22 – La divinidad estará en todas las almas y el todo estará en todos

Cuando un niño llega a la edad de los porqués y le pide a su padre que le explique quién es Dios, la respuesta siempre remite a alguien, un Ser perfecto, inconmensurable, todopoderoso, que gobierna la creación con sabiduría y nos acompaña a todos para llevarnos al cielo, su eterna y maravillosa casa. Afirmaciones sencillas que son aceptadas con toda naturalidad por quien recibió el don de la fe en el bautismo. Tanto es así que, sin entrar en menudencias teológicas, suenan raras a los oídos de un católico ciertas verdades extrañas a esa misma fe.

Más allá de aquello que es capaz de captar un niño en su sencillez, están los dogmas acerca de la esencia divina. Entenderlos de un modo diferente al que la Iglesia enseña supone aventurarse por sendas escabrosas, y enseñarlos de modo confuso, puede significar un grandísimo error pastoral.

Francisco

 

Cita ACita B

Enseñanzas del Magisterio

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AutoresPara ayudar a entender el tema

Pío IX

Condenación de la afirmación de que Dios se confunde con la naturaleza

[Afirmación condenada:] No existe ser divino alguno, supremo, sapientísimo y providentísimo, distinto de esta universidad de las cosas, y Dios es lo mismo que la naturaleza, por tanto, sujeto a cambios y, en realidad, Dios se está haciendo en el hombre y en el mundo, y todo es Dios y tiene la mismísima sustancia de Dios; y una sola y misma cosa son Dios y el mundo y, por ende, el espíritu y la materia, la necesidad y la libertad, lo verdadero y lo falso, el bien y el mal, lo justo y lo injusto. (Denzinger-Hünermann, 2901. Pío IX. Syllabus, 1)

Concilio Vaticano I

Dios no es un ente universal o indefinido

[Contra el panteísmo] Si alguno dijere que es una sola y la misma la sustancia o esencia de Dios y la de todas las cosas, sea anatema.
[Contra las formas especiales del panteísmo] Si alguno dijere que las cosas finitas, ora corpóreas, ora espirituales, o por lo menos las espirituales, han emanado de la sustancia divina, o que la divina esencia por manifestación o evolución de sí, se hace todas las cosas, o, finalmente, que Dios es el ente universal o indefinido que, determinándose a sí mismo, constituye la universalidad de las cosas, distinguida en géneros, especies e individuos, sea anatema. (Denzinger-Hünermann, 3023-3024. Concilio Vaticano I. Sesión III. Constitución dogmática Dei Filius sobre la fe católica, 24 de abril de 1870)

Dios es distinto de todo y trasciende a todo

[Sobre Dios uno, vivo y verdadero y su distinción de la universidad de las cosas] La Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana cree y confiesa que hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección; el cual, siendo una sola sustancia espiritual, singular, absolutamente simple e inmutable, debe ser predicado como distinto del mundo, real y esencialmente, felicísimo en sí y de sí, e inefablemente excelso por encima de todo lo que fuera de Él mismo existe o puede ser concebido [Can. 1-4]. (Denzinger-Hünermann, 3001. Concilio Vaticano I. XX Ecuménico. Sobre la fe y la Iglesia. Sesión III. Constitución dogmática Dei Filius, sobre la fe católica, 24 de abril de 1870)

