Francisco

  • Diferencia entre la verdad y el error

Es contrario a la razón que la verdad y el error tengan los mismos derechos. (León XIII. Encíclica Libertas Praestantissimum, 23)

… juzga la idea de que la Virgen María sería capaz de rebelarse contra Dios que tiene Francisco

  • Más poderosa que los hombres y los ángeles en virtud de su papel en la salvación de la humanidad

En efecto, la Virgen, exenta de la mancha original, escogida para ser la Madre de Dios y asociada por lo mismo a la obra de la salvación del género humano, goza cerca de su Hijo de un favor y poder tan grande, como nunca han podido ni podrán obtenerlo ni los hombres ni los Ángeles. (León XIII. Encyclica Supremi apostolatus, n. 2, 1 de septiembre de 1883)

  • Lo ofreció voluntariamente a la divina justicia

Cuando María se ofreció por completo a Dios junto con su Hijo en el Templo, ya estaba compartiendo con Él la dolorosa expiación a nombre del linaje humano… [al pie de la cruz] lo ofreció voluntariamente a la divina justicia, muriendo con Él en su Corazón, traspasada por la espada del dolor. (León XIII. Encíclica Jucunda semper, n. 6, 8 de septiembre de 1894)

… juzga la idea de que el clamor del pueblo expresa la voluntad de Dios que tiene Francisco

  • Cristo constituyó el Magisterio de la Iglesia para conservar los hombres en la verdad

El Hijo Unigénito del Eterno Padre, que apareció sobre la tierra para traer al humano linaje la salvación y la luz de la divina sabiduría hizo ciertamente un grande y admirable beneficio al mundo cuando, habiendo de subir nuevamente a los cielos, mandó a los apóstoles que “fuesen a enseñar a todas las gentes” (Mt 28, 19), y dejó a la Iglesia por él fundada por común y suprema maestra de los pueblos. Pues los hombres, a quien la verdad había libertado debían ser conservados por la verdad; ni hubieran durado por largo tiempo los frutos de las celestiales doctrinas, por los que adquirió el hombre la salud, si Cristo Nuestro Señor no hubiese constituido un Magisterio perenne para instruir los entendimientos en la fe. Pero la Iglesia, ora animada con las promesas de su divino autor, ora imitando su caridad, de tal suerte cumplió sus preceptos, que tuvo siempre por mira y fue su principal deseo enseñar la religión y luchar perpetuamente con los errores. (León XIII. Encíclica Aeterni Patris, 4 de agosto de 1879)

  • Compete a la Iglesia ordenar la sociedad humana

Él mismo [Cristo] curó, en efecto, las heridas que había causado a la naturaleza humana el pecado del primer padre; restituyó a todos los hombres, por naturaleza hijos de ira, a la amistad con Dios; trajo a la luz de la verdad a los fatigados por una larga vida de errores; renovó en toda virtud a los que se hallaban plagados de toda impureza, y dio a los recobrados para la herencia de la felicidad eterna la esperanza segura de que su propio cuerpo, mortal y caduco, había de participar algún día de la inmortalidad y de la gloria celestial. Y para que unos tan singulares beneficios permanecieran sobre la tierra mientras hubiera hombres, constituyó a la Iglesia en vicaria de su misión y le mandó, mirando al futuro, que, si algo padeciera perturbación en la sociedad humana, lo ordenara; que, si algo estuviere caído, que lo levantara. (León XIII. Encíclica Arcanum Divinae Sapientiae, n. 1, 10 de febrero de 1880)

  • Al evangelizar las naciones, la Iglesia restauró la originaria dignidad de la naturaleza humana

¿Quién es empero, el que se atreve ya a negar que es la Iglesia la que habiendo difundido el Evangelio entre las naciones, ha hecho brillar la luz de la verdad en medio de los pueblos salvajes, imbuidos de supersticiones vergonzosas, y la que les ha conducido al conocimiento del Divino Autor de todas las cosas y a reflexionar sobre sí mismos; la que habiendo hecho desaparecer la calamidad de la esclavitud, ha vuelto a los hombres a la originaria dignidad de su nobilísima naturaleza; la que, habiendo desplegado en todas partes el estandarte de la Redención, después de haber introducido y protegido las ciencias y las artes, y fundado, poniéndolos bajo su amparo, institutos de caridad destinados al alivio de todas las miserias, se ha cuidado de la cultura del género humano en la sociedad y en la familia, las ha sacado de su miseria, y las ha formado con esmero para un género de vida conforme a las dignidad y a los destinos de su naturaleza? Y si alguno de recta intención, compara esta misma época en que vivimos, tan hostil a la Religión y a la Iglesia de Jesucristo, con aquellos afortunadísimos tiempos en los que la Iglesia era respetada como madre, se quedará convencido de que esta época, llena de perturbación y ruinas, corre en derechura al precipicio; y que al contrario, los tiempos en que más han florecido las mejores instituciones, la tranquilidad y la riqueza y prosperidad públicas, han sido aquellos más sumisos al gobierno de la Iglesia, y en el que mejor se han observado sus leyes. (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei Consilio, n. 3, 21 de abril de 1878)

  • La sabiduría humana no tiene calor ni fuerza para mover las almas en lo tocante a la religión

Obran, pues, con torpeza e imprevisión los que hablan de la religión y anuncian los preceptos divinos sin invocar apenas otra autoridad que las de la ciencia y de la sabiduría humana, apoyándose más en sus propios argumentos que en los argumentos divinos. Su discurso, aunque brillante, será necesariamente lánguido y frío, como privado que está del fuego de la palabra de Dios (cf. Jer 23, 29), y está muy lejos de la virtud que posee el lenguaje divino: “Pues la palabra de Dios es viva y eficaz y más penetrante que una espada de dos filos y llega hasta la división del alma y del espíritu” (Heb 4, 12). (León XIII. Encíclica Providentissimus Deus, n. 6, 18 de noviembre de 1893)

  • El que calla ante los que oprimen a la verdad injuria a Dios y favorece a los malos

Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre sin carácter o de quien duda sea verdadero aquello que profesa. En ambos los casos ese modo de comportarse es vil e injurioso a Dios; uno y otro son igualmente incompatibles con a la salvación del género humano. Ese tipo de conducta aprovecha únicamente a los enemigos de la fe, porque nada encoraja tanto los malos cuanto la cobardía de los buenos. (León XIII. Encíclica Sapientiae Christianae, n.14, 10 de enero de 1890)

… juzga la idea de origen de los Salmos que tiene Francisco

  • Para interpretar los Salmos es necesaria la presencia del Espíritu Santo

“Vela con atención sobre ti y sobre la doctrina, insiste en estas cosas; pues obrando así, te salvarás a ti mismo y salvarás a tus oyentes” (1 Tim 4, 16). Y ciertamente, para la propia y ajena santificación, se encuentran preciosas ayudas en los libros santos, y abundan sobre todo en los Salmos; pero sólo para aquellos que presten a la divina palabra no solamente un espíritu dócil y atento, sino además una perfecta y piadosa disposición de la voluntad. Porque la condición de estos libros no es común, sino que, por haber sido dictados por el mismo Espíritu Santo, contienen verdades muy importantes, ocultas y difíciles de interpretar en muchos puntos; y por ello, para comprenderlos y explicarlos, tenemos siempre necesidad de la presencia de este mismo Espíritu, esto es, de su luz y de su gracia, que, como frecuentemente nos advierte la autoridad del divino salmista, deben ser imploradas por medio de la oración humilde y conservadas por la santidad de vida. (León XIII. Encíclica Providentissimus Deus, n. 9, 18 de noviembre de 1893)

