¿Una relectura del Credo?: en el Juicio Final Jesucristo no nos va a juzgar; sino que será nuestro abogado

El impresionante drama del Juicio universal siempre ha sido provechoso para los fieles y aun en nuestros días su consideración es eficaz para despertar las consciencias y llamar a la conversión. Tema muy pastoral y accesible para todos, aparece con gran claridad y frecuencia en la Sagrada Escritura.
La Iglesia resume esa verdad de fe en las terminantes y sencillas palabras que los católicos todos los días rezamos en el Credo: Cristo ha de venir de los Cielos “a juzgar a vivos y a muertos”. Pero… ¿vendrá como juez o vendrá cómo qué?

Francisco

Un segundo motivo de confianza nos lo da la constatación de que, en el momento del juicio [final], no estaremos solos. […] Qué hermoso es saber que en esa circunstancia, además de Cristo, nuestro Paráclito, nuestro Abogado ante el Padre (cf. 1 Jn 2, 1), podremos contar con la intercesión y la benevolencia de muchos hermanos y hermanas nuestros más grandes que nos precedieron en el camino de la fe, que ofrecieron su vida por nosotros y siguen amándonos de modo indescriptible. Los santos ya viven en presencia de Dios, en el esplendor de su gloria intercediendo por nosotros que aún vivimos en la tierra. (Catequesis en la Audiencia General, 11 de diciembre de 2013)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

Sagradas Escrituras
-Cristo separará las ovejas de los cabritos
-El Padre ha puesto todo juicio en manos de su Hijo
-En el día de la ira serán manifiestos los juicios de Dios

Concilio de Letrán (XII Ecuménico)
-Cristo vendrá como juez

Catecismo Romano
-Durante esta vida, Cristo es nuestro abogado ante el Padre
-El día del Juicio, el Hijo será nuestro juez

Catecismo de la Iglesia Católica
-Veremos condenada la incredulidad culpable
-El juicio será el triunfo del bien sobre el mal

Pablo VI
-No se puede cambiar o innovar subjetivamente la verdad

Juan Pablo II
-El juicio de Cristo es un acto salvífico definitivo
-Cristo pondrá fin a un universo corrompido por la mentira

Benedicto XVI
-El Juez hace distinción entre el bien y el mal
-Dios es justicia y crea justicia

San Agustín
-El perdón es concedido para corrección, no para favorecer la iniquidad
-El Juzgado se transformará en Juez
-Los que creyeron en Cristo inútilmente estarán con los malos

San Juan Crisóstomo
-El que ahora nos perdona será nuestro Juez

San Ireneo
-El mismo Dios prepara el premio y el castigo

Benedicto XII
-Cada hombre recibirá tal como se portó, bien o mal

Santo Tomás de Aquino
-Todo cae bajo el poder judicial de Cristo

Congregación para el Clero
-No es lícito callar la verdad sobre el juicio

Sagradas Escrituras

  • Cristo separará las ovejas de los cabritos

Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo”. Luego dirá a los de la izquierda:Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles”. (Mt 25, 31-34.40)

  • El Padre ha puesto todo juicio en manos de su Hijo

Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán. Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella, y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre. No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio. (Jn 5, 22.25-29)

  • En el día de la ira serán manifiestos los juicios de Dios

Por tu obstinación en no querer arrepentirte, vas acumulando ira para el día de la ira, cuando se manifiesten los justos juicios de Dios, que retribuirá a cada uno según sus obras. Él dará la Vida eterna a los que por su constancia en la práctica del bien, buscan la gloria, el honor y la inmortalidad. En cambio, castigará con la ira y la violencia a los rebeldes, a los que no se someten a la verdad y se dejan arrastrar por la injusticia. (Rom 2, 5-11)

Concilio de Letrán (XII Ecuménico)

  • Cristo vendrá como juez

[Firmemente creemos y simplemente confesamos que Cristo…] ha de venir al fin del mundo, ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y ha de dar a cada uno según sus obras, tanto a los réprobos como a los elegidos: todos los cuales resucitarán con sus propios cuerpos que ahora llevan, para recibir según sus obras, ora fueren buenas, ora fueren malas; aquéllos, con el diablo, castigo eterno; y éstos, con Cristo, gloria sempiterna. (Denzinger-Hünermann 801. IV Concilio de Letrán (XII ecuménico).11-30 de noviembre de 1215. Cap.1. De la fe católica) 

