77 – Enseñar y estudiar teología significa vivir en una frontera – Los buenos teólogos, como los buenos pastores, huelen a pueblo y a calle

La misión del teólogo es de primordial importancia para el desarrollo de la Iglesia, pues sus conclusiones emanan del tesoro escondido de la revelación y de escrutar con atención la sabiduría que late en el Sagrado Corazón de Jesús. Toda la Iglesia se alegra cuando, a raíz de la legítima reflexión teológica, un aspecto desconocido de la doctrina ve la luz o se abre un nuevo camino para profundizar en la riqueza de nuestra fe.

Tan sublime es la labor de los teólogo que, según Santo Tomás, ellos están elevados sobre la tierra y cercanos al cielo por la elevación de su doctrina y son los primeros que reciben los rayos de la divina sabiduría.

Esta es la categoría de teólogos que hace dos mil años viene dando frutos en la Iglesia, favoreciendo la evangelización de los pueblos, fomentando el fervor de los fieles y dando bases para la apología de la fe.

Sin embargo, nociones más actuales sobre el modo de ser teólogo sugieren una visión distinta donde este se presenta más como un agente de asistencia social, nacido de expresiones con significado bastante poco claro. Pero, ¿qué tipo de teólogos necesita realmente la Iglesia?

Francisco

Cita A

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores
 

I – La misión del teólogo
II- El oficio de la Teología

I – La misión del teólogo

Santo Tomás de Aquino

En razón de la doctrina que enseñan los doctores deben despreciar las cosas terrenas

En razón de la elevación de esta doctrina se requiere dignidad también en quienes la enseñan, lo que se significa en los montes, cuando dice: riegas los montes. Y esto por tres motivos. Primero, por la elevación de los montes. Están elevados sobre la tierra y cercanos al cielo. Así también los doctores sagrados, despreciando las cosas terrenas se adhieren solo a las celestiales. Fil 3: Nuestra ciudadania está en los cielos. Por lo que del mismo Cristo, doctor de los doctores, se dice en Is. 2: Se elevará sobre la cima de los mones y hacia él confluirán todos los pueblos. (Santo Tomás de Aquino. Princripium Ringans Montes)

Los doctores son los primeros a recebir el resplendor de las luces divinas

Los montes son iluminados primero por los rayos de la luz. Y de modo semejante las mentes de los doctores sagrados reciben primero el resplandor. Pues del mismo modo que los montes, los doctores son iluminados en primer lugar por los rayos de la divina sabiduría. Por eso se dice en el Salmo: Cuando iluminas con tu resplandor desde los montes eternos, es decir, los doctores que participan de la eternidad, de los que se dice en Fil 2: entre los que brillais como antorchas en el mundo. (Santo Tomás de Aquino. Princripium Ringans Montes)

Los doctores deben estar en defensa de la fe contra los errores

[…] los doctores de la Iglesia deben estar en defensa de la fe contra todos los errores. Los hijos de Israel no confiaban en la lanza ni en las flechas, sino que los montes los defendían. Y por eso algunos fueron recriminados en Ez 13: No subisteis al frente en la adversidad ni pusisteis un muro de defensa para la casa de Israel, a fin de oponerles resistencia en el dia del peligro, en el dia del Señor. Porque todos los doctores de la Sagrada Escritura deben ser elevados por la eminencia de su vida, para ser idóneos para predicar eficazmente. Como dice Gregorio en su Regla Pastoral, si la vida de uno es despreciada, también será despreciada necesariamente su predicación. Porque los corazones no pueden ser estimulados a mantenerse en el temor de Dios si no son por la elevación de la vida. Deben ser iluminados, para que puedan enseñar eficazmente con sus comentarios, como se lee en Ef. 3: A mi, el menos de todos los santos, se me ha concedido esta gracia: anunciar a los paganos las insondables riquezas de Cristo e iluminar a todos con la dispensación del misterio que estaba escondido desde todos los siglos en Dios. Deben estar preparados para confrontar los errores en las disputas. Lc 21: Os daré una boca y una sabiduría que vuestros adversarios no podrán resistir ni contradecir. Y de estos tres oficios, es decir, predicar, comentar y disputar se dice en Tit 1: para que capaz de exhortar, esto en en cuanto a la predicación, de enseñar la doctrina sagrada, en cuanto a los comentarios, y de vencer a quienes te contradigan, en cuanto a la disputa. (Santo Tomás de Aquino. Princripium Ringans Montes)