… juzga la idea de que el Papa no debe juzgar que tiene Francisco

  • El Pastor Supremo tiene todo el poder de juzgar

Por ciertos indicios que se ha observado, no es difícil percibir que entre los católicos, quizás por el vicio del tiempo, hay aquellos que, no contentos de estar entre los súbditos, posición que les corresponde en la Iglesia, creen tener alguna parte en el gobierno de la misma; o al menos estiman que se les ha dado el permiso de examinar y de juzgar, a su manera, los actos de la autoridad. Esto sería, si prevaleciese, un gravísimo daño a la Iglesia de Dios, en la cual, por manifiesta voluntad de su divino Fundador, se distinguen de modo absoluto, dos partes, la discente y la docente, la grey y los pastores, y entre los Pastores uno hay que de todos es la Cabeza y el pastor Supremo. Sólo a los Pastores fue dado todo el poder de enseñar, de juzgar, de conducir, y a los fieles se les impuso el deber de seguir sus enseñanzas, de someterse dócilmente a su juicio, de dejarse gobernar, corregir y conducir a la salvación. (León XIII. Carta al Arzobispo de Paris, 17 de junio de 1885)

  • Pedro tiene el poder de mandar, defender y juzgar…

La Iglesia está establecida sobre el bienaventurado Pedro, como el edificio sobre los cimientos. Y pues la naturaleza y la virtud propia de los cimientos es dar cohesión al edificio por la conexión íntima de sus diferentes partes y servir de vínculo necesario para la seguridad y solidez de toda la obra, si el cimiento desaparece, todo el edificio se derrumba. El papel de Pedro es, pues, el de soportar a la Iglesia y mantener en ella la conexión y la solidez de una cohesión indisoluble. Pero ¿cómo podría desempeñar ese papel si no tuviera el poder de mandar, defender y juzgar; en una palabra: un poder de jurisdicción propio y verdadero? […] Si Dios ha confiado su Iglesia a Pedro, ha sido con el fin de que ese sostén invisible la conserve siempre en toda su integridad. La ha investido de la autoridad, porque para sostener real y eficazmente una sociedad humana, el derecho de mandar es indispensable a quien la sostiene. (León XIII. Encíclica Satis Cognitum, n. 26-27, 29 de junio de 1896)

  • …atar y desatar, establecer leyes y castigar

Lo que sigue tiene también el mismo sentido: “Todo lo que atares en la tierra será también atado en el cielo, y lo que desatares en la tierra será desatado en el cielo”. Esta expresión figurada: atar y desatar, designa el poder de establecer leyes y el de juzgar y castigar. Y Jesucristo afirma que ese poder tendrá tanta extensión y tal eficacia, que todos los decretos dados por Pedro serán ratificados por Dios. Este poder es, pues, soberano y de todo punto independiente, porque no hay sobre la tierra otro poder superior al suyo que abrace a toda la Iglesia y a todo lo que está confiado a la Iglesia. (León XIII. Encíclica Satis Cognitum, n. 29, 29 de junio de 1896)

  • La jurisdicción de los Pontífices abarca toda la sociedad cristiana

Quien posee las llaves del reino tiene, evidentemente, derecho y autoridad no sólo sobre las provincias aisladas, sino sobre todas a la vez; y del mismo modo que los obispos, cada uno en su territorio, mandan con autoridad verdadera, así a los Pontífices romanos, cuya jurisdicción abraza a toda la sociedad cristiana, tiene todas las porciones de esta sociedad, aun reunidas en conjunto, sometidas y obedientes a su poder. Jesucristo nuestro Señor, según hemos dicho repetidas veces, ha dado a Pedro y a sus sucesores el cargo de ser sus Vicarios, para ejercer perpetuamente en la Iglesia el mismo poder que El ejerció durante su vida mortal. Después de esto, ¿se dirá que el colegio de los apóstoles excedía en autoridad a su Maestro? Este poder de que hablamos sobre el colegio mismo de los obispos, poder que las Sagradas Letras denuncian tan abiertamente, no ha cesado la Iglesia de reconocerlo y atestiguarlo. He aquí lo que acerca de este punto declaran los concilios: “Leemos que el Pontífice romano ha juzgado a los prelados de todas las Iglesias; pero no leemos que él haya sido juzgado por ninguno de ellos”. Y la razón de este hecho está indicada con sólo decir que “no hay autoridad superior a la autoridad de la Sede Apostólica.” (León XIII. Encíclica Satis Cognitum, n. 41-42, 29 de junio de 1896)

… juzga el hecho de pedir la bendición a herejes y cismáticos

  • Las ordenaciones anglicanas son absolutamente inválidas y totalmente nulas

Así, pues, asintiendo de todo punto a todos los decretos de los Pontífices predecesores nuestros sobre esta misma materia, confirmándolos plenísimamente y como renovándolos por nuestra autoridad, por propia iniciativa y a ciencia cierta, pronunciamos y declaramos que las ordenaciones hechas en rito anglicano han sido y son absolutamente inválidas y totalmente nulas. (Denzinger-Hünermann 3319. León XIII, Carta “Apostolicae curae et caritatis”, 13 de septiembre de 1896)

… juzga la idea de armonía entre bien y mal que tiene Francisco

  • La unión sólo es posible en la unidad de fe

Unión, que la entendemos perfecta y total, pues no sería tal toda otra que consigo trajera tan solo una cierta comunidad de dogmas y una correspondencia en el amor fraternal. La verdadera unión entre los cristianos es la que quiso e instituyo Jesucristo mismo, fundador de su Iglesia; esto es, la constituida por la unidad de la fe y la unidad del régimen. (León XIII. Carta encíclica Praeclara gratulationis, n. 8, 20 de junio de 1894)

  • La única doctrina de la Iglesia no necesita adecuarse al espíritu de la época

El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas ideas es que, con el fin de atraer mas fácilmente a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe adecuar sus enseñanzas mas conforme con el espíritu de la época, aflojar algo de su antigua severidad y hacer algunas concesiones a opiniones nuevas. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no solo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas pertenecientes al “deposito de la fe”. […] No se necesitan muchas palabras, querido hijo, para probar la falsedad de estas ideas si se trae a la mente la naturaleza y el origen de la doctrina que la Iglesia propone. […] Lejos de la mente de alguno el disminuir o suprimir, por cualquier razón, alguna doctrina que haya sido transmitida. Tal política tendería a separar a los católicos de la Iglesia en vez de atraer a los que disienten. […] La historia prueba claramente que la Sede Apostólica, a la cual ha sido confiada la misión no solo de enseñar, sino también de gobernar toda la Iglesia, se ha mantenido “en una misma doctrina, en un mismo sentido y en una misma sentencia” (Constitutio de Fide Catholica, cap. IV). (León XIII. Carta Testem benevolentiae, 22 de enero de 1899)

