141 – Esta oscura mundanidad se manifiesta en muchas actitudes. En algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia

Nos gustaría hacer aquí una breve observación a Francisco. Muchas veces él hace mención a la Iglesia como si fuera simplemente una organización socio-económica (es lo que indican sus múltiples pronunciamientos) y no una institución divina. Casi no hay posición o aspecto de la Iglesia que él no haya criticado. Alegó la necesidad de una “descentralización del papado”, demostró ser contrario a la jerarquía diciendo que “las mujeres son más que los obispos”, insultó a la Curia Romana al llamarla “la lepra del papado”, y un largo etcétera que no detallamos porque sería un no acabar. ¡Y cree hacer todas estas críticas con la intención de “ayudar al pueblo de Dios”! Es notorio que él incluso ha quitado a Cristo del Evangelio, al afirmar que “los pobres son el corazón del Evangelio”.

Más que nunca en esta época de confusión, orfandad religiosa y secularismo, los fieles necesitan escuchar la palabra de Dios pronunciada con clareza y ufanía.

Y a los que hacen exactamente eso, Bergoglio les acusa de estar distanciando a los católicos del Evangelio…

Se dice que las vidrieras de las catedrales eran llamados “el Evangelio de los pobres” pues en estas composiciones todos podían conocer la vida de Cristo. Hoy en día, cuando Cristo es colocado en segundo plano, la liturgia celebrada con reverencia y dignidad es una lección donde cualquiera entiende sin explicación la grandeza y el amor de Dios. Una misa celebrada según todas las normas hace con que la Iglesia sea respetada y Dios reverenciado. Sin embargo, estos que aman la liturgia y la celebran con dignidad, son denominados de “mundanos y ostentosos”.

Los que no economizan esfuerzos ni tiempo en rescatar de forma consiente y organizada a los desafortunados de las manos del maligno reciben el título de “generales derrotados”. Como si la irreligiosidad fuera un enemigo fácil de vencer. ¿Qué más natural que organizar un plan de batalla para conquistar las almas que perecen? ¿Estaba la organizada labor apostólica de San Francisco Xavier y San Vicente de Paúl desconectada de los sufrimientos de los pueblos y una vergüenza para la Historia de la Iglesia?

Tal vez Francisco debería pensar más en sus palabras y en sus escritos. A nosotros nos parece que la ostentación viene de aquellos que critican los 2000 años de la Iglesia y que piensan ser nuevos Mesías — como si el Padre hubiera prometido que vendría uno diferente después de Jesucristo… Más bien, fue Él quien nos advirtió para guardarnos de ellos….

Francisco

exhortacion-apostolica

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Enseñanzas del Magisterio

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ContenidoAutores

I – La preocupación de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia es verdadero cuidado para que el Evangelio tenga inserción en la vida del pueblo de Dios
II – Beneficiar la organización de la Iglesia es beneficiar directamente al pueblo de Dios. Todo lo que favorece los más necesitados, como las misiones y la obras de caridad, viene de una Iglesia bien estructurada
III – ¿Los planes apostólicos expansionistas son cosa de generales derrotados o de verdaderos constructores de la Historia de la Iglesia?

I – La preocupación de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia es verdadero cuidado para que el Evangelio tenga inserción en la vida del pueblo de Dios

A – La Iglesia manda preocuparse por la liturgia, en beneficio del pueblo de Dios

Juan Pablo II

En la liturgia los fieles encuentran la fuente de la gracia

Puede decirse que la vida espiritual de la Iglesia pasa por la liturgia, donde los fieles encuentran la fuente siempre desbordante de la gracia y la escuela concreta y convincente de las virtudes, por medio de los cuales pueden dar a Dios ante los hermanos. (Juan Pablo II. Discurso por ocasión de la conmemoración da la constitución Sacrosanctum concilium, 27 de octubre de 1984)

Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

La piedad popular se deteriora cuando se debilitan en las conciencias los valores de la liturgia

La historia muestra, ante todo, que la relación entre liturgia y piedad popular se deteriora cuando en los fieles se debilita la conciencia de algunos valores esenciales de la misma liturgia. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 48, 13 de mayo de 2002)