Congregación para la Doctrina de la Fe

La función del teólogo es profundizar la comprensión de la Palabra de Dios

Entre las vocaciones suscitadas de ese modo por el Espíritu en la iglesia se distingue la del teólogo, que tiene la función especial de lograr, en comunión con el Magisterio, una comprensión cada vez más profunda de la Palabra de Dios contenida en la Escritura inspirada y transmitida por la tradición viva de la iglesia. (Denzinger-Hünermann 4870. Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Donum Veritatis, n. 6, 24 de Marzo de 1990)

El teólogo debe dar cuenta de su esperanza a aquellos que se lo piden

La ciencia teológica, que busca la inteligencia de la fe respondiendo a la invitación de la voz de la verdad ayuda al pueblo de Dios, según el mandamiento del Apóstol (cf. 1 P 3, 15), a dar cuenta de su esperanza a aquellos que se lo piden. (Denzinger-Hünermann 4870. Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Donum Veritatis, n. 6, 24 de Marzo de 1990)

La evangelización del teólogo consiste en presentar la verdad en la palabra

La teología que indaga la « razón de la fe » y la ofrece como respuesta a quienes la buscan, constituye parte integral de la obediencia a este mandato [cf. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, Mt 28, 19], porque los hombres no pueden llegar a ser discípulos si no se les presenta la verdad contenida en la palabra de la fe (cf. Rm 10, 14 s.). (Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Donum Veritatis, n. 7, 24 de Marzo de 1990)

Comisión Teológica Internacional

Conocer a Dios es el esfuerzo de la tarea teológica

El objeto de la teología es el Dios vivo, y la vida del teólogo no puede dejar de verse afectada por el esfuerzo sostenido de conocer al Dios viviente. El teólogo no puede excluir de su propia vida el esfuerzo por comprender toda la realidad en referencia a Dios. La obediencia a la verdad purifica el alma (cf. 1 Pe 1,22), y «la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera» (Sant 3,17). Se deduce que la labor de la teología debería purificar la mente y el corazón del teólogo. (Comisión Teológica Internacional. La Teología Hoy: perspectivas, principios y criterios, n. 93, 29 de Noviembre de 2011)

Juan Pablo II

Servir a la doctrina también es un acto de amor hacia el hombre

La tarea del teólogo al servicio de la doctrina sobre Dios constituye, al mismo tiempo, según la enseñanza de Santo Tomás de Aquino, un acto de amor hacia el hombre. (Juan Pablo II. Discurso a los teólogos en Altötting, n. 1, 18 de noviembre de 1980)

La Tradición es el verdadero puente entre la Escritura y la actualidad

El teólogo católico no puede tender el puente entre la Escritura y las preocupaciones de nuestro presente sin tener en cuenta la mediación de la Tradición. Esta no reemplaza a la Palabra de Dios en la Biblia; más bien da testimonio de ella, en el transcurso de épocas históricas, mediante nuevas interpretaciones. […] Haced ver a los hombres de la Iglesia que, obrando así, no os abandonáis a reliquias del pasado, sino que nuestra gran herencia, que se extiende desde los Apóstoles hasta nuestros días, encierra en sí un rico potencial capaz de dar respuesta a los interrogantes actuales. (Juan Pablo II. Discurso a los teólogos en Altötting, n. 2, 18 de noviembre de 1980)

La Tradición hace al teólogo más sensible al presente

Si somos [los teólogos] capaces de descubrir el valor de la Sagrada Escritura y de percibir el eco que ha dejado en la Tradición viva de la Iglesia, podremos entonces transmitir mejor el Evangelio de Dios. Nos haremos más críticos y sensibles de cara a nuestro propio presente. (Juan Pablo II. Discurso a los teólogos en Altötting, n. 2, 18 de noviembre de 1980)

