El Concilio Vaticano I…

…juzga la idea del papel de la mujer en la Iglesia que tiene Francisco

  • En la Iglesia unos enseñan y otros no

La Iglesia de Cristo no es una comunidad de iguales en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que es una sociedad de desiguales, no sólo porque entre los fieles unos son clérigos y otros laicos, sino, de manera especial, porque en la Iglesia reside el poder que viene de Dios, por el que a unos es dado santificar, enseñar y gobernar, y a otros no. (Concilio Vaticano I. Primer esquema de la Constitución Ecclesia Christi, cap. X)

… juzga la idea de “conversión del papado” que tiene Francisco

  • Lo que Cristo instituyó debe por necesidad permanecer

Aquello que Cristo el Señor, príncipe de los pastores y gran pastor de las ovejas, instituyó en el bienaventurado Apóstol Pedro, para la perpetua salvación y perenne bien de la Iglesia, debe por necesidad permanecer para siempre, por obra del mismo Señor, en la Iglesia que, fundada sobre piedra, se mantendrá firme hasta el fin de los tiempos. “Para nadie puede estar en duda, y ciertamente ha sido conocido en todos los siglos, que el santo y muy bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del reino de Nuestro Señor Jesucristo, salvador y redentor del género humano, y que hasta este día y para siempre él vive, preside y juzga en sus sucesores” los obispos de la Santa Sede Romana, fundada por él mismo y consagrada con su sangre. Por lo tanto todo el que sucede a Pedro en esta cátedra obtiene, por la institución del mismo Cristo, el primado de Pedro sobre toda la Iglesia. “De esta manera permanece firme la disposición de la verdad, el bienaventurado Pedro persevera en la fortaleza de piedra que le fue concedida y no abandona el timón de la Iglesia que una vez recibió”. Por esta razón siempre ha sido “necesario para toda Iglesia —es decir para los fieles de todo el mundo— “estar de acuerdo” con la Iglesia Romana “debido a su más poderosa principalidad”, para que en aquella sede, de la cual fluyen a todos “los derechos de la venerable comunión”, estén unidas, como los miembros a la cabeza, en la trabazón de un mismo cuerpo. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. II, 18 de julio de 1870)

  • Se oponen a las Sagradas Escrituras quienes falsifican la forma de gobierno establecida por Cristo

Así pues, enseñamos y declaramos que, de acuerdo al testimonio del Evangelio, un primado de jurisdicción sobre toda la Iglesia de Dios fue inmediata y directamente prometido al bienaventurado Apóstol Pedro y conferido a él por Cristo el Señor. Fue sólo a Simón, a quien ya le había dicho “Tú te llamarás Cefas”, que el Señor, después de su confesión, “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”, dijo estas solemnes palabras: “Bendito eres tú, Simón Bar-Jonás. Porque ni la carne ni la sangre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo, tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra será desatado en el cielo”. Y fue sólo a Simón Pedro que Jesús, después de su resurrección, le confió la jurisdicción de Pastor Supremo y gobernante de todo su redil, diciendo: “Apacienta mis corderos”, “apacienta mis ovejas”. A esta enseñanza tan manifiesta de las Sagradas Escrituras, como siempre ha sido entendido por la Iglesia Católica, se oponen abiertamente las opiniones distorsionadas de quienes falsifican la forma de gobierno que Cristo el Señor estableció en su Iglesia y niegan que solamente Pedro, en preferencia al resto de los apóstoles, tomados singular o colectivamente, fue dotado por Cristo con un verdadero y propio primado de jurisdicción. Lo mismo debe ser dicho de aquellos que afirman que este primado no fue conferido inmediata y directamente al mismo bienaventurado Pedro, sino que lo fue a la Iglesia y que a través de ésta fue transmitido a él como ministro de la misma Iglesia. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. I, 18 de julio 1870)

