89 – Cuando la Iglesia se cierra, se enferma. La Iglesia debe salir a las periferias existenciales

“La caridad comienza por la propia casa”. Este dicho popular expresa de forma sencilla y clara la actitud que debe tener un apóstol del Evangelio. De hecho, nadie puede dar lo que no tiene por lo que, en primer lugar, a un misionero le es necesario llenar su alma de la gracia para, sólo después, poder transmitir de forma efectiva la luz de Cristo y el perfume de las virtudes cristianas. Sí, para evangelizar no se puede mezclar el agua cristalina de la santidad con el barro del pecado, es decir, se debe buscar, ante todo la salvación de los demás, pero siempre evitando que, bajo el pretexto del apostolado, adecuemos nuestras almas a las malas influencias del mundo, poniendo en grave riesgo nuestro destino eterno. ¿De qué servirán obras y más obras si quien las hace se termina condenando por haber adoptado una estrategia apostólica imprudente? La Iglesia pone por delante de todo la eterna salvación de sus hijos, y por eso siempre fue vigilante a la hora de indicar el verdadero camino de la evangelización.

Francisco

papafrancisco3

Cita ACita B

Enseñanzas del Magisterio

Entra en las diversas partes de nuestro estudio

ContenidoAutores
I – ¿Iglesia cerrada o Iglesia preservada?
II –
La eficacia de la actuación de los movimientos eclesiales se debe a su buen ejemplo de vida
III –
Los pastores de la Iglesia deben indicar rumbos seguros a sus ovejas
IV –
¿La Santa Iglesia puede equivocarse?

I – ¿Iglesia cerrada o Iglesia preservada?

Sagrada Escritura

La salvación del alma es nuestra principal preocupación

¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles. (Mc 8, 36-38)

San Juan Crisóstomo

Sé atento para que preocupándote de lo ajeno no descuides lo tuyo

Mirad cómo la salvación del alma por modo no debido es pérdida, y pérdida peor que todas las pérdidas, pues no tiene remedio y nada hay con que rescatar el alma. […] Pon con su alma la tierra entera. ¿Qué provecho sacará de ello, si su alma se ha perdido eternamente? […] Aún cuando seas dueño del mundo entero, aun cuando seas rey de toda la tierra y pagues por precio cuanto hay en la tierra entera, no serás capaz de comprar una sola alma. […] Pon todo tu empeño en procurar su salvación. Mira, pues, que, preocupándote de lo ajeno, no te descuides de lo tuyo. Que es lo que hacen ahora todos, semejantes a los que trabajan en las minas. Éstos ningún provecho sacan de todo aquel trabajo y riqueza. Antes bien mucho daño, pues exponen sin motivo al peligro y se exponen en interés de otros, y nada sacan de todos sus sudores y peligros de muerte. ¡Cuántos hay que ahora imitan a estos desgraciados, que se afanan explotando riquezas para otros! O, por decir mejor, estos son más desgraciados que los infelices condenados a las minas, ya que después de tantos trabajos les espera el infierno. Por lo menos, para aquellos, la muerte pone fin a todos sus sudores; para éstos, en cambio, la muerte será comienzo de grandes males. […] El alma es lo principal en nosotros. Cristo te dirá nuevamente: “¿Qué dará el hombre por compensación o a cambio de tu su alma?” Que es mandarte que pienses en ella en todo momento y solo de ella hagas cuenta. (San Juan Crisóstomo. Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, homilía 55, n. 4-5)

Benedicto XVI

El peligro del activismo que descuida la propia alma

“Velad por vosotros mismos” (Hch 20, 28): estas palabras también valen para los presbíteros de todos los tiempos. Hay un activismo con buenas intenciones, pero en el que uno descuida la propia alma, la propia vida espiritual, el propio estar con Cristo. San Carlos Borromeo, en la lectura del breviario de su memoria litúrgica, nos dice cada año: no puedes ser un buen servidor de los demás si descuidas tu alma. “Velad por vosotros mismos”: estemos atentos también a nuestra vida espiritual, a nuestro estar con Cristo. Como he dicho en muchas ocasiones: orar y meditar la Palabra de Dios no es tiempo perdido para la atención a las almas, sino que es condición para que podamos estar realmente en contacto con el Señor y así hablar de primera mano del Señor a los demás. “Velad por vosotros mismos y por todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia de Dios”. (Benedicto XVI. Lectio Divina en el encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

Juan Pablo II

¿Cómo podrán evangelizar los que no tienen la verdadera comprensión de la fe?

