113 – Es indispensable prestar atención para estar cerca de nuevas formas de pobreza y fragilidad donde estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente

La Iglesia siempre ejerció de forma consumada su misión de cuidar de los más necesitados. Cambian los tiempos y las dificultades de siempre se presentan bajo nuevos ropajes. El vicio degradante, que antes era el juego o el alcohol, hoy son las drogas. Y así, una lista interminable. La Iglesia ha hecho verdaderas maravillas en sus trabajos a favor de estos desafortunados ofreciendo múltiples oportunidades para mejorar a sus vidas. Pero sobre todo la Iglesia siempre se ha preocupado con aquello que el hombre más necesita: encontrar a Dios en su vida y vivir según sus mandamientos. Es una hermosa labor hacer compañía a un anciano, pero sacar a alguien de las tinieblas del error para vivir la vida de la gracia merece más nuestra admiración. Así ha hecho la Iglesia con inúmeras almas beneficiadas por sus obras verdaderamente caritativas. Venerable Matt Talbot, un alcohólico irlandés rescatado del vicio y Santa Bakita, pobre esclava africana, liberada del yugo de la opresión, son dos ejemplos de este triunfo llevado hasta la gloria de los altares. La Iglesia no sólo los liberó de la miseria física, sino del peor de los males, la esclavitud al pecado. Las obras de misericordia siempre deben ser orientadas por la advertencia de Nuestro Señor: “Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” (Mt 16, 26). ¿Es este el cuidado que Francisco propone que se tenga en relación a los más desfavorecidos? ¿Procura incentivar un “apostolado” que meramente sacia la naturaleza humana, o quiere él una transformación más profunda, la santificación de las almas?

Francisco

El-papa-Francisco-abraza-a-un-drogadicto-en-Rio-de-Janeiro.

Cita A

Enseñanzas del Magisterio

Entra en las diversas partes de nuestro estudio

ContenidoAutores

I – La Iglesia nunca dejó de preocuparse con todas las formas de pobreza
II– Para que Cristo esté en las almas es necesario el estado de gracia
III– Es necesario dignificar el sufridor y no rebajar el que evangeliza
IV- El bien de las almas es lo primordial en la actividad evangelizadora

I – La Iglesia nunca dejó de preocuparse con todas las formas de pobreza

Juan Pablo II

El amor hacia los pobres no es novedad en la Iglesia

Entre dichos temas quiero señalar aquí la opción o amor preferencial por los pobres. Esta es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia. (Juan Pablo II. Encíclica Sollicitudo rei socialis, n. 42, 30 de diciembre de 1987)

Durante siglos la Iglesia ha cuidado de los más necesitados

Como también el mismo Episcopado italiano ha expresado su preocupación de que sean suprimidas o, de cualquier modo no suficiente y eficazmente garantizadas, obras beneméritas que, durante siglos, bajo el impulso de la caridad cristiana, han cuidado de los huérfanos, de los ciegos, de los sordomudos, de los ancianos, de toda clase de necesitados, gracias a la generosidad de bienhechores y al sacrificio personal, a veces heroico, de religiosas y religiosos, y que, en virtud de disposiciones legislativas habían tenido que aceptar, muy a pesar suyo, la figura jurídica de instituciones públicas de asistencia y beneficencia, con una cierta garantía, por lo demás, para sus fines institucionales. (Juan Pablo II. Discurso a la Unión de Juristas Católicos italianos, 25 de noviembre de 1978)

Pío XII

Nunca faltaron sacerdotes para evangelizar los indígenas y los esclavos

Cuando después se descubrieron y explotaron nuevas tierras en la otra parte del globo, no faltaron sacerdotes de Cristo que se unieron celosamente a los colonizadores de aquellas regiones para ayudarles a mantenerse en la práctica de la moral cristiana e impedirles que con las riquezas de las nuevas tierras se llenasen de orgullo y también para transformarse en seguida en misioneros de los indígenas, carentes hasta entonces completamente de la luz de la fe, e instruirles en el Evangelio, haciéndoles vivir en la fraternidad cristiana. Ni podemos dejar en el silencio a los heraldos de la Iglesia que se consagraron a asistir y ganar para Cristo a los esclavos negros arrancados cruelmente de sus tierras y sometidos a un vil mercado en los puertos de América y Europa. (Pío XII. Constitución apostólica Exul familia nazarethana, n. 8, 1 de agosto de 1952)