Pío X

La inmanencia teológica: materia escabrosa y grandísimo error

Aquí ya, venerables hermanos, se nos abre la puerta para examinar a los modernistas en el campo teológico. Mas, porque es materia muy escabrosa, la reduciremos a pocas palabras. Se trata, pues, de conciliar la fe con la ciencia, y eso de tal suerte que la una se sujete a la otra. En este género, el teólogo modernista usa de los mismos principios que, según vimos, usaba el filósofo, y los adapta al creyente; a saber: los principios de la inmanencia y el simbolismo. Simplicísimo es el procedimiento. El filósofo afirma: el principio de la fe es inmanente; el creyente añade: ese principio es Dios; concluye el teólogo: luego Dios es inmanente en el hombre. He aquí la inmanencia teológica. De la misma suerte es cierto para el filósofo que las representaciones del objeto de la fe son sólo simbólicas; para el creyente lo es igualmente que el objeto de la fe es Dios en sí: el teólogo, por tanto, infiere: las representaciones de la realidad divina son simbólicas. He aquí el simbolismo teológico. Errores, en verdad grandísimos; y cuán perniciosos sean ambos, se descubrirá al verse sus consecuencias. […] Qué opinan realmente los modernistas sobre la inmanencia, difícil es decirlo: no todos sienten una misma cosa. Unos la ponen en que Dios, por su acción, está más íntimamente presente al hombre que éste a sí mismo; lo cual nada tiene de reprensible si se entendiera rectamente. Otros, en que la acción de Dios es una misma cosa con la acción de la naturaleza, como la de la causa primera con la de la segunda; lo cual, en verdad, destruye el orden sobrenatural. Por último, hay quienes la explican de suerte que den sospecha de significación panteísta, lo cual concuerda mejor con el resto de su doctrina. (Pío X, Carta Encíclica Pascendi dominice gregis, n. 18, 8 de septiembre de 1907)

La teoría de la inmanencia divina lleva al panteísmo

Al mismo término, es a saber, a un puro y descarado panteísmo, conduce aquella otra teoría de la inmanencia divina, pues preguntamos: aquella inmanencia, ¿distingue a Dios del hombre, o no? Si lo distingue, ¿en qué se diferencia entonces de la doctrina católica, o por qué rechazan la doctrina de la revelación externa? Mas si no lo distingue, ya tenemos el panteísmo. Pero esta inmanencia de los modernistas pretende y admite que todo fenómeno de conciencia procede del hombre en cuanto hombre; luego entonces, por legítimo raciocinio, se deduce de ahí que Dios es una misma cosa con el hombre, de donde se sigue el panteísmo. (Pío X. Carta Encíclica Pascendi dominice gregis, n. 40, 8 de septiembre de 1907)

Condenación al panteísmo en el juramento antimodernista de San Pío X

En cuarto lugar, recibo sinceramente la doctrina de la fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, siempre con el mismo sentido y la misma interpretación. por esto rechazo absolutamente la suposición herética de la evolución de los dogmas, según la cual estos dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio. Igualmente, condeno todo error que consista en sustituir el depósito divino confiado a la esposa de Cristo y a su vigilante custodia, por una ficción filosófica o una creación de la conciencia humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres, sería susceptible en el futuro de un progreso indefinido. […] En fin, de manera general, profeso estar completamente indemne de este error de los modernistas, que pretenden no hay nada divino en la tradición sagrada, o lo que es mucho peor, que admiten lo que hay de divino en el sentido panteísta, de tal manera que no queda nada más que el hecho puro y simple de la historia. (Pío X. Motu Proprio Sacrorum Antistitum. Quo quaedam statuuntur leges ad modernismi periculum propulsandum. Iurisiurandi Formula, 1 de septiembre de 1910)

Juan Pablo II

La palabra de Dios rechaza toda forma de panteísmo

En fin, la palabra de Dios plantea el problema del sentido de la existencia y ofrece su respuesta orientando al hombre hacia Jesucristo, el Verbo de Dios, que realiza en plenitud la existencia humana. De la lectura del texto sagrado se podrían explicitar también otros aspectos; de todos modos, lo que sobresale es el rechazo de toda forma de relativismo, de materialismo y de panteísmo. (Juan Pablo II. Carta Encíclica Fides et ratio, n. 80, 14 de septiembre de 1998)