Para renovar continuamente y conservar la alegría de la misión, es importante ante todo que los ministros del Señor refuercen su vida espiritual, en particular a través de la oración diaria, “remedio de la salvación” y del encuentro íntimo con el Señor en la Eucaristía, que ocupan el centro de la jornada sacerdotal. Del mismo modo, la recepción frecuente del sacramento de la reconciliación, que devuelve al pecador la gracia y la amistad con Dios, ayuda al sacerdote a transmitir el perdón a sus hermanos. Estos alimentos son indispensables para los discípulos de Cristo y, más aún, para cuantos reciben la tarea de guiar y santificar al pueblo cristiano. Deseo insistir también en la necesidad de celebrar dignamente la Liturgia de las Horas, que contribuye, “por una misteriosa fecundidad apostólica, a acrecentar al pueblo de Dios”, y en el tiempo de la oración diaria. Por ellas, el sacerdote reaviva en él el don de Dios, se prepara para la misión, modela su identidad sacerdotal y edifica la Iglesia. En efecto, el sacerdote toma conciencia ante Dios de la llamada que recibió, y renueva su disponibilidad a la misión particular que el obispo le confió en nombre del Señor, manifestando así su disponibilidad a la obra del Espíritu Santo, que es quien da el crecimiento. Los sacerdotes están llamados a ser testigos alegres de Cristo, con su enseñanza y su testimonio de una vida santa, en sintonía con el compromiso asumido el día de su ordenación. Son para vosotros “hijos y amigos”. Debéis estar atentos a sus necesidades espirituales e intelectuales, recordándoles que, aunque viven en medio de los hombres y teniendo en cuenta la modernidad, como todos los fieles, no deben tomar como modelo el mundo presente, sino que han de adecuar su vida a la Palabra que anuncian y a los sacramentos que celebran; así manifestarán “el misterio de Cristo y la naturaleza genuina de la verdadera Iglesia”. Animadlos a orar personalmente y a sostenerse recíprocamente en este ámbito. Invitadlos también a profundizar incesantemente sus conocimientos teológicos, necesarios para la vida espiritual y pastoral. En efecto, ¿cómo podrán anunciar el Evangelio y “ser administradores de una vida diferente de la de esta tierra”, si no permanecen cerca del corazón de Cristo, como el Apóstol a quien él amaba, y si no se dedican, mediante la formación permanente, a una verdadera comprensión de la fe? (Juan Pablo II. Discurso a los Obispos de los Países Bajos en visita “Ad limina”, n. 2, 18 de junio de 1998)

Santo Tomás de Aquino

Se debe evitar la convivencia con los pecadores en un consorcio de pecado

Por la culpa que les sitúa en oposición a Dios, [los pecadores] han de ser odiados todos, incluso el padre, la madre y los parientes, como se lee en la Escritura (Lv 14, 26). […] A los amigos que incurren en pecado, según el Filósofo en IX Ethic., no se les debe privar de los beneficios de la amistad en tanto haya esperanza de su curación. Al contrario, mayor auxilio se les debe prestar para recuperar la virtud que para recuperar el dinero, si lo hubieran perdido, dado que la virtud es más afín a la amistad que el dinero. Mas cuando incurren en redomada malicia y se tornan incorregibles, no se les debe dispensar la familiaridad de amistad. Por eso, esta clase de pecadores, de quienes se supone que son más perniciosos para los demás que susceptibles de enmienda, la ley divina y humana prescriben su muerte. Esto, sin embargo, lo sentencia el juez, no por odio hacia ellos, sino por el amor de caridad, que antepone el bien público a la vida de una persona privada. No obstante, la muerte infligida por el juez aprovecha al pecador: si se convierte, como expiación de su culpa; si no se convierte, para poner término a su culpa, ya que con eso se le priva de la posibilidad de pecar más. […] Por caridad amamos a los pecadores, no para querer lo que quieren ellos, o gozarnos de lo que ellos gozan, sino para llevarlos a querer lo que queremos nosotros y a gozarse de lo que nos gozamos. De ahí estas palabras de Jeremías (15, 19): Ellos se convertirán a ti y tú no te convertirás a ellos. Se debe evitar, ciertamente, que los débiles convivan con los pecadores por el peligro que corren de verse pervertidos por ellos. En cuanto a los perfectos, en cambio, cuya corrupción no se teme, es laudable que mantengan relaciones con los pecadores para convertirlos. Así el Señor comía y bebía con ellos, como consta en la Escritura (Mt 9, 10-11). Sin embargo, se debe evitar la convivencia con los pecadores en un consorcio de pecado. Así dice el Apóstol: Salid de en medio de ellos y no toquéis nada inmundo (2 Co 6, 17), o sea, el consentimiento en el pecado. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 25, a. 6)

