108 – El verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia. El Corán es un libro profético de paz

Si alguien se encuentra durmiendo, en perfectas condiciones físicas y mentales, posee una tranquilidad que es fruto del orden que reina en su interior. En cambio, una persona desmayada puede aparentar tranquilidad, pero su letargo es consecuencia de un desorden orgánico o psíquico y, por eso, no puede ser considerado un estado de paz. Tampoco el silencio de la tumba es paz, pues allí reina la corrupción del ser.

Los musulmanes dicen que el Islam es una religión de paz, pero la cuestión es que su paz es la tranquilidad de los que se ponen bajo las leyes de Alá y no hay paz para los que a él no se someten. Quieren ellos imponer esta presunta paz en todo el mundo… ¡por la “espada”! Ya decía Tácito: “Auferre, trucidare, rapere, falsis nominibus imperium; ubi solitudinem faciunt, pacem appellant ― A robar, trocear y saquear lo denominan falsamente gobernar; y a aquello que convierten en desierto, lo llaman paz”. (Tácito. Agrícola, c. 30) En esos menesteres se guían por el Corán y sus Hadices, ambos repletos de preceptos violentos, éstas, por ejemplo, en su libro 52 de al-Bujari, contienen 285 recomendaciones a la yihad, la “guerra santa” para implantar la falsa religión del profeta en todo el orbe.

Ahora bien, la paz se construye sobre el orden, fruto de la caridad y la justicia, que tiene un sustrato en la naturaleza humana, en el cumplimiento de la ley natural. Es la religión de Cristo la que cumple enteramente este criterio y puede establecer la paz entre los hombres, mientras que la creencia islámica no es más que la violación sistemática de la justicia y, consecuentemente, de la paz. En las Sagradas Escrituras se encuentra el camino del bien y de la paz ― “Si alguno creyere que han de tener autoridad o si hubiere venerado otras Escrituras fuera de las que ha recibido la Iglesia Católica, sea anatema” (Denzinger-Hünermann 202. Symbolum Toletanum I) ― y es la práctica de los preceptos evangélicos que traerá la paz a la humanidad. “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. (Mt 5, 9)

Dada la actualidad del tema, su importancia y los matices de que está envuelto, cumple saber bien lo que es la paz y su alcance, así como la visualización tergiversada que de ella nos ofrece el Islam. Por ello, dividiremos este estudio en varias partes con la finalidad de dar a conocer la materia progresivamente y en profundidad, incluso porque estamos convencidos de que aquí se encuentra una de las piedras de toque para las luchas espirituales de la Iglesia en las próximas décadas. En la primera veremos una nota doctrinal sobre la auténtica paz; en la segunda, dónde encontrar la verdadera paz en este mundo; en la tercera, daremos a conocer en qué consiste la presunta paz del Islam.

Francisco

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Cita ACita B

Enseñanzas del Magisterio

Entra en las diversas partes de nuestro estudio

ContenidoI – Nota doctrinal introductoria sobre la pazII – Cristo es el Príncipe de la PazIII – El Islam y la pazAnexo 1: La paz en el Islam es tan sólo para los que están bajo el dominio de AláAnexo 2: El Corán incita a la violencia contra todos los infieles, es decir, los no musulmanes
I – Nota doctrinal introductoria sobre la paz
1 – ¿Qué es la paz?
2 – La paz es obra de la justicia y fruto de la caridad, puesto que es fomentada por el Espíritu Santo
3 – La paz resulta de la práctica del cumplimiento da ley natural, que es el Decálogo puesto por Dios en los corazones
4 – Es imposible por las solas fuerzas naturales practicar la ley divina de manera estable sin el auxilio de la gracia, después del pecado original
5 – El pecado expulsa la gracia y destruye la pazII – Cristo es el Príncipe de la Paz
1 –
La paz vino a la tierra por Cristo
2 – Sólo en Cristo y en la religión por Él fundada se encuentra la paz verdadera y estable
3 – La Religión Católica, dispensadora de la gracia en los sacramentos, es la única que garantiza la pazIII – El Islam y la paz
1 – El Islam viola la ley natural en diversas materias
2 – No se puede equiparar el Islam con la Iglesia católica, pues no tiene la gracia infusa como cualquier religión ajena a ella
3 – Documentos de la Iglesia testifican la condición no pacífica del Islam

Anexo 1: La paz en el Islam es tan sólo para los que están bajo el dominio de Alá
Anexo 2: El Corán incita a la violencia contra todos los infieles, es decir, los no musulmanes
Anexo 3: Nadie mejor que los musulmanes para interpretar su propio libro: el Corán. Algunas noticias muy actuales muestran como lo interpretan

I – Nota doctrinal introductoria sobre la paz


1 – ¿Qué es la paz?


 San Agustín de Hipona

La paz es un tesoro que atrae con fuerza irresistible

Tan estimable es la paz, que incluso en las realidades terrenas y transitorias normalmente nada suena con un nombre más deleitoso, nada atrae con fuerza más irresistible; nada, en fin, mejor se puede descubrir. Voy a hablar con cierto detenimiento de este tesoro que es la paz. Estoy seguro de que no me haré pesado a los lectores: lo pide el fin de esta ciudad de la que estamos tratando; lo pide aquello mismo que a todos nos es tan grato: la propia dulcedumbre de la paz. (San Agustín de Hipona. La ciudad de Dios, lib. XIX, cap. 11)

Todos desean la paz, hasta los que hacen la guerra…

Es un hecho: todos desean vivir en paz con los suyos, aunque quieran imponer su propia voluntad. Incluso a quienes declaran la guerra intentan apoderarse de ellos, si fuera posible, y una vez sometidos imponerles sus propias leyes de paz. (San Agustín de Hipona. La ciudad de Dios, lib. XIX, cap. 12, n. 1)

La paz es la tranquilidad del orden, que es la distribución de los seres justamente

La paz del cuerpo es el orden armonioso de sus partes. La paz del alma irracional es la ordenada quietud de sus apetencias. La paz del alma racional es el acuerdo ordenado entre pensamiento y acción. La paz entre el alma y el cuerpo es el orden de la vida y la salud en el ser viviente. La paz del hombre mortal con Dios es la obediencia bien ordenada según la fe bajo la ley eterna. La paz entre los hombres es la concordia bien ordenada. La paz doméstica es la concordia bien ordenada en el mandar y en el obedecer de los que conviven juntos. La paz de una ciudad es la concordia bien ordenada en el gobierno y en la obediencia de sus ciudadanos. La paz de la ciudad celeste es la sociedad perfectamente ordenada y perfectamente armoniosa en el gozar de Dios y en el mutuo gozo en Dios. La paz de todas las cosas es la tranquilidad del orden. Y el orden es la distribución de los seres iguales y diversos, asignándole a cada uno su lugar. (San Agustín de Hipona. La ciudad de Dios, lib. XIX, cap. 13, n. 1)

Santo Tomás de Aquino

La paz entraña la unión de tendencias afectivas de diferentes personas e implica la unión de apetitos en un mismo apetente

La paz implica concordia y añade algo más. De ahí que, donde hay paz, hay concordia, pero no al revés, si entendemos en su verdadera acepción la palabra paz. La concordia propiamente dicha implica, es verdad, una relación a otro en el sentido de que las voluntades de varias personas se unen en un mismo consenso. Pero ocurre igualmente que el corazón de la misma persona tiende a cosas diferentes de dos modos. Primero: según las potencias apetitivas; y así, el apetito sensitivo las más de las veces tiende a lo contrario del apetito racional, según se expresa el Apóstol en Gal 5,17: La carne tiene tendencias contrarias a las del espíritu. El otro modo, en cuanto la misma potencia apetitiva, se dirige a distintos objetos apetecibles, que no puede alcanzar a la vez, y esto conlleva necesariamente contrariedad entre los movimientos del apetito. Ahora bien, la paz implica, por esencia, la unión de esos impulsos, ya que el corazón del hombre, aun teniendo satisfechos algunos de sus deseos, no tiene paz en tanto desee otra cosa que no puede tener a la vez. Esa unión, empero, no es de la esencia de la concordia. De ahí que la concordia entraña la unión de tendencias afectivas de diferentes personas, mientras que la paz, además de esa unión, implica la unión de apetitos en un mismo apetente. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 29, a. 1)

A la paz se opone la disensión del hombre consigo mismo y con los demás

Si uno está de acuerdo con otro en lo mismo, no se sigue de ello que lo esté consigo mismo, a menos que todos sus impulsos apetitivos estén acordes entre sí. A la paz se oponen dos tipos de disensiones: la del hombre consigo mismo y la del hombre con otro. A la concordia se opone solamente la segunda disensión. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 29, a. 1, ad 2-3)

Juan Pablo II

No hay paz si no se da un auténtico cambio del corazón

El restablecimiento de la paz sería también de corta duración y totalmente ilusoria si no se diera un auténtico cambio del corazón. (Juan Pablo II. Mensaje para la celebración de la XVII Jornada Mundial de la Paz, n. 2, 1 de enero de 1984)

2 – La paz es obra de la justicia y fruto de la caridad, puesto que es fomentada por el Espíritu Santo

 Santo Tomás de Aquino

La verdadera paz consiste en el goce perfecto de bien sumo, que unifica y aquieta todos los apetitos

La paz consiste en la quietud y unión del apetito. Y así como puede haber apetito tanto del bien verdadero como del bien aparente, puede darse igualmente una paz verdadera y una paz aparente. La paz verdadera no puede darse, ciertamente, sino en el apetito del bien verdadero, pues todo mal, aunque en algún aspecto parezca bien y por eso aquiete el apetito, tiene, sin embargo, muchos defectos, fuente de inquietud y de turbación. De ahí que la verdadera paz no puede darse sino en bienes y entre buenos. La paz, empero, de los malos es paz aparente, no verdadera. Por eso se dice en Sab 14, 22: Viven en la gran guerra de la ignorancia; a tantos y tan grandes males llamaron paz.
La verdadera paz no puede tener por objeto sino el bien, y como un verdadero bien se puede poseer de dos maneras, es decir, perfecta o imperfectamente, igualmente hay doble paz verdadera. La verdadera consiste en el goce perfecto de bien sumo, y que unifica y aquieta todos los apetitos.
Éste es el fin último de la criatura racional, según lo que leemos en Sal 147, 3: Puso en tus confines la paz. La paz imperfecta se da en este mundo, en donde, aunque la tendencia principal del alma repose en Dios, hay, no obstante, dentro y fuera, cosas que contradicen y perturban esa paz. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 29, a. 2, ad 3-4)

La paz es importante elemento de la amistad

La paz, como queda dicho (a. 1), implica esencialmente doble unión: la que resulta de la ordenación de los propios apetitos en uno mismo, y la que se realiza por la concordia del apetito propio con el ajeno. Tanto una como otra unión la produce la caridad. Produce la primera por el hecho de que Dios es amado con todo el corazón, de tal manera que todo lo refiramos a Él, y de esta manera todos nuestros deseos convergen en el mismo fin. Produce también la segunda en cuanto amamos al prójimo como a nosotros mismos; por eso quiere cumplir el hombre la voluntad del prójimo como la suya. Por esta razón, entre los elementos de la amistad ha puesto el Filósofo, en IX Ethic., la identidad de gustos, y Tulio, en el libro De Amicitia, expone que entre amigos hay un mismo querer y un mismo no querer. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 29, a. 3)

La paz es obra de la caridad y de la justicia

La paz es indirectamente obra de la justicia, es decir, en cuanto elimina obstáculos. Pero es directamente obra de la caridad, porque la caridad, por su propia razón específica, causa la paz. Como afirma Dionisio en el capítulo 4 De div. nom., el amor es una fuerza unificante; la paz es la unión realizada en las inclinaciones apetitivas. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 29, a. 3, ad 3)

El gozo de la paz es acto proprio de la caridad

Dado que, como queda expuesto (a. 3), la paz es efecto de la caridad por la razón específica de amor de Dios y del prójimo, no hay otra virtud distinta de la caridad que tenga como acto propio la paz, como dijimos también del gozo (II-II, 28, 4). (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 29, a. 4)

Paz: fruto del acto perfecto de la virtud de la caridad

Se da el precepto de tener paz precisamente por ser acto de caridad. Por eso mismo es también meritorio. De ahí que se cuente entre las bienaventuranzas, que, como ya expusimos (I-II, 69, 1; I-II, 69, 3), son actos de virtud perfecta. Se la cuenta también entre los frutos, por ser cierto bien final que contiene dulzura espiritual. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 29, a. 4, ad 1)

Catecismo de la Iglesia Católica

Paz, gozo y misericordia: frutos de la caridad

La caridad tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia. Exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa; es amistad y comunión. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1829)

Caridad y paz: frutos del Espírito Santo

Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: “caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad” (Gal 5,22-23, vulg.). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1832)

Benedicto XVI

No hay paz sin justicia

La paz auténtica sólo es posible cuando reina la justicia. Nuestro mundo tiene sed de paz y de justicia. (Benedicto XVI. Discurso a un grupo de nuevos embajadores ante la Santa Sede, 18 de diciembre 2008)

3 – La paz resulta de la práctica del cumplimiento da ley natural, que es el Decálogo puesto por Dios en los corazones

 Sagradas Escrituras

Los que aman tu Ley tienen mucha paz

Mucha paz tienen los que aman tu Ley, y nada los hace tropezar. (Sal 119,165)

San Agustín de Hipona

El Creador regula la paz universal y nada puede sustraerse a sus leyes

Nada hay que pueda sustraerse de las leyes del supremo Creador y ordenador, que regula la paz del universo. (San Agustín de Hipona. La ciudad de Dios, lib. XIX, cap. 12, n. 3)

Catecismo de la Iglesia Católica

La ley divina y natural muestra el camino de la práctica del bien

La ley divina y natural (GS, 89) muestra al hombre el camino que debe seguir para practicar el bien y alcanzar su fin. La ley natural contiene los preceptos primeros y esenciales que rigen la vida moral. Tiene por raíz la aspiración y la sumisión a Dios, fuente y juez de todo bien, así como el sentido del prójimo en cuanto igual a sí mismo. Está expuesta, en sus principales preceptos, en el Decálogo. Esta ley se llama natural no por referencia a la naturaleza de los seres irracionales, sino porque la razón que la proclama pertenece propiamente a la naturaleza humana. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1955)

La ley natural expresa la dignidad de la persona y determina la base de sus derechos y deberes fundamentales

La ley natural, presente en el corazón de todo hombre y establecida por la razón, es universal en sus preceptos, y su autoridad se extiende a todos los hombres. Expresa la dignidad de la persona y determina la base de sus derechos y sus deberes fundamentales. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1956)

No se puede destruir la ley natural del corazón del hombre y su validez permanece a través de la historia

La ley natural es inmutable (cf. GS, 10) y permanente a través de las variaciones de la historia; subsiste bajo el flujo de ideas y costumbres y sostiene su progreso. Las normas que la expresan permanecen substancialmente valederas. Incluso cuando se llega a renegar de sus principios, no se la puede destruir ni arrancar del corazón del hombre. Resurge siempre en la vida de individuos y sociedades. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1958)

Nadie ignora los principios de la ley moral, inscritos en la conciencia de todo hombre

La ignorancia involuntaria puede disminuir, y aún excusar, la imputabilidad de una falta grave, pero se supone que nadie ignora los principios de la ley moral que están inscritos en la conciencia de todo hombre. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1860)

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la ley natural y expresa las reglas primordiales de toda vida social

Los diez mandamientos, que constituyen un extraordinario camino de vida e indican las condiciones más seguras para una existencia liberada de la esclavitud del pecado, contienen una expresión privilegiada de la ley natural. “Nos enseñan al mismo tiempo la verdadera humanidad del hombre. Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto indirectamente, los derechos fundamentales inherentes a la naturaleza de la persona humana” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2070). Connotan la moral humana universal. Recordados por Jesús al joven rico del Evangelio (cf. Mt 19,18), los diez mandamientos “constituyen las reglas primordiales de toda vida social” (Juan Pablo II. Veritatis splendor, 97). (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 22)