La falta de estima por la liturgia disminuye la visión del misterio de Dios

La falta de estima, teórica o práctica, por la liturgia conduce inevitablemente a oscurecer la visión cristiana del misterio de Dios, que se inclina misericordiosamente sobre el hombre caído para acercarlo a sí, mediante la encarnación del Hijo y el don del Espíritu Santo; a no percibir el significado de la Historia de la salvación y la relación que existe entre la Antigua y la Nueva Alianza; a subestimar la Palabra de Dios, única Palabra que salva, de la cual se nutre y a la que se refiere continuamente la liturgia; a debilitar en el espíritu de los fieles la conciencia del valor de la obra de Cristo, Hijo de Dios e Hijo de la Virgen María, el solo Salvador y único Mediador (1 Tim 2, 5; Hech 4, 12); a perder el sensus Ecclesiae. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 56, 13 de mayo de 2002)

La liturgia es garantía de una correcta escala de valores para la piedad popular

La Palabra de Dios, contenida en la Sagrada Escritura, custodiada y propuesta por el Magisterio de la Iglesia, celebrada en la liturgia, es un instrumento privilegiado e insustituible de la acción del Espíritu en la vida cultual de los fieles. […] Pero “la lectura de la Sagrada Escritura debe estar acompañada de la oración, para que pueda realizarse el diálogo entre Dios y el hombre”; por lo tanto, es muy recomendable que las diversas formas con las que se expresa la piedad popular procuren, en general, que haya textos bíblicos, oportunamente elegidos y debidamente comentados. Para este fin ayudará el modelo que ofrecen las celebraciones litúrgicas, donde la Sagrada Escritura tiene un papel constitutivo, propuesta de maneras diversas, según los tipos de celebración. Sin embargo, como a las expresiones de la piedad popular se les reconoce una legítima variedad de forma y de organización, no es necesario que en ellas la disposición de las lecturas bíblicas sea un calco de las estructuras rituales con las que la liturgia proclama la Palabra de Dios. El modelo litúrgico constituirá, en cualquier caso, para la piedad popular, una especie de garantía de una correcta escala de valores […]. (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 87-89, 13 de mayo de 2002)

Concilio Vaticano II (XXI ecuménico)

Los trabajos apostólicos se ordenan a que todos se reúnan para alabar a Dios en la liturgia

La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Señor. Por su parte, la liturgia misma impulsa a los fieles a que, saciados “con los sacramentos pascuales”, sean “concordes en la piedad”; ruega a Dios que “conserven en su vida lo que recibieron en la fe”, y la renovación de la Alianza del Señor con los hombres en la Eucaristía enciende y arrastra a los fieles a la apremiante caridad de Cristo. Por tanto, de la liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin. (Concilio Vaticano II. Constitución Sacrosanctum concilium, n. 10, 4 de diciembre de 1963)

Benedicto XVI

Hay que intensificar los esfuerzos para la adecuada celebración de la liturgia

Entre las diversas formas de oración, la liturgia ocupa un lugar particular. En Polonia los jóvenes participan en gran número y activamente en la santa misa dominical. Es necesario intensificar aún más los esfuerzos para que la solicitud de los sacerdotes por la adecuada celebración de la liturgia, por la belleza de la palabra, del gesto y de la música sea signo cada vez más visible del Misterio salvífico que se realiza en ella. Asimismo, es preciso que los jóvenes, mediante una participación activa en la preparación de la liturgia, a través de su implicación en la liturgia de la Palabra, en el servicio del altar, o en la música, se inserten en la acción litúrgica. Entonces se sentirán partícipes en el Misterio, que introduce en el mundo de Dios y, simultáneamente, lo orienta hacia el mundo de las personas atraídas por el mismo amor de Cristo. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de obispos de Polonia en visita ad limina, n. 1, 26 de noviembre de 2005)

La belleza de la liturgia no es mero esteticismo sino el modo en que nos llega la verdad del amor de Dios

