72 – He decidido nombrar un grupo de cardenales que sean mi consejo. Este es el inicio de una Iglesia con una organización no sólo verticista, sino también horizontal

Al ojear escritos eclesiásticos de diferentes épocas llama la atención la frecuencia con que encontramos afirmaciones de pontífices, obispos y santos varones lamentándose de las adversidades por las cuales pasaba la Iglesia en su tiempo. Las tempestades que ataques de enemigos externos e internos levantaron contra la Barca de San Pedro son una constante durante sus dos milenios de victoriosa navegación, por lo que su impertérrito avanzar por todas las eras sólo se explica si tenemos en cuenta que la Iglesia no es una institución humana, sino divina. Nacida del lado abierto de Cristo pendiente en la Cruz y regada por su Sangre la Iglesia en sus elementos visibles debe, por consiguiente, buscar la realización de los deseos de su divino Fundador en lo referente a su constitución, santidad, misión e incluso gobierno.

En días en que muchos sectores cuestionan la forma de gobierno de la Iglesia una pregunta nos parece esencial, tan esencial cuanto, quizá, olvidada: ¿Cómo concibió Jesucristo esa Iglesia que es su propio Cuerpo Místico? Al llamar a los Doce y colocar San Pedro a su cabeza, ¿la quiso jerárquica? ¿O más bien “horizontal”? La respuesta está fácilmente al alcance de todos en las páginas del Magisterio, aunque algunos parezcan querer disimularlo…

Francisco

Cita A

Enseñanzas del Magisterio

Entra en las diversas partes de nuestro estudio

ContenidoAutores
 I – Por designio divino la Iglesia es jerárquica
II – En la jerarquía la potestad suprema cabe al Romano Pontífice
III – ¿La colegialidad anula el primado?
IV – ¿Es posible una Iglesia “horizontal”?

I – Por designio divino la Iglesia es jerárquica

Catecismo Mayor de San Pío X

El mismo Jesucristo ha establecido la jerarquía de la Iglesia

¿Hay alguna distinción entre los miembros que componen la Iglesia?
Entre los miembros que componen la Iglesia hay una distinción notabilísima, porque hay en ella quien manda y quien obedece, quien enseña y quien es enseñado. […] ¿Quien ha establecido está distinción en la Iglesia?
Esta distinción en la Iglesia la ha establecido el mismo Jesucristo. (Catecismo Mayor de San Pío X. Parte I, c. X, n. 181.184)

Juan Pablo II

No se puede promover una renovación contraria a la identidad del Cuerpo Místico de Cristo

No podemos olvidar que una de las mayores tentaciones de nuestra época es la de pretender promover una renovación eclesial que, al polarizar su atención en torno a ciertos rasgos —puestos particularmente de relieve por la sensibilidad moderna— no tiene suficientemente en cuenta elementos fundamentales de la identidad constitutiva del Cuerpo Místico de Cristo, como son su estructura jerárquica, la unidad querida por su divino Fundador o su carácter específicamente sacramental (cf. Lumen gentium, n. 26). (Juan Pablo II. Discurso a los obispos de Guatemala en visita “ad limina”, 20 de enero de 1989)

La estructura jerárquica pertenece a la naturaleza misma de la Iglesia

Cristo instituyó una estructura jerárquica y ministerial de la Iglesia, formada por los Apóstoles y sus sucesores; estructura que no deriva de una anterior comunidad ya constituida, sino que fue creada directamente por Él. […] Dicha estructura pertenece, por consiguiente, a la naturaleza misma de la Iglesia, según el designio divino realizado por Jesús. Según este mismo designio, esa estructura desempeña un papel esencial en todo el desarrollo de la comunidad cristiana, desde el día de Pentecostés hasta el fin de los tiempos. (Juan Pablo II. Audiencia general, 1 de julio de 1992, n. 8)