  • A nadie le es lícito juzgar acerca del juicio del Romano Pontífice

Ya que el Romano Pontífice, por el derecho divino del primado apostólico, preside toda la Iglesia, de la misma manera enseñamos y declaramos que él es el juez supremo de los fieles, y que en todas las causas que caen bajo la jurisdicción eclesiástica se puede recurrir a su juicio. El juicio de la Sede Apostólica (de la cual no hay autoridad más elevada) no está sujeto a revisión de nadie, ni a nadie le es lícito juzgar acerca de su juicio. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. III, 18 de julio 1870)

  • Misión de guardar y exponer el depósito de la fe

El Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. […] Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. IV, 18 de julio 1870)

  • El Romano Pontífice posee la infalibilidad de la que el Redentor quiso que gozara su Iglesia

Adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que: El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el Divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables. De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. IV, 18 de julio 1870)

  • Los infiernos quieren derrocar el fundamento de la Iglesia

[De la institución y fundamento de la Iglesia] El Pastor eterno y guardián de nuestras almas (1 P 2, 25), para convertir en perenne la obra saludable de la redención, decretó edificar la Santa Iglesia en la que, como en casa del Dios vivo, todos los fieles estuvieran unidos por el vínculo de una sola fe y caridad. […] Mas para que el episcopado mismo fuera uno e indiviso y la universal muchedumbre de los creyentes se conservara en la unidad de la fe y de la comunión por medio de los sacerdotes coherentes entre sí; al anteponer al bienaventurado Pedro a los demás Apóstoles, en él instituyó un principio perpetuo de una y otra unidad y un fundamento visible, sobre cuya fortaleza se construyera un templo eterno, y la altura de la Iglesia, que había de alcanzar el cielo, se levantara sobre la firmeza de esta fe. Y puesto que las puertas del infierno, para derrocar, si fuera posible, a la Iglesia, se levantan por doquiera con odio cada día mayor contra su fundamento divinamente asentado; Nos, juzgamos ser necesario para la guarda, incolumidad y alimento de la grey católica, proponer con aprobación del sagrado Concilio, la doctrina sobre la institución, perpetuidad y naturaleza del sagrado primado apostólico —en que estriba la fuerza y solidez de toda la Iglesia— , para que sea creída y mantenida por todos los fieles, según la antigua y constante fe de la Iglesia universal, y a la vez proscribir y condenar los errores contrarios, en tanto grado perniciosos al rebaño del Señor. (Denzinger-Hünermann 3050-3052. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática I sobre la Iglesia de Cristo, sesión IV, 18 de julio de 1870)

  • Condena a los que dicen que el Romano Pontífice no tiene plena potestad de jurisdicción

Así, pues, si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene tan sólo un oficio de supervisión o dirección, y no la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo concerniente a la disciplina y gobierno de la Iglesia dispersa por todo el mundo; o que tiene sólo las principales partes, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata tanto sobre todas y cada una de las Iglesias como sobre todos y cada uno de los pastores y fieles: sea anatema. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, Sesión IV, cap. III, 18 de julio 1870)

  • Para que los fieles se mantuvieran unidos por el vínculo de la misma fe, Jesucristo instituyó Pedro fundamento de su Iglesia

Así, para que el oficio episcopal fuese uno y sin división y para que, por la unión del clero, toda la multitud de creyentes se mantuviese en la unidad de la fe y de la comunión, [Cristo] colocó al bienaventurado Pedro sobre los demás apóstoles e instituyó en él el fundamento visible y el principio perpetuo de ambas unidades, sobre cuya fortaleza se construyera un templo eterno, y la altura de la Iglesia, que habría de alcanzar el cielo, se levantara sobre la firmeza de esta fe. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, 18 de julio 1870)

  • El Papa posee la potestad de jurisdicción, a que están obligados los pastores y fieles

Enseñamos y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A ella están obligados, los pastores y los fieles, de cualquier rito y dignidad, tanto singular como colectivamente, por deber de subordinación jerárquica y verdadera obediencia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo que concierne a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de modo que, guardada la unidad con el Romano Pontífice, tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un sólo rebaño bajo un único Supremo Pastor. Esta es la doctrina de la verdad católica, de la cual nadie puede apartarse de ella sin menoscabo de su fe y su salvación. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. III, 18 de julio 1870)

