“La Antigua Alianza no ha sido revocada. Los judíos han mantenido su fe en Dios y deben continuar en su camino: la Iglesia se enriquece con los valores del Judaísmo”

El Concilio Vaticano II, en la Declaración Nostra Aetate n.4, recoge la doctrina siempre reconocida en la Iglesia – y cuyo origen está en San Pablo – de que el pueblo judío, al final, se convertirá al Señor: “Según el Apóstol, los Judíos son todavía muy amados de Dios a causa de sus padres, porque Dios no se arrepiente de sus dones y de su vocación. La Iglesia, juntamente con los Profetas y el mismo Apóstol espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con una sola voz y ‘le servirán como un solo hombre’ (Soph 3,9)”. Sin embargo, ciertas afirmaciones recientes parecen dar a entender que el pueblo israelita debe permanecer donde se encuentra… y surgen las preguntas.

¿Ya no ama Dios al pueblo hebreo? ¿Ya no quiere su conversión? ¿Se salvan los judíos pretendiendo seguir la Ley Antigua? ¿Han mantenido la fe en Dios? ¿Los ritos judíos tienen la misma eficacia salvífica que los sacramentos? ¿Hay dos caminos para la salvación – la Antigua y la Nueva Alianza? ¿La Iglesia debe aprender de los judíos? Cuántas más preguntas nos hacemos, corremos el peligro de enmarañar más la cuestión… Conozcamos la doctrina veinte veces secular de la Santa Iglesia para así amar de verdad a los judíos y tener las cosas claras.

Francisco

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Una mirada muy especial se dirige al pueblo judío, cuya Alianza con Dios jamás ha sido revocada, porque ‘los dones y el llamado de Dios son irrevocables’ (Rm 11,29). La Iglesia, que comparte con el Judaísmo una parte importante de las Sagradas Escrituras, considera al pueblo de la Alianza y su fe como una raíz sagrada de la propia identidad cristiana (cf. Rm 11,16-18). Los cristianos no podemos considerar al Judaísmo como una religión ajena, ni incluimos a los judíos entre aquellos llamados a dejar los ídolos para convertirse al verdadero Dios (cf. 1 Ts 1,9). Creemos junto con ellos en el único Dios que actúa en la historia, y acogemos con ellos la común Palabra revelada. (Evangelii Gaudium, 247) 

EL PAPA VISITA EL MUSEO DEL HOLOCAUSTO
Usted me pregunta también, como conclusión del primer artículo, qué decir a los hermanos judíos sobre la promesa que Dios les hizo: ¿ha sido retirada definitivamente? Se trata de una cuestión –créame– que nos interpela radicalmente, como cristianos, que con la ayuda de Dios, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, hemos descubierto que el pueblo judío sigue siendo, para nosotros, la raíz santa de la que brotó el retoño de Jesús. También yo, que he cultivado amistad durante todos estos años en Argentina con los hermanos judíos, muchas veces he interrogado a Dios en la oración, especialmente cuando me venía a la mente el recuerdo de la terrible experiencia de la Shoah. Lo que le puedo decir, con el Apóstol Pablo, es que la fidelidad de Dios a la alianza establecida con Israel no ha fallado y que, en las terribles pruebas de estos siglos, los judíos han mantenido su fe en Dios. Y esto, nunca se lo agradeceremos suficientemente como Iglesia, pero también como humanidad.Además, perseverando en la fe en el Dios de la alianza, nos recuerdan a todos, también a nosotros cristianos, que estamos siempre a la espera, como peregrinos, del regreso del Señor y que, por tanto, siempre debemos estar abiertos a Él y nunca conformarnos con lo que ya hemos conseguido. (Carta al periodista italiano Eugenio Scalfari, 4-IX-2013)

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A lo largo de mi ministerio como arzobispo de Buenos Aires —como indicó el señor presidente— he tenido la alegría de mantener relaciones de sincera amistad con algunos exponentes del mundo judío. A menudo hemos conversado acerca de nuestra respectiva identidad religiosa, la imagen del hombre contenida en las Escrituras, las modalidades para mantener vivo el sentido de Dios en un mundo en muchos aspectos secularizado. Me he confrontado con ellos en varias ocasiones sobre los desafíos comunes que aguardan a judíos y cristianos. Pero sobre todo, como amigos, hemos saboreado el uno la presencia del otro, nos hemos enriquecido recíprocamente en el encuentro y en el diálogo, con una actitud de acogida mutua, y ello nos ha ayudado a crecer como hombres y como creyentes. Lo mismo ha sucedido y sucede en muchas otras partes del mundo, y estas relaciones de amistad constituyen en ciertos aspectos la base del diálogo que se desarrolla a nivel oficial. Por lo tanto, no puedo dejar de alentaros a continuar vuestro camino, buscando, como estáis haciendo, involucrar también en ello a las nuevas generaciones.La humanidad tiene necesidad de nuestro testimonio común a favor del respeto de la dignidad del hombre y de la mujer creados a imagen y semejanza de Dios, y en favor de la paz que, en primer lugar, es un don suyo. Me agrada recordar aquí las palabras del profeta Jeremías: ‘Pues sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción, daros un porvenir y una esperanza’ (Jer 29, 11). Con esta palabra: paz, shalom, quisiera concluir también mi intervención, pidiéndoos el don de vuestras oraciones y asegurándoos la mía. ¡Gracias!” (Discurso a una delegación del Comité Judío Internacional, 24-VI-2013)

“Los cristianos para entenderse a sí mismos no pueden por menos que referirse a las raíces judías y la Iglesia, si bien profesa la salvación a través de la fe en Cristo, reconoce la irrevocabilidad de la Antigua Alianza y el amor constante y fiel de Dios por Israel”. (Visita a la Sinagoga mayor de Roma, 17 de enero de 2016)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I: ¿Sigue vigente la Ley Antigua?
II: Los preceptos de la Ley Antigua en relación a la Ley Nueva
III: ¿Qué implica el amor de Dios al pueblo judío?
IV: ¿Qué dijo San Pablo en el contexto de Rm 11,29?


I: ¿Sigue vigente la Ley Antigua?

Sagradas Escrituras
-Queda derogada la disposición anterior en razón de su incapacidad de conducir a la perfección
-La primera Alianza, imperfecta, fue sustituida por otra
-Cristo declaró abolido el primer régimen para establecer el segundo
-La antigua Alianza era transitoria, residía en la letra que mata y no en el Espíritu
-Las cuestiones de alimento y sábados son sombra de una realidad futura, el Cuerpo de Cristo

Pío XII
-Con la muerte del Redentor, la Nueva sucedió a la Ley Antigua, que sería enterrada y resultaría mortífera

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)
-Las legalidades mosaicas no pueden guardarse sin pérdida de la salvación eterna

Benedicto XIV
-Constituye pecado la observancia de las ya derogadas ceremonias de la Ley Mosaica.

San Ambrosio
-Cristo reprobó la Sinagoga

II: Los preceptos de la Ley Antigua en relación a la Ley Nueva

Santo Tomás de Aquino
-La Ley Antigua poseía tres géneros de preceptos: morales, ceremoniales y judiciales.
-Los preceptos morales: partes de los preceptos del Decálogo
-Los preceptos ceremoniales: pertenecen al culto de Dios
-Los preceptos ceremoniales no podían purificar del pecado porque no encerraban en sí la gracia
-Los preceptos ceremoniales debieron desaparecer para instituir las ceremonias de la Ley Nueva
-Es pecado mortal observar los ritos antiguos después de la Pasión de Cristo
-Los preceptos judiciales, que regulan las relaciones humanas en el pueblo hebreo, cesaron con la venida de Cristo
-Cristo cumplió la Ley, y la perfeccionó con obras y doctrina; y dio la gracia para cumplir la Ley.
-La Ley Nueva perfecciona la Ley Antigua

San Agustín
-Cristo cambió los antiguos signos, dándoles plenitud – de modo que son distintos los que anunciaban que había venido Cristo de los que profetizaban que iba a venir

III: ¿Qué implica el amor de Dios al pueblo judío?

