154 – La Iglesia nunca ha estado tan bien como hoy

En los campos de concentración surgidos a lo largo de toda la tierra en los últimos tiempos, hemos podido constatar el innumerable “ingenio” de la humanidad para engendrar sufrimientos inhumanos a los presos, que más parecen surgidos de la mente del Maligno. Malos tratos físicos y presiones psicológicas de todo tipo podían hacer que en poco tiempo la víctima se encontrase en un estado no muy lejano al fallecimiento. Si en ese momento entrara un médico y la examinase, declarando encontrarse en perfecta salud, bien alimentada y apta para cualquier actividad… ¿qué pensaría el preso de ese facultativo? Algo así, sin duda, tal vez fuese una tortura psicológica peor que las infringidas por los carceleros… lo que además serviría para que éstos continuarán su “trabajo”. En el fondo, ese médico se portó como sus peores enemigos.

En los días que corren, hay muchos católicos que sufren con la situación de la Santa Madre Iglesia. Preocupados con la decadencia moral y la tibieza de los que aún se dicen hijos de la Iglesia, con la falta de verdaderas vocaciones religiosas y sacerdotales, con los sacramentos cada vez menos frecuentados, con la piedad desapareciendo como un recuerdo del pasado o, por que no decirlo, con los desvíos practicados incluso por tantos clérigos… Al mismo tiempo, persecuciones y muertes de católicos en países musulmanes, y la profesión de fe cada vez más cercada por la ley en naciones otrora cristianas, hacen que los católicos confíen apenas en la promesa hecha por Nuestro Señor Jesucristo sobre la inmortalidad de la Iglesia, sin la cual habría que preguntarse si Ella sobreviviría a la actual crisis. El dolor de esta situación no significa que se dude, y además ayuda a fortalecer los ánimos.

Sin embargo… escuchar de la voz del que debería ser pastor, diciendo que en estos momentos históricos “la Iglesia nunca ha estado tan bien”… nos recuerda al “atestado médico” del hipotético preso mencionado encima.

Realmente sin una fe firme en Dios y en la intercesión de la Santísima Virgen, no sería difícil enloquecer…

Francisco

brazil_pope_world_you_fran9

Cita A

 Enseñanzas del Magisterio

Entra en las diversas partes de nuestro estudio

ContenidoAutores
 

I Benedicto XVI y Juan Pablo II se preocuparon mucho por la grave situación de la Iglesia. ¿Por qué?
II
En medio de las grandes crisis Dios manda los verdaderos santos, que enfrentan y vencen las herejías. El mundo los odia pero ellos hacen la fe triunfar
IIIAunque atacada por incontables y poderosos enemigos, la Iglesia no será destruida. ¿Cuál es la lección del pasado?

I – Benedicto XVI y Juan Pablo II se preocuparon mucho por la grave situación de la Iglesia. ¿Por qué?

Estadísticas

El Diario

La práctica religiosa en España ha quedado muy reducida

España ya no es un país católico practicante. La práctica religiosa ha quedado muy reducida a mayores y a mujeres, de pueblos pequeños, de clase obrera y con educación primaria o secundaria, generalmente del interior de España. La gran mayoría de los españoles no acepta los postulados de la Iglesia Católica ni va a misa (64,7%), ni se casa por la iglesia (63%), acepta los matrimonios entre personas del mismo sexo (un 56% según el Eurobarómetro de 2006), ni cumple la cuaresma, ni la castidad prematrimonial ni tantas otras cosas. (El Diario, 16 de abril de 2014)

El Mundo

Méjico está perdiendo más y más fieles

En 1950, los católicos representaban el 98,2%, reducido en 2010 al 89,3%. Dicho así puede no parecer mucha la diferencia, pero en número de fieles sí lo es porque, si hubiera mantenido el porcentaje, habría 17,4 millones de seguidores más de la doctrina católica, que ha perdido en este tiempo. (El mundo, 23 de marzo de 2011)

La Nación

La apostasía de la fe católica es un fenómeno latinoamericano

El catolicismo continúa perdiendo fieles en Latinoamérica en favor del protestantismo […] Un 84% de los latinoamericanos manifiesta haber sido educado en la fe católica, lo cual supone 15 puntos porcentuales más que los que actualmente se reconocen como católicos. Por ejemplo, alrededor de uno de cada cuatro nicaragüenses, uno de cada cinco brasileños y uno de cada siete venezolanos ya no son católicos. (La Nación, 14 de noviembre de 2014)

