157 – La solidaridad se convierte en un modo de hacer la historia, en un ámbito donde los conflictos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida

Entre los extraños principios rectores de la filosofía bergogliana, está el que dice que “la unidad prevalece sobre el conflicto”. Las consecuencias extraídas de este predicado las explica un tanto en su la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, presentada como el eje programático de su pontificado. En el punto dedicado a ello, encontramos expresiones como “amistad social”, “comunión en las diferencias”, “unidad pluriforme”, “virtualidades valiosas de las polaridades en pugna” y otras que, aun nebulosas como suelen ser aquellas ideas que más parecen determinar el pensamiento y la acción de Francisco, nos dan algunas pistas sobre su significado. Resulta por lo menos sorprendente que quien desea presentarse como el hombre accesible, que llama por teléfono a quien le escribe cartas o que usa más tiempo de sus apariciones públicas para saludar a los peregrinos que para enseñar, sea tan sombrío al presentar lo que parece ser la llave de su personalidad…

“Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”. (Jn 14, 7) Al querer encontrar una “comunión de diferencias”, Francisco parece querer proponer la posibilidad de varios “caminos” que llevan a la verdadera vida, y no sólo el “Camino” por excelencia y con mayúscula que es Cristo. Así, quiere crear esa unidad superior al conflicto basándose en una “amistad social”, no centrada, por lo tanto, en la Persona de Nuestro Divino Redentor. ¿Será realmente esa “amistad social” desvinculada de Cristo, porque es superior a Él? ¿En qué consiste? ¿En la verdadera amistad que es desear lo mejor para el prójimo, que es la salvación de las almas? ¿Está Francisco soñando con un mundo sin guerras, pero ofendiendo a Dios según le plazca a cada uno, para después sufrir los tormentos del infierno por toda la eternidad? No parece, por lo tanto, muy “amistosa” esa preocupación del Obispo de Roma.

El Magisterio de la Iglesia nos da unas claves muy diferentes.

 

Francisco

assisi

Cita ACita BCita CCita DCita E

 Enseñanzas del Magisterio

Entra en las diversas partes de nuestro estudio

ContenidoAutores

I– ¿La dimensión social de la evangelización dispensa las verdades eternas para alcanzar la comunión en las diferencias? ¿Cuáles son los principios de unidad enseñados por la Iglesia para el diálogo en los conflictos?
II – ¿Los conflictos sociales y las tensiones pueden favorecer algún tipo de unidad? ¿Estos problemas contienen la fórmula de la solución?
III– ¿La solidaridad de Francisco será capaz de hacer historia y engendrar nueva vida? ¿Dónde está la vida nueva que necesita el mundo y la Historia?

I – ¿La dimensión social de la evangelización dispensa las verdades eternas para alcanzar la comunión en las diferencias? ¿Cuáles son los principios de unidad enseñados por la Iglesia para el diálogo en los conflictos?

Juan Pablo II

Un diálogo que favorece a los pueblos y culturas pero que silencia a Cristo es errado

Hoy se habla mucho del Reino, pero no siempre en sintonía con el sentir de la Iglesia. […] Se describe el cometido de la Iglesia, como si debiera proceder en una doble dirección; por un lado, promoviendo los llamados “valores del Reino”, cuales son la paz, la justicia, la libertad, la fraternidad; por otro, favoreciendo el diálogo entre los pueblos, las culturas, las religiones, para que, enriqueciéndose mutuamente, ayuden al mundo a renovarse y a caminar cada vez más hacia el Reino. Junto a unos aspectos positivos, estas concepciones manifiestan a menudo otros negativos. Ante todo, dejan en silencio a Cristo. (Juan Pablo II. Encíclica Redemptoris missio, n. 17, 7 de diciembre de 1990)

Pablo VI

La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una disminución de la verdad

¿Hasta qué punto debe la Iglesia acomodarse a las circunstancias históricas y locales en que desarrolla su misión? ¿Cómo debe precaverse del peligro de un relativismo que llegue a afectar su fidelidad dogmática y moral? Pero ¿cómo hacerse al mismo tiempo capaz de acercarse a todos para salvarlos a todos, según el ejemplo del Apóstol: “Me hago todo para todos, a fin de salvar a todos?” […] El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 33, 6 de agosto de 1964)

