134 – “Debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle”

La existencia de la Iglesia es una historia que se desarrolla de triunfo en triunfo en medio de un sinfín de ataques, persecuciones y odios provenientes de diferente pelaje, pero con una única cabeza, el enemigo infernal que alberga la fantasía de un día conseguir destruirla. Desde paganos a apóstatas, poderosos y pequeños, ilustrados y analfabetos, e, incluso, aunque duela decirlo, de los mismos hijos que más la debían defender, recibe la Santa Iglesia, injurias y golpes violentos. Ella, sin embargo, permanece como dice San Pablo: “santa e inmaculada” (Ef 5, 26) brillando sobre las cataratas de odio que se le vierten encima.

La permanente capacidad de resistir a todas las tempestades se funda de la promesa de su Divino Fundador: “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt. 16, 13)”.

Por eso, la doctrina que todos los herejes tienen en común es la negación de la autoridad papal. Quien ama y defiende al papado, permanece unido a la Iglesia, y quien rechaza este fundamento, se separa de la Iglesia y para marchitar sin solución.

Consecuencia de asunto tan vital es que la forma de ejercer el ministerio Petrino es un asunto que los Padres de la Iglesia y los papas han delineado con todo cuidado e exactitud. Esta doctrina sólida y clara está registrada a través de numerosos documentos del magisterio.

Si Francisco está queriendo: “sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle” y “queriendo opiniones de cómo debe ser gobernada la Iglesia”, le comunicamos que el proprio magisterio de sus antecesores tiene todas las respuestas… Aquí presentamos algunas. Y recordamos… a lo largo de la Historia, los que han querido distanciarse de una “centralización” y cambiar el modo de gobernar la Iglesia, fueron calificados de forma inequívoca… Cada lector, entienda.

Francisco

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Cita A

Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización. El Papa Juan Pablo II pidió que se le ayudara a encontrar “una forma del ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva”. Hemos avanzado poco en ese sentido. También el papado y las estructuras centrales de la Iglesia universal necesitan escuchar el llamado a una conversión pastoral. El Concilio Vaticano II expresó que, de modo análogo a las antiguas Iglesias patriarcales, las Conferencias Episcopales pueden “desarrollar una obra múltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta”. Pero este deseo no se realizó plenamente, por cuanto todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias Episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal. Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera. (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 32)

Enseñanzas del Magisterio

Tabla de contenido

I – ¿El ministerio de Pedro se alejó de los designios de Cristo a lo largo de los siglos? ¿El Papado tal y como siempre fue entendido necesita una conversión?
II – Al sucesor de Pedro le fueron concedidos poderes específicos que deben ser ejercidos únicamente por él como condición de la unidad de la Iglesia. Su misión es personal, intransferible y de él depende toda autoridad en la verdadera Iglesia de Dios
III – La vida de la Iglesia depende del Papado. Destruir el Primado a través de la disminución de los poderes del Romano Pontífice es aniquilar la Iglesia de Jesucristo
IV – Muchos intentaron abolir el Papado en el pasado, incluso con los mismos argumentos que se usan hoy…


I – ¿El ministerio de Pedro se alejó de los designios de Cristo a lo largo de los siglos? ¿El Papado tal y como siempre fue entendido necesita una conversión?

Juan Pablo II
-La Iglesia Católica conserva fielmente el ministerio petrino

Nicolás I
-Los privilegios firmados por Cristo nada ni nadie los puede alterar

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)
-Lo que Cristo instituyó debe por necesidad permanecer

León XIII
-Poder establecido hasta el fin de los siglos

Pío XI
-La Iglesia ha de ser siempre exactamente la misma
-Los protestantes están dispuestos a actuar en unión con la Iglesia Romana de igual a igual…

San Francisco de Sales
-…y turban la fuente cristalina del Evangelio, de tal manera que ni San Pedro puede encontrar en ella sus llaves ni a nosotros nos dejan beber el agua de la santa obediencia que debemos al Vicario de Cristo

Pío XII
-Cristo y su vicario constituyen una sola cabeza

Pío IX
-Los Romanos Pontífices tienen la misión de apartar el rebaño de los pastos envenenados

León XIII
-Nadie debería apartarse de la autoridad magisterial infalible

II – Al sucesor de Pedro le fueron concedidos poderes específicos que deben ser ejercidos únicamente por él como condición de la unidad de la Iglesia. Su misión es personal, intransferible y de él depende toda autoridad en la verdadera Iglesia de Dios

Clemente I
-Cada uno sólo complace a Dios conservándose en su propio ministerio

Catecismo de la Iglesia Católica
-Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica…

Catecismo Romano
-…que no existiría en otra parte si no la tuviera el Romano Pontífice

San Bernardo de Claraval
-El único pastor de todos

Clemente VI
-El Papa tiene idéntica plenitud de jurisdicción que la del bienaventurado Pedro…

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)
-…y plena potestad de apacentar, regir y gobernar la Iglesia

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)
-Se oponen a las Sagradas Escrituras quienes falsifican la forma de gobierno establecida por Cristo
-A nadie le es lícito juzgar acerca del juicio del Romano Pontífice
-Misión de guardar y exponer el depósito de la fe
-El Romano Pontífice posee la infalibilidad de la que el Redentor quiso que gozara su Iglesia

San Francisco de Sales
-Hay que recurrir a Pedro no como a un hombre docto, sino como al pastor general
-Si el supremo pastor extravía las ovejas ¿quién las guiará?

III – La vida de la Iglesia depende del Papado. Destruir el Primado a través de la disminución de los poderes del Romano Pontífice es aniquilar la Iglesia de Jesucristo

Concilio Vaticano I (Ecuménico XX)
-Los infiernos quieren derrocar el fundamento de la Iglesia

Santo Tomás de Aquino
-La Iglesia requiere un jefe universal…

León XIII
-…y unidad de gobierno

San Ambrosio de Milán
-Donde está Pedro, allí está la Iglesia

San Cipriano de Cartago
-La forma de la Iglesia proviene de la palabras de Cristo: “Tu eres Pedro”
-El Señor estableció una sola cátedra
-No se puede creer en quienes abandonan la cátedra de Pedro

Orígenes
-La piedra y la Iglesia son una misma cosa

San Juan Damasceno
-Roca inquebrantable

San Agustín de Hipona
-La Iglesia no cae porque está cimentada sobre Pedro
-En el nombre de Pedro está figurada la Iglesia
-En Pedro habéis de reconocer a la Iglesia

León I Magno
-Cristo quiere que la firmeza de la Iglesia resida en Pedro
-A todos fue común la elección, pero a uno la preeminencia

Gregorio I Magno
-La solidez de la Iglesia se apoya en la de Pedro

San Francisco de Sales
-El Papa y la Iglesia conforman un solo todo
-San Pedro es el primero, el gobernador y confirmador de los demás

San Jerónimo
-Sin una cabeza la Iglesia caería en cisma

San Roberto Belarmino
-¿El barco puede aventurarse en olas sin un piloto?

Pío X
-Para salvar a la Iglesia Dios envió el piloto que empuña el timón

Pío IX
-No hay otra Iglesia sino la edificada sobre Pedro

Pío XII
-Palpable demostración de la indivisible unidad de la Iglesia

IV – Muchos intentaron abolir el Papado en el pasado, incluso con los mismos argumentos que se usan hoy…

Juan Pablo II
-Hubo quien intentase reducir la potestad del Romano Pontífice a un cargo de inspección o de dirección

Concilio Vaticano I
-Condena a los que dicen que el Romano Pontífice no tiene plena potestad de jurisdicción

San Francisco de Sales
-¿Atacar la dignidad del Papa puede ser bueno?

Martín Lutero
-Pregunta típica de herejes: “¿Qué derecho asiste al Papa para someternos a sus leyes?”

San Alfonso de Ligorio
-Los anglicanos tienen la autoridad pontificia en cuenta de tiranía

Concilio de Constanza (XVI Ecuménico)
-Wicleff niega la necesidad de la Iglesia Romana para la salvación
-Jan Hus cree que Cristo gobierna mejor a través de sus discípulos esparcidos por toda la tierra

San Roberto Belarmino
-Calvino considera que la autoridad reside en el conjunto de los obispos
-Juan Brentius concede el sumo poder a los príncipes seglares
-La verdad es proclamada por un Doctor de la Iglesia: ni el pueblo, ni los príncipes seglares o eclesiásticos detentan el régimen de la Iglesia, sino el Papa

Anexo 1 – ¿Cuál es la verdadera relación entre el Sumo Pontífice y el colegio episcopal, según la doctrina de la Iglesia?