Sagradas Escrituras
-Todo el pueblo de Israel debe reconocer a Jesús como Señor y Mesías
-Jesús, el Mesías destinado a los herederos de los profetas y de la Alianza
-La Ley recibida por intermedio de los ángeles no fue cumplida
-Un velo cubre su inteligencia siempre que leen a Moisés – hasta que se convierten al Señor

Catecismo de la Iglesia Católica
-Es una necedad y agravio a Dios no poner los ojos totalmente en Cristo

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)
-Nadie, ni siquiera los judíos, puede salvarse fuera de la Iglesia

San Agustín
-Cesado el sacrificio antiguo en Jerusalén, en todo lugar se ofrece el sacrificio nuevo
-Cuando los judíos se acerquen a Cristo ya no serán abandonados
-Se debe invitar a los judíos a la conversión con amor, resistiendo continuarán pecadores

San Juan Crisóstomo
-Los judíos serán perdonados ni por la circuncisión ni por otras normas, sino sólo por el Bautismo
-Amados en atención a sus padres, la virtud de éstos les es inútil, si no creen

Catecismo de la Iglesia Católica
-La venida final de Cristo se vincula al reconocimiento del Mesías por todo Israel, del que una parte está endurecida en la incredulidad

San Bernardo
-No se debe perseguir a los judíos, pero el que muere permanece en la muerte.
-Se debe pretender la conversión de los judíos

Santo Tomás de Aquino
-En la observancia de los ritos judíos, un testimonio de nuestra fe

IV: ¿Qué dijo realmente San Pablo en el contexto de Rm 11,29?

Sagradas Escrituras
-No cumplieron la ley por recurrir a las obras y no a la fe
-Un celo mal entendido, afirmar la propia justicia sin someterse a Dios
-El endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que haya entrado la totalidad de los paganos, mientras tanto continúan enemigos de Dios

Sobre la Carta a los Romanos: Santo Tomás de Aquino 
-La obcecación de los Judíos fue permitida para bien de los gentiles
-La misericordia con los judíos se dará en virtud de la Nueva Alianza
-La enemistad de los judíos hacia el Evangelio redundó en la difusión del mismo
-Los judíos conseguirán misericordia en función de las promesas hechas a sus padres
-Dios quiere que por su misericordia todos se salven


 I: ¿Sigue vigente la Ley Antigua?


 Sagradas Escrituras 

  • Queda derogada la disposición anterior en razón de su incapacidad de conducir a la perfección

Porque el cambio de sacerdocio implica necesariamente un cambio de Ley. [..] De él se ha atestiguado: ‘Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.’ De esta manera queda derogada la disposición anterior, en razón de su ineficacia e inutilidad–ya que la Ley es incapaz de conducir a la perfección– y se introduce una esperanza mejor, que nos permite acercarnos a Dios. (Heb 7, 12.17-19)

  • La primera Alianza, imperfecta, fue sustituida por otra

Pero ahora, Cristo ha recibido un ministerio muy superior, porque es el mediador de una Alianza más excelente, fundada sobre promesas mejores. Porque si esta primera Alianza hubiera sido perfecta, no habría sido necesario sustituirla por otra. En cambio, Dios hizo al pueblo este reproche: ‘Llegarán los días –dice el Señor– en que haré una Nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá, No como aquella que hice con sus padres el día en que los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Ya que ellos no permanecieron fieles a mi Alianza, yo me despreocupé de ellos’ –dice el Señor–: […] Al hablar de una Nueva Alianza, Dios declara anticuada la primera, y lo que es viejo y anticuado está a punto de desaparecer. (Heb 8, 6-9.13)

  • Cristo declaró abolido el primer régimen para establecer el segundo

La Ley, en efecto –al no tener más que la sombra de los bienes futuros y no la misma realidad de las cosas– con los sacrificios repetidos año tras año en forma ininterrumpida, es incapaz de perfeccionar a aquellos que se acercan a Dios. De lo contrario, no se hubieran ofrecido más esos sacrificios, porque los que participan de ellos, al quedar purificados una vez para siempre, ya no tendrían conciencia de ningún pecado. En cambio, estos sacrificios renuevan cada año el recuerdo del pecado, porque es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados. Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo: Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: ‘Aquí estoy, yo vengo–como está escrito de mí en el libro de la Ley–para hacer, Dios, tu voluntad’. El comienza diciendo: ‘Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorio’, a pesar de que están prescritos por la Ley. Y luego añade: ‘Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad’. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo. (Heb 10, 1-9)

  • La antigua Alianza era transitoria, residía en la letra que mata y no en el Espíritu

Él nos ha capacitado para que seamos los ministros de una Nueva Alianza, que no reside en la letra, sino en el Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida. Ahora bien, si el ministerio que lleva a la muerte –grabado sobre piedras– fue inaugurado con tanta gloria que los israelitas no podían fijar sus ojos en el rostro de Moisés, por el resplandor –aunque pasajero– de ese rostro, ¡cuánto más glorioso será el ministerio del Espíritu! Y si el ministerio que llevaba a la condenación fue tan glorioso, ¡cuál no será la gloria del ministerio que conduce a la justicia! En realidad, aquello que fue glorioso bajo cierto aspecto ya no lo es más en comparación con esta gloria extraordinaria. Porque si lo que era transitorio se ha manifestado con tanta gloria, ¡cuánto más glorioso será lo que es permanente! (2Co 3, 6-11)

  • Las cuestiones de alimento y sábados son sombra de una realidad futura, el Cuerpo de Cristo

Por eso, que nadie los critique por cuestiones de alimento y de bebida, o de días festivos, de novilunios y de sábados. Todas esas cosas no son más que la sombra de una realidad futura, que es el Cuerpo de Cristo. (2Col,16-17)

Pío XII

  • Con la muerte del Redentor, la Nueva sucedió a la Ley Antigua, que sería enterrada y resultaría mortífera

Y, en primer lugar, con la muerte del Redentor, a la Ley Antigua abolida sucedió el Nuevo Testamento; entonces en la sangre de Jesucristo, y para todo el mundo, fue sancionada la Ley de Cristo con sus misterios, leyes, instituciones y ritos sagrados. Porque, mientras nuestro Divino Salvador predicaba en un reducido territorio -pues no había sido enviado sino a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel (Mt 15, 24) – tenían valor, contemporáneamente, la Ley y el Evangelio (S.T. I-II, q.103, a.3, ad 2); pero en el patíbulo de su muerte Jesús abolió la Ley con sus decretos (cf. Ef 2,15), clavó en la Cruz la escritura del Antiguo Testamento (cf. Col 2,14), y constituyó el Nuevo en su sangre, derramada por todo el género humano (cf. Mt 26,28; 1Co 11, 25). Pues, como dice San León Magno, hablando de la Cruz del Señor: ‘De tal manera en aquel momento se realizó un paso tan evidente de la Ley al Evangelio, de la Sinagoga a la Iglesia, de lo muchos sacrificios a una sola hostia, que, al exhalar su espíritu el Señor, se rasgó inmediatamente de arriba abajo aquel velo místico que cubría a las miradas el secreto sagrado del templo’ (León Magno, Sermón 68, 3 – PL 54, 374). En la Cruz, pues, murió la Ley Vieja, que en breve había de ser enterrada y resultaría mortífera, para dar paso al Nuevo Testamento, del cual Cristo había elegido como idóneos ministros a los Apóstoles (2Co 3,6). (Encíclica Mystici Corporis Christi, 29 de junio de 1846)

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)

  • Las legalidades mosaicas no pueden guardarse sin pérdida de la salvación eterna

[La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro] firmemente cree, profesa y enseña que las legalidades del Antiguo Testamento, o sea, de la Ley de Moisés, que se dividen en ceremonias, objetos sagrados, sacrificios y sacramentos, como quiera que fueron instituidas en gracia de significar algo por venir, aunque en aquella edad eran convenientes para el culto divino, cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo, quien por ellas fue significado, y empezaron los sacramentos del Nuevo Testamento. Y que mortalmente peca quienquiera ponga en las observancias legales su esperanza después de la pasión, y se someta a ellas, como necesarias a la salvación, como si la fe de Cristo no pudiera salvarnos sin ellas. No niega, sin embargo, que desde la pasión de Cristo hasta la promulgación del Evangelio, no pudiesen guardarse, a condición, sin embargo, de que no se creyesen en modo alguno necesarias para la salvación; pero después de promulgado el Evangelio, afirma que, sin pérdida de la salvación eterna, no pueden guardarse. Denuncia consiguientemente como ajenos a la fe de Cristo a todos los que, después de aquel tiempo, observan la circuncisión y el sábado y guardan las demás prescripciones legales y que en modo alguno pueden ser participes de la salvación eterna, a no ser que un día se arrepientan de esos errores. (Denzinger-Hünermann 1348. Concilio de Florencia, Decreto para los Jacobitas, 4 de febrero de 1442)

Benedicto XIV

  • Constituye pecado la observancia de las ya derogadas ceremonias de la Ley Mosaica