Juan XXIII

No puede haber perfecta unión de los fieles con Cristo sino en una misma fe

Pero se advierte bien que para San León no puede haber perfecta unión de los fieles con Cristo cabeza y de los fieles entre sí, como miembros de un mismo organismo visible, si a los vínculos espirituales de las virtudes, del culto y de los sacramentos no se añade la profesión externa de la misma fe: “Gran sostén es la fe íntegra, la fe verdadera, a la cual nada puede ser añadido ni quitado por nadie, porque la fe, si no es única, no existe de hecho”. Porque a la unidad de la fe le es indispensable la unión de los maestros de la verdad divina. (Juan XXIII. Encíclica Aeterna Dei sapientia, 11 de noviembre de 1961)

Pío XI

No hay auténtica diversidad de cultos, el culto verdadero se conserva únicamente en la Iglesia Católica

Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto verdadero. Ella es la fuente de la verdad, la morada de la fe, el templo de Dios, quienquiera que en él no entre o de él salga ha perdido a la esperanza de vida y de salvación. Menester es que nadie se engañe a si mismo con pertinaces discusiones, lo que aquí se ventila es la vida y la salvación, a la cual si no se atiende con diligente cautela, se perderá y se extinguirá. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 17, 6 de enero de 1928)

Pío XII

No es lícito disimular un solo dogma de la Iglesia aunque sea por hacer más fácil la concordia

No es lícito, ni siquiera con el pretexto de hacer más fácil la concordia, disimular siquiera un solo dogma; pues, como advierte el patriarca de Alejandría: “Desear la paz es ciertamente primero y mayor bien, pero no se debe por tal motivo permitir que venga a menos la virtud de la piedad en Cristo” (Epis. 61). (Pío XII. Encíclica Orientalis ecclesiae, 9 de abril de 1944)

Los males vienen de una ruptura con la única verdad

Tengan todos presente que el acerbo de males que en los últimos años hemos tenido que soportar se ha descargado sobre la humanidad principalmente porque la Religión divina de Jesucristo, que promueve la mutua caridad entre los hombres, los pueblos y las naciones, no era, como habría debido serlo, la regla de la vida privada familiar y pública. Si, pues, se ha perdido el recto camino por haberse alejado de Jesucristo, es menester volver a Él tanto en la vida privada como en la pública. Si el error ha entenebrecido las inteligencias, hay que volver a aquélla verdad divinamente revelada que muestra la senda que lleva al cielo. Si, por fin, el odio ha dado frutos amargos de muerte, habrá que encender de nuevo aquel amor cristiano, que es el único que puede curar tantas heridas mortales, superar tan tremendos peligros y endulzar tantas angustias y sufrimientos. (Pío XII. Encíclica Optatissima pax, n. 6, 18 de diciembre de 1947)

El mensaje más necesario que pueda existir: la filiación divina

La Iglesia tiene la misión de proclamar al mundo, ansioso de mejores y más perfectas formas de democracia, el mensaje más alto y más necesario que pueda existir: la dignidad del hombre y la vocación a la filiación divina. Es el grito potente que desde la cuna de Belén resuena hasta los últimos confines de la tierra en los oídos de los hombres, en un tiempo, en que esta dignidad ha sufrido mayores humillaciones. (Pío XII. Radiomensaje Benignitas et humanitas, 24 de diciembre de 1944)

Congregación para la Doctrina de la Fe

Consecuencias de negar la plenitud de la Religión Católica

El perenne anuncio misionero de la Iglesia es puesto hoy en peligro por teorías de tipo relativista, que tratan de justificar el pluralismo religioso, no sólo de facto sino también de iure (o de principio). En consecuencia, se retienen superadas, por ejemplo, verdades tales como el carácter definitivo y completo de la revelación de Jesucristo, la naturaleza de la fe cristiana con respecto a la creencia en las otra religiones, el carácter inspirado de los libros de la Sagrada Escritura, la unidad personal entre el Verbo eterno y Jesús de Nazaret, la unidad entre la economía del Verbo encarnado y del Espíritu Santo, la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de Jesucristo, la mediación salvífica universal de la Iglesia, la inseparabilidad —aun en la distinción— entre el Reino de Dios, el Reino de Cristo y la Iglesia, la subsistencia en la Iglesia Católica de la única Iglesia de Cristo. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Dominus Iesus, n. 4, 6 de agosto de 2000)

