133 – “Este Mesías no es como yo imaginaba que tendría que ser el Mesías. ¿Me habré equivocado al anunciar a uno que no es?”

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él” (Jn 1,6). En los textos evangélicos son innumerables los pasajes en los cuales la figura del Bautista es puesta en realce con los más bellos elogios.

La grandeza de su llamado ya se pone en evidencia durante la narración de la concepción milagrosa de su anciana madre, su santificación en el vientre materno al oír la voz de la Virgen, precioso tabernáculo del Señor y su nacimiento marcado por hechos extraordinarios como el cántico de Zacarías.

De su vida antes de que empezara a predicar muy poco se sabe. Tan sólo que vivió en el desierto, que se vestía con piel de camello y que por alimento le bastaban los saltamontes y la miel silvestre (cf. Mt 3,4)

Personaje lleno de misterio, abandonó su vida contemplativa en el desierto para anunciar a los pueblos la llegada del Mesías. Con él fue cerrado con llave de oro el Antiguo Testamento y se inició el Nuevo. Fue el único profeta que tuvo la dicha de encontrarse personalmente con el Mesías.

San Juan preparó el camino del Salvador, tal como ya había profetizado su padre Zacarías (Lc 1,76), anunciando el Reino y sobretodo llamando a la conversión. “Como testigo” el Bautista fue incansable en “dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él”. “Podemos imaginar la extraordinaria impresión que tuvo que causar la figura y el mensaje del Bautista en la efervescente atmósfera de aquel momento de la historia de Jerusalén. Por fin había de nuevo un profeta cuya vida también le acreditaba como tal. Por fin se anunciaba de nuevo la acción de Dios en la historia. Juan bautiza con agua, pero el más Grande, Aquel que bautizará con el Espíritu Santo y con el fuego, está al llegar” (Benedicto XVI. Jesús de Nazaret. Desde el bautismo a la Transfiguración)

Pronto su fama se extendido por todo Israel, muchos lo tenían por el Mesías, pero Juan, siempre con suma humildad, no dudó en rebajarse para que Él brillase a los ojos de todos. Y si no bastara analizar, aunque sea sintéticamente, la vida de San Juan Bautista para adquirir la certeza de que fue un hombre extraordinario, tenemos también en los evangelios el testimonio del mismo Jesús alabando a su Precursor (cf. Mt 11,11; 11,7-15; Lc 7, 24-28 etc.).

A esta imagen tan mística, alta y, sobre todo, auténtica de ese santo que fue desde los primeros tiempos venerado con particular cariño en la Iglesia, es totalmente inadmisible armonizar la figura del hombre lleno de dudas y incertidumbres con que algunos lo quieren representar hoy día…

Francisco

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Cita A

Intentemos entrar en la celda de Juan, escrutar en el alma de la voz que gritó en el desierto y bautizó a muchedumbres en nombre de Aquel que debía venir, pero que ahora está encadenado no solo a los hierros de su prisión sino probablemente también a los cepos de alguna incertidumbre que le atormenta. Porque también sufrió en la cárcel —digamos la palabra — la tortura interior de la duda: “¿Me habré equivocado? Este Mesías no es como yo imaginaba que tendría que ser el Mesías”. Y envió a sus discípulos a preguntar a Jesús: “Dinos la verdad, ¿eres tú el que ha de venir?”, porque esa duda le hacía sufrir mucho. “¿Me habré equivocado al anunciar a uno que no es? ¿He engañado al pueblo?”. El sufrimiento, la soledad interior de este hombre… “Pues yo tengo que disminuir, pero disminuir así: en el alma, en el cuerpo… todo”. (Homilía en Santa Marta, 5 de febrero de 2016)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I – Aclaraciones previas: San Juan Bautista, el hombre más grande nacido de mujer, según el sentir de los Papas, Santos y Doctores
II – San Juan Bautista nunca dudó que Cristo era el Mesías
III – El Bautista envió sus discípulos a Jesús para sanar las incertidumbres de ellos


I – Aclaraciones previas: San Juan Bautista, el hombre más grande nacido de mujer, según el sentir de los Papas, Santos y Doctores

Sagradas Escrituras
-Juan, un hombre enviado por Dios
-Juan es más que un profeta
-Entre los nacidos de mujer, no hay nadie más grande que Juan el Bautista

San Jerónimo
-Juan, su nombre ya dice lo que es: gracia del Señor. Desde siempre sabía que Cristo iba a venir, por eso se retiró al desierto pues sólo quería contemplarlo
Juan, por el privilegio de bautizar a su señor, recibió un incremento de méritos. Puede ser llamado de ángel, no por su naturaleza, pero sí por la dignidad de su misión

San Bernardo de Claraval
-Juan fue colmado de gracias por el Espíritu desde el vientre materno
-Juan tenía una humilde y fervorosa devoción hacia el Señor

San Juan Crisóstomo
-Juan es mayor que un profeta pues estuvo más cercano al Mesías
-Juan vivía en la tierra como si estuviera ya en el cielo

San Agustín
-El mismo Jesús dijo que no hubo varón mayor nacido de mujer que Juan Bautista. ¿Qué otra cosa podría decir Él que la verdad?
-Juan Bautista, ejemplo de humildad. Le hubiera muy fácil sido pasar por Cristo delante de la muchedumbre, pues todos pensaban eso. Pero su grandeza viene justamente por haber confesado la verdad
-La vida de Juan Bautista es el más bello testimonio de sublime humildad

Benedicto XVI
-San Juan Bautista se anonadó para dejar espacio al Salvador

San Agustín
-Para dar testimonio de aquel que no era sólo hombre, sino también Dios habría que ser un hombre sin igual

Juan XXIII
-La Iglesia propone con especial destaque la veneración de San Juan Bautista.
-Juan no tuvo envidia de Jesús y se llenó de alegría con la llegada del Mesías

Juan Pablo II
-San Juan Batista inmoló su vida por la verdad
-Todavía hoy, Juan Bautista es “lámpara que arde e ilumina”
-Todos los aspectos de la vida de Juan Bautista que nos son narrados por los evangelistas son prueba del llamado especial que recibió de Dios

Benedicto XVI
-Por amor a la verdad Juan Bautista no admitió componendas con el mal
-Juan denunció los pecados incluso cuando los protagonistas eran los poderosos del mundo
-Celebrar el nacimiento de Juan Bautista significa celebrar a Cristo
-Juan Bautista fue el gran profeta que cerró las puertas del Antiguo Testamento y abrió las del Nuevo

San Agustín
-Son tan grandes las virtudes de San Juan Bautista que hasta San Agustín decía que era imposible expresarlas todas

II – San Juan Bautista nunca dudó que Cristo era el Mesías

San Ambrosio
-¿Como Juan Bautista podría dudar que Cristo era el Mesías si él mismo había indicado que Jesús era el Cordero de Dios?