Benedicto XVI

La paz es un don celestial y una gracia divina que exige conformar la historia humana con el orden divino

La paz, concebida de este modo, es un don celestial y una gracia divina, que exige a todos los niveles el ejercicio de una responsabilidad mayor: la de conformar —en la verdad, en la justicia, en la libertad y en el amor— la historia humana con el orden divino. Cuando falta la adhesión al orden trascendente de la realidad, o bien el respeto de aquella “gramática” del diálogo que es la ley moral universal, inscrita en el corazón del hombre; cuando se obstaculiza y se impide el desarrollo integral de la persona y la tutela de sus derechos fundamentales; cuando muchos pueblos se ven obligados a sufrir injusticias y desigualdades intolerables, ¿cómo se puede esperar la consecución del bien de la paz? En efecto, faltan los elementos esenciales que constituyen la verdad de dicho bien. San Agustín definía la paz como “tranquillitas ordinis(De civitate Dei, lib. XIX, cap. 13), la tranquilidad del orden, es decir, aquella situación que permite en definitiva respetar y realizar por completo la verdad del hombre. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XXXIX Jornada Mundial de la Paz, n. 4, 1 de enero de 2006)

La paz exige una respuesta personal coherente con el plan divino, según el criterio del respeto de la “gramática” escrita en el corazón del hombre

La “gramática” trascendente, es decir, el conjunto de reglas de actuación individual y de relación entre las personas en justicia y solidaridad, está inscrita en las conciencias, en las que se refleja el sabio proyecto de Dios. Como he querido reafirmar recientemente, “creemos que en el origen está el Verbo eterno, la Razón y no la Irracionalidad” (Homilía en la explanada de Isling de Ratisbona, 12 septiembre 2006). Por tanto, la paz es también una tarea que a cada uno exige una respuesta personal coherente con el plan divino. El criterio en el que debe inspirarse dicha respuesta no puede ser otro que el respeto de la “gramática” escrita en el corazón del hombre por su divino Creador. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XL Jornada Mundial de la Paz, n. 3, 1 de enero de 2007)

Reconocer y respetar la ley natural: fundamento de la paz auténtica

El reconocimiento y el respeto de la ley natural son también hoy la gran base para el diálogo entre los creyentes de las diversas religiones, así como entre los creyentes e incluso los no creyentes. Éste es un gran punto de encuentro y, por tanto, un presupuesto fundamental para una paz auténtica. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XL Jornada Mundial de la Paz, n. 3, 1 de enero de 2007)

No se puede obtener la paz en la tierra sin la reconciliación con Dios

La paz en la tierra no puede lograrse sin la reconciliación con Dios, sin la armonía entre el cielo y la tierra. (Benedicto XVI. Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2006)

Juan XXIII

La paz no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios

La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in terris, n. 1, 11 de abril de 1963)

No habrá paz en la sociedad humana más que cuando primero exista en el interior de cada hombre

Porque la paz no puede darse en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada hombre, es decir, si primero no guarda cada uno en sí mismo el orden que Dios ha establecido. A este respecto pregunta San Agustín:
¿Quiere tu alma ser capaz de vencer las pasiones? Que se someta al que está arriba y vencerá al que está abajo; y se hará la paz en ti; una paz verdadera, cierta, ordenada. ¿Cuál es el orden de esta paz? Dios manda sobre el alma; el alma, sobre la carne; no hay orden mejor (Miscelanea Augustiniana…: Sancti Augustini, Sermones post Maurino reperti p.633 – Roma 1930). (Juan XXIII. Encíclica Pacem in terris, n. 165, 11 de abril de 1963)

Juan Pablo II

Quien no vive en paz con Dios difícilmente puede vivir en paz con el prójimo

Para dar al mundo la paz que desea la humanidad, no bastan las conferencias de los políticos; no bastan los acuerdos, las políticas de distensión obtenidas por los hombres, por más importantes y necesarios que puedan ser. El mundo afligido por la discordia precisa antes de todo de la paz de Cristo. Y esta é más que la paz política, pura y sencilla. La paz de Cristo puede afirmarse sólo adonde los hombres estén dispuestos a alejarse del pecado. La causa más profunda de todo conflicto en el mundo es el abandono de Dios por parte del hombre. Quien no vive en paz con Dios difícilmente puede vivir en paz con el prójimo. (Juan Pablo II. Homilía en Kevalaer, n. 5, 2 de mayo de 1987)

Pío XII

La paz es la feliz herencia de aquellos que observan la ley de Dios

La paz, fuente de la verdadera felicidad, no puede venir más que de Dios, no puede encontrarse más que en Dios: “Ó Señor, tu nos ha hecho para ti y inquieto está nuestro corazón mientras en ti no reposar”. Por esto, la tranquilidad absoluta, la felicidad completa y perfecta no se encontrará más que en el cielo, en la visión de la esencia divina. Pero también durante la vida terrenal la condición fundamental de la verdadera paz y de la sana alegría es la dependencia amorosa y filial de la voluntad de Dios: todo lo que debilita, que rompe, que quiebra esta conformidad y unión de voluntad, está en oposición con la paz: primero de todo y sobre todo el pecado. El pecado es ruptura y desunión, desorden y perturbación, remordimiento y temor, y aquellos que resisten a la voluntad de Dios no tienen, no pueden tener la paz: “Quis restitit ei et pacem habuit?” (Job 9, 4), mientras la paz es la feliz herencia de aquellos que observan la ley de Dios: “Pax multa diligentibus legem tuam” (Sal 118, 165). (Pío XII. Audiencia general, 19 de julio de 1939)

4 – Es imposible por las solas fuerzas naturales practicar la ley divina de manera estable sin el auxilio de la gracia, después del pecado original

Catecismo de la Iglesia Católica

El pecado original debilitó la naturaleza humana

Como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana quedó debilitada en sus fuerzas, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al dominio de la muerte, e inclinada al pecado (inclinación llamada “concupiscencia”). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 418)

Santo Tomás de Aquino

Para la práctica de la caridad no bastan las fuerzas naturales

Para cumplir el precepto del amor de Dios, si ha de hacerse por caridad, no bastan las solas fuerzas naturales, como consta por lo ya dicho (a.3). (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I-II, q. 109, a. 4, ad 3)

El hombre necesita un auxilio divino que le impulse al bien obrar

Así, pues, en el estado de naturaleza íntegra el hombre sólo necesita una fuerza sobreañadida gratuitamente a sus fuerzas naturales para obrar y querer el bien sobrenatural. En el estado de naturaleza caída, la necesita a doble título: primero, para ser curado, y luego, para obrar el bien de la virtud sobrenatural, que es el bien meritorio. Además, en ambos estados necesita el hombre un auxilio divino que le impulse al bien obrar. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I-II, q. 109, a. 2)

En el estado de corrupción el hombre necesita el auxilio de la gracia para curar su naturaleza

Mas en el estado de naturaleza caída el hombre flaquea en este terreno, porque el apetito de la voluntad racional, debido a la corrupción de la naturaleza, se inclina al bien privado, mientras no sea curado por la gracia divina. Debemos, pues, concluir que el hombre, en estado de integridad, no necesitaba un don gratuito añadido a los bienes de su naturaleza para amar a Dios sobre todas las cosas, aunque sí necesitaba el impulso de la moción divina. Pero en el estado de corrupción necesita el hombre, incluso para lograr este amor, el auxilio de la gracia que cure su naturaleza. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I-II, q. 109, a. 3)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

Sólo con la ayuda de la gracia de Dios el hombre es capaz de establecer la unidad en sí mismo

A través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final. Enzarzado en esta pelea, el hombre ha de luchar continuamente para acatar el bien, y sólo a costa de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios, es capaz de establecer la unidad en sí mismo. (Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et Spes, n. 37, 7 de diciembre de 1965)

Herido por el pecado, el hombre sólo se ordena a Dios apoyándose en la gracia

La libertad humana, herida por el pecado, para dar la máxima eficacia a esta ordenación a Dios, ha de apoyarse necesariamente en la gracia de Dios. Cada cual tendrá que dar cuenta de su vida ante el tribunal de Dios según la conducta buena o mala que haya observado. (Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 17, 7 de diciembre de 1965)

Juan Pablo II

El joven rico del evangelio se muestra incapaz de crecer moralmente sólo con sus fuerzas: es preciso el don divino de la gracia

No sabemos hasta qué punto el joven del evangelio comprendió el contenido profundo y exigente de la primera respuesta dada por Jesús: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”; sin embargo, es cierto que la afirmación manifestada por el joven de haber respetado todas las exigencias morales de los mandamientos constituye el terreno indispensable sobre el que puede brotar y madurar el deseo de la perfección, es decir, la realización de su significado mediante el seguimiento de Cristo. El coloquio de Jesús con el joven nos ayuda a comprender las condiciones para el crecimiento moral del hombre llamado a la perfección: el joven, que ha observado todos los mandamientos, se muestra incapaz de dar el paso siguiente sólo con sus fuerzas. Para hacerlo se necesita una libertad madura (“si quieres”) y el don divino de la gracia (“ven, y sígueme”). (Juan Pablo II. Encíclica Veritatis splendor, n. 17, 6 de agosto de 1993)

Catecismo de la Iglesia Católica

La gracia sana del pecado y es fuente de la obra de santificación

La gracia de Cristo es el don gratuito que Dios nos hace de su vida infundida por el Espíritu Santo en nuestra alma para sanarla del pecado y santificarla: es la gracia santificante o divinizadora, recibida en el Bautismo. Es en nosotros la fuente de la obra de santificación (cf. Jn 4, 14; 7, 38-39). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1999)

Santo Tomás de Aquino

El hombre no puede guardar los mandamientos sin la gracia

En el estado de naturaleza caída no puede el hombre guardar todos los preceptos divinos sin ser previamente curado por la gracia.
El otro modo consiste en cumplir los preceptos de la ley no sólo en cuanto a la sustancia de las obras, sino además según un modo conveniente, es decir, por caridad. Y de esta forma no puede el hombre observar los preceptos legales ni en el estado de naturaleza íntegra ni en el de naturaleza corrupta. De aquí que San Agustín, habiendo dicho en el libro “De corrept. et gratia” que sin la gracia no hacen los hombres absolutamente ningún bien, añade: porque necesitan de ella no sólo para que, bajo su dirección, sepan lo que deben obrar, sino también para que, con su ayuda, cumplan por amor lo que saben. En ambos estados, para observar los mandamientos, necesitan además el impulso motor de Dios, como ya queda dicho (a.2.3). (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I-II, q. 109, a. 4)

La ley escrita fue dada para corrección de la corrupción del corazón del hombre que llegó a considerar como bueno lo que es malo por naturaleza

Se dice que la ley escrita fue dada para corrección de la ley natural, bien porque viene a completar lo que faltaba a la ley natural, bien porque la ley natural se había corrompido parcialmente en el corazón de algunos, que llegaron a considerar como bueno lo que es malo por naturaleza, y tal corrupción necesitaba corrección. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I-II, q. 94, a. 5, ad 1)

En preceptos secundarios la ley natural puede ser borrada del corazón de los hombres por malas persuasiones o por costumbres depravadas y hábitos corrompidos

Como ya expusimos (a. 4.5), a la ley natural pertenecen, en primer lugar, ciertos preceptos comunísimos que son conocidos de todos, y luego, ciertos preceptos secundarios y menos comunes que son como conclusiones muy próximas a aquellos principios. Pues bien, en cuanto a los principios más comunes, la ley natural no puede en modo alguno ser borrada de los corazones de los hombres si se la considera en universal. Puede ser abolida, sin embargo, en algún caso concreto cuando, por efecto de la concupiscencia o de otra pasión, la razón se encuentra impedida para aplicar el principio general a un asunto particular, según ya expusimos (q. 77, a. 2). Mas en lo que toca a los preceptos secundarios, la ley natural puede ser borrada del corazón de los hombres o por malas persuasiones, a la manera en que también ocurren errores en las conclusiones necesarias del orden especulativo, o por costumbres depravadas y hábitos corrompidos, como en el caso de aquellos que no consideraban pecado el robo (cf. a. 4) ni siquiera los vicios contra la naturaleza, como también dice el Apóstol en Rom 1, 24s. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I-II, q. 94, a. 6)

Sagradas Escrituras

El pecado quebranta la ley en el corazón humano

Todo el que comete pecado quebranta también la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley. (1 Jn 3, 4)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

Si la realidad social se ve viciada por las consecuencias del pecado, el hombre encuentra nuevos estímulos para él

Y cuando la realidad social se ve viciada por las consecuencias del pecado, el hombre, inclinado ya al mal desde su nacimiento, encuentra nuevos estímulos para el pecado, los cuales sólo pueden vencerse con denodado esfuerzo ayudado por la gracia. (Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 25, 7 de diciembre de 1965)

5 – El pecado expulsa la gracia y destruye la paz

Santo Tomás de Aquino

El pecado expulsa la gracia santificante y sin ella no hay paz

Nadie pierde la gracia santificante si no es por el pecado, que aparta al hombre del fin debido, prefiriendo sobre él un fin malo. En este sentido, su apetito, de hecho, no se adhiere principalmente al bien final verdadero, sino al aparente. Por eso, sin gracia santificante no puede haber paz verdadera, sino sólo aparente. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 29, a. 3, ad 1)

El bien de la virtud y la gracia es totalmente eliminado por el pecado mortal

Hay también un bien de la virtud y la gracia, que tiene asimismo su medida, belleza y orden: y éste es totalmente eliminado por el pecado mortal. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I-II, q. 85, a. 4)

Después del pecado el alma es privada de la unión con la luz divina

Después del acto pecaminoso positivamente no queda nada en el alma a no ser la disposición o el hábito; pero queda algo privativamente, a saber: la privación de la unión con la luz divina. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, I-II, q. 86, a. 2, ad 1)

Benedicto XVI

Pecado: germen de negación de la paz

Germen de oscuridad y de negación de la paz que es el pecado en todas sus formas. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLVI Jornada Mundial de la Paz, n. 3, 1 de enero de 2013)

Juan Pablo II

La paz en la tierra es siempre un desafío por la presencia del pecado en el corazón del hombre

Para el cristiano, la paz en la tierra es siempre un desafío, a causa de la presencia del pecado en el corazón del hombre. (Juan Pablo II. Mensaje para la celebración de la XV Jornada Mundial de la Paz, n. 12, 1 de enero de 1982)

La guerra nace verdaderamente en el corazón del hombre que peca

Sí, la guerra nace verdaderamente en el corazón del hombre que peca, desde que la envidia y la violencia invadieron el corazón de Caín contra su hermano Abel, según la antigua narración bíblica. ¿No se produce en realidad una ruptura aún más profunda, cuando los hombres se hacen incapaces de ponerse de acuerdo sobre la distinción entre el bien y el mal, y sobre los valores de la vida de los que Dios es autor y garante? ¿No explica esto quizá que el “corazón” del hombre vaya a la deriva sin llegar a hacer la paz con sus semejantes sobre la base de la verdad, con genuina rectitud y benevolencia? (Juan Pablo II. Mensaje para la celebración de la XVII Jornada Mundial de la Paz, n. 2, 1 de enero de 1984)

Benedicto XVI

Sólo mediante la Redención podrá el hombre vencer el germen de negación de la paz que es el pecado y ser un auténtico trabajador por la paz

Para llegar a ser un auténtico trabajador por la paz, es indispensable cuidar la dimensión trascendente y el diálogo constante con Dios, Padre misericordioso, mediante el cual se implora la redención que su Hijo Unigénito nos ha conquistado. Así podrá el hombre vencer ese germen de oscuridad y de negación de la paz que es el pecado en todas sus formas: el egoísmo y la violencia, la codicia y el deseo de poder y dominación, la intolerancia, el odio y las estructuras injustas. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLVI Jornada Mundial de la Paz, n. 3, 1 de enero de 2013)

A través de todo lo expuesto en la primera parte de este estudio, vimos que la Redención restableció la gracia para el hombre librándolo del pecado, destructor por antonomasia de la paz. Fue Cristo, por lo tanto, quien trajo la paz a la tierra y tan sólo en la religión que Él fundó, única dispensadora de la gracia, se encuentra la verdadera paz, fruto de la justicia y de la caridad. Cristo es la paz y su Iglesia es la única que la garantiza. Dijo Pío XII: “Lejos están de buscar una paz segura quienes pisotean los sacrosantos derechos de la Iglesia católica”… ¡como lo hacen los musulmanes!

