55 – El único modo de que una persona o sociedad crezca es la cultura del encuentro, sin opiniones previas

Europa es, sin lugar a dudas, el único continente cuyos límites no son definidos por criterios geográficos, pues según éstos no es más que una península de Asia. A Europa la define una civilización común. Ésta fue modelada en sus orígenes por la Santa Iglesia Católica y mientras los valores verdaderamente cristianos regularon la vida de los pueblos europeos, su influencia a nivel mundial fue hegemónica y su progreso en todos los aspectos –no sólo los materiales– imparable. En sentido opuesto, es consecuencia evidente que cuánto más se apartan de ellos, su horizonte se tiñe de un color cada vez más oscuro. León XIII, al comparar la agitada época que le tocó vivir con los “afortunadísimos tiempos en los que la Iglesia era respetada como madre”, señalaba como la paz, tranquilidad y riqueza de una sociedad es fruto de la Iglesia, y que las mejores instituciones y hasta la verdadera cultura surgían cuando los pueblos eran sumisos a sus leyes. Nosotros ponemos el problema: ¿para mejorar la situación trágica de los días en que vivimos, debemos buscar un intercambio de valores con religiones o ideologías que jamás producirán los frutos que la Santa Iglesia engendró? ¿Acaso el mandato de Jesús de “ir al mundo entero y proclamar el Evangelio” (cf. Mc 16, 15) cambió por: “ir al mundo entero y aprender con los infieles”?

Francisco

 

Cita ACita B

Enseñanzas del Magisterio

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I– La sociedad prospera cuando está unida a la Iglesia Católica
II – Los principios religiosos definidos no pueden ser considerados como opiniones previas

I– La sociedad prospera cuando está unida a la Iglesia Católica

Juan Pablo II

No hay dificultad que no pueda ser superada cuando se cultiva una vida cristiana

Por el contrario, no hay ninguna situación difícil que no pueda afrontarse adecuadamente cuando se cultiva un clima coherente de vida cristiana. El amor mismo, herido por el pecado, es también un amor redimido. Es evidente que si falla la vida sacramental, la familia cede más fácilmente a las insidias, porque se queda sin defensas.” (Juan Pablo II. Discurso a la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Familia, 18 de octubre de 2002) 

El desarrollo auténtico del hombre se encuentra a la luz del Evangelio

Sólo a la luz del Evangelio se pueden encontrar soluciones para lograr “un desarrollo auténtico del hombre y de la sociedad que respete y promueva en toda su dimensión la persona humana” (Sollicitudo rei socialis, n. 41). Una sociedad sin valores fundamentales y sin principios éticos se va deteriorando progresivamente. (Juan Pablo II. Discurso al Señor Sergio Iván Búcaro Hurtarte, nuevo embajador de Guatemala, n. 4, 5 de noviembre de 1998)

Pablo VI

Enseñar es función propia de la Iglesia

¿Para qué sirve la Iglesia? ¿Qué hace en medio del mundo contemporáneo ajetreado en el trabajo febril productivo y utilitario? Pues bien, nos pareció que aquel edificio bonito y moderno nos daba una respuesta actual y perenne; a saber: ¡la Iglesia enseña! Enseñar es una función propia de la Iglesia; la historia lo atestigua. […] La Iglesia tiene algo que enseñar, algo de su propia competencia, y es la verdad religiosa. Esta no está superada, ni es superflua sino necesaria para el fin superior, trascendente e insustituible propio de la religión; es decir, la vida verdadera, la vida espiritual ahora y la vida que continúa en la eternidad después; pero también necesaria para el fin temporal, presente, si se ha de procurar según principios verdaderos, auténticos, firmes, capaces de expresarse en gran variedad de formas y leyes, sí, pero no en un pluralismo equívoco y discorde que no consiente una interpretación humanamente concorde dentro de un sistema jurídico lógico. (Pablo VI. Audiencia General, 31 de mayo de 1978) 

