51 – ¿Hacer la Primera Comunión significa entrar en comunión con todos aquellos que pertenecen a comunidades diversas pero creen en Jesús?

Pocas escenas son tan conmovedoras y nos hacen volver tanto a los tiempos de nuestra inocencia como la de un grupo de niños que hace su primera comunión. Pocos días antes, el sacramento de la penitencia, tomado a veces con más seriedad que muchos adultos, purificaba, si es que era necesario, sus almas y las dejaba blancas como en el día del bautismo para que Jesús las encontrase más semejantes a Él. Cuando han sido bien preparados, la llegada de ese día crea una enorme expectativa entre los pequeñuelos que trasparece en sus ojos atentos, en su sorprendente recogimiento y en las oraciones que formulan en el silencio de su inocente corazón.

Finalmente, los inocentes se presentan ante el altar para recibir en el más grande de los sacramentos a su Rey y Señor que viene a habitar sus almas e iniciar con ellos una profunda relación de amistad que, con la gracia, podrá extenderse por toda la vida y culminará en la eternidad.

Ese día que todos los católicos recordamos con verdadera emoción es acompañado por abundantes gracias del cielo marcando profundamente la presencia inefable del propio Dios por primera vez en nuestro interior.

¿Será posible interpretar esta incomparable manifestación de la misericordia de Dios con un extraño sentido, aparentemente lejano al que tiene de verdad, adulterando el concepto de la recepción del cuerpo y de la sangre del Señor? Estemos atentos para no olvidar ni desvirtuar el verdadero sentido de lo que pasó el día de nuestra primera comunión… y se repite todos los días que estamos preparados y lo deseamos.

Francisco

Cita A

Se dice que no se puede hablar de cosas personales, pero no resisto la tentación. Estamos hablando de comunión… comunión entre nosotros. Y hoy estoy muy agradecido al Señor porque hoy son 70 años desde que hice la primera comunión. Pero hacer la primera comunión todos debemos saber que significa entrar en comunión con los demás, en comunión con los hermanos de nuestra Iglesia, pero también en comunión con todos los que pertenecen a comunidades diversas pero creen en Jesús. Agradezcamos al Señor por nuestro bautismo, agradezcamos al Señor por nuestra comunión, y para que esta comunión termine siendo de todos, juntos. (Audiencia General, 8 de octubre de 2014)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I- ¿Qué es la Eucaristía?

Sagradas Escrituras
-Jesús declara que es el pan de la vida
-El que recibe la Eucaristía tiene la vida eterna
-En la última cena Jesús instituye el sacramento de su cuerpo y de su sangre

Catecismo Romano
-La Eucaristía es misterio de la fe y verdadero sacramento

Catecismo Mayor de San Pío X
-Admirable conversión del pan y del vino en el cuerpo de Jesucristo

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica
-El verdadero signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual

Santo Tomás de Aquino
-El más importante de los sacrificios

Concilio de Trento
-En la consagración el Señor se hace presente bajo las especies eucarísticas

Inocencio III
-Apariencia y sustancia distintas

San Agustín
-El sacrificio del altar se perpetúa en obediencia a Cristo
-Una verdad predicada por la Iglesia hace siglos debe ser creída

Benedicto XVI
-La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucarística

Santo Tomás de Aquino
-Sacramento confirmado por las palabras del Salvador

II- Verdaderos efectos de la recepción de la Eucaristía y la unidad eclesial que produce

Sagradas Escrituras
-A través de la Eucaristía Jesús habita en nosotros

Benedicto XVI
-Cristo viene al encuentro del hombre y se convierte en su alimento

Catecismo de la Iglesia Católica
-Fundamento de la vida en Cristo

San Juan Crisóstomo
-Altísimo sacramento que nos une estrechamente a Jesús

Catecismo Romano
-Unidad sacramental que corresponde a la unidad del cuerpo místico

Juan Pablo II
-La Eucaristía es el culmen de la asimilación a Cristo
-En este banquete se crea una comunión íntima entre Dios y el hombre

