101 – “En el Evangelio, Jesús no se enoja, pero lo finge cuando los discípulos no entienden las cosas”

Después de la Encarnación del Verbo y la Redención del género humano la Persona de Nuestro Señor Jesucristo se convirtió en el centro de la Historia. Rendirle culto, servirle y propagar su nombre pasó a ser la más alta finalidad de los bautizados, que nunca se cansaran de conocerlo cada vez más en esta vida mientras esperan el encuentro definitivo con Él en la venidera.

En esta búsqueda estimulada por la fe encuentra su origen la ciencia cristológica que en todos los siglos obtuvo notables avances, particularmente cuando debió vencer tremendos obstáculos como fueron las herejías. El Espíritu Santo nunca dejó de asistir la Iglesia para que conservara la verdad íntegra en lo tocante a la doctrina relativa a su Fundador, pues si las enseñanzas de Cristo son de máxima importancia, las que dicen respecto a su Persona lo son todavía más.

En diversas ocasiones el Papa Francisco ha demostrado interpretaciones muy personales en el campo de la cristología, dignas de atención. Sutiles, enroscadas en bellos discursos, a veces en dichos cortos, expresan ideas que hacen pensar y provocan cierta inquietud.

La afirmación que originó esta entrada, aunque breve, es reveladora de una visión sobre Cristo que necesita aclaraciones. ¡Jesús es la misericordia infinita! No cabe duda cuán agradable es meditar los pasajes evangélicos que demuestran su divina bondad en relación a los pecadores, su disposición de enseñar a todos que a Él se acercaban, curarlos tanto en el alma como en el cuerpo. Pero Jesús también condenó los malos, atacó a los que permanecían obstinadamente en el error, tejió un látigo y con él dispersó palomas, bueyes y ovejas y acarició la espalda de los que habían transformado la casa de Dios en una cueva de ladrones… y eso algunos no lo comprenden o no quieren comprenderlo.

¿Puede ser verdad que Jesús fingió en esas ocasiones una ira que no anidaba en su corazón? ¿Qué es fingir? El diccionario de la Real Academia Española nos ofrece una definición muy clara: “Dar a entender lo que no es cierto // Dar existencia real a lo que realmente no la tiene // Simular, aparentar”. Jesús es Dios y no puede obrar algo imperfecto. Por eso, no puede mentir y engañar. Veamos lo que dice la doctrina católica sobre eso.

Francisco

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En el Evangelio, Jesús no se enoja, pero lo finge cuando los discípulos no entienden las cosas. A los de Emaús dice: “¡Necios y tardos de corazón. ¡Oh necios, y tardos de corazón…” (Homilía en Santa Marta, 29 de noviembre de 2013)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I – Las reacciones humano-divinas en Jesucristo
II –
Cristo, la Verdad en sustancia, no podía engañarse ni engañarnos
III –
La santa indignación en la vida de Nuestro Señor Jesucristo


I – Las reacciones humano-divinas en  Jesucristo


León Magno
Jesús, Dios y hombre, bajó del cielo sin apartarse de la gloria del Padre

Concilio de Calcedonia (IV Ecuménico)
Jesús es perfecto en su humanidad y en su divinidad; semejante a los hombres en todo excepto en el pecado

III Concilio de Constantinopla (VI Ecuménico)
Los Concilios proclaman: Jesús es consustancial al Padre

León IX
Jesús es consustancial, coomnipotente y coigual al Padre en todo en la divinidad

Catecismo de la Iglesia Católica
En Jesús no se pueden separar Dios y Hombre

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)
Jesús es la imagen visible del Dios invisible

Honorio I
En Jesús la naturaleza humana ejecuta lo que es de la carne y la naturaleza divina lo que es de Dios

XIV Sínodo de Toledo
Nadie puede quitar algo de la divinidad o sustraer algo a la humanidad de Cristo

Catecismo de la Iglesia Católica
En Jesucristo todo debe ser atribuido a su persona divina como en su propio sujeto
-Jesús expresa en su vida las costumbres de la Trinidad

San Máximo Confesor
Jesús en su naturaleza humana unida al Verbo conocía todas las cosas

Pío XII
Cristo además de la visión beatífica poseía toda la gracia y santidad, toda la potestad, los tesoros de la sabiduría y ciencia

San Atanasio de Alejandría
No invocamos a criatura alguna, sino al hijo verdadero y natural de Dios hecho hombre


II – Cristo, la Verdad en sustancia, no podía engañarse ni engañarnos


Catecismo de la Iglesia Católica
-La veracidad es parte de la virtud de justicia: manifestar al prójimo lo que le es debido
-La mentira es un pecado que trae consigo graves consecuencias para uno mismo y para la sociedad

Santo Tomás de Aquino
-La simulación es una forma de mentira

San Agustín de Hipona
-Toda mentira es una acción injusta que será castigada por Dios
-Quién ama la verdad debe odiar toda clase de mentira
-Las tinieblas de la mentira son incompatibles con la Luz de la Verdad

Catecismo de la Iglesia Católica
-En muchos pasajes de las Escrituras Jesús se menciona a sí mismo como la Verdad

San Clemente Romano
-Nada hay imposible para Dios excepto la misma mentira

San Juan Crisóstomo
-Los actos de Jesús no eran una comedia
-“De Mí aprenderéis la verdad, la cual os librará de los pecados”

