151 – Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos; y esto es algo bueno, es un don de Dios

No cabe duda que la Exhortación apostólica Amoris laetitia sorprende sobre todo en el campo de la moral matrimonial, en velada contradicción a los principios hasta ahora defendidos por la Iglesia. Pero el lector tiene en este documento muchos otros puntos de preocupante reflexión, en la apariencia tal vez inofensivos, pero que en realidad son muy decidores.

Fijemos la atención en el numeral 278, integrante del capítulo séptimo. Esta parte dedicada a la educación de los hijos se destaca por la ausencia de un marcado espíritu religioso y puede fácilmente ser comparado a un manual de ética civil distribuido en cualquier institución laica. Lo que ahí se cita de las Escrituras Sagradas es casi un formalismo, porque definitivamente el texto no tiene ninguna profundidad teológica y es irrelevante frente a la agresiva cuestión de la educación sexual, expuesta en los numerales 280-286. Si alguien consigue descubrir lo que en estos seis párrafos puede ser considerado un incentivo al cumplimiento de la ley de Dios, que por favor avise a la redacción del Denzinger-Bergoglio, pues nuestros teólogos no lograron encontrarlo después de repetidas lecturas.

Pero el tema que ahora nos ocupa es el relativo al empleo de las tecnologías en la educación de los niños. Sin mencionar en ningún momento la innegociable precedencia de la educación católica, Francisco propone “alternativas creativas” para la utilización de los aparatos y de las mass-media, considerados parte importante de la vida moderna. Hay que saber servirse de estas ventajas para que los miembros de la familia se unan, se amen y compartan sus experiencias. Y esto sería lograr el verdadero éxito en el campo educativo.

Todos concordaremos en que hay que ser casi ateo para mirar con buenos ojos estos argumentos. ¿Acaso ignoramos las olas incesantes de inmoralidad que entran en las familias por internet, televisión u otros medios del mismo tipo? ¿Qué decir de las músicas, de las perversidades morales y prácticas satánicas difundidas bajo la mirada complaciente de los padres? Ni una palabra sobre la vigilancia moral que, según un recto concepto moral, el uso de estos medios exige…

Francisco

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 Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I – ¿Los padres de hoy son conscientes de los verdaderos riesgos de las nuevas tecnologías para los niños y adolescentes? ¿El Magisterio ya no condena esta causa de perdición para las almas?
II – ¿Qué espera Dios de los padres en el encuentro educativo con sus hijos?
III –
La misión de la Iglesia es influenciar la sociedad humana con su doctrina

I – ¿Los padres de hoy son conscientes de los verdaderos riesgos de las nuevas tecnologías para los niños y adolescentes? ¿El Magisterio ya no condena esta causa de perdición para las almas?

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

Hay que trabajar para que los hombres de nuestro tiempo, demasiado entregados a la ciencia y a la tecnología del mundo moderno, no se alejen de las cosas divinas

Atiendan, al propio tiempo, a la profunda transformación que se realiza entre las gentes y trabajen para que los hombres de nuestro tiempo, demasiado entregados a la ciencia y a la tecnología del mundo moderno, no se alejen de las cosas divinas, más todavía, para que despierten a un deseo más vehemente de la verdad y de la caridad revelada por Dios. (Concilio Vaticano II. Decreto Ad Gentes, n. 11, 7 de diciembre de 1965)

Juan Pablo II

Los mass-media difieren profundamente de lo que la familia debe transmitir a los niños

Es necesario al respecto subrayar la influencia creciente que los mass-media, especialmente la televisión, ejercen en el proceso de socialización de los muchachos, facilitando una visión del hombre, del mundo y de las relaciones con los demás que, a menudo, difiere profundamente de aquella que la familia trata de transmitir. A veces los padres no se cuidan suficientemente de esto. Preocupados en general de vigilar las amistades que mantienen sus hijos, no lo están igualmente respecto de los mensajes que la radio, la televisión, los discos, la prensa y las historietas gráficas llevan a la intimidad “protegida” y “segura” de su casa. Es así como los mass-media entran a menudo en la vida de los jóvenes; sin la necesaria mediación orientadora de los padres y educadores, que podría neutralizar los posibles elementos negativos y valorizar en cambio debidamente las no pequeñas aportaciones positivas, capaces de servir al desarrollo armonioso del proceso educativo. (Juan Pablo II. Mensaje para la XIV Jornada Mundial de las comunicaciones sociales, 18 de mayo de 1980)

Nadie se debe dejar avasallar por los mass-media, sino que ha de usarlos de manera responsable y autónoma

