El Beato Pablo VI…

INICIO DEL PONTIFICADO 21,30.VI.1963 – FIN DEL PONTIFICADO 6.VIII.1978

 … juzga la idea de la Iglesia como una ONG que tiene Francisco

  • La tarea de la Iglesia es la difusión del Evangelio para iluminar los espíritus sobre la verdad e indicar el recto camino a seguir

En el campo social, la Iglesia ha querido realizar siempre una doble tarea: iluminar los espíritus para ayudarlos a descubrir la verdad y distinguir el camino que deben seguir en medio de las diversas doctrinas que los solicitan; y consagrarse a la difusión de la virtud del Evangelio, con el deseo real de servir eficazmente a la humanidad. (Pablo VI. Carta apostólica Octogesima adveniens, n. 48, 14 de mayo de 1971)

  • El primer medio de evangelización es la santidad

Ante todo, […] hay que subrayar esto: para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana, entregada a Dios en una comunión que nada debe interrumpir y a la vez consagrada igualmente al prójimo con un celo sin límites. […] San Pedro lo expresaba bien cuando exhortaba a una vida pura y respetuosa, para que si alguno se muestra rebelde a la palabra, sea ganado por la conducta. Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo, es decir, mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, […] en una palabra de santidad. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 41, 8 de diciembre de 1975)


… juzga la idea de Francisco de que se puede interpretar la verdad en contra del Magisterio infalible

  • El contenido de la fe católica debe permanecer tal cual el Magisterio lo ha recibido y lo transmite

Insistíamos también sobre la grave responsabilidad que nos incumbe, que compartimos con nuestros hermanos en el Episcopado, de guardar inalterable el contenido de la fe católica que el Señor confió a los Apóstoles: traducido en todos los lenguajes, revestido de símbolos propios en cada pueblo, explicitado por expresiones teológicas que tienen en cuenta medios culturales, sociales y también raciales diversos. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 65, 8 de diciembre de 1975)

  • La Iglesia profesa y enseña una doctrina que dimana del propio Dios

El hombre moderno ha aumentado mucho sus conocimientos, pero no siempre la solidez del pensamiento, ni tampoco siempre la certeza de poseer la verdad. En cambio aquí está precisamente el rasgo singular de la enseñanza de la Iglesia. La Iglesia profesa y enseña una doctrina estable y segura. Y a la vez todos debemos recordar que la Iglesia es discípula antes de ser maestra. Enseña una doctrina segura, pero que ella misma ha tenido que aprender antes. La autoridad de la enseñanza de la Iglesia no dimana de su sabiduría propia, ni del control científico y racional de lo que predica a sus fieles; sino del hecho de estar anunciando una palabra que dimana del pensamiento trascendente de Dios. Esta es su fuerza y su luz. ¿Cómo se llama esta transmisión incomparable del pensamiento, de la palabra de Dios? Se llama fe. (Pablo VI. Audiencia general, 2 de agosto de 1978)

  • La Iglesia indica la vía segura para alejarse de doctrinas falsas

Tened la certeza —e infundidla a quienes lo duden— de que la Iglesia, depositaria de un mensaje divino de salvación para todos, el mensaje que le confió Cristo Señor, desea ofrecer sus servicios con viva comprensión de vuestras condiciones ambientales, de vuestros problemas, para indicaros la vía segura que ha de seguirse para encontrar la pacífica solución en Cristo: “Camino, Verdad y Vida” (Io 14, 6), apartándoos de engañosas ilusiones con las que doctrinas falsas y destructoras del recto vivir humano y social, podrían deslumbraros. (Pablo VI. Mensaje a la nación dominicana, 17 de junio de 1965)

  • El que no está arraigado en la fe quiere adaptarse a la concepción profana de la vida

Es menester asegurar en nosotros estas convicciones a fin de evitar otro peligro que el deseo de reforma podría engendrar, no tanto en nosotros, pastores — defendidos por un vivo sentido de responsabilidad —, cuanto en la opinión de muchos fieles que piensan que la reforma de la Iglesia debe consistir principalmente en la adaptación de sus sentimientos y de sus costumbres a las de los mundanos. […] El que no está bien arraigado en la fe y en la práctica de la ley eclesiástica, fácilmente piensa que ha llegado el momento de adaptarse a la concepción profana de la vida, como si ésta fuese la mejor, la que un cristiano puede y debe apropiarse. Este fenómeno de adaptación se manifiesta así en el campo filosófico (¡cuánto puede la moda aun en el reino del pensamiento, que debería ser autónomo y libre y sólo ávido y dócil ante la verdad y la autoridad de reconocidos maestros!) como en el campo práctico, donde cada vez resulta más incierto y difícil señalar la línea de la rectitud moral y de la recta conducta práctica. El naturalismo amenaza vaciar la concepción original del cristianismo; el relativismo, que todo lo justifica y todo lo califica como de igual valor, atenta al carácter absoluto de los principios cristianos; la costumbre de suprimir todo esfuerzo y toda molestia en la práctica ordinaria de la vida, acusa de inutilidad fastidiosa a la disciplina y a la “ascesis” cristiana; más aún, a veces el deseo apostólico de acercarse a los ambientes profanos o de hacerse acoger por los espíritus modernos —de los juveniles especialmente— se traduce en una renuncia a las formas propias de la vida cristiana y a aquel mismo estilo de conducta que debe dar a tal empeño de acercamiento y de influjo educativo su sentido y su vigor. ¿No es acaso verdad que a veces el clero joven, o también algún celoso religioso guiado por la buena intención de penetrar en la masa popular o en grupos particulares, trata de confundirse con ellos en vez de distinguirse, renunciando con inútil mimetismo a la eficacia genuina de su apostolado? (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 18, 6 de agosto de 1964)

  • No se deben introducir artificiosas renovaciones en el diseño constitutivo de la Iglesia

Ante todo, hemos de recordar algunos criterios que nos advierten sobre las orientaciones con que ha de procurarse esta reforma. La cual no puede referirse ni a la concepción esencial, ni a las estructuras fundamentales de la Iglesia Católica. La palabra “reforma” estaría mal empleada, si la usáramos en ese sentido. […] De modo que en este punto, si puede hablarse de reforma, no se debe entender cambio, sino más bien confirmación en el empeño de conservar la fisonomía que Cristo ha dado a su Iglesia, más aún, de querer devolverle siempre su forma perfecta que, por una parte, corresponda a su diseño primitivo y que, por otra, sea reconocida como coherente y aprobada en aquel desarrollo necesario que, como árbol de la semilla, ha dado a la Iglesia, partiendo de aquel diseño, su legítima forma histórica y concreta. No […] nos ilusione el deseo de renovar la estructura de la Iglesia por vía carismática, como si fuese nueva y verdadera aquella expresión eclesial que surgiera de ideas particulares —fervorosas sin duda y tal vez persuadidas de que gozan de la divina inspiración—, introduciendo así arbitrarios sueños de artificiosas renovaciones en el diseño constitutivo de la Iglesia. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 17, 6 de agosto de 1964)

  • El apostolado no puede traducirse en una disminución de la verdad

¿Hasta qué punto debe la Iglesia acomodarse a las circunstancias históricas y locales en que desarrolla su misión? ¿Cómo debe precaverse del peligro de un relativismo que llegue a afectar su fidelidad dogmática y moral? Pero ¿cómo hacerse al mismo tiempo capaz de acercarse a todos para salvarlos a todos, según el ejemplo del Apóstol: Me hago todo para todos, a fin de salvar a todos? […] El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 33, 6 de agosto de 1964)

  • El anuncio de Cristo es único: no admite indiferencia, sincretismo o acomodamientos

Una exhortación en este sentido nos ha parecido de importancia capital, ya que la presentación del mensaje evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios. Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 5, 8 de diciembre de 1975)

  • Las culturas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva

El Evangelio y, por consiguiente, la evangelización no se identifican ciertamente con la cultura y son independientes con respecto a todas las culturas. Sin embargo, el reino que anuncia el Evangelio es vivido por hombres profundamente vinculados a una cultura, y la construcción del reino no puede por menos de tomar los elementos de la cultura y de las culturas humanas. Independientes con respecto a las culturas, Evangelio y evangelización no son necesariamente incompatibles con ellas, sino capaces de impregnarlas a todas sin someterse a ninguna. La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas. De ahí que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas. Estas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva. Pero este encuentro no se llevará a cabo si la Buena Nueva no es proclamada. (Pablo VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, n. 20, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea herética de Joviniano que defiende Francisco

  • El celibato, divino carisma que tiene como motivación el Evangelio y el Reino de los Cielos

Jesús, que escogió los primeros ministros de la salvación y quiso que entrasen en la inteligencia de los misterios del reino de los cielos (Mt 13,11; Mc 4,11; Lc 8,10), cooperadores de Dios con título especialísimo, embajadores suyos (2Cor 5,20), y les llamó amigos y hermanos (Jn 15,15; 20,17), por los cuales se consagró a sí mismo, a fin de que fuesen consagrados en la verdad (Jn 17, 19), prometió una recompensa superabundante a todo el que hubiera abandonado casa, familia, mujer e hijos por el reino de Dios (Lc 18,29-30). Más aún, recomendó también [Decr. Presbyter. ordinis, n. 16], con palabras cargadas de misterio y de expectación, una consagración todavía más perfecta al reino de los cielos por medio de la virginidad, como consecuencia de un don especial (Mt 19,11-12). La respuesta a este divino carisma tiene como motivo el reino de los cielos (Ibíd.. v. 12); e igualmente de este reino, del evangelio (Mc 20,29-30) y del nombre de Cristo (Mt 19,29) toman su motivo las invitaciones de Jesús a las arduas renuncias apostólicas, para una participación más íntima en su suerte. (Pablo VI. Encíclica. Sacerdotalis Caelibatus, n.22, 24 de junio de 1967)

… juzga el papel del sincretismo religioso en la misericordia que tiene Francisco

  • Renovación y reconciliación con Dios son clave para un Año Santo

Renovación y Reconciliación quedan como términos clave, que indican las esperanzas que tenemos puestas en el Año Santo. Pero, como ya dijimos, quedarán sin efecto si no se realiza en nosotros una ruptura (Pablo VI. Alocución del 9 de mayo 1973).

  • Reconciliación con Dios a través de una ruptura con el pecado

Nos encontramos en el tiempo de Cuaresma, tiempo por excelencia de renovación de nosotros mismos en Cristo, de reconciliación con Dios y con nuestros hermanos. A través de una ruptura con el pecado, la injusticia y el egoísmo, nos asociamos a la muerte y resurrección de Cristo. (Pablo VI. Mensaje para la Cuaresma, 2 de marzo de 1974)

… juzga la idea de Francisco de que la Iglesia tiene defectos

  • La Iglesia es santa e irreprensible en sus elementos divinos; en sus elementos humanos, tiene miembros defectibles

Durante el Concilio, la Iglesia, meditando con más profundidad en su misterio, ha examinado su naturaleza en toda su dimensión, y ha escrutado sus elementos humanos y divinos, visibles e invisibles, temporales y eternos. Profundizando, ante todo, en el lazo que la une a Cristo y a su obra salvadora, ha subrayado especialmente que todos sus miembros están llamados a participar en la obra de Cristo, y, consiguientemente, a participar en su expiación; (Lumen gentium, n. 5.8) además, ha tomado conciencia más clara de que, aun siendo por designio de Dios santa e irreprensible, es en sus miembros defectible y está continuamente necesitada de conversión y renovación. (Pablo VI. Constitución apostólica Paenitemini, 17 de febrero de 1966)

  • Miembros pecadores no afectan la santidad de la Iglesia

[La Iglesia] es, pues, santa, aunque abarque en su seno pecadores, porque ella no goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente, si se alimentan de esta vida, se santifican; si se apartan de ella, contraen pecados y manchas del alma que impiden que la santidad de ella se difunda radiante. Por lo que se aflige y hace penitencia por aquellos pecados, teniendo poder de librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo. (Pablo VI. Solemne profesión de fe con motivo del XIX centenario del martirio de los Apóstoles Pedro y Pablo en Roma, n. 19, 30 de junio de 1968)

  • La Iglesia percibe como un deber corregir los defectos de los propios miembros

De esta iluminada y operante conciencia brota un espontáneo deseo de comparar la imagen ideal de la Iglesia —tal como Cristo la vio, la quiso y la amó como Esposa suya santa e inmaculada (Ef 5, 27)— y el rostro real que hoy la Iglesia presenta, fiel, por una parte, con la gracia divina, a las líneas que su divino Fundador le imprimió y que el Espíritu Santo vivificó y desarrolló durante los siglos en forma más amplia y más conforme al concepto inicial, y por otra, a la índole de la humanidad que iba ella evangelizando e incorporando; pero jamás suficientemente perfecto, jamás suficientemente bello, jamás suficientemente santo y luminoso como lo quería aquel divino concepto animador. Brota, por lo tanto, un anhelo generoso y casi impaciente de renovación, es decir, de enmienda de los defectos que denuncia y refleja la conciencia, a modo de examen interior frente el espejo del modelo que Cristo nos dejó de sí. El segundo pensamiento, pues, que ocupa nuestro espíritu y que quisiéramos manifestaros, a fin de encontrar no sólo mayor aliento para emprender las debidas reformas, sino también para hallar en vuestra adhesión el consejo y apoyo en tan delicada y difícil empresa, es el ver cuál es el deber presente de la Iglesia en corregir los defectos de los propios miembros y hacerles tender a mayor perfección y cuál es el método mejor para llegar con prudencia a tan gran renovación. (Pablo VI. Encíclica Eclesiam suam, n.3. 6 de agosto de 1964)

…juzga la idea del papel de la mujer en la Iglesia que tiene Francisco

  • Doctora de la Iglesia no es un título que comporte funciones jerárquicas, sino reconoce que supo confesar la fe que recibió de Dios mediante la Iglesia