San Cirilo de Alejandría
-Jesús, la Verdad, no puede mentir

San Agustín de Hipona
-“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, dijo Jesús, y cómo Dios no puede engañarnos

San Juan Crisóstomo
-Jesucristo no puede decir nada que no sea conforme Dios y el Espíritu Santo
-Las palabras de Jesús no son pasibles de engaño, mientras nuestros sentidos fácilmente se equivocan


III – La santa indignación en la vida de Nuestro Señor Jesucristo


Sagradas Escrituras
-Jesús miraba a los malos con ira
-Con indignación Jesús echó a todos los que vendían y compraban en el templo
-“Vosotros habéis convertido mi casa en cueva de bandidos”
-Viendo la cólera de Cristo los discípulos se acordaron de la Escritura: “El celo de tu casa me devora”
-Jesús se enfada con la maldad de los fariseos
-Apreciaciones de Cristo acerca de los dirigentes de Israel
-Los malos piensan que están salvados, pero caerán en el abismo

Santo Tomás de Aquino
-Severidad y mansedumbre no se oponen
-La ira, cuando no es por pasión, es un bien; y la falta de ira puede ser un pecado

Benedicto XVI
-Para Dios no se distinguen la justicia y la misericordia
-Jesús nos dio ejemplo de que la justicia y la misericordia son indisociables

Santo Tomás de Aquino
-Toda disolución es resultado de misericordia sin justicia

Juan Pablo II
-No hay amor sin justicia

Santo Tomás de Aquino
-Dios castiga para incitarnos al arrepentimiento

San Agustín de Hipona
-Dios castiga a aquellos que ama

Teófilo de Antioquía
-Dios se indigna contra aquellos que obran el mal

San Agustín de Hipona
-No fue solamente una vez que Jesús expulsó a los mercaderes del templo
-Jesús tejió un látigo de cuerdas y flageló a los indisciplinados

Orígenes
-Jesús no tuvo menos poder al expulsar los mercaderes del Templo que al hacer milagros

San Jerónimo de Estridón
-El hecho de expulsar los mercaderes del Templo fue uno de los más grandes prodigios de Jesús

San Juan Crisóstomo
-Jesús expulsó los mercaderes para demonstrar su conformidad con Dios
-Jesús se expuso al peligro por amor a la casa de Dios

Alcuino de York
-El celo bueno es la manifestación exterior del fervor del alma

San Beda el Venerable
-Jesús echó los mercaderes del Templo para significar que expulsa los malos que están entre los buenos y hacen las cosas de manera fingida


I – Las reacciones humano-divinas Jesucristo


León Magno

  • Jesús, Dios y hombre, bajó del cielo sin apartarse de la gloria del Padre

“El Verbo se hizo carne y habito entre nosotros” (Jn 1, 14), es decir, en aquella carne que tomó del hombre y que el espíritu de la vida racional animó.
Quedando, pues, a salvo la propiedad de una y otra naturaleza y uniéndose ambas en una sola persona, […] la naturaleza inviolable se unió a la naturaleza pasible. […] En naturaleza, pues, íntegra y perfecta de verdadero hombre, nació Dios verdadero, entero en lo suyo, entero en lo nuestro […].
Asumió la forma de siervo sin la mancha del pecado, elevando las realidades humanas, no disminuyendo las divinas, ya que aquel despojamiento, por el cual el invisible se ofreció a sí mismo visible…, fue un inclinarse de la misericordia, no una falta de poder.
Entra, pues, en estas flaquezas del mundo el Hijo de Dios, bajando de su trono celeste, pero no alejándose de la gloria del Padre
. (Denzinger-Hünermann, 292-294. León Magno, Carta Lectis dilectionis tuae al obispo Flaviano de Constantinopla, 13 de junio de 449)

Concilio de Calcedonia (IV Ecuménico)

  • Jesús es perfecto en su humanidad y en su divinidad; semejante a los hombres en todo excepto en el pecado

Siguiendo, pues, a los santos Padres, enseñamos unánimemente que hay que confesar a un sólo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad, y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios, y verdaderamente hombre “compuesto” de alma racional y cuerpo; consustancial con el Padre según la divinidad, y consustancial con nosotros según la humanidad, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado. […]
Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación.
La diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por su unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y confluyen en una sóla persona y en una sóla hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres. (Denzinger-Hünermann, 301-302. Concilio de Calcedonia, Sesión V, Credo de Calcedonia, 22 de octubre de 451)

III Concilio de Constantinopla (VI Ecuménico)

  • Los Concilios proclaman: Jesús es consustancial al Padre

[Εl presente santo y universal Concilio] sigue también los cinco santos Concilios universales y, de acuerdo con ellos, define que confiesa a su Señor Jesucristo, nuestro verdadero Dios, uno que es de la santa consustancial Trinidad, principio de la vida, como perfecto en la divinidad y perfecto el mismo en la humanidad, verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, compuesto de alma racional y de cuerpo; consustancial al Padre según la divinidad y el mismo consustancial a nosotros según la humanidad, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado (cf. Heb 4, 15). (Denzinger-Hünermann 554. III Concilio de Constantinopla, Sesión XVIII, 16 de septiembre de 681)

León IX

  • Jesús es consustancial, coomnipotente y coigual al Padre en todo en la divinidad