II – Cristo es el Príncipe de la Paz

1 – La paz vino a la tierra por Cristo

 Sagradas Escrituras

Un hijo se nos ha sido dado: el Príncipe de la paz

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha sido dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: “Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz”. (Is 9, 5)

Nos visitará el sol que nace de lo alto, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en las tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. (Lc 1, 78-79)

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad

De pronto, en torno al ángel apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. (Lc 2, 13-14)

San Jerónimo

Los “hombres de buena voluntad” son los que reciben a Cristo recién nacido

Prestad atención a lo que se dice. Gloria en el cielo en donde no hay jamás disensión alguna, y paz en la tierra en la que no haya a diario guerras. “Y paz en la tierra”. Y esa paz ¿en quiénes? En los hombres. Y ¿por qué entonces no tienen paz los gentiles ni los judíos? Por eso se apostilla: “Paz a los hombres de buena voluntad”, es decir, a quienes reciben a Cristo recién nacido. (San Jerónimo. Homilía sobre la Natividad del Señor)

San Cirilo de Alejandría

Cristo ha sido para nosotros la paz y la buena voluntad

Nosotros somos miserables al poner nuestros deseos en oposición a la voluntad del Señor, y entrar para las filas de sus enemigos. Esto fue abolido por Cristo, pues él mismo es nuestra paz y nos une por su mediación con Dios Padre, quitando el pecado, causa de nuestra enemistad y nos justificando por la fe, acercando los que están lejos. Además, modeló los dos pueblos en un hombre nuevo, fomentado la paz y reconciliando ambos en un solo cuerpo con el Padre. En efecto, le agradó al Padre reunir en Cristo todas las cosas, y unir los de arriba con los de abajo, los del cielo y los de la tierra, y decir que hay un solo rebaño. Cristo ha sido para nosotros la paz y la buena voluntad. (San Cirilo de Alejandría. Exposición sobre el Evangelio de San Lucas, C. II, v.7: PG 72, 494-495)

San Bernardo de Claraval

Un niño en quien habita la plenitud de la divinidad: he aquí la paz

He aquí la paz no prometida, sino enviada; no adiada, sino concedida; no profetizada, sino presentada. Dios Padre envió a la tierra, una como bolsa plena de su misericordia; bolsa que se rompería en la Pasión, para derramar el precio de nuestro rescate en el escondido; bolsa que, aunque pequeña, estaba plena. Pues un niño nos fue dado, pero en él habita la plenitud de la divinidad. Cuando ha venido la plenitud de los tiempos, ha venido también la plenitud de la divinidad. (San Bernardo de Claraval. Sermón I, en la Epifanía del Señor: PL 183, 142-143)

Benedicto XVI

Paz auténtica es la que viene de Cristo

La paz auténtica viene de Cristo (cf. Jn 14,27). No se parece a la del mundo. No es fruto de negociaciones y acuerdos diplomáticos basados en intereses. Es la paz de la humanidad reconciliada consigo misma en Dios, y de la que la Iglesia es el sacramento. (Benedicto XVI. Exhortación apostólica postsinodal Africae munus, n. 30, 19 de noviembre 2011)

Donde Cristo es acogido surgen islas de paz

Et erit iste paxÉl será la paz”, dice el profeta Miqueas (Miq 5, 4) refiriéndose al futuro dominador de Israel, cuyo nacimiento en Belén anuncia. A los pastores que apacentaban sus ovejas en los campos cercanos a Belén los ángeles les dijeron: el Esperado ha llegado. “Paz en la tierra a los hombres” (Lc 2, 14). Él mismo, Cristo, el Señor, dijo a sus discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Jn 14, 27). A partir de estas palabras se formó el saludo litúrgico: “La paz esté con vosotros”. Esta paz, que se comunica en la liturgia, es Cristo mismo. Él se nos da como la paz, como la reconciliación, superando toda frontera. Donde es acogido, surgen islas de paz. (Benedicto XVI. Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2006)

La paz en este mundo es frágil porque implica abrir el corazón a Dios

Los hombres hubiéramos querido que Cristo eliminara de una vez para siempre todas las guerras, destruyera las armas y estableciera la paz universal. Pero debemos aprender que la paz no puede alcanzarse únicamente desde fuera con estructuras y que el intento de establecerla con la violencia sólo lleva a una violencia siempre nueva. Debemos aprender que la paz, como decía el ángel de Belén, implica eudokia, abrir nuestro corazón a Dios. Debemos aprender que la paz sólo puede existir si se supera desde dentro el odio y el egoísmo. El hombre debe renovarse desde su interior; debe renovarse y ser distinto.
Así la paz en este mundo sigue siendo débil y frágil. Y nosotros sufrimos las consecuencias. Precisamente por eso estamos llamados, mucho más aún, a dejar que la paz de Dios penetre en nuestro interior y a llevar su fuerza al mundo. En nuestra vida debe realizarse lo que en el bautismo aconteció sacramentalmente en nosotros: la muerte del hombre viejo y el nacimiento del nuevo. Y seguiremos pidiendo al Señor con gran insistencia: Sacude los corazones. Haznos hombres nuevos. Ayuda para que la razón de la paz triunfe sobre la irracionalidad de la violencia. Haznos portadores de tu paz. (Benedicto XVI. Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2006)

Sagradas Escrituras

Cristo hizo la paz por la sangre de su cruz

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz. (Col 1, 19-20)

La paz de Cristo no es como la del mundo

La paz os dejo, mi pazos doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. (Jn 14, 27)

Juan Pablo II

El sacrificio de Cristo en la cruz es el precio de la paz, con victoria sobre el pecado

Cristo es nuestra paz (cf. Ef 2, 14): es Él quien nos reconcilió con el Padre; es Él quien, re-pacificando el hombre de todos los tiempos con Dios, ha reconciliado la humanidad, marcada con la herencia del pecado original. Asumiendo la culpa del primer Adán, por medio de su muerte en la cruz, Jesús ha abolido el antiguo pecado y, así, “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rom 5, 20). Su sacrificio es el precio de esta paz. (Juan Pablo II. Homilía en la Jornada Mundial de Oración por la Paz en los Balcanes, n. 3, 23 de enero de 1994)

San Agustín de Hipona

Para tener paz es preciso estar concorde con Cristo y no con el mundo

Por otra parte, lo que el Señor ha añadido y aseverado: No como el mundo la da, yo os la doy (Jn 14,27), ¿qué otra cosa significa sino “Yo la doy no como la dan los hombres que aman el mundo”? Éstos se dan la paz precisamente para disfrutar por entero, sin la molestia de pleitos y guerras, no de Dios, sino de su querido mundo; y, cuando a los justos dan la paz de no perseguirlos, no puede haber paz auténtica donde no hay concordia auténtica, porque están desunidos los corazones. En efecto, como se llama consorte a quien une su suerte, así ha de llamarse concorde quien une los corazones. Nosotros, pues, carísimos, a quienes Cristo deja paz y nos da su paz no como el mundo, sino como ese mediante el que el mundo se hizo, para ser concordes unamos recíprocamente los corazones y tengamos arriba un único corazón, para que no se corrompa en la tierra. (San Agustín de Hipona. Tratados sobre el Evangelio de San Juan. Tratado 77, n. 5)

Orígenes

Los pleitos y las guerras se encuentran donde no está Jesús

En donde no está pues, Jesús, allí se encuentran los pleitos y las guerras; pero en donde está, todo es bonanza y paz. (Orígenes citado por Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea in Mt 27, 15-26)

Sagradas Escrituras

El fruto del Espíritu es paz

En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y los deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu. (Gal 5, 22-25)

Cristo es nuestra paz: a los pueblos ha hecho uno

Ahora, gracias a Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos estáis cerca por la sangre de Cristo. Él es nuestra paz: el que los pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba: la enemistad. (Ef 2, 13-14)

San Gregorio de Nisa

Cristo es la Paz, la luz verdadera sin mezcla posible de error

Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa. Teniendo en cuenta que Cristo es la paz, mostraremos la autenticidad de nuestro nombre de cristianos se, con nuestra manera de vivir, ponemos de manifiesto la paz que reside en nosotros y que es el mismo Cristo. Él ha dado muerte al odio, como dice el Apóstol. No permitamos, pues, de ningún modo que este odio reviva en nosotros, antes demostremos que está del todo muerto. Dios, por nuestra salvación, le dio muerte de una manera admirable; ahora, que yace bien muerto, no seamos nosotros quienes lo resucitemos en perjuicio de nuestras almas, con nuestras iras y deseos de venganza.
Ya que tenemos a Cristo, que es la paz, nosotros también matemos el odio, de manera que nuestra vida sea una prolongación de la de Cristo, tal como lo conocemos por la fe. […] Además, considerando que Cristo es la luz verdadera sin mezcla posible de error alguno, nos damos cuenta de que también nuestra vida ha de estar iluminada con los rayos de la luz verdadera. Los rayos del sol de justicia son las virtudes que de él emanan para iluminarnos, para que dejemos las actividades de las tinieblas y nos conduzcamos como en pleno día, con dignidad. Y, apartando de nosotros las ignominias que se cometen a escondidas y obrando en todo a plena luz, nos convirtamos también nosotros en luz y, según es propio de la luz, iluminemos a los demás con nuestras obras. (San Gregorio de Nisa. Tratado de sobre el perfecto modelo del Cristiano: PG 46, 259-262)

San Beda, el Venerable

Las perturbaciones en esta tierra muestran que los fundamentos de la paz se construyeron sobre arena

La verdadera paz, la única paz de las almas en este mundo consiste en estar llenas de amor de Dios y animadas de la esperanza del cielo, al punto de considerar cosa pequeña los éxitos o pérdidas de este mundo. […] Se equivoca el que imagina que podrá encontrar la paz en el goce de los bienes de este mundo y en sus riquezas. Las frecuentes perturbaciones en esta tierra y el fin de este mundo deberían convencer el hombre de que él construyó sobre la arena los fundamentos de su paz. (San Beda, el Venerable. Homilías genuinas, L. II. Homilía 11, en la vigilia de Pentecostés: ML 94, 196-197)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

El triunfo sobre el pecado es la victoria sobre la violencia

En la medida en que el hombre es pecador, amenaza y amenazará el peligro de guerra hasta el retorno de Cristo; pero en la medida en que los hombres, unidos por la caridad, triunfen del pecado, pueden también reportar la victoria sobre la violencia hasta la realización de aquella palabra: De sus espadas forjarán arados, y de sus lanzas hoces. Las naciones no levantarán ya más la espada una contra otra y jamás se llevará a cabo la guerra (Is 2, 4). (Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 78, 7 de diciembre de 1965)

La paz nacida del amor al prójimo es imagen y efecto de la paz de Cristo

La paz sobre la tierra, nacida del amor al prójimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre. En efecto, el propio Hijo encarnado, Príncipe de la paz, ha reconciliado con Dios a todos los hombres por medio de su cruz, y, reconstituyendo en un solo pueblo y en un solo cuerpo la unidad del género humano, ha dado muerte al odio en su propia carne y, después del triunfo de su resurrección, ha infundido el Espíritu de amor en el corazón de los hombres.
Por lo cual, se llama insistentemente la atención de todos los cristianos para que, viviendo con sinceridad en la caridad (Ef 4, 15), se unan con los hombres realmente pacíficos para implorar y establecer la paz. (Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 78, 7 de diciembre de 1965)

CELAM

La solidaridad humana sólo se realiza en Cristo, quien da la paz que el mundo no puede dar

La paz es, finalmente, fruto del amor, expresión de una real fraternidad entre los hombres: fraternidad aportada por Cristo, Príncipe de la Paz, al reconciliar a todos los hombres con el Padre. La solidaridad humana no puede realizarse verdaderamente sino en Cristo quien da la paz que el mundo no puede dar. (II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Documento de Medellín, II, 2, 14, c, 6 de septiembre de 1968)

2 – Sólo en Cristo y en la religión por Él fundada se encuentra la paz verdadera y estable

Sagradas Escrituras

La paz de Dios custodiará vuestros corazones en Cristo Jesús

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Flp 4, 6-7)

Estamos en paz con Dios por medio de Jesucristo

Así, pues, habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de Nuestro Señor Jesucristo, por el cual obteniendo además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. (Rom 5, 1-2)

Benedicto XVI

Jesús edifica la nueva gran comunidad de hombres nuevos que ponen su voluntad en la suya

El establo se transforma en palacio; precisamente a partir de este inicio, Jesús edifica la nueva gran comunidad, cuya palabra clave cantan los ángeles en el momento de su nacimiento: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”, hombres que ponen su voluntad en la suya, transformándose en hombres de Dios, hombres nuevos, mundo nuevo. (Benedicto XVI. Homilía en la Solemnidad de la Natividad del Señor, 25 de diciembre de 2007)

Cristo es nuestra verdadera paz: en Él hay una única familia reconciliada en el amor

“La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2304). La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLV Jornada Mundial de la Paz, n. 5, 1 de enero de 2012)

Pablo VI

La reconciliación con Dios en Cristo es causa de nuestra paz

La primera e indispensable reconciliación que hay que conseguir es la reconciliación con Dios. Para nosotros, los creyentes, no puede haber otro camino hacia la paz distinto de éste; es más, en la definición de nuestra salvación coinciden reconciliación con Dios y paz nuestra, la una es causa de la otra. Esta es la obra de Cristo. Él ha reparado la ruptura que produce el pecado en nuestras relaciones vitales con Dios. Recordemos a este respecto, entre otras, aquellas palabras de San Pablo: “Todo es de Dios que nos ha reconciliado con El por medio de Cristo”. (2 Cor 5, 18). (Pablo VI. Mensaje para la celebración de la VIII Jornada de la Paz, 1 de enero de 1975)

San Cirilo de Alejandría

Los que desconocen al Señor no tienen paz

Avergüéncenos el prescindir del saludo de la paz que el Señor nos dejó cuando iba a salir del mundo. La paz es un don y una cosa dulce, que sabemos proviene de Dios, según lo que el Apóstol dice a los Filipenses: “La paz de Dios” (Flp 4, 7), y aquello de: “Dios de la Paz” (2 Cor 13, 11) y Dios mismo es la Paz, según aquello de: “El es nuestra paz” (Ef 2,14) La paz es un bien recomendado a todos, pero observado por pocos. ¿Cuál es la causa de ello? Acaso el deseo del dominio, o la ambición, o la envidia, o el aborrecimiento del prójimo, o el desprecio, o alguna otra cosa que vemos a cada paso en los que desconocen al Señor. La paz procede de Dios, que es quien todo lo une, cuyo ser es unidad de su naturaleza y de su estado pacífico. La transmite a los ángeles y a las potestades del cielo, que están en constante paz con el Señor y consigo mismos. También se extiende por todas las creaturas que desean la paz. (San Cirilo de Alejandría citado por Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea in Lc 24, 36-40)

Pío XI

El remedio para los males de la sociedad es la paz de Cristo en el reino de Cristo