San Cirilo de Alejandría
-En vano caminaron al desierto en busca de Juan Bautista aquellos que creían que él era un hombre variable

San Jerónimo
-Jesús da a conocer a la muchedumbre que Juan no dudaba de Él

San Juan Crisóstomo
-Juan no dudó de Cristo. Ya había anunciado que Él era el Mesías, y quien viene a dar testimonio sobre otro, lo primero que necesita es ser digno de crédito
-Después de conocer todas las maravillas operadas por Jesús, jamás alguien podría haber dudado de que Él era el Mesías

San Agustín
-Juan no halló motivo de escándalo en Cristo

San Juan Crisóstomo
-Juan no dudaba de Cristo y desde el principio predicó que Él había venido para redimirnos del pecado

III – El Bautista envió sus discípulos a Jesús para sanar las incertidumbres de ellos

San Juan Crisóstomo
-Juan no envió a sus discípulos porque dudase, ni porque se hubiera vuelto tímido
-Los discípulos de San Juan Bautista tenían envidia de Jesús
-El hecho de haber enviado sus discípulos a Jesús deja todavía más evidente como ellos ardían de envidia de Jesús
-Juan envío sus discípulos para que Jesús les curara de su enfermedad de alma: la envidia
-Jesús obró muchos milagros delante de los discípulos de Juan para confirmarlos, pues dudaban
-El mismo Jesús, después de enviar los discípulos de vuelta a Juan, cura en la multitud las dudas que tenía

San Ambrosio
-Envió sus discípulos a Jesús para que fuesen instruidos por Él

San Jerónimo
-Los discípulos de Juan se caracterizaban por la envidia y los celos hacia el Señor
-Juan envía a sus discípulos para que viendo los milagros creyeran en Él

San Agustín
-Antes de morir, Juan quiso que Cristo confirmara a sus discípulos en la fe

San Hilario
-Juan envió a sus discípulos para que comprobasen con sus propios ojos que Jesús era Cristo
-No se puede creer que Juan dudó pues no se mezcla el error con la abundancia de su luz


I – Aclaraciones previas: San Juan Bautista, el hombre más grande nacido de mujer, según el sentir de los Papas, Santos y Doctores


Sagradas Escrituras

  • Juan, un hombre enviado por Dios

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. (Jo 1,6-7)

  • Juan es más que un profeta

Cuando se marcharon los mensajeros de Juan, se puso a hablar a la gente acerca de Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Pues ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Mirad, los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios reales. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”. Porque os digo, entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él». (Lc 7,24-28)

  • Entre los nacidos de mujer, no hay nadie más grande que Juan el Bautista

Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los Profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos, que oiga. (Mt 11,9-15)

San Jerónimo

  • Juan, su nombre ya dice lo que es: gracia del Señor. Desde siempre sabía que Cristo iba a venir, por eso se retiró al desierto pues sólo quería contemplarlo

Su nombre era Juan (Jn 1,6). En ese nombre hallamos implícita la idea de “gracia”, pues Juan (Iohannes) significa “la gracia del Señor”: io equivale a “del Señor”, y anna a “gracia”. Se trata, en realidad, de un pheronymos (nombre parlante). ¿Por qué de un pheronymos? Por haber recibido la gracia suprema. Por eso en el desierto se entrega a meditar y a prepararse para la venida de Cristo. Dado que era quien iba a anuncia a Cristo, desde el primer momento es en el desierto donde halla sustento y donde vive. No quiere tener trato alguno con los hombres; en el desierto platica con los ángeles. Juan sabía desde siempre que Cristo iba a venir. Tenía conocimiento de ello no sólo desde su infancia, sino ya desde el vientre de su madre, cuando le dirigió su saludo. De ahí que Lucas escribiera: “El niño saltó de alegría en el vientre de su madre”. Reparad cómo, hallándose en el seno de su madre, presintió la venida del Señor. […] Al poco tiempo de nacer, va a vivir al desierto, allí se cría y aguarda a Cristo en la soledad. […] Aguardaba a Cristo, sabía que iba a venir y por ello sus ojos no se dignaban contemplar ninguna otra cosa. (San Jerónimo. Homilía sobre el evangelio de Juan, 1,1-14)

  • Juan, por el privilegio de bautizar a su señor, recibió un incremento de méritos. Puede ser llamado de ángel, no por su naturaleza, pero sí por la dignidad de su misión

Juan es más grande que los demás profetas, porque el que ellos anunciaban aún tenía que venir y éste lo señaló con el dedo diciendo que ya había venido: “He aquí el Cordero de Dios, he aquí el que quita los pecados del mundo” (Jn 1,29). Y, porque al privilegio profético se le añadió a Juan el premio de bautizar a su Señor, por eso el Señor le concede una auxésis [aumento, incremento] de méritos, tomando de Malaquías el testimonio en el que también se le anuncia como un ángel. Mas no pensemos que a Juan se le llama aquí “ángel” por participar de la naturaleza angélica, sino por la dignidad de su misión, esto es, el mensaje que anunciaba que iba a venir el Señor. (San Jerónimo. Comentario a Mateo. Libro II, [11,8])

San Bernardo de Claraval

  • Juan fue colmado de gracias por el Espíritu desde el vientre materno

Verdaderamente ardiente y vivamente encendido estaba aquél a quien de tal modo previno la celestial llama, que ya sentía la venida de Cristo, cuando aún no podía sentirse a sí mismo. Aquel nuevo fuego, que poco antes bajado del Cielo, por la boca de Gabriel había entrado en el oído de la Virgen, a su vez por la boca de la Virgen y el oído de la madre de Juan, entró en el párvulo: para llenar desde aquella hora el Espíritu Santo este vaso de su elección, y preparar a Cristo Seño la antorcha. (San Bernardo. Sermón en la natividad de San Juan Bautista, n.4)

