El Concilio de Trento…

… juzga la idea de Francisco de que el adulterio realiza en parte el ideal familiar

  • Sea anatema quien niegue que una nueva convivencia después de la separación de cónyuge no sea adulterio

Si alguno dijere que la Iglesia yerra cuando enseñó́ y enseña que, conforme a la doctrina del Evangelio y los Apóstoles (Mc 10; 1 Cor 7), no se puede desatar y que ninguno de los dos, ni siquiera el inocente, que no dio causa para el adulterio, puede contraer nuevo matrimonio mientras viva el otro cónyuge, y que adultera lo después de repudiar al adúltero se casa con otro, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 1807. Concilio de Trento, Sesión XXIV, Doctrina sobre el sacramento del matrimonio, 11 de noviembre 1563)

… juzga la idea herética de Joviniano que defiende Francisco

  • La virginidad o el celibato es mejor y más perfecto que el Matrimonio

Can. X. Si alguno dijere, que el estado conyugal debe preferirse al estado de virginidad o de celibato; y que no es mejor, ni más perfecto permanecer en la virginidad o celibato, que unirse en matrimonio (cf. Mt 19,11 s; 1Co 7,25 s, 1Co 7,38 1Co 7,40); sea excomulgado. (Concilio de Trento. El Sacramento del Matrimonio, sesión XXIV, can. X)

… juzga la idea de Judas que tiene Francisco

  • La contrición es dolor del alma y detestación del pecado cometido

La contrición, que ocupa el primer lugar entre los mencionados actos del penitente, es un dolor del alma y detestación del pecado cometido, con propósito de no pecar en adelante. Ahora bien, este movimiento de contrición fue en todo tiempo necesario para impetrar el perdón de los pecados, y en el hombre caído después del bautismo, solo prepara para la remisión de los pecados si va junto con la confianza en la divina misericordia y con el deseo de cumplir todo lo demás que se requiere para recibir debidamente este sacramento. (Denzinger-Hünermann 1676. Concilio de Trento, Sesión XIV, c. IV, La contrición, 25 de noviembre de 1551)

… juzga la idea de Francisco de no ser necesario decir los pecados en la confesión

  • La Iglesia siempre entendió que la confesión íntegra de los pecados fue instituida por el Señor

De la institución del sacramento de la penitencia ya explicada, entendió siempre la Iglesia universal que fue también instituida por el Señor la confesión integra de los pecados (cf. Sant 5, 16; 1 Jn 1, 9; Lc 5, 14; 17, 14), y que es por derecho divino necesaria a todos los caídos después del bautismo; en efecto, nuestro Señor Jesucristo, estando para subir de la tierra a los cielos, dejo por vicarios suyos a los sacerdotes (cf. Mt 16, 19; 18, 18; Jn 20, 23), como presidentes y jueces, ante quienes se acusen de todos los pecados mortales en que hubieren caído los fieles de Cristo, y quienes por la potestad de las llaves, pronuncien la sentencia de remisión o retención de los pecados. Consta, en efecto, que los sacerdotes no hubieran podido ejercer este juicio sin conocer la causa, ni guardar la equidad en la imposición de las penas, si los fieles declararan sus pecados sólo en general y no en especie y uno por uno. (Denzinger-Hünermann 1675. Concilio de Trento, Sesión XIV, Doctrina sobre el sacramento de la penitencia, cap. 5, 25 de noviembre de 1551)

  • Condena de aquellos que porfían que las partes de la penitencia son los terrores que agitan la conciencia y la fe

Al enseñar esto el santo Concilio acerca de las partes y efecto de este sacramento, juntamente condena las sentencias de aquellos que porfían que las partes de la penitencia son los terrores que agitan la conciencia y la fe. (Denzinger-Hünermann 1675. Concilio de Trento, Sesión XIV, Doctrina sobre el sacramento de la penitencia, cap. 3, 25 de noviembre de 1551)

  • Condena de aquellos que niegan que para la entera y perfecta remisión de los pecados se requieren tres actos en el penitente

Si alguno negare que para la entera y perfecta remisión de los pecados se requieren tres actos en el penitente, a manera de materia del sacramento de la penitencia, a saber: contrición, confesión y satisfacción, que se llaman las tres partes de la penitencia; o dijere que sólo hay dos partes de la penitencia, a saber, los terrores que agitan la conciencia, conocido el pecado, y la fe concebida del Evangelio o de la absolución, por la que uno cree que sus pecados le son perdonados por causa de Cristo, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 1704. Concilio de Trento, Sesión XIV, Doctrina sobre el sacramento de la penitencia, can. 4, 25 de noviembre de 1551)

  • Condena de aquellos que dicen que para la remisión de los pecados no es necesario de derecho divino confesar todos y cada uno de los pecados mortales