San Juan Crisóstomo

No abramos las puertas a hombres corrompidos

Llama aquí perros a los que viven en una impiedad incurable y no hay esperanza de que se mejoren. Y llama cerdos a los que llevan una vida destrozada por la continua lujuria. A todos esos los declaró indignos de escuchar su doctrina. Cosa que también Pablo significó con estas palabras: Pues el hombre animal no percibe las cosas del Espíritu de Dios; para él son locura. También en otras partes repite que la vida corrompida es causa de que no se acepten los principios y fundamentos de la vida de perfección. Y por esto ordena que no se les abran las puertas a tales hombres. (San Juan Crisóstomo. Comentario al Evangelio de San Mateo, homilía 23)

Pseudo-Crisóstomo

Dios no concede las gracias espirituales de igual modo a dignos e indignos

Había mandado el Señor, antes de ahora, amar a los enemigos y hacer bien a los que nos aborrecen y hacen mal; y para que los sacerdotes no piensen que también deben concederles las cosas divinas, les advirtió sobre esta idea, diciendo: “No deis lo santo a los perros”, como si dijese: “Os he mandado amar a vuestros enemigos y hacer bien a los que os perjudican con vuestros bienes materiales”. Pero no con vuestros bienes espirituales, porque vuestros enemigos son iguales a vosotros en cuanto a la naturaleza, no en cuanto a la fe. Dios concede los beneficios terrenos lo mismo a los dignos que a los indignos, pero no así las gracias espirituales. (Pseudo-Crisóstomo citado por Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea in Mt 7, 6)

Pío IX

¡Cuidado con aquellos que en piel de ovejas nos apartan de la Religión!

Tales son las insidias tenebrosas de aquellos que, en piel de ovejas, siendo lobos rapaces, se insinúan fraudulentamente, con especie de piedad sincera, de virtud y disciplina, penetran humildemente, captan con blandura, atan delicadamente, matan a ocultas, apartan de toda Religión a los hombres y sacrifican y destrozan las ovejas del Señor; tal, por fin, para omitir todo lo demás, […] siembran doctrinas pestíferas, depravan las mentes y las almas, sobre todo de los más incautos, y causan perjuicios graves a la Religión. (Pío IX. Encíclica Qui pluribus, n. 9, 9 de noviembre de 1846)

San Cipriano de Cartago

Por las herejías se discriminan los justos de los malos y la paja del grano

“Es preciso que haya herejías, para que se ponga claro quiénes son los justificados entre vosotros” (1 Cor 11, 19). Así se conoce a los fieles, así se descubren los infieles. Así, aún antes del día del juicio, aquí también se discriminan los justos de los malos y la paja del grano. De este género son los que sin llamamiento divino se meten a jefes de unos temerarios aventureros, los que sin legítima elección se constituyen en jefes, […] a éstos se refiere el Espíritu Santo en los Salmos, como a quienes ocupan la cátedra de los malvados (cf. Ps 1, 1), plaga contagiosa de la fe, falaces con lengua de áspid, que amañan y corrompen la verdad, arrojando letal ponzoña por sus lenguas, cuyas palabras cunden como un cáncer, cuya doctrina infiltra el tósigo en las almas y corazones como un veneno mortal. (San Cipriano de Cartago. De unitate Eclesiae, n. 10: ML 4, 507)