Pío XI

La Santa Iglesia forma buenos ciudadanos

Cuanto mayor es la armonía con que el gobierno temporal favorece y promueve el gobierno espiritual, tanto mayor es su aportación a la conservación del Estado. Porque la autoridad eclesiástica, cuando, de acuerdo con su propio fin, procura formar un buen cristiano con el uso legítimo de sus medios espirituales, procura al mismo tiempo, como consecuencia necesaria, formar un buen ciudadano, tal cual debe ser bajo el gobierno político. La razón de este hecho es que en la santa Iglesia católica romana, ciudad de Dios, se identifica completamente el buen ciudadano y el hombre honrado. Por lo cual, yerran gravemente los que separan realidades tan unidas y piensan poder formar buenos ciudadanos con otras normas y con métodos distintos de los que contribuyen a formar el buen cristiano. Diga y hable la prudencia humana cuanto le plazca; es imposible que produzca una verdadera paz o una verdadera tranquilidad temporal todo lo que es contrario a la paz y a la felicidad eterna. (Pío XI. Encíclica Divini illus Magistri, n. 42, 31 de diciembre de 1929) 

Benedicto XV

La Iglesia por su naturaleza une los hombres y la sociedad

Unidas de este modo las naciones según los principios de la ley cristiana, todas las empresas que acometan en pro de la justicia y de la caridad tendrán la adhesión y la colaboración activa de la Iglesia, la cual es ejemplar perfectísimo de sociedad universal y posee, por su misma naturaleza y sus instituciones, una eficacia extraordinaria para unir a los hombres, no sólo en lo concerniente a la eterna salvación de éstos, sino también en todo lo relativo a su felicidad temporal, pues la Iglesia sabe llevar a los hombres a través de los bienes temporales de tal manera que no pierdan los bienes eternos. (Benedicto XV. Encíclica Pacem Dei múnus, n.14, 25 de mayo de 1920) 

Pío X

No hay verdadera civilización sin la Iglesia

No hay verdadera civilización sin civilización moral, y no hay verdadera civilización moral sin la verdadera religión: es una verdad probada, un hecho histórico. (Pío X. Encíclica Notre charge apostolique, n. 31, 23 de agosto de 1910) 

León XIII

La sociedad humana se beneficia de la misión de la Iglesia

Y para que unos tan singulares beneficios [los de la Redención] permanecieran sobre la tierra mientras hubiera hombres, [Cristo] constituyó a la Iglesia en vicaria de su misión y le mandó, mirando al futuro, que, si algo padeciera perturbación en la sociedad humana, lo ordenara; que, si algo estuviere caído, que lo levantara. Mas, aunque esta divina restauración de que hemos hablado toca de una manera principal y directa a los hombres constituidos en el orden sobrenatural de la gracia, sus preciosos y saludables frutos han trascendido, de todos modos, al orden natural ampliamente. (León XII. Encíclica Arcanum divinae sapientiae, n. 1-2, 10 de febrero de 1880) 

La virtud divina de la religión engendró el orden de los Estados

Estos grandes peligros públicos, que están a la vista, nos causan una grave preocupación al ver en peligro casi a todas horas la seguridad de los príncipes, la tranquilidad de los Estados y la salvación de los pueblos. Y, sin embargo, la virtud divina de la religión cristiana engendró los egregios fundamentos de la estabilidad y el orden de los Estados desde el momento en que penetró en las costumbres e instituciones de las ciudades. No es el más pequeño y último fruto de esta virtud el justo y sabio equilibrio de derechos y deberes entre los príncipes y los pueblos. Porque los preceptos y ejemplos de Cristo Señor nuestro poseen una fuerza admirable para contener en su deber tanto a 1os que obedecen como a los que mandan. (León XIII. Encíclica Diuturnum illud, n. 2, 29 de junio de 1881) 

