39 – La corte es la lepra del papado. La Iglesia es o debe volver a ser una comunidad del pueblo de Dios

Narcisos… así, sin muchos tapujos, etiqueta el Papa Francisco a frecuentes de los anteriores “jefes de la Iglesia” y miembros de la Curia Romana. Supondremos, por deferencia, que el Obispo de Roma considere que en dos mil años de historia no sean su augusta persona y la de sus colaboradores inmediatos las únicas que se libren de epíteto tan caritativo que, a primera vista, parecería menospreciar toda la obra de los Papas anteriores. El caso concreto es que, al hablar de la Curia Romana o al encontrarse con ella, Francisco nunca pierde oportunidad de señalar defectos, como lo hizo el pasado mes de diciembre –¡ni más ni menos que durante las felicitaciones navideñas oficiales!– invitando cada uno de sus miembros a un profundo examen de consciencia. Y, sin embargo, lo que llama la atención es que con otras personas o grupos no hace lo mismo, incluso cuando están lejos de cumplir los preceptos divinos, siquiera públicamente. ¿Qué lo mueve entonces? ¿Una extraña antipatía por la jerarquía eclesiástica de la que forma parte? ¿Un oculto deseo de cambiar estructuras que considera obsoletas? ¿Escasa consideración o acaso desconocimiento del primado de la Iglesia de Roma? Nada de esto podemos afirmar, aunque sí mostrar cierta perplejidad. La Curia, como todo organismo constituido por seres humanos está sujeta, evidentemente, a errores, defectos y, sobretodo, a los efectos de los pecados de sus miembros; pero no por esto deja de tener un importante papel en la Iglesia, entre los cuales, la “diaconía” del ministerio petrino.

Francisco

Cita ACita B

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

 I- Necesidad e importancia de la Curia Romana
II – La Curia Romana ostenta la dignidad del servicio al Papa
III – Roma, el centro de la Santa Iglesia de Dios

I – Necesidad e importancia de la Curia Romana

Sagradas Escrituras

Cada uno debe poner sus dones a servicio de la Iglesia

Como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios, poned al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido. (1 Pe 4, 10)

Ejercer con generosidad los dones recibidos

Pues, así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros cumplen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada cual existe en relación con los otros miembros. Teniendo dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado, deben ejercerse así: la profecía, de acuerdo con la regla de la fe; el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a la enseñanza; el que exhorta, ocupándose en la exhortación; el que se dedica a distribuir los bienes, hágalo con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace obras de misericordia, con gusto. (Rom 12, 4-8)

Variados dones y carismas

Pues en la Iglesia Dios puso en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas, en el tercero, a los maestros, después, los milagros, después, el carisma de curaciones, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan? (1 Cor 12, 28-30)

Concilio Vaticano II

Los Apóstoles: origen de la Sagrada Jerarquía

El Señor Jesús, ya desde el principio “llamó a sí a los que Él quiso, y designó a Doce para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar” (Mc 3, 13; cf. Mt, 10, 1-42). De esta forma los Apóstoles fueron los gérmenes del nuevo Israel y al mismo tiempo origen de la Sagrada Jerarquía. (Concilio Vaticano II. Decreto Ad gentes, n. 5, 7 de diciembre de 1965)

Santo Tomás de Aquino

La diversidad de oficios en la Iglesia y su razón de ser

La diversidad de estados y oficios en la Iglesia obedece a tres razones. En primer lugar, para la perfección de la misma Iglesia, dado que, del mismo modo que, en el orden natural, la perfección, que se halla en Dios de un modo esencial y uniforme, no puede encontrarse en las cosas de un modo disforme y múltiple, así también la plenitud de la gracia, que está unificada en Cristo como cabeza, se reparte de diversos modos en sus miembros para que el cuerpo de la Iglesia sea perfecto. Esto es lo que dice el Apóstol en Ef 4,11-12: “El constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y doctores, para la perfección consumada de los santos”. En segundo lugar, para la realización de las acciones necesarias en la Iglesia es preciso emplear personas distintas si se quiere que todo salga bien y sin confusión. Esto mismo dice el Apóstol en Rom 12,4-5: “Asi como en un mismo cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros realizan las mismas acciones, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo”. En tercer lugar, esto es necesario para la dignidad y belleza de la Iglesia, la cual consiste en un cierto orden. Por eso leemos en 3 Re 10, 4-5 que la reina de Saba, al ver toda la sabiduría de Salomón, las habitaciones de sus servidores y el orden de sus oficios, quedó fuera de sí. Y el Apóstol dice, en 2 Tim 2, 20, que en una casa grande no sólo hay vasos de oro y plata, sino también de madera y de barro. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 183, a. 2)

