35 – Dios no es un mago, capaz de hacer todas las cosas

“Creo en Dios Padre Todopoderoso…” Así empieza el Credo, así lo rezamos todos los días, así lo creen los cristianos con base en la Revelación.

La maravillosa obra de la creación supera nuestra capacidad de comprensión y nos lleva sin mucho esfuerzo a atribuirla a una inteligencia superior, propia de Alguien mucho más grande que ella misma y que, seguramente, mostró su gran magnificencia en ese acto de crear. Descrito brevemente en el Génesis, nosotros lo contemplamos apenas en la penumbra del misterio. Entretanto, al reconocer que el universo fue hecho por Dios, no ponemos en duda de que así fue según su sabia disposición, sea de modo instantáneo o no. Podemos admitir que la obra de los seis días se extendió por miles de años al igual que duró un minuto. Lo que no podemos es poner límites al atributo de la omnipotencia de Dios la cual, con permiso del pleonasmo, lo puede todo…

Francisco

Cita A

Enseñanzas del Magisterio

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Autores

II Concilio de Constantinopla (553)

Si alguno dice que el poder de Dios es limitado, sea anatema

Si alguno dice o siente que el poder de Dios es limitado y que sólo obró en la creación cuanto pudo abarcar, sea anatema. (Denzinger-Hünermann, n. 410, Vigilio, (527) 540-555, Cánones contra Orígenes (1), del Liber adversus Orígenes, del emperador Justiniano, 543)

Santo Tomás de Aquino

Dios puede absolutamente todo lo posible

Hay que decir que Dios es llamado omnipotente porque puede absolutamente todo lo posible, que es la otra manera de entender lo posible. […] El ser divino, sobre el que se fundamenta la razón del poder divino, es el ser infinito no limitado por ningún género de ser, sino que contiene de antemano la perfección de todo ser. Por eso, todo lo que puede tener razón de ser cabe entre los posibles absolutos, con respecto a los que decimos que Dios es omnipotente. (Santo Tomás de Aquino, Suma Teologica, I, q. 25 a. 3)

Crear corresponde sólo a Dios

Es evidente que la creación es acción propia del mismo Dios.[…] Algunos opinaron que, aun cuando la creación sea acción propia de la causa universal, sin embargo, alguna de las causas inferiores puede crear en cuanto que obra por poder de la causa primera. Así, Avicena sostuvo que la primera sustancia separada, creada por Dios, crea después otra y la sustancia del orbe y su alma, y que la sustancia del orbe crea la materia de los cuerpos inferiores.
Asimismo, el Maestro en 5 d. IV Sent. dice que Dios puede comunicar a alguna criatura poder creador, de forma que pueda crear por función, no por propio poder. Pero esto es imposible. Porque la causa segunda instrumental no participa en la acción de la causa superior a no ser en cuanto que aquella, por alguna virtud suya, lo dispone. Pues si no contribuyese nada con su propio poder, la causa principal haría un uso inútil de ella y no sería necesario elegir determinados instrumentos para determinadas acciones. Podemos observar que la sierra, al cortar la madera, cosa que hace por su forma dentada, produce la forma del banco, que es el efecto propio del carpintero como causa principal. Ahora bien, al crear, el efecto propio de Dios es algo que se supone anterior a toda otra acción, es decir, al ser en absoluto. Por lo tanto, ninguna causa puede obrar dispositiva e instrumentalmente en la producción de este efecto, ya que en la creación no se presupone ninguna materia que pueda disponerse por el agente instrumental. Así, pues, es imposible que el crear corresponda a alguna criatura ni por virtud propia ni instrumentalmente o por función. (Santo Tomás de Aquino, Suma Teologica I, q. 45, a.5)

Concilio Vaticano I

Dios creó el mundo por su bondad y virtud omnipotente
[Del acto de la creación en sí y en oposición a los errores modernos, y del efecto de la creación]. Este solo verdadero Dios, por su bondad y virtud omnipotente, no para aumentar su bienaventuranza ni para adquirirla, sino para manifestar su perfección por los bienes que reparte a la criatura, con libérrimo designio, ‘juntamente desde el principio del tiempo, creó de la nada a una y otra criatura, la espiritual y la corporal, esto es, la angélica y la mundana, y luego la humana, como común, constituida de espíritu y cuerpo [Conc. Later. IV, V. 428; Can 2 y 5]. (Denzinger-Hünermann, n. 3002, Concilio Vaticano I, XX Ecuménico, Constitución dogmática sobre la fe católica (I) Sesión III, 24 de abril de 1870)
Dios conserva y gobierna todo lo que creó

Todo lo que Dios creó, con su providencia lo conserva y gobierna, alcanzando de un confín a otro poderosamente y disponiéndolo todo suavemente (cf. Sap 8, 1). Porque todo está desnudo y patente ante sus ojos [Hebr. 4, 13], aun lo que ha de acontecer por libre acción de las criaturas. (Denzinger-Hünermann, n. 3003, Concilio Vaticano I, XX Ecuménico, Constitución dogmática sobre la fe católica (I) Sesión III, 24 de abril de 1870)

