135 – El Hijo del hombre, que como una serpiente, hecho pecado, viene elevado para salvarnos. Miremos al Crucifijo: un hombre torturado, un Dios, vaciado de la divinidad, manchado por el pecado

La misión del Papa de enseñar la verdad es inherente a su puesto de guía de la Iglesia. Para él se vuelven todos los bautizados esperando palabras de vida eterna, pues sabemos, por voluntad de Dios, nos habrían de llegar a través del Vicario de Cristo. Por eso, a lo largo de los siglos los Romanos Pontífices se dedicaron con mucho cuidado a la predicación, conscientes de que nadie puede hacerlo con más eficacia, autoridad y bendiciones celestiales que ellos mismos. Para eso incluso se rodearon de los más destacados teólogos de cada época, para poder cumplir la tarea a la perfección con la seguridad doctrinal de estos colaboradores.

En esta función es necesario rigor, pues de los que están llamados a enseñar la verdad se espera… ¡que enseñen la verdad! ¿Alguien sería capaz de imaginarse a San Pedro proclamando doctrinas dudosas en sus famosas predicaciones de los Hechos de los Apóstoles, para después enviar San Marcos con el encargo de aclarar a la asamblea lo que quiso decir en realidad, o sea, que el Jefe de la Iglesia tenía la intención de afirmar una cosa, pero como lo están malinterpretando es más indicado decir que no es esto, sino aquello? Si algo por el estilo apareciera en la narración de San Lucas, a cualquiera le parecería una interpolación apócrifa, por no decir escandalosa a los oídos piadosos, porque nada más lejos de la asistencia del Espíritu Santo que siempre acompaña a los auténticos servidores de la Palabra.

Pues bien, el mundo católico ha quedado muy agredido con la reciente homilía de Francisco, martes de la quinta semana de Cuaresma, en la Casa Santa Marta. Lecturas hermosas, de insuperable profundidad, pero que necesitan adecuada explicación homilética para que los fieles comprendan su sentido de acuerdo con la buena teología. Interpretando el episodio de la serpiente en el desierto de que habla el Libro de los Números (21, 4-9), y más especialmente el hecho de que en la cruz Cristo se hizo pecado por nosotros, Francisco dice que Jesús está manchado por el pecado, y que la serpiente es símbolo de nuestras culpas. Algunos encontraron en sus afirmaciones un magnífico avance en la historia de la hermenéutica bíblica, otros una herejía descarada, y unos terceros, sin comprender exactamente el sentido de sus afirmaciones, todavía se preguntan qué quiso decir exactamente con esa ensalada de conceptos. A la redacción del Denzinger-Bergoglio llegaron numerosos pedidos de aclaraciones al respecto. Fieles a nuestro propósito de presentar el más auténtico Magisterio de la Iglesia, sigamos con atención las enseñanzas de maestros de sana doctrina, y el asunto quedará claro por sí mismo… los juicios, le cabrán a cada uno.

Francisco

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Cita A

En determinado momento Jesús afirma: Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo Soy”. Y “Yo Soy” es también el nombre que Dios había dado de Sí mismo a Moisés para comunicarlo a los israelitas. Y luego está esa expresión que se repite: Levantar al Hijo del hombre… La serpiente es símbolo del pecado; la serpiente que mata. Pero, ¿una serpiente que salva? Ese es el Misterio de Cristo. Pablo, hablando de este Misterio, dice que Jesús se vació a sí mismo, se humilló a sí mismo, se anonadó para salvarnos. Es más fuerte aún: Se hizo pecado. Usando este símbolo, se hizo serpiente. Este es el mensaje profético de las Lecturas de hoy. El Hijo del hombre, que como una serpiente, hecho pecado, viene elevado para salvarnos.
Esta es la historia de nuestra redención, esta es la historia del amor de Dios. Si queremos conocer el amor de Dios, miremos al Crucifijo: un hombre torturado, un Dios, vaciado de la divinidad, manchado por el pecado. Pero un Dios que, anonadándose, destruye para siempre el verdadero nombre del mal, lo que el Apocalipsis llama la serpiente antigua. El pecado es la obra de Satanás y Jesús vence a Satanás haciéndose pecado y desde ahí nos levanta a todos. El Crucifijo no es un adorno, no es una obra de arte, con tantas piedras preciosas como se ven: el Crucifijo es el Misterio del anonadamiento de Dios, por amor. Y aquella serpiente que profetiza en el desierto la salvación: elevada y quien la mira queda curado. Y eso no se hizo con una varita mágica por un Dios que hace las cosas: ¡no! Se hizo con el sufrimiento del Hijo del hombre, ¡con el sufrimiento de Jesucristo! (Homilía en Santa Marta, 15 de marzo de 2016)