Pío XII

La jerarquía eclesial es un reflejo de la celestial

La Iglesia es una sociedad, y por eso exige autoridad y jerarquía propias. Si bien todos los miembros del Cuerpo Místico participan de los mismos bienes y tienden a los mismos fines, no todos gozan del mismo poder ni están capacitados para realizar las mismas acciones. De hecho, el divino Redentor ha establecido su reino sobre los fundamentos del orden sagrado, que es un reflejo de la jerarquía celestial. (Pío XII. Encíclica Mediator Dei, n. 53-54, 20 de noviembre de 1947)

Catecismo Mayor de San Pío X

La potestad de la jerarquía eclesiástica viene de Dios

¿Viene del pueblo el poder que tienen los miembros de la Jerarquía eclesiástica?
El poder que tienen los miembros de la Jerarquía eclesiástica no viene del pueblo, y decir esto sería herejía, sino que viene únicamente de Dios. (Catecismo Mayor de San Pío X. Parte I, c. X, n. 191)

II – En la jerarquía la potestad suprema cabe al Romano Pontífice

León Magno

Una preeminencia en la elección común

Entre los beatísimos apóstoles en la conformidad del honor hubo una cierta diferencia de potestad; y si bien la elección fue común a todos, solamente a uno fue concedido tener la preeminencia por encima de los demás. (Denzinger-Hünermann 282. León Magno, Carta Quanta fraternitati al obispo Anastasio de Tesalia, c. 11)

Congregación para la Doctrina de la Fe

Fundamento de la primacía de San Pedro entre los Doce

Primero Simón, llamado Pedro”. Con este significativo relieve de la primacía de Simón Pedro, San Mateo introduce en su Evangelio la lista de los doce Apóstoles, que también en los otros dos Evangelios sinópticos y en los Hechos comienza con el nombre de Simón. Esta lista, dotada de gran fuerza testimonial, y otros pasajes evangélicos muestran con claridad y sencillez que el canon neotestamentario recogió las palabras de Cristo relativas a Pedro y a su papel en el grupo de los Doce. Por eso, ya en las primeras comunidades cristianas, como más tarde en toda la Iglesia, la imagen de Pedro quedó fijada como la del Apóstol que, a pesar de su debilidad humana, fue constituido expresamente por Cristo en el primer lugar entre los Doce y llamado a desempeñar en la Iglesia una función propia y específica. Él es la roca sobre la que Cristo edificará su Iglesia; es aquel que, una vez convertido, no fallará en la fe y confirmará a sus hermanos, y, por último, es el Pastor que guiará a toda la comunidad de los discípulos del Señor. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Consideraciones El Primado del Sucesor de Pedro en el misterio de la Iglesia, n. 3, 31 de octubre de 1998)

Clemente VI

La potestad sobre todos los cristianos fue entregada a uno solo

El bienaventurado Pedro recibió del Señor Jesucristo plenísima potestad de jurisdicción sobre todos los fieles cristianos, y […] toda la potestad de jurisdicción que en ciertas tierras y provincias y en diversas partes del orbe tuvieron Judas Tadeo y los demás apóstoles, estuvo plenísimamente sujeta a la autoridad y potestad que el bienaventurado Pedro recibió del Señor Jesucristo sobre cualesquiera creyentes en Cristo en todas las partes del orbe; y que ningún apóstol ni otro cualquiera, sino sólo Pedro, recibió plenísima potestad sobre todos los cristianos. (Denzinger-Hünermann 1052. Clemente VI, Carta Super quibusdam a Mekhitar, 29 de septiembre de 1351)

Bonifacio I

El cuidado de la Iglesia universal fue confiado a Pedro

Por disposición del Señor, es competencia del bienaventurado Apóstol Pedro la misión recibida de Aquél, de tener cuidado de la Iglesia universal. Y en efecto, Pedro sabe, por testimonio del Evangelio, que la Iglesia ha sido fundada sobre él. Y jamás su honor puede sentirse libre de responsabilidades por ser cosa cierta que el gobierno de aquélla está pendiente de sus decisiones. (Denzinger-Hünermann 234. Bonifacio I, Carta Manet beatum a Rufo y a los demás obispos de Macedonia, 11 de marzo de 422)