San Juan Crisóstomo

Con malvados herejes en la Iglesia, ningún trabajo queda al demonio

Un precipicio y peligro no pequeño se propone aquí a los prelados, a quienes especialmente se ha encomendado el cuidado del campo. […] Y se declara cómo el error vino en pos de la verdad, cosas que los sucesos han confirmado. Porque en pos de los profetas llegan los pseudoprofetas; en pos de los apóstoles, los pseudoapóstoles; en pos de Cristo, el Anticristo. Pues si el diablo no ve algo que imitar o algunos a quienes armar asechanzas, ni las pone ni sabe nada. No pudiendo arrancar lo que ya ha arraigado, ni sofocarlo, ni quemarlo, se vale de otra astucia, y siembra en otros su propia simiente. […] Porque muchos prelados, habiendo dejado entrar en la Iglesia a malvados herejes, dieron amplio lugar a semejantes asechanzas. Porque ningún trabajo le queda al demonio, una vez que ha introducido a semejantes hombres. […] Es lo que hacen los herejes, […] al principio se ocultan: pero una vez que adquieren mayor confianza y facilidad para hablar, entonces derraman su veneno. (San Juan Crisóstomo. Comentario al Evangelio de San Mateo, homilía 46)

Pío IX

En la Iglesia cobraron fuerza ciertos hombres depravados, enemigos de toda verdad

Lo mismo que nos, sabéis y estáis viendo vosotros, Venerables Hermanos, con cuánta malignidad cobraron fuerza ciertos hombres depravados, enemigos de toda verdad, justicia y honestidad, los cuales ora valiéndose del fraude y de toda clase de intrigas, ora abiertamente lanzando como mar embravecida la espuma de sus confusiones, se esfuerzan por esparcir por doquiera entre los pueblos fieles de Italia la desenfrenada licencia de pensar, de hablar y de cometer audazmente toda suerte de impiedades y de echar por tierra la Religión Católica en Italia, y si posible fuere, destruirla de raíz. (Pío IX. Encíclica Nostis et nobiscum, n. 1, 8 de diciembre de 1849)

II – La eficacia de la actuación de los movimientos eclesiales se debe a su buen ejemplo de vida

Juan Pablo II

El mundo tiene urgente necesidad de un anuncio fuerte del Evangelio

En nuestro mundo, frecuentemente dominado por una cultura secularizada que fomenta y propone modelos de vida sin Dios, la fe de muchos es puesta a dura prueba y no pocas veces sofocada y apagada. Se siente, entonces, con urgencia la necesidad de un anuncio fuerte y de una sólida y profunda formación cristiana. ¡Cuánta necesidad existe hoy de personalidades cristianas maduras, conscientes de su identidad bautismal, de su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo! ¡Cuánta necesidad de comunidades cristianas vivas! Y aquí entran los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales: son la respuesta, suscitada por el Espíritu Santo, a este dramático desafío del fin del milenio. Vosotros sois esta respuesta providencial. […] En los movimientos y en las nuevas comunidades habéis aprendido que la fe no es un discurso abstracto ni un vago sentimiento religioso, sino vida nueva en Cristo, suscitada por el Espíritu Santo. (Juan Pablo II. Discurso durante el Encuentro con los Movimientos Eclesiales, n. 7, 30 de mayo de 1998)

Benedicto XVI

El impulso misionero es una confirmación del radicalismo de la fidelidad

A vosotros, queridos amigos de los movimientos, os digo: haced que sean siempre escuelas de comunión, compañías en camino, en las que se aprenda a vivir en la verdad y en el amor que Cristo nos reveló y comunicó por medio del testimonio de los Apóstoles, dentro de la gran familia de sus discípulos. Que resuene siempre en vuestro corazón la exhortación de Jesús: “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 16). Llevad la luz de Cristo a todos los ambientes sociales y culturales en los que vivís. El impulso misionero es una confirmación del radicalismo de una experiencia de fidelidad, siempre renovada, al propio carisma, que lleva a superar cualquier encerramiento, cansado y egoísta, en sí mismos. Iluminad la oscuridad de un mundo trastornado por los mensajes contradictorios de las ideologías. No hay belleza que valga si no hay una verdad que reconocer y seguir, si el amor se reduce a un sentimiento pasajero, si la felicidad se convierte en un espejismo inalcanzable, si la libertad degenera en instintividad. (Benedicto XVI. Mensaje a los participantes en el II Congreso Mundial de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades, 22 de mayo de 2006)

