57 – En el Concilio de Jerusalén la decisión final es fruto de un acuerdo entre diversas maniobras y estratagemas que sembraban cizaña. Esa es la fórmula, cuando el Espíritu nos pone a todos de acuerdo

Inmutable y eterno en su divina naturaleza, el propio Jesucristo declaró sobre su misión en la tierra no haber venido a abolir da ley y los profetas, sino a darles pleno cumplimiento (cf. Mt 5, 15-17). No obstante, es indiscutible que esta “plenitud” trajo consigo la mayor novedad que la historia ha conocido, pues bajo todos los aspectos, la predicación del Redentor significó una completa renovación para el hombre, sea en su relación con Dios sea en la convivencia con los demás. Baste pensar, por ejemplo, en la revelación de la trinidad de Personas en el Dios Único, la invitación a participar de la vida divina por la gracia, o el “giro copernicano” habido en las relaciones humanas con el mandamiento nuevo del amor. E incluso en aspectos ya presentes desde siempre en la vida de los hombres, Jesucristo colocó una perspectiva nueva. Así, ofrece la anhelada paz, pero no la que da el mundo sino “su” paz (cf. Jn 14, 27); y promete la felicidad, pero como recompensa a los justos y los que sufren por su nombre (cf. Mt 5, 3-12).

Lo mismo ocurre con la unión que debe reinar entre sus seguidores: la unidad, que constituye una de las notas de su Iglesia —“un Señor, una fe, un bautismo” (Ef 4, 5)— no es obra del espíritu humano sino del “Espíritu de la verdad” (Jn 14, 17). El tan pregonado —y cuantas veces mal comprendido— “ut unum sint” no incluye el “hijo de la perdición” ni los que “son del mundo”, sino que está asociado a una santificación “en la verdad” (cf. Jn 17, 11-15). Por eso, causa sobresalto oír ciertas afirmaciones que parecen fomentar una unión indiscriminada, cuyo precio —no podría ser diferente— acabaría siendo un acuerdo entre bien y mal, verdad y error, belleza y feura. ¿Es ésta la unidad deseada por Cristo y realizada por el Espíritu Santo? Una vez más, nos será útil aclarar algunos conceptos.

Francisco

Cita ACita B

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I – ¿La solicitud por la unión justifica una componenda con el error?
II – La verdadera unidad se hace en la verdad
III – ¿La “novedad” procede siempre del Espíritu Santo?
IV – La integridad de la fe y la moral no admite acuerdos

 I – ¿La solicitud por la unión justifica una componenda con el error?

Juan Pablo II

Concilio de Jerusalén: testimonio de cómo servir a la verdad sin componendas
Se debe evitar un fácil “estar de acuerdo”
Una comunión que traiciona la verdad es injuriosa a Dios

Pío X

Falsa concepción sobre el Magisterio: unión como fusión

Pío XII

Error de los que buscan la unidad a costa de la integridad de la Fe
No es lícito disimular la verdad con el pretexto de promover la concordia

Pío X

La fraternidad no puede ser tolerancia del error

Pablo VI

La solicitud por la unión no justifica una atenuación de la verdad

No disimular la verdad por el deseo de agradar a los hombres

Pío XI

La verdad revelada no comporta transacciones

II – La verdadera unidad se hace en la verdad

 Congregación para la Doctrina de la Fe

Fuera de la verdad no hay unión verdadera

Juan Pablo II

La misión de la Iglesia es la unidad en la verdad
Unidad en la caridad y en la verdad

León XIII

La unión sólo es posible en la unidad de fe

Benedicto XVI

Perseverar en las enseñanzas de los Apóstoles para lograr la unidad
La profesión integral de la fe es vínculo de unidad
La Iglesia: lugar de unidad en la verdad
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III – ¿La “novedad” procede siempre del Espíritu Santo?

Sagradas Escrituras

Una confusión sembrada por los judaizantes en la raíz del Concilio de Jerusalén

Simplicio

Se convocan los concilios por haber surgido novedades en entendimientos extraviados

Sínodo de Valence

Evitar las novedades que fomentan contiendas

Juan Pablo II

El prurido de oír novedades aparta de la verdad

Pío X

Es oficio del Papa guardar la tradición de la Iglesia frente a novedades peligrosas

Benedicto XV

Guardarse de los espíritus que buscan la novedad en todo

Pío XII

La novedad sólo es laudable cuando confirma la verdad

IV – La integridad de la fe y la moral no admite acuerdos

Pío X

Error de considerar que la Iglesia evoluciona por un acuerdo entre fuerzas opuestas

Catecismo Mayor de San Pío X

En el Concilio los Apóstoles se opusieron a los que corrompían la fe

Sagradas Escrituras

Para salvaguardar el Evangelio San Pablo no admite concesiones en el Concilio de Jerusalén

Concilio Vaticano II

Necesidad de conservar las tradiciones recibidas de los Apóstoles

Pío X

Obligación del Papa de velar por la integridad de la fe y costumes

Pablo VI

Grave responsabilidad de los obispos de guardar inalterable el depósito de la fe

San Vicente de Lérins

Los obispos deben transmitir el oro puro de la doctrina a ellos confiado

León XIII

La única doctrina de la Iglesia no necesita adecuarse al espíritu de la época

Pío XII

Los principios de la ley natural y positiva no están sujetos a cambios

Congregación para la Doctrina de la Fe

Valor absoluto e inmutable de los preceptos de la ley natural

Juan Pablo II

Las prescripciones morales de la ley deben ser fielmente custodiadas

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¿La misericordia apaga la gravedad del pecado?

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