Juan Pablo II

Primado de autoridad en el colegio apostólico y en la Iglesia

Pedro aparece siempre en primer lugar en todas las listas de los Apóstoles (en el texto de Mt 10, 2 incluso se le califica con la palabra “primero”). A él Jesús le da un nombre nuevo, Cefas, que se traduce al griego (eso indica que era significativo), para designar el oficio y el puesto que Simón ocupará en la Iglesia de Cristo. Son elementos que nos sirven para comprender mejor el significado histórico y eclesiológico de la promesa de Jesús, contenida en el texto de Mateo (16, 18-19), y el encargo de la misión pastoral descrito por Juan (21, 15-19): el primado de autoridad en el colegio apostólico y en la Iglesia. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 1, 16 de diciembre de 1992)

Juan XXIII

Pedro está por encima de todos los que gobiernan el Cuerpo Místico

Sobre esta verdad, que es fundamental para la unidad católica, la del vínculo divino, indisoluble entre el poder de Pedro y el de los Apóstoles, San León cree oportuno insistir: “Se extiende ciertamente también a los demás Apóstoles este poder de atar y desatar (Mat. 16, 19), y fue transmitido a todos los cabezas de la Iglesia; pero no en vano se recomienda a una sóla persona lo que debe ser comunicado a los demás. Pues este poder se le confía a Pedro singularmente, justamente, porque la figura de Pedro está por encima de todos los que gobiernan la Iglesia” (Serm. 4, 2, de natali ipsius). (Juan XXIII. Encíclica Aeterna Dei sapientia, 11 de noviembre de 1961)

Pío XII

Jesucristo gobierna visiblemente la Iglesia por aquel que representa su persona

Cristo Nuestro Señor, después de haber gobernado por sí mismo durante su mortal peregrinación a su pequeña grey, cuando estaba para dejar este mundo y volver a su Padre, encomendó el régimen visible de la sociedad por El fundada al Príncipe de los Apóstoles. Ya que, sapientísimo como era, de ninguna manera podía dejar sin una cabeza visible el cuerpo social de la Iglesia que había fundado. […] Porque Pedro, en fuerza del primado, no es sino el Vicario de Cristo, por cuanto no existe más que una Cabeza primaria de este Cuerpo, es decir, Cristo; el cual, sin dejar de regir secretamente por sí mismo a la Iglesia […], la gobierna, además, visiblemente por aquel que en la tierra representa su persona. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 17, 29 de junio de 1943)

Concilio Vaticano I

Al Papa están subordinados pastores y fieles de cualquier rito y dignidad

Enseñamos, por ende, y declaramos, que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A esta potestad están obligados por el deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia los pastores y fieles de cualquier rito y dignidad, ora cada uno separadamente, ora todos juntamente, no sólo en las materias que atañen a la fe y a las costumbres, sino también en lo que pertenece a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de suerte que, guardada con el Romano Pontífice esta unidad tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un solo rebaño bajo un solo pastor supremo (cf. Jn 10,16). Tal es la doctrina de la verdad católica, de la que nadie puede desviarse sin menoscabo de su fe y salvación. (Denzinger-Hünermann 3060. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, c. 3, 18 de julio de 1870)

Concilio de Florencia

El Romano Pontífice tiene la potestad de apacentar, regir y gobernar la Iglesia

Definimos que la santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice tienen el primado sobre todo el orbe y que el mismo Romano Pontífice es el sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles, verdadero vicario de Cristo y cabeza de toda la Iglesia y padre y maestro de todos los cristianos, y que al mismo, en la persona del bienaventurado Pedro, le fue entregada por nuestro Señor Jesucristo plena potestad de apacentar, regir y gobernar a la Iglesia universal, como se contiene hasta en las actas de los Concilios ecuménicos y en los sagrados cánones. (Concilio de Florencia. Denzinger-Hünermann 1307. Bula Laetentur caeli, 6 de julio de 1439)