La Iglesia nunca ahorró esfuerzo al atender a los emigrantes y exiliados

Todas estas oportunas providencias de la Sede Apostólica y de los pastores realizadas con la entusiasta cooperación de los sacerdotes, religiosos y fieles —cuyos nombres, si bien es verdad que, por lo general, no figuran en las páginas de la Historia, están, sin embargo, escritos en el cielo— eran muy dignas de que se recordasen aquí y se narrasen, aunque nada más que brevemente, para que aparezca con toda claridad la universal y benéfica obra de la Iglesia realizada con los emigrantes y exilados de todo género, a los cuales la Iglesia, sin ahorrar ningún trabajo, ha atendido siempre con su asistencia religiosa, moral y social. Todo lo cual era necesario recordar particularmente en estos tiempos en que la próvida actividad de la Madre Iglesia es atacada tan satánicamente por los adversarios, olvidando y despreciando sus obras aun en la misma región de la caridad en la cual ella fue la primera en desbrozar el terreno y se la dejo después frecuentemente sola en el trabajo. (Pío XII. Constitución apostólica Exul familia nazarethana, n. 77, 1 de agosto de 1952)

León XIII

La Iglesia siempre proveyó de socorro a los indigentes

De aquí fue poco a poco formándose aquel patrimonio que la Iglesia guardó con religioso cuidado, como herencia de los pobres. Más aún, proveyó de socorros a una muchedumbre de indigentes, librándolos de la vergüenza de pedir limosna. Pues como madre común de ricos y pobres, excitada la caridad por todas partes hasta un grado sumo, fundó congregaciones religiosas y otras muchas instituciones benéficas, con cuyas atenciones apenas hubo género de miseria que careciera de consuelo. […] No se encontrarán recursos humanos capaces de suplir la caridad cristiana, que se entrega toda entera a sí misma para utilidad de los demás. Tal virtud es exclusiva de la Iglesia, porque, si no brotara del Sacratísimo Corazón de Jesucristo, jamás hubiera existido, pues anda errante lejos de Cristo el que se separa de la Iglesia. (León XIII. Encíclica Rerum novarum, n. 22, 15 de mayo de 1891)

La Iglesia dignifica los pobres

¿Quién es empero, el que se atreve ya a negar que es la Iglesia la que habiendo difundido el Evangelio entre las naciones, ha hecho brillar la luz de la verdad en medio de los pueblos salvajes, imbuidos de supersticiones vergonzosas, y la que les ha conducido al conocimiento del Divino Autor de todas las cosas y a reflexionar sobre sí mismos; la que habiendo hecho desaparecer la calamidad de la esclavitud, ha vuelto a los hombres a la originaria dignidad de su nobilísima naturaleza; la que, habiendo desplegado en todas partes el estandarte de la Redención, después de haber introducido y protegido las ciencias y las artes, y fundado, poniéndolos bajo su amparo, institutos de caridad destinados al alivio de todas las miserias, se ha cuidado de la cultura del género humano en la sociedad y en la familia, las ha sacado de su miseria, y las ha formado con esmero para un género de vida conforme a las dignidad y a los destinos de su naturaleza? (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 3, 21 de abril de 1878)

Gregorio XVI

La Iglesia ha beneficiado incluso a los infieles

Estamos agradecidos por el éxito de las misiones apostólicas en América, las Indias y en otras tierras de infieles. El celo infatigable de muchos hombres apostólicos los llevó a estos lugares. No confiando en riquezas ni en ejércitos, son protegidos apenas por el escudo de la fe. Luchan sin miedo las batallas del Señor contra las herejías […]. Son inspirados por un amor ardiente sin inmutarse delante de caminos ásperos o pesados trabajos. Buscan a los que habitan en las tinieblas y en la sombra de la muerte para llamarlos a la luz y la vida de la religión católica. Así, sin miedo frente a todo tipo de peligros, entran con valentía en los bosques y cavernas de los salvajes, los pacifican gradualmente a través de la bondad cristiana, preparándolos para la verdadera fe y la autentica virtud. A fin de arrebatarlos del dominio del demonio por el baño de la regeneración y llevarlos a la libertad de los hijos adoptivos de Dios. (Gregorio XVI. Encíclica Probe nostris, n. 6, 18 de septiembre de 1840)