Pontificio Consejo para la Cultura

Deus sive natura”: panteísmo que despersonifica el Dios Trino

Esta nueva religiosidad se caracteriza por la adhesión a un dios que, a menudo, carece de rostro o de características personales. A la pregunta por Dios, muchos, se llamen creyentes o no, responden que creen en la existencia de una fuerza o de un ser superior, trascendente, pero sin las características de una persona, mucho menos de un padre. La fascinación por las religiones orientales, trasplantadas a Occidente, va acompañada de esta despersonalización de Dios. En los ambientes científicos, el materialismo ateo del pasado deja lugar a una nueva forma de panteísmo, donde el universo es concebido como algo divino: Deus, sive natura, sive res. El desafío es grande para la fe cristiana, que se funda sobre la revelación del Dios tripersonal, a cuya imagen, cada hombre está llamado a vivir en comunión. La fe en un Dios en tres personas es el fundamento de toda la fe cristiana, así como la constitución de una sociedad auténticamente humana. (Pontificio Consejo para la Cultura. Documento final de la Asamblea Plenaria. ¿Dónde está tu Dios? La fe cristiana ante la increencia religiosa, 13 de marzo de 2004)

Juan XXII

Las ideas panteístas de Eckhart fueron condenadas por la Iglesia

[Error condenado:] Nosotros nos transformamos totalmente en Dios y nos convertimos en Él. De modo semejante a como en el sacramento el pan se convierte en cuerpo de Cristo; de tal manera me convierto yo en Él, que Él mismo me hace ser una sola cosa suya, no cosa semejante: por el Dios vivo es verdad que allí no hay distinción alguna. (Denzinger-Hünermann, 960. Errores de Eckhart -sobre el Hijo de Dios, etc.- enumerados y condenados por Juan XXII en la Constitución In agro dominico, en 27 de marzo de 1329)

Inocencio XI

La doctrina de Molinos es una teología panteísta

[Error condenado:] No obrando nada, el alma se aniquila y vuelve a su principio y a su origen, que es la esencia de Dios, en la que permanece transformada y divinizada, y Dios permanece entonces en sí mismo; porque entonces no son ya dos cosas unidas, sino una sola y de este modo vive y reina Dios en nosotros, y el alma se aniquila a sí misma en el ser operativo. (Denzinger-Hünermann, 2205. Errores de Miguel de Molinos condenados en el Decreto del Santo Oficio de 28 de agosto y en la Constitución Coelestis Pastor, de Inocencio XI, en 20 de noviembre de 1687)

Concilio Vaticano II

La íntima unión con Dios debe ser entendida rectamente en Cristo

Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia. Y porque la Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano, ella se propone presentar a sus fieles y a todo el mundo con mayor precisión su naturaleza y su misión universal, abundando en la doctrina de los concilios precedentes. Las condiciones de nuestra época hacen más urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que todos los hombres, que hoy están más íntimamente unidos por múltiples vínculos sociales técnicos y culturales, consigan también la plena unidad en Cristo. (Constitución Dogmática Lumen Gentium, n. 1, 21 de noviembre de 1964)

Congregación para la Doctrina de la Fe

La Iglesia proclama el verdadero misterio de Dios

La misión universal de la Iglesia nace del mandato de Jesucristo y se cumple en el curso de los siglos en la proclamación del misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y del misterio de la encarnación del Hijo, como evento de salvación para toda la humanidad. Es éste el contenido fundamental de la profesión de fe cristiana:Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador de cielo y tierra […]. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho (Conc. de Constantinopla I, Symbolum Costantinopolitanum: DS 150). (Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración Dominus Iesus, n. 1)

Catecismo de la Iglesia Católica

El Credo es el punto de referencia fundamental

Se llama a estas síntesis de la fe “profesiones de fe” porque resumen la fe que profesan los cristianos. Se les llama “Credo” por razón de que en ellas la primera palabra es normalmente: “Creo”. Se les denomina igualmente “símbolos de la fe”. La palabra griego symbolon significaba la mitad de un objeto partido (por ejemplo, un sello) que se presentaba como una señal para darse a conocer. Las partes rotas se ponían juntas para verificar la identidad del portador. El “símbolo de la fe” es, pues, un signo de identificación y de comunión entre los creyentes. Symbolon significa también recopilación, colección o sumario. El “símbolo de la fe” es la recopilación de las principales verdades de la fe. De ahí el hecho de que sirva de punto de referencia primero y fundamental de la catequesis. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 187-188)