Cita B

Podemos decir, afirmó el papa, que “Jesús ‘se ha hecho serpiente’, que Jesús ‘se ha hecho pecado”, y ha tomado sobre sí todas las inmundicias de toda la humanidad, toda la inmundicia del pecado. Y si ‘se ha hecho pecado’, se ha hecho elevar [en la cruz] para que los mirasen todos, los heridos por el pecado, nosotros. Este es el misterio de la cruz, y lo dice S. Pablo: ‘se ha hecho pecado’ y ha tomado la apariencia del pecado, de la astuta serpiente’.
“Pero qué es  la cruz para mí?” pregunta Francisco. “Si, es la señal de los cristianos, es el símbolo de los cristianos, y nosotros hacemos la señal de la cruz, pero no siempre lo hacemos bien, a veces lo hacemos así… porque no tenemos esta fe en la cruz” ha resaltado el papa. La cruz, pues, ha dicho: “para algunas personas tiene una señal de pertenencia: ‘si, yo uso una cruz para hacer ver que soy cristiano’ ”. Y “está bien”, pero “no sólo como distintivo, como si fuese de un equipo de futbol, el distintivo de un equipo”; pero, ha dicho Francisco, “como memoria de aquel que se ha hecho pecado, que se ha hecho diablo, serpiente, por nosotros; se ha rebajado hasta aniquilarse totalmente”. (Homilía en Santa Marta, 4 de abril de 2017)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I ‒ La serpiente en Nm 21, 4-9. ¿Cuál es su verdadero significado? ¿Qué comparación puede ser hecha con Cristo en la Cruz?
II – ¿Cristo se manchó al asumir nuestra naturaleza? Se anonadó, se humilló, pero no se manchó: al contrario, cargó las culpas del género humano para salvarlo
III – Acusar a Cristo de haber pecado es sencillamente una blasfemia
IV – La gravedad del pecado se conoce por la muerte de Cristo en la cruz. El pecado es incompatible con su naturaleza humana y divina


I ‒ La serpiente en Nm 21, 4-9. ¿Cuál es su verdadero significado? ¿Qué comparación puede ser hecha con Cristo en la Cruz?

Teofilacto
-La serpiente de Moisés tenía todas las características del animal pero era privada de veneno; Jesús asumió la naturaleza humana, pero sin el pecado

San Juan Crisóstomo
-Del mismo modo que la serpiente de bronce no tenía veneno, la muerte del Señor estaba libre de pecado

San Agustín de Hipona
-La serpiente de bronce ofrecía vida temporal, Cristo ofrece la vida eterna

Juan Pablo II
-La serpiente de bronce simboliza la victoria de Cristo sobre el pecado

II – ¿Cristo se manchó al asumir nuestra naturaleza? Se anonadó, se humilló, pero no se manchó: al contrario, cargó las culpas del género humano para salvarlo

San Agustín de Hipona
-El que no tiene pecado nos amó hasta sufrir lo que habían merecido nuestros pecados

San Máximo, el Confesor
-Dios se hizo hombre perfecto sin pecado, el cual no es inherente a su naturaleza

Juan Pablo II
-Asumiendo la condición de siervo, Cristo se hizo semejante a los hombres en todo, menos el pecado
-La frase “se hizo pecado por nosotros” expresa la justicia absoluta de Cristo

Benedicto XVI
-Cristo quiso compartir nuestra condición pero no la corrupción del pecado

Santo Tomás de Aquino
-“Se hizo pecado” significa “Se hizo sacrificio por el pecado”
-“Lo hizo pecado”: en semejanza de pecado condenó al pecado
-Cristo hizo que se le tomara por pecador

León I Magno
-Jesús no se manchó por el pecado, sino que elevó las realidades humanas