  • Juan tenía una humilde y fervorosa devoción hacia el Señor

[…] acerca de la humilde y por todos modos fervorosísima devoción de Juan para con el Señor, ¿qué hablaremos? De aquí procedió que saltara de alegría en el seno materno; de aquí que se llenara de pavor en el Jordán al ver que Jesús le pedía el bautismo; de aquí que no sólo negara que fuese el Cristo, como le juzgaban, sino que ni siquiera fuese digno de desatar la correa de su calzado; de aquí que como amigo del Esposo, se gozaba a la voz del Esposo; de aquí que confesara que él había recibido por gracia la gracia, pero que Cristo no había recibido con medida el Espíritu, sino la plenitud, de la cual recibiesen todos. […] Tienes ya como ardió Juan; y al mismo tiempo como en esto mismo también lució si lo has advertido bien, está indicado; pues ni pudieras conocer su ardor, sino hubiera lucido. (San Bernardo de Claraval. Sermón en la natividad de San Juan Bautista, n.10)

San Juan Crisóstomo

  • Juan es mayor que un profeta pues estuvo más cercano al Mesías

Ya que el Señor llamó a Juan mayor que un profeta, ahora les hace ver en qué es mayor que un profeta. ¿En qué es, pues, mayor? En que es el que está más cerca del que había venido. Porque yo te enviaré –dice– a mi mensajero ante tu faz, es decir, muy cerca de ti. Así como en una comitiva regia, los que van más cerca del coche real son los más ilustres entre todos; así Juan, que aparece momentos antes del advenimiento del Señor. Notad cómo de ahí declaró la excelencia del Precursor, y ni ahí se detuvo, sino que añadió su propio voto diciendo: En verdad os digo, no se ha levantado entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan Bautista. Que es como decir: No parió mujer a nadie mayor que Juan. (San Juan Crisóstomo. Homilia XXXVII, n.2)

  • Juan vivía en la tierra como si estuviera ya en el cielo

Realmente, la afirmación de Jesús basta para declarar esta grandeza; más si queréis “saberlo por la realidad misma, considerad su mesa, su manera de vida y la alteza de sus pensamientos. Juan vivía en la tierra como si morara ya en el cielo; estaba por encima de las necesidades de la naturaleza, seguía un camino maravilloso, gastaba su tiempo entero en himnos y oraciones, sin hablar con hombre alguno, y conversando, en cambio, continuamente con Dios. A nadie conocía, por nadie fue jamás visitado. No se alimentaba de leche ni gozaba de lecho, ni de techo, ni de pública plaza, ni de ninguna otra de las comodidades humanas. Sin embargo, Juan sabía unir la mansedumbre a la firmeza. Mirad, si no, con qué moderación habla con sus discípulos, con qué valor al pueblo judío y con qué libertad al mismo rey. De ahí que dijera el Señor: Entre los nacidos de mujer, no se ha levantado nadie mayor que Juan Bautista. (San Juan Crisóstomo. Homilia XXXVII, n.2)

San Agustín

  • El mismo Jesús dijo que no hubo varón mayor nacido de mujer que Juan Bautista. ¿Qué otra cosa podría decir Él que la verdad?

Acerca de Juan el Bautista, no el Evangelista, de quien celebramos el día grande de su nacimiento, tenemos un gran testimonio del mismo Señor. Habla de él nuestro Salvador, señor suyo y nuestro. ¿Qué otra cosa puede decir que la verdad? Entre los nacidos de mujer no ha surgido otro mayor que Juan Bautista. He aquí de quién es la solemnidad que celebramos hoy: de aquel mayor que el cual no surgió otro entre los nacidos de mujer. (San Agustín. Sermón 293D)

  • Juan Bautista, ejemplo de humildad. Le hubiera muy fácil sido pasar por Cristo delante de la muchedumbre, pues todos pensaban eso. Pero su grandeza viene justamente por haber confesado la verdad

Retened en la memoria, conservad en ella el testimonio antes mencionado del Señor acerca de Juan, a saber: que entre los nacidos de mujer no ha surgido otro mayor que Juan Bautista. Eso es lo que dijo Jesús sobre Juan; ¿qué dijo Juan de Jesús? Antes que nada, ved cómo se cumplía el testimonio del Señor acerca de Juan. […] considerad qué fácil le hubiera sido abusar del error de los hombres y presumir de ser el Cristo. No lo hizo, y con razón es grande; es más poderoso confesando que relinchando de soberbia. ¿Acaso necesitaba persuadirles de que él era el Cristo? Eso ya lo pensaban ellos; sólo tendría que confirmar lo que ellos opinaban; presentándose como lo que no era, les engañaría acerca de lo que era. ¿Dónde estaría si hubiese obrado así? Vosotros enviasteis una embajada a Juan, dijo el Señor Jesús a los judíos; él era la lámpara que arde y alumbra, y vosotros quisisteis regocijaros por un rato en su luz. Yo, sin embargo, tengo un testimonio mayor que Juan. Buena lámpara; con razón se refugia bajo los pies de la piedra para que no la apague el viento de la soberbia. (San Agustín. Sermón 293D)

  • La vida de Juan Bautista es el más bello testimonio de sublime humildad

Antes de Juan hubo profetas; hubo muchos, grandes y santos, dignos y llenos de Dios, anunciadores del Salvador y testigos de la verdad. Sin embargo, de ninguno de ellos pudo decirse lo que se dijo de Juan: Entre los nacidos de mujer, no ha habido ninguno mayor que Juan el Bautista ¿Qué significa esta grandeza enviada delante del Grande? Es un testimonio de sublime humildad. Era, en efecto, tan grande que podía pasar por Cristo. Pudo Juan abusar del error de los hombres y, sin fatiga, convencerles de que él era el Cristo, cosa que ya habían pensado, sin que él lo hubiese dicho, quienes lo escuchaban y veían. No tenía necesidad de sembrar el error; le bastaba con confirmarlo. Pero él, amigo humilde del esposo, lleno de celo por él, sin usurpar adúlteramente la condición de esposo, da testimonio a favor del amigo y confía la esposa al que es el auténtico esposo. Para ser amado en él aborreció el ser amado en lugar de él. […] Aquí aparece con toda evidencia la grandeza de Juan. Pudiendo pasar por Cristo, prefirió dar testimonio de Cristo y encarecerlo a él; humillarse antes que usurpar su persona y engañarse a sí mismo. Con razón se dijo de él que era más que un profeta. (San Agustín. Sermón 288)