Creer en la Iglesia Católica es inseparable de la fe en Dios

Creer que la Iglesia es “Santa” y “Católica”, y que es “Una” y “Apostólica” (como añade el Símbolo Niceno-Constantinopolitano) es inseparable de la fe en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el Símbolo de los Apóstoles, hacemos profesión de creer que existe una Iglesia Santa (Credo […] Ecclesiam), y no de creer en la Iglesia para no confundir a Dios con sus obras y para atribuir claramente a la bondad de Dios todos los dones que ha puesto en su Iglesia (cf. Catecismo Romano, 1, 10, 22). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 750)

Santo Tomás de Aquino

Dios es el Padre y Cristo es el verdadero Hijo de Dios

No sólo es necesario para los cristianos creer en un solo Dios, Creador del cielo y de la tierra, y de todas las cosas, pero también creer que Dios es el Padre y Cristo es el verdadero Hijo de Dios. […] El Símbolo de los Padres dice ‘Dios de Dios, Luz de Luz’, es decir, debemos creer que es Dios Hijo de Dios Padre y que el Hijo es luz de la luz del Padre. (Santo Tomás de Aquino. In Symbolum Apostolorum, a. 2)

Creemos por la fe en lo que veremos en la vida eterna

Debemos creer que Cristo es el Hijo unigénito de Dios, el verdadero Hijo de Dios, que siempre fue con el Padre, y que existe una persona del Hijo y otra del Padre, y que tienen la misma naturaleza divina. Todo esto creemos ahora por la fe, pero lo veremos un día por la perfecta visión, en la vida eterna. (Santo Tomás de Aquino. In Symbolum Apostolorum, a. 2)

Grave error de pensar que Dios es el ser formal de todo

Dios no es el ser formal de todo. Con esto se refuta el error de algunos que dijeron que Dios no era otra cosa que el ser formal de toda cosa. […] El cuarto motivo que los pudo inducir a esto es el modo de hablar con que decimos que Dios está en todas las cosas; sin comprender que no está en las cosas como algo de la cosa, sino como causa de la cosa, causa que de ningún modo cesa en su efecto. (Suma contra Gentiles, l. I, c. 26, n. 13)

Pablo VI

La doctrina tomista de la participación del Ser nada tiene de panteísmo

Ciertamente Santo Tomás, como filósofo y teólogo cristiano, descubre en todos y cada uno de los seres una participación del Ser absoluto, que crea, sostiene y con su dinamismo mueve ex alto todo el universo creado, toda vida, cada pensamiento y cada acto de fe. Partiendo de estos principios, el Aquinate, mientras exalta al máximo la dignidad de la razón humana, ofrece un instrumento valiosísimo para la reflexión teológica y al mismo tiempo permite desarrollar y penetrar más a fondo en muchos temas doctrinales sobre los que él tuvo intuiciones fulgurantes. Así, los que se refieren a los valores trascendentales y la analogía del ser; la estructura del ser limitado compuesto de esencia y existencia; la relación entre los seres creados y el Ser divino; la dignidad de la causalidad de las creaturas con dependencia dinámica de la causalidad divina; la consistencia real de las acciones de los seres finitos en el plano ontológico, con sus repercusiones en todos los campos de la filosofía y de la teología, de la moral y de la ascética; la organicidad y el finalismo del orden universal. Y si nos remontamos a la esfera de la verdad divina, hay que decir lo mismo de la idea de Dios como Ser subsistente, cuya misteriosa vida ad intra nos da a conocer la revelación; la deducción de los atributos divinos; la defensa de la transcendencia divina contra cualquier tipo de panteísmo; la doctrina de la creación y de la providencia divina con que Santo Tomás, superando las imágenes y penumbras del lenguaje antropomórfico, con el equilibrio y el espíritu de fe que le caracterizan, llevó a cabo una obra que hoy tal vez se llamaría de “demitización”, pero que podemos definir con mayor precisión como penetración racional, guiada, apoyada e impulsada por la fe, del contenido esencial de la revelación cristiana”. (Pablo VI. Carta Lumen Ecclesiae, n. 16, 20 de noviembre de 1974)