Concilio de Trento (XIX Ecuménico)
-Afirmar que todos gozan de igual potestad espiritual es confundir la jerarquía eclesiástica

Juan Pablo II
-El colegio apostólico extiende la fe, pero el Sucesor de Pedro la confirma
-El Papa posee la plenitud de potestad a título personal, mientras el cuerpo episcopal la posee colegialmente

Código de Derecho Canónico
-El colegio episcopal es sujeto de la potestad suprema

León XIII
-La autoridad de los obispos no es plena, ni universal, ni soberana
-Si el vínculo de los obispos con el sucesor de Pedro se desata, el pueblo cristiano se disgrega
-Los que se separan de Pedro pierden sus derechos
-Sin la obediencia al Papa reina confusión y desorden
-La autoridad es elemento principal de la constitución de la Iglesia

Concilio Vaticano I
-Para que los fieles se mantuvieran unidos por el vínculo de la misma fe, Jesucristo instituyó Pedro fundamento de su Iglesia
-El Papa posee la potestad de jurisdicción, a que están obligados los pastores y fieles

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)
-Para que el episcopado fuese indiviso, Cristo puso Pedro al frente de los Apóstoles
-El Romano Pontífice es principio y fundamento de unidad

San Francisco de Sales
-Nuestro Señor ha dicho en términos singulares a San Pedro lo que dice de manera general a los otros
-Pedro es el supremo jefe de la Iglesia, los otros, delegados y comisionados
-Los Apóstoles fueron iguales en el apostolado, no en la dignidad

Eugenio IV
-La autoridad papal es mayor que la de un Concilio…

Pío II
-…el cual no puede ir en contra del deseo del Romano Pontífice

Juan XXII
-Los que igualan la autoridad del Papa a la de los demás Apóstoles son enemigos de la fe católica, heréticos o hereticales

Anexo 2 – Las “iglesias” que niegan obediencia al Papa no pueden subsistir

El fracaso de las sectas a lo largo de los siglos…

Ethan R. Longhenry
-La “iglesia” de Juan Wiclif no duró siquiera un siglo

Hilaire Belloc
-La misma doctrina que niega la autoridad del Sumo Pontífice destroza los fundamentos del protestantismo

Pedro Herrasti
-Cada “iglesia” que se separaba de Roma se dividía y subdividía

…y en nuestros días

Mundo Cristiano
-“Iglesia” protestante en Alemania pierde fieles

The Independent
-Esta es la última generación de anglicanos

Richard Krejcir
-Declina el número de feligreses protestantes de los Estados Unidos


I – ¿El ministerio de Pedro se alejó de los designios de Cristo a lo largo de los siglos? ¿El Papado tal y como siempre fue entendido necesita una conversión?


Juan Pablo II

  • La Iglesia Católica conserva fielmente el ministerio petrino

La Iglesia Católica es consciente de haber conservado, en fidelidad a la tradición apostólica y a la fe de los Padres, el ministerio del Sucesor de Pedro. (Juan Pablo II. Carta al Cardenal Ratzinger citada por la Congregación para la Doctrina de la Fe. El primado del sucesor de Pedro en el misterio de la Iglesia, 31 de octubre de 1998)

Nicolás I

  • Los privilegios firmados por Cristo nada ni nadie los puede alterar

[…] los privilegios de la Iglesia romana, afirmados por la boca de Cristo en el bienaventurado Pedro, dispuestos en la Iglesia misma, de antiguo observados, por los santos Concilios universales celebrados y constantemente venerados por toda la Iglesia, en modo alguno pueden disminuirse, en modo alguno infringirse, en modo alguno conmutarse, puesto que el fundamento que Dios puso, no puede removerlo conato alguno humano y lo que Dios asienta, firme y fuerte se mantiene… Así, pues, estos privilegios fueron por Cristo dados a esta Santa Iglesia, no por los sínodos, que solamente los celebraron y veneraron… Nos obligan y nos empujan “a tener la solicitud de todas las Iglesias de Dios” (cf. 2 Cor 11, 28). (Denzinger-Hünermann 640. Nicolás I, Carta Proposueramus quidem al emperador Miguel, 28 de septiembre de 865)

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)

  • Lo que Cristo instituyó debe por necesidad permanecer

Aquello que Cristo el Señor, príncipe de los pastores y gran pastor de las ovejas, instituyó en el bienaventurado Apóstol Pedro, para la perpetua salvación y perenne bien de la Iglesia, debe por necesidad permanecer para siempre, por obra del mismo Señor, en la Iglesia que, fundada sobre piedra, se mantendrá firme hasta el fin de los tiempos. “Para nadie puede estar en duda, y ciertamente ha sido conocido en todos los siglos, que el santo y muy bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del reino de Nuestro Señor Jesucristo, salvador y redentor del género humano, y que hasta este día y para siempre él vive, preside y juzga en sus sucesores” los obispos de la Santa Sede Romana, fundada por él mismo y consagrada con su sangre. Por lo tanto todo el que sucede a Pedro en esta cátedra obtiene, por la institución del mismo Cristo, el primado de Pedro sobre toda la Iglesia. “De esta manera permanece firme la disposición de la verdad, el bienaventurado Pedro persevera en la fortaleza de piedra que le fue concedida y no abandona el timón de la Iglesia que una vez recibió”. Por esta razón siempre ha sido “necesario para toda Iglesia —es decir para los fieles de todo el mundo— “estar de acuerdo” con la Iglesia Romana “debido a su más poderosa principalidad”, para que en aquella sede, de la cual fluyen a todos “los derechos de la venerable comunión”, estén unidas, como los miembros a la cabeza, en la trabazón de un mismo cuerpo. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. II, 18 de julio de 1870)

León XIII

  • Poder establecido hasta el fin de los siglos

¿Y cuál es el poder soberano a que todos los cristianos deben obedecer y cuál es su naturaleza? Sólo puede determinarse comprobando y conociendo bien la voluntad de Cristo acerca de este punto. Seguramente Cristo es el Rey eterno, y eternamente, desde lo alto del cielo, continua dirigiendo y protegiendo invisiblemente su reino; pero como ha querido que este reino fuera visible, ha debido designar a alguien que ocupe su lugar en la tierra después que él mismo subió a los cielos. […] Jesucristo, pues, dio Pedro a la Iglesia por jefe soberano, y estableció que este poder, instituido hasta el fin de los siglos para la salvación de todos, pasase por herencia a los sucesores de Pedro, en los que el mismo Pedro se sobreviviría perpetuamente por su autoridad. Seguramente al bienaventurado Pedro, y fuera de él a ningún otro, se hizo esta insigne promesa: “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 13). (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 24-25, 29 de septiembre de 1896)

Pío XI

  • La Iglesia ha de ser siempre exactamente la misma

Pero es lo cierto que Cristo Nuestro Señor instituyó su Iglesia como sociedad perfecta, externa y visible por su propia naturaleza, a fin de que prosiguiese realizando, de allí en adelante, la obra de la salvación del género humano, bajo la guía de una sola cabeza (Mt 16, 15) con magisterio de viva voz (Mc 16, 15) y por medio de la administración de los sacramentos (Jn 3, 5; 6, 48-59; 20, 22; 18, 18) fuente de la gracia divina. […] Esta Iglesia, tan maravillosamente fundada, no podía ciertamente cesar ni extinguirse, muertos su Fundador y los Apóstoles que en un principio la propagaron, puesto que a ella se le había confiado el mandato de conducir a la eterna salvación a todos los hombres, sin excepción de lugar ni de tiempo: “Id, pues, e instruid a todas las naciones” (Mt 28, 19) y en el cumplimiento continuo de este oficio, ¿acaso faltará a la Iglesia el valor ni la eficacia, hallándose perpetuamente asistida con la presencia del mismo Cristo, que solemnemente le prometió: “He aquí que yo estaré siempre con vosotros, hasta la consumación de los siglos” (Mt 28, 20)? Por tanto, la Iglesia de Cristo no sólo ha de existir necesariamente hoy, mañana y siempre, sino también ha de ser exactamente la misma que fue en los tiempos apostólicos, si no queremos decir —y de ello estamos muy lejos— que Cristo Nuestro Señor no ha cumplido su propósito, o se engañó cuando dijo que las puertas del infierno no habían de prevalecer contra ella (Mt 16, 18). (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 8, 6 de enero de 1928)

  • Los protestantes están dispuestos a actuar en unión con la Iglesia Romana de igual a igual…

Hay quienes afirman y conceden que el llamado Protestantismo ha desechado demasiado desconsideradamente ciertas doctrinas fundamentales de la fe y algunos ritos del culto externo ciertamente agradables y útiles, los que la Iglesia Romana por el contrario aun conserva; añaden sin embargo en el acto, que ella ha obrado mal porque corrompió la religión primitiva por cuanto agregó y propuso como cosa de fe algunas doctrinas no solo ajenas sino más bien opuestas al Evangelio, entre las cuales se enumera especialmente el Primado de jurisdicción que ella adjudica a Pedro y a sus sucesores en la Sede Romana. En el número de aquellos, aunque no sean muchos, figuran también los que conceden al Romano Pontífice cierto Primado de honor o alguna jurisdicción o potestad de la cual creen, sin embargo, que desciende no del derecho divino sino de cierto consenso de los fieles. Otros en cambio aun avanzan a desear que el mismo Pontífice presida sus asambleas, las que pueden llamarse “multicolores”. Por lo demás, aun cuando podrán encontrarse a muchos no católicos que predican a pulmón lleno la unión fraterna en Cristo, sin embargo, hallarás pocos a quienes se ocurre que han de sujetarse y obedecer al Vicario de Jesucristo cuando enseña o manda y gobierna. Entre tanto asevera que están dispuestos a actuar gustosos en unión con la Iglesia Romana, naturalmente en igualdad de condiciones jurídicas, o sea de iguales a igual: mas si pudieran actuar no parece dudoso de que lo harían con la intención de que por un pacto o convenio por establecerse tal vez, no fueran obligados a abandonar sus opiniones que constituyen aun la causa por qué continúan errando y vagando fuera del único redil de Cristo. Siendo todo esto así, claramente se ve que ni la Sede Apostólica puede en manera alguna tener parte en dichos Congresos, ni de ningún modo pueden los católicos favorecer ni cooperar a semejantes intentos; y si lo hiciesen, darían autoridad a una falsa religión cristiana, totalmente ajena a la única y verdadera Iglesia de Cristo. (Pío XI. Encíclica Mortalium animos, n. 9-10, 6 de enero de 1928)

San Francisco de Sales

  • …y turban la fuente cristalina del Evangelio, de tal manera que ni San Pedro puede encontrar en ella sus llaves ni a nosotros nos dejan beber el agua de la santa obediencia que debemos al Vicario de Cristo