Santo Tomás de Aquino
-Quién recibe este Sacramento está unido a Cristo e incorporado a sus miembros
-La fe eucarística hace que los hijos de la Iglesia se unan mutuamente

Catecismo de la Iglesia Católica
-La Eucaristía realiza la unidad de los verdaderos creyentes

Benedicto XVI
-Sacramento que está en las raíces de la Iglesia como misterio de comunión

San Agustín
-Constituidos miembros de Cristo, seamos lo que recibimos
-Los que no perseveraran en una vida santa serán apartados de este pan

III- Los herejes no forman parte del Cuerpo Místico de Cristo

Pío XI
-Prohibición de todo trato con los que no profesan la verdadera doctrina

León XIII
-Los miembros separados del Cuerpo Místico no pueden estar unidos a la cabeza
-La Iglesia expulsa de su seno a los que no piensan como ella

Pío IX
-Necesidad de anatemizar a los que se apartan de la fe de Cristo

Pío XII
-Los herejes están fuera del Cuerpo Místico de Cristo

IV- Verdades proclamadas por la Iglesia acerca de la fe eucarística

San Agustín
-Se recibe dignamente la Eucaristía si se huye de la falsa doctrina

San Antonio de Padua
-Es necesario creer firmemente en la Eucaristía y confesarla con la boca

Catecismo Romano
-Ningún cristiano debe ignorar os misterios ocultos en la Eucaristía

Concilio de Trento
-La negación de la verdad de la carne y sangre de Cristo es indignísima infamia

San Agustín
-Es propio del error interpretar inútilmente los signos

Concilio de Trento
-Sacramento instituido con la finalidad de mantener una unidad sin escisiones
-Negar la sustancia de la Eucaristía es precipitarse en el estado de excomunión
-Los fieles están prohibidos de creer, enseñar o predicar acerca de la Eucaristía de modo distinto al proclamado por la Iglesia

Sagradas Escrituras
-Habéis visto y no creéis
-Hay algunos de entre vosotros que no creen
-No se puede enseñar algo distinto de lo que Cristo predicó

I- ¿Qué es la Eucaristía?

 Sagradas Escrituras

  • Jesús declara que es el pan de la vida

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo. (Jn 6, 48-51) 

  • El que recibe la Eucaristía tiene la vida eterna

En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. (Jn 6, 53-55) 

  • En la última cena Jesús instituye el sacramento de su cuerpo y de su sangre

Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: “Tomad, comed: esto es mi cuerpo”. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo: “Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.”(Mt 26, 26-28)

Catecismo Romano

  • La Eucaristía es misterio de la fe y verdadero sacramento

La Eucaristía es uno de los siete sagrados misterios reconocidos y venerados siempre en la Iglesia como verdaderos y propios sacramentos. En la consagración del cáliz se dice expresamente: “misterio de fe”. (Catecismo Romano. Parte II, cap. III, IV)

Catecismo Mayor de San Pío X

  • Admirable conversión del pan y del vino en el cuerpo de Jesucristo

La Eucaristía es un sacramento en el cual, por la admirable conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo de Jesucristo y de toda la sustancia del vino en su preciosa sangre, se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del mismo Jesucristo Señor nuestro, bajo las especies del pan y del vino, para nuestro mantenimiento espiritual. (Catecismo Mayor de San Pío X. Cap. IV, n. 598) 

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

  • El verdadero signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual

La Eucaristía es el sacrificio mismo del cuerpo y de la sangre del Señor Jesús, que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la Cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su muerte y resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual, en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 271)

Santo Tomás de Aquino

  • El más importante de los sacrificios

¿Por qué fue oportuna la institución de la Eucaristía?
Fue oportuna la institución de este sacramento en la cena en que Cristo se reunió por última vez con sus discípulos. Primero, por el contenido de este sacramento. Porque en la Eucaristía está contenido sacramentalmente el mismo Cristo. […] Segundo, porque sin la fe en la pasión de Cristo no pudo haber nunca salvación, como se dice en Rm 3, 25: A quien Dios puso como propiciador por la fe en su sangre. De ahí que en todo tiempo haya habido entre los hombres alguna cosa que representase esta pasión del Señor. […] Así pues, porque, como dice el Papa Alejandro, entre todos los sacrificios ninguno puede haber más importante que el del cuerpo y la sangre de Cristo, ni ninguna oblación mejor que ésta, por eso y para que le tengamos en mayor veneración, el Señor instituyó este sacramento en el momento de separarse de sus discípulos. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica III, q. 73, a. 5)