Benedicto XVI

Hay una crisis de fe en las estructuras de la Iglesia

Permitidme afrontar aquí un aspecto de la específica situación alemana. En Alemania la Iglesia está organizada de manera óptima. Pero, detrás de las estructuras, ¿hay una fuerza espiritual correspondiente, la fuerza de la fe en el Dios vivo? Debemos decir sinceramente que hay un desfase entre las estructuras y el Espíritu. Y añado: La verdadera crisis de la Iglesia en el mundo occidental es una crisis de fe. Si no llegamos a una verdadera renovación en la fe, toda reforma estructural será ineficaz. (Benedicto XVI. Discurso al consejo del comité central de los católicos alemanes, 24 de septiembre de 2011)

El abandono de los sacramentos y la mala interpretación del Concilio son causas de la grave crisis actual

En las últimas décadas, sin embargo, la Iglesia en vuestro país ha tenido que afrontar nuevos y graves retos para la fe debidos a la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa. El cambio social ha sido muy veloz y con frecuencia ha repercutido adversamente en la tradicional adhesión de las personas a la enseñanza y los valores católicos. Asimismo, a menudo se dejaban de lado las prácticas sacramentales y devocionales que sostienen la fe y la hacen capaz de crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales. También fue significativa en ese período la tendencia, incluso por parte de sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de las realidades seculares sin suficiente referencia al Evangelio. El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II a veces fue mal entendido y, además, a la luz de los profundos cambios sociales que estaban teniendo lugar, no era nada fácil discernir la mejor manera de realizarlo. En particular, hubo una tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, a evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este contexto general debemos tratar de entender el desconcertante problema del abuso sexual de niños, que ha contribuido no poco al debilitamiento de la fe y a la pérdida de respeto por la Iglesia y sus enseñanzas. Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que dieron lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de sus causas y encontrar remedios eficaces. Ciertamente, entre los factores que contribuyeron a ella, podemos enumerar: procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa; insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados; una tendencia en la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos, cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y la falta de tutela de la dignidad de cada persona. Hay que actuar con urgencia para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido la luz del Evangelio como no lo habían logrado ni siquiera siglos de persecución. (Benedicto XVI. Carta pastoral a los católicos de Irlanda, n. 4, 19 de marzo de 2010)

No faltan las vocaciones, lo que falta es la escucha

El gran sufrimiento de la Iglesia de hoy en Europa y en Occidente es la falta de vocaciones sacerdotales, pero el Señor llama siempre; lo que falta es la escucha. Nosotros hemos escuchado su voz y debemos estar atentos a la voz del Señor también para los demás, ayudarles a que la escuchen y así acepten la llamada, se abran a un camino de vocación a ser pastores con Cristo. (Benedicto XVI. Lectio Divina en el encuentro con el clero de Roma, 23 de febrero de 2012)

Escasez de clero en no pocas regiones del mundo

Mientras continúa siendo necesaria y urgente la primera evangelización en no pocas regiones del mundo, la escasez de clero y la falta de vocaciones afectan hoy a muchas diócesis e institutos de vida consagrada. Es importante reafirmar que, aun en medio de dificultades crecientes, el mandato de Cristo de evangelizar a todas las gentes sigue siendo una prioridad. Ninguna razón puede justificar una ralentización o un estancamiento, porque “la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Evangelli nuntiandi, n. 14). Esta misión “se halla todavía en los comienzos y debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio” (Redemptoris missio, n. 1). ¿Cómo no pensar aquí en el macedonio que, apareciéndose en sueños a San Pablo, gritaba: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”? Hoy son innumerables los que esperan el anuncio del Evangelio, los que se encuentran sedientos de esperanza y de amor. (Benedicto XVI. Mensaje para la jornada mundial de las misiones, n. 3, 11 de mayo de 2008)

Las iglesias particulares corren el peligro de secarse

[Pregunta] Santo Padre, soy Anthony Denton y vengo de Oceanía, de Australia. Esta noche aquí somos muchísimos sacerdotes. Pero sabemos que nuestros seminarios no están llenos y que, en el futuro, en varias partes del mundo, nos espera una disminución, incluso brusca. ¿Qué hacer que sea realmente eficaz para las vocaciones? ¿Cómo proponer nuestra vida, lo que de grande y bello hay en ella, a un joven de nuestro tiempo? [Respuesta] Gracias. Realmente usted toca de nuevo un problema grande y doloroso de nuestro tiempo: la falta de vocaciones, a causa de la cual hay Iglesias particulares que corren el peligro de secarse, porque falta la Palabra de vida, falta la presencia del sacramento de la Eucaristía y de los demás sacramentos. (Benedicto XVI. Discurso en el encuentro internacional de sacerdotes, 10 de junio de 2010)