“Et tibi dabo claves regni caelorum”. No se podría hablar con mayor claridad. […] Pero los ministros [protestantes] tratan por todos los medios de turbar la fuente cristalina del Evangelio, de tal manera que ni San Pedro puede encontrar en ella sus llaves ni a nosotros nos dejan gustar y beber el agua de la santa obediencia que debe al vicario de Nuestro Señor. No obstantes, se han apresurado a decir que San Pedro había recibido esta promesa de Nuestro Señor, pero en nombre de la Iglesia, sin que por ello haya recibido personalmente ningún privilegio. Bueno, pues si esto no es violar las Escrituras, no creo que nunca puedan ser violadas. Porque ¿no era a San Pedro a quien expresar su intención que decirle: Et ego dico tibi, Dabo tibi? Y puesto que acababa de hablar inmediatamente de la Iglesia, habiendo dicho: Portae inferi non praevalebunt adversus eam, podría haber dicho: Et dabo illi claves regni, si su intención hubiera sido dárselas a toda la Iglesia. Ahora bien, no es illi lo que dice, sino dabo tibi. […] En la promesa y en la colación de la misma, Nuestro Señor ha preferido siempre a San Pedro, expresado en unos términos que obligan a creer que es el jefe de la Iglesia. (San Francisco de Sales. Las controversias, Parte II, c. 6, a. 3)

Pío XII

  • Cristo y su vicario constituyen una sola cabeza

Hállense, pues, en un peligroso error quienes piensan que pueden abrazar a Cristo, Cabeza de la Iglesia, sin adherirse fielmente a su vicario en la tierra. Porque, al quitar esta cabeza visible, y romper los vínculos sensibles de la unidad, oscurecen y deforman el Cuerpo Místico del Redentor, de tal manera, que los que andan en busca del puerto de salvación no pueden verlo ni encontrarlo. (Pío XII. Encíclica Mystici Corporis Christi, n. 40, 29 de junio de 1943)

Pío IX

  • Los Romanos Pontífices tienen la misión de apartar el rebaño de los pastos envenenados

Todos saben, todos ven y vosotros como nadie, Venerables Hermanos, sabéis y veis con cuánta solicitud y pastoral vigilancia los Romanos Pontífices, Nuestros Predecesores, han llenado el ministerio y han cumplido la misión a ellos confiada por el mismo Cristo Nuestro Señor, en la persona de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles de apacentar los corderos y a las ovejas; de tal suerte, que nunca han cesado de alimentar cuidadosamente con las palabras de la fe, de imbuir en la doctrina de salvación a todo el rebaño del Señor, apartándole de los pastos envenenados. (Pío IX. Encíclica Quanta cura, n. 1, 8 de diciembre de 1864)

León XIII

  • Nadie debería apartarse de la autoridad magisterial infalible

Si hemos de llegar a alguna conclusión acerca de la autoridad magisterial infalible de la Iglesia, esta sería más bien la de que nadie debería desear apartarse de esta autoridad, y más aún, que llevadas y dirigidas de tal modo las mentes de todos, gozarían todos de una mayor seguridad de no caer en error privado. Y además, aquellos que se permiten tal modo de razonar, parecen alejarse seriamente de la providente sabiduría del Altísimo, que se digno dar a conocer por solemnísima decisión la autoridad y derecho supremo de enseñar de su Sede Apostólica, y entregó tal decisión precisamente para salvaguardar las mentes de los hijos de la Iglesia de los peligros de los tiempos presentes. (León XIII. Carta Testem benevolentiae al Cardenal James Gibbons, 22 de enero de 1899)


II – Al sucesor de Pedro le fueron concedidos poderes específicos que deben ser ejercidos únicamente por él como condición de la unidad de la Iglesia. Su misión es personal, intransferible y de él depende toda autoridad en la verdadera Iglesia de Dios


Clemente I

  • Cada uno sólo complace a Dios conservándose en su propio ministerio

[El Señor] mandó que las ofrendas y ministerios se cumplieran no al acaso y sin orden ni concierto, sino en determinados tiempos y sazón. Y dónde y por quiénes quiere que se ejecuten, Él mismo lo determinó con su querer soberano, a fin de que, haciéndose todo santamente, sea acepto en beneplácito a su voluntad. […] Y en efecto, al sumo sacerdote le estaban encomendadas sus propias funciones; su propio lugar tenían señalado los sacerdotes ordinarios, y propios ministerios incumben a los levitas; el hombre laico, en fin, por preceptos laicos está ligado. Que cada uno de nosotros, hermanos, “cada uno en su propio orden” (1 Cor 15, 23), procure complacer [dé gracias] a Dios, conservándose en buena conciencia, sin transgredir la regla del propio ministerio. (Denzinger-Hünermann 101. Clemente I, Carta a los corintios, hacia el 96)

Catecismo de la Iglesia Católica

  • Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica…

Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica: “A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 16, 19). El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia. Jesús, “el Buen Pastor” (Jn 10, 11) confirmó este encargo después de su resurrección: “Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17). El poder de “atar y desatar” significa la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia. Jesús confió esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de los Apóstoles (cf. Mt 18, 18) y particularmente por el de Pedro, el único a quien Él confió explícitamente las llaves del Reino. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 553)

Catecismo Romano

  • …que no existiría en otra parte si no la tuviera el Romano Pontífice

El Primado debe ser perenne en la Iglesia: a) porque la Iglesia fundada por Cristo había de ser perenne, y por lo mismo también el Primado, que es su fundamento: la piedra sobre la que está edificada; b) porque Cristo concedió a Pedro el Primado sobre todos los fieles, sin ninguna restricción ni en el espacio ni en el tiempo; c) el Primado lo posee el Romano Pontífice, como sucesor de San Pedro. Como consecuencia de las afirmaciones precedentes, deducimos que en la Iglesia ha de existir una autoridad suprema que ostente el Primado que Cristo fundó; ahora bien, si no lo tuviera el Romano Pontífice, no existiría en ninguna otra parte de la Iglesia; luego necesariamente hemos de concluir que el Obispo de Roma es el sucesor legítimo de San Pedro en la suprema potestad de la Iglesia. En efecto, sólo el Romano Pontífice lo ha reclamado para sí, y solamente a él se lo reconoció la Iglesia en todos los tiempos; luego él es el sucesor de Pedro en dicho primado. (Catecismo Romano, I, III, A)

San Bernardo de Claraval

  • El único pastor de todos

¿Quién eres? El sumo sacerdote. El sumo pontífice. Tú eres el príncipe de los obispos, el heredero de los Apóstoles. Abel por el primado, Noé por el gobierno, Abrahán en el patriarcado; en el orden, Melquisedec; en la dignidad, Aarón; en la autoridad, Moisés; por la jurisdicción, Samuel; por la potestad, Pedro; por la unción, Cristo. A ti te entregaron las llaves y se te encomendaron las ovejas. Es cierto que otros también pueden abrir las puertas del cielo y apacentar la grey; pero tú sólo heredaste estos dos poderes tan gloriosamente, por poseerlos de un modo excelso. A los demás se les ha asignado una porción del rebaño, a cada cual la suya; a ti sólo se te confiaron universalmente todas las ovejas que forman un único rebaño. Tú eres el único pastor de todos, de las ovejas y de los pastores. ¿Me preguntas cómo podría probártelo? Con las palabras del Señor. Porque a ningún obispo, ni siquiera a ningún Apóstol, le fueron encomendadas las ovejas de manera tan absoluta y exclusiva. (San Bernardo de Claraval. Tratado sobre la consideración al Papa Eugenio III, II, 8, 15).

Clemente VI

  • El Papa tiene idéntica plenitud de jurisdicción que la del bienaventurado Pedro…

Todos los Romanos Pontífices que, sucediendo al bienaventurado Pedro, canónicamente han entrado y canónicamente entrarán, al mismo bienaventurado Pedro, Pontífice Romano, han sucedido y sucederán en la misma plenitud de jurisdicción de potestad que el mismo bienaventurado Pedro, recibió del Señor Jesucristo sobre el todo y universal cuerpo de la Iglesia militante. (Denzinger- Hünermann 1053. Clemente VI, Carta Super quibusdam a Consolador, 29 de septiembre de 1351)

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)

  • …y plena potestad de apacentar, regir y gobernar la Iglesia

Definimos que la santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice tienen el primado sobre todo el orbe y que el mismo Romano Pontífice es el sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles, verdadero vicario de Cristo y cabeza de toda la Iglesia y padre y maestro de todos los cristianos, y que al mismo, en la persona del bienaventurado Pedro, le fue entregada por Nuestro Señor Jesucristo plena potestad de apacentar, regir y gobernar a la Iglesia universal. (Denzinger-Hünermann 1307. Concilio de Florencia, Bula Laetentur Caeli, 6 de julio de 1439)

Concilio Vaticano I (XX Ecuménico)

  • Se oponen a las Sagradas Escrituras quienes falsifican la forma de gobierno establecida por Cristo

Así pues, enseñamos y declaramos que, de acuerdo al testimonio del Evangelio, un primado de jurisdicción sobre toda la Iglesia de Dios fue inmediata y directamente prometido al bienaventurado Apóstol Pedro y conferido a él por Cristo el Señor. Fue sólo a Simón, a quien ya le había dicho “Tú te llamarás Cefas”, que el Señor, después de su confesión, “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”, dijo estas solemnes palabras: “Bendito eres tú, Simón Bar-Jonás. Porque ni la carne ni la sangre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo, tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra será desatado en el cielo”. Y fue sólo a Simón Pedro que Jesús, después de su resurrección, le confió la jurisdicción de Pastor Supremo y gobernante de todo su redil, diciendo: “Apacienta mis corderos”, “apacienta mis ovejas”. A esta enseñanza tan manifiesta de las Sagradas Escrituras, como siempre ha sido entendido por la Iglesia Católica, se oponen abiertamente las opiniones distorsionadas de quienes falsifican la forma de gobierno que Cristo el Señor estableció en su Iglesia y niegan que solamente Pedro, en preferencia al resto de los apóstoles, tomados singular o colectivamente, fue dotado por Cristo con un verdadero y propio primado de jurisdicción. Lo mismo debe ser dicho de aquellos que afirman que este primado no fue conferido inmediata y directamente al mismo bienaventurado Pedro, sino que lo fue a la Iglesia y que a través de ésta fue transmitido a él como ministro de la misma Iglesia. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. I, 18 de julio 1870)