Para gobernar el Estado no existe sistema superior al del Evangelio

Dondequiera que la Iglesia ha penetrado, ha hecho cambiar al punto el estado de las cosas. Ha informado las costumbres con virtudes desconocidas hasta entonces y ha implantado en la sociedad civil una nueva civilización. Los pueblos que recibieron esta civilización superaron a los demás por su equilibrio, por su equidad y por las glorias de su historia. No obstante, una muy antigua y repetida acusación calumniosa afirma que la Iglesia es enemiga del Estado y que es nula su capacidad para promover el bienestar y la gloria que lícita y naturalmente apetece toda sociedad bien constituida. Desde el principio de la Iglesia los cristianos fueron perseguidos con calumnias muy parecidas. Blanco del odio y de la malevolencia, los cristianos eran considerados como enemigos del Imperio. […] La atrocidad de esta calumnia armó y aguzó, no sin motivo, la pluma de San Agustín. En varias de sus obras, especialmente en La ciudad de Dios, demostró con tanta claridad la eficacia de la filosofía cristiana en sus relaciones con el Estado, que no sólo realizó una cabal apología de la cristiandad de su tiempo, sino que obtuvo también un triunfo definitivo sobre las acusaciones falsas. No descansó, sin embargo, la fiebre funesta de estas quejas y falsas recriminaciones. Son muchos los que se han empeñado en buscar la norma constitucional de la vida política al margen de las doctrinas aprobadas por la Iglesia católica. Últimamente, el llamado derecho nuevo, presentado como adquisición de los tiempos modernos y producto de una libertad progresiva, ha comenzado a prevalecer por todas partes. Pero, a pesar de los muchos intentos realizados, la realidad es que no se ha encontrado para constituir y gobernar el Estado un sistema superior al que brota espontáneamente de la doctrina del Evangelio. (León XIII. Carta Encíclica Immortale Dei, n. 1, 1 de noviembre de 1885)

Cuando las leyes de la Iglesia son observadas hay prosperidad y armonía

¿Quién es empero, el que se atreve ya a negar que es la Iglesia la que habiendo difundido el Evangelio entre las naciones, ha hecho brillar la luz de la verdad en medio de los pueblos salvajes, imbuidos de supersticiones vergonzosas, y la que les ha conducido al conocimiento del Divino Autor de todas las cosas y a reflexionar sobre sí mismos; la que habiendo hecho desaparecer la calamidad de la esclavitud, ha vuelto a los hombres a la originaria dignidad de su nobilísima naturaleza; la que, habiendo desplegado en todas partes el estandarte de la Redención, después de haber introducido y protegido las ciencias y las artes, y fundado, poniéndolos bajo su amparo, institutos de caridad destinados al alivio de todas las miserias, se ha cuidado de la cultura del género humano en la sociedad y en la familia, las ha sacado de su miseria, y las ha formado con esmero para un género de vida conforme a las dignidad y a los destinos de su naturaleza? Y si alguno de recta intención, compara esta misma época en que vivimos, tan hostil a la Religión y a la Iglesia de Jesucristo, con aquellos afortunadísimos tiempos en los que la Iglesia era respetada como madre, se quedara convencido de que esta época, llena de perturbación y ruinas, corre en derechura al precipicio; y que al contrario, los tiempos en que más han florecido las mejores instituciones, la tranquilidad y la riqueza y prosperidad públicas, han sido aquellos más sumisos al gobierno de la Iglesia, y en el que mejor se han observado sus leyes. (León XIII. Encíclica Inscrutabili Dei consilio, n. 3, 21 de abril de 1878) 

Pío IX

La sociedad solo disfrutará de paz cuando exista un solo rebaño y un solo pastor

Nos enviamos esta carta nuestra a todos los cristianos de los que estamos separados, a quienes exhortamos ardientemente y suplicamos con insistencia a apresurarse a volver al único redil de Cristo; que deseamos, de hecho, desde el fondo del corazón la salvación en Cristo Jesús, y tememos tener que dar cuenta un día para Él, nuestro juez, si, a través de alguna posibilidad, no hemos señalado y preparado el camino para que ellos alcancen la salvación eterna. […] Y puesto que, si además, cumplimos en la tierra con el cargo del vicario, con todo nuestro corazón esperamos con los brazos abiertos el regreso de los hijos díscolos a la Iglesia Católica, para recibirlos con cariño infinito en la casa de la Celestial Padre y enriquecerlos con sus tesoros inagotables. Es nuestra mayor esperanza el retorno a la verdad y a la comunión con la Iglesia católica, de la cual depende no sólo la salvación de todos ellos, sino sobre todo también de toda la sociedad cristiana: todo el mundo, de hecho, no puede disfrutar de la verdadera paz si no es un solo rebaño y un solo pastor. (Pío IX. Carta Apostólica Iam Vos Omnes, 13 de septiembre de 1868) 