San Agustín

Distinción entre la luz de la divinidad, las otras luces, y la propia criatura humana

Y alertado por aquellos escritos que me intimaban a retornar a mí mismo, entré en mi interior guiado por ti; y lo pude hacer porque tú te hiciste mi ayuda (Sal 29, 11). Entré y vi con el ojo de mi alma, comoquiera que él fuese, sobre el mismo ojo de mi alma, sobre mi mente, una luz inmutable, no esta vulgar y visible a toda carne ni otra cuasi del mismo género, aunque más grande, como si ésta brillase más y más claramente y lo llenase todo con su grandeza. No era esto aquella luz, sino cosa distinta, muy distinta de todas éstas. Ni estaba sobre mi mente como está el aceite sobre el agua o el cielo sobre la tierra, sino estaba sobre mí, por haberme hecho, y yo debajo, por ser hechura suya. Quien conoce la verdad, conoce esta luz, y quien la conoce, conoce la eternidad. La caridad es quien la conoce. (San Agustín. Las Confesiones. L. VII, c. 10, n. 16)

Todas las cosas proceden de Dios, pero no son Dios

Y miré las demás cosas que están por bajo de ti, y vi que ni son en absoluto ni absolutamente no son. Son ciertamente, porque proceden de ti; pero no son, porque no son lo que eres tú, y sólo es verdaderamente lo que permanece inmutable. Pero para mí el bien está en adherirme a Dios (Sal 72, 28), porque, si no permanezco en él, tampoco podré permanecer en mí. Pero él, permaneciendo en sí mismo, renueva todas las cosas (Sab 7, 27); y tú eres mi Señor, porque no necesitas de mis bienes (Sal 15, 2). (San Agustín. Las Confesiones. L. VII, c.11, n.17)

Los cristianos no ignoran al Dios creador que los trasciende

Por lo que se refiere a su coincidencia con nosotros sobre un solo Dios autor de este universo, que no sólo es incorpóreo sobre todos los cuerpos, sino también incorruptible sobre todas las almas, nuestro principio, nuestra luz, nuestro bien, en todo esto tenemos que anteponerlos a todos los demás. Puede ser que el cristiano, ignorante de su literatura, no use de su terminología en la discusión, llamando natural en latín y física en griego a la parte que versa sobre la investigación de la naturaleza, y racional o lógica a la otra en que se busca el modo de percibir la verdad, y moral o ética a la que se trata de las costumbres, de los fines buenos que han de perseguirse y de los malos que deben evitarse. Pero no por ello ignora que es del único y verdadero perfecto Dios de quien tenemos la naturaleza, por la cual hemos sido hechos a su imagen; lo mismo que la doctrina, por la cual le conocemos a Él y nos conocemos a nosotros; y la gracia, que nos hace felices por la unión con él. (San Agustín. La Ciudad de Dios. L. VIII, c. 10, n. 1-2)

Hechos a su imagen y semejanza, pero muy distantes de la divinidad

¿Acaso no es Dios también el artífice de todas estas cosas? Sí, pero al hombre lo hizo a su imagen y semejanza (Gen 1, 26-27). A cierta semejanza se llama hombre: ¿Qué grado de semejanza? ¿Qué es semejante y a quién? ¿El hombre a Dios? ¿Qué es el hombre, sino que te acuerdas de él? (Sal 8, 5). Hechos a su imagen y semejanza, digamos a nuestro Dios: ¡Oh Dios!, ¿quién hay semejante a ti? (Sal 82, 2; 34, 10). Pues añadió: Recuerda que somos polvo (Sal 102, 14). Por tanto, estás lejos de la semejanza con Dios. El hombre fue hecho a semejanza de Dios, pero esa semejanza dista tanto que no admite una comparación decorosa. (San Agustín. Sermón 24, 3)


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