102 – La familia es una realidad social, de cultura. No podemos calificarla con conceptos de naturaleza ideológica. No se puede hablar hoy de familia conservadora o familia progresista: la familia es familia

Esta página, cuya finalidad no es otra que la de aclarar un poco las ideas tan confusas de estos días que corren, ya tiene un cierto tiempo de existencia y, según se había previsto, ha recibido, recibe y recibirá palos por todos los lados. Entre las acusaciones que nos lanzan se encuentra la de que, en la mayor parte de nuestros estudios, le buscamos tres pies el gato, o sea, que queremos forzar en las palabras de Francisco un sentido que él no quiso darles. Quien así piensa, parece no haber entendido la finalidad de este trabajo, ni el funcionamiento de cada entrada.

Antes de nada, a un maestro se le exige claridad… mucho más a un Sumo Pontífice en una época donde cualquier lapso es aprovechado por los enemigos de la Iglesia para sus pésimos objetivos. Si tantas veces declaraciones de Juan Pablo II o de Benedicto XVI fueron retorcidas por aquéllos para confundir a la opinión pública, sería de ingenuos pensar que no vaya a ser hecho lo mismo con ciertas palabras de Francisco que ponen en bandeja un uso malintencionado. Unas veces porque en ellas hay que adivinar con la mejor de las voluntades su sentido ortodoxo, cerrando los oídos al choque que producen. Otras porque obligan a hacer un malabarismo intelectual para armonizar enunciados que, a primera vista, parecen contradecir algo que se dice pocas líneas abajo. Y así, tantas otras circunstancias. No hay más que ver los constantes desmentidos y aclaraciones que la Sala de Prensa de la Santa Sede tiene que emitir a propósito de dichos y hechos de Francisco. Si esto no es fácil para quien tiene buena voluntad, parece un poco difícil exigírselo a quienes tienen por curiosa afición rebuscar carroña para usarla de arma arrojadiza contra la Iglesia. Esta es la razón por la que, en muchas de nuestras entradas queremos, sobretodo, mostrar objetivamente la doctrina católica en su palmaria claridad a fin de que nadie pueda justificarse en las palabras del Obispo de Roma para atacar la verdad. Es el caso que nos ocupa en este estudio.

En las palabras de Francisco que serán analizadas vemos en pocas líneas las siguientes afirmaciones:

  • La familia es una realidad antropológica.

  • En consecuencia, una realidad social, de cultura.

  • No podemos calificar la familia con conceptos de naturaleza ideológica.

  • La familia es familia.

Después de leer y releer estas palabras, confesamos que no conseguimos entender el sentido más profundo y mucho menos la intención que tuvo Francisco al pronunciarlas, pues, a primera vista, parecen contener una enorme contradicción. Si la familia, por ser una realidad antropológica, es una realidad social, de cultura –se entiende, por lo tanto, que la sociedad y la cultura de su tiempo pueden modelarla–, ¿cómo no se la puede calificar con conceptos ideológicos? Pero, una línea después, nueva contradicción, “la familia es familia” y ya está. Perfecto, pero, ¿como puede ser entonces una realidad de cultura? En fin… que seguimos sin entender y, por eso, nos parece oportuno recordar la doctrina mucho más clara sobre la célula mater de la sociedad que la Iglesia viene enseñando hace 2000 años, tan actual y necesaria para un mundo donde estilos de vida abiertamente inmorales –¡realidades sociales y de cultura!– se implantan por todas las partes. Realmente, la familia no es progresista o conservadora, es familia conforme al plan de Dios, o simplemente no es familia.

Francisco

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No debemos caer en la trampa de ser calificados con conceptos ideológicos. La familia es una realidad antropológica, y, en consecuencia, una realidad social, de cultura, etc. No podemos calificarla con conceptos de naturaleza ideológica, que tienen fuerza sólo en un momento de la historia y después decaen. No se puede hablar hoy de familia conservadora o familia progresista: la familia es familia. No os dejéis calificar por este o por otros conceptos de naturaleza ideológica. (Discurso a los participantes de Congreso organizado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, 17 de noviembre de 2014)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido


I –La unión matrimonial sobre la que se funda la familia es una institución de derecho natural elevada a la categoría de sacramento y debe ser entendida en conformidad con los planes de Dios
II –
La familia según el Magisterio de la Iglesia
III –
Todas las concepciones inmorales de familia no son “familia”


I –La unión matrimonial sobre la que se funda la familia es una institución de derecho natural elevada a la categoría de sacramento y debe ser entendida en conformidad con los planes de Dios


Juan Pablo II
-La familia es una realidad que deriva de la voluntad de Dios
-La familia como pacto de amor duradero es de origen divina

Benedicto XVI
-Institución de derecho natural basada en el matrimonio entre hombre y mujer

Juan Pablo II
-Comprometidos a una comunión de vida

Juan XXIII
-La familia se funda en el matrimonio uno e indisoluble
-Catecismo de la Iglesia Católica
-La familia es formada por un hombre, una mujer e hijos

Pío XI
-Los hijos tienen derecho a ser educados por su madre y padre
-El matrimonio fue instituido por Dios y elevado a sacramento por Cristo

León XIII
-Cristo estrechó la sociedad del varón y de la mujer con la caridad
-Vínculo más firme y más sagrado por medio de Cristo

Benedicto XVI
-El matrimonio tiene valor como institución natural y como sacramento
-El matrimonio confirió mayor profundidad al vínculo conyugal
-El Señor es el centro y el corazón de la familia

Juan Pablo II
-Los cónyuges cristianos están llamados a participar en la indisolubilidad que une a Cristo con la Iglesia

Santo Tomás de Aquino
-El sacramento es un bien del matrimonio

Pío IX
-Errores condenados sobre el matrimonio cristiano

Sagradas Escrituras
-Los dos serán una sola carne


II – La familia según el Magisterio de la Iglesia


Benedicto XVI
-La familia es un bien necesario, fruto del amor y donación total fundada en el matrimonio
-Hoy las características esenciales del matrimonio sacramental son incomprendidas

Juan Pablo II
-La indisolubilidad del matrimonio es signo del amor absolutamente fiel de Dios
-El matrimonio cristiano es un sí total a los planes de Dios
-Jesús, María y José, modelos para las familias

Concilio Vaticano II
-La familia cristiana manifiesta la presencia del Salvador en el mundo

Juan XXIII
-Del vínculo indisoluble nasce una familia ordenada y armónica

Catecismo Romano
-Los bienes del matrimonio: la prole nacida de la legítima esposa

Pío XII
-Familia numerosa es sinónimo de familia cristiana

Pío XI
-La familia no se funda en sentimientos pasajeros sino en voluntades firmes