Para que haya unidad son necesarios la conversión y el bautismo

La Iglesia, guiada por la caridad y el respeto de la libertad, debe empeñarse primariamente en anunciar a todos los hombres la verdad definitivamente revelada por el Señor, y a proclamar la necesidad de la conversión a Jesucristo y la adhesión a la Iglesia a través del bautismo y los otros sacramentos, para participar plenamente de la comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Dominus Iesus, n. 22, 6 de agosto de 2000)

San Ireneo de Lyon

Los Apóstoles no buscaron agradar a los hombres, sino manifestar la verdad

Los Apóstoles, enviados a buscar a los errantes, a devolver la vista a los ciegos y a llevar la salud a los enfermos, ciertamente no les hablaban según la opinión del momento, sino manifestando la verdad. Pues si, cuando unos ciegos estuvieron a punto de caer en el precipicio, un hombre cualquiera los indujera a continuar por tan peligroso camino como si fuese el correcto y los llevara hasta su término, ciertamente no obraría con rectitud. ¿Qué médico, si quiere curar al enfermo, le da la medicina que a éste le gusta y no la adecuada para devolverle la salud? Y que el Señor vino como médico de los enfermos, él mismo lo dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se arrepientan” (Lc 5, 31-32, Mt 9, 12-13). ¿Cómo se aliviarán estos enfermos? ¿Y cómo se arrepentirán los pecadores? ¿Acaso manteniéndose en su estado? ¿No será más bien por un cambio a fondo y alejándose de su anterior modo de vivir en la transgresión, que provocó en ellos esa grave enfermedad y tantos pecados?(San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, III, 5, 2)

Santo Tomás de Aquino

Hay que predicar también a los malos para que se conviertan

Digamos que el predicador ha de predicar siempre oportunamente, si se ajusta a la regla de la verdad, mas no si se rige por la falsa estimación de los oyentes, que juzgarán la verdad como importunidad; porque el que predica la verdad siempre es para los buenos oportuno, para los malos importuno. “Quien es de Dios escucha la palabra de Dios; por eso vosotros no la escucháis, porque no sois de Dios” (Jn 8, 47). “¡Oh, cuan sumamente áspera es la sabiduría para los hombres necios!” (Eclo 6, 21). Si el hombre tuviese que aguardar coyuntura para hablar solamente a los que quieren escuchar, aprovecharía sólo a los justos; mas es menester que a sus tiempos predique también a los malos para que se conviertan. (Santo Tomás de Aquino. Comentario a la Segunda Epístola a Timoteo, lec. 1, 2 Tim 4, 1-5)

II – ¿Los conflictos sociales y las tensiones pueden favorecer algún tipo de unidad? ¿Estos problemas contienen la fórmula de la solución?

Pío XI

La diversidad de opiniones lleva al menosprecio de la religión, pues la verdad dogmática pasa a ser no absoluta sino relativa

Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos. En cambio, sabemos, ciertamente que de esa diversidad de opiniones es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o “indiferentismo”, y al llamado “modernismo”, con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable a la vida de los hombres. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 15, 6 de enero de 1928)

Gregorio XVI

Mostraos como fuertes murallas contra toda opinión que se levante contra la ciencia del Señor

Os escribimos Nos estas cosas, Venerables Hermanos, para que, armados con el escudo de la fe, peleéis valerosamente las batallas del Señor. A vosotros os toca el mostraros como fuertes murallas, contra toda opinión altanera que se levante contra la ciencia del Señor. Desenvainad la espada espiritual, la palabra de Dios; reciban de vosotros el pan, los que han hambre de justicia. Elegidos para ser cultivadores diligentes en la viña del Señor, trabajad con empeño, todos juntos, en arrancar las malas raíces del campo que os ha sido encomendado. (Gregorio XVI. Encíclica Mirari vos, n. 3-4, 15 de agosto de 1832)