Concilio de Trento

  • En la consagración el Señor se hace presente bajo las especies eucarísticas

Esta fue siempre la fe de la Iglesia de Dios: que inmediatamente después de la consagración está el verdadero cuerpo de nuestro Señor y su verdadera sangre juntamente con su alma y divinidad bajo la apariencia del pan y del vino. […] Por lo cual es de toda verdad que lo mismo se contiene bajo una de las dos especies que bajo ambas especies. Porque Cristo, todo íntegro, está bajo la especie del pan y bajo cualquier parte de la misma especie, y todo igualmente está bajo la especie de vino y bajo las partes de ella. (Denzinger-Hünermann 1640. Concilio de Trento, 13ª sesión, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551)

Inocencio III

  • Apariencia y sustancia distintas

Dícese, sin embargo, “misterio de la fe”, porque allí [en la Eucaristía] se cree otra cosa de la que se ve y se ve otra cosa de la que se cree. Porque se ve la apariencia de pan y vino y se cree la verdad de la carne y de la sangre de Cristo, y la virtud de la unidad y de la caridad. Hay que distinguir, sin embargo, sutilmente entre las tres cosas distintas que hay en este sacramento: la forma visible, la verdad del cuerpo y la virtud espiritual. La forma es la del pan y el vino; la verdad, la de la carne y la sangre; la virtud, la de la unidad y la caridad. (Denzinger-Hünermann 782. De la Carta Cum Marthae circa a Juan, arzobispo de Lyon, 29 de noviembre de 1202)

San Agustín

  • El sacrificio del altar se perpetúa en obediencia a Cristo

Así, pues, Cristo nuestro Señor, que en su pasión ofreció por nosotros lo que había tomado de nosotros en su nacimiento, constituido príncipe de los sacerdotes para siempre, ordenó que se hiciera el sacrificio que estáis viendo, el de su cuerpo y su sangre. En efecto, de su cuerpo, herido por la lanza, brotó agua y sangre, mediante la cual borró los pecados del mundo. Recordando esta gracia al hacer realidad vuestra salvación, puesto que es Dios quien la realiza en vosotros, acercaos con temor y temblor a participar de este altar. Reconoced en el pan lo que colgó del madero, y en el cáliz lo que manó del costado. (San Agustín. Sermón 228 B: Los Sacramentos Pascuales, n. 2)

  • Una verdad predicada por la Iglesia hace siglos debe ser creída

Aunque la razón fuera incapaz de comprender y la palabra impotente para expresar una realidad, sería necesario considerar verdadero lo que desde toda la antigüedad cree y predica la verdadera fe católica en toda la Iglesia. (San Agustín. Réplica a Juliano, libro 6, cap. 5, n. 11) 

Benedicto XVI

  • La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucarística

“Este es el Misterio de la fe”. Con esta expresión, pronunciada inmediatamente después de las palabras de la consagración, el sacerdote proclama el misterio celebrado y manifiesta su admiración ante la conversión sustancial del pan y el vino en el cuerpo y la sangre del Señor Jesús, una realidad que supera toda comprensión humana. En efecto, la Eucaristía es “misterio de la fe” por excelencia: “es el compendio y la suma de nuestra fe”. La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucarística y se alimenta de modo particular en la mesa de la Eucaristía. […] Por eso, el Sacramento del altar está siempre en el centro de la vida eclesial; “gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo”. Cuanto más viva es la fe eucarística en el pueblo de Dios, tanto más profunda es su participación en la vida eclesial a través de la adhesión consciente a la misión que Cristo ha confiado a sus discípulos. (Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis, n. 6, 22 de Febrero de 2007) 