Concilio Vaticano II

Su potestad es suprema, plena, universal y ordinaria

En esta Iglesia de Cristo, el Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, a quien confió Cristo el apacentar sus ovejas y sus corderos, goza por institución divina de potestad suprema, plena, inmediata y universal para el cuidado de las almas. El, por tanto, habiendo sido enviado como pastor de todos los fieles a procurar el bien común de la Iglesia universal y el de todas las iglesias particulares, tiene la supremacía de la potestad ordinaria sobre todas las Iglesias. (Concilio Vaticano II. Decreto Christus Dominus, n. 2, 28 de octubre de 1965)

Juan Pablo II

La potestad pontificia no es delegada por los obispos ni necesita su mediación

El Concilio [Vaticano I] subraya que la potestad del Papa “es ordinaria e inmediata tanto en todas y cada una de las Iglesias como en todos y cada uno de los pastores y fieles” (DS 3064). Es ordinaria, en el sentido de que es propia del Romano Pontífice en virtud de la tarea que le corresponde y no por delegación de los obispos; es inmediata, porque puede ejercerla directamente, sin el permiso o la mediación de los obispos. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 3, 24 de febrero de 1993)

Clemente VI

El Papa tiene la potestad de Cristo sobre el todo y universal cuerpo de la Iglesia

Los Romanos Pontífices que han sido y Nos que somos Pontífice Romano y los que en adelante lo serán por sucesión, hemos recibido, como vicarios de Cristo legítimos, de plenísima potestad, inmediatamente del mismo Cristo sobre el todo y universal cuerpo de la Iglesia militante, toda la potestativa jurisdicción que Cristo, como cabeza conforme, tuvo en su vida humana. (Denzinger-Hünermann 1054. Clemente VI, Carta Super quibusdam a Mekhitar, 29 de septiembre de 1351)

Pío VI

El Romano Pontífice antecede a todos los obispos y los que lo niegan están condenados

Son condenados los que nieguen que en el bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles, el Romano Pontífice, sucesor suyo, fue por Dios constituido cabeza visible de la Iglesia y vicario de Jesucristo; que le fue entregada plena potestad para regir a la Iglesia y que se le debe verdadera obediencia por todos los que llevan el nombre cristiano, y que tal es la fuerza del primado que por derecho divino obtienen, que antecede a todos los obispos, no sólo por el grado de su honor, sino también por la amplitud de su suprema potestad. (Denzinger-Hünermann 2593. Pío VI, Breve Super soliditate petrae, 28 de noviembre de 1786)

Juan Pablo II

El Sucesor de Pedro debe ser fiel a la voluntad de Cristo en cuanto a su autoridad

Para el sucesor de Pedro no se trata de reivindicar poderes semejantes a los de los dominadores terrenos, de los que habla Jesús (cf. Mt 20, 25-28) sino de ser fiel a la voluntad del Fundador de la Iglesia que ha instituido este tipo de sociedad y este modo de gobernar al servicio de la comunión en la fe y en la caridad. Para responder a la voluntad de Cristo, el sucesor de Pedro deberá asumir y ejercer la autoridad que le ha sido dada con espíritu de humilde servicio y con la finalidad de asegurar la unidad. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 5, 24 de febrero de 1993)

III – ¿La colegialidad anula el primado?