León XIII

Delante de la diversidad de opiniones es deber de la Iglesia proclamar la verdad

Es de advertir que en este orden de cosas que pertenecen a la fe cristiana hay deberes cuya exacta y fiel observancia, si siempre fue necesaria para la salvación, lo es incomparablemente más en estos tiempos. Porque en tan grande y universal extravío de opiniones, deber es de la Iglesia tomar el patrocinio de la verdad y extirpar de los ánimos el error; deber que está obligada a cumplir siempre e inviolablemente, porque a su tutela ha sido confiado el honor de Dios y la salvación de las almas. Pero cuando la necesidad apremia, no solo deben guardar incólume la fe los que mandan, sino que cada uno esté obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles (Gal 2, 20). Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde, o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. (León XIII. Encíclica Sapientiae christianae, n. 12, 10 de enero de 1890)

Pablo IV

Muchísimos se atreven a profesar diversas herejías y con su ejemplo arrastran a muchos a la perdición de sus almas

Como quiera que la perversidad e iniquidad de ciertos hombres ha llegado a punto tal en nuestros tiempos que de entre aquellos que se desvían y desertan de la fe católica, muchísimos se atreven no sólo a profesar diversas herejías, sino también a negar los fundamentos de la misma fe y con su ejemplo arrastran a muchos a la perdición de sus almas; Nos —deseando, conforme a nuestro pastoral deber y caridad, apartar a tales hombres, en cuanto con la ayuda de Dios podemos, de tan grave y pestilencial error, y advertir a los demás con paternal severidad que no resbalen hacia tal impiedad—, a todos y cada uno de los que hasta ahora han afirmado, dogmatizado o creído que Dios omnipotente no es trino en personas y de no compuesta ni dividida absolutamente unidad de sustancia, y uno, por una sola sencilla esencia de su divinidad; o que nuestro Señor no es Dios verdadero de la misma sustancia en todo que el Padre y el Espíritu Santo; […] de parte de Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, con autoridad apostólica requerimos y avisamos… (Denzinger-Hünermann 1880. Pablo IV, Constitución Cum quorumdam hominum, 7 de agosto de 1555)

Juan Pablo II

Nos urge siempre la unidad en la verdad: la pureza de la doctrina es base en la edificación de la comunidad cristiana

Vigilar por la pureza de la doctrina, base en la edificación de la comunidad cristiana, es pues, junto con el anuncio del Evangelio, el deber primero e insustituible del Pastor, del Maestro de la fe. Con cuánta frecuencia ponía esto de relieve San Pablo, convencido de la gravedad en el cumplimiento de este deber (cf. 1 Tim 1, 3-7; 18-20; 11, 16; 2 Tim 1, 4-14). Además de la unidad en la caridad, nos urge siempre la unidad en la verdad. (Juan Pablo II. Discurso en la inauguración de la III Conferencia general del Episcopado Latinoamericano en Puebla, I, n. 1, 28 de enero de 1979)

Peligro de nivelar las varias religiones, presentándolas como caminos de salvación

Sabéis bien que, en la base de esta difusión [de las sectas], hay también muchas veces una gran falta de formación religiosa con la consiguiente indecisión acerca de la necesidad de la fe en Cristo y de la adhesión a la Iglesia instituida por él. Se tiende a presentar las religiones y las varias experiencias espirituales como niveladas en un mínimo común denominador, que las haría prácticamente equivalentes, con el resultado de que toda persona sería libre de recorrer indiferentemente uno de los muchos caminos propuestos para alcanzar la salvación deseada. Si a esto se suma el proselitismo audaz, que caracteriza a algún grupo particularmente activo e invasor de estas sectas, se comprende de inmediato cuán urgente es hoy sostener la fe de los cristianos, dándoles la posibilidad de una formación religiosa permanente, para profundizar cada vez mejor su relación personal con Cristo. Debéis esforzaros principalmente por prevenir ese peligro, consolidando en los fieles la práctica de la vida cristiana y favoreciendo el crecimiento del espíritu de auténtica fraternidad en el seno de cada una de las comunidades eclesiales. (Juan Pablo II. Discurso al undécimo grupo de obispos de Brasil en visita ad limina, n. 2, 23 de enero de 2003)