Juan Pablo II

Los católicos se ven tentados por un cristianismo sociológico sin dogmas definidos y sin moral objetiva

Es necesario admitir con realismo, y con profunda y atormentada sensibilidad, que los cristianos hoy, en gran parte, se sienten extraviados, confusos, perplejos e incluso desilusionados; se han esparcido a manos llenas ideas contrastantes con la verdad revelada y enseñada desde siempre; se han propalado verdaderas y propias herejías, en el campo dogmático y moral, creando dudas, confusiones, rebeliones, se ha manipulado incluso la liturgia; inmersos en el “relativismo” intelectual y moral, y por esto, en el permisivismo, los cristianos se ven tentados por el ateísmo, el agnosticismo, el iluminismo vagamente moralista, por un cristianismo sociológico, sin dogmas definidos y sin moral objetiva. (Juan Pablo II. Discurso a los participantes en el Congreso Nacional Italiano sobre el tema Misiones al pueblo para los años 80,6 de febrero de 1981)

Nace una nueva cultura con un agnosticismo religioso cada vez más difuso

Asistimos al nacimiento de una nueva cultura, influenciada en gran parte por los medios de comunicación social, con características y contenidos que a menudo contrastan con el Evangelio y con la dignidad de la persona humana. De esta cultura forma parte también un agnosticismo religioso cada vez más difuso, vinculado a un relativismo moral y jurídico más profundo, que hunde sus raíces en la pérdida de la verdad del hombre como fundamento de los derechos inalienables de cada uno. Los signos de la falta de esperanza se manifiestan a veces en las formas preocupantes de lo que se puede llamar una “cultura de muerte”. (Juan Pablo II. Exhortación apostólica Ecclesia in Europa, n. 9, 28 de junio de 2003)

El dinamismo misionero es afectado por la crisis de vocaciones religiosas

En los caminos de la evangelización no faltan las dificultades. Sobre todo en ciertos países sufrís la falta de vocaciones, que debilita vuestro dinamismo. Esta prueba no es específicamente vuestra; afecta a muchas diócesis y familias religiosas hoy. Pero esta crisis os atañe especialmente a vosotros, que habéis atribuido siempre un lugar importante a las vocaciones en vuestra pastoral misionera, creando seminarios menores en las Iglesias jóvenes que se os han confiado. Esta atención particular os ha llevado también a recibir la responsabilidad del Pontificio seminario francés de Roma. Preocupaos por ayudar a los seminaristas a prepararse para su ministerio, mediante una formación humana, intelectual y pastoral que les permita insertarse en la vida eclesial de sus diócesis. Esto supone un conocimiento preciso de las Iglesias locales y un diálogo permanente con sus pastores. Por tanto, la disminución del número de seminaristas y de vocaciones misioneras no debe atenuar la calidad del discernimiento ni las exigencias, sobre todo espirituales y morales, requeridas para el ministerio sacerdotal. En efecto, el anuncio del Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo exige testigos fieles, animados por el Espíritu de santidad, que sean signos para sus hermanos con la fuerza de su palabra y, sobre todo, con la autenticidad de su vida. (Juan Pablo II. Mensaje al superior general de la congregación del Espírito Santo, n. 5, 24 de mayo de 2002)

La poca frecuencia de la misa por parte de los fieles causa graves preocupaciones

En este momento no puedo por menos de exponeros dos graves preocupaciones que brotan de algunos datos negativos: los referidos a la participación en la celebración eucarística y a la falta de vocaciones. A la vez que expreso mi aprecio por todo lo que hacéis en defensa del domingo en la vida social y económica, siento el deber de exhortaros a impulsar de forma incansable y firme a los fieles encomendados a vosotros a cumplir el precepto dominical, tal como han hecho los pastores desde los primeros siglos hasta hoy: “Dejad todo en el día del Señor y corred con diligencia a vuestras asambleas, porque es vuestra alabanza a Dios. Pues, ¿qué disculpa tendrán ante Dios aquellos que no se reúnen en el día del Señor para escuchar la palabra de vida y nutrirse con el alimento divino que es eterno?” (Didascalia de los Apóstoles II, 59, 2-3). (Juan Pablo II. Discurso a la conferencia episcopal de Austria en visita ad limina, n. 8, 20 de noviembre de 1998)