… juzga la idea de “cultura del encuentro” que tiene Francisco

  • La sociedad humana se beneficia de la misión de la Iglesia

Y para que unos tan singulares beneficios [los de la Redención] permanecieran sobre la tierra mientras hubiera hombres, [Cristo] constituyó a la Iglesia en vicaria de su misión y le mandó, mirando al futuro, que, si algo padeciera perturbación en la sociedad humana, lo ordenara; que, si algo estuviere caído, que lo levantara. Mas, aunque esta divina restauración de que hemos hablado toca de una manera principal y directa a los hombres constituidos en el orden sobrenatural de la gracia, sus preciosos y saludables frutos han trascendido, de todos modos, al orden natural ampliamente. (León XII. Encíclica Arcanum divinae sapientiae, n. 1-2, 10 de febrero de 1880) 

  • La virtud divina de la religión engendró el orden de los Estados

Estos grandes peligros públicos, que están a la vista, nos causan una grave preocupación al ver en peligro casi a todas horas la seguridad de los príncipes, la tranquilidad de los Estados y la salvación de los pueblos. Y, sin embargo, la virtud divina de la religión cristiana engendró los egregios fundamentos de la estabilidad y el orden de los Estados desde el momento en que penetró en las costumbres e instituciones de las ciudades. No es el más pequeño y último fruto de esta virtud el justo y sabio equilibrio de derechos y deberes entre los príncipes y los pueblos. Porque los preceptos y ejemplos de Cristo Señor nuestro poseen una fuerza admirable para contener en su deber tanto a 1os que obedecen como a los que mandan. (León XIII. Encíclica Diuturnum illud, n. 2, 29 de junio de 1881) 

  • Para gobernar el Estado no existe sistema superior al del Evangelio

Dondequiera que la Iglesia ha penetrado, ha hecho cambiar al punto el estado de las cosas. Ha informado las costumbres con virtudes desconocidas hasta entonces y ha implantado en la sociedad civil una nueva civilización. Los pueblos que recibieron esta civilización superaron a los demás por su equilibrio, por su equidad y por las glorias de su historia. No obstante, una muy antigua y repetida acusación calumniosa afirma que la Iglesia es enemiga del Estado y que es nula su capacidad para promover el bienestar y la gloria que lícita y naturalmente apetece toda sociedad bien constituida. Desde el principio de la Iglesia los cristianos fueron perseguidos con calumnias muy parecidas. Blanco del odio y de la malevolencia, los cristianos eran considerados como enemigos del Imperio. […] La atrocidad de esta calumnia armó y aguzó, no sin motivo, la pluma de San Agustín. En varias de sus obras, especialmente en La ciudad de Dios, demostró con tanta claridad la eficacia de la filosofía cristiana en sus relaciones con el Estado, que no sólo realizó una cabal apología de la cristiandad de su tiempo, sino que obtuvo también un triunfo definitivo sobre las acusaciones falsas. No descansó, sin embargo, la fiebre funesta de estas quejas y falsas recriminaciones. Son muchos los que se han empeñado en buscar la norma constitucional de la vida política al margen de las doctrinas aprobadas por la Iglesia católica. Últimamente, el llamado derecho nuevo, presentado como adquisición de los tiempos modernos y producto de una libertad progresiva, ha comenzado a prevalecer por todas partes. Pero, a pesar de los muchos intentos realizados, la realidad es que no se ha encontrado para constituir y gobernar el Estado un sistema superior al que brota espontáneamente de la doctrina del Evangelio. (León XIII. Carta Encíclica Immortale Dei, n. 1, 1 de noviembre de 1885)

  • Cuando las leyes de la Iglesia son observadas hay prosperidad y armonía

¿Quién es empero, el que se atreve ya a negar que es la Iglesia la que habiendo difundido el Evangelio entre las naciones, ha hecho brillar la luz de la verdad en medio de los pueblos salvajes, imbuidos de supersticiones vergonzosas, y la que les ha conducido al conocimiento del Divino Autor de todas las cosas y a reflexionar sobre sí mismos; la que habiendo hecho desaparecer la calamidad de la esclavitud, ha vuelto a los hombres a la originaria dignidad de su nobilísima naturaleza; la que, habiendo desplegado en todas partes el estandarte de la Redención, después de haber introducido y protegido las ciencias y las artes, y fundado, poniéndolos bajo su amparo, institutos de caridad destinados al alivio de todas las miserias, se ha cuidado de la cultura del género humano en la sociedad y en la familia, las ha sacado de su miseria, y las ha formado con esmero para un género de vida conforme a las dignidad y a los destinos de su naturaleza? Y si alguno de recta intención, compara esta misma época en que vivimos, tan hostil a la Religión y a la Iglesia de Jesucristo, con aquellos afortunadísimos tiempos en los que la Iglesia era respetada como madre, se quedara convencido de que esta época, llena de perturbación y ruinas, corre en derechura al precipicio; y que al contrario, los tiempos en que más han florecido las mejores instituciones, la tranquilidad y la riqueza y prosperidad públicas, han sido aquellos más sumisos al gobierno de la Iglesia, y en el que mejor se han observado sus leyes. (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 3, 21 de abril de 1878) 

  • Evitar trato con los que esconden bajo la máscara de la tolerancia religiosa

Todos deben evitar la familiaridad o amistad con cualquiera que sea sospechoso de pertenecer a la masonería o a grupos afiliados. Conocedlos por sus frutos y evitadlos. Debe evitarse toda familiaridad, no sólo con aquellos impíos libertinos que promueven abiertamente el carácter de la secta, sino también con aquellos que se esconden bajo la máscara de la tolerancia universal, el respeto a todas las religiones, e el deseo de conciliar las máximas del evangelio con las de la revolución. Estos hombres buscan la reconciliación de Cristo y Belial, la Iglesia de Dios y el estado sin Dios. (León XIII. Encíclica Custodi di Quella Fede, n. 15, 8 de diciembre de 1892) 

… juzga la idea de males de nuestro tiempo que tiene Francisco

  • Los males vienen del desprecio a la Iglesia y su autoridad

Nos, empero, estamos persuadidos de que estos males tienen su causa principal en el desprecio y olvido de aquélla santa y augustísima autoridad de la Iglesia, que preside al género humano en nombre de Dios, y que es la garantía y apoyo de toda autoridad legítima. (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 2, 21 de abril de 1878)

… juzga la idea de Primera Comunión que tiene Francisco

  • Los miembros separados del Cuerpo Místico no pueden estar unidos a la cabeza

Los miembros separados y dispersos no pueden unirse a una sola y misma cabeza para formar un solo cuerpo. Pues San Pablo dice: «Todos los miembros del cuerpo, aunque numerosos, no son sino un solo cuerpo: así es Cristo». Y es por esto por lo que nos dice también que este cuerpo está unido y ligado. «Cristo es el jefe, en virtud del que todo el cuerpo, unido y ligado por todas sus coyunturas que se prestan mutuo auxilio por medio de operaciones proporcionadas a cada miembro, recibe su acrecentamiento para ser edificado en la caridad». Así, pues, si algunos miembros están separados y alejados de los otros miembros, no podrán pertenecer a la misma cabeza como el resto del cuerpo. (Encíclica Satis cognitum, n. 9, 26 de junio de 1896) 

