96 – La juventud necesita tres pilares claves: educación, deporte y cultura

Basta recorrer las biografías de los numerosos formadores de la juventud que llenas las páginas santoral católico para ver como Dios nunca abandona a aquellos que pasan por esta peligrosa edad y tantas veces son dejados a su suerte por sus mayores. Es una multitud de llamados en las más variadas situaciones históricas para apoyar y santificar a quienes pasan por aquella fase en que el resto de la vida se decidirá. Entre ellos, tal vez ninguno tenga el reconocimiento que San Juan Bosco suscita por la amplitud de su obra, nacida en circunstancias adversas y que hoy se extiende por el mundo entero. Se puede afirmar que Don Bosco no ignoraba ningún aspecto de la hoy llamada –y tan poco y mal entendida– formación integral del hombre. Incontables enseñanzas suyas podrían ser recordadas con provecho, pero será suficiente transmitir aquí la más importante de todas: “El primer grado para educar bien a los jóvenes consiste en trabajar por que confiesen y comulguen con las debidas disposiciones. Estos sacramentos son los más firmes sostenes de la juventud. La frecuente confesión y comunión y la misa diaria son las columnas que deben sostener un edificio educativo”. (San Juan Bosco. Biografía y escritos, 2 ed., Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1967, p. 428-429)

juan_boscoEl santo turinés tenía muy claro quien es capaz de salvar la juventud: “Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados” (1 Pe 2, 14). Con estas palabras a su vez tan sencillas y repletas de significado teológico San Pedro anuncia la buena noticia, enseñando que Cristo Crucificado compró para los hombres ―¡a precio muy alto!― la justicia perdida por el pecado. Pero, ¿qué significa exactamente justicia? El Concilio de Trento la define: “la justificación misma que no es sólo remisión de los pecados [Can. 11], sino también santificación y renovación del hombre interior, por la voluntaria recepción de la gracia y los dones, de donde el hombre se convierte de injusto en justo y de enemigo en amigo, para ser heredero según la esperanza de la vida eterna (Tit 3, 7)” (Denzinger-Hünermann 1528). El justo es, pues, el santo. Y para la santidad son llamados todos los hombres, desde su niñez y juventud, sean ricos o pobres, de la élite o de las periferias. Por eso, enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “Conviene pedir a los responsables de la educación que impartan a la juventud una enseñanza respetuosa de la verdad, de las cualidades del corazón y de la dignidad moral y espiritual del hombre” (CCE 2526), camino para la santidad. Sin enseñar el camino de la santidad, por lo tanto, no se educa, sino que apenas se instruye, como bien recordaba el mismo San Juan Bosco.

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Y ese deber educativo es parte integrante de la misión evangelizadora de la Iglesia y en esta misión, dijo Benedicto XVI a los educadores católicos de Estados Unidos, “las instituciones educativas juegan un papel crucial, está en consonancia con la aspiración fundamental de la nación de desarrollar una sociedad verdaderamente a la altura de la dignidad de la persona humana” (Discurso en el Encuentro con los educadores católicos, en el salón de conferencias de la Universidad Católica de América, Washington, D.C., 17 de abril de 2008). El pontífice alertó además a los Obispos de este mismo país: “No es exagerado afirmar que proporcionar a los jóvenes una sólida educación en la fe representa el desafío interno más urgente que debe afrontar la comunidad católica en vuestro país. El depósito de la fe es un tesoro inestimable que cada generación debe transmitir a la sucesiva, conquistando corazones para Jesucristo y formando las mentes en el conocimiento, en la comprensión y en el amor a su Iglesia” (Discurso a Obispos de EUA en visita “ad limina”, 5 de mayo de 2012). Este fue el panorama del Congreso Mundial de Educación Católica, promovido por la Congregación para la Educación Católica en noviembre pasado, cuya síntesis conclusiva afirma: “una escuela católica, haciendo escuela desde la perspectiva católica, sirve a la evangelización. Porque evangeliza la cultura, las relaciones, los valores, la educación en sí misma. Y porque, del modo en el que sea posible en cada caso, hace su aportación específica a la formación religiosa y al anuncio de Jesucristo, de manera especial desde ámbitos extra-académicos. La Educación Católica sirve a todo tipo de alumnos y familias, y a todos puede ayudar a acercarse al don de Jesucristo”. Desde siempre la Santa Iglesia entendió la educación católica de esta manera. Sí, como para Don Bosco, para la Santa Iglesia la educación siempre tuvo como fin principal preparar a los jóvenes para su entrada en el Cielo. Actualmente, contra toda expectativa, nacen nuevas teorías al respecto en el ámbito católico que levantan dudas y… confusión, y más confusión.

