La Congregación para el Clero…

… juzga la idea herética de Joviniano que defiende Francisco

  • Los legisladores del S. IV-V sostenían que la ley del celibato se fundaba en una tradición apostólica

En efecto, los estudiosos indican que los orígenes del celibato sacerdotal se remontan a los tiempos apostólicos. El padre Ignace de la Potterie escribe: “Los estudiosos en general están de acuerdo en decir que la obligación del celibato, o al menos de la continencia, se convirtió en ley canónica desde el siglo IV (…). Pero es importante observar que los legisladores de los siglos IV o V afirmaban que esa disposición canónica estaba fundada en una tradición apostólica. Por ejemplo, el concilio de Cartago (del año 390) decía: “Conviene que los que están al servicio de los misterios divinos practiquen la continencia completa (continentes esse in omnibus) para que lo que enseñaron los Apóstoles y ha mantenido la antigüedad misma, lo observemos también nosotros”” (cf. Il fondamento biblico del celibato sacerdotale, en: Solo per amore. Riflessioni sul celibato sacerdotale. Cinisello Balsamo 1993, pp. 14-15). En el mismo sentido, A.M. Stickler habla de argumentos bíblicos en favor del celibato de inspiración apostólica (cf. Ch. Cochini, Origines apostoliques du Célibat sacerdotal, Prefacio, p. 6). (Cardenal Claúdio Hummes. Reflexiones con motivo del XL aniversario de la carta encíclica «Sacerdotalis Caelibatus» del Papa Pablo VI, 24 de febrero de 2007)

  • La entrega total al Señor y una fuerte relación personal con Cristo es el fundamento del celibato

El celibato, antes de ser una disposición canónica, es un don de Dios a su Iglesia; es una cuestión vinculada a la entrega total al Señor. Aun distinguiendo entre la disciplina del celibato de los sacerdotes seculares y la experiencia religiosa de la consagración y de la profesión de los votos, no cabe duda de que no existe otra interpretación y justificación del celibato eclesiástico fuera de la entrega total al Señor, en una relación que sea exclusiva, también desde el punto de vista afectivo; esto supone una fuerte relación personal y comunitaria con Cristo, que transforma el corazón de sus discípulos. (Cardenal Claúdio Hummes. Reflexiones con motivo del XL aniversario de la carta encíclica «Sacerdotalis Caelibatus» del Papa Pablo VI, 24 de febrero de 2007)

  • El celibato por razones cristológicas, eclesiológicas y escatológicas tiene como ícono las palabras que Jesús dirige a Pedro “¿Me amas más que estos?” (Jn 21, 15)

La opción del celibato hecha por la Iglesia católica de rito latino se ha realizado, desde los tiempos apostólicos, precisamente en la línea de la relación del sacerdote con su Señor, teniendo como gran icono el “¿Me amas más que estos?” (Jn 21, 15), que Jesús resucitado dirige a Pedro. Por tanto, las razones cristológicas, eclesiológicas y escatológicas del celibato, todas ellas arraigadas en la comunión especial con Cristo a la que está llamado el sacerdote, pueden tener diversas expresiones, según lo que afirma autorizadamente la encíclica Sacerdotalis caelibatus. (Cardenal Claúdio Hummes. Reflexiones con motivo del XL aniversario de la carta encíclica «Sacerdotalis Caelibatus» del Papa Pablo VI, 24 de febrero de 2007)

  • El celibato es un camino de amor que no todos lo entienden sino aquellos a quienes se les ha concedido” (Mt 19,11)