León XIII

Nada se concedió a los Apóstoles independiente de Pedro

Nada ha sido conferido a los apóstoles independientemente de Pedro; muchas cosas han sido conferidas a Pedro aislada e independientemente de los apóstoles. […] Sólo él, en efecto, fue designado por Cristo para fundamento de la Iglesia. A él le fue dado todo el poder de atar y de desatar; a él sólo confió el poder de apacentar el rebaño. Al contrario, todo lo que los apóstoles han recibido en lo que se refiere al ejercicio de funciones y autoridad lo han recibido conjuntamente con Pedro. “Si la divina Bondad ha querido que los otros príncipes de la Iglesia tengan alguna cosa en común con Pedro, lo que no ha rehusado a los demás no se les ha dado jamás sino con él”. “Él solo ha recibido muchas cosas, pero nada se ha concedido a ninguno sin su participación” (San León Magno, Serm. 4, c. 2). (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 37, 29 de junio de 1896)

Concilio Vaticano II

El colegio episcopal no tiene autoridad sino en comunión con el Papa

El Colegio o Cuerpo de los Obispos, por su parte, no tiene autoridad, a no ser que se considere en comunión con el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, como cabeza del mismo, quedando totalmente a salvo el poder primacial de éste sobre todos, tanto pastores como fieles. Porque el Romano Pontífice tiene sobre la Iglesia, en virtud de su cargo, es decir, como Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, plena, suprema y universal potestad, que puede siempre ejercer libremente. (Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen gentium, n. 22, 21 de noviembre de 1964)

Los obispos sólo puede actuar colegiados en unión con su Cabeza

El Sumo Pontífice, como Pastor supremo de la Iglesia, puede ejercer siempre su potestad como le parezca, tal como lo requiere su función. El colegio, en cambio, […] sólo actúa a intervalos con un acto estrictamente colegiado y sólo con el consentimiento de su Cabeza. […] En todo ello queda claro que se trata de la unión de los obispos con su Cabeza y nunca de la acción de los obispos independientemente del Papa. En este caso, al faltar la acción de la Cabeza, los obispos no pueden actuar como colegio, como es evidente a partir de la definición de “colegio”. Esta comunión jerárquica de todos los obispos con el Sumo Pontífice es algo ciertamente arraigado en la Tradición. (Denzinger-Hünermann 4357-4358. Concilio Vaticano II, 123a. Congregación General, 16 de noviembre de 1964: “Notificaciones” y “Notas explicativas previas”)

Pío XII

La jurisdicción episcopal ordinaria es comunicada por el Sumo Pontífice

Los Obispos no solamente han de ser considerados como los principales miembros de la Iglesia universal, como quienes están ligados por un vínculo especialísimo con la Cabeza divina de todo el Cuerpo —y por ello con razón son llamados partes principales de los miembros del Señor—, sino que, por lo que a su propia diócesis se refiere, apacientan y rigen como verdaderos Pastores, en nombre de Cristo, la grey que a cada uno ha sido confiada; pero, haciendo esto, no son completamente independientes, sino que están puestos bajo la autoridad del Romano Pontífice, aunque gozan de jurisdicción ordinaria, que el mismo Sumo Pontífice directamente les ha comunicado. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 18, 29 de junio de 1943)

Juan Pablo II

Prerrogativas del Romano Pontífice sobre los Concilios

La acción pastoral de todos, y especialmente la colegial de todo el Episcopado obtiene la unidad a través del ministerium Petrinum del obispo de Roma. […] Y debemos añadir, también con el Concilio, que, si la potestad colegial sobre toda la Iglesia obtiene su expresión particular en el Concilio ecuménico, es “prerrogativa del Romano Pontífice convocar estos Concilios ecuménicos, presidirlos y confirmarlos” (Lumen gentium, n. 22). Todo, pues, tiene por cabeza al Papa, obispo de Roma, como principio de unidad y de comunión. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 4, 24 de febrero de 1993)

