106 – La dirección espiritual es un carisma de los laicos

Un estudiante universitario serio se prepara con diligencia para los exámenes finales. Del buen éxito de los mismos dependerá su futuro profesional. Además de asistir a las aulas, consultará varias fuentes, pedirá consejo a personas que ya han estudiado las mismas asignaturas, recogerá opiniones de gente capacitada, pero… de todas formas su atención principal se centrará en las enseñanzas recibidas de los maestros. Nadie estudia para los exámenes poniendo su seguridad en los consejos que recibió de los compañeros. La seguridad le viene cuando sigue las orientaciones que recibió de quienes tenían el encargo de enseñar.

Del mismo modo, nuestra vida espiritual es una continua preparación para el examen final que es el juicio del que dependerá nuestra vida eterna. Aunque recibimos con alegría y gratitud, incluso como una verdadera necesidad, los consejos de nuestros amigos, es imprescindible apoyarse esencialmente en la dirección de los auténticos maestros que el proprio Redentor designó con la misión de enseñar, guiar y santificar a su grey. Nuestro destino eterno es demasiado serio para que nos apoyemos solamente en los hermanos o hermanas mayores.

Francisco

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Cita A

Yo, en la otra diócesis que tenía, aconsejaba siempre a las religiosas que venían a pedir consejo: “Dime, en tu comunidad o en tu congregación, ¿no hay una hermana sabia, una hermana que viva bien el carisma, una buena religiosa con experiencia? Haz la dirección espiritual con ella” —“Pero es mujer”—. “Es un carisma de los laicos”. La dirección espiritual no es un carisma exclusivo de los presbíteros: es un carisma de los laicos. En el monacato primitivo los laicos eran los grandes directores. […] Es un carisma de los laicos. Y los superiores, cuando ven que un hombre o una mujer en la congregación o en la provincia tiene el carisma de padre espiritual, se debe tratar de ayudar a que se forme, para prestar ese servicio. No es fácil. Una cosa es el director espiritual y otra es el confesor. […] Los superiores tienen la responsabilidad de buscar quién, en la comunidad, en la congregación, en la provincia tiene este carisma, dar esta misión y formarlos, ayudarles en esto. Acompañar en el camino es ir paso a paso con el hermano o con la hermana consagrada. Creo que en esto aún somos inmaduros. No somos maduros en esto, porque la dirección espiritual viene del discernimiento. Pero cuando te encuentras ante hombres y mujeres consagrados que no saben discernir lo que sucede en su corazón, que no saben discernir una decisión, es una falta de dirección espiritual.Y esto sólo un hombre sabio, una mujer sabia puede hacerlo. (Encuentro con los religiosos de Roma, 16 de mayo de 2015)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

 I – El sacramento del Orden confiere la misión especial de dirigir las almas
II –
Los fieles forman parte de la Iglesia discente y no están llamados a enseñar

 I – El sacramento del Orden confiere la misión especial de dirigir las almas

Sagradas Escrituras
-El mandato de proclamar el Evangelio fue confiado a los Apóstoles
-“Presbíteros, pastoread el rebaño de Dios”
-Misión conferida al Príncipe de los Apóstoles

Benedicto XVI
-Es función de los sacerdotes aclarar los interrogantes sobre qué tenemos que hacer para realizar el bien
-Es parte de la gracia del sacerdocio el don de poner a los demás en contacto con Dios
-Cristo sostiene a su rebaño a través de los pastores de la Iglesia
-Todo sacerdote está llamado a ayudar al penitente a recorrer el camino de la santidad
-Los consejos del confesor son importantes para el camino espiritual del penitente

Congregación para el Clero
-El sacerdote debe dedicarse a la formación de las conciencias
-El presbítero no debe abandonar la dirección espiritual

Juan Pablo II
-El pueblo de Dios necesita guías autorizados
-El sacerdote está llamado a guiar la comunidad eclesial