Si alguno dijera que para la remisión de los pecados en el sacramento de la penitencia no es necesario de derecho divino confesar todos y cada uno de los pecados mortales de que con debida y diligente premeditación se tenga memoria, aun los ocultos y los que son contra los dos últimos mandamientos del decálogo, y las circunstancias que cambian la especie del pecado; sino que esa confesión sólo es útil para instruir y consolar al penitente y antiguamente sólo se observó para imponer la satisfacción canónica; o dijere que aquellos que se esfuerzan en confesar todos sus pecados, nada quieren dejar a la divina misericordia para ser perdonado; o, en fin, que no es lícito confesar los pecados veniales, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 1707. Concilio de Trento, Sesión XIV, Doctrina sobre el sacramento de la penitencia, can. 7, 25 de noviembre de 1551)

  • Dios no tiene misericordia por los que ocultan sus pecados al sacerdote

Como todos los pecados mortales, aun los de pensamiento, hacen a los hombres “hijos de ira” (Ef 2, 3) y enemigos de Dios, es indispensable pedir también de todos perdón a Dios con clara y verecunda confesión. Así, pues, al esforzarse los fieles por confesar todos los pecados que les vienen a la memoria, sin duda alguna todos los exponen a la divina misericordia, para que les sean perdonados. Mas los que de otro modo obran y se retienen a sabiendas algunos, nada ponen delante a la divina bondad para que les sea remitido por ministerio del sacerdote. Porque si el enfermo se avergüenza de descubrir su llaga al médico, la medicina no cura lo que ignora”. Colígese además que deben también explicar se en la confesión aquellas circunstancias que mudan la especie del pecado, como quiera que sin ellas ni los penitentes expondrían íntegramente sus pecados ni estarían estos patentes a los jueces, y sería imposible que pudieran juzgar rectamente de la gravedad de los crímenes e imponer por ellos a los penitentes la pena que conviene. Mas también es impío decir que es imposible la confesión que así se manda hacer, o llamarla tortura de las conciencias; consta, en efecto, que ninguna otra cosa se exige de los penitentes en la Iglesia, sino que, después de que cada uno se hubiera diligentemente examinado y hubiere explorado todos los ángulos más oscuros de su conciencia, confiese aquellos pecados con que se acuerde haber mortalmente ofendido a su Dios y Señor. […] Ahora bien, la dificultad misma de semejante confesión y la vergüenza de descubrir los pecados, pudiera ciertamente parecer grave, si no estuviera aliviada por tantas y tan grandes ventajas y consuelos que con toda certeza se confieren por la absolución a todos los que dignamente se acercan a este sacramento. (Denzinger-Hünermann 1680-1681. Concilio de Trento, Sesión XIV, Doctrina sobre el sacramento de la penitencia, cap. 5, 25 de noviembre de 1551)

… juzga la idea de “conversión del papado” que tiene Francisco

  • Afirmar que todos gozan de igual potestad espiritual es confundir la jerarquía eclesiástica

Si alguno afirma que todos los cristianos indistintamente son sacerdotes del Nuevo Testamento o que todos están dotados de potestad espiritual igual entre sí, ninguna otra cosa parece hacer sino confundir la jerarquía eclesiástica que es “como un ejército en orden de batalla” (Cant 6, 4), como si, contra la doctrina del bienaventurado Pablo, todos fueran apóstoles, todos profetas, todos evangelistas, todos pastores, todos doctores (cf. 1 Cor 12, 29; Ef 4, 11). (Denzinger-Hünermann 1767. Concilio de Trento, Doctrina sobre el sacramento del orden, c. 4, 15 de julio de 1563)

… juzga la idea de Francisco de que en el confesionario el sacerdote actúa en nombre del Padre

  • Los sacerdotes son los vicarios de Cristo al pronunciar la sentencia de remisión o retención de los pecados

De la institución del sacramento de la penitencia ya explicada, entendió siempre la Iglesia universal que fue también instituida por el Señor la confesión integra de los pecados [cf. Sant 5, 16; 1 Jn 1, 9; Lc 5, 14; 17, 14], y que es por derecho divino necesaria a todos los caídos después del bautismo [can. 7]; en efecto, nuestro Señor Jesucristo, estando para subir de la tierra a los cielos, dejo por vicarios suyos a los sacerdotes [cf. Mt 16, 19; 18, 18; Jn 20, 23], como presidentes y jueces, ante quienes se acusen de todos los pecados mortales en que hubieren caído los fieles de Cristo, y quienes por la potestad de las llaves, pronuncien la sentencia de remisión o retención de los pecados. (Denzinger-Hünermann 1679. Concilio de Trento, Sesión XIV, Doctrina sobre el sacramento de la penitencia, cap. 5, 25 de noviembre de 1551)

  • Hasta los sacerdotes en pecado mortal son ministros de Cristo al remitir los pecados

Enseña también, que aún los sacerdotes que están en pecado mortal, ejercen como ministros de Cristo la función de remitir los pecados por la virtud del Espíritu Santo, conferida en la ordenación, y que sienten equivocadamente quienes pretenden que en los malos sacerdotes no se da esta potestad. (Denzinger-Hünermann 1684. Concilio de Trento, Sesión XIV, Doctrina sobre el sacramento de la penitencia, cap. 6, 25 de noviembre de 1551)