Ante todo, el celibato es “signo y estímulo de la caridad pastoral” (n. 24). La caridad es el criterio supremo para juzgar la vida cristiana en todos sus aspectos; el celibato es un camino del amor, aunque el mismo Jesús, como refiere el evangelio según san Mateo, afirma que no todos pueden comprender esta realidad: “No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido” (Mt 19, 11). Esa caridad se desdobla en los clásicos aspectos de amor a Dios y amor a los hermanos: “Por la virginidad o el celibato a causa del reino de los cielos, los presbíteros se consagran a Cristo de una manera nueva y excelente y se unen más fácilmente a él con un corazón no dividido” (Presbyterorum ordinis, 16). San Pablo, en un pasaje al que aquí se alude, presenta el celibato y la virginidad como “camino para agradar al Señor” sin divisiones (cf. 1 Co 7, 32-35): en otras palabras, un “camino del amor”, que ciertamente supone una vocación particular, y en este sentido es un carisma, y que es en sí mismo excelente tanto para el cristiano como para el sacerdote. (Cardenal Claúdio Hummes. Reflexiones con motivo del XL aniversario de la carta encíclica «Sacerdotalis Caelibatus» del Papa Pablo VI, 24 de febrero de 2007)

  • El celibato es el ejemplo que Cristo dejó

El celibato es el ejemplo que Cristo mismo nos dejó. Él quiso ser célibe. Explica también la encíclica: “Cristo permaneció toda la vida en el estado de virginidad, que significa su dedicación total al servicio de Dios y de los hombres. Esta profunda conexión entre la virginidad y el sacerdocio en Cristo se refleja en los que tienen la suerte de participar de la dignidad y de la misión del mediador y sacerdote eterno, y esta participación será tanto más perfecta cuanto el sagrado ministro esté más libre de vínculos de carne y de sangre” (Sacerdotalis caelibatus, 21). La existencia histórica de Jesucristo es el signo más evidente de que la castidad voluntariamente asumida por Dios es una vocación sólidamente fundada tanto en el plano cristiano como en el de la común racionalidad humana. (Cardenal Claúdio Hummes. Reflexiones con motivo del XL aniversario de la carta encíclica «Sacerdotalis Caelibatus» del Papa Pablo VI, 24 de febrero de 2007)

… juzga la idea de Francisco de que el anuncio del Evangelio se hace sin acentos doctrinales ni morales

  • El más grande obstáculo que tiene el hombre para adherir a la obra de la salvación es el pecado

Las condiciones históricas y ambientales no son, sin embargo, el principal obstáculo a la libertad del hombre: el más grande obstáculo que tiene el hombre para adherir libremente a la obra de la salvación es el pecado. “Creado por Dios en la justicia, el hombre sin embargo, por instigación del demonio, en el propio exordio de la historia, abusó de su libertad, levantándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios” (Gaudium et Spes, n. 13). El pecado se ha hecho una dolorosa experiencia de los hombres y es causa de muchos sufrimientos y ruina. (Congregación para el Clero. Directorio General para la Catequesis, n. 62)

  • Violación consciente y libre de la ley moral

Ni hay que olvidar la doctrina acerca de la naturaleza y los efectos del pecado personal con el que el hombre viola, consciente y libremente, la ley moral y ofende gravemente en cosas graves a Dios. (Congregación para el Clero. Directorio General para la Catequesis, n. 62)

  • La realidad del pecado constituye un aspecto fundamental de la fe cristiana que no puede ser callado

La historia de la salvación es también historia de liberación del pecado. Todas las intervenciones de Dios desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento tienen también la finalidad de dirigir al hombre en la lucha contra las fuerzas del mal; la misión histórica de Cristo se endereza a la destrucción del pecado y se realiza en el misterio de la cruz. La penetrante reflexión de S. Pablo (Rom 5) sobre la realidad del pecado y sobre la consiguiente “obra de justicia” de Cristo, constituye un aspecto fundamental de la fe cristiana, que no puede ser callado en la catequesis. (Congregación para el Clero. Directorio General para la Catequesis, n. 62)

  • La docilidad al Espíritu Santo conlleva la fidelidad a los mandamientos de Dios