El mismo Hijo de Dios Padre, Verbo de Dios, nacido del Padre eternamente antes de todos los tiempos, es consustancial, coomnipotente y coigual al Padre en todo en la divinidad. (Denzinger-Hünermann 681. León IX, Carta Congretulamur vehementer a Pedro, patriarca de Antioquía, 13 de abril de 1053)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • En Jesús no se pueden separar Dios y Hombre

La Iglesia confiesa así que Jesús es inseparablemente verdadero Dios y verdadero Hombre. Él es verdaderamente el Hijo de Dios que se ha hecho hombre, nuestro hermano, y eso sin dejar de ser Dios, nuestro Señor. (Catecismo da Iglesia Católica, n. 469)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

  • Jesús es la imagen visible del Dios invisible

El que es imagen de Dios invisible (Col 1, 15) es también el hombre perfecto, que ha devuelto a la descendencia de Adán la semejanza divina, deformada por el primer pecado. En él, la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado. (Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 22, 7 de diciembre de 1965)

Honorio I

  • En Jesús la naturaleza humana ejecuta lo que es de la carne y la naturaleza divina lo que es de Dios

Por lo que toca al dogma eclesiástico, lo que debemos mantener y predicar en razón de la sencillez de los hombres y para cortar los enredos de las cuestiones inextricables, no es definir una o dos operaciones en el mediador de Dios y de los hombres, sino que debemos confesar que las dos naturalezas unidas en un solo Cristo por unidad natural operan y son eficaces con comunicación de la una a la otra, y que la naturaleza divina obra lo que es de Dios, y la humana ejecuta lo que es de la carne, no enseñando que dividida ni confusa ni convertiblemente la naturaleza de Dios se convirtió en el hombre ni que la naturaleza humana se convirtiere en Dios, sino confesando íntegras las diferencias de las dos naturalezas.
Quitando, pues, el escándalo de la nueva invención, no es menester que nosotros confesemos con toda verdad a un solo operador Cristo Señor, en las dos naturalezas; y en lugar de las dos operaciones, quitado el vocablo de la doble operación, más bien proclamar que las dos naturalezas, es decir, la de la divinidad y la de la carne asumida, obran en una sola persona, la del Unigénito de Dios Padre, inconfesa, indivisible e inconvertiblemente, lo que les es propio. (Denzinger-Hünermann 488. Honorio I, Carta Scripta dilectissimi filii, año 634)

XIV Sínodo de Toledo

  • Nadie puede quitar algo de la divinidad o sustraer algo a la humanidad de Cristo

Él no tiene nada de menos de la divinidad, ni toma nada de imperfecto de la humanidad; no está dividido por la duplicidad de las naturalezas, ni duplicado en la persona, sino, como Dios completo y hombre completo sin ningún pecado, es el único Cristo en la singularidad de la persona.
Subsistiendo como único, pues, en ambas naturalezas, brilla con los signos de la divinidad y está sometido a los sufrimientos de la humanidad. […]
Si, pues, alguien a Jesucristo, Hijo de Dios, que nació del seno de la Virgen María, o quita algo de la divinidad o sustrae algo a la humanidad, excepto sólo la ley del pecado, y no cree sinceramente que Él existe como verdadero Dios y hombre perfecto en una única persona, sea anatema. (Denzinger-Hünermann, 564. XIV Sínodo de Toledo, Apología de Julián, 11 de mayo de 688)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • En Jesucristo todo debe ser atribuido a su persona divina como en su propio sujeto

“No hay más que una sola hipóstasis [o persona] […] que es Nuestro Señor Jesucristo, uno de la Trinidad” (Concilio de Constantinopla II. DS 424). Por tanto, todo en la humanidad de Jesucristo debe ser atribuido a su persona divina como a su propio sujeto (cf. Concilio de Éfeso. DS 255), no solamente los milagros sino también los sufrimientos (cf. Concilio de Constantinopla II. DS 424) y la misma muerte: “El que ha sido crucificado en la carne, Nuestro Señor Jesucristo, es verdadero Dios, Señor de la gloria y uno de la Santísima Trinidad” (ibíd., n. 432). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 468)

  • Jesús expresa en su vida las costumbres de la Trinidad

Puesto que en la unión misteriosa de la Encarnación “la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida” (Gaudium et Spes n. 22), la Iglesia ha llegado a confesar con el correr de los siglos, la plena realidad del alma humana, con sus operaciones de inteligencia y de voluntad, y del cuerpo humano de Cristo. Pero paralelamente, ha tenido que recordar en cada ocasión que la naturaleza humana de Cristo pertenece propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido. Todo lo que es y hace en ella proviene de “uno de la Trinidad”. El Hijo de Dios comunica, pues, a su humanidad su propio modo personal de existir en la Trinidad. Así, en su alma como en su cuerpo, Cristo expresa humanamente las costumbres divinas de la Trinidad (cf. Jn 14, 9-10). (Catecismo da Iglesia Católica, n. 470)

San Máximo Confesor

  • Jesús en su naturaleza humana unida al Verbo conocía todas las cosas

El Hijo de Dios conocía todas las cosas; y esto por sí mismo, que se había revestido de la condición humana; no por su naturaleza, sino en cuanto estaba unida al Verbo […]. La naturaleza humana, en cuanto estaba unida al Verbo, conocida todas las cosas, incluso las divinas, y manifestaba en sí todo lo que conviene a Dios. (San Máximo Confesor. Quaestiones et dubia, n. 66: PG 90, 840)

Pío XII

  • Cristo además de la visión beatífica poseía toda la gracia y santidad, toda la potestad, los tesoros de la sabiduría y ciencia