II – Para que Cristo esté en las almas es necesario el estado de gracia

Sagradas Escrituras

Para ser revestido de Cristo hay que ser bautizado

Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. (Gal 3, 26-27)

San Agustín de Hipona

Si pertenecemos a la Iglesia somos el propio Cristo

Felicitémonos, pues, y demos gracias porque nos ha hecho no sólo cristianos, sino Cristo. ¿Entendéis, hermanos, comprendéis la gracia de Dios sobre nosotros? Asombraos, alegraos: hemos sido hechos Cristo, pues, si Él es la Cabeza, nosotros somos sus miembros; el hombre total somos él y nosotros. […] Ahora bien, más arriba había dicho: “Hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y al reconocimiento del Hijo de Dios, al varón perfecto según la medida de edad de la plenitud del Mesías” (Ef 4, 13). La plenitud, pues, de Cristo es la Cabeza y los miembros. ¿Qué significa la Cabeza y los miembros? Cristo y la Iglesia. (San Agustín de Hipona. Tratados sobre el Evangelio de San Juan, Tratado 21, n. 8)

Dios no habita en todos los hombres

Pero lo que despierta mucho asombro es el hecho que Dios, estando entero en cada lugar, no obstante no habita en todos los hombres. A todos en efecto no puede aplicarse la afirmación del Apóstol ya citada, o incluso esta otra: ¿No sabéis que eres templo de Dios y que el Espíritu de Dios vive en ustedes? (1Cor 3, 16) En sentido contrario el mismo Apóstol dijo con respecto a algunos: Quién no tiene el Espíritu de Cristo, no pertenece a él (Rm 8, 9). ¿Quién, además se atrevería a pensar, excepto quien ignora enteramente la indivisibilidad de la Trinidad, que el Padre y el Hijo puedan habitar en alguien en quien no vive el Espíritu Santo?, ¿o que el Espíritu Santo posa habitar en alguien en quien no habita el Padre y el Hijo? Pues se debe admitir que Dios está por todas partes con la presencia dela divinidad, pero no por todas partes con la gracia con la cual habita en las almas. (San Agustín de Hipona. Epístola 187)

Dios no habita en todos. Por causa del pecado el pecador se aleja de Dios

Pues bien, Dios que está por todas partes entretanto no habita en todos, ni vive de manera igual en los cuales habita.[…] Uno entonces dice que son lejos del él ésos que debido al pecado son totalmente diferentes de él; que son prójimos de Él los cuales, con una vida santa asemíllense con Él, del mismo modo que justamente se dice que os ojos son tanto más lejos dela luz dela tierra, cuanto más ciegos son. (San Agustín de Hipona. Epístola 187)

San Juan Crisóstomo

El bautismo nos hace hermanos de Cristo…

Mas si son sus hermanos, ¿por qué los llama pequeñitos? Por lo mismo que son humildes, pobres y abyectos. Y no entiende por éstos tan sólo a los monjes que se retiraron a los montes, sino que también a cada fiel aunque fuere secular; y, si tuviere hambre, u otra cosa de esta índole, quiere que goce de los cuidados de la misericordia: porque el bautismo y la comunicación de los misterios le hacen hermano. (San Juan Crisóstomo citado por Santo Tomás de Aquino. Catena aurea in Mt 25, 31-45)

Benedicto XVI

…pero hay quienes destruyen en sí mismos el deseo de la verdad

Puede haber personas que han destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor. Ésta es una perspectiva terrible, pero en algunos casos de nuestra propia historia podemos distinguir con horror figuras de este tipo. En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra infierno. (Benedicto XVI. Encíclica Spe salvi, n. 45, 30 de noviembre de 2007)