La primera consideración es que las ceremonias de la Ley Mosaica fueron derogadas por la venida de Cristo y que ya no pueden ser observadas sin pecado después de la promulgación del Evangelio. Por lo tanto, la distinción entre comidas puras e impuras proclamada por la Antigua Ley pertenece al los preceptos ceremoniales: esto es suficiente para que se pueda sostener correctamente que aquélla ya no existe y que no es admisible una discriminación entre los alimentos. (Benedicto XIV, Encíclica Ex quo primum, n.61, 1 de marzo de 1756)

San Ambrosio

  • Cristo reprobó la Sinagoga

La infidelidad de la Sinagoga es un insulto al Salvador. Por eso Él [Cristo] eligió la barca de Pedro, y abandonó la de Moisés, es decir, Él reprobó a la sinagoga infiel, y adoptó la Iglesia creyente. (San Ambrosio de Milán. Sermones Diversos, De mirabilis, Sermo 37, n. 3)


II: Los preceptos de la Ley Antigua en relación a la Ley Nueva


Santo Tomás de Aquino

  • La Ley Antigua poseía tres géneros de preceptos: morales, ceremoniales y judiciales

Conforme a esto, debemos poner en la Ley tres géneros de preceptos: los morales, que son los dictámenes de la ley natural; los ceremoniales, que son las determinaciones sobre el culto divino, y los judiciales, o sea, las determinaciones de la justicia que entre los hombres se ha de observar. Por donde el Apóstol, después de afirmar que ‘la ley es santa’, añade que ‘el mandato es justo, y bueno, y santo’. Lo justo mira a los preceptos judiciales; lo santo, a los ceremoniales, pues santo se dice cuanto está a Dios consagrado; lo bueno, esto es, lo honesto, mira a los morales. (Santo Tomás de Aquino, S.Th. I-II, q.99, a.4, co.) 

  • Los preceptos morales: partes de los preceptos del Decálogo 

Los preceptos morales se distinguen de los ceremoniales y judiciales. Los morales versan directamente sobre las buenas costumbres (Santo Tomás de Aquino, S.Th. I-II, q.100, a.1, co.)
Los preceptos [morales] de la Ley son partes de los preceptos del Decálogo (Santo Tomás de Aquino, S.Th. I-II, q.100, a.2, s.c.)

  • Los preceptos ceremoniales: pertenecen al culto de Dios

Los preceptos ceremoniales determinan el sentido de los morales en lo que dice relación con Dios, como los judiciales determinan el de los preceptos morales en lo que mira a las relaciones con el prójimo. Pero el hombre se ordena a Dios por el debido culto, y así los preceptos ceremoniales, propiamente hablando, son los que pertenecen al culto de Dios. (Santo Tomás de Aquino, S.Th. I-II, q.101, a.1, co.)

  • Los preceptos ceremoniales no podían purificar del pecado porque no encerraban en sí la gracia

La impureza de la mente, que es la impureza del pecado, no tenían virtud de limpiarla las ceremonias de la ley, porque la expiación de los pecados nunca se pudo hacer sino por Cristo, ‘que quita los pecados del mundo’, como se dice en Jn 1,29. […] No podían purificar del pecado, como el Apóstol dice en Heb 10,4: ‘Imposible era con la sangre de los toros o de los machos cabríos quitar los pecados.’ Por esto el Apóstol llama a estas ceremonias en Gál 4,9 elementos pobres y flacos: flacos, porque no pueden limpiar del pecado. Pero esta flaqueza les viene de su pobreza, porque no encierran en sí la gracia. […] Así pues, está claro que las ceremonias de la ley no tenían virtud de justificar. (Santo Tomás de Aquino, S.Th. I-II, q.103, a.2, co.)

  • Los preceptos ceremoniales debieron desaparecer para instituir las ceremonias de la Ley Nueva

El culto exterior debe estar en armonía con el interior, que consiste en la fe, la esperanza y la caridad. Luego, según la diversidad del culto interior, debe variar el exterior. Podemos distinguir tres grados en el culto interior: el primero, en que se tiene la fe y la esperanza de los bienes celestiales y de aquellos que nos introducen en estos bienes, como de cosas futuras; y tal fue el estado de la fe y de la esperanza en el Viejo Testamento. El segundo es aquel en que tenemos la fe y la esperanza de los bienes celestiales como de cosas futuras; pero de las cosas que nos introducen en aquellos bienes las tenemos como de cosas presentes o pasadas, y éste es el estado de la Ley Nueva. El tercer estado es aquel en que unas y otras son ya presentes y nada de lo que se cree es ausente ni se espera para el futuro, y éste es el estado de los bienaventurados. En este estado de los bienaventurados, nada habrá figurativo de cuanto pertenece al culto divino; todo será acción de gracias y voces de alabanza (Is 51,3); por lo cual se dice en el Apocalipsis (21,22) que en la ciudad de los bienaventurados no se ve templo; porque el Señor Dios omnipotente es su templo junto al Cordero. Pero, por la misma razón, las ceremonias del primer estado, figurativo del segundo y del tercero, llegado el segundo estado, debieron desaparecer, para instituir otras ceremonias que se armonizasen con el estado del culto divino en aquel tiempo en que los bienes celestiales son futuros, pero los beneficios de Dios, que nos introducen en el cielo, son presentes.
El misterio de la redención del género humano se consumó en la pasión de Cristo. Por esto dijo el Señor: ‘Acabado es’, según leemos en Jn 19,30, y entonces debieron cesar totalmente los ritos legales, como que ya estaba consumada su razón de ser. En señal de esto se lee que se rasgó el velo del templo (Mt 27,51). (Santo Tomás de Aquino, S.Th. I-II, q.103, a.3, co./ad2)

  • Es pecado mortal observar los ritos antiguos después de la Pasión de Cristo

Está la sentencia del Apóstol, que dice a los Gálatas 5,2: ‘Si os circuncidáis, Cristo no os aprovechará de nada.’ Pero nada excluye el fruto de la redención de Cristo, fuera del pecado mortal; luego el circuncidarse y observar los otros ritos legales después de la pasión de Cristo es pecado mortal.
Son las ceremonias otras tantas profesiones de la fe, en qué consiste el culto interior; y tal es la profesión que el hombre hace con las obras cual es la que hace con las palabras. Y, si en una y otra profesa el hombre alguna falsedad, peca mortalmente. Y, aunque sea una misma la fe que los antiguos patriarcas tenían de Cristo y la que nosotros tenemos, como ellos precedieron a Cristo y nosotros le seguimos, la misma fe debe declararse con diversas palabras por ellos y por nosotros pues ellos decían: ‘He aquí que la virgen concebirá y parirá un hijo,’ que es expresión de tiempo futuro; mientras que nosotros expresamos la misma fe por palabras de tiempo pasado: que la Virgen ‘concibió y parió.’ De igual modo las ceremonias antiguas significaban a Cristo, que nacería y padecería; pero nuestros sacramentos lo significan como nacido y muerto. Y como pecaría quien ahora hiciera profesión de su fe diciendo que Cristo había de nacer, lo que los antiguos con piedad y verdad decían, así pecaría mortalmente el que ahora observase los ritos que los antiguos patriarcas observaban piadosa y fielmente. Esto es lo que dice San Agustín en Contra Faustum: ‘Ya no se promete que nacerá Cristo, que padecerá, que resucitará, como los antiguos ritos pregonaban; ahora se anuncia que nació, que padeció, que resucitó, y esto es lo que pregonan los sacramentos que practican los cristianos.’ (Santo Tomás de Aquino, S.Th. I-II, q.103, a.4, s.c./co.)

  • Los preceptos judiciales, que regulan las relaciones humanas en el pueblo hebreo, cesaron con la venida de Cristo

Los preceptos judiciales – estos preceptos implican, pues, un doble concepto: que miran a regular las relaciones de los hombres y que no tienen fuerza de obligar de sola la razón, sino de institución divina o humana (S.Th. I-II, q.104, a.1, co.)
Los preceptos judiciales no tuvieron valor perpetuo y cesaron con la venida de Cristo. Pero de diferente manera que los ceremoniales. Porque éstos de tal suerte fueron abrogados que no sólo son cosa muerta, sino mortífera para quienes los observan después de Cristo, y más después de divulgado el Evangelio. Los preceptos judiciales están muertos, porque no tienen fuerza de obligar; pero no son mortíferos, y si un príncipe ordenase en su reino la observancia de aquellos preceptos, no pecaría, como no fuera que los observasen o impusiesen su observancia considerándolos como obligatorios en virtud de la institución de la ley antigua. Tal intención en la observación de estos preceptos sería mortífera. (Santo Tomás de Aquino, S.Th. I-II, q.104, a.3, co.)