Inocencio III

Alabar todo lo que es de la Iglesia

Humildemente alabamos y fielmente veneramos las órdenes eclesiásticas y todo cuanto en la santa Iglesia romana, sancionado, se lee o se canta. (Denzinger-Hünermann, 796. Inocencio III. Carta Eius exemplo, al arzobispo de Tarragona, 18 de diciembre de 1208)

Pío X

La Iglesia es una sociedad en la cual unos presiden a otros

La Escritura nos enseña, y la tradición de los Padres nos confirma, que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, Cuerpo dirigido por pastores e doctores (Ef 4, 11), sociedad de hombres en la cual algunos presiden a otros con pleno y perfecto poder de gobernar, enseñar, juzgar (Mt, 28, 18-20 ; 16, 18-19 ; 18, 17 ; Tt 2, 15 ; 2Cor 10, 6 ; 13, 10, etc.). Resulta, por tanto, que la Iglesia, por su naturaleza es una sociedad desigual, que comprende una dupla orden: los pastores y la grey; aquellos que están colgados en los diferentes grados de la jerarquía, y la multitud de los fieles. Estas dos órdenes son de tal manera desemejantes entre sí, que solamente en la Jerarquía reside el derecho y la autoridad para dirigir todos sus miembros al fin de la sociedad. (Pío X. Carta Enciclica Vehementer Nos, 11 de febrero de 1906)

Pablo VI

El episcopado debe colaborar con la Curia, que ayuda al Papa

De más está añadir que esta colaboración del episcopado debe ser de gran beneficio a la Santa Sede y a toda la Iglesia, de modo particular al cotidiano trabajo de la Curia Romana, a la que estamos tan agradecidos por su valiosísima ayuda, y de la que, como los obispos en sus diócesis, también Nos tenemos permanentemente necesidad para nuestras solicitudes apostólicas. (Pablo VI. Discurso inaugural de la última sesión del Concilio, 14 de septiembre de 1965)

Juan Pablo II

La jerarquía: servicio para que toda la Iglesia participe de la potestad de Cristo

El Concilio Vaticano II nos ha recordado el misterio de esta potestad y el hecho de que la misión de Cristo —Sacerdote, Profeta-Maestro, Rey— continúa en la Iglesia. Todos, todo el Pueblo de Dios participa de esta triple misión. Y quizás en el pasado se colocaba sobre la cabeza del Papa la tiara, esa triple corona, para expresar, por medio de tal símbolo, el designio del Señor sobre su Iglesia, es decir, que todo el orden jerárquico de la Iglesia de Cristo, toda su “sagrada potestad” ejercitada en ella no es otra cosa que el servicio, servicio que tiene un objetivo único: que todo el Pueblo de Dios participe en esta triple misión de Cristo y permanezca siempre bajo la potestad del Señor, la cual tiene su origen no en los poderes de este mundo, sino en el Padre celestial y en el misterio de la cruz y de la resurrección. (Juan Pablo II. Homilía en el comienzo del pontificado, 22 de octubre de 1978)

II – La Curia Romana ostenta la dignidad del servicio al Papa

Concilio Vaticano II

Labor para el bien de toda la Iglesia

En el ejercicio supremo, pleno e inmediato de su poder sobre toda la Iglesia, el Romano Pontífice se sirve de los dicasterios de la Curia Romana, que, en consecuencia, realizan su labor en su nombre y bajo su autoridad, para bien de las Iglesias y servicio de los sagrados pastores. (Concilio Vaticano II. Decreto Christus Dominus, n. 9, 28 de octubre de 1965)