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No hace mucho Francisco fundó una red llamada Scholas Ocurrentes que aspira a convertirse en una referencia mundial para la educación de los jóvenes. Cualquiera que escuchara hablar de un movimiento educativo fundado por el Sumo Pontífice pensaría en las más urgentes necesidades de los jóvenes, entre las que deberían destacarse las mismas que tenía San Juan Bosco hace más de un siglo. Por eso, nos sorprende que esta entidad destaque como su fin vincular “la tecnología, el arte y el deporte para fomentar la integración social y la cultura del encuentro” a partir de una educación que “recupere una mirada antropológica y los valores humanos esenciales y que abarque toda la realidad que viven los chicos. Es decir, una mirada holística y de integración social” (Scholas Ocurrentes). No deja de ser curioso que el propio Francisco, fundador de esta red laica de enseñanza, haya querido que el símbolo de la misma sea su propia mano dentro de la cual parece estar el mundo entero. En fin, fuera de las suspicacias que esto levantará no deja de ser cierto que es bastante extraño para quien siempre desea mostrarse como muy humilde y sencillo. Pero lo cierto es que en ningún momento se encuentra en esta página un símbolo religioso católico, ni tan siquiera una sencilla mención a Dios, pero abundan las recurrentes coletillas de la integración y del encuentro y… ¡¡como no!!, a los famosos “valores” que nadie define, pero a los que todo el mundo se agarra y que, por lo tanto, parecen adolecer de un contenido tan arcano como sospechoso… porque bajo la coraza de los valores etéreos se cobijan hoy desde clubes de fútbol hasta los políticos del más variado pelaje. Curioso que asume esos pastosos valores quien no tuvo empacho en despreciar la expresión “valores no negociables” acuñada por Benedicto XVI, colocándose una vez más por encima de todos los papas anteriores. Pero, ¿de qué valen los valores sin el fundamento de la única moral objetiva, que es la católica? Por lo tanto, cabe preguntarse: ¿Qué necesita la juventud? ¿Qué valor tienen los valores sin Dios? ¿Cómo se debe formar católicamente los jóvenes? Estas preguntas como tantas otras siempre han sido respondidas por el Magisterio y por el propio hijo de Mamma Margherita.

Francisco

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Cita ACita BCita CCita DCita E

Enseñanzas del Magisterio

Entra en las diversas partes de nuestro estudio

ContenidoAutores
I – ¿Puede existir educación sin Dios?
II – ¿Cómo educar cristianamente la juventud?
III – ¿Para qué sirven los juegos y la educación física?
IV – Lo que Dios espera de la juventud es la santidad
V – La Iglesia está llamada a evangelizar la cultura

I – ¿Puede existir educación sin Dios?

Juan XXIII

La esencia de la educación es la colaboración con la gracia

Pío XI

Método equivocado de educar: adherirse a las cosas terrenas

Pablo VI

Reducir la misión de la Iglesia a un proyecto puramente temporal es perder su significación más profunda
La evangelización debe abarcar al hombre entero

Pío X

Hay cristianos que viven temeraria y imprudentemente en lo tocante a la religión

Benedicto XVI

Es un contrasentido pretender eliminar a Dios, fuente de la vida

Pío XII

Oponed resistencia a la educación concebida sobre bases naturalistas

San Juan Bosco

La moderna pedagogía reduce la religión a puro sentimiento
Sin la religión no se consigue ningún fruto entre los jóvenes

Santo Tomás de Aquino

Sólo Dios puede llenar la voluntad del hombre

Benedicto XVI

Las personas necesitan ser llamadas a cultivar una relación con Cristo

II – ¿Cómo educar cristianamente la juventud?