  • Cristo cumplió la Ley, y la perfeccionó con obras y doctrina; y dio la gracia para cumplir la Ley

Dice el Señor (Mt 5,17): ‘No he venido a anular la ley, sino a cumplirla; y después añade (Mt 5,18): ‘Ni una ‘jota’ o ápice pasará de la ley hasta que todo se cumpla.’
Todo lo perfecto suple lo que a lo imperfecto falta; y, según esto, la Ley Nueva perfecciona a la antigua en cuanto suple lo que faltaba a la Antigua. En la Antigua Ley pueden considerarse dos cosas: el fin y los preceptos contenidos en ella. […] El fin de la Antigua Ley era la justificación de los hombres, lo cual la ley no podía llevar a cabo, y sólo la representaba con ciertas ceremonias, y con palabras la prometía. En cuanto a esto, la Ley Nueva perfecciona a la Antigua justificando por la virtud de la pasión de Cristo. Esto es lo que da el Apóstol a entender cuando dice en Rom 8,3: ‘Lo que era imposible a la ley, Dios, enviando a su Hijo en la semejanza de la carne del pecado, condenó al pecado en la carne, para que se cumpliese en nosotros la justificación de la ley.’ Y, en cuanto a esto, la Nueva Ley realiza lo que la Antigua prometía, según aquello de 2 Cor 1,20: ‘Cuantas son las promesas de Dios, están en él,’ esto es, en Cristo. Y, asimismo, en esto también realiza lo que la Antigua Ley representaba. Por lo cual, en Col 2,17, se dice de los preceptos ceremoniales que eran ‘sombra de las cosas futuras, pero la realidad es Cristo;’ esto es, la verdad pertenece a Cristo. Y por eso la Ley Nueva se llama ‘ley de verdad,’ mientras que la Antigua es ‘ley de sombra o figura’. Ahora bien, Cristo perfeccionó los preceptos de la Antigua Ley con la obra y con la doctrina; con la obra, porque quiso ser circuncidado y observar las otras cosas que debían observarse en aquel tiempo, según aquello de Gal 4,4: ‘Hecho bajo la ley.’ Con su doctrina perfeccionó los preceptos de la Ley de tres maneras: en primer lugar, declarando el verdadero sentido de la ley, como consta en el homicidio y adulterio, en cuya prohibición los escribas y fariseos no entendían prohibido sino el acto exterior; por lo cual el Señor perfeccionó la Ley enseñando que también caían bajo la prohibición los actos interiores de los pecados (Mt 5,20). En segundo lugar, el Señor perfeccionó los preceptos de la Ley ordenando el modo de observar con mayor seguridad lo que había mandado la Antigua Ley. Por ejemplo: estaba mandado que nadie perjurase, lo cual se observará mejor si el hombre se abstiene totalmente del juramento, a no ser en caso de necesidad (Mt 5,33). En tercer lugar, perfeccionó el Señor los preceptos de la Ley añadiendo ciertos consejos de perfección, como aparece por Mt 19,21 en la respuesta al que dijo que había cumplido los preceptos de la Ley Antigua: ‘Aún te falta una cosa; si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes,’ etc. (cf. Mc 10,21; Lc 18,22). (Santo Tomás de Aquino, S.Th. I-II, q.107, a.2, s.c./co.)  

  • La Ley Nueva perfecciona la Ley Antigua

Toda ley ordena la vida humana a la consecución de un fin. […] Así pues, se pueden distinguir dos leyes: de un modo, en cuanto son totalmente diversas, como ordenadas a diversos fines. […] De otro modo pueden diferenciarse dos leyes, en cuanto que la una mira más de cerca el fin y la otra lo mira más de lejos. […] Así pues, hay que decir que del primer modo la Ley Nueva no es distinta de la Antigua, pues ambas tienen un mismo fin, a saber: someter a los hombres a Dios. Ahora bien, uno mismo es el Dios del Nuevo y del Antiguo Testamento, según aquello de Rom 3,30: ‘Uno mismo es el Dios que justifica la circuncisión por la fe y el prepucio mediante la fe.’ De otro modo, la Ley Nueva es diferente de la Antigua, porque la Antigua es como un ayo de niños, según el Apóstol dice (Gal 3,24); en cambio, la Nueva es ley de perfección, porque es ley de caridad, y de ésta dice el Apóstol en Col 3,14 que es ‘vínculo de perfección’.
Todas las diferencias señaladas entre la Nueva y la Antigua Ley están tomadas de su perfección o imperfección, pues los preceptos de la ley se dan acerca de los actos de las virtudes. […] Por esto la Ley Antigua, que se daba a los imperfectos, esto es, a los que no habían conseguido aún la gracia espiritual, se llamaba ‘ley de temor’, en cuanto que inducía a la observancia de los preceptos mediante la conminación de ciertas penas. De ella se dice que tenía también ciertas promesas temporales. En cambio, los que tienen el hábito de la virtud se inclinan a obrar los actos de virtud por amor de ésta, no por alguna pena o remuneración extrínseca. Por eso la Ley Nueva, que principalmente consiste en la misma gracia infundida en los corazones, se llama ‘ley de amor’, y se dice que tiene promesas espirituales y eternas, las cuales son objeto de la virtud, principalmente de la caridad; y por sí mismos se inclinan a ellas, no como cosas extrañas, sino como propias. Por eso también se dice que la Ley Antigua ‘cohibía la mano y no el ánimo,’ pues el que por temor del castigo se abstiene de algún pecado, no se aparta totalmente del pecado con la voluntad, como se aparta el que por amor de la justicia se abstiene del pecado. Por eso se dice que la Ley Nueva, que es la ley del amor, ‘cohíbe el ánimo’(Santo Tomás de Aquino, S.Th. I-II, q.107, a.1, co./ad 2)

San Agustín

  • Cristo cambió los antiguos signos, dándoles plenitud – de modo que son distintos los que anunciaban que había venido Cristo de los que profetizaban que iba a venir

Nos dicen [los judíos]: ‘¿De qué os sirve a vosotros la lectura de la Ley y los Profetas, cuyos preceptos no queréis observar?’ Porque no circuncidamos la carne masculina del prepucio y comemos carnes que la Ley llama inmundas; no guardamos carnalmente los sábados, los novilunios y los días festivos; no sacrificamos a Dios con víctimas de animales ni celebramos la Pascua igualmente con el cordero y los panes ácimos. Incluso, si algunos otros sacramentos antiguos los llama en general el Apóstol sombras de las cosas futuras (Col 2,17), porque significaban en su tiempo lo que iba a revelarse, y que nosotros recibimos ya revelado para que, removidas las sombras, disfrutemos de su luz desnuda. Sería demasiado largo disputar de todo esto por separado: cómo somos circuncidados al desnudar el hombre viejo no con la expoliación del cuerpo carnal; […] También nuestra Pascua es Cristo, y nuestro ácimo es la sinceridad de la verdad, que no tiene el fermento de la vetustez (1Co 5,7-8), y si quedan algunas otras cosas en las que no hay necesidad de detenerse ahora, las cuales están esbozadas en aquellos signos antiguos, tienen su cumplimiento en Aquel cuyo reino no tendrá fin. Ciertamente convenía que todas las causas se cumpliesen en Aquel que vino no a deshacer la ley y los profetas, sino a dar plenitud (Mt 5,17). Así, pues, no anuló aquellos antiguos signos de las cosas oponiéndose a ellos, sino que los cambió dándoles plenitud, de modo que fuesen distintos tanto los que anunciaban que había venido Cristo como los que profetizaban que iba a venir. (San Agustín – Adversus Iudaeos, n.3-4)


III: ¿Qué implica el amor de Dios al pueblo judío?