No hay diferencia entre virtud y vicio cuándo hay indiferencia religiosa

Tal es el sistema perverso y opuesto a la luz natural de la razón que propugna la indiferencia en materia de religión, con el cual estos inveterados enemigos de la Religión, quitando todo discrimen entre la virtud y el vicio, entre la verdad y el error, entre la honestidad y vileza, aseguran que en cualquier religión se puede conseguir la salvación eterna, como si alguna vez pudieran entrar en consorcio la justicia con la iniquidad, la luz con las tinieblas, Cristo con Belial. (Pío IX. Encíclica Qui pluribus, n. 9, 9 de noviembre de 1846)

No hay mejor remedio para los males presentes que volverse a la Iglesia Católica

La causa primaria de todos los males, que ahora nos afligen ha de buscarse en los daños hechos a la Religión y a la Iglesia Católica en los tiempos pasados, principalmente desde que aparecieron los protestantes. Ellos ven cómo, por el desprecio creciente de la autoridad de los obispos, por las violaciones cada día más frecuentes y contumaces de los preceptos divinos eclesiásticos, se ha disminuido en la misma proporción el respeto del pueblo por la autoridad civil, y se ha abierto un camino más ancho a los enemigos actuales de la tranquilidad pública y a las sediciones contra la persona que representa la autoridad. […] Ven además, que poco a poco se están empleando contra la autoridad civil las mismas trabas que antes se habían empleado con fraude para entorpecer la acción de los Pastores de la Iglesia, a fin de que no pudiesen ejercer libremente su autoridad. Ven, en fin, que en medio de las grandes calamidades que nos abruman, no hay otro remedio más eficaz ni de más pronto efecto, que el reflorecimiento en toda Italia del esplendor de la Religión y de la Iglesia Católica, en la cual, sin lugar a duda, es fácil encontrar los auxilios más oportunos para toda condición y necesidad de los hombres. (Pío IX. Encíclica nostis et nobiscum, n. 17, 8 de diciembre de 1849) 

Gregorio XVI

No hay nada más dañoso para el estado que la libertad religiosa

Puesto que consta, y una larga experiencia pasada lo ha confirmado, que no hay un camino más expedito para apartar a los pueblos de la fidelidad y obediencia a sus líderes [civiles] que la indiferencia en materia de religión propagada por los sectarios bajo el nombre de la libertad religiosa. (Gregorio XVI. Inter praecipuas, n. 14, 8 de mayo de 1844)

San Agustín

La Iglesia alcanza paz en la tierra con todas las razas y lenguas

Esta ciudad celeste, durante el tiempo de su destierro en este mundo, convoca a ciudadanos de todas las razas y lenguas, reclutando con ellos una sociedad en el exilio, sin preocuparse de su diversidad de costumbres, leyes o estructuras que ellos tengan para conquistar o mantener la paz terrena. Nada les suprime, nada les destruye. Más aún, conserva y favorece todo aquello que, diverso en los diferentes países, se ordena al único y común fin de la paz en la tierra. Sólo pone una condición: que no se pongan obstáculos a la religión por la que —según la enseñanza recibida— debe ser honrado el único y supremo Dios verdadero. (San Agustín. De civitate Dei, XIX, 17)

Una familia o sociedad ordenada por la Iglesia está en perfecto orden

Tú [la Iglesia] ordenas la autoridad de los maridos sobre sus esposas, no para tratar con desprecio al sexo más débil, sino para dominarle según las leyes del más puro y sincero amor. Tú con una, estoy por decir, libre servidumbre sometes los hijos a sus padres y pones a los padres delante de los hijos con dominio de piedad. Tú, con vínculo de religión, más fuerte y más estrecho que el de la sangre, unes a hermanos con hermanos. Tú estrechas con apretado y mutuo lazo de amor a los que el parentesco y afinidad une, respetando en todo los lazos de la naturaleza y de la voluntad. Tú enseñas a los criados la unión con sus señores, no tanto por necesidad de su condición, cuanto por amor del deber. Tú haces que los señores traten con más dulzura a sus criados por respeto a su sumo y común Señor, Dios, y les haces obedecer por persuasión antes que por temor. Tú, no sólo con vínculo de sociedad, sino también de una cierta fraternidad, ligas a ciudadanos con ciudadanos, a naciones con naciones; en una palabra, a todos los hombres con el recuerdo de los primeros padres. (San Agusín. De moribus Ecclesiae catholicae I, 30) 

II – Los principios religiosos definidos no pueden ser considerados como opiniones previas