A Él ha sido dada potestad sobre toda carne; en El están abundantísimamente todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. Y posee de tal modo la ciencia de la visión beatífica, que tanto en amplitud como en claridad supera a la que gozan todos los bienaventurados del Cielo. Y, finalmente, está tan lleno de gracia y santidad, que de su plenitud inexhausta todos participamos. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 21, 29 de junio de 1943)

San Atanasio de Alejandría

  • No invocamos a criatura alguna, sino al hijo verdadero y natural de Dios hecho hombre

Convenía que el Señor, al revestirse de carne humana, se revistiese con ella tan totalmente que tomase todas las afecciones que le eran propias, de suerte que así como decimos que tenía su propio cuerpo, así también se pudiera decir que eran suyas propias las afecciones de su cuerpo, aunque no las alcanzase su divinidad. Si el cuerpo hubiese sido de otro, sus afecciones serien también de aquel otro. Pero si la carne era del Verbo, pues “el Verbo se hizo carne” (Jn 1, 14), necesariamente hay que atribuirle también las afecciones de la carne, pues suya es la carne. Y al mismo a quien se le atribuyen los padecimientos-como el ser condenado, azotado, tener sed, ser crucificado y morir-, a él se atribuye también la restauración y la gracia. Por esto se afirma de una manera lógica y coherente que tales sufrimientos son del Señor y no de otro, para que también la gracia sea de él, y no nos convirtamos en adoradores de otro, sino del verdadero Dios. No invocamos a creatura alguna, ni a hombre común alguno, sino al hijo verdadero y natural de Dios hecho hombre, el cual no por ello es menos Señor, Dios y Salvador. (San Atanasio de Alejandría. Contra Arianos, Discorso III, no. 32-33)


II – Cristo, la Verdad en sustancia, no podía engañarse ni engañarnos


Catecismo de la Iglesia Católica

  • La veracidad es parte de la virtud de justicia: manifestar al prójimo lo que le es debido

La virtud de la veracidad da justamente al prójimo lo que le es debido; observa un justo medio entre lo que debe ser expresado y el secreto que debe ser guardado: implica la honradez y la discreción. En justicia, “un hombre debe honestamente a otro la manifestación de la verdad”. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2469)

  • La mentira es un pecado que trae consigo graves consecuencias para uno mismo y para la sociedad

“La mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar” (San Agustín. Mend. n. 4, 5). El Señor denuncia en la mentira una obra diabólica: “Vuestro padre es el diablo… porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira”. […] La mentira es la ofensa más directa contra la verdad. […] La mentira es condenable por su misma naturaleza. Es una profanación de la palabra cuyo objeto es comunicar a otros la verdad conocida. […] La mentira, por ser una violación de la virtud de la veracidad, es una verdadera violencia hecha a los demás. Atenta contra ellos en su capacidad de conocer, que es la condición de todo juicio y de toda decisión. Contiene en germen la división de los espíritus y todos los males que ésta suscita. La mentira es funesta para toda sociedad: socava la confianza entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales. Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2482-2487)

Santo Tomás de Aquino

  • La simulación es una forma de mentira

Es propio de la virtud de la verdad el que uno se manifieste, por medio de signos exteriores, tal cual es. Pero signos exteriores son no sólo las palabras, sino también las obras. Luego así como se opone a la verdad el que uno diga una cosa y piense otra, que es lo que constituye la mentira, así también se le opone el que uno dé a entender con acciones u otras cosas acerca de su persona lo contrario de lo que hay, que es a lo que propiamente llamamos simulación. Luego la simulación, propiamente hablando, es una mentira expresada con hechos o cosas. Ahora bien: lo de menos es el que se mienta con palabras o con otro hecho cualquiera, como antes dijimos (q. 110 a.1 ad 2). Luego como toda mentira es pecado. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q.111, a.1)

San Agustín de Hipona

  • Toda mentira es una acción injusta que será castigada por Dios

¿Acaso la mentira puede ser alguna vez buena, o, en alguna ocasión, no es mala? Entonces, ¿por qué se escribió: aborreciste, Señor, a todos los que obran la iniquidad y destruirás a todos los que dicen mentira? Aquí no se exceptúa a nadie ni se dice con ambigüedad: “Destruirás a los que hablen mentira”, de manera que se pudiere entender de algunos, no de todos, sino que profirió una sentencia universal, al afirmar: destruirás a todos los que dicen mentira. Pero, porque no se ha dicho: destruirás a todos los que dicen toda clase o cualquier clase de mentira, ¿vamos a pensar que se ha dejado la puerta abierta a alguna otra especie de mentira que Dios no castigará? En ese caso, Dios castigaría solo a los que dicen mentiras injustas, no cualquier clase de mentira, pues habría mentiras justas que no solo no merecerían censura, sino que serían, incluso, dignas de alabanza. (San Agustín de Hipona. Contra la mentira, cap. I, n. 1)

  • Quién ama la verdad debe odiar toda clase de mentira

Hay muchas clases de mentiras, pero todas debemos aborrecerlas sin distinción. Pues no hay ninguna mentira que no sea contraria a la verdad. Porque como la luz y las tinieblas, la piedad y la impiedad, la bondad y la iniquidad, el pecado y la obra buena, la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, así son totalmente opuestas, entre sí, la verdad y la mentira. Por tanto, cuanto más amemos la verdad, tanto más debemos odiar la mentira.  (San Agustín de Hipona. Contra la mentira, cap. III, n. 4)