Sagradas Escrituras

  • Todo el pueblo de Israel debe reconocer a Jesús como Señor y Mesías

Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: […] ‘Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él. […] A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen. […]. Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías’. Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: ‘Hermanos, ¿qué debemos hacer?’. Pedro les respondió: ‘Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar’. (Hechos 2, 14.22-24.32.36-39) 

  • Jesús, el Mesías destinado a los herederos de los profetas y de la Alianza

Pedro dijo al pueblo: ‘Israelitas, ¿de qué se asombran? […] El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo en libertad. […] Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados. Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes. El debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas. Moisés, en efecto, dijo: ‘El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga. El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo.’ Y todos los profetas que ha hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días. Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: ‘En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra’. Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades’. (Hechos 3, 12.13.19-26) 

  • La Ley recibida por intermedio de los ángeles no fue cumplida

Esteban respondió [al Sumo Sacerdote]: ‘Hermanos y padres, escuchen: […] Y este mismo Moisés dijo a los israelitas: Dios suscitará de entre ustedes un profeta semejante a mí. Y cuando el pueblo estaba congregado en el desierto, él hizo de intermediario en el monte Sinaí, entre el ángel que le habló y nuestros padres, y recibió las palabras de vida que luego nos comunicó. Pero nuestros padres no sólo se negaron a obedecerle, sino que lo rechazaron y, sintiendo una gran nostalgia por Egipto, dijeron a Aarón: ‘Fabrícanos dioses […] ¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres. ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes, los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron’. (Hechos 7, 2.37-41.51-53) 

  • Un velo cubre su inteligencia siempre que leen a Moisés – hasta que se convierten al Señor

Animados con esta esperanza, nos comportamos con absoluta franqueza, y no como Moisés, que se cubría el rostro con un velo para impedir que los israelitas vieran el fin de un esplendor pasajero. Pero se les oscureció el entendimiento, y ese mismo velo permanece hasta el día de hoy en la lectura del Antiguo Testamento, porque es Cristo el que lo hace desaparecer. Sí, hasta el día de hoy aquel velo les cubre la inteligencia siempre que leen a Moisés. Pero al que se convierte al Señor, se le cae el velo. Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad. (2Co 3, 11-16) 

Catecismo de la Iglesia Católica

  • Es una necedad y agravio a Dios no poner los ojos totalmente en Cristo

Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. En Él lo dice todo, no habrá otra palabra más que ésta. S. Juan de la Cruz, después de otros muchos, lo expresa de manera luminosa, comentando Heb 1,1-2 (Subida al monte Carmelo 2,22,3-5: Biblioteca Mística Carmelitana, v.11, Burgos, 1929, p.184.): ‘Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en el todo, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad’. (Catecismo de la Iglesia Católica, n.65) 

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)

  • Nadie, ni siquiera los judíos, puede salvarse fuera de la Iglesia

Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y, sus ángeles (Mt 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; (Denzinger-Hünermann, 1351. Concilio de Florencia. Bula Cantate Domino, de 4 de febrero de 1442) 

San Agustín

  • Cesado el sacrificio antiguo en Jerusalén, en todo lugar se ofrece el sacrificio nuevo

Finalmente, si os empeñáis, ¡oh judíos!, en retorcer las palabras proféticas según vuestro parecer en otro sentido, resistiendo al Hijo de Dios contra vuestra salvación; […] Si esto lo queréis entender así, ¿qué vais a decir y cómo vais a interpretar al otro Profeta (Mal 1,10-11) que os recorta del todo esa palabra, cuando grita con meridiana claridad: ‘No tengo mi complacencia entre vosotros, dice el Señor omnipotente, y no aceptaré un sacrificio de vuestras manos. Porque, desde el sol que nace al sol que muere, mi nombre se ha hecho famoso entre los pueblos, y en todo lugar se ofrece un sacrificio a mi nombre, sacrificio puro, porque es grande mi nombre entre los pueblos, dice el Señor omnipotente’? ¿Con qué derecho, en fin, reclamáis ante tanta evidencia? […] Ciertamente aquí no podéis negar que no sólo Él no acepta un sacrificio de vuestras manos, sino también que vosotros no se lo ofrecéis con vuestras manos. Pues uno solo es el lugar establecido por la ley del Señor, donde mandó que los sacrificios se ofreciesen por vuestras manos, fuera de cuyo lugar lo prohibió terminantemente. Debido a que perdisteis ese lugar por vuestros méritos, tampoco os atrevéis a ofrecer en otros lugares el sacrificio que solamente allí era lícito ofrecer. […] Después de esto no vayáis a pensar que, al no ofrecerlo vosotros ni Él recibirlo de vuestras manos, ya no se ofrece a Dios un sacrificio. […] Abrid los ojos de una vez y ved que, desde el sol naciente hasta el poniente, no en un solo lugar, como a vosotros os fue establecido, sino en todo lugar es ofrecido el sacrificio de los cristianos; y no a un dios cualquiera, sino a Aquel que ha predicho eso, al Dios de Israel. Por lo cual también en otra parte dice a su Iglesia: ‘Y el que te ha sacado, el mismo Dios de Israel, será invocado en la tierra entera’ (Is 54,5). (San Agustín – Adversus Iudaeos, n.12-13) 

  • Cuando los judíos se acerquen a Cristo ya no serán abandonados

Por tanto, el Profeta os llama a esta luz del Señor cuando dice: ‘Y ahora tú, casa de Jacob, venid, caminemos en la luz del Señor.’ Tú, casa de Jacob, a la que ha llamado y ha elegido. No Tú, a la que ha abandonado. Pues ‘ha abandonado a su pueblo, a la casa de Israel’ (Is 2,5-6). Quienesquiera que desde allí queráis venir, pertenecéis ya a esa a la que ha llamado; estaréis libres de aquella a la que ha abandonado. En efecto, la luz del Señor en la que caminan los pueblos es aquella de la cual dice el mismo Profeta: ‘Te he puesto para luz de los pueblos, para que seas mi salvación hasta los confines de la tierra’ (Is 49,6). ¿A quién dice esto sino a Cristo? ¿De quién se ha cumplido sino de Cristo? […] Luego ‘acercaos a Él y seréis iluminados’ (Sal 33,6); ¿qué es: Acercaos sino creer? ¿Adónde vais, pues, a acercaros a Él, siendo Él la piedra de la que el profeta Daniel dice que, creciendo, se ha hecho un monte tan grande que llena toda la superficie de la tierra (Cf. Dn 2,35)? Del mismo modo, los pueblos que dicen: Venid, subamos al monte del Señor, no intentan tampoco caminar y llegar a lugar alguno. Donde están, allí suben, porque en todo lugar se ofrece un sacrificio según el orden de Melquisedec. Así, también otro profeta dice: ‘Dios extermina a todos los dioses de los pueblos de la tierra, y le adoran cada uno desde su lugar’ (So 2,11). Cuando, pues, se os dice: ‘Acercaos a Él’, no se os dice: Preparad las naves o las acémilas y cargad con vuestras víctimas; caminad desde lo más lejano hasta el lugar donde Dios acepte los sacrificios de vuestra devoción, sino: Acercaos a Aquel de quien oís predicar; acercaos a Aquel que es glorificado ante vuestros ojos. No os cansaréis caminando, porque os acercáis allí donde creéis. (San Agustín – Adversus Iudaeos, n.14)

  • Se debe invitar a los judíos a la conversión con amor, resistiendo continuarán pecadores

Carísimos, ya escuchen esto los judíos con gusto o con indignación, nosotros, sin embargo, y hasta donde podamos, prediquémoslo con amor hacia ellos. De ninguna manera nos vayamos a gloriar soberbiamente contra las ramas desgajadas, sino más bien tenemos que pensar por gracia de quién, con cuánta misericordia y en qué raíz hemos sido injertados (Rm 11, 17-18), para que no por saber altas cosas, sino por acercarnos a los humildes, les digamos, sin insultarlos con presunción, sino saltando de gozo con temblor (Sal 2,11): ‘Venid, caminemos a la luz del Señor’ (Is 2,5), porque ‘su nombre es grande entre los pueblos’(Ml 1,11). Si oyeren y escucharen, estarán entre aquellos a quienes se les dijo: ‘Acercaos a Él y seréis iluminados, y vuestros rostros no se ruborizarán’ (Sal 33,6). Si oyen y no obedecen, si ven y tienen envidia, están entre aquellos de quienes se ha dicho: ‘El pecador verá y se irritará, rechinará con sus dientes y se consumirá de odio’ (Sal 111,10). ‘Yo, en cambio’, dice la Iglesia a Cristo, ‘como olivo fructífero en la casa del Señor, he esperado en la misericordia de Dios eternamente y por los siglos de los siglos (Sal 51,10).’ (San Agustín – Adversus Iudaeos, n.12-13)

San Juan Crisóstomo

  • Los judíos serán perdonados ni por la circuncisión ni por otras normas, sino sólo por el Bautismo