Benedicto XVI

Valiosa contribución para el ministerio petrino

Como ha subrayado usted, señor cardenal, nuestra comunidad es realmente una “comunidad de trabajo”, unida por vínculos de amor fraterno […]. Con este espíritu, usted ha recordado oportunamente a todos aquellos que en los meses pasados, tras pertenecer a nuestra familia curial, han cruzado los umbrales del tiempo y han entrado ya en la paz de Dios: en una circunstancia como esta, hace bien al corazón sentir cercanos a quienes han compartido con nosotros el servicio a la Iglesia y ahora, ante el trono de Dios, interceden por nosotros. Así pues, gracias, señor cardenal decano, por sus palabras y gracias a todos los presentes por la contribución que cada uno da al cumplimiento del ministerio que el Señor me ha encomendado. (Benedicto XVI. Discurso a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados superiores de la Curia Romana, 21 de diciembre de 2007)

Apreciada colaboración

También la familia de la Curia romana se vuelve a reunir, esta mañana, siguiendo una hermosa tradición gracias a la cual tenemos la alegría de encontrarnos e intercambiarnos las felicitaciones en este clima espiritual particular.
A cada uno dirijo mi saludo cordial, lleno de gratitud por la apreciada colaboración prestada al ministerio del Sucesor de Pedro. (Benedicto XVI. Discurso a la Curia Romana con ocasión del intercambio de felicitaciones por la navidad, 22 de diciembre de 2008)

Alto servicio prestado al Sucesor de Pedro

Queridos miembros del Tribunal de la Rota Romana:
[…] Este encuentro me ofrece la oportunidad de reafirmar mi estima y consideración por el alto servicio que prestáis al Sucesor de Pedro y a toda la Iglesia, así como de animaros a un compromiso cada vez mayor en un ámbito ciertamente arduo, pero precioso para la salvación de las almas. El principio de que la salus animarum es la suprema ley en la Iglesia debe tenerse siempre bien presente y hallar, cada día, en vuestro trabajo, la debida y rigurosa respuesta. (Benedicto XVI. Discurso en la inauguración del año judicial del Tribunal de la Rota Romana, 26 de enero de 2013)

Juan Pablo II

Finalidad de la Curia: hacer más eficaz la misión del Papa

La Curia Romana surgió con este fin: hacer cada vez más eficaz el ejercicio de la misión universal del Pastor de la Iglesia, que el mismo Cristo confió a Pedro y a sus Sucesores, y que ha ido creciendo y dilatándose cada día más. (Juan Pablo II. Constitución Apostólica Pastor Bonus, n. 3, 28 de junio de 1988)

La Curia y sus dicasterios están a servicio de toda la Iglesia

El Concilio lo dice con las siguientes palabras: “En el ejercicio de su potestad suprema, plena e inmediata sobre la Iglesia universal, el Romano Pontífice se vale de los dicasterios de la Curia Romana, los cuales, por lo tanto, cumplen su función en nombre y por autoridad del mismo Pontífice, para bien de las Iglesias y en servicio de los sagrados Pastores”.
Por lo tanto, es claro que la función de la Curia Romana, aunque no pertenece a la específica Constitución, querida por Dios, de la Iglesia, tiene, sin embargo, una índole realmente eclesial en cuanto recibe del Pastor de la Iglesia universal su existencia y competencia. Efectivamente, existe y actúa en la medida en que se refiere al ministerio petrino y se funda en él. Y puesto que el ministerio de Pedro, como a siervo de los siervos de Dios”, se ejerce respecto a la iglesia universal y respecto a los obispos de toda la Iglesia, también a la Curia Romana, que sirve al Sucesor de Pedro, le corresponde ayudar igualmente a la Iglesia universal y a los obispos. (Juan Pablo II. Constitución Apostólica Pastor Bonus, n. 7, 28 de junio de 1988)

Diaconía unida al ministerio petrino

Así, pues, se deduce que la Curia Romana, por razón de su diaconía unida al ministerio petrino está muy estrechamente vinculada a los obispos de todo el mundo, y por su parte, los mismos Pastores y sus Iglesias son los primeros y principales beneficiarios del trabajo de los dicasterios. Prueba de ello es también la composición de la misma Curia.
En efecto, la Curia Romana está compuesta por casi todos los padres cardenales los cuales por su mismo título pertenecen a la Iglesia de Roma, ayudan de cerca al Sumo Pontífice en el gobierno de la Iglesia universal, y todos son convocados a los consistorios tanto ordinarios como extraordinarios, cuando se requiere tratar cuestiones especialmente importantes; así resulta que, conociendo más y mejor las necesidades de todo el Pueblo de Dios, sirven al bien de la Iglesia universal. (Juan Pablo II, Constitución Apostólica Pastor Bonus, n. 9, 28 de junio de 1988)