… juzga la idea de Francisco de que dentro de otros cultos se obtienen beneficios espirituales y se da gloria a Dios

  • No hay paridad entre los católicos y los que siguen una falsa religión

El benignísimo Señor excita y ayuda con su gracia a los errantes, para que puedan “llegar al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2, 4), y a los que trasladó de las tinieblas a su luz admirable (cf. 1 Pe 2, 9; Col 1, 13), los confirma con su gracia para que perseveren en esa misma luz, no abandonándolos, si no es abandonado. Por eso, no es en manera alguna igual la situación de aquellos que por el don celeste de la fe se han adherido a la verdad católica y la de aquellos que, llevados de opiniones humanas, siguen una religión falsa. (Denzinger-Hünermann 3014. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Dei Filius, cap. 3, 24 de abril de 1870)

… juzga la idea de diálogo ecuménico que tiene Francisco

  • La Iglesia recibió el encargo de enseñar y tiene el deber de proscribir el error para que nadie se engañe

Ahora bien, la Iglesia, que recibió juntamente con el cargo apostólico de enseñar, el mandato de custodiar el depósito de la fe, tiene también divinamente el derecho y deber de proscribir la ciencia de falso nombre (1 Tm 6, 20), a fin de que nadie se deje engañar por la filosofía y la vana falacia (cf. Col 2, 8; Can 2). (Denzinger-Hünermann 3018. Concilio Vaticano I, Sesión III, Constitución dogmática sobre la fe católica, cap. 4, 24 de abril de 1870)

… juzga la idea modernista de Francisco de que la fe se construye y no se recibe

  • La fe es creíble por signos externos – La sola experiencia no es suficiente para moverla

Si alguno dijere que la revelación divina no puede hacerse creíble por signos externos y que, por lo tanto, deben los hombres moverse a la fe por sola la experiencia interna de cada uno y por la inspiración privada, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 3033. Concilio Vaticano I, Constitución Dogmática Dei Filius, n. 3)

… juzga la idea de Francisco de que las diferencias entre católicos y protestantes son meramente de interpretación

Ahora bien, esta fe que “es el principio de la humana salvación”, la Iglesia Católica profesa que es una virtud sobrenatural por la que, con inspiración y ayuda de la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por Él ha sido revelado, no por la intrínseca verdad de las cosas, percibida por la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, el cual no puede ni engañarse ni engañarnos. (Denzinger-Hunermann 3008. Concilio Vaticano I, Sesión III, cap. 3, 1869-1870)

… juzga la idea de Francisco de que la dirección espiritual es un carisma de laicos

  • En la Iglesia unos enseñan y otros no

La Iglesia de Cristo no es una comunidad de iguales en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que es una sociedad de desiguales, no sólo porque entre los fieles unos son clérigos y otros laicos, sino, de manera especial, porque en la Iglesia reside el poder que viene de Dios, por el que a unos es dado santificar, enseñar y gobernar, y a otros no. (Concilio Vaticano I. Primer esquema de la Constitución Ecclesia Christi, cap. X)

… juzga la idea de Francisco de que católicos y musulmanes comparten la misma fe

  • La fe es una virtud sobrenatural mediante el cual uno cree en lo revelado por Dios

[De la definición de la fe]. Dependiendo el hombre totalmente de Dios como de su Creador y Señor, y estando la razón humana enteramente sujeta a la Verdad increada; cuando Dios revela, estamos obligados a prestarle por la fe plena obediencia de entendimiento y de voluntad. Ahora bien, esta fe que “es el principio de la humana salvación” (cf. Can. 801), la Iglesia Católica profesa que es una virtud sobrenatural por la que, con inspiración y ayuda de la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por Él ha sido revelado, no por la intrínseca verdad de las cosas, percibida por la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, el cual no puede ni engañarse ni engañarnos. Es, en efecto, la fe, en testimonio del Apóstol, sustancia de las cosas que se esperan, argumento de lo que no aparece (Hech 11, 1). (Denzinger-Hünermann 3008. Concilio Vaticano I, Sesión III, Constitución dogmática sobre la fe católica, cap. III, De la fe, 24 de abril de 1870)