Cualquier proyecto que no sea designio de Dios está destinado al fracaso

No olvidéis jamás que cualquier proyecto de vida que no sea conforme al designio de Dios sobre el hombre está destinado, antes o después, al fracaso. En efecto, sólo con Dios y en Dios el hombre puede realizarse completamente y alcanzar la plenitud a la que aspira en lo más íntimo de su corazón. […] Es decisivo elegir los verdaderos valores, y no los efímeros; la auténtica verdad, y no las verdades a medias o las pseudoverdades. (Juan Pablo II. discurso durante el Encuentro con los catequistas y los movimientos eclesiales, n. 6, 4 de octubre de 1998)

Benedicto XV

El éxito del apostolado corresponderá al grado de unión con Dios

Quienes deseen hacerse aptos para el apostolado tienen que concentrar necesariamente sus energías en lo que antes hemos indicado, y que es de suma importancia y trascendencia, a saber: la santidad de la vida. Porque ha de ser hombre de Dios quien a Dios tiene que predicar, como ha de huir del pecado quien a los demás exhorta que lo detesten. De una manera especial tiene esto explicación tratándose de quien ha de vivir entre gentiles, que se guían más por lo que ven que por la razón, y para quienes el ejemplo de la vida, en punto a convertirles a la fe, es más elocuente que las palabras. El misionero deber ser dechado de todos por su humildad, obediencia, pureza de costumbres, señalándose sobre todo por su piedad y por su espíritu de unión y continuo trato con Dios, de quien ha de procurar a menudo recabar el éxito de sus negocios espirituales, convencido de que la medida de la gracia y ayuda divina en sus empresas corresponderá al grado de su unión con Dios. […] Con el auxilio de estas virtudes caerán todos los estorbos y quedará llana y patente a la Verdad la entrada en los corazones de los hombres; porque no hay ninguna voluntad tan contumaz que pueda resistirles fácilmente. (Benedicto XV. Carta Apostólica Maximum Illud, 64-68, 30 de noviembre de 1919)

Llevar la luz a los pueblos sumidos en sombras de muerte

Es ya hora, amadísimos hijos, de hablaros a vosotros, cuantos trabajáis en la viña del Señor, a cuyo celo, juntamente con la propagación de la verdad cristiana, está encomendada la salvación de innumerables almas. Sea lo primero, y como base de todo, que procuréis formaros cabal concepto de la sublimidad de vuestra misión, la cual debe absorber todas vuestras energías. Misión verdaderamente divina, cuya esfera de acción se remonta muy por encima de todas las mezquindades de los intereses humanos, ya que vuestro fin es llevar la luz a los pueblos sumidos en sombras de muerte y abrir la senda de la vida a quienes de otra suerte se despeñarían en la ruina. (Benedicto XV. Carta Apostólica Maximum illud, n. 40-42, 30 de noviembre de 1919)

III – Los pastores de la Iglesia deben indicar rumbos seguros a sus ovejas

Sagrada Escritura

El Espíritu Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia de Dios

Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio Hijo. (Hch 20, 28)

Juan Pablo II

La misión episcopal es anunciar con audacia la fe

La misión de enseñar propia de los Obispos consiste en conservar santamente y anunciar con audacia la fe. (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Pastores Gregis, n. 31, 16 de octubre de 2003)

Pío XII

No se puede aceptar lo inmoral y peligroso para la fe y las buenas costumbres

La Iglesia, depositaria de la doctrina de la salvación y de los medios de santificación, tiene por sí el inalienable derecho de comunicar las riquezas que se le han confiado por disposición divina. […] Asimismo no se puede aceptar la teoría de los que a pesar de los desastres morales y materiales causados en el pasado por semejante doctrina, sostienen la llamada “libertad de expresión”, no en el noble sentido indicado antes por Nos, sino como libertad para difundir sin ningún control todo lo que a uno se le antoje, aunque sea inmoral y peligroso para la fe y las buenas costumbres. La Iglesia, que protege y apoya la evolución de todos los verdaderos valores espirituales —así las ciencias como las artes la han tenido siempre como Patrona— no puede permitir que se atente contra los valores que ordenan al hombre respecto de Dios, su último fin. Por consiguiente, ninguno debe admirarse de que también en esta materia ella tome una actitud de vigilancia, conforme a la recomendación del Apóstol: “Examinadlo todo: lo que es bueno tenedlo, pero absteneos de toda especie de mal”. (Pío XII. Encíclica Miranda prorsus, n. 19, 8 de septiembre de 1957)

