21 – El encuentro es el puente para la paz

“Esperábamos paz, y nada va bien; tiempo de curación, y llega el terror” (Jer 8, 15). ¿Quién no quiere la paz? Pero… ¿cómo alcanzarla en un mundo agitado por numerosas e intricados problemas? Siglos antes de su nacimiento, el Señor fue profetizado por Isaías como ‘Príncipe de la Paz’ (Is 9,6). Siguiendo su Maestro, los apóstoles – sobretodo san Pablo – siempre ofrecían la paz a sus oyentes y a los destinatarios de sus cartas. Y la Santa Madre Iglesia, tutelada por el Espíritu Santo, supo orientar a los pueblos que se acogieron bajo su manto en las sendas de la paz, según la definición clásica del gran san Agustín: pax tranquillitas ordinis — la paz es la tranquilidad del orden (De Civ. Dei, XIX, 13). Sí, “tranquilidad del orden”, porque el orden es la recta disposición de las cosas según su fin, y el fin de toda criatura humana es volver a Dios, del cual salió. Por lo tanto, cualquier esfuerzo por la paz que se olvide de Dios… vano será, y como decía el profeta, sólo servirá para que nada continúe yendo bien y aumente el terror… Mientras no paran de levantarse voces –¡y qué voces!– a favor de una paz que olvida el lugar que le corresponde a Dios, nos será de enorme provecho saborear la enseñanza perenne de la Iglesia sobre la verdadera paz.  

Francisco

Texto del Nuevo Himno por la Paz

Cita A

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I- ¿Quién da la paz, el mundo o el ser humano?
II- ¿Una paz sin muros es de Jesucristo?
III- ¿Es siempre bueno el encuentro?
IV – El grave deber de predicar la verdadera doctrina sobre la paz y su relación con Dios

I- ¿Quién da la paz, el mundo o el ser humano?

Sagradas Escrituras

La virtud favorece la paz
La sabiduría, camino para vivir en paz
Amar la Ley de Dios, fuente de paz
Las luchas tienen su origen en las pasiones humanas
Cristo es nuestra paz, Él nos hizo miembros de la familia de Dios
Dios quiso reconciliar consigo todo por la sangre de la cruz de Cristo

Pío XII

La paz justa y duradera sólo se obtiene a partir de la Ley de Cristo, fuente de justicia
Se ha perdido el recto camino por haberse alejado de Jesucristo tanto en la vida privada como en la pública

Benedicto XVI

Sin el reconocimiento de Dios no habrá paz para la humanidad
La paz es un don de Dios que exige una respuesta personal coherente con el plan divino

Pío XI

Jesucristo trajo del cielo los remedios para la paz del mundo, por lo que el único trabajo útil a favor de la verdadera paz es restaurar el Reino de Cristo

Santo Tomás de Aquino

La paz es fruto de la caridad, por lo cual, sin la gracia no puede haber paz verdadera

II- ¿Una paz sin muros es de Jesucristo?

Sagradas Escrituras

Jesucristo trajo la división y profetizó el odio contra los que le siguieran
Jesucristo trae la división hasta en las familias
La paz de Cristo es diferente a la paz del mundo
El mundo odia a los que son de Jesucristo
El peligro de juntarse con los pecadores
El hereje no está unido a Dios y debe huirse de él para no hacerse cómplice suyo

Juan Pablo II

Jesús no da simplemente la paz, sino su paz, que exige el orden y la verdad

Pío XI

Contra los imprudentes “pancristianos”, recuérdese que San Juan prohibía el trato con quien no tuviera la doctrina íntegra

Pío IX

La palabra de perpetua conciliación todo pierde so pretexto de salvarlo

San Agustín

Los que aman el mundo se dan una falsa paz para disfrutar de su querido mundo

Congregación para la Doctrina de la Fe

Las teorías relativistas juzgan un peligro para la paz el anuncio misionero de la Iglesia

III- ¿Es siempre bueno el encuentro?

Sagradas Escrituras

El peligro de pudrir la propia fe

Pablo VI

El apostolado es arriesgado y hay que estar inmunizado contra el contagio de los errores
El peligro inminente de extravío en medio de las transformaciones presentes – obligación de profundizarse sobre la Iglesia según la Escritura y en la Tradición

Pío XII

No es lícito esconder la verdad so pretexto de facilitar la concordia

Pío XI

Los enemigos de la Iglesia invitan la colaboración amistosa con ellos en el campo del humanitarismo, la caridad y la paz para atraerse las muchedumbres

Pío IX

La exigencia de la caridad cristiana es sacar de las tinieblas del error a los que no están unidos a la fe católica
Más peligrosos que los enemigos declarados son los que atraen a los imprudentes amantes de la conciliación

Santo Tomás de Aquino

Los fieles sencillos no deben tratar con los infieles por temer su propia perversión

IV – El grave deber de predicar la verdadera doctrina sobre la paz y su relación con Dios

Sagradas Escrituras

El grave deber de estar totalmente con Nuestro Señor Jesucristo
¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!
¿Cómo creer, si nadie lo predica?
Si no se proclama la Palabra de Dios, los hombres se apartar de la verdad para escuchar cosas fantasiosas

Concilio Vaticano I

La Iglesia tiene el deber de proscribir el error para que nadie se deje engañar

Pío X

La paz sólo vendrá mediante la luz de la razón regida por la ciencia de las cosas divinas
El deber más grave del pastor es adoctrinar

Gregorio Magno

El que rehusa apacentar el rebaño de Dios no ama el supremo Pastor

Juan Pablo II

Gravísimo peligro de confundir los límites entre la Iglesia y el mundo

La constante tentación de buscar una libertad ilusoria fuera de la verdad

León XIII

Callar es propio del cobarde o de quien duda de la verdad, y es injurioso a Dios

San Juan Crisóstomo

Quien tiene autoridad para enseñar y no lo hace es transgresor de la Ley

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Odino Faccia, co-autor junto al Papa Francisco del Himno por la Paz, apoya y difunde nuestro estudio. 

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