  • La Iglesia expulsa de su seno a los que no piensan como ella

Cuidadosa de su deber, la Iglesia nada ha deseado con tanto ardor ni procurado con tanto esfuerzo cómo conservar del modo más perfecto la integridad de la fe. Por esto ha mirado como a rebeldes declarados y ha lanzado de su seno a todos los que no piensan como ella sobre cualquier punto de su doctrina. (Encíclica Satis cognitum, n. 17, 26 de junio de 1896)

… juzga la idea de claridad y seguridad doctrinal que tiene Francisco

  • Elogio a la doctrina de Santo Tomás de Aquino: claridad y firmeza de principios

Ahora bien: entre los Doctores escolásticos brilla grandemente Santo Tomás de Aquino, Príncipe y Maestro de todos[…] de tal modo, que no se echan de menos en él, ni la abundancia de cuestiones, ni la oportuna disposición de las partes, ni la firmeza de los principios o la robustez de los argumentos, ni la claridad y propiedad del lenguaje, ni cierta facilidad de explicar las cosas abstrusas. (León XIII, Encíclica Aeterni Patris, 4 de Agosto de 1879)

… juzga la idea de paternidad responsable que tiene Francisco

  • Es noble misión de la familia engendrar la prole de la Iglesia

El matrimonio es “sacramento grande y entre todos honorable” (Heb 13, 4), piadoso, casto, venerable, por ser imagen y representación de cosas altísimas. Y no se limita sólo a lo que acabamos de recordar su excelencia y perfección cristiana. Pues, en primer lugar, se asignó a la sociedad conyugal una finalidad más noble y más excelsa que antes, porque se determinó que era misión suya no sólo la propagación del género humano, sino también la de engendrar la prole de la Iglesia, conciudadanos de los santos y domésticos de Dios, esto es, la procreación y educación del pueblo para el culto y religión del verdadero Dios y de Cristo nuestro Salvador. (León XIII. Encíclica Arcanum Divinae Sapientiae, n. 7-8, 10 de febrero de 1880)

… juzga la idea de Iglesia-minoría que tiene Francisco

  • La Iglesia debe llevar la salvación a todos los hombres, sin excepción

¿Qué ha buscado, qué ha querido Jesucristo nuestro Señor en el establecimiento y conservación de la Iglesia? Una sola cosa: transmitir a la Iglesia la continuación de la misma misión del mismo mandato que El recibió de su Padre. Esto es lo que había decretado hacer y esto es lo que realmente hizo: “Como mi Padre me envió, os envío a vosotros” (Jn 20, 21). “Como tú me enviaste al mundo, los he enviado también al mundo” (Jn 17, 18). En la misión de Cristo entraba rescatar de la muerte y salvar “lo que había perecido”; esto es, no solamente algunas naciones o algunas ciudades, sino la universalidad del género humano, sin ninguna excepción en el espacio ni en el tiempo. “El Hijo del hombre ha venido… para que el mundo sea salvado por El” (Jn 3, 17). “Pues ningún otro nombre ha sido dado a los hombres por el que podamos ser salvados” (Hch 4, 12). La misión, pues, de la Iglesia es repartir entre los hombres y extender a todas las edades la salvación operada por Jesucristo y todos los beneficios que de ella se siguen. (León XIIII. Carta encíclica Satis cognitum, n. 7, 29 de junio de 1896) 

  • Que todas las regiones del mundo sean dominadas por el nombre de Jesús

Movidos por la caridad que acude con mayor premura allá donde mayor es la necesidad,Nuestro espíritu vuela primero hacia los pueblos más desgraciados de todos, esto es, a los que o nunca recibieron la luz del Evangelio o, si la recibieron, llegaron a perderla, ya por la propia inercia, ya por las vicisitudes de los tiempos, de suerte que ignoran plenamente a Dios. Y porque toda salvación viene de Cristo Jesús, pues no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el que debamos ser salvos (Ac 4,12). Nuestro máximo deseo es que todas las regiones del mundo puedan muy pronto ser penetradas y dominadas por el sacro nombre de Jesús. Y en ello nunca la Iglesia dejo de cumplir su deber. (León XIII. Encíclica Praeclara gratulationis, n. 3, 20 de junio de 1894)

  • Callar la fe es cobardía e injuria a Dios

Es de advertir que en este orden de cosas que pertenecen a la fe cristiana hay deberes cuya exacta y fiel observancia, si siempre fue necesaria para la salvación, lo es incomparablemente más en estos tiempos. Porque en tan grande y universal extravió de opiniones, deber es de la Iglesia tomar el patrocinio de la verdad y extirpar de los ánimos el error; deber que esta obligada a cumplir siempre e inviolablemente, porque a su tutela ha sido confiado el honor de Dios y la salvación de las almas. Pero cuando la necesidad apremia, no solo deben guardar incólume la fe los que mandan, sino que cada uno esté obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles (Ga 2,20). Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde, o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro,contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. (León XIII. Encíclica Sapientiae christianae, n. 12, 10 de enero de 1890) 

  • Cristo llamó todos los hombres a seguirlo

Jesucristo llamó a todos los hombres sin excepción, a los que existían en su tiempo y a los que debían de existir en adelante, para que le siguiesen como a Jefe y Salvador, y no aislada e individualmente, sino todos en conjunto, unidos en una asociación de personas, de corazones, para que de esta multitud resultase un solo pueblo, legítimamente constituido en sociedad; un pueblo verdaderamente uno por la comunidad de fe, de fin y de medios apropiados a éste; un pueblo sometido a un solo y mismo poder. (León XIII. Carta encíclica Satis cognitum, n. 23, 29 de junio de 1896) 

… juzga la idea de educación de la juventud que tiene Francisco

  • La educación de la juventud debe empezar desde los más tiernos años

La buena educación de la juventud, para que sirva de amparo a la fe, a la Religión, y a la integridad de las costumbres, debe empezar desde los más tiernos años en el seno de la familia. (León XIII. Inescrutabili Dei consilio, n. 10, 21 de abril de 1878) 

  • Es un error excluir la Iglesia de la educación de la juventud

Error grande y de muy graves consecuencias es excluir a la Iglesia, obra del mismo Dios, de la vida social, de la legislación, de la educación de la juventud y de la familia. Sin religión es imposible un Estado bien ordenado. (León XIII. Immortale Dei, n. 15, 1 de noviembre de 1885)

  • La religión debe dar forma y dirección a todas las ramas del saber

Es necesario no sólo que durante ciertas horas se enseñe a los jóvenes la religión, sino que es indispensable, además, que toda la formación restante exhale la fragancia de la piedad cristiana. Si esto falta, si este aliento sagrado no penetra y enfervoriza las almas de los maestros y de los discípulos, resultarán bien escasos los frutos de esta enseñanza, y frecuentemente se seguirán no leves daños. […] El conocimiento de muchos temas siempre debe ir de la mano con el cuidado del espíritu. La religión debe dar forma y dirección a todas las ramas del saber. (León XIII. Militantis Ecclesiae, n. 18, 1 de agosto de 1897)

  • Necesidad de formar en el temor de Dios

Si los jóvenes no son acostumbrados al temor de Dios, no soportarán norma alguna de vida virtuosa y, habituados a no negar nada a sus deseos, fácilmente se dejarán arrastrar por los movimientos perturbadores del Estado. (León XIII. Nobilissima Gallorum gens, 8 de febrero de 1884)

