23 – Todos, ateos o de cualquier religión, son hijos de Dios

Cuando nos enteramos del nacimiento de un niño, no es raro que digamos o escuchemos que acaba de nacer un nuevo hijo de Dios. Sin embargo, este modo de expresarse en el lenguaje corriente, sin cualquier tipo de maldad, esconde una profunda imprecisión. De hecho, ¿quién puede llamar hijo suyo a quién? ¿Puede uno decir con propiedad que el hijo de su vecino es su hijo? ¿O que lo es su perro? ¿O siquiera un cuadro que pintó? En realidad, para ser hijo, real y propiamente hijo, es necesario haber recibido del padre su propia naturaleza. Por eso llamamos padres a los que nos transmitieron la vida humana. También hay un Padre insuperable, el Padre del Cielo, que desea transmitirnos una vida mucho más elevada, la valiosísima vida divina, porque desea poder llamarnos hijos suyos de verdad. Este magnífico don nos es dado a través de la gracia santificante. Pero ésta, después del pecado original, no viene automáticamente con el nacimiento… y por eso, al nacer, aún no podemos decir que somos hijos de Dios, ¡tenemos que nacer de nuevo! De cualquier modo, nada más perdonable que esa inexactitud teológica popular… Perdonable, claro está, para quien no tiene ex officio la misión de enseñar la Verdad… 

Francisco

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Enseñanzas del Magisterio

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Autores

Sagradas Escrituras

El que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios

Concilio de Trento

La filiación divina no se puede lograr sin el bautismo

Santo Tomás de Aquino

Todos están obligados a recibir el bautismo

Juan Pablo II

Hechos hijos de Dios en su Unigénito
El sacramento produce la unidad de los cristianos

Concilio Vaticano II

El bautismo y la Iglesia son indispensables para la salvación

Catecismo de la Iglesia Católica

Hay que renacer del agua y del Espíritu para convertirse
El bautismo nos distingue de todos los grupos religiosos

Gregorio XVI

La peor muerte para el alma: la libertad del error

Juan XXIII

Grande injuria es poner la Iglesia Católica al mismo nivel de las demás

Pío IX

Nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica
Peligrosos enemigos de la Iglesia

 Pío XI

Encuentros que los católicos no deben aprobar

Concilio Vaticano II

Los no creyentes deben convertirse y hacer penitencia

Pío XII

Una súplica a los que no pertenecen a la Iglesia Católica: se esfuercen por salir de ese estado

 San Agustín

“Me da asco de los pecadores que abandonan tu ley”
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