‘Y esta será mi alianza con ellos, cuando los purifique de sus pecados’ No cuando sean circuncidados, ni cuando sacrifiquen, ni cuando cumplan las otras normas, sino cuando encuentren absolución de sus pecados. Si, pues, esto ha sido prometido, aunque todavía no ha acontecido con ellos, ni se han apartado mediante la absolución del Bautismo, tendrá lugar ciertamente. Así añade: ‘Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables’. (San Juan Crisóstomo, Homilía IX sobre la Carta a los Romanos, n.6. Francés. Latín-griego)

  • Amados en atención a sus padres, la virtud de éstos les es inútil, si no creen

Por lo tanto, Dios no ha renunciado a llamaros, pero Él espera a que todos los gentíos que deben creer hayan entrado para que también vengan los judíos. Enseguida, él les hace otra concesión, diciendo que pero desde el punto de vista de la elección divina, son amados en atención a sus padres’ ¿Qué quiere decir esto? Enemigos, encuentran el suplicio; amados en atención a sus padres, la virtud de sus ancestrales les es inútil, mientras no crean. (San Juan Crisóstomo, Homilía XIX sobre la Carta a los Romanos, n.7. Francés. Latín-griego)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • La venida final de Cristo se vincula al reconocimiento del Mesías por todo Israel, del que una parte está endurecida en la incredulidad

La venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia (cf. Rm 11,31) se vincula al reconocimiento del Mesías por ‘todo Israel’ (Rm 11,26; Mt 23,39) del que ‘una parte está endurecida’ (Rm 11,25) en ‘la incredulidad’ (Rm 11,20) respecto a Jesús. San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: ‘Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas’ (Hec 3,19-21). Y san Pablo le hace eco: ‘si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?’ (Rm 11,5). La entrada de ‘la plenitud de los judíos’ (Rm 11,12) en la salvación mesiánica, a continuación de ‘la plenitud de los gentiles’ (Rm 11,25, cf. Lc 21,24) hará al pueblo de Dios ‘llegar a la plenitud de Cristo’ (Ep 4,13) en la cual ‘Dios será todo en nosotros’ (1Co 15,28). (Catecismo de la Iglesia Católica, n.674) 

San Bernardo

  • No se debe perseguir a los judíos, pero el que muere permanece en la muerte

No se debe perseguir, ni asesinar, ni expulsar siquiera a los judíos. Preguntad a quienes conocen las divinas Escrituras qué profetiza el salmo sobre los judíos y qué dice la Iglesia: ‘Dios me ha mostrado respeto a mis enemigos, para que no los mates, para que no se olviden de mi pueblo’. En realidad, son para nosotros una memoria viva que nos recuerda la pasión del Señor. Por este motivo viven dispersos en todos los países, y al llorar por doquier las justas penas de un crimen tan enorme, son testigos perennes de nuestra redención. […] Pero ‘se convertirán por la tarde y en su momento se les mirará con benevolencia’. Y, finalmente, cuando se reúna la plenitud de los pueblos, entonces dice el Apóstol que ‘se salvará Israel’. Mientras tanto, el que muere ‘permanece en la muerte’. (San Bernardo – Epístola 363, n.6 –Obras Completas de San Bernardo, BAC – vol. VII, p. 1047)

  •  Se debe pretender la conversión de los judíos 

¿No cosecha mucho más la Iglesia entre los judíos día a día, por el camino del convencimiento y de la conversión, que si los aniquilara de una vez a todos con la furia de las armas? ¿Crees que ha sido establecido al azar esa oración universal de la Iglesia, en la que se intercede por los pérfidos judíos ‘desde donde sale el sol hasta su ocaso’, para que el Señor Dios rasgue el velo de su corazón y pasen de sus tinieblas a la luz de la verdad? Si creyera que los incrédulos no pueden creer, ‘será inútil y ridículo rezar por ellos’. Pero considera con ojos de misericordia que el Señor es compasivo con ellos y que devuelve ben por mal y odio por amor. ¿Ya no tiene valor aquello que se dijo: cuidado ‘con matarlos’? ¿O esto otro: ‘cuando entren todos los pueblos, entonces todo Israel se salvará’? ¿O aquello: ‘El Señor reconstruye Jerusalén y reúne a los deportados de Israel’? ¿Eres tú el destinado a dejar a los profetas por embusteros y anular todos los tesoros del amor y misericordia de Jesucristo? Tu ‘doctrina no es’ tuya, ‘sino del que’ te ‘envió’, tu padre. Pero creo que estarás satisfecho si igualas a tu maestro. ‘Y él es un asesino desde el principio’; es un mentiroso y padre de la mentira. ¡Qué ciencia tan monstruosa! ¡Qué sabiduría tan infernal, opuesta a los profetas, enemiga de los apóstoles y ruina de la misericordia y de la gracia! ¡Qué herejía tan asquerosa! (San Bernardo – Epístola 365, n.2 –Obras Completas de San Bernardo, BAC – vol. VII, p. 1055-1057) 

Santo Tomás de Aquino

  • En la observancia de los ritos judíos, un testimonio de nuestra fe 

Del hecho de observar los judíos sus ritos, en los que estaba prefigurada la verdad de fe que tenemos, proviene la ventaja de que tengamos en nuestros enemigos un testimonio de nuestra fe y cómo, en figura, está representado lo que nosotros creemos. (Santo Tomás de Aquino, S.Th. II-II, q.10, a.11, co.) 


IV: ¿Qué dijo realmente San Pablo en el contexto de Rm 11,29?


(Aconsejamos leer por entero los capítulos 9 a 11 de la Carta a los Romanos,
pues incluirlos aquí haría muy extenso el estudio)

Sagradas Escrituras 

  • No cumplieron la ley por recurrir a las obras y no a la fe

¿Qué conclusión sacaremos de todo esto? Que los paganos que no buscaban la justicia, alcanzaron la justicia, la que proviene de la fe; mientras que Israel, que buscaba una ley de justicia, no llegó a cumplir esa ley. ¿Por qué razón? Porque no recurrieron a la fe sino a las obras. De este modo chocaron contra la piedra de tropiezo, como dice la Escritura: ‘Yo pongo en Sión una piedra de tropiezo y una roca que hace caer, pero el que cree en él, no quedará confundido.’ (Rm 9,30-33) 

  • Un celo mal entendido, afirmar la propia justicia sin someterse a Dios

Hermanos, mi mayor deseo y lo que pido en mi oración a Dios es que ellos se salven. Yo atestiguo en favor de ellos que tienen celo por Dios, pero un celo mal entendido. Porque desconociendo la justicia de Dios y tratando de afirmar la suya propia, rehusaron someterse a la justicia de Dios, ya que el término de la Ley es Cristo, para justificación de todo el que cree. (Rm 10, 1-4) 

  • El endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que haya entrado la totalidad de los paganos, mientras tanto continúan enemigos de Dios 

Hermanos, no quiero que ignoren este misterio, a fin de que ‘no presuman de ustedes mismos’: el endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que haya entrado la totalidad de los paganos. Y entonces todo Israel será salvado, según lo que dice la Escritura: ‘De Sión vendrá el Libertador. Él apartará la impiedad de Jacob. Y esta será mi alianza con ellos, cuando los purifique de sus pecados.’ Ahora bien, en lo que se refiere a la Buena Noticia, ellos son enemigos de Dios, a causa de ustedes; pero desde el punto de vista de la elección divina, son amados en atención a sus padres. Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables. En efecto, ustedes antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia. De la misma manera, ahora que ustedes han alcanzado misericordia, ellos se niegan a obedecer a Dios. Pero esto es para que ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos. ¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! ‘¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido?’ Porque todo viene de él, ha sido hecho por él, y es para él. ¡A él sea la gloria eternamente! Amén. (Rm 11,25-36)

Sobre la Carta a los Romanos: Santo Tomás de Aquino

  • La obcecación de los Judíos fue permitida para bien de los gentiles

Primero en cuanto a la particular caída de los Judíos, diciendo: ‘El endurecimiento ha venido sobre Israel,’ no universalmente, sino ‘de una parte,’ como arriba quedó manifiesto. ‘Embota el corazón de ese pueblo’ (Is 6,10). Segundo, indica el término de tal ceguera, diciendo: ‘hasta que haya entrado’ a la fe ‘la plenitud de los Gentiles,’ esto es, no solamente algunos en especial de los Gentiles, como entonces se convertían, sino que o bien totalmente, o bien que en su mayor parte en todas las naciones se establezca la Iglesia. ‘Del Señor es la tierra y cuanto ella contiene’ (Ps 23,1). […] Y es de notarse que el adverbio donec -hasta que- puede designar la causa de la obcecación de los Judíos. Porque Dios la permitió para que entrara la plenitud de los Gentiles, como es manifiesto por lo arriba dicho. Puede también designar el término, porque es claro que la obcecación de los Judíos durará hasta que la plenitud de los Gentiles haya entrado a la fe. Y con esto concuerda lo que abajo agrega acerca del futuro remedio de los Judíos, al decir ‘y de esta manera’, cuando la plenitud de los Gentiles haya entrado, todo Israel será salvo, no en lo particular como otras veces, sino universalmente todos. ‘Y los salvaré por medio del Señor su Dios’ (Oseas 1,7). ‘Se volverá hacia nosotros, y nos tendrá compasión’ (Miqueas 7,19). (Santo Tomás de Aquino, Comentario a la Epístola a los Romanos, cap. 11, lectio 4)