León XIII

Sin la obediencia a Pedro reina la confusión y el desorden

Pero el orden de los obispos no puede ser mirado como verdaderamente unido a Pedro, de la manera que Cristo lo ha querido, sino en cuanto está sometido y obedece a Pedro; sin esto, se dispersa necesariamente en una multitud en la que reinan la confusión y el desorden. Para conservar la unidad de fe y comunión, no bastan ni una primacía de honor ni un poder de dirección; es necesaria una autoridad verdadera y al mismo tiempo soberana, a la que obedezca toda la comunidad. ¿Qué ha querido, en efecto, el Hijo de Dios cuando ha prometido las llaves del reino de los cielos sólo a Pedro? Que las llaves signifiquen aquí el poder supremo; el uso bíblico y el consentimiento unánime de los Padres no permiten dudarlo. Y no se pueden interpretar de otro modo los poderes que han sido conferidos, sea a Pedro separadamente, o ya a los demás apóstoles conjuntamente con Pedro. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 39, 29 de junio de 1896)

Concilio Vaticano I

La potestad episcopal es robustecida por el Pastor supremo y universal

Ahora bien, tan lejos está esta potestad del Sumo Pontífice de dañar a aquella ordinaria e inmediata potestad de jurisdicción episcopal por la que los obispos que, puestos por el Espíritu Santo [cf. Act 20,28], sucedieron a los Apóstoles, apacientan y rigen, como verdaderos pastores, cada uno la grey que le fue designada; que más bien esa misma es afirmada, robustecida y vindicada por el pastor supremo y universal, según aquello de san Gregorio Magno: “Mi honor es el honor de la Iglesia universal. Mi honor es el sólido vigor de mis hermanos. Entonces soy yo verdaderamente honrado, cuando no se niega el honor que a cada uno es debido”. (Denzinger-Hünermann 3061. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, c. 3, 18 de julio de 1870)

IV – ¿Es posible una Iglesia “horizontal”?

León XIII

A la unidad de fe corresponde la unidad de gobierno

Y pues es imposible imaginar una sociedad humana verdadera y perfecta que no esté gobernada por un poder soberano cualquiera, Jesucristo debe haber puesto a la cabeza de la Iglesia un jefe supremo, a quien toda la multitud de los cristianos fuese sometida y obediente. Por esto también, del mismo modo que la Iglesia, para ser una en su calidad de reunión de los fieles, requiere necesariamente la unidad de la fe, también para ser una en cuanto a su condición de sociedad divinamente constituida ha de tener de derecho divino la unidad de gobierno. […] Jesucristo, pues, dio a Pedro a la Iglesia por jefe soberano, y estableció que este poder, instituido hasta el fin de los siglos para la salvación de todos, pasase por herencia a los sucesores de Pedro, en los que el mismo Pedro se sobreviviría perpetuamente por su autoridad. Seguramente al bienaventurado Pedro, y fuera de él a ningún otro, se hizo esta insigne promesa: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. “Es a Pedro a quien el Señor habló; a uno solo, a fin de fundar la unidad por uno solo” (San Paciano, Epist. 3 ad Sempronium, n. 11). (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 24.26, 29 de junio de 1896)

Juan XXIII

En la Iglesia hay unidad de régimen

Como está a la vista de todos, hay en la Iglesia católica unidad de régimen. Porque, así como los fieles cristianos están sujetos a los sacerdotes, y los sacerdotes a los Obispos, a quienes “el Espíritu Santo puso… para regir la Iglesia de Dios”, así también todos los sagrados Pastores y cada uno de ellos se hallan sometidos al Romano Pontífice, como a quien se le ha de reconocer por el sucesor de Pedro. A él, Cristo Nuestro Señor lo constituyó piedra fundamental de su Iglesia, y a él sólo, peculiarmente, le concedió la potestad de atar y de desatar, sin restricción, sobre la tierra, de confirmar a sus hermanos y de apacentar el rebaño todo. (Juan XXIII. Encíclica Ad Petri Cathedram, 29 de junio de 1959)