Este es, en síntesis, el mensaje que nos da Santa Teresa de Jesús, doctora de la santa Iglesia. Escuchémoslo y hagámoslo nuestro. Debemos añadir dos observaciones que nos parecen importantes. En primer lugar hay que notar que Santa Teresa de Ávila es la primera mujer a quien la Iglesia confiere el título de doctora; y esto no sin recordar las severas palabras de San Pablo: “Las mujeres cállense en las asambleas” (1Cor 14, 34), lo cual quiere decir incluso hoy que la mujer no está destinada a tener en la Iglesia funciones jerárquicas de magisterio y de ministerio. ¿Se habrá violado entonces el precepto apostólico? Podemos responder con claridad: no. Realmente no se trata de un título que comporte funciones jerárquicas de magisterio, pero a la vez debemos señalar que este hecho no supone en ningún modo un menosprecio de la sublime misión de la mujer en el seno del Pueblo de Dios. Por el contrario, ella, al ser incorporada a la Iglesia por el bautismo, participa del sacerdocio común de los fieles, que la capacita y la obliga a “confesar delante de los hombres la fe que recibió de Dios mediante la Iglesia” (Paulo VI. Homilía. Proclamación de Santa Teresa de Jesús como doctora de la Iglesia, 27 de septiembre de 1970)

… juzga la idea de Francisco de que el anuncio del Evangelio se hace sin acentos doctrinales ni morales

  • Hay sistemas morales basados en la errónea convicción de que es sólo por la fe y la gracia somos salvados

El Evangelio no es, en absoluto, un código de fácil cumplimiento: exige esfuerzo y fidelidad. Aquí se podrían analizar los sistemas morales que renuncian el esfuerzo personal para obtener la salvación, en la errónea convicción de que es sólo por la fe y la gracia que tenemos la suerte de ser salvos, sin una positiva y sistemática disciplina moral, como si la fe y la gracia, dones de Dios, verdaderas causas de la salvación, no exigiesen una respuesta, una coherencia, una cooperación libre y responsable de nosotros, ya sea como condición de cooperar en la obra salvadora de Dios en nosotros, sea también como consecuencia del renacimiento llevado a cabo por su misericordiosa acción sobrenatural. (Pablo VI. Audiencia general, 7 de julio de 1971)

… juzga el modo de reformar la Iglesia que defiende Francisco

  • Reforma no es cambio de la forma perfecta de la Iglesia

Ante todo, hemos de recordar algunos criterios que nos advierten sobre las orientaciones con que ha de procurarse esta reforma. La cual no puede referirse ni a la concepción esencial, ni a las estructuras fundamentales de la Iglesia Católica. La palabra “reforma” estaría mal empleada, si la usáramos en ese sentido. […] De modo que en este punto, si puede hablarse de reforma, no se debe entender cambio, sino más bien confirmación en el empeño de conservar la fisonomía que Cristo ha dado a su Iglesia, más aún, de querer devolverle siempre su forma perfecta que, por una parte, corresponda a su diseño primitivo y que, por otra, sea reconocida como coherente y aprobada en aquel desarrollo necesario que, como árbol de la semilla, ha dado a la Iglesia, partiendo de aquel diseño, su legítima forma histórica y concreta. No […] nos ilusione el deseo de renovar la estructura de la Iglesia por vía carismática, como si fuese nueva y verdadera aquella expresión eclesial que surgiera de ideas particulares —fervorosas sin duda y tal vez persuadidas de que gozan de la divina inspiración—, introduciendo así arbitrarios sueños de artificiosas renovaciones en el diseño constitutivo de la Iglesia. Hemos de servir a la Iglesia, tal como es, y debemos amarla con sentido inteligente de la Historia y buscando humildemente la voluntad de Dios, que asiste y guía a la Iglesia, aunque permite que la debilidad humana obscurezca algo la pureza de sus líneas y la belleza de su acción. Esta pureza y esta belleza son las que estamos buscando y queremos promover. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 17, 6 de agosto de 1964)

  • El apostolado no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe

¿Hasta qué punto debe la Iglesia acomodarse a las circunstancias históricas y locales en que desarrolla su misión? ¿Cómo debe precaverse del peligro de un relativismo que llegue a afectar su fidelidad dogmática y moral? Pero ¿cómo hacerse al mismo tiempo capaz de acercarse a todos para salvarlos a todos, según el ejemplo del Apóstol: Me hago todo para todos, a fin de salvar a todos? […] El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 33, 6 de agosto de 1964)

  • El que no está arraigado en la fe quiere adaptarse a la concepción profana de la vida

Es menester asegurar en nosotros estas convicciones a fin de evitar otro peligro que el deseo de reforma podría engendrar, no tanto en nosotros, pastores — defendidos por un vivo sentido de responsabilidad —, cuanto en la opinión de muchos fieles que piensan que la reforma de la Iglesia debe consistir principalmente en la adaptación de sus sentimientos y de sus costumbres a las de los mundanos. […] El que no está bien arraigado en la fe y en la práctica de la ley eclesiástica, fácilmente piensa que ha llegado el momento de adaptarse a la concepción profana de la vida, como si ésta fuese la mejor, la que un cristiano puede y debe apropiarse. Este fenómeno de adaptación se manifiesta así en el campo filosófico (¡cuánto puede la moda aun en el reino del pensamiento, que debería ser autónomo y libre y sólo ávido y dócil ante la verdad y la autoridad de reconocidos maestros!) como en el campo práctico, donde cada vez resulta más incierto y difícil señalar la línea de la rectitud moral y de la recta conducta práctica. El naturalismo amenaza vaciar la concepción original del cristianismo; el relativismo, que todo lo justifica y todo lo califica como de igual valor, atenta al carácter absoluto de los principios cristianos; la costumbre de suprimir todo esfuerzo y toda molestia en la práctica ordinaria de la vida, acusa de inutilidad fastidiosa a la disciplina y a la “ascesis” cristiana; más aún, a veces el deseo apostólico de acercarse a los ambientes profanos o de hacerse acoger por los espíritus modernos —de los juveniles especialmente— se traduce en una renuncia a las formas propias de la vida cristiana y a aquel mismo estilo de conducta que debe dar a tal empeño de acercamiento y de influjo educativo su sentido y su vigor. ¿No es acaso verdad que a veces el clero joven, o también algún celoso religioso guiado por la buena intención de penetrar en la masa popular o en grupos particulares, trata de confundirse con ellos en vez de distinguirse, renunciando con inútil mimetismo a la eficacia genuina de su apostolado? (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 18, 6 de agosto de 1964)

  • La Iglesia volverá a su juventud obedeciendo a Cristo

La Iglesia volverá a hallar su renaciente juventud, no tanto cambiando sus leyes exteriores cuanto poniendo interiormente su espíritu en actitud de obedecer a Cristo, y, por consiguiente, de guardar las leyes que ella, en el intento de seguir el camino de Cristo, se prescribe a sí misma: he ahí el secreto de su renovación, esa es su metanoia, ese su ejercicio de perfección. Aunque la observancia de la norma eclesiástica pueda hacerse más fácil por la simplificación de algún precepto y por la confianza concedida a la libertad del cristiano de hoy, más conocedor de sus deberes y más maduro y más prudente en la elección del modo de cumplirlos, la norma, sin embargo, permanece en su esencial exigencia: la vida cristiana, que la Iglesia va interpretando y codificando en prudentes disposiciones, exigirá siempre fidelidad, empeño, mortificación y sacrificio; estará siempre marcada por el “camino estrecho” del que nos habla nuestro Señor. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 20, 6 de agosto de 1964)

  • La evangelización pierde su significado si se desvía del eje religioso

No hay por qué ocultar, en efecto, que muchos cristianos generosos, sensibles a las cuestiones dramáticas que lleva consigo el problema de la liberación, al querer comprometer a la Iglesia en el esfuerzo de liberación han sentido con frecuencia la tentación de reducir su misión a las dimensiones de un proyecto puramente temporal; de reducir sus objetivos, a una perspectiva antropocéntrica; la salvación, de la cual ella es mensajera y sacramento, a un bienestar material; su actividad —olvidando toda preocupación espiritual y religiosa— a iniciativas de orden político o social. Si esto fuera así, la Iglesia perdería su significación más profunda. Su mensaje de liberación no tendría ninguna originalidad y se prestaría a ser acaparado y manipulado por los sistemas ideológicos y los partidos políticos. No tendría autoridad para anunciar, de parte de Dios, la liberación. Por eso quisimos subrayar en la misma alocución de la apertura del Sínodo “la necesidad de reafirmar claramente la finalidad específicamente religiosa de la evangelización. Esta última perdería su razón de ser si se desviara del eje religioso que la dirige: ante todo el reino de Dios, en su sentido plenamente teológico”. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 32, 8 de diciembre de 1975)

  • La Iglesia rechaza la substitución del anuncio del reino por la proclamación de las liberaciones humanas

Acerca de la liberación que la evangelización anuncia y se esfuerza por poner en práctica, más bien hay que decir: no puede reducirse a la simple y estrecha dimensión económica, política, social o cultural, sino que debe abarcar al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida su apertura al Absoluto, que es Dios; va por tanto unida a una cierta concepción del hombre, a un antropología que no puede nunca sacrificarse a las exigencias de una estrategia cualquiera, de una praxis o de un éxito a corto plazo. Por eso, al predicar la liberación y al asociarse a aquellos que actúan y sufren por ella, la Iglesia no admite el circunscribir su misión al solo terreno religioso, desinteresándose de los problemas temporales del hombre; sino que reafirma la primacía de su vocación espiritual, rechaza la substitución del anuncio del reino por la proclamación de las liberaciones humanas, y proclama también que su contribución a la liberación no sería completa si descuidara anunciar la salvación en Jesucristo. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 33-34, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de Francisco de renunciar a la propia cultura en beneficio de los refugiados

  • San Agustín fue un marco en la historia: de él derivan las corrientes de pensamiento de los siglos posteriores

Se puede afirmar que todo el pensamiento de la antigüedad confluye en su obra y que de ella derivan corrientes de pensamiento que empapan toda la tradición doctrinal de los siglos posteriores» (Pablo VI. Discurso a los religiosos de la Orden de San Agustín con ocasión de la inauguración del Instituto Patrístico “Augustinianum”, 4 mayo 1970: AAS 62, 1970, p.426)

  • En el diálogo hay que cuidar para no dejarse contagiar por los errores de los demás

El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 33, 6 de agosto de 1964)

  • El anuncio de Cristo es único: no admite indiferencia, sincretismo o acomodamientos

Una exhortación en este sentido nos ha parecido de importancia capital, ya que la presentación del mensaje evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios. Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 5, 8 de diciembre de 1975)

  • La Iglesia siempre estuvo vinculada a la evangelización

Quien lee en el Nuevo Testamento los orígenes de la Iglesia y sigue paso a paso su historia, quien la ve vivir y actuar, se da cuenta de que ella está vinculada a la evangelización de la manera más íntima: La Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesús y de los Doce. Es un fruto normal, deseado, el más inmediato y el más visible “Id pues, enseñad a todas las gentes” (Mt 28, 19). “Ellos recibieron la gracia y se bautizaron, siendo incorporadas (a la Iglesia) aquel día unas tres mil personas… Cada día el Señor iba incorporando a los que habían de ser salvos” (Hch 2, 41-47). Nacida, por consiguiente, de la misión de Jesucristo, la Iglesia es a su vez enviada por Él. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 15, 8 de diciembre de 1975)

  • El anuncio del Evangelio es un deber congénito al patrimonio recibido de Cristo

Si verdaderamente la Iglesia, como decíamos, tiene conciencia de lo que el Señor quiere que ella sea, surge en ella una singular plenitud y una necesidad de efusión, con la clara advertencia de una misión que la trasciende y de un anuncio que debe difundir. Es el deber de la evangelización. Es el mandato misionero. Es el ministerio apostólico. […] Cierto es que hemos de guardar el tesoro de verdad y de gracia que la tradición cristiana nos ha legado en herencia; más aún: tendremos que defenderlo […]. El deber congénito al patrimonio recibido de Cristo es la difusión, es el ofrecimiento, es el anuncio, bien lo sabemos: Id, pues, enseñad a todas las gentes(43) es el supremo mandato de Cristo a sus Apóstoles. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 26, 6 de agosto de 1964)

… juzga la idea que tiene Francisco de dialogar con el mundo

  • Reducir la misión de la Iglesia a un proyecto puramente temporal es perder su significación más profunda

No hay por qué ocultar, en efecto, que muchos cristianos generosos, sensibles a las cuestiones dramáticas que lleva consigo el problema de la liberación, al querer comprometer a la Iglesia en el esfuerzo de liberación han sentido con frecuencia la tentación de reducir su misión a las dimensiones de un proyecto puramente temporal; de reducir sus objetivos, a una perspectiva antropocéntrica; la salvación, de la cual ella es mensajera y sacramento, a un bienestar material; su actividad —olvidando toda preocupación espiritual y religiosa— a iniciativas de orden político o social. Si esto fuera así, la Iglesia perdería su significación más profunda. Su mensaje de liberación no tendría ninguna originalidad y se prestaría a ser acaparado y manipulado por los sistemas ideológicos y los partidos políticos. No tendría autoridad para anunciar, de parte de Dios, la liberación. Por eso quisimos subrayar en la misma alocución de la apertura del Sínodo “la necesidad de reafirmar claramente la finalidad específicamente religiosa de la evangelización. Esta última perdería su razón de ser si se desviara del eje religioso que la dirige: ante todo el reino de Dios, en su sentido plenamente teológico”. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 32, 8 de diciembre de 1975)

  • La finalidad de la evangelización es el cambio interior del hombre y la transformación de su vida según el Evangelio

Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5; cf. 2 Cor 5, 17; Gal 6, 15). Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo (cf. Rom 6, 4) y de la vida según el Evangelio (cf. Ef 4, 23-24; Col 3, 9-10). La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del mensaje que proclama (cf. Rom 1, 16; 1 Cor 1, 18; 2, 4), trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 18, 8 de diciembre de 1975)

  • La evangelización no puede reducirse a la simple y estrecha dimensión económica, política, social o cultural, sino que debe abarcar al hombre entero