III – Es necesario dignificar el sufridor y no rebajar el que evangeliza

Pío XII

En todo lo que sea para servicio del prójimo los nobles deben ser los primeros

Prontitud para la acción. Dentro de una gran solidaridad personal y social, cada uno debe estar dispuesto a trabajar, a inmolarse, a consagrarse al bien de todos. La diferencia está, no en el hecho de la obligación, sino en el modo de cumplirla. ¿Y no es acaso verdad que quienes disponen de más tiempo y de medios más abundantes deben ser más asiduos y solícitos en servir? Al hablar de medios, no tenemos Nos la intención de referirnos única o principalmente a la riqueza, sino a todas las dotes de inteligencia, cultura, educación, conocimientos, autoridad, las cuales no han sido concedidas a algunos privilegiados de la fortuna para su exclusivo provecho o para crear una irremediable desigualdad entre hermanos, sino para el bien de toda la comunidad social. En todo aquello que es para servicio del prójimo, de la sociedad, de la Iglesia de Dios, debéis ser siempre vosotros los primeros; en eso consiste vuestro verdadero puesto de honor; ahí está vuestra más noble precedencia. Generosa adhesión a los preceptos de la doctrina y de la vida cristiana. Son éstos los mismos para todos, porque no hay dos verdades ni dos leyes: ricos y pobres, grandes y pequeños, elevados y humildes, están igualmente obligados por la Fe a someter su entendimiento a un mismo dogma, por la Obediencia, su voluntad a una misma moral; pero el justo juicio de Dios será mucho más severo con aquellos que han recibido más, que están en mejores condiciones de conocer la única doctrina y ponerla en práctica en la vida cotidiana, con aquellos que mediante su ejemplo y autoridad pueden más fácilmente guiar a los demás por las vías de la justicia y de la salvación, o bien perderlos por los funestos senderos de la incredulidad y del pecado. (Pío XII. Discurso a los caballeros y damas del patriciado y de la nobleza, 15 de enero de 1949)

La Iglesia llama los pueblos a una condición más elevada

Queda un punto por tratar, el cual deseamos ardientemente que todos entiendan claramente. La Iglesia, desde sus orígenes hasta nuestros días, ha conseguido siempre la prudentísima norma que, al abrazar los pueblos el Evangelio, no se destruya ni extinga nada de lo bueno, honesto y hermoso que, según su propia índole y genio, cada uno de ellos posee. Pues cuando la Iglesia llama a los pueblos a una condición humana más elevada y a una vida más culta, bajo los auspicios de la religión cristiana, no sigue el ejemplo de los que sin norma ni método cortan la selva frondosa, abaten y destruyen, sino más bien imita a los que injertan en los arboles silvestres la buena rama, a fin de que algún día broten y maduren en ellos frutos más dulces y exquisitos. La naturaleza humana, aunque inficionada con el pecado original por la miserable caída de Adán, tiene con todo en si “algo naturalmente cristiano”; lo cual, si es iluminado con la luz divina y alimentado por la gracia de Dios, podrá algún día ser elevado a la verdadera virtud y a la vida sobrenatural. (Pío XII. Encíclica Evangelii praecones, n. 12, 2 de junio de 1951)

Celo del Sumo Pontífice en formar el Seminario para Negros

Es justo que se recomiende aquí a la debida atención el celo con que el mismo Sumo Pontífice se preocupó de los descendientes de los negros, dispersos sin orden en todo el mundo: fácilmente se deduce esto de la carta que dirigió al Superior General de la Congregación del Verbo Divino, con fecha de 5 de abril de 1923, en que auguro y deseo al Seminario para Negros un porvenir inmediato feliz, y afirmo que había sido una resolución utilísima recibir a negros que parecían llamados a entrar en la vida religiosa como miembros de la Congregación del Verbo Divino a fin de que, una vez iniciados en el sacerdocio, ejercieran entre ellos el sagrado ministerio con mayor eficacia. (Pío XII. Constitución apostólica Exul familia nazarethana, n. 47, 1 de agosto de 1952)