  • A nadie le es lícito juzgar acerca del juicio del Romano Pontífice

Ya que el Romano Pontífice, por el derecho divino del primado apostólico, preside toda la Iglesia, de la misma manera enseñamos y declaramos que él es el juez supremo de los fieles, y que en todas las causas que caen bajo la jurisdicción eclesiástica se puede recurrir a su juicio. El juicio de la Sede Apostólica (de la cual no hay autoridad más elevada) no está sujeto a revisión de nadie, ni a nadie le es lícito juzgar acerca de su juicio. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. III, 18 de julio 1870)

  • Misión de guardar y exponer el depósito de la fe

El Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. […] Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. IV, 18 de julio 1870)

  • El Romano Pontífice posee la infalibilidad de la que el Redentor quiso que gozara su Iglesia

Adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que: El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el Divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables. De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. IV, 18 de julio 1870)

San Francisco de Sales

  • Hay que recurrir a Pedro no como a un hombre docto, sino como al pastor general

Cuando se encuentra revestido de sus ornamentos pontificios, es decir, cuando se dirige a toda la Iglesia como pastor en materia de fe y de costumbres, entonces solo hay en su palabra doctrina y verdad. […] Hay que recurrir a él no como a hombre docto, porque en eso, normalmente, sería superado por otros hombres, sino como jefe y pastor general de la Iglesia, y, como tal, honrar, obedecer y abrazar firmemente su doctrina, porque entonces lleva sobre su pecho el urim y el tummim: la doctrina y la verdad. Tampoco hay que creer que siempre y en todas partes sea infalible su juicio, sino solamente cuando se refiere a la fe y a las acciones necesarias para toda la Iglesia; porque en los casos particulares que dependen del factor humano, sin duda puede equivocarse, si bien no deberíamos controlarle sino con respeto, sumisión y discreción. Los teólogos han dicho en pocas palabras que puede equivocarse in quaestionibus facti, non iuris; que se puede equivocar extra cathedram, fuera de la silla de Pedro, es decir, como doctor particular, pero no cuando está in cathedram, es decir, cuando quiere hacer una instrucción y decreto para enseñar a toda la Iglesia, cuando quiere confirmar a sus hermanos como pastor supremo y quiere conducirlos a los pastos de la fe; porque en estos casos no es el hombre el que determina, resuelve y define, sino que es el Espíritu Santo bendito quien por el hombre, según la promesa hecha por nuestro Señor a sus apóstoles, enseña toda la verdad a la Iglesia, […] conduce y lleva su Iglesia a plena verdad. (San Francisco de Sales. Las controversias, parte II, c. 6, a. 15)

  • Si el supremo pastor extravía las ovejas ¿quién las guiará?

Cuando San Pedro fue puesto como fundamento de la Iglesia y a la Iglesia le fue asegurada que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella (Mt 16, 18) ¿no fue decirle a San Pedro que, como piedra fundamental del gobierno y administración eclesiástica, no podía desmoronarse y romperse por infidelidad o error, que es la principal puerta del infierno? Porque ¿quién no sabe que, si se desmoronan los cimientos, si a ellos se les pudiera dar un zarpazo, todo el edificio caería? Si el pastor introdujera a sus ovejas en pastos venenosos, ¿no se perdería inmediatamente todo el rebaño? Las ovejas siguen al pastor; si él si pierde, todo se pierde. Así también, si el pastor supremo en el ministerio puede conducir a sus ovejas a pastos venenosos, claramente se ve que todo el rebaño puede perecer en seguida; porque, si el supremo pastor puede conducirlas hacia el mal, ¿quién las reconducirá? Si él se extravía, ¿quién las guiará? En verdad, a nosotros solo compete seguirle, no guiarle; de lo contrario, las ovejas se convertirían en pastores. (San Francisco de Sales. Las controversias, parte II, c. 6, a. 14)


III – La vida de la Iglesia depende del Papado. Destruir el Primado a través de la disminución de los poderes del Romano Pontífice es aniquilar la Iglesia de Jesucristo


Concilio Vaticano I (Ecuménico XX)

  • Los infiernos quieren derrocar el fundamento de la Iglesia

[De la institución y fundamento de la Iglesia] El Pastor eterno y guardián de nuestras almas (1 P 2, 25), para convertir en perenne la obra saludable de la redención, decretó edificar la Santa Iglesia en la que, como en casa del Dios vivo, todos los fieles estuvieran unidos por el vínculo de una sola fe y caridad. […] Mas para que el episcopado mismo fuera uno e indiviso y la universal muchedumbre de los creyentes se conservara en la unidad de la fe y de la comunión por medio de los sacerdotes coherentes entre sí; al anteponer al bienaventurado Pedro a los demás Apóstoles, en él instituyó un principio perpetuo de una y otra unidad y un fundamento visible, sobre cuya fortaleza se construyera un templo eterno, y la altura de la Iglesia, que había de alcanzar el cielo, se levantara sobre la firmeza de esta fe. Y puesto que las puertas del infierno, para derrocar, si fuera posible, a la Iglesia, se levantan por doquiera con odio cada día mayor contra su fundamento divinamente asentado; Nos, juzgamos ser necesario para la guarda, incolumidad y alimento de la grey católica, proponer con aprobación del sagrado Concilio, la doctrina sobre la institución, perpetuidad y naturaleza del sagrado primado apostólico —en que estriba la fuerza y solidez de toda la Iglesia— , para que sea creída y mantenida por todos los fieles, según la antigua y constante fe de la Iglesia universal, y a la vez proscribir y condenar los errores contrarios, en tanto grado perniciosos al rebaño del Señor. (Denzinger-Hünermann 3050-3052. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática I sobre la Iglesia de Cristo, sesión IV, 18 de julio de 1870)

Santo Tomás de Aquino

  • La Iglesia requiere un jefe universal…

La unidad de la Iglesia requiere la unidad de todos los fieles en la fe. Pero en torno a las cosas de fe suelen suscitarse problemas. Y la Iglesia se dividiría por la diversidad de opiniones de no existir uno que con su dictamen la conservara en la unidad. Luego para conservar la unidad de la Iglesia es preciso que haya un jefe universal que la presida. (Santo Tomás de Aquino. Summa contra los gentiles, lib. IV, c. 76)

León XIII

  • …y unidad de gobierno

Y pues es imposible imaginar una sociedad humana verdadera y perfecta que no esté gobernada por un poder soberano cualquiera, Jesucristo debe haber puesto a la cabeza de la Iglesia un jefe supremo, a quien toda la multitud de los cristianos fuese sometida y obediente. Por esto también, del mismo modo que la Iglesia, para ser una en su calidad de reunión de los fieles, requiere necesariamente la unidad de la fe, también para ser una en cuanto a su condición de sociedad divinamente constituida ha de tener de derecho divino la unidad de gobierno, que produce y comprende la unidad de comunión. “La unidad de la Iglesia debe ser considerada bajo dos aspectos: primero, el de la conexión mutua de los miembros de la Iglesia o la comunicación que entre ellos existe, y en segundo lugar, el del orden, que liga a todos los miembros de la Iglesia a un solo jefe” (Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, II-II, q. 39, a. 1). (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 24, 29 de septiembre de 1896)

San Ambrosio de Milán

  • Donde está Pedro, allí está la Iglesia

Es al mismo Pedro a quien se dijo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (Mt 16, 18). Por lo tanto, donde está Pedro, allí está la Iglesia; donde está la Iglesia, no hay muerte, sino vida eterna. (San Ambrosio de Milán. Comentarios sobre los Salmos, 40, 30)

San Cipriano de Cartago

  • La forma de la Iglesia proviene de la palabras de Cristo: “Tu eres Pedro”

De aquí [Tu eres Pedro…] es de donde proviene la ordenación de los obispos, y la forma de la Iglesia. (San Cipriano de Cartago. Epístola 27)

  • El Señor estableció una sola cátedra

[El Señor] Edifica su Iglesia sobre uno solo y le ordena apacentar a sus ovejas. Y aunque después de resucitar otorga el mismo poder a todos los Apóstoles, cuando les dice: “como el Padre me envió, así os envío Yo a vosotros; recibid el Espírito Santo, y a quien perdonareis los pecados, le serán perdonados; mas a quienes se los retuviereis, les serán retenido (Jn 20, 21-23); sin embargo, para manifestar la unidad estableció una sola cátedra, y con su autoridad decidió que el origen de la unidad estuviese en uno solo. (San Cipriano de Cartago. De la unidad de la Iglesia, c. 4)

  • No se puede creer en quienes abandonan la cátedra de Pedro

Esta unidad de la Iglesia está prefigurada en la persona de Cristo por el Espíritu Santo en el Cantar de los Cantares, cuando dice: Una sola es mi paloma, mi hermosa es única de su madre, la elegida de ella (Ct 6, 8). Quien no guarda esta unidad de la Iglesia, ¿va a creer que guarda la unidad de la fe? Quien resiste obstinadamente a la Iglesia, quien abandona la cátedra de Pedro, sobre la que esta cimentada la Iglesia, ¿puede confiar que está en la Iglesia? (San Cipriano de Cartago. De la unidad de la Iglesia, c. 4)