  • Las tinieblas de la mentira son incompatibles con la Luz de la Verdad

Podemos decir la verdad y mentir; aunque debemos decir la verdad, también podemos empero mentir cuando queremos. La luz no puede mentir. ¡Lejos de nosotros pensar en descubrir en el esplendor de la luz divina las tinieblas de la mentira! Él hablaba como Luz, hablaba como Verdad; pero la Luz brillaba en las tinieblas y las tinieblas no la comprendieron; por eso juzgaban según la carne. (San Agustín de Hipona. Tratado XXXVI sobre el Evangelio de San Juan, n. 3)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • En muchos pasajes de las Escrituras Jesús se menciona a sí mismo como la Verdad

En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó en plenitud. “Lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14), él es la “luz del mundo” (Jn 8, 12), la Verdad (cf. Jn 14, 6). El que cree en él, no permanece en las tinieblas (cf. Jn 12, 46). El discípulo de Jesús, “permanece en su palabra”, para conocer “la verdad que hace libre” (cf. Jn 8, 31-32) y que santifica (cf. Jn 17, 17). Seguir a Jesús es vivir del “Espíritu de verdad” (Jn 14, 17) que el Padre envía en su nombre (cf. Jn 14, 26) y que conduce “a la verdad completa” (Jn 16, 13). Jesús enseña a sus discípulos el amor incondicional de la verdad: “Sea vuestro lenguaje: ‘sí, sí’; ‘no, no’” (Mt 5, 37).
La verdad como rectitud de la acción y de la palabra humana, tiene por nombre veracidad, sinceridad o franqueza. La verdad o veracidad es la virtud que consiste en mostrarse veraz en los propios actos y en decir verdad en sus palabras, evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2466.2468)

San Clemente Romano

  • Nada hay imposible para Dios excepto la misma mentira

Apoyados, pues, en esta esperanza, adhiéranse nuestras almas a aquel que es fiel en sus promesas y justo en sus juicios. El que nos mandó no mentir, mucho menos será él mismo mentiroso, ya que nada hay imposible para Dios excepto la misma mentira. Reavivemos en nosotros la fe en él, y pensemos que todo está cerca de él. (San Clemente Romano. La esperanza escatológica, VII, n. 23-27)

San Juan Crisóstomo

  • Los actos de Jesús no eran una comedia

Porque no únicamente arrojó del templo a los vendedores, sino que derribó las mesas y derramó por el suelo los dineros, en tal forma que ellos pensaran que quien por el decoro de la Casa del Señor se exponía a peligro, no despreciaría al Señor de la Casa. Si todo aquello hubiera sido una simple comedia, bastaba con haberlos exhortado, porque exponerse a peligro era ya cosa de audacia. No era pequeña hazaña el exponerse a las iras de aquellos placeros, hombres embrutecidos, es decir, de aquellos mercaderes; y cargar de injurias a semejante plebe e irritarla contra sí. No era eso propio de quien representa una comedia, sino de quien acomete toda clase de peligros por el honor de la Casa de Dios. (San Juan Crisóstomo. Homilía XXIII sobre el Evangelio de San Juan)

  • “De Mí aprenderéis la verdad, la cual os librará de los pecados”

Pues dice el evangelista: Muchos de sus discípulos se echaron atrás y ya no andaban públicamente con El. Conoceréis la verdad. Es decir, me conoceréis a Mí, porque: Yo soy la verdad. Todas las cosas de los judíos eran sombras y figuras; pero de Mí aprenderéis la verdad, la cual os librará de los pecados. (San Juan Crisóstomo. Homilía LIV sobre el Evangelio de San Juan)

San Cirilo de Alejandría

  • Jesús, la Verdad, no puede mentir

Recibe con fe las palabras del Salvador, ya que, siendo la Verdad, no miente. (San Cirilo de Alejandría. Comentario al Evangelio de San Lucas, 22, 19: PG 72, 92)

San Agustín de Hipona

  • “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, dijo Jesús, y cómo Dios no puede engañarnos

Quien acoge su testimonio selló que Dios es veraz. ¿Qué significa “Selló que Dios es veraz” sino que el hombre es mendaz, mas Dios es veraz? Porque nadie de los hombres puede decir lo que es de la verdad si no lo ilumina quien no puede mentirDios, pues, es veraz; Cristo, por su parte, es Dios. ¿Quieres pruebas? Acoge su testimonio y lo verás, pues quien acoge su testimonio selló que Dios es veraz. ¿Quién? Ese mismo que viene del cielo y está sobre todos es el Dios veraz. Pero, si aún no entiendes que él es Dios, aún no has acogido su testimonio. Acógelo y sellas, entiendes provisoriamente, reconoces definitivamente que es Dios veraz. (San Agustín de Hipona. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, cap. XIV, n. 8)

San Juan Crisóstomo

  • Jesucristo no puede decir nada que no sea conforme Dios y el Espíritu Santo

Porque nada dice que no venga de Dios; nada que no sea del Espíritu Santo. Dios es veraz. Con lo cual indica que nadie puede no creer en Cristo sin que por el mismo hecho acuse a Dios de mentira, puesto que fue quien envió a Cristo. Como Cristo nada dice fuera de lo que el Padre le comunicó, sino que todo es del Padre, quien no acepta el testimonio de Cristo tampoco acepta lo que dice el Padre, que es quien envió a Cristo. (San Juan Crisóstomo. Homilía XXX sobre el Evangelio de San Juan)