Santo Tomás de Aquino

  • Sacramento confirmado por las palabras del Salvador

No hay lugar a dudas sobre la realidad de la carne y de la sangre de Cristo. Nuestro Señor enseña y nuestra fe acepta que ahora su carne es verdadera comida y su sangre es verdadera bebida. Y San Ambrosio en el VI De Sacramentes afirma: Como el Señor Jesucristo es verdadero Hijo de Dios, así es verdadera carne de Cristo la que nosotros recibimos y es verdadera su sangre. Que en este sacramento está el verdadero cuerpo de Cristo y su sangre, no lo pueden verificar los sentidos, sino la sola fe, que se funda en la autoridad divina. Por lo que acerca de las palabras de Lc 22,19: Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros, dice San Cirilo: No dudes de que esto sea verdad, sino recibe con fe las palabras del Salvador, ya que, siendo la verdad, no miente. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica III, q. 75, a. 1) 

II- Verdaderos efectos de la recepción de la Eucaristía y la unidad eclesial que produce 

Sagradas Escrituras

  • A través de la Eucaristía Jesús habita en nosotros

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. (Jn 6, 56-57)

Benedicto XVI

  • Cristo viene al encuentro del hombre y se convierte en su alimento

En el sacramento del altar, el Señor viene al encuentro del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 27), acompañándole en su camino. En efecto, en este sacramento el Señor se hace comida para el hombre hambriento de verdad y libertad. Puesto que sólo la verdad nos hace auténticamente libres (cf. Jn 8, 36), Cristo se convierte para nosotros en alimento de la Verdad. (Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis, n. 2, 22 de febrero de 2007)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • Fundamento de la vida en Cristo

La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús. En efecto, el Señor dice: “Quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él” (Jn 6, 56). La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico: “Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí” (Jn 6, 57). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1391)

San Juan Crisóstomo

  • Altísimo sacramento que nos une estrechamente a Jesús

Lo que contemplan los ángeles temblando, lo que no se atreven a mirar sin temor cara a cara por el resplandor que de allí irradia, de eso nos alimentamos. Con eso nos unimos estrechamente, y venimos a ser con Cristo un solo cuerpo y una sola carne. […] Él mismo nos alimenta con propia sangre y por todos los medios nos une estrechamente consigo. (San Juan Crisóstomo. Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía 82, n. 6)

Catecismo Romano

  • Unidad sacramental que corresponde a la unidad del cuerpo místico

Aunque sean dos los elementos —el pan y el vino— que constituyen integralmente el sacramento de la Eucaristía, no por ello debe deducirse que son dos sacramentos. Es uno solo, como enseña la autoridad de la Iglesia. […] Esta unidad del sacramento corresponde plenamente al efecto que produce: la gracia, que une a todos los fieles en el único cuerpo místico de Cristo. (Catecismo Romano. Parte II, Cap. III, IV, B)

Juan Pablo II

  • La Eucaristía es el culmen de la asimilación a Cristo

La participación sucesiva en la Eucaristía, sacramento de la nueva alianza (cf. 1 Co 11, 23-29), es el culmen de la asimilación a Cristo. (Juan Pablo II. Encíclica Veritatis Splendor, n. 21, 6 de agosto de 1993) 

  • En este banquete se crea una comunión íntima entre Dios y el hombre

“Nos hemos convertido en Cristo. En efecto, si él es la cabeza y nosotros sus miembros, el hombre total es él y nosotros”. Estas atrevidas palabras de San Agustín exaltan la comunión íntima que, en el misterio de la Iglesia, se crea entre Dios y el hombre, una comunión que, en nuestro camino histórico, encuentra su signo más elevado en la Eucaristía. Los imperativos: “Tomad y comed… bebed…” (Mt 26, 26-27) que Jesús dirige a sus discípulos en la sala del piso superior de una casa de Jerusalén, la última tarde de su vida terrena (cf. Mc 14, 15), entrañan un profundo significado. Ya el valor simbólico universal del banquete ofrecido en el pan y en el vino (cf. Is 25, 6), remite a la comunión y a la intimidad. Elementos ulteriores más explícitos exaltan la Eucaristía como banquete de amistad y de alianza con Dios. (Juan Pablo II. Audiencia General, n. 1, 18 de octubre de 2000)