Concilio Vaticano II
-Los ministros han de ayudar a que el Pueblo de Dios alcance la salvación

Juan XXIII
-La dirección de las almas es una de las principales ocupaciones del sacerdote

Pío XI
-Pertenece en primer lugar a los sacerdotes la formación cristiana
-Es deber del sacerdote guiar los fieles al puerto seguro de la fe
-El mandato de enseñar fue dado por Cristo a su Iglesia

Catecismo de la Iglesia Católica
-Maestros dotados de la autoridad de Cristo

San Agustín de Hipona
-Cristo dejó a los apóstoles como pastores de su grey

II – Los fieles forman parte de la Iglesia discente y no están llamados a enseñar

Catecismo Mayor de San Pío X
-Cristo estableció distinción entre Iglesia docente y discente

Concilio Vaticano I
-En la Iglesia unos enseñan y otros no

León XIII
-Es deber de los fieles seguir las enseñanzas de los Pastores

Benedicto XVI
-En el sacerdote santo el pueblo cristiano ha de reconocer la voz del buen Pastor

Juan Pablo II
-La dirección espiritual es función propia del sacerdote
-El Magisterio ayuda los fieles a formar sus conciencias
-Sin el ministerio sacerdotal no hay auténtico apostolado laico

Congregación para la Doctrina de la Fe
-Los fieles necesitan que los pastores les enseñen y están obligados a oírlos

Congregación para el Clero
-Que los fieles desempeñen determinadas funciones para que los sacerdotes puedan atender a la dirección espiritual

Sagradas Escrituras
-Que la mujer aprenda con toda sumisión
-No todos cumplen la misma función

San Clemente Romano
-Procuremos agradar a Dios cada uno en su propio puesto


I – El sacramento del Orden confiere la misión especial de dirigir las almas


Sagradas Escrituras

  • El mandato de proclamar el Evangelio fue confiado a los Apóstoles

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.” (Mc 16, 14-15)

  • “Presbíteros, pastoread el rebaño de Dios”

Así pues, a los presbíteros entre vosotros, yo presbítero con ellos, testigo de la pasión de Cristo y partícipe de la gloria que se va a revelar, os exhorto: pastoread el rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, mirad por él, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con entrega generosa; no como déspotas con quienes os ha tocado en suerte, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. (1 Pe 5, 1-4)

  • Misión conferida al Príncipe de los Apóstoles

[Pedro,] Apacienta mis ovejas. (Jn 21, 15)

Benedicto XVI

  • Es función de los sacerdotes aclarar los interrogantes sobre qué tenemos que hacer para realizar el bien

El primer oficio del que quisiera hablar hoy es el munus docendi, es decir, el de enseñar. Hoy, en plena emergencia educativa, el munus docendi de la Iglesia, ejercido concretamente a través del ministerio de cada sacerdote, resulta particularmente importante. Vivimos en una gran confusión sobre las opciones fundamentales de nuestra vida y los interrogantes sobre qué es el mundo, de dónde viene, a dónde vamos, qué tenemos que hacer para realizar el bien, cómo debemos vivir, cuáles son los valores realmente pertinentes. Con respecto a todo esto existen muchas filosofías opuestas, que nacen y desaparecen, creando confusión sobre las decisiones fundamentales, sobre cómo vivir, porque normalmente ya no sabemos de qué y para qué hemos sido hechos y a dónde vamos. […] Esta es la función in persona Christi del sacerdote: hacer presente, en la confusión y en la desorientación de nuestro tiempo, la luz de la Palabra de Dios. (Benedicto XVI. Audiencia general, 14 de abril de 2010)

  • Es parte de la gracia del sacerdocio el don de poner a los demás en contacto con Dios