Benedicto XVI

  • San Juan Bautista se anonadó para dejar espacio al Salvador

San Juan Bautista, el mayor entre los profetas de Cristo, que supo negarse a sí mismo para dejar espacio al Salvador y que sufrió y murió por la verdad (Benedicto XVI. Ángelus, 29 de agosto de 2009)

San Agustín

  • Para dar testimonio de aquel que no era sólo hombre, sino también Dios habría que ser un hombre sin igual

“Hubo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. Este vino para que diese testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, pero vino para dar testimonio de la luz”. Un hombre tan grande debió dar testimonio de aquel que no era sólo hombre, sino también Dios, para que entre los nacidos de mujer nadie surgiera mayor que Juan Bautista. De ese modo, aquel sobre quien daba testimonio Juan, más grande que los demás, era mayor precisamente porque no era sólo hombre, sino también Dios. Juan era, pues, también luz, pero una luz tal, cual el mismo Señor proclamó al decir: Él era una lámpara ardiente y brillante. (San Agustín. Carta 140, n.7)

Juan XXIII

  • La Iglesia propone con especial destaque la veneración de San Juan Bautista

En la vida orante de la Iglesia universal ocupa el primer lugar la adoración y la glorificación de la Santísima Trinidad Augusta: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sigue, a debida distancia litúrgica, y con la misma luz de la misma Trinidad, la veneración a María Madre de Cristo Salvador nuestro, y, por este título, poderosa y entrañable Madre nuestra.
En las antiguas oraciones es nombrado luego San Miguel, príncipe de las milicias celestiales, innumerables e invisibles. Pero la primera figura de hombre, con cuerpo y alma, que avanza ante nuestra mirada, propuesta a nuestro respeto y veneración, es San Juan Bautista, flor solitaria y tardía de Zacarías e Isabel, llamados a preparar, por medio de la voz de este inesperado hijo, el mensaje celestial y la invitación a la generación universal que los profetas habían prometido, desde hacía siglos. (Juan XXIII. Alocución en las segundas vísperas de la fiesta de San Juan, 24 de junio de 1962)

  • Juan no tuvo envidia de Jesús y se llenó de alegría con la llegada del Mesías

Juan Bautista, cuya misión es la de mostrarlo a Israel, había saltado de gozo en su presencia, cuando aún estaba en el seno de su madre (cf. Lc 1,44). Cuando Jesús da comienzo a su ministerio, Juan «se llena de alegría por la voz del Esposo» (Jn 3,29). (Pablo VI. Exhortación Apostólica Gaudete in Domino, n.22, 9 de mayo de 1975)

Juan Pablo II

  • San Juan Batista inmoló su vida por la verdad

“El mayor entre los nacidos de mujer”, según el elogio del Mesías mismo (cf. Lc 7, 28). Ofreció a Dios el supremo testimonio de la sangre, inmolando su existencia por la verdad y la justicia; en efecto, fue decapitado por orden de Herodes, al que había osado decir que no le era lícito tener la mujer de su hermano (cf. Mc 6, 17-29). (Juan Pablo II. Ángelus, n.1, 29 de agosto de 2004)

  • Todavía hoy, Juan Bautista es “lámpara que arde e ilumina”

Con la festividad de san Juan Bautista, que se celebra hoy, la Iglesia nos presenta la figura de un testigo excepcional de Cristo. […] eliminado por Herodes en la oscura prisión de Maqueronte, él es honrado hoy en todas partes del mundo. La humillación de su aparente derrota ha dejado paso a la gloria del triunfo. (Juan Pablo II. Ángelus, n.1-2, 24 de junio de 1990)

  • Todos los aspectos de la vida de Juan Bautista que nos son narrados por los evangelistas son prueba del llamado especial que recibió de Dios

He aquí que el que viene al mundo en circunstancias tan insólitas, trae ya consigo la llamada divina. Esta llamada proviene del designio de Dios mismo, de su amor salvífico, y está inscrita en la historia del hombre desde el primer momento de la concepción en el seno materno. Todas las circunstancias de esta concepción, como después las del nacimiento de Juan en Ain-Karim, indican una llamada insólita.
“Praebis ante faciem Domini parare vias eius: Irás delante del Señor para preparar sus caminos” (Lc 1, 76).
Sabemos que Juan Bautista respondió a esta llamada con toda su vida. Sabemos que permaneció fiel a ella hasta el último aliento. Y este aliento lo consumó en la cárcel por orden de Herodes, secundando el deseo de Salomé que actuaba bajo la instigación de su vengativa madre Herodías. (Juan Pablo II. Homilía, n.1, 24 de junio de 1979)

Benedicto XVI

  • Por amor a la verdad Juan Bautista no admitió componendas con el mal

En el Calendario romano es el único santo de quien se celebra tanto el nacimiento, el 24 de junio, como la muerte que tuvo lugar a través del martirio […].
En los Evangelios se pone muy bien de relieve su papel respecto a Jesús. En particular, san Lucas relata su nacimiento, su vida en el desierto, su predicación; y san Marcos nos habla de su dramática muerte.
[…] el Bautista no se limita a predicar la penitencia, la conversión, sino que, reconociendo a Jesús como «el Cordero de Dios» que vino a quitar el pecado del mundo (Jn 1, 29), tiene la profunda humildad de mostrar en Jesús al verdadero Enviado de Dios, poniéndose a un lado para que Cristo pueda crecer, ser escuchado y seguido. Como último acto, el Bautista testimonia con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, sin ceder o retroceder, cumpliendo su misión hasta las últimas consecuencias.
[…]Al no callar la verdad, murió por Cristo, que es la Verdad. Precisamente por el amor a la verdad no admitió componendas y no tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a quien había perdido el camino de Dios. (Benedicto XVI. Audiencia general, 29 de agosto de 2012)