Corresponde a los padres educarse a sí mismos, y al mismo tiempo a los hijos, a entender el valor de la comunicación, a saber elegir entre los varios mensajes vinculados a la misma, a recibirlos con selección y sin dejarse avasallar sino más bien reaccionando de manera responsable y autónoma. Cuando esto se cumple bien, los medios de comunicación dejan de interferirse en la vida de familia a modo de competencia peligrosa que insidia las funciones fundamentales, y se muestran, en cambio, como ocasión preciosa de confrontación razonada con la realidad y como útiles componentes del proceso gradual de maduración humana que exige la introducción de la juventud en la vida. (Juan Pablo II. Mensaje para la XIV Jornada Mundial de las comunicaciones sociales, 18 de mayo de 1980)

Benedicto XVI

La tecnología pretende ser autónoma con respecto a las normas morales. Hay que evitar estos riesgos

Es preciso evitar los riesgos de una ciencia y de una tecnología que pretenden ser completamente autónomas con respecto a las normas morales inscritas en la naturaleza del ser humano. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la conferencia internacional sobre el genoma humano, 19 de noviembre de 2005)

Con la ampliación de las redes sociales, asistimos la contaminación del espíritu

El tiempo en que vivimos experimenta una ampliación enorme de las fronteras de la comunicación, realiza una inédita convergencia entre los diversos medios de comunicación y hace posible la interactividad. […] Asimismo, aumentan los peligros de homologación y de control, de relativismo intelectual y moral, que ya se reconocían bien en la flexión del espíritu crítico, en la verdad reducida al juego de las opiniones, en las múltiples formas de degradación y de humillación de la intimidad de la persona. Asistimos, pues, a una “contaminación del espíritu, la que hace nuestros rostros menos sonrientes, más sombríos, la que nos lleva a no saludarnos unos a otros, a no mirarnos a la cara…”. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en un congreso organizado por la Conferencia Episcopal Italiana, 24 de abril de 2010)

Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales

Los medios de comunicación pueden corromper a las personas

Los nuevos medios de comunicación son poderosos instrumentos para la educación y el enriquecimiento cultural, para la actividad comercial y la participación política, para el diálogo y la comprensión intercultural; y, como subrayamos en el documento adjunto a éste, también sirven a la causa de la religión. A pesar de ello, esta medalla tiene su reverso: los medios de comunicación, que pueden usarse para el bien de las personas y las comunidades, también pueden usarse para explotarlas, manipularlas, dominarlas y corromperlas. Internet es el último y, en muchos aspectos, el más poderoso de una serie de medios de comunicación —telégrafo, teléfono, radio y televisión— que durante el último siglo y medio ha eliminado progresivamente el tiempo y el espacio como obstáculos para la comunicación entre un gran número de personas. Tiene enormes consecuencias para las personas, para las naciones y para el mundo. (Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales. Ética en internet, n. 1-2, 22 de febrero de 2002)

Juan Pablo II

Las formas de comunicación esconden insidias y peligros contra la cohesión familiar

Este año, en sintonía con el tema del próximo Sínodo de los Obispos, que considerará las cuestiones referentes a la familia en las cambiantes circunstancias de los tiempos modernos, se nos invita a prestar atención a las relaciones entre mass-media y familia. Un fenómeno que afecta a todas las familias, incluso en su intimidad, es precisamente el de la amplia difusión de los medios de comunicación social: prensa, cine, radio y televisión. Es ya difícil encontrar una casa en la que no haya entrado al menos uno de tales medios. Mientras, hasta hace pocos años, la familia estaba compuesta de padres, hijos y por alguna otra persona unida por vínculos de parentesco o trabajo doméstico, hoy, en cierto sentido, el círculo se ha abierto a la “compañía”, más o menos habitual, de anunciadores, actores, comentadores políticos y deportivos, y también a la visita de personajes importantes y famosos, pertenecientes a profesiones, ideologías y nacionalidades diversas. Es éste un dato de hecho que si bien ofrece oportunidades extraordinarias, no deja de esconder también insidias y peligros a los que no hay que quitar importancia. La familia se resiente hoy de las fuertes tensiones y de la desorientación creciente que caracterizan el conjunto de la vida social. Han venido a faltar algunos factores de estabilidad que aseguraban, en el pasado, una sólida cohesión interna y —gracias a la completa comunidad de intereses y necesidades y a una convivencia que, con frecuencia, ni siquiera el trabajo interrumpía— consentían a la familia el desarrollo de un papel primordial en la función educativa y socializante. En esta situación de dificultad y, a veces, de crisis, los medios de comunicación social intervienen, a menudo, como factores de ulterior malestar. Los mensajes que llevan presentan, no raramente, una visión deformada de la naturaleza de la familia, de su fisonomía, de su papel educativo. Además, pueden introducir entre sus componentes ciertos hábitos negativos de fruición distraída y superficial de los programas, de pasividad acrítica ante sus contenidos, de renuncia a la mutua confrontación y al diálogo constructivo. En particular, mediante los modelos de vida que presentan, con la sugestiva eficacia de la imagen, de las palabras y de los sonidos, los medios de comunicación social tienden a sustituir a la familia en el papel de preparación a la percepción y a la asimilación de los valores existenciales. (Juan Pablo II. Mensaje para la XIV Jornada Mundial de las comunicaciones sociales, 18 de mayo de 1980)