Menospreciados, pues, los preceptos de la sabiduría cristiana, no se debe admirar que las semillas de discordia sembradas en todo lugar, como en suelo bien preparado, acaben por producir el execrable fruto de la guerra que, lejos de debilitar con el agotamiento los odios internacionales y sociales, no hace más que alimentarlos abundantemente por la violencia y la sangre.
Hemos enumerado brevemente, Venerables Hermanos, las causas de los males que oprimen la sociedad. Hace falta estudiar los remedios que, apoyados en la naturaleza misma de estos males, se puede juzgar capaz de curarla.
La tarea que se impone, antes de cualquier otra, es la pacificación de los espíritus. Muy poco se puede esperar de una paz artificial y de exterioridades que regule y gobierne las relaciones recíprocas entre los hombres, como lo haría un código de cortesía; lo que se necesita es una paz que penetre los corazones, los apacigüe y los abra poco a poco a los sentimientos recíprocos de caridad fraterna. Esta paz no es más que paz de Cristo: y que la paz de Cristo traiga la alegría en vuestros corazones (Col 3, 15); no se puede tener otra paz diferente de la que Cristo da, él mismo, a los suyos (Jn 14, 27), Él que, como Dios, ve el interior de los corazones (1 Sam 16, 7) y reina en el íntimo de las almas. Por otra parte, fue con todo derecho que el Señor Jesús llamó suya esta paz, porque fue el primero que dijo a los hombres: Vosotros sois todos hermanos (Mt 23, 8); fue él quien ha promulgado la ley del amor y del apoyo mutuo entre todos los hombres, y la selló para así decir de su sangre: Mi mandamiento es que vosotros os améis unos a los otros, como yo mismo os he amado (Jn 15, 12); soportad los unos los fardos de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo (Gal 6, 2).
Resulta de ahí claramente que la auténtica paz de Cristo no se puede apartar de las reglas de justicia, porque es Dios quien juzga la justicia (Sal 9, 5) y porque la paz es obra de justicia (Is 32, 17). Pero esta justicia no debe tan sólo adoptar una brutal inflexibilidad del hierro; es preciso que ella exista en igual medida templada por la caridad, virtud esta que es esencialmente destinada a establecer la paz entre los hombres.
[…] Se manifiesta así, patentemente, que no hay paz de Cristo sino en el reino de Cristo, y el medio más eficaz de trabajar para el restablecimiento de la paz es restaurando el reino de Cristo. (Pío XI. Encíclica Ubi Arcano Dei consilio, 23 de diciembre de 1922)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

La Iglesia consolida la paz en la humanidad para gloria de Dios

Ciertamente, las realidades temporales y las realidades sobrenaturales están estrechamente unidas entre sí, y la misma Iglesia se sirve de medios temporales en cuanto su propia misión lo exige. No pone, sin embargo, su esperanza en privilegios dados por el poder civil; más aún, renunciará al ejercicio de ciertos derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empañar la pureza de su testimonio o las nuevas condiciones de vida exijan otra disposición. Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y solos aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y de situaciones.
Con su fiel adhesión al Evangelio y el ejercicio de su misión en el mundo, la Iglesia, cuya misión es fomentar y elevar todo cuanto de verdadero, de bueno y de bello hay en la comunidad humana, consolida la paz en la humanidad para gloria de Dios. (Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 76, 7 de diciembre de 1965)

La paz es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador

La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7). Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una más perfecta justicia, han de llevar a cabo. El bien común del género humano se rige primariamente por la ley eterna, pero en sus exigencias concretas, durante el transcurso del tiempo, está cometido a continuos cambios; por eso la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Dada la fragilidad de la voluntad humana, herida por el pecado, el cuidado por la paz reclama de cada uno constante dominio de sí mismo y vigilancia por parte de la autoridad legítima. (Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 78, 7 de diciembre de 1965)

La Iglesia es como un estandarte comunicando el Evangelio de la paz

La Iglesia, único rebaño de Dios como un lábaro alzado ante todos los pueblos, comunicando el Evangelio de la paz a todo el género humano, peregrina llena de esperanza hacia la patria celestial.
Este es el Sagrado misterio de la unidad de la Iglesia de Cristo y por medio de Cristo, comunicando el Espíritu Santo la variedad de sus dones, El modelo supremo y el principio de este misterio es la unidad de un solo Dios en la Trinidad de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
(Concilio Vaticano II. Decreto Unitatis Redintegratio, n. 2, 21 de noviembre de 1964)

Benedicto XVI

Para que la paz sea auténtica y duradera debe estar construida sobre la roca de la verdad del Evangelio

La Iglesia, por su parte, fiel a la misión que ha recibido de su Fundador, no deja de proclamar por doquier el “Evangelio de la paz”. Animada por su firme convicción de prestar un servicio indispensable a cuantos se dedican a promover la paz, recuerda a todos que, para que la paz sea auténtica y duradera, ha de estar construida sobre la roca de la verdad de Dios y de la verdad del hombre. Sólo esta verdad puede sensibilizar los ánimos hacia la justicia, abrirlos al amor y a la solidaridad, y alentar a todos a trabajar por una humanidad realmente libre y solidaria. Ciertamente, sólo sobre la verdad de Dios y del hombre se construyen los fundamentos de una auténtica paz. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XXXIX Jornada Mundial de la Paz, n. 15, 1 de enero de 2006)

3 – La Religión Católica, dispensadora de la gracia en los sacramentos, es la única que garantiza la paz

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

La Iglesia tiene la misión divina de predicar el Evangelio y ofrecer la gracia, consolidando la paz

La Iglesia, cuando predica, basada en su misión divina, el Evangelio a todos los hombres y ofrece los tesoros de la gracia, contribuye a la consolidación de la paz en todas partes y al establecimiento de la base firme de la convivencia fraterna entre los hombres y los pueblos, esto es, el conocimiento de la ley divina y natural. Es éste el motivo de la absolutamente necesaria presencia de la Iglesia en la comunidad de los pueblos para fomentar e incrementar la cooperación de todos, y ello tanto por sus instituciones públicas como por la plena y sincera colaboración de los cristianos, inspirada pura y exclusivamente por el deseo de servir a todos. (Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 89, 7 de diciembre de 1965)

La misión de la Iglesia es conducir a la paz de Cristo, por los sacramentos y demás medios de la gracia

La misión, pues, de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo por el ejemplo de la vida y de la predicación, por los sacramentos y demás medios de la gracia, de forma que se les descubra el camino libre y seguro para la plena participación del misterio de Cristo. (Concilio Vaticano II. Decreto Ad gentes, n. 5, 7 de diciembre de 1965)

Santo Tomás de Aquino

El sacramento es signo manifestativo de la gracia

El sacramento propiamente hablando se ordena a significar nuestra santificación, en la que pueden ser considerados tres aspectos: la causa de nuestra santificación, que es la pasión de Cristo; la forma de nuestra santificación, que consiste en la gracia y las virtudes; y el fin último de nuestra santificación, que es la vida eterna. Pues bien, todas estas cosas están significadas en los sacramentos. Por tanto, el sacramento es signo conmemorativo del pasado, o sea, de la pasión de Cristo; es signo manifestativo del efecto producido en nosotros por la pasión de Cristo, que es la gracia; y es signo profetice, o sea, prenunciativo de la gloria futura. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, III, q. 60, a. 3)

Catecismo de la Iglesia Católica

Los sacramentos son “de la Iglesia”, pues existen “por ella” y “para ella”

Los sacramentos son “de la Iglesia” en el doble sentido de que existen “por ella” y “para ella”. Existen “por la Iglesia” porque ella es el sacramento de la acción de Cristo que actúa en ella gracias a la misión del Espíritu Santo. Y existen “para la Iglesia”, porque ellos son “sacramentos […] que constituyen la Iglesia” (San Agustín, De civitate Dei, lib. 22, cap. 17; Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, III, q. 64, a. 2 ad 3), ya que manifiestan y comunican a los hombres, sobre todo en la Eucaristía, el misterio de la Comunión del Dios Amor, uno en tres Personas. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1118)

Sacramentos: signos eficaces de la gracia

Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. Los ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados significan y realizan las gracias propias de cada sacramento. Dan fruto en quienes los reciben con las disposiciones requeridas. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1131)

Juan Pablo II

Cuando se logre la transformación interior de las almas se abrirá paso en el mundo a la “civilización de la paz”

La Iglesia ha recordado incesantemente que el Evangelio de la paz llegará a las instituciones pasando por el corazón de las personas, y no pacificará la sociedad si antes no ha pacificado las conciencias, liberándolas del pecado y de sus consecuencias sociales. Cuando se logre esa transformación interior en el alma de cada uno, se engendrarán con la fuerza misma de la vida, nuevas formas de relaciones sociales y culturales, y se abrirá paso en el mundo a la “civilización de la paz”. (Juan Pablo II. Homilía en Mendoza, Argentina, 7 de abril 1987)

Pío XI

La paz cristiana asegura la integridad de las costumbres y eleva la dignidad de la persona humana

A esta paz de Cristo que, hija de caridad, reside en las profundidades del alma, se puede aplicar la palabra de san Pablo sobre el reino de Dios, porque es precisamente por caridad que Dios reina en las almas: el reino de Dios no es comida y bebida (Rom 14, 17). En otros términos, la paz de Cristo no se alimenta de bienes pasajeros, sino de realidades espirituales y eternas […] Esto no quiere decir que quien quiere probar la paz de Cristo debe renunciar a los bienes de esta vida; antes al contrario, es promesa de Cristo que os tendrá en abundancia: Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura’ (Mt 6, 33; Lc 12, 31). Solamente la paz de Dios sobrepasa todo entendimiento (Flp 4, 7), y por lo mismo domina a las ciegas pasiones e ignora las disputas y discordias que necesariamente brotan de la sed de riquezas.
Que la virtud refrene la codicia, que se conceda a los bienes espirituales la consideración que se merecen y se obtiene naturalmente el feliz resultado de que la paz cristiana asegura la integridad de las costumbres y eleva la dignidad de la persona humana, rescatada por la sangre de Cristo, adoptada por el Padre celestial, consagrada por los vínculos fraternales que la unen a Cristo, hecha partícipe de la gracia y de la naturaleza divina por las oraciones y los sacramentos. (Pío XI. Encíclica Ubi Arcano Dei consilio, 23 de diciembre de 1922)

Sólo la Iglesia detenta la verdad y el poder de Cristo y puede restablecer hoy la paz de Cristo y consolidarla para el porvenir

Es notable aun este hecho: su doctrina y sus preceptos, en lo que toca a la dignidad de la persona humana, a la pureza de las costumbres, al deber de obedecer, a la organización divina de la sociedad, al sacramento del matrimonio y a la santidad de la familia cristiana, todo esto y el conjunto de verdades que trajo del cielo a la tierra, Cristo las depositó en su Iglesia solamente, con la promesa solemne de su auxilio y perpetua asistencia, y le dio la misión de enseñar, en un magisterio infalible, a todas las naciones hasta el fin de los siglos. Esta observación hace entrever de pronto cuales son los remedios poderosos que puede y debe ofrecer la Iglesia Católica para la pacificación del mundo.
[…] Sólo la Iglesia, que detiene la verdad y el poder de Cristo, tiene la misión de dar a las almas la formación que les conviene: ella es la única que puede no sólo restablecer hoy la paz de Cristo, sino aun de la consolidar para el porvenir […] En este orden de ideas, algunos intentos de esfuerzos han sido hechos hasta ahora; pero no tuvieron ningún o casi ningún resultado, sobre todo acerca de los puntos en que las divergencias internacionales son más vivas. (Pío XI. Encíclica Ubi Arcano Dei consilio, 23 de diciembre de 1922)

No existirá la paz verdadera mientras todos los hombres no observen fielmente las enseñanzas de Cristo, depósito de su Iglesia

Es que no hay institución alguna humana que pueda imponer a todas las naciones un Código de leyes internacionales comunes, adaptado a nuestra época […] Pero hay una institución divina capaz de garantizar la inviolabilidad del derecho de las gentes; una institución que, abarcando a todas las naciones, las sobrepasa a todas, provista de una autoridad soberana y del glorioso privilegio de la plenitud del magisterio, es la Iglesia de Cristo: ella es la única que se presenta con altura para tan grande tarea, ya por el mandato divino, por su misma naturaleza y constitución, ya por el prestigio que le dan los siglos; y las mismas vicisitudes de las guerras, lejos de la empequeñecer, le trajo maravillosos desarrollos.
No se puede, por lo tanto, existir ninguna paz verdadera ―esta paz de Cristo tan deseada― mientras todos los hombres no observen fielmente las enseñanzas, los preceptos y los ejemplos de Cristo, ya sea en la vida pública como en la privada; una vez así regularmente organizada la familia humana, es preciso la Iglesia pueda, por fin, en el cumplimiento de su divina misión, hacer valer todos y cada uno de los derechos todos de Dios, con respecto a los individuos y a la sociedad. (Pío XI. Encíclica Ubi Arcano Dei consilio, 23 de diciembre de 1922)

Pío XII

Sólo se consigue la paz mediante los principios y las normas dictadas por Cristo, llevados a la práctica con sincera piedad

Conociendo que “todo don precioso y toda dádiva perfecta de arriba viene y procede del Padre de las luces” (cf. Sant 1, 17), juzgamos oportuno, venerables hermanos, prescribir nuevamente públicas oraciones y súplicas para implorar y obtener la concordia entre los pueblos. Será cuidado de vuestro celo pastoral no solamente exhortar a las almas a vosotros confiadas para que eleven a Deus sus fervorosas oraciones, sino también incitarlas a las obras piadosas de penitencia y expiación, para que puedan satisfacer y aplacar la majestad del Señor, ofendido por tan graves delitos públicos y privados.
Y mientras comunicareis esa nuestra invitación a los fieles, según vuestro oficio, les recordareis nuevamente de cuales principios brota una paz justa y duradera y por cuales métodos hay que conseguirla. Ella en verdad, como bien sabéis, se puede conseguir tan solo mediante los principios y las normas dictadas por Cristo, llevados a la práctica con sincera piedad. Tales principios y tales normas traen realmente a los hombres a la verdad, a la justicia y a la caridad; ponen un freno a sus codicias; obligan a los sentidos a que obedezcan a la razón; mueven a la razón a que obedezca a Dios; hacen que todos, aun los que gobiernan los pueblos, reconozcan la libertad debida a la Religión, la cual además de su función fundamental de conducir las almas a la eterna salvación, tiene también la de tutelar y proteger los fundamentos mismos del Estado. (Pío XII. Encíclica Summi maeroris, n. 4-5, 19 de julio de 1950)

Están lejos de buscar una paz segura quienes pisotean los sacrosantos derechos de la Iglesia católica

De todo lo que fue dicho es fácil deducir, venerables hermanos, qué lejos están de buscar una paz segura quienes pisotean los sacrosantos derechos de la Iglesia católica; prohíben a sus ministros de ejercer libremente su oficio, condenándolos a la cárcel o al destierro; dificultan y hasta proscriben las academia, las escuelas y los institutos de educación que se rigen por noemas cristianas; e, finalmente, achacan con errores, calumnias y todo género de torpezas a los pueblos, y los apartan, especialmente a la juventud, de la integridad de las costumbres, de la virtud y de la inocencia, hacia los atractivos de los vicios y de la corrupción.
[…] Es menester que enseñéis todo esto con franqueza, pues solamente entonces, es decir, cuando los mandamientos cristianos estuvieren a salvo y den forma a la vida pública y privada, será lícito esperar que, conciliados los odios de los hombres, vivan en fraterna concordia las diversas clases de la sociedad, los pueblos y las gentes. (Pío XII. Encíclica Summi maeroris, n. 6.8, 19 de julio de 1950)

Habiendo visto con claridad en las dos anteriores partes de nuestro estudio que la paz es obra de la justicia, fruto de la caridad y que resulta de la práctica del bien, camino enseñado por la ley natural y divina, con el auxilio de la gracia, llegamos al punto en que cabe preguntarse – especialmente teniendo en vista las declaraciones de Francisco que estamos analizando: ¿Es posible la paz en el Islam sin el concepto de un bien objetivo o ley natural y sin la gracia? El bien y la ley en el Islam están condicionados a Alá, que puede cambiar y contradecirse. No es posible hablar de ley natural aceptada por los musulmanes y, por consiguiente, tampoco de bien objetivo o justicia. Lo lícito (halal) o lo ilícito (sea detestable, makruh, o prohibido enfáticamente, haram) dependen de la voluntad, no siempre razonable, de Alá, el Legislador: “Allah dispone lo que le place” (Corán 5, 1); “Él está por encima de lo que le atribuyen” (Corán 21, 22). Para un musulmán no hay una naturaleza humana a la que referirse o un bien racional, sino que el hombre y su bien son las enseñanzas del Corán, según el antojo de Alá. Y como él enseña que los infieles “idólatras son impuros” (Corán 9, 28), “las peores criaturas para Allah” (Corán 8, 55; 98, 6), como animales, pues “no razonan” (Corán 8, 22), no hay que considerarlos sus semejantes.