Cristo confió a sus apóstoles la tarea de enseñar a observar todas las cosas que él había enseñado (Mt 28, 20). Por eso la catequesis no comprende solamente las verdades que hay que creer sino también las cosas que hay que hacer. La vida moral del cristiano, es decir el modo de vivir conforme a su dignidad de hombre y de hijo adoptivo de Dios, es el compromiso de vivir y crecer, bajo la gula del Espíritu Santo en la vida nueva comunicada por Jesucristo. La vida moral del cristiano es guiada por la gracia y los dones del Espíritu Santo: “El amor de Dios se ha difundido en nuestros corazones con el Espíritu Santo que nos fue dado” (Rom 5, 5). La docilidad al Espíritu Santo conlleva la fidelidad a los mandamientos de Dios, como también a las leyes de la Iglesia y a las leyes civiles justas. (Congregación para el Clero. Directorio General para la Catequesis, n. 63)

  • Al encontrar a Jesucristo el hombre ve colmadas sus aspiraciones más hondas

La fe lleva consigo un cambio de vida, una metanoia, es decir, una transformación profunda de la mente y del corazón: hace así que el creyente viva esa nueva manera de ser, de vivir, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio. La fe y la conversión brotan del corazón, es decir, de lo más profundo de la persona humana, afectándola por entero. Al encontrar a Jesucristo, y al adherirse a Él, el ser humano ve colmadas sus aspiraciones más hondas: encuentra lo que siempre buscó y además de manera sobreabundante. (Congregación para el Clero. Directorio General para la Catequesis, n. 55)

… juzga las actitudes de Francisco con los pecadores públicos, cambiando el protocolo Vaticano

  • El sacerdote debe practicar el ministerio de la formación de la conciencia

A pesar de la triste realidad de la pérdida del sentido del pecado muy extendida en la cultura de nuestro tiempo, el sacerdote debe practicar con gozo y dedicación el ministerio de la formación de la conciencia, del perdón y de la paz. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 51, 31 de marzo de 1994)

… juzga la idea de Francisco de que Dios no condena nunca

  • Como educador genial, Dios recuerda el premio y el castigo

“Como a hijos os trata Dios; y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige?” (Heb 12, 7). La salvación de la persona, que es el fin de la revelación, se manifiesta también como fruto de una original y eficaz “pedagogía de Dios” a lo largo de la historia. En analogía con las costumbres humanas y según las categorías culturales de cada tiempo, la Sagrada Escritura nos presenta a Dios como un padre misericordioso, un maestro, un sabio que toma a su cargo a la persona ―individuo y comunidad― en las condiciones en que se encuentra, la libera de los vínculos del mal, la atrae hacia sí con lazos de amor, la hace crecer progresiva y pacientemente hacia la madurez de hijo libre, fiel y obediente a su palabra. A este fin, como educador genial y previsor, Dios transforma los acontecimientos de la vida de su pueblo en lecciones de sabiduría adaptándose a las diversas edades y situaciones de vida. A través de la instrucción y de la catequesis pone en sus manos un mensaje que se va transmitiendo de generación en generación, lo corrige recordándole el premio y el castigo, convierte en formativas las mismas pruebas y sufrimientos. (Congregación para el Clero. Directorio General para la Catequesis, n. 139, 25 de agosto de 1997)

… juzga la idea de Francisco de que los pobres son el centro del Evangelio

  • Como núcleo y centro de la Buena Nueva Cristo anuncia la liberación del pecado

El mensaje de Jesús sobre Dios es una buena noticia para la humanidad. Jesús, en efecto, anunció el Reino de Dios: una nueva y definitiva intervención divina, con un poder transformador tan grande, y aún mayor, que el que utilizó en la creación del mundo. En este sentido, como núcleo y centro de la Buena Nueva, Cristo anuncia la salvación: ese gran don de Dios que es liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo, de entregarse a Él. (Congregación para el Clero. Directorio General para la Catequesis, n. 101, 17 de abril de 1988)

… juzga la idea de Francisco de que la dirección espiritual es un carisma de laicos

  • El sacerdote debe dedicarse a la formación de las conciencias

A pesar de la triste realidad de la pérdida del sentido del pecado muy extendida en la cultura de nuestro tiempo, el sacerdote debe practicar con gozo y dedicación el ministerio de la formación de la conciencia, del perdón y de la paz. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 51, 31 de marzo de 1994)