… juzga la idea de Francisco de que dentro de otros cultos se obtienen beneficios espirituales y se da gloria a Dios

  • Sin la gracia de Cristo, el esfuerzo de nada vale al hombre para merecer el cielo

Si alguno dijere que la gracia divina se da por medio de Cristo Jesús sólo a fin de que el hombre pueda más fácilmente vivir justamente y merecer la vida eterna, como si una y otra cosa las pudiera por medio del libre albedrío, sin la gracia, si bien con trabajo y dificultad, sea anatema. Si alguno dijere que los hombres se justifican, sin la justicia de Cristo, por la que nos mereció justificarnos, o que por ella misma formalmente son justos, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 1552.1560. Concilio de Trento, Cánones sobre la justificación, 13 de enero de 1547)

… juzga la idea de gracia que tiene Francisco

  • Por el mérito de la pasión de Cristo, se confiere la gracia que nos hace justos

Más, aun cuando Él murió por todos (2 Cor 5, 15), no todos, sin embargo, reciben el beneficio de su muerte, sino sólo aquellos a quienes se comunica el mérito de su pasión. En efecto, al modo que realmente si los hombres no nacieran propagados de la semilla de Adán, no nacerían injustos, como quiera que por esa propagación por aquél contraen, al ser concebidos, su propia injusticia; así, si no renacieran en Cristo, nunca serían justificados, como quiera que, con ese renacer se les da, por el mérito de la pasión de Aquél, la gracia que los hace justos. Por este beneficio nos exhorta el Apóstol a que demos siempre gracias al Padre, que nos hizo dignos de participar de la suerte de los Santos en la luz (Col 1, 12), y nos sacó del poder de las tinieblas, y nos trasladó al reino del Hijo de su amor, en el que tenemos redención y remisión de los pecados (Col 1,13). (Denzinger-Hünermann 1523. Concilio de Trento, Sesión VI, Decreto sobre la justificación, cap. 3, 13 de enero de 1547)

  • Por cualquier pecado mortal se pierde la gracia

Hay que afirmar también contra los sutiles ingenios de ciertos hombres que “por medio de dulces palabras y lisonjas seducen los corazones de los hombres” (Rom 16, 18), que no solo por la infidelidad, por la que también se pierde la fe, sino por cualquier otro pecado mortal, se pierde la gracia recibida de la justificación, aunque no se pierda la fe. (Denzinger-Hünermann 1544. Concilio de Trento, Sesión VI, cap. XV, Decreto sobre la justificación, 13 de enero de 1547)

… juzga la idea de Francisco de que las diferencias entre católicos y protestantes son meramente de interpretación

  • Sacramento instituido con la finalidad de mantener una unidad sin escisiones

Quiso también que fuera prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad, y juntamente símbolo de aquel solo cuerpo, del que es Él mismo la cabeza (cf. 1 Cor 11, 3; Ef 5, 23) y con el que quiso que nosotros estuviéramos, como miembros, unidos por la más estrecha conexión de la fe, la esperanza y la caridad, a fin de que todos dijéramos una misma cosa y no hubiera entre nosotros escisiones (cf. 1 Cor 1, 10). (Denzinger-Hünermann 1638. Concilio de Trento, Sesión XIII, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551)

… juzga la idea de “Pan de Vida” que tiene Francisco

  • Creamos y veneremos la eucaristía porque Cristo nos dio su carne para comer (Jn 6, 48 ss)

Y, finalmente, con paternal afecto amonesta el santo Concilio, exhorta, ruega y suplica, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios (Lc 1, 78) que todos y cada uno de los que llevan el nombre cristiano convengan y concuerden ya por fin una vez en este “signo de unidad, en este vínculo de la caridad” (San Agustín, In Ioh. trat. 26, 13: PL 35, 1612); en este símbolo de, concordia, y, acordándose de tan grande majestad y de tan eximio amor de Jesucristo nuestro Señor que entregó su propia vida por precio de nuestra salud y nos dio su carne para comer (Jn 6, 48 ss), crean y veneren estos sagrados misterios de su cuerpo y de su sangre con tal constancia y firmeza de fe, con tal devoción de alma, con tal piedad y culto, que puedan recibir frecuentemente aquel pan sobre sustancial (Mt 6,11) y ése sea para ellos vida de su alma y salud perpetua de su mente, con cuya fuerza confortados (1R 19,18), puedan llegar desde el camino de esta mísera peregrinación a la patria celestial, para comer sin velo alguno el mismo pan de los ángeles (Ps 77,25) que ahora comen bajo los velos sagrados. (Denzinger-Hünermann 1649. Concilio de Trento, Sesión XIII, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551)

  • Jesús quiso que este sacramento se tomara como alimento espiritual de las almas