Orígenes

  • La piedra y la Iglesia son una misma cosa

¿Qué es decir contra ella? ¿Es contra la piedra sobre la que Jesucristo edificó su Iglesia? ¿Es contra la Iglesia? La frase resulta ambigua. ¿Será para significar que la piedra y la Iglesia no son sino una misma cosa? Sí; eso es, a lo que creo, la verdad; pues las puertas del infierno no prevalecerán ni contra la piedra sobre la que Jesucristo fundó la Iglesia, ni contra la Iglesia misma. (Orígenes. Comentario sobre Mateos 13, n. 11, citado por León XIII en la Encíclica Satis cognitum, n. 24)

San Juan Damasceno

  • Roca inquebrantable

[Llama a Pedro] el Corifeo de los Apóstoles, la fundación firme, la roca inquebrantable de la Iglesia. (San Juan Damasceno. Sacra parallela)

San Agustín de Hipona

  • La Iglesia no cae porque está cimentada sobre Pedro

Te daré las llaves del reino de los cielos y cualquier cosa que hayas atado sobre la tierra estará ligada también en los cielos, y cualquier cosa que hayas soltado sobre la tierra estará suelta también en los cielos” (Mt 16, 19), significaba a la Iglesia universal, a la que en este siglo sacuden pruebas diversas, a modo de aguaceros, ríos, tempestades, mas no se cae, porque está cimentada sobre la piedra de donde Pedro tomó el nombre. (San Agustín de Hipona. Tratados sobre el Evangelio de Juan, 124, 5)

  • En el nombre de Pedro está figurada la Iglesia

Y lo llevó a Jesús. Ahora bien, Jesús dijo mirándolo: Tú eres Simón, el hijo de Juan. Tú te llamarás Cefas, nombre que se traduce “Pedro”. […] Pedro viene de piedra y piedra es la Iglesia; en el nombre de Pedro, pues, está figurada la Iglesia. (San Agustín de Hipona. Tratado sobre los evangelios de Juan, 7)

  • En Pedro habéis de reconocer a la Iglesia

Vemos que en Pedro se nos insinúa la piedra. El apóstol Pablo dice del primer pueblo: Bebían de la piedra espiritual que los seguía, pero la piedra era Cristo. Así, pues, este discípulo, Pedro, recibe su nombre de la piedra, como el cristiano de Cristo. ¿Por qué he querido comenzar diciéndoos estas cosas? Para indicaros que en Pedro habéis de reconocer a la Iglesia. (San Agustín de Hipona. Sermón 229)

León I Magno

  • Cristo quiere que la firmeza de la Iglesia resida en Pedro

Tú eres Pedro, esto es: “Yo soy la piedra inquebrantable, yo soy la piedra angular que hago de los dos pueblos una sola cosa, yo soy el fundamento fuera del cual nadie puede edificar; pero también tú eres piedra, porque por mi virtud has adquirido tal firmeza, que tendrás juntamente conmigo, por participación, los poderes que yo tengo en propiedad”. Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del Infierno no la derrotarán. “Sobre esta piedra firme —quiere decir— edificaré un templo eterno, y la alta mole de mi Iglesia, llamada a penetrar en el cielo, se apoyará en la firmeza de esta fe”. Los poderes del infierno no podrán impedir esta profesión de fe, los vínculos de la muerte no la sujetarán, porque estas palabras son palabras de vida. Ellas introducen en el cielo a los que las aceptan, hunden en el infierno a los que las niegan. (León I Magno. Sermón 4, 2-3)

  • A todos fue común la elección, pero a uno la preeminencia

Entre los Apóstoles hubo igualdad de honor, pero diferencia de poder, en cuanto que a todos fue común la gracia de la elección, pero a uno sólo le fue concedido el derecho de preeminencia sobre los demás. (León I Magno. Carta 14, c. 11: PL 54, 676)

Gregorio I Magno

  • La solidez de la Iglesia se apoya en la de Pedro

¿Quién ignora, que la Iglesia Santa se apoya en la solidez del Príncipe de los Apóstoles, solidez que nos hace recordar que el nombre de Pedro proviene de piedra? (Gregorio I Magno. Epístola Ad. Eulog. Alexandr., citado por Pío X en la Encíclica Icunda sane, n. 7)

San Francisco de Sales

  • El Papa y la Iglesia conforman un solo todo

La Iglesia o el Papa, porque todo es uno, puede emplear sus fuerzas, las de la Iglesia, y las de los príncipes cristianos sus hijos espirituales, en la justa defensa y conservación de los derechos de la Iglesia contra todos aquellos que lo quieran violar, y destruir. (San Francisco de Sales. Cartas espirituales, lib. VII, epístola 48)

  • San Pedro es el primero, el gobernador y confirmador de los demás

Si la Iglesia es comparada a un edificio (Mt 26, 18) como efectivamente los es, su roca y fundamento ministerial está en San Pedro. Si la consideráis semejante a una familia (1 Tm 3, 15), sólo Nuestro Señor es quien paga tributo como jefe de la casa, y después de él San Pedro como su lugarteniente (Mt 27, 26). Si a una navecilla, San Pedro es en ella el patrón y en ella enseña nuestro Señor (Lc 5, 8). Si a una pesca San Pedro, es en ella el primero, y los verdaderos discípulos de nuestro Señor no pescan sino con él (Lc 5, 10; 21, 3). Si a las redes y anzuelos (Mt 13, 4-7), es San Pedro quien los echa al mar y quien los saca (Lc 5, 5-7), los demás discípulos son sus ayudantes; San Pedro es quien les lleva al puerto y quien presenta los peces a nuestro Señor (Jn 21, 11). ¿Decís que es semejante a una Legación? San Pedro es en ella el primero (Mt 10, 2; 5). ¿Decís que es una cofradía? San Pedro es en ella el primero, el gobernador y confirmador de los demás (Lc 22, 32). ¿Preferís que sea un Reino? San Pedro tiene las llaves de él (Mt 16, 19). ¿Queréis que sea una dehesa o aprisco de ovejas y corderos? San Pedro es en él el pastor y apacentador general (Jn 1, 41). (San Francisco de Sales. Las controversias, parte II, c. 6, a. 8)

San Jerónimo

  • Sin una cabeza la Iglesia caería en cisma

Entre los Doce uno es elegido para que por la institución de una cabeza la ocasión de cisma pueda ser removida. (San Jerónimo. Contra Joviano, Lib. II, I, 279)

San Roberto Belarmino

  • ¿El barco puede aventurarse en olas sin un piloto?

Y si existía la necesidad de una cabeza, incluso en los días de los Apóstoles, para evitar un cisma, según el argumento de San Jerónimo contra Joviniano, ¿cómo habría sobrevivido la Iglesia si no fuera infalible, donde fueron innumerables los fieles? ¿El barco puede aventurarse en las olas sin un capitán? ¿Y la manada puede pastar sin pastor? (San Roberto Belarmino. Sermon 12, Discurso sobre la antiguedad de la Iglesia)

Pío X

  • Para salvar a la Iglesia Dios envió el piloto que empuña el timón

El mismo Gregorio nos describe la Iglesia de Roma (Registrum i., 4 ad Joannem episcop. Constantino): una vieja nave, deshecha por la violencia… que hace agua por todas partes rota a diario por los embates de la tempestad y cuyas tablas carcomidas anuncian el naufragio. Sin embargo, Dios envió para salvarla el piloto [el Papa] que hacía falta, y éste, empuñando el timón, llevarla a puerto entre aquel oleaje proceloso, guardándola de futuras tormentas. (Pío X. Encíclica Iucunda sane, n. 2, 12 se marzo de 1904)

Pío IX

  • No hay otra Iglesia sino la edificada sobre Pedro

La verdadera Iglesia de Jesucristo se constituye y reconoce por autoridad divina con la cuádruple nota que en el símbolo afirmamos debe creerse; y cada una de estas notas, de tal modo está unida con las otras, que no puede ser separada de ellas; de ahí que la que verdaderamente es y se llama Católica, debe juntamente brillar por la prerrogativa de la unidad, la santidad y la sucesión apostólica. Así pues, la Iglesia Católica es una con unidad conspicua y perfecta del orbe de la tierra y de todas las naciones, con aquella unidad por cierto de la que es principio, raíz y origen indefectible la suprema autoridad y “más excelente principalia del bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles, y de sus sucesores en la cátedra romana. Y no hay otra Iglesia Católica, sino la que, edificada sobre el único Pedro, se levanta por la unidad de la fe y la caridad en un solo cuerpo conexo y compacto (cf. Ef 4, 16)”. (Denzinger-Hünermann 2888. Pío IX, Carta del Santo Oficio a los obispos de Inglaterra, 16 de septiembre de 1864)

Pío XII

  • Palpable demostración de la indivisible unidad de la Iglesia

Y si ya entonces experimentábamos la extraordinaria gravedad de la carga recibida que nos había impuesto la suma potestad que nos confería la Providencia Divina, sin embargo, sentíamos el gran consuelo de ver aquella grandiosa y palpable demostración de la indivisible unidad de la Iglesia Católica, que, levantada como muralla y baluarte, con tanta mayor firmeza y energía se une a la roca invicta de Pedro cuanto mayor aparece la jactancia de los enemigos de Cristo. (Pío XII. Encíclica Summi Pontificatus, n. 9, 20 de octubre de 1939)


IV – Muchos intentaron abolir el Papado en el pasado, incluso con los mismos argumentos que se usan hoy…


Juan Pablo II

  • Hubo quien intentase reducir la potestad del Romano Pontífice a un cargo de inspección o de dirección

Habían existido intentos de reducir la potestad del Romano Pontífice a un cargo de inspección o de dirección. Algunos habían propuesto que el Papa fuese simplemente un árbitro en los conflictos entre las Iglesias locales, o diese solamente una dirección general a las actividades autónomas de las Iglesias y de los cristianos, con consejos y exhortaciones. Pero esta limitación no estaba conforme con la misión conferida por Cristo a Pedro. Por ello el Concilio Vaticano I subraya la plenitud del poder papal, y define que no basta reconocer que el Romano Pontífice tiene la parte principal: se debe admitir en cambio que él “tiene toda la plenitud de esa potestad suprema” (DS 3064). (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 2, 24 de febrero de 1993)

Concilio Vaticano I

  • Condena a los que dicen que el Romano Pontífice no tiene plena potestad de jurisdicción

Así, pues, si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene tan sólo un oficio de supervisión o dirección, y no la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo concerniente a la disciplina y gobierno de la Iglesia dispersa por todo el mundo; o que tiene sólo las principales partes, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata tanto sobre todas y cada una de las Iglesias como sobre todos y cada uno de los pastores y fieles: sea anatema. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, Sesión IV, cap. III, 18 de julio 1870)

San Francisco de Sales

  • ¿Atacar la dignidad del Papa puede ser bueno?