  • Dios se hace conocer a través del universo creado

[Contra los que niegan la teología natural] Si alguno dijere que Dios vivo y verdadero, creador y señor nuestro, no puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana por medio de las cosas que han sido hechas, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 3026. Concilio Vaticano I, Sesión III, Constitución católica sobre la fe católica I, De la revelación, 24 de abril 1870)

… juzga la idea de Francisco de que la buena voluntad suple la Teología

  • Jamás hay que apartarse de los sagrados dogmas so pretexto de mayor conocimiento

Y, en efecto, la doctrina de la fe que Dios ha revelado, no ha sido propuesta como un hallazgo filosófico que deba ser perfeccionado por los ingenios humanos, sino entregada a la Esposa de Cristo como un depósito divino, para ser fielmente guardada e infaliblemente declarada. De ahí que también hay que mantener perpetuamente aquel sentido de los sagrados dogmas que una vez declaró la santa madre Iglesia y jamás hay que apartarse de ese sentido so pretexto y nombre de una más alta inteligencia [Can. 3]. “Crezca, pues, y mucho y poderosamente se adelante en quilates, la inteligencia, ciencia y sabiduría de todos y de cada uno, ora de cada hombre particular, ora de toda la Iglesia universal, de las edades y de los siglos; pero solamente en su propio género, es decir, en el mismo dogma, en el mismo sentido, en la misma sentencia.” (Denzinger-Hünermann 3020. Concilio Vaticano I, Constitución Dei Filius, c. IV, III Sesión, 24 de abril de 1870)

… juzga la idea de Francisco de que católicos y musulmanes adoran al mismo Dios

  • La respuesta a Dios que se revela sólo puede ser la fe

Cuando Dios revela, estamos obligados a prestarle por la fe plena obediencia de entendimiento y de voluntad. Ahora bien, esta fe que es el principio de la humana salvación, la Iglesia católica profesa que es una virtud sobrenatural por la que, con inspiración y ayuda de la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por Él ha sido revelado, no por la intrínseca verdad de las cosas, percibida por la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, el cual no puede ni engañarse ni engañarnos. (Denzinger-Hünermann 3008. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Dei Filius, cap. 3, 24 de abril de 1870)

… juzga la idea de anticlericalismo que tiene Francisco

  • A los clérigos es dado el poder que viene de Dios: santificar, enseñar y gobernar

La Iglesia de Cristo no es una comunidad de iguales en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que es una sociedad de desiguales, no sólo porque entre los fieles unos son clérigos y otros laicos, sino, de manera especial, porque en la Iglesia reside el poder que viene de Dios, por el que a unos es dado santificar, enseñar y gobernar, y a otros no. (Concilio Vaticano I. Primer esquema de la Constitución Ecclesia Christi, cap. X, De ecclesiae potestate)

  • Condena a los que afirman que la Iglesia es una sociedad de iguales

Si alguien dice que la Iglesia ha sido divinamente instituida cómo sociedad de iguales… sea anatema. (Concilio Vaticano I. Primer esquema de la Constitución Ecclesia Christi, can. XI)

… juzga las ideas presentes en la Laudato Sí´

  • El hombre no tiene el mismo fin que los seres irracionales, sino que es ordenado a participar de los bienes divinos y eternos

Dios, por su infinita bondad, ordenó al hombre a un fin sobrenatural, es decir, a participar bienes divinos que sobrepujan totalmente la inteligencia de la mente humana. (Denzinger-Hünermann 3005. Concilio Vaticano I, Constituición dogmática sobre la fe católica)

  • No hay paridad entre aquellos que han adherido a la verdadera fe y los que siguen una falsa religión