… juzga la idea de amor fraterno que tiene Francisco

  • Hay que defender la sal para que no se pierda todo sabor

Sin duda, la sal debe estar mezclada con la masa para preservarla de la corrupción, pero debe a su vez guardarse a sí misma contra la masa, so pena de perder el sabor y perder toda utilidad salvo la de ser lanzada fuera y pisoteada (Mt 5, 13). (León XIII. Encíclica Depuis le jour, n. 38, 8 de septiembre de 1899) 

… juzga la idea de laicidad del Estado que tiene Francisco

  • La justicia y la razón prohíben el indeferentismo del Estado en materia religiosa

Es necesario que el Estado, por el mero hecho de ser sociedad, reconozca a Dios como Padre y autor y reverencie y adore su poder y su dominio. La justicia y la razón prohíben, por tanto, el ateísmo del Estado, o, lo que equivaldría al ateísmo, el indiferentismo del Estado en materia religiosa, y la igualdad jurídica indiscriminada de todas las religiones. Siendo, pues, necesaria en el Estado la profesión pública de una religión, el Estado debe profesar la única religión verdadera, la cual es reconocible con facilidad, singularmente en los pueblos católicos, puesto que en ella aparecen como grabados los caracteres distintivos de la verdad. Esta es la religión que deben conservar y proteger los gobernantes, si quieren atender con prudente utilidad, como es su obligación, a la comunidad política. Porque el poder político ha sido constituido para utilidad de los gobernados. Y aunque el fin próximo de su actuación es proporcionar a los ciudadanos la prosperidad de esta vida terrena, sin embargo, no debe disminuir, sino aumentar, al ciudadano las facilidades para conseguir el sumo y último bien, en que está la sempiterna bienaventuranza del hombre, y al cual no puede éste llegar si se descuida la religión. (León XIII. Encíclica Libertas Præstantíssimum, n.16, en 20 de junio de 1888)

  • Los Estados no pueden obrar, sin incurrir en pecado, como si Dios no existiera

Constituido sobre estos principios, es evidente que el Estado tiene el deber de cumplir por medio del culto público las numerosas e importantes obligaciones que lo unen con Dios. La razón natural, que manda a cada hombre dar culto a Dios piadosa y santamente, porque de Él dependemos, y porque, habiendo salido de Él, a Él hemos de volver, impone la misma obligación a la sociedad civil. Los hombres no están menos sujetos al poder de Dios cuando viven unidos en sociedad que cuando viven aislados. La sociedad, por su parte, no está menos obligada que los particulares a dar gracias a Dios, a quien debe su existencia, su conservación y la innumerable abundancia de sus bienes. Por esta razón, así como no es lícito a nadie descuidar los propios deberes para con Dios […] de la misma manera los Estados no pueden obrar, sin incurrir en pecado, como si Dios no existiese, ni rechazar la religión como cosa extraña o inútil, ni pueden, por último, elegir indiferentemente una religión entre tantas. Todo lo contrario. El Estado tiene la estricta obligación de admitir el culto divino en la forma con que el mismo Dios ha querido que se le venere. Es, por tanto, obligación grave de las autoridades honrar el santo nombre de Dios. (León XIII. Carta Encíclica Immortale Dei, n. 4. Sobre la constitución cristiana del Estado, en 1 de noviembre de 1885) 

  • Cuando el Estado se vuelve contra la Iglesia, la virtud es puesta a prueba

Si queremos juzgar rectamente, el amor sobrenatural por la Iglesia y el amor natural por la patria, son dos amores que proceden de la misma fuente sempiterna, puesto que de los dos es causa y autor el mismo Dios; de donde se sigue que no debe haber contradicción entre uno y otro. Ciertamente, una y otra cosa podemos y debemos: amarnos a nosotros mismos; desear el bien de nuestros prójimos; amar el Estado y el poder que lo gobierna, y al mismo tiempo debemos venerar a la Iglesia como nuestra madre, y con todo el amor posible extenderlo a Dios. Y, sin embargo, o por lo desdichado de los tiempos o por la voluntad menos recta de los hombres, alguna vez este orden de preceptos se pervierte. Porque se ofrecen circunstancias en las cuales parece que el Estado exige de los ciudadanos una manera de obrar, y otra contraria la religión cristiana; por el hecho de que la autoridad del Estado no tiene en cuenta para nada la autoridad sagrada de la Iglesia, o pretender que ésta le sea subordinada. De aquí nace la lucha, y es puesta a prueba la virtud en el combate. Mandan los dos poderes, pero, si mandan cosas contrarias, no se puede obedecer a los dos: “Nadie puede servir al mismo tiempo a dos señores” (Mt 6, 24); y así es menester faltar a uno, si se ha de cumplir lo que el otro ordena. Nadie puede dudar acerca de cuál debe tener la preferencia. Es impiedad abandonar el servicio de Dios para agradar a los hombres; es ilícito transgredir las leyes de Jesucristo por obedecer la autoridad del Estado, o violar los derechos de la Iglesia so pretexto de observar un derecho civil: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 5, 29). Lo que Pedro y los demás apóstoles respondían a la autoridad que les imponía cosas ilícitas es lo que se debe repetir sin vacilar en circunstancias similares. (León XIII. Carta Encíclica Sapientiae Christianae, en 10 de enero de 1890) 

  • Conservada la doctrina entre los príncipes, la acción de las sectas no tendría efecto

Pero para suma desventura, aquellos a quien se ha encomendado el cuidado del bien común, rodeados de los artificios de hombres pérfidos, y atemorizados por sus amenaza, hayan mirado siempre a la Iglesia con desconfianza, y aún torcido, no comprendiendo quelos esfuerzos de las sectas serian vanos si la doctrina de la Iglesia católica y la autoridad de los Romanos Pontífices hubiese permanecido siempre en el debido honor, tanto entre los príncipes como entre los pueblos. (León XIII, Carta Encíclica Quod apostolici muneris, en 28 de diciembre de 1878)

  • La sociedad humana se benefició de la restauración de todo en Cristo

Y para que unos tan singulares beneficios [los de la redención] permanecieran sobre la tierra mientras hubiera hombres, [Cristo] constituyó a la Iglesia en vicaria de su misión y le mandó, mirando al futuro, que, si algo padeciera perturbación en la sociedad humana, lo ordenara; que, si algo estuviere caído, que lo levantara. Mas, aunque esta divina restauración de que hemos hablado toca de una manera principal y directa a los hombres constituidos en el orden sobrenatural de la gracia, sus preciosos y saludables frutos han trascendido, de todos modos, al orden natural ampliamente. (León XIII. Carta Encíclica Arcanum divinae sapientiae, n. 1-2. Sobre la familia, en 10 de febrero de 1880)

  • La virtud divina de la religión engendró el orden de los Estados

Estos grandes peligros públicos, que están a la vista, nos causan una grave preocupación al ver en peligro casi a todas horas la seguridad de los príncipes, la tranquilidad de los Estados y la salvación de los pueblos. Y, sin embargo, la virtud divina de la religión cristiana engendró los egregios fundamentos de la estabilidad y el orden de los Estados desde el momento en que penetró en las costumbres e instituciones de las ciudades. No es el más pequeño y último fruto de esta virtud el justo y sabio equilibrio de derechos y deberes entre los príncipes y los pueblos. Porque los preceptos y ejemplos de Cristo Señor nuestroposeen una fuerza admirable para contener en su deber tanto a 1os que obedecen como a los que mandan. (León XIII. Carta Encíclica Diuturnum illud, n. 2. Sobre la autoridad política, en 29 de junio de 1881)