Además, como no tienen la gracia, los musulmanes son incapaces de justicia y de caridad y por eso no pueden tener la verdadera paz.

III – El Islam y la paz

1 – El Islam viola la ley natural en diversas materias

En la sociedad musulmana, las costumbres familiares están lejos del cumplimiento de la ley natural, pues incluyen la poligamia (Corán 4, 3; 33, 49-52) ―“es más conveniente para que estén alegres [pues así lo ha decidido Allah]” (Corán 33, 51)―, el divorcio (Corán, 2, 230), la inferioridad jurídica de la mujer (Corán 2, 282; 4, 11) o el deber del marido de pegar a las mujeres que tema puedan rebelarse (Corán 4, 34): “Éstas son las leyes de Allah” (Corán 2, 230). La mentira y la falsedad son normales para con el no musulmán, pues la takyia ordena que aliarse con éstos “para preveniros de ellos” (Corán 3, 28), y no hay diferencias o libertad espiritual, pues para los no musulmanes, enseña el Corán: “Renegamos de vosotros, y os declaramos el odio y la enemistad para siempre mientras no creáis en Allah solamente” (60, 4). El condicionamiento social, la coacción y la denuncia de los que no se someten a las leyes del Islam niegan el respeto a los ciudadanos de la sociedad islámica, que sólo pueden vivir entre ellos si pagan un impuesto (jyzaia) para tener el derecho de sobrevivir y deben someterse: “Combatid a quienes no creen en Allah ni en el día del Juicio, no respetan lo que Allah y su Mensajero han vedado y no siguen la verdadera religión [el Islam] de entre la Gente del Libro [judíos y cristianos], a menos que éstos acepten pagar un impuesto [por el cual se les permita vivir bajo la protección del estado islámico conservando su religión] con sumisión” (Corán 9, 29). Y éstas son las leyes que rigen su relacionamiento nacional y hasta internacional, cuando migran a otros países y quieren imponer sus leyes.

Santo Tomás de Aquino

Exigir la concordia por coacción, bajo el temor, no entraña la paz

Si uno concuerda con otro no por espontánea voluntad, sino coaccionado bajo el temor de algún mal inminente, esa concordia no entraña realmente paz, ya que no se guarda el orden entre las partes, sino que más bien está perturbada por quien ha provocado el temor. Por eso escribe antes San Agustín que la paz es tranquilidad del orden. Y esa tranquilidad consiste realmente en que el hombre tenga apaciguados todos los impulsos apetitivos. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q.29, a.1, ad 1)

Juan XXII

Las relaciones internacionales deben ordenarse según una norma de libertad

Hay que indicar otro principio: el de que las relaciones internacionales deben ordenarse según una norma de libertad. El sentido de este principio es que ninguna nación tiene derecho a oprimir injustamente a otras o a interponerse de forma indebida en sus asuntos. (Juan XXIII. Encíclica Pacem in terris, n. 120, 11 de abril de 1963)

Pío XII

En el campo de un nuevo orden fundado sobre los principios morales no hay lugar para la lesión de la libertad o persecución de la religión y de la Iglesia

Hacemos, por consiguiente, uso de un derecho nuestro, o mejor dicho, cumplimos un deber nuestro, cuando hoy, en la víspera de la Navidad, aurora divina de esperanza y de paz para el mundo, con la autoridad de nuestro ministerio apostólico y el ardiente estímulo de nuestro corazón, llamamos de nuevo la atención y la meditación del universo entero sobre los peligros que acechan y amenazan a una paz que sea la base de un verdadero orden y responda a la esperanza y a los deseos de los pueblos por un venir más tranquilo.
[…] En el campo de un nuevo orden fundado sobre los principios morales no hay lugar para la lesión de la libertad, de la integridad y de la seguridad de otras naciones, cualquiera que sea su extensión territorial o su capacidad defensiva. […] En el campo de un nuevo orden fundado sobre principios morales no hay lugar para la persecución de la religión y de la Iglesia. De una fe viva en un Dios personal y trascendente surge necesariamente una clara y resistente energía moral que informa todo el curso de la vida; porque la fe no es sólo una virtud, sino la puerta divina por la cual entran en el templo del alma todas las virtudes y se forma aquel carácter fuerte y tenaz que jamás vacila en los cimientos de la razón y de la justicia. (Pío XII. Radiomensaje de Navidad, n. 16.19.25, 24 de diciembre de 1941)

Benedicto XVI

La mentira puede impedir la consecución de la paz

Entonces, ¿quién y qué puede impedir la consecución de la paz? A este propósito, la Sagrada Escritura, en su primer Libro, el Génesis, resalta la mentira pronunciada al principio de la historia por el ser de lengua bífida, al que el evangelista Juan califica como “padre de la mentira” (Jn 8,44). La mentira es también uno de los pecados que recuerda la Biblia en el capítulo final de su último Libro, el Apocalipsis, indicando la exclusión de los mentirosos de la Jerusalén celeste: “¡Fuera… todo el que ame y practique la mentira!” (22,15). La mentira está relacionada con el drama del pecado y sus consecuencias perversas, que han causado y siguen causando efectos devastadores en la vida de los individuos y de las naciones. […] La auténtica búsqueda de la paz requiere tomar conciencia de que el problema de la verdad y la mentira concierne a cada hombre y a cada mujer, y que es decisivo para un futuro pacífico de nuestro planeta. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XXXIX Jornada Mundial de la Paz, n. 5, 1 de enero de 2006)

Las normas del derecho natural deben ser acogidas para llevar a cabo fielmente el proyecto divino universal inscrito en la naturaleza del ser humano

En esta perspectiva, las normas del derecho natural no han de considerarse como directrices que se imponen desde fuera, como si coartaran la libertad del hombre. Por el contrario, deben ser acogidas como una llamada a llevar a cabo fielmente el proyecto divino universal inscrito en la naturaleza del ser humano. Guiados por estas normas, los pueblos —en sus respectivas culturas— pueden acercarse así al misterio más grande, que es el misterio de Dios. Por tanto, el reconocimiento y el respeto de la ley natural son también hoy la gran base para el diálogo entre los creyentes de las diversas religiones, así como entre los creyentes e incluso los no creyentes. Éste es un gran punto de encuentro y, por tanto, un presupuesto fundamental para una paz auténtica. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XL Jornada Mundial de la Paz, n. 3, 1 de enero de 2007)

2 – No se puede equiparar el Islam con la Iglesia católica, pues no tiene la gracia infusa como cualquier religión ajena a ella

Catecismo de la Iglesia Católica

Cristo estableció en este mundo su Iglesia santa para comunicar por medio de ella a todos la verdad y la gracia

Cristo, el único Mediador, estableció en este mundo su Iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y amor, como un organismo visible. La mantiene aún sin cesar para comunicar por medio de ella a todos la verdad y la gracia. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 771)

San Cipriano de Cartago

Los que se mantienen firmes en la fe saben que en la Iglesia han obtenido la gracia

La mayor y mejor parte de los confesores se mantiene firme en la fortaleza de su fe y en la verdad de la ley y de la disciplina del Señor. Y no separan de la paz de la Iglesia, conscientes como son de que en la Iglesia, por la bondad de Dios, han obtenido la gracia. (San Cipriano de Cartago. La unidad de la Iglesia, n. 22)

Orígenes

Aun si hay similitudes entre algunas doctrinas encontradas entre las escrituras y los paganos, las de ellos no tienen el poder de la gracia

“Mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Cor 2, 4-5). Pues la palabra de Dios declara que la prédica (aunque de si verdadera y muy digna de creencia) no es suficiente para tocar el corazón humano, a menos que un cierto poder, de parte de Dios, sea transmitido al que habla, y sus palabras sean dotadas de la gracia. Y es únicamente por la operación divina que eso ocurre en aquellos que hablan con eficacia. En el Salmo 67, dice el profeta: “el Señor dará una palabra dotada de gran poder a los que predican” (esta es la traducción de la versión Septuaginta. El texto masorético es: “El Señor profiere una palabra; se hacen numerosos los que la han publicado” – Sal 68, 11s). Además, aún si deben ser consideradas con similitud, en algunos puntos, doctrinas encontradas entre los griegos y nuestras escrituras, ellas no tienen el mismo poder de atraer y adecuar las almas de los hombres para seguirlas. Así, los discípulos de Jesús, hombres ignorantes en materia de filosofía griega, cruzaron muchos países del mundo, impresionando, con agrado, llevando al deseo del Logos cada uno de sus oyentes de acuerdo con sus méritos, para que ellos recibiesen una mejora moral en la proporción de su voluntad de aceptar el bien. (Orígenes. Contra Celsum, L.VII, c. 2)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

La Iglesia es necesaria para la salvación, cuyas portas se abren con el bautismo

El sagrado Concilio fija su atención en primer lugar en los fieles católicos. Y enseña, fundado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación. El único Mediador y camino de salvación es Cristo, quien se hace presente a todos nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia. El mismo, al inculcar con palabras explícitas la necesidad de la fe y el bautismo (cf. Mc 16, 16; Jn 3 5), confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta. (Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática Lumen gentium, n. 14, 21 de noviembre de 1964)

Pío IX

Equiparar la Religión revelada por Dios con las otras religiones es pretender un consorcio entre Cristo con Belial

Conocéis también, Venerables Hermanos, otra clase de errores y engaños monstruosos, con los cuales los hijos de este siglo atacan a la Religión cristiana […]. Tal es el sistema perverso y opuesto a la luz natural de la razón que propugna la indiferencia en materia de religión, con el cual estos inveterados enemigos de la Religión, quitando todo discrimen entre la virtud y el vicio, entre la verdad y el error, entre la honestidad y vileza, aseguran que en cualquier religión se puede conseguir la salvación eterna, como si alguna vez pudieran entrar en consorcio la justicia con la iniquidad, la luz con las tinieblas, Cristo con Belial (cf. 2 Cor 6,15). (Pío IX. Encíclica Qui Pluribus, n. 9, 9 de noviembre de 1846)

Los que viven ajenos a la verdadera fe no pueden llegar a la eterna salvación

Es menester recordar y reprender nuevamente el gravísimo error en que míseramente se hallan algunos católicos, al opinar que hombres que viven en el error y ajenos a la verdadera fe y a la unidad católica pueden llegar a la eterna salvación [v. 2917]. Lo que ciertamente se opone en sumo grado a la doctrina católica. (Denzinger-Hünermann 2865. Pío IX. Encíclica Quanto conficiamur moerore, 10 de agosto de 1863)

Juan Pablo II

Otras comunidades no poseen la plenitud de la Iglesia Católica

Los elementos de esta Iglesia ya dada existen, juntos en plenitud, en la Iglesia católica, y sin esta plenitud en las otras comunidades. (Juan Pablo II. Encíclica Ut unum sint, n. 14, 25 de mayo de 1995)

3 – Documentos de la Iglesia testifican la condición no pacífica del Islam

San Beda, el Venerable

Los sarracenos ocupan grandes extensiones de África, Asia y Europa, odiando y oponiéndose a todos

[“Y el ángel del Señor concluyó: ‘Mira, estás encinta, darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor ha escuchado tu aflicción.] Será un potro salvaje: su mano irá contra todos y la de todos contra él; acampará separado de sus hermanos’” [Gen 16, 11-12] Esto significa que su descendencia vivirá en el yermo, es decir, los sarracenos vagantes, sin lugar de asiento definido, los cuales se unen a todos los pueblos que luchan por el desierto, son combatidos por todos, y esto desde el principio. Ahora, qué grande es su mano contra todos y las manos de todos contra él, cuando imponen su poder a lo largo de África y ocupan al mismo tiempo gran parte de Asia y de Europa, odiando y oponiéndose a todos. (San Beda, el Venerable. Hexameron in principium Genesis, lib. IV: PL 91, 159 AB)

Los sarracenos hicieron una matanza terrible y devastaron la Galia

En el año 729 del Señor, aparecieron dos cometas alrededor del sol, aterrando a todos los que los miraban. Uno era visible por la mañana, antes del sol, y el otro, cuando el sol se ponía, por la tarde, como anunciando desgracias espantosas para el Oriente y para el Occidente. O quizás más, pues un cometa anunciaba el día y el otro, la noche, indicando su amenaza para todas las horas. Aparecieron en enero y estaban visibles por cerca de dos semanas, apuntando sus hachones de fuego hacia el norte, como si fueron incendiar el cielo. Por este tiempo una muchedumbre de sarracenos devastó la Galia, haciendo una matanza terrible, pero tuvieron una permanencia efímera en el país, pues recibieron el castigo que merecía su perfidia. (San Beda, el Venerable. Ecclesiastical History of England, lib. V, cap. 23)

Urbano II

Una convocatoria en legítima defensa contra la violencia de la ocupación musulmana: matan, capturan muchos, destruyen iglesias

Puesto que vuestros hermanos que viven en Oriente necesitan urgentemente de vuestra ayuda, vosotros debéis aplicarse para prestarles la asistencia que se les ha prometido hace tanto tiempo. Como sabéis, los turcos y los árabes os han atacado y les están conquistando vastos territorios de Romania [Imperio Bizantino], tanto al occidente como en la costa del Mediterráneo y en Helesponto, que es llamado el Brazo de San Jorge. Ellos están ocupando más y más los territorios cristianos y ya vencieron siete batallas, matando y capturando muchos, destruyendo iglesias y devastando el imperio. (Urbano II. Discurso en el II Sínodo de Clermont, Año 1095)

Una furia bárbara ha afligido y devastado horriblemente las iglesias de Dios en las regiones del Oriente

Creemos que su cofradía, desde hace mucho tiempo, se ha dado cuenta por muchas fuentes, que una furia bárbara ha horriblemente afligido y devastado las iglesias de Dios en las regiones del Oriente. Más que eso, es una blasfemia decir, aun han aprehendido en servidumbre intolerable sus iglesias y la Ciudad Santa de Cristo, glorificado por su pasión y resurrección. Lamentando esa calamidad con piadosa preocupación, visitamos las regiones de Galia, dedicándonos, en gran parte, en estimular los príncipes de la tierra y sus súbditos a libertar las iglesias del Oriente. (Urbano II. Carta de instrucción a los cruzados en Flandres, diciembre de 1095)

San Francisco de Asís

La regla franciscana contemplaba el envío de sus religiosos para evangelizar regiones de musulmanes, previendo persecuciones por confesarse cristianos