Juan Pablo II

Para dialogar es necesario permanecer en la coherencia de la fe

Los cristianos de hoy deben ser formados para vivir en un mundo que ampliamente ignora a Dios o que, en materia religiosa, en lugar de un diálogo exigente y fraterno, estimulante para todos, cae muy a menudo en un indiferentismo nivelador, cuando no se queda en una actitud menospreciativa de “suspicacia” en nombre de sus progresos en materia de “explicaciones” científicas. Para “entrar” en este mundo, para ofrecer a todos un “diálogo de salvación” (cf. Pablo VI, Encíclica Ecclesiam suam) donde cada uno se siente respetado en su dignidad fundamental, la de buscador de Dios, tenemos necesidad de una catequesis que enseñe a los jóvenes y a los adultos de nuestras comunidades a permanecer lúcidos y coherentes en su fe, a afirmar serenamente su identidad cristiana y católica, a “ver lo invisible” (cf. He 11, 27) y a adherirse de tal manera al absoluto de Dios que puedan dar testimonio de Él en una civilización materialista que lo niega. (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Catechesi tradendae, n. 57, 16 de octubre 1979)

En el diálogo interreligioso hay que afirmar la verdad con franqueza

De este contexto de convivencia con personas de otras religiones surge para el cristiano un deber especial de dar testimonio de la unidad y universalidad del misterio salvífico de Jesucristo y, consecuentemente, de la necesidad de la Iglesia como instrumento de salvación para toda la humanidad. “Esta verdad de fe no quita nada al hecho de que la Iglesia considera las religiones del mundo con sincero respeto, pero al mismo tiempo excluye esa mentalidad indiferentista marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que ‘una religión es tan buena como otra’”. (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Dominus Iesus) Resulta claro, pues, que el diálogo inter-religioso nunca puede sustituir el anuncio y la propagación de la fe, que son la finalidad prioritaria de la predicación, de la catequesis y de la misión de la Iglesia.
Afirmar con franqueza y sin ambigüedad que la salvación del hombre depende de la redención de Cristo no impide el diálogo con las otras religiones. Además, en la perspectiva de la profesión de la esperanza cristiana no se puede olvidar que precisamente ésta es la que funda el diálogo interreligioso. (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Pastores gregis, n. 68, 16 de octubre de 2003) 

El diálogo interreligioso no es un intercambio de opiniones sobre el proprio credo

No ha faltado quien ha querido interpretar la acción misionera [de la Iglesia] como un intento de imponer a otros las propias convicciones y opciones, en contraste con un determinado espíritu moderno, que se jacta, como si fuera una conquista definitiva, de la absoluta libertad de pensamiento y de conciencia personal. Según esa perspectiva, la actividad evangelizadora debería sustituirse con un diálogo interreligioso, que consistiría en un intercambio de opiniones y de informaciones, con las que cada una de las partes da a conocer el propio credo y se enriquece con el pensamiento de los otros, sin ninguna preocupación por llegar a una conclusión. […] Así se respetaría el camino de salvación que cada uno sigue según la propia educación y tradición religiosa. Pero esta concepción es irreconciliable con el mandato de Cristo a los Apóstoles (cf. Mt 28, 19-20, Mc 16, 15), transmitido a la Iglesia […] [El Concilio] confirmó al mismo tiempo el papel de la Iglesia, en la que es necesario que el hombre entre y persevere, si quiere salvarse (cf. Ad gentes, n. 7). […] Esta doctrina tradicional de la Iglesia pone al descubierto la inconsistencia y la superficialidad de una actitud relativista e irenista acerca del camino de la salvación, en una religión diferente de la fundada en la fe en Cristo. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 1-2, 10 de mayo de 1995) 

No se puede inventar la fe sobre la marcha o a gusto de cada uno

Dos puntos desearía poner particularmente de relieve acerca de la transmisión de la fe. Ante todo hemos de decir que la catequesis responde a unos contenidos objetivos bien determinados. No se puede inventar la fe sobre la marcha o a gusto de cada uno. Hemos de recibirla en y de la comunidad de fe completa, que es la Iglesia a la que el mismo Cristo ha confiado el ministerio de enseñar bajo la guía del Espíritu de Verdad. (Juan Pablo II. Discurso a la comunidad católica hispana de los Estados Unidos y Canadá, n. 4, 13 de septiembre de 1987)