Comisión Teológica Internacional
-El dinamismo hacia la procreación está intrínsecamente ligado a la inclinación natural que hay en el varón hacia la mujer

San Agustín de Hipona
-Cuanto más castos son los esposos mejor es el matrimonio


III – Todas las concepciones inmorales de familia no son “familia”


Sagradas Escrituras
-Todo lo que repudia a su mujer y se casa con otra adultera
-Vínculo que perdura mientras vivan los conjugues

San Agustín de Hipona
-Por ningún motivo es lícito abandonar a la consorte para unirse a otra

Benedicto XVI
-Hoy la crisis del matrimonio graba en los hijos un tipo de familia alterado
-No hay familia sin una estable unión entre un hombre y una mujer

Juan Pablo II
-Hoy presenciamos una oposición a Dios por lo que se refiere a la esfera del matrimonio
-Todo lo que no incentiva la fidelidad conyugal es anti-familia
-Las ideologías sobre el género y uniones de hecho no corresponden al concepto de “familia”

Congregación para la Doctrina de la Fe
-La unión fuera del matrimonio profana el templo del Espíritu Santo
-Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
-Las uniones de hecho desacreditan el modelo de familia

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica
Uniones fuera del matrimonio son ofensa a su dignidad

Pío IX
-La familia es fruto del matrimonio, no del concubinato

Sagradas Escrituras
-Una abominación para el Señor
-Por haber practicado vicios contra naturaleza padecen la pena de un fuego eterno

Juan Pablo II
-El vínculo entre personas del mismo sexo nunca constituirá familia
-La Iglesia ha de luchar contra el reconocimiento de uniones ilegítimas
-Un legislador cristiano no puede contribuir a crear leyes que perjudican la familia

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
-Uniones homosexuales nunca serán “matrimonio” o “familia”

Congregación para la Doctrina de la Fe
-La familia es de ley natural y las relaciones homosexuales contrastan con esta ley
-Las relaciones homosexuales son depravadas y en nada semejantes al matrimonio
-La actividad homosexual es intrínsecamente inmoral

Pontificio Consejo para la Familia
-Es contrario al sentido común igualar el matrimonio a una relación homosexual

Pío XII
-Sodoma fue destruida a causa de sus delitos contra la familia

Catecismo de la Iglesia Católica
-La homosexualidad es depravación grave y nunca puede recibir aprobación

San Agustín de Hipona
-Los pecados de los sodomitas han de ser detestados y castigados siempre y en todo lugar


I –La unión matrimonial sobre la que se funda la familia es una institución de derecho natural elevada a la categoría de sacramento y debe ser entendida en conformidad con los planes de Dios


Juan Pablo II

  • La familia es una realidad que deriva de la voluntad de Dios

Pero la cuestión central es precisamente esta: ¿se puede hablar también hoy de un modelo de familia? La Iglesia está convencida de que, en el contexto actual, es más necesario que nunca reafirmar las instituciones del matrimonio y la familia como realidades que derivan de la sabia voluntad de Dios y revelan plenamente su significado y valor dentro de su designio creativo y salvífico. (Juan Pablo II. Discurso a los participantes en el segundo simposio europeo de profesores universitarios, n. 3, 25 de junio de 2004)

  • La familia como pacto de amor duradero es de origen divina

La familia tiene su origen en Dios. Fue el Creador quien predispuso el pacto entre un hombre y una mujer. Él bendijo su amor y lo ha hecho fuente de amor mutuo. Lo hizo fecundo y estableció su duración hasta la muerte. En los planes del Creador la familia es una comunidad de personas. Por lo tanto la forma fundamental de la vida y del amor en la familia es el respeto dedicado a cada persona, a cada uno de los miembros de la familia. Que los esposos se estimen y respeten mutuamente. Padres, respetad la personalidad individual de vuestros hijos. Hijos, dedicad a vuestros padres obediente respeto. Todos los miembros de la familia deben sentirse acogidos y respetados porque deben sentirse amados. En especial los ancianos y los enfermos. (Juan Pablo II. Homilía en la misa para las familias de Nigeria, n. 2, 13 de febrero de 1982)

Benedicto XVI

  • Institución de derecho natural basada en el matrimonio entre hombre y mujer

Estos derechos son inalienables precisamente porque el hombre los posee por su propia naturaleza y, por tanto, no están al servicio de otros intereses. Entre ellos cabe mencionar, ante todo, el derecho a la vida en todas las fases de su desarrollo o en cualquier situación en que se encuentre. También el derecho a formar una familia, basada en los vínculos de amor y fidelidad establecidos en el matrimonio entre un hombre y una mujer, y que ha de ser protegida y ayudada para cumplir su incomparable misión de ser fuente de convivencia y célula básica de toda sociedad. En ella, como institución natural, reside, además, el derecho primario a educar a los hijos según los ideales con los que los padres desean enriquecerlos tras haberles acogido con gozo en sus vidas. (Benedicto XVI. Discurso al Señor Pedro Pablo Cabrera Gaete, embajador de Chile ante la Santa Sede, n. 3, 8 de septiembre de 2006)

Juan Pablo II

  • Comprometidos a una comunión de vida

Y podrás formar una familia, fundada en el matrimonio como pacto de amor entre un hombre y una mujer que se comprometen a una comunión de vida estable y fiel. Podrás afirmar con tu testimonio personal que, a pesar de las dificultades y los obstáculos, se puede vivir en plenitud el matrimonio cristiano como experiencia llena de sentido y como buena nueva para todas las familias. (Juan Pablo II. Discurso durante el encuentro con los jóvenes en el palacio de deportes de Berna, n. 5, 5 de junio de 2004)

Juan XXIII

  • La familia se funda en el matrimonio uno e indisoluble

Además tienen los hombres pleno derecho a elegir el estado de vida que prefieran, y, por consiguiente, a fundar una familia, en cuya creación el varón y la mujer tengan iguales derechos y deberes, o seguir la vocación del sacerdocio o de la vida religiosa.
Por lo que toca a la familia, la cual se funda en el matrimonio libremente contraído, uno e indisoluble, es necesario considerarla como la semilla primera y natural de la sociedad humana. De lo cual nace el deber de atenderla con suma diligencia tanto en el aspecto económico y social como en la esfera cultural y ética; todas estas medidas tienen como fin consolidar la familia y ayudarla a cumplir su misión. A los padres, sin embargo, corresponde antes que a nadie el derecho de mantener y educar a los hijos. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in terris, n. 15-17, 11 de abril de 1963)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • La familia es formada por un hombre, una mujer e hijos