  • La misericordia con los judíos se dará en virtud de la Nueva Alianza

Lo tercero muestra el modo de la salvación, diciendo: ‘Y mi Alianza’, es claro que Nueva, ‘será con ellos cuando Yo quitare sus pecados’. Porque la Antigua Alianza no quitaba los pecados, pues, como se dice en Hebreos 10,4: ‘Imposible es que la sangre de toros y de machos cabríos quite pecados.’ Por lo cual, en atención a la imperfección de la Antigua Alianza se les promete la Nueva Alianza. ‘Yo haré una Nueva Alianza con la casa de Israel y con la casa de Judá’ (Jer 31,31), la cual tendrá eficacia para el perdón de los pecados por la sangre de Cristo. ‘Esta es la sangre mía de la nueva Alianza, la cual por muchos se derrama para la remisión de los pecados’ (Mt 26,28). ‘Sepultará nuestras maldades y arrojará a lo más profundo del mar todos nuestros pecados’ (Miqueas 7,19).
(Santo Tomás de Aquino, Comentario a la Epístola a los Romanos, cap. 11, lectio 4)

  • La enemistad de los judíos hacia el Evangelio redundó en la difusión del mismo

‘Respecto del Evangelio, ellos son enemigos,’ esto es, en cuanto pertenece a la doctrina del Evangelio, la cual impugnan, ‘para vuestro bien’, o sea, que redunda en utilidad vuestra, como se dijo arriba. De aquí que se dice en Lucas 19,27: ‘En cuanto a mis enemigos, los que no hayan querido que Yo reine sobre ellos, traedlos aquí y degolladlos en mi presencia.’ Y en Jn 15,24, leemos: ‘Ahora han visto, y me han odiado, lo mismo que a mi Padre.’ O bien ‘respecto del Evangelio’ quiere decir que el odio de ellos es para bien del Evangelio, cuya predicación se difunde por todas partes con ocasión de tal odio. Por la palabra de la verdad del Evangelio, que ‘ha llegado hasta vosotros, y que también en todo el mundo está fructificando y creciendo’ (Col 1,5-6). (Santo Tomás de Aquino, Comentario a la Epístola a los Romanos, cap. 11, lectio 4)

  • Los judíos conseguirán misericordia en función de las promesas hechas a sus padres

Pero ‘son amados por Dios a causa de los padres’, y esto ‘según la elección’, porque a causa de los padres eligió a su descendencia. ‘Por cuanto amó a tus padres, y eligió para sí su descendencia después de ellos’ (Deut 4,37), lo cual no se debe entender como si los méritos participados a los padres fueran la causa de la eterna elección de los hijos; sino que ab aeterno Dios eligió gratuitamente tanto a los padres como a los hijos, aunque dentro del orden de que los hijos consiguieran por los padres la salud, no como si los méritos dé los padres bastaran para la salvación de los hijos, sino que lo dice por cierta abundancia de la divina gracia y misericordia, la cual de tan gran manera se les ha manifestado a los padres, que por las promesas a ellos hechas, también los hijos se salvarán. […] En seguida, cuando dice: Porque son irrevocables los dones, etc., excluye la objeción. Porque podría alguien objetar diciendo que los Judíos, aun cuando antiguamente fueran amadísimos en atención a los padres, sin embargo la enemistad que cultivan contra el Evangelio les impide en lo futuro la salvación; pero el Apóstol asegura que esto es falso, diciendo: ‘Porque son irrevocables los dones y la vocación de Dios’, como si dijera: que Dios dé algo a algunos, o bien que llame a algunos, es sin arrepentimiento, sin revocación, porque de esto no se arrepiente Dios, según 1 Reyes 15,29: ‘Y aquel a quien se debe el tributo en Israel no se arrepentirá, porque no es El un hombre para que tenga que arrepentirse.’ Y en el Salmo 109,4, leemos: ‘Juró el Señor, y no se arrepentirá.’ (Santo Tomás de Aquino, Comentario a la Epístola a los Romanos, cap. 11, lectio 4) 

  • Dios quiere que por su misericordia todos se salven

Por lo cual Dios quiere que todos por su misericordia se salven, para que por esto mismo se humillen, y no se atribuyan a sí mismos su salvación sino a sólo Dios. ‘Tu perdición ¡oh Israel! viene de ti mismo, y sólo de Mí tu socorro’ (Oseas 13,9). ‘Que toda boca enmudezca y el mundo entero se reconozca reo ante Dios’ (Rm 3,19). (Santo Tomás de Aquino, Comentario a la Epístola a los Romanos, cap. 11, lectio 4) 


Descubre otra innovación:  

¿Más vale hacer u obedecer? o ¿la obediencia religiosa fue abolida?

8 thoughts on ““La Antigua Alianza no ha sido revocada. Los judíos han mantenido su fe en Dios y deben continuar en su camino: la Iglesia se enriquece con los valores del Judaísmo”

  1. Francisco es un antipapa y es judio, los judios se infiltraron en todo, averiguen, putin es judio a escondidas, trump es judio a escondidas, los judios se creen la raza superior, lean lo que dijo este judio que incluso fuè nobel de paz :
    “Nuestra raza es una raza de amos. Nosotros somos dioses sobre este planeta. Somos tan diferentes de las razas inferiores como ellos lo son de los insectos. De hecho, comparados con nuestra raza, las otras razas son bestias y animales, como mucho, son ganado. Nuestro destino es gobernar sobre las razas inferiores. Nuestro reino terrenal será gobernado con vara de hierro por nuestro líder. Las masas lamerán nuestros pies y nos servirán como nuestros esclavos”.
    Parte del discurso dirigido al Knesset (el parlamento israelí), por Menachem Begin, primer ministro de Israel entre 1977 y 1983. Menachem Begin recibió el premio Nobel de la paz en 1978.

  2. Hola…!

    La religión católica acepta todos los dogmas revelados por Dios en la religión mosaica; pero tiene otros dogmas nuevos revelados por Nuestro Señor Jesucristo en su tierra. El más grave error del judaísmo es el rechazar la divinidad de Jesús, a pesar de que en Él se realizaron todas las profecías del Antiguo Testamento referentes al Mesías; y de que el Señor Dios escogió al pueblo israelita para nacer de él, y esclarecerlo con su vida y sus milagros.

    El Judaísmo rechaza todos los demás dogmas cristianos: la Trinidad, Encarnación, Redención, la Iglesia, la Gracia, etc. Entonces, contrario a lo que nos dice el Papa Francisco, no todo son amores, entre los católicos y los judíos.

    Pero más triste, es tener que leer esta clase de cartas, como la de este judío a Francisco. Preocupante, para no decir más, en estos tiempos turbulentos. Es una traducción de Tina Scislow, del artículo original:

    http://tradcatknight.blogspot.com.co/2016/01/an-open-letter-to-pope-francis.html

    Su Santidad, Papa Francisco
    Ciudad del Vaticano
    Enero del 2016
    ____________________

    Estimado Santo Padre,

    Soy un judío. Tengo la seguridad, como la tuvo Menachem Mendel Schneerson de Crown Heights, Brooklyn, de la descendencia directa del Rey David por parte de mi padre (mi madre, me aseguraron, descendía de Hillel).

    Tengo 74 años. Me convertí a la Iglesia RomanaCatólica a la edad de 17 en el último año del pontificado del Papa Pio XII. Lo hice porque estaba bajo la convicción de que tenía que aceptar y tener la fe de que Jesucristo era mi Salvador, y yo lo creí. Y creí que tenía que ser bautizado como miembro de Su Iglesia para tener la oportunidad de salvación. Así es que me convertí y fui bautizado en la Iglesia Católica y luego fui confirmado.

    Con el paso de los años he contribuido con decenas de miles de dólares tanto al Óbolo de San Pedro (la tesorería del propio papa sobre la cual usted debe estar por supuesto muy familiarizado), como a mi propia parroquia y diócesis.