Benedicto XVI

No somos el producto casual y sin sentido de la evolución

No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. (Benedicto XVI, Homilía en la Santa Misa en la imposición del palio y entrega del anillo del Pescador el solemne inicio del ministerio Petrino, 24 de abril de 2006)

La noción de creación debe trascender nuestros modos naturalistas de pensar y hablar sobre la evolución del mundo

Santo Tomás de Aquino enseñó que la noción de creación debe trascender el origen horizontal del desarrollo de los acontecimientos, es decir, de la historia, y en consecuencia todos nuestros modos puramente naturalistas de pensar y hablar sobre la evolución del mundo. Santo Tomás afirmaba que la creación no es ni un movimiento ni una mutación. Más bien, es la relación fundacional y continua que une a la criatura con el Creador, porque él es la causa de todos los seres y de todo lo que llega a ser (cf. Suma Teológica, I, q. 45, a. 3). (Benedicto XVI, A la Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias, 31 de outubre de 2008)

Pío XII

Tengamos vigilancia ante las teorías evolucionistas

Asimismo no se puede aceptar la teoría de los que a pesar de los desastres morales y materiales causados en el pasado por semejante doctrina, sostienen la llamada “libertad de expresión” no en el noble sentido indicado antes por Nos, sino como libertad para difundir sin ningún control todo lo que a uno se le antoje, aunque sea inmoral y peligroso para la fe y las buenas costumbres.
La Iglesia, que protege y apoya la evolución de todos los verdaderos valores espirituales —así las ciencias como las artes la han tenido siempre como Patrona y Madre— no puede permitir que se atente contra los valores que ordenan al hombre respecto de Dios, su último fin. Por consiguiente, ninguno debe admirarse de que también en esta materia ella tome una actitud de vigilancia, conforme a la recomendación del Apóstol: “Omnia autem probate: quod bonum est tenete”. (Pío XII, Encíclica Miranda Prorsus, 9 de agosto de 1957) 

Juan Pablo II

Dios es el Señor de la obra de la creación

Este Dios omnipotente y omnisciente, tiene el poder de crear, de llamar del no-ser, de la nada, al ser. “¿Hay algo imposible para el Señor?” —leemos en el Génesis 18, 14— […] ‘Nada hay imposible para Dios’ (Lc 1, 37), dijo el Arcángel Gabriel a María de Nazaret en la Anunciación. […] Este Dios, espíritu infinitamente perfecto y omnisciente es absolutamente libre y soberano también respecto al mismo acto de la creación. Si Él es el Señor de todo lo que crea ante todo es Señor de la propia Voluntad en la obra de la creación. Crea porque quiere crear. Crea porque esto corresponde a su infinita Sabiduría. Creando actúa con la inescrutable plenitud de su libertad, por impulso de amor eterno. (Juan Pablo II, Audiencia General, 18 de septiembre 1985)

Nada subsistiría si Dios no lo quisiera

La reflexión sobre la verdad de la creación, con la que Dios llama al mundo de la nada a la existencia, impulsa la mirada de nuestra fe a la contemplación de Dios Creador, el cual revela en la creación su omnipotencia, su sabiduría y su amor. La omnipotencia del Creador se muestra tanto en el llamar a las criaturas de la nada a la existencia, como en mantenerlas en la existencia. “¿Cómo podría subsistir nada si tú no quisieras, o cómo podría conservarse sin ti?”, pregunta el autor del libro de la Sabiduría (11, 25). (Juan Pablo II, Audiencia General, 5 de marzo de 1986)

El mundo existe en virtud de la omnipotencia divina

“Creo en Dios, creador del cielo y de la tierra”, reflexionaremos sobre el misterio que encierra toda la realidad creada, en su proceder de la nada, admirando a la vez la omnipotencia de Dios y la sorpresa gozosa de un mundo contingente que existe en virtud de esa omnipotencia. Podremos reconocer que la creación es obra amorosa de la Trinidad Santísima y es revelación de su gloria. (Juan Pablo II, Audiencia General, 8 de enero de 1986)

La creación manifiesta el ejercicio de la omnipotencia de Dios

Si la creación manifiesta la omnipotencia del Dios-Creador, el ejercicio de la omnipotencia se explica definitivamente mediante el amor. Dios ha creado porque podía, porque es omnipotente; pero su omnipotencia estaba guiada por la Sabiduría y movida por el Amor. Esta es obra de la creación. (Juan Pablo II, Audiencia General, 2 de octubre de 1985)