La relación entre el misterio creído y celebrado se manifiesta de modo peculiar en el valor teológico y litúrgico de la belleza. En efecto, la liturgia, como también la Revelación cristiana, está vinculada intrínsecamente con la belleza: es veritatis splendor. En la liturgia resplandece el Misterio pascual mediante el cual Cristo mismo nos atrae hacia sí y nos llama a la comunión. En Jesús, como solía decir San Buenaventura, contemplamos la belleza y el fulgor de los orígenes. Este atributo al que nos referimos no es mero esteticismo sino el modo en que nos llega, nos fascina y nos cautiva la verdad del amor de Dios en Cristo, haciéndonos salir de nosotros mismos y atrayéndonos así hacia nuestra verdadera vocación: el amor. […] La belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra. El memorial del sacrificio redentor lleva en sí mismo los rasgos de aquel resplandor de Jesús del cual nos han dado testimonio Pedro, Santiago y Juan cuando el Maestro, de camino hacia Jerusalén, quiso transfigurarse ante ellos (cf. Mc 9,2). La belleza, por tanto, no es un elemento decorativo de la acción litúrgica; es más bien un elemento constitutivo, ya que es un atributo de Dios mismo y de su revelación. Conscientes de todo esto, hemos de poner gran atención para que la acción litúrgica resplandezca según su propia naturaleza. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, n. 35, 22 de Febrero, 2007)

La sobriedad de los signos litúrgicos atraen más que la artificiosidad de añadiduras inoportunas

Para una adecuada ars celebrandi es igualmente importante la atención a todas las formas de lenguaje previstas por la liturgia: palabra y canto, gestos y silencios, movimiento del cuerpo, colores litúrgicos de los ornamentos. En efecto, la liturgia tiene por su naturaleza una variedad de formas de comunicación que abarcan todo el ser humano. La sencillez de los gestos y la sobriedad de los signos, realizados en el orden y en los tiempos previstos, comunican y atraen más que la artificiosidad de añadiduras inoportunas. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, n. 40, 22 de Febrero, 2007)

San Juan Crisóstomo

¡Cuidado con los que toman las palabras del Espíritu como cosas comunes y profanas!

Hay algunos entre los presentes… que, despreciando a Dios y tomando las palabras del Espíritu como cosas comunes y profanas, pronuncian las palabras sin ritmo, como si estuvieran furiosos, hacen ruidos con el cuerpo, andan de un lado al otro y manifiestan costumbres poco conformes o inconvenientes en una reunión religiosa. Mejor sería que dijisteis estos himnos de gloria y angélicos con temor y reverencia […] pero traéis para aquí […] los costumbres de los payasos y bailarines. (San Juan Crisóstomo. Homilía I sobre Isaías, PG 56, 11-94)

San Francisco de Asís

Todo lo que concierne al sacrificio debe ser precioso

Os ruego, más que si se tratara de mí mismo, que, cuando os parezca bien y veáis que conviene, supliquéis humildemente a los clérigos que veneren sobre todas las cosas el santísimo cuerpo y sangre de Nuestro Señor Jesucristo y sus santos nombres y sus palabras escritas que consagran el cuerpo. Los cálices, los corporales, los ornamentos del altar y todo lo que concierne al sacrificio, deben tenerlos preciosos. (San Francisco de Asís. Carta a los Custodios, I, 2)

Eusebio de Cesarea

Tras las persecuciones, el pueblo cristiano exulta con celebraciones litúrgicas esplendorosas

Rebosábamos de un gozo indecible, y para todos florecía una alegría divina en aquellos lugares donde poco antes nos hallábamos abatidos por causa de las impiedades de los tiranos, y recobrábamos la vida tras una larga y mortífera ruina. Los templos se erigían de nuevo desde los cimientos hasta una altura mucho mayor, y estaban dotados de una belleza superior a da de los que fueron destruidos anteriormente. […] Sí, también se daban ceremonias completas de los dirigentes, ejercicios de los sacerdotes y ritos de la iglesia dignos de Dios. En un lugar se celebraban cultos con salmodias y sanctas lecturas de las palabras de origen divino que nos han sido entregadas. (Eusebio de Cesarea. Historia Eclesiástica. L. X, 2, 1. 32, 1)

B – Doctrina y prestigio, ¿un mal en la Iglesia?