Los ministros [protestantes], señalando los abusos por parte de la Iglesia, merecieron el reconocimiento por parte de todos. Pero llenar el aire y la tierra de injurias, invectivas, ultrajes, calumnias contra el Papa, y no solo tocante a su persona, sino incluso a su dignidad, atacando la sede que todos los padres antiguos honraron; querer juzgarlo contra el parecer de la Iglesia, decir incluso que dicha dignidad es anticristiana, ¿quién podría pensar que sea bueno? (San Francisco de Sales. Las controversias, Parte II, c. 6, a. 15)

Martín Lutero

  • Pregunta típica de herejes: “¿Qué derecho asiste al Papa para someternos a sus leyes?”

¿Qué derecho asiste al Papa para someternos a sus leyes, por no aludir siquiera a lo impía y condenadamente que prescinde de enseñar esta doctrina? ¿Quién le ha otorgado poder para reducir a cautiverio esta libertad que se nos dio en el bautismo? Como dije, el solo propósito que debe guiar toda la actuación de nuestra existencia es el de bautizarnos; o sea, que nos mortifiquemos y vivamos por la fe de Cristo, la única que se nos ha enseñado, sobre todo por el pastor supremo. Pero ahora, relegada al silencio, ha muerto la Iglesia por el peso de las infinitas leyes referentes a obras y ceremonias, ha desaparecido la fuerza y la sabiduría del bautismo, se ponen cadenas a la fe de Cristo. (Martín Lutero. La cautividad babilónica de la Iglesia, 1520)

San Alfonso de Ligorio

  • Los anglicanos tienen la autoridad pontificia en cuenta de tiranía

El nombre del Papa fue borrado de la liturgia [anglicana], y entre las peticiones de las letanías se insertó sacrílegamente la siguiente: “De la tiranía y enormidades detestables del Obispo de Roma líbranos, Señor”. [Nat. Alex, t. 19, c. 13, n. 3, n. 5; Gotti, c. 113, sec. 2, n. 21] (San Alfonso de Ligorio. Historia de las herejías)

Concilio de Constanza (XVI Ecuménico)

  • Wicleff niega la necesidad de la Iglesia Romana para la salvación

[Errores de Wicleff condenados] 37. La Iglesia de Roma es la sinagoga de Satanás, y el Papa no es el próximo e inmediato vicario de Cristo y de los Apóstoles.
40. La elección del Papa por los cardenales fue introducida por el diablo.
41. No es de necesidad de salvación creer que la Iglesia Romana es la suprema entre las otras iglesias. (Denzinger-Hünermann 1187.1190-1191. Concilio de Constanza, Sesión VIII, Errores de Juan Wicleff, 4 de mayo de 1415)

  • Jan Hus cree que Cristo gobierna mejor a través de sus discípulos esparcidos por toda la tierra

[Doctrina de Hus condenada] 37. Pedro no es ni fue cabeza de la Santa Iglesia Católica
9. La dignidad papal se derivó del César y la perfección e institución del Papa emanó del poder del César.
15. La obediencia eclesiástica es obediencia según invención de los sacerdotes de la Iglesia fuera de la expresada autoridad de la Escritura.
27. No tiene una chispa de evidencia la necesidad de que haya una sola cabeza que rija a la Iglesia en lo espiritual, que haya de hallarse y conservarse siempre con la Iglesia militante.
28. Sin tales monstruosas cabezas, Cristo gobernaría mejor a su Iglesia por medio de sus verdaderos discípulos esparcidos por toda la redondez de la tierra.
(Denzinger-Hünermann 1187. 1207.1209. 1215.1227-1228. Concilio de Constanza, Sessión XV, errores de Jan Hus, 4 de mayo de 1415)

San Roberto Belarmino

  • Calvino considera que la autoridad reside en el conjunto de los obispos

Calvino, al contrario, en la obra de las Institutas, Libro 4, cap. 11, pf. 6, atribuye el sumo poder eclesiástico al conjunto de los ancianos, los cuales quiere que un obispo presida como un cónsul al senado. Y, además, en el mismo lugar, enseña abiertamente que es mayor la autoridad del conjunto de los ancianos que la del obispo. Al pueblo, Calvino atribuye algo, pero menos que al conjunto de los ancianos. (San Roberto Belarmino. La monarquía eclesiástica del romano pontífice, c. V)

  • Juan Brentius concede el sumo poder a los príncipes seglares

Finalmente, Juan Brentius, en los prolegómenos contra Pedro Soto, concede el sumo poder a los mejores, esto es, a los aristócratas, pero él no quiere que sean obispos, sino príncipes seculares, los cuales afirman que son los más nobles miembros de la Iglesia. (San Roberto Belarmino. La monarquía eclesiástica del romano pontífice, c. V)

  • La verdad es proclamada por un Doctor de la Iglesia: ni el pueblo, ni los príncipes seglares o eclesiásticos detentan el régimen de la Iglesia, sino el Papa

Sin embargo, todos los doctores católicos concuerdan en lo siguiente: que el régimen eclesiástico confiado por Dios a los hombres sea, de hecho, el monárquico, pero templado, moderado, como dijimos encima, por la aristocracia y por la democracia. De eso tratan principalmente el bienaventurado Tomás de Aquino, en el cuarto libro de la Suma contra los Gentiles, capítulo 76, Juan de Turrecrem, en Libro 2, sobre la Iglesia, cap. 2, y Nicolau Sanderos, en los libros sobre la monarquía visible de la Iglesia. Insistiendo sobre sus pasos, trajimos aquí cuatro proposiciones que defenderemos con todas nuestras fuerzas. La primera será que el régimen de la Iglesia no está principalmente junto al pueblo. La segunda, que no está junto a los príncipes seculares; la tercera, que no está especialmente junto a los príncipes eclesiásticos. La cuarta es que está principalmente junto a un único sumo presidente y sacerdote de toda la Iglesia. (San Roberto Belarmino. La monarquía eclesiástica del romano pontífice, c. V)


Anexo 1 – ¿Cuál es la verdadera relación entre el Sumo Pontífice y el colegio episcopal, según la doctrina de la Iglesia?


Concilio de Trento (XIX Ecuménico)

  • Afirmar que todos gozan de igual potestad espiritual es confundir la jerarquía eclesiástica

Si alguno afirma que todos los cristianos indistintamente son sacerdotes del Nuevo Testamento o que todos están dotados de potestad espiritual igual entre sí, ninguna otra cosa parece hacer sino confundir la jerarquía eclesiástica que es “como un ejército en orden de batalla” (Cant 6, 4), como si, contra la doctrina del bienaventurado Pablo, todos fueran apóstoles, todos profetas, todos evangelistas, todos pastores, todos doctores (cf. 1 Cor 12, 29; Ef 4, 11). (Denzinger-Hünermann 1767. Concilio de Trento, Doctrina sobre el sacramento del orden, c. 4, 15 de julio de 1563)

Juan Pablo II

  • El colegio apostólico extiende la fe, pero el Sucesor de Pedro la confirma

Los sucesores del colegio apostólico han extendido incansablemente la fe, y los Papas, como Sucesores de Pedro, la han confirmado y animado, defendido y propagado. Y aquí está con vosotros, queridos hermanos y hermanas, el Papa, Sucesor de Pedro, para confirmaros en vuestra fe, en vuestra entrega total y en vuestra misión sin fronteras. (Juan Pablo II. Homilía en Tumaco, Colombia, n. 3, 4 de julio de 1986)

  • El Papa posee la plenitud de potestad a título personal, mientras el cuerpo episcopal la posee colegialmente

A este propósito, es bueno precisar enseguida que esta plenitud de potestad atribuida al Papa no quita nada a la plenitud que pertenece también al cuerpo episcopal. Más aún, se debe afirmar que ambos, el Papa y el cuerpo episcopal, tienen toda la plenitud de la potestad. El Papa posee esta plenitud a título personal, mientras el cuerpo episcopal la posee colegialmente, estando unido bajo la autoridad del Papa. El poder del Papa no es el resultado de una simple adición numérica, sino el principio de unidad y de conexión del cuerpo episcopal. (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 3, 24 de febrero de 1993)

Código de Derecho Canónico

  • El colegio episcopal es sujeto de la potestad suprema

El colegio episcopal, cuya cabeza es el Sumo Pontífice y del cual son miembros los Obispos en virtud de la consagración sacramental y de la comunión jerárquica con la cabeza y miembros del Colegio, y en el que continuamente persevera el cuerpo apostólico, es también, en unión con su cabeza y nunca sin esa cabeza, sujeto de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia. (Código de Derecho Canónico, c. 336)