Pontificio Consejo para la Familia

Los actuales desvíos familiares son causa de la crisis de vocaciones religiosas

La Revelación cristiana presenta dos vocaciones al amor: el matrimonio y la virginidad. No raramente, en algunas sociedades actuales están en crisis no sólo el matrimonio y la familia, sino también las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Las dos situaciones son inseparables: “cuando no se estima el matrimonio, no puede existir tampoco la virginidad consagrada; cuando la sexualidad humana no se considera un valor donado por el Creador, pierde significado la renuncia por el Reino de los cielos”. A la disgregación de la familia sigue la falta de vocaciones; por el contrario, donde los padres son generosos en acoger la vida, es más fácil que lo sean también los hijos cuando se trata de ofrecerla a Dios. (Pontificio Consejo para la Familia. Sexualidad Humana: verdad y significado, n. 34, 8 de diciembre de 1995)

Congregación para el Clero

El relativismo de los cristianos hace proliferar “nuevos movimientos religiosos” que tienen prácticas y doctrinas lejanas de la fe

En un clima de relativismo religioso y cultural, y a veces también a causa de la conducta no recta de los cristianos, proliferan hoy “nuevos movimientos religiosos”, llamados también sectas o cultos, con multitud de nombres y de tendencias, difíciles de clasificar de modo orgánico y preciso. En la medida que es posible, cabe distinguir movimientos de matriz cristiana, otros derivados de religiones orientales y otros vinculados a tradiciones esotéricas. La razón de la preocupación estriba en que sus doctrinas y prácticas de vida se alejan de los contenidos de la fe cristiana. (Congregación para el Clero. Directorio general para la catequesis, n. 201, 17 de abril de 1998)

II – En medio de las grandes crisis Dios manda los verdaderos santos, que enfrentan y vencen las herejías. El mundo los odia pero ellos hacen la fe triunfar

Benedicto XVI

En medio a las épocas difíciles de la Iglesia surgen santos guiados por la luz de Dios

Al inicio del nuevo año miremos la historia del cristianismo, para ver cómo se desarrolla una historia y cómo puede renovarse. En ella podemos ver que los santos, guiados por la luz de Dios, son los auténticos reformadores de la vida de la Iglesia y de la sociedad. Maestros con la palabra y testigos con el ejemplo, saben promover una renovación eclesial estable y profunda, porque ellos mismos están profundamente renovados, están en contacto con la verdadera novedad: la presencia de Dios en el mundo. Esta consoladora realidad, o sea, que en cada generación nacen santos y traen la creatividad de la renovación, acompaña constantemente la historia de la Iglesia en medio de las tristezas y los aspectos negativos de su camino. (Benedicto XVI. Audiencia general, 13 de enero de 2010)

San Atanasio enviado para defender la Iglesia y aplastar la herejía arriana

San Atanasio fue, sin duda, uno de los Padres de la Iglesia antigua más importantes y venerados. Pero este gran santo es, sobre todo, el apasionado teólogo de la encarnación del Logos, el Verbo de Dios que, como dice el prólogo del cuarto evangelio, “se hizo carne y puso su morada entre nosotros” (Jn 1, 14). Precisamente por este motivo San Atanasio fue también el más importante y tenaz adversario de la herejía arriana, que entonces era una amenaza para la fe en Cristo, reducido a una criatura “intermedia” entre Dios y el hombre, según una tendencia que se repite en la historia y que también hoy existe de diferentes maneras. […] Su intransigencia, tenaz y a veces muy dura, aunque necesaria, contra quienes se habían opuesto a su elección episcopal y sobre todo contra los adversarios del Símbolo de Nicea, le provocó la implacable hostilidad de los arrianos y de los filo-arrianos. (Benedicto XVI. Audiencia general, 20 de junio de 2007)

Contra las tendencias heréticas de los cátaros, Santa Hildegarda promovió una reforma en la Iglesia