Pablo VI

No podemos compartir las expresiones religiosas no cristianas

Evidentemente no podemos compartir estas variadas expresiones religiosas [judaísmo, religión musulmana y afroasiáticas] ni podemos quedar indiferentes, como si todas, a su modo, fuesen equivalentes y como si autorizasen a sus fieles a no buscar si Dios mismo ha revelado una forma exenta de todo error, perfecta y definitiva, con la que Él quiere ser conocido, amado y servido; al contrario, por deber de lealtad, hemos de manifestar nuestra persuasión de que la verdadera religión es única, y que esa es la religión cristiana; y alimentar la esperanza de que como tal llegue a ser reconocida por todos los que verdaderamente buscan y adoran a Dios. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 40, 6 de agosto de 1964)

Juan XXIII

La catequesis consiste en transmitir el patrimonio de la Iglesia a los demás

La glorificación de hoy [Canonización de Maria Bertila Boscardin] presupone asimismo el estudio del catecismo, que infunde en el alma inocente el amor a la verdadera sabiduría, y lo guarda para las conquistas de la madurez.
Como recordamos a una peregrinación reciente de Bérgamo, “la enseñanza del catecismo es semilla cotidiana en cada parroquia, familia y escuela, que permite a los inocentes afianzarse en el espíritu y la gracia de Cristo, y tiene en honor el patrimonio, que es verdadera y pura esencia del cristianismo perfecto.” (Juan XXIII. Homilía de canonización de Maria Bertila Boscardin, 11 de mayo 1961) 

Pío XI

Es erróneo pensar que todas las religiones son buenas y laudables

Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen [los que quieren introducir el sentimiento de fraternidad universal en la Iglesia] haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. […] Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 2-3, 6 de enero de 1928) 

Pío IX

Sin una instrucción previa el pueblo puede caer en el error

Mas para que esto no sea infructuoso es de todo punto necesario trabajar, a fin de impedir que el pueblo poco instruido en la doctrina cristiana y en la ley de Dios, debilitado por otra parte, por la larga tiranía de los vicios, apenas pueda advertir la gravedad de las emboscadas que se le preparan y la maldad de los errores que se le proponen. Por eso, Venerables Hermanos, pedimos a vuestra pastoral solicitud, no dejéis jamás de aplicar todas vuestras fuerzas a esta obra, a fin de que los fieles, que os están encomendados, sean diligentemente instruidos, según la capacidad de cada uno, en los dogmas y preceptos santísimos de nuestra Religión. (Pío IX. Encíclica Nostis et nobiscum, n. 5, 8 de diciembre de 1849)

León XIII

Evitar trato con los que esconden bajo la máscara de la tolerancia religiosa

Todos deben evitar la familiaridad o amistad con cualquiera que sea sospechoso de pertenecer a la masonería o a grupos afiliados. Conocedlos por sus frutos y evitadlos. Debe evitarse toda familiaridad, no sólo con aquellos impíos libertinos que promueven abiertamente el carácter de la secta, sino también con aquellos que se esconden bajo la máscara de la tolerancia universal, el respeto a todas las religiones, e el deseo de conciliar las máximas del evangelio con las de la revolución. Estos hombres buscan la reconciliación de Cristo y Belial, la Iglesia de Dios y el estado sin Dios. (León XIII. Encíclica Custodi di Quella Fede, n. 15, 8 de diciembre de 1892) 

Gregorio XVI

Los protestantes no ahorraron medios para engañar a los fieles

Pero más tarde se requirió aún más atención cuando los luteranos y calvinistas se atrevieron a oponerse a la doctrina inmutable de la fe con una variedad de errores casi increíble. Ellos no ahorraron medio algunos para engañar a los fieles con las perversas explicaciones de los libros sagrados. (Gregorio XVI. Encíclica Inter praecipuas, n. 4, 8 de mayo de 1844)

Credo “Atanasiano”

La fe católica es condición para la salvación

Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre. (Denzinger-Hünermann 75-76. Símbolo “Quicumque”)

Sagradas Escrituras

No es posible creer si no hay predicación

Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo. Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?, ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie? (Rm 10, 13-14) 

Los que conocen la verdad no necesitan quien les enseñe novedades

En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre, y esta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna. Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. (1 Jn 2, 24-27)


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