Catecismo Romano

  • Durante esta vida, Cristo es nuestro abogado ante el Padre

Según San Pablo, subió Jesús a los cielos además para comparecer en la presencia de Dios a favor nuestro (He 9,24). Hijitos míos – escribía San Juan -, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, Abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, justo, Él es la propiciación por nuestras pecados (1Jn 2,1-2). Nada puede llenar de más alegría y esperanza nuestros corazones como el pensar que Jesucristo – que goza ante el Padre de toda gracia y autoridad – es el defensor de nuestra causa y el intercesor de nuestra salvación. (Catecismo Romano, 1060)

  • El día del Juicio, el Hijo será nuestro juez

Recordemos, además, que todos los hombres habremos de comparecer dos veces delante del Señor para dar cuenta de todos y cada uno de nuestros pensamientos, palabras y acciones, y para escuchar su sentencia de Juez. […]
El segundo será el universal. En un mismo día y en un mismo lugar compareceremos todos ante el tribunal divino, y todos y cada uno, en presencia de los hombres de todos los siglos, conoceremos nuestra propia y eterna sentencia. Y no será ésta la menor de las penas y tormentos para los impíos y malvados. Los justos, en cambio, recibirán entonces gran premio y alegría, porque entonces aparecerá lo que fue cada uno en esta vida. […]
Porque, si bien es cierto que la potestad de juzgar es común a las tres Personas de la Santísima Trinidad, se le atribuye de manera especial al Hijo, como igualmente se le atribuye la sabiduría. (Catecismo Romano, 1060) 

Catecismo de la Iglesia Católica

  • Veremos condenada la incredulidad culpable

Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día. Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno (cf. Mc 12, 38-40) y el secreto de los corazones (cf. Lc 12, 1-3; Jn 3, 20-21; Rm 2, 16; 1 Co 4, 5). Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios (cf. Mt 11, 20-24; 12, 41-42). La actitud con respecto al prójimo revelará la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino (cf. Mt 5, 22; 7, 1-5). (Catecismo de la Iglesia Católica, 678)

  • El juicio será el triunfo del bien sobre el mal

El día del Juicio, al fin del mundo, Cristo vendrá en la gloria para llevar a cabo el triunfo definitivo del bien sobre el mal que, como el trigo y la cizaña, habrán crecido juntos en el curso de la historia. (Catecismo de la Iglesia Católica, 681)

Pablo VI

  • No se puede cambiar o innovar subjetivamente la verdad

Bien sabemos, al hacer esto, por qué perturbaciones están hoy agitados, en lo tocante a la fe, algunos grupos de hombres. Los cuales no escaparon al influjo de un mundo que se está transformando enteramente, en el que tantas verdades son o completamente negadas o puestas en discusión. Más aún: vemos incluso a algunos católicos como cautivos de cierto deseo de cambiar o de innovar. La Iglesia juzga que es obligación suya no interrumpir los esfuerzos para penetrar más y más en los misterios profundos de Dios, de los que tantos frutos de salvación manan para todos, y, a la vez, proponerlos a los hombres de las épocas sucesivas cada día de un modo más apto. Pero, al mismo tiempo, hay que tener sumo cuidado para que, mientras se realiza este necesario deber de investigación, no se derriben verdades de la doctrina cristiana. Si esto sucediera — y vemos dolorosamente que hoy sucede en realidad —, ello llevaría la perturbación y la duda a los fieles ánimos de muchos.
A este propósito, es de suma importancia advertir que, además de lo que es observable y de lo descubierto por medio de las ciencias, la inteligencia, que nos ha sido dada por Dios, puede llegar a lo que es, no sólo a significaciones subjetivas de lo que llaman estructuras, o de la evolución de la conciencia humana. Por lo demás, hay que recordar que pertenece a la interpretación o hermenéutica el que, atendiendo a la palabra que ha sido pronunciada, nos esforcemos por entender y discernir el sentido contenido en tal texto, pero no innovar, en cierto modo, este sentido, según la arbitrariedad de una conjetura. (Pablo VI. Homilía y profesión de Fe en la clausura del Año de la Fe, 30 de junio de 1968)