[Santa Hildegarda] Dentro de los muros claustrales atendió el bien espiritual y material de sus hermanas, favoreciendo de manera particular la vida comunitaria, la cultura y la liturgia. Fuera se empeñó activamente en vigorizar la fe cristiana y reforzar la práctica religiosa, contrarrestando las tendencias heréticas de los cátaros, promoviendo la reforma de la Iglesia con los escritos y la predicación, contribuyendo a mejorar la disciplina y la vida del clero. Por invitación primero de Adriano IV y después de Alejandro III, Hildegarda ejerció un fecundo apostolado —entonces no muy frecuente para una mujer— realizando algunos viajes no carentes de malestares y dificultades, a fin de predicar hasta en las plazas públicas y en varias iglesias catedrales, como ocurrió, entre otros lugares, en Colonia, Tréveris, Lieja, Maguncia, Metz, Bamberg y Würzburg. La profunda espiritualidad presente en sus escritos ejercita una relevante influencia tanto en los fieles como en las grandes personalidades de su tiempo, involucrando en una incisiva renovación la teología, la liturgia, las ciencias naturales y la música. (Benedicto XVI. Carta apostólica Santa Hildegarda de Bingen, monja profesa de la Orden de San Benito es proclamada Doctora de la Iglesia universal, n. 2, 07 de octubre de 2012)

Inocencio III reconoce en Francisco de Asís el hombre que “con sus hombros sostiene a la Iglesia”

Cristo en la cruz tomó vida en tres ocasiones y le dijo: “Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas”. Este simple acontecimiento de escuchar la Palabra del Señor en la iglesia de San Damián esconde un simbolismo profundo. En su sentido inmediato San Francisco es llamado a reparar esta iglesita, pero el estado ruinoso de este edificio es símbolo de la situación dramática e inquietante de la Iglesia en aquel tiempo, con una fe superficial que no conforma y no transforma la vida, con un clero poco celoso, con el enfriamiento del amor; una destrucción interior de la Iglesia que conlleva también una descomposición de la unidad, con el nacimiento de movimientos heréticos. Sin embargo, en el centro de esta Iglesia en ruinas está el Crucifijo y habla: llama a la renovación, llama a Francisco a un trabajo manual para reparar concretamente la iglesita de San Damián, símbolo de la llamada más profunda a renovar la Iglesia de Cristo, con su radicalidad de fe y con su entusiasmo de amor a Cristo. Este acontecimiento, que probablemente tuvo lugar en 1205, recuerda otro acontecimiento parecido que sucedió en 1207: el sueño del Papa Inocencio III, quien en sueños ve que la basílica de San Juan de Letrán, la iglesia madre de todas las iglesias, se está derrumbando y un religioso pequeño e insignificante sostiene con sus hombros la iglesia para que no se derrumbe. Es interesante observar, por una parte, que no es el Papa quien ayuda para que la iglesia no se derrumbe, sino un pequeño e insignificante religioso, que el Papa reconoce en Francisco cuando este lo visita. Inocencio III era un Papa poderoso, de gran cultura teológica y gran poder político; Sin embargo, no es él quien renueva la Iglesia, sino el pequeño e insignificante religioso: es san Francisco, llamado por Dios. (Benedicto XVI. Audiencia general, 27 de enero de 2010)

En los momentos de mayor dificultad Dios suscita santos y santas que sacuden las mentes provocando conversión

Hoy quiero hablaros de una mujer que tuvo un papel eminente en la historia de la Iglesia. Se trata de Santa Catalina de Siena. El siglo en el que vivió —siglo XIV— fue una época tormentosa para la vida de la Iglesia y de todo el tejido social en Italia y en Europa. Sin embargo, incluso en los momentos de mayor dificultad, el Señor no cesa de bendecir a su pueblo, suscitando santos y santas que sacudan las mentes y los corazones provocando conversión y renovación. Catalina es una de estas personas y también hoy nos habla y nos impulsa a caminar con valentía hacia la santidad para que seamos discípulos del Señor de un modo cada vez más pleno. (Benedicto XVI. Audiencia general, 24 de noviembre de 2010)

San Roberto Belarmino afirma la identidad de la Iglesia frente a los protestantes