  • No se ha encontrado un sistema superior para gobernar el Estado

Dondequiera que la Iglesia ha penetrado, ha hecho cambiar al punto el estado de las cosas. Ha informado las costumbres con virtudes desconocidas hasta entonces y ha implantado en la sociedad civil una nueva civilización. Los pueblos que recibieron esta civilización superaron a los demás por su equilibrio, por su equidad y por las glorias de su historia.No obstante, una muy antigua y repetida acusación calumniosa afirma que la Iglesia es enemiga del Estado y que es nula su capacidad para promover el bienestar y la gloria que lícita y naturalmente apetece toda sociedad bien constituida. Desde el principio de la Iglesia los cristianos fueron perseguidos con calumnias muy parecidas. Blanco del odio y de la malevolencia, los cristianos eran considerados como enemigos del Imperio. […] La atrocidad de esta calumnia armó y aguzó, no sin motivo, la pluma de San Agustín. En varias de sus obras, especialmente en La ciudad de Dios, demostró con tanta claridad la eficacia de la filosofía cristiana en sus relaciones con el Estado, que no sólo realizó una cabal apología de la cristiandad de su tiempo, sino que obtuvo también un triunfo definitivo sobre las acusaciones falsas. No descansó, sin embargo, la fiebre funesta de estas quejas y falsas recriminaciones. Son muchos los que se han empeñado en buscar la norma constitucional de la vida política al margen de las doctrinas aprobadas por la Iglesia católica. Últimamente, el llamado derecho nuevo, presentado como adquisición de los tiempos modernos y producto de una libertad progresiva, ha comenzado a prevalecer por todas partes. Pero, a pesar de los muchos intentos realizados, la realidad es que no se ha encontrado para constituir y gobernar el Estado un sistema superior al que brotaespontáneamente de la doctrina del Evangelio. (León XIII. Carta Encíclica Immortale Dei, n.1. Sobre la constitución cristiana del Estado, en 1 de noviembre de 1885)

  • Los que buscan una vida más confortable no tienen la benevolencia de la Iglesia

Con grande gozo llevó la cruz el que nos prescribió la abnegación de nosotros mismos. Y en esta disposición del alma de que hablamos consiste precisamente la dignidad de la naturaleza humana. Pues los mismos sabios de la antigüedad bien han reconocido que el dominarse a sí mismos y hacer que la parte inferior del alma se sujete a la superior, no indica debilidad o abatimiento de la voluntad, sino antes bien cierta generosa virtud,en gran manera conveniente a la razón, y que es, a la vez, digna del hombre. […] Y por esto queremos recordar que los que se forjan en su mente una ley y manera de sentir y obrar más ancha y muelle en la vida cristiana, de preceptos más suaves y conformes con su floja inclinación y más benignos con la humana naturaleza, no han de ser jamás tolerados ni oídos con benevolencia. (León XIII. Encíclica Tametsi Futura, n. 11 y 22, 1 de noviembre de 1900)

… juzga la idea de Papa que tiene Francisco

  • El papel de Pedro, jefe supremo al que todos deben sumisión y obediencia

Y pues es imposible imaginar una sociedad humana verdadera y perfecta que no esté gobernada por un poder soberano cualquiera, Jesucristo debe haber puesto a la cabeza de la Iglesia un jefe supremo, a quien toda la multitud de los cristianos fuese sometida y obediente. […] Seguramente Cristo es el Rey eterno, y eternamente, desde lo alto del cielo, continúa dirigiendo y protegiendo invisiblemente su reino; pero como ha querido que este reino fuera visible, ha debido designar a alguien que ocupe su lugar en la tierra después que él mismo subió a los cielos. […] Es evidente que, por voluntad y orden de Dios, la Iglesia está establecida sobre el bienaventurado Pedro, como el edificio sobre los cimientos. Y pues la naturaleza y la virtud propia de los cimientos es dar cohesión al edificio por la conexión íntima de sus diferentes partes y servir de vínculo necesario para la seguridad y solidez de toda la obra, si el cimiento desaparece, todo el edificio se derrumba. El papel de Pedro es, pues, el de soportar a la Iglesia y mantener en ella la conexión y la solidez de una cohesión indisoluble. Pero ¿cómo podría desempeñar ese papel si no tuviera el poder de mandar, defender y juzgar; en una palabra: un poder de jurisdicción propio y verdadero? (León XIII. Encíclica Satis Cognitum, n. 24-25, 29 de junio del 1896)

… juzga la idea de obediencia religiosa que tiene Francisco

  • Obedecer a los gobernantes como a Dios mismo

Los gobernados deberán obedecer a los gobernantes como a Dios mismo, no por el temor del castigo, sino por el respeto a la majestad, no con un sentimiento de servidumbre, sino como deber de conciencia. (León XIII. Carta Encíclica Diuturnum Illud, n. 9, de 29 de junio de 1881) 

  • El olvido de la autoridad de la Iglesia, principal causa de los males actuales

Nos, empero, estamos persuadidos de que estos males [los actuales] tienen su causa principal en el desprecio y olvido de aquélla santa y augustísima autoridad de la Iglesia, que preside al género humano en nombre de Dios, y que es la garantía y apoyo de toda autoridad legítima. (León XIII. Magisterio del Papa León XIII: Incrutabili Dei Consilio sobre los problemas que atañen a la Iglesia y a la fe, n. 2, de 21 de abril de 1878) 

  • Las consecuencias del desprecio al poder legítimo

En manera alguna, pues, puede considerarse como un progreso de la vida civil, aquel que desprecia osadamente todo poder legitimo. […] Es consecuencia absolutamente lógica,que, corrompidas las inteligencias y los corazones, por su propio peso precipiten a los pueblos en un piélago de desgracias, debiliten el buen orden de cosas, y de esa manera hagan venir tarde o temprano la pérdida de la tranquilidad pública y la ruina del Estado. (León XIII. Magisterio del Papa León XIII: Incrutabili Dei Consilio sobre los problemas que atañen a la Iglesia y a la fe, n. 4, de 21 de abril de 1878) 

… juzga la idea de que la Iglesia no debe ser un punto de referencia que tiene Francisco

  • La Iglesia manifiesta a Jesucristo en todos sus actos

La Iglesia es con frecuencia llamada en las sagradas letras un cuerpo, y también el cuerpo de Cristo. “Sois el cuerpo de Cristo” (1 Cor 12, 27). Porque la Iglesia es un cuerpo visible a los ojos; porque es el cuerpo de Cristo, es un cuerpo vivo, activo, lleno de savia, sostenido y animado como está por Jesucristo, que lo penetra con su virtud, como, aproximadamente, el tronco de la viña alimenta y hace fértiles a las ramas que le están unidas. En los seres animados, el principio vital es invisible y oculto en lo más profundo del ser, pero se denuncia y manifiesta por el movimiento y la acción de los miembros; así, el principio de vida sobrenatural que anima a la Iglesia se manifiesta a todos los ojos por los actos que produce. De aquí se sigue que están en un pernicioso error los que, haciéndose una Iglesia a medida de sus deseos, […] la miran como una institución humana, provista de una organización, de una disciplina y ritos exteriores, pero sin ninguna comunicación permanente de los dones de la gracia divina, sin nada que demuestre por una manifestación diaria y evidente la vida sobrenatural que recibe de Dios. (León XIII. Carta encíclica Satis cognitum, n. 4, 29 de junio de 1896)