Juan Pablo II 

  • El juicio de Cristo es un acto salvífico definitivo

El poder divino de juzgar ha sido vinculado a la misión de Cristo como Salvador, como Redentor del mundo. Y el mismo juzgar pertenece a la obra de la salvación, al orden de la salvación: es un acto salvífico definitivo. En efecto, el fin del juicio es la participación plena en la Vida divina como último don hecho al hombre: el cumplimiento definitivo de su vocación eterna. Al mismo tiempo el poder de juzgar se vincula con la revelación exterior de la gloria del Padre en su Hijo como Redentor del hombre. (Juan Pablo II. Audiencia General, 30 de septiembre 1987)

  • Cristo pondrá fin a un universo corrompido por la mentira

El Señor vendrá sobre las nubes revestido de majestad y poder. Es el mismo Hijo del hombre, misericordioso y compasivo, que los discípulos conocieron durante su itinerario terreno. Cuando llegue el momento de su manifestación gloriosa, vendrá a consumar definitivamente la historia humana. A través del simbolismo de fenómenos cósmicos, el evangelista san Marcos recuerda que Dios pronunciará, en el Hijo, su juicio sobre la historia de los hombres, poniendo fin a un universo corrompido por la mentira y desgarrado por la violencia y la injusticia. (Juan Pablo II. Homilía en el Jubileo de los militares e policías, 19 de noviembre de 2000)

Benedicto XVI

  • El Juez hace distinción entre el bien y el mal

El Juez que vuelve — es Juez y Salvador a la vez — nos ha confiado la tarea de vivir en este mundo según su modo de vivir. […] No vivimos como si el bien y el mal fueran iguales, porque Dios sólo puede ser misericordioso. Esto sería un engaño. En realidad, vivimos en una gran responsabilidad. Tenemos los talentos, tenemos que trabajar para que este mundo se abra a Cristo, para que se renueve. (Benedicto XVI. Audiencia General, 12 de noviembre de 2008)

  • Dios es justicia y crea justicia

La imagen del Juicio final no es en primer lugar una imagen terrorífica, sino una imagen de esperanza; quizás la imagen decisiva para nosotros de la esperanza. ¿Pero no es quizás también una imagen que da pavor? Yo diría: es una imagen que exige la responsabilidad. Una imagen, por lo tanto, de ese pavor al que se refiere San Hilario cuando dice que todo nuestro miedo está relacionado con el amor (cf. Tractatus super Psalmos, Ps. 127, 1-3: CSEL 22, 628-630). Dios es justicia y crea justicia. Éste es nuestro consuelo y nuestra esperanza. Pero en su justicia está también la gracia. Esto lo descubrimos dirigiendo la mirada hacia el Cristo crucificado y resucitado. Ambas — justicia y gracia — han de ser vistas en su justa relación interior. La gracia no excluye la justicia. No convierte la injusticia en derecho. No es un cepillo que borra todo, de modo que cuanto se ha hecho en la tierra acabe por tener siempre igual valor. (Benedicto XVI. Carta Encíclica Spes Salvi, n. 44, 30 de noviembre de 2007)

San Agustín

  • El perdón es concedido para corrección, no para favorecer la iniquidad

Pues bien, hermanos, porque tengamos un período de misericordia, no nos abandonemos, no seamos unos aprovechados, y nos digamos: “Dios siempre perdona. Hice ayer esto, y me perdonó; mañana lo haré y también me perdonará”. Así tiendes a la misericordia y no temes el juicio. Si quieres cantar la misericordia, la justicia y el juicio, sábete que te perdona para que te corrijas, no para que permanezcas en la iniquidad. No quieras atesorar ira para el día de la ira, y de la manifestación del justo juicio de Dios. (San Agustín. Comentario al Salmo 100, n. 3)