Acerca de la liberación que la evangelización anuncia y se esfuerza por poner en práctica, más bien hay que decir: no puede reducirse a la simple y estrecha dimensión económica, política, social o cultural, sino que debe abarcar al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida su apertura al Absoluto, que es Dios; va por tanto unida a una cierta concepción del hombre, a un antropología que no puede nunca sacrificarse a las exigencias de una estrategia cualquiera, de una praxis o de un éxito a corto plazo. Por eso, al predicar la liberación y al asociarse a aquellos que actúan y sufren por ella, la Iglesia no admite el circunscribir su misión al solo terreno religioso, desinteresándose de los problemas temporales del hombre; sino que reafirma la primacía de su vocación espiritual, rechaza la substitución del anuncio del reino por la proclamación de las liberaciones humanas, y proclama también que su contribución a la liberación no sería completa si descuidara anunciar la salvación en Jesucristo. (Pablo VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, n. 33-34, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de Francisco de que dentro de otros cultos se obtienen beneficios espirituales y se da gloria a Dios

  • La alegría verdadera sólo es posible si la fe es íntegra

Alegría común, verdaderamente sobrenatural, don del Espíritu de unidad y de amor, y que no es posible de verdad sino donde la predicación de la fe es acogida íntegramente, según la norma apostólica. […] La alegría de ser cristiano, vinculado a la Iglesia “en Cristo”, en estado de gracia con Dios, es verdaderamente capaz de colmar el corazón humano. (Pablo VI. Exhortación apostólica Gaudete in Domino, 9 de mayo de 1975, n. 68. 72)

… juzga la idea de diálogo ecuménico que tiene Francisco

  • La Iglesia no puede renegar de sí misma: su fundamento es ser según la mente de Cristo, conservada en la Escritura y en la Tradición

Todos saben por igual que la humanidad en este tiempo está en vía de grandes transformaciones, trastornos y desarrollos que cambian profundamente no sólo sus formas exteriores de vida, sino también sus modos de pensar. Su pensamiento, su cultura, su espíritu se han modificado íntimamente, ya por el progreso científico, técnico y social, ya por las corrientes del pensamiento filosófico y político que la invaden y atraviesan. Todo ello, como las olas de un mar, envuelve y sacude a la Iglesia misma; los espíritus de los hombres que a ella se confían están fuertemente influidos por el clima del mundo temporal; de tal manera que un peligro como de vértigo, de aturdimiento, de extravío, puede sacudir su misma solidez e inducir a muchos a aceptar los más extraños pensamientos, como si la Iglesia tuviera que renegar de sí misma y abrazar novísimas e impensadas formas de vida. […] Ahora bien; creemos que para inmunizarse contra tal peligro, siempre inminente y múltiple, que procede de muchas partes, el remedio bueno y obvio es el profundizar en la conciencia de la Iglesia, sobre lo que ella es verdaderamente, según la mente de Cristo conservada en la Escritura y en la Tradición, e interpretada y desarrollada por la genuina enseñanza eclesiástica, la cual está, como sabemos, iluminada y guiada por el Espíritu Santo. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 8, 6 de agosto de 1964)

  • Evangelizar es proclamar la Buena Nueva en todos los ambientes de la humanidad a fin de cambiar interiormente a los hombres y su vida

Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5; cf. 2 Cor 5, 17; Gal 6, 15). Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo (cf. Rom 6, 4) y de la vida según el Evangelio (cf. Ef 4, 23-24; Col 3, 9-10). La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del mensaje que proclama (cf. Rom 1, 16; 1 Cor 1, 18; 2, 4), trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos.(Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 18, 8 de diciembre de 1975)

  • El mensaje de Cristo es la verdad y no admite indiferencia, sincretismo, ni acomodaciones

Una exhortación en este sentido nos ha parecido de importancia capital, ya que la presentación del mensaje evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios. Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 5, 8 de diciembre de 1975)

  • No podemos compartir variadas expresiones religiosas o quedar indiferentes, como si todas fuesen equivalentes

Evidentemente no podemos compartir estas variadas expresiones religiosas [judaísmo, religión musulmana y afroasiáticas] ni podemos quedar indiferentes, como si todas, a su modo, fuesen equivalentes y como si autorizasen a sus fieles a no buscar si Dios mismo ha revelado una forma exenta de todo error, perfecta y definitiva, con la que Él quiere ser conocido, amado y servido; al contrario, por deber de lealtad, hemos de manifestar nuestra persuasión de que la verdadera religión es única, y que esa es la religión cristiana; y alimentar la esperanza de que como tal llegue a ser reconocida por todos los que verdaderamente buscan y adoran a Dios. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 40, 6 de agosto de 1964)

  • El diálogo: ni una debilidad frente al deber con la fe, ni atenuación de la verdad, ni compromiso ambiguo de los principios de pensamiento y acción

Pero subsiste el peligro. El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 33, 6 de agosto de 1964)

… juzga la idea de Francisco de que Dios no condena nunca

  • Metanoia: transformación profunda de la mente

Este reino y esta salvación […], cada uno los consigue mediante un total cambio interior, que el Evangelio designa con el nombre de metanoia, una conversión radical, una transformación profunda de la mente y del corazón. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 10, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de Francisco de que las diferencias entre católicos y protestantes son meramente de interpretación

  • El mensaje de Cristo es la verdad y no admite indiferencia o sincretismo

Una exhortación en este sentido nos ha parecido de importancia capital, ya que la presentación del mensaje evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios. Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 5, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de anunciar el Evangelio que tiene Francisco

  • El Evangelio es palabra de verdad, que no puede ser alterada para agradar a los hombres

El Evangelio que nos ha sido encomendado es también palabra de verdad. Una verdad que hace libres y que es la única que procura la paz del corazón; esto es lo que la gente va buscando cuando le anunciamos la Buena Nueva. La verdad acerca de Dios, la verdad acerca del hombre y de su misterioso destino, la verdad acerca del mundo. Verdad difícil que buscamos en la Palabra de Dios y de la cual nosotros no somos, lo repetimos una vez más, ni los dueños, ni los árbitros, sino los depositarios, los herederos, los servidores. De todo evangelizador se espera que posea el culto a la verdad, puesto que la verdad que él profundiza y comunica no es otra que la verdad revelada y, por tanto, más que ninguna otra, forma parte de la verdad primera que es el mismo Dios. El predicador del Evangelio será aquel que, aun a costa de renuncias y sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás. No vende ni disimula jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar. No rechaza nunca la verdad. No obscurece la verdad revelada por pereza de buscarla, por comodidad, por miedo. No deja de estudiarla. La sirve generosamente sin avasallarla. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 78, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de pastor que tiene Francisco

  • No buscar justificaciones para conceder a las malas inclinaciones

Aplíquese el sacerdote en primer lugar a cultivar con todo el amor que la gracia le inspira su intimidad con Cristo, explorando su inagotable y santificador misterio; adquiera un sentido cada vez más profundo del misterio de la Iglesia, fuera del cual su estado de vida correría el riesgo de aparecerle sin consistencia e incongruente. […] Justamente celoso de la propia e íntegra donación al Señor, sepa el sacerdote defenderse de aquellas inclinaciones del sentimiento que ponen en juego una afectividad no suficientemente iluminada y guiada por el espíritu, y guárdese bien de buscar justificaciones espirituales y apostólicas a las que, en realidad, son peligrosas propensiones del corazón. (Pablo VI. Encíclica Sacerdotalis caelibatus, n. 75.77, 4 de junio de 1967)

… juzga la idea de “Pan de Vida” que tiene Francisco

  • Acoger con fe el don de la Eucaristía es acoger a Cristo

Por eso, haciendo eco al Doctor Angélico, el pueblo cristiano canta frecuentemente: “Visus tactus gustus in te fallitur, sed auditu solo tuto creditur: Credo quidquid dixit Dei Filius, Nil hoc Verbo veritatis verius.” [En ti se engaña la vista, el tacto, el gusto; sólo el oído cree con seguridad. Creo lo que ha dicho el Hijo de Dios, pues nada hay más verdadero que este Verbo de la verdad]. Más aún, afirma San Buenaventura: “Que Cristo está en el sacramento como signo, no ofrece dificultad alguna; pero que esté verdaderamente en el sacramento, como en el cielo, he ahí la grandísima dificultad; creer esto, pues, es muy meritorio” [In IV Sententiarum 10, 1, 1]. Por lo demás, esto mismo ya lo insinúa el Evangelio, cuando cuenta cómo muchos de los discípulos de Cristo, luego de oír que habían de comer su carne y beber su sangre, volvieron las espaldas al Señor y le abandonaron diciendo: “¡Duras son estas palabras! ¿Quién puede oírlas?” En cambio Pedro, al preguntarle el Señor si también los Doce querían marcharse, afirmó con pronta firmeza su fe y la de los demás apóstoles, con esta admirable respuesta: “Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 61-69). (Pablo VI. Encíclica Mysterium fidei, n. 3, 3 de septiembre de 1965)

  • La Eucaristía es fuente de esperanza como el mismo Jesús dijo en el Evangelio de Juan

Con convicción plena y absoluta pensamos que estas verdades servirán de guía y darán fuerza a vuestro ministerio apostólico con la esperanza gozosa de la venida de Nuestro Señor Jesucristo. La Eucaristía es nuestra fuente de esperanza porque es nuestra prenda de vida. El mismo Jesús lo dijo: “Yo soy el pan de vida… si alguno come de este pan vivirá para siempre” (Jn 6, 48-51). En medio de los problemas del mundo moderno permanezcamos constantes en esta esperanza. Nuestro optimismo se basa, no en la negación falta de realismo de las dificultades y contradicciones enormes y manifiestas que acosan el reino de Dios, sino en la seguridad de que el misterio pascual del Señor Jesús en la Eucaristía actúa hasta el fin de los siglos y triunfa del pecado y de la muerte. (Pablo VI. Discurso a los obispos de las regiones pastorales IV y IX de Estados Unidos en visita ad limina, 15 de junio de 1978)

  • El alimento espiritual de los fieles es Cristo, bajo las especies del pan y del vino

Cuanto hemos dicho brevemente acerca del sacrificio de la misa nos anima a exponer algo también sobre el sacramento de la Eucaristía, ya que ambos, sacrificio y sacramento, pertenecen al mismo misterio sin que se pueda separar el uno del otro. El Señor se inmola de manera incruenta en el sacrificio de la misa, que representa el sacrifico de la cruz, y nos aplica su virtud salvadora, cuando por las palabras de la consagración comienza a estar sacramentalmente presente, como alimento espiritual de los fieles, bajo las especies del pan y del vino. (Pablo VI. Encíclica Mysterium fidei, n. 5, 3 de septiembre de 1965)

  • Grave responsabilidad de guardar la fe, tal cual el Magisterio la ha recibido

Insistíamos también sobre la grave responsabilidad que nos incumbe, que compartimos con nuestros hermanos en el Episcopado, de guardar inalterable el contenido de la fe católica que el Señor confió a los Apóstoles: traducido en todos los lenguajes, revestido de símbolos propios en cada pueblo, explicitado por expresiones teológicas que tienen en cuenta medios culturales, sociales y también raciales diversos, debe seguir siendo el contenido de la fe católica tal cual el Magisterio eclesial lo ha recibido y lo transmite.(Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 65, 8 de diciembre de 1975)

  • La Iglesia conserva rigurosamente la Revelación auténtica

Podemos entonces comprender por qué la Iglesia católica, ayer y hoy, da tanta importancia a la rigurosa conservación de la Revelación auténtica, y la considera como un tesoro inviolable, y tiene una conciencia tan severa de su deber fundamental de defender y de transmitir en términos inequívocos la doctrina de la fe; la ortodoxia es su primera preocupación; el magisterio pastoral su función primaria y providencial; la enseñanza apostólica fija de hecho los cánones de su predicación; y la consigna del Apóstol Pablo, Depositum custodi [Custodia el depósito] (1 Tim 6, 20; 2 Tim 1, 14), constituye para ella un compromiso tal, que sería una traición violar. La Iglesia maestra no inventa su doctrina; ella es testigo, es custodia, es intérprete, es medio; y, para cuanto se refiere a las verdades propias del mensaje cristiano, ella se puede decir conservadora, intransigente; y a quien le solicita que vuelva su fe más fácil, más relativa a los gustos de la cambiante mentalidad de los tiempos, responde con los Apóstoles: Non possumus, no podemos (Hch 4, 20). (Pablo VI. Audiencia general, 19 de enero 1972)

… juzga la idea de Francisco de que Jesús es solamente misericordia

  • Las penas se imponen por justo y misericordioso juicio de Dios

Según nos enseña la divina revelación, las penas son consecuencia de los pecados, infligidas por la santidad y justicia divinas, y han de ser purgadas bien en este mundo, con los dolores, miserias y tristezas de esta vida y especialmente con la muerte, o bien por medio del fuego, los tormentos y las penas catharterias en la vida futura. Por ello, los fieles siempre estuvieron persuadidos de que el mal camino tenía muchas dificultades y que era áspero, espinoso y nocivo para los que andaban por él. Estas penas se imponen por justo y misericordioso juicio de Dios para purificar las almas y defender la santidad del orden moral, y restituir la gloria de Dios en su plena majestad. (Pablo VI. Constitución apostólica Indulgentiarum doctrina, n. 2, 1 de enero de 1967)

… juzga la idea de Francisco de que los pobres son el centro del Evangelio

  • No hay evangelización verdadera sin el anuncio del nombre de Jesús

Y, sin embargo, esto sigue siendo insuficiente, pues el más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente si no es esclarecido, justificado —lo que Pedro llamaba dar “razón de vuestra esperanza”—, explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús. La Buena Nueva proclamada por el testimonio de vida deberá ser pues, tarde o temprano, proclamada por la palabra de vida. No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 22, 8 de diciembre de 1975)

  • El centro de la Buena Nueva es la liberación del pecado

Como núcleo y centro de su Buena Nueva, Jesús anuncia la salvación, ese gran don de Dios que es liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo, de entregarse a Él. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 9, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de Francisco de que el Corán es un libro de paz