La unidad sólo se puede realizar en la adhesión común al contenido íntegro de la fe

La unidad querida por Dios sólo se puede realizar en la adhesión común al contenido íntegro de la fe revelada. En materia de fe, una solución de compromiso está en contradicción con Dios que es la Verdad. En el Cuerpo de Cristo que es “camino, verdad y vida” (Jn 14, 6), ¿quién consideraría legítima una reconciliación lograda a costa de la verdad? […] Por tanto, un “estar juntos” que traicionase la verdad estaría en oposición con la naturaleza de Dios que ofrece su comunión, y con la exigencia de verdad que está en lo más profundo de cada corazón humano. (Juan Pablo II. Encíclica Ut unum sint, n.18, 25 de mayo de 1995)

Benedicto XVI

Iluminar con la luz de Cristo la oscuridad del mundo trastornado por los mensajes contradictorios

A vosotros, queridos amigos de los movimientos, os digo: haced que sean siempre escuelas de comunión, compañías en camino, en las que se aprenda a vivir en la verdad y en el amor que Cristo nos reveló y comunicó por medio del testimonio de los Apóstoles, dentro de la gran familia de sus discípulos. Que resuene siempre en vuestro corazón la exhortación de Jesús: “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 16). Llevad la luz de Cristo a todos los ambientes sociales y culturales en los que vivís. El impulso misionero es una confirmación del radicalismo de una experiencia de fidelidad, siempre renovada, al propio carisma, que lleva a superar cualquier encerramiento, cansado y egoísta, en sí mismos. Iluminad la oscuridad de un mundo trastornado por los mensajes contradictorios de las ideologías. No hay belleza que valga si no hay una verdad que reconocer y seguir, si el amor se reduce a un sentimiento pasajero, si la felicidad se convierte en un espejismo inalcanzable, si la libertad degenera en instintividad. (Benedicto XVI. Mensaje a los participantes en el II Congreso mundial de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades, 22 de mayo de 2006)

Congregación para la Doctrina de la Fe

Para que el diálogo pueda ser constructivo hay que tener fidelidad a la identidad de la fe católica

Para que el diálogo pueda ser verdaderamente constructivo, además de la apertura a los interlocutores, es necesaria la fidelidad a la identidad de la fe católica. Sólo así se podrá llegar a la unidad de todos los cristianos en “un solo rebaño y un solo pastor” (Jn 10, 16), y sanear de esta forma la herida que aún impide a la Iglesia Católica la realización plena de su universalidad en la Historia. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Artículo de comentario. Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia, 29 de junio de 2007)

Código de Derecho Canónico

Las diferencias en las creencias lejos de crear unión crean herejías

Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos. (Código de Derecho Canónico, c. 751)

San Ireneo de Lyon

Quién insiste en enseñar la herejía no une, sino separa

A partir de éstos de que he hablado, ya se han fabricado muchos engendros de herejías, por este motivo: muchos de ellos, más aún todos ellos, quieren ser maestros y así se separan de la herejía en la que estaban, e insisten en enseñar otros dogmas a partir de otras opiniones, componiendo luego otras nuevas a partir de las otras para poder proclamarse inventores de cualquier opinión que les agrada. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes, I, 28, 1)

III – ¿La solidaridad de Francisco será capaz de hacer historia y engendrar nueva vida? ¿Dónde está la vida nueva que necesita el mundo y la Historia?