De los que van entre sarracenos y otros infieles: Dice el Señor: Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas (Mt 10,16). Por eso, cualquier hermano que quiera ir entre sarracenos y otros infieles, vaya con la licencia de su ministro y siervo. Y el ministro deles la licencia y no se oponga, si los ve idóneos para ser enviados; pues tendrá que dar cuenta al Señor (cf. Lc 16,2), si en esto o en otras cosas procediera sin discernimiento. Y los hermanos que van, pueden conducirse espiritualmente entre ellos de dos modos. Un modo consiste en que no entablen litigios ni contiendas, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios (1 Pe 2,13) y confiesen que son cristianos. El otro modo consiste en que, cuando vean que agrada al Señor, anuncien la palabra de Dios, para que crean en Dios omnipotente, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas, y en el Hijo, redentor y salvador, y para que se bauticen y hagan cristianos, porque el que no vuelva a nacer del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (cf. Jn 3,5).
Estas y otras cosas que agraden al Señor, pueden decirles a ellos y a otros, porque dice el Señor en el Evangelio: Todo aquel que me confiese ante los hombres, también yo lo confesaré ante mi Padre que está en los cielos (Mt 10,32). Y: El que se avergüence de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su majestad y en la majestad del Padre y de los ángeles (cf. Lc 9,26).
Y todos los hermanos, dondequiera que estén, recuerden que ellos se dieron y que cedieron sus cuerpos al Señor Jesucristo. Y por su amor deben exponerse a los enemigos, tanto visibles como invisibles; porque dice el Señor: El que pierda su alma por mi causa, la salvará (cf. Lc 9,24) para la vida eterna (Mt 25,46). Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5,10). Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán (Jn 15,20). Y: Si os persiguen en una ciudad, huid a otra (cf. Mt 10,23). Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres y os maldigan y os perseguirán y os expulsen y os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, y cuando digan mintiendo toda clase de mal contra vosotros por mi causa (Mt 5,11; Lc 6,22). Alegraos aquel día y saltad de gozo (Lc 6,23), porque vuestra recompensa es mucha en los cielos (cf. Mt 5,12). Y yo os digo a vosotros, amigos míos: no os aterroricéis por ellos (cf. Lc 12,4), y no temáis a aquellos que matan el cuerpo (Mt 10,28) y después de esto no tienen más que hacer (Lc 12,4). Mirad que no os turbéis (Mt 24,6). Pues en vuestra paciencia poseeréis vuestras almas (Lc 21,19); y el que persevere hasta el fin, éste será salvo (Mt 10,22; 24,13). (San Francisco de Asís. Regla No Bulada, cap. XVI, n. 1-21)

Benedicto XVI

La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma

Recordé todo esto recientemente cuando leí la parte, publicada por el profesor Theodore Khoury (Münster), del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez en los cuarteles de invierno del año 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y sobre la verdad de ambos. […] El diálogo abarca todo el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán, y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre, pero también, cada vez más y necesariamente, en la relación entre las “tres Leyes”, como se decía, o “tres órdenes de vida”: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y Corán. […] En el séptimo coloquio (διάλεξις, controversia), editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la yihad, la guerra santa. Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: “Ninguna constricción en las cosas de fe”. Según dice una parte de los expertos, es probablemente una de las suras del período inicial, en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en detalles, como la diferencia de trato entre los que poseen el “Libro” y los “incrédulos”, con una brusquedad que nos sorprende, brusquedad que para nosotros resulta inaceptable, se dirige a su interlocutor llanamente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia en general, diciendo: “Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”. (Controversia VII 2c: Khoury, pp. 142-143; Förstel, vol. I, VII. Dialog 1.5, pp. 240-241. Lamentablemente, esta cita ha sido considerada en el mundo musulmán como expresión de mi posición personal, suscitando así una comprensible indignación. Espero que el lector de mi texto comprenda inmediatamente que esta frase no expresa mi valoración personal con respecto al Corán, hacia el cual siento el respeto que se debe al libro sagrado de una gran religión. Al citar el texto del emperador Manuel II sólo quería poner de relieve la relación esencial que existe entre la fe y la razón. En este punto estoy de acuerdo con Manuel II, pero sin hacer mía su polémica) El emperador, después de pronunciarse de un modo tan duro, explica luego minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo insensato. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. “Dios no se complace con la sangre —dice—; no actuar según la razón (συν λόγω) es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas… Para convencer a un alma racional no hay que recurrir al propio brazo ni a instrumentos contundentes ni a ningún otro medio con el que se pueda amenazar de muerte a una persona”. (Controversia VII 3 b-c: Khoury, pp. 144-145; Förstel vol. I, VII. Dialog 1.6, pp. 240-243)
En esta argumentación contra la conversión mediante la violencia, la afirmación decisiva es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios (Solamente por esta afirmación cité el diálogo entre Manuel II y su interlocutor persa. Ella nos ofrece el tema de mis reflexiones sucesivas). El editor, Theodore Khoury, comenta: para el emperador, como bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. En cambio, para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está vinculada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la racionabilidad. En este contexto, Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien observa que Ibn Hazm llega a decir que Dios no estaría vinculado ni siquiera por su propia palabra y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si él quisiera, el hombre debería practicar incluso la idolatría. (Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006)

Sufrimientos de la comunidad cristiana en Irak

El año que termina también ha estado marcado lamentablemente por persecuciones, discriminaciones, por terribles actos de violencia y de intolerancia religiosa.
Pienso de modo particular en la querida tierra de Irak, que en su camino hacia la deseada estabilidad y reconciliación sigue siendo escenario de violencias y atentados. Vienen a la memoria los recientes sufrimientos de la comunidad cristiana, y de modo especial el vil ataque contra la catedral sirio-católica Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de Bagdad, en la que el 31 de octubre pasado fueron asesinados dos sacerdotes y más de cincuenta fieles, mientras estaban reunidos para la celebración de la Santa Misa. En los días siguientes se han sucedido otros ataques, también a casas privadas, provocando miedo en la comunidad cristiana y el deseo en muchos de sus miembros de emigrar para encontrar mejores condiciones de vida. Deseo manifestarles mi cercanía, así como la de toda la Iglesia, y que se ha expresado de una manera concreta en la reciente Asamblea Especial para Medio Oriente del Sínodo de los Obispos. Ésta ha dirigido una palabra de aliento a las comunidades católicas en Irak y en Medio Oriente para vivir la comunión y seguir dando en aquellas tierras un testimonio valiente de fe. (Benedicto XVI. Mensaje para la celebración de la XLIV Jornada Mundial de la Paz, n. 1, 1 de enero de 2011)

Numerosos conflictos siguen ensangrentando a la humanidad, empezando por la Región privilegiada en el designio de Dios que es Oriente Medio

Así pues, si la glorificación de Dios y la paz en la tierra están estrechamente relacionadas entre ellas, es evidente que la paz es, al mismo tiempo, don de Dios y tarea del hombre, puesto que exige su respuesta libre y consciente. Por esta razón he querido titular el Mensaje anual para la Jornada Mundial de la Paz: Bienaventurados los que trabajan por la paz. Compete ante todo a las autoridades civiles y políticas la grave responsabilidad de trabajar por la paz. Ellas son las primeras que tienen la obligación de resolver los numerosos conflictos que siguen ensangrentando a la humanidad, empezando por esta Región privilegiada en el designio de Dios que es Oriente Medio. Pienso ante todo en Siria, desgarrada por incesantes masacres y teatro de espantosos sufrimientos entre la población civil. Renuevo mi llamamiento para que se depongan las armas y prevalezca cuanto antes un diálogo constructivo que ponga fin a un conflicto que, de continuar, no conocerá vencedores sino sólo vencidos, dejando atrás sólo ruinas. Permitidme, Señoras y Señores Embajadores, que os pida que sigáis sensibilizando a vuestras Autoridades, para que se faciliten urgentemente las ayudas indispensables para afrontar la grave situación humanitaria. Miro además con especial atención a Tierra Santa. Después del reconocimiento de Palestina como Estado Observador no Miembro de las Naciones Unidas, renuevo el deseo de que israelíes y palestinos, con el apoyo de la Comunidad internacional, se comprometan en una convivencia pacífica dentro del marco de dos estados soberanos, en el que se preserven y garanticen el respeto de la justicia y las aspiraciones legítimas de los dos pueblos. Jerusalén, que seas lo que tu nombre significa. Ciudad de la paz y no de la división; profecía del Reino de Dios y no mensaje de inestabilidad y oposición.
Dirigiendo mi atención a la querida población iraquí, deseo que pueda recorrer el camino de la reconciliación, para llegar a la estabilidad deseada.
En Líbano, donde en el pasado mes de septiembre he encontrado sus diversas realidades constitutivas, que todos cultiven la pluralidad de tradiciones religiosas como una verdadera riqueza para el país, así como para toda la región, y que los cristianos den un testimonio eficaz para la construcción de un futuro de paz con todos los hombres de buena voluntad.
La colaboración de todos los miembros de la sociedad es también prioritaria en África del Norte y, a cada uno de ellos se le ha de garantizar la plena ciudadanía, la libertad de profesar públicamente su religión y la posibilidad de contribuir al bien común. Aseguro mi cercaría y oración a todos los egipcios, en este período en que se implementan nuevas instituciones.
Dirigiendo la mirada a África subsahariana, aliento los esfuerzos para construir la paz, sobre todo allí donde permanece abierta la plaga de la guerra, con graves consecuencias humanitarias. Pienso particularmente en la región del Cuerno de África, como también en la del este de la República Democrática del Congo, donde las violencias se han reavivado, obligando a numerosas personas a abandonar sus casas, sus familias y sus ambientes. Al mismo tiempo, no puedo dejar de mencionar otras amenazas que se perfilan en el horizonte. A intervalos regulares, Nigeria es el teatro de atentados terroristas que provocan víctimas, sobre todo entre los fieles cristianos reunidos en oración, como si el odio quisiera transformar los templos de oración y de paz en centros de miedo y división. He sentido una gran tristeza al saber que, precisamente en los días en que celebrábamos la Navidad, unos cristianos fueron asesinados de modo bárbaro. Malí está también desgarrada por la violencia y marcada por una profunda crisis institucional y social, que exige una atención eficaz por parte de la Comunidad internacional. Espero que las negociaciones anunciadas para los próximos días en la República Centroafricana devuelvan la estabilidad y eviten que la población reviva los horrores de la guerra civil. (Benedicto XVI. Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, 7 de enero de 2013)

Comisión Teológica Internacional

Preocupante fenómeno de la “violencia religiosa”, no privado de significativas conexiones políticas de subversión étnica y de estrategia terrorista

Podemos comprender el asombro de los cristianos al ver que se les es atribuida una vocación religiosa hacia la violencia delante los fieles de otras religiones o también los propagandistas de la crítica a la religión: sobre todo si consideramos que, en muchas partes del mundo, los cristianos son maltratados con la intimidación y la violencia, simplemente por su pertenencia a la comunidad cristiana. En las mismas sociedades democráticas y laicas, el vínculo con la pertenencia cristiana fue, muchas veces, apuntado como una amenaza a la paz social y a la libre confrontación cultural, aun cuando las argumentaciones presentadas, en apoyo a las opiniones que se refieren a la esfera pública, apelan para recursos de la racionalidad común.
Es cierto que no puede negar el reencender, en escala mundial, del preocupante fenómeno de la “violencia religiosa”, no privado de significativas conexiones políticas de subversión étnica y de estrategia terrorista. (Comisión Teológica Internacional. Dios Trinidad, unidad de los hombres, n. 6-7, 6 de diciembre de 2013)

Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso

Lo que hace los delitos contra las comunidades étnicas y religiosas aún más atroces es el intento de justificarlos en el nombre de la religión

Para algunos de ustedes y también para las personas de otras comunidades religiosas, la alegría de la fiesta se ensombrece por el recuerdo de los seres queridos que perdieron su vida o sus bienes, o sufrieron física, mental y espiritualmente incluso, a causa de la violencia. Las comunidades étnicas y religiosas en varios países del mundo han pasado por diversos y enormes sufrimientos injustos: asesinato de algunos de sus miembros, la destrucción de sus patrimonios culturales y religiosos, la emigración forzada de sus hogares y ciudades, el abuso sexual y violación de sus mujeres, esclavitud de algunos de sus miembros, la trata de personas, el comercio de órganos, e incluso ¡la venta de cadáveres!
Todos somos conscientes de la gravedad de estos delitos en sí mismos. Sin embargo, lo que los hace aún más atroces es el intento de justificarlos en el nombre de la religión
. (Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Mensaje para el mes del Ramadán, n. 2-3, 12 de junio de 2015)

Juan XXIII

Es bien conocida la cruel persecución que durante muchos años vienen padeciendo, en numerosos países, algunos de ellos de rancia civilización cristiana

Ni la justicia ni la paz podrán existir en la tierra mientras los hombres no tengan conciencia de la dignidad que poseen como seres creados por Dios y elevados a la filiación divina; por Dios, decimos, que es la primera y última causa de toda la realidad creada. El hombre, separado de Dios, se torna inhumano para sí y para sus semejantes, porque las relaciones humanas exigen de modo absoluto la relación directa de la conciencia del hombre con Dios, fuente de toda verdad, justicia y amor.
Es bien conocida la cruel persecución que durante muchos años vienen padeciendo en numerosos países, algunos de ellos de rancia civilización cristiana, tantos hermanos e hijos nuestros, para Nos queridísimos. Esta persecución, que demuestra a los ojos de todos los hombres la superioridad moral de los perseguidos y la refinada crueldad de los perseguidores, aun cuando todavía no ha despertado en éstos el arrepentimiento, sin embargo, les ha infundido gran preocupación. (Juan XXIII. Encíclica Mater et Magistra, n. 215-216, 15 de mayo de 1961)

Juan Pablo II

Falta de libertad religiosa: una hipoteca negativa para la paz

Perjudican además, y de manera muy grave, a la causa de la paz todas las formas —manifiestas o solapadas—de violación de la libertad religiosa, al igual que las violaciones que afectan a los demás derechos fundamentales de la persona. A cuarenta años de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, cuya conmemoración tendrá lugar en diciembre del año próximo, debemos constatar que, en diversas partes del mundo, millones de personas sufren todavía a causa de sus convicciones religiosas, siendo víctimas de legislaciones represivas y opresoras, estando sometidas a veces a una persecución abierta o, más a menudo, a una sutil acción discriminadora de los creyentes y de sus comunidades. Este estado de cosas, de por sí intolerable, constituye también una hipoteca negativa para la paz. (Juan Pablo II. Mensaje para la celebración de la XXI Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 1988)

Sínodo de los Obispos: Asamblea Especial para el Medio Oriente

Situación de los cristianos en los países árabes

En Irak, la guerra ha desencadenado las fuerzas del mal en el país, en las confesiones religiosas y las corrientes políticas. Ella ha sembrado víctimas entre todos los iraquíes, pero los cristianos estaban entre las principales víctimas, porque representan la comunidad iraquí más exigua y débil, y la política mundial no la tiene en mínima consideración.
En Líbano, los cristianos están profundamente divididos en el plan político y confesional y nadie tiene un proyecto que pueda ser aceptado por todos. En Egipto, el crecimiento del Islam político, por un lado, y, por otro, la actuación de los cristianos en relación a la sociedad civil hace con que la vida esté expuesta a la intolerancia, a la desigualdad y a la injusticia. Además, esta islamización penetra en las familias también por los mass media y la escuela, cambiando las mentalidades que, inconscientemente, se islamizan. En numerosos países, el autoritarismo, es decir, la dictadura, lleva a la población ―incluso los cristianos― a soportar todo en silencio para salvar lo esencial. En Turquía, el concepto actual de “laicidad” presenta aun problemas a la plena libertad religiosa del país.
Esta situación de los cristianos en los países árabes fue descrita en el párrafo 13 de la 10ª Carta Pastoral de los Patriarcas Católicos (2009). La conclusión estigmatiza la actitud derrotista: “Frente a estas diversas realidades, unos se mantienen firmes en su fe y en su compromiso en la sociedad, compartiendo todos los sacrificios y contribuyendo para el proyecto social común. Otros, al revés, pierden el valor y ya no tienen confianza en la sociedad y en su capacidad de garantizar la igualdad entre todos los ciudadanos. Debido a esto abandonan cualquier compromiso y se retiran en su Iglesia y en sus instituciones, viviendo en núcleos aislados, sin interactuar con la sociedad (Consejo de los Patriarcas Católicos del Oriente, 10ª Carta Pastoral sobre el cristiano árabe frente a los desafíos contemporáneos: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rom 5, 5)”, Secretariado General, Bkerké, 2009, §13 ff.). (Sínodo de los Obispos. Asamblea Especial para Medio Oriente, Lineamenta, n. 19-21, 8 de diciembre de 2009)