San Roberto Belarmino, del cual deseo hablaros hoy, nos lleva con la memoria al tiempo de la dolorosa escisión de la cristiandad occidental, cuando una grave crisis política y religiosa provocó la separación de naciones enteras de la Sede Apostólica. […] Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1570, fue durante algunos años profesor de teología en Lovaina. Sucesivamente, llamado a Roma como profesor en el Colegio Romano, se le encomendó la cátedra de “Apologética”; durante la década en la que ocupó ese cargo (1576 – 1586) elaboró un curso de lecciones que confluyeron después en las Controversiae, obra que en seguida se hizo célebre por la claridad y la riqueza de contenidos y por su corte predominantemente histórico. Hacía poco que se había concluido el Concilio de Trento y la Iglesia Católica necesitaba afianzar y confirmar su identidad, también respecto a la Reforma protestante. La acción de Belarmino se insertó en este contexto. […] San Roberto Belarmino desempeñó un papel importante en la Iglesia de las últimas décadas del siglo XVI y de las primeras del siglo sucesivo. Sus Controversiae constituyen un punto de referencia todavía válido para la eclesiología católica sobre las cuestiones acerca de la Revelación, la naturaleza de la Iglesia, los sacramentos y la antropología teológica. En ellas aparece acentuado el aspecto institucional de la Iglesia, con motivo de los errores que entonces circulaban sobre esas cuestiones. Sin embargo, Belarmino aclaró también los aspectos invisibles de la Iglesia como Cuerpo Místico y los ilustró con la analogía del cuerpo y del alma, a fin de describir la relación entre las riquezas interiores de la Iglesia y los aspectos exteriores que la hacen perceptible. En esta obra monumental, que trata de sistematizar las diversas controversias teológicas de la época, evita todo detalle polémico y agresivo respecto a las ideas de la Reforma, pero, utilizando los argumentos de la razón y de la Tradición de la Iglesia, ilustra de modo claro y eficaz la doctrina católica. (Benedicto XVI. Audiencia general 23 de septiembre de 2011)

III – Aunque atacada por incontables y poderosos enemigos, la Iglesia no será destruida. ¿Cuál es la lección del pasado?

Pío XI

Después de las borrascas la Iglesia es coronada por nuevos triunfos

La Iglesia de Cristo, fundada sobre una piedra inconmovible, nada tiene que temer por sí, puesto que sabe ciertamente que jamás las puertas del infierno prevalecerán contra ella (Mt 16,18); antes bien, por la experiencia de todos los siglos, tiene claramente demostrado que siempre ha salido más fuerte de las mayores borrascas y coronada por nuevos triunfos. (Pío XI. Encíclica Quadragesimo anno, n. 144, 15 de mayo de 1931)

Benedicto XVI

La herejía arriana intentó sin éxito destruir la Iglesia

A pesar del resultado inequívoco del Concilio, que había afirmado con claridad que el Hijo es de la misma substancia del Padre, poco después esas ideas erróneas volvieron a prevalecer —en esa situación, Arrio fue incluso rehabilitado […] Así, la crisis arriana, que parecía haberse solucionado en Nicea, continuó durante décadas con vicisitudes difíciles y divisiones dolorosas en la Iglesia. Y en cinco ocasiones —durante treinta años, entre 336 y 366— San Atanasio se vio obligado a abandonar su ciudad, pasando diecisiete años en el destierro y sufriendo por la fe. Pero durante sus ausencias forzadas de Alejandría el obispo pudo sostener y difundir en Occidente, primero en Tréveris y después en Roma, la fe de Nicea así como los ideales del monaquismo, abrazados en Egipto por el gran eremita san Antonio, con una opción de vida por la que san Atanasio siempre se sintió atraído. (Benedicto XVI. Audiencia general, 20 de junio de 2007)

Pío XII

Durante la gravísima controversia cristológica, brilló el primado del Romano Pontífice

Mas al considerar atentamente este acontecimiento y sus circunstancias, resaltan dos puntos sobre todo, que Nos queremos, cuanto es posible, esclarecer: esto es, el primado del Romano Pontífice, que brilló manifiestamente en la gravísima controversia cristológica, y la grandísima importancia de la definición dogmática del Concilio Calcedonense. Rindan sin vacilar el debido y respetuoso homenaje al Primado de Pedro siguiendo el ejemplo y las huellas de sus mayores aquellos que, por la malicia de los tiempos, especialmente en los países orientales, están separados del seno y de la unidad de la Iglesia, y acepten íntegra esta doctrina del Concilio de Calcedonia, penetrando dentro del misterio de Cristo con la más pura mirada aquellos que están enredados en los errores de Nestorio y de Eutiques; consideren esta misma doctrina con más profunda adhesión a la verdad los que animados de un exagerado deseo de novedades, osan de cualquier modo apartarse de los términos legítimos e inviolables cuando estudian el misterio que nos ha redimido. Finalmente todos aquellos que se glorían del nombre de católicos saquen de aquí un fuete estímulo para cultivar con el pensamiento y la palabra la preciosísima perla evangélica, profesando y conservado pura la fe, pero sin que falte lo que vale más, es decir, el testimonio de la propia vida, en la que, alejando, con la ayuda de la divina misericordia, todo lo que sea disonante, indigno y reprensible, resplandezca la pureza de la virtud, y así venga a participar de la divinidad de Aquel, que se dignó hacerse partícipe de nuestra humanidad. (Pío XII. Encíclica Sempiternus Rex Christus, 8 de septiembre de 1951)