León XIII

La Iglesia no debe adecuar sus enseñanzas conforme al espíritu de la época

El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas ideas es que, con el fin de atraer más fácilmente a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe adecuar sus enseñanzas mas conforme con el espíritu de la época, aflojar algo de su antigua severidad y hacer algunas concesiones a opiniones nuevas. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no solo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas pertenecientes al “depósito de la fe”. Ellos sostienen que sería oportuno, para ganar a aquellos que disienten de nosotros, omitir ciertos puntos del Magisterio de la Iglesia que son de menor importancia, y de esta manera moderarlos para que no porten el mismo sentido que la Iglesia constantemente les ha dado. […] Tal política tendería a separar a los católicos de la Iglesia en vez de atraer a los que disienten. No hay nada más cercano a nuestro corazón que tener de vuelta en el rebaño de Cristo a los que se han separado de Él, pero no por un camino distinto al señalado por Cristo. […] La historia prueba claramente que la Sede Apostólica, a la cual ha sido confiada la misión no solo de enseñar, sino también de gobernar toda la Iglesia, se ha mantenido “en una misma doctrina, en un mismo sentido y en una misma sentencia” (Constitutio de Fide Catholica, cap. IV). […] En este asunto la Iglesia debe ser el juez, y no los individuos particulares, que a menudo se engañan con la apariencia de bien. (León XIII. Carta Testem Benevolentiae al Card. James Gibbons, 22 de enero1899)

Congregación para los Obispos

Que el Obispo gobierne según la sabiduría divina

Al apacentar la grey que se le ha confiado, es de gran ayuda al Obispo la virtud de la prudencia, que es sabiduría práctica y arte de buen gobierno, que requiere actos oportunos e idóneos para la realización del plan divino de salvación y para obtener el bien de las almas y de la Iglesia, posponiendo toda consideración puramente humana. Es por eso necesario que el Obispo modele su modo de gobernar tanto según la sabiduría divina, que le enseña a considerar los aspectos eternos de las cosas, como según la prudencia evangélica, que le hace tener siempre presentes, con habilidad de arquitecto (cf. 1 Co 3, 10), las cambiantes exigencias del Cuerpo de Cristo. […] La prudencia le hará conservar las legítimas tradiciones de su Iglesia particular, pero, al mismo tiempo, lo hará promotor de laudable progreso y celoso buscador de nuevas iniciativas, salvaguardando sin embargo la necesaria unidad. (Congregación para los Obispos. Apostolorum sucessores: directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, cap. III, n. 41, 22 de febrero de 2004)

Juan Pablo II

Lanzad las redes de los sacramentos

Amadísimos hermanos en el episcopado, Cristo nos repite hoy: “Duc in altum, Rema mar adentro” (Lc 5, 4). A la luz de esta invitación suya, podemos releer el triple munus que se nos ha confiado en la Iglesia: munus docendi, sanctificandi et regendi. Duc in docendo. “Proclama la palabra —diremos con el Apóstol—, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Tm 4, 2). Duc in sanctificando. Las “redes” que estamos llamados a echar entre los hombres son ante todo los sacramentos, de los cuales somos los principales dispensadores, reguladores, custodios y promotores. (Juan Pablo II. Homilía de apertura de la X Asamblea general ordinaria del Sínodo de Obispos, n. 6, 30 de septiembre de 2001)

Misión y testimonio de la vida son inseparables

El ministerio del Obispo, como pregonero del Evangelio y custodio de la fe en el Pueblo de Dios, no quedaría completamente descrito si faltara una referencia al deber de la coherencia personal: su enseñanza ha de proseguir con el testimonio y con el ejemplo de una auténtica vida de fe. Si el Obispo, que enseña a la comunidad la Palabra escuchada con una autoridad ejercida en el nombre de Jesucristo, no vive lo que enseña, transmite a la comunidad misma un mensaje contradictorio. […] El testimonio de vida es para el Obispo como un nuevo título de autoridad, que se añade al título objetivo recibido en la consagración. (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Pastores gregis, n. 31, 16 de octubre de 2003)

