Guy Bedouelle, Jean-Louis Bruguès y Philippe Becquart…

 

… juzga el modo de reformar la Iglesia que defiende Francisco

  • Las prácticas homosexuales siempre estuvieron presentes en la historia de la humanidad, y la Iglesia nunca dejó de pronunciarse contra tales aberraciones

Siguiendo al Nuevo Testamento ha quedado claro que en los tres primeros siglos cristianos se describe la homosexualidad como contraria a la ley divina. San Agustín vuelve a este concepto al hablar de un pecado que atenta a la relación de la persona con Dios. El obispo de Hipona asocia los conceptos de voluntad divina y practicas contra natura, herencia de la filosofía griega: “Si todos los pueblos imitaran a Sodoma, todos caerían bajo el peso de la misma culpa, en unos de otros. Esto es violar la sociedad que debe existir entre Dios y nosotros, y ensuciar con las depravaciones del libertinaje la naturaleza de la que Él es autor.” (Confesiones, III, 8) San Juan Crisóstomo (344-407) condena igualmente la práctica homosexual, pues ve en ella un acto que no está de acuerdo con la naturaleza. […] “La peor entre todas las pasiones es la concupiscencia entre hombres […] No hay nada tan insensato y nocivo como esta perversión.” (Comentario de las cartas de Pablo a los Romanos, hom. IV: PG 47) El papa San Gregorio el Magno ilustra, sin ambages, esta condenación de las prácticas homosexuales, viendo en ellas una injusticia. Estas prácticas no son justas por no estar conformes con la ley divina: “Por estar llenos de deseos perversos, nacidos de una carne fétida […]” (Moralia in Job III, I, libro XIV, 23) El Papa San Pío V, en su constitución Cum primum (1-4-1566), condena con vehemencia la práctica de los actos contra natura. […] Como Dios castiga tales infidelidades, la Iglesia debe castigarlas canónicamente. Las penas no son solamente canónicas — excomunión, exclusión de los sacramentos… — , sino además las determinadas por el poder secular. Se confirma esta decisión en la constitución Horrendum illud scelus (1568), que afirma: “los clérigos culpables de tan nefasto crimen […] sean castigados por la autoridad secular, vengadora de la ley civil”. Se trata de una viva reacción del Soberano Pontífice en una época en la que se estaba extendiendo la práctica homosexual bajo la influencia del humanismo paganizante. (BEDOUELLE, Guy; BRUGUÈS, Jean-Louis; BECQUART, Philippe. La Iglesia y la sexualidad, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2007, p. 175-178)

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