Así, pues, nuestro Salvador, cuando estaba para salir de este mundo al Padre, instituyó este sacramento en el que vino como a derramar las riquezas de su divino amor hacia los hombres, componiendo un memorial de sus maravillas (Sal 110, 4), y mandó que al recibirlo, hiciéramos memoria de Él (1 Cor 11, 24) y anunciáramos su muerte hasta que Él mismo venga a juzgar al mundo (1 Cor 11, 25). Ahora bien, quiso que este sacramento se tomara como espiritual alimento de las almas (Mt 26, 26) por el que se alimenten y fortalezcan (can. 5) los que viven de la vida de Aquel que dijo: “El que me come a mí, también él vivirá por mí” (Jn 6, 58), y como antídoto por el que seamos liberados de las culpas cotidianas y preservados de los pecados mortales. Quiso también que fuera prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad, y juntamente símbolo de aquel solo cuerpo, del que es El mismo la cabeza (1 Co 11, 3, Ep 5, 23) y con el que quiso que nosotros estuviéramos, como miembros, unidos por la más estrecha conexión de la fe, la esperanza y la caridad, a fin de que todos dijéramos una misma cosa y no hubiera entre nosotros escisiones (cf. 1 Cor 1, 10). (Denzinger-Hünermann 1638. Concilio de Trento, Sesión XIII, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551)

… juzga la idea de familias irregulares que tiene Francisco

  • Anatema contra quien niega que una nueva convivencia después de la separación de cónyuge no es adulterio

Si alguno dijere que la Iglesia yerra cuando enseñó y enseña que, conforme a la doctrina del Evangelio y los Apóstoles (Mc 10; 1 Cor 7), no se puede desatar y que ninguno de los dos, ni siquiera el inocente, que no dio causa para el adulterio, puede contraer nuevo matrimonio mientras viva el otro cónyuge, y que adultera lo que después de repudiar al adúltero se casa con otro, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 1807. Concilio de Trento, Sesión XXIV, Doctrina sobre el sacramento del matrimonio, 11 de noviembre de 1563)

… juzga la idea de Francisco de que la buena voluntad suple la Teología

  • Los cristianos no gozan de igual potestad espiritual… a fortiori el Papa

Porque cualquiera que afirmase que todos los cristianos son promiscuamente sacerdotes del Nuevo Testamento, o que todos gozan entre sí de igual potestad espiritual; no haría más que confundir la jerarquía eclesiástica, que es en sí como un ejército ordenado en la campaña; y sería lo mismo que si contra la doctrina del bienaventurado San Pablo, todos fuesen Apóstoles, todos Profetas, todos Evangelistas, todos Pastores y todos Doctores. (Concilio de Trento. Sección XXIII, Doctrina del Sacramento del Orden, cap. IV, 15 de julio de 1563)

… juzga la visión de la Iglesia hacia los divorciados en segunda unión que tiene Francisco

  • Anatema para quien niegue que una nueva convivencia después de la ruptura del vínculo matrimonial no sea adulterio

Si alguno dijere que la Iglesia yerra cuando enseñó y enseña que, conforme a la doctrina del Evangelio y los Apóstoles (cf. Mc 10; 1 Cor 7), no se puede desatar y que ninguno de los dos, ni siquiera el inocente, que no dio causa para el adulterio, puede contraer nuevo matrimonio mientras viva el otro cónyuge, y que adultera lo mismo y que después de repudiar a la adúltera se casa con otra, como la que después de repudiar al adúltero se casa con otro, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 1807. Concilio de Trento, Sesión XXIV, Sobre el sacramento del matrimonio, 11 de noviembre de 1563)

  • Todo el que está en pecado mortal es hijo de la ira y enemigo de Dios

Como todos los pecados mortales, aun los de pensamiento, hacen a los hombres hijos de ira (Ep 2, 3) y enemigos de Dios, es indispensable pedir también de todos perdón a Dios con clara y verecunda confesión. (Denzinger-Hünermann 1680. Concilio de Trento, Sesión XIV, Sobre el sacramento de la penitencia)

… juzga la idea de divorciados para padrinos que tiene Francisco

  • La gracia de la indisolubilidad matrimonial nos la mereció Cristo

El perpetuo e indisoluble lazo del matrimonio, lo proclamó por inspiración del Espíritu divino el primer padre del género humano cuando dijo: Esto sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. […] Que con este vinculo sólo dos se unen y se juntan, lo enseñó más abiertamente Cristo Señor, cuando refiriendo, como pronunciadas por Dios, las últimas palabras, dijo: Así, pues, ya no son dos, sino una sola carne (Mt 19, 6), e inmediatamente la firmeza de este lazo, con tanta anterioridad proclamada por Adán, la confirmó El con estas palabras: Así, pues, lo que Dios unió, el hombre no lo separe (cf. Mc 10, 9). Ahora bien, la gracia que perfeccionara aquel amor natural y confirmara la unidad indisoluble y santificara a los cónyuges, nos la mereció por su pasión el mismo Cristo, instituidor y realizador de los venerables sacramentos. (Denzinger-Hünermann 1797-1799. Concilio de Trento, 24ª sesión, 11 de noviembre de 1563)