La acción pastoral debe restablecer la primacía de la gracia

El Obispo debe ser el primero en mostrar, con el ejemplo de su vida, que es preciso restablecer la primacía del “ser” sobre el “hacer” y, más aún, la primacía de la gracia, que en la visión cristiana de la vida es también principio esencial para una “programación” del ministerio pastoral. Sólo cuando camina en la presencia del Señor, el Obispo puede considerarse verdaderamente ministro de la comunión y de la esperanza para el pueblo santo de Dios. En efecto, no es posible estar al servicio de los hombres sin ser antes “siervo de Dios”. Y no se puede ser siervo de Dios si antes no se es “hombre de Dios”. (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Pastores Gregis, n. 11-13, 16 de octubre de 2003)

Benedicto XVI

Un pastor vigila no como un burócrata, sino como quien ve desde lo alto

Tal vez estos son los dos conceptos centrales para este oficio del pastor: alimentar dando a conocer la Palabra de Dios, no sólo con las palabras, sino testimoniándola por voluntad de Dios; y proteger con la oración, con todo el compromiso de la propia vida. Pastores, el otro significado que percibieron los Padres en la palabra cristiana “epískopoi”, es: quién vigila no como un burócrata, sino como quien ve desde el punto de vista de Dios, camina hacia la altura de Dios y a la luz de Dios ve a esta pequeña comunidad de la Iglesia. Para un pastor de la Iglesia, para un sacerdote, un “epískopos”, es importante también que vea desde el punto de vista de Dios, que trate de ver desde lo alto, con el criterio de Dios y no según sus propias preferencias, sino cómo juzga Dios. Ver desde esta altura de Dios y así amar con Dios y por Dios. (Benedicto XVI. “Lectio Divina” en el encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 10 de marzo de 2011)

Modelos de la grey que resisten a los enemigos

La tarea del pastor consiste en apacentar, en cuidar la grey y llevarla a buenos pastos. Apacentar la grey quiere decir encargarse de que las ovejas encuentren el alimento necesario, de que sacien su hambre y apaguen su sed. Sin metáfora, esto significa: la Palabra de Dios es el alimento que el hombre necesita. Hacer continuamente presente la Palabra de Dios y dar así alimento a los hombres es tarea del buen pastor. Y este también debe saber resistir a los enemigos, a los lobos. Debe preceder, indicar el camino, conservar la unidad de la grey. San Pedro, en su discurso a los presbíteros, pone de relieve también otra cosa muy importante. No basta hablar. Los pastores deben ser “modelos de la grey” (1 P 5, 3). La Palabra de Dios, cuando se vive, es trasladada del pasado al presente. […] Ser pastor, modelo de la grey, significa vivir la Palabra ahora, en la gran comunidad de la Iglesia santa. (Benedicto XVI. Homilía, 29 de junio de 2009)

Concilio Vaticano II

Que los Obispos santifiquen sus iglesias

[Los Obispos] siéntanse obligados a dar ejemplo de santidad con la caridad, humildad y sencillez de vida. Santifiquen sus iglesias, de forma que en ellas se advierta el sentir de toda la Iglesia de Cristo. […] Promuevan y favorezcan también las asociaciones que directa o indirectamente buscan el fin sobrenatural, esto es, conseguir una vida más perfecta, anunciar a todos el Evangelio de Cristo, promover la doctrina cristiana. (Concilio Vaticano II. Decreto Christus Dominus, n. 15-16, 28 de octubre de 1965)

IV – ¿La Santa Iglesia puede equivocarse?