  • Las palabras de Jesús no son pasibles de engaño, mientras nuestros sentidos fácilmente se equivocan

Obedezcamos a Dios en todo. No le discutamos lo que nos dice, aun cuando nos diga lo que parezca contrario a nuestra razón e inteligencia: prevalezcan sus palabras sobre nuestra razón e inteligencia. Procedamos así en los misterios, sin atender únicamente a lo que cae bajo el dominio de nuestros sentidos, sino apegándonos a sus palabras. Sus palabras no pueden engañar. En cambio, nuestros sentidos fácilmente se engañan. (San Juan Crisóstomo. Homilía LXXXII sobre el Evangelio de San Mateo)


III – La santa indignación en la vida de Nuestro Señor Jesucristo


Sagradas Escrituras

  • Jesús miraba a los malos con ira

Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: “Extiende la mano”. (Mc 3,5)

  • Con indignación Jesús echó a todos los que vendían y compraban en el templo

Entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas. Y les dijo: “Está escrito: ‘Mi casa será casa de oración, pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos’”. (Mt 21,12-13)

  • “Vosotros habéis convertido mi casa en cueva de bandidos”

Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.  Y los instruía diciendo: “¿No está escrito: ‘Mi casa será casa de oración para todos los pueblos’? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos”. (Mc 11, 12-26)

  • Viendo la cólera de Cristo los discípulos se acordaron de la Escritura: “El celo de tu casa me devora”

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: “El celo de tu casa me devora”. (Jn 2, 13-17)

  • Jesús se enfada con la maldad de los fariseos

Raza de víboras, ¿cómo podéis decir cosas buenas si sois malos? Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca. (Mt 12, 34)

  • Apreciaciones de Cristo acerca de los dirigentes de Israel

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren. ¡Ay de vosotros escribas fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno de la gehena el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga” ¡Necios y ciego! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga. ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera. ¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas! Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio de la gehena? (Mt 23, 1-33)

  • Los malos piensan que están salvados, pero caerán en el abismo

“Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”. (Lc 10, 16)

Santo Tomás de Aquino

  • Severidad y mansedumbre no se oponen

La mansedumbre no se opone directamente a la severidad, ya que la mansedumbre se ocupa de la ira, mientras que el objeto de la severidad es la imposición externa de un castigo. Según esto, parecería que se opone más bien a la clemencia, que también se ocupa del castigo externo, como dijimos antes. Pero no se opone a ella, porque ambas se relacionan con la recta razón. En efecto, la severidad se muestra inflexible en la imposición de castigos cuando lo exige la recta razón, mientras que la clemencia tiende a aminorar los castigos, también según la recta razón, es decir, cuando y como conviene. Por eso no se oponen, porque no tienen el mismo objeto. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 157, a. 2, ad. 1)

  • La ira, cuando no es por pasión, es un bien; y la falta de ira puede ser un pecado

Podemos entender la ira de dos modos. Primero, como un simple movimiento de la voluntad por el que se inflige una pena no por pasión, sino por un juicio de la razón. Tomada así, la falta de ira es ciertamente pecado, y éste es el sentido que da a la ira San Juan Crisóstomo cuando dice en el mismo pasaje: La ira que tiene causa no es ira, sino juicio, ya que se entiende por ira una conmoción pasional; pero la ira del que se irrita con causa no procede de una pasión. Por eso decimos que juzga, no que se irrita. Otro modo de considerar la ira es tomarla como un movimiento del apetito sensitivo, que se da con pasión y excitación del cuerpo. Este movimiento, en el hombre, sigue necesariamente a un movimiento de la voluntad, porque el apetito inferior acompaña necesariamente al movimiento del superior, si no lo impide algún obstáculo. Por eso no puede faltar totalmente el movimiento de la ira en el apetito sensitivo, a no ser por sustracción o debilitamiento del movimiento voluntario. Y, como consecuencia, también es viciosa la falta de pasión, como la falta de movimiento voluntario para castigar según el juicio de la razón. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 158, a. 8)

Benedicto XVI

  • Para Dios no se distinguen la justicia y la misericordia

Justicia y misericordia, justicia y caridad, ejes de la doctrina social de la Iglesia, son dos realidades diferentes sólo para nosotros los hombres, que distinguimos atentamente un acto justo de un acto de amor. Justo, para nosotros, es “lo que se debe al otro”, mientras que misericordioso es lo que se dona por bondad. Y una cosa parece excluir a la otra. Pero para Dios no es así: en él justicia y caridad coinciden; no hay acción justa que no sea también acto de misericordia y de perdón y, al mismo tiempo, no hay una acción misericordiosa que no sea perfectamente justa. ¡Qué lejana está la lógica de Dios de la nuestra! ¡Y qué diferente es nuestro modo de actuar del suyo! (Benedicto XVI. Discurso en el Centro Penitenciario Romano Rebibbia, 18 de diciembre de 2011)

  • Jesús nos dio ejemplo de que la justicia y la misericordia son indisociables

Como Jesús nos ha demostrado con el testimonio de su vida, justicia y misericordia conviven en Dios perfectamente. (Benedicto XVI. Homilía en la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, 1 de enero de 2012)