  • El presbítero no debe abandonar la dirección espiritual

De manera paralela al sacramento de la reconciliación, el presbítero no dejará de ejercer el ministerio de la dirección espiritual. El descubrimiento y la difusión de esta práctica, también en momentos distintos de la administración de la Penitencia, es un beneficio grande para la Iglesia en el tiempo presente. La actitud generosa y activa de los presbíteros al practicarla constituye también una ocasión importante para reconocer y sostener las vocaciones al sacerdocio y a las distintas formas de vida consagrada. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 73, nueva edición, 11 de febrero de 2013)

  • Que los fieles desempeñen determinadas funciones para que los sacerdotes puedan atender a la dirección espiritual

Una de las tareas que requiere especial atención es la formación de los laicos. El presbítero no se puede contentar con que los fieles tengan un conocimiento superficial de la fe, sino que debe tratar de darles una formación sólida, perseverando en su esfuerzo mediante clases de teología, cursos acerca de la doctrina cristiana, especialmente con el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica y de su Compendio. Esta formación ayudará a los laicos a desempeñar plenamente su papel de animación cristiana del orden temporal (político, cultural, económico, social). Además, en determinados casos, se pueden confiar a laicos, que tengan una formación suficiente y el deseo sincero de servir a la Iglesia, algunas tareas —de acuerdo con las leyes de la Iglesia— que no pertenezcan exclusivamente al ministerio sacerdotal y que estos puedan llevar a cabo a partir de su experiencia profesional y personal. De este modo, el sacerdote estará más libre a la hora de atender a sus compromisos primarios, como la predicación, la celebración de los sacramentos y la dirección espiritual. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 73, nueva edición, 11 de febrero de 2013)

… juzga la idea de Francisco de que el pecado hace parte de la vida religiosa

  • Un don para los fieles, que nunca será suplido por los sacerdotes y laicos

La profesión de los consejos evangélicos, que caracteriza a la vida religiosa, constituye un don para toda la comunidad cristiana. En la acción catequética diocesana, su aportación original y específica nunca podrá ser suplida por la de los sacerdotes y laicos. Esta contribución original brota del testimonio público de su consagración, que les convierte en signo viviente de la realidad del Reino: “La profesión de estos consejos en un estado de vida estable reconocido por la Iglesia es lo que caracteriza la vida consagrada a Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 915). Aunque los valores evangélicos deben ser vividos por todo cristiano, las personas de vida consagrada “encarnan la Iglesia deseosa de entregarse a la radicalidad de las bienaventuranzas” (Evangelii nuntiandi, n. 69). (Congregación para el Clero. Directorio General para la Catequesis, n. 228)

… juzga la idea de que el hombre es el centro de la vida cristiana que tiene Francisco

  • Sólo con una plena adhesión a la Persona de Jesucristo se vive la fe cristiana

La fe cristiana es, ante todo, conversión a Jesucristo, adhesión plena y sincera a su persona y decisión de caminar en su seguimiento. La fe es un encuentro personal con Jesucristo, es hacerse discípulo suyo. Esto exige el compromiso permanente de pensar como El, de juzgar como El y de vivir como Él lo hizo. Así, el creyente se une a la comunidad de los discípulos y hace suya la fe de la Iglesia. (Directorio General para la Catequesis, n. 53)

  • La fe transforma la mente y el corazón y da una adhesión a Jesucristo

La fe lleva consigo un cambio de vida, una metanoia, es decir, una transformación profunda de la mente y del corazón: hace así que el creyente viva esa nueva manera de ser, de vivir, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio. Y este cambio de vida se manifiesta en todos los niveles de la existencia del cristiano: en su vida interior de adoración y acogida de la voluntad divina; en su participación activa en la misión de la Iglesia; en su vida matrimonial y familiar; en el ejercicio de la vida profesional; en el desempeño de las actividades económicas y sociales.
La fe y la conversión brotan del corazón, es decir, de lo más profundo de la persona humana, afectándola por entero. Al encontrar a Jesucristo, y al adherirse a Él, el ser humano ve colmadas sus aspiraciones más hondas: encuentra lo que siempre buscó y además de manera sobreabundante. (Directorio General para la Catequesis, n. 55)