Un hombre y una mujer unidos en matrimonio forman con sus hijos una familia. Esta disposición es anterior a todo reconocimiento por la autoridad pública; se impone a ella. Se la considerará como la referencia normal en función de la cual deben ser apreciadas las diversas formas de parentesco. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2202)

Pío XI

  • Los hijos tienen derecho a ser educados por su madre y padre

Acerca de la inviolabilidad de este derecho, da la razón el Angélico: “En efecto, el hijo naturalmente es algo del padre, así, pues, es de derecho natural que el hijo, antes del uso de la razón, esté bajo el cuidado de los padres. Por lo tanto, seria contra la justicia natural si el niño, antes del uso de la razón, fuese sustraído al cuidado de los padres, o de alguna manera se dispusiese de él contra la voluntad de los padres” (Suppl. 3a., 41, 1). Y como la obligación del cuidado de los padres continua hasta que la prole esté en condición de proveerse a sí misma, perdura también el mismo inviolable derecho educativo de los padres. “Porque la naturaleza no pretende solamente la generación de la prole sino también su desarrollo y progreso hasta el perfecto estado del hombre en cuanto es hombre, o sea el estado de virtud” (CIC, c. 1153) dice el mismo Doctor Angélico. (Pío XI. Encíclica Illus magistri, n. 10, 31 de diciembre de 1929)

  • El matrimonio fue instituido por Dios y elevado a sacramento por Cristo

Quede asentado, ante todo, como fundamento inconmovible e inviolable que el matrimonio no fue instituido ni establecido por obra de los hombres, sino por obra de Dios; que fue protegido, confirmado y elevado no con leyes de los hombres, sino del autor mismo de la naturaleza, Dios, y del restaurador de la misma naturaleza, Cristo Señor; leyes, por ende, que no pueden estar sujetas al arbitrio de los hombres, ni siquiera al acuerdo contrario de los mismos cónyuges. Esta es la doctrina de las Sagradas Letras (Gn 1, 27 s; Gn 2, 22 s; Mt 19, 3 ss; Ep 5, 28 ss); ésta, la constante y universal tradición de la Iglesia; ésta, la solemne definición del sagrado Concilio de Trento, que predica y confirma con las palabras mismas de la Sagrada Escritura que el perpetuo e indisoluble vínculo del matrimonio y su unidad y firmeza tienen a Dios por autor. (Denzinger-Hünermann 3700. Pío XI, Encíclica Casti connubii, 31 de diciembre 1930)

León XIII

  • Cristo estrechó la sociedad del varón y de la mujer con la caridad

Como recibido del Magisterio de los Apóstoles hay que considerar cuanto nuestros Santos Padres, los Concilios y la tradición de la Iglesia universal enseñaron siempre, a saber, que Cristo Señor levantó el matrimonio a dignidad de sacramento, y que juntamente hizo que los cónyuges, protegidos y defendidos por la gracia celestial que los méritos de Él produjeron, alcanzaran la santidad en el mismo matrimonio; que en éste, maravillosamente conformado al ejemplar de su mística unión con la Iglesia, no sólo perfeccionó el amor que es conforme a la naturaleza, sino que estrechó más fuertemente la sociedad del varón y de la mujer, indivisible por su naturaleza, con el vínculo de su caridad divina. (Denzinger-Hünermann 3142. León XIII, Encíclica Arcanum divinae sapientiae, 10 de febrero de 1880)

  • Vínculo más firme y más sagrado por medio de Cristo

El matrimonio digno de ser por todo tan honroso (He 13, 4), y que en el principio mismo del mundo instituyo Dios mismo para propagar y conservar la especie humana, y decreto fuese inseparable, enseña la Iglesia que resulto más firme y más sagrado por medio de Cristo, que le confirió la dignidad de sacramento y quiso que representase la forma de su unión con la Iglesia. (León XIII. Encíclica Quod apostolici muneris, n. 7, 28 de diciembre de 1978)

Benedicto XVI

  • El matrimonio tiene valor como institución natural y como sacramento

Vuestro deber de pastores es presentar en toda su riqueza el valor extraordinario del matrimonio que, como institución natural, es “patrimonio de la humanidad”. Por otra parte, su elevación a la altísima dignidad de sacramento debe ser contemplada con gratitud y estupor, como ya lo expresé recientemente al afirmar que “el valor de sacramento que el matrimonio asume en Cristo significa, por tanto, que el don de la creación fue elevado a gracia de redención. La gracia de Cristo no se añade desde fuera a la naturaleza del hombre, no le hace violencia, sino que la libera y la restaura, precisamente al elevarla más allá de sus propios límites.” (Benedicto XVI. Discurso a los presidentes de las comisiones episcopales para la familia y la vida de América Latina, n. 3, 3 de diciembre de 2005)

  • El matrimonio confirió mayor profundidad al vínculo conyugal

Además, según la visión cristiana, el matrimonio, elevado por Cristo a la altísima dignidad de sacramento, confiere mayor esplendor y profundidad al vínculo conyugal, y compromete con mayor fuerza a los esposos que, bendecidos por el Señor de la alianza, se prometen fidelidad hasta la muerte en el amor abierto a la vida. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, 13 de mayo de 2006)

  • El Señor es el centro y el corazón de la familia

Para ellos, el centro y el corazón de la familia es el Señor, que los acompaña en su unión y los sostiene en la misión de educar a sus hijos hacia la edad madura. De este modo, la familia cristiana coopera con Dios no sólo engendrando para la vida natural, sino también cultivando las semillas de la vida divina donada en el bautismo. Estos son los principios, ya conocidos, de la visión cristiana del matrimonio y de la familia. Los recordé una vez más el jueves pasado en mi discurso a los miembros del Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, 13 de mayo de 2006)

Juan Pablo II

  • Los cónyuges cristianos están llamados a participar en la indisolubilidad que une a Cristo con la Iglesia

Cristo renueva el designio primitivo que el Creador ha inscrito en el corazón del hombre y de la mujer, y en la celebración del sacramento del matrimonio ofrece un “corazón nuevo”: de este modo los cónyuges no sólo pueden superar la “dureza de corazón”, sino que también y principalmente pueden compartir el amor pleno y definitivo de Cristo, nueva y eterna Alianza hecha carne. Así como el Señor Jesús es el “testigo fiel”, es el “sí” de las promesas de Dios y consiguientemente la realización suprema de la fidelidad incondicional con la que Dios ama a su pueblo, así también los cónyuges cristianos están llamados a participar realmente en la indisolubilidad irrevocable, que une a Cristo con la Iglesia su esposa, amada por Él hasta el fin.
El don del sacramento es al mismo tiempo vocación y mandamiento para los esposos cristianos, para que permanezcan siempre fieles entre sí, por encima de toda prueba y dificultad, en generosa obediencia a la santa voluntad del Señor: “lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”. (Juan Pablo II. Exhortación apostólica Familiaris consortio, n. 20, 22 de noviembre de 1981)