Ningún hombre por sí mismo, partiendo de sus propias fuerzas, puede poner a otro en contacto con Dios. El don, la tarea de crear este contacto, es parte esencial de la gracia del sacerdocio. Esto se realiza en el anuncio de la Palabra de Dios, en la que su luz nos sale al encuentro. Se realiza de un modo particularmente denso en los sacramentos. La inmersión en el Misterio pascual de muerte y resurrección de Cristo acontece en el Bautismo, se refuerza en la Confirmación y en la Reconciliación, se alimenta en la Eucaristía, sacramento que edifica a la Iglesia como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo. Por tanto, es Cristo mismo quien nos hace santos, es decir, nos atrae a la esfera de Dios. Pero como acto de su infinita misericordia llama a algunos a “estar” con él (cf. Mc 3, 14) y a convertirse, mediante el sacramento del Orden, pese a su pobreza humana, en partícipes de su mismo sacerdocio, ministros de esta santificación. (Benedicto XVI. Audiencia general, 5 de mayo de 2010)

  • Cristo sostiene a su rebaño a través de los pastores de la Iglesia

A través de los pastores de la Iglesia, en efecto, Cristo apacienta su rebaño: es él quien lo guía, lo protege y lo corrige, porque lo ama profundamente. Pero el Señor Jesús, Pastor supremo de nuestras almas, ha querido que el Colegio apostólico, hoy los obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro, y los sacerdotes, sus colaboradores más valiosos, participen en esta misión suya de hacerse cargo del pueblo de Dios, de ser educadores en la fe, orientando, animando y sosteniendo a la comunidad cristiana. (Benedicto XVI. Audiencia general, 26 de mayo de 2010)

  • Todo sacerdote está llamado a ayudar al penitente a recorrer el camino de la santidad

También la dirección espiritual contribuye a formar las conciencias. Hoy más que nunca se necesitan maestros de espíritu sabios y santos: un importante servicio eclesial, para el que sin duda hace falta una vitalidad interior que debe implorarse como don del Espíritu Santo mediante una oración intensa y prolongada y una preparación específica que es necesario adquirir con esmero. Además, todo sacerdote está llamado a administrar la misericordia divina en el sacramento de la Penitencia, mediante el cual perdona los pecados en nombre de Cristo y ayuda al penitente a recorrer el camino exigente de la santidad con conciencia recta e informada. Para poder desempeñar ese ministerio indispensable, todo presbítero debe alimentar su propia vida espiritual y cuidar la actualización teológica y pastoral permanente. (Benedicto XVI. Mensaje a los participantes en el curso de la Penitenciaría Apostólica sobre el fuero interno, 12 de marzo de 2009)

  • Los consejos del confesor son importantes para el camino espiritual del penitente

Queridos sacerdotes, no dejéis de dar un espacio oportuno al ejercicio del ministerio de la Penitencia en el confesonario: ser acogidos y escuchados constituye también un signo humano de la acogida y de la bondad de Dios hacia sus hijos. Además, la confesión íntegra de los pecados educa al penitente en la humildad, en el reconocimiento de su propia fragilidad y, a la vez, en la conciencia de la necesidad del perdón de Dios y en la confianza en que la gracia divina puede transformar la vida. Del mismo modo, la escucha de las amonestaciones y de los consejos del confesor es importante para el juicio sobre los actos, para el camino espiritual y para la curación interior del penitente. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en el curso de la Penitenciaría Apostólica sobre el fuero interno, 25 de marzo de 2011)

Congregación para el Clero

  • El sacerdote debe dedicarse a la formación de las conciencias

A pesar de la triste realidad de la pérdida del sentido del pecado muy extendida en la cultura de nuestro tiempo, el sacerdote debe practicar con gozo y dedicación el ministerio de la formación de la conciencia, del perdón y de la paz. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 51, 31 de marzo de 1994)

  • El presbítero no debe abandonar la dirección espiritual

De manera paralela al sacramento de la reconciliación, el presbítero no dejará de ejercer el ministerio de la dirección espiritual. El descubrimiento y la difusión de esta práctica, también en momentos distintos de la administración de la Penitencia, es un beneficio grande para la Iglesia en el tiempo presente. La actitud generosa y activa de los presbíteros al practicarla constituye también una ocasión importante para reconocer y sostener las vocaciones al sacerdocio y a las distintas formas de vida consagrada. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 73, nueva edición, 11 de febrero de 2013)