Conversiones de cristianos al Islam bajo presión, para librarse de las obligaciones de los no musulmanes

En el Medio Oriente, libertad de religión significa, normalmente, libertad de culto. No se trata, por lo tanto, de libertad de conciencia, es decir, de la libertad de renunciar a la propia religión o de creer en otra. En el Medio Oriente, la religión es, en general, una elección social y hasta nacional, no individual. Cambiar de religión es considerado traición a la sociedad, a la cultura y a la nación construida principalmente en una tradición religiosa.
La conversión es vista como fruto de un proselitismo interesado, no de una convicción religiosa auténtica. La conversión del judío y del musulmán son muchas veces prohibidas por las leyes del Estado. También el cristiano experimenta una presión y una oposición, aunque mucho más leve, por parte de la familia o de la tribu a que pertenece, pero permanece libre de hacerlo. Muchas veces, la conversión de cristianos no se verifica por convicción religiosa, sino por intereses personales o bajo la presión del proselitismo musulmán, especialmente para poder libertarse de las obligaciones delante las dificultades familiares. (Sínodo de los Obispos. Asamblea Especial para Medio Oriente, Lineamenta, n. 22-23, 8 de diciembre de 2009)

Imposición de un modo de vida islámico a la sociedad

En su última carta pastoral, los Patriarcas Católicos del Medio Oriente afirman: “El crecimiento del Islam político, a partir de los años 70, es un fenómeno saliente que repercute en la región y en la situación de los cristianos en el mundo árabe. Este Islam político incluye diversas corrientes religiosas que desearían imponer un modo de vida islámico a las sociedades árabes, turcas o iraníes, y a todos los que allá viven, musulmanes o no musulmanes. Para ellos, la causa de todos los males es el alejamiento del Islam. Por lo tanto, la solución es el regreso al Islam de los orígenes. De ahí el slogan: ‘El Islam es la respuesta’… Con esta finalidad, algunos no dudan en utilizar a la violencia” (Ibíd. § 70). (Sínodo de los Obispos. Asamblea Especial para Medio Oriente, Lineamenta, n. 24, 8 de diciembre de 2009)

Inmigrados explotados en países del Medio Oriente

Miles de centenares de trabajadores inmigrados llegan a los países del Medio Oriente, provenientes de todo el mundo: africanos de Etiopia y sobre todo de Sudán, y de asiáticos, especialmente de Filipinas, Sri Lanka, Bangladesh, Nepal, Pakistán y India. En general, estos inmigrantes son mujeres que trabajan como empleadas domésticas para permitir a sus hijos una educación y una vida mejor. Muchas veces estas mujeres (y también hombres) son objeto de injusticias sociales, explotación y abusos sexuales, tanto de parte de los Estados que las reciben cuanto de las agencias que las contratan o de los empleadores. (Sínodo de los Obispos. Asamblea Especial para Medio Oriente, Lineamenta, n. 28, 8 de diciembre de 2009)

Los musulmanes generalmente no hacen distinción entre religión y política, lo que deja a los cristianos en la delicada situación de no-ciudadanos

Las relaciones entre cristianos y musulmanes deben ser comprendidas desde dos principios. De un lado, como ciudadanos de un mismo país y de una sola patria, que comparten lengua y cultura, como también alegrías y dolores de nuestros países. De otro, los cristianos deben verse a sí mismos como miembros de la sociedad en que ellos viven y trabajan en su nombre, como testigos de Cristo y del Evangelio. Es muy frecuente que las relaciones sean difíciles, sobre todo por el hecho de que los musulmanes generalmente no hacen distinción entre religión y política, lo que deja los cristianos en la delicada situación de no-ciudadanos. (Sínodo de los Obispos. Asamblea Especial para Medio Oriente, Lineamenta, n. 68, 8 de diciembre de 2009)

La aplicación de ley de la sharia es discriminatoria y una violación de los derechos de la persona humana: el crecimiento del islamismo, lleva al aumento de ataques contra los cristianos por toda parte

Con excepción de Turquía, en el Islam no existe secularidad. Normalmente el Islam es la religión del Estado. La principal fuente de la legislación es el Islam, inspirada en la ley e la sharia. Para las leyes personales (familia y herencia, en determinados países), hay reglamentaciones particulares para las comunidades cristianas, cuyos tribunales eclesiásticos son reconocidos y sus decisiones, aplicadas. Las constituciones de todos los países afirman la igualdad de los ciudadanos ante el Estado. La educación religiosa es obligatoria en las escuelas privadas y públicas, pero ni siempre es abonada a los cristianos.
Algunos países son Estados islámicos, donde la ley de la sharia es aplicada no sólo en la vida particular, sino también en la social, incluyendo la vida de los no-musulmanes, lo que siempre es discriminatorio y, por consiguiente, es una violación de los derechos de la persona humana.
La libertad religiosa y de la consciencia son desconocidas en la mentalidad musulmana, que reconoce la libertad de culto, pero no permite la profesión de una religión diferente del Islam, y mucho menos abandonar el Islam. Con el crecimiento del islamismo, ataques contra los cristianos aumentan por toda parte. (Sínodo de los Obispos. Asamblea Especial para Medio Oriente, Lineamenta, n. 83-84, 8 de diciembre de 2009)

Anexo 1: La paz en el Islam es tan sólo para los que están bajo el dominio de Alá

Organización de la conferencia islámica 

Reducido a su expresión pura, el Islam es la obediencia total a su Dios, como viene revelado en el libro sagrado (el Corán) y en la sunna (conducta de vida del Profeta), como viene traída por la tradición o, cuando faltaba la tradición, por el consenso de la comunidad de fieles, expresado por la boca del califa. El derecho se entiende como derecho de la comunidad, no de la persona. El Islam no conoce la palabra “persona”, su sinónimo es fard (individuo). El fard es parte integrante y dependiente de la gran sociedad islámica (umma). Dentro de ésta él tiene derechos y deberes. Si abandona la religión pierde todos sus derechos, incluso es susceptible de muerte por traición. El Consejo Islámico de Europa, motivado seguramente por las exigencias de su nuevo ambiente cultural y social, ha emanado suDeclaración de los derechos del hombre en el Islam”. La aclaración en el Islam no es un simple cumplido, sino que es central. Se trata de los derechos del hombre musulmán.

Vale la pena conocer algunos de los puntos de esta “Declaración”, aprobada en la 19ª Conferencia Islámica de Ministros de Asuntos Exteriores de la Organización de la Conferencia Islámica (OIC)

1- ARTÍCULO PRIMERO

  1. a) La humanidad entera forma una sola familia unida por su adoración a Allah y su descendencia común de Adán. Todos los seres humanos son iguales en el principio de la dignidad humana, así como en el de las obligaciones [para con Allah] y las responsabilidades sin distinción de raza, color, lengua, sexo, creencia religiosa, filiación política, nivel social o cualquier otra consideración. Sólo la verdadera religión garantiza el desarrollo de esa dignidad por medio de la integridad humana.
  2. b) Todas las criaturas son siervos de Allah. El más caro a sus ojos es aquel que más provechoso es para Sus hijos, y ninguno tiene supremacía sobre otro sino en la piedad mostrada hacia Allah y en las buenas obras.

2- ARTÍCULO SEGUNDO

  1. a) La vida es un don de Allah. La vida de todo ser humano está garantizada. Los individuos, las sociedades y los estados protegerán este derecho contra toda agresión. No es posible suprimir una vida si no es a exigencias de la Sharía.
  2. b) Se prohíbe recurrir a medios que impliquen la aniquilación del origen de la vida humana.
  3. c) La preservación de la vida humana dentro de los límites provistos por Allah es un deber impuesto por la Sharía.
  4. d) La integridad del cuerpo humano será preservada, sin que sea posible violentarla, ni revocar este derecho sin mediar justificación en la Sharía. El estado garantizará su defensa.

10 – ARTÍCULO DÉCIMO

El Islam es la religión indiscutible. No es lícito ejercer ningún tipo de coerción sobre el ser humano, ni aprovecharse de su pobreza o ignorancia, para llevarle a cambiar su religión por otra distinta, o al ateísmo.

22 – ARTÍCULO VIGÉSIMO SEGUNDO

  1. a) Todo ser humano tiene derecho a la libertad de expresión, siempre y cuando no contradiga los principios de la Sharía.
  2. b) Todo ser humano tiene derecho a prescribir el bien, y a imponer lo correcto y prohibir lo censurable, tal y como dispone la Sharía Islámica.

(La declaración de los Derechos Humanos en el Islam)

Anexo 2: El Corán incita a la violencia contra todos los infieles, es decir, los no musulmanes

En la perspectiva de la paz que hemos presentado, ¿sería el Islam una religión de paz? ¿Es el Corán un profético libro de paz? Dejemos que algunos de sus textos aquí seleccionados hablen por sí…

Sura 2 – Al-Báqarah (La Vaca)

  1. Y matadles dondequiera que los encontréis, y expulsadles de donde os hubieran expulsado. Y [sabed que] la sedición es más grave que el homicidio. No combatáis contra ellos en la Mezquita Sagrada, a menos que os ataquen allí; pero si lo hacen combatidles, ésta es la retribución de los incrédulos.
  2. Combatidlos hasta que cese la sedición y triunfe la religión de Allah, pero si dejan de combatiros que no haya más enemistad, excepto con los agresores.
  3. Se os prescribió el combate y éste os desagrada. Es posible que detestéis algo y sea un bien para vosotros, y que améis algo y sea un mal para vosotros. Allah sabe y vosotros no sabéis.

Fuente: http://www.nurelislam.com/La-Vaca

Sura 3 – Al-‘Imran (La Familia de Imran)

  1. Quienes no crean, ni sus bienes ni sus hijos les servirán de nada ante Allah. Éstos serán, por su incredulidad, combustible para el Fuego.
  2. Sembraremos el terror en los corazones de los incrédulos por haber atribuido copartícipes a Allah sin fundamento válido. Su morada será el Fuego. ¡Qué pésima será la morada de los inicuos!

Fuente: http://www.nurelislam.com/La-Familia-de-%E2%80%98Imr%C3%A2n

Sura 4 – An-Nísa’ (Las Mujeres)

  1. Que combatan por la causa de Allah quienes son capaces de sacrificar la vida mundanal por la otra. Quien combata por la causa de Allah y caiga abatido u obtenga el triunfo, le daremos una magnífica recompensa.
  2. Pretenden que no creáis al igual que ellos. No hagáis, pues, ninguna alianza hasta que hayan emigrado por la causa de Allah [demostrando su verdadera fe]. Si se rehúsan a emigrar, apresadles y matadles dondequiera que les encontréis. No los toméis por aliados ni socorredores.

Fuente: http://www.nurelislam.com/Las-Mujeres

Sura 5 – Al-Ma’idah (La Mesa Servida)

  1. Y con quienes decían: Somos cristianos, [también] concertamos el pacto, pero olvidaron parte de lo que les fue mencionado [en el Evangelio]. Y [por tal motivo] sembramos entre ellos la enemistad y el odio hasta el Día de la Resurrección; y [allí] Allah les informará lo que hicieron.
  2. El castigo de quienes hacen la guerra a Allah y a su Mensajero y siembran en la Tierra la corrupción es que se les mate, o crucifique, o se les ampute una mano y el pie opuesto o se les destierre. Esto es para que sean denigrados en esta vida, y en la otra tendrán un terrible castigo.
  3. ¡Oh, creyentes! No toméis a los judíos ni a los cristianos por aliados. Ellos son aliados unos de otros. Y quien de vosotros se alíe con ellos será uno de ellos. Allah no guía a los inicuos.
  4. ¡Oh, creyentes! Si algunos de vosotros reniegan de su religión, Allah les sustituirá por otros a quienes amará y ellos Le amarán, y que serán compasivos con los creyentes, severos con los incrédulos, y combatirán por la causa de Allah sin temer algún reproche. Ésta es la gracia de Allah que concede a quien Él quiere; y Allah es Vasto, Omnisciente.

Fuente: http://www.nurelislam.com/La-Mesa-Servida

Sura 8 – Al-Anfal (Los Botines)

  1. Y [recordad] cuando Allah os prometió que uno de los dos grupos [la caravana de Abu Sufiân o el ejército que había venido a protegerla] caería en vuestras manos. Vosotros deseabais que la caravana fuera vuestra, pero Allah, por Su designio, quiso que triunfara la Verdad y que los incrédulos fueran exterminados.
  2. Y cuando tu Señor le dijo a los Ángeles: Yo estoy con vosotros, inspiradle valor a los creyentes que ciertamente Yo infundiré terror en los corazones de los incrédulos. Golpeadles [con vuestras espadas] sus cuellos y cortadles los dedos.
  3. Y combatidlos hasta que cese la sedición [de la idolatría] y sea la religión de Allah la que prevalezca; y si desisten [de la incredulidad o aceptan pagar un impuesto para vivir bajo la protección del estado islámico conservando su religión], pues Allah bien ve lo que hacen [y les juzgará acorde a ello].
  4. Ciertamente que las peores criaturas para Allah son los incrédulos que se niegan a creer,
  5. Aquellos que siempre quebrantan los pactos que tú [¡Oh, Muhammad!] celebras con ellos y no temen [el castigo de Allah].
  6. A éstos, si les apresas en la guerra, castígales severamente para que escarmienten quienes sigan sus pasos, así aprenderán.
  7. Y cuando sepas de la traición de un pueblo [con el que hayas realizado un pacto de cese de hostilidades], hazles saber que rompes el pacto igual que ellos. Por cierto que Allah no ama a los traidores.
  8. Que no piensen los incrédulos que podrán huir de Nuestro castigo, pues ciertamente ellos no podrán salvarse.
  9. Y preparad contra los incrédulos cuanto podáis de fuerzas [de combate] y caballería, para que así amedrentéis a los enemigos de Allah que también son los vuestros, y a otros enemigos que [os atacarán en el futuro y] no los conocéis, pero Allah bien los conoce. Y sabed que por aquello con lo que contribuyáis en la causa de Allah seréis retribuidos generosamente, y no seréis tratados injustamente.
  10. ¡Oh, Profeta! Exhorta a los creyentes a combatir [por la causa de Allah]. Por cada veinte hombres verdaderamente pacientes y perseverantes que hubiese en vuestras filas no deberán flaquear ante doscientos [combatientes enemigos], y si hubiere cien no deberán flaquear ante mil, y sabed que les venceréis, pues ellos no razonan [que su causa es injusta].