El benignísimo Señor excita y ayuda con su gracia a los errantes, para que puedan llegar al conocimiento de la verdad (1 Tm 2, 1 Tm 4), y a los que trasladó de las tinieblas a su luz admirable (1 P 2, 9), los confirma con su gracia para que perseveren en esa misma luz, no abandonándolos, si no es abandonado. Por eso, no es en manera alguna igual la situación de aquellos que por el don celeste de la fe se han adherido a la verdad católica y la de aquellos que, llevados de opiniones humanas, siguen una religión falsa. (Denzinger-Hünermann 3014. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Dei Filius, c. 3, 24 de abril de 1870)

  • Dios es el creador de todo, señor del cielo y de la tierra

[Sobre Dios uno, vivo y verdadero y su distinción de la universidad de las cosas] La Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana cree y confiesa que hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección; el cual, siendo una sola sustancia espiritual, singular, absolutamente simple e inmutable, debe ser predicado como distinto del mundo, real y esencialmente, felicísimo en sí y de sí, e inefablemente excelso por encima de todo lo que fuera de Él mismo existe o puede ser concebido [Can. 1-4]. (Denzinger-Hünermann 3001. Concilio Vaticano I. Constitución dogmática Dei Filius, sobre la fe católica. SESION III, de 24 de abril de 1870)

… juzga la idea de una “Iglesia horizontal” que tiene Francisco

  • Al Papa están subordinados pastores y fieles de cualquier rito y dignidad

Enseñamos, por ende, y declaramos, que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A esta potestad están obligados por el deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia los pastores y fieles de cualquier rito y dignidad, ora cada uno separadamente, ora todos juntamente, no sólo en las materias que atañen a la fe y a las costumbres, sino también en lo que pertenece a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de suerte que, guardada con el Romano Pontífice esta unidad tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un solo rebaño bajo un solo pastor supremo (cf. Jn 10,16). Tal es la doctrina de la verdad católica, de la que nadie puede desviarse sin menoscabo de su fe y salvación. (Denzinger-Hünermann 3060. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, c. 3, 18 de julio de 1870)

  • La potestad episcopal es robustecida por el Pastor supremo y universal

Ahora bien, tan lejos está esta potestad del Sumo Pontífice de dañar a aquella ordinaria e inmediata potestad de jurisdicción episcopal por la que los obispos que, puestos por el Espíritu Santo [cf. Act 20,28], sucedieron a los Apóstoles, apacientan y rigen, como verdaderos pastores, cada uno la grey que le fue designada; que más bien esa misma es afirmada, robustecida y vindicada por el pastor supremo y universal, según aquello de san Gregorio Magno: “Mi honor es el honor de la Iglesia universal. Mi honor es el sólido vigor de mis hermanos. Entonces soy yo verdaderamente honrado, cuando no se niega el honor que a cada uno es debido”. (Denzinger-Hünermann 3061. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, c. 3, 18 de julio de 1870)

  • Trastorna la forma de régimen instituida por Cristo quien se opone al primado de jurisdicción de Pedro

Enseñamos, pues, y declaramos que, según los testimonios del Evangelio, el primado de jurisdicción sobre la Iglesia universal de Dios fue prometido y conferido inmediata y directamente al bienaventurado Pedro por Cristo Nuestro Señor. […] A esta tan manifiesta doctrina de las sagradas Escrituras, como ha sido siempre entendida por la Iglesia católica, se oponen abiertamente las torcidas sentencias de quienes, trastornando la forma de régimen instituida por Cristo Señor en su Iglesia, niegan que sólo Pedro fuera provisto por Cristo del primado de jurisdicción verdadero y propio, sobre los demás Apóstoles, ora aparte cada uno, ora todos juntamente. Igualmente se oponen los que afirman que ese primado no fue otorgado inmediata y directamente al mismo bienaventurado Pedro, sino a la Iglesia, y por medio de ésta a él, como ministro de la misma Iglesia. (Denzinger-Hünermann 3053-3054. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, c. 1, 18 de julio de 1870)