Pío X

Debemos elevar nuestra voz y predicar la grandeza de la fe

En estas públicas calamidades debemos elevar nuestra voz, y predicar la grandeza de la fe, no solamente al pueblo, a los humildes, a los afligidos, sino también a los poderosos, a los ricos, a los gobernantes y a todos aquellos en cuyas manos se halla el destino de las naciones; y demostrar asimismo a todos las grandes verdades que la historia confirma con sus terribles y cruentas lecciones. (Pío X. Encíclica Communium rerum, n. 25, 21 de abril de 1909)

Pío XII

Nada es más glorioso y noble que formar parte de la Iglesia

Puesto que nada más glorioso, nada más noble, nada, a la verdad, más honroso se puede pensar que formar parte de la Iglesia Santa, Católica, Apostólica y Romana, por medio de la cual somos hechos miembros de un solo y tan venerado Cuerpo, somos dirigidos por una sola y excelsa Cabeza, somos penetrados de un solo y divino Espíritu; somos, por último, alimentados en este terrenal destierro con una misma doctrina y un mismo angélico Pan, hasta que, por fin, gocemos en los cielos de una misma felicidad eterna. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 41, 29 de junio de 1943)

Juan Pablo II

Sed conscientes de vuestra dignidad de ministros de Cristo y formad a los demás

Toda actitud de jactancia o de mundanidad, de crítica o de tibieza, hace banal la vida del sacerdote y la vacía de su valor de testimonio. Sed siempre conscientes de vuestra dignidad de ministros de Cristo, y con la ayuda de jóvenes ya maduros y formados, sabed crear otro tipo de mentalidad que espiritualice y eleve el ambiente. (Juan Pablo II. Discurso a los capellanes castrenses de Italia, 24 de enero de 1980)

Pío XII

Por desgracia, hay quienes presentan el Magisterio como un freno injusto

Por desgracia, estos amigos de novedades fácilmente pasan del desprecio de la teología escolástica a tener en menos y aun a despreciar también el mismo Magisterio de la Iglesia, que con su autoridad tanto peso ha dado a aquella teología. Presentan este Magisterio como un impedimiento del progreso y como un obstáculo de la ciencia; y hasta hay católicos que lo consideran como un freno injusto, que impide que algunos teólogos más cultos renueven la teología. (Pío XII. Encíclica Humani generis, n. 12, 12 de agosto de 1950)

León XIII

Cuando la Iglesia no tiene su debido prestigio el mundo es afligido por males

Desde los primeros días de nuestro Pontificado se Nos presenta a la vista el triste espectáculo de los males que por todas partes afligen al género humano […] Nos, empero, estamos persuadidos de que estos males tienen su causa principal en el desprecio y olvido de aquélla santa y augustísima autoridad de la Iglesia, que preside al género humano en nombre de Dios, y que es la garantía y apoyo de toda autoridad legítima. (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 1-2, 21 de abril de 1878)

II – Beneficiar la organización de la Iglesia es beneficiar directamente al pueblo de Dios. Todo lo que favorece los más necesitados, como las misiones y la obras de caridad, viene de una Iglesia bien estructurada

León XIII

La sociedad humana se beneficia de la misión de la Iglesia

 

Y para que unos tan singulares beneficios [los de la Redención] permanecieran sobre la tierra mientras hubiera hombres, [Cristo] constituyó a la Iglesia en vicaria de su misión y le mandó, mirando al futuro, que, si algo padeciera perturbación en la sociedad humana, lo ordenara; que, si algo estuviere caído, que lo levantara. Mas, aunque esta divina restauración de que hemos hablado toca de una manera principal y directa a los hombres constituidos en el orden sobrenatural de la gracia, sus preciosos y saludables frutos han trascendido, de todos modos, al orden natural ampliamente. (León XIII. Encíclica Arcanum divinae sapientiae, n. 1-2, 10 de febrero de 1880)