  • Juan denunció los pecados incluso cuando los protagonistas eran los poderosos del mundo

Como auténtico profeta, Juan dio testimonio de la verdad sin componendas. Denunció las transgresiones de los mandamientos de Dios, incluso cuando los protagonistas eran los poderosos. Así, cuando acusó de adulterio a Herodes y Herodías, pagó con su vida, coronando con el martirio su servicio a Cristo, que es la verdad en persona. (Benedicto XVI. Ángelus, 24 de junio de 2007)

  • Celebrar el nacimiento de Juan Bautista significa celebrar a Cristo

San Juan Bautista fue el precursor, la “voz” enviada a anunciar al Verbo encarnado. Por eso, conmemorar su nacimiento significa en realidad celebrar a Cristo, cumplimiento de las promesas de todos los profetas, entre los cuales el mayor fue el Bautista, llamado a “preparar el camino” delante del Mesías (cf. Mt 11, 9-10). (Benedicto XVI. Ángelus, 24 de junio de 2007)

  • Juan Bautista fue el gran profeta que cerró las puertas del Antiguo Testamento y abrió las del Nuevo

Los cuatro Evangelios dan gran relieve a la figura de Juan el Bautista, como profeta que concluye el Antiguo Testamento e inaugura el Nuevo, identificando en Jesús de Nazaret al Mesías, al Consagrado del Señor. De hecho, será Jesús mismo quien hablará de Juan con estas palabras: «Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él» (Mt 11, 10-11). (Benedicto XVI. Ángelus, 24 de junio de 2012)

San Agustín

  • Son tan grandes las virtudes de San Juan Bautista que hasta San Agustín decía que era imposible expresarlas todas

Son muchas las cosas que pueden decirse del santo Juan el Bautista; pero ni yo basto para expresarlo ni vosotros para escucharlo. (San Agustín. Sermón 293D)


II – San Juan Bautista nunca dudó que Cristo era el Mesías


San Ambrosio

  • ¿Como Juan Bautista podría dudar que Cristo era el Mesías si él mismo había indicado que Jesús era el Cordero de Dios?

Pero ¿cómo puede suceder que habiendo dicho ya (Jn 1,29): “Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”, dudase todavía si sería el Hijo de Dios? O era insolencia atribuirle una divinidad que ignoraba, o era perfidia dudar que fuese el Hijo de Dios. Algunos entienden de Juan que era tan gran profeta, que conocía a Cristo; y que no dudaba, como profeta, sino como vate piadoso, no creía que moriría el que había de venir. (San Ambrosio de Milán citado por Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea, Lc 7,18)

San Cirilo de Alejandría

  • En vano caminaron al desierto en busca de Juan Bautista aquellos que creían que él era un hombre variable

Refiriéndose a San Juan: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña movida por el viento?” Como diciendo: Os habéis admirado del Bautista y habéis recorrido muchas veces las inmensas distancias del desierto para poder llegar a donde estaba él. En vano habéis hecho esto si habéis creído que era un hombre variable, que pueda compararse a una caña agitada por el viento, pues tal parece ser si dice por ligereza que ignora lo que ha conocido. (San Cirilo de Alejandría citado por Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea, Lc 7,24-28)

San Jerónimo

  • Jesús da a conocer a la muchedumbre que Juan no dudaba de Él

“Bienaventurado es el que no se haya escandalizado de mí” (Mt 11,6), ¿cómo es que ahora Juan es objeto de tan grandes alabanzas? Pero como la muchedumbre que los rodeaba desconocía el secreto y creía que Juan dudaba de Cristo, a quien él mismo había presentado, para que entendieran que Juan no le había preguntado para sí, sino para sus discípulos, dice: ¿A qué habéis salido al desierto? ¿Acaso presamente para ver a un hombre semejante a una caña que se dobla en la dirección de cualquier viento y el cual, por la ligereza de su espíritu, dudaba de Aquel a quien antes había anunciado? (San Jerónimo. Comentario a Mateo. Libro II, [11,7])

San Juan Crisóstomo

  • Juan no dudó de Cristo. Ya había anunciado que Él era el Mesías, y quien viene a dar testimonio sobre otro, lo primero que necesita es ser digno de crédito

¿Eres tú el que viene o hemos de esperar a otro? ¿Cómo es esto que quien ya antes de los milagros conocía a Cristo, y lo sabía por el Espíritu Santo y lo había oído del Padre y lo había anunciado delante de todos, ahora envía a sus discípulos para informarse de si es El el que viene? Si tú, oh Juan, no sabías con certeza que es El el que viene ¿cómo quieres que se te dé fe cuando hablas y dictaminas sobre cosas que ignoras? El que viene a dar testimonio sobre otro, lo primero que necesita es que sea digno de crédito. Ahora bien, ¿no eres tú el que decía: No soy digno de soltar la correa de sus sandalias? ¿No dijiste: “Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu Santo y posarse sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo”? ¿Acaso no viste al Espíritu Santo en forma de paloma? ¿No oíste la voz? ¿No le impedías tú bautizarse diciéndole: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti; y ¿tú vienes a mí?” ¿No les decías tú a tus discípulos: “Preciso es que El crezca y yo mengue”? ¿No enseñabas a todo el pueblo que Él es el que bautiza en Espíritu Santo y en fuego; y que El era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo? ¿No lo predicaste tú antes de todos los milagros y maravillas? Entonces ¿cómo, pues, ahora, cuando es ya de todos conocido y su fama vuela por todas partes; cuando ya resucitaron los muertos, fueron ahuyentados los demonios y ha brillado en tan gran manera la fuerza de sus milagros, envías a tus discípulos para saber si es El? ¿Qué ha sucedido? ¿Acaso todas aquellas tus palabras eran sólo fraude y burla y fábula? Pero ¿quién que no esté loco podría afirmar tales cosas? (San Juan Crisóstomo. Homilía XXXVI, n.1)

  • Después de conocer todas las maravillas operadas por Jesús, jamás alguien podría haber dudado de que Él era el Mesías