  • La reconciliación con Dios en Cristo es causa de nuestra paz

La primera e indispensable reconciliación que hay que conseguir es la reconciliación con Dios. Para nosotros, los creyentes, no puede haber otro camino hacia la paz distinto de éste; es más, en la definición de nuestra salvación coinciden reconciliación con Dios y paz nuestra, la una es causa de la otra. Esta es la obra de Cristo. Él ha reparado la ruptura que produce el pecado en nuestras relaciones vitales con Dios. Recordemos a este respecto, entre otras, aquellas palabras de San Pablo: “Todo es de Dios que nos ha reconciliado con El por medio de Cristo”. (2 Cor 5, 18). (Pablo VI. Mensaje para la celebración de la VIII Jornada de la Paz, 1 de enero de 1975)

… juzga la idea de familias irregulares que tiene Francisco

  • El pueblo cristiano ha de guardar la fidelidad conyugal

¿Dónde está el pueblo cristiano, fiel a la observancia de los preceptos, sólido en la fe, en la plegaria, en el amor a la cruz? No podemos menos de reafirmar aquí el deber de la fidelidad conyugal, a pesar de la existencia legal del divorcio. (Pablo VI. Audiencia general, 24 de mayo de 1978)

… juzga la idea de Francisco de que católicos y musulmanes comparten la misma fe

  • Las otras religiones no logran establecer una relación auténtica con Dios

La Iglesia piensa que estas multitudes [no cristianas] tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo, dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospechada plenitud, todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la verdad. […] En otras palabras, nuestra religión instaura efectivamente una relación auténtica y viviente con Dios, cosa que las otras religiones no lograron establecer, por más que tienen, por decirlo así, extendidos sus brazos hacia el cielo. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 53, 8 de diciembre de 1975)

  • No podemos compartir las expresiones religiosas no cristianas

Evidentemente no podemos compartir estas variadas expresiones religiosas [judaísmo, religión musulmana y afroasiáticas] ni podemos quedar indiferentes, como si todas, a su modo, fuesen equivalentes y como si autorizasen a sus fieles a no buscar si Dios mismo ha revelado una forma exenta de todo error, perfecta y definitiva, con la que Él quiere ser conocido, amado y servido; al contrario, por deber de lealtad, hemos de manifestar nuestra persuasión de que la verdadera religión es única, y que esa es la religión cristiana; y alimentar la esperanza de que como tal llegue a ser reconocida por todos los que verdaderamente buscan y adoran a Dios. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 40, 6 de agosto de 1964)


… juzga la idea de Francisco de que la buena voluntad suple la Teología

  • El teólogo debe estar atento y dócil para la luz del Espíritu Santo

La teología, de hecho, mediante la inteligencia iluminada por la fe, y no sin cierta luz del Espíritu Santo a la cual el teólogo debe estar atento y ser dócil, tiene la tarea de conocer y penetrar más completamente el contenido de la Revelación; de llevar al conocimiento de la comunidad cristiana, y particularmente del propio Magisterio, los frutos de su investigación, de modo que, a través de la enseñanza de la autoridad, ésta se haga luz para todo el pueblo cristiano; y, después, colaborar para divulgar, explicar, justificar y defender la verdad enseñada con autoridad por el Magisterio. (Pablo VI. Discurso a los participantes del Congreso Internacional de Teología del Concilio Vaticano II, 1 de octubre de 1966)

  • El mensaje de Cristo es único y no admite indiferencia o sincretismo

Una exhortación en este sentido nos ha parecido de importancia capital, ya que la presentación del mensaje evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios. Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida. (Pablo VI. Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 5, 8 de diciembre de 1975)

  • En el diálogo subsiste un peligro

Pero subsiste el peligro. El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 33, 6 de agosto de 1964)

… juzga la idea de Francisco de que el pecado hace parte de la vida religiosa

  • El testimonio de virtud de los religiosos es primordial en la evangelización

Los religiosos, también ellos, tienen en su vida consagrada un medio privilegiado de evangelización eficaz. A través de su ser más íntimo, se sitúan dentro del dinamismo de la Iglesia, sedienta de lo Absoluto de Dios, llamada a la santidad. Es de esta santidad de la que ellos dan testimonio. Ellos encarnan la Iglesia deseosa de entregarse al radicalismo de las bienaventuranzas. Ellos son por su vida signo de total disponibilidad para con Dios, la Iglesia, los hermanos.
Por esto, asumen una importancia especial en el marco del testimonio que, como hemos dicho anteriormente, es primordial en la evangelización. Este testimonio silencioso de pobreza y de desprendimiento, de pureza y de transparencia, de abandono en la obediencia puede ser a la vez que una interpelación al mundo y a la Iglesia misma, una predicación elocuente, capaz de tocar incluso a los no cristianos de buena voluntad, sensibles a ciertos valores. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, n. 69, 8 de diciembre de 1975)

  • El mundo necesita ver en los religiosos la fe y el amor sin límites a Jesucristo

Este mundo, hoy más que nunca, tiene necesidad de ver en vosotros hombres y mujeres que han creído en la Palabra del Señor, en su Resurrección y en la vida eterna hasta el punto de empeñar su vida terrena para dar testimonio de la realidad de este amor que se ofrece a todos los hombres. La Iglesia no ha cesado de ser vivificada en el curso de la historia y de alegrarse por tantos religiosos y religiosas que, en la diversidad de sus vocaciones, fueron testimonios vivientes de un amor sin límites a Jesucristo. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelica Testificatio, n. 53, 29 de junio de 1971)

… juzga la idea de Francisco de que católicos y musulmanes adoran al mismo Dios

  • Dios se revela Padre, Hijo y Espíritu Santo

Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de sí mismo, revelándose a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar, aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y después de la muerte, en la luz sempiterna. (Pablo VI. Credo del pueblo de Dios, n. 9, 30 de junio de 1968)

… juzga los métodos educativos de la juventud que tiene Francisco

  • Reducir la misión de la Iglesia a un proyecto puramente temporal es perder su significación más profunda

No hay por qué ocultar, en efecto, que muchos cristianos generosos, sensibles a las cuestiones dramáticas que lleva consigo el problema de la liberación, al querer comprometer a la Iglesia en el esfuerzo de liberación han sentido con frecuencia la tentación de reducir su misión a las dimensiones de un proyecto puramente temporal; de reducir sus objetivos, a una perspectiva antropocéntrica; la salvación, de la cual ella es mensajera y sacramento, a un bienestar material; su actividad —olvidando toda preocupación espiritual y religiosa— a iniciativas de orden político o social. Si esto fuera así, la Iglesia perdería su significación más profunda. Su mensaje de liberación no tendría ninguna originalidad y se prestaría a ser acaparado y manipulado por los sistemas ideológicos y los partidos políticos. No tendría autoridad para anunciar, de parte de Dios, la liberación. Por eso quisimos subrayar en la misma alocución de la apertura del Sínodo “la necesidad de reafirmar claramente la finalidad específicamente religiosa de la evangelización. Esta última perdería su razón de ser si se desviara del eje religioso que la dirige: ante todo el reino de Dios, en su sentido plenamente teológico.” (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 32, 8 de diciembre de 1975)

  • La evangelización debe abarcar al hombre entero

Acerca de la liberación que la evangelización anuncia y se esfuerza por poner en práctica, más bien hay que decir:
No puede reducirse a la simple y estrecha dimensión económica, política, social o cultural, sino que debe abarcar al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida su apertura al Absoluto, que es Dios;
Va por tanto unida a una cierta concepción del hombre, a una antropología que no puede nunca sacrificarse a las exigencias de una estrategia cualquiera, de una praxis o de un éxito a corto plazo.
Por eso, al predicar la liberación y al asociarse a aquellos que actúan y sufren por ella, la Iglesia no admite el circunscribir su misión al solo terreno religioso, desinteresándose de los problemas temporales del hombre; sino que reafirma la primacía de su vocación espiritual, rechaza la substitución del anuncio del reino por la proclamación de las liberaciones humanas, y proclama también que su contribución a la liberación no sería completa si descuidara anunciar la salvación en Jesucristo. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 33-34, 8 de diciembre de 1975)

  • Que la juventud no deje de expandir la fe

La Iglesia está preocupada […], sobre todo, porque esa sociedad deje expandirse su tesoro antiguo y siempre nuevo: la fe, y por qué vuestras almas se puedan sumergir libremente en sus bienhechoras claridades. Confía en que encontraréis tal fuerza y tal gozo, que no estaréis tentados, como algunos de vuestros mayores, de ceder a la seducción de las filosofías del egoísmo o del placer, o a las de la desesperanza y de la nada, y que, frente al ateísmo, fenómeno de cansancio y de vejez, sabréis afirmar vuestra fe en la vida y en lo que da sentido a la vida: la certeza de la existencia de un Dios justo y bueno. En el nombre de este Dios y de su Hijo, Jesús, os exhortamos a ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo […]. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros. Y edificad con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores. (Pablo VI. Mensaje a los jóvenes en la clausura del Concilio Vaticano II, 8 de diciembre de 1965)

  • Las culturas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva

El Evangelio y, por consiguiente, la evangelización no se identifican ciertamente con la cultura y son independientes con respecto a todas las culturas. Sin embargo, el reino que anuncia el Evangelio es vivido por hombres profundamente vinculados a una cultura, y la construcción del reino no puede por menos de tomar los elementos de la cultura y de las culturas humanas. Independientes con respecto a las culturas, Evangelio y evangelización no son necesariamente incompatibles con ellas, sino capaces de impregnarlas a todas sin someterse a ninguna. La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas. De ahí que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas. Estas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva. Pero este encuentro no se llevará a cabo si la Buena Nueva no es proclamada. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 20, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de que el hombre es el centro de la vida cristiana que tiene Francisco

  • La ilusión del falso bienestar hace considerar solamente la aflicción y la pobreza

De ahí la condición del cristiano, y en primer lugar del apóstol que debe convertirse en el “modelo del rebaño” (1 Pe 5, 3) y asociarse libremente a la pasión del Redentor. […] Desafortunadamente no nos faltan ocasiones para comprobar, en nuestro siglo tan amenazado por la ilusión del falso bienestar, la incapacidad “psíquica” del hombre para acoger “lo que es del Espíritu de Dios: es una locura y no lo puede conocer, porque es con el espíritu como hay que juzgarla” (1 Cor 2, 14). El mundo —que es incapaz de recibir el Espíritu de Verdad, que no le ve ni le conoce— no percibe más que una cara de las cosas. Considera solamente la aflicción y la pobreza del espíritu, mientras éste en lo más profundo de sí mismo siente siempre alegría porque está en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. (Pablo VI. Exhortación apostólica Gaudete in Domino, n. 31-32, 9 de mayo de 1975)

… juzga las ideas pro-comunistas de Francisco pronunciadas con los Movimientos Populares

  • La ilusión y el peligro que representa para el cristiano entrar en la lucha de clases marxista

Si bien en la doctrina del marxismo, tal como es concretamente vivido, pueden distinguirse estos diversos aspectos, que se plantean como interrogantes a los cristianos para la reflexión y para la acción, es sin duda ilusorio y peligroso olvidar el lazo íntimo que los une radicalmente, el aceptar los elementos del análisis marxista sin reconocer sus relaciones con la ideología, el entrar en la práctica de la lucha de clases y de su interpretación marxista, omitiendo el percibir el tipo de sociedad totalitaria y violenta a la que conduce este proceso. (Pablo VI. Carta apostólica Octogesima adveniens, n. 34, 14 de mayo de 1971)

  • La Iglesia no puede adherir a los movimientos sociales y políticos marxistas: ellos presentan principios falsos y negativos del hombre, de la historia y del mundo

Y luego tenemos un sexto axioma, el más discutido y difícil. La Iglesia no adhirió y no puede adherir a los movimientos sociales, ideológicos y políticos, que, aprovechando su origen y su fuerza del marxismo, han conservado los principios y los métodos negativos, por la concepción incompleta, propia del marxismo radical, y por lo tanto falsa, del hombre, de la historia, del mundo. El ateísmo, que profesa y promueve, no está a favor de la concepción científica del universo y de la civilización, sino que es una ceguera a la que el hombre y la sociedad terminan a la larga sirviendo con las consecuencias más graves. El materialismo, en el que deriva expone al hombre a experiencias y tentaciones extremadamente nocivas; apaga su auténtica espiritualidad y su trascendente esperanza. (Pablo VI. Homilía del 22 de mayo de 1966 al celebrar el 75 aniversario de la Rerum Novarum)

  • La lucha de clases promovida por falsas y peligrosas ideologías desemboca en la violencia y los abusos instaurando un sistema autoritario y totalitario

La lucha de clases, erigida en sistema, vulnera e impide la paz social; desemboca fatalmente en la violencia y en el abuso, por tanto en la abolición de la libertad, conduciendo pues a la instauración de un sistema altamente autoritario y tendencialmente totalitario. Con esto la Iglesia no deja caer ninguna de las instancias vueltas a la justicia y al progreso de la clase obrera; más aún la Iglesia, rectificando estos errores y estas desviaciones, no excluye de su amor a cualquier hombre y cualquier trabajador. Cosas conocidas por lo tanto, inclusive por una experiencia histórica existente, que no permite ilusiones; sino que cosas dolorosas, por la presión ideológica y prácticas que se llevan a cabo en el mundo del trabajo, de los cuales pretenden interpretar las aspiraciones y promover las reivindicaciones, generando así grandes dificultades y grandes divisiones. No queremos discutir ahora, sino que recordar que la misma palabra, a la cual hoy, vosotros Trabajadores Cristianos, dais testimonio de honor y de gratitud, es la que nos advierte a no poner nuestra confianza en falsas y peligrosas ideologías. (Pablo VI. Homilía del 22 de mayo de 1966 al celebrar el 75 aniversario de la Rerum Novarum)