Honorio I
-Cristo no experimentó contagio alguno de la naturaleza pecadora…

XI Sínodo de Toledo
-…y sin pecado murió en sacrificio por nuestras faltas

Catecismo Romano
-Cristo pagó el pecado que no tenía

Sagradas Escrituras
-Probado en todo, menos en el pecado
-Hecho pecado en favor nuestro
-Jesús no cometió pecado, ni encontraron engaño en su boca

III – Acusar a Cristo de haber pecado es sencillamente una blasfemia

Juan IV
-No hubo ningún pecado en Cristo como deliran algunos herejes

Agaton
-En Cristo la naturaleza divina tiene todo lo que es divino y la humana todo lo que es humano, sin ningún pecado

Santo Tomás de Aquino
-En Cristo no hubo siquiera inclinación para el mal, mucho menos al pecado

Catecismo de la Iglesia Católica
-Jesús no conoció la reprobación como si Él mismo hubiese pecado

Juan Pablo II
-El pecado no es de ninguna manera un enriquecimiento del hombre

Cornelio a Lapide
-Decir que nosotros éramos pecado es locura, decirlo de Cristo es blasfemia

Sagradas Escrituras
-¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado?

IV – La gravedad del pecado se conoce por la muerte de Cristo en la cruz. El pecado es incompatible con su naturaleza humana y divina

Catecismo Romano
-El pecado nos hace reos delante de Dios y por eso Cristo dijo de sí: “Tengo que pagar lo que nunca tomé”

Gregorio I Magno
-El pecado es una herida del alma

Juan Pablo II
-El pecado es una violación de la ley de Dios y un rechazo de su proyecto
-La muerte de Cristo nos hace comprender la gravedad de nuestras ofensas

Catecismo Romano
-Hay guerra viva entre Dios y el pecador

Catecismo Mayor de San Pío X
-La crucifixión debe inspirarnos horror al pecado

Sagradas Escrituras
-Fuimos liberados por el cordero sin defecto y sin mancha


I ‒ La serpiente en Nm 21, 4-9. ¿Cuál es su verdadero significado? ¿Qué comparación puede ser hecha con Cristo en la Cruz?


Teófilo de Antioquía

  • La serpiente de Moisés tenía todas las características del animal pero era privada de veneno; Jesús asumió la naturaleza humana, pero sin el pecado

Véase aquí la figura y la realidad. En el primer caso se lee la semejanza de la serpiente con todas sus cualidades de animal, mas privándola del veneno; en el segundo caso Jesucristo, a pesar de estar libre del pecado, asumió la semejanza de la carne del pecado. Y al oír que era exaltado debe entenderse que quiere decir suspendido en lo alto y para que santificase el aire quien había santificado la tierra andando sobre ella. Entiéndase también por exaltación la gloria; porque aquella elevación en la cruz se convirtió en gloria de Jesucristo. Y en lo mismo que quiso juzgar, juzgó al príncipe de este mundo. Adán murió justamente porque pecó; más el Señor, que había sufrido la muerte injustamente, venció a aquél que le había entregado a la muerte. Y fue vencido porque no pudo obligar al Señor, estando en la cruz, a que aborreciese a los que le crucificaban, sino que más les amaba y rogaba por ellos. De este modo la cruz de Jesucristo se convirtió en su exaltación y en su gloria. (Teofilo citado por Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea in Jn 3, 14-15)

San Juan Crisóstomo

  • Del mismo modo que la serpiente de bronce no tenía veneno, la muerte del Señor estaba libre de pecado

La muerte que mataba contenía pecado, como la serpiente que mordía tenía veneno. En cambio, la muerte del Señor estaba libre de todo pecado, del mismo modo que la serpiente de bronce no tenía veneno. Porque dice la Escritura: El cual no hizo pecado ni se halló dolo en su boca. Es lo que significó Pablo al decir: Y habiendo despojado de sus derechos a los Principados y Potestades, los exhibió públicamente a la vista de todos, formando con ellos un cortejo triunfal. Así como cuando el atleta valeroso toma a su adversario y lo levanta de la tierra y luego lo estrella, es cuando logra la más brillante victoria, así también Cristo, a la vista de todo el orbe echó por tierra a las Potestades adversas; y a los que en la soledad del desierto habían sido heridos. Él, suspendido en la cruz, los libró de todas las fieras. Pero no dijo: Conviene que sea suspendido, sino que sea exaltado, levantado. Es lo que parecía más tolerable en gracia de Nicodemo que lo escuchaba; y lo dijo Cristo acercándose así más a la figura de bronce. (San Juan Crisóstomo. Homilía XXV sobre el Evangelio de San Juan)