Juan Pablo II

Victoria sobre los iconoclastas en el II Concilio de Nicea

El movimiento de los iconoclastas, rompiendo con la tradición auténtica de la Iglesia, […] El dilema, planteado por los iconoclastas, iba mucho más allá de la oportunidad de un arte cristiano; ponía en tela de juicio toda la visión cristiana de la realidad de la Encarnación, de las relaciones entre Dios y el mundo, la gracia y la naturaleza, en una palabra, la especificidad de la “Nueva Alianza”, que Dios pactó con los hombres en Jesucristo.[…] Así el Papa Adriano pudo escribir: “Las sagradas imágenes son honradas por todos los fieles, de forma que, por medio de un rostro visible, nuestro espíritu sea transportado por atracción espiritual hacia la Majestad invisible de la Divinidad a través de la contemplación de la imagen, en la que está representada la carne que el Hijo de Dios se ha dignado tomar para nuestra salvación. De esta manera adoramos y alabamos, glorificándolo en espíritu, a este mismo Redentor, puesto que, como está escrito, Dios es espíritu y por esto adoramos espiritualmente su divinidad” (Carta de Adriano I a los Emperadores, en Mansi XI). El II Concilio de Nicea, por tanto, ha reafirmado solemnemente la distinción tradicional entre “la verdadera adoración (latreia), que según nuestra fe, conviene solamente a la naturaleza divina”, y “la adoración de honor” (timetiké proskynesis) atribuida a las imágenes, pues “quien se prosterna ante una imagen, se prosterna ante la persona (hipostasis) de quien está representado en ella” (Horos en: Mansi XIII). (Juan Pablo II. Carta apostólica Duodecimum saeculum, n. 9, 4 de diciembre de 1987)

Pío XII

La divina promesa alentó la Iglesia a la victoria sobre las puertas del infierno

Nuestro Misericordiosísimo Redentor, después de conquistar la salvación del linaje humano en el madero de la Cruz y antes de su ascensión al Padre desde este mundo, dijo a sus apóstoles y discípulos, acongojados de su partida, para consolarles: “Mirad que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Voz dulcísima, prenda de toda esperanza y seguridad; esta voz, venerables hermanos, viene a la memoria fácilmente cuantas veces contemplamos desde esta elevada cumbre la universal familia de los hombres, de tantos males y miserias trabajada, y aun la Iglesia, de tantas impugnaciones sin tregua y de tantas asechanzas oprimida. Esta divina promesa, así como en un principio levantó los ánimos abatidos de los apóstoles, y levantados los encendió e inflamó para esparcir la semilla de la doctrina evangélica en todo el mundo, así después alentó a la Iglesia a la victoria sobre las puertas del infierno. Ciertamente en todo tiempo estuvo presente a su Iglesia nuestro Señor Jesucristo; pero lo estuvo con especial auxilio y protección cuantas veces se vio cercada de más graves peligros y molestias, para suministrarle los remedios convenientes a la condición de los tiempos y las cosas, con aquella divina Sabiduría que “toca de extremo a extremo con fortaleza y todo lo dispone con suavidad” (Sab 8, 1). (Pío XII. Encíclica Miserentissimus redemptor, n. 1, 8 de mayo de 1928)

Estudios relacionados
  • 1 - El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido y entre cristianos es en sí mismo un pecado grave
  • 116 - Me surge pensar en la tentación de relacionar el anuncio del Evangelio con bastonazos inquisidores. No, el Evangelio se anuncia con dulzura
  • 131 - Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación
  • 141 - Esta oscura mundanidad se manifiesta en muchas actitudes. En algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia
  • 153 - En la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador

  • Print Friendly, PDF & Email