… juzga la idea de una Iglesia pobre para los pobres que tiene Francisco

  • La misión de la Iglesia no se reduce a un proyecto temporal

Muchos cristianos […] han sentido con frecuencia la tentación de reducir su misión a las dimensiones de un proyecto puramente temporal; de reducir sus objetivos, a una perspectiva antropocéntrica; la salvación, de la cual ella es mensajera y sacramento, a un bienestar material; su actividad —olvidando toda preocupación espiritual y religiosa— a iniciativas de orden político o social. Si esto fuera así, la Iglesia perdería su significación más profunda. Su mensaje de liberación no tendría ninguna originalidad y se prestaría a ser acaparado y manipulado por los sistemas ideológicos y los partidos políticos. No tendría autoridad para anunciar, de parte de Dios, la liberación. Por eso quisimos subrayar en la misma alocución de la apertura del Sínodo “[…] Ante todo el reino de Dios, en su sentido plenamente teológico”. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 32, 8 de diciembre de 1975)

  • La solicitud de la Iglesia por las necesidades de los hombres nace del deseo de iluminarlos con la luz de Cristo

El reino de Dios, que ha tenido en la Iglesia de Cristo sus comienzos aquí en la tierra, no es de este mundo (cf. Jn 18,36), cuya figura pasa (cf. 1Cor 7,31), y también que sus crecimientos propios no pueden juzgarse idénticos al progreso de la cultura de la humanidad o de las ciencias o de las artes técnicas, sino que consiste en que se conozcan cada vez más profundamente las riquezas insondables de Cristo, en que se ponga cada vez con mayor constancia la esperanza en los bienes eternos, en que cada vez más ardientemente se responda al amor de Dios; finalmente, en que la gracia y la santidad se difundan cada vez más abundantemente entre los hombres. […] Por lo cual, la gran solicitud con que la Iglesia, Esposa de Cristo, sigue de cerca las necesidades de los hombres, es decir, sus alegrías y esperanzas, dolores y trabajos, no es otra cosa sino el deseo que la impele vehementemente a estar presente a ellos, ciertamente con la voluntad de iluminar a los hombres con la luz de Cristo, y de congregar y unir a todos en aquel que es su único Salvador. (Pablo VI. Credo del Pueblo de Dios, n. 27, 30 de junio de 1968)

  • La opción por los pobres tiene por objeto elevarlos a una vida conforme a su dignidad de hijos de Dios

[La Iglesia], con su preferencia por los pobres y su amor por la pobreza evangélica, jamás quiso dejarlos en su estado, sino ayudarles y levantarles a formas crecientemente superiores de vida, más conformes con su dignidad de hombres y de hijos de Dios. (Pablo VI. Homilía en la canonización de Juan Macías, 28 de septiembre de 1975)

  • El primer medio de evangelización es la santidad

Ante todo, […] hay que subrayar esto: para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana, entregada a Dios en una comunión que nada debe interrumpir y a la vez consagrada igualmente al prójimo con un celo sin límites. […] San Pedro lo expresaba bien cuando exhortaba a una vida pura y respetuosa, para que si alguno se muestra rebelde a la palabra, sea ganado por la conducta. Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo, es decir, mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, […] en una palabra de santidad. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 41, 8 de diciembre de 1975)

… juzga el hecho de Francisco no haberse ofendido con la Cruz en forma de símbolo comunista

  • El socialismo idealizado por algunos cristianos es incompatible con la fe

Hoy en día hay cristianos que se sienten atraídos por las corrientes socialistas y sus diferentes evoluciones. Ellos tratan de reconocer ciertas aspiraciones que llevan dentro de sí mismos en nombre de su fe. Se sienten incluidos en este flujo histórico, y quieren jugar un papel. Ahora bien, de acuerdo con los continentes y las culturas, esta corriente histórica asume diferentes formas bajo un mismo vocablo, incluso si era, y sigue siendo, en muchos casos, inspirado por ideologías incompatibles con la fe. Un atento discernimiento se impone. Con demasiada frecuencia los cristianos atraídos por el socialismo tienden a idealizarlo en términos muy genéricos: deseo de justicia, de solidaridad y de igualdad. Se niegan a reconocer las limitaciones de los movimientos socialistas históricos, que siguen condicionados por sus ideologías de origen. (Pablo VI, Carta Apostólica Octogesima Adveniens, n.31, 14 de mayo de 1971)

  • El análisis marxista conduce a una sociedad totalitaria

Si a través del marxismo, tal como se vive en realidad, se pueden distinguir estos diversos aspectos y las cuestiones que plantea para la reflexión y la acción de los cristianos, sería ilusorio y peligroso llegar a olvidar el íntimo vínculo que tales aspectos une de modo radical; aceptar los elementos del análisis marxista sin reconocer sus relaciones con la ideología, entrar en la práctica de la lucha de clases y de su interpretación marxista no tomando en cuenta el tipo de sociedad totalitaria y violenta a la que este proceso conduce. (Pablo VI, Carta Apostólica Octogesima Adveniens, n.34, 14 de mayo de 1971)

  • La Iglesia no puede adherir a movimientos políticos y sociales marxistas

Y luego tenemos un sexto axioma, el más discutido y difícil. La Iglesia no adhirió y no puede adherir a los movimientos sociales, ideológicos y políticos, que, aprovechando su origen y su fuerza del marxismo, han conservado los principios y los métodos negativos, por la concepción incompleta, propia del marxismo radical, y por lo tanto falsa, del hombre, de la historia, del mundo. El ateísmo, que profesa y promueve, no está a favor de la concepción científica del universo y de la civilización, sino que es una ceguera a la que el hombre y la sociedad terminan a la larga sirviendo con las consecuencias más graves. El materialismo, en el que deriva expone al hombre a experiencias y tentaciones extremadamente nocivas; apaga su auténtica espiritualidad y su trascendente esperanza. (Pablo VI. Homilía del 22 de mayo de 1966 al celebrar el 75 aniversario de la Rerum Novarum)

  • Las falsas y peligrosas ideologías que promueven la lucha de clases

La lucha de clases, erigida en sistema, vulnera e impide la paz social; desemboca fatalmente en la violencia y en el abuso, por tanto en la abolición de la libertad, conduciendo pues a la instauración de un sistema altamente autoritario y tendencialmente totalitario. Con esto la Iglesia no deja caer ninguna de las instancias vueltas a la justicia y al progreso de la clase obrera; más aún la Iglesia, rectificando estos errores y estas desviaciones, no excluye de su amor a cualquier hombre y cualquier trabajador. Cosas conocidas por lo tanto, inclusive por una experiencia histórica existente, que no permite ilusiones; sino que cosas dolorosas, por la presión ideológica y prácticas que se llevan a cabo en el mundo del trabajo, de los cuales pretenden interpretar las aspiraciones y promover las reivindicaciones, generando así grandes dificultades y grandes divisiones. No queremos discutir ahora, sino que recordar que la misma palabra, a la cual hoy, vosotros Trabajadores Cristianos, dais testimonio de honor y de gratitud, es la que nos advierte a no poner nuestra confianza en falsas y peligrosas ideologías. (Pablo VI. Homilía del 22 de mayo de 1966 al celebrar el 75 aniversario de la Rerum Novarum)

  • La Iglesia condena los errores del marxismo

Tampoco se crea que esta solicitud pastoral, de la cual hoy la Iglesia hace un programa prevalente, que absorbe su atención y empeña su cuidado, signifique un cambio de juicio acerca de los errores difusos en nuestra sociedad y ya condenados por la Iglesia, como por ejemplo, el marxismo ateo: buscar aplicar los remedios saludables y precisos para la enfermedad contagiosa y letal no significa cambiar la opinión sobre ella, sí significa tratar de combatirla no sólo en la teoría, sino que en la práctica; significa dar una terapia seguida del diagnóstico; esto es, la condena doctrinal seguida de la caridad salvífica.(Pablo VI. Discurso a los sacerdotes participantes de la XIII semana de orientación pastoral, 6 de septiembre de 1963)

… juzga los criterios para ser obispo que tiene Francisco

  • No pueden ser dispensadores de los misterios los que no aseguran a sí mismos sus riquezas

No podemos olvidar las exhortaciones solemnes que nos fueron dirigidas en el acto de nuestra consagración episcopal. No podemos eximirnos de la práctica de una intensa vida interior. No podemos anunciar la palabra de Dios sin haberla meditado en el silencio del alma. No podemos ser fieles dispensadores de los misterios divinos sin habernos asegurado antes a nosotros mismos sus riquezas. No debemos dedicarnos al apostolado, si no sabemos corroborarlo con el ejemplo de las virtudes cristianas y sacerdotales. […] Dichoso nuestro tiempo atormentado y paradójico, que casi nos obliga a la santidad que corresponde a nuestro oficio tan representativo y tan responsable, y que nos obliga a recuperar en la contemplación y en la ascética de los ministros del Espíritu Santo aquel íntimo tesoro de personalidad del cual casi nos proyecta fuera la entrega a nuestro oficio extremamente acuciante. (Pablo VI. Homilía en la inauguración de la II Asamblea General de los Obispos de América Latina, 24 de agosto de 1968)

… juzga la idea de hacer teología que tiene Francisco

  • Los teólogos no deben consentir al deseo de popularidad en perjuicio de la Verdad

Su mayor escrúpulo será aquél de ser fieles a la verdad de la fe y a la doctrina de la Iglesia; evitarán de consentir al deseo de una acogida fácil y a la popularidad, en detrimento de la seguridad de la doctrina enseñada por el Magisterio, que en la Iglesia representa la persona de Jesucristo Maestro. (Pablo VI. Discurso a los participantes del congreso internacional de Teología del Concilio Vaticano II. 1 de Octubre de 1966)

  • Intérpretes de la Verdad

Pondrán su suma honradez en ser intérpretes fieles y sabios de la enseñanza del Magisterio, sabiendo bien que nada beneficia tanto al pueblo cristiano y al género humano cuanto la conciencia cierta de las verdades de la salvación, y que estas se encuentran junto a los que Jesucristo dijo: “Quienes vos escuchan, a mi escuchan”. (Pablo VI. Discurso a los participantes del congreso internacional de Teología del Concilio Vaticano II. 1 de Octubre de 1966)

… juzga las ideas presentes en la Laudato Sí´

  • La tarea de la Iglesia en el campo social es ayudar a descubrir la verdad y el recto camino a seguir

En el campo social, la Iglesia ha querido realizar siempre una doble tarea: iluminar los espíritus para ayudarlos a descubrir la verdad y distinguir el camino que deben seguir en medio de las diversas doctrinas que los solicitan; y consagrarse a la difusión de la virtud del Evangelio, con el deseo real de servir eficazmente a la humanidad. (Pablo VI. Carta apostólica Octogesima adveniens, n. 48, 14 de mayo de 1971)

  • El hombre está obligado a orientar su vida hacia Dios, el bien supremo

De la misma manera que la creación entera está ordenada a su Creador, la creatura espiritual está obligada a orientar espontáneamente su vida hacia Dios, verdad primera y bien soberano. […] Por su inserción en el Cristo vivo, el hombre tiene el camino abierto hacia un progreso nuevo, hacia un humanismo trascendental, que le da su mayor plenitud; tal es la finalidad suprema del desarrollo personal. […] Este crecimiento personal y comunitario se vería comprometido si se alterase la verdadera escala de valores. (Pablo VI. Encíclica Populorum progressio, n. 16; 18, 26 de marzo de 1967)

  • Sólo la religión católica instaura efectivamente una relación auténtica y viviente con Dios

La Iglesia piensa que estas multitudes [no cristianas] tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo, dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospechada plenitud, todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la verdad. […] En otras palabras, nuestra religión instaura efectivamente una relación auténtica y viviente con Dios, cosa que las otras religiones no lograron establecer, por más que tienen, por decirlo así, extendidos sus brazos hacia el cielo. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 53, 8 de diciembre de 1975) 

  • Hemos de manifestar nuestra persuasión de que la religión católica es la única verdadera

Evidentemente no podemos compartir estas variadas expresiones religiosas [judaísmo, religión musulmana y afroasiáticas] ni podemos quedar indiferentes, como si todas, a su modo, fuesen equivalentes y como si autorizasen a sus fieles a no buscar si Dios mismo ha revelado una forma exenta de todo error, perfecta y definitiva, con la que Él quiere ser conocido, amado y servido; al contrario, por deber de lealtad, hemos de manifestar nuestra persuasión de que la verdadera religión es única, y que esa es la religión cristiana; y alimentar la esperanza de que como tal llegue a ser reconocida por todos los que verdaderamente buscan y adoran a Dios. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 40, 6 de agosto de 1964)

  • Por medio de Cristo Dios creó todo el universo

Es [Cristo] quien afirma ser “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6), “la resurrección y la vida” (Jn 11, 25) de todos los hombres que crean en El; es quien sale al encuentro de la muerte como dominador y con su resurrección desconcierta los planes mezquinos de sus contrarios. Jesús de Nazaret es verdaderamente el centro de la historia, como proclamó San Pablo: “Es imagen de Dios invisible, engendrado antes que toda creatura; pues por su medio se creó el universo celeste y terrestre, lo visible y lo invisible… Todo fue creado por El y para El. Él es antes que todo y el universo tiene en El su consistencia” (Col 1, 15 ss). (Homilía Domingo de Ramos, 19 de marzo de 1978)

  • La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad: nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe

El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 33, 6 de agosto de 1964)

… juzga la idea de la fe como revolución que tiene Francisco

  • Los católicos deben leal obediencia a la autoridad constituida

La presencia de los católicos en todos los Estados quiere representar un elemento constructivo de activa colaboración y de leal obediencia a la Autoridad constituida; quiere ser un elemento activo de seguro progreso dentro del orden y del amor. (Pablo VI. Discurso al Presidente de la República de Somalia, 7 de octubre de 1963)

… juzga la idea de mandar “buenas ondas” que tiene Francisco

  • Atención debida del Vicario de Cristo a la dignidad y a la precisión del lenguaje

