66 – En aquellos tiempos antes de la Misa no se podía tomar ni siquiera agua. Pío XII nos salvó de esta dictadura

Cuando la reina de Saba oyó hablar de la gran sabiduría de Salomón, no hubo obstáculos que le impidieran emprender un penoso viaje para conocer a ese gran monarca, a pesar de que los desplazamientos largos en la época constituían una verdadera aventura. Todo por encontrarse y comprobar la sabiduría de un rey terreno. Impresionada con todo lo que vio y escuchó en Jerusalén, colmó al rey de Israel de los más ricos presentes y volvió a su patria llena de admiración (cf. IICr 9, 1-12).

También cada uno de nosotros, diariamente, tenemos la oportunidad de encontrarnos con un Rey “que es más que Salomón” (Mt 12, 42), mucho más poderoso y sabio, pues es el Rey de reyes. ¿Qué podríamos sufrir por Él que no lo haya padecido antes en medida infinitamente superior por nosotros? Por eso, la Santa Madre Iglesia, que jamás promulga leyes por encima de nuestras fuerzas, estableció a lo largo de los siglos diversas normas para presentarse más dignamente a este encuentro con Rey tan augusto y, así, manifestar nuestro respeto y veneración por Él. Estos preceptos que la Santa Madre Iglesia supo adaptar según las conveniencias de cada época, ¿serían acaso una imposición dictatorial? ¿O, más bien, una forma didáctica de formar a los fieles en el respeto al Sacramento del Altar?

Francisco

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Cita ACita B

Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores
 

I – El ayuno eucarístico: ¿una dictadura o un tributo de honor?
II – ¿Para qué promulga leyes la Iglesia?

I – El ayuno eucarístico: ¿una dictadura o un tributo de honor?

Sagradas Escrituras

Cuando nos juzga el Señor, recibimos una admonición para no ser condenados junto con el mundo

Pío XII

Por el ayuno eucarístico reconocemos que este es el Primer y sumo alimento
Exhortación a que guarden la antigua y venerable ley del ayuno eucarístico

San Agustín

En honor de tan gran Sacramento, el Cuerpo de Cristo debe entrar antes de los alimentos

Pontificio Consejo para los Textos Legislativos

Es comprensible que la Iglesia establezca normas para el más excelso sacramento

San Juan Crisóstomo

Cuando nuestras obras son por amor a Cristo, lo pesado se hace dulce

II – ¿Para qué promulga leyes la Iglesia?

Sagradas Escrituras

Observar la ley multiplica las ofrendas

León XIII

Al abrazar la fe cristiana el hombre se constituye en súbdito de la Iglesia

Pío XII

La triple potestad establecida por Cristo a la Iglesia
Es un engaño separar la caridad de las normas jurídicas. No hay oposición entre las dos
Las leyes son manifestación exterior de la unión de los miembros de Cristo

Pío X

A la Iglesia, Cristo encomendó su doctrina y los preceptos

San Agustín

Lo que observa la Iglesia se guarda por recomendación o precepto de los apóstoles

Bonifacio I

Del ministerio de Pedro fluyó la disciplina eclesiástica

Zósimo

La Iglesia Romana está confirmada por leyes humanas y divinas

Catecismo de la Iglesia Católica

El conjunto de las normas, mandamientos y virtudes de la moral cristiana procede de la fe en Cristo

Juan Pablo II

El Código está fundamentado en la herencia jurídica y legislativa de la Revelación y de la Tradición
La Iglesia necesita leyes canónicas y exige que sean observadas

Benedicto XVI

El Código contiene normas para el bien de la persona y de las comunidades en todo el Cuerpo Místico
La ley de la Iglesia nos hace libres

Catecismo de la Iglesia Católica

El carácter obligatorio de las leyes eclesiales tiene por fin el crecimiento espiritual

La consideración individual no se ha de oponer al Magisterio de la Iglesia

Los decretos promulgados, aunque sean disciplinares, requieren docilidad

Pío IX

Procurad guardar las leyes santísimas de la Iglesia

León XIII

Desconocen la naturaleza y el alcance de las leyes los que reprueban su cumplimiento

Pío XI

Es un atentado criminal fomentar el abandono a las leyes eclesiales

León XIII

Es falsa civilización la que se choca con las leyes de la Iglesia

San Juan Crisóstomo

Las leyes no son crueles ni molestas o pesadas. Todas proceden de una sola y misma providencia

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