Juan Pablo II

  • El pueblo de Dios necesita guías autorizados

El pueblo de Dios necesita hoy, más que nunca, guías autorizados y alimento espiritual abundante, para acoger y vivir el grado alto de la vida cristiana ordinaria, mediante una oportuna pedagogía de la santidad. (Juan Pablo II. Mensaje a los Clérigos Regulares de San Pablo en el V centenario del nacimiento de San Antonio María Zaccaría, n. 2, 6 de julio de 2002)

  • El sacerdote está llamado a guiar la comunidad eclesial

Por último, el sacerdote está llamado a revivir la autoridad y el servicio de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia, animando y guiando la comunidad eclesial, o sea, reuniendo “la familia de Dios, como una fraternidad animada en la unidad” y conduciéndola “al Padre por medio de Cristo en el Espíritu Santo”. Este munus regendi es una misión muy delicada y compleja, que incluye, además de la atención a cada una de las personas y a las diversas vocaciones, la capacidad de coordinar todos los dones y carismas que el Espíritu suscita en la comunidad, examinándolos y valorándolos para la edificación de la Iglesia, siempre en unión con los Obispos. Se trata de un ministerio que pide al sacerdote una vida espiritual intensa, rica de aquellas cualidades y virtudes que son típicas de la persona que preside y guía una comunidad. (Juan Pablo II. Exhortación apostólica Pastores dabo vobis, n. 26, 25 de marzo de 1992)

Concilio Vaticano II

  • Los ministros han de ayudar a que el Pueblo de Dios alcance la salvación

Para apacentar el Pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Señor instituyó en su Iglesia diversos ministerios, ordenados al bien de todo el Cuerpo. Pues los ministros que poseen la sacra potestad están al servicio de sus hermanos, a fin de que todos cuantos pertenecen al Pueblo de Dios y gozan, por tanto, de la verdadera dignidad cristiana, tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, alcancen la salvación. (Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen Gentium, n. 18, 21 de noviembre de 1964)

Juan XXIII

  • La dirección de las almas es una de las principales ocupaciones del sacerdote

El altar, queridos hijos, es el punto de atracción de los ojos y del corazón. El proclama la significación característica de nuestra vida y de ahí nacen en toda su amplitud las principales ocupaciones del sacerdote: las confesiones, dirección de las almas, la enseñanza del catecismo, el cuidado de los enfermos, el contacto diligente, prudente y paciente con los fieles de todas las edades y condiciones, en circunstancias de duda, dolor, calamidades públicas y miseria. (Juan XXIII. Discurso al clero romano, n. 1, 24 de noviembre de 1960)

Pío XI

  • Pertenece en primer lugar a los sacerdotes la formación cristiana

Esta formación cristiana de las almas, confiada en primer lugar a la actividad sacerdotal, es tan necesaria que, si ella falta, el apostolado no podría ni durar largo tiempo ni ser fructífero. (Pío XI. Carta Vos agrentinae episcopos, n. 6, 4 de diciembre de 1931)

  • Es deber del sacerdote guiar los fieles al puerto seguro de la fe

Es también deber del sacerdote despejar los entendimientos de los errores y prejuicios en ellos amontonados por el odio de los adversarios. Al alma moderna, que con ansia busca la verdad, ha de saber demostrársela con una serena franqueza; a los vacilantes, agitados por la duda, ha de infundir aliento y confianza, guiándolos con imperturbable firmeza al puerto seguro de la fe, que sea abrazada con un pleno conocimiento y con una firme adhesión; a los embates del error, protervo y obstinado, ha de saber hacer resistencia valiente y vigorosa, a la par que serena y bien fundada. (Pío XI. Encíclica Ad catholici sacerdotii, n. 44, 20 de diciembre de 1925)