Juan Pablo II

La Iglesia también educa las conciencias demostrando la grandeza del hombre creado a imagen de Dios

La Iglesia y los misioneros son también promotores de desarrollo con sus escuelas, hospitales, tipografías, universidades, granjas agrícolas experimentales. Pero el desarrollo de un pueblo no deriva primariamente ni del dinero, ni de las ayudas materiales, ni de las estructuras técnicas, sino más bien de la formación de las conciencias, de la madurez de la mentalidad y de las costumbres. Es el hombre el protagonista del desarrollo, no el dinero ni la técnica. La Iglesia educa las conciencias revelando a los pueblos al Dios que buscan, pero que no conocen; la grandeza del hombre creado a imagen de Dios y amado por él; la igualdad de todos los hombres como hijos de Dios; el dominio sobre la naturaleza creada y puesta al servicio del hombre; el deber de trabajar para el desarrollo del hombre entero y de todos los hombres. (Juan Pablo II. Encíclica Redemptoris misio, n. 58, 7 de diciembre de 1990)

Además del cuidado de las almas la Iglesia no se olvida de la vida terrena

No se ha de pensar, sin embargo, que todos los desvelos de la Iglesia estén tan fijos en el cuidado de las almas, que se olvide de lo que atañe a la vida mortal y terrena. En relación con los proletarios concretamente, quiere y se esfuerza en que salgan de su misérrimo estado y logren una mejor situación. Y a ello contribuye con su aportación, no pequeña, llamando y guiando a los hombres hacia la virtud. Dado que, dondequiera que se observen íntegramente, las virtudes cristianas aportan una parte de la prosperidad a las cosas externas, en cuanto que aproximan a Dios, principio y fuente de todos los bienes. (León XIII. Encíclica Rerum novarum, n. 22, 15 de mayo de 1891)

Juan XXIII

Hay que reconocer la dignidad de los hombres, hechos amigos de Dios por la gracia sobrenatural

Si, por otra parte, consideramos la dignidad de la persona humana a la luz de las verdades reveladas por Dios, hemos de valorar necesariamente en mayor grado aún esta dignidad, ya que los hombres han sido redimidos con la sangre de Jesucristo, hechos hijos y amigos de Dios por la gracia sobrenatural y herederos de la gloria eterna. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in terris, n. 10, 11 de abril de 1963)

IV- El bien de las almas es lo primordial en la actividad evangelizadora

Benedicto XVI

No basta curar el cuerpo de la dependencia química sino que es necesario adornar el alma con dones divinos

Mediante una terapia, que incluye la asistencia médica, psicológica y pedagógica, pero también mucha oración, trabajo manual y disciplina, ya son numerosas las personas, sobre todo jóvenes, que han conseguido librarse de la dependencia química y del alcohol, y recobrar el sentido de la vida. Deseo manifestar mi aprecio por esta Obra, que tiene como base espiritual el carisma de San Francisco y la espiritualidad del Movimiento de los Focolares. La reinserción en la sociedad constituye, sin duda, una prueba de la eficacia de vuestra iniciativa. Pero lo que más llama la atención, y confirma la validez del trabajo, son las conversiones, el reencuentro con Dios y la participación activa en la vida de la Iglesia. No basta curar el cuerpo; es necesario adornar el alma con los dones divinos más preciosos recibidos en el bautismo.
Demos gracias a Dios por haber puesto tantas almas en el camino de una esperanza renovada, con la ayuda del sacramento del perdón y de la celebración de la Eucaristía. (Benedicto XVI. Discurso a la comunidad de la Hacienda de la Esperanza, n. 4, 12 de mayo de 2007)

En la Iglesia la caridad no se confunde con asistencia social

Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 25, 25 de diciembre de 2005)

