52 – Dios está en la vida de toda persona

San Pablo enseña que las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada no son suficientes para separarnos de Dios (Cf. Rm 8, 35). Ahora bien, ¿se podría decir lo mismo de los vicios, la droga o cualquier otra cosa sin distinción? ¿Tampoco pueden extirpar la presencia de Dios en nosotros? Pregunta análoga se podría formular si esto nos lo propusieran como certeza dogmática… Y las preguntas se comienzan a multiplicar. Porque no queda claro si Dios habita de la misma manera el alma de un buen cristiano que practica los mandamientos, aunque con dificultad y sufrimiento y hasta caídas, que en la de un pecador que no busca a Dios y además lo desprecia viviendo de forma escandalosa.

La verdad es que este tema tiene muchos matices y no puede ser, de ninguna manera, tratado con ligereza. Una certeza dogmática, desde luego, no admite ambigüedades o lagunas a la hora de ser transmitida. Gracias a Dios, la teología católica nos aclara cuáles y cómo son las presencias de Dios en nuestras vidas.

Francisco

Papa_Spadaro

Cita ACita B

Enseñanzas del Magisterio

Entra en las diversas partes de nuestro estudio

Autores

Santo Tomás de Aquino

Dios está en todos, pero no del mismo modo

Respondo: Dios está en las cosas de un modo doble. 1) Uno, como causa agente; y así se dice que está en todas las cosas creadas por él. 2) Otro, como está en el agente el objeto de la acción. Esto es propio de las operaciones del alma como lo conocido está en el que conoce, y lo deseado en el que desea. De este segundo modo está Dios especialmente en las criaturas racionales, que le conocen y le aman actual o habitualmente. Como quiera que la criatura racional tiene esto por gracia, como veremos (q.43 a.3), se dice que está en los santos por gracia.
Lo referente a cómo está en las demás criaturas se puede entender considerando lo que sucede en las demás cosas humanas. Se dice que el rey está en potencia en todo su reino, aunque no esté presente físicamente en todas partes. Se dice que alguien está por presencia en todo lo que cae bajo su mirada. Así se dice que alguien está en casa y, sin embargo, sustancialmente no está en todas y cada una de las partes de la casa. Por sustancia o esencia se dice de aquel que está presente en un lugar ocupado por su totalidad física. […] Así, pues, hay que decir que [Dios] está en todos por potencia en cuanto que todo está sometido a su poder; que está por presencia en todos en cuanto que todo queda al descubierto ante El; que está en todos por esencia en cuanto que está presente en todos como razón de ser. (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica I q. 8, a. 3)

San Agustín

¿Dios está en la vida de todos?

Pero lo que despierta mucho asombro es el hecho que Dios, estando entero en cada lugar, no obstante no habita en todos los hombres. A todos en efecto no puede aplicarse la afirmación del Apóstol ya citada, o incluso esta otra: ¿No sabéis que eres templo de Dios y que el Espíritu de Dios vive en ustedes? (1Cor 3, 16) En sentido contrario el mismo Apóstol dijo con respecto a algunos: Quién no tiene el Espíritu de Cristo, no pertenece a él (Rm 8, 9). ¿Quién, además se atrevería a pensar, excepto quien ignora enteramente la indivisibilidad de la Trinidad, que el Padre y el Hijo puedan habitar en alguien en quien no vive el Espíritu Santo?, ¿o que el Espíritu Santo posa habitar en alguien en quien no habita el Padre y el Hijo? Pues se debe admitir que Dios está por todas partes con la presencia dela divinidad, pero no por todas partes con la gracia con la cual habita en las almas. (San Agustín, Epístola 187)

Dios no habita en todos. Por causa del pecado el pecador se aleja de Dios

Pues bien, Dios que está por todas partes entretanto no habita en todos, ni vive de manera igual en los cuales habita.[…] Uno entonces dice que son lejos del él ésos que debido al pecado son totalmente diferentes de él; que son prójimos de Él los cuales, con una vida santa asemíllanse con Él, del mismo modo que justamente se dice que os ojos son tanto más lejos dela luz dela tierra, cuanto más ciegos son. (San Agustín, Epístola 187)

Concilio de Trento

¿Quienes son los domésticos de Dios?

Justificados, pues, de esta manera y hechos amigos y domésticos de Dios (Jn 15,15 Ep 2,19), caminando de virtud en virtud (Ps 83,8), se renuevan (como dice el Apóstol) de día en día (2Co 4,16); esto es, mortificando los miembros de su carne (Col 3,5) y presentándolos como armas de la justicia (Rm 6,13-19) para la santificación por medio de la observancia de los mandamientos de Dios y de la Iglesia (Denzinger-Hünermann 1535. Pablo III, Concílio de Trento Sesión sexta, Decreto sobre la justificación, 13 de enero de 1547)

Dios tiene amigos e enemigos

A esta disposición o preparación, síguese la justificación misma que no es sólo remisión de los pecados [Can. 11], sino también santificación y renovación del hombre interior, por la voluntaria recepción de la gracia y los dones, de donde el hombre se convierte de injusto en justo y de enemigo en amigo, para ser heredero según la esperanza de la vida eterna (Tt 3,7). (Denzinger-Hünermann 1528. Pablo III, Concílio de Trento Sesión sexta, Decreto sobre la justificación, 13 de enero de 1547)

Quien ama a Dios guarda su palabra e sus mandamientos

Porque los que son hijos de Dios aman a Cristo y los que le aman., como El mismo atestigua, guardan sus palabras (Jn 14,23); cosa que, con el auxilio divino, pueden ciertamente hacer. (Denzinger-Hünermann 1536. Pablo III, Concílio de Trento Sesión sexta, Decreto sobre la justificación, 13 de enero de 1547)

Pecador, igual a: “hijos de ira”

Todos los pecados mortales, aun los de pensamiento, hacen a los hombres «hijos de ira» [Ef2, 3] y enemigos de Dios. (Denzinger-Hünermann 1680. Julio III, Concílio de Trento 14ª sesión)

Juan XXIII

Amigos de Dios por la gracia sobrenatural

Si, por otra parte, consideramos la dignidad de la persona humana a la luz de las verdades reveladas por Dios, hemos de valorar necesariamente en mayor grado aún esta dignidad, ya que los hombres han sido redimidos con la sangre de Jesucristo, hechos hijos y amigos de Dios por la gracia sobrenatural y herederos de la gloria eterna. (Denzinger-Hünermann 3957. Juan XXIII, Pacem in terris, n. 10, 11 de Abril de 1963)

Catecismo de la Iglesia Católica

Si no amamos a Dios no podemos estar unidos a Él

Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: “Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él” (1 Jn 3, 14-15). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1033)

Benedicto XVI

Hay quienes se colocan lejos de Dios

Puede haber personas que han destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor. Ésta es una perspectiva terrible, pero en algunos casos de nuestra propia historia podemos distinguir con horror figuras de este tipo. En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra infierno. (Benedicto XVI, Spe salvi, n. 45, 30 de Noviembre de 2007)


Print Friendly, PDF & Email