Virtudes del teólogo: fidelidad al Magisterio y modestia en las opiniones personales

En el estudio y la enseñanza de la doctrina católica aparezca bien clara la fidelidad al Magisterio de la Iglesia. En el cumplimiento de la misión de enseñar, especialmente en el ciclo institucional, se impartan ante todo las enseñanzas que se refieren al patrimonio adquirido de la Iglesia. Las opiniones probables y personales que derivan de las nuevas investigaciones sean propuestas modestamente como tales. (Juan Pablo II. Constitución Sapientia Christiana, art. 70, 15 de Abril de 1979)

Pablo VI

Los teólogos no deben consentir al deseo de popularidad en perjuicio de la Verdad

Su mayor escrúpulo será aquél de ser fieles a la verdad de la fe y a la doctrina de la Iglesia; evitarán de consentir al deseo de una acogida fácil y a la popularidad, en detrimento de la seguridad de la doctrina enseñada por el Magisterio, que en la Iglesia representa la persona de Jesucristo Maestro. (Pablo VI. Discurso a los participantes del congreso internacional de Teología del Concilio Vaticano II. 1 de Octubre de 1966)

Intérpretes de la Verdad

Pondrán su suma honradez en ser intérpretes fieles y sabios de la enseñanza del Magisterio, sabiendo bien que nada beneficia tanto al pueblo cristiano y al género humano cuanto la conciencia cierta de las verdades de la salvación, y que estas se encuentran junto a los que Jesucristo dijo: “Quienes vos escuchan, a mi escuchan”. (Pablo VI. Discurso a los participantes del congreso internacional de Teología del Concilio Vaticano II. 1 de Octubre de 1966)

Pío XII

Los teólogos deben volver siempre a la Tradición

También es verdad que los teólogos deben siempre volver a las fuentes de la Revelación divina, pues a ellos toca indicar de qué manera se encuentre explícita o implícitamente en la Sagrada Escritura y en la divina tradición lo que enseña el Magisterio vivo. (Denzinger-Hünermann 3886. Pío XII. Encíclica Humani Generis, n. 15, 12 de Agosto de 1950)

II- El oficio de la Teología

Santo Tomás de Aquino

Dios es el sujeto de la ciencia sagrada

Contra esto: es sujeto de una ciencia aquello en torno a lo cual gira todo el quehacer de tal ciencia. La ciencia sagrada gira en torno a Dios, tanto que se la llama Teología, que es casi como decir Tratado sobre Dios. Por lo tanto, Dios es el sujeto de esta ciencia. (Santo Tomás de Aquino. STh. I, q. 1, a.7)

En la ciencia sagrada todo debe estar referido a Dios

Esto mismo queda patente por los principios de esta ciencia, que son los artículos de fe, y que proviene de Dios. El sujeto de los principios es el mismo que de toda la ciencia, pues toda la ciencia virtualmente está contenida en los principios. Es verdad que ha habido quienes, considerando lo que se trata en esta ciencia y no el aspecto bajo el que se trata, le han asignado a la doctrina sagrada otro sujeto. Por ejemplo, los hechos y los signos, o la obra de la reparación, o el Cristo total, esto es, la cabeza y los miembros. Cierto que en esta ciencia se trata de todo esto, pero siempre en cuanto referido a Dios. (Santo Tomás de Aquino. STh. I, q. 1, a.7)

Congregación para la Doctrina de la Fe

El objeto de la teología: la Verdad

Puesto que el objeto de la teología es la Verdad, el Dios vivo y su designio de salvación revelado en Jesucristo, el teólogo está llamado a intensificar su vida de fe y a unir siempre la investigación científica y la oración. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Donum Veritatis, n. 8, 24 de Marzo de 1990)

Benedicto XVI

Lo esencial de la teología es la interpretación de la Escritura

En definitiva, «cuando la exegesis no es teología, la Escritura no puede ser el alma de la teología y, viceversa, cuando la teología no es esencialmente interpretación de la Escritura en la Iglesia, esta teología ya no tiene fundamento». (Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Verbum Domini. n. 35, 30 de septiembre de 2010)