Benedicto XVI

No se construye un mundo nuevo en costumbres vinculadas al pecado

De hecho, no se puede aspirar a un mundo nuevo permaneciendo sumergidos en el egoísmo y en las costumbres vinculadas al pecado. (Benedicto XVI. Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010)

El mundo se mejora con la fe, no con un indiferentismo religioso

Debemos reconocer también que el riesgo de un falso irenismo y de un indiferentismo, del todo ajeno al espíritu del Concilio Vaticano II, exige nuestra vigilancia. Este indiferentismo está causado por la opinión, cada vez más difundida, de que la verdad no sería accesible al hombre; por lo tanto, sería necesario limitarse a encontrar reglas para una praxis capaz de mejorar el mundo. Y así la fe sería sustituida por un moralismo sin fundamento profundo. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 27 de enero de 2012)

Hay que anunciar la voluntad de Dios en su totalidad, incluso cuándo es incómoda

Esto es importante: el Apóstol no predica un cristianismo “a la carta”, según sus gustos; no predica un Evangelio según sus ideas teológicas preferidas; no se sustrae al compromiso de anunciar toda la voluntad de Dios, también la voluntad incómoda, incluidos los temas que personalmente no le agradan tanto. Nuestra misión es anunciar toda la voluntad de Dios, en su totalidad y sencillez última. Pero es importante el hecho de que debemos predicar y enseñar —como dice San Pablo—, y proponer realmente toda la voluntad de Dios. […] Así pues, deberíamos dar a conocer y comprender —en la medida de lo posible— el contenido del Credo de la Iglesia, desde la creación hasta la vuelta del Señor, hasta el mundo nuevo. La doctrina, la liturgia, la moral y la oración —las cuatro partes del Catecismo de la Iglesia Católica— indican esta totalidad de la voluntad de Dios. (Benedicto XVI. Lectio divina en el encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

Juan Pablo II

La fe cristiana es la respuesta del hombre a la auto-revelación de Dios

Reanudamos el tema sobre la fe. Según la doctrina contenida en la Constitución Dei Verbum, la fe cristiana es la respuesta consciente y libre del hombre a la auto-revelación de Dios, que llegó a su plenitud en Jesucristo. Mediante lo que San Pablo llama “la obediencia de la fe” (cf. Rom 16, 26; 1, 5; 2 Cor 10, 5-6), todo el hombre se abandona a Dios, aceptando como verdad lo que se contiene en la palabra divina de la Revelación. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 1, 19 de junio de 1985)

La cooperación interreligiosa que no lleva al bautismo es vana

La conversión a Cristo, además, está relacionada con el bautismo, no sólo por la praxis de la Iglesia, sino por voluntad del mismo Cristo, que envió a hacer discípulos a todas las gentes y a bautizarlas (cf. Mt 28, 19); está relacionada también por la exigencia intrínseca de recibir la plenitud de la nueva vida en él: “En verdad, en verdad te digo: —enseña Jesús a Nicodemo— el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3, 5). (Juan Pablo II. Exhortación apostólica Ecclesia in Africa, n. 73, 14 de septiembre de 1995)

El mundo necesita claridad en nuestra época de confusión

Sobre todo hoy, en medio de tantas voces discordantes que crean confusión y perplejidad en la mente de los fieles, el obispo tiene la grave responsabilidad de infundir claridad. El anuncio del Evangelio es el acto de amor más elevado con respecto al hombre, a su libertad y a su sed de felicidad. (Juan Pablo II. Discurso a los participantes en el jubileo de los obispos, n. 5, 7 de octubre de 2000)

Que los fieles escuchen con claridad cada vez mayor la buena nueva de Jesucristo

Tenéis la responsabilidad de identificar constantemente las características de un plan pastoral adaptado a las necesidades y a las aspiraciones del pueblo de Dios, plan que permita a todos escuchar cada vez más claramente la buena nueva de Cristo y haga que las verdades y los valores del Evangelio influyan cada vez más en las familias, en la cultura y en la sociedad misma. Los sucesores de los Apóstoles jamás deberían tener miedo de proclamar la verdad plena sobre Jesucristo, con toda su realidad y sus exigencias estimulantes, puesto que la verdad encierra en sí la fuerza para atraer el corazón humano hacia todo lo que es bueno, noble y hermoso. (Juan Pablo II. Discurso a los miembros de la Conferencia Episcopal de Corea en visita ad limina, n. 2, 24 de marzo de 2001)