El Sucesor de Pedro, por voluntad de Cristo, está encargado del ministerio preeminente de enseñar la verdad revelada. El Nuevo Testamento presenta frecuentemente a Pedro “lleno del Espíritu Santo”, tomando la palabra en nombre de todos. Por eso mismo San León Magno habla de él como de aquel que ha merecido el primado del apostolado. Por la misma razón la voz de la Iglesia presenta al Papa “en el culmen —in apice, in specula—, del apostolado”. El Concilio Vaticano II ha querido subrayarlo, declarando que “el mandato de Cristo de predicar el Evangelio a toda criatura se refiere ante todo e inmediatamente a los obispos con Pedro y bajo la guía de Pedro”. La potestad plena, suprema y universal que Cristo ha confiado a su Vicario para el gobierno pastoral de su Iglesia, consiste por tanto especialmente en la actividad, que ejerce el Papa, de predicar y de hacer predicar la Buena Nueva de la salvación. […] Animados por la convicción, cada vez mayor, de la grandeza y riqueza de la palabra de Dios, quienes tienen la misión de transmitirla deben prestar gran atención a la dignidad, a la precisión y a la adaptación del lenguaje. (Pablo VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, n. 67; 73, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de que nuestros pecados nos aproximan de Jesucristo que tiene Francisco

  • El Evangelio no es un código de fácil cumplimiento: exige esfuerzo y fidelidad

El Evangelio no es, en absoluto, un código de fácil cumplimiento: exige esfuerzo y fidelidad. Aquí se podrían analizar los sistemas morales que renuncian el esfuerzo personal para obtener la salvación, en la errónea convicción de que es sólo por la fe y la gracia que tenemos la suerte de ser salvo, sin una positiva y sistemática disciplina moral, como si la fe y la gracia, dones de Dios, verdaderas causas de la salvación, no exigiesen una respuesta, una coherencia, una cooperación libre y responsable de nosotros, ya sea como condición de cooperar en la obra salvadora de Dios en nosotros, sea también como consecuencia del renacimiento llevada a cabo por su misericordiosa acción sobrenatural. (Pablo VI. Audiencia general, 7 de julio de 1971)

… juzga la idea de que la Virgen María sería capaz de rebelarse contra Dios que tiene Francisco

  • La cooperación libre y perfectamente dócil de Maria

Se abre ahora ante nosotros un gran panorama teológico, propio de la doctrina católica, en el que vemos cómo el designio divino de la salvación, ofrecida al mundo, por el único mediador, eficaz por virtud propia, entre Dios y los hombres, que es Cristo Jesús (cf. 1 Tm 2, 5; Hb 12, 24), se realiza con la cooperación humana, maravillosamente asociada a la obra divina. Y ¿qué cooperación humana ha sido elegida, en la historia de nuestros destinos cristianos, como primera por su función, por su dignidad, por su eficiencia, no puramente instrumental y física, sino en cuanto factor predestinado, pero libre y perfectamente dócil, sino la de María? (Pablo VI. Audiencia general, 30 de mayo de 1973)

… juzga la idea de que el clamor del pueblo expresa la voluntad de Dios que tiene Francisco

  • La finalidad de la evangelización es el cambio interior del hombre y la transformación de su vida según el Evangelio

Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5; cf. 2 Cor 5, 17; Gál 6, 15). Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo (cf. Rom 6, 4) y de la vida según el Evangelio (cf. Ef 4, 23-24; Col 3, 9-10). La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama (cf. Rom 1, 16; 1 Cor 1, 18; 2, 4), trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos. (Pablo VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, n. 18, 8 de diciembre de 1875)

… juzga la idea de armonía entre bien y mal que tiene Francisco

  • La solicitud por la unión no justifica una atenuación de la verdad

La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. […] El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. (Pablo VI. Carta encíclica Ecclesiam suam, n. 33, 6 de agosto de 1964)

  • No disimular la verdad por el deseo de agradar a los hombres

De todo evangelizador se espera que posea el culto a la verdad, puesto que la verdad que él profundiza y comunica no es otra que la verdad revelada y, por tanto, más que ninguna otra, forma parte de la verdad primera que es el mismo Dios. El predicador del Evangelio será aquel que, aun a costa de renuncias y sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás. No vende ni disimula jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar. No rechaza nunca la verdad. […] El Dios de verdad espera de nosotros que seamos los defensores vigilantes y los predicadores devotos de la misma. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 78, 8 de diciembre de 1975)

  • Grave responsabilidad de los obispos de guardar inalterable el depósito de la fe

Insistíamos también sobre la grave responsabilidad que nos incumbe, que compartimos con nuestros hermanos en el Episcopado, de guardar inalterable el contenido de la fe católica que el Señor confió a los Apóstoles: traducido en todos los lenguajes, revestido de símbolos propios en cada pueblo, explicitado por expresiones teológicas que tienen en cuenta medios culturales, sociales y también raciales diversos, debe seguir siendo el contenido de la fe católica tal cual el Magisterio eclesial lo ha recibido y lo transmite. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 65, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de pecado y misericordia que tiene Francisco

  • Soportemos los sufrimientos para evitar la doble pena del infierno

Impulsados, pues, por el amor y por el propósito de aplacar a Dios a causa de las ofensas hechas a su santidad y a su justicia, y a la par animados por la confianza en su infinita misericordia, hemos de soportar los sufrimientos del espíritu y del cuerpo, para que expiemos nuestros pecados y los del prójimo, y así evitemos la doble pena: del daño y del sentido, esto es, la pérdida de Dios, sumo Bien, y el fuego eterno. (Pablo VI. Exhortación Apostólica Signum Magnum, n. 24, 13 de mayo de 1967)

… juzga la idea de “cultura del encuentro” que tiene Francisco

  • Enseñar es función propia de la Iglesia

¿Para qué sirve la Iglesia? ¿Qué hace en medio del mundo contemporáneo ajetreado en el trabajo febril productivo y utilitario? Pues bien, nos pareció que aquel edificio bonito y moderno nos daba una respuesta actual y perenne; a saber: ¡la Iglesia enseña! Enseñar es una función propia de la Iglesia; la historia lo atestigua. […] La Iglesia tiene algo que enseñar, algo de su propia competencia, y es la verdad religiosa. Esta no está superada, ni es superflua sino necesaria para el fin superior, trascendente e insustituible propio de la religión; es decir, la vida verdadera, la vida espiritual ahora y la vida que continúa en la eternidad después; pero también necesaria para el fin temporal, presente, si se ha de procurar según principios verdaderos, auténticos, firmes, capaces de expresarse en gran variedad de formas y leyes, sí, pero no en un pluralismo equívoco y discorde que no consiente una interpretación humanamente concorde dentro de un sistema jurídico lógico. (Pablo VI. Audiencia General, 31 de mayo de 1978) 

  • No podemos compartir las expresiones religiosas no cristianas

Evidentemente no podemos compartir estas variadas expresiones religiosas [judaísmo, religión musulmana y afroasiáticas] ni podemos quedar indiferentes, como si todas, a su modo, fuesen equivalentes y como si autorizasen a sus fieles a no buscar si Dios mismo ha revelado una forma exenta de todo error, perfecta y definitiva, con la que Él quiere ser conocido, amado y servido; al contrario, por deber de lealtad, hemos de manifestar nuestra persuasión de que la verdadera religión es única, y que esa es la religión cristiana; y alimentar la esperanza de que como tal llegue a ser reconocida por todos los que verdaderamente buscan y adoran a Dios. (Pablo VI. Encíclica Ecclesiam suam, n. 40, 6 de agosto de 1964)

 … juzga la idea de paternidad responsable que tiene Francisco

  • El ejercicio responsable de la paternidad exige que los cónyuges reconozcan sus deberes para con Dios

El problema de la natalidad, como cualquier otro referente a la vida humana, hay que considerarlo, por encima de las perspectivas parciales de orden biológico o psicológico, demográfico o sociológico, a la luz de una visión integral del hombre y de su vocación, no sólo natural y terrena sino también sobrenatural y eterna. […] El matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes; es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor.
La paternidad responsable comporta sobre todo una vinculación más profunda con el orden moral objetivo, establecido por Dios, cuyo fiel intérprete es la recta conciencia. El ejercicio responsable de la paternidad exige, por tanto, que los cónyuges reconozcan plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo mismo, para con la familia y la sociedad, en una justa jerarquía de valores. En la misión de transmitir la vida, los esposos no quedan, por tanto, libres para proceder arbitrariamente, como si ellos pudiesen determinar de manera completamente autónoma los caminos lícitos a seguir, sino que deben conformar su conducta a la intención creadora de Dios. (Pablo VI. Encíclica Humanae Vitae, n.7-10, 25 de julio de 1968)

  • Usar el don divino fuera de su finalidad es contradecir la naturaleza

La Iglesia, al exigir que los hombres observen las normas de la ley natural interpretada por su constante doctrina, enseña que cualquier acto matrimonial (quilibet matrimonii usus) debe quedar abierto a la transmisión de la vida.
[…] Usar este don divino destruyendo su significado y su finalidad, aun sólo parcialmente, es contradecir la naturaleza del hombre y de la mujer. (Pablo VI. Encíclica Humanae Vitae, n.11-13, 25 de julio de 1968)

… juzga la idea de Iglesia-minoría que tiene Francisco

  • No se puede desear que la Iglesia vuelva a sus proporciones iniciales

Si puede hablarse de reforma [en la Iglesia], no se debe entender cambio, sino más bien confirmación en el empeño de conservar la fisonomía que Cristo ha dado a su Iglesia, más aún, de querer devolverle siempre su forma perfecta que, por una parte, corresponda a su diseño primitivo y que, por otra, sea reconocida como coherente y aprobada en aquel desarrollo necesario que, como árbol de la semilla, ha dado a la Iglesia, partiendo de aquel diseño, su legítima forma histórica y concreta. No nos engañe el criterio de reducir el edificio de la Iglesia, que se ha hecho amplio y majestuoso para la gloria de Dios, como magnífico templo suyo, a sus iniciales proporciones mínimas, como si aquellas fuesen las únicas verdaderas, las únicas buenas. (Pablo VI. Carta encíclica Ecclesiam suam, n. 17, 6 de agosto de 1964) 

  • Por su origen la Iglesia está vinculada a la evangelización

Quien lee en el Nuevo Testamento los orígenes de la Iglesia y sigue paso a paso su historia, quien la ve vivir y actuar, se da cuenta de que ella está vinculada a la evangelización de la manera más íntima: La Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesús y de los Doce. Es un fruto normal, deseado, el más inmediato y el más visible “Id pues, enseñad a todas las gentes” (Mt 28, 19). “Ellos recibieron la gracia y se bautizaron, siendo incorporadas (a la Iglesia) aquel día unas tres mil personas… Cada día el Señor iba incorporando a los que habían de ser salvos” (Act 2, 41-47). Nacida, por consiguiente, de la misión de Jesucristo, la Iglesia es a su vez enviada por Él. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 15, 8 de diciembre de 1975) 

  • La evangelización es congénita al patrimonio recibido de Cristo

Si verdaderamente la Iglesia, como decíamos, tiene conciencia de lo que el Señor quiere que ella sea, surge en ella una singular plenitud y una necesidad de efusión, con la clara advertencia de una misión que la trasciende y de un anuncio que debe difundir. Es el deber de la evangelización. Es el mandato misionero. Es el ministerio apostólico. […] El deber congénito al patrimonio recibido de Cristo es la difusión, es el ofrecimiento, es el anuncio, bien lo sabemos: Id, pues, enseñad a todas las gentes (Mat 28, 19) es el supremo mandato de Cristo a sus Apóstoles. Estos con el nombre mismo de Apóstoles definen su propia e indeclinable misión. (Pablo VI. Carta encíclica Ecclesiam suam, n. 26, 6 de agosto de 1964) 

  • No hay humanidad nueva sin la novedad del bautismo

Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: “He aquí que hago nuevas todas las cosas”. Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 18, 8 de diciembre de 1975) 

  • El Señor ha querido su Iglesia universal

Los primeros cristianos manifestaban gustosamente su fe profunda en la Iglesia, indicándola como extendida por todo el universo. Tenían plena conciencia de pertenecer a una gran comunidad que ni el espacio ni el tiempo podían limitar: “Desde el justo Abel hasta el último elegido” (85), “hasta los extremos de la tierra” (86), “hasta la consumación del mundo” (Mt 28, 20.). Así ha querido el Señor a su Iglesia: universal, árbol grande cuyas ramas dan cobijo a las aves del cielo (cf. Mt 13, 32), red que recoge toda clase de peces (cf. Mt 13, 47) o que Pedro saca cargada de 153 grandes peces (cf. Jn 21, 11), rebaño que un solo pastor conduce a los pastos (cf. Jn 10, 1-16). Iglesia universal sin límites ni fronteras, salvo, por desgracia, las del corazón y del espíritu del hombre pecador. [Nota 85: S. Gregorio Magno, Homil. in Evangelia 19, 1: PL 76, 1154. Nota 86: Act 1, 8; cf. Didaché, 9, 1: Funk, Patres Apostolici, 1, 22.] (Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 61, 8 de diciembre de 1975) 

  • Sin conversión no es posible una sociedad más justa y fraterna

La Iglesia considera ciertamente importante y urgente la edificación de estructuras más humanas, más justas, más respetuosas de los derechos de la persona, menos opresivas y menos avasalladoras; pero es consciente de que aun las mejores estructuras, los sistemas más idealizados se convierten pronto en inhumanos si las inclinaciones inhumanas del hombre no son saneadas si no hay una conversión de corazón y de mente por parte de quienes viven en esas estructuras o las rigen. […] Dicho esto, nos alegramos de que la Iglesia tome una conciencia cada vez más viva de la propia forma, esencialmente evangélica, de colaborar a la liberación de los hombres. Y ¿qué hace? Trata de suscitar cada vez más numerosos cristianos que se dediquen a la liberación de los demás. (Pablo VI. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 36.38, 8 de diciembre de 1975)

…. juzga las relaciones de Francisco con mujeres “ordenadas” de las iglesias cristianas

  • El mensaje de Cristo es la verdad y no admite indiferencia o sincretismo

Una exhortación en este sentido nos ha parecido de importancia capital, ya que la presentación del mensaje evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios. Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida. (Pablo VI. Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 5, 8 de diciembre de 1975)

  • El peligro del diálogo… no puede ser una debilidad frente al deber con la fe

Pero subsiste el peligro. El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Pablo VI. Carta Encíclica Ecclesiam suam, n. 33. El “mandato” de la Iglesia en el mundo contemporáneo, 6 de agosto de 1964)