Santo Tomás de Aquino

  • Toda disolución es resultado de misericordia sin justicia

Justicia sin misericordia es crueldad, misericordia sin justicia es madre da la disolución. (Santo Tomás de Aquino. Comentario al Evangelio de San Mateo, cap. 5, lec. 2)

Juan Pablo II

  • No hay amor sin justicia

Cristo nos ha dado el mandamiento del amor al prójimo. En este mandamiento está comprendido todo cuanto se refiere a la justicia. No puede existir amor sin justicia. El amor “rebasa” la justicia, pero al mismo tiempo encuentra su verificación en la justicia. Hasta el padre y la madre al amar a su hijo, deben ser justos con él. Si se tambalea la justicia, también el amor corre peligro. Ser justo significa dar a cada uno cuanto le es debido. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 4, 8 de noviembre de 1978)

Santo Tomás de Aquino

  • Dios castiga para incitarnos al arrepentimiento

En este mundo, el Señor nos castiga, a fin de enmendarnos, quiere decir, para que por la pena cada uno se aparte del pecado. (Santo Tomás de Aquino. Comentario a la Primera Epístola de San Pablo a los Corintios, lec. 7, 1 Cor 11, 27-34)

San Agustín de Hipona

  • Dios castiga a aquellos que ama

Algún impío pagano podría ciertamente acusarle […] que a Cristo le había faltado previsión, no sólo por el hecho de mostrar extrañeza ante la fe del centurión, sino también por haber elegido entre los discípulos a Judas que no iba a guardar sus preceptos. […]
Le achacaría también el haber sido incapaz de saber quien le tocó cuando lo hizo en la orla de su túnica la mujer que padecía flujo de sangre […].
Le llamaría asimismo ávido de sangre, no de rebaños, sino humana, porque dijo: “Quien pierda su alma por mí, la hallará para la vida eterna” […]. Le acusaría también de ser celoso porque cuando expulsó del templo con un látigo a los compradores y vendedores, el evangelista recordó que está escrito de él: “El celo de tu casa me devora” […].
Diría también que era irascible con los suyos y con los extraños. Con los suyos, porque dijo: “El siervo que conoce la voluntad de su amo y hace cosas dignas de castigo, recibirá muchos azotes”; con los extraños porque dijo: “Si alguien no os recibe, sacudidles el polvo de vuestro calzado. En verdad os digo que el día del juicio será más tolerable a Sodoma que a esa ciudad”. […]
Le llamaría igualmente cruel asesino y amante de derramar sangre en abundancia por faltas leves o no cometidas. Falta leve o incluso no cometida le parecería al pagano el no llevar el vestido nupcial en el banquete de bodas, por lo cual nuestro rey mandó en el evangelio que fuese arrojado, atado de pies y manos, a las tinieblas exteriores […].
“Dios corrige a aquel que ama; azota a todo hijo al que recibe”, y: “Si hemos recibido de la mano de Dios los bienes, ¿por qué no vamos a soportar los males?” También hallamos en el Nuevo: “Yo recrimino y castigo al que amo”, y: “Si nos juzgásemos a nosotros mismos, no nos juzgaría Dios; cuando se nos juzga, nos corrige el Señor para no ser condenados con el mundo.” (San Agustín. Réplica a Fausto, lib. XXII, n. 14)

Teófilo de Antioquía

  • Dios se indigna contra aquellos que obran el mal

¿Es que Dios puede estar airado? Ya lo creo: está airado contra los que obran el mal, y es benigno, bondadoso y misericordioso con los que le aman y le temen. Porque él es el educador de los piadosos, el Padre de los justos, el juez y castigador de los impíos. (Teófilo de Antioquía. Dios uno y trino)

San Agustín de Hipona

  • No fue solamente una vez que Jesús expulsó a los mercaderes del templo

Haciendo un látigo con cuerdas, expulsó del templo a los vendedores. Resulta claro, pues, que el Señor realizó esta acción no una sola vez, sino dos; la primera la menciona Juan, la segunda los otros tres. (San Agustín de Hipona. La concordancia de los Evangelios, lib. II, 67, 129)

  • Jesús tejió un látigo de cuerdas y flageló a los indisciplinados

¿Qué sigue después? “Y estaba cerca la Pascua de los judíos y subió a Jerusalén”. Narra otra cosa, como la recordaba el informador. “Y encontró en el templo a los que vendían bueyes y ovejas y palomas y, sentados, a los cambistas; y, como hubiese hecho cual un látigo de cuerdas, a todos echó del templo, también las ovejas y los bueyes, y desparramó el dinero de los cambistas y volcó las mesas y a quienes vendían las palomas dijo: Quitad eso de aquí y no convirtáis la casa de mi Padre en casa de negocio”. […] No había, pues, pecado grande si en el templo vendían lo que se compraba para ser ofrecido en el templo. Y, sin embargo, los echó de allí. Si a quienes vendían lo que es lícito y no es contra justicia —pues lo que honestamente se compra, no se vende ilícitamente—, los expulsó empero y no soportó que la casa de oración se convirtiera en casa de negocio […].
Sin embargo, hermanos, pues tampoco él les tuvo consideración —quien había de ser flagelado por ellos los flageló el primero—, digo: nos muestra cierto signo, porque hizo un látigo de cuerdas y con él flageló a los indisciplinados que hacían del templo de Dios una empresa comercial. (San Agustín de Hipona. Tratado X sobre el Evangelio de San Juan, n. 4-5)

Orígenes

  • Jesús no tuvo menos poder al expulsar los mercaderes del Templo que al hacer milagros