Cualidades poco comunes al servicio de la Iglesia

A todos vosotros mi profundo y sincero agradecimiento, por el trabajo que hacéis a la Iglesia y a la Sede Apostólica, y que desenvolvéis con competencia, con empeño, con generosidad, con humildad. Sé bien que vuestro servicio, frecuentemente versa sobre cuestiones importantes para la Iglesia y para la Se Apostólica, supone, por lo tanto, una gran preparación doctrinaria y una larga experiencia, unida a la prudencia, y al equilibrio: un conjunto de cualidades poco comunes, que son colocadas a la disposición de la Iglesia, en el silencio y en el ocultamiento. Pero el Señor os sabrá recompensar. (Juan Pablo II. Alocución de 28 de junio de 1986, n.1)

Juan XXIII

Trabajo asiduo, prudente y fiel

Ya que hemos hecho mención de los motivos de alegría, no podemos por menos de expresaros el consuelo que hemos experimentado durante la visita, realizada estos últimos días, a la sede de cada uno de los dicasterios de la Curia Romana. Gratísima nos ha sido, efectivamente, la visión directa y completa de la preciosa colaboración que se nos da por un numeroso conjunto de eclesiásticos especializados, a los que se agregan algunos seglares; para el despacho de los negocios concernientes al Gobierno de la Iglesia. Este testimonio de estima y de benevolencia de nuestra parte creemos que es el premio merecido de un trabajo asiduo, prudente y fiel, que desde hace tiempo conocemos por experiencia. (Juan XXIII. Discurso en el consistorio secreto para la creación de nuevos cardenales, 8 de enero de 1960)

Necesaria y atenta ponderación

¿Quién no conoce la necesaria y atenta ponderación con que la Curia Romana suele examinar los problemas grandes y pequeños que se le presentan? (Juan XXIII. Discurso a los peregrinos venecianos, 8 de mayo de 1962)

Gregorio Magno

Sumisión hacia la Curia es signo de amor al Papa

Si la carga pastoral es un testimonio de amor, aquel que, teniendo las cualidades necesarias, no apacienta el rebaño, demuestra que no ama al Pastor Supremo. Y es signo de mayor amor el que el hombre, por un amigo, sirva también a otro que el querer servir exclusivamente al amigo. (Gregorio Magno. Regulæ Pastoralis Liber. I, C. 5. ML 77 19 A)

III – Roma, el centro de la Santa Iglesia de Dios

San Ignacio de Antioquía

La Iglesia de Roma, la que tiene la presidencia del amor

Ignacio, que es llamado también Teóforo, a aquella que ha hallado misericordia en la benevolencia del Padre Altísimo y de Jesucristo su único Hijo; a la iglesia que es amada e iluminada por medio de la voluntad de Aquel que quiso todas las cosas que son, por la fe y el amor a Jesucristo nuestro Dios; a la que tiene la presidencia en el territorio de la región de los romanos, siendo digna de Dios, digna de honor, digna de parabienes, digna de alabanza, digna de éxito, digna en pureza, y teniendo la presidencia del amor, andando en la ley de Cristo y llevando el nombre del Padre; iglesia a la cual yo saludo en el nombre de Jesucristo el Hijo del Padre; a los que en la carne y en el espíritu están unidos a cada uno de sus mandamientos, siendo llenos de la gracia de Dios sin fluctuación, y limpiados de toda mancha extraña; salutaciones abundantes en Jesucristo nuestro Dios en su intachabilidad. (San Ignacio de Antioquia. Epístola a los Romanos. Prólogo)

San Ireneo de Lyon

Fundada y constituida por Pedro y Paulo

Pero como sería demasiado largo enumerar las sucesiones de todas las Iglesias en este volumen, indicaremos sobre todo las de las más antiguas y de todos conocidas, la de la Iglesia fundada y constituida en Roma por los dos gloriosísimos Apóstoles Pedro y Pablo, la que desde los Apóstoles conserva la Tradición y “la fe anunciada” (Rm 1, 8) a los hombres por los sucesores de los Apóstoles que llegan hasta nosotros. Así confundimos a todos aquellos que de un modo o de otro, o por agradarse a sí mismos o por vanagloria o por ceguera o por una falsa opinión, acumulan falsos conocimientos. Es necesario que cualquier Iglesia esté en armonía con esta Iglesia, cuya fundación es la más garantizada —me refiero a todos los fieles de cualquier lugar—, porque en ella todos los que se encuentran en todas partes han conservado la Tradición apostólica. (San Ireneo de Lyon. Adversus Haereses, L. II, 3, 2)