… juzga la oración hecha por Francisco en el encuentro ecuménico e interreligioso de Sarajevo

  • Enseñar a rezar al Padre por Cristo en el Espírito Santo es elemento esencial de la evangelización

Un elemento esencial de la obra evangelizadora de la Iglesia consiste en enseñar a los hombres a rezar al Padre por Cristo en el Espíritu Santo. (Congregación para el Clero. El presbítero, maestro de la palabra, ministro de los sacramentos y guía de la comunidad, c. 3, n. 2, 19 de marzo de 1999)

… juzga la idea de equiparar la catequesis al yoga o zen que tiene Francisco

  • La Iglesia, animada por el Espíritu Santo, ha sido enviada a ser maestra de la fe

La catequesis es una acción esencialmente eclesial. El verdadero sujeto de la catequesis es la Iglesia que, como continuadora de la misión de Jesucristo Maestro y animada por el Espíritu, ha sido enviada para ser maestra de la fe. Por ello, la Iglesia, imitando a la Madre del Señor, conserva fielmente el Evangelio en su corazón, lo anuncia, lo celebra, lo vive y lo transmite en la catequesis a todos aquellos que han decidido seguir a Jesucristo. […] La Iglesia, al transmitir —en la iniciación cristiana— la fe y la vida nueva actúa como madre de los hombres, que engendra a unos hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios. (Congregación para el Clero. Directorio General para la catequesis, n. 78-79, 25 de agosto 1997)

  • La acción del Espíritu Santo es fecundar constantemente la Iglesia

Dios ha dispuesto que la revelación se transmitiera a todos los pueblos, a todas las generaciones, y permaneciese íntegra para siempre. Para cumplir este designio divino, Jesucristo instituyó la Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles y, enviándoles de parte del Padre el Espíritu Santo, les mandó predicar el Evangelio por todo el mundo. […] El Espíritu Santo fecunda constantemente la Iglesia en esta vivencia del Evangelio, la hace crecer continuamente en la inteligencia del mismo, y la impulsa y sostiene en la tarea de anunciarlo por todos los confines del mundo. (Congregación para el Clero. Directorio General para la catequesis, n. 42-43, 25 de agosto 1997)

  • La catequesis debe conducir a la comprensión de toda la verdad

El que se ha encontrado con Cristo desea conocerle lo más posible y conocer el designio del Padre que Él reveló. El conocimiento de los contenidos de la fe (fides quae) viene pedido por la adhesión a la fe (fides qua). Ya en el orden humano, el amor a una persona lleva a conocerla cada vez más. La catequesis debe conducir, por tanto, a “la comprensión paulatina de toda la verdad del designio divino”, introduciendo a los discípulos de Jesucristo en el conocimiento de la Tradición y de la Escritura, que es la “ciencia eminente de Cristo” (Flp 3, 8). (Congregación para el Clero. Directorio General para la catequesis, n. 85, 25 de agosto 1997)

  • La catequesis se propone hacer madurar la primera adhesión a Cristo

Toda la acción evangelizadora busca favorecer la comunión con Jesucristo. A partir de la conversión “inicial” de una persona al Señor, suscitada por el Espíritu Santo mediante el primer anuncio, la catequesis se propone fundamentar y hacer madurar esta primera adhesión. Se trata, entonces, de ayudar al recién convertido a “conocer mejor a ese Jesús en cuyas manos se ha puesto: conocer su ‘misterio’, el Reino de Dios que anuncia, las exigencias y las promesas contenidas en su mensaje evangélico, los senderos que Él ha trazado a quien quiera seguirle”. (Congregación para el Clero. Directorio General para la catequesis, n. 80, 25 de agosto 1997)