II – ¿Qué espera Dios de os padres en el encuentro educativo con sus hijos?

Pío XII

Quien obra por un sistema de educación que esté alejado de Cristo recibirá la sentencia de condenación

Una educación de la juventud que se despreocupe, con olvido voluntario, de orientar la mirada de la juventud también a la patria sobrenatural, será totalmente injusta tanto contra la propia juventud como contra los deberes y los derechos totalmente inalienables de la familia cristiana. […] El crimen de lesa majestad contra el Rey de los reyes y Señor de los que dominan (1Tim 6,15; Ap 19,16) cometido con una educación de los niños indiferente y contraria al espíritu y a sentimiento cristianos, al estorbar e impedir el precepto de Jesucristo: Dejad que los niños vengan a mí (Mc 10,14), producirá, sin duda alguna, frutos amarguísimos. […] Las almas de los hijos que Dios entregó a los padres, purificadas con el bautismo y señaladas con el sello real de Jesucristo, son como un tesoro sagrado, sobre el que vigila con amor solícito el mismo Dios. El Divino Redentor, que dijo a los Apóstoles: Dejad que los niños vengan a mí, no obstante su misericordiosa bondad, ha amenazado con terribles castigos a los que escandalizan a los niños, objeto predilecto de su corazón. Y ¿qué escándalo puede haber más dañoso, qué escándalo puede haber más criminal y duradero que una educación moral de la juventud dirigida equivocadamente hacia una meta que, totalmente alejada de Cristo, camino, verdad y vida, conduce a una apostasía oculta o manifiesta del Divino Redentor? […] De todo cuanto existe en la tierra, sólo el alma es inmortal. Por eso, un sistema educativo que no respete el recinto sagrado de la familia cristiana, protegido por la ley de Dios; que tire por tierra sus bases y cierre a la juventud el camino hacia Cristo, para impedirle beber el agua en las fuentes del Salvador (cf Is 12,3), y que, finalmente, proclame la apostasía de Cristo y de la Iglesia como señal de fidelidad a la nación o a una clase determinada, este sistema, sin duda alguna al obrar así, pronunciará contra sí mismo la sentencia de condenación y experimentará a su tiempo la ineluctable verdad del aviso del profeta: Los que se apartan de ti serán escritos en la tierra (Jer 17,13) . (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 52, 20 de octubre de 2010)

Pío XI

No se puede adherir exclusivamente a las cosas terrenas y temporales

Nunca se ha hablado tanto de la educación como en los tiempos modernos; por esto se multiplican las teorías pedagógicas, se inventan, se proponen y discuten métodos y medios, no sólo para facilitar, sino además para crear una educación nueva de infalible eficacia, que capacite a la nuevas generaciones para lograr la ansiada felicidad en esta tierra. La razón de este hecho es que los hombres, creados por Dios a su imagen y semejanza y destinados para gozar de Dios, perfección infinita, al advertir hoy más que nunca, en medio de la abundancia del creciente progreso material, la insuficiencia de los bienes terrenos para la verdadera felicidad de los individuos y de los pueblos sienten por esto mismo un más vivo estímulo hacia una perfección más alta, estímulo que ha sido puesto en la misma naturaleza racional por el Creador y quieren conseguir esta perfección principalmente por medio de la educación. Sin embargo, muchos de nuestros contemporáneos, insistiendo excesivamente en el sentido etimológico de la palabra, pretenden extraer esa perfección de la mera naturaleza humana y realizarla con solas las fuerzas de ésta. Este método es equivocado, porque, en vez de dirigir la mirada a Dios, primer principio y último fin de todo el universo, se repliegan y apoyan sobre sí mismos, adhiriéndose exclusivamente a las cosas terrenas y temporales; y así quedan expuestos a una incesante y continua fluctuación mientras no dirijan su mente y su conducta a la única meta de la perfección, que es Dios. (Pío XI. Encíclica Divini illius Magistri, n. 3-4, 31 de diciembre de 1929)