  • Para conservar la unidad de la fe es necesario lanzar fuera los rebeldes

Cuidadosa de su deber, la Iglesia nada ha deseado con tanto ardor ni procurado con tanto esfuerzo cómo conservar del modo más perfecto la integridad de la fe. Por esto ha mirado como a rebeldes declarados y ha lanzado de su seno a todos los que no piensan como ella sobre cualquier punto de su doctrina. […] Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica y fuera de la Iglesia a cualquiera que se separe en lo más mínimo de la doctrina enseñada por el magisterio auténtico. […] Este medio, instituido por Dios para conservar la unidad de la fe, de que Nos hablamos, está expuesto con insistencia por San Pablo en su epístola a los de Éfeso, al exhortarles, en primer término, a conservar la armonía de los corazones. “Aplicaos a conservar la unidad del espíritu por el vínculo de la paz”; y como los corazones no pueden estar plenamente unidos por la caridad si los espíritus no están conformes en la fe, quiere que no haya entre todos ellos más que una misma fe. “Un solo Señor y una sola fe”. (León XIII. Carta encíclica Satis cognitum, n. 17-18, 38 de junio de 1896)

  • Las divisiones surgen de la desobediencia al Pontífice

De aquí también esta sentencia del mismo San Cipriano, según la que la herejía y el cisma se producen y nacen del hecho de negar al poder supremo la obediencia que le es debida: “La única fuente de donde han surgido las herejías y de donde han nacido los cismas es que no se obedece al Pontífice de Dios ni se quiere reconocer en la Iglesia un solo Pontífice y un solo juez, que ocupa el lugar de Cristo”. (León XIII. Carta encíclica Satis cognitum, n. 4, 38 de junio de 1896)

… juzga la idea de libertad religiosa que tiene Francisco

  • Una depravación de la libertad: profesar la religión que se prefiera

En primer lugar examinemos, en relación con los particulares, esa libertad tan contraria a la virtud de la religión, la llamada libertad de cultos, libertad fundada en la tesis de que cada uno puede, a su arbitrio, profesar la religión que prefiera o no profesar ninguna. […] Y si se pregunta cuál es la religión que hay que seguir entre tantas religionesopuestas entre sí, la respuesta la dan al unísono la razón y naturaleza: la religión que Dios ha mandado, y que es fácilmente reconocible por medio de ciertas notas exteriores con las que la divina Providencia ha querido distinguirla, para evitar un error, que, en asunto de tanta trascendencia, implicaría desastrosas consecuencias. Por esto, conceder al hombre esta libertad de cultos de que estamos hablando equivale a concederle el derecho de desnaturalizar impunemente una obligación santísima y de ser infiel a ella, abandonando el bien para entregarse al mal. Esto, lo hemos dicho ya, no es libertad, es una depravación de la libertad y una esclavitud del alma entregada al pecado. (León XIII. Carta Encíclica Libertas Praestantissimum, sobre la libertad y el liberalismo, día 20 de junio de 1888) 

  • Abrir los brazos a cualquier religión es arruinar a la católica

Abriendo los brazos a cualesquiera y de cualquier religión, consiguen persuadir de hecho el grande error de estos tiempos, a saber, el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos; conducta muy a propósito para arruinar toda religión, singularmente la católica, a la que, por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás. (León XIII, Carta Enciclica Humanum Genus, 20 de abril de 1884)

… juzga la idea del papel de las religiones no cristianas que tiene Francisco

  • Para tener Dios por Padre es necesario reconocer a Jesucristo

Nuestro corazón se dirige también con sin igual ardor tras aquellos a quienes el soplo contagioso de la impiedad no ha envenenado del todo, y que, a lo menos, experimentan el deseo de tener por padre al Dios verdadero, creador de la tierra y del cielo. Que reflexionen y comprendan bien que no pueden en manera alguna contarse en el número de los hijos de Dios si no vienen a reconocer por hermano a Jesucristo y por madre a la Iglesia. (León XIII, Carta encíclica Satis cognitum, n. 45, 29 de junio de 1896)

  • Formas de culto distintas no pueden ser igualmente aceptables a Dios

En materia religiosa, pensar que las formas de culto, distintas y aun contrarias, son todas iguales, equivale a confesar que no se quiere aprobar ni practicar ninguna de ellas. Esta actitud, si nominalmente difiere del ateísmo, en realidad se identifica con él. Los que creen en la existencia de Dios, si quieren ser consecuentes consigo mismos y no caer en un absurdo, han de comprender necesariamente que las formas usuales de culto divino, cuya diferencia, disparidad y contradicción aun en cosas de suma importancia son tan grandes, no pueden ser todas igualmente aceptables ni igualmente buenas o agradables a Dios. (León XIII, Carta encíclica Immortale Dei, n. 14, 1 de noviembre de 1885)

 … juzga la idea de inmortalidad del alma que tiene Francisco

  • Señalado a todos un único y mismo fin, todos han de ser juzgados por la misma ley

Según las enseñanzas del Evangelio, la igualdad de los hombres consiste en que, habiéndoles a todos cabido en suerte la misma naturaleza, todos son llamados a la dignidad altísima de hijos de Dios, y juntamente en que, habiéndose señalado a todos un solo y mismo fin, todos han de ser juzgados por la misma ley, para conseguir, según sus merecimientos, el castigo o la recompensa. (Denzinger-Hünermann 3130. León XIII. Encíclica Quod Apostolici muneris, 28 de diciembre de 1878)

… juzga la idea de paz que tiene Francisco

  • Callar es propio del cobarde o de quien duda de la verdad, y es injurioso a Dios

Pero cuando la necesidad apremia no sólo deben guardar incólume la fe los mandan, sino que cada uno esté obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles. Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno ylo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. (León XIII, Encíclica Sapientiae Christianae, n.14, 10 de enero de 1890)

… juzga la idea de carne de Cristo y la pobreza como categoría teológica que tiene Francisco:

  • La virtud es el patrimonio de los mortales, asequible a ricos y pobres

[…] la verdadera dignidad y excelencia del hombre radica en lo moral, es decir, en la virtud; que la virtud es patrimonio común de todos los mortales, asequible por igual a altos y bajos, a ricos y pobres; y que el premio de la felicidad eterna no puede ser consecuencia de otra cosa que de las virtudes y de los méritos, sean éstos de quienes fueren. (León XIII. Carta Encíclica Rerum Novarum, n. 18-19, 15 de mayo de 1891)