  • El Juzgado se transformará en Juez

Vendrá públicamente para juzgar entre justos e injustos con justicia, Él que primero vino ocultamente para ser juzgado por los injustos sin justicia. Él en persona — repito — vendrá ostensiblemente y no callará; o sea, aparecerá ante todos tomando la palabra de juez. (Mt 26,63). (San Agustín. La Ciudad de Dios. L. XX, c. XXIV, 2)

  • Los que creyeron en Cristo inútilmente estarán con los malos

Vendrá, efectivamente, en la claridad de su poder (Cf. Mt 25, 31ss; 16, 27) el que antes se había dignado venir en la humildad de su humanidad. Y separará a todos los buenos de los malos, es decir, no sólo los que no quisieron creer en él expresamente, sino también los que creyeron en él en vano e inútilmente: a los buenos les dará un reino eterno en su compañía, y a los malos un castigo sin fin al lado del demonio (Cf. Mt 25,31-46). (San Agustín. La Catequesis a principiantes, parte II, 24, 45)

San Juan Crisóstomo

  • El que ahora nos perdona será nuestro Juez

Pensemos continuamente en este tribunal, y así podremos ejercitarnos en la virtud. […] El que ahora perdona nuestros pecados, se sentará entonces como Juez. El que murió por nosotros ahí se mostrará juzgando a toda la humana naturaleza. Porque dice también: Abolido ya el pecado, se manifestará segunda vez para glorificación de los que aguardan su advenimiento. (San Juan Crisóstomo. Homilía XXXIX. Sobre el Evangelio de San Juan)

San Ireneo 

  • El mismo Dios prepara el premio y el castigo

El mismo Padre que preparó para los justos el reino al que su Hijo hace entrar a quienes son dignos, así también preparó el horno de fuego para quienes por mandato del Señor serán arrojados en él por los ángeles que enviará el Hijo del Hombre. (San Ireneo de Lyon. Contra haereses. L.IV, c.40, n.2)

Benedicto XII

  • Cada hombre recibirá tal como se portó, bien o mal

Definimos además que, según la común ordenación de Dios, las almas de los que salen del mundo con pecado mortal actual, inmediatamente después de su muerte bajan al infierno donde son atormentados con penas infernales, y que no obstante en el día del juicio todos los hombres comparecerán con sus cuerpos ante el tribunal de Cristo, para dar cuenta de sus propios actos, a fin de que cada uno reciba lo propio de su cuerpo, tal como se portó, bien o mal (2 Co 5,10). (Denzinger-Hünermann 1002. Benedicto XII. Constitución Benedictus Deus, 29 de enero de 1336)

Santo Tomás de Aquino

  • Todo cae bajo el poder judicial de Cristo

A todo el que se le encarga lo principal, se le encomienda también lo accesorio. Pero todas las cosas humanas se ordenan al fin de la bienaventuranza, que es la salvación eterna, a lo cual los hombres son admitidos o también rechazados por el juicio de Cristo, como es manifiesto por Mt 25,31ss. Y por tanto resulta evidente que todas las cosas humanas caen bajo el poder judicial de Cristo. (Santo Tomás de Aquino, S. Th. III, q. 59 a.4, resp.)

Congregación para el Clero

  •  No es lícito callar la verdad sobre el juicio

La catequesis sobre los novísimos, mientras por una parte debe darse bajo el signo de la consolación, de la esperanza y de un saludable temor (1 Tes. 4,18), de todo o cual sienten una gran necesidad los hombres de nuestro tiempo, por la otra debe ser completamente fiel a la verdad. Porque no es lícito disminuir la grave responsabilidad de cada uno con respecto a su suerte futura. La catequesis no puede callar ni el juicio particular después de la muerte, ni las penas expiatorias del purgatorio, ni la triste y luctuosa realidad de la muerte eterna, ni el juicio final. (Congregación para el Clero. Directorio Catequístico General, 69, 11 de abril de 1971)


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One thought on “¿Una relectura del Credo?: en el Juicio Final Jesucristo no nos va a juzgar; sino que será nuestro abogado

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