Hay que ennoblecer la vida natural con la vida sobrenatural

Este fin de la educación cristiana aparece a los ojos de los profanos como una abstracción inútil, o más bien como un propósito irrealizable, sin suprimir o mermar las facultades naturales y sin renunciar, al mismo tiempo, a la actividad propia de la vida terrena, y, en consecuencia, como cosa extraña a la vida social y a la prosperidad temporal y como ideal contrario a todo progreso en la literatura, en las ciencias, en el arte y en toda otra manifestación de la civilización. […] El verdadero cristiano, lejos de renunciar a la acción terrena o debilitar sus energías naturales, las desarrolla y perfecciona combinándolas con la vida sobrenatural, de tal manera que ennoblece la misma vida natural y le procura un auxilio más eficaz, no sólo de orden espiritual y eterno, sino también de orden material y temporal. (Pío XI. Encíclica Divini illius Magistri, n. 83, 31 de diciembre de 1929)

Desde la infancia, educar el entendimiento y la voluntad con los medios sobrenaturales

“La necedad se esconde en el corazón del niño; la vara de la corrección la hace salir de él” (Prov 22, 15). Es, por tanto, necesario desde la infancia corregir las inclinaciones desordenadas y fomentar las tendencias buenas, y sobre todo hay que iluminar el entendimiento y fortalecer la voluntad con las verdades sobrenaturales y los medios de la gracia, sin los cuales es imposible dominar las propias pasiones y alcanzar la debida perfección educativa de la Iglesia, que fue dotada por Cristo con la doctrina revelada y los sacramentos para que fuese maestra eficaz de todos los hombres. Por esta razón es falso todo naturalismo pedagógico que de cualquier modo excluya o merme la formación sobrenatural cristiana en la instrucción de la juventud. […] Desgraciadamente, si atendemos al significado obvio de los términos y a los hechos objetivamente considerados, hemos de concluir que la finalidad de casi todos estos nuevos doctores no es otra que la de liberar la educación de la juventud de toda relación de dependencia con la ley divina. Por esto en nuestros días se da el caso, bien extraño por cierto, de educadores y filósofos que se afanan por descubrir un código moral universal de educación, como si no existiera ni el decálogo, ni la ley evangélica y ni siquiera la ley natural, esculpida por Dios en el corazón del hombre, promulgada por la recta razón y codificada por el mismo Dios con una revelación positiva en el decálogo. Y por esto también los modernos innovadores de la filosofía suelen calificar despreciativamente de heterónoma, pasiva y anticuada la educación cristiana por fundarse ésta en la autoridad divina y en la ley sagrada. Pretensión equivocada y lamentable la de estos innovadores, porque, en lugar de liberar, como ellos dicen, al niño, lo hacen en definitiva esclavo de su loco orgullo y de sus desordenadas pasiones, las cuales, por lógica consecuencia de los falsos sistemas pedagógicos, quedan justificadas como legítimas exigencias de una naturaleza que se proclama autónoma. (Pío XI. Encíclica Divini illius Magistri, n. 44-47, 31 de diciembre de 1929)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

Es necesario que los niños sean educados en la fe católica desde sus primeros años

En la familia cristiana, enriquecida con la gracia del sacramento y los deberes del matrimonio, es necesario que los hijos aprendan desde sus primeros años a conocer la fe recibida en el bautismo. (Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum educationis, n. 3, 28 de octubre de 1965)

Juan XXIII

A la piedad descuidada en la adolescencia sucede el naufragio en la fe

A una piedad sentida de niño, pero descuidada en la adolescencia, sucede no pocas veces por desgracia en el joven que se abre al mundo un verdadero naufragio en la fe. Fenómeno es éste que por su gravedad atrae la atención y reclama el examen serio de cualquier educador consciente de su misión. Es un principio de la pedagogía católica que la esencia de la educación consiste en la colaboración con la divina gracia para la formación del verdadero y perfecto cristiano. […] El adolescente está en la edad en la que él mismo debe esforzarse por descubrir su ser y formar su personalidad: incumbe a sus educadores, y particularmente a su Director espiritual, el cometido de ayudarle en esta empresa. Hijo de Dios, miembro del Cuerpo Místico, tiene él un lugar propio en la Iglesia. Así lo considera San Juan cuando a los adolescentes se dirige: Scribo vobis, adulescentes, quoniam vicistis malignum (1Jn 2, 13). La Iglesia no deja de reconocer las riquezas que la juventud aporta y de fomentar su evolución y desarrollo legítimos. Por eso desde la más tierna edad pone tanto interés en la tarea de la educación de su vida de fe al mismo tiempo que en la formación de su conciencia, junto con el aprendizaje del recto uso de su libertad. (Juan XXIII. Mensaje al VII Congreso Interamericano de Educación Católica, 10 de enero de 1960)