Sagrada Escritura

La educación es joya de oro
El espíritu educador huye del engaño
El camino elegido en la juventud determinará el de la vejez
Las Escrituras dan la sabiduría que conduce a la salvación
Dios nos educa para que participemos de su santidad

Pío XI

La juventud debe estar armada cristianamente

San Juan Bosco

La Eucaristía y la confesión son los sostenes de la juventud
Los educadores deben tener como fin la salvación de las almas
Educador cristiano es el que encamina por la senda de la santidad
Formar el corazón con el celo por la gloria de Dios
La instrucción debe comenzar por el conocimiento del fin
No descuidar la facultad soberana, la voluntad
El niño, sobreexcitado por la cultura intensa, es juguete del maligno
Todo debe concurrir para la formación de la conciencia
Moralidad: ¡he aquí lo que más importa!

Pío XI

El verdadero cristiano es el hombre sobrenatural que siente, piensa y obra según la recta razón iluminada por los ejemplos de Cristo
La educación está ordenada al fin último del hombre

Pío XII

A la escasez de principios contraponed una educación capaz de discernir la moral

Juan XXIII

Hay que orientar el comportamiento total del joven

Benedicto XVI

Sin disciplina no se prepara el joven para afrontar las pruebas del futuro

Pío XII

Desarrollar el espíritu jerárquico para disipar la atmósfera de excesiva libertad

Pío XI

Desde la infancia, educar el entendimiento y la voluntad con los medios sobrenaturales
Hoy el decálogo es ignorado
Los tesoros educativos pertenecen a la Iglesia

III – ¿Para qué sirven los juegos y la educación física?

Pío XI

Desarrollar las energías naturales con la vida sobrenatural

San Juan Bosco

La educación física es importante para hacer del cuerpo colaborador del espíritu
Los juegos que apasionan por intereses materiales no son recomendables
En los años de la juventud el hombre debe habituarse al trabajo

Pío XII

La Iglesia aprueba la cultura física cuando no se encamina al culto del cuerpo

San Juan Crisóstomo

La vida del cristiano es de combate y lucha, no de diversión y de placer
Consumir las energías en lo temporal es traicionar la salvación

San Alfonso de Ligorio

Todo lo de este mundo acaba

IV – Lo que Dios espera de la juventud es la santidad

Pablo VI

Que la juventud no deje de expandir la fe

Juan Pablo II

Sin Dios, los valores creados quedan vacíos
Cristo os llama a comprometeros en favor del bien
Buscar la santidad en el estudio y en el trabajo

San Juan Bosco

Del temor de Dios depende todo nuestro bien
Las virtudes son el mejor ornamento de un joven
Desde pequeño, caminar por la senda de la virtud
El cristiano debe procurar conocer la voluntad divina
Desprendeos de lo terreno para elevaros al cielo
El mundo es muy ingrato

San Ambrosio de Milán

No hay daño más oculto que las dulzuras del mundo

San Juan Crisóstomo

Los negocios humanos son humo que ciega para la eternidad

Benedicto XVI

Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos

V – La Iglesia está llamada a evangelizar la cultura

Pablo VI

Las culturas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva

Concilio Vaticano II

La Iglesia ha empleado los hallazgos de las diversas culturas para difundir el mensaje de Cristo
Contribución a que la familia humana se eleve a los conceptos más altos de la verdad, del bien y de la belleza

Pío XI

Es derecho inalienable de la Iglesia vigilar la educación de sus hijos

Descubre otra innovación:

topic-3¿El cuidado del hombre es lo más importante en la Iglesia?

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