… juzga las ideas presentes en la Laudato Sí´

  • Cristo introduce en el mundo una forma nueva, sublime y divina de vida

Comencemos por el significado cristológico. Cristo es novedad. Realiza una nueva creación. Su sacerdocio es nuevo. Cristo renueva todas las cosas. Jesús, el Hijo unigénito del Padre, enviado al mundo, “se hizo hombre para que la humanidad, sometida al pecado y a la muerte, fuese regenerada y, mediante un nuevo nacimiento, entrase en el reino de los cielos. Consagrado totalmente a la voluntad del Padre, Jesús realizó mediante su misterio pascual esta nueva creación introduciendo en el tiempo y en el mundo una forma nueva, sublime y divina de vida, que transforma la misma condición terrena de la humanidad” (Sacerdotalis caelibatus, n. 19). (Congregación para el Clero. Reflexiones del Cardenal Claudio Hummes con motivo del XL aniversario de la Carta encíclica ‘Sacerdotalis caeilibatus’, 24 de febrero de 2007)

… juzga la idea de mandar “buenas ondas” que tiene Francisco

  • La conducta no recta de los cristianos hace proliferar “nuevos movimientos religiosos” o sectas

En un clima de relativismo religioso y cultural, y a veces también a causa de la conducta no recta de los cristianos, proliferan hoy “nuevos movimientos religiosos”, llamados también sectas o cultos, con multitud de nombres y de tendencias, difíciles de clasificar de modo orgánico y preciso. En la medida que es posible, cabe distinguir movimientos de matriz cristiana, otros derivados de religiones orientales y otros vinculados a tradiciones esotéricas. La razón de la preocupación estriba en que sus doctrinas y prácticas de vida se alejan de los contenidos de la fe cristiana. (Congregación para el Clero. Directorio General para la Catequesis, cap. IV, n. 201, 17 de abril de 1998)

… juzga la idea de educación de la juventud que tiene Francisco

  • La enseñanza religiosa debe ser dirigida a todas las categorías de fieles

Maestro y educador en la fe, el sacerdote procurará que la catequesis, especialmente la de los sacramentos, sea una parte privilegiada en la educación cristiana de la familia, en la enseñanza religiosa, en la formación de movimientos apostólicos, etc.; y que se dirija a todas las categorías de fieles: niños, jóvenes, adolescentes, adultos y ancianos. Sabrá transmitir la enseñanza catequética haciendo uso de todas las ayudas, medios didácticos e instrumentos de comunicación, que puedan ser eficaces a fin de que los fieles —de un modo adecuado a su carácter, capacidad, edad y condición de vida— estén en condiciones de aprender más plenamente la doctrina cristiana y de ponerla en práctica de la manera más conveniente. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 65, 11 de febrero de 2013)

  • La enseñanza religiosa debe tomarse con la misma seriedad de las demás disciplinas

Es necesario que la enseñanza religiosa escolar aparezca como disciplina escolar, con la misma exigencia de sistematicidad y rigor que las demás materias. Ha de presentar el mensaje y acontecimiento cristiano con la misma seriedad y profundidad con que las demás disciplinas presentan sus saberes. No se sitúa, sin embargo, junto a ellas como algo accesorio, sino en un necesario diálogo interdisciplinar. Este diálogo ha de establecerse, ante todo, en aquel nivel en que cada disciplina configura la personalidad del alumno. […] La enseñanza religiosa escolar, mediante este diálogo interdisciplinar, funda, potencia, desarrolla y completa la acción educadora de la escuela. (Congregación para el Clero. Directorio general para la catequesis, n. 73, 17 de abril de 1998)

  • La enseñanza de la religión da respuestas a los principales interrogantes

Los alumnos que se encuentran en una situación de búsqueda, o afectados por dudas religiosas, podrán descubrir gracias a la enseñanza religiosa escolar qué es exactamente la fe en Jesucristo, cuáles son las respuestas de la Iglesia a sus interrogantes, proporcionándoles así la oportunidad de reflexionar mejor sobre la decisión a tomar. (Congregación para el Clero. Directorio general para la catequesis, n. 75, 17 de abril de 1998)

  • La enseñanza religiosa tiene un papel misionero para los alumnos no creyentes

Cuando los alumnos no son creyentes, la enseñanza religiosa escolar asume las características de un anuncio misionero del Evangelio, en orden a una decisión de fe,que la catequesis, por su parte, en un contexto comunitario, ayudará después a crecer y a madurar. (Congregación para el Clero. Directorio general para la catequesis, n. 75, 17 de marzo de 1998)