Celestino I

La primera entre las Iglesias

Ya que la ocasión lo pide, repasad, si os place, las sanciones de los cánones; hallareis cual es, después de la Iglesia romana, la segunda iglesia; cual, la tercera… (Denzinger-Hünermann, 235. Celestino I, Carta Manet beatum, 11 de marzo de 422)

Gelasio

El mismo Cristo dio el primado a la Iglesia Romana
[…] la santa Iglesia romana no ha sido antepuesta a las otras Iglesias por constitución alguna conciliar, sino que obtuvo el primado por la evangélica voz del Señor y Salvador, cuando dijo: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia y las puertas del infierno prevalecerán contra ella, y a ti te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares sobre la tierra, será atado también en el cielo; y cuanto desatares sobre la tierra, será desatado también en el cielo” (Mt 16, 18s). Anadióse también la compañía del beatísimo Pablo Apóstol, vaso de elección, que no en diverso tiempo, como garrulamente dicen los herejes, sino en un mismo tiempo y en un mismo día, luchando juntamente con Pedro en la ciudad de Roma, con gloriosa muerte fue coronado bajo el Cesar Nerón, juntamente consagraron a Cristo Señor la sobredicha santa Iglesia romana y la pusieron por delante de todas las ciudades del mundo entero con su presencia y su venerable triunfo. Por eso la primera sede del Apóstol Pedro es la Iglesia romana, que no tiene mancha ni arruga ni cosa semejante (Ef 5, 27). (Denzinger-Hünermann, 350-351. Gelasio I, Decretum Gelasianum)

Nicolás I

Los privilegios firmados por Cristo nada ni nadie los puede alterar

Ahora bien, si a nosotros no nos oís, solo resta que necesariamente seáis para nosotros cuales nuestro Señor Jesucristo mando que fueran tenidos los que se niegan a oír a la Iglesia de Dios, sobre todo cuando los privilegios de la Iglesia romana, afirmados por la boca de Cristo en el bienaventurado Pedro, dispuestos en la Iglesia misma, de antiguo observados, por los santos Concilios universales celebrados y constantemente venerados por toda la Iglesia, en modo alguno pueden disminuirse, en modo alguno infringirse, en modo alguno conmutarse, puesto que el fundamento que Dios puso, no puede removerlo conato alguno humano y lo que Dios asienta, firme y fuerte se mantiene… Así, pues, estos privilegios fueron por Cristo dados a esta santa Iglesia, no por los sínodos, que solamente los celebraron y veneraron… Nos obligan y nos empujan “a tener la solicitud de todas las Iglesias de Dios” (cf. 2 Cor 11, 28). (Denzinger-Hünermann, 640. Nicolás I, Carta Proposueramus quidem al emperador Miguel, 28 de septiembre de 865)

Gregorio VII

Iglesia de Roma: Madre y Maestra de las demás

Todos aquellos que, en el mundo entero, se llaman cristianos, y profesan verdaderamente la fe cristiana, saben y creen que el Bienaventurado Pedro, Príncipe de los Apóstoles, es el padre de todos los cristianos y, después de Jesucristo, el primer pastor; y que la santa Iglesia romana es de todas las Iglesias la Madre y Maestra. Si creéis esto y sólidamente mantenéis la fe, os conjuro, antes os ordeno, como hermano e indigno maestro vuestro, querer, con el apoyo de Dios Omnipotente, ayudar y socorrer a vuestro Padre y a vuestra Madre. (Gregorio VII. Epístola Pervenit, fratres charissimi. Migne PL 148, 710)

Concilio IV de Letrán

Primacía de la potestad

Renovando los antiguos privilegios de las sedes patriarcales, con aprobación del sagrado Concilio universal, decretamos que, después de la Iglesia romana, la cual, por disposición del Señor, tiene sobre todas las otras la primacía de la potestad ordinaria, como madre y maestra que es de todos los fieles, ocupe el primer lugar la sede de Constantinopla, el segundo la de Alejandría, el tercero la de Antioquia, el cuarto la de Jerusalén. (Denzinger-Hünermann 811. Concilio IV de Letrán, XII Ecuménico, 11-30 de noviembre de 1215)