Yo pienso que no sólo Juan que saltó de gozo en el vientre de su madre, y así lo anunció ella ya antes del parto, y luego habitó en el desierto y llevó una vida angelical, sino aun cualquiera de los más humildes entre los hombres, tras de tan inmensa cantidad de testimonios propios y ajenos, en forma alguna jamás podría haber dudado. (San Juan Crisóstomo. Homilía XXXVI, n.1)

San Agustín

  • Juan no halló motivo de escándalo en Cristo

Qué significa, entonces, el que le enviase sus discípulos Juan, preso en la cárcel para ser ajusticiado ya, y les indicase: Id y decidle: ¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro? ¿A eso se reduce toda la alabanza? ¿La alabanza se ha convertido en duda? ¿Qué dices, Juan? ¿A quién hablas? ¿Qué hablas? Hablas al juez y hablas como pregonero. Tú extendiste el dedo, tú lo mostraste, tú dijiste: He ahí el cordero de Dios, he ahí el que quita los pecados del mundo. Tú dijiste: Nosotros hemos recibido de su plenitud. Tú dijiste: No soy digno de desatar la correa de su calzado. ¿Y ahora dices: Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro? ¿No es el mismo? ¿Y tú quién eres? ¿No eres tú su precursor? ¿No se predijo de ti: He ahí que envío mi ángel delante de ti, y preparará tu camino? ¿Cómo preparas el camino, si te desvías de él? “Llegaron, pues, los discípulos de Juan y el Señor les dijo: Id y decid a Juan: los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, a los pobres se les anuncia la buena noticia, y dichoso el que no halle en mí motivo de escándalo”. No sospechéis que Juan halló motivo de escándalo en Cristo. Y, no obstante, ese parece ser el tenor de las palabras: ¿Eres tú el que vienes? Pregunta a las obras: los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la buena noticia, y dichoso el que no halle en mí motivo de escándalo, ¿y preguntas si soy yo? Mis palabras —dice— son mis obras. Id y contadle. (San Agustín. Sermón 66)

San Juan Crisóstomo

  • Juan no dudaba de Cristo y desde el principio predicó que Él había venido para redimirnos del pecado

[…] para no alegar únicamente nuestros pareceres y daros con mayor claridad la verdadera doctrina, mediante la comparación con las sentencias de otros, es necesario que las expongamos aquí. ¿Qué dicen algunos? Que no es la verdadera la causa que acabamos de explicar; sino que en realidad Juan ignoraba a Cristo, aunque no del todo. Sabía que El era Cristo, pero ignoraba que moriría por los hombres; y que por tal motivo hizo aquella pregunta.” ¿Eres tú el que viene? Como si preguntara: ¿Eres tú el que viene para descender a los infiernos? Pero este sentido pugna con la lógica y por lo mismo Juan no ignoraba a Cristo. Mas aún, predicaba su muerte antes que nada cuando decía: He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Lo llamó Cordero prenunciando su muerte en la cruz. Y lo mismo indica con la expresión: que quita el pecado del mundo, ya que esto no lo llevó a cabo por otro camino que el de la cruz. Así lo dijo Pablo: Quitando de en medio el acta que nos era contraria y clavándola en la cruz. Y también Juan al decir: El os bautizará en el Espíritu Santo, pues profetizaba lo que sucedería después de la resurrección. […] Paréceme que a semejantes adversarios oportunamente se les puede decir lo de Pablo: Hermanos: no seáis niños en el juicio, sino párvulos solamente en la malicia. Porque el tiempo del bien obrar es la vida presente. Después de la muerte viene el juicio y el castigo, pues dice David: En el sepulcro ¿quién te alabará? (San Juan Crisóstomo. Homilía XXXVI, n.2)


III – El Bautista envió sus discípulos a Jesús para sanar las incertidumbres de ellos


San Juan Crisóstomo

  • Juan no envió a sus discípulos porque dudase, ni porque se hubiera vuelto tímido

Por todo esto se ve que no envió a sus discípulos porque dudase ni mandó preguntar porque ignorara. Ni se puede decir que sí lo conocía claramente, pero que la cárcel lo había vuelto tímido. Porque él ya no esperaba salir de la cárcel. Más aún: aun cuando lo hubiera esperado no habría traicionado la verdad, pues estaba dispuesto a sufrir mil muertes por ella. Si no hubiera tenido semejante disposición ante aquel pueblo siempre dispuesto a derramar sangre de profetas, no habría demostrado tan grande virtud; ni habría con tan grande libertad y en mitad de la ciudad y en plena plaza y oyéndolo todos, increpado como a un chiquillo al tirano cruel. Y si se había vuelto tímido ¿cómo es que no se avergonzó de enviar a sus discípulos ante aquellos delante de los cuales muchas veces y tan brillantemente había dado testimonio de Cristo, sino que manda preguntar por medio de ellos, cuando lo conveniente en el caso habría sido preguntar por medio de otros? (San Juan Crisóstomo. Homilía XXXVI, n.1)

  • Los discípulos de San Juan Bautista tenían envidia de Jesús

[…] los discípulos de Juan sentían siempre envidia de Jesús y hablaban contra El y no se hicieron más humildes hasta que el Bautista fue encarcelado. Entonces fueron a comunicárselo a Cristo; aunque más tarde reincidieron en sus antiguas envidias. (San Juan Crisóstomo. Homilía XXX, n.3)

  • El hecho de haber enviado sus discípulos a Jesús deja todavía más evidente como ellos ardían de envidia de Jesús

Y habiendo oído Juan, quien estaba en la cárcel, las obras de Cristo, envió a decirle mediante sus discípulos: ¿Eres tú el que viene o hemos de esperar a otro? Dice Lucas que sus discípulos comunicaron a Juan los milagros y que entonces Juan los envió en embajada. Esto no presenta ni la más pequeña dificultad; y solamente pone a nuestra consideración que ellos ardían de envidia contra Jesús. (San Juan Crisóstomo. Homilía XXXVI, n.1)

  • Juan envío sus discípulos para que Jesús les curara de su enfermedad de alma: la envidia