  • Condenación a los que disminuyen la potestad de régimen del Papa

Si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene sólo deber de inspección y dirección, pero no plena y suprema potestad de jurisdicción sobre la Iglesia universal, no sólo en las materias que pertenecen a la fe y a las costumbres, sino también en las de régimen y disciplina de la Iglesia difundida por todo el orbe, o que tiene la parte principal, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata, tanto sobre todas y cada una de las Iglesias, como todos y cada uno de los pastores y de los fieles, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 3064. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, c. 3, 18 de julio de 1870)

… juzga la interpretación del milagro de la multiplicación de los panes y peces que tiene Francisco

  • Los milagros son auxilios externos de la fe

[La fe es conforme a la razón]. Sin embargo, para que el obsequio de nuestra fe fuera conforme a la razón (cf. Rm 12, 1), quiso Dios que a los auxilios internos del Espíritu Santo se juntaran argumentos externos de su revelación, a saber, hechos divinos y, ante todo, los milagros y las profecías que, mostrando de consuno luminosamente la omnipotencia y ciencia infinita de Dios, son signos certísimos y acomodados a la inteligencia de todos, de la revelación divina [Can. 3 y 4]. Por eso, tanto Moisés y los profetas, como sobre todo el mismo Cristo Señor, hicieron y pronunciaron muchos y clarísimos milagros y profecías; y de los Apóstoles leemos: Y ellos marcharon y predicaron por todas partes, cooperando el Señor y confirmando su palabra con los signos que se seguían (Mc 16, 20). (Denzinger-Hünermann 3009. Concilio Vaticano I, sesión III, Constitución Dogmática sobre la Fe, 24 de abril de 1870)

  • El que tiene por fábula o mito los milagros consignados en la Escritura, sea anatema

[De la demostrabilidad de la revelación.] Si alguno dijere que no puede darse ningún milagro y que, por ende, todas las narraciones sobre ellos, aun las contenidas en la Sagrada Escritura, hay que relegarlas entre las fábulas o mitos, o que los milagros no pueden nunca ser conocidos con certeza y que con ellos no se prueba legítimamente el origen divino de la religión cristiana, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 3034. Concilio Vaticano I, Sesión III, Constitución Dogmática sobre la Fe, 24 de abril de 1870)


… juzga la idea de que el Papa no debe juzgar que tiene Francisco

  • El Romano Pontífice es el juez supremo de los fieles

[Del recurso al Romano Pontífice como juez supremo.] Y porque el Romano Pontífice preside la Iglesia universal por el derecho divino del primado apostólico, enseñamos también y declaramos que él es el juez supremo de los fieles [cf. 1500] y que, en todas las causas que pertenecen al fuero eclesiástico, puede recurrirse al juicio del mismo [v. 466]; en cambio, el juicio de la Sede Apostólica, sobre la que no existe autoridad mayor, no puede volverse a discutir por nadie, ni a nadie es lícito juzgar de su juicio [cf. 330ss]. Por ello, se salen fuera de la recta senda de la verdad los que afirman que es lícito apelar de los juicios de los Romanos Pontífices al Concilio Ecuménico, como a autoridad superior a la del Romano Pontífice.
[Canon.] Así, pues, si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene sólo deber de inspección y dirección, pero no plena y suprema potestad de jurisdicción sobre la Iglesia universal, no sólo en las materias que pertenecen a la fe y a las costumbres, sino también en las de régimen y disciplina de la Iglesia difundida por todo el orbe, o que tiene la parte principal, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata, tanto sobre todas y cada una de las Iglesias, como sobre todos y cada uno de los pastores y de los fieles, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 3063-3064. Concilio Vaticano I, Sesión IV, Constitución dogmática I sobre la Iglesia de Cristo, 18 de julio de 1870)