Pío X

Hay cristianos que viven temeraria y imprudentemente en lo tocante a la religión

¡Cuán comunes y fundados son, por desgracia, estos lamentos de que existe hoy un crecido número de personas, en el pueblo cristiano, que viven en suma ignorancia de las cosas que se han de conocer para conseguir la salvación eterna! Al decir “pueblo cristiano”, no nos referimos solamente a la plebe, esto es, a aquellos hombres de las clases inferiores a quienes excusa con frecuencia el hecho de hallarse sometidos a dueños exigentes, y que apenas si pueden ocuparse de sí mismos y de su descanso; sino que también y, principalmente, hablamos de aquellos a quienes no falta entendimiento ni cultura y hasta se hallan adornados de una gran erudición profana, pero que, en lo tocante a la religión, viven temeraria e imprudentemente. ¡Difícil seria ponderar lo espeso de las tinieblas que con frecuencia los envuelven y -lo que es más triste- la tranquilidad con que permanecen en ellas! (Pío X. Encíclica Acerbo nimis, n. 2, 15 de abril de 1905)

Pío XII

Los niños tienen que recibir una instrucción religiosa cada vez más fundamentada

Oponed, pues, a los perniciosos esfuerzos, que querrían apartar completamente la religión de la educación y de la escuela o por lo menos fundar la escuela y la educación sobre una base puramente naturalista, el ideal de una labor docente enriquecida con el tesoro inestimable de una fe sentida y vivificada, por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo. Procurad que vuestros niños y vuestros jóvenes, a medida que van progresando en el camino de los años, reciban también una instrucción religiosa cada vez más amplia y más fundamentada; sin dejar de tener en cuenta que tanto la conciencia plena y profunda de las verdades religiosas cuanto las dudas y las dificultades suelen de ordinario presentarse en los últimos años de los estudios superiores, especialmente si el educando ha de hallarse en contacto, cosa hoy difícilmente evitable, con personas o con doctrinas adversas al Cristianismo; y que por eso la instrucción religiosa exige con todo derecho un puesto de honor en los programas de las universidades y de los centros de estudios superiores. Haced de manera que con esta instrucción vayan estrechamente unidos el santo temor de Dios, la costumbre de recogerse en la oración, y la participación plena y consciente en el espíritu del Año litúrgico de la Santa Madre Iglesia, fuente de incontables gracias; pero en esta labor actuad con cautela y con prudencia, a fin de que sea el mismo joven quien siempre busque algo más y poco a poco, obrando por sí mismo, vaya aprendiendo a vivir y a actuar su vida de fe. (Pío XII. Radiomensaje al Congreso interamericano de Educación Católica, 6 de octubre de 1948)

Pío IX

Sin la educación cristiana, la juventud se expone a los mayores peligros

Desde tierna edad deberán instruirse con celo y a fondo en la doctrina de salvación y los mandamientos de nuestra santa Religión y formarse en la piedad, la pureza de costumbres, la responsabilidad y cultura. En esas escuelas especialmente, la enseñanza religiosa ha de constituir la parte principal y más importante de toda la enseñanza y educación, de tal modo, que los conocimientos de todas las demás cosas que enseñan a la niñez no signifiquen sino una añadidura. Por eso, cuando en las escuelas mencionadas el método educativo no descansa en la más intima unión de todas las disciplinas con la enseñanza religiosa se expone a la juventud a los mayores peligros… (Pío IX. Carta Quum non sine, 14 de julio 1864)

Juan XXIII

Hay que orientar el comportamiento del joven en función del mensaje cristiano

La catequesis intelectual será poco eficaz si no va acompañada de una educación que comprenda, junto con la inteligencia, la voluntad y el corazón del adolescente: la religión abarca al hombre entero; es el comportamiento total de su vida lo que hay que orientar en función del mensaje cristiano poniendo en práctica toda una pedagogía de la vida espiritual para que el joven adquiera conciencia de la correspondencia que existe entre las verdades que se le enseña a creer y las aspiraciones interiores que brotan de su personalidad hacia ideales de justicia, de caridad y de rectitud moral. (Juan XXIII. Mensaje al VII Congreso Interamericano de Educación Católica, 10 de enero de 1960)