Concilio II de Lyon

La Iglesia de Roma tiene el sumo y pleno primado, por eso, más que las otras debe defender la fe

La misma Iglesia romana tiene el sumo y pleno primado y principado sobre toda la Iglesia católica que verdadera y humildemente reconoce haber recibido con la plenitud de potestad, de manos del mismo Señor en la persona del bienaventurado Pedro, príncipe o cabeza de los Apóstoles, cuyo sucesor es el Romano Pontífice. Y como está obligada más que las demás a defender la verdad de la fe, así también, por su juicio deben ser definidas las cuestiones que acerca de la fe surgieren. (Denzinger-Hünermann 861. II Concilio de Lyon, XIV Ecuménico, IV Sesión, Carta del emperador Miguel al Papa Gregorio, 6 de julio de 1274)

Juan XXII

Primado que ha de ser reverenciado

Los predichos hijos de la temeridad y de la impiedad […], con el ímpetu de su ciego furor chocan contra el glorioso primado de la Iglesia romana, que ha de ser reverenciado por todas las naciones, para ser más pronto aplastados por el mismo. (Denzinger-Hünermann, 910. Juan XXII, Constitución Gloriosam Ecclesiam, 23 de enero de 1318)

Catecismo de la Iglesia Católica

Base y fundamento de las demás Iglesias

Las Iglesias particulares son plenamente católicas gracias a la comunión con una de ellas: la Iglesia de Roma “que preside en la caridad” (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Romanos 1, 1). “Porque con esta Iglesia en razón de su origen más excelente debe necesariamente acomodarse toda Iglesia, es decir, los fieles de todas partes” (San Ireneo, Adversus haereses 3, 3, 2). “En efecto, desde la venida a nosotros del Verbo encarnado, todas las Iglesias cristianas de todas partes han tenido y tienen a la gran Iglesia que está aquí [en Roma] como única base y fundamento porque, según las mismas promesas del Salvador, las puertas del infierno no han prevalecido jamás contra ella” (San Máximo Confesor. Opuscula theologica et polemica: PG 91, 137-140). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 834)

Juan Pablo II

Mirar hacia Roma

La obra que se realice será solamente un pequeño arroyo que confluirá en el gran río de la caridad cristiana que recorre la historia. Pequeño, pero significativo arroyo: el Jubileo ha movido al mundo a mirar hacia Roma, la Iglesia “que preside en la caridad” y a ofrecer a Pedro la propia limosna. Ahora la caridad manifestada en el centro de la catolicidad vuelve, de alguna manera, hacia el mundo a través de este gesto, que quiere quedar como fruto y memoria viva de la comunión experimentada con ocasión del Jubileo. (Juan Pablo II. Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, n. 53, 6 de enero de 2001)

El que confirma en la fe a los hermanos

Pues, por medio del Sínodo, los obispos de las Iglesias locales, esparcidas por el orbe, traen a Pedro las experiencias y riquezas de la vida cristiana en sus regiones; y, por medio de él, también Pedro confirma en la fe a los hermanos, y verdadera y eficazmente preside en la caridad universal. (Juan Pablo II. Discurso durante la Reunión de Consejo de la Secretaría general del Sínodo de los Obispos, n. 3, 21 de marzo de 1981)

Benedicto XVI

La Iglesia de Roma tiene especial privilegio en virtud de la sangre de los Apóstoles

Ya a inicios del siglo II, San Ignacio de Antioquía atribuía a la Iglesia que estaba en Roma un singular primado, saludándola, en su carta a los Romanos, como la que “preside en la caridad”. Esta función especial de servicio le viene a la comunidad romana y a su obispo por el hecho de que en esta ciudad derramaron su sangre los apóstoles Pedro y Pablo, así como otros muchos mártires. Volvemos, así, al testimonio de la sangre y de la caridad. La Cátedra de Pedro, por lo tanto, es ciertamente un signo de autoridad, pero de la autoridad de Cristo, basada en la fe y en el amor. (Benedicto XVI. Ángelus, 19 de febrero de 2012)


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