  • Herejía, cohabitación molesta o ausencia del cónyuge no anulan en matrimonio

Si alguno dijere que, a causa de herejía o por cohabitación molesta o por culpable ausencia del cónyuge, el vínculo del matrimonio puede disolverse, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 1807. Concilio de Trento, 24ª sesión, can. 5, 11 de noviembre de 1563)

  • Si alguno dijere que la Iglesia yerra cuando enseña la indisolubilidad matrimonial, sea anatema

Si alguno dijere que la Iglesia yerra cuando enseñó y enseña que, conforme a la doctrina del Evangelio y los apóstoles (cf. Mt 5, 32; 19, 9; Mc 10, lis; Lc 16, 18; 1 Cor 7, 1), no se puede desatar el vínculo del matrimonio por razón del adulterio de uno de los cónyuges; y que ninguno de los dos, ni siquiera el inocente, que no dio causa para el adulterio, puede contraer nuevo matrimonio mientras viva el otro cónyuge, y que adultera lo mismo el que, después de repudiar a la adúltera, se casa con otra como la que, después de repudiar al adúltero, se casa con otro, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 1807. Concilio de Trento, 24ª sesión, can. 7, 11 de noviembre de 1563)

  • Las causas matrimoniales están sujetas a los jueces eclesiásticos

Si alguno dijere que las causas matrimoniales no tocan a los jueces eclesiásticos: sea anatema. (Denzinger-Hünermann 1807. Concilio de Trento, 24ª sesión, can.12, 11 de noviembre de 1563)

… juzga las palabras de Francisco en su primera aparición pública

  • Afirmar que los cristianos gozan de igual potestad espiritual es confundir la jerarquía eclesiástica

Si alguno afirma que todos los cristianos indistintamente son sacerdotes del Nuevo Testamento o que todos están dotados de potestad espiritual igual entre sí, ninguna otra cosa parece hacer sino confundir la jerarquía eclesiástica que es “como un ejército en orden de batalla” (Cant 6, 4), como si, contra la doctrina del bienaventurado Pablo, todos fueran apóstoles, todos profetas, todos evangelistas, todos pastores, todos doctores (cf. 1 Cor 12, 29; Ef 4, 11). (Denzinger-Hünermann 1767. Concilio de Trento, Doctrina y cánones sobre el sacramento del orden, c. 4, 15 de julio de 1563)

… juzga la idea de que nuestros pecados nos aproximan de Jesucristo que tiene Francisco

  • La contrición exige el horror al pecado y el propósito de no pecar en adelante

La contrición, que ocupa el primer lugar entre los mencionados actos del penitente, es un dolor del alma y detestación del pecado cometido, con propósito de no pecar en adelante. Ahora bien, este movimiento de contrición fue en todo tiempo necesario para impetrar el perdón de los pecados, y en el hombre caído después del bautismo sólo prepara para la remisión de los pecados si va junto con la confianza en la divina misericordia y con el deseo de cumplir todo lo demás que se requiere para recibir debidamente este sacramento. Declara, pues, el santo Concilio que esta contrición no sólo contiene en sí el cese del pecado y el propósito e iniciación de una nueva vida, sino también el aborrecimiento de la vieja, conforme a aquello: Arrojad de vosotros todas vuestras iniquidades, en que habéis prevaricado y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. (Denzinger-Hünermann 1676. Concilio de Trento, XIV Sesión, 25 de noviembre de 1551)

… juzga la idea de origen de los Salmos que tiene Francisco

  • Nadie sea osado en interpretar la Sagrada Escritura contra el sentir de la Iglesia

Para reprimir los ingenios petulantes, [el Concilio] decreta que nadie, apoyado en su prudencia, sea osado a interpretar la Escritura Sagrada, en materias de fe y costumbres, que pertenecen a la edificación de la doctrina cristiana, retorciendo la misma Sagrada Escritura conforme al propio sentir, contra aquel sentido que sostuvo y sostiene la Santa Madre Iglesia, a quien atañe juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras Santas, o también contra el unánime sentir de los Padres, aun cuando tales interpretaciones no hubieren de salir a luz en tiempo alguno. (Denzinger-Hünermann 1507. Concilio de Trento, Sección IV, 8 de abril de 1546)

… juzga la idea de pecado y misericordia que tiene Francisco

  • Es necesario detestar la ofensa a Dios y emendar la perversidad

En todo tiempo, la penitencia para alcanzar la gracia y la justicia fue ciertamente necesaria a todos los hombres que se hubieran manchado con algún pecado mortal, aun a aquellos que hubieran pedido ser lavados por el sacramento del bautismo, a fin de que, rechazada y emendada la perversidad, detestaran tamaña ofensa de Dios con odio del pecado y dolor de su alma. De ahí que diga el profeta: Convertíos y haced penitencia de todas vuestras iniquidades, y la iniquidad no se convertirá en ruina para vosotros” (Ez 18, 30), Y el Señor dijo también: “Si no hiciereis penitencia, todos pereceréis de la misma manera” (Lc 13, 3). (Denzinger-Hünermann 1669. Concilio de Trento. Sesión XIV, 25 de noviembre de 1551)