… juzga la idea de laicidad del Estado que tiene Francisco

  • Difundiéndose la impiedad, la verdad se diluye

Nace y se difunde a lo largo y ancho del mundo aquella doctrina del racionalismo o naturalismo ―radicalmente opuesta a la religión cristiana, ya que ésta es de origen sobrenatural―, la cual no ahorra esfuerzos en lograr que Cristo, quien es nuestro único Señor y salvador, sea excluido de las mentes de las personas así como de la vida moral de las naciones y se establezca así el reino de lo que ellos llaman la simple razón o naturaleza. El abandono y rechazo de la religión cristiana, así como la negación de Dios y su Cristo, ha sumergido la mente de muchos en el abismo del panteísmo, materialismo y ateísmo, de modo que están luchando por la negación de la naturaleza racional misma, de toda norma sobre lo correcto y justo, y por la ruina de los fundamentos mismos de la sociedad humana. Con esta impiedad difundiéndose en toda dirección, ha sucedido infelizmente que muchos, incluso entre los hijos de la Iglesia católica, se han extraviado del camino de la piedad auténtica, y como la verdad se ha ido diluyendo gradualmente en ellos, su sentido católico ha sido debilitado. (Concilio Vaticano I. XX ecuménico. Constitución dogmática Filius Dei, sobre la fe católica, 3a. sesión, 24 de abril de 1870)

… juzga la idea de omnipotencia de Dios que que tiene Francisco

  • Dios creó el mundo por su bondad y virtud omnipotente

[Del acto de la creación en sí y en oposición a los errores modernos, y del efecto de la creación]. Este solo verdadero Dios, por su bondad y virtud omnipotente, no para aumentar su bienaventuranza ni para adquirirla, sino para manifestar su perfección por los bienes que reparte a la criatura, con libérrimo designio, ‘juntamente desde el principio del tiempo, creó de la nada a una y otra criatura, la espiritual y la corporal, esto es, la angélica y la mundana, y luego la humana, como común, constituida de espíritu y cuerpo [Conc. Later. IV, V. 428; Can 2 y 5]. (Denzinger-Hünermann, n. 3002, Concilio Vaticano I, XX Ecuménico, Constitución dogmática sobre la fe católica (I) Sesión III, 24 de abril de 1870)

  • Dios conserva y gobierna todo lo que creó

Todo lo que Dios creó, con su providencia lo conserva y gobierna, alcanzando de un confín a otro poderosamente y disponiéndolo todo suavemente (cf. Sap 8, 1). Porque todo está desnudo y patente ante sus ojos [Hebr. 4, 13], aun lo que ha de acontecer por libre acción de las criaturas. (Denzinger-Hünermann, n. 3003, Concilio Vaticano I, XX Ecuménico, Constitución dogmática sobre la fe católica (I) Sesión III, 24 de abril de 1870)

… juzga la idea de que la Iglesia no debe ser un punto de referencia que tiene Francisco

  • Cohibir el erro evita el cisma

Esta Sede de San Pedro permanece siempre intacta de todo error, según la promesa de nuestro divino Salvador hecha al príncipe de sus discípulos: “Yo he rogado por ti, a fin de que no desfallezca tu fe y tú, una vez convertido confirma a tus hermanos” (Lc 22, 32). Así, pues, este carisma de la verdad y de la fe nunca deficiente, fue divinamente conferido a Pedro y a sus sucesores en esta cátedra, para que desempeñaran su excelso cargo para la salvación de todos; para que toda la grey de Cristo, apartada por ellos del pasto venenoso del error, se alimentare con él de la doctrina celeste; para que, quitada la ocasión del cisma, la Iglesia entera se conserve una, y, apoyada en su fundamento, se mantenga firme contra las puertas del infierno. (Denzinger-Hünermann 3070-3071. Concilio Vaticano I. Pastor Aeternus, cap. 4, 18 de julio de 1870)

… juzga la idea del papel de las religiones no cristianas que tiene Francisco

  • No hay paridad entre aquellos que han adherido a la verdadera fe y los que siguen una falsa religión