Benedicto XV

Satisfacción y regocijo por ver brotar pujantes los entusiasmos de los buenos

Pues bien: quien considere tantos y tan rudos trabajos sufridos en la propagación de la fe, tantos afanes y ejemplos de invicta fortaleza, admitirá sin duda que, a pesar de ello, sean todavía innumerables los que yacen en las tinieblas y sombras de muerte, ya que, según estadísticas modernas, no baja aún de mil millones el número de los gentiles. Nos, pues, llenos de compasión por la suerte lamentable de tan inmensa muchedumbre de almas, no hallando en la santidad de nuestro oficio apostólico nada más tradicional y sagrado que el comunicarles los beneficios de la divina Redención, vemos, no sin satisfacción y regocijo, brotar pujantes en todos los rincones del orbe católico los entusiasmos de los buenos para proveer y extender las misiones extranjeras. Y así, para encender y fomentar más y más esos mismos anhelos, en cumplimiento de nuestros más vivos deseos, después de haber implorado con reiteradas preces la luz y el auxilio del Señor, os mandamos, venerables hermanos, estas letras, con las que os exhortamos a vosotros y a vuestro clero y pueblo a cooperar en obra tan trascendental, indicándoos juntamente el modo como podéis favorecer a esta importantísima causa. (Benedicto XV. Carta apostólica Maximum illud, n. 10-13, 30 de noviembre 1919)

Juan Pablo II

La obra de San Vicente de Paúl, fruto de organización y estructuración ejemplares

Para mejor servir a los pobres, Vicente quiso “asociarse eclesiásticos libres de cualquier beneficio, para poder dedicarse enteramente, con el beneplácito de los obispos, a la salvación del pobre pueblo de los campos, por la predicación, los catecismos y las confesiones generales, sin percibir por ello retribución de ninguna clase”. Este grupo de sacerdotes, muy pronto denominados “lazaristas”, a causa del nombre del célebre Priorato de San Lázaro, adquirido hacia 1632, se desarrolló rápidamente y se estableció en unas quince diócesis, para dar misiones parroquiales y fundar en ellas “Caridades”. La Congregación de la Misión se extendió también en Italia, Irlanda, Polonia, Argelia y Madagascar. Vicente no cesa de inculcar a sus compañeros “el espíritu de Nuestro Señor”; […] En el transcurso de las misiones, Vicente de Paúl obtuvo igualmente la evidencia de que este método de evangelización no lograría sus frutos si no hubiese en el sitio mismo un clero instruido y celoso. […] En fin, otro aspecto del dinamismo y del realismo de Vicente de Paúl fue dar a las “Caridades”, que se habían multiplicado, una estructura de unidad y eficacia. Luisa de Marillac, viuda de Antonio Le Gras, primeramente iniciada a la vida espiritual por Francisco de Sales, guiada después por el mismo Vicente de Paúl, fue encargada por él de la inspección y el sostén de las “Caridades”. Siguiendo a Luisa de Marillac, millares y millares de mujeres han gastado su vida entera en el servicio humildísimo de los que sufren, de los mendigos, prisioneros, marginados, minusválidos, analfabetos, niños abandonados. Las Hijas de San Vicente, después de él y como él, son el corazón de Cristo en el mundo de los pobres y también de los ricos a quienes ellas tratan de hacer bondadosos con los pobres. (Juan Pablo II. Mensaje por el IV centenario del nacimiento de San Vicente de Paúl, 24 de julio de 1981)

Juan XXIII

Los necesitados son bien atendidos cuando los católicos organizan sus esfuerzos

Se trata, sobre todo de coordinar la acción caritativa en el plan internacional, para que la solidaridad de los católicos hacia sus hermanos necesitados y muy especialmente hacia los que son afectados por repentina catástrofe, pueda manifestarse con rapidez y eficacia, y esta es vuestra tarea insustituible. Al organizar, utilizando los medios técnicos apropiados, la caridad de los católicos en escala mundial facilitáis a la Iglesia el que esté constantemente presente y operante allí donde alguien sufra en el mundo. (Juan XIII. Discurso a los delegados de la Caritas Internationalis, 27 de junio de 1960)