Santo Tomás de Aquino

  • Quién recibe este Sacramento está unido a Cristo e incorporado a sus miembros

En este sacramento, como en los otros, lo que es sacramento es signo de lo que es la cosa producida por el sacramento. Ahora bien, la cosa producida por este sacramento es doble, como se ha dicho ya. Una, significada y contenida en el sacramento, y que es el mismo Cristo. Otra, significada y no contenida, y que es el cuerpo místico de Cristo: la sociedad de los santos. Por tanto, quienquiera que recibe este sacramento, por el mero hecho de hacerlo, significa que está unido a Cristo e incorporado a sus miembros. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica III, q. 80, a. 4)

  • La fe eucarística hace que los hijos de la Iglesia se unan mutuamente

Este sacramento tiene un triple significado. Uno, con respecto al pasado, en cuanto que es conmemoración de la pasión del Señor, que fue un verdadero sacrificio, como se ha dicho ya. En este sentido se le llama sacrificio. El segundo, con respecto al presente, y es la unidad eclesial, en la que los hombres quedan congregados por este sacramento. Y, en este sentido, se le denomina communio o synaxis. Y así, dice San Juan Damasceno en el IV libro que se la llama comunión porque por ella comulgamos con Cristo, por ella participamos de su carne y de su divinidad, y por ella comulgamos y nos unimos mutuamente. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica III, q. 73, a. 4)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • La Eucaristía realiza la unidad de los verdaderos creyentes

La Iglesia es “comunión de los santos”: esta expresión designa primeramente las “cosas santas” (sancta), y ante todo la Eucaristía, “que significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo”. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 960)

Benedicto XVI

  • Sacramento que está en las raíces de la Iglesia como misterio de comunión

La antigüedad cristiana designó con las mismas palabras Corpus Christi el Cuerpo nacido de la Virgen María, el Cuerpo eucarístico y el Cuerpo eclesial de Cristo. Este dato, muy presente en la tradición, ayuda a aumentar en nosotros la conciencia de que no se puede separar a Cristo de la Iglesia. El Señor Jesús, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio por nosotros, anunció eficazmente en su donación el misterio de la Iglesia. Es significativo que en la segunda plegaria eucarística, al invocar al Paráclito, se formule de este modo la oración por la unidad de la Iglesia: “que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo”. Este pasaje permite comprender bien que la res del Sacramento eucarístico incluye la unidad de los fieles en la comunión eclesial. La Eucaristía se muestra así en las raíces de la Iglesia como misterio de comunión. (Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis, n. 15, 22 de Febrero de 2007)

San Agustín

  • Constituidos miembros de Cristo, seamos lo que recibimos

La Eucaristía, en consecuencia, es nuestro pan de cada día. Pero si lo recibimos no solo en el estómago, sino también en el espíritu. El fruto que se entiende que él produce es la unidad, a fin de que, integrados en su cuerpo, constituidos miembros suyos, seamos lo que recibimos. Entonces será efectivamente nuestro pan de cada día. (San Agustín. Sermón 57, La entrega del Padrenuestro, n. 7) 

  • Los que no perseveraran en una vida santa serán apartados de este pan

Danos hoy nuestro pan de cada día: estas palabras se entienden asimismo perfectamente referidas a la Eucaristía, el alimen­to de cada día. En efecto, los ya bautizados saben qué reciben y que para ellos es un bien recibir este pan de cada día, necesario para esta vida. Piden por sí mismos a fin de llegar a ser buenos y perseverar en la bondad, en la fe y en la vida santa. Esto desean, esto piden, pues si no perseveraran en la vida santa serán apartados de aquel pan. Por tanto, ¿qué significa: Danos hoy nuestro pan de cada día? Vivamos de tal modo que no seamos apartados de tu altar. (San Agustín. Sermón 58: La entrega del Padrenuestro, n. 5)