  • El mandato de enseñar fue dado por Cristo a su Iglesia

Y en primer lugar y de manera eminente, la educación pertenece a la Iglesia, por doble título de orden sobrenatural que Dios le concedió exclusivamente a ella y, por tanto, absolutamente superior y más fuerte que cualquier otro título de orden natural.
La primera razón de este derecho se funda en la suprema autoridad y misión del magisterio que su divino Fundador confió a la Iglesia por estas palabras: Se me ha dado todo poder en el cielo y en la Tierra. Marchad, pues, y enseñad… hasta la consumación del tiempo (Mt 28, 18-20). (Denzinger-Hünermann, 3686. Pío XI, Encíclica Divini illius magistri, 31 de diciembre de 1929)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • Maestros dotados de la autoridad de Cristo

Los obispos con los presbíteros, sus colaboradores, “tienen como primer deber el anunciar a todos el Evangelio de Dios” (Presbyterorum ordinis, n. 4), según la orden del Señor (cf. Mc 16, 15). Son “los heraldos del Evangelio que llevan nuevos discípulos a Cristo. Son también los maestros auténticos, por estar dotados de la autoridad de Cristo” (Lumen gentium, n. 25). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 888)

San Agustín de Hipona

  • Cristo dejó a los apóstoles como pastores de su grey

Además, hermanos, ciertamente ha dado también a sus miembros lo que Él [Jesús] es en cuanto pastor, porque Pedro es pastor, Pablo es pastor, los demás apóstoles son pastores y los obispos buenos son pastores, pero nadie de nosotros dice que él es puerta; él mismo ha retenido para sí como propio esto por donde entren las ovejas. (San Agustín de Hipona. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 47, 3)


II – Los fieles forman parte de la Iglesia discente y no están llamados a enseñar


Catecismo Mayor de San Pío X

  • Cristo estableció distinción entre Iglesia docente y discente

¿Hay alguna distinción entre los miembros que componen la Iglesia?
Entre los miembros que componen la Iglesia hay una distinción notabilísima, porque hay en ella quien manda y quien obedece, quien enseña y quien es enseñado.
¿Cómo se llama la parte de la Iglesia que enseña?
La parte de la Iglesia que enseña se llama docente o enseñante.
¿Cómo se llama la parte de la Iglesia que aprende?
La parte de la Iglesia que aprende se llama discente o enseñada.
¿Quién ha establecido está distinción en la Iglesia?
Esta distinción en la Iglesia la ha establecido el mismo Jesucristo.
¿Quiénes componen la Iglesia docente?
Componen la Iglesia docente todos los Obispos, con el Romano Pontífice a la cabeza, ya se hallen dispersos, ya congregados en Concilio.
¿Y quiénes componen la Iglesia discente o enseñada?
Componen la Iglesia discente o enseñada todos los fieles.
¿Quiénes, pues, tienen en la Iglesia la autoridad de enseñar?
La autoridad de enseñar la tienen en la Iglesia el Papa y los Obispos, y con dependencia de ellos, los demás sagrados Ministros.(Catecismo Mayor de San Pío X, n. 181-184.186-187)

Concilio Vaticano I

  • En la Iglesia unos enseñan y otros no

La Iglesia de Cristo no es una comunidad de iguales en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que es una sociedad de desiguales, no sólo porque entre los fieles unos son clérigos y otros laicos, sino, de manera especial, porque en la Iglesia reside el poder que viene de Dios, por el que a unos es dado santificar, enseñar y gobernar, y a otros no. (Concilio Vaticano I. Primer esquema de la Constitución Ecclesia Christi, cap. X)