Juan Pablo II

El mejor servicio al hermano es la evangelización

En la Encíclica Sollicitudo rei socialis he afirmado que “la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer al problema del subdesarrollo en cuanto tal”, sino que “da su primera contribución a la solución del problema urgente del desarrollo cuando proclama la verdad sobre Cristo, sobre sí misma y sobre el hombre, aplicándola a una situación concreta”. La Conferencia de los Obispos latinoamericanos en Puebla afirmó que “el mejor servicio al hermano es la evangelización, que lo prepara a realizarse como hijo de Dios, lo libera de las injusticias y lo promueve integralmente”. La misión de la Iglesia no es actuar directamente en el plano económico, técnico, político o contribuir materialmente al desarrollo, sino que consiste esencialmente en ofrecer a los pueblos no un “tener más”, sino un “ser más”, despertando las conciencias con el Evangelio. El desarrollo humano auténtico debe echar sus raíces en una evangelización cada vez más profunda. (Juan Pablo II. Encíclica Redemptoris misio, n. 58, 7 de diciembre de 1990)

Juan XXIII

¡No olvidéis los enfermos del alma!

Vosotros queréis aliviar los sufrimientos físicos, pero, bien lo sabemos, no olvidéis que al margen de vuestra actividad están, por desgracia, los más necesitados y los enfermos más contagiosos que son los pecadores obstinados y rebeldes. […] La confusión que reina en este punto en algunos sectores exige el esfuerzo de todas las almas cristianas de buen sentido para ser inexorables y decididas en un ejercicio difícil y paciente de verdadera caridad, y no desaprovechar ocasión para edificar, recordar, corregir, elevar. Jugar con el fuego es siempre perjudicial: et qui amat periculum in illo peribit (Eccl 3, 27). (Juan XXIII. Discurso a los delegados de las obras de misericordia de Roma, 21 de febrero de 1960)

Pío XII

Atención pastoral para que los inmigrantes reciban válidamente los sacramentos

Pero no solo de esta manera se procuró con mucha solicitud el bien de los inmigrantes, pues, dado que se supo que algunos obreros, emigrados de Europa a lejanas tierras, contraían matrimonio sin atenerse en lo más mínimo a las solemnidades de derecho, a causa de las circunstancias más difíciles de lugar y de tiempo en que se hallaban, y aun osaban contraerlo afectados por impedimentos, a fin de que las leyes del sagrado matrimonio no sufrieran ningún daño, para prevenir los horribles males, el Sumo Pontífice mando a la Sagrada Congregación de Disciplina de los Sacramentos que publicaran una cuidadosa Instrucción sobre la comprobación del estado de soltería y las proclamas matrimoniales; instrucción que en el transcurso de los años fue nuevamente promulgada por la misma Congregación añadiéndose normas saludables también para comodidad de los emigrados que deseaban contraer matrimonio por procurador. (Pío XII. Constitución Apostólica Exul familia nazarethana, n. 25, 1 de agosto de 1952)

Pío X

El primer deber de la caridad no radica en la indiferencia hacia los errores y vicios

Lo mismo se aplica a la noción de fraternidad que se encuentra en el amor de interés común o, más allá de todas las filosofías y religiones, en la mera noción de la humanidad, incluyendo de este modo un amor igual y la tolerancia a todos los seres humanos y a sus miserias, ya sean intelectuales, morales físicas y temporales. Pero la doctrina católica nos dice que el primer deber de la caridad no radica en la tolerancia de las ideas falsas, por sincera que sea, ni en la indiferencia teórica o práctica hacia los errores y vicios en los que vemos a nuestros hermanos cayeron, sino en el celo por su mejoramiento intelectual y moral, así como por su bienestar material. La doctrina católica nos dice, además, que el amor al prójimo brota de nuestro amor a Dios, que es Padre de todos, y el objetivo de toda la familia humana; y en Jesucristo, cuyos miembros somos, hasta el punto que en hacer el bien a los demás, estamos haciendo el bien a Jesucristo mismo. Cualquier otro tipo de amor es pura ilusión, estéril y fugaz. […] No hay fraternidad genuina fuera de la caridad cristiana. A través del amor de Dios y de su Hijo Jesucristo nuestro Salvador, la caridad cristiana abarca a todos los hombres, consuela a todos, y lleva a todos a la misma fe y la misma felicidad celestial. (Pío X. Encíclica Notre charge apostolique, n.22-23, 15 de agosto de 1910)