Santo Tomás de Aquino

  • El sacramento es un bien del matrimonio

Los bienes del matrimonio son tres: el primero lo constituyen los hijos, que han de ser aceptados y educados para el servicio de Dios; el segundo es la fe o lealtad que cada uno de los cónyuges debe guardar al otro; el tercer bien es el sacramento, esto es, la indisolubilidad del matrimonio, por ser signo de la unión indisoluble de Cristo con la Iglesia. (Santo Tomás de Aquino. Artículos de La fe y de los sacramentos de la Iglesia, II)

Pío IX

  • Errores condenados sobre el matrimonio cristiano

85. No puede demostrarse por razón alguna que Cristo elevara el matrimonio a la dignidad de sacramento.
66. El sacramento del matrimonio no es más que un accesorio del contrato y separable de él, y el sacramento mismo consiste únicamente en la bendición nupcial.
67. El vínculo del matrimonio no es indisoluble por derecho de la naturaleza, y en varios casos, la autoridad civil puede sancionar el divorcio propiamente dicho. (Denzinger-Hünermann 2965-2967. Pío IX, Sílabo o colección de los errores modernos, § VIII, Errores sobre el matrimonio cristiano, 8 de diciembre de 1864)

Sagradas Escrituras

  • Los dos serán una sola carne

¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.  (Mt 19, 4-7)


II – La familia según el Magisterio de la Iglesia


Benedicto XVI

  • La familia es un bien necesario, fruto del amor y donación total fundada en el matrimonio

La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad y un gran tesoro de los esposos durante toda su vida. Es un bien insustituible para los hijos, que han de ser fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Proclamar la verdad integral de la familia, fundada en el matrimonio como Iglesia doméstica y santuario de la vida, es una gran responsabilidad de todos.
El padre y la madre se han dicho un “sí” total ante Dios, lo cual constituye la base del sacramento que les une; asimismo, para que la relación interna de la familia sea completa, es necesario que digan también un “sí” de aceptación a sus hijos, a los que han engendrado o adoptado y que tienen su propia personalidad y carácter. Así, estos irán creciendo en un clima de aceptación y amor, y es de desear que al alcanzar una madurez  suficiente quieran dar a su vez un “sí” a  quienes  les han dado la vida. (Benedicto XVI. Discurso para el V Encuentro Mundial de las Familias, 8 de julio de 2006)

  • Hoy las características esenciales del matrimonio sacramental son incomprendidas

Institución divina fundada en el matrimonio, tal y como lo ha querido el Creador mismo (cf. Gen 2, 18-24; Mt 19, 5), la familia está actualmente expuesta a muchos peligros. La familia cristiana, en particular, se ve más que nunca frente a la cuestión de su identidad profunda. En efecto, las características esenciales del matrimonio sacramental —la unidad y la indisolubilidad (cf. Mt 19, 6)—, y el modelo cristiano de familia, de la sexualidad y del amor, se ven hoy en día, si no rechazados, al menos incomprendidos por algunos fieles. Acecha la tentación de adoptar modelos contrarios al Evangelio, difundidos por una cierta cultura contemporánea diseminada por todo el mundo. El amor conyugal se inserta en la alianza definitiva entre Dios y su pueblo, sellada plenamente en el sacrificio de la cruz. Su carácter de mutua entrega de sí al otro hasta el martirio, se manifiesta en algunas Iglesias orientales, donde cada uno de los contrayentes recibe al otro como “corona” durante la ceremonia nupcial, llamada con razón “oficio de coronación”. El amor conyugal no se construye en un momento, sino que es el proyecto paciente de toda una vida. Llamada a vivir cotidianamente el amor en Cristo, la familia cristiana es un instrumento privilegiado de la presencia y la misión de la Iglesia en el mundo. En este sentido, necesita ser acompañada pastoralmente y sostenida en sus problemas y dificultades, sobre todo allí donde las referencias sociales, familiares y religiosas tienden a debilitarse o perderse. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Ecclesia in Medio Oriente, n. 58, 14 de septiembre de 2012)

Juan Pablo II

  • La indisolubilidad del matrimonio es signo del amor absolutamente fiel de Dios

Es deber fundamental de la Iglesia reafirmar con fuerza —como han hecho los Padres del Sínodo— la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio; a cuantos, en nuestros días, consideran difícil o incluso imposible vincularse a una persona por toda la vida y a cuantos son arrastrados por una cultura que rechaza la indisolubilidad matrimonial y que se mofa abiertamente del compromiso de los esposos a la fidelidad, es necesario repetir el buen anuncio de la perennidad del amor conyugal que tiene en Cristo su fundamento y su fuerza.
Enraizada en la donación personal y total de los cónyuges y exigida por el bien de los hijos, la indisolubilidad del matrimonio halla su verdad última en el designio que Dios ha manifestado en su Revelación: Él quiere y da la indisolubilidad del matrimonio como fruto, signo y exigencia del amor absolutamente fiel que Dios tiene al hombre y que el Señor Jesús vive hacia su Iglesia. (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Familiaris consortio, n. 20, 22 de noviembre de 1981)

  • El matrimonio cristiano es un sí total a los planes de Dios

El cristiano cree en la vida y en el amor. Por eso dirá sí al amor indisoluble del matrimonio; sí a la vida responsablemente suscitada en el matrimonio legítimo; sí a la protección de la vida; sí a la estabilidad de la familia; sí a la convivencia legítima que fomenta la comunión y favorece la educación equilibrada de los hijos, al amparo de un amor paterno y materno que se complementan y se realizan en la formación de hombres nuevos.
El sí del Creador, asumido por los hijos de Dios, es un sí al hombre. Nace de la fe en el proyecto original de Dios. Es una auténtica aportación a la construcción de una sociedad donde prevalezca la civilización del amor sobre el consumismo egoísta, la cultura de la vida sobre la capitulación ante la muerte. (Juan Pablo II. Homilía en el encuentro con las familias cristianas de Panamá, n. 8, 5 de marzo de 1983)