Benedicto XVI

Los jóvenes buscan grupos organizados para apoyarse y crecer en la fe

Es necesario ver también muchos fenómenos positivos que sostienen y ayudan la educación en la fe. Son numerosísimos los jóvenes que manifiestan una profunda sensibilidad ante las necesidades de los demás, especialmente de los pobres, los enfermos, las personas solas y los discapacitados. Por eso, emprenden varias iniciativas para llevar ayuda a los necesitados. Existe también un auténtico interés por las cuestiones de fe y religión, la necesidad de estar con los demás en grupos organizados e informales, y el fuerte deseo de experimentar a Dios. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de obispos de Polonia en visita as limina, n. 1, 26 de noviembre de 2005)

Hay que intensificar los esfuerzos para organizar la catequesis basada en el Magisterio

Os exhorto vivamente a vosotros, obispos, a intensificar los esfuerzos para organizar la catequesis de adultos donde falte y para sostener los ambientes que ya imparten una enseñanza de este tipo. Esta catequesis debe basarse en la Escritura y en el Magisterio. En su desarrollo puede servir de ayuda el Catecismo de la Iglesia Católica, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia o el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, publicado recientemente. Una ayuda particular en la catequesis de adultos puede ser el abundante magisterio de mi venerado predecesor Juan Pablo II. Durante sus numerosas peregrinaciones a Polonia dejó un rico patrimonio de la sabiduría que brota de la fe, el cual, al parecer, hasta ahora no ha sido asimilado del todo. En este contexto, ¡cómo no recordar sus encíclicas, exhortaciones, cartas y tantas otras intervenciones que constituyen una fuente inagotable de la sabiduría cristiana! (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de obispos de Polonia en visita ad limina, n. 3, 26 de noviembre de 2005)

Benedicto XV

La Iglesia por su naturaleza une los hombres y la sociedad

Unidas de este modo las naciones según los principios de la ley cristiana, todas las empresas que acometan en pro de la justicia y de la caridad tendrán la adhesión y la colaboración activa de la Iglesia, la cual es ejemplar perfectísimo de sociedad universal y posee, por su misma naturaleza y sus instituciones, una eficacia extraordinaria para unir a los hombres, no sólo en lo concerniente a la eterna salvación de éstos, sino también en todo lo relativo a su felicidad temporal, pues la Iglesia sabe llevar a los hombres a través de los bienes temporales de tal manera que no pierdan los bienes eternos.(Benedicto XV. Encíclica Pacem Dei munus, n.14, 23 de mayo de 1920)

San Agustín de Hipona

Una familia o sociedad ordenada por la Iglesia está en perfecto orden

Tú [la Iglesia] ordenas la autoridad de los maridos sobre sus esposas, no para tratar con desprecio al sexo más débil, sino para dominarle según las leyes del más puro y sincero amor. Tú con una, estoy por decir, libre servidumbre sometes los hijos a sus padres y pones a los padres delante de los hijos con dominio de piedad. Tú, con vínculo de religión, más fuerte y más estrecho que el de la sangre, unes a hermanos con hermanos. Tú estrechas con apretado y mutuo lazo de amor a los que el parentesco y afinidad une, respetando en todo los lazos de la naturaleza y de la voluntad. Tú enseñas a los criados la unión con sus señores, no tanto por necesidad de su condición, cuanto por amor del deber. Tú haces que los señores traten con más dulzura a sus criados por respeto a su sumo y común Señor, Dios, y les haces obedecer por persuasión antes que por temor. Tú, no sólo con vínculo de sociedad, sino también de una cierta fraternidad, ligas a ciudadanos con ciudadanos, a naciones con naciones; en una palabra, a todos los hombres con el recuerdo de los primeros padres. (San Agustín de Hipona. De las costumbres de la Iglesia Católica, I, 30, 63)

III – ¿Los planes apostólicos expansionistas son cosa de generales derrotados o de verdaderos constructores de la Historia de la Iglesia?