… juzga la idea de amor fraterno que tiene Francisco

  • La finalidad del cristiano es la santidad

Este conformarse con Cristo es la sustancia de la santificación, y constituye la finalidad específica de la existencia cristiana. Para alcanzarla, todo cristiano necesita la ayuda de la Iglesia, mater et magistra. La pedagogía de la santidad es un desafío, tan exigente como atrayente, para todos aquellos que detengan en la Iglesia una responsabilidad de guía y de formación. […] En la sociedad de hoy, marcada por el pluralismo cultural, religioso y étnico, y parcialmente caracterizada por el relativismo, el indiferentismo, el irenismo y el sincretismo, parece que algunos cristianos casi se han habituado a una suerte de “cristianismo” carente de referencias reales a Cristo y a su Iglesia; se tiende así a reducir el proyecto pastoral a temáticas sociales abordadas desde una perspectiva exclusivamente antropológica, dentro de un reclamo genérico al pacifismo, al universalismo y a una referencia no bien precisada a los “valores”. (Congregación para el Clero. El Presbítero, Pastor y Guía de la Comunidad Parroquial n. 28-29, 23 de noviembre de 2001)

… juzga la idea de obediencia religiosa que tiene Francisco

  • La obediencia expresa la voluntad de Dios

La obediencia es un valor sacerdotal de primordial importancia. […] Al igual que para Cristo, también para el presbítero la obediencia expresa la voluntad de Dios, que le es manifestada por medio de los Superiores. […] La virtud de la obediencia, intrínsecamente requerida por el sacramento y por la estructura jerárquica de la Iglesia, es claramente prometida por el clérigo, primeramente en el rito de la ordenación diaconal y, después, en el de la ordenación presbiteral. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 61) 

  • Gravedad de disentir del Magisterio en materia de fe y moral

La obligación de adherir al Magisterio en materia de fe y de moral está intrínsecamente ligada a todas las funciones que el sacerdote debe desarrollar en la Iglesia. El disentir en este campo debe considerarse algo grave, en cuanto que produce escándalo y desorientación entre los fieles. […] En cuanto ministro de Cristo y de su Iglesia, el presbítero asume generosamente el compromiso de observar fielmente todas y cada una de las normas, evitando toda forma de adhesión parcial según criterios subjetivos, que crean división y repercuten — con notable daño pastoral — sobre los fieles laicos y sobre la opinión pública. (Congregación para el Clero. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 62) 

… juzga la idea de formación de las conciencias que tiene Francisco

  • El sacerdote debe practicar el ministerio de la formación de la conciencia

La reconciliación sacramental restablece la amistad con Dios Padre y con todos sus hijos en su familia, que es la Iglesia. Por lo tanto, ésta se rejuvenece y se construye en todas sus dimensiones: universal, diocesana y parroquial.
A pesar de la triste realidad de la pérdida del sentido del pecado muy extendida en la cultura de nuestro tiempo, el sacerdote debe practicar con gozo y dedicación el ministerio de la formación de la conciencia, del perdón y de la paz. (Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 51, 31 de marzo de 1994)

… juzga la idea de Cristo en el Juicio que tiene Francisco

  •  No es lícito callar la verdad sobre el juicio

La catequesis sobre los novísimos, mientras por una parte debe darse bajo el signo de la consolación, de la esperanza y de un saludable temor (1 Tes. 4,18), de todo o cual sienten una gran necesidad los hombres de nuestro tiempo, por la otra debe ser completamente fiel a la verdad. Porque no es lícito disminuir la grave responsabilidad de cada uno con respecto a su suerte futura. La catequesis no puede callar ni el juicio particular después de la muerte, ni las penas expiatorias del purgatorio, ni la triste y luctuosa realidad de la muerte eterna, ni el juicio final. (Congregación para el Clero. Directorio Catequístico General, 69, 11 de abril de 1971)