  • El imprescindible aborrecimiento de la vida vieja para la verdadera contrición

La contrición, que ocupa el primer lugar entre los mencionados actos del penitente, es un dolor del alma y detestación del pecado cometido, con propósito de no pecar en adelante. Ahora bien, este movimiento de contrición fue en todo tiempo necesario para impetrar el perdón de los pecados, y en el hombre caído después del bautismo, sólo prepara para la remisión de los pecados si va junto con la confianza en la divina misericordia y con el deseo de cumplir todo lo demás que se requiere para recibir debidamente este sacramento. Declara, pues, el santo Concilio que esta contrición no solo contiene en si el cese del pecado y el propósito e iniciación de una nueva vida, sino también el aborrecimiento de la vieja, conforme a aquello: “Arrojad de vosotros todas vuestras iniquidades, en que habéis prevaricado y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ez 18, 31). (Denzinger-Hünermann 1676. Concilio de Trento. Sesión XIV, 25 de noviembre de 1551)

  • Para la obtención del perdón son necesarios grandes llantos y trabajos

Por el sacramento de la penitencia no podemos en manera alguna llegar a esta renovación e integridad sin grandes llantos y trabajos de nuestra parte, por exigirlo así la divina justicia, de suerte que con razón fue definida la penitencia por los santos padres como “cierto bautismo trabajoso”. (Denzinger-Hünermann 1672. Concilio de Trento, Sesión XIV, 25 de noviembre de 1551)

… juzga la idea de Primera Comunión que tiene Francisco

  • En la consagración el Señor se hace presente bajo las especies eucarísticas

Esta fue siempre la fe de la Iglesia de Dios: que inmediatamente después de la consagración está el verdadero cuerpo de nuestro Señor y su verdadera sangre juntamente con su alma y divinidad bajo la apariencia del pan y del vino. […] Por lo cual es de toda verdad que lo mismo se contiene bajo una de las dos especies que bajo ambas especies. Porque Cristo, todo íntegro, está bajo la especie del pan y bajo cualquier parte de la misma especie, y todo igualmente está bajo la especie de vino y bajo las partes de ella. (Denzinger-Hünermann 1640. Concilio de Trento, 13ª sesión, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551)

  • La negación de la verdad de la carne y sangre de Cristo es indignísima infamia

Primeramente enseña el santo Concilio, y abierta y sencillamente confiesa, que en el augusto sacramento de la Eucaristía, después de la consagración del pan y del vino, se contiene verdadera, real y sustancialmente Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo la apariencia de aquellas cosas sensibles. […] Es infamia verdaderamente indignísima que algunos hombres litigiosos y perversos las desvíen a figuras ficticias e imaginarias, por los que se niega la verdad de la carne y sangre de Cristo, contra el universal sentir de la Iglesia, que, como “columna y sostén de la verdad” (1 Tim 3, 15), detesto por satánicas estas invenciones excogitadas por hombres impíos, a la par que reconocía siempre con gratitud y recuerdo este insigne beneficio de Cristo. (Denzinger-Hünermann 1636. Concilio de Trento, 13ª sesión, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551)

  • Sacramento instituido con la finalidad de mantener una unidad sin escisiones

Quiso también que fuera prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad, y juntamente símbolo de aquel solo cuerpo, del que es Él mismo la cabeza (cf. 1 Cor 11, 3; Ef 5, 23) y con el que quiso que nosotros estuviéramos, como miembros, unidos por la más estrecha conexión de la fe, la esperanza y la caridad, a fin de que todos dijéramos una misma cosa y no hubiera entre nosotros escisiones (cf. 1 Cor 1, 10). (Denzinger-Hünermann 1638. Concilio de Trento, 13ª sesión, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551) 

  • Negar la sustancia de la Eucaristía es precipitarse en el estado de excomunión

Si alguno negare que en el santísimo sacramento de la Eucaristía se contienen verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por ende, Cristo entero; sino que dijere que solo está en él como en señal y figura o por su eficacia: sea anatema. […] Si alguno pretendiere enseñar, predicar o pertinazmente afirmar, o también públicamente disputando defender lo contrario, por el mismo hecho quede excomulgado. (Denzinger-Hünermann 1651; 1661.Concilio de Trento, 13ª sesión, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551) 

  • Los fieles están prohibidos de creer, enseñar o predicar acerca de la Eucaristía de modo distinto al proclamado por la Iglesia