El benignísimo Señor excita y ayuda con su gracia a los errantes, para que puedan llegar al conocimiento de la verdad (1Tm 2, 1Tm 4), y a los que trasladó de las tinieblas a su luz admirable (1 P 2, 9), los confirma con su gracia para que perseveren en esa misma luz, no abandonándolos, si no es abandonado. Por eso, no es en manera alguna igual la situación de aquellos que por el don celeste de la fe se han adherido a la verdad católica y la de aquellos que, llevados de opiniones humanas, siguen una religión falsa. (Denzinger-Hünermann, 3014. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Dei Filius, Cap. 3, 24 de abril de 1870)

… juzga la idea de esencia de la divinidad que tiene Francisco

  • Dios no es un ente universal o indefinido

  1. [Contra el panteísmo] Si alguno dijere que es una sola y la misma la sustancia o esencia de Dios y la de todas las cosas, sea anatema.
  2. [Contra las formas especiales del panteísmo] Si alguno dijere que las cosas finitas, ora corpóreas, ora espirituales, o por lo menos las espirituales, han emanado de la sustancia divina, o que la divina esencia por manifestación o evolución de sí, se hace todas las cosas, o, finalmente, que Dios es el ente universal o indefinido que, determinándose a sí mismo, constituye la universalidad de las cosas, distinguida en géneros, especies e individuos, sea anatema. (Denzinger-Hünermann, 3023-3024.Concilio Vaticano I. Sesión III. Constitución dogmática Dei Filius sobre la fe católica, 24 de abril de 1870)
  • Dios es distinto de todo y trasciende a todo

[Sobre Dios uno, vivo y verdadero y su distinción de la universidad de las cosas] La Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana cree y confiesa que hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección; el cual, siendo una sola sustancia espiritual, singular, absolutamente simple e inmutable, debe ser predicado como distinto del mundo, real y esencialmente, felicísimo en sí y de sí, einefablemente excelso por encima de todo lo que fuera de Él mismo existe o puede ser concebido [Can. 1-4]. (Denzinger-Hünermann, 3001. Concilio Vaticano I. XX Ecuménico. Sobre la fe y la Iglesia. Sesión III. Constitución dogmática Dei Filius, sobre la fe católica, 24 de abril de 1870)

… juzga la idea de paz que tiene Francisco

  • La Iglesia tiene el deber de proscribir el error para que nadie se deje engañar

Ahora bien, la Iglesia, que recibió juntamente con el cargo apostólico de enseñar, el mandato de custodiar el depósito de la fe, tiene también divinamente el derecho y deber de proscribir la ciencia de falso nombre (1Tm 6, 20), a fin de que nadie se deje engañar por la filosofía y la vana falacia (cf. Col 2, 8; Can 2). (Denzinger-Hünermann 3018. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Dei Filius, sobre la fe católica, 24 de abril de 1870) 

… juzga la idea de enseñar asuntos de moral que tiene Francisco

  • La Iglesia debe custodiar la fe para que nadie se deje engañar

Ahora bien, la Iglesia, que recibió juntamente con el cargo apostólico de enseñar, el mandato de custodiar el depósito de la fe, tiene también divinamente el derecho y deber de proscribir la ciencia de falso nombre (1 Tm 6, 20), a fin de que nadie se deje engañar por la filosofía y la vana falacia (cf. Col 2, 8; Can 2]. (Denzinger-Hünermann, n. 3018. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática “Dei Filius” sobre la fe católica, 24 de abril de 1870) 

… juzga la noción de Verdad que tiene Francisco:

  • Sólo hay un Dios verdadero, luego, sólo hay una Verdad

1. La Iglesia Santa, Católica, Apostólica y Romana cree y confiesa que hay un sólo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección; el cual siendo una sola substancia espiritual, singular, completamente simple e incomunicable, debe ser predicado como distinto del mundo, real y esencialmente, felicísimo en sí y de sí, e inefablemente excelso por encima de todo lo que fuera de Él mismo existe o puede ser concebido [can. 1-4]. (Denzinger-Hünermann 3001: Concilio Vaticano I, Tercera Sesión, 24 de abril de 1870, Constitución Dogmática “Dei Filius“)