  • Jesús, María y José, modelos para las familias

La familia está llamada también a educar a sus hijos. El proceso educativo de un joven comienza en la casa paterna. Cada niño tiene el derecho natural, inalienable, a tener una familia, unos padres, hermanos y hermanas, entre los que pueda reconocer que es una persona necesitada de amor y capaz de dar ese mismo sentimiento a otros, a sus seres queridos. Tomad como ejemplo a la Sagrada Familia de Nazaret, en la que creció Cristo con su madre, María, y su padre putativo, José. Los padres, por dar la vida a sus hijos, tienen derecho a ser reconocidos como los primeros y principales educadores. A la vez, tienen el deber de crear un clima familiar impregnado de amor y respeto a Dios y a los hombres, favoreciendo la educación personal y social de sus hijos. ¡Qué gran tarea tiene la madre! Gracias al vínculo tan profundo que la une a su hijo, puede acercarlo eficazmente a Cristo y a la Iglesia. Sin embargo, en esa tarea le ha de ayudar siempre su esposo, el padre de familia. (Juan Pablo II. Homilía en Lowicz, n. 2, 14 de junio de 1999)

Concilio Vaticano II

  • La familia cristiana manifiesta la presencia del Salvador en el mundo

La familia cristiana, al tener su origen en el matrimonio, que es imagen y participación de la alianza de amor de Cristo y de la Iglesia, debe manifestar a todos la presencia viva del Salvador en el mundo y la naturaleza auténtica de la Iglesia, por el amor, la generosa fecundidad, la unidad y fidelidad de los esposos, como también por la cooperación amorosa de todos sus miembros. (Concilio Vaticano II. Constitución Pastoral Gaudium et spes, n. 48, 7 de diciembre de 1965)

Juan XXIII

  • Del vínculo indisoluble nasce una familia ordenada y armónica

Finalmente, a la misma concordia a que hemos invitado a los pueblos, a sus gobernantes y a las clases sociales, invitamos también con ahínco y afecto paterno a todas las familias para que la consigan y la consoliden. Pues si no hay paz, unidad y concordia en la familia, ¿cómo se podrá obtener en la sociedad civil? Esta ordenada y armónica unidad que debe reinar siempre dentro de las paredes del hogar nace del vínculo indisoluble y de la santidad propia del matrimonio cristiano y contribuye en gran parte al orden, al progreso y al bienestar de toda la sociedad civil. (Juan XXIII. Encíclica Ad Petri, 29 de junio de 1959)

Catecismo Romano

  • Los bienes del matrimonio: la prole nacida de la legítima esposa

Tres son los bienes del matrimonio: la prole, la fe y el sacramento. Bienes que compensan ampliamente las cargas matrimoniales de que hablaba San Pablo: “Si te casares, no pecas, y si la doncella se casa, no peca; pero tendréis así que estar sometidos a la tribulación de la carne, que quisiera yo ahorraros” (1 Cor 7, 28), y dan a las uniones físicas el don y la nobleza de la santa honestidad. Ante todo, la prole, es decir, los hijos nacidos de la legítima esposa. (Catecismo Romano, II, VII, 7)

Pío XII

  • Familia numerosa es sinónimo de familia cristiana

Sólo la luz divina y eterna del cristianismo ilumina y vivifica la familia, de tal modo que, ya en el origen, ya en el desarrollo, la familia numerosa es a menudo tomada como sinónimo de familia cristiana. (Pío XII. Discurso a los dirigentes y representantes de la asociación de las familias numerosas, n. 2, 20 de enero de 1958)

Pío XI

  • La familia no se funda en sentimientos pasajeros sino en voluntades firmes

Todo matrimonio, en cuanto que es unión conyugal entre un determinado hombre y una determinada mujer, no se realiza sin el libre consentimiento de ambos esposos, y este acto libre de la voluntad, por el cual una y otra parte entrega y acepta el derecho propio del matrimonio es tan necesario para la constitución del verdadero matrimonio, que ninguna potestad humana lo puede suplir. […] Por obra, pues, del matrimonio, se juntan y se funden las almas aun antes y más estrechamente que los cuerpos, y esto no con un afecto pasajero de los sentidos o del espíritu, sino con una determinación firme y deliberada de las voluntades; y de esta unión de las almas surge, porque así Dios lo ha establecido, un vínculo sagrado e inviolable.
Tal es y tan singular la naturaleza propia de este contrato, que en virtud de ella se distingue totalmente, así de los ayuntamientos propios de las bestias, que, privadas de razón y voluntad libre, se gobiernan únicamente por el instinto ciego de su naturaleza, como de aquellas uniones libres de los hombres que carecen de todo vínculo verdadero y honesto de la voluntad, y están destituidas de todo derecho para la vida doméstica. (Pío XI. Encíclica Casti connubii, n. 5-6, 31 de diciembre de 1930)

Comisión Teológica Internacional

  • El dinamismo hacia la procreación está intrínsecamente ligado a la inclinación natural que hay en el varón hacia la mujer

El dinamismo hacia la procreación está intrínsecamente ligado a la inclinación natural que hay en el varón hacia la mujer y de la mujer hacia el varón, dato universalmente reconocido en todas las sociedades. Lo mismo se puede decir de la inclinación a cuidar a los niños y educarles. Estas inclinaciones conllevan que la estabilidad de la pareja del hombre y la mujer, así como su mutua fidelidad, son ya valores a los que se debe aspirar, aunque solo se pueden desarrollar plenamente en el orden espiritual de la comunión interpersonal. (Comisión Teológica Internacional. En busca de una ética universal: nueva perspectiva sobre la ley natural, n. 49, 20 de mayo de 2009)

San Agustín de Hipona

  • Cuanto más castos son los esposos mejor es el matrimonio

El matrimonio es, pues, un bien que torna tanto mejores a los esposos cuanto más castos, más fieles y más temerosos son del Señor, y mucho más si a los hijos que engendran según la carne los crían y educan según el espíritu. (San Agustín de Hipona. La bondad del matrimonio, c. XIX)


III – Todas las concepciones inmorales de familia no son “familia”


Sagradas Escrituras

  • Todo lo que repudia a su mujer y se casa con otra adultera

Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera, y el que se casa con la repudiada por el marido, comete adulterio, y el que se casa con una repudiada por su marido comete adulterio. (Lc 16, 18)

  • Vínculo que perdura mientras vivan los conjugues

La mujer casada se debe por ley a su marido mientras este vive; pero si muere el marido, queda liberada de la ley del marido. De modo que mientras vive el marido, es considerada adúltera si se une a otro hombre; pero si muere el marido, queda libre de la ley, de manera que no es adúltera si se une a otro hombre. (Rom 7, 2-3)