El sacrosanto, ecuménico y universal Concilio de Trento […] ya desde el principio tuvo por uno de sus principales deseos arrancar de raíz la cizaña de los execrables errores y cismas que el hombre enemigo sembró (cf. Mt 13, 25) en estos calamitosos tiempos nuestros por encima de la doctrina de la fe, y el uso y culto de la Sacrosanta Eucaristía, la que por otra parte dejó nuestro Salvador en su Iglesia como símbolo de su unidad y caridad, con la que quiso que todos los cristianos estuvieran entre sí unidos y estrechados. Así, pues, el mismo sacrosanto Concilio, al enseñar la sana y sincera doctrina acerca de este venerable y divino sacramento de la Eucaristía que siempre mantuvo y hasta el fin de los siglos conservará la Iglesia católica, enseñada por el mismo Jesucristo Señor nuestro y amaestrada por el Espíritu Santo que de día a día le inspira toda verdad (cf. Jn 14, 26), prohíbe a todos los fieles de Cristo que no sean en adelante osados a creer, enseñar o predicar acerca de la Eucaristía de modo distinto de como en el presente decreto está explicado y definido. (Denzinger-Hünermann 1635. Concilio de Trento, 13ª sesión, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, 11 de octubre de 1551) 

… juzga la idea de ascetismo, silencio y penitencia que tiene Francisco

  • Quien fue perdonado debe crecer en virtud por medio de la mortificación

[Los que fueron] Justificados, pues, de esta manera y hechos amigos y domésticos de Dios (Jn 15, 15; Ep 2, 19), caminando de virtud en virtud (Ps 83, 8), se renuevan (como dice el Apóstol) de día en día (2 Co 4,16); esto es, mortificando los miembros de su carne (Col 3,5) y presentándolos como armas de la justicia (Rm 6,13-19) para la santificación por medio de la observancia de los mandamientos de Dios y de la Iglesia: crecen en la misma justicia, recibida por la gracia de Cristo, cooperando la fe, con las buenas obras (cf. St 2, 22), y se justifican más [can. 24 y 32], conforme está escrito: El que es justo, justifíquese todavía (Ap 22, 11), y otra vez: No te avergüences de justificarte hasta la muerte (Si 18, 22), y de nuevo: Veis que por las obras se justifica el hombre y no sólo por la fe (Sant 2, 24). (Denzinger-Hünermann 1535. Concilio de Trento, sección sexta, Cap. 10, 13 de enero de 1547)

… juzga la idea de Papa que tiene Francisco

  • Afirmar que los cristianos gozan de igual potestad espiritual es confundir la jerarquía eclesiástica

Porque cualquiera que afirmase que todos los cristianos son promiscuamente sacerdotes del Nuevo Testamento, o que todos gozan entre sí de igual potestad espiritual; no haría más que confundir la jerarquía eclesiástica, que es en sí como un ejército ordenado en la campaña; y sería lo mismo que si contra la doctrina del bienaventurado San Pablo, todos fuesen Apóstoles, todos Profetas, todos Evangelistas, todos Pastores y todos Doctores. (Concilio de Trento. Sección XXIII, Doctrina del Sacramento del Orden, cap. IV, De la jerarquía eclesiástica, y de la ordenación, 15 de julio de 1563) 

… juzga la idea de que Dios nunca condena que tiene Francisco

  • La contrición reúne el dolor de alma, la detestación del pecado y el propósito

La contrición, que ocupa el primer lugar entre los mencionados actos del penitente, es un dolor del alma y detestación del pecado cometido, con propósito de no pecar en adelante. Ahora bien, este movimiento de contrición fue en todo tiempo necesario para impetrar el perdón de los pecados, y en el hombre caído después del bautismo sólo prepara para la remisión de los pecados si va junto con la confianza en la divina misericordia y con el deseo de cumplir todo lo demás que se requiere para recibir debidamente este sacramento. (Denzinger-Hünermann, n. 1676. Concilio de Trento. XIV Sección. 25 de noviembre de 1551. Doctrina sobre el sacramento de la Penitencia. Cap. 4. De la contrición) 

  • La satisfacción es un freno para el pecado y estímulo para la vida nueva

Porque no hay duda que estas penas satisfactorias retraen en gran manera del pecado y sujetan como un freno y hacen a los penitentes más cautos y vigilantes para adelante;remedian también las reliquias de los pecados y quitan con las contrarias acciones de las virtudes los malos hábitos contraídos con el mal vivir. Ni realmente se tuvo jamás en la Santa Iglesia de Dios por más seguro camino para apartar el castigo inminente del Señor, que el frecuentar los hombres con verdadero dolor de su alma estas mismas obras de penitencia (Mt 3,28; Mt 4,17; Mt 11,21, etc.). (Denzinger-Hünermann, n. 1690.Concilio de Trento. XIV Sección. 25 de noviembre de 1551. Doctrina sobre el sacramento de la Penitencia. Cap. 8. Necesidad y frutos de la satisfacción)

… juzga la idea de que todos se salvan que tiene Francisco

  • Sólo son justificados aquellos a quienes se comunica el mérito de la Pasión

Mas, aun cuando El murió por todos (2Co 5, 15), no todos, sin embargo, reciben el beneficio de su muerte, sino sólo aquellos a quienes se comunica el mérito de su pasión. En efecto […], si no renacieran en Cristo, nunca serían justificados [Can. 2 y 10], como quiera que, con ese renacer se les da, por el mérito de la pasión de Aquél, la gracia que los hace justos. (Denzinger-Hünermann, 1523. Concilio de Trento, sesión sexta, cap. 3, 13 de enero de 1547: decretos sobre la justificación)