León XIII

  • Es deber de los fieles seguir las enseñanzas de los Pastores

A los pastores se les dio todo el poder de enseñar, juzgar, dirigir; y a los fieles se les impuso el deber de seguir su enseñanza, de someterse con docilidad a su juicio, y dejarse gobernar, corregir y conducir a la salvación por ellos. Por lo tanto, es una necesidad absoluta para los simples fieles someterse con la mente y el corazón a sus propios pastores, y que éstos se sometan con ellos. (León XIII. Carta Epistola Tua al cardenal Guibert, 17 de junio 1885)

Benedicto XVI

  • En el sacerdote santo el pueblo cristiano ha de reconocer la voz del buen Pastor

Que san Juan María Vianney sea ejemplo para todos los sacerdotes. Era hombre de gran sabiduría y fortaleza heroica para resistir a las presiones culturales y sociales de su tiempo a fin de llevar las almas a Dios: sencillez, fidelidad e inmediatez eran las características esenciales de su predicación, transparencia de su fe y de su santidad. Así el pueblo cristiano quedaba edificado y, como sucede con los auténticos maestros de todos los tiempos, reconocía en él la luz de la Verdad. Reconocía en él, en definitiva, lo que siempre se debería reconocer en un sacerdote: la voz del buen Pastor. (Benedicto XVI. Audiencia general, 14 de abril de 2010)

Juan Pablo II

  • La dirección espiritual es función propia del sacerdote

A estas motivaciones de orden teológico, quisiera añadir otra de orden pastoral.
Ciertamente, la dirección espiritual (o el consejo espiritual, o el diálogo espiritual, como a veces se prefiere decir), puede llevarse también fuera del contexto del sacramento de la penitencia e incluso por quien no tiene el orden sagrado. Pero no se puede negar que esta función —insuficiente, si se realiza sólo dentro de un grupo, sin una relación personal— de hecho está vinculada frecuente y felizmente al sacramento de la reconciliación y es ejercida por un maestro de vida (cf. Ef 4, 11), por un spiritualis senior (Regla de San Benito, c. 4, 50-51), por un médico (cf. S. Th., Supplementum, q. 18), por un guía en las cosas de Dios (ib., q. 36, a. 1) que es el sacerdote, el cual ha sido hecho idóneo para funciones especiales en la Iglesia por un don singular de gracia (ib., q. 35, a. 1). (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 3, 11 de abril de 1984)

  • El Magisterio ayuda los fieles a formar sus conciencias

Los cristianos tienen —como afirma el Concilio— en la Iglesia y en su Magisterio una gran ayuda para la formación de la conciencia: ‘Los cristianos, al formar su conciencia, deben atender con diligencia a la doctrina cierta y sagrada de la Iglesia. Pues, por voluntad de Cristo, la Iglesia católica es maestra de la verdad y su misión es anunciar y enseñar auténticamente la Verdad, que es Cristo, y, al mismo tiempo, declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana’. (Juan Pablo II. Encíclica Veritatis Splendor, n. 64, 6 de agosto 1993)

  • Sin el ministerio sacerdotal no hay auténtico apostolado laico

Las vocaciones son también la condición de la vitalidad de la IglesiaNo hay duda de que ésta depende del conjunto de los miembros de cada comunidad, del apostolado común, en particular del apostolado de los laicos. Sin embargo, es igualmente cierto que para el desarrollo de este apostolado es indispensable precisamente el ministerio sacerdotal. Por lo demás, esto lo saben muy bien los mismos laicos. El apostolado auténtico de los laicos se basa sobre el ministerio sacerdotal y, a su vez, manifiesta la propia autenticidad logrando, entre otras cosas, hacer brotar nuevas vocaciones en el propio ambiente. (Juan Pablo II. Homilía en el Congreso internacional para las vocaciones, n. 3, 10 de mayo de 1981)