San Ireneo de Lyon

Dios no está sujeto a las cosas que ha hecho, sino éstas a Él

Por consiguiente, ni la naturaleza de todas las cosas creadas, ni la debilidad de la carne, son más fuertes que la voluntad divina. Dios no está sujeto a las cosas que ha hecho, sino éstas a él, y en todo sirven a su voluntad. Por eso dice el Señor: ‘Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios’ (Lc 18, 27). […] Mas la incredulidad de éstos no puede anular la fidelidad de Dios (Rom 3, 3). (San Ireneo de Lyon, Contra los herejes, Libro 5, 1.7)

San Cirilo de Jerusalén

Nada se encuentra sustraído al poder de Dios

Nada, pues, se encuentra sustraído al poder de Dios. De él dice la Escritura: ‘Toda cosa es sierva suya’ (Sal 119, 91). (San Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismal, 8, 5)

Catecismo de la Iglesia Católica

Todo lo que Él quiere, lo hace

De todos los atributos divinos, sólo la omnipotencia de Dios es nombrada en el Símbolo: confesarla tiene un gran alcance para nuestra vida. Creemos que es esa omnipotencia universal, porque Dios, que ha creado todo (cf. Gn 1,1; Jn 1,3), rige todo y lo puede todo ‘Todo lo que Él quiere, lo hace’ (Sal 115, 3). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 268)

Dios gobierna los acontecimientos según su voluntad

Las Sagradas Escrituras confiesan con frecuencia el poder universal de Dios. Es llamado ‘el Poderoso de Jacob’ (Gn 49,24; Is 1,24, etc.), ‘el Señor de los ejércitos’, ‘el Fuerte, el Valeroso’ (Sal 24, 8-10). Si Dios es Todopoderoso ‘en el cielo y en la tierra’ (Sal 135,6), es porque él los ha hecho. Por tanto, nada le es imposible (cf. Jr 32,17; Lc 1,37) y dispone a su voluntad de su obra (cf. Jr 27,5); es el Señor del universo, cuyo orden ha establecido, que le permanece enteramente sometido y disponible; es el Señor de la historia: gobierna los corazones y los acontecimientos según su voluntad (cf. Est 4,17b; Pr 21,1; Tb 13,2): ‘El actuar con inmenso poder siempre está en tu mano. ¿Quién podrá resistir la fuerza de tu brazo?’ (Sb 11,21). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 269)

El mundo fue creado según la sabiduría de Dios

Creemos que Dios creó el mundo según su sabiduría (cf. Sb 9, 9). Este no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar. Creemos que procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad: “Porque tú has creado todas las cosas; por tu voluntad lo que no existía fue creado” (Ap 4,11). “¡Cuán numerosas son tus obras, Señor! Todas las has hecho con sabiduría” (Sal 104,24 “Bueno es el Señor para con todos, y sus ternuras sobre todas sus obras” (Sal 145,9). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 295)

Dios crea y lleva cada ser a su término

Realizada la creación, Dios no abandona su criatura a ella misma. No sólo le da el ser y el existir, sino que la mantiene a cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su término. Reconocer esta dependencia completa con respecto al Creador es fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 301)

Sin el Creador la criatura nada puede

Es una verdad inseparable de la fe en Dios Creador: Dios actúa en las obras de sus criaturas. Es la causa primera que opera en y por las causas segundas: “Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece” (Flp 2, 13; cf. 1 Co 12, 6). Esta verdad, lejos de disminuir la dignidad de la criatura, la realza. Sacada de la nada por el poder, la sabiduría y la bondad de Dios, no puede nada si está separada de su origen, porque ‘sin el Creador la criatura se diluye’ (Gaudium et Spes 36, 3); menos aún puede ella alcanzar su fin último sin la ayuda de la gracia (cf Mt 19, 26; Jn 15, 5; Flp 4, 13). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 308)

Catecismo Romano

Ni existe ni se puede imaginar cosa alguna que Dios no pueda hacer

Concepto de omnipotencia divina: Significamos con este título que ni existe ni puede pensarse cosa alguna que Dios no pueda hacer. Cabe bajo su poder no sólo realizar aquello que, aunque inmenso, de alguna manera entra en el ámbito de nuestra comprensión (reducir el universo a la nada, crear instantáneamente infinitos mundos posibles, etc.), sino también maravillas infinitamente más grandes, que la mente del hombre no puede pensar ni aun siquiera imaginar. (Catecismo Romano, n. 1000, V A)

Todo volvería a la nada si Dios no lo conservase perpetuamente

No concibamos nuestra fe en Dios, creador y autor de todas las cosas, como si éstas, terminada la acción creadora por parte de Dios, pudieran subsistir por sí mismas, independientes de su infinito poder. Porque así como sólo por el absoluto poder, sabiduría y bondad del Creador fueron creadas todas las cosas, del mismo modo todas volverían instantáneamente a la nada si no estuvieran asistidas por la divina Providencia, que perpetuamente las conserva en la existencia con el mismo poder que las hizo existir. (Catecismo Romano, n. 1000, VI E)


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