San Agustín de Hipona

  • La serpiente de bronce ofrecía vida temporal, Cristo ofrece la vida eterna

¿Qué son las serpientes mordedoras? Los pecados nacidos de la condición mortal de la carne. ¿Qué es la serpiente levantada? La muerte del Señor en la cruz. Efectivamente, porque la muerte viene de la serpiente, fue figurada mediante la efigie de una serpiente. Letal el mordisco de la serpiente; vital la muerte del Señor. Se presta atención a la serpiente, para que la serpiente no tenga fuerza. […] Mientras tanto, hermanos, para ser sanados del pecado, miremos de momento a Cristo crucificado, porque como Moisés, afirma, levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Como quienes miraban la serpiente no perecían por las mordeduras de las serpientes, así también quienes con fe miran la muerte de Cristo son sanados de las mordeduras del pecado. Pero para una vida temporal eran sanados de la muerte aquéllos; éste, en cambio, dice: Para que tengan vida eterna. De hecho, esta diferencia hay entre la imagen figurada y la realidad misma: la figura ofrecía vida temporal; la realidad misma, de la que era la figura, ofrece vida eterna. (San Agustín de Hipona. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, XII, 11)

Juan Pablo II

  • La serpiente de bronce simboliza la victoria de Cristo sobre el pecado

Esta serpiente se convirtió en la figura de Cristo levantado en la cruz. Los exegetas encuentran en ella el anuncio simbólico del hombre, que al contemplar con fe la cruz, queda con vida… y la vida significa victoria sobre el pecado y el estado de gracia en el alma humana. (Juan Pablo II. Homilía, n. 3, 30 de marzo de 1982)


II – ¿Cristo se manchó al asumir nuestra naturaleza? Se anonadó, se humilló, pero no se manchó: al contrario, cargó las culpas del género humano para salvarlo


San Agustín de Hipona

  • El que no tiene pecado nos amó hasta sufrir lo que habían merecido nuestros pecados

Esta Palabra de Dios se hizo carne y acampó entre nosotros. […] Así el inmortal pudo morir, así pudo dar su vida a los mortales; y hará que más tarde tengan parte en su vida aquellos de cuya condición él primero se había hecho partícipe. Pues nosotros, por nuestra naturaleza, no teníamos posibilidad de vivir, ni él, por la suya, posibilidad de morir. Él hizo, pues, con nosotros este admirable intercambio: tomó de nuestra naturaleza la condición mortal, y nos dio de la suya la posibilidad de vivir. Por tanto, no sólo no debemos avergonzarnos de la muerte de nuestro Dios y Señor, sino que hemos de confiar en ella con todas nuestras fuerzas y gloriarnos en ella por encima de todo: pues al tomar de nosotros la muerte, que en nosotros encontró, nos prometió, con toda su fidelidad, que nos daría en sí mismo la vida que nosotros no podemos llegar a poseer por nosotros mismos. Y si aquel que no tiene pecado nos amó hasta tal punto que por nosotros, pecadores, sufrió lo que habían merecido nuestros pecados, ¿cómo, después de habernos justificado, dejará de darnos lo que es justo? Él, que promete con verdad, ¿cómo no va a darnos los premios de los santos, si soportó, sin cometer iniquidad, el castigo que los inicuos le infligieron? Confesemos, por tanto, intrépidamente, hermanos, y declaremos bien a las claras que Cristo fue crucificado por nosotros: y hagámoslo no con miedo, sino con júbilo, no con vergüenza, sino con orgullo. (San Agustín de Hipona. Sermón Güelferbitano 3)

San Máximo, el Confesor

  • Dios se hizo hombre perfecto sin pecado, el cual no es inherente a su naturaleza