León XIII

  • La autoridad de los obispos no es plena, ni universal, ni soberana

De que el poder de Pedro y de sus sucesores es pleno y soberano no se ha de deducir, sin embargo, que no existen otros en la Iglesia. Quien ha establecido a Pedro como fundamento de la Iglesia, también “ha escogido doce de sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles” (Lc 6,13). Así, del mismo modo que la autoridad de Pedro es necesariamente permanente y perpetua en el Pontificado romano, también los obispos, en su calidad de sucesores de los apóstoles, son los herederos del poder ordinario de los apóstoles, de tal suerte que el orden episcopal forma necesariamente parte de la constitución intima de la Iglesia. Y aunque la autoridad de los obispos no sea ni plena, ni universal, ni soberana, no debe mirárselos como a simples Vicarios de los Pontífices romanos, pues poseen una autoridad que les es propia, y llevan en toda verdad el nombre de Prelados ordinarios de los pueblos que gobiernan. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 36, 29 de septiembre de 1896)

  • Si el vínculo de los obispos con el sucesor de Pedro se desata, el pueblo cristiano se disgrega

Como el sucesor de Pedro es único, mientras que los de los apóstoles son muy numerosos, conviene estudiar qué vínculos, según la constitución divina, unen a estos últimos al Pontífice Romano. Y desde luego la unión de los obispos con el sucesor de Pedro es de una necesidad evidente y que no puede ofrecer la menor duda; pues si este vinculo se desata, el pueblo cristiano mismo no es más que una multitud que se disuelve y se disgrega, y no puede ya en modo alguno formar un solo cuerpo y un solo rebano. “La salud de la Iglesia depende de la dignidad del soberano sacerdote: si no se atribuye a éste un poder aparte y sobre todos los demás poderes, habrá en la Iglesia tantos cismas como sacerdotes” (San Jerónimo, Dialogo Contra luciferianos n. 9). (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 37, 29 de septiembre de 1896)

  • Los que se separan de Pedro pierden sus derechos

Nada ha sido conferido a los apóstoles independientemente de Pedro; muchas cosas han sido conferidas a Pedro aislada e independientemente de los apóstoles. San Juan Crisóstomo, explicando las palabras de Jesucristo (Jn 21,15), se pregunta: “¿Por qué dejando a un lado a los otros se dirige Cristo a Pedro?”, y responde formalmente: “Porque era el principal entre los apóstoles, como la boca de los demás discípulos y el jefe del cuerpo apostólico” (San Juan Crisóstomo, Hom. 88 in Ioann. n. 1). Solo él, en efecto, fue designado por Cristo para fundamento de la Iglesia. A él le fue dado todo el poder de atar y de desatar; a él solo confió el poder de apacentar el rebaño. Al contrario, todo lo que los apóstoles han recibido en lo que se refiere al ejercicio de funciones y autoridad lo han recibido conjuntamente con Pedro. “Si la divina Bondad ha querido que los otros príncipes de la Iglesia tengan alguna cosa en común con Pedro, lo que no ha rehusado a los demás no se les ha dado jamás sino con él”. “El solo ha recibido muchas cosas, pero nada se ha concedido a ninguno sin su participación” (San León Magno, Serm. 4, c. 2). Por donde se ve claramente que los obispos perderían el derecho y el poder de gobernar si se separasen de Pedro o de sus sucesores. Por esta separación se arrancan ellos mismos del fundamento sobre que debe sustentarse todo el edificio y se colocan fuera del mismo edificio; por la misma razón quedan excluidos del rebaño que gobierna el Pastor supremo y desterrados del reino cuyas llaves ha dado Dios a Pedro solamente. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 37, 29 de septiembre de 1896)

  • Sin la obediencia al Papa reina confusión y desorden

El orden de los obispos no puede ser mirado como verdaderamente unido a Pedro, de la manera que Cristo lo ha querido, sino en cuanto está sometido y obedece a Pedro; sin esto, se dispersa necesariamente en una multitud en la que reinan la confusión y el desorden. Para conservar la unidad de fe y comunión, no bastan ni una primacía de honor ni un poder de dirección; es necesaria una autoridad verdadera y al mismo tiempo soberana, a la que obedezca toda la comunidad. ¿Qué ha querido, en efecto, el Hijo de Dios cuando ha prometido las llaves del reino de los cielos sólo a Pedro? Que las llaves signifiquen aquí el poder supremo; el uso bíblico y el consentimiento unánime de los Padres no permiten dudarlo. Y no se pueden interpretar de otro modo los poderes que han sido conferidos, sea a Pedro separadamente, o ya a los demás apóstoles conjuntamente con Pedro. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 39, 29 de junio de 1896)

  • La autoridad es elemento principal de la constitución de la Iglesia

Y pues esta autoridad, al formar parte de la constitución y de la organización de la Iglesia como su elemento principal, es el principio de la unidad, el fundamento de la seguridad y de la duración perpetua, se sigue que de ninguna manera puede desaparecer con el bienaventurado Pedro, sino que debía necesariamente pasar a sus sucesores y ser transmitida de uno a otro. (León XIII. Encíclica Satis cognitum, n. 33, 29 de septiembre de 1896)

Concilio Vaticano I

  • Para que los fieles se mantuvieran unidos por el vínculo de la misma fe, Jesucristo instituyó Pedro fundamento de su Iglesia

Así, para que el oficio episcopal fuese uno y sin división y para que, por la unión del clero, toda la multitud de creyentes se mantuviese en la unidad de la fe y de la comunión, [Cristo] colocó al bienaventurado Pedro sobre los demás apóstoles e instituyó en él el fundamento visible y el principio perpetuo de ambas unidades, sobre cuya fortaleza se construyera un templo eterno, y la altura de la Iglesia, que habría de alcanzar el cielo, se levantara sobre la firmeza de esta fe. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, 18 de julio 1870)

  • El Papa posee la potestad de jurisdicción, a que están obligados los pastores y fieles

Enseñamos y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A ella están obligados, los pastores y los fieles, de cualquier rito y dignidad, tanto singular como colectivamente, por deber de subordinación jerárquica y verdadera obediencia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo que concierne a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de modo que, guardada la unidad con el Romano Pontífice, tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un sólo rebaño bajo un único Supremo Pastor. Esta es la doctrina de la verdad católica, de la cual nadie puede apartarse de ella sin menoscabo de su fe y su salvación. (Concilio Vaticano I. Constitución Pastor aeternus, sesión IV, cap. III, 18 de julio 1870)

Concilio Vaticano II (XXI Ecuménico)

  • Para que el episcopado fuese indiviso, Cristo puso Pedro al frente de los Apóstoles

Jesucristo, Pastor eterno, edificó la santa Iglesia enviando a sus Apóstoles lo mismo que El fue enviado por el Padre (cf. Jn 20,21), y quiso que los sucesores de aquéllos, los obispos, fuesen los pastores en su Iglesia hasta la consumación de los siglos. Pero para que el mismo Episcopado fuese uno solo e indiviso, puso al frente de los demás Apóstoles al bienaventurado Pedro e instituyó en la persona del mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comunión. […] El Señor Jesús, después de haber hecho oración al Padre, llamando a sí a los que El quiso, eligió a doce para que viviesen con El y para enviarlos a predicar el reino de Dios (cf. Mc 3,13-19; Mt 10,1-42); a estos Apóstoles (cf. Lc 6,13) los instituyó a modo de colegio, es decir, de grupo estable, al frente del cual puso a Pedro, elegido de entre ellos mismos (cf. Jn 21,15-17). (Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen Gentium, n. 18-19.22, 21 de noviembre de 1964)

  • El Romano Pontífice es principio y fundamento de unidad

Así como, por disposición del Señor, San Pedro y los demás Apóstoles forman un solo colegio apostólico, de igual manera se unen entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles. […] El Colegio o Cuerpo de los Obispos, por su parte, no tiene autoridad, a no ser que se considere en comunión con el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, como cabeza del mismo, quedando totalmente a salvo el poder primacial de éste sobre todos, tanto pastores como fieles. Porque el Romano Pontífice tiene sobre la Iglesia, en virtud de su cargo, es decir, como Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, plena, suprema y universal potestad, que puede siempre ejercer libremente. […] El Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los obispos como de la multitud de los fieles. (Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen gentium, n. 22-23, 21 de noviembre de 1964)

San Francisco de Sales

  • Nuestro Señor ha dicho en términos singulares a San Pedro lo que dice de manera general a los otros

Una gran prueba en contra, según creen los adversarios, es que, según San Pablo, nadie puede poner otro fundamento que el ya puesto: Jesucristo (cf. 1 Cor 3, 11); además, en otra parte dice: “Ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los Apóstoles y profetas, siendo la piedra angular el mismo Cristo” (cf. Ef 2, 19-20). […] Por consiguiente, dicen: “Si los doce Apóstoles son fundamento de la Iglesia, ¿cómo atribuyen ustedes este título a San Pedro en particular? Y si San Pablo dice que nadie puede ponerse como fundamento, nadie más que Nuestro Señor, ¿cómo atrevéis a decir que por las palabras: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, San Pedro fue establecido como fundamento de la Iglesia? ¿Por qué no decís mejor —dice Calvino— que la piedra sobre la que está fundada la Iglesia no es otra que Nuestro Señor?” Y también Lutero dice: “¿Por qué no reconocéis que tales palabras son, más bien, la confesión de la fe que hizo San Pedro?” […] De todas maneras, no es un buen razonamiento el decir que todos los Apóstoles son llamados, en general, fundamento de la Iglesia, también lo es San Pedro, al igual que los demás. Bien al contrario, puesto que nuestro Señor ha dicho en particular y en términos singulares a San Pedro lo que posteriormente se dice de manera general de los otros, debemos concluir que en San Pedro se da una propiedad particular de fundamento y que él en particular ha sido lo que es todo el colegio apostólico. (San Francisco de Sales. Las controversias, Parte II, c. 6, a. 2)