Pío VI

Es un error insinuar que en la Iglesia todos tienen la misma potestad

Es más de deplorar la precipitada y ciega temeridad de un hombre que … [los siguientes errores] se ha empeñado en renovare insinuado con muchos rodeos: que cualquier obispo está por Dios llamado no menos que el papa para el gobierno de la Iglesia y no está dotado de menos potestad que él; que Cristo dio por sí mismo el mismo poder a todos los Apóstoles; que cuanto algunos crean que sólo puede obtenerse y concederse por el Pontífice, ora penda de la consagración ora de la jurisdicción eclesiástica, lo mismo puede igualmente obtenerse de cualquier obispo; que quiso Cristo que su Iglesia fuera administrada a modo de república; que a este régimen le es necesario un presidente por el bien de la unidad, pero que no se atreva a meterse en los asuntos de los otros que juntamente con él mandan. (Denzinger-Hünermann 2593-2595. Pío VI, Breve Super soliditate petrae, 28 de noviembre de 1786)

Congregación para la Doctrina de la Fe

El ministerio petrino difiere en su esencia de los gobiernos humanos

El ejercicio del ministerio petrino —para que “no pierda su autenticidad y transparencia”— debe entenderse a partir del Evangelio, o sea, de su esencial inserción en el misterio salvífico de Cristo y en la edificación de la Iglesia. El Primado difiere en su esencia y en su ejercicio de los oficios de gobierno vigentes en las sociedades humanas: no es un oficio de coordinación o de presidencia, ni se reduce a un Primado de honor, ni puede concebirse como una monarquía de tipo político. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Consideraciones El Primado del Sucesor de Pedro en el misterio de la Iglesia, n. 7, 31 de octubre de 1998)

León XIII

Una primacía apenas de honor es incapaz de garantizar la unidad y solidez

El papel de Pedro es, pues, el de soportar a la Iglesia y mantener en ella la conexión y la solidez de una cohesión indisoluble. Pero ¿cómo podría desempeñar ese papel si no tuviera el poder de mandar, defender y juzgar; en una palabra: un poder de jurisdicción propio y verdadero? Es evidente que los Estados y las sociedades no pueden subsistir sin un poder de jurisdicción. Una primacía de honor, o el poder tan modesto de aconsejar y advertir que se llama poder de dirección, son incapaces de prestar a ninguna sociedad humana un elemento eficaz de unidad y de solidez. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 26, 29 de junio de 1896)

Benedicto XVI

La Iglesia no es lugar de anarquía, sino un organismo con estructura cuyo origen remonta a Dios mismo

En efecto, la Iglesia no es un lugar de confusión y anarquía, donde uno puede hacer lo que quiera en cada momento: en este organismo, con una estructura articulada, cada uno ejerce su ministerio según la vocación recibida. […] Las normas que la regulan derivan, en última instancia, de Dios mismo. El Padre envió a Jesucristo, quien a su vez mandó a los Apóstoles. Estos, luego, mandaron a los primeros jefes de las comunidades y establecieron que a ellos les sucedieran otros hombres dignos. Por tanto, todo procede “ordenadamente por voluntad de Dios” (San Clemente Romano. Carta a los corintios, n. 42). (Benedicto XVI. Audiencia general, 7 de marzo de 2007)

Pío XII

En la Iglesia no puede haber “autonomía de gobierno”

La Iglesia Católica en vuestra Nación, como en todas las demás, no podrá ser regida con autonomía de gobierno, como hoy usa decirse. En efecto, también entonces, como bien sabéis, será absolutamente necesario que vuestra comunidad cristiana, si quiere formar parte de la sociedad que ha sido divinamente fundada por nuestro Redentor, se someta totalmente al Sumo Pontífice, Vicario de Jesucristo en la tierra y con él estrechamente unida, por cuanto se refiere a la fe religiosa y a la moral. Con estas palabras —conviene observar— se abraza toda la vida y la obra de la Iglesia; y por lo tanto, también su constitución, su gobierno y su disciplina; las cuales cosas, todas dependen ciertamente de la voluntad de Jesucristo, fundador de la Iglesia. (Pío XII. Encíclica Ad sinarum gentes, n. 8, 7 de octubre de 1954)

