40 – Un Estado debe ser laico – La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado

Cuando Pilato, lleno de miedo delante del Dios y Hombre verdadero, se escuda en su poder temporal para ocultar la tremenda inseguridad que lo invadía y amenaza Jesús con su presunta autoridad ―“¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?” (Jn 19, 10)―, da oportunidad al Divino Salvador de dejar consignado para todos los tiempos el origen de cualquier autoridad en este mundo: “No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto”. (Jn 19, 11) Por eso, nada más natural que con el desarrollo del cristianismo los Estados occidentales se hayan conformado en unión y bajo la influencia de la Iglesia Católica, promotora de las universidades, de la cultura, de los hospitales, etc., siempre esparciendo la luz del evangelio entre todos los pueblos con su acción benéfica, llevándolos a superar a los demás pueblos paganos.

Sin embargo, los grandes cambios en el Occidente provocados por la decadencia de la Edad Media, pasando por las grandes convulsiones de la Revolución Francesa y llegando a la modernización del siglo XIX, fomentaron y repitieron la acusación calumniosa de que la Iglesia no es amiga del Estado y que no es capaz de promover el desarrollo de una sociedad bien constituida. Promovían, por lo tanto, la separación entre los dos ámbitos, con todas las consecuencias que conocemos en nuestros días. Es este el tema que León XIII trae a colación en su famosa Encíclica “Immortale Dei”, sobre la constitución cristiana del Estado. Este Pontífice, preocupado con los rumbos de secularización y relativismo religioso de su tiempo, aún recuerda que el Apóstol afirma que “no hay autoridad sino por Dios”. (Rom 13, 1) Y “así como no es lícito a nadie descuidar los propios deberes para con Dios, el mayor de los cuales es abrazar con el corazón y con las obras la religión, no la que cada uno prefiera, sino la que Dios manda y consta por argumentos ciertos e irrevocables como única y verdadera, de la misma manera los Estados no pueden obrar, sin incurrir en pecado, como si Dios no existiese, ni rechazar la religión como cosa extraña o inútil, ni pueden, por último, elegir indiferentemente una religión entre tantas. Todo lo contrario. El Estado tiene la estricta obligación de admitir el culto divino en la forma con que el mismo Dios ha querido que se le venere. Es, por tanto, obligación grave de las autoridades honrar el santo nombre de Dios. Entre sus principales obligaciones deben colocar la obligación de favorecer la religión, defenderla con eficacia, ponerla bajo el amparo de las leyes, no legislar nada que sea contrario a la incolumidad de aquélla” (Immortale Dei, n. 3). No obstante, en contra de todo lo que la propia Historia comprueba, para Francisco el “Estado debe ser laico” y “los Estados confesionales terminan mal”…

Francisco

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Cita ACita B

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

 I- El Estado no debe ser indiferente en materia religiosa
II – Beneficios del reconocimiento de la verdadera religión por el Estado
III – Efectos perniciosos de la laicidad del Estado

 I – El Estado no debe ser indiferente en materia religiosa

León XIII

La justicia y la razón prohíben el indeferentismo del Estado en materia religiosa
Los Estados no pueden obrar, sin incurrir en pecado, como si Dios no existiera
Cuando el Estado se vuelve contra la Iglesia, la virtud es puesta a prueba

Gregorio XVI

El indiferentismo religioso es un pestilentísimo error

Pío XII

Es tradición en la Iglesia mantener la distinción y la unidad de los dos poderes

Catecismo de la Iglesia Católica

Compete a la Iglesia proclamar los principios morales, incluso aquellos referentes al orden social

II – Beneficios del reconocimiento de la verdadera religión por el Estado 

Gregorio XVI

La unión entre la Iglesia y el Estado siempre fue saludable para lo sagrado y lo civil

León XIII

Conservada la doctrina entre los príncipes, la acción de las sectas no tendría efecto

La sociedad humana se benefició de la restauración de todo en Cristo
La virtud divina de la religión engendró el orden de los Estados
No se ha encontrado un sistema superior para gobernar el Estado

Concilio Vaticano II

La Revelación lleva a una profunda comprensión de las leyes de la vida social

Catecismo de la Iglesia Católica

La Iglesia descubre las exigencias de la moral, la justicia y la paz en la sociedad

San Agustín

El reinado de los buenos es beneficioso para las empresas humanas
El gobierno que honra a Dios manda en la caridad

III – Efectos perniciosos de la laicidad del Estado 

Pío XII

El laicismo substrae al Estado el influjo benéfico de Dios y de la Iglesia

Concilio Vaticano I

Difundiéndose la impiedad, la verdad se diluye

San Agustín

Los gobiernos sin justicia se convierten en bandas de ladrones a gran escala

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