  • Pedro es el supremo jefe de la Iglesia, los otros, delegados y comisionados

Veamos cuál es la razón general por la que apóstoles son llamados fundamento de la Iglesia; es porque ellos son los que por su predicación han implantado la fe y la doctrina cristiana, […] los primeros que han convertido el mundo a la religión cristiana, los que han arrojado los fundamentos de la salvación de los hombres y la semilla de su bienaventurada inmortalidad. […] En cuanto a la autoridad y el gobierno, San Pedro precede a los demás, de la misma manera que la cabeza está por encima de los demás miembros. Porque ha sido constituido pastor ordinario y supremo jefe de la Iglesia, los otros han sido pastores delegados y comisionados, con tan plenos poderes y autoridad sobre todo el resto de la Iglesia que San Pedro, a no ser que San Pedro fuera el jefe de todos y su pastor, como lo es de toda la cristiandad. De esta manera fueron fundamento de la Iglesia, junto con él, en cuanto a la conversión de las almas y a la doctrina, pero desiguales en lo referente a la autoridad y al gobierno, puesto que San Pedro era el jefe ordinario no solamente del resto de la Iglesia, sino también de los mismos apóstoles; porque nuestro Señor había edificado sobre él toda la Iglesia. (San Francisco de Sales. Las controversias, parte II, c. 6, a. 2)

  • Los Apóstoles fueron iguales en el apostolado, no en la dignidad

Sabemos muy bien que nuestro Señor concedió a sus apóstoles unas facultades muy amplias para tratar con el mundo respecto a su salvación cuando les dijo: “Como me envió mi Padre, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonareis, etc.” (cf. Jn 20 21). Esa fue la colación de la promesa que les había hecho a todos en general: quaecumque alligaveris, etc. (cf. Mt 18, 18). Pero ¿dijo a alguno de ellos: “¿Apacienta mis ovejas?” Este encargo sólo recibió San Pedro; fueron todos iguales en cuanto al apostolado, pero en lo que se refiere a la dignidad pastoral sólo San Pedro recibió esta institución: Pasce oves meas (Jn 21, 17). (San Francisco de Sales. Las controversias, parte II, c. 6, a. 5)

Eugenio IV

  • La autoridad papal es mayor que la de un Concilio…

[Doctrina condenada] “La verdad sobre el poder del concilio general que representa a la Iglesia universal, declarado superior al del papa y de cualquier otro por los concilios generales de Constanza y por el presente de Basilea, es una verdad de fe católica. Esta verdad que el papa no puede de ningún modo, por propia autoridad, disolver un concilio general que represente a la Iglesia universal legítimamente convocado para una de las cuestiones especificadas en la mencionada verdad o para una de estas en particular, ni aplazarlo para otra fecha, ni trasladarlo en otro lugar, sin el consentimiento de este concilio, es una verdad de fe católica. Quien se opone con obstinación a las precedentes verdades debe ser considerado hereje.

[Condena]las proposiciones arriba mencionadas por razón de la mala interpretación dada por los mismos de Basilea, que de hecho se revela como contraria al sentido genuino de las sagradas Escrituras, de los santos Padres y del mismo concilio de Constanza, y así la pretendida sentencia de privación, de que se ha hablado, con todas las consecuencias presentes o futuras, como impías y escandalosas, y también tendentes a una escisión manifiesta de la Iglesia de Dios y a la confusión de todo el orden eclesiástico y de los príncipes cristianos. (Denzinger-Hünermann 1309. Eugenio IV, Decreto Moyses vir Dei, contra el Concilio de Basilea, 4 de septiembre de 1439)

Pío II

  • …el cual no puede ir en contra del deseo del Romano Pontífice

Un abuso execrable y que fue inaudito para los tiempos antiguos, ha surgido en nuestra época y es que hay quienes, imbuidos de espíritu de rebeldía, no por deseo de más sano juicio, sino para eludir el pecado cometido, osan apelar a un futuro Concilio universal, del Romano Pontífice, vicario de Jesucristo, a quien se le dijo en la persona del bienaventurado Pedro: “Apacienta a mis ovejas” (Jn 21, 17); y: “Cuanto atares sobre la tierra, será atado también en el cielo” (Mt 16, 19), … Queriendo, pues, arrojar lejos de la Iglesia de Cristo este pestífero veneno …, condenamos tales apelaciones, y como erróneas y detestables las reprochamos. (Denzinger-Hünermann 1375. Pío II, Bula Exsecrabilis, 18 de enero de 1460)

Juan XXII

  • Los que igualan la autoridad del Papa a la de los demás Apóstoles son enemigos de la fe católica, heréticos o hereticales

[Doctrina condenada] El bienaventurado apóstol Pedro no tuvo más autoridad que los demás apóstoles, y no fue cabeza de los otros apóstoles. Asimismo, Cristo no dejó cabeza alguna a la Iglesia ni hizo a nadie vicario suyo. […] Todos los sacerdotes, sea el Papa, o el arzobispo o un simple sacerdote, tienen por institución de Cristo la misma jurisdicción y autoridad […]. [Los artículos mencionados] Declaramos sentencialmente que son, como contrarios a la Sagrada Escritura y enemigos de la fe católica, heréticos o hereticales y erróneos. (Denzinger-Hünermann 942.944.946. Juan XXII, Constitución Licet iuxta doctrinam, 23 de octubre de 1327)


Anexo 2 – Las “iglesias” que niegan obediencia al Papa no pueden subsistir


El fracaso de las sectas a lo largo de los siglos…

Ethan R. Longhenry

  • La “iglesia” de Juan Wiclif no duró siquiera un siglo

Juan Wiclif, un sacerdote inglés del siglo XIV, enseñó que Cristo es el único Rey de los hombres y que su autoridad reside apenas en la Biblia. […] Sus seguidores se llamaban Lolardos, pero el movimiento murió en el siglo XIV. (Ethan R. Longhenry. A study of denominations)

Hilaire Belloc

  • La misma doctrina que niega la autoridad del Sumo Pontífice destroza los fundamentos del protestantismo

El protestantismo fue reducido a pedazos cuando negó a la Biblia la suprema autoridad. El protestantismo comenzó a decir: “Niego la autoridad de la Iglesia, cada persona debe examinar la credibilidad de las doctrinas por sí mismo”. [Predicaba solo scriptura] luego […] en la cultura protestante rendían culto a la Biblia. […] Después la cultura protestante se fue la otro extremo; del culto al texto bíblico, considerado como inmutable y como la voz clara de Dios, comenzó a ser cuestionado en su casi totalidad. Empezó a cuestionar la autenticidad de los cuatro evangelios, sobretodo de los dos escritos por testigos oculares de la vida de Nuestro Señor, especialmente el de San Juan, el principal testigo de la encarnación. Llegó al punto de negar el valor histórico de casi todo en el Antiguo Testamento […] negaba todos los milagros de punto a punto y todas las profecías. […] Al final, cuando este espíritu (que es el producto del proprio protestantismo) tenía acabado con la Biblia —el fundamento del protestantismo— del protestantismo solo restaron ruinas. (Hillarie Belloc. How the reformation happened)

Pedro Herrasti

  • Cada “iglesia” que se separaba de Roma se dividía y subdividía

Desde el momento en que Lutero, Calvino y Enrique VIII rompieron la unidad con Roma y adoptaron como norma de fe la libre interpretación de la Biblia, perdieron la noción de lo que es la Iglesia que Cristo fundó. Carentes de Magisterio infalible, abandonados a sus propias ideas, bien pronto se dividieron y subdividieron hasta el caos actual. Surgieron fundadores por todos lados, cada quien con sus ideas. Al principio hubo cruentos enfrentamientos de todos contra todos, pero en la actualidad han caído en una tolerancia absoluta, en que realmente a nadie le importa lo que otros crean o dejen de creer. […] El desmoronamiento del protestantismo a todo punto de vista, ha llegado al colmo en los Estados Unidos, donde están registradas no menos de 21.000 “iglesias”, algunas muy poderosas y con gran número de seguidores, pero otras tan ridículas como la que cuenta con dos miembros, marido y mujer… (Pedro Herrasti. Iglesias protestantes y sectas)

.…y en nuestros días

Mundo Cristiano

  • “Iglesia” protestante en Alemania pierde fieles

El número de fieles que abandonan las congregaciones protestantes está aumentando notablemente, según un informe de la Iglesia Evangélica en Alemania […] Asimismo la asistencia a los cultos, ya en un nivel muy bajo, ha caído aún más en 2013, año en el que un promedio de 820.000 miembros asistieron a un servicio dominical – 3,2% menos que en el año anterior. (Mundo cristiano. El mundo, 25 de julio de 2015)

The Independent

  • Esta es la última generación de anglicanos

El número de personas en el Reino Unido que describen su creencia como siendo de la Iglesia de Inglaterra o Anglicana, disminuyó de 21% a 17% entre 2012 a 2014 —una pérdida de 1.7 millones de seguidores. […] El antiguo Arzobispo de Canterbury, Lord Carey, alertó que si no son tomadas medidas urgentes la organización “se extinguirá en la próxima generación”. (The Independent. Church of England “one generation away from extinction” after dramatic loss of followers, 1 de junio de 2015)

Richard Krejcir

  • Declina el número de feligreses protestantes de los Estados Unidos

Desde 1990 a 2000, el conjunto de miembros de las varias denominaciones protestantes en los Estados Unidos disminuyó en 5 millones de miembros (9.5%), mientras la población americana aumentó 24 millones (11%). (Richard Krejcir. Church Leadership, Statistics and Reasons for Church Declin)


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