    Durante ese tiempo he atendido a miles de misas, cientos de horas santas y novenas, he dicho miles de rosarios y he hecho cientos de viajes al confesionario.

    Ahora en el 2015 y el 2016, he leído sus palabras y aquellas de su “Comisión Pontificia”. Usted ahora enseña que porque soy de raza judía, la Alianza de Dios conmigo nunca fue rota y que no puede ser rota. No califica la enseñanza especificando cualquier cosa que yo pudiera hacer que podría amenazar ala Alianza, que usted dice que Dios tiene para conmigo porque soy un judío. Usted enseña que es una Alianza imposible de romper. Ni siquiera dice que depende de que yo sea una buena persona. Lógicamente hablando, si la Alianza de Dios conmigo es irrompible, entonces un judío de raza como yo puede hacer lo que quiera, y aún así Dios mantendrá su Alianza conmigo, y yo iré al Cielo.

    Su Comisión Pontificia escribió este pasado diciembre: “La Iglesia Católica ni conduce ni apoya ningún trabajo de misión institucional específico dirigido a los judíos…de ninguna manera significa pues que los judíos estén excluidos de la salvación de Dios porque ellos no creen en Jesucristo como el Mesías de Israel ni como el Hijo de Dios.”

    Usted es el Pontífice. Yo creo que su Comisión enseña bajo su bandera y en su nombre, y en lo que usted declaró durante su visita a la sinagoga en enero. Como resultado, ya no veo el sentido en levantarme cada domingo por la mañana para ir a misa, rezar rosarios o en irme al rito de reconciliación el sábado por la tarde. Todas esas cosas son superfluas para mÍ. Basado en su enseñanza, ahora que sé que todo se debe a mi superioridad racial a los ojos de Dios, no veo la necesidad de nada de ello.

    Ahora no veo razón alguna por la cual fui bautizado en 1958. No había necesidad de que yo fuera bautizado. Ya no veo por qué había una necesidad para que Jesús viniera a la tierra tampoco, o que le predicara a los hijos judíos de Abraham de su día. Como usted cita, ya estaban salvados como resultado de su descendencia racial de los patriarcas bíblicos. ¿Para qué lo necesitarían a Él?

    A la luz de lo que usted y su Comisión Pontificia me han enseñado, parece que el Nuevo Testamento es un fraude, al menos en lo que se aplica a los judíos. Todas esas prédicas y disputas a los judíos no tuvieron propósito alguno. Jesús tenía que saber esto, y sin embargo persistió en causar un montón de problemas para los judíos, insistiendo en que tenían que nacer nuevamente, que tenían que creer que Él fuera su Mesías, tenían que dejar de seguir las tradiciones de los hombres, y ellos no podrían llegar al Cielo a menos que creyesen que Él era el Hijo de Dios.

    Su Santidad, usted y su Comisión me han instruido en el verdadero camino para mi salvación: mi raza. Es todo lo que necesito y todo lo que jamás he necesitado. Dios tiene una Alianza con mis genes. Son mis genes los que me salvan. Mis ojos están abiertos ahora.

    Consecuentemente, le llegarán noticias de mi abogado. Voy a entablarle una demanda al papado y a la Iglesia Romana Católica. Quiero que me devuelvan mi dinero, con intereses, y estoy buscando daños compensatorios y punitivos por el daño psicológico que su Iglesia me causó, al hacerme creer que necesitaba algo, aparte de mi identificación racial elevada, para poder irme al Cielo después de que muera.

    Estoy litigando también por el tiempo que malgasté, que pude haber utilizado trabajando en mi negocio, en vez de desperdiciarlo en adorar a un Jesús en el que ahora dice su Iglesia que no necesito creer para mi salvación. Sus prelados y sus clérigos me dijeron algo muy distinto en 1958. ¡Me han robado!

    Sinceramente,

    Pinchus Feinstein
    2617646 Ocean View Ave.
    Miami Beach, Florida 33239

    P.D.: Estoy transmitiéndole esta carta a Hoffman, un ex-reportero de AP de Nueva York, con la esperanza que él atraerá la atención de aquellos de quienes deberían estar enterados de ella. Se lo estoy transmitiendo a él en forma de un sueño, pero, sin embargo, representa los sentimientos de muchas víctimas de su Iglesia ladrona.—Pinch. (Hasta acá la carta en cuestión).

    Agradecemos a “Denzinger Bergoglio”, por darla a conocer, en momentos en que la “Iglesia Bergogliana (¿la falsa iglesia?)”, nos muestra en estos días de shows ecuménicos, su dizque nueva Teología Nueva, totalmente alejada de la Tradición, vinculada a la Antigua Alianza con relación a la Nueva Alianza.

    Saludos y Bendiciones.

    Fortunato BuenDía

  3. Bergoglio se pregunta: “qué decir a los hermanos judíos sobre la promesa que Dios les hizo: ¿ha sido retirada definitivamente? “, Yo me pregunto ¿este hombre todavía no se ha enterado que la promesa de Dios al pueblo judio es la venida de Jesucristo ?

  4. Y nosotros los fieles ¿ Qué debemos hacer entonces?
    ¿Quién es y en nombre de quién actúa Bertgoglio?
    Agradezco profundamente todos estos documentos de la Santa Iglesia fundada por Cristo. ¿Pero, por qué este Papa obra así?
    Él obra, habla conforme a sus ideas y conceptos humanos. No estoy juzgándolo, pero si, me doy cuenta que no habla con las palabras inspiradas de la Biblia, él habla y habla conforme a su criterio propio, al criterio bergogliano. ¿Pero que se cree este hombre que no nos damos cuenta? Allá él, para mi el está ocupando un lugar que Dios permitió para que nos quitemos las vendas y reconozcamos quién es quién en estos últitmos tiempos.

  5. Caramba, qué sitio!!! Felicitaciones!!!Le he echado una mirada y realmente parece muy serio. Lo he incluido entre mis Favoritos y me propongo seguirlo. Adelante!

    • Me uno a las felicitaciones para con este sitio. Buenísimo.

      Ahora bien, reconozcamos que varios de los desatinos (por decir lo menos) del papa Francisco tuvieron sus lamentables antecedentes en los papas posconciliares. Como muestra les traigo
      una “increíble” declaración del papa Juan Pablo II sobre el papel del pueblo judío en la historia, donde termina reconociéndoles casi el papel que le corresponde a Nuestro Señor Jesucristo:
      “Vosotros sufristeis el terrible sacrificio del exterminio. Podría afirmarse que también lo sufristeis a favor de aquellos que se encontraban en la capacidad purificadora del sacrificio. Cuanto más atroz es el sufrimiento, mayor es el grado de purificación. …Porque a consecuencia de esta terrible experiencia os habéis convertido en la voz de alerta de toda la humanidad, de todas las naciones, de todos los poderes de este mundo, de todos los sistemas y de toda persona [YO CREÍA QUE ERA CRISTO LA VOZ DE ALERTA]. Más que cualquier otro pueblo, sois vosotros quienes os habéis convertido en el símbolo de la salvación [YO CREÍA QUE ERA LA CRUZ DE CRISTO]. Creo que, en este sentido, seguís adelante con vuestra particular vocación [YO CREÍA QUE ESA VOCACIÓN ERA HABER SIDO SEDE DEL NACIMIENTO DEL MESÍAS, SALVADOR DEL MUNDO Y ACEPTARLO], siendo ante vosotros mismos y ante los demás los herederos de la elección de la fe en Dios [YO CREÍA QUE LOS HEREDEMOS SOMOS NOSOTROS LOS QUE ACEPTAMOS A CRISTO]. Esta es vuestra misión en el mundo contemporáneo ante todo el mundo, todas las naciones, toda la humanidad, y también ante la Iglesia…[¿¡ANTE LA IGLESIA?!]” (Encuentro con líderes judíos en Varsovia, el 14 de junio de 1987).

      ¿Alguna vez se oyó un elogio tan disparatado como éste en toda la historia de la Iglesia católica?

      Augusto del Río

Dentro de la gravedad del momento presente, el "Denzinger-Bergoglio" es consciente de la importancia de oír y dar voz al Pueblo de Dios mediante los comentarios contenidos en esta página. No significa, sin embargo, que todos ellos expresen nuestras ideas. De forma diferente a otras páginas que censuran las intervenciones de sus lectores, queremos dar libertad para que cada uno opine sobre la actual situación de la Iglesia. Pero, dado el caráter peculiar de nuestra página debemos evitar los foros paralelos.

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