III- Los herejes no forman parte del Cuerpo Místico de Cristo

 Pío XI

  • Prohibición de todo trato con los que no profesan la verdadera doctrina

Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto ‘Amaos unos a los otros’, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesaran, íntegra y pura, la doctrina de Jesucristo: ‘Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis’ (2 Juan 10)”. (Encíclica Mortalium animos, n. 9, de 6 de enero de 1928)

León XIII

  • Los miembros separados del Cuerpo Místico no pueden estar unidos a la cabeza

Los miembros separados y dispersos no pueden unirse a una sola y misma cabeza para formar un solo cuerpo. Pues San Pablo dice: «Todos los miembros del cuerpo, aunque numerosos, no son sino un solo cuerpo: así es Cristo». Y es por esto por lo que nos dice también que este cuerpo está unido y ligado. «Cristo es el jefe, en virtud del que todo el cuerpo, unido y ligado por todas sus coyunturas que se prestan mutuo auxilio por medio de operaciones proporcionadas a cada miembro, recibe su acrecentamiento para ser edificado en la caridad». Así, pues, si algunos miembros están separados y alejados de los otros miembros, no podrán pertenecer a la misma cabeza como el resto del cuerpo. (Encíclica Satis cognitum, n. 9, 26 de junio de 1896) 

  • La Iglesia expulsa de su seno a los que no piensan como ella

Cuidadosa de su deber, la Iglesia nada ha deseado con tanto ardor ni procurado con tanto esfuerzo cómo conservar del modo más perfecto la integridad de la fe. Por esto ha mirado como a rebeldes declarados y ha lanzado de su seno a todos los que no piensan como ella sobre cualquier punto de su doctrina. (Encíclica Satis cognitum, n. 17, 26 de junio de 1896) 

Pío IX

  • Necesidad de anatemizar a los que se apartan de la fe de Cristo

Ya desde el origen de la Iglesia naciente, conviniendo que la fe de los elegidos fuera probada como el oro en el fuego, el Apóstol, vaso de elección, quiso advertir a los fieles, que si alguno se levantare de los que alteran y trastornan el Evangelio de Cristo, diseminando falsas doctrinas y haciendo traición al depósito de la fe, aunque fuera un ángel el que evangelizara otra cosa que lo evangelizado, era preciso anatematizarlo. (Carta apostólica Ad Apostolicae Sedis, de 22 de agosto de 1851)

Pío XII

  • Los herejes están fuera del Cuerpo Místico de Cristo

Porque la infinita misericordia de nuestro Redentor no niega ahora un lugar en su Cuerpo místico a quienes en otro tiempo no negó la participación en el convite. Puesto que no todos los pecados, aunque graves, separan por su misma naturaleza al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hacen el cisma, la herejía o la apostasía. (Denzinger-Hünermann 3803. Pío XII, Encíclica Mystici Corporis, n.46, de 29 de junio de 1943) 

IV- Verdades proclamadas por la Iglesia acerca de la fe eucarística

 San Agustín

  • Se recibe dignamente la Eucaristía si se huye de la falsa doctrina

Recibid, pues, y comed el cuerpo de Cristo, transformados ya vosotros mismos en miembros de Cristo en el cuerpo de Cristo; recibid y bebed la sangre de Cristo. Para no desintegraros, comed el vínculo que os une; no os estiméis en poco, bebed vuestro precio. […] Si tenéis vida en él, seréis una sola carne con él. En efecto, este sacramento no recomienda el cuerpo de Cristo en forma que os separe de él. […] Comenzáis, pues, a recibir lo que ya habéis empezado a ser si no lo recibís indignamente para no comer y beber vuestra condenación. […] Lo recibís dignamente si os guardáis del fermento de la doctrina falsa, de forma que seáis panes ácimos de sinceridad y de verdad. (San Agustín. Sermón 228 B, Los Sacramentos Pascuales, n. 3-5) 