Juan Pablo II

La teología muestra cuál es la frontera ante la que hay que detenerse

El creyente tiene derecho a saber en qué debe fiarse en asuntos de fe. La teología debe hacer ver al hombre la frontera ante la que debe detenerse. (Juan Pablo II. Discurso a los teólogos en Altötting, n. 3, 18 de noviembre de 1980)

Debe excluirse de la Teología cualquier forma de sincretismo

La Verdad revelada debe ser considerada también en conexión con los adelantos científicos del momento presente, para que se comprenda claramente «cómo la fe y la razón se encuentran en la única verdad» y su exposición sea tal, que, sin mutación de la verdad, se adapte a la naturaleza y a la índole de cada cultura, teniendo especialmente en cuenta la filosofía y la sabiduría de los pueblos, excluyendo no obstante cualquier forma de sincretismo o de falso particularismo. (Juan Pablo II. Constitución Sapientia Christiana, art. 68, 15 de Abril de 1979)

No se deben aceptar sistemas filosóficos o métodos de estudio que no puedan conciliarse con la fe

Se deben investigar, escoger y tomar con cuidado los valores positivos que se encuentran en las distintas filosofías y culturas; pero no se deben aceptar sistemas y métodos que no puedan conciliarse con la fe cristiana. (Juan Pablo II. Constitución Sapientia Christiana, art. 68, 15 de Abril de 1979)

Pío XII

El abandono de la Tradición engendra la esterilidad de la Teología

[…] con el estudio de las fuentes sagradas se rejuvenecen continuamente las sagradas ciencias, mientras que, por lo contrario, una especulación que deje ya de investigar el depósito de la fe se hace estéril, como vemos por experiencia. (Denzinger-Hünermann 3886. Pío XII. Encíclica Humani Generis, n. 15, 12 de Agosto de 1950)

El peligro de la Teología al alejarse de la Tradición

[…] es de suma imprudencia el abandonar o rechazar o privar de su valor tantas y tan importantes nociones y expresiones que hombres de ingenio y santidad no comunes, bajo la vigilancia del sagrado Magisterio y con la luz y guía del Espíritu Santo, han concebido, expresado y perfeccionado —con un trabajo de siglos— para expresar las verdades de la fe, cada vez con mayor exactitud, y (suma imprudencia es) sustituirlas con nociones hipotéticas o expresiones fluctuantes y vagas de la nueva filosofía, que, como las hierbas del campo, hoy existen, y mañana caerían secas; aún más: ello convertiría el mismo dogma en una caña agitada por el viento. Además de que el desprecio de los términos y nociones que suelen emplear los teóricos escolásticos conducen forzosamente a debilitar la teología llamada especulativa, la cual, según ellos, carece de verdadera certeza, en cuanto que se funda en razones teológicas. (Pío XII. Encíclica Humani Generis, n. 11, 12 de Agosto de 1950)

Comisión Teológica Internacional

El lugar de la teología es dentro de la Iglesia

El auténtico lugar de la teología está dentro de la Iglesia, que ha sido reunida por la Palabra de Dios. La eclesialidad de la teología es un aspecto constitutivo de la tarea teológica porque la teología se basa en la fe, y la fe es a la vez personal y eclesial. La revelación de Dios se dirige a la convocatoria y a la renovación del pueblo de Dios, y por medio de la Iglesia los teólogos reciben el objeto de su investigación. (Comisión Teológica Internacional. La Teología Hoy: perspectivas, principios y criterios, n. 20, 29 de Noviembre de 2011)

No existe verdadera teología sin buscar la santidad

Al intentar alcanzar la sabiduría verdadera en su estudio del Misterio de Dios, la teología reconoce la prioridad absoluta de Dios; busca, no poseer sino ser poseída por Dios. Debe por tanto estar atenta a lo que el Espíritu está diciendo a las iglesias por medio del «conocimiento de los santos». La teología implica un esfuerzo por la santidad y una conciencia a un mas profunda de la trascendencia del Misterio de Dios. (Comisión Teológica Internacional. La Teología Hoy: perspectivas, principios y criterios, n. 99, 29 de Noviembre de 2011)


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