Congregación para la Doctrina de la Fe

  • Los fieles necesitan que los pastores les enseñen y están obligados a oírlos

Pero sólo a estos Pastores, sucesores de Pedro y de los demás apóstoles, pertenece por institución divina enseñar a los fieles auténticamente, es decir, con la autoridad de Cristo, participada por ellos de diversos modos; por esto los fieles no pueden darse por satisfechos con oírlos como expertos en la doctrina católica, sino que están obligados a recibir lo que les enseñan, con adhesión proporcionada a la autoridad que poseen y que tienen intención de ejercer. De ahí que el Concilio Vaticano II, siguiendo los pasos del Concilio Vaticano I, enseña que Cristo ha instituido en Pedro “el principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de la fe y de la comunión” (LG, 18); y, por su parte, el sumo pontífice Pablo VI ha afirmado: “El Magisterio de los Obispos es para los creyentes el signo y el camino que les permite recibir y reconocer la palabra de Dios” (Pablo VI, Exhort. apost. Quinque iam anni). Por más que el sagrado Magisterio se valga de la contemplación, de la vida y de la búsqueda de los fieles, sin embargo, su función no se reduce a sancionar el consentimiento expresado por ellos, sino que incluso, al interpretar y explicar la palabra de Dios escrita o transmitida, puede prevenir tal consentimiento y exigirlo (Pastor aeternus, cap. 4). Y, finalmente, el Pueblo de Dios, para que no sufra menoscabo en la comunión de la única fe, dentro del único cuerpo de su Señor (cf. Ef 4, 4s), necesita especialmente de la intervención y de la ayuda del Magisterio cuando en su propio seno surgen y se difunden divisiones sobre la doctrina que hay que creer o mantener. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración sobre la doctrina acerca de la Iglesia para defenderla de algunos errores actuales, n. 2, 24 de junio de 1973)

Congregación para el Clero

  • Que los fieles desempeñen determinadas funciones para que los sacerdotes puedan atender a la dirección espiritual

Una de las tareas que requiere especial atención es la formación de los laicos. El presbítero no se puede contentar con que los fieles tengan un conocimiento superficial de la fe, sino que debe tratar de darles una formación sólida, perseverando en su esfuerzo mediante clases de teología, cursos acerca de la doctrina cristiana, especialmente con el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica y de su Compendio. Esta formación ayudará a los laicos a desempeñar plenamente su papel de animación cristiana del orden temporal (político, cultural, económico, social). Además, en determinados casos, se pueden confiar a laicos, que tengan una formación suficiente y el deseo sincero de servir a la Iglesia, algunas tareas —de acuerdo con las leyes de la Iglesia— que no pertenezcan exclusivamente al ministerio sacerdotal y que estos puedan llevar a cabo a partir de su experiencia profesional y personal. De este modo, el sacerdote estará más libre a la hora de atender a sus compromisos primarios, como la predicación, la celebración de los sacramentos y la dirección espiritual. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 73, nueva edición, 11 de febrero de 2013)

Sagradas Escrituras

  • Que la mujer aprenda con toda sumisión

Que la mujer aprenda sosegadamente y con toda sumisión. No consiento que la mujer enseñe ni que domine sobre el varón, sino que permanezca sosegada. (1 Tim 2, 11-13)

  • No todos cumplen la misma función

Así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros cumplen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada cual existe en relación con los otros miembros. Teniendo dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado, deben ejercerse así: la profecía, de acuerdo con la regla de la fe; el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a la enseñanza;  el que exhorta, ocupándose en la exhortación; el que se dedica a distribuir los bienes, hágalo con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace obras de misericordia, con gusto. (Rom 12, 4-8)

San Clemente Romano

  • Procuremos agradar a Dios cada uno en su propio puesto

Porque el Sumo Sacerdote tiene sus peculiares funciones asignadas a él; los levitas tienen encomendados sus propios servicios, mientras que el simple laico (laikos anthropos) está sometido a los preceptos del laico. Hermanos, procuremos agradar a Dios, cada uno en su propio puesto, manteniéndonos en buena conciencia. (San Clemente Romano. Documentos de los Padres, La organización de la Iglesia es análoga a la del antiguo pueblo de Dios, 40-42, 4)


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