San Juan Bosco

Formar el corazón con las enseñanzas de la fe y el celo por la gloria de Dios

La infancia, la adolescencia, la juventud, son épocas de un extraordinario florecimiento de sentimientos y de afectos. El educador lo debe aprovechar. El corazón presenta sectores poco explorados, casi desconocidos. El centro del corazón, digamos, es el amor. Hay que purificar el amor, transformar la sentimentalidad humana en amor fino y sublime; en caridad, en caridad para con Dios y para con el prójimo. Refrenar la ira, ayudar al prójimo, sujetar la sensibilidad a la razón, a las enseñanzas de la fe, al celo por la gloria de Dios. (San Juan Bosco. Biografía y escritos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1967, p. 411)

Sin la religión, no se consigue ningún fruto

Solo la religión es capaz de comenzar y acabar la gran obra de una verdadera educación. Sin religión no se consigue ningún fruto entre los jóvenes. (San Juan Bosco. Biografía y escritos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1967, p. 428)

Mantener a los niños siempre ocupados con cosas buenas

La impureza es el vicio que más estragos ocasiona en la juventud. Moralidad: ¡he aquí lo que más importa! […] Es menester tener siempre ocupados a los muchachos. […] Si nosotros no los ocupamos, ellos se buscarán ocupación, y ciertamente con pensamientos y cosa no buena. (San Juan Bosco. Biografía y escritos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1967, p. 429)

Hay que desprenderse de lo terreno para elevarse al cielo

Hijos míos, desprendeos de lo terreno. Imitad a los pajarillos cuando quieren desanidar. Empiezan a salir al borde del nido, sacuden las alitas, intentan levantarse en los aires, hacen prueba de sus fuerzas. Así debéis hacer vosotros: sacudir un poco las alas para elevaros as cielo… Comenzad con cosas pequeñas, con las que son necesarias para la eterna salvación. (San Juan Bosco. Biografía y escritos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1967, p. 412)

El mundo es muy ingrato

Jóvenes, acostumbraos a decir al demonio: ¡No puedo: tengo un alma sola! Esta es la verdadera lógica cristiana. Por eso, pureza de intención, hacer lo que agrada a Dios, obedecer a Dios. Es esta conveniencia: el mundo es muy ingrato; es imposible tenerlo contento; el mejor consejo que se puede dar es no esperar del mundo la recompensa, sino de Dios solo. (San Juan Bosco. Biografía y escritos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1967, p. 410-411)

San Ambrosio de Milán

Las dulzuras del mundo causan daños al alma

¿Qué mar menos clemente que el mundo, tan poco seguro, tan versátil, tan profundo, tan agitado por el aliento de espíritus impuros? […] No hay daño más oculto que las dulzuras del mundo: fascinando el alma tiranizan la vida y destruyen en cierto modo los sentidos y la inteligencia en los escollos de los cuerpos. (San Ambrosio de Milán. Tratado sobre el Evangelio de San Lucas, Libro IV, n. 3: PL 1613)

San Juan Crisóstomo

Semejantes al humo son las cosas humanas

¿No veis como los ojos del cuerpo, si se hallan entre una humareda, no paran de echar lágrimas? Cuando están, empero, en aire diáfano y entre fuentes y jardines, los conservamos más penetrantes y sanos. Tal sucede también con el ojo de nuestra alma. Si se alimenta en los prados de las espirituales sentencias, se mantendrá limpio, diáfano y penetrante; mas, si se mete entre la humareda de las cosas humanas, echará lágrimas, y llorará no solo ahora, sino también después. Semejantes al humo son las cosas humanas. (San Juan Crisóstomo. Homilía II sobre el Evangelio de San Mateo, n. 9)

San Alfonso de Ligorio

Todo lo de este mundo acaba

En suma, el tiempo es breve, por lo que es necesario que lo aprovechemos para prepararnos a morir penetrados del pensamiento de que todo lo de este mundo acaba. Por esto dice el Apóstol que los que en tierra lloran, como si no llorasen, porque pasan todas las miserias de la vida, y los que se salvan serán felices por toda la eternidad; y los que gozan, como si no gozasen, porque día vendrá en que habrá que dejarlo todo, y quien se condena será desgraciado por toda la eternidad. (San Alfonso María de Ligorio. Sermones abreviados, Sermón 39, Obras ascéticas, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1954, vol. 2, p. 794)

San Agustín de Hipona

Por Cristo, los padres deben amonestar, enseñar, exhortar y corregir

También vosotros servid a vuestra manera a Cristo, viviendo bien, dando limosna, predicando su nombre y doctrina a quienes podáis, de forma que también cada padre de familia reconozca por este nombre que él debe a su familia afecto paternal. Por Cristo y por la vida eterna amoneste, enseñe, exhorte, corrija a todos los suyos, emplee la benevolencia, ejerza la disciplina; así cumplirá en su casa una función eclesiástica y, en cierto modo, episcopal, pues sirve a Cristo para estar eternamente con él. (San Agustín de Hipona. Tratado LI sobre el Evangelio de San Juan, n. 13)