Consideremos también, no nos parezca cosa enorme, que el Hijo de Dios preparó una especie de látigo de las cuerdas que había recogido para arrojar del templo. Para explicar esto, nos queda una poderosa razón. El divino poder de Jesús, cuando quería podía contrarrestar la furia de sus enemigos, aun cuando fuesen muchos, y apagar el fuego de sus maquinaciones. Porque el Señor disipa las determinaciones de las gentes y reprueba los pensamientos de los pueblos (Ps 132, 10) La historia presente nos demuestra que no tuvo un poder menos fuerte para esto que para hacer milagros; además, que es mayor este hecho que el milagro de haber convertido el agua en vino, porque allí había una materia inanimada, pero aquí se desbaratan los tráficos de muchos miles de hombres. (Orígenes citado por Santo Tomás de Aquino. Catena aurea in Jn 2,14-17)

San Jerónimo de Estridón

  • El hecho de expulsar los mercaderes del Templo fue uno de los más grandes prodigios de Jesús

A mí me parece que entre los muchos prodigios que hizo Jesucristo, éste fue uno de los mayores; porque un solo hombre, despreciable en aquellos días —tanto, que poco después fue crucificado—, pudo arrojar tanta multitud de gentes a fuerza de golpes que daba con un solo látigo, en presencia de los escribas y de los fariseos, que bramaban contra Él y veían que se destruían sus ganancias. Salía fuego de sus ojos y éstos brillaban como las estrellas, resplandeciendo en su cara la majestad de la divinidad. (San Jerónimo de Estridón citado por Santo Tomás de Aquino. Catena aurea in Mt 21, 10-16)

San Juan Crisóstomo

  • Jesús expulsó los mercaderes para demonstrar su conformidad con Dios

Arrojó del templo a los cambistas, comerciantes y vendedores de palomas, bueyes y ovejas que ahí se habían establecido. Otro evangelista refiere que mientras los echaba fuera, les iba diciendo: “No hagáis de la casa de mi Padre cueva de ladrones”. Juan dice casa de traficantes. No es que ambos se contradigan, sino que demuestran que los arrojó dos veces y que esto no sucedió en un mismo tiempo, sino ahora al principio de su predicación y luego cuando fue para su Pasión. Por lo cual en la segunda vez usó ese lenguaje de mayor vehemencia diciendo cueva, cosa que no hizo al principio, sino que usó de una reprensión más moderada. Es pues verosímil que lo haya hecho dos veces. Preguntarás: ¿por qué Cristo procedió así y echó mano de una vehemencia tan grande cuanta no se encuentra en otra ocasión alguna, cuando lo llamaron samaritano, poseso, y lo colmaron de injurias y ultrajes? Porque no contento con las palabras los arrojó del templo con un azote. […]
Pero instarás: ¿por qué procedió así? Porque iba a suceder que curara en sábado e hiciera otras obras parecidas que ellos juzgaban como transgresiones de la ley. Pues bien: para que no pareciera ser El adversario de Dios y que en tales obras se rebelaba contra su Padre, desde ahora corrige semejante sospecha de ellos. Quien tan gran indignación demostraba en honor del templo, sin duda que no iría a ser un adversario del Señor que en el templo se adoraba. Por lo demás bastaban los años anteriores en que había vivido sujeto a la ley, para demostrar su reverencia al Legislador y que en forma alguna combatiría contra la ley. (San Juan Crisóstomo. Homilía XXIII sobre el Evangelio de Juan)

  • Jesús se expuso al peligro por amor a la casa de Dios

No únicamente arrojó del templo a los vendedores, sino que derribó las mesas y derramó por el suelo los dineros […]. No era pequeña hazaña el exponerse a las iras de aquellos placeros, hombres embrutecidos, es decir, de aquellos mercaderes; y cargar de injurias a semejante plebe e irritarla contra sí. No era eso propio de quien representa una comedia, sino de quien acomete toda clase de peligros por el honor de la Casa de Dios.
De modo que no solamente con las palabras, sino también con las obras manifiesta su concordia con el Padre.
(San Juan Crisóstomo. Homilía XXIII sobre el Evangelio de Juan)

Alcuino de York

  • El celo bueno es la manifestación exterior del fervor del alma

El celo, cuando se toma en buen sentido, es cierto fervor del alma en que ésta se enciende, prescindiendo de todo respeto humano, por la defensa de la verdad. (Alcuino de York citado por Santo Tomás de Aquino. Catena aurea in Jn 2, 14-17)

San Beda el Venerable

  • Jesús echó los mercaderes del Templo para significar que expulsa los malos que están entre los buenos y hacen las cosas de manera fingida

Habiendo hecho el azote de trozos de cordel, los arrojó del templo, de donde son arrojados aquellos que, elegidos y puestos entre los santos, o bien hacen sus buenas obras de una manera fingida, o abiertamente obran mal. También arrojó las ovejas y los bueyes, porque manifiesta que la vida y la enseñanza de estos tales están representados en ellos. También arrojó por el suelo el dinero de los cambistas, y volcó sus mesas, porque quitará aun la forma de las mismas cosas que estimaron los réprobos condenados en el fin del mundo. También mandó quitar del templo las ventas de las palomas, porque la gracia del Espíritu Santo, que se recibió gratis, debe darse gratis. (San Beda el Venerable citado por Santo Tomás de Aquino. Catena aurea in Jn 2, 14-17)


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