Él [el Verbo] se hace niño pequeño y […] se manifiesta en la medida en que sabe que el que le recibe es capaz. Actuando de este modo, no puede tener celos el que espera el brillo de su propia grandeza, porque él capacita y mide la capacidad de estos que desean verle. De este modo el Verbo de Dios se revela siempre a nosotros a la manera que nos conviene y sin embargo vive invisible en todos, por la inmensidad de su misterio. Por esto el Apóstol por excelencia, considerando la fuerza de este misterio, dice con sensatez: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y siempre” (Hb 13, 8); contempla este misterio siempre nuevo que la inteligencia jamás terminará de escrutar… […] Cristo, que es Dios, se hace niño […] Él, que hizo salir de la nada todo que existe. […] Dios se hace hombre perfecto, sin rechazar nada de la naturaleza humana excepto el pecado, que no es inherente a su naturaleza. […] Sólo la fe puede comprender este misterio, pues ella está en el fondo de todo lo que desborda la inteligencia y desafía la expresión. (San Máximo, el Confesor. Capita theologica, 1, 8-13 : PG 90, 1182-1186)

Juan Pablo II

  • Asumiendo la condición de siervo, Cristo se hizo semejante a los hombres en todo, menos el pecado

Así, pues, Jesús se ha hecho verdaderamente semejante a los hombres, asumiendo la condición de siervo, como proclama la Carta a los Filipenses (cf. 2, 7). Pero la Epístola a los Hebreos, al hablar de Él como “Pontífice de los bienes futuros” (9, 11), confirma y precisa que “no es nuestro Pontífice tal que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, antes fue tentado en todo a semejanza nuestra, fuera del pecado” (4, 15). Verdaderamente “no había conocido el pecado”, aunque San Pablo dirá que Dios, “a quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros para que en Él fuéramos justicia de Dios” (2 Cor 5, 21). El mismo Jesús pudo lanzar el desafío: “¿Quién de vosotros me argüirá de pecado?” (Jn 8, 46). Y he aquí la fe de la Iglesia: “Sine peccato conceptus, natus et mortuus”. Lo proclama en armonía con toda la Tradición el Concilio de Florencia (Decreto pro Iacob.: DS 1347): Jesús “fue concebido, nació y murió sin mancha de pecado”. Él es el hombre verdaderamente justo y santo. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 9, 3 de febrero de 1988)

  • La frase “se hizo pecado por nosotros” expresa la justicia absoluta de Cristo

Cristo, en cuanto hombre que sufre realmente y de modo terrible en el Huerto de los Olivos y en el Calvario, se dirige al Padre, a aquel Padre, cuyo amor ha predicado a los hombres, cuya misericordia ha testimoniado con todas sus obras. Pero no le es ahorrado —precisamente a él— el tremendo sufrimiento de la muerte en cruz: “a quien no conoció el pecado, Dios le hizo pecado por nosotros” (2 Cor 5, 21), escribía San Pablo, resumiendo en pocas palabras toda la profundidad del misterio de la cruz y a la vez la dimensión divina de la realidad de la redención. Justamente esta redención es la revelación última y definitiva de la santidad de Dios, que es la plenitud absoluta de la perfección: plenitud de la justicia y del amor, ya que la justicia se funda sobre el amor, mana de él y tiende hacia él. En la pasión y muerte de Cristo —en el hecho de que el Padre no perdonó la vida a su Hijo, sino que lo “hizo pecado por nosotros (2 Cor 5, 21)”— se expresa la justicia absoluta, porque Cristo sufre la pasión y la cruz a causa de los pecados de la humanidad. Esto es incluso una “sobreabundancia” de la justicia, ya que los pecados del hombre son “compensados” por el sacrificio del Hombre-Dios. (Juan Pablo II. Encíclica Dives in misericordia, n. 7, 30 de noviembre de 1980)

Benedicto XVI

  • Cristo quiso compartir nuestra condición pero no la corrupción del pecado

San Pablo nos ha ofrecido una formulación sintética en la Segunda Carta a los Corintios, hoy segunda lectura: “Al que no conocía el pecado, Dios lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él” (2 Co 5, 21). La posibilidad para nosotros del perdón divino depende esencialmente del hecho de que Dios mismo, en la persona de su Hijo, quiso compartir nuestra condición, pero no la corrupción del pecado. (Benedicto XVI. Homilía en el Miércoles de Ceniza, 12 de febrero de 2012)

Nota: Santo Tomás de Aquino ofrece tres razones por las cuales San Pablo dijo que Cristo “se hizo pecado”

Santo Tomás de Aquino

  • “Se hizo pecado” significa “Se hizo sacrificio por el pecado”