Benedicto XVI

Sin disciplina, no se prepara el joven para afrontar las pruebas del futuro

También el sufrimiento forma parte de la verdad de nuestra vida. Por eso, al tratar de proteger a los más jóvenes de cualquier dificultad y experiencia de dolor, corremos el riesgo de formar, a pesar de nuestras buenas intenciones, personas frágiles y poco generosas, pues la capacidad de amar corresponde a la capacidad de sufrir, y de sufrir juntos. Así, queridos amigos de Roma, llegamos al punto quizá más delicado de la obra educativa: encontrar el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina. Sin reglas de comportamiento y de vida, aplicadas día a día también en las cosas pequeñas, no se forma el carácter y no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán en el futuro. Pero la relación educativa es ante todo encuentro de dos libertades, y la educación bien lograda es una formación para el uso correcto de la libertad. A medida que el niño crece, se convierte en adolescente y después en joven; por tanto, debemos aceptar el riesgo de la libertad, estando siempre atentos a ayudarle a corregir ideas y decisiones equivocadas. En cambio, lo que nunca debemos hacer es secundarlo en sus errores, fingir que no los vemos o, peor aún, que los compartirlos como si fueran las nuevas fronteras del progreso humano. (Benedicto XVI. Mensaje a la diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21 de enero de 2008)

III – La misión de la Iglesia es influenciar la sociedad humana con su doctrina

Pío XII

El principal deber del Vicario de Cristo es dar testimonio de la verdad

El principal deber que nos impone nuestro oficio y nuestro tiempo es “dar testimonio de la verdad”. Este deber, que debemos cumplir con firmeza apostólica, exige necesariamente la exposición y la refutación de los errores y de los pecados de los hombres. (Pío XII. Encíclica Summi pontificatus, n. 14, 20 de octubre de 1939)

Pío IX

Si se excluye la sociedad humana de la influencia de la Iglesia, poco a poco se irá perdiendo el espíritu cristiano

No cabe duda de que la sociedad humana sufrirá siempre allí el daño más sensible donde se elimine de la educación privada y pública de la juventud la autoridad rectora de la Iglesia y su saludable influencia, pues de esa educación depende en gran manera el bienestar de los asuntos espirituales y materiales. Por esa exclusión la sociedad humana irá poco a poco perdiendo aquel espíritu cristiano que únicamente podrá sostener las bases del orden y tranquilidad públicos y que sólo es capaz de originar el progreso verdadero y provechoso de la civilización y de proporcionar al hombre todos aquellos medios que se requieren para el logro del fin que está más allá de las fronteras de esta vida, o sea, la consecución de la salvación eterna. Aun más. Una educación que no sólo tienda única y exclusivamente a comunicar los conocimientos de las cosas naturales y enseñar los fines de la vida social terrena sino que también se aparte de las verdades reveladas por Dios, no podrá menos de caer en el espíritu de error y mentira, y una educación que sin la ayuda de la doctrina y la moral cristianas, trate de formar los tiernos corazones de la niñez —plasmándose las almas que se plasman tan fácilmente como la cera y corrompiéndose con la misma facilidadno podrá engendrar sino una descendencia que sólo se dejará guiar por los deseos sensuales y sus propios pareceres, y constituirá, de este modo, la desgracia más grande tanto para las familias como para la vida núbica. (Pío IX. Carta Quum non sine, 14 de julio 1864)

Pío XI

La Iglesia debe transmitir el tesoro de la educación cristiana

Éstos son los frutos benéficos de la educación cristiana, precisamente por la virtuosa vida sobrenatural en Cristo que esta educación desarrolla y forma en el hombre; porque Cristo Nuestro Señor, Maestro Divino, es el autor y el dador de esta vida virtuosa y, al mismo tiempo, con su ejemplo, el modelo universal y accesible a todas las condiciones de la vida humana, particularmente de la juventud, en el período de su vida escondida, laboriosa y obediente, adornada de todas las virtudes individuales, domésticas y sociales, delante de Dios y delante de los hombres. Por consiguiente, todo este conjunto de tesoros educativos de infinito valor que hasta ahora hemos ido recordando parcialmente, pertenece de una manera tan íntima a la Iglesia, que viene como a identificarse con su propia naturaleza, por ser la Iglesia el Cuerpo Místico de Cristo, la Esposa Inmaculada de Cristo y, por lo tanto, Madre fecundísima y educadora soberana y perfecta. (Pío XI. Encíclica Divini illius Magistri, n. 85, 31 de diciembre de 1929)