Pío IX

La caridad es sobre todo sacar del error los que no pertenecen al Cuerpo Místico de Cristo

Lejos, sin embargo, de los hijos de la Iglesia Católica ser jamás en modo alguno enemigos de los que no nos están unidos por los vínculos de la misma fe y caridad; […] pongan empeño por sacarlos de las tinieblas del error en que míseramente yacen y reducirlos a la verdad católica y a la madre amantísima, la Iglesia, que no cesa nunca de tenderles sus manos maternas y llamarlos nuevamente a su seno, a fin de que […] consigan la eterna salvación. (Denzinger-Hünermann 1678. Pio IX. Encíclica Quanto conficiamur moerore, 10 de agosto de 1863)

Congregación para la Doctrina de la Fe

No se puede dejar para mañana lo esencial: predicar la palabra de Dios

El angustioso sentimiento de la urgencia de los problemas no debe hacer perder de vista lo esencial, ni hacer olvidar la respuesta de Jesús al Tentador (Mt 4, 4): “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Dt 8, 3). Así, ante la urgencia de compartir el pan, algunos se ven tentados a poner entre paréntesis y a dejar para mañana la evangelización: en primer lugar el pan, la Palabra para más tarde. Es un error mortal el separar ambas cosas hasta oponerlas entre sí. Por otra parte, el sentido cristiano sugiere espontáneamente lo mucho que hay que hacer en uno y otro sentido. Para otros, parece que la lucha necesaria por la justicia y la libertad humanas, entendidas en su sentido económico y político, constituye lo esencial y el todo de la salvación. Para éstos, el Evangelio se reduce a un evangelio puramente terrestre. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación, n. VI, 3-4, 6 de agosto de 1984)

Jesús quiso llamar los excluidos a la conversión

Pero Jesús quiso también mostrarse cercano a quienes —aunque ricos en bienes de este mundo— estaban excluidos de la comunidad como “publicanos y pecadores”, pues él vino para llamarles a la conversión (cf. Mc 2, 13-17; Lc 19, 1-10). La pobreza que Jesús declaró bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Libertatis conscientia, n. 66, 22 de marzo de 1986)

San Francisco de Sales

Un prelado no puede poner más cuidado en distribuir el pan material que el pan del cielo

Los apóstoles, encargados de predicar el Evangelio por todo el mundo y de distribuir el pan del cielo a las almas, creyeron, muy acertadamente, que habrían obrado mal si se hubiesen distraído de este santo ejercicio para practicar la virtud de socorrer a los pobres, aunque esta virtud sea muy excelente. Cada vocación tiene necesidad de practicar alguna especial virtud: unas son las virtudes del prelado, otras las del príncipe, otras las del soldado, otras las de una mujer casada, otras las de una viuda; y, aunque todos han de tener todas las virtudes, no todos, empero, las han de practicar igualmente, sino que cada uno ha de ejercitarse, particularmente, en aquellas que exige el género de vida a que ha sido llamado. (San Francisco de Sales. Introducción a la vida devota, parte III, cap. 1)

Estudios relacionados
  • 1 - El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido y entre cristianos es en sí mismo un pecado grave
  • 114 - Un pastor no teme ensuciarse las manos. Arriesga su vida, su fama, incluso en la carrera eclesiástica, ¡pero es un buen pastor! No puede estar tranquilo, protegiéndose a sí mismo. Es tan fácil condenar a los demás, pero no es cristiano
  • 116 - Me surge pensar en la tentación de relacionar el anuncio del Evangelio con bastonazos inquisidores. No, el Evangelio se anuncia con dulzura
  • 125 - Se impone una evangelización que ilumine los nuevos modos de relación con Dios, con los otros y con el espacio. La Iglesia está llamada a ser servidora de un difícil diálogo
  • 129 - Hay que crear nuevas síntesis culturales. Quien emigra obliga al cambio a quien lo acoge. Hay que cultivar la cultura del encuentro

  • Print Friendly, PDF & Email