La primera, porque según la costumbre del Antiguo Testamento al sacrificio por el pecado se le llama pecado. Comen los pecados de mi pueblo (Os 4, 8), esto es, las oblaciones por los pecados. Y entonces el sentido es éste: lo hizo pecado, esto es, hostia, o bien sacrificio por el pecado. (Santo Tomás de Aquino. Comentario a la Segunda Epístola a los Corintios, 22)

  • “Lo hizo pecado”: en semejanza de pecado condenó al pecado

De otro modo, porque pecado se toma a veces por semejanza del pecado, o bien por pena del pecado. Envió Dios a su Hijo en semejanza de pecado (Rom 8, 8), o sea, que en semejanza de pecado condenó al pecado. Y entonces el sentido es éste: Lo hizo pecado, esto es, hizo que El asumiera la carne mortal y pasible. (Santo Tomás de Aquino. Comentario a la Segunda Epístola a los Corintios, 22)

  • Cristo hizo que se le tomara por pecador

De un tercer modo, porque a veces se dice que una cosa es esto o lo otro, no porque lo sea, sino porque los hombres opinan que así es. Y entonces el sentido es éste: Lo hizo pecado, esto es, hizo que se le tomara por pecador. Ha sido confundido con los facinerosos (Is 53, 12) (Santo Tomás de Aquino. Comentario a la Segunda Epístola a los Corintios, 22)

León I Magno

  • Jesús no se manchó por el pecado, sino que elevó las realidades humanas

“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14), es decir, en aquella carne que tomó del hombre y que el espíritu de la vida racional animó. Quedando, pues, a salvo la propiedad de una y otra naturaleza y uniéndose ambas en una sola persona, […] la naturaleza inviolable se unió a la naturaleza pasible. […] En naturaleza, pues, íntegra y perfecta de verdadero hombre, nació Dios verdadero, entero en lo suyo, entero en lo nuestro […]. Asumió la forma de siervo sin la mancha del pecado, elevando las realidades humanas, no disminuyendo las divinas, ya que aquel despojamiento, por el cual el invisible se ofreció a sí mismo visible…, fue un inclinarse de la misericordia, no una falta de poder. Entra, pues, en estas flaquezas del mundo el Hijo de Dios, bajando de su trono celeste, pero no alejándose de la gloria del Padre. (León I Magno. Denzinger-Hünermann 292-294, Carta Lectis dilectionis tuae, al obispo Flaviano de Constantinopla, 13 de junio de 449)

Honorio I

  • Cristo no experimentó contagio alguno de la naturaleza pecadora…

De ahí que también confesamos una sola voluntad de Nuestro Señor Jesucristo, pues ciertamente fue asumida por la divinidad nuestra naturaleza, no nuestra culpa; aquella “naturaleza” ciertamente que fue creada antes del pecado, no la que quedo viciada después de la prevaricación. Porque Cristo… , sin pecado concebido por obra del Espíritu Santo, sin pecado nació de la santa e inmaculada Virgen Madre de Dios, sin experimentar contagio alguno de la naturaleza viciada. (Denzinger-Hünermann 487. Honorio I, Carta Scripta fraternitatis, al patriarca Sergio de Constantinopla, 634)

XI Sínodo de Toledo

  • …y sin pecado murió en sacrificio por nuestras faltas

En esta forma de hombre asumido, concebido sin pecado según la verdad evangélica, nacido sin pecado, sin pecado es creído que murió el que solo por nosotros “se hizo pecado” (cf. 2 Cor 5, 21), es decir, sacrificio por nuestros pecados. Y sin embargo, salva la divinidad, padeció la pasión misma por nuestras culpas y, condenado a muerte y a cruz, sufrió verdadera muerte de la carne, y también al tercer día, resucitado por su propia virtud, se levantó del sepulcro. (Denzinger-Hünermann 539. XI Sínodo de Toledo, Confesión de fe, 7 de noviembre de 675)

Catecismo Romano

  • Cristo pagó el pecado que no tenía

Por el pecado nos hacemos reos delante de Dios y quedamos sometidos al débito de la pena que hemos de pagar o satisfaciendo o sufriendo. Por esto dijo Cristo de sí mismo por el profeta: “Tengo que pagar lo que nunca tomé” (Ps 68, 5). (Catecismo Romano, II, VI, III, 3)

Sagradas Escrituras

  • Probado en todo, menos en el pecado

No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. (Heb 4, 15)