Sabía cierto que sus discípulos andaban envidiosos de Cristo; y que buscaban ocasiones para difamarlo. Pero ¿cómo no se avergonzó delante de la plebe judía a la que tan numerosas veces tan grandes cosas había predicado? ¿Ni de qué le iba a servir semejante misión para librarse de la muerte? Pues no se le había aherrojado por causa de Cristo, ni por haber proclamado su virtud, sino por haber reprendido a Heredes por su malvado matrimonio. ¿No se habría echado encima la fama de muchacho insensato o de un loco cualquiera? Entonces ¿qué es lo que sucede? Puesto que semejante duda no puede suponerse en Juan ni en hombre alguno, aun suponiéndolo loco, como queda manifiesto por lo antes dicho. Falta pues solamente que demos solución al problema.¿Por qué envió a preguntar? Los discípulos de Juan no veían con buenos ojos a Cristo, y es cosa para todos clara que continuamente estuvieron movidos de envidia. Y se comprueba por lo que dijeron a su Maestro: Aquel que estaba al otro lado del Jordán contigo, de quien tú diste testimonio, está ahora bautizando y todos se van con él. También cuando se suscitó entre los judíos y los discípulos de Juan la disputa acerca de la purificación y se acercaron a Jesús para decirle: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos y tus discípulos no ayunan? Porque no sabían aún quién era el Cristo; sino que por sospechar que Jesús era sólo hombre –pero Juan más que hombre– les molestaba la celebridad de Jesús y que Juan fuera decayendo, como él mismo lo había predicho. Esto era lo que les impedía acercarse a Cristo, porque la envidia les cerraba la entrada.
Mientras Juan estuvo con ellos, frecuentemente les enseñaba y exhortaba sin acabar de persuadirlos. Pero cuando estaba ya para morir, se empeñó más aún en persuadirlos. Temía abandonarlos en la ocasión de una falsa creencia y que por lo mismo fueran a permanecer separados de Cristo. Lo procuraba; y a los principios a todos los conducía a Cristo. Pero como ellos no lo obedecieran, antes de morir usó de mayor instancia. Si les hubiera dicho: Id a Cristo, que es mejor que yo, tan adictos le estaban que no lo habrían obedecido, porque habrían pensado que lo decía por modestia, y así más se le habrían apegado. Y si hubiera callado simplemente, las cosas habrían quedado en el estado en que estaban. ¿Qué es, pues, lo que hace? Espera hasta que a ellos mismos se les ocurre decir que Cristo hace milagros. Y aun entonces, no los exhorta a creer, ni los envía a todos, sino a dos que tal vez creía él que estaban más inclinados a creer; con lo cual la pregunta no estaría sujeta a ninguna sospecha. Podían así saber, por los hechos mismos, cuán grande diferencia existía entre él y Jesús. Les dice, pues: Id y preguntad: Eres tú el que viene o esperamos a otro? Por su parte Cristo, comprendiendo el pensamiento de Juan, no les dijo: Yo soy; pues aunque bien lo podía decir, pero quizá hubiera escandalizado un poco a los oyentes. Deja pues que por los sucesos mismos lo conozcan. (San Juan Crisóstomo. Homilía XXXVI, n.1-2)

  • Jesús obró muchos milagros delante de los discípulos de Juan para confirmarlos, pues dudaban

Porque dicen los evangelistas que Jesús, cuando aquellos discípulos se acercaron, obró muchas curaciones. En realidad, si Cristo no quería proceder como acabo de decir ¿qué nexo existiría entre ser El preguntado y nada responder El, sino al punto curar a muchos enfermos? Ciertamente el testimonio por las obras es mucho más creíble, así lo juzgaba El, y mucho menos expuesto a sospechas que el de solas palabras. Sabiendo, pues, como Dios que era, cuál fue la mente de Juan al enviarle a sus discípulos, al punto volvió la vista a los ciegos, sanó a los cojos y a otros muchos enfermos, para enseñar no a Juan –¿cómo iba a enseñar al que ya creía en El y lo obedecía? –sino para instruir y confirmar a sus discípulos que dudaban. Y así dice, tras de curar a muchos: Id y referid a Juan lo que habéis visto y oído. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. Y añadió: Y bienaventurado aquel que no se escandalizare en mí, manifestando de este modo que conocía los secretos del corazón. Si les hubiera dicho simplemente: Yo soy, como ya indiqué, ellos se habrían dado por ofendidos; y tal vez habrían pensado, aunque no lo dijeran, lo que sí dijeron los judíos: Tú das testimonio de ti mismo. Por tal motivo, no se expresó así, sino que procuró que todo lo conocieran mediante los milagros, dándoles de este modo una enseñanza por una parte más clara y por otra en nada expuesta a las sospechas. Dijo pues lo último refutándolos. Puesto que se escandalizaban de él, les descubrió su enfermedad, pero en tal forma que sólo la dejó clara para sus conciencias, sin alegar testigos y sin difamarlos, de tal modo que sólo ellos cayeran en la cuenta. Así los atrajo mejor, al decirles: Y bienaventurado aquel que no se escandalizare de Mí. Palabras con que oscuramente los notaba a ellos. (San Juan Crisóstomo. Homilía XXXVI, n.1-2)

  • El mismo Jesús, después de enviar los discípulos de vuelta a Juan, cura en la multitud las dudas que tenía