… juzga la idea de educación de la juventud que tiene Francisco

  • La enseñanza católica no debe detenerse en un plano meramente intelectual

A nadie se le ocurrirá poner en duda que esta enseñanza se ha de impartir con el objeto de educar las costumbres, no de estacionarse en un plano meramente intelectual. Con toda seguridad, el esfuerzo de evangelización será grandemente provechoso, a nivel de la enseñanza catequética dada en la Iglesia, en las escuelas donde sea posible o en todo caso en los hogares cristianos. (Pablo VI. Evangelii nuntiandi, n. 44, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de felicidad que tiene Francisco

  • La alegría se encuentra en acercarse a Dios y apartarse del pecado

El hombre puede verdaderamente entrar en la alegría acercándose a Dios y apartándose del pecado. Sin duda alguna “la carne y la sangre” son incapaces de conseguirlo (cf. Mt 16, 17). Pero la Revelación puede abrir esta perspectiva y la gracia puede operar esta conversión. Nuestra intención es precisamente invitaros a las fuentes de la alegría cristiana. […] La alegría cristiana es por esencia una participación espiritual de la alegría insondable, a la vez divina y humana, del Corazón de Jesucristoglorificado. (Pablo VI. Exhortación apostólica Gaudete in Domino, n. 15-16, 9 de mayo de 1975)

  • La alegría verdadera sólo es posible en la Iglesia

Alegría común, verdaderamente sobrenatural, don del Espíritu de unidad y de amor, y que no es posible de verdad sino donde la predicación de la fe es acogida íntegramente, según la norma apostólica. […] La alegría de ser cristiano, vinculado a la Iglesia “en Cristo”, en estado de gracia con Dios, es verdaderamente capaz de colmar el corazón humano. (Pablo VI. Exhortación apostólica Gaudete in Domino, n. 68.72, 9 de mayo de 1975)

… juzga la idea de ascetismo, silencio y penitencia que tiene Francisco

  • El sacerdote está obligado a una ascética viril

La vida sacerdotal exige una intensidad espiritual genuina y segura para vivir del Espíritu y para conformarse al Espíritu (Gál 5, 25); una ascética interior exterior verdaderamente viril en quien, perteneciendo con especial título a Cristo, tiene en él y por él crucificada la carne con sus concupiscencias y apetitos (Gál 5, 24), no dudando por esto de afrontar duras largas pruebas (cf. 1Cor 9, 26-27). (Pablo VI. Encíclica Sacerdotalis Caelibatus, n. 78, 24 de junio de 1967)

… juzga la idea de Curia Romana que tiene Francisco

  • El episcopado debe colaborar con la Curia, que ayuda al Papa

De más está añadir que esta colaboración del episcopado debe ser de gran beneficio a la Santa Sede y a toda la Iglesia, de modo particular al cotidiano trabajo de la CuriaRomana, a la que estamos tan agradecidos por su valiosísima ayuda, y de la que, como los obispos en sus diócesis, también Nos tenemos permanentemente necesidad para nuestras solicitudes apostólicas. (Pablo VI. Discurso inaugural de la última sesión del Concilio, 14 de septiembre de 1965) 

… juzga la idea de Papa que tiene Francisco

  • Ésta es la hora en que la Iglesia debe profundizar en la conciencia de sí misma

Podemos deciros ya, Venerables Hermanos, que tres son los pensamientos que agitan Nuestro espíritu cuando consideramos el altísimo oficio que la Providencia —contra Nuestros deseos y méritos— Nos ha querido confiar, de regir la Iglesia de Cristo en Nuestra función de Obispo de Roma y por lo mismo, también, de Sucesor del bienaventurado Apóstol Pedro, administrador de las supremas llaves del reino de Dios y Vicario de aquel Cristo que le constituyo como pastor primero de su grey universal; el pensamiento, decimos, de que ésta es la hora en que la Iglesia debe profundizar en la conciencia de sí misma, debe meditar sobre el misterio que le es propio, debe explorar, para propia instrucción y edificación, la doctrina que le es bien conocida, —en este último siglo investigada y difundida— acerca de su propio origen, de su propia naturaleza, de su propia misión, de su propio destino final. (Pablo VI. Encíclica Eclesiam Suam, n. 3, 6 de agosto de 1964)

… juzga la idea de que la Iglesia no debe ser un punto de referencia que tiene Francisco

  • Al contemplarse a sí misma, la Iglesia se hace más de Cristo

La Iglesia quiere finalmente contemplarse a sí misma o antes buscarse a sí misma en la mente de Jesucristo, su Divino Fundador. Esto seguramente significa rendir homenaje a la sabiduría y a la caridad de su Fundador pues mientras le profesa fe y fidelidad con continua observancia se hace más idónea para desarrollar la misión de salvación para la cual fue instituida. Nadie puede pensar que al proceder de ese modo la Iglesia por un lado se encierra en sí misma para complacerse y olvidarse, sea de Cristo de quien todo lo recibe, a quien todo lo debe, o del género humano, a quien debe servir. La Iglesia se encuentra entre Cristo y la comunidad humana, no envuelta sobre sí misma, como un velo cerrado que intercepta la visión, no ordenada hacia sí misma, sino, al contrario,constantemente empeñada en ser toda de Cristo, en Cristo, por Cristo, en ser toda de los hombres, para los hombres, verdaderamente humilde y excelente entre el Divino Salvador y la humanidad, instituida para tutela y difusión de la verdad y la gracia de la vida sobrenatural. (Beato Pablo VI. Discurso en la inauguración de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, 14 de septiembre de 1964) 

… juzga la idea del papel de las religiones no cristianas que tiene Francisco

  • Las otras religiones no logran establecer una relación auténtica con Dios

La Iglesia piensa que estas multitudes [no cristianas] tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo, dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospechada plenitud, todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la verdad. […] En otras palabras,nuestra religión instaura efectivamente una relación auténtica y viviente con Dios, cosa que las otras religiones no lograron establecer, por más que tienen, por decirlo así, extendidos sus brazos hacia el cielo. (Beato Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 53, 8 de diciembre de 1975) 

  • No podemos compartir las expresiones religiosas no cristianas

Evidentemente no podemos compartir estas variadas expresiones religiosas [judaísmo, religión musulmana y afroasiáticas] ni podemos quedar indiferentes, como si todas, a su modo, fuesen equivalentes y como si autorizasen a sus fieles a no buscar si Dios mismo ha revelado una forma exenta de todo error, perfecta y definitiva, con la que El quiere ser conocido, amado y servido; al contrario, por deber de lealtad, hemos de manifestar nuestra persuasión de que la verdadera religión es única, y que esa es la religión cristiana; y alimentar la esperanza de que como tal llegue a ser reconocida por todos los que verdaderamente buscan y adoran a Dios. (Beato Pablo VI, Carta encíclica Ecclesiam suam, n. 40, 6 de agosto de 1964)

… juzga la idea de vida contemplativa que tiene Francisco

  • Los religiosos de clausura son señal de la presencia de Dios

En un mundo, como el que nos rodea, olvidado de Dios, indiferente a Dios, negador de Dios, vosotros testimoniáis tranquilos, austeros y gentiles, y recogidos en vuestros monasterios casi que para observar una especie de encantamiento religioso. Vuestra presencia se hace señal de la presencia de Dios entre los hombres. Vosotros cantáis, ¿quién vos escucha?; vosotros celebráis, ¿quién vos observa? Parece como si os rodeara la incomprensión y os mortificara la soledad. Pero no es así. Cualquiera puede descubrir que habéis encendido un fuego: que vuestro claustro difunde luz y calor. Alguno se detiene, mira y piensa: Sois un reclamo para el mundo de hoy. Un principio de reflexión que es con frecuencia saludable y regenerador. (Beato Pablo VI, Alocución a los abades y priores benedictinos, 30 de septiembre de 1966) 

  • Los religiosos de clausura están en solidaridad con toda la Iglesia

Vuestra vocación monástica requiere la soledad y la clausura; pero no debéis jamás consideraros por esto aisladas y sustraídas de la solidaridad con toda la Iglesia. No estéis separadas, decíamos, de la comunión eclesial; os distinguís para dedicaos al designio especial de vuestra vida religiosa. (Beato Pablo VI, Discurso a las abadesas y prioras de los Monasterios Benedictinos de Italia, 28 de octubre de 1966) 

… juzga la idea de inmortalidad del alma que tiene Francisco

  • Cristo volverá con una sentencia eterna: infierno o paraíso

Éscatos, de hecho, significa último. Esta palabra (o más frecuentemente, lo que ella significa) no sólo aparece en muchos pasajes de los documentos conciliares, sino quepenetra toda la concepción de la vida cristiana, de la historia, del tiempo y del destino humano más allá de la muerte (los « novísimos del hombre », según el lenguaje del catecismo y de la predicación, o sea, la muerte, el juicio, el infierno y el paraíso); domina, principalmente, la concepción del designio de Dios con relación a la humanidad, al mundo y al glorioso y eterno epílogo final de la misión de Cristo. Es una concepción que nos hace pensar en una Iglesia en camino hacia otra vida, no establecida definitivamente en esta tierra, sino provisional y empeñada en un mesianismo que se extiende más allá del tiempo. […] Es verdad que aceptamos las palabras del Señor, que nos infunden la certeza de que, con su venida al mundo, el reino de Dios ya está en medio de nosotros (cf. Lc 17, 21); ya poseemos, en la Iglesia animada por el Espírito Santo, inmensas riquezas de vida nueva. Pero, después, con el soplo profético que penetra todo el Evangelio, Cristo nos amonesta que su venida histórica, descrita en el Evangelio, no fue la última. (Beato Pablo VI. Audiencia general del miércoles, 8 de septiembre de 1971)

… juzga la idea de que Dios nunca condena que tiene Francisco

  • No se puede nrecibir los sacramentos de modo pasivo o apático

La finalidad de la evangelización es precisamente la de educar en la fe, de tal manera, que conduzca a cada cristiano a vivir —y no a recibir de modo pasivo o apático— los sacramentos como verdaderos sacramentos de la fe. (Beato Pablo VI. Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 47, 8 de diciembre de 1975) 

… juzga la idea de esencia de la divinidad que tiene Francisco

  • La doctrina tomista de la participación del Ser nada tiene de panteísmo

Ciertamente Santo Tomás, como filósofo y teólogo cristiano, descubre en todos y cada uno de los seres una participación del Ser absoluto, que crea, sostiene y con su dinamismo mueve ex alto todo el universo creado, toda vida, cada pensamiento y cada acto de fe. Partiendo de estos principios, el Aquinate, mientras exalta al máximo la dignidad de la razón humana, ofrece un instrumento valiosísimo para la reflexión teológica y al mismo tiempo permite desarrollar y penetrar más a fondo en muchos temas doctrinales sobre los que él tuvo intuiciones fulgurantes. Así, los que se refieren a los valores trascendentales y la analogía del ser; la estructura del ser limitado compuesto de esencia y existencia; la relación entre los seres creados y el Ser divino; la dignidad de lacausalidad de las creaturas con dependencia dinámica de la causalidad divina; la consistencia real de las acciones de los seres finitos en el plano ontológico, con sus repercusiones en todos los campos de la filosofía y de la teología, de la moral y de la ascética; la organicidad y el finalismo del orden universal. Y si nos remontamos a la esfera de la verdad divina, hay que decir lo mismo de la idea de Dios como Ser subsistente, cuya misteriosa vida ad intra nos da a conocer la revelación; la deducción de los atributos divinos; la defensa de la transcendencia divina contra cualquier tipo depanteísmo; la doctrina de la creación y de la providencia divina con que Santo Tomás, superando las imágenes y penumbras del lenguaje antropomórfico, con el equilibrio y el espíritu de fe que le caracterizan, llevó a cabo una obra que hoy tal vez se llamaría de “demitización”, pero que podemos definir con mayor precisión como penetración racional, guiada, apoyada e impulsada por la fe, del contenido esencial de la revelación cristiana”. (Pablo VI. Carta Lumen Ecclesiae, n. 16, 20 de noviembre de 1974) 

… juzga la idea de paz que tiene Francisco

  • El apostolado es arriesgado y hay que estar inmunizado contra el contagio de los errores

Pero subsiste el peligro. El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Beato Pablo VI, Encíclica Ecclesiam Suam, n. 33, 6 de agosto de 1964) 

  • El peligro inminente de extravío en medio de las transformaciones presentes – obligación de profundizarse sobre la Iglesia según la Escritura y en la Tradición

Todos saben por igual que la humanidad en este tiempo está en vía de grandes transformaciones, trastornos y desarrollos que cambian profundamente no sólo sus formas exteriores de vida, sino también sus modos de pensar. Su pensamiento, su cultura, su espíritu se han modificado íntimamente, ya por el progreso científico, técnico y social, ya por las corrientes del pensamiento filosófico y político que la invaden y atraviesan. Todo ello, como las olas de un mar, envuelve y sacude a la Iglesia misma; los espíritus de los hombres que a ella se confían están fuertemente influidos por el clima del mundo temporal; de tal manera que un peligro como de vértigo, de aturdimiento, de extravío, puede sacudir su misma solidez e inducir a muchos a aceptar los más extraños pensamientos, como si la Iglesia tuviera que renegar de sí misma y abrazar novísimas e impensadas formas de vida. […] Ahora bien; creemos que para inmunizarse contra tal peligro, siempre inminente y múltiple, que procede de muchas partes, el remedio bueno y obvio es el profundizar en la conciencia de la Iglesia, sobre lo que ella es verdaderamente, según la mente de Cristo conservada en la Escritura y en la Tradición, e interpretada y desarrollada por la genuina enseñanza eclesiástica, la cual está, como sabemos, iluminada y guiada por el Espíritu Santo. (Beato Pablo VI, Encíclica Ecclesiam Suam, n. 8, 6 de agosto de 1964)

… juzga la idea de carne de Cristo y la pobreza como categoría teológica que tiene Francisco:

  • La Iglesia evangelizará por su fidelidad a Jesucristo

Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo, es decir, mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra de santidad. (Beato Pablo VI, Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, al episcopado, al clero y a los fieles de toda la Iglesia acerca de la evangelización en el mundo contemporáneo, n. 41, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de cómo llevar el Evangelio a todos que tiene Francisco

  • Acercarse a los hermanos no significa atenuar la verdad

¿Hasta qué punto debe la Iglesia acomodarse a las circunstancias históricas y locales en que desarrolla su misión? ¿Cómo debe precaverse del peligro de un relativismo que llegue a afectar su fidelidad dogmática y moral? Pero ¿cómo hacerse al mismo tiempo capaz de acercarse a todos para salvarlos a todos, según el ejemplo del Apóstol: Me hago todo para todos, a fin de salvar a todos? (1 Cor 9, 22). […] Pero subsiste el peligro. El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión.El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Beato Pablo IV. Carta Encíclica Ecclesiam Suam, 6 de agosto de 1964) 

  • La verdadera religión es única, y esa es la religión cristiana

Evidentemente no podemos compartir estas variadas expresiones religiosas ni podemos quedar indiferentes, como si todas, a su modo, fuesen equivalentes y como si autorizasen a sus fieles a no buscar si Dios mismo ha revelado una forma exenta de todo error, perfecta y definitiva, con la que El quiere ser conocido, amado y servido; al contrario,por deber de lealtad, hemos de manifestar nuestra persuasión de que la verdadera religión es única, y que esa es la religión cristiana; y alimentar la esperanza de que como tal llegue a ser reconocida por todos los que verdaderamente buscan y adoran a Dios. (Beato Pablo VI. Carta Encíclica Ecclesiam Suam, 6 de agosto de 1964)

  • La teoría que se funda en la negación de Dios es equivocada

Estamos firmemente convencidos de que la teoría en que se funda la negación de Dios es fundamentalmente equivocada […]. Por eso, mirando al interés supremo de la verdad, resistiremos con todas nuestras fuerzas a esta avasalladora negación, por el compromiso sacrosanto adquirido con la confesión fidelísima de Cristo y de su Evangelio, por el amor apasionado e irrenunciable al destino de la humanidad, y con la esperanza invencible de que el hombre moderno sepa todavía encontrar en la concepción religiosa, que le ofrece el catolicismo, su vocación a una civilización que no muere. (Beato Pablo IV. Carta Encíclica Ecclesiam Suam, 6 de agosto de 1964)

  • La finalidad de la evangelización es promover un cambio interior

Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: “He aquí que hago nuevas todas las cosas”. Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos. (Beato Pablo VI. Exortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 18) 

  • Transformar los criterios con la fuerza del Evangelio

Sectores de la humanidad que se transforman: para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio en zonas geográficas cada vez más vastas o poblaciones cada vez más numerosas, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criteriosde juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación. (Beato Paulo VI. Exortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 19) 

… juzga la idea de enseñar asuntos de moral que tiene Francisco

  • No dejar de proclamar la fidelidad conyugal

No podemos dejar de proclamar el deber de la fidelidad conyugal en la familia, deber mayor todavía después de que se ha dado al divorcio legal la posibilidad de realizarse impunemente.
Asimismo no podemos olvidar el deber de todos, y de nosotros los Pastores especialmente, de deplorar la legislación permisiva sobre el aborto […] Problemas de hoy éstos que se añaden a otros sin número ni medida y hacen grave, cada vez más grave, el deber pastoral y la responsabilidad sobre el Pueblo de Dios y sobre el que no es de Dios oficialmente, pero sin embargo es nuestro siempre. (Beato Pablo VI, Audiencia General, 24 de mayo de 1978)

  • Enseñanzas no fácilmente aceptadas por todos

Se puede prever que estas enseñanzas [la ilicitud de anticonceptivos] no serán quizá fácilmente aceptadas por todos: son demasiadas las voces — ampliadas por los modernos medios de propaganda — que están en contraste con la Iglesia. A decir verdad, ésta no se maravilla de ser, a semejanza de su divino Fundador, ‘signo de contradicción’ (Lc 2, 34), pero no deja por esto de proclamar con humilde firmeza toda la ley moral, natural y evangélica.
La Iglesia no ha sido la autora de éstas, ni puede por tanto ser su árbitro, sino solamente su depositaria e intérprete, sin poder jamás declarar licito lo que no lo es por su íntima e inmutable oposición al verdadero bien del hombre”. (Beato Paulo VI, Carta Encíclica Humanae Vitae, n. 18, 25 de julio de 1968) 

… juzga la idea de Cristo en el Juicio que tiene Francisco

  • No se puede cambiar o innovar subjetivamente la verdad

Bien sabemos, al hacer esto, por qué perturbaciones están hoy agitados, en lo tocante a la fe, algunos grupos de hombres. Los cuales no escaparon al influjo de un mundo que se está transformando enteramente, en el que tantas verdades son o completamente negadas o puestas en discusión. Más aún: vemos incluso a algunos católicos como cautivos de cierto deseo de cambiar o de innovar. La Iglesia juzga que es obligación suya no interrumpir los esfuerzos para penetrar más y más en los misterios profundos de Dios, de los que tantos frutos de salvación manan para todos, y, a la vez, proponerlos a los hombres de las épocas sucesivas cada día de un modo más apto. Pero, al mismo tiempo, hay que tener sumo cuidado para que, mientras se realiza este necesario deber de investigación, no se derriben verdades de la doctrina cristiana. Si esto sucediera — y vemos dolorosamente que hoy sucede en realidad —, ello llevaría la perturbación y la duda a los fieles ánimos de muchos.
A este propósito, es de suma importancia advertir que, además de lo que es observable y de lo descubierto por medio de las ciencias, la inteligencia, que nos ha sido dada por Dios, puede llegar a lo que es, no sólo a significaciones subjetivas de lo que llaman estructuras, o de la evolución de la conciencia humana. Por lo demás, hay que recordar que pertenece a la interpretación o hermenéutica el que, atendiendo a la palabra que ha sido pronunciada, nos esforcemos por entender y discernir el sentido contenido en tal texto, pero no innovar, en cierto modo, este sentido, según la arbitrariedad de una conjetura. (Beato Pablo VI. Homilía y profesión de Fe en la clausura del Año de la Fe, 30 de junio de 1968)

… juzga la idea de comunión y divorciados de segunda unión que tiene Francisco

  • La fidelidad conyugal es un deber que debe ser proclamado

No podemos dejar de proclamar el deber de la fidelidad conyugal en la familia, deber mayor todavía después de que se ha dado al divorcio legal la posibilidad de realizarse impunemente. (Beato Pablo VI, audiencia General, 24 de mayo de 1978)

… juzga la idea de incapacidad ante la crisis de la familia que tiene Francisco

  • Como Cristo, la Iglesia es signo de contradicción

Se puede prever que estas enseñanzas no serán quizá fácilmente aceptadas por todos: son demasiadas las voces —ampliadas por los modernos medios de propaganda— que están en contraste con la Iglesia. A decir verdad, ésta no se maravilla de ser, a semejanza de su divino Fundador, ‘signo de contradicción’, pero no deja por esto de proclamar con humilde firmeza toda la ley moral, natural y evangélica. […] Al defender la moral conyugal en su integridad, la Iglesia sabe que contribuye a la instauración de una civilización verdaderamente humana. […] La Iglesia, efectivamente, no puede tener otra actitud para con los hombres que la del Redentor: conoce su debilidad, tiene compasión de las muchedumbres, acoge a los pecadores, pero no puede renunciar a enseñar la ley que en realidad es la propia de una vida humana llevada a su verdad originaria y conducida por el Espíritu de Dios. (Beato Pablo VI. Encíclica Humanae vitae, 25 de julio de 1969, n. 18-19) 

… juzga la idea de relectura del Evangelio de Francisco:

  • La influencia del Evangelio debe iluminar todas las esferas de acción humana

19. […] para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio en zonas geográficas cada vez más vastas o poblaciones cada vez más numerosas, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación. (Beato Pablo VI, Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi al Episcopado, al Clero y a los Fieles de toda la Iglesia acerca de la Evangelización en el Mundo Contemporáneo, 8 de diciembre de 1975)

  • El Evangelio es capaz de iluminar, regenerar y enriquecer cualquier cultura

20.[…] El Evangelio y, por consiguiente, la evangelización no se identifican ciertamente con la cultura y son independientes con respecto a todas las culturas. Sin embargo, el reino que anuncia el Evangelio es vivido por hombres profundamente vinculados a una cultura, y la construcción del reino no puede por menos de tomar los elementos de la cultura y de las culturas humanas. Independientes con respecto a las culturas, Evangelio y evangelización no son necesariamente incompatibles con ellas, sino capaces de impregnarlas a todas sin someterse a ninguna. La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas. De ahí que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas. Estas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva. Pero este encuentro no se llevará a cabo si la Buena Nueva no es proclamada. (Beato Pablo VI, Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi al Episcopado, al Clero y a los Fieles de toda la Iglesia acerca de la Evangelización en el Mundo Contemporáneo, 8 de diciembre de 1975)

… juzga la idea de bien y mal de Francisco:

  • La conciencia no es la última instancia para juzgar la bondad del acto humano. Obligación de educar la conciencia a la luz de Cristo

A menudo se escucha como un aforismo indiscutible, que toda la moralidad del hombre debe consistir en seguir su propia conciencia; y esto se dice para emanciparlo tanto de las necesidades de una norma extrínseca, como del respeto a una autoridad que intenta dictar leyes a libre y espontanea actividad del hombre, el cual debería ser una ley en sí mismo, sin la limitación de otras intervenciones en sus operaciones. No diremos nada nuevo cuando preguntamos a cuantos encierran en tal criterio el ámbito de la vida moral que tener por tener por guía la propia conciencia no es apenas bueno, sino obligatorio. Los que actúan en contra de la conciencia está fuera del camino recto (cf. Rom 14, 23).
Pero, en primer lugar, hay que señalar que la conciencia, en sí misma, no es el árbitro del valor moral de las acciones que ella sugiere. La conciencia es intérprete de una norma interior y superior; no la crea por sí misma. Ella es iluminada por la intuición de ciertos principios normativos, connaturales a la razón humana (cfr S.TH, I, q.79, a12-13; I-II, q.94, a.1); la conciencia no es la fuente del bien y del mal; es la advertencia, es la auscultación de una voz, que se llama simplemente la voz de la conciencia, es la llamada a la conformidad que una acción debe tener con una exigencia extrínseca al hombre e por la cual el hombre es hombre verdadero y perfecto. Es decir, es el aviso subjetivo e inmediata de una ley, que debemos llamamos natural, a pesar de que muchas personas hoy en día ya no quieren oír hablar de la ley natural.
¿No es en relación con esta ley, entendida en su verdadero significado, que surge el sentido de responsabilidad del hombre? ¿Y con el sentido de la responsabilidad, el de la buena conciencia y el mérito, o bien, el del remordimiento y la culpa? Conciencia y responsabilidad son dos términos relacionados entre sí.
En segundo lugar, debemos observar que la conciencia, para ser norma válida de la actividad humana, debe ser recta, es decir, debe ser de ser verdadera, no incierta, ni culpablemente errónea. Lo cual, por desgracia, es facilísimo que suceda, dada la debilidad de la razón humana, cuando se deja a sí misma, cuando no se educa.
La conciencia necesita ser educada. La pedagogía de la conciencia es necesaria, como lo es para todo el hombre, este ser en desarrollo interno que lleva a cabo su vida en un marco externo muy complejo y exigente. La conciencia no es la única voz que puede guiar la actividad humana; su voz es clara y se fortalece cuando la de la ley y, por tanto, de la autoridad legítima, se une a la suya. Es decir, la voz de la conciencia no es siempre ni infalible, ni objetivamente suprema. Y esto es especialmente cierto en el campo de lo sobrenatural, donde la razón no sirve por sí misma para interpretar el camino del bien, y tiene que recurrir a la fe de dictar al hombre la norma de justicia querida por Dios a través de la revelación: “El justo, dice San Pablo, vive por la fe” (Gal 3, 11). Para caminar rectamente por la noche, como ocurre en el misterio de la vida cristiana, no bastan los ojos, es precisa la lámpara, es precisa la luz. Y este “lumen Christi” no deforma, no mortifica, no contradice la luz de nuestra conciencia, sino que la aclara y le da el poder para seguir a Cristo en el camino adecuado de nuestra peregrinación hacia la visión eterna. Por lo tanto: procuremos actuar siempre con la conciencia recta y fuerte, iluminada por la sabiduría de Cristo. (Beato Pablo VI,  Audiencia general, 12 de febrero de 1969)

… juzga la idea de libertad de conciencia  de Francisco:

  • Sólo la Iglesia puede formar adecuadamente la conciencia y los fieles deben cooperar en esta misión

Por su parte, los fieles, en la formación de su conciencia, deben prestar diligente atención a la doctrina sagrada y cierta de la Iglesia . Pues por voluntad de Cristo la Iglesia católica es la maestra de la verdad, y su misión consiste en anunciar y enseñar auténticamente la verdad, que es Cristo, y al mismo tiempo declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana. Procuren además los fieles cristianos, comportándose con sabiduría con los que no creen, difundir “en el Espíritu Santo, en caridad no fingida, en palabras de verdad” (2 Cor., 6, 6-7) la luz de la vida, con toda confianza y fortaleza apostólica, incluso hasta el derramamiento de sangre. Porque el discípulo tiene la obligación grave para con Cristo Maestro de conocer cada día mejor la verdad que de El ha recibido, de anunciarla fielmente y de defenderla con valentía, excluyendo los medios contrarios al espíritu evangélico. Al mismo tiempo, sin embargo, la caridad de Cristo le acucia para que trate con amor, prudencia y paciencia a los hombres que viven en el error o en la ignorancia de la fe. (Beato Pablo VI, Dignitatis humanae, 7 de diciembre de 1965)

… juzga la idea de proselitismo  de Francisco:

  • En el diálogo con los demás debemos inmunizarnos del contagio de sus errores

El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Beato Pablo VI, Encíclica Ecclesiam Suam, n. 33, 6 de agosto de 1964).

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