  • Hecho pecado en favor nuestro

Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él. (2 Cor 5, 21)

  • Jesús no cometió pecado, ni encontraron engaño en su boca

Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca. Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. (1 P 2, 21-24)


III – Acusar a Cristo de haber pecado es sencillamente una blasfemia


Juan IV

  • No hubo ningún pecado en Cristo como deliran algunos herejes

Así pues, uno solo es sin pecado, el mediador de Dios y de los hombres, el hombre Cristo Jesús (1 Tm 2, 5), que fue concebido y nació libre entre los muertos. Así en la obra salvífica de su santa carne, nunca tuvo dos voluntades contrarias, ni se opuso a la voluntad de su mente la voluntad de su carne. De ahí que, sabiendo que ni al nacer ni al vivir hubo en él absolutamente ningún pecado, convenientemente decimos y con toda verdad confesamos una sola voluntad en la humanidad de su santa dispensación, y no predicamos dos contrarias, de la mente y de la carne, como se sabe que deliran algunos herejes, como si fuera un simple hombre. En este sentido, pues,… [el papa Honorio] escribió [a Sergio] que no se dan en el Salvador, es decir, en sus miembros (cf. Rom 7, 23), dos voluntades contrarias, pues ningún vicio contrajo de la prevaricación del primer hombre. (Denzinger-Hünermann 496-497. Juan IV. Carta Dominus qui dixit, al emperador Constantino III, 641)

Agaton

  • En Cristo la naturaleza divina tiene todo lo que es divino y la humana todo lo que es humano, sin ningún pecado

Profesamos asimismo que cada una de sus naturalezas tiene una propia natural peculiaridad: la divina tiene todo lo que es divino y la humana todo lo que es humano, sin ningún pecado. Reconocemos que ambas las naturalezas son del único y mismo Dios Verbo encarnado, es decir, hecho hombre, de una manera inconfusa, inseparable, inmutable, mientras solo la inteligencia distingue lo que está unido. Porque rechazamos del mismo modo la blasfemia de la división y la de la confusión.(Denzinger-Hünermann 543. Agaton, Carta Consideranti mihi, a los emperadores, 27 de marzo de 680)

Santo Tomás de Aquino

  • En Cristo no hubo siquiera inclinación para el mal, mucho menos al pecado

Cristo asumió los defectos humanos para satisfacer por el pecado de la naturaleza humana, para lo que era necesario que su alma poseyese la perfección de la ciencia y de la gracia. Por consiguiente, Cristo debió asumir aquellos defectos derivados del pecado común a toda la naturaleza humana, a condición, sin embargo, de que no fuesen incompatibles con la perfección de la ciencia y de la gracia. Así pues, no fue conveniente que asumiese todos los defectos o flaquezas humanos, pues hay algunos que son incompatibles con la perfección de la ciencia y de la gracia, como son: la ignorancia, la inclinación al mal y la dificultad para el bien. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, III, q. 14, a. 4, sol)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • Jesús no conoció la reprobación como si Él mismo hubiese pecado

Al enviar a su propio Hijo en la condición de esclavo (cf. Flp 2, 7), la de una humanidad caída y destinada a la muerte a causa del pecado (cf. Rom 8, 3), “a quien no conoció pecado, Dios le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él” (2 Co 5, 21).

Jesús no conoció la reprobación como si él mismo hubiese pecado (cf. Jn 8, 46). Pero, en el amor redentor que le unía siempre al Padre (cf. Jn 8, 29), nos asumió desde el alejamiento con relación a Dios por nuestro pecado hasta el punto de poder decir en nuestro nombre en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15, 34; Sal 22,2). Al haberle hecho así solidario con nosotros, pecadores, “Dios no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros” (Rom 8, 32) para que fuéramos “reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (Rom 5, 10). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 602-603)

Juan Pablo II

  • El pecado no es de ninguna manera un enriquecimiento del hombre

Cristo manifiesta plenamente el hombre al propio hombre por el hecho de que Él “no había conocido el pecado”. Puesto que el pecado no es de ninguna manera un enriquecimiento del hombre. Todo lo contrario: lo deprecia, lo disminuye, lo priva de la plenitud que le es propia. La recuperación, la salvación del hombre caído es la respuesta fundamental a la pregunta sobre el porqué de la Encarnación. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 10, 3 de febrero de 1988)