Restaba, pues, curar las opiniones de la multitud acerca de Juan. Los discípulos de Juan nada más sospechaban de lo que se ha dicho de su maestro. Pero la turba, por las preguntas de los discípulos de Juan, sospechó muchas cosas absurdas, porque ignoraba la mente del que los había enviado. Es verosímil que en su interior las turbas discurrieran así: Aquel que tantos y tan grandes testimonios dio de Cristo, ¿ahora duda y ha cambiado de parecer sobre si éste es o es otro el que ha de venir? ¿Es que al hablar así quiere introducir división con los seguidores de Jesús? ¿O se ha acobardado por el encarcelamiento? ¿O dijo sin fundamento lo que antes afirmaba? Como era verosímil que las turbas sospecharan estas y otras cosas parecidas, observa en qué forma corrige las debilidades del pueblo y suprime semejantes sospechas.[…]
No les habla con dureza, sino que solamente corrige sus pensamientos y defiende a Juan y demuestra que éste no había abandonado su primer modo de pensar ni lo había cambiado. Como si dijera: No es él un hombre voluble, sino firme y constante. Y de tal manera dispone las cosas que no abre al punto su parecer, sino que lo declara mediante el parecer del propio pueblo. Así les demuestra no sólo con las palabras de ellos, sino con las obras propias que han testificado en favor de la constancia de Juan.[…]
Dejando a un lado toda acusación de malicia, trata únicamente de la sospecha de ligereza que los preocupaba, y procura quitarla. Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre vestido muellemente? Los que muellemente se visten están en las moradas de los reyes. Lo que significa: Juan no es por naturaleza ligero, y así lo demostrasteis vosotros con vuestro interés por él. Ni puede asegurarse que él al principio estuvo constante, pero que luego, por una vida entre delicias, se tornó muelle y delicado. Es cierto que entre los hombres los hay que nacen con ese natural; hay otros que después cambian y se tornan de otro modo. Así por ejemplo sucede que uno sea por naturaleza iracundo; otro, a causa de una larga enfermedad en la que contrajo ese vicio. Del mismo modo, unos por naturaleza son inconstantes, ligeros; otros lo son porque se entregaron a la voluptuosidad y a los placeres. Pero Juan no lo es por su natural: no habéis salido a ver una caña, ni ha perdido su firmeza natural de alma por haberse entregado a los placeres.[…]
Observa cómo por aquí declara su excelencia; mas no se detiene en esto, sino que al punto manifiesta su propio parecer diciendo: En verdad os digo que entre los nacidos de mujer no ha aparecido uno más grande que Juan Bautista. Es decir que ninguna mujer ha dado a luz a otro mayor. (San Juan Crisostomo. XXXVII)

San Ambrosio

  • Envió sus discípulos a Jesús para que fuesen instruidos por Él

San Juan envió sus discípulos al Señor para que concluyesen de instruirse, porque Jesucristo es la plenitud de la ley. Y puede decirse que estos dos discípulos son los dos pueblos, de los que uno es el judío que creyó, y otro el de los gentiles, que también creyó pero fue porque oyó. (San Ambrosio de Milán citado por Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea, Lc 7,18-23)

San Jerónimo

  • Los discípulos de Juan se caracterizaban por la envidia y los celos hacia el Señor

Que, en efecto, los discípulos de Juan se comportaron con soberbia hacia el Señor y que había en ellos algo de mordacidad debida a los celos y la envidia, lo ha mostrado también la pregunta precedente, según el relato del evangelista. (San Jerónimo. Comentario a Mateo. Libro II, [11,1-2])

  • Juan envía a sus discípulos para que viendo los milagros creyeran en Él

Habiendo oído Juan en la cárcel las obras de Cristo, envió dos discípulos suyos a decirle: ¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? Pregunta Juan, no como ignorante, pues él mismo lo había presentado a los demás, que lo desconocían, diciendo: “He aquí el Cordero de Dios, he aquí el que quita los pecados del mundo” (Jn 1,29), y había oído la voz del Padre que tronaba: Éste es mi Hijo amado, en quien me he complacido (Mt 3,17); pero lo mismo que el Salvador pregunta dónde ha sido puesto Lázaro (Jn 11,34) para que quienes indicaban el lugar del sepulcro, al menos así, se preparasen para creer y viesen cómo resucitaba al muerto, así también Juan que iba a ser asesinado por Herodes (cf. Mt 14,1-12), envía a sus discípulos a Cristo para que, con esta ocasión, viendo los milagros y los prodigios, creyeran en Él y aprendieran preguntado al maestro. (San Jerónimo. Comentario a Mateo. Libro II, [11,1-2])

San Agustín

  • Antes de morir, Juan quiso que Cristo confirmara a sus discípulos en la fe

Después que partieron ellos… Para evitar que, tal vez, alguien dijera: «Juan era antes bueno, pero el Espíritu de Dios lo abandonó», dijo estas cosas después de partir ellos; después que partieron los enviados por Juan, fue cuando Cristo alabó a Juan. […] como los discípulos de Juan estimaban tanto a su maestro Juan, oían el testimonio de Juan sobre Cristo y se quedaban maravillados; de ahí que, antes de morir, quiso que Cristo los confirmara. Sin duda, ellos comentaban entre sí: «éste (Juan) dice de él esas cosas realmente extraordinarias, pero él (Cristo) no las dice de sí mismo». Id y decidle, no porque yo dude, sino para instrucción vuestra. Id y decidle; lo que yo suelo deciros, oídselo a él; habéis oído al pregonero, oíd ahora la confirmación al juez. Id y decidle: ¿Eres tú el que vienes o tenemos que esperar a otro? Fueron y lo dijeron; pensando en ellos mismos, no en Juan. Y pensando en ellos dijo Cristo: Los ciegos ven, los sordos oyen, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la buena noticia. Ya me veis, reconocedme. Veis los hechos, reconoced a su autor. Y bienaventurado quien no halle en mí motivo de escándalo . Y me refiero a vosotros, no a Juan. (San Agustín. Sermón 66)

San Hilario

  • Juan envió a sus discípulos para que comprobasen con sus propios ojos que Jesús era Cristo

Miró, pues, en esto Juan, no a su propia ignorancia, sino a la de sus discípulos y los envía a ver sus obras y sus milagros, a fin de que comprendan que no era distinto de Aquel a quien él les había predicado y para que la autoridad de sus palabras fuese revelada con las obras de Cristo y para que no esperasen otro Cristo distinto de Aquel de quien dan testimonio sus propias obras. (San Hilario. Homilía in Matthaeum, citado por Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea in Mt 11,2-6)

  • No se puede creer que Juan dudó pues no se mezcla el error con la abundancia de su luz

Es indudable que él, como precursor, anunció que debía venir; que, como Profeta, le conoció como viviente; que, como confesor, le honró en su venida y es cierto que no se mezcla el error en él con la abundancia de su luz. Y ciertamente no se puede creer que le faltó a él en la cárcel la gracia del Espíritu Santo, puesto que el mismo Apóstol pudo dar para los que le acompañaban en la prisión, la luz de la virtud del Espíritu. (San Hilario. Homilía in Matthaeum 11, citado por Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea in Mt 11,2-6)


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