San Antonio de Padua

  • Es necesario creer firmemente en la Eucaristía y confesarla con la boca

Es lo que hace hoy la iglesia universal, para la cual Cristo preparó hoy en el monte Sión un banquete espléndido y suntuoso, con una doble riqueza: interior y exterior, y abundante. Les dio su verdadero cuerpo, rico en todo poder espiritual y cebado con la caridad interior y exterior; y mandó que fuera dado también a los que creerían en El.
Por eso se debe creer firmemente y confesar con la boca, que aquel cuerpo, que la Virgen dio a luz, que colgó de la cruz, que yació en el sepulcro, que resucitó el tercer día y que subió al cielo a la derecha del Padre, El, hoy, realmente lo dio a los apóstoles; y la iglesia todos los días lo consagra y lo distribuye a sus fieles. (San Antonio de Padua. Sermón en la cena del Señor (jueves santo): Segundo sermón alegórico, n. 6) 

Catecismo Romano

  • Ningún cristiano debe ignorar los misterios ocultos en la Eucaristía

Y procedamos ya a declarar y desentrañar los divinos misterios ocultos en la Eucaristía, que en modo alguno debe ignorar ningún cristiano. San Pablo dijo que cometen grave delito quienes no distinguen el cuerpo del Señor. Esforcémonos, pues, en elevar nuestro espíritu sobre las percepciones de los sentidos, porque, si llegáramos a creer que no hay otra cosa en la Eucaristía más que lo que sensiblemente se percibe, cometeríamos un gravísimo pecado. En realidad, los ojos, el tacto, el olfato y el gusto, que sólo perciben la apariencia del pan y del vino, juzgarán que sólo a esto se reduce la Eucaristía. Los creyentes, superando estos datos de los sentidos, hemos de penetrar en la visión de la inmensa virtud y poder de Dios, que ha obrado en este sacramento tres admirables misterios, cuya grandeza profesa la fe católica. El primero es que en la Eucaristía se contiene el verdadero cuerpo de Nuestro Señor, el mismo cuerpo que nació de la Virgen y que está sentado en los cielos a la diestra de Dios Padre. El segundo, que en la Eucaristía no se conserva absolutamente nada de la substancia del pan y del vino, aunque el testimonio de los sentidos parezca asegurarnos lo contrario. Por último — y esto es consecuencia de los dos anteriores, y lo expresa claramente la fórmula misma de la consagración — que, por acción prodigiosa de Dios, los accidentes del pan y del vino, percibidos por los sentidos, quedan sin sujeto natural. […] Su propia substancia de tal modo se convierte en el cuerpo y sangre de Cristo, que deja de ser definitivamente substancia de pan y de vino. (Catecismo Romano. Parte II, Cap. III, VI)

Concilio de Trento

  • La negación de la verdad de la carne y sangre de Cristo es indignísima infamia

Primeramente enseña el santo Concilio, y abierta y sencillamente confiesa, que en el augusto sacramento de la Eucaristía, después de la consagración del pan y del vino, se contiene verdadera, real y sustancialmente Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo la apariencia de aquellas cosas sensibles. […] Es infamia verdaderamente indignísima que algunos hombres litigiosos y perversos las desvíen a figuras ficticias e imaginarias, por los que se niega la verdad de la carne y sangre de Cristo, contra el universal sentir de la Iglesia, que, como “columna y sostén de la verdad” (1 Tim 3, 15), detesto por satánicas estas invenciones excogitadas por hombres impíos, a la par que reconocía siempre con gratitud y recuerdo este insigne beneficio de Cristo. (Denzinger-Hünermann 1636. Concilio de Trento, 13ª sesión, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551)