Juan Pablo II

La limitación de la potestad pontificia no es conforme a Cristo

Habían existido intentos de reducir la potestad del Romano Pontífice a un cargo de inspección o de dirección. Algunos habían propuesto que el Papa fuese simplemente un árbitro en los conflictos entre las Iglesias locales, o diese solamente una dirección general a las actividades autónomas de las Iglesias y de los cristianos, con consejos y exhortaciones. Pero esta limitación no estaba conforme con la misión conferida por Cristo a Pedro. Por ello el Concilio Vaticano I subraya la plenitud del poder papal, y define que no basta reconocer que el Romano Pontífice tiene la parte principal: se debe admitir en cambio que él “tiene toda la plenitud de esa potestad suprema” (DS 3064). (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 2, 24 de febrero de 1993)

Concilio Vaticano I

Trastorna la forma de régimen instituida por Cristo quien se opone al primado de jurisdicción de Pedro

Enseñamos, pues, y declaramos que, según los testimonios del Evangelio, el primado de jurisdicción sobre la Iglesia universal de Dios fue prometido y conferido inmediata y directamente al bienaventurado Pedro por Cristo Nuestro Señor. […] A esta tan manifiesta doctrina de las sagradas Escrituras, como ha sido siempre entendida por la Iglesia católica, se oponen abiertamente las torcidas sentencias de quienes, trastornando la forma de régimen instituida por Cristo Señor en su Iglesia, niegan que sólo Pedro fuera provisto por Cristo del primado de jurisdicción verdadero y propio, sobre los demás Apóstoles, ora aparte cada uno, ora todos juntamente. Igualmente se oponen los que afirman que ese primado no fue otorgado inmediata y directamente al mismo bienaventurado Pedro, sino a la Iglesia, y por medio de ésta a él, como ministro de la misma Iglesia. (Denzinger-Hünermann 3053-3054. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, c. 1, 18 de julio de 1870)

Condenación a los que disminuyen la potestad de régimen del Papa

Si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene sólo deber de inspección y dirección, pero no plena y suprema potestad de jurisdicción sobre la Iglesia universal, no sólo en las materias que pertenecen a la fe y a las costumbres, sino también en las de régimen y disciplina de la Iglesia difundida por todo el orbe, o que tiene la parte principal, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata, tanto sobre todas y cada una de las Iglesias, como todos y cada uno de los pastores y de los fieles, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 3064. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, c. 3, 18 de julio de 1870)

Pío X

La ilusión modernista de una Iglesia más horizontal

[Los modernistas] andan clamando que el régimen de la Iglesia se ha de reformar en todos sus aspectos, pero principalmente en el disciplinar y dogmático, y, por lo tanto, que se ha de armonizar interior y exteriormente con lo que llaman conciencia moderna, que íntegramente tiende a la democracia; por lo cual, se debe conceder al clero inferior y a los mismos laicos cierta intervención en el gobierno y se ha de repartir la autoridad, demasiado concentrada y centralizada. Las Congregaciones romanas deben asimismo reformarse, y principalmente las llamadas del Santo Oficio y del Índice. Pretenden asimismo que se debe variar la influencia del gobierno eclesiástico en los negocios políticos y sociales, de suerte que, al separarse de los ordenamientos civiles, sin embargo, se adapte a ellos para imbuirlos con su espíritu. En la parte moral hacen suya aquella sentencia de los americanistas: que las virtudes activas han de ser antepuestas a las pasivas, y que deben practicarse aquéllas con preferencia a éstas. Piden que el clero se forme de suerte que presente su antigua humildad y pobreza, pero que en sus ideas y actuación se adapte a los postulados del modernismo. Hay, por fin, algunos que, ateniéndose de buen grado a sus maestros protestantes, desean que se suprima en el sacerdocio el celibato sagrado. ¿Qué queda, pues, intacto en la Iglesia que no deba ser reformado por ellos y conforme a sus opiniones? (Pío X. Encíclica Pascendi dominici gregis, n. 37, 8 de septiembre de 1907)


Print Friendly, PDF & Email