San Agustín de Hipona

  • Por ningún motivo es lícito abandonar a la consorte para unirse a otra

De hecho, así sucede entre Cristo y la Iglesia, a saber, viviendo uno unido al otro no los separa ningún divorcio por toda la eternidad. En tan gran estima se tiene este sacramento en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo —esto es, en la Iglesia de Cristo— por todos los esposos cristianos, que, sin duda, son miembros de Cristo, que, aunque las mujeres se unan a los hombres y los hombres a las mujeres con el fin de procrear hijos, no es lícito abandonar a la consorte estéril para unirse a otra fecunda. Si alguno hiciese esto, sería reo de adulterio; no ante la ley de este mundo, donde, mediante el repudio, está permitido realizar otro matrimonio con otro cónyuge —según el Señor, el santo Moisés se lo permitió a los israelitas por la dureza de su corazón—, pero sí lo es para la ley del Evangelio. Lo mismo sucede con la mujer que se casara con otro. (San Agustín de Hipona. El matrimonio y la concupiscencia, 1, X)

Benedicto XVI

  • Hoy la crisis del matrimonio graba en los hijos un tipo de familia alterado

La Iglesia no puede permanecer indiferente ante la separación de los cónyuges y el divorcio, ante la ruina de los hogares y las consecuencias que el divorcio provoca en los hijos. Estos, para ser instruidos y educados, necesitan puntos de referencia muy precisos y concretos, es decir, padres determinados y ciertos que, de modo diverso, contribuyen a su educación. Ahora bien, este es el principio que la práctica del divorcio está minando y poniendo en peligro con la así llamada familia alargada o móvil, que multiplica los “padres” y las “madres” y hace que hoy la mayoría de los que se sienten “huérfanos” no sean hijos sin padres, sino hijos que los tienen en exceso. Esta situación, con las inevitables interferencias y el cruce de relaciones, no puede menos de generar conflictos y confusiones internas, contribuyendo a crear y grabar en los hijos un tipo de familia alterado, asimilable de algún modo a la propia convivencia a causa de su precariedad. (Benedicto XVI. Discurso a los obispos de las regiones Nordeste 1 y 4 de Brasil en visita ad limina, 25 de septiembre de 2009)

  • No hay familia sin una estable unión entre un hombre y una mujer

La estructura natural del matrimonio debe ser reconocida y promovida como la unión de un hombre y una mujer, frente a los intentos de equipararla desde un punto de vista jurídico con formas radicalmente distintas de unión que, en realidad, dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su papel insustituible en la sociedad. Estos principios no son verdades de fe, ni una mera derivación del derecho a la libertad religiosa. Están inscritos en la misma naturaleza humana, se pueden conocer por la razón, y por tanto son comunes a toda la humanidad. La acción de la Iglesia al promoverlos no tiene un carácter confesional, sino que se dirige a todas las personas, prescindiendo de su afiliación religiosa. Esta acción se hace tanto más necesaria cuanto más se niegan o no se comprenden estos principios, lo que es una ofensa a la verdad de la persona humana, una herida grave infligida a la justicia y a la paz. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLVI Jornada Mundial de la Paz, n. 4, 8 de diciembre de 2012)

Juan Pablo II

  • Hoy presenciamos una oposición a Dios por lo que se refiere a la esfera del matrimonio

En la época contemporánea, la vida de la sociedad (quizás sobre todo en los países ricos y desarrollados) está llena de episodios y de acontecimientos que atestiguan la oposición a Dios, a sus planes de amor y de santidad, a sus mandamientos, por lo que se refiere a la esfera del matrimonio y de la familia. Dice el Concilio Vaticano II: “La dignidad de esta institución no brilla en todas partes con el mismo esplendor, puesto que está oscurecido por la poligamia, la epidemia del divorcio, el llamado amor libre y otras deformaciones; es más, el amor matrimonial queda frecuentemente profanado por el egoísmo, el hedonismo y los usos ilícitos contra la generación” (Gaudiurn et spes, n. 47). Y la Exhortación Familiaris consortio, […] enumera los signos de preocupante degradación de algunos valores fundamentales: “una equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí, las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos, las dificultades concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores, el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional” (n. 6). Así se puede decir que a través de la civilización contemporánea pasa una vasta ola de discordia con el Creador mismo y con Cristo-Redentor: la discusión sobre la unidad e indisolubilidad del matrimonio, la discordia sobre la santidad e inviolabilidad de la vida humana, las controversias sobre la esencia misma de la libertad, de la dignidad y del amor del hombre. (Juan Pablo II. Homilía por ocasión del jubileo de las familias, 25 de marzo de 1984)

  • Todo lo que no incentiva la fidelidad conyugal es anti-familia

Por desgracia, se deben registrar, precisamente en este Año de la Familia, iniciativas difundidas por una parte notable de los medios de comunicación, que, en su sustancia, son anti-familiares. Son iniciativas que dan la prioridad a lo que decide de la descomposición de las familias y de la derrota del ser humano, hombre, mujer o hijos. En efecto se llama bien lo que en realidad es mal: las separaciones, decididas con ligereza; las infidelidades conyugales, no sólo toleradas sino incluso exaltadas; los divorcios; y el amor libre, son propuestos a veces como modelos que imitar. ¿A quién beneficia esta propaganda? ¿De qué fuentes nace? (Juan Pablo II. Ángelus, 20 de febrero de 1994)

  • Las ideologías sobre el género y uniones de hecho no corresponden al concepto de “familia”

Se han presentado algunos proyectos de ley que no corresponden al verdadero bien de la familia fundada en el matrimonio monogámico y con la protección de la inviolabilidad de la vida humana, favoreciendo la infiltración de peligrosas sombras de la cultura de muerte en el hogar. También suscita preocupación la creciente divulgación en los foros internacionales de concepciones erróneas de la sexualidad y de la dignidad y misión de la mujer, ocultas en determinadas ideologías sobre el “género” (gender).
Y ¿qué decir de la crisis de tantas familias separadas, de las personas solas y de la situación de las así llamadas uniones de hecho? Entre las peligrosas estrategias contra la familia existe también el intento de negar dignidad humana al embrión antes de la implantación en el seno materno y de atentar contra su existencia con diversos métodos.
Cuando se habla de la familia, no se puede por menos de aludir a los hijos, que de diversos modos son víctimas inocentes de las comunidades familiares desarticuladas. (Juan Pablo II. Mensaje por ocasión del 20 aniversario de la Familiaris consortio, n. 3, 22 de noviembre de 2001)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • La unión fuera del matrimonio profana el templo del Espíritu Santo

En efecto, el amor de los esposos queda asumido por el matrimonio en el amor con el cual Cristo ama irrevocablemente a la Iglesia, mientras la unión corporal en el desenfreno profana el templo del Espíritu Santo, en el que el mismo cristiano se ha convertido. Por consiguiente, la unión carnal no puede ser legítima sino cuando se ha establecido una definitiva comunidad de vida entre un hombre y una mujer. Así lo entendió y enseñó siempre la Iglesia, que encontró, además, amplio acuerdo con su doctrina en la reflexión de la sabiduría humana y en los testimonios de la Historia. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Persona humana, n. 7, 29 de diciembre de 1975)