Fuente: http://www.nurelislam.com/Los-Botines

Sura 9 – At-Taubah (El Arrepentimiento)

  1. Allah y Su Mensajero anuncian a los hombres el día más importante de la peregrinación [el Día del Sacrificio] que Allah ya no tiene ningún pacto con los idólatras, ni tampoco Su Mensajero. [Sabed ¡Oh, idólatras! que] Si os arrepentís [y abandonáis la incredulidad] será mejor para vosotros, pero si os rehusáis no podréis escapar del castigo de Allah. Y anúnciales a los incrédulos [¡Oh, Muhammad!] que recibirán un doloroso castigo.
  2. Mas cuando hayan pasado los meses sagrados [Muharram, Rayab, Dhul Qa‘dah y Dhul Hiyyah en los cuales se os ha vedado el combate armado] matad a los idólatras dondequiera les halléis, capturadles, cercadles y tendedles emboscadas en todo lugar, pero si se arrepienten [y aceptan el Islam], cumplen con la oración prescrita y pagan el Zakât dejadles en paz. Ciertamente Allah es Absolvedor, Misericordioso.
  3. Combatidlos, pues Allah los castigará a través de vuestras manos, les humillará, os concederá el triunfo sobre ellos, y curará así los corazones de los creyentes,
  4. Purificándolos del rencor que hay en ellos. Ciertamente Allah acepta el arrepentimiento de quien le place, y Allah es Omnisciente, Sabio.
  5. Algunos judíos dicen: ‘Uzeir es el hijo de Allah, y los cristianos dicen: el Mesías es el hijo de Allah. Éstas son sólo palabras [sin fundamento] que salen de sus bocas, asemejándose por ello a los incrédulos que les precedieron. ¡Que Allah los maldiga! ¡Cómo se desvían!
  6. Tomaron a sus rabinos y a sus monjes por legisladores en lugar de Allah [y llegaron a idolatrarlos], y al Mesías hijo de María [los cristianos le adoraron también]. Y sólo se les había ordenado [en la Torá y el Evangelio] adorar a Allah, la única divinidad. No existe nada ni nadie con derecho a ser adorado salvo Él. ¡Glorificado sea! ¡Cómo pueden atribuirle copartícipes!
  7. ¡Oh, creyentes! ¿Por qué cuando se os ordena combatir por la causa de Allah os aferráis a la vida? ¿Es que preferís la vida mundanal a la otra? Sabed que los placeres mundanos en comparación con los de la otra vida son insignificantes.
  8. Si no salís a combatir os azotará un castigo doloroso [en esta vida y en la otra], y Allah os substituirá por otro pueblo [que socorrerá al Profeta y combatirá por Su causa]. Y sabed que no perjudicaréis a Allah en nada [si os negáis a combatir], pues Allah tiene poder sobre todas las cosas.
  9. Si no lo socorréis [al Mensajero], sabed que Allah [no necesita de vosotros, pues ya] lo auxilió aquella vez que los incrédulos lo expulsaron [de La Meca], cuando estando en la caverna con su compañero [Abu Bakr] le dijo: No te entristezcas, pues Allah está con nosotros. Entonces, Allah hizo descender Su sosiego sobre él [Abu Bakr], les socorrió con un ejército [de Ángeles] que no veían, y dispuso que el propósito de los incrédulos se desvaneciera y que el Mensaje de Allah sea el que prevalezca. Ciertamente Allah es Poderoso, Sabio.
  10. Salid a combatir sea cual fuere vuestra condición. Contribuid por la causa de Allah con vuestros bienes y luchad pues ello mejor para vosotros, si supierais.
  11. ¡Oh, Profeta! Combate a los incrédulos y a los hipócritas, y sé severo con ellos. Su morada será el Infierno. ¡Qué pésimo destino!
  12. ¡Oh, creyentes! Combatid a aquellos incrédulos que habitan alrededor vuestro, y que comprueben vuestra severidad. Y sabed que Allah está con los piadosos.

Fuente: http://www.nurelislam.com/El-Arrepentimiento

Sura 22 – Al-Hajj (La Peregrinación)

  1. Por cierto que Allah juzgará entre los creyentes, los judíos, los sabeos, los cristianos, los adoradores del fuego y los idólatras el día de la Resurrección. Por cierto que Allah es testigo de todas las cosas.
  2. ¿Acaso no ves que se prosternan ante Allah quienes están en los cielos y la Tierra, y el Sol, la Luna, las estrellas, las montañas, los árboles, las bestias, y muchos de los hombres? Pero también muchos [de los hombres y genios] merecen el castigo. Y a quien Allah humilla no habrá quien pueda dignificarlo; ciertamente Allah hace lo que Le place.
  3. Éstos [los creyentes y los incrédulos] son dos grupos que disputan acerca de su Señor; pero sabed que los incrédulos serán cubiertos con prendas de alquitrán caliente en el Infierno y se verterá sobre sus cabezas agua hirviendo.
  4. Les abrasará sus vientres y su piel,
  5. Y serán atormentados allí con garfios de hierro.
  6. [Los Ángeles] Tendrán mazas de hierro [para golpearles] toda vez que, angustiados, quieran salir de allí, haciéndoles regresar, y se les dirá: ¡Sufrid el tormento del Infierno!

Fuente: http://www.nurelislam.com/La-Peregrinaci%C3%B3n-

Sura 25 – Al-Forqan (El Criterio)

  1. No escuches [¡Oh, Muhammad!] a los incrédulos, y brega denodadamente [exhortándoles con el Corán] para que se encaminen.

Fuente: http://www.nurelislam.com/El-Criterio

Sura 47 – Muhammad (Mahoma)

  1. Cuando os enfrentéis a los incrédulos, matadles hasta que les sometáis, y entonces apresadles. Luego, si queréis, liberadles o pedid su rescate. [Sabed que] Esto es para que cese la guerra, y que si Allah hubiese querido, os habría concedido el triunfo sobre ellos sin enfrentamientos, pero quiso poneros a prueba con la guerra; y a quien caiga en la batalla por la causa de Allah, Él no dejará de recompensar ninguna de sus obras.
  2. No flaqueéis [ante vuestros enemigos] proponiendo vosotros la paz, siendo que sois superiores a ellos, y Allah es Quien os secunda; y Él no dejará de retribuiros por vuestras obras.

Fuente: http://www.nurelislam.com/Muhammad

Sura 48 – Al-Fath (La Victoria)

  1. Él es Quien os envió a Su Mensajero con la guía y la religión verdadera, para que prevalezca sobre todas las demás religiones; y Allah es suficiente como testigo.
  2. Muhammad es el Mensajero de Allah. [Los creyentes] Quienes están con él son severos con los incrédulos, pero misericordiosos entre ellos.

Fuente: http://www.nurelislam.com/La-Victoria

Sura 60 – Al-Mumtahanah (La Examinada)

  1. ¡Oh, creyentes! Si habéis salido para luchar por Mi causa y anheláis Mi complacencia no toméis como aliados a Mis enemigos que también son los vuestros demostrándoles afecto, cuando ellos se niegan a creer en la Verdad que os ha llegado y expulsan al Mensajero y a vosotros mismos [de La Meca] sólo porque creéis en Allah vuestro Señor. Cómo podéis ocultar el afecto que sentís por ellos cuando Yo bien sé lo que ocultáis y lo que manifestáis. Quien de vosotros obre así se habrá extraviado del verdadero camino.

Fuente: http://www.nurelislam.com/La-Examinada

Sura 61 – As-Saff (La Fila)

  1. Ciertamente Allah ama a quienes combaten en filas por Su causa, como si fueran una edificación sólida.
  2. Y cuando Jesús, hijo de María, dijo: ¡Oh, hijos de Israel! Yo soy el Mensajero de Allah, enviado a vosotros para corroborar la Torá y anunciar a un Mensajero que vendrá después de mí llamado Ahmad [Éste era uno de los nombres del Profeta Muhammad]. Pero cuando se les presentó con las evidencias, dijeron: ¡Esto es pura magia!
  3. ¿Existe alguien más inicuo que quien inventa mentiras acerca de Allah cuando es invitado al Islam? Ciertamente Allah no guía a los inicuos.

Fuente: http://www.nurelislam.com/La-Fila

Sura 66 – At-Tahrim (La Prohibición)

  1. ¡Oh, Profeta! Combate a los incrédulos y los hipócritas, y sé duro con ellos. Éstos tendrán el Infierno por morada. ¡Qué pésimo final!

Fuente: http://www.nurelislam.com/La-Prohibici%C3%B3n


Anexo 3: Nadie mejor que los musulmanes para interpretar su propio libro: el Corán. Algunas noticias muy actuales muestran como lo interpretan


Escogemos algunas pocas, pero recientes, de entre las innúmeras noticias vehiculadas por los medios de comunicación acerca del tema Islam, no de terrorismos o fundamentalismo, sino de países cuyos gobiernos hacen parte de la “pacífica” comunidad islámica…
  • Libertad religiosa en el mundo islámico: ejemplo de Pakistán

En los últimos años, los musulmanes se han tomado a menudo la ley por su mano, imponiendo su versión de “justicia” contra los “blasfemos”. Como consecuencia, han sido destruidas iglesias, viviendas, hospitales y escuelas cristianas. Pocas personas de la comunidad cristiana paquistaní podrán, por ejemplo, olvidar lo que ocurrió en Sangla Hill. Una turba enfurecida de unos 2.000 musulmanes arrasó todo un pueblo, incitada por una falsa acusación de blasfemia lanzada contra uno de sus habitantes. Tras esta ofensiva, seguida más adelante por muchas otras, los líderes cristianos escribieron al presidente Musharraf para pedirle que hiciera algo, “porque el fanatismo acabará destruyendo desde dentro el país”. (Fuente)

  • Aun en Pakistán

Los cristianos en Pakistán están sufriendo a causa del abuso de la ley sobre la blasfemia. Además, cuando se acusa a un cristiano, toda la comunidad es objeto de críticas y sufre serias consecuencias”, dijo a la Agencia Fides el padre dominico James Channan, director del “Centro para la Paz” en Lahore, que trabaja constantemente por el diálogo interreligioso, ampliando la reflexión sobre el caso de Asia Bibi y todos los demás ciudadanos paquistaníes, cristianos y musulmanes, víctimas inocentes de la ley sobre la blasfemia. El padre Channan explicó que “las minorías cristianas, como los hindúes y miembros de otras religiones minoritarias en Pakistán son objeto, muchas veces, de discriminación y persecución. No ser musulmán en Pakistán es peligroso, sobre todo por las leyes sobre la blasfemia”. (Fuente)

En Palestina, Gaza: enseñan a niños musulmanes a odiar judíos y cristianos

En campamentos de verano para los niños musulmanes realizado en Gaza y Cisjordania, o como prefieren llamarlo: Palestina. Patrocinado por los fondos de las Naciones Unidas, los niños y niñas que participan de ellas ha recibido un curso infantil guerrillero. Aunque no aprenden a manejar las armas, todo gira en torno a las enseñanzas de “recuperar sus tierras” por medio de la violencia, el martirio y la jihad (Guerra Santa).
La Agencia de Socorro y Obras Públicas de las Naciones Unidas para Refugiados Palestinos en el Cercano Oriente (UNRWA) es el patrocinador de estos programas, que han producido un cortometraje llamado: “Campamento Yihad”, donde muestran estas actividades en estos lugares
, según la denuncia hecha por el Centro de Política para Oriente Medio Nahum Bedein. El material se transmitió en el canal 2 de Israel esta semana, generando una ola de protestas. El nombre oficial del campamento es “La paz empieza aquí”, pero lo que se ve son las enseñanzas de odio. (Acontecer Cristiano, 19/08/13)

  • Persecuciones a los cristianos en tierras del Islam

En muchos países donde impera el “fundamentalismo islámico”, como en Sudán, Argelia, Nigeria, Somalia, Arabia Saudita, Irán, Irak, Afganistán, Pakistán, Marruecos, Túnez o en la India; los cristianos católicos, ortodoxos, armenios, sirios, caldeos, nestorianos y coptos; se han visto sometidos a una serie de infamias, así por ejemplo:
Los musulmanes que se conviertan a la fe cristiana son sentenciados con la pena de muerte, algunos incluso son crucificados vivos o lapidados
.
Los musulmanes no impiden a un cristiano entrar en su religión, pero una vez convertido a la fe mahometana no puede salirse del Islam.
Aunque hay muchos pasajes en el Corán que hablan sobre la libertad religiosa, lo cierto del caso es que muchas constituciones islámicas tienen prevista a los conversos la pérdida de todos sus derechos civiles, el trabajo, la custodia de sus hijos o su herencia es repartida entre sus parientes musulmanes.
Hay leyes islámicas que prohíben a los cristianos ayudar a los conversos.
Varios obispos, sacerdotes y religiosos (as) han sido asesinados, torturados, encarcelados o deportados por llevar la palabra de Dios. Les está prohibido llevar la cruz, leer la Biblia en público, tampoco son aceptadas las publicaciones religiosas que fomenten el cristianismo
. En las escuelas, colegios y universidades católicas no se puede hacer ninguna clase de proselitismo religioso. Las iglesias, capillas y cementerios han sido incendiados, dinamitados o demolidos, incluyendo la profanación de la eucaristía y la destrucción de las imágenes sagradas; también son transformados en baños públicos o como corrales para el ganado. No se les permite celebrar las fiestas religiosas o realizar procesiones en Semana Santa. Están completamente prohibidos los matrimonios entre cristianos y musulmanes. Los cristianos no tienen derecho al voto popular o a ocupar cargos públicos. (Fuente)

  • Irán, Teherán: 10 años de prisión a un cristiano por difundir copias del Evangelio y exilio a otro por difundir entre los jóvenes el “libertinaje” y “dudas” sobre los principios islámicos…

Un hombre iraní, convertido del Islam al cristianismo, ha sido condenado a diez años de prisión por “crímenes contra la seguridad del Estado”: el acusado es culpable de distribuir copias del Evangelio en el país. Mohammad-Hadi BordBar, conocido como Mostafa, natural de la ciudad de Rasht, ha sido acusado de conspiración y condenado. Según lo informado a la Agencia Fides, los documentos de la corte muestran que el hombre habría confesado “haber dejado el Islam para seguir el cristianismo”, y “considerando la evangelización un deber suyo, había distribuido 12.000 evangelios de bolsillo”. Después de haber recibido el bautismo, Mostafa, había comenzado una “iglesia en casa”, una asamblea de adoración doméstica, con reuniones de oración en casa, consideradas “ilegales”. Mostafa fue detenido en Teherán, el 27 de diciembre de 2012, después de una redada policial en su casa. Los agentes de seguridad detuvieron e interrogaron durante horas a todos los presentes en la reunión, unos 50 cristianos iraníes. En su casa la policía encontró material de publicaciones cristianas, como películas, libros, CDs y más de 6.000 copias del Evangelio. Mostafa ya había sido detenido en 2009 por su conversión al cristianismo, y fue declarado culpable de apostasía, pero puesto en libertad bajo fianza. En otro caso reciente, señalado a la Agencia Fides por la Agencia iraní cristiana “Mohabat News”, un tribunal de la ciudad de Robat-Karim, al sur de Teherán, ha condenado a un año de prisión y dos años de exilio al joven Ebrahim Firouzi, otro cristiano iraní, por “actividades de evangelización y distribución de Biblias”, consideradas, “en oposición al régimen de la República Islámica de Irán”. En la sentencia el juez describe a Ebrahim Firouzi como “culpable de actos delictivos por haber celebrado reuniones de oración en casa y por difundir entre los jóvenes el libertinaje y dudas sobre los principios islámicos”. El joven ha sido arrestado en marzo de 2013. Como recuerdan las ONG “Barnabas team” y “Christian Solidarity Worldwide”, comprometidas con la defensa de los cristianos en el mundo, en los últimos años el interés de los jóvenes iraníes por el cristianismo ha hecho que la conversión al cristianismo sea un problema preocupante para las autoridades iraníes. Muchas iglesias de lengua Farsi han sido cerradas en Teherán y otras ciudades, mientras que la presión sobre los cristianos convertidos del Islam va en aumento. El nuevo presidente iraní, Hassan Rouhani, ha hablado de una posible “reforma de los derechos civiles” pidiendo recientemente al clero religioso islámico “detener la interferencia del Estado en la vida privada de las personas”. (PA) (Agencia Fides 20/8/2013)

  • En Turquía: las confesiones no islámicas no tienen reconocimiento civil y no se les permite poseer nada

En Turquía, el respeto por las minorías religiosas “sigue siendo totalmente insatisfactorio”, indica el informe. Se niega de manera efectiva a los cristianos el acceso a los puestos institucionales civiles y militares, y es prácticamente imposible construir iglesias. Además, las confesiones no islámicas no tienen reconocimiento civil y no se les permite poseer nada. (Fuente)


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