San Agustín

  • Es propio del error interpretar inútilmente los signos

Es esclavo de los signos el que hace o venera alguna cosa significativa, ignorando lo que signifique. El que hace o venera algún signo útil instituido por Dios, entendiendo su valor y significación, no adora lo que se ve y es transitorio, sino más bien aquello a que se han de referir todos estos signos. […] Mas en este tiempo, cuando por la resurrección de nuestro Señor Jesucristo brilló clarísimo el signo de nuestra libertad, no estamos ya oprimidos con el grave peso de aquellos signos cuya inteligencia tenemos, sino que el mismo Señor y la enseñanza apostólica nos transmitieron unos pocos entre tantos antiguos, y estos facilísimos de cumplir, sacratísimos en su significación y purísimos en su observancia, como son el sacramento del bautismo y la celebración del cuerpo y la sangre del Señor. Cualquiera que los recibe bien instruido sabe a qué se refiere, de modo que no los venera con carnal servidumbre, sino más bien con la libertad espiritual. Así como seguir materialmente la letra y tomar los signos por las cosas que significan denota debilidad servil, así interpretar inútilmente los signos es propio del error miserablemente libre. […] Mejor es verse agobiado por signos desconocidos pero útiles, que no, interpretándolos inútilmente, enredar en los lazos del error la cerviz que salió del yugo de la servidumbre. (San Agustín. Sobre la doctrina cristiana. Lib. 3, cap. 9, n. 13) 

Concilio de Trento

  • Sacramento instituido con la finalidad de mantener una unidad sin escisiones

Quiso también que fuera prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad, y juntamente símbolo de aquel solo cuerpo, del que es Él mismo la cabeza (cf. 1 Cor 11, 3; Ef 5, 23) y con el que quiso que nosotros estuviéramos, como miembros, unidos por la más estrecha conexión de la fe, la esperanza y la caridad, a fin de que todos dijéramos una misma cosa y no hubiera entre nosotros escisiones (cf. 1 Cor 1, 10). (Denzinger-Hünermann 1638. Concilio de Trento, 13ª sesión, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551) 

  • Negar la sustancia de la Eucaristía es precipitarse en el estado de excomunión

Si alguno negare que en el santísimo sacramento de la Eucaristía se contienen verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por ende, Cristo entero; sino que dijere que solo está en él como en señal y figura o por su eficacia: sea anatema. […] Si alguno pretendiere enseñar, predicar o pertinazmente afirmar, o también públicamente disputando defender lo contrario, por el mismo hecho quede excomulgado. (Denzinger-Hünermann 1651; 1661. Concilio de Trento, 13ª sesión, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551) 

  • Los fieles están prohibidos de creer, enseñar o predicar acerca de la Eucaristía de modo distinto al proclamado por la Iglesia

El sacrosanto, ecuménico y universal Concilio de Trento […] ya desde el principio tuvo por uno de sus principales deseos arrancar de raíz la cizaña de los execrables errores y cismas que el hombre enemigo sembró (cf. Mt 13, 25) en estos calamitosos tiempos nuestros por encima de la doctrina de la fe, y el uso y culto de la Sacrosanta Eucaristía, la que por otra parte dejó nuestro Salvador en su Iglesia como símbolo de su unidad y caridad, con la que quiso que todos los cristianos estuvieran entre sí unidos y estrechados. Así, pues, el mismo sacrosanto Concilio, al enseñar la sana y sincera doctrina acerca de este venerable y divino sacramento de la Eucaristía que siempre mantuvo y hasta el fin de los siglos conservará la Iglesia católica, enseñada por el mismo Jesucristo Señor nuestro y amaestrada por el Espíritu Santo que de día a día le inspira toda verdad (cf. Jn 14, 26), prohíbe a todos los fieles de Cristo que no sean en adelante osados a creer, enseñar o predicar acerca de la Eucaristía de modo distinto de como en el presente decreto está explicado y definido. (Denzinger-Hünermann 1635. Concilio de Trento, 13ª sesión, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551) 

Sagradas Escrituras

  • Habéis visto y no creéis

Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. (Jn 6, 35) 

  • Hay algunos de entre vosotros que no creen

Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?” Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: “¿Esto os escandaliza? ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen.” (Jn 6, 60-64)

  • No se puede enseñar algo distinto de lo que Cristo predicó

Si alguno enseña otra doctrina y no se aviene a las palabras sanas de Nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad, es un orgulloso y un ignorante, que padece la enfermedad de plantear cuestiones y discusiones sobre palabras; de ahí salen envidias, polémicas, blasfemias, malévolas suspicacias, altercados interminables de hombres corrompidos en la mente y privados de la verdad. (1 Tm 6, 3-5) 


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