Vigilancia para alejar a los hijos de la Iglesia de los peligros del mundo

El ejercicio de este derecho no puede ser calificado como injerencia indebida, sino como valiosa providencia materna de la Iglesia, que inmuniza a sus hijos frente a los graves peligros de todo contagio que pueda dañar a la santidad e integridad de la doctrina y de la moral. Esta vigilancia de la Iglesia, lejos de crear inconveniente alguno, supone la prestación de un eficaz auxilio al orden y al bienestar de las familias y del Estado, manteniendo alejado de la juventud aquel veneno que en esta edad inexperta y tornadiza suele tener más fácil acceso y más rápido arraigo en la vida moral. (Pío XI. Encíclica Divini illius Magistri, n. 19, 31 de diciembre de 1929)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

Gravísimo deber de la Iglesia de cuidar de la educación moral y religiosa de sus hijos

Consciente, además, la Iglesia del gravísimo deber de procurar cuidadosamente la educación moral y religiosa de todos sus hijos, es necesario que atienda con afecto particular y con su ayuda a los muchísimos que se educan en escuelas no católicas, ya por medio del testimonio de la vida de los maestros y formadores, ya por la acción apostólica de los condiscípulos, ya, sobre todo, por el ministerio de los sacerdotes y de los seglares, que les enseñan la doctrina de la salvación, de una forma acomodada a la edad y a las circunstancias y les prestan ayuda espiritual con medios oportunos y según la condición de las cosas y de los tiempos. (Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum educationis, n. 7, 28 de octubre de 1965)

Benedicto XVI

Hay que ayudar a las personas a establecer y alimentar la relación vital con Jesucristo

Las personas necesitan hoy ser llamadas de nuevo al objetivo último de su existencia. Necesitan reconocer que en su interior hay una profunda sed de Dios. Necesitan tener la oportunidad de enriquecerse del pozo de su amor infinito. Es fácil ser atraídas por las posibilidades casi ilimitadas que la ciencia y la técnica nos ofrecen; es fácil cometer el error de creer que se puede conseguir con nuestros propios esfuerzos saciar las necesidades más profundas. Ésta es una ilusión. Sin Dios, el cual nos da lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar, nuestras vidas están realmente vacías. Las personas necesitan ser llamadas continuamente a cultivar una relación con Cristo, que ha venido para que tuviéramos la vida en abundancia (cf. Jn 10,10). La meta de toda nuestra actividad pastoral y catequética, el objeto de nuestra predicación, el centro mismo de nuestro ministerio sacramental ha de ser ayudar a las personas a establecer y alimentar semejante relación vital con “Jesucristo nuestra esperanza” (1 Tm 1, 1). (Benedicto XVI. Discurso en la celebración de las Vísperas y encuentro con los Obispos de Estados Unidos, 16 de abril de 2008)

Juan Pablo II

Todo discípulo de Cristo tiene el derecho a recibir la palabra de la fe no mutilada

Todo discípulo de Cristo tiene el derecho a recibir la palabra de la fe no mutilada, falsificada o disminuida, sino completa e integral, en todo su rigor y su vigor. (Juan Pablo II. Discurso a los profesores, alumnos y exalumnos de los colegios Massimo y Santa María de Roma, n. 3, 9 de febrero de 1980)

Pío XI

La decadencia del mundo es consecuencia del rechazo a la verdad difundida por la Iglesia

En medio de las aberraciones del pensamiento humano, ebrio por una falsa libertad exenta de toda ley y freno; en medio de la espantosa corrupción, fruto de la malicia humana, se yergue cual faro luminoso la Iglesia, que condena toda desviación —a la diestra o a la siniestra— de la verdad, que indica a todos y a cada uno el camino que deben seguir. Y ¡ay si aún este faro, no digamos se extinguiese, lo cual es imposible por las promesas infalibles sobre que está cimentado, pero si se le impidiera difundir profusamente sus benéficos rayos! Bien vemos con nuestros propios ojos a dónde ha conducido al mundo el haber rechazado, en su soberbia, la revelación divina y el haber seguido, aunque sea bajo el especioso nombre de ciencia, falsas teorías filosóficas y morales. Y si, puestos en la pendiente del error y del vicio, no hemos llegado todavía a más hondo abismo, se debe a los rayos de la verdad cristiana que, a pesar de todo, no dejan de seguir difundidos por el mundo. (Pío XI. Encíclica Ad catholici sacerdotii, n. 19, 20 de diciembre de 1935)

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