… juzga la idea de filiación divina que tiene Francisco

  • La filiación divina no se puede lograr sin el bautismo

Aunque Jesucristo murió por todos, no todos participan del beneficio de su muerte, sino sólo aquellos a quienes se comunican los méritos de su pasión. […] En las palabras mencionadas se insinúa la descripción de la justificación del pecador: de suerte que es tránsito del estado en que nace el hombre hijo del primer Adán, al estado de gracia y de adopción de los hijos de Dios por el segundo Adán Jesucristo nuestro Salvador. Esta traslación, o tránsito no se puede lograr, después de promulgado el Evangelio, sin el bautismo, o sin el deseo de él; según está escrito: “No puede entrar en el reino de los cielos sino el que haya renacido del agua, y del Espíritu Santo” (Concilio de Trento, cap. II, sesión VI. De los predicadores de la palabra divina, y de los demandantes. Celebrada en 13 de enero de 1547)

… juzga la idea de hacer el bien que que tiene Francisco

  • Sólo son justificados aquellos a quienes se comunica el mérito de la Pasión

Mas, aun cuando El murió por todos (2Co 5,15), no todos, sin embargo, reciben el beneficio de su muerte, sino sólo aquellos a quienes se comunica el mérito de su pasión. En efecto […], si no renacieran en Cristo, nunca serían justificados [Can. 2 y 10], como quiera que, con ese renacer se les da, por el mérito de la pasión de Aquél, la gracia que los hace justos. (Denzinger-Hünermann 1523. Concilio de Trento, sesión sexta, cap. 3, 13 de enero de 1547: decretos sobre la justificación)

  • El hombre no puede merecer la vida eterna sin la gracia

Can. 2. Si alguno dijere que la gracia divina se da por medio de Cristo Jesús sólo a fin de que el hombre pueda más fácilmente vivir justamente y merecer la vida eterna, como si una y otra cosa las pudiera por medio del libre albedrío, sin la gracia, si bien con trabajo y dificultad, sea anatema. […] Can. 10. Si alguno dijere que los hombres se justifican, sin la justicia de Cristo, por la que nos mereció justificarnos, o que por ella misma formalmente son justos, sea anatema. (Denzinger-Hünermann 1552.1560. Concilio de Trento. Cánones sobre la justificación) 

… Juzgan la idea de comunión y divorciados de segunda unión y

acceso a los sacramentos que tiene Francisco

  • Para recibir la Eucaristía es necesario estar en estado de gracia

Ahora bien, la costumbre de la Iglesia declara ser necesaria aquella prueba por la que nadie debe acercarse a la Sagrada Eucaristía con conciencia de pecado mortal, por muy contrito que le parezca estar, sin preceder la confesión sacramental. Lo cual este santo Concilio decretó que perpetuamente debe guardarse aun por parte de aquellos sacerdotes a quienes incumbe celebrar por obligación, a condición de que no les falte facilidad de confesor. Y si, por urgir la necesidad, el sacerdote celebrare sin previa confesión, confiésese cuanto antes [v. 1138 s]. (Denzinger-Hünermann 1647. Concilio de Trento, Sesion XIII, 11 de octubre de 1551) 

  • Está excomulgado quién defiende públicamente que se puede comulgar en pecado

Can. 11. Si alguno dijere que la sola fe es preparación suficiente para recibir el sacramento de la Eucaristía [cf *1646]: sea anatema.
Y para que tan grande sacramento no sea recibido indignamente y, por ende, para muerte y condenación, el mismo santo Concilio establece y declara que aquéllos a quienes grave la conciencia de pecado mortal, por muy contritos que se consideren, deben necesariamente hacer previa confesión sacramental, habida facilidad de confesar.
Mas si alguno pretendiere enseñar, predicar o pertinazmente afirmar, o también públicamente disputando defender lo contrario, por el mismo hecho quede excomulgado [cf. *1647]. (Denzinger-Hünermann 1661. Julio III, Concilio de Trento, 13a sesión, 11 de octubre de 1551. Decreto sobre el Sacramento de la Eucaristía)

… juzga la idea de relectura del Evangelio que tiene Francisco:

  • Sólo la Iglesia puede interpretar válidamente las Escrituras

Además, para reprimir los ingenios petulantes, decreta que nadie, apoyado en su prudencia, sea osado a interpretar la Escritura Sagrada, en materias de fe y costumbres, que pertenecen a la edificación de la doctrina cristiana, retorciendo la misma Sagrada Escritura conforme al propio sentir, contra aquel sentido que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien atañe juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras Santas. (Denzinger-Hünermann 1507. Concilio de Trento, sesión cuarta, 8 de abril de 1546, b. Decreto sobre la edición “Vulgata” de la Biblia y sobre el modo de interpretar la Sagrada Escritura)

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