Juan Pablo II

Los planes apostólicos adecuados dan buenos frutos

Durante el quinquenio pasado, la celebración de los sínodos de la archidiócesis de Minsk y de las diócesis de Pinsk y Vitebsk os ha ofrecido la oportunidad de discernir mejor las prioridades pastorales, elaborando planes apostólicos adecuados a las diversas exigencias del territorio. Esta vez habéis venido a informarme de los frutos de vuestro generoso trabajo pastoral y, juntamente con vosotros, doy gracias por ellos al Señor, siempre misericordioso y providente. (Juan Pablo II. Discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal de Bielorrusia en visita ad limina, n. 2, 10 de febrero de 2003)

León XIII

Cuando las leyes de la Iglesia son observadas hay prosperidad y armonía

¿Quién es empero, el que se atreve ya a negar que es la Iglesia la que habiendo difundido el Evangelio entre las naciones, ha hecho brillar la luz de la verdad en medio de los pueblos salvajes, imbuidos de supersticiones vergonzosas, y la que les ha conducido al conocimiento del Divino Autor de todas las cosas y a reflexionar sobre sí mismos; la que habiendo hecho desaparecer la calamidad de la esclavitud, ha vuelto a los hombres a la originaria dignidad de su nobilísima naturaleza; la que, habiendo desplegado en todas partes el estandarte de la Redención, después de haber introducido y protegido las ciencias y las artes, y fundado, poniéndolos bajo su amparo, institutos de caridad destinados al alivio de todas las miserias, se ha cuidado de la cultura del género humano en la sociedad y en la familia, las ha sacado de su miseria, y las ha formado con esmero para un género de vida conforme a las dignidad y a los destinos de su naturaleza? Y si alguno de recta intención, compara esta misma época en que vivimos, tan hostil a la Religión y a la Iglesia de Jesucristo, con aquellos afortunadísimos tiempos en los que la Iglesia era respetada como madre, se quedara convencido de que esta época, llena de perturbación y ruinas, corre en derechura al precipicio; y que al contrario, los tiempos en que más han florecido las mejores instituciones, la tranquilidad y la riqueza y prosperidad públicas, han sido aquellos más sumisos al gobierno de la Iglesia, y en el que mejor se han observado sus leyes. (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 3, 21 de abril de 1878)

Benedicto XV

Todos los continentes se han beneficiado de los planes apostólicos misioneros

Más aún: tras el descubrimiento de América, ejércitos de varones apostólicos, entre los cuales merece especial mención Bartolomé de las Casas, honra y prez de la Orden dominicana, se consagraron a aliviar la triste suerte de los indígenas, ora defendiéndolos de la tiranía despótica de ciertos hombres malvados, ora arrancándolos de la dura esclavitud del demonio. A1 mismo tiempo, Francisco Javier, digno ciertamente de ser comparado con los mismos Apóstoles, después de haber trabajado heroicamente por la gloria de Dios y salvación de las almas en las Indias Orientales y el Japón, expira a las puertas mismas del Celeste Imperio, adonde se dirigía, como para abrir con su muerte camino a la predicación del Evangelio en aquélla región vastísima, donde habían de consagrarse al apostolado, llenos de anhelos misioneros y en medio de mil vicisitudes, los hijos de tantas Órdenes religiosas e Instituciones misioneras. Por fin, Australia, último continente descubierto, y las regiones interiores de África, exploradas recientemente por hombres de tesón y audacia, han recibido también pregoneros de la fe. Y casi no queda ya isla tan apartada en la inmensidad del Pacífico adonde no haya llegado el celo y la actividad de nuestros misioneros. Muchos de ellos, en el desempeño de su apostolado, han llegado, a ejemplo de los Apóstoles, al más alto grado de perfección en el ejercicio de las virtudes; y no son pocos los que han confirmado con su sangre la fe y coronado con el martirio sus trabajos apostólicos. (Benedicto XV. Carta apostólica Maximum illud, n. 6-9, 30 de noviembre 1919)

Benedicto XVI

Los testimonios de las ordenen religiosas dedicados a la caridad hacen brillante la historia de la Iglesia