Urgente necesidad de profundizar la verdad sobre Cristo como único Mediador

Otro Sínodo de carácter continental será oportuno en Asia, donde está más acentuado el tema del encuentro del cristianismo con las antiguas culturas y religiones locales. Este es un gran desafío para la evangelización, dado que sistemas religiosos como el budismo o el hinduismo se presentan con un claro carácter soteriológico. Existe pues la urgente necesidad de un Sínodo, con ocasión del Gran Jubileo, que ilustre y profundice la verdad sobre Cristo como único Mediador entre Dios y los hombres, y como único Redentor del mundo, distinguiéndolo bien de los fundadores de otras grandes religiones. (Juan Pablo II. Carta apostólica Tertio millennio adveniente, n. 38, 10 de octubre de 1994)

Pablo VI

No hay humanidad nueva sin un cambio interior según el Evangelio

Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5; cf. 2 Cor 5, 17; Gal 6, 15). Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo (cf. Rom 6, 4) y de la vida según el Evangelio (cf. Ef 4, 23-24; Col 3, 9-10). La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del mensaje que proclama (cf. Rom 1, 16; 1 Cor 1, 18; 2, 4), trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 18, 8 de diciembre de 1975)

Concilio Vaticano II (Ecuménico XXI)

La luz del Evangelio debe iluminar la acción de la Iglesia en la época presente

Para cumplir esta misión es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. (Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 14, 7 de diciembre de 1965)

Las condiciones de nuestra época hacen más urgente este deber de la Iglesia de unir todos los hombres en Cristo

Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia. Y porque la Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano, ella se propone presentar a sus fieles y a todo el mundo con mayor precisión su naturaleza y su misión universal, abundando en la doctrina de los concilios precedentes. Las condiciones de nuestra época hacen más urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que todos los hombres, que hoy están más íntimamente unidos por múltiples vínculos sociales técnicos y culturales, consigan también la plena unidad en Cristo. (Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen gentium, n. 1, 21 de noviembre de 1964)

Pío XII

No hay necesidad más urgente que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo a los hombres de nuestra época

No hay necesidad más urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo (Ef 3, 8) a los hombres de nuestra época. No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado. ¿Quién, a la vista de una tan gran multitud de hermanos y hermanas que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la verdadera fe en Dios y del salvador mensaje de Jesucristo; quién, decimos, no arderá en caridad y dejará de prestar gustosamente su ayuda? (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 5, 20 de octubre de 1939)

Catecismo Romano

En el mundo actual abundan los maestros del error y falsos profetas

Y si siempre fue misión y deber esencial de la Iglesia el predicar la verdad revelada, hoy más que nunca representa una necesidad urgente, a la que debe dedicarse todo el posible interés y cele, porque los fieles necesitan, como nunca, nutrirse con auténtica y sana doctrina, que les dé fuerzas y vida. Nuestro mundo conoce demasiados maestros del error, falsos profetas, de quienes un día dijo Dios: Yo no he enviado a los profetas, y ellos corrían; no les hablaba, y ellos profetizaban (Jer 23, 21). Pseudo-profetas que envenenan las almas con extrañas y falsas doctrinas (Flp 2, 12; 2 Cor 7, 15; Ef 6, 5). La propaganda de su impiedad, montada con la ayuda de artes diabólicas, ha penetrado hasta los más apartados rincones. […] Sin referirnos al caso de naciones enteras que hoy, separadas del verdadero camino, viven en el error y hasta blasonan de poseer un cristianismo, tanto más perfecto cuanto más distante de la doctrina tradicional de la Iglesia y de sus antepasados, es fácil constatar que en nuestros días las doctrinas erróneas se han infiltrado y se siguen infiltrando subrepticiamente en los más insospechados rincones de la catolicidad. (Catecismo Romano. Prólogo, III)

Congregación para la Doctrina de la Fe

La doctrina católica debe ser expuesta y propuesta total e íntegramente

La doctrina católica debe ser expuesta y propuesta total e íntegramente, no hay que silenciar o usar términos ambiguos al referirse a lo que la verdad católica enseña. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Ecclesia Catholica, n. 2, 20 de diciembre de 1949)


Print Friendly, PDF & Email