  • Ricos y pobres llamados a la armonía: ambas clases se necesitan

Es mal capital, en la cuestión que estamos tratando, suponer que una clase social sea espontáneamente enemiga de la otra, como si la naturaleza hubiera dispuesto a los ricos y a los pobres para combatirse mutuamente en un perpetuo duelo. Es esto tan ajeno a la razón y a la verdad, que, por el contrario, es lo más cierto que como en el cuerpo se ensamblan entre sí miembros diversos, de donde surge aquella proporcionada disposición que justamente podría se llamar armonía, así ha dispuesto la naturaleza que, en la sociedad humana, dichas clases gemelas concuerden armónicamente y se ajusten para lograr el equilibrio. Ambas se necesitan en absoluto. (León XIII. Carta Encíclica Rerum Novarum, n. 14, 15 de mayo de 1891)

  • El Cuerpo Místico de Cristo es la Iglesia, y sus miembros, los bautizados

En el bautismo, [Cristo] no hizo sino prefigurar a su Cuerpo Místico, es decir, a la Iglesia en la cual los bautizados reciben de modo peculiar el Espíritu Santo (San Agustín, De Trin. 15,26). (León XIII. Carta Encíclica Divinum Illud Munus, de León XIII, sobre la presencia y virtud admirable del Espíritu Santo, 9 de mayo de 1897)

  • Patrimonio que la Iglesia guardó como herencia de los pobres

De aquí fue poco a poco formándose aquel patrimonio que la Iglesia guardó con religioso cuidado, como herencia de los pobres. Más aún, proveyó de socorros a una muchedumbre de indigentes, librándolos de la vergüenza de pedir limosna. Pues como madre común de ricos y pobres, excitada la caridad por todas partes hasta un grado sumo, fundó congregaciones religiosas y otras muchas instituciones benéficas, con cuyas atenciones apenas hubo género de miseria que careciera de consuelo. […] No se encontrarán recursos humanos capaces de suplir la caridad cristiana, que se entrega toda entera a sí misma para utilidad de los demás. Tal virtud es exclusiva de la Iglesia, porque, si no brotara del sacratísimo corazón de Jesucristo, jamás hubiera existido, pues anda errante lejos de Cristo el que se separa de la Iglesia. (León XIII, Carta Encíclica Rerum Novarum, n. 22, 15 de mayo de 1891)

… juzga la idea de cómo llevar el Evangelio a todos que tiene Francisco

  • Rechazar la autoridad de Dios es la perversión de la libertad

La perversión mayor de la libertad, que constituye al mismo tiempo la especie peor de liberalismo, consiste en rechazar por completo la suprema autoridad de Dios y rehusarle toda obediencia, tanto en la vida pública como en la vida privada y doméstica. (León XIII, Carta Encíclica Libertas Praestantissimum, n. 25, 20 de junio de 1888) 

… juzga la idea de enseñar asuntos de moral que tiene Francisco

  • De nuestro silencio se aprovechan los enemigos de la Iglesia

Porque en tan grande y universal extravío de opiniones, deber es de la Iglesia tomar el patrocinio de la verdad y extirpar de los ánimos el error; deber que está obligada a cumplir siempre e inviolablemente, porque a su tutela ha sido confiado el honor de Dios y la salvación de las almas, Pero cuando la necesidad apremia no sólo deben guardar incólume la fe los mandan, sino que cada uno esté obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles. Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. (León XIII, Encíclica Sapientiae Christianae, n. 14, 10 de enero de 1890. Vaticano, en inglés)

… juzga la idea de incapacidad ante la crisis de la familia que tiene Francisco

  • El Sacramento del matrimonio santifica el contrato nupcial

[La familia] no puede volver a su dignidad perdida, sino sometiéndose a las leyes con que fue instituida en la Iglesia por su divino Autor. El cual, habiendo elevado a la dignidad de sacramento el matrimonio, símbolo de su unión con la Iglesia, no solo santificó el contrato nupcial, sino que proporcionó también eficacísimos auxilios a los padres y a los hijos para conseguir fácilmente, con el cumplimiento de sus mutuos deberes, la felicidad temporal y eterna. (León XIII. Inscrutabili Dei consilio, 21 de abril de 1878, n. 10) 

… juzga la idea de pena de muerte que tiene Francisco

  • El derecho divino y natural permite matar un ser humano en razón pública justa

Es un hecho común que las leyes divinas, tanto la que se ha propuesto con la luz de la razón tanto la que se promulgó con la escritura divinamente inspirada, prohíben a cualquiera, de modo absoluto, de matar o herir un hombre en ausencia de una razón pública justa, a menos que se vea obligado por necesidad de defender la propia vida. (León XIII. Epístola Encíclica Pastoralis Oficii, a los obispos del imperio Germano y Austro-Húngaro, 12 de septiembre de 1881)

… juzga la idea de proselitismo que tiene Francisco:

  • El que busca satisfacer al hereje, de él se aproxima

Quien no quiera ser hereje ni sentar plaza de tal no trate de satisfacer a éste ni al otro… Apresúrese a satisfacer en todo a la Sede de Roma. Satisfecha la Sede de Roma, en todas partes y a una sola voz le proclamarán pío y ortodoxo. Y el que de ello quiera estar persuadido, será en vano que se contente con hablar si no satisface y si no implora al bienaventurado Papa de la santísima Iglesia de los Romanos, esto es, la Sede apostólica. (León XIII,  encíclica Satis Cognitum, n. 34, 29 de junio de 1896)

… juzga la idea de pastoralidad delante de las nuevas costumbres que tiene Francisco

  • Obligación pastoral de preservar la santidad del matrimonio

Cristo, por consiguiente, habiendo renovado el matrimonio con tal y tan grande excelencia, confió y encomendó toda la disciplina del mismo a la Iglesia. La cual ejerció en todo tiempo y lugar su potestad sobre los matrimonios de los cristianos, y la ejerció de tal manera que dicha potestad apareciera como propia suya, y no obtenida por concesión de los hombres, sino recibida de Dios por voluntad de su fundador. Es de sobra conocido por todos, para que se haga necesario demostrarlo, cuántos y qué vigilantes cuidados haya puesto para conservar la santidad del matrimonio a fin de que éste se mantuviera incólume. Sabemos, en efecto, con toda certeza, que los amores disolutos y libres fueron condenados por sentencia del concilio de Jerusalén. (León XIII. Carta encíclica Arcanum Divinae Sapientiae, n. 9, 10 de febrero de 1880).

  • Fundamento del matrimonio cristiano

Tomaos el mayor cuidado de que los pueblos abunden en los preceptos de la sabiduría cristiana y no olviden jamás que el matrimonio no fue instituido por voluntad de los hombres, sino en el principio por autoridad y disposición de Dios, y precisamente bajo esta ley, de que sea de uno con una; y que Cristo, autor de la Nueva Alianza, lo elevó de menester de naturaleza a sacramento y que, por lo que atañe al vínculo, atribuyó la potestad legislativa y judicial a su Iglesia. Acerca de esto habrá que tener mucho cuidado de que las mentes no se vean arrastradas por las falaces conclusiones de los adversarios, según los cuales esta potestad le ha sido quitada a la Iglesia. Todos deben igualmente saber que, si se llevara a cabo entre fieles una unión de hombre con mujer fuera del sacramento, tal unión carece de toda fuerza y razón de legítimo matrimonio. (León XIII. Carta encíclica Arcanum Divinae Sapientiae, n. 24-25, 10 de febrero de 1880).