¡Cuántos testimonios más de caridad pueden citarse en la historia de la Iglesia! Particularmente todo el movimiento monástico, desde sus comienzos con San Antonio Abad, muestra un servicio ingente de caridad hacia el prójimo. Al confrontarse “cara a cara” con ese Dios que es Amor, el monje percibe la exigencia apremiante de transformar toda su vida en un servicio al prójimo, además de servir a Dios. Así se explican las grandes estructuras de acogida, hospitalidad y asistencia surgidas junto a los monasterios. Se explican también las innumerables iniciativas de promoción humana y de formación cristiana destinadas especialmente a los más pobres de las que se han hecho cargo las órdenes monásticas y mendicantes primero, y después los diversos institutos religiosos masculinos y femeninos a lo largo de toda la historia de la Iglesia. Figuras de santos como Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Juan de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, José B. Cottolengo, Juan Bosco, Luis Orione, Teresa de Calcuta —por citar sólo algunos nombres— siguen siendo modelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad. Los santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres y mujeres de fe, esperanza y amor. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 40, 25 de diciembre de 2005)

Pío XII

Hospitales, hospicios, escuelas para los enfermos y los pobres tuvieron origen en la actividad de pías asociaciones

Queremos también hacer mención, aunque solo sea brevemente, de la asidua actividad realizada […] por las piadosas asociaciones erigidas para atender a los peregrinos. De estas asociaciones tuvieron origen innumerables hospitales, hospicios, iglesias y hermandades nacionales, de las cuales aún quedan no pocos vestigios. De ellas son dignos de especial mención las Escuelas de Peregrinos sajones, longobardos, francos y frisones, las cuales fueron erigidas ya en el siglo 8 en el Vaticano junto al sepulcro de San Pedro, príncipe de los apóstoles, para atender a los forasteros que peregrinaban a Roma de las regiones trasalpinas para venerar la memoria de los apóstoles. Estas escuelas estaban dotadas de iglesia y cementerio propio y allí se sostenían sacerdotes y clérigos de sus respectivas naciones para que cuidasen material y espiritualmente de sus connacionales, principalmente de los enfermos y pobres. En siglos sucesivos se les añadieron monasterios con un asilo anejo para los peregrinos; esto es, para los etíopes y abisinios, para los húngaros y armenios. Todo lo cual es un bello eco de las palabras del apóstol Pablo exclamando: “…aliviando las necesidades de los santos y ejercitando la hospitalidad.” (Pío XII. Constitución apostólica Exul familia Nazarethana, n. 9, 1 de agosto de 1952)

La actividad de la Iglesia es atacada satánicamente por los adversarios que desprecian sus obras

Todas estas oportunas providencias de la Sede Apostólica y de los pastores realizadas con la entusiasta cooperación de los sacerdotes, religiosos y fieles —cuyos nombres, si bien es verdad que, por lo general, no figuran en las páginas de la Historia, están, sin embargo, escritos en el cielo— eran muy dignas de que se recordasen aquí y se narrasen, aunque nada más que brevemente, para que aparezca con toda claridad la universal y benéfica obra de la Iglesia realizada con los emigrantes y exilados de todo género, a los cuales la Iglesia, sin ahorrar ningún trabajo, ha atendido siempre con su asistencia religiosa, moral y social. Todo lo cual era necesario recordar particularmente en estos tiempos en que la próvida actividad de la Madre Iglesia es atacada tan satánicamente por los adversarios, olvidando y despreciando sus obras aun en la misma región de la caridad en la cual ella fue la primera en desbrozar el terreno y se la dejo después frecuentemente sola en el trabajo. (Pío XII. Constitución apostólica Exul familia Nazarethana, n. 77, 1 de agosto de 1952)

Juan Pablo II

En la historia de la Iglesia el impulso misionero ha sido signo de vitalidad

En efecto, en la historia de la Iglesia, este impulso misionero ha sido siempre signo de vitalidad, así como su disminución es signo de una crisis de fe. (Juan Pablo II. Encíclica Redemptoris missio, n. 2, 1990)


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