Cornelio a Lapide

  • Decir que nosotros éramos pecado es locura, decirlo de Cristo es blasfemia

“Él no conoció pecado”. Experimentalmente, dice San Tomás, Cristo no conoció pecado, sino por el simple conocimiento Él lo conoció, pero no cometió ninguno. Lo hizo pecado por nosotros. Por nosotros, dice Illirico, que éramos pecado, pues, dice, el pecado es la substancia y la forma del alma. Ahora, decir esto de nosotros es locura, pero decirlo de Cristo es una blasfemia. (Cornelio a Lápide. Comentario al Evangelio de San Juan, c. V)

Sagradas Escrituras

  • ¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado?

¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios. (Jn 8, 46-47)


IV – La gravedad del pecado se conoce por la muerte de Cristo en la cruz. El pecado es incompatible con su naturaleza humana y divina


Catecismo Romano

  • El pecado nos hace reos delante de Dios y por eso Cristo dijo de sí: “Tengo que pagar lo que nunca tomé”

Por el pecado nos hacemos reos delante de Dios y quedamos sometidos al débito de la pena que hemos de pagar o satisfaciendo o sufriendo. Por esto dijo Cristo de sí mismo por el profeta: “Tengo que pagar lo que nunca tomé” (Ps 68, 5). Esto demuestra no sólo que el hombre es deudor, sino también que es un deudor insolvente, incapaz de satisfacer por sí mismo. (Catecismo Romano, II, VI, III, 3)

Gregorio I Magno

  • El pecado es una herida del alma

Pongamos delante de los ojos de nuestra alma a un hombre gravemente herido, casi a punto de exhalar su último suspiro, y que yace desnudo sobre el polvo de la tierra. En su deseo de ver llegar a un médico, gime y pide a aquel que comprende su estado que tenga compasión. Pues bien, el pecado es una herida del alma. Tú que eres éste herido, percátate que delante de ti tienes a tu médico y descúbrele las heridas de tus pecados. (Gregorio I Magno. Exposición sobre los 7 salmos penitenciales, PL 79, 581s)

Juan Pablo II

  • El pecado es una violación de la ley de Dios y un rechazo de su proyecto

El pecado no es una mera cuestión psicológica o social; es un acontecimiento que afecta a la relación con Dios, violando su ley, rechazando su proyecto en la Historia, alterando la escala de valores y “confundiendo las tinieblas con la luz y la luz con las tinieblas”, es decir, “llamando bien al mal y mal al bien” (cf. Is 5, 20). El pecado, antes de ser una posible injusticia contra el hombre, es una traición a Dios. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 3, 8 de mayo de 2002)

  • La muerte de Cristo nos hace comprender la gravedad de nuestras ofensas

La muerte en cruz, penosa y desgarradora, fue también “sacrificio de expiación”, que nos hace comprender tanto la gravedad del pecado, que es rebelión contra Dios y rechazo de su amor, como la maravillosa obra redentora de Cristo, que al expiar por la humanidad nos ha devuelto la gracia, es decir, la participación en la misma vida trinitaria de Dios y la herencia de su felicidad eterna. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 3, 22 de marzo de 1989)

Catecismo Romano

  • Hay guerra viva entre Dios y el pecador

Hay guerra viva entre el Dios ofendido y el pecador. San Pablo dice: “Ira e indignación, tribulación y angustia sobre todo el que hace el mal” (Rom 2, 8-9). Es verdad que el acto del pecado es transitorio; pero la mancha y la culpa que él engendra permanecen, y Dios les va persiguiendo constantemente con su ira, como la sombra sigue al cuerpo. (Catecismo Romano, IV, VI, II)

Catecismo Mayor de San Pío X

  • La crucifixión debe inspirarnos horror al pecado

No era absolutamente necesario que Jesús padeciese tanto, porque el menor de sus padecimientos hubiera sido suficiente para nuestra redención, siendo cualquiera acción suya de valor infinito. Quiso Jesús padecer tanto para satisfacer más copiosamente a la divina justicia, para mostrarnos más su amor y para inspirarnos sumo horror al pecado. (Catecismo Mayor de San Pío X, n. 108-109)

Sagradas Escrituras

  • Fuimos liberados por el cordero sin defecto y sin mancha

Fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo.(1 P 1, 18-19)


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