San Francisco de Sales

La Iglesia es inmutable, estable y perpetua

Esto mismo enseña San Pablo cuando llama a la Iglesia columna y fundamento de la verdad (1 Th 3, 15). ¿No quiere esto decir que la verdad está firmemente sostenida por la Iglesia? En otros lugares, la verdad solamente se sostiene a intervalos, y con frecuencia cae, pero en la Iglesia permanece firme, sin vacilaciones, inmutable, sin vicisitudes; en pocas palabras, estable y perpetua. (San Francisco de Sales. Carta Abierta a los protestantes: defensa de la autoridad de la Iglesia, n. 126)

Decir que la Iglesia yerra equivale a decir que Dios yerra

¿Quién me hará conocer la recta de entre tantas [verdades] malas? ¿Quién me hará ver la verdad auténtica en medio de tantas vanidades patentes y enmascaradas? Cada cual quiere embarcarse en la nave del Espíritu Santo, pero no hay más que una, y esa sola llegará a buen puerto: las otras naufragarán. ¡Qué peligrosa elección! […] Quien considere que el testimonio que Dios dio de la Iglesia es auténtico, comprenderá que decir que la Iglesia yerra equivale a decir que Dios yerra, o que es su gusto y voluntad que erremos, lo que sería una gran blasfemia. (San Francisco de Sales. Carta Abierta a los protestantes: defensa de la autoridad de la Iglesia, n. 126)

Gregorio XVI

Es injurioso pensar que la Iglesia está sujeta a defectos

En efecto, constando, según el testimonio de los Padres de Trento, que la Iglesia recibió su doctrina de Cristo Jesús y de sus Apóstoles, que es enseñada por el Espíritu Santo, que sin cesar la sugiere toda verdad, es completamente absurdo e injurioso en alto grado el decir que sea necesaria cierta restauración y regeneración para volverla a su incolumidad primitiva, dándola nueva vigor, como si pudiera ni pensarse siquiera que la Iglesia está sujeta a defecto, a ignorancia o a cualesquier otras imperfecciones. Con cuyo intento pretenden los innovadores echar los fundamentos de una institución humana moderna, para así lograr aquello que tanto horrorizaba a San Cipriano, esto es, que la Iglesia, que es cosa divina, se haga cosa humana. (Gregorio XVI. Encíclica Mirari Vos, n. 6, 15 de agosto de 1832)

Concilio Vaticano II

El pueblo de Dios no acepta palabra de hombres, sino la verdadera palabra de Dios

La totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2, 20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando “desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos” presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres. Con este sentido de la fe, que el Espíritu de verdad suscita y mantiene, el Pueblo de Dios se adhiere indefectiblemente «a la fe confiada de una vez para siempre a los santos» (Judas, 3), penetra más profundamente en ella con juicio certero y le da más plena aplicación en la vida, guiado en todo por el sagrado Magisterio, sometiéndose al cual no acepta ya una palabra de hombres, sino la verdadera palabra de Dios (cf. 1 Ts 2,13). (Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática Lumen Gentium, n. 12, 21 de noviembre de 1964)

Pío IX

Defended con valentía la fe católica y no permitáis que se viole en lo más mínimo su pureza

Y también acudimos a vuestro celo, virtud y prudencia, Venerables Hermanos, para que, ayudados del auxilio divino, defendáis, juntamente con nos, con valentía, la causa de la Iglesia católica, según el puesto que ocupáis y la dignidad de que estáis investidos. Sabéis que os está reservado la lucha, no ignorando con cuántas heridas se injuria la santa Esposa de Cristo Jesús, y con cuánta saña los enemigos la atacan. En primer lugar sabéis muy bien que os incumbe a vosotros defender y proteger la fe católica con valentía episcopal y vigilar, con sumo cuidado, porque el rebaño a vos encomendado permanezca a ella firme e inamovible, porque todo aquel que no la guardare íntegra e inviolable, perecerá, sin duda, eternamente. Esforzaos, pues, en defender y conservar con diligencia pastoral esa fe, y no dejéis de […] rebatir a los que contradicen, […] no disimulando nunca nada ni permitiendo que se viole en lo más mínimo la puridad de esa misma fe. (Pío IX. Encíclica Qui pluribus, n. 9, 9 de noviembre de 1846)

Estudios relacionados
  • 1 - El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido y entre cristianos es en sí mismo un pecado grave
  • 116 - Me surge pensar en la tentación de relacionar el anuncio del Evangelio con bastonazos inquisidores. No, el Evangelio se anuncia con dulzura
  • 131 - Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación
  • 141 - Esta oscura mundanidad se manifiesta en muchas actitudes. En algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia
  • 153 - En la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador

  • Print Friendly, PDF & Email