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

  • Las uniones de hecho desacreditan el modelo de familia

La eventual equiparación legislativa entre la familia y las “uniones de hecho” se traduciría en un descrédito del modelo de familia, que no se puede realizar en una relación precaria entre personas, sino sólo en una unión permanente originada en el matrimonio, es decir, en el pacto entre un hombre y una mujer, fundado sobre una elección recíproca y libre que implica la plena comunión conyugal orientada a la procreación. (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 227)

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

  • Uniones fuera del matrimonio son ofensa a su dignidad

Las ofensas a la dignidad del matrimonio son las siguientes: el adulterio, el divorcio, la poligamia, el incesto, la unión libre (convivencia, concubinato) y el acto sexual antes o fuera del matrimonio. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 502)

Pío IX

  • La familia es fruto del matrimonio, no del concubinato

Pero ningún católico ignora o puede ignorar que el matrimonio es verdadera y propiamente uno de los siete sacramentos de la ley evangélica, instituido por Cristo Señor, y que, por tanto, no puede darse el matrimonio entre los fieles sin que sea al mismo tiempo sacramento, y, consiguientemente, cualquier otra unión de hombre y mujer entre cristianos, fuera del sacramento, sea cualquiera la ley, aun la civil, en cuya virtud esté hecha, no es otra cosa que torpe y pernicioso concubinato tan encarecidamente condenado por la Iglesia; y, por tanto, el sacramento no puede nunca separarse del contrato conyugal. (Denzinger-Hünermann 2998. Pío IX, Alocución Acerbissimum vobiscum, 27 de septiembre de 1852)

Sagradas Escrituras

  • Una abominación para el Señor

No llevarás a la casa del Señor, en cumplimiento de un voto, paga de prostituta ni dinero de prostituto, porque ambos son una abominación para el Señor, tu Dios. (Dt 23, 19)

  • Por haber practicado vicios contra naturaleza padecen la pena de un fuego eterno

También Sodoma y Gomorra, con las ciudades circunvecinas, por haberse prostituido como aquellas y por haber practicado vicios contra naturaleza, quedan ahí como muestra, padeciendo la pena de un fuego eterno. (Jds 7)

Juan Pablo II

  • El vínculo entre personas del mismo sexo nunca constituirá familia

No puede constituir una verdadera familia el vínculo de dos hombres o dos mujeres, y mucho menos se puede a esa unión atribuir el derecho de adoptar niños privados de familia. A esos niños se les produce un daño grave, pues en esa “familia suplente” no encuentran un padre y una madre, sino “dos padres” o “dos madres”. (Juan Pablo II. Ángelus, 20 de febrero de 1994)

  • La Iglesia ha de luchar contra el reconocimiento de uniones ilegítimas

Esta célula básica de la vida social [la familia] está expuesta hoy a un gran peligro a causa de una tendencia, presente en el mundo, que pretende debilitar su naturaleza, por sí misma duradera, sustituyéndola con uniones informales e, incluso, queriendo reconocer como familia uniones entre personas del mismo sexo. También constituyen amenazas mortales contra la familia la negación del derecho a la vida de los niños por nacer y los ataques contra la educación de los jóvenes en el espíritu de los valores cristianos perennes. […] Hace falta un trabajo intenso en el cambio de la mentalidad de la sociedad sobre el papel fundamental de la familia y de la vida del hombre en la sociedad. Es preciso aunar aquí los esfuerzos de la Iglesia, de la escuela y de otros ambientes, para reconstruir el respeto a los valores tradicionales de la familia y cultivarlos en el proceso educativo, en el que todos deberían colaborar, incluso los medios de comunicación social, que ejercen hoy un enorme influjo en la formación de los comportamientos humanos. […] Haced todo lo posible para que la familia en Polonia no se sienta sola en su esfuerzo por conservar su identidad, defended sus derechos y sus valores fundamentales, y ayudadla en la realización de su misión y de sus tareas. […] El bien de la sociedad y de la Iglesia va unido al bien de la familia. Por tanto, es necesario que la familia encuentre un fuerte apoyo en la Iglesia. Os lo pido encarecidamente, porque la cuestión de la familia y de su destino en el mundo de hoy me preocupa mucho. (Juan Pablo II. Discurso al segundo grupo de obispos polacos en visita ad limina, n. 4, 2 de febrero de 1998)

  • Un legislador cristiano no puede contribuir a crear leyes que perjudican la familia

Esto significa que las leyes, sean cuales fueren los campos en que interviene o se ve obligado a intervenir el legislador, tienen que respetar y promover siempre a las personas humanas en sus diversas exigencias espirituales y materiales, individuales, familiares y sociales. […] Así pues, un legislador cristiano no puede contribuir a formularla ni aprobarla en sede parlamentaria, aun cuando, durante las discusiones parlamentarias allí dónde ya existe, le es lícito proponer enmiendas que atenúen su carácter nocivo. Lo mismo puede decirse de toda ley que perjudique a la familia y atente contra su unidad e indisolubilidad, o bien otorgue validez legal a uniones entre personas, incluso del mismo sexo, que pretendan suplantar, con los mismos derechos, a la familia basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer. (Juan Pablo II. Discurso por el jubileo de los gobernantes, parlamentarios y político, n. 4, 4 de noviembre de 2000)

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

  • Uniones homosexuales nunca serán “matrimonio” o “familia”

Un problema particular, vinculado a las uniones de hecho, es el que se refiere a la petición de reconocimiento jurídico de las uniones homosexuales, objeto, cada vez más, de debate público. […] Únicamente en la unión entre dos personas sexualmente diversas puede realizarse la perfección de cada una de ellas, en una síntesis de unidad y mutua complementariedad psíco-física.
La persona homosexual debe ser plenamente respetada en su dignidad, y animada a seguir el plan de Dios con un esfuerzo especial en el ejercicio de la castidad. Este respeto no significa la legitimación de comportamientos contrarios a la ley moral ni, mucho menos, el reconocimiento de un derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo, con la consiguiente equiparación de estas uniones con la familia: “Si, desde el punto de vista legal, el casamiento entre dos personas de sexo diferente fuese sólo considerado como uno de los matrimonios posibles, el concepto de matrimonio sufriría un cambio radical, con grave deterioro del bien común. Poniendo la unión homosexual en un plano jurídico análogo al del matrimonio o al de la familia, el Estado actúa arbitrariamente y entra en contradicción con sus propios deberes.” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 228)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • La familia es de ley natural y las relaciones homosexuales contrastan con esta ley

No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural. Los actos homosexuales, en efecto, “cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”. En la Sagrada Escritura las relaciones homosexuales “están condenadas como graves depravaciones… (cf. Rom 1, 24-27; 1 Cor 6, 10; 1 Tim 1, 10). Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen esta anomalía sean personalmente responsables de ella; pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”. El mismo juicio moral se encuentra en muchos escritores eclesiásticos de los primeros siglos, y ha sido unánimemente aceptado por la Tradición católica. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, n. 4, 3 de junio de 2003)

  • Las relaciones homosexuales son depravadas y en nada semejantes al matrimonio

Piensan algunos que su tendencia es natural hasta tal punto que debe ser considerada en ellos como justificativa de relaciones homosexuales en una sincera comunión de vida y amor semejante al matrimonio, en la medida en que se sienten incapaces de soportar una vida solitaria. Indudablemente, esas personas homosexuales deben ser acogidas en la acción pastoral con comprensión y deben ser sostenidas en la esperanza de superar sus dificultades personales y su inadaptación social. También su culpabilidad debe ser juzgada con prudencia. Pero no se puede emplear ningún método pastoral que reconozca una justificación moral a estos actos por considerarlos conformes a la condición de esas personas. Según el orden moral objetivo, las relaciones homosexuales son actos privados de su ordenación necesaria y esencial. En la Sagrada Escritura están condenados como graves depravaciones e incluso presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios. Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen esta anomalía por esta causa incurran en culpa personal; pero atestigua que los actos homosexuales son por su intrínseca naturaleza desordenados y que no pueden recibir aprobación en ningún caso. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Persona humana, n. 8, 29 de diciembre de 1975)

  • La actividad homosexual es intrínsecamente inmoral

La Iglesia, obediente al Señor que la ha fundado y la ha enriquecido con el don de la vida sacramental, celebra en el sacramento del matrimonio el designio divino de la unión del hombre y de la mujer, unión de amor y capaz de dar vida. Sólo en la relación conyugal puede ser moralmente recto el uso de la facultad sexual. Por consiguiente, una persona que se comporta de manera homosexual obra inmoralmente.
Optar por una actividad sexual con una persona del mismo sexo equivale a anular el rico simbolismo y el significado, para no hablar de los fines, del designio del Creador en relación con la realidad sexual. La actividad homosexual no expresa una unión complementaria, capaz de transmitir la vida, y por lo tanto contradice la vocación a una existencia vivida en esta forma de auto-donación que, según el Evangelio, es la esencia misma de la vida cristiana. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, n. 7, 1 de octubre de 1986)

Pontificio Consejo para la Familia

  • Es contrario al sentido común igualar el matrimonio a una relación homosexual

La verdad sobre el amor conyugal permite comprender también las graves consecuencias sociales de la institucionalización de la relación homosexual: “se pone de manifiesto también qué incongruente es la pretensión de atribuir una realidad conyugal a la unión entre personas del mismo sexo. Se opone a esto, ante todo, la imposibilidad objetiva de hacer fructificar el matrimonio mediante la transmisión de la vida, según el proyecto inscrito por Dios en la misma estructura del ser humano. Asimismo, se opone a ello la ausencia de los presupuestos para la complementariedad interpersonal querida por el Creador, tanto en el plano físico-biológico como en el eminentemente psicológico, entre el varón y la mujer…(Familiaris consortio, n. 19). El matrimonio no puede ser reducido a una condición semejante a la de una relación homosexual; esto es contrario al sentido común. En el caso de las relaciones homosexuales que reivindican ser consideradas unión de hecho, las consecuencias morales y jurídicas alcanzan una especial relevancia. “Las uniones de hecho entre homosexuales, además, constituyen una deplorable distorsión de lo que debería ser la comunión de amor y vida entre un hombre y una mujer, en recíproca donación abierta a la vida.” (Juan Pablo II, Discurso a los participantes de la XIV Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia) Todavía es mucho más grave la pretensión de equiparar tales uniones a “matrimonio legal”, como algunas iniciativas recientes promueven. Por si fuera poco, los intentos de posibilitar legalmente la adopción de niños en el contexto de las relaciones homosexuales añade a todo lo anterior un elemento de gran peligrosidad. “No puede constituir una verdadera familia el vínculo de dos hombres o de dos mujeres, y mucho menos se puede a esa unión atribuir el derecho de adoptar niños privados de familia” (Juan Pablo II, palabras pronunciadas durante el Ángelus de 20-2-1994). Recordar la trascendencia social de la verdad sobre el amor conyugal y, en consecuencia, el grave error que supondría el reconocimiento o incluso equiparación del matrimonio a las relaciones homosexuales no supone discriminar, en ningún modo, a estas personas. (Pontificio Consejo para la Familia. Familia, matrimonio y uniones de hecho, n. 23, 26 de julio de 2000)

Pío XII

  • Sodoma fue destruida a causa de sus delitos contra la familia

Cuando Sodoma fue destruida a causa de su iniquidad, y precisamente de sus delitos contra la familia, el fiel Lot, advertido por los ángeles, fue librado con sus hijas y con sus yernos. (Pío XII. Alocución Quarantun anno, 19 de junio de 1940)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • La homosexualidad es depravación grave y nunca puede recibir aprobación

La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf. Gen 19, 1-29; Rom 1, 24-27; 1 Cor 6, 10; 1 Tim 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Persona humana, n. 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357)

San Agustín de Hipona

  • Los pecados de los sodomitas han de ser detestados y castigados siempre y en todo lugar

Así pues, todos los pecados contra naturaleza, como fueron los de los sodomitas, han de ser detestados y castigados siempre y en todo lugar, los cuales, aunque todo el mundo los cometiera, no serían menos reos de crimen ante la ley divina, que no ha hecho a los hombres para usar tan torpemente de sí, puesto que se viola la sociedad que debemos tener con Dios cuando dicha naturaleza, de la que él es Autor, se mancha con la perversidad de la libídine. (San Agustín de Hipona. Las Confesiones, l. III, c. 8, n. 15)


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Dentro de la gravedad del momento presente, el "Denzinger-Bergoglio" es consciente de la importancia de oír y dar voz al Pueblo de Dios mediante los comentarios contenidos en esta página. No significa, sin embargo, que todos ellos expresen nuestras ideas. De forma diferente a otras páginas que censuran las intervenciones de sus lectores, queremos dar libertad para que cada uno opine sobre la actual situación de la Iglesia. Pero